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Taladoire 1993 Juegos Pelota Norte Yucatan

Este documento revisa la evidencia de juegos de pelota en el norte de Yucatán. Identifica 42 posibles canchas de juego de pelota en 27 sitios arqueológicos, más de lo que se conocía anteriormente. También discute las limitaciones de estudios previos debido a la falta de investigación sistemática en grandes áreas de Yucatán. Nuevos hallazgos sugieren que los juegos de pelota podrían haber tenido un papel más importante de lo asumido.

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Taladoire 1993 Juegos Pelota Norte Yucatan

Este documento revisa la evidencia de juegos de pelota en el norte de Yucatán. Identifica 42 posibles canchas de juego de pelota en 27 sitios arqueológicos, más de lo que se conocía anteriormente. También discute las limitaciones de estudios previos debido a la falta de investigación sistemática en grandes áreas de Yucatán. Nuevos hallazgos sugieren que los juegos de pelota podrían haber tenido un papel más importante de lo asumido.

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Los juegos de pelota en el norte de Yucatan: una

revision de los datos


Eric Taladoire

To cite this version:


Eric Taladoire. Los juegos de pelota en el norte de Yucatan: una revision de los datos. Sociedad
Española de estudios mayas. Perspectivas Antropologicas en el Mundo Maya, pp.163-180, 1993, Per-
spectivas Antropologicas en el Mundo Maya. �hal-02893446�

HAL Id: hal-02893446


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LOS JUEGOS DE PELOTA DEL NORTE DE YUCATAN:
UNA REVISION DE LOS DATOS
ERIC TALADOIRE
C.R.A.P. Université de Paris I

En el transcurso de los trabajos realizados en la región de Xculoc (Mo


Hopelchen) de 1986 a 1991, por la Unidad de Investigaciones N.° 312 del
C.N.R.S. bajo la dirección de Pierre Becquelin, se dedicó una atención particu-
lar a la identificación y descripción del juego de pelota de Xculoc, ya mencio-
nado por Pollock (1980). Previas visitas recientes de Kurjack y de Andrews
(com. pers.) no les habían permitido identificarlo, pero nuestras investigacio-
nes lograron confirmar su existencia de manera definitiva. Paralelamente, se
notó la ausencia de tales estructuras en los sitios vecinos de Xcochkax,
Chunhuhub y Xpostanil. Esta identificación tiene relevancia, ya que Pollock,
en su acercamiento sistemático a la arquitectura de la zona Puuc, muy raras
veces menciona la presencia de canchas de juego de pelota, si no se toman en
cuenta los ejemplos conocidos de Uxmal o de Sayil.
En varios trabajos recientes (Greene, Kurjack y Maldonado, 1991; Greene,
1991), Merle Greene insiste sobre la ausencia casi sistemática de juegos de
pelota en los sitios de Yucatán, al norte de una línea ficticia que une Chetumal
a Escarcega: si no se considera aquí el sitio muy excepcional de Chichén Itzá,
que contaría con unos 13 juegos de pelota (Lincoln, 1985; 1987), Greene
menciona la existencia de solo 9 sitios, que incluyen 10 canchas, o sea: Edzná,
Uxmal, Sayil, Santa Rosa Xtampak, Tzum, Cobá (dos juegos de pelota),
Xculoc, Oxkintok, y Yaxcopoil (no confirmado) (Cuadro n.° 1). Esta rareza,
junto con la ausencia de juegos de pelota en sitios bien conocidos como
Hochob, Dzibilchaltun o Aké, o fechados del Postclásico Tardío, como Tulum
y Mayapán, lleva a este autor a considerar que el juego de pelota tendría, en
Yucatán, un papel muy reducido y distinto del que se desarrolló en las tierras
bajas centrales. Sin querer, por el momento, empezar a discutir este ŭltimo
punto, quisiera nada más subrayar dos elementos importantes. Al contrario de
Greene, Kurjack y Maldonado (1991), quienes consideran el área norte arriba

