El Pánico: Alquiler y Misterio
El Pánico: Alquiler y Misterio
5. EL PÁNICO
de Rafael Spregelburd
ESCENA 1 - ALQUILER
Una mujer joven, bien arreglada. Es Rosa Lozano. Está sentada en un departamento vacío.
Hay una silueta dibujada en el piso, con tiza blanca, como las que la policía dibuja en el
lugar donde se ha removido un cadáver. Un libro tirado junto a la silueta. Suena el
teléfono.
ROSA: ¿Hola? (...) Sí, la estoy esperando. (...) Sí, una tal Betiana García. (...) Ah, pero...
¿llamó ahí? ¿A la inmobiliaria? (...) ¿Y le diste bien la dirección? Es el quinto H. (...) Debe
estar por llegar, entonces. (...) Ah, ¿vos crees que yo puedo cobrar la comisión completa si
lo alquilo hoy? (...) Bueno, voy a hacer todo lo posible. (...) si, necesito la plata, bueno,
Chau. (Rosa, corta y piensa en voz alta) Uy, qué bueno, si consigo hoy la comisión. (Suena
el timbre del departamento). Debe ser ella, la tal Betiana. Qué nombre estúpido. Porque
es una mezcla de Beatriz y Ana. Seguro los padres le querían poner Beatriz, o Ana y no se
decidieron, y le pusieron Betiana, también le podrían haber puesto Betina, o cualquier
cosa, antes que hacerla formar parte a la pobre criatura de sus indecisiones… (Abre la
puerta)
BETIANA: Hola, vengo de la inmobiliaria, a ver el departamento.
Entran juntos Betiana y Emilio. A primera vista deberá parecer que se trata de una pareja.
ROSA: Hola, si pasa, yo soy Rosa. Hablamos por teléfono.
BETIANA: Betiana García.
EMILIO: Emilio Sebrjakovich. (Ninguna de ellas le habla directamente, pero él no se dará
cuenta hasta mucho después).
ROSA: Me dijeron en la inmobiliaria que llamaste para confirmar la dirección, será que...
BETIANA: Es que no me habías dado el número del departamento.
ROSA: Claro, puede ser. No sé en qué estaría pensando cuando hablamos. A mí me das
cuerda y pienso en cualquier cosa. Bueno, ¿te muestro un poquito?
BETIANA: Igual, todo lo que hay para ver está a la vista, ¿no?
ROSA: ¿Ah, querés verlo sola? Bueno, no hay problema. Yo te dejo verlo y sigo con el
solitario en el celu, me ayuda a prevenir el Alzheimer, ahora soy joven, bueno,
relativamente joven, pero esas cosas hay que preveerlas con tiempo. ¿Vos cuantos años
tenes?
BETIANA: Arriba debe estar el dormitorio, ¿no? Es chico el depto
ROSA: No, no es chico. Es más grande que el estándar medio, porque fijate cómo tiene
aprovechadas las mochetas.
BETIANA: ¿Las qué?
EMILIO: Claro, empotraron las mochetas y parece más grande.
ROSA: Las... mochetas. Me lo marcaron como una ventaja grande, y te lo digo porque si
sos arquitecta, o diseñadora... seguro entendés, porque yo ni idea que son las mochetas.
¿A qué te dedicás?
BETIANA: Soy bailarina.
ROSA: ¿En serio?
BETIANA: Sí.
ROSA: Yo hice unos años de clásico, pero tuve que dejar, porque no me lo podían pagar, y
de grande quise volver, pero me dí cuenta que era peligroso, porque si te caés después ya
los huesos te sueldan de otra manera, y hay que prevenir la artrosis, y ahora, no cuando
ya es tarde. ¿Te caíste alguna vez?
BETIANA: ¿Ésa es la única ventana?
ROSA: Sí, ahí arriba. (Betiana sube a ver la ventana, seguida de Emilio. Rosa, se queda
abajo) ¿Y estás bailando en algo, ahora?
BETIANA: (Ya arriba.) Sí. ¿Qué orientación tiene?
ROSA: Noroeste, la mejor.
EMILIO: Nor-noroeste, Díaz Vélez acá es diagonal.
BETIANA: Bueno, estoy ensayando, en realidad. Es algo para dentro de unos meses...
¿Qué es eso?
ROSA: ¿Ahí abajo? La pileta del club. Si la nadas ida y vuelta es como si fuera olímpica. Te
digo porque la conozco bien, yo soy del barrio y fui a esa pileta. Pero apenas hago unas
brazadas y me quedo sin aire. Tengo asma. Dicen que es psicosomático.
EMILIO: A mí me parece un lujo tener el gimnasio cerca...
BETIANA: (Por un libro que está al pie de la escalera. Es “El libro de los muertos) Se te cayó
un libro.
ROSA: No. Es de la casa.
EMILIO: Claro, un gimnasio con pileta...
BETIANA: ¿Pero el club es del edificio?
ROSA: No.
EMILIO: Nadar me encanta, pero ahora lo pienso y no me dan ganas. Qué fiaca. Tenés que
cambiarte en pleno invierno.
ROSA: Es climatizada.
BETIANA: Ah... Pero, ¿pago la cuota con las expensas?
ROSA: No.
BETIANA: Entonces, ¿por qué me lo decís?
ROSA: Te lo digo porque está entre las ventajas de este departamento. Mirá los pisos.
EMILIO: ¿Son entarugados?
BETIANA: ¿Los pisos?
ROSA: Claro, si sos bailarina podés correr los muebles y acá mismo, sin necesidad de
barra, o de otra cosa, podés practicar los pasos. No tiene astilla, no hace mugre. Son
entarugados.
BETIANA: Sí, está bueno.
ROSA: Probalo, si querés. Descalzate y probalo. Mostrame algo del ensayo de baile.
BETIANA: No, esta bien, no hace falta.
ROSA: Y cuando entra el solcito de la tarde, es super luminoso. Te digo mas, ayer lo estuve
mostrando, y en la pausa del almuerzo aproveché la luz y me di una depilada. Porque mi
departamento es muy oscuro, y bueno aproveché, tengo el hornito eléctrico para la cera.
Pero dejé todo limpito. En realidad estoy ahorrando para hacerme la definitiva, me quiero
animar al cavado completo… ¿vos te lo hiciste? (Nota el silencio y la mirada fulminante de
Betiana.) Es un departamento precioso, ¿no? Yo me enamoré de este departamento,
apenas lo ví.
EMILIO: Pero, ¿vos nos querés alquilar este departamento? ¿Qué es lo que está pasando,
acá? Yo no quiero alquilar.
BETIANA: Como yo vivo en San Isidro, me queda lejos, así que si ensayo hasta tarde me
gustaría tener un lugar así en Capital, grande... como para quedarme.
EMILIO: Yo no quiero alquilar este departamento. (Emilio se apoya en una pared, sobre el
interruptor de la luz, y la luz se apaga)
ROSA: ¿Qué tocaste?
BETIANA: Nada, ¿qué pasó?
ROSA: No sé, una falla a nivel general, a nivel Edesur.
EMILIO: No, tranquilas, me parece que fui yo, me apoyé en el interruptor. (Prende la luz.)
Ya está.
BETIANA: Volvió. ¿Qué habrá sido?
EMILIO: Perdón, me apoyé sin querer.
ROSA: Te digo una cosa, no es porque te lo esté mostrando, pero esto te puede pasar acá,
o en San Isidro donde vos vivís, son impredecibilidades. La instalación eléctrica es nueva,
EMILIO: No, no, ¿no ven? Fui yo que me apoyé. (Vuelve a apagar y a prender la luz.)
BETIANA: Ahí, de nuevo, ¿ves?
ROSA: Pará que te averiguo. (Finge una llamada telefónica.) ¿Hola, Edesur? Mire, llamo
para preguntar por un desperfecto, en la zona de... Ah, ¿están haciendo arreglos? Ah,
muchas gracias. (Corta.) Parece que es pasajero, están arreglando, Betina.
BETIANA: Betiana.
ROSA: Betiana, perdoná. Hay toda una generación de chicas de tu edad que los padres les
pusieron Betiana, por la Blum, Betiana Blum. Lo tuyo fue por la actriz o ¿tus papás estaban
indecisos?
BETIANA: ¿Y las expensas cuánto valen?
ROSA: Mil pesos.
BETIANA y EMILIO: ¿Cuánto?
ROSA: Mil. (Pausa.) ¿Te parece mucho? ¿No te lo tendría que haber dicho? Lo que pasa es
que yo soy nueva en esto, no lo hago por vocación... necesito la plata. Yo espero que vos
sepas pasar por alto mis falencias, mis errores... Si firmás la seña yo cobro hoy, y me
compro unos medicamentos que necesito, para el asma… (Emilio está muy cerca de
Betiana, y al oír la súbita confesión de Rosa ríe con un resoplido. Betiana siente el aire en
su cuello, y se da vuelta, muy asustada. Sólo ahí se nos hace evidente, que no lo ven)
BETIANA: ¡Ay!
ROSA: ¿Qué pasa?
BETIANA: Sentí algo... sentí un viento.
ROSA: Claro, es que dejaste arriba abierto y hace correntada porque...
BETIANA: No, hay algo extraño, en este departamento... Siento algo extraño... Desde que
entré.
ROSA: Mirá que está muy en precio...
BETIANA: ¿Quiénes son los dueños?
EMILIO: (Dudando.) Eso. Porque yo conozco este departamento...
ROSA: No sé, una señora Regina... que casi no lo usaba...
EMILIO ¿Regina?
ROSA: ¿Te sentís mal? Necesitás azúcar. O sal.
BETIANA: No. Yo sé muy bien lo que necesito. Soy bailarina, tengo mi cuerpo muy bien
entrenado, percibo mucho, ¿sabés?, yo sé lo que sentí.
EMILIO: Hablando un poco de eso, ¿vos quién sos?
ROSA: Bueno, te traigo un café cargadito, te sentás y lo pensás.
EMILIO: ¡Ey! ¿No me oís?
BETIANA: Mirá, Rosa, prefiero irme... Yo...
EMILIO: ¿No me oyen?
BETIANA: Yo igual tengo tu teléfono y lo pienso mejor y te llamo.
EMILIO: ¿Ustedes me ven? (Hace señas.) ¿Me ven?
ROSA: Sí, claro, Beti. Igual, no te lleves una mala imagen del departamento o de mi, vos no
te sentís bien ahora.
EMILIO: ¿Te traigo café? Acá en la cocina hay, dejá que yo lo traigo.
ROSA: Si vos te vas yo lo voy a anotar en mi agenda como una desgracia.
EMILIO: (Desde la cocina.) Uy, hay palmeritas. ¿Te llevo una con el café?
ROSA: Porque vos me decís que lo vas a pensar mejor, ¿pero yo qué prueba tengo? ¿Yo
qué sé si ahora no salís corriendo y te comprás el Clarín y te buscás otra cosa?
BETIANA: Me voy. Gracias. (Se acerca a la puerta.)
ROSA: Yo no digo que me dejes la seña ahora, pero aunque sea una promesa a futuro mas
sincera, a lo mejor el departamento no te viene bien, pero yo te fui honesta, y ordenada, y
te respeté, que ya es mucho más de lo que se puede decir de los de la inmobiliaria, que
por ejemplo seguro que ni te dijeron que la semana pasada acá asesinaron a un tipo.
(Señala por primera vez la silueta en el piso.) Mirá. Un tal Emilio. (Betiana grita y sale
corriendo)
Apagón.
ESCENA 2: LLAVE
Una casa de familia. Lourdes, Jessica y Guido. En escena, Lourdes hablando con Betiana
con una mochilita al hombro, lista para irse. Guido busca algo –ya veremos que es una
llave. Jessica cambiándose para irse con Betiana
LOURDES: Son días extraños. Si vieras como me siento.
GUIDO: ¡Me parece que acá la encontré!
BETIANA: Me imagino.
LOURDES: Ni ganas de bañarme tengo. Desde lo que pasó que no me baño
BETIANA: Ya pasó una semana. ¿No?
GUIDO: No, no es esto. No encontré nada,
LOURDES: Si, ¿vos me sentís olor? ¿Te podés fijar? Me eché perfume importado igual.
Viste que duran mas.
BETIANA: No, no tiene olor.
LOURDES: Es Deprimente. Ese martes creí morir yo también. Sin Emilio, yo... nada encaja.
Ayer estuve todo el día llorando. Y me tuve que decir “calma”.
GUIDO: ¿Jessi buscaste bien en tu pieza? (Jessica responde de lejos).
JESSICA: Si, y nada
GUIDO: Entonces no está en la casa, ya busqué por todos lados.
LOURDES: Me lo digo dos veces “Calma, calma” es un ejercicio que vi en un tutorial de
youtube, y estoy más calmada, pero el dolor está y la ausencia… la ausencia de esa llave
(Sollozos la abraza a Betiana. Betiana incómoda.)
BETIANA: Jessi. ¿Estás lista?
JESSICA: Hola. Si, si vamos.
GUIDO: ¿Se van a ensayar?
JESSICA: Si
LOURDES: Es una situación muy desagradable, ¿te contó Jessi?.
JESSICA: ¿Tenés el auto Beti, estamos re justas?
LOURDES: Es un problema de plata. Emilio era el titular de la cuenta en el Banco Galicia.
Teníamos toda la plata ahí, en una caja de seguridad. Y ahora que está muerto no nos la
dejan abrir. Dicen que tiene que ir a sucesión. ¿Ustedes se imaginan lo que puede tardar
eso en la Argentina? Ahora yo voy al banco, ¿y qué digo? ¿Cómo hago? No sé qué decir.
Yo no soy nadie para el banco. Emilio y yo para la ley no estábamos casados...Estamos
buscando la llave de la caja como locos. Tiene que estar en casa, pero no la podemos
encontrar. Dicen que hay que ir a sacar la plata de los bancos cuanto antes. ¿Vos que
pensás Betina?
