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Disidencias Peronismo

Este documento explora las rupturas dentro del movimiento peronista entre 1973 y 1974, particularmente la ruptura de la corriente llamada "Lealtad" con la conducción de Montoneros. Claves de esta ruptura fueron la masacre de Ezeiza, el asesinato de Rucci, los documentos de Firmenich que cuestionaban el liderazgo de Perón, y la no concurrencia de Montoneros a una tercera reunión con Perón. En marzo de 1974 la Juventud Peronista Lealtad emitió un documento cuestionando a la conducción de Monton

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Disidencias Peronismo

Este documento explora las rupturas dentro del movimiento peronista entre 1973 y 1974, particularmente la ruptura de la corriente llamada "Lealtad" con la conducción de Montoneros. Claves de esta ruptura fueron la masacre de Ezeiza, el asesinato de Rucci, los documentos de Firmenich que cuestionaban el liderazgo de Perón, y la no concurrencia de Montoneros a una tercera reunión con Perón. En marzo de 1974 la Juventud Peronista Lealtad emitió un documento cuestionando a la conducción de Monton

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EL PERONISMO DE LA RUPTURA

La disidencia leal, 1973-1974

Martina Garategaray
UNIVERSIDAD DE BUENOS AIRES

Resumen
En el período que va desde el regreso de Perón a la Argentina y el emblemático 1 de mayo
de 1974, una serie de hechos definieron posiciones al interior del movimiento peronista y
cimentaron posteriores rupturas: “la masacre de Ezeiza”, el asesinato de Rucci, los
documentos conocidos como la “Charla a los Frentes” y “La Biblia”, la no concurrencia por
parte de Montoneros a la tercera entrevista con Perón y la renuncia de los Diputados de la
Tendencia Revolucionaria a sus bancas. En este artículo buscamos explorar una de aquellas
rupturas, la de la Lealtad, a partir de un análisis centrado en los discursos públicos que
circularon en las revistas de la época.

Introducción
Juan Domingo Perón volvió definitivamente al país después de casi 18 años de exilio
en junio de 1973 y, a pesar de definir su regreso como el de un “león herbívoro” símbolo de
la paz y la reconstrucción nacional, el mismo fue opacado por los sucesos de Ezeiza. La
polarización al interior del peronismo llevó al enfrentamiento armado entre sus sectores
internos por ocupar el palco cerca del escenario en el que Perón daría su discurso. Esta
escalada de violencia culminó con la renuncia de Héctor José Cámpora y la elección de Perón
como Presidente. A los dos días de la asunción, el Secretario General de la CGT, José Ignacio
Rucci, fue asesinado. A pesar de la confusión inicial por la autoría del crimen, los
Montoneros reconocieron que “le tiraron un muerto a Perón para negociar” lo que generó
gran perplejidad entre sus militantes. A estos hechos se sumaron los documentos escritos por
el líder Montonero Eduardo Firmenich y conocidos como “La Biblia” y “La Charla a los
Frentes” que circularon entre los militantes a fines de 1973. Los mismos implicaban un
abierto cuestionamiento al liderazgo de Perón y a su capacidad de conducción1.

1
La Biblia era una suerte de autocrítica, que se convertía en crítica a Perón, en la que la conducción de
Montoneros afirmaba que abandonarían “el pensamiento mágico” que los había llevado a desarrollar la “teoría

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En enero de 1974 el ERP atacó el cuartel del Ejército en la localidad de Azul,
Provincia de Buenos Aires2. La respuesta del Ejecutivo Nacional fue impulsar un proyecto
de ley para introducir reformas en el Código Penal, entre ellas, la figura de la asociación
ilícita que suscitó reparos por parte de los Diputados de la Juventud identificados con
Montoneros. A pesar de las reticencias, en un gesto de autoridad política Perón promulgó la
ley y por orden de Firmenich los diputados de la Juventud abandonaron sus bancas. Después
de estos hechos tuvo lugar la segunda entrevista de Perón con la Juventud3, en ella el General
repetía aquello que venía afirmando desde su regreso: que la Juventud tiene derecho a pensar
y sentir como le parezca pero a decir lo que son. En alusión a los documentos que circularon,
Perón afirmaba que “esos son cualquier cosa menos justicialistas” y los invitaba a abandonar
el movimiento.4 Aunque una tercera entrevista se había fijado para el 14 de febrero, los
líderes de Montoneros no se presentaron.
Como corolario de esta tensión entre la Tendencia Revolucionaria y Perón, a partir
de fines de 1973 militantes de la Juventud Peronista, tanto de forma colectiva como
individual se fueron desgajando de la agrupación Montoneros. De forma orgánica lo hizo la
Juventud Peronista Lealtad con su solicitada de marzo de 1974 en la que cuestionaba el
desvío de la Tendencia Revolucionaria a partir de la llegada de Perón a la Argentina y su
caracterización del conductor5. Todos coincidían en afirmar la lealtad al líder ratificando la
doctrina y el carácter movimientista del peronismo, y discrepaban con la cúpula de