163
de una línea ficticia, que corta la zona de Río Bec en dos partes (Mapa 1), creo
preferible tomar en consideración, para una mejor aproximación, las áreas
culturales conocidas y definidas del norte de Yucatán. Además, me parece
necesario tomar en cuenta no sólo áreas cronológico-culturales, como el Puuc,
Los Chenes y Río Bec, sino también ariadir en nuestro análisis las zonas con
las cuales se supone que tuvieron contactos, tales como el Norte de Belice
(Chase y Chase, 1982; Hammond, 1991; Tuerenhout, 1991), o el sitio de Ceibal
(Miller, 1977; Smith, 1982).
Por otro lado, antes de generalizar, hay que recordar siempre que, en
comparación con otras áreas del territorio maya, Yucatán carece de investiga-
ciones sistemáticas: disponemos a la fecha de algunos sitios bien conocidos,
pero nos hacen todavía falta mapas, planos o investigaciones. Zonas enteras
nunca han sido estudiadas; varios proyectos, como los de Río Bec o del sur de
Quintana Roo, no han sido completamente publicados. A pesar de este
desconocimiento relativo, las investigaciones que se desarrollan actualmente,
por ejemplo en Uxmal (Maldonado, 1979; Kowalski, 1991), Sayil (Dunning,
1988; Sabloff, 1985) en la región de Xculoc (Becquelin et al., n.d.), en Oxkintok
(Rivera, 1990; 1991), o en Chichén Itzá y sus alrededores (Lincoln, 1985, 1987;
Ringle et al., 1991), permiten aumentar cada ario el n ŭmero de juegos de
pelota, o cantidad de datos en conexión (esculturas, fechamientos...). Si en
1985, Greene podía establecer una lista de apenas 10 sitios y 23 juegos de
pelota (14 sitios y 28 canchas, si se incluyen los sitios de Río Bec (2 ejemplos),
Becán, Peor es Nada y Kohunlich), podemos ahora (Cuadro n.° 1) llegar a un
total potencial de 27 sitios y 42 canchas, algunas todavía por confirmar. Se
merece entonces por lo menos, una revisión de los datos disponibles.
Antes de empezar el examen de los nuevos datos, quisiéramos subrayar dos
puntos: por la palabra Yucatán, designamos aquí el mero Estado de Yucatán,
así como la Costa del Caribe, y Quintana Roo, las zonas del Puuc, de los
Chenes y Rio Bec, y la mayoría del Estado de Campeche, salvo el suroeste
(tierras bajas noroccidentales) (Mapa 1). Por otra parte, ya se conocen en este
área varias canchas de juego de pelota bien identificadas, que no vamos a
considerar aquí, sino recordarlas: 9 ejemplos en Chichén Itzá, 2 en cada
uno de los sitios de Río Bec y Cobá, y uno en los sitios de Uxmal, Sayil, Becán,
Peor es Nada y Kohunlich. Queda todavia sin confirmar la existencia de un
juego de pelota en Nohoch Mul (Blom, 1932) (Cuadro n.° 2, Cuadro n.° 3).
Nos llaman más la atención ahora las nuevas evidencias.
Efectivamente, debido a la ampliación de las investigaciones en el área
maya norte, durante los ŭltimos diez arios, han sido confirmadas varias
canchas, otras han sido excavadas y restauradas, y se identificaron nuevas,
antes desconocidas. En Chichén Itzá, seg ŭn Lincoln (1985; 1987), Greene
(1991) y Greene, Kurjack y Maldonado (1991), el n ŭmero de juegos de pelota
Ilegaría a 13, en vez de los 9 mencionados por Ruppert (1952): pero por el

164
momento, sólo se publicaron algunos datos sobre la estructura 5D5 (Lincoln,
1987). En Ek Balam (Ringle et al., 1991), se identificó una cancha en el centro
del sitio, mientras el juego de pelota de Santa Rosa Xtampak ha sido
confirmado y publicOo (Folan, 1991). Cabe mencionar aquí que en su
informe, el mismo Folan habla de una segunda cancha localizada en la
periferia de Santa Rosa. El trabajo de von Euw (1977) en Tzum e Itsimté, cerca
de Bolonchén, deja suponer la existencia de una cancha abierta en cada uno de
estos sitios. Kurjack y García (1980) sugieren la presencia de otra cancha en el
sitio de Yaxcopoil, todavía no confirmada. Recientemente, la Misión Arqueo-
lógica de Esparia en México (Rivera, 1990; 1991 y com. pers., González, 1990)
hizo excavaciones en el juego de pelota abierto de Oxkintok (Estructura Dzib
10), pero los datos arquitectónicos, tanto como de las esculturas, están todavía
en prensa. Para acabar con esta breve presentación, cabe incluir otra cancha
cuya existencia tampoco ha sido confirmada, en Dzibilnocac (Nelson, 1973).
Hemos dejado de lado, hasta ahora, la zona estudiada por Dunning,
alrededor de Sayil, porque es la ŭnica que ha sido el objeto de un estudio más
sistemático, debido al enfoque geográfico del autor; este recorrido, aunque más
bien dirigido al estudio de los suelos, permitió a Dunning (1988a y b)
identificar y describir varios sitios poco conocidos, entre los cuales identificó
varios juegos de pelota. Su lista (Cuadro n.° 1) menciona la existencia de juegos
de pelota en siete sitios o sea: Nohpat, Halal y Chacmultun (seg ŭn Benavides),
por un lado; Xcorralché, Yaxhom, Xcalumkin y un sitio sin nombre, (n.° 31 de
su lista), por otro lado. Seg ŭn él, si quedan todavía dudas sobre la identifica-
ción de los ŭltimos cuatro, los juegos de pelota de los tres primeros sitios están
bien identificados, y él publica el plano del juego de pelota de Nohpat. Cabe
mencionar aquí que, por un lado, en Xcalumkin, una breve visita de Becquelin
y Michelet en 1991 no les permitió ni descartar ni confirmar la existencia de tal
cancha; mientras, por otro lado, el recorrido hecho en 1991 por R. Carrasco,
en el sacbé entre Kabah y Uxmal le permitió levantar el plano completo del
juego de pelota de Nohpat (com. pers.; ver este volumen). Eso demuestra que,
aunque algunas de las canchas mencionadas por Dunning no están confirma-
das, un recorrido sistemático a escala regional ofrece la posibilidad de encon-
trar nuevas evidencias, que el trabajo del Atlas (Kurjack y Garza, 1980) no
permite contemplar
Por fin, tres sitios merecen aquí una mención más detallada: el primero
sería obviamente Oxkintok, pero nos hacen falta los datos que Rivera y los

Se parece esta situación con lo que se propone de la existencia de dos canchas en Santa Rosa
Xtampak. Por otro lado, sería interesante saber si existen otras canchas un Uxmal: dada la
importancia del sitio, en comparación con Chichén Itzá, sería una posibilidad lógica. Hay que
recordar que en sitios tan conocidos como Palenque o Copán, si por mucho tiempo sólo se habló
de un juego de pelota, los trabajos recientes permitieron identificar otras canchas, fuera del centro
de las ciudades. Sólo un trabajo intensivo permitiría resolver esta pregunta.

165
CUADRO 1
Cuadro comparativo de la identificación de juegos de pelota en Yucatán

Tala- Scarbo-
doire rough Greene Dunning Otros Total

Becan X X X 1
Chacmultun X X 1
Chichén Itzá X(9) X(9) X(13) 13
Cobá X(2) X(2) X(2) 2
Dzibilnocac X 1
Edzná X X X X 1
Ek Balam X 1
El Palmar X 1
Halal X 1
Itsimté X X X 1
Kohunlich X X X 1
Nohoch Mul X 1?
Nohpat X 1
Okop X 1?
Oxkintok X X X X 1
Peor Es Nada X X X 1
Rio Bec X(2) X(2) X(2) 2
Santa Rosa Xtampak X X X X(2) 2
Sayil X X X X X 1
Tzum X X X 1
Uxmal X X X X 1
Xcalumkin X? 1?
Xcorralché X? 1?
Xculoc X X X 1
Yaxcopoil X X? 1?
Yaxhom X? 1?
N.° 31 X? 1?
16 sitios 11 S. 14 S. 15 S. 5 S. 27 S.
26 J.P. 21 J.P. 28 J.P. 15 J.P. 6 J.P. 42 J.P.

miembros del Proyecto están por publicar (ver este volumen). Los otros dos
son Edzná y Xculoc. Por muchos arios, se suponía la presencia en Edzná de
una cancha de juego de pelota parecida a las de Chichén Itzá, hasta que los
trabajos recientes de excavación y restauración del sitio dirigidos por Luis
Millet comprobaron que el supuesto juego de pelota era efectivamente otro
tipo de edificio. Pero la ampliación de las excavaciones permitió identificar
otra cancha de un tipo bien conocido (Benavides, 1989), abierto, con banque-

166
tas laterales bajas, taludes y cornisas. Aunque la cancha queda abierta, existen
a poca distancia muros bajos que la cierran parcialmente, así que se puede
considerar como semi-cerrada, un caso que se encuentra también en Sayil o en
Chichén Itzá.
En Xculoc, el juego de pelota está localizado en la parte noroccidental del
sitio, en la orilla de la plataforma rocosa (Uitz): la parte posterior de la
estructura lateral oeste cae directamente hacia la planicie o Kancab, y los lados
del Uitz han sido reforzados por muros gruesos. Al norte, varios edificios
cierran parcialmente el patio cabezal, mientras no se notaron ningunos límites
hacia el sur. El juego de pelota incluye una cancha de 27 metros por 7,75
metros, orientada de norte a sur, y dos estructuras laterales paralelas, de 23,5
metros de largo, por 4 metros de alto. Cada estructura lateral se compone de
una banqueta baja (de unos 50 cms de alto), más larga que la estructura
propia, de un talud de 30° a 45 0 , y una cornisa superior todavía visible. Parece
que el piso de la cancha se compone de lajas. No se pudieron identificar otros
rasgos significativos. A manera de sintesis, el juego de pelota de Xculoc cabe
muy bien al igual que el de Edzná, en nuestro tipo II, aunque quede abierta la
posibilidad de que sean parcