MINISTERIO DE EDUCACIÓN Y CIENCIAS
COLEGIO NACIONAL MARISCAL ESTIGARRIBIA
Trabajo Práctico
Tema: Inteligencia Emocional
Área: Administración de Empresas
Prof: Susana Cabrera
Curso: 3º
Integrantes:
Alex Agüero
Angel Cristaldo
Tobías Fernández
Modalidad: BATAN
Turno: Mañana
Año: 2022
Reducto - San Lorenzo
Paginas
Introducción……………………………………...…………………………………….…3
Inteligencia Emocional…………………………….…………………………………….4
Para qué sirve la inteligencia emocional ……………………………………………..4
Importancia…………………………………….…………………………………………4
Tipos de Inteligencia Emocional..……………………………………….....................7
Características………………………….………………………………………………..8
Beneficios…………………………………………………………………….…………..9
Conclusión………………………………………………………………………………10
Anexo…………………………………………………………………………………….11
Fuentes consultadas………………...………………………………………………………12
Introducción
«Las emociones son impulsos para actuar, planes instantáneos para enfrentarnos
a la vida que la evolución nos ha inculcado. Cada emoción prepara el organismo
para una respuesta específica y distinta.»
Goleman, 2001
Gracias a la ciencia, hoy sabemos que poseemos dos mentes; una que piensa y
otra que siente, la mente racional y la mente emocional. Por un lado, la mente
racional, es la forma de comprensión de la que somos típicamente conscientes:
más destacada en cuanto a la conciencia, reflexiva con la capacidad de analizar y
meditar. Por otro lado, la mente emocional es un sistema de conocimiento
impulsivo y poderoso, aunque a veces ilógico.
Estas dos formas tan diferentes de conocimiento interactúan para construir
nuestra vida mental y por lo general suele existir un equilibrio entre emoción y
razón. La emoción alimenta e informa las operaciones de la mente racional
mientras que la mente racional depura y a veces veta la energía de entrada de las
emociones. Además, estas dos mentes son facultades semi independientes y
cada una refleja la operación de un circuito distinto pero interconectado del
cerebro. Podemos decir entonces que tenemos dos cerebros, dos mentes y dos
clases de inteligencia; la racional y la emocional.
Así que nuestro desempeño en la vida está determinado por estas dos
inteligencias. No solo importa el coeficiente intelectual sino también la inteligencia
emocional. En otras palabras, el intelecto no puede operar de manera óptima sin
la inteligencia emocional. La complementariedad del sistema límbico y la
neocorteza, de la amígdala y los lóbulos prefrontales, significa que cada uno de
ellos es un socio pleno de la vida mental. Cuando estos socios interactúan
positivamente, la inteligencia emocional aumenta, lo mismo que la capacidad
intelectual
Inteligencia Emocional
¿Qué es la inteligencia emocional?
En 1995 Daniel Goleman, considerado el padre de la Inteligencia emocional, la
definió como la capacidad de establecer contacto con los propios sentimientos y
poder responder de forma adecuada a los estados de ánimo, temperamento,
motivaciones y deseos de los demás.
Entonces, la inteligencia emocional tiene como objetivo principal elevar el nivel de
la aptitud social conformando un conjunto de destrezas y preceptos esenciales
para cualquier persona.
¿Por qué es importante saber al respecto?
Sucede a menudo que percibimos a algunas personas con cierta habilidad que les
permite vivir bien, aunque no destaquen por su inteligencia. Como docentes, es
probable encontrarnos con que el alumno considerado «más inteligente» no
siempre termina siendo el más exitoso.
Esto sucede porque estas personas exitosas poseen, además de inteligencia
racional, inteligencia emocional. Esta inteligencia emocional, se traduce en la
forma de solucionar problemas, de afrontar situaciones y, en general, de
responder ante la vida. La inteligencia emocional puede ser fomentada y
fortalecida en todos nosotros pero la falta de ella puede influir negativamente en el
intelecto y arruinar una carrera.
La vida emocional incluye un conjunto de habilidades que puede dominarse en
mayor o menor medida que se determinará por la capacidad para tomar
conciencia de nuestras emociones, comprender los sentimientos de los demás,
tolerar las presiones y frustraciones laborales, acentuar nuestra capacidad de
trabajar en equipo y adoptar una actitud empática y social que nos brindará
mayores posibilidades de desarrollo personal.
¿Para qué sirve la inteligencia emocional?
Existe una clara evidencia de que las personas que gobiernan adecuadamente
sus sentimientos y que saben interpretar y relacionarse efectivamente con los
sentimientos de los demás, suelen tener mayor éxito en distintos dominios de la
vida. Suelen sentirse más satisfechas, son más eficaces y más capaces de
dominar los hábitos mentales que determinan la productividad.
Quienes, por el contrario, no pueden controlar su vida emocional, se debaten en
constantes luchas internas que socavan su capacidad de trabajo y les impiden
pensar con la suficiente claridad. Incluso en nuestra salud, existen beneficios o
perjuicios asociados a la inteligencia emocional pero específicamente ligados al
conocimiento y la permeabilidad de nuestras emociones.
No hay duda de los efectos nocivos de la irritabilidad, el estrés, la ansiedad y la
depresión. La ansiedad y la irritabilidad crónicas vuelven a las personas más
susceptibles a un abanico de enfermedades y aunque la depresión no constituya
la causa directa de la enfermedad, sí que parece interferir en el curso de su
recuperación y aumentar el riesgo de mortalidad, especialmente en el caso de los
pacientes aquejados de enfermedades graves.
Lo anterior, no quiere decir que las emociones positivas, la risa o la felicidad sean
curativas. Su efecto tal vez sea muy sutil pero los estudios realizados dejan muy
claro el papel que desempeñan las emociones positivas en el conjunto de
variables que afectan al curso de una enfermedad.
Si estos son sus efectos en la salud, ¿qué sucederá en la crianza y la educación?
Hay estudios que demuestran que la forma en que los padres tratan a sus hijos —
ya sea la disciplina más estricta, la comprensión más empática, la indiferencia, la
cordialidad, etcétera— tiene consecuencias muy profundas y duraderas sobre la
vida emocional del niño. Pensemos entonces en el mismo ejemplo para nosotros;
los educadores.
La interacción con nuestros estudiantes, el tono, el volumen de la voz, las palabras
que utilizamos, la paciencia ante las equivocaciones pueden ser una oportunidad
de enseñar las lecciones fundamentales para aumentar su competencia emocional
o bien ser una piedra en el camino.
Si nos mantenemos alerta a los sentimientos de nuestros aprendientes, si además
de identificar sus sentimientos y emociones, escuchamos lo que sienten y
valoramos ese sentir, tendremos, además de beneficios emocionales, beneficios
cognitivos y conductuales.
Las ventajas de disponer de unos padres y profesores emocionalmente
competentes son extraordinarias en lo que respecta a la totalidad del espectro de
la inteligencia emocional, y también más allá de él.
¿Se puede aprender inteligencia emocional?
Con el paso de los años aprendemos a gestionar nuestras emociones y a no
comportarnos como niños con rabietas y enfados, sin embargo, podemos mejorar
nuestras habilidades innatas para controlar las emociones negativas como el
enfado o el odio y transformarlas en emociones positivas que nos hagan sentirnos
más satisfechos con nosotros mismos. La persona que tiene la capacidad de
aprender y de utilizar las habilidades que hemos visto, desarrollará su inteligencia
emocional y podrá convertirse en un verdadero líder. Un líder que utiliza la
inteligencia emocional logra sacar lo mejor de cada persona, trabaja codo con
codo con su equipo, motiva a todos, reconoce los logros y no se desenfoca
cuando aparecen desafíos o cambios, sino que aprende siempre.
¿Cómo se desarrolla la inteligencia
emocional?
Es importante resaltar que el cerebro del ser humano necesita mucho más tiempo
que el de cualquier otra especie para llegar a madurar completamente y algunas
de las regiones cerebrales esenciales para la vida emocional maduran más
lentamente.
Existen ciertas áreas sensoriales que maduran durante la temprana infancia, el
sistema límbico lo hace en la pubertad, los lóbulos frontales, sede del autocontrol
emocional, de la comprensión emocional y de la respuesta emocional, siguen
desarrollándose posteriormente hasta algún momento entre los dieciséis y los
dieciocho años de edad.
De hecho, dada la importancia de los lóbulos prefrontales en el control de la
emoción, la misma oportunidad que permite el modelado sináptico de esta región
cerebral implica que las experiencias del niño también pueden terminar modelando
conexiones duraderas en los circuitos reguladores del cerebro emocional.
Por ello es que mientras mayor sea la conexión de los padres con las necesidades
de sus hijos, mayor será el desarrollo de las habilidades emocionales
fundamentales. Por el contrario, la indiferencia que los padres muestren hacia las
emociones de sus hijos, dificultará el desarrollo de su inteligencia emocional y
dejará carencias difíciles de corregir.
¿Cómo se mide?
La forma de evaluar la presencia o desarrollo de la inteligencia emocional en una
persona se basa en su propio alcance y estructura de habilidades integrantes
definidos por Goleman (2001). Una persona que tiene la inteligencia emocional
desarrollada debe tener presentes estos rasgos:
1. Ser conciente de sus emociones, identificar y saber lo que siente.
(Autoconocimiento)
2. Ser capaz de controlar sus emociones y expresarlas de forma adecuada.
(Autocontrol)
3. Ser capaz de entender las emociones de los demás. (Empatía)
Precisamente, con la publicación de los trabajos de Goleman en 1995, esta fue la
orientación que se dio a la evaluación de la inteligencia emocional, sin embargo,
Extremera, Fernández-Berrocal, Mestre Y Guil (2004), nos presentan tres grandes
etapas por las cuales ha discurrido la evaluación de la inteligencia emocional. La
primera, a principios de los años 90, se enfocó a identificar los rasgos a través de
los cuales se expresa y se puede caracterizar la inteligencia emocional. La
segunda etapa se enfocó a la creación de medidas y de instrumentos de
evaluación que permitieran identificar el nivel de inteligencia emocional en las
personas. La tercera etapa inició a finales de los 90 enfocándose a la
experimentación empírica para explorar la validez de las predicciones de los
modelos de inteligencia emocional y su relación con otras variables y criterios
relevantes para el desarrollo de las personas.
Tipos de inteligencia emocional
Daniel Goleman diferencia dos tipos de inteligencia emocional:
Inteligencia intrapersonal: Este tipo de inteligencia está relacionada con el individuo
en sí mismo. Es la forma en la que uno entiende sus propias emociones, sabe cómo
regularlas y todo ello le ayuda a identificar sus estados emocionales y enfrentarse mejor a
los problemas que pueden surgir en su vida. Se puede trabajar para conseguir mejorar la
inteligencia emocional.
Inteligencia interpersonal: Es la forma en la que se reconocen las emociones de los
demás. Para ello es importante destacar varios elementos dentro de esta opción para
mejorar las relaciones con la gente y aprender a ponerse en el lugar de otra persona. Por
ejemplo, empatía, habilidades sociales o asertividad.
Es importante desarrollar acciones determinadas para ir mejorando la gestión emocional
en beneficio del propio individuo y de la mejora de las relaciones sociales.
¿Cómo empezar a mejorar la inteligencia
emocional?
Estas son algunas pautas destacadas para conseguirlo:
No juzgar: Dejar a un lado las etiquetas y los juicios es algo de vital
importancia. Se trata de identificar las emociones, ya que nos dan información
sobre lo que ocurre. Por ejemplo, tristeza, alegría o enfado. No hay que luchar
contra ellas, hay que dejar que fluyan y nos aporten la información necesaria
para llevar a cabo una buena gestión sobre ello.