del cerco” como aquella que explicaba la distancia de la Juventud con Perón, y optarían por un pensamiento
crítico. Este pensamiento crítico los llevaba a afirmar que: “nosotros creemos que hay un error de conducción
que a nuestro juicio es de Perón”, “nosotros creemos que la estrategia que elabora Perón, su respuesta o la
implementación de la misma no es correcta”. En el segundo documento, llamado “la Charla a los Frentes”, se
reafirmaba una mirada marxista de la historia y de la lucha de clases, y sosteniendo la inevitabilidad del
socialismo se reconocían abiertamente las diferencias con el pensamiento del General: “La ideología de Perón
es contradictoria con nuestra ideología porque nosotros somos socialistas”. Baschetti, R. (Comp.): Documentos
(1973-1976). De Cámpora a la ruptura. La Plata: La Campana, 1995:265.
2
En 1970 se crea el Ejército Revolucionario del Pueblo, brazo armado del Partido Revolucionario de los
Trabajadores (PRT), liderado por Mario Roberto Santucho.
3
Las entrevistas entre Perón y la Juventud se llevaron a cabo el 8 de septiembre de 1973, el 7 y 14 de febrero
de 1974.
4
Discurso del 7 de febrero de 1974 frente a la Juventud Peronista.
5
El 14 de marzo de 1974 Lealtad se dio a conocer públicamente con la solicitada: “Al pueblo peronista: la
conducción de Montoneros es Perón”. Afirmaban que la incomprensión y el enfrentamiento se manifestaba en
una política que, según los firmantes, pretendía negar los éxitos del gobierno peronista, les había hecho perder
a los militantes montoneros la misión, buscó la acumulación de poder para la organización compitiendo así por
la hegemonía del movimiento y, como si todo esto fuera poco, “dio prioridad a los acuerdos y alianzas fuera
del Movimiento buscando crear un frente en paralelo al Frente de Liberación Nacional impulsado por Perón”.
En suma “esa política antepone el esquema de un socialismo dogmático a la experiencia, la voluntad y la
conciencia del pueblo peronista”. El documento concluía afirmando que aquellos que firmaban la solicitada
(Columna Oeste del Gran Buenos Aires, Columna Capital Federal, Columna Nordeste de la Provincia de
Buenos Aires -ex columna Artigas-, Unidades de la Columna Sur de Gran Buenos Aires y Unidades de la
Columna Norte de Gran Buenos Aires) resuelven: “1° Desconocer a la actual conducción nacional de la
organización por ser la responsable directa de las modificaciones […] de nuestra línea procedimental, apoyada
sobre sectores recién incorporados al movimiento y a la organización. 2° reafirmar la nunca desmentida
conducción del general Perón, como líder de la clase trabajadora argentina y de la revolución justicialista. Y 3°
Convocar a todos los peronistas a ampliar su organización en la lealtad y su participación activa en la defensa
del gobierno del pueblo”. Véase Garategaray, Martina “Montoneros leales a Perón: Notas sobre la Juventud
Peronista Lealtad” en Revista Naveg@mérica, número 9, Revista electrónica de la Asociación Española de
Americanistas. octubre 2012.
[Link]

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Montoneros de la interpretación del pensamiento de Perón y la opción por la lucha armada
una vez en el poder “el gobierno popular”.
Este artículo se propone explorar el discurso de la disidencia en estos años de
convulsiones políticas e ideológicas. ¿Qué suponía ser leal y disidente? ¿Qué los diferenciaba
de Montoneros singularizando su discurso? ¿Cómo se construye ese espacio definido como
“movimientista”, “leal a Perón”, “democrático”, “no violento”? Exploraremos estas
posiciones en las revistas que identificamos con la lealtad como Envido, Aluvión y
Movimiento y que se relacionaron de modo diferencial con otras revistas del espacio peronista
como El Caudillo o El Descamisado y Militancia. Para ello primero presentaremos un mapa
de espacio peronista cuyo centro la lealtad se propuso ocupar para después enmarcar la forma
y el alcance de la ruptura a través de dos ejes como fueron la caracterización de Perón y de
la lucha armada.
Explorar esta experiencia de la disidencia y la significación de la ruptura nos permite
reconstruir los debates políticos e ideológicos en los que se fue formando una franja
importante de militantes peronistas que en los años ochenta retomaron esas banderas. Muchos
de los leales volvieron a encontrarse en la experiencia de la Revista Unidos que supo también
romper con las estructuras del Partido Justicialista en lo que reconocían un desvío, y de la
mano de Carlos “Chacho” Álvarez, repensar modos de articulación política.6

Las revistas

En los últimos años, las revistas se han convertido en espacios singulares para
explorar las ideas y los debates de una época. A mitad de camino entre la actualidad que
postulan los diarios y la discusión en profundidad de los libros son una fuente legítima para
el análisis histórico. Es así que las revistas asumen relieve como historia y como texto.
Asumiendo también que cada revista expresa y alberga un proyecto político cultural
particular que se despliega en sus páginas y que puede ser aprehendido, nos interesa una
breve presentación de las revistas identificadas con la lealtad y sus “otros”, para ubicarlas en
el mapa político ideológico del peronismo.
La revista Envido, dirigida por Arturo Armada, salió por primera vez en julio de 1970
como revista de Ciencias Sociales que se proponía, desde la izquierda peronista, plantear
debates críticos al interior del movimiento7. Su consejo de redacción estaba integrado por:

6
Unidos fue una revista de militantes peronistas que, bajo la dirección de Carlos “Chacho” Álvarez, se
propusieron reponer al peronismo en el contexto de la “vuelta a la democracia” y discutir esta tradición de
pertenencia. Los 23 números de la revista-libro salieron entre mayo de 1983 hasta agosto de 1991 acompañando
el devenir del peronismo renovador. Ver Garategaray, Martina “Peronistas en transición: El proyecto político
ideológico en la revista Unidos (1983-1991). En Nuevo Mundo Mundos Nuevos, Cuestiones del tiempo
presente, 2010, [En línea], Puesto en línea el 25 noviembre 2010. [Link] ISSN
16260250.
7
Un abordaje preliminar sobre Envido puede consultarse en: Garategaray, Martina (2011): Peronismo,
Intelectuales y Democracia: La revista Unidos en la Renovación Peronista (1983-1991). Tesis de Doctorado
en Ciencias Sociales. También en Pozzoni, Mariana (2012). Una mirada sobre la militancia en los primeros
años ´70 a través de la revista Envido (1970-1973). Revista Nuevo Mundo, Mundos Nuevos. Coincidimos con
Pozzoni para quien en Envido tuvieron lugar los debates que dieron origen a la Lealtad. También el trabajo de
Brachetta, María Teresa (2010). El peronismo como socialismo nacional. El Programa de la revista Envido en