JESSICA: Se llama Betiana Mama, y estamos apuradas, para llegar al ensayo
BETIANA: Ojalá la encuentren, adiós señora.
Apagón.
ESCENA 3 BANCO GALICIA
La oficina de Cecilia Roviro, gerenta del banco Galicia. Roxana su secretaria. Lourdes,
Guido y Jessica.
ESCENA 6 CÁRCEL
En la cárcel. Sala de visitas. La Terapeuta atiende a Regina. Una agente penitenciaria,
Melina Trelles, está esposada a Regina.
REGINA: ¿Usted cree que yo estoy loca? Yo lo que tengo es tristeza, porque estoy presa, y
porque estoy mal medicada, y porque ya tenía tristeza antes de estar presa, y yo no maté
a nadie.
MELINA: Le mataron a un amigo de ella... Emilio...
REGINA: Mi amante, Melina, ¿o tener un amante es motivo para ir presa?
MELINA: Y también encontraron muerto a un señor del perro, en el hospital...
REGINA: Ya hace una semana de eso, sin pruebas, sin nada, y yo todavía acá, interrogada.
TERAPEUTA: ¿Qué pasó?
REGINA: ¿Qué pasó con qué? ¿Con Emilio? Habíamos discutido por lo mismo de siempre.
Yo me tomé el antidepresivo, con una copita de whisky y, me dormí. Parece que en ese
tiempo Emilio rodó por la escalera, ¿yo lo sabía?, no. ¿Cómo podía saberlo si estaba
dormida, mal medicada, ebria, triste?
TERAPEUTA: Hagamos una prueba ¿Qué ve acá?
REGINA: Una mano.
TERAPEUTA: ¡Exactamente! ¡Es una mano! Usted no está loca.
REGINA: Eso ya lo sé.
TERAPEUTA: Por mí, el trabajo está terminado. ¿Quién me paga mis quinientos pesos,
acá?
MELINA: ¿Ella no está loca?
TERAPEUTA: La prueba dio buen resultado, probemos otra por las dudas ¿Y acá en este
dibujo, que ve?
REGINA: ¿Y qué voy a ver? Una señora, que rechaza una Biblia que le ofrece esta monja.
TERAPEUTA: ¿La rechaza? Usted ve que, le dice, ¡no! A la palabra de Dios
REGINA:¡Que si lo veo, porque lo veo; que si no lo veo, porque no lo veo! Melina,
¿ustedes prepararon esto? (Melina niega con la cabeza.) ¿Qué me quieren demostrar?
¿Que porque alguien rechace la palabra de dios va a ser un asesino? ¿Quieren que lo
discutamos? Miren que las puedo hacer mierda, ¿eh? En primer lugar...
TERAPEUTA: Esa historia... que usted ve acá, ¿la ve acá, o es su historia?
REGINA: ¿Me está psicoanalizando? Claro, como no tienen pruebas y necesitan un
culpable. Me quieren ver violenta.
MELINA: A lo mejor, la señora (señalándola en la lámina) no está rechazando la Biblia,
sino diciendo “Esperá que voy al baño, vuelvo y la leo”...
REGINA: ¿Y qué diferencia hay? En ese imagen está rechazando, para ir al baño, para
leerla cuando se le cante el culo, no se, el hecho concreto es que dice claramente no.
MELINA: A los efectos de convencer de la inocencia de uno, a uno le conviene mostrarse...
Católico...cristiano, no sé. Pensalo mejor Regi… ¿Qué ves en el dibujito?
REGINA: ¡Ese test saca lo peor de cada uno afuera! (El Terapeuta la mira fijo.) ¿Cómo
esperan probar que yo maté Emilio y al señor que murió en el hospital, con estos dibujitos
de mierda?
TERAPEUTA: Cuenteme un poco del señor del hospital
REGINA: El Señor Roviro. La semana pasada. Yo había discutido con Emilio y salí a caminar
con mi perro Carlitos. Por Díaz Vélez. (Suena el celular de Melina.) ¿Podrías apagar eso?
MELINA: No, es que son normas de seguridad. Mirá si vos me decís “mirá ese pajarito”... y
yo miro, y me agarrás el arma y nos pegás un tiro a cada una... y te vas disfrazada de
policia. Me tengo que comunicar a intervalos...
REGINA: Estoy en manos de subnormales.
TERAPEUTA: ¿Qué pasó esa noche, Regina con el perrito?
REGINA: Estaba caminando, y yo andaba medio boleada, el whisky y el Valium, me pegan
fuerte y casi me pisa un micro lleno de egresados que volvían de Bariloche, y los pibes me
empiezan a gritar por las ventanas: “¡Dale Conchuda, cruza bien!” Eran las dos de la
mañana, ni un alma, y ellos a los gritos, Carlitos se alteró mal, se me soltó de la correa, y
del susto mordió al primer tipo que pasaba, era un señor mayor. Le mordió la pierna. No
lo iba a dejar ahí tirado al viejo, asique paré un taxi y lo llevé a la guardia, quedó en terapia
intensiva, no por la mordida, que era algo superficial que se cosió enseguida, sino por
otras cosas. La gente muere de muchas cosas, Melina, y lo del perro fue un accidente que
puede pasar.
MELINA: Sí, puede pasar...
TERAPEUTA: ¿De qué murió el señor?
REGINA: No se. Yo solo lo cuidé. La culpa, la angustia, qué sé yo. A veces es bueno hacer
cosas sin esperar recompensa... Yo iba todos los días de tres a seis, en el horario de visitas,
él estaba inconsciente, un día voy y bueno no pasó la noche, y yo estaba sentada a su
lado, me enteré al otro día porque parece que me quedé dormida encima del viejo, ahora
todo el hospital y la policía me están investigando, ¿y yo que tengo que ver? Se murió
solito, de viejo.
MELINA: Y, Regina... Sumamos dos más dos... Muere el señor que cuidás en el hospital...
Muere tu novio en tu casa...
REGINA: Mi amante.
MELINA: ...tardás dos días en declarar la muerte de tu novio... apareces acostada encima
de un viejo muerto en el hospital…
REGINA: ¡Estaba durmiendo! ¿No se puede dormir sin ser culpable de algo? Uy, mirá el
pajarito, Melina. Melina obedece, Regina le saca el arma
REGINA: ¿Ven? Estoy custodiada por una idiota. Esta gente es la que me juzga. Toma
nena. Yo le quería pedir, doctor, si no puede hacerme una receta para las pastillas
antidepresivas.
TERAPEUTA: Yo no puedo recetar, no soy médica, ni siquiera terminé la carrera de
psicología.
MELINA: Yo te las consigo. ¿Cuáles son?
REGINA: ¿Qué me vas a conseguir vos?
MELINA: Sí, acá conseguir drogas es facilísimo.
INTERCOMUNICADOR: Sargento Melina Reyes, estoy escuchando toda la conversación.
Cambio.
MELINA: ¡No estoy ofreciendo drogas! Es parte del interrogatorio, para que confiese
INTERCOMUNICADOR: Trelles, no te hagas la gila, dale. Prestá atención o te suspendo.
Acá la señora tiene otra visita. ¿La hago pasar? Cambio.
MELINA: Si, Cambio.
INTERCOMUNICADOR: Es una familia. Cambio.
REGINA: ¿Una familia? Si yo no tengo familia. Yo no doy abasto, acá, doctora. A cada
minuto una nueva actividad. Entran Lourdes, Jessica y Guido.
TERAPEUTA: Uy, es una familia que yo conozco, los analizo.
LOURDES: ¿Vos sos ella? ¿Vos lo mataste?
REGINA: ¿Quién sos vos?
JESSICA: Queremos la llave.
GUIDO: Nosotros no tenemos rencores pero sabemos que usted era la amante de mi
papá, de mi hermano, Emilio, y él está muerto.
REGINA: Sí, ya sé. Si él no estuviera muerto, ¿ustedes se creen que yo estaría acá?
GUIDO: No es que usted lo haya matado pero...
REGINA: ¡Yo no lo maté!
LOURDES: ¿Y por qué estás presa?
GUIDO: Nosotros necesitamos la llave de la caja que está en el banco Galicia.
REGINA: ¿Ves? A vos no te importa nada Emilio, lo único que querés es la plata.
LOURDES: ¿Cómo no me va a importar? ¿Vos pensás que yo soy una idiota? ¿Que no veía
cómo lo iba perdiendo, día a día? ¿Que no olía tu perfume en su saco? ¿Sabés hasta qué
límites tuve que sufrir yo? ¡Criar un hijo para amarlo como a un esposo, y perderlo todo
así!
REGINA: Él llegó a mí como un hombre libre, Lourdes. No podés revisar ese tema conmigo.
Ahí está tu terapeuta.
TERAPEUTA: Por 500 pesos más, empezamos la sesión ahora mismo, igual aún no me
pagaron la de recién.
LOURDES: Yo no quiero revisar nada. Vos tenés que entender que te vas a pudrir acá y
mientras vos te pudrís acá yo quiero rehacer mi vida, soy joven todavía. Me arruinaste una
vida y ahora me querés arruinar otra vez.
JESSICA: Mamá, no podés pasarte la vida tratando de empezar otra vez... quedate con
algo... Doctor, dígale que se comporte como la madre que nunca fue.
GUIDO: Nosotros queremos saber si sabés algo de una llave y nada más.
REGINA: ¿Y cómo no lo voy a saber? Emilio no hacía más que hablar de eso todo el
tiempo.
JESSICA: ¿De la llave?
REGINA: Claro, de la llave. Estaba leyendo ese libro, una y mil veces, parecía que se lo
quería aprender de memoria. Decía que lo quería filmar, me pedía plata para los CD
virgen...
MELINA: ¿Qué libro?
REGINA: El “Libro de los muertos”. No sé para qué se lo regalé. Para nuestro aniversario.
LOURDES: ¿Un año?
REGINA: Dos. Una oferta, lo agarré entre los libros de Sueiro. Y a la semana no hacía más
que hablar de la llave. “La llave que abre el mundo de los muertos”, decía. “La llave que
reconcilia a los vivos con los muertos.”
LOURDES: No, ¿qué mundos? Yo te hablo de la llave de la caja de seguridad del Galicia
JESSICA: ¿Te dijo algo de dónde la había puesto?
REGINA: No sé. Él habló de una caja, de una plata, que con eso nos íbamos a ir a Cancún,
pero nunca se decidió. No se decidía a dejarte, Lourdes. Tenía miedo de que pudieras
cometer una locura.
LOURDES: ¿Qué locura? ¿Tengo cara de estar loca, yo, doctor?
TERAPEUTA: Si
REGINA: Él decía que si te dejaba y se venía a vivir conmigo vos ibas a suicidarte. Que una
vez tomaste Kaotrina.
GUIDO: ¿Mamá? Lourdes llora.
JESSICA: Vení, mamá, vamos a casa. Guido y Jessica sacan a Lourdes de la celda y se van.
Mientras salen, se escucha murmurar a Lourdes algo ininteligible, mientras señala al
Terapeuta.
JESSICA: No, mamá, ¿cómo le voy a preguntar si salió el número que le jugamos?
GUIDO: Vamos, mami, vamos a casa que te hago un té. Salen
REGINA: No, no me miren así, como si yo también tuviera la culpa. Ella por lo menos se
deprime y va a su casa, y si quiere se inyecta detergente en las venas, pero yo ni siquiera
puedo volver a mi casa. Todavía deben estar en la cocina las palmeritas que tanto le
gustaban. Se deben haber muerto todas las plantas. Los de la inmobiliaria no las van a
andar regando, ya nadie hace nada por nadie. Sólo yo, como una pelotuda, por el viejo del
Durán.
MELINA: ¿Querés que pase a regar las plantas?
REGINA: ¿Podés?
MELINA: Sí.
REGINA: ¿Y me traés las facturas?
MELINA: ¿Las palmeritas?
REGINA: No retrasada, las cuentas, agua, luz, gas. Acá te anoto la dirección.
Apagón.
ESCENA 7 FIESTA
Lourdes le muestra la casa a Rosa Lozano.
ROSA: A ver si la entiendo bien, señora. ¿Usted quiere vender con tiempo o desesperada?
LOURDES: No, chiquita, no me entendés lo que te digo: yo estoy desesperada, pero quiero
vender bien. ¿Sabés lo que yo quiero? Que mires bien a tu alrededor, que veas los valores
reales de este departamento, y que me tases. Que me digas si con esto yo liquido mis
cuestiones acá y me voy a Miami con toda la guita.
ROSA: Bueno, yo tomo nota de lo que me parece que puede ser atractivo para un
potencial comprador, pero la verdad es que no se está vendiendo mucho. ¿Acá hay un
cuarto más?
LOURDES: Sí, cuidado al entrar, está lleno de material tecnológico, de cds. Emilio hacía
películas, quería hacer, bueno, un gastadero de plata. Yo no sé qué voy a hacer con todo
esto porque me permiten irme sólo con 20 kilos.
EMILIO: Éste es un buen boceto. Le estoy tratando de dar forma.
LOURDES: Son cientos de cds.
JESSICA: ¡Guido! ¿Te fijás en el cuartito si hay un cable para conectar los parlantes?
GUIDO: ¿Y ahora te acordas de buscarlo? Es tardísimo, va a empezar a caer la gente.
JESSICA: Por eso, quiero instalar algo de música.
BETIANA: Pará, Jessy. ¿Por qué no terminamos con esto de la desgrabación de la clase del
Inglés y después nos ocupamos de la fiesta?
JESSICA: Bueno, pero un toque nada mas. (Suena el timbre.)
LOURDES: Quizá suman al valor de la propiedad, porque no te los llevas y los ves
tranquila... (Nuevo timbrazo) ¡Timbre!. ¡Guido! ¿Abrís? También tiene un bañito, mirá.
GUIDO: ¡Va! Rosa y Lourdes salen del cuartito. Mientras, Guido abre la puerta. Es Susana
Lastri.
ROSA: Me mostrás la distribución de los dormitorios
LOURDES: Vení, es arriba. Hay lío porque mi hija hace una fiesta.
GUIDO: Hola.
SUSANA LASTRI: Hola. Perdón. Llegué temprano.
GUIDO: Todo bien, no te preocupes. Pasá, estamos preparando todo.
JESSICA: ¿Es mucho para desgrabar?
BETIANA: Es una hora, no es mucho, pero te dicto rápidito y mañana lo paso en limpio y la
vendemos en la puerta de la instituto.
JESSICA: Bueno, dale
LOURDES: A ver, Jessy, ¿pueden hacer eso en otra parte de la casa, que estamos tasando?
JESSICA: Bueno, a ver, bajamos todo. (Bajan, ve a Susana, que no le cae nada bien.)
SUSANA LASTRI: Hola. Traje un Fernet.
GUIDO: Genial, ahí preparo para los dos
SUSANA LASTRI: ¿Tenés una música que te haga relajar un poco?
GUIDO: Si, ahí pongo algo
PEQUEÑA DESAGRABACIÓN – EVIDENCIAR QUE BETIANA NO SABE INGLES –
VOZ DE SETEVENSON:
BETIANA: (Traduce)
JESSICA: Escuchame una cosa. ¿Vos entendés bien el inglés?
BETIANA: Sí, o sea, yo... por ahí no lo puedo hablar, así, pero cuando lo escucho lo...
JESSICA: No se te entiende nada.
BETIANA: ¿Qué no se me entiende?
JESSICA: Nada. A ver, dale, poné otra vez. Betiana prende el grabador.
PEQUEÑA DESAGRABACIÓN – EVIDENCIAR QUE BETIANA NO SABE INGLES –
VOZ DE SETEVENSON:
BETIANA: (Traduce)
JESSICA: ¿Vos escuchás lo que me estás dictando?
BETIANA: No, yo interpreto, no puedo pensar en lo que digo.
JESSICA: ¿No ves? Si no pensás en lo que decís, ¿cómo querés que...?
BETIANA: Ay, pero esto es así siempre, cuando...
JESSICA: No, no, así es siempre. No es la primera clase que desgrabo en mi vida. Y no se te
entiende.
BETIANA: Pero tenes que contextualizar, los alumnos... lo van a entender...
JESSICA: ¡No me parece. ¿Sabés? Y dudo mucho que este tipo Stevenson se haya tomado
un avión desde Londres para venir hasta acá, con lo que cuestan aviones, hoteles, a decir
esta huevada que vos decís que dijo. A mí me parece que no sabes inglés y no te animas a
decírlo. Además, no tengo ganas de hacer esto Beti, quiero estar en mi fiesta.
BETIANA: Calmate un poco Jessy, exageras todo, tenés que cambiar la terapeuta… voy al
baño y mientras vos relajás… (Sale.)
(Guido y Susana Lastri conversan animadamente con Fernet en mano y Guido se acerca
para darle un beso y ella lo frena)
SUSANA LASTRI: Pará, hablemos claro antes, porque vos como todos los hombres seguro
pensás la concha como una totalidad en bruto... Y No es un pack. Tenés que pensarla en
partecitas. Si manoteás como si fuera un monedero no voy a acabar nunca.
GUIDO: Susana solo quería darte un beso… no pensaba tener sexo acá, delante de mamá,
mi hermana, la amiga, la señora de la inmobiliaria…
SUSANA LASTRI: No te hagas el zonzo tampoco, porque seguro lo pensaste y me adelanto
a tus pensamientos, asi llegado el momento no manotees a lo bestia.
GUIDO: ¿Qué, te vas a ir?
SUSANA LASTRI: Voy a preparar otro Fernet
GUIDO: (Queda en su sitio, muy confundido.) Bajan Lourdes y Rosa.
LOURDES: Vos pensalo, sacá las cuentas que tengas que sacar... lo que yo te digo es que
vendo todo y me las tomo.
ROSA: Bueno, la verdad es que es un cálculo difícil, y asi con tanto ruido me cuesta la
matematica… aparece Emilio
EMILIO: Acá está lo que les quería mostrar. Es una fábula egipcia, viejísima, pero la quiero
presentar en un ámbito urbano, contemporáneo, sin la boludez de la pirámide y todo eso.
¿Ya te vas? ¿De dónde te conozco?
ROSA: Mejor, yo la llamo en la semana, cuando haya menos ruido.
EMILIO: Claro, está a full, la fiesta. (Por el video.) ¿Lo vemos?
LOURDES: No, pero mirá que esto no es así siempre, es hoy porque resulta que hay una
fiesta, si no el edificio es super... pará que bajo con vos y te abro.
Salen. Emilio intenta seguirlas, pero por algún motivo descubre que no puede hacer girar el
picaporte y queda adentro.
EMILIO: (A Guido.) Está a full, la fiesta... la viste a Jessy.? ¡A Jessica! ¿No me oís? Ah, Jessy,
dale, venite que les muestro unas escenas piloto.
SUSANA LASTRI: (Vuelve con el Fernet) ¿En qué estábamos? ¿Querés que nos sentemos
ahí, que vamos a estar más tranquilos?
GUIDO: Dale. Con respecto a lo que me dijiste antes… vos me estás dando opiniones sobre
los hombres en general, y eso me parece una locura.
SUSANA LASTRI: ¿Por qué?
GUIDO: Porque sí, porque yo te invité a vos como una mujer en particular, no te dije
“vamos a una fiesta, me da lo mismo ir con vos o con cualquier hembra”.
SUSANA LASTRI: Claro. Hace una semana ni me conocías, y hoy me querés coger. Si eso
no es lo mismo que decir que cualquier concha más o menos bien apretada te da lo
mismo... GUIDO: No, pará, yo no te quiero coger... bueno, a futuro si, pero no ahora.
SUSANA LASTRI: No seas imbécil. Yo sé lo que pensas.
GUIDO: Ah claro
SUSANA LASTRI: Yo tengo percepciones. Vuelve Emilio con un video.
EMILIO: Acá está.
SUSANA LASTRI: (Susana es la única que puede verlo.) Puedo oir todas las voces, todos los
pensamientos. (Ahora le habla al muerto, o a varios fantasmas, invisibles.) ¡Ahora estoy
tomando un fernét tranquila, no me jodan! ¡No quiero hablarles! ¡Ustedes están muertos!
¿Qué quieren de mí? (A Emilio.) Vos te moriste hace una semana...
EMILIO: No.
SUSANA LASTRI: Si... ¿no te diste cuenta todavía? ¿Tan boludo sos? ¡Por eso me joden,
porque no les da la cabeza y necesitan la mia! ¡Basta! ¡Déjenme en paz! ¡Basta!
EMILIO // GUIDO: ¿Te sentís mal?