Mejorar la empatía: Al igual que no debemos limitar, ni juzgar nuestras
emociones, tampoco es recomendable hacerlo con el resto de personas. Ser
empáticos y ponerse en el lugar de otro para saber lo que está sintiendo, nos
ayudará a comprender mucho mejor la situación.
Potenciar la comunicación: La comunicación es esencial en el ser humano para lograr un
mayor entendimiento con el resto de personas que conforman la sociedad. Expresar ideas de
forma asertiva, sin generar daños en el contrario, es algo que se debe aprender, ya que es una
manera de exponer las necesidades y sentimientos de forma respetuosa.
Como verás, la inteligencia emocional es algo fundamental en nuestras vidas. Los tipos de
inteligencia emocional que existen nos ayudan a enfocarnos en nosotros mismos y en el resto de
personas.
Es importante trabajar ambas cosas para potenciar al máximo y desarrollar la inteligencia
emocional con el objetivo de conseguir un mayor bienestar emocional.
Características
Autoconocimiento. La inteligencia emocional supone conocerse a uno mismo,
saber y entender los estados de ánimo que tenemos y a qué se deben, así como
las consecuencias que esos estados de ánimo pueden tener en otras personas.
Autorregulación. Una persona que es inteligente desde el punto de vista
emocional sabe controlar sus impulsos, sus emociones y pensar antes de actuar.
La autorregulación supone el uso de la asertividad, la apertura a nuevas ideas, la
flexibilidad ante los cambios.
Empatía. Se trata no solo de escuchar a otra persona, sino de realmente ponernos
en su lugar, saber cómo se siente, qué emociones siente, por qué las expresa de
una determinada manera.
Habilidades sociales. Las anteriores características ayudan a que la persona con
inteligencia emocional sepa gestionar correctamente sus habilidades sociales para
tener contacto con todo tipo de personas y generar confianza.
Automotivación. Una persona inteligente emocionalmente no necesita que la
reconozcan o que la premien cuando logra algo, porque es capaz de
automotivarse, de buscar en su interior las razones para seguir adelante en su
vida.
¿Cuáles son sus beneficios?
La inteligencia emocional es un concepto que popularizó Daniel Goleman y que
consiste en la habilidad para identificar, manejar, comprender y regular las
emociones propias y de los demás. Estas habilidades se adquieren desde el
nacimiento o se aprenden a lo largo de la vida y consisten en la empatía, la
motivación de uno mismo, el autocontrol, el entusiasmo y el manejo de emociones.
Conocer las propias emociones, tener conciencia de ellas y ser capaces de
reconocer los sentimientos en el momento en el que suceden.
Habilidad para manejar las emociones y sentimientos con el fin de que se
expresen de forma apropiada, fundamentándose en la toma de conciencia
de las propias emociones.
Motivarse a sí mismo: emoción y motivación está íntimamente
interrelacionadas, encaminar emociones y la motivación hacia la
consecución de objetivos es esencial.
Ser capaces de reconocer las emociones (empatía) de los demás es una
característica importante, las personas empáticas sintonizan mejor con las
sutiles señales que indican lo que los demás necesitan o desean.
Establecer relaciones saludables a través de la empatía y la gestión de
emociones propias y siendo capaces de manejar las emociones de los
demás.
Conclusión
Podemos decir que la inteligencia emocional tiene como objetivo principal elevar el nivel
de la aptitud social conformando un conjunto de destrezas y preceptos esenciales para
cualquier persona, y es algo muy importante para el ámbito tanto laboral como personal
ya que existe una clara evidencia de que las personas que gobiernan adecuadamente sus
sentimientos y que saben interpretar y relacionarse efectivamente con los sentimientos
de los demás, suelen tener mayor éxito en distintos dominios de la vida. Suelen sentirse
más satisfechas, son más eficaces y más capaces de dominar los hábitos mentales que
determinan la productividad.
Anexo
Bibliografía
https://habilidadsocial.com/como-desarrollar-la-inteligencia-emocional/
https://asana.com/es/resources/emotional-intelligence-skills
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https://psicologiaymente.com/inteligencia/inteligencia-emocional