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José Pablo Feinmann, Héctor Abrales, Juan Lach, Domingo Bresci, Jorge Bernetti, Abel
Posadas, Santiago González, Horacio González, Manuel Fernández López, Carlos A. Gil y
Bruno Roura8. El proyecto nació vinculado a dos espacios de gestación: el Movimiento
Humanista Renovador (MHR) de la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA en el que
participaban Arturo Armada y Miguel Hurst, y del Centro Argentino de Economía Humana
(CAEH) entre cuyos miembros estaban: Héctor Abrales, Jorge Luis Bernetti, Héctor
Cordone.
En 1973 Montoneros pidió la revista para darse una política de superficie. A pesar de
los debates entre los que estaban de acuerdo y los que no9, salieron los 6000 ejemplares del
número 10 de Envido con consignas como “Montoneros, soldados de Perón” en su interior.
No obstante, “la revista no le gustó a Firmenich”, fue “demasiado movimientista” y ese fue
su último número10.
Movimiento para la reconstrucción y la liberación nacional, fue el órgano
periodístico de buena parte de la Lealtad, dirigida por Miguel Saiegh contaba con Horacio
Eichelbaum, Ricardo Roa y Hernán Patiño como colaboradores y se presentaba como una
“publicación de opinión política movimientista”. Se trató de una revista quincenal, con una
tirada de 3000 a 5000 ejemplares que tuvo diez números: la primera edición apareció en la
segunda quincena de abril de 1974 y la última, en septiembre de ese mismo año (un atentado
en su local de redacción provocó su cierre definitivo).
El tono general de la revista era de apoyo al gobierno justicialista, a Perón, y después
de su muerte, a Isabel en abierta oposición a la actitud adoptada por Montoneros. Si bien el
aval a la gestión isabelista se enmarca en el contexto de transición y desconcierto de los
primeros meses posteriores a la muerte de Perón, no es menor que la revista presentaba
publicidades fundamentalmente oficiales (de Ferrocarriles Argentinos, Radio Rivadavia,

la coyuntura del retorno del peronismo al poder. En Segundo Congreso de Estudios sobre el Peronismo (1943-
1976). Noviembre de 2010. Buenos Aires, Universidad Nacional de Tres de Febrero.
8
Arturo Armada provenía de Filosofía y del cristianismo militante, José Pablo Feinmann, que venía de Filosofía
y contaba con una formación teórica influida por Hegel, Marx y Sartre, Héctor Abrales y Juan Lach, venían de
las Ciencias Exactas, Domingo Bresci era cura tercermundista, Jorge Bernetti, periodista de Panorama, célebre
semanario de la época, Abel Posadas y Santiago González venían de Letras, Horacio González, venía de
Sociología y de las Cátedras Nacionales y también Manuel Fernández López, Carlos A. Gil y Bruno Roura.
Financiada por organizaciones de militantes era distribuida por las agrupaciones estudiantiles y por los
miembros del consejo de redacción, que recorrían los kioscos entregando ejemplares. Puede verse al respecto
la entrevista a Arturo Armada realizada por Norberto Raffoul y Rodolfo Beltramini “Sobre los orígenes y
evolución de la revista Envido en palabras de su director” en [Link].
9
Según Armada “Cuando nosotros aceptamos vincularnos pensamos que era una oportunidad para que todo
ese fenómeno de masas que se estaba dando con J.T.P., J.P., J.U.P., Agrupación Evita; los frentes que tenía la
Tendencia, regulados, manejados por Montoneros fuera acompañado por un marco teórico adecuado,
avanzando en cierta elaboración teórica superadora de los clichés izquierdistas tradicionales”. En, entrevista a
Armada en [Link].
10
Afirmaba Feinmann que “sus miembros estaban muy lejos desde el 11 de marzo de 1973 del aparatismo, de
la violencia y de la militarización de la política” en Feinmann“La historia con pasión”, en Página 12, el 11 de
marzo de 2000. Sus palabras generaron un debate en las páginas de El Ojo Mocho. La réplica de Arturo Armada,
la reflexión de Horacio González y una respuesta de José Pablo Feinmann. Armada, Arturo, “Envido: Por sus
frutos los conoceréis”:154-158 en El Ojo Mocho, número 16, 2001/2. González, Horacio, “Cómo
rememorar”:159-161 en El Ojo Mocho, número 16, 2001/2 y “Razón de la polémica polémica de la razón”:164-
166 en El Ojo Mocho, número 16, 2001/2. Feinmann, José Pablo, “Elogio del hombre del subsuelo”: 162, 163
en El Ojo Mocho, número 16, 2001/2.

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Entel, Banco Nación, DGI, Eudeba, y la tan cuestionada publicidad del Ministerio de
Bienestar Social y sus Programas). En este terreno, entre la derecha y la izquierda peronista,
buscaban ocupar un lugar que reconocían como vacío.11
El primer número de Movimiento se titulaba: “1° de Mayo Junto al Caudillo de los
Descamisados”, y su nota central, que después se convierte en una sección, que es la de
contrapunto, enfrentaba en una entrevista a dos voces a Rodolfo Ortega Peña, director de El
Descamisado, revista claramente identificada con la izquierda peronista, con Felipe Romeo,
director de El Caudillo, publicación identificada con la derecha peronista. En la nota se
reconocía que ambos eran parte del movimiento y que a pesar de haber “dirimido con
violencia sus distintos enfoques sobre el movimiento y el proceso”, “en la práctica los dos
sectores se transforman en fenómenos políticos y, de un modo u otro, absorben, interpretan
e inciden sobre la realidad total del peronismo.”12 En este reconocimiento Movimiento se
ubicaba como primus inter pares con todas las dificultades que tal posicionamiento suponía.
Aluvión, de tinte teórico y doctrinario, también se ubicaba del lado de los
movimientistas y leales. Editada por Miguel Hurst y José Pablo Feinmann contó con la
colaboración de Enrique Martínez, Héctor Abrales, Abel Posadas, Santiago González,
Eduardo Clauser, Raquel Ferrario, Carlos Hurst, Horacio Pericoli y Eduardo Romano y se
definía con estas palabras:
“(Aluvión) expresará el imprescindible surgimiento y desarrollo de una
línea política que tiende a evitar las polarizaciones internas del
movimiento peronista…En todo movimiento nacional hay líneas
políticas contradictorias y hasta es muy saludable que así sea, pero
cuando esas mismas líneas se transforman de contradictorias a
antagónicas, el movimiento se debilita y queda abierta la posibilidad
para el avance enemigo”.13
Salió por única vez a los pocos días de la muerte de Perón en julio de 1974. El
contexto político imposibilitó que siguiera saliendo y fue considerada una continuación de
Envido revista de la que copió su formato y el tipo de intervención.
A la izquierda del espacio político ideológico podemos ubicar a Militancia, El
Descamisado y sus continuadoras El Peronista y Causa Peronista. Los 38 números de la
revista Militancia peronista para la liberación, salieron por primera vez el 14 de junio de
1973 hasta su clausura el 28 de marzo de 1974. Dirigida por Carlos María Duhalde y Marcelo
Duhalde se definía como una herramienta de análisis en manos de los compañeros y se
identificaba con la corriente revolucionaria, la liberación y el socialismo nacional
afirmándose en la misma línea que El Descamisado14. Publicaba solicitadas y comunicados

11
Podía leerse en la revista: “intentamos ocupar un espacio político -periodístico que está vacante. Y hay algo
que parece prodigioso: ese espacio está libre en el mundo político -y en el mundo del kiosco porque no hay
quien levante y difunda la propuesta revolucionaria del General Perón”. Editorial, Revista Movimiento, número
1, primera quincena de mayo de 1974.
12
S/F, Contrapunto, Rodolfo Ortega Peña versus Felipe Romeo, Revista Movimiento, número 0, segunda
quincena de abril de 1974, p. 16. El título de la tapa era: 1 de mayo, el caudillo de los descamisados.
13
S/F, Quienes Somos, Revista Aluvión, julio de 1974. En su primer y único número escribieron José Pablo
Feinmann, Santiago González, Raymond Keronowsky, Abel Posadas y Héctor Béjar
14
“Militancia, Ya y el Descamisado son tres publicaciones que reflejan, en sus páginas, el pensamiento de la
Tendencia Revolucionaria del Peronismo –en todos sus matices- y las exigencias crecientes de un pueblo que

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del Peronismo de Base, la Columna Sabino Navarro, FAR, Montoneros, FAP, FAL 22 de
agosto y se identificaba con el alternativismo. De la mano de los artículos de Rubén Dri, cura
tercermundista, se instaló la idea de la “alternativa” en la revista Militancia15 que se
editorializó en uno de sus últimos números de marzo de 1974 con estas palabras:
“Se equivoca Perón y en forma grave…En este momento de tremenda
confusión, el verdadero peronismo, el de las bases, convoca a la
construcción de una alternativa independiente”.16
El primer número de El Descamisado, el 0, salió el 8 de mayo de 1973 mientras que
su número Extra por el acto del 11 de marzo en Atlanta fue publicado a los pocos días entre
este número 0 y el primero. Dirigida por Dardo Cabo, contaba como codirector con Ricardo
Grassi y se identificaba con la Tendencia Revolucionaria. En su número 46, de abril de 1974
anunciaba que en el próximo número se publicaría un documento para Perón, el texto
completo que le presentaron al Coronel Damasco los Montoneros, JP, JTP, JUP, Agrupación
Evita, UES y que se proponía “reencauzar al movimiento peronista como eje de la liberación,
reconstruir el Frente bajo la hegemonía de los trabajadores, recuperar el gobierno para el
pueblo y para Perón”17. Pero no hubo próximo número, por decreto del Poder Ejecutivo
Nacional se clausuró el Descamisado y el documento fue publicado en el primer número de
su continuadora: la revista El Peronista, el 19 de abril de 1974. Dirigida por Miguel Lizaso,
la publicación contó con 6 ejemplares cubriendo el conflicto previo y posterior al 1º de Mayo
y, corriendo la misma suerte que su antecesora, fue clausurada el 28 de mayo de 1974.
Acostumbrados a esta situación los militantes de Montoneros continuaron su empresa
periodística con Causa Peronista. Los 9 números de Causa Peronista dirigida por uno de sus
más emblemáticos líderes, Rodolfo Galimberti, salió como revista oficiosa de la organización
entre el 9 de julio de 1974 al 3 de septiembre en que fue clausurada.
A la derecha del espacio peronista de publicaciones y buscando opacar la voz de El
Descamisado, se erigió la revista El Caudillo. Salió por primera vez el 16 de noviembre de
1973 hasta el año 1975 y fue dirigida por Felipe Romeo miembro de la Guardia Restauradora
Nacionalista, una agrupación de derecha filofascita, y en su ausencia por Enrique Gerez. Su
tirada llegó, según su director, a los 9400 ejemplares. Romeo era el único que firmaba las
notas pero entre sus colaboradores estaban, José Miguel Tarquini, un viejo militante de
Tacuara y dirigente de la Guardia Restauradora Nacionalista, como primer jefe de Redacción,
lo acompañaron colegas que escribían en el diario Crónica y la revista Extra. El resto de los
colaboradores eran integrantes de la Concentración Nacionalista Universitaria (CNU), de la
Juventud Peronista de la República Argentina, (JPRA) o empleados rentados del Ministerio
de Bienestar Social. Entre ellos: Héctor Simeoni (quien en mayo de 1974 reemplazaría a
Tarquini como Jefe de redacción), Villarreal (encargado de diagramación), Salvador Nielsen
(encargado de la sección “¡Oíme!” donde se fustigaba y amenazaba a la oposición), Luis

comienza a impacientarse”. S/F, Obregón Cano: el verdadero peronismo, revista El Descamisado, número 21,
1 de noviembre de 1973.
15
Coincidiendo con un clima de críticas, sus notas aparecieron en los números 31, 32 y 33 de enero de 1974.
16
Editorial, Revista Militancia, 7 de marzo de 1974:2.
17
S/F, Revista El Descamisado, número 46, de abril de 1974: 26.

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Saavedra, Natalio Antonio Palazzo, Luis Cabré, Carlos Tórtora, Ricardo Ahe y José Antonio
del Valle.18
La revista fijaba su posición al afirmar: “Estamos con Isabel, con López Rega, con
Lorenzo Miguel y con Villar”19 y por ello aparecían elogiosas referencias a López Rega y al
Ministerio de Bienestar Social, alusiones al accionar de la triple A, y solicitadas de la Alianza
Libertadora Nacionalista (ALN) el Comando de Organización (C de O), la Concentración
Nacional Universitaria (CNU), la Juventud Peronista de la República Argentina (JPRA), la
Juventud Sindical Peronista (JSP), las 62 organizaciones, y publicidades de gobierno
(Programas del Ministerio de Bienestar Social, Entel, Banco Ciudad, etc.). También afirmaba
su lugar como aquel opuesto a la derecha liberal y a la izquierda marxista: “hay algo que no
puede dejar de enorgullecernos: nos odian con la misma intensidad la canalla marxista y la
partidocracia liberal decadente”20. No obstante, no era este el mismo lugar de centro que se
proponían los leales ni era un lugar de articulación de las diferencias.
Las revistas leales se ubicaron en el centro del dicotomizado espacio político
ideológico entre la izquierda montonera y la derecha lopezrreguista reconociendo que era ese
el lugar que Perón había fijado para el verdadero peronismo, el de los discípulos del “león
herbívoro”. Ubicarse en el centro era, en un escenario de gran conflictividad, un modo de
esbozar otras formas de concebir la política, no como guerra sino como articulación de
opuestos. Y suponía también que, frente a la exacerbación de las contradicciones que
proponían los Montoneros, era posible contener a los contrarios. En este terreno, buscó
construir su discurso.

El discurso leal

Si el pensamiento sólo es accesible a través de los discursos, como “hechos de


discurso, producidos de acuerdo con ciertos lenguajes y fijados en diferentes tipos de soportes
materiales”21, en un intento por aprehender este pensamiento de la ruptura exploraremos los
argumentos desplegados en las revistas identificadas con los leales. Nos preguntamos
entonces, ¿cómo se estructura el discurso de los leales? ¿Cómo fundan y legitiman el acto de
romper? Para precisar los límites de la disidencia nos centraremos en dos dimensiones, con
respecto a Perón y con respecto la violencia en un contexto de cuestionamiento al liderazgo
del General y a la lucha armada.

18
Murano, A. “Los intelectuales del Brujo”, Revista Veintitrés. Nº 450, 15 de febrero de 2007. Citado en
Besoky, Juan Luis - La revista El Caudillo de la Tercera Posición: órgano de expresión de la extrema derecha,
en Conflicto Social, Año 3, N° 3, Junio 2010. Revista del Programa de Investigaciones sobre Conflicto Social.
En septiembre de 1974 Romeo afirma que “Enrique Gerez, Edgardo Márquez y Carlos Klomerisqui han sido
separados de EL CAUDILLO por faltas graves y desviacionismo ideológico”. Romeo, F., El Caudillo, número
44, 20 de septiembre de 1974.
19
El Caudillo, número 38 del 9 de agosto de 1974:2.
20
Romeo, F, “Quienes somos…a dónde vamos…” Revista El Caudillo, número 51, del 19 de noviembre de
1974: 8.
21
Altamirano, C. (2005). Para un programa de historia intelectual y otros ensayos. Buenos Aires: Siglo XXI:
10.

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El peronismo se caracterizó desde sus orígenes por la heterogeneidad compositiva, y
los leales, reconociendo las varias líneas internas, asumían su lugar como el de “la ortodoxia
activa y revolucionaria”. Su “movimientismo” se asentaba en dos principios: la opción por
el pueblo y por Perón. En palabras de Envido:
“Ser ortodoxa significa, para una organización, ser leal al proyecto
liberador del pueblo y, por tanto, ser leal a quien conduce a ese pueblo,
a través de planteos y acciones que se enmarquen en las grandes líneas
del proceso histórico peronista. Estas grandes líneas son ideológicas y
doctrinarias, se han gestado en la experiencia misma del pueblo
peronista y no constituyen un sistema teórico producido con antelación
por ideólogos de gabinete ni por “científicos de lo social”.22
En esta encrucijada, el lugar del “verdadero peronismo” era el de cumplir con las
necesidades del conductor, ya que “el conductor necesita cuadros de conducción,
transmisores y mediadores organizativos, para su mejor compenetración con la masa y para
la mejor persuasión de la misma.” 23 En palabras de Aluvión, la misión era clara: “brindar
elementos de discusión y desarrollar elementos político-doctrinarios para la formación de
los cuadros del movimiento peronista”.
En esta apuesta, la opción por Perón era central:
“Definirnos como militantes del movimiento peronista implica el
reconocimiento total y absoluto del liderazgo del Teniente General
Perón. (…) Y a este proyecto magno podemos nombrarlo con el más
entrañable de los conceptos peronistas: el de la lealtad.”24
Mientras Montoneros afirmaba ser la vanguardia del movimiento, la vanguardia
iluminada y el auténtico pueblo, la disidencia discrepaba al sostener que el pueblo era la
vanguardia y que los militantes revolucionaros debían tomar las experiencias del pueblo y
luego conceptualizarlas. Se ubicaban en el movimiento como transmisores entre Perón y el
Pueblo, como parte de ese pueblo y no su encarnación o totalidad. Discutían tanto con la idea
de intervenir a su favor en la relación Perón-Pueblo,25 como en asumirse como portadores de
la identidad popular26.
Para los militantes e intelectuales de Envido la cuestión que estaba detrás de todos los
planteos de una alternativa independiente era el tema de la “representación del proyecto
revolucionario”. En qué medida para los críticos de Perón, el conductor representaba o no el
proyecto del pueblo.27

22
S/F, “Aportes para la discusión de la situación actual”, Revista Envido, número 10, noviembre de 1973:50.
En este mismo número aparece algo así como un mapa del movimiento peronista.
23
S/F, “Aportes para la discusión de la situación actual”, Revista Envido, número 10, noviembre de 1973:50.
24
Aluvión, Quienes Somos, Revista Aluvión, número 1, julio de 1974.
25
En palabras de El Descamisado: “La burocracia no capitaliza la relación Perón-masas. Y es solamente
insertándose en esa relación que existe la posibilidad de vencer a la burocracia”. Editorial, Revista El
Descamisado número 16, 4 de septiembre de 1973: 2.
26
Para el Caudillo: “Sabemos que no podemos ser perfectos, pero también sabemos que somos lo más perfecto
porque somos pueblo”. Romeo, F, “Editorial”, El Caudillo, número 23, 19 de abril de 1974, p: 2.
27
S/F, “Aportes para la discusión de la situación actual”, Revista Envido, número 10, noviembre de 1973:57.

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Feinmann, desde Aluvión, ponía la contradicción en estos términos:
“¿Cómo es posible reemplazar la lealtad al Conductor por la Lealtad al
pueblo cuando el Pueblo continúa siendo leal al conductor? ¿No se
acaba así por ser leal meramente a sí mismo? Con mayor modestia
entonces, debería decirse nosotros allí donde dice el Pueblo”.28
Como venimos afirmando, estas definiciones se apoyaban en un fondo discursivo de
cuestionamiento a Perón por parte de Montoneros. Pero, para los leales no era solamente un
rechazo a su conducción sino que detrás de un aparente desvío, se escondía un problema más
grave aún que era el de pretender reemplazar a Perón en su vínculo con el pueblo; Montoneros
buscaba disociar a Perón del pueblo y encarnar así al sujeto popular.
Mientras la Tendencia buscaba quebrar la relación Perón-Pueblo, los leales desde
Envido reafirmaban esta capacidad del General:
“el conductor es también líder en el sentido de elemento aglutinante, de
símbolo de unidad y solidaridad, de realización segura de las
aspiraciones populares. Los peronistas se encuentran y se reconocen en
la figura de Perón; Perón los representa y los reúne”.29
El cuestionamiento al liderazgo de Perón era un intento por romper esa vinculación.
Frente a las afirmaciones de Militancia30, y como una respuesta a los documentos que
circularon entre los militantes por parte de la conducción de Montoneros, la revista
Movimiento decía:
“MOVIMIENTO viene a ser leal con Perón y con su proyecto de país.
Que es como decir que levanta la lealtad a la clase trabajadora, a Evita,
a la resistencia peronista de casi 20 años y a su culminación a través de
la lucha del pueblo y el accionar sin treguas de las formaciones
especiales del peronismo contra la dictadura militar. Pero ser leal a todo
esto implica, antes que nada, ser leal a lo que representa hoy Perón”.31
La repetición sistemática de los símbolos de la liturgia peronista fue común a todos
los que buscaron erigirse como parte del movimiento. Es así que en su construcción como
revistas peronistas la identificación con la resistencia peronista y la figura de Evita aparecen
en todas las publicaciones32. Hasta El Caudillo que libraba una batalla para defender a Isabel

28
Feinmann J. P. “A propósito de la conducción”, Revista Aluvión, número 1, julio de 1974: 7.
29
S/F, “Aportes para la discusión de la situación actual”, Revista Envido, número 10, noviembre de 1973:48.
30
En esta línea desde Militancia se afirmaba que “los peronistas sabemos que el líder no manda, persuade” y
que “sólo la clase obrera y el pueblo peronista mandan”. S/F “Se equivocan”, Revista Militancia, número 25,
29 de noviembre de 1973: 5.
31
Editorial, “A los lectores de Movimiento”, Revista Movimiento, número 1, primera quincena de mayo de
1974: 1. La revista se titulaba: Sapag, Vandor, Paladino, Tendencia: La vieja trampa del peronismo sin Perón.
El subrayado es nuestro.
32
“El descamisado es un intermediario, un instrumento para servir de vehículo a todos, los que durante estos
18 años hemos estado proscriptos sin posibilidad de expresarnos”, El Descamisado, número 5, 19 de junio de
1973: 2. Militancia se define como “reflejo del verdadero pensamiento peronista, el de Perón, de Evita, de
Cooke, de nuestras organizaciones revolucionarias”, Editorial, “Hablemos un poco de Militancia”, Revista
Militancia, número 12, 30 de agosto de 1973.

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de los ataques de la izquierda rememoraba elogiosamente a Evita33. En el caso de Movimiento
todas estas dimensiones estaban sobredeterminadas por la lealtad a Perón34. Por lo que
significa “Perón hoy”.
Pero también estas palabras reconocían una disputa por comprender a Perón, por
decodificar su legado y que después de su muerte serán fundamentales para muchos
peronistas para arrogarse legitimidad. Evocando su surgimiento, la revista El Caudillo decía
que su aparición coincidió con la necesidad de enarbolar una bandera, la de la Causa
Nacional35, y porque “precisamente sabíamos lo que el General quería”36; de ahí que
reafirmaran sus posiciones en los editoriales con un “Porque Perón Manda” como símbolo
de autoridad.
Esta lealtad, en sus diversas formas ya que El Caudillo afirmaba que “solo la
verticalidad es la que asegura cuál es la verdadera conducción”,37 llevaría tanto a El Caudillo
como a Movimiento a apoyar a Isabel una vez muerto Perón. En un acto de profunda lealtad
hacia Perón y reconociendo su legado, Movimiento dirigió sus esfuerzos a apoyar a Isabel
con estas palabras: “ya no está en duda que Isabel conduce con autoridad el Estado”38; “Isabel
está cumpliendo con Perón y con el pueblo”39. Pero más allá del apoyo a la Presidente y de
diferenciación con los Montoneros, era un apoyo al orden peronista; temían que las críticas
llevaran a que “el proceso se derrumbe y todos quedemos aprisionados entre los
escombros”40.
Con respecto a la segunda dimensión de análisis, si una de las diferencias con
Montoneros, fundante de la ruptura, fue el no abandono de la lucha armada cuando Perón
llega al poder, nos interesa especialmente qué dicen los leales de la violencia y la lucha
armada y cómo este tópico, común a todas las revistas de la época (Militancia tenía su sección
“Cárcel del pueblo”, El Descamisado incentivaba la delación en su sección de denuncias, y
en El Caudillo la sección “Oíme” se encargaba de acusar a todos los que identificara con la
sinarquía o el imperialismo), los ubica en el espacio político ideológico.
Para ello resulta interesante apuntar cómo eran percibidos los leales por la izquierda
y por la derecha. Estas palabras de El Descamisado, resultan por demás elocuentes:

33
Se publican documentos de 1956 en El Caudillo sobre el tema del pasado y la resistencia. En los números de
junio, julio, agosto, septiembre de 1974 de El Caudillo se reproducen frases y discursos de Evita.
34
En Alusión a la adopción por parte de Montoneros de la figura de Evita podía leerse en Aluvión:
“Y si Perón ya no sirve como estandarte para respaldar esto, ahí está Evita: una Evita mítica, toda hecha de
fuego y revolución. Pero una Evita que poco tiene que ver con la Evita real…que escribió la más obsecuente de
las historias del peronismo” En Feinmann J. P. “A propósito de la conducción”, Revista Aluvión, mayo de
1974:7.
35
Editorial, El Caudillo, número 51, 19 de noviembre de 1974:8.
36
Editorial, El Caudillo, número 51, 19 de noviembre de 1974:10.
37
Editorial, El Caudillo, número 1, 16 de noviembre de 1973.
38
Editorial, “Intermediarios Abstenerse”, Revista Movimiento, número 7, primera quincena de agosto de
1974:1.
39
Editorial, “El milagro del peronismo”, Revista Movimiento, Número 9, primera quincena de septiembre de
1974: 1.
40
Editorial, “Intermediarios Abstenerse”, Revista Movimiento, número 7, primera quincena de agosto de
1974:1.