SUSANA LASTRI: Mal, no, solo ebria. (A Guido, que no entiende a quién le habla.) Ahora
llega siempre el momento de la prueba... (A Emilio) ¿Cuánto hace que no abrís una
canilla?
EMILIO // GUIDO: Recién, hace unos minutos me lavé las manos en el baño .
SUSANA LASTRI: ¡Hacé memoria, si es que podés! ¿Hace cuánto? Emilio se mira la mano.
Sale corriendo a verificar la cuestión en el baño.
SUSANA LASTRI: (Volviendo a Guido.) No trates de entender lo que digo
GUIDO: No, esta bien.
SUSANA LASTRI: Es una maldición... El mundo de los muertos cansa. Ahora me los saqué
de encima un rato, pero van a volver. Desde chica me pasa, me usan. Parece que estar
muerto es horrible. Pierden la memoria. Así soportan el infinito.
GUIDO: ¿Enserio vos me podés leer el pensamiento?
SUSANA LASTRI: Cuando el pensamiento es tan básico, sí.
GUIDO: No, no, en serio.
SUSANA LASTRI: ¿Querés que te diga lo que pensás? Me la querés poner a toda costa y
además tenés miedo a la comparación que yo pueda hacer de tu pene con otros penes
que yo ya vi.
GUIDO: No, yo no estoy pensando en eso...
SUSANA LASTRI: Sí. Pensá un número.
GUIDO: ¿De cuánto a cuánto?
SUSANA LASTRI: No importa, ya pensaste el veintiuno.
GUIDO: ¿Cómo... cómo lo hacés?
SUSANA LASTRI: Mirá, no me gusta hacer esto, me estoy aburriendo. ¿Vos querés que
tengamos sexo, pero querés algo más serio o más ocasional? (Ni llega a responder, ella lee
su pensamiento.) OK, no lo sabés, pero querés probar. ¿Querés que siga leyendo? No me
cuesta nada. “Me puse esta camisa, seguro que me cojo a la psíquica, a la Lastri, la que
puede hacer volar los platitos en la cocina”.
GUIDO: No, no simplifiques...
SUSANA LASTRI: ¿Que yo simplifico? ¿Quién piensa en platitos voladores, vos o yo? ¿Te
creés que me gusta, a mí, esto que me pasa? ¿Te creés que no me gustaría tener una
relación normal? (Muy enojada.)
GUIDO: Espera, calmate porque yo pensé el veintiuno, pero no en todo lo otro que vos
decís...
SUSANA LASTRI: (Alarmada.) ¿Cómo? ¿En serio pensás eso?
GUIDO: No. ¿Qué que pensé?
SUSANA LASTRI: “¿Pensará ella que soy puto?” Ay, sos lo mismo que todos los hombres
GUIDO: ¿Qué?
SUSANA LASTRI: No te hagas el que no entendés, lo pensaste.
GUIDO: ¿Y ahora qué estoy pensando?
SUSANA LASTRI: “¿Cuál es la mejor manera de ser macho? Gustarle a todos, hombres,
mujeres, niños, fenómenos de circo, reino vegetal
GUIDO: ¿Cómo voy a pensar eso?
SUSANA LASTRI: ¿Vos sabés quiénes son los mejores clientes de los travestis? Los milicos,
los canas. ¿Sabés por qué? Se creen tan machos que lo que quieren es cogerse a un
macho, ¿entendés? ¡Soy un macho, y entonces los machos más machos quieren que se las
ponga, yo y sólo yo! Pero hete aquí que después descubren la reversibilidad de este
razonamiento silogístico, y si se pueden hacer garchar también, bueno, mucho mejor,
¿no? Ahí tenés, una fila de travas en Godoy Cruz. Y todos tienen trabajo.
¿Me vas a decir que no estás pensando en eso?
GUIDO: No estoy pensando en eso. Es horrible, lo que me decís.
SUSANA LASTRI: Veni dame un beso Guido, dale, no seas tímido, dame un beso.
GUIDO: No quiero darte un beso ahora, me das miedo…
SUSANA LASTRI: Es el miedo del puto que hay en vos. Es típico, pero todo bien, hay cosas
peores. A ver, ¿hacemos un trato? ¿Vos querés coger conmigo?
GUIDO: Estás simplificando todo de una manera que...
SUSANA LASTRI: ¿Querés o no? Ah, claro ahora tenes dudas... Hagamos asi, primero
cogete a un travesti y fijémonos qué te pasa. Porque por un lado me decís que no, pero
mirá lo que acabás de pensar...
GUIDO: ¿Qué?
SUSANA LASTRI: “No voy a ser puto por cogerme un travesti, de hecho con algunos ni te
das cuenta.”
GUIDO: ¿Vos estás loca?
SUSANA LASTRI: Ay, mirá, me cansé. Todo lo negás, todo, sin fundamento. ¡Yo necesito
un hombre, no un proyecto de inseguridades! (Se va, Guido la sigue)
GUIDO: ¡Susana! ¡Vení, hablemos! (Sale tras ella.) ¡Me preguntás y te contestás vos sola!
(Sale.)
BETIANA: (Volviendo del baño.) Jessy, el baño estaba trabado, no podía tirar la cadena,
pero metí la mano y lo destrabé, fue rarísimo, estaba trabado con una llave.
JESSICA: Escuchame una cosa, Beti. Para que no perdamos más tiempo, con esto. Decime
la verdad ¿Vos hablás Inglés?
BETIANA: Sí… pero quería avisarte que metí la mano en la mochila, saqué esta llave que
trababa el flotante, y ahora carga bien.
JESSICA: A ver, ¿cómo decís “metí la mano en la mochileta”?
BETIANA: “…” Bueno, flotante, no sé cómo se dice, o sea si es muy técnico no sé decirlo,
pero lo que no sé lo deduzco...
JESSICA: ¿ves? ahí está el problema, Vos lo que no sabes lo inventás y me decís que lo
deducís! Bueno, eso que haces no se entiende una mierda, y lo presentás como una
verdad absoluta y querés que lo vendamos a los pobres salames del instituto
BETIANA: ¿Pero no se me entiende cuando hablo en inglés o ahora, en castellano?
JESSICA: (Crisis.) ¡Nunca! ¡Nunca se te entiende! ¡Nadie me entiende!
BETIANA: Estas muy stresada Jessy, por eso tu mala postura, dejá lo termino sola.
JESSICA: (Sinceramente conmovida.) No me hagas caso, disculpa me excedí. ¿Te quedás?
BETIANA: Sí. No te preocupes. Lo termino sola. Si querés nos fumamos uno, así relajas.
JESSICA: ¿Trajiste flores o paraguayo?
BETIANA: Flores obvio amiga, ahí lo armo, voy a buscar la cartear (Sale, mientras Jessica
ordena el grabador y termina de pintarse y vestirse. Reaparece Emilio.)
LOURDES: (A Jessica.) Tenemos que hablar.
EMILIO: Sí.
JESSICA: ¿Ahora?
LOURDES: No. No tiene por qué ser ahora.
EMILIO: Estoy muy confundido.
LOURDES: No me querés hablar.
EMILIO: Necesito hacer memoria... Yo... Quiero agua fresca y no puedo abrir la canilla,
tenía razón. ¿Quién es la alta? (Por Susana.)
LOURDES: (A Jessica.) Si no me querés hablar está bien.
EMILIO: ¡No me digas está bien, como a los locos! ¡Necesito que me escuches Lourdes,
nunca escuchas! (Voltea sin querer un vaso, Lourdes y Jessica miran asombradas.) Fui yo.
No se asusten. Quería confesarte que el trabajo de edición que te decía que hacía en la
calle Díaz Vélez es mentira. Tengo una amante. Se llama Regina... ¿Quieren tomar algo?
JESSICA: (A Lourdes.) Ahora no.
EMILIO: ¿No? Hay de todo, hay Gancia, Fernet, ¿Vino?
LOURDES: Está bien.
EMILIO: ¿Un vinito?...
LOURDES: Ahora no.
EMILIO: Si o No. ¡Decidite Lourdes!… no los entiendo (Se va.)
LOURDES: ¡Voy a tasar la casa y me voy a ir a Miami! Yo no sabía que se podía sufrir tanto.
GUIDO: ¡Yo no tengo...!
SUSANA LASTRI: ¿Seguro, No tenés?
GUIDO: ¡No, yo no creo tener... ningún problema con mi sexualidad!
SUSANA LASTRI: ¿No ves que escuchás lo que querés escuchar?
¿Quién dijo que fuera un problema?
GUIDO: Me resultaría muy problemático si me pedís que me coja a un travesti.
SUSANA LASTRI: No te lo estoy pidiendo, te digo que si lo pensás, lo hagas, te sacas la
duda, me llamás y lo hacemos.
GUIDO: ¿Cómo me voy a coger a un travesti? No me gustan los travestis.
SUSANA LASTRI: ¿Ése es todo el asunto? Yo te puedo mandar a uno que no está mal. Se
acabó esta discusión.
VER FINAL Y NO REGISTRO DE LA LLAVE
ESCENA 9 TERMOTANQUE
Rosa Lozano entra al departamento de Regina. Viene hablando por teléfono, y trae una
alfombrita enrollada bajo el brazo.
ROSA: Mire, señor Cocuzza, en algún momento a mí me gustaría discutir esa cuestión con
usted en persona. Porque yo no tengo la culpa si me dan a alquilar los departamentos con
mayores dificultades. (...) Sí, sí que es. ¡Éste es un departamento difícil! ¡No es un sitio
bello para vivir! (...) Y ahora voy a poner un tapete donde quedó la marca del muerto,
porque mucha gente pregunta, y si ustedes no se lo dicen en la inmobiliaria, para
atraerlos, igual termino diciéndoselo yo, me lo sacan a mentira-verdad. (...) Bueno. Adiós.
Melina, vestida de uniforme, con una regadera en una mano y el arma reglamentaria en la
otra.
MELINA: ¡Alto ahí! ¡Alto ahí! Soy... policía. ¿Qué hace acá?
ROSA: Vengo de la inmobiliaria.
MELINA: Ah, perdón. Me asusté. Escuché ruidos, voces.
ROSA: Si está haciendo otra pericia me siento por acá, y me quedo calladita, con mi
celular jugando al solitario
MELINA: No, no, está bien, yo ya me iba. Yo... soy una conocida de Regina.
ROSA: Ah, ¿la señora que vivía acá?
MELINA: Sí.
ROSA: ¿Le puede preguntar si puede hacer arreglar el ventiluz de arriba?
se filtra viento, se oyen ruidos, mire...
MELINA: ¡Con razón! Yo oía ruidos, pensé que había fantasmas.
ROSA: Solo tiene ese detalle, porque sino éste es un departamento con más ventajas de
las estrictamente necesarias.
MELINA: Claro, el tema es el precio, ¿no?
ROSA: Está regalado. Usted está buscando departamento?
MELINA: No ahora en este instante, pero si, me tengo que mudar
ROSA: Este depto. Está lleno de ventajas, la ubicación, piso entarugados. Vení que te
muestro el termotanque, dan ganas de bañarte ahora. Yo creo que además le podés pedir
a la señora Regina alguna rebaja. Total, en esa celda en la que está, con cualquier cosa a
cambio la conformás. Llevale unos chocolates.
MELINA: ¿Vos no sentís... Algo en el aire...
ROSA: ¿Qué me querés decir que tenes miedo que haya fantasmas? ¿Lo alquilás o no lo
alquilás?
MELINA: ¿Vos pensás que después de lo que pasó...?
ROSA: Te voy a decir lo que pienso. Te veo así vestida, con tanto miedo, y me pregunto si
todos en la federal serán así de cagones, porque entonces: ¿en qué manos está mi propia
seguridad?
MELINA: Mirá, yo... Yo trato de hacer mi trabajo, tanto como vos el tuyo, pero a veces las
cosas no salen como nosotras querríamos.
ROSA: ¿Me lo vas a decir a mí? No alquilo nada. Y no es con esto solo. Probé otras cosas,
probé promociones en supermercados. A nadie le importa si yo me degrado. Parece que
me voy a tener que morir sin poder comprarme los medicamentos que necesito.
MELINA: Dejame pensarlo mejor...
ROSA: ¿Querés que te diga lo que pasó con todos los anteriores que me dijeron eso? Lo
pensaron mejor. Y no llamaron más. ¿Qué tiene este departamento, la peste? ¡Si la gente
vive en cada pocilgas! Yo... vivo en una pocilga, todos hacinados, madre, familia, cuñado,
dos perros con olor...
MELINA: Bueno, está bien. Está bien.
ROSA: ¿Está bien, qué?
MELINA: Sí, lo alquilo. Es... lindo.
ROSA: ¿Enserio? Vení entonces, vamos a firmar con Cocuzza. Y no me creas lo que te dije
de los policías, yo los admiro mucho.
MELINA: Yo también. (Salen. Apagón.)
ESCENA 11 CHUCKY
La casa de Lourdes.
GUIDO: ¿Cómo la hacés pasar? ¡No me avisás nada! ¡No la quiero ver!
JESSICA: No seas egoísta Guido, solo pensas en vos. Mamá tiene que hablar con ella. Ya
probamos todo. Y la llave no aparece. No jodas, Guido.
GUIDO: ¿Ustedes no ven cómo estoy yo? ¿A ustedes no se les ocurre preguntarse si yo
quiero verla o no? (Suena el timbre.) Me voy a esconder acá. (Se esconde en el cuartito.)
JESSICA: Pasá, Susana, está abierto.
SUSANA LASTRI: Hola.
LOURDES: ¿Entonces?
SUSANA LASTRI: Creo que hoy vamos a tener suerte. Cuando venía para acá conté siete
Fititos, claramente es una señal. ¿Hiciste lo que te pedí, Lourdes?
LOURDES: Sí, Decile a Guido que vaya a buscar la muñeca.
SUSANA LASTRI: Está Guido?
LOURDES: Si, escondido detrás de la puerta, no se porque no te quiere ver. Es medio
depresivo me parece.
GUIDO: Mamá sos la peor, Hola, Susana.
SUSANA LASTRI: Hola.
GUIDO: No te llamé, porque...
JESSICA: Dejala, Guido, dale la muñeca.
GUIDO: Tomá. Susana lleva mecánicamente la vieja muñeca a la mesa.
SUSANA LASTRI: Le pusieron el cassette como les dije?
LOURDES: Tratamos. No fue fácil conseguir un grabadorcito hoy en día que ande, y
mandárselo adentro, es vieja la muñeca…
SUSANA LASTRI: Entiendo, pero los muertos a veces eligen formas extrañas para enviar
mensajes, y presiento que esta no va a fallar. ¿La dejaron grabando toda la noche?
LOURDES: Si
GUIDO: Te iba a llamar, pero como vos...
SUSANA LASTRI: Shh. (Saca de adentro de la muñeca el grabador y pone play. Se escucha
un texto ilegible, y Susana lo escribe en papel, con un dedo untado en su propia saliva.
¿Cómo le dicen a esto?
GUIDO: (Creyendo que se refiere a él.) Guido.
JESSICA: Cuartito.
LOURDES: Cuartito.
SUSANA LASTRI: Mh. ¿Todos le dicen cuartito?
LOURDES: Sí, cuartito.
SUSANA LASTRI: (A Guido.) ¿Vos también? (Guido asiente.) ¿Y a esto? (Señala bajo la
escalera.)
JESSICA: ¿Susana podés dejar de tratarnos como imbéciles y hacer aparecer la llave?
LOURDES: Dejala, que haga su trabajo. Bajoescalera.
SUSANA LASTRI: ¿Todos le dicen “bajoescalera” a esto? (Pausa.) ¿Emilio también?
GUIDO: No. Yo le digo... No sé, “ahí, debajo de la escalera”.
SUSANA LASTRI: (Pasea por la habitación buscando otra cosa.) ¿Cómo le dicen a esto?
JESSICA: ¿Sos pelotuda, flaca? ¿Cómo les vamos a decir? Baño
SUSANA LASTRI: Ahá. Y en el baño. ¿Cómo le dicen a donde se carga el agua?
GUIDO: Inodoro.
SUSANA LASTRI: No. Yo no digo el inodoro. Yo digo donde está el agua…
GUIDO: Ah, es el... la...
LOURDES: La... ¿cómo es? La... Lo tengo en la punta de la lengua...
JESSICA: Basta, Susana, por favor. ¿Qué es esto?
SUSANA LASTRI: ¿Y se tapó el baño?
JESSICA: Sí, hace unos días.
SUSANA LASTRI: Es ahí. ¡Cómo no me di cuenta antes! Le preguntamos: “¿Dónde está la
llave?”. Y fíjense lo que contesta... (Va hacia el pizarrón y les traduce en voz alta el texto
que ha escrito en glifos.) “La llave está en el lugar que no tiene nombre”. ¿Entienden? El
lugar que no se ha nombrado nunca. Emilio escondió la llave en el... en la... ahí. Corre a
buscarla. Tras ella salen Jessica y Lourdes. Guido no se anima. Se los escucha revolver en el
baño, vandalizarlo todo. Y susurrar cosas. El cassette en la muñeca vuelve a hablar, a
gritar atronadoras frases mecánicas en su dialecto ininteligible.
SUSANA LASTRI (en el cuartito): ¡Es que no sé! Guido está asustado, retrocede hasta un
rincón. Afuera empieza un griterío. Las luces tiemblan. El mundo conocido se derrumba.
Pero es sólo un momento: la puerta del cuartito se abre y todo vuelve a la normalidad.
Salen Lourdes y Jessica.
GUIDO: ¿Qué vieron?... ¿Qué hay ahí?...
JESSICA: ¡Nada!
LOURDES: ¿Vos tenés una idea del tiempo, y el dinero que nos has hecho perder, chiruza?
JESSICA: ¡De las esperanzas!
LOURDES: ¡Te metés en mi casa, venís a llenarme de promesa, de esperanza, y yo te creo,
te creo porque estoy hecha mierda, porque me encuentro la caja de Kaotrina en cada
lugar de la casa, es una tentación, porque vengo de tratar de tirarme al pozo del ascensor!
¡Y nos mentís! ¡Meta mentir y facturar diez pesos, como una máquina, una máquina fría,
germánica, tan alta que sos!
SUSANA LASTRI: ¡Yo qué culpa vengo a tener! Los muertos no saben mentir. El mensaje es
claro, el muerto dice que dejó la llave en el... en la...
JESSICA: ¿No escuchás, malparida, sos insensible al dolor ajeno? ¿No podés decir
simplemente: “No hay tal llave”, “Olvídense de la llave”, “Entierren a sus muertos”? ¡Hasta
cuándo nos querés desgarrar! ¡Uno por uno! ¡Y mirá lo que le hiciste a Guido, puta!
SUSANA LASTRI: ¡Perdón! ¡Perdón! ¡Estoy tan sola! (Demacrada, lloricosa.) ¿Sabés lo que
esperé que me llamaras, Guido? ¿Por qué no me llamaste? ¿Te doy tanto asco? ¿Te doy
asco porque estoy sola, porque soy sola, las dos una sola cosa mi tristeza y yo?
GUIDO: Yo...
SUSANA LASTRI: Yo pensé que vos... ¡Nosotros nos entendíamos, Guido! ¡Vos me
entendías, sabías lo que yo quería, podrías habérmelo dado! ¡Podía funcionar!
GUIDO: Yo... estoy confundido, Susana. Lleno de dudas.
SUSANA LASTRI: Yo me abrí a vos... y vos te fuiste con la otra chica. ¿Qué pasó? ¿Qué
dije?
GUIDO: Vos me... vos a mí me hiciste mucho daño...
SUSANA LASTRI: ¡Como a todos!, ¿no? Decilo. ¡Como a todos! Claro: una es demasiado
mujer... los hace hombres y después me dejan. (Agarra sus cosas y sale corriendo, para
nunca más volver, se la escucha aún unos segundos más llorando en sánscrito, escaleras
abajo.) Guido se suma a Lourdes y Jessica, los tres sollozan en la escalera, como perritos
abandonados.
LOURDES: Mis chiquitos, mis pobrecitos. Cuánto han tenido que sufrir. Yo ahora les voy a
hacer la leche. ¿Quieren? ¿Quieren que mamá les haga la leche? ¿Quieren? Los tres un
nudo de llanto. ¡Hay tantos caminos, tantos... que no conducen a ninguna parte! Ahora
mamá se va a parar, va a entrar en esa cocina, y les va a hacer la leche. Ahora mamá lo va
a hacer. Ahora sí.
Apagón.
ESCENA 12 EL LIBRO DE LOS MUERTOS ….. VER FINAL