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“En medio de estos dos sectores: los antiimperialistas y los
proimperialistas, entre los leales sin pelos en la lengua y los obsecuentes
de la traición, están los que no son chicha ni limonada. Los que creen
que haciéndose los buenos van a lograr crecer al calor del aparato
estatal. Creen que los burócratas, que controlan ya todo el aparato del
estado les van a tirar algo importante y se hacen los revolucionarios
“buenos”. Es que en medio de la revolución y la contrarrevolución,
siempre deben estar los reformistas que terminan pisoteados de uno u
otro lado, generalmente de los dos, porque entre dos que pelean queda
muy poco espacio para los neutrales que quieren no estar con ninguno.”
41

La crítica terminaba en afirmar que “hacen antimontonerismo y la cosa puede


llevarlos a vestirse de Policías para participar”42. El Caudillo, buscando diferenciarse de las
organizaciones de izquierda, afirmó que salía a la calle para pensar con la cabeza y no con la
cartuchera y así lograr “la reconstrucción definitiva”43 pero al poco tiempo hizo explícito el
discurso de la violencia con frases como el mejor enemigo es el enemigo muerto44. En este
escenario, la forma en la que se referían a la aparición de los leales resultaba problemática:
“Felicitamos a los compañeros que han reconocido que el único jefe es Perón y los alentamos
a esta nueva lucha”45 y afirmaba: “En esta oportunidad EL CAUDILLO afirma algo que fue
siempre bandera de lucha: “los que sean de Perón, que se vengan al montón!”46
Este tipo de caracterizaciones resultaban problemáticas en la medida que la fuerte
oposición a la izquierda revolucionaria acercaba a los leales en su defensa de Perón,
espacialmente y peligrosamente a la derecha. Es así que identificados con la derecha tanto
por El Caudillo como por El Descamisado y Militancia, buscamos explorar cuáles fueron las
operaciones que desde la revista Movimiento se realizaron para fijar un lugar de centro con
respecto a la violencia y la lucha armada.
Frente al pedido de Perón de abandonar la lucha e iniciar el camino de la
reconstrucción, decían:

41
“Avanza la provocación”, El descamisado, número 41, 26 de febrero de 1974:3.
42
“Avanza la provocación”, El descamisado, número 41, 26 de febrero de 1974:3.
43
Romeo, F. “Editorial: ¿Qué quiere Perón? La tendencia se acabó el que manda es Perón”, Revista El Caudillo,
número 1, 16 de noviembre de 1973:1.
44
“Fumigaremos ideológicamente a las ratas marxistas que intentan socavar nuestras tradiciones y nuestras
evoluciones, exterminaremos sin piedad a los explotadores que han hecho de la injusticia un modo de vida”.
Editorial “Caras y caretas”, Revista El Caudillo, número 12, 1 de febrero de 1974. La revista número 14 del 15
de febrero de 1974 afirma en sus tapas: Estamos en guerra, “Y si quieren sangre, la tendrán… la lucha recién
empieza”. El editorial del número 49 dice: “La señora presidente habló de paz y de reconstrucción…la guerrilla
piensa que hay que matar a los enemigos. Nosotros también” Editorial, Revista El Caudillo, número 49, 1 de
noviembre de 1974: 3.
45
El Caudillo, Número 19, 22 de marzo de 1974. En el mismo número aparecen 2 solicitadas de Montoneros
soldados de Perón y una tercera que dice: Con Perón todo, sin Perón nada. La juventud trabajadora de Gas del
Estado llama a los trabajadores a ampliar su organización en la Lealtad.
46
El Caudillo, número 21, 5 de abril de 1974: 9. En el número 28, en solidaridad con la desaparición de Silvina
Maratea, militante de Lealtad secuestrada por Montoneros, se publica una nota que dice: Virginia Maratea
secuestrada: así “dialoga Montoneros” se reproduce una pintada de la JPL en la que dice: “¿Qué carajo te pasa
Firmenich ahora secuestrás a mujeres peronistas? Largala a Virginia Maratea, JUP Lealtad” El Caudillo,
número 28, 24 de mayo de 1974:16.

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“Para quienes creímos durante 18 años que la lucha violenta fue una
herramienta indispensable -aunque para nada la única- hacia la
liberación, nos resulta un error particularmente peligroso, que hoy
muchos siguen cometiendo, el seguir manejando esa misma
herramienta para presionar, cuando no lisa y llanamente para atacar, al
gobierno popular.
Hoy, las masas populares no encuentran motivos para apelar a la
violencia y quienes la ejercen no sólo no las representan sino que
promueven un distanciamiento del pueblo respecto de la acción política
cotidiana.”
Una serie de puntos de desprenden de la cita. La no condena de la violencia en sí
misma ya que es considerada una herramienta legítima mientras responda a los intereses del
pueblo, pero el desprestigio de su ejercicio durante el gobierno de Perón por carecer de apoyo
popular. Montándose en las palabras del General afirmaban: “promovamos ahora la lucha de
ideas” y descartemos:
“el camino violento que conduce a la guerra civil para abrir el camino
de la participación popular. El general explicó alguna vez que el valor
aparece cuando la vergüenza supera al miedo. En este momento el
verdadero valor es el de animarse a salir a pelear el futuro argentino
dejando el "fierro" guardado”.47
No obstante, la muerte del General, significó una escalada de la violencia por parte
de las organizaciones armadas. En ese contexto la revista tocaba un tema delicado, el de la
subversión y la represión como caras de la violencia. Afirmándose en Perón decían que la
derrota de la violencia debía darse ante todo en el plano político ya que frente a un gobierno
popular, elegido por amplias mayorías y con el apoyo del pueblo, la violencia guerrillera no
tenía sentido y por ello la represión aparecía como una respuesta legítima. Sin embargo, si la
respuesta del gobierno popular a la violencia pasaba sólo por la represión “lo que corre
peligro es, precisamente, la revolución peronista que Perón dejó en marcha”.48
Hernán Patiño, desde la redacción, buscaba clarificar la posición de Movimiento. Si
la violencia era una realidad que enfrentaba el gobierno popular, “la represión, más allá del
contenido afectivo que la palabra encierra, no es de por sí una herramienta
contrarrevolucionaria” sino que tanto la represión como la violencia son neutras y se cargan
de sentido dependiendo el contexto en que son ejercidas; dependiendo el proyecto político al
que sirvieron pueden ser revolucionarias o contrarrevolucionarias. En este sentido lo que se

47
Editorial, “Guerra al Imperialismo”, Revista Movimiento, Número 2, segunda quincena de mayo de 1974:1.
El número se titulaba: ¿Qué queremos los argentinos, guerra al imperialismo o guerra civil?.
48
Editorial, “¿Revolución o Violencia?”, Revista Movimiento, número 8, segunda quincena de agosto de 1974.
En este mismo número y con motivo de la conmemoración del día del renunciamiento se publican fragmentos
del discurso de Eva Perón. Retomando estas palabras Lealtad recupera su pasado de militancia, los íconos
peronistas, pero los utiliza en contra de Montoneros. “Perón no podrá ser reemplazado jamás dentro de nuestro
movimiento ni ahora ni después. El día en que algunos con sus ambiciones e intereses mezquinos, piensen que
pueden ser bandera del movimiento, ese día ellos habrán terminado”. S/F, “Evita elige quedarse en el
movimiento”, Revista Movimiento, número 8, segunda quincena de agosto de 1974: 17.

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afirmaba era que la represión podía ser una respuesta legítima, pero no la única, para “luchar
contra la violencia contrarrevolucionaria”49.
En su último número la revista terminaba de darle forma a su argumento por lo que
reproducimos una extensa cita que condensa su posición:
“No hay dudas de que estamos en lucha contra la subversión
contrarrevolucionaria que ya está perfectamente identificada la
organización ilegal y otras más pequeñas que se le suman, incluyendo
una –Montoneros- que ahora también dio la cara decidiendo
autoproclamarse clandestina. Pero frente a esta violencia pro-
imperialista y golpista en definitiva, se alza otra que teóricamente
pretende “defender” el proceso atacando a la ultraizquierda. Esta
violencia esconde la cara y sabotea el proceso de un modo aún más
peligroso, porque se oculta bajo la hipocresía de ser su escudo, ya que
operan con la impunidad de un oficialismo (falso) o de ser fuerzas de
seguridad. (…) Aquí también está el enemigo concreto que representa
la subversión de ultraizquierda, marginada del proceso (la tesis de ellos
es que “mientras peor mejor”, de modo que prefieren un gobierno
absolutamente sometido al imperialismo, y no lo ocultan). Frente a ese
enemigo hay que combatir dentro del marco legal que también
caracteriza al proceso argentino. Los que nos “ayudan” empleando el
asesinato a mansalva y el terrorismo son el más artero peligro para la
revolución peronista. La violencia de ultraderecha y parapolicial –que
como la otra, mata a cualquiera- actua tan brutal y descabelladamente
que sólo puede explicarse de dos formas, o por una feroz estupidez o
por la presencia de agentes directos del imperialismo. Este S.O.S va
dirigido especialmente al propio gobierno: muy pocos son los
guerrilleros apresados en un marco legal y ningún comando
parapolicial ha sido detenido. Mientras la ley no entre realmente en
acción, el país se derrumbará cada día más en este triste remedio de far-
west. Si los códigos deben ser más severos –como alguna vez lo explicó
Perón, señalando precisamente que debía evitarse una lucha entre
bandas-que lo sean. Pero que se los cumpla a rajatabla para que la ley a
secas no sea definitivamente derogada por la ley de la selva”.50
La fuerza de estas palabras explica que, entre dos fuegos, éste fuese el último número
de la revista de los leales. En ese mismo número se afirmaba que frente a la subversión
identificada con Montoneros y el ERP se erigía un desborde represivo del aparato policial y
parapolicial, igualmente condenado. En este número se responsabilizaba a ambos bandos por
igual, sentándose los principios de lo que en los años ochenta estaría en el centro de la teoría
de los dos demonios.51

49
Patiño, H, “Profundizar la revolución por Hernán Patiño”, número 8, segunda quincena de agosto de 1974:
8-9.
50
Editorial “S.O.S.”, Revista Movimiento número 10, segunda quincena de septiembre de 1974:1.
51
“la violencia represiva, la indiscriminada acción asesina de los grupos parapoliciales, escuadrones de la
muerte y comandos de ultraderecha resulta el complemento perfecto que ellos buscan. La represión hace tanto
o más que los guerrilleros por lograr un clima de pánico y un estado de intranquilidad permanente. Juntos,

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En este clima de desconcierto y desconfianza la revista se preguntaba por quiénes son
los “nuestros”, ni los Montoneros autoproclamados clandestinos ni las bandas parapoliciales
de la ultra derecha. Y en esta soledad dejó de salir pidiéndole al Estado que tome cartas en el
asunto poniéndole “el cascabel a estas bandas armadas”.52

A modo de cierre

La batalla discursiva de los leales fue la de erigir la lealtad como baluarte y bastión
de lucha política. Ser leales a Perón era su lugar de enunciación y también su proyecto:
continuar con la empresa del último Perón considerado encarnación del sujeto popular,
articulador de las diferencias, símbolo de la unidad nacional. En ese camino, y como
auténticos herederos, buscaron ocupar un lugar que reconocían como vacío, el de centro. Pero
esta empresa, en un clima de fuerte polarización y radicalización política, no resultó fácil y
condicionó su corta existencia.
A los pocos meses del gobierno de Isabel, cuestionada por la derecha y por la
izquierda peronista, la lealtad se diluyó. Sin embargo, creemos que fue una rica experiencia
de debate y confrontación en la que se formó una parte significativa del peronismo de
izquierda no Montonero que reconstruimos en estas páginas. La de una tradición peronista
que rompe con las estructuras partidarias en nombre de Perón y para quienes la ruptura
aparece como un acto de reafirmación peronista.
Este camino de críticas y rupturas los reencontró en los años ochenta discutiendo al
peronismo y buscando reponer la democracia. Les permitió caracterizar positivamente en
muchos aspectos la gestión de Raúl Alfonsín, criticar a Carlos Menem y depositar esperanzas
y expectativas en el gobierno de Néstor Kirchner. Pero esta ya es otra historia…

guerrilleros y contraguerrilleros, arrastran al desastre al proceso de la revolución peronista” S/F, “Las muertes
de cada día matan el proceso”, Revista Movimiento, número 10, segunda quincena de septiembre de 1974: 7.
52
S/F “Las muertes de cada día matan el proceso”, Revista Movimiento, número 10, segunda quincena de
septiembre de 1974: 6-7.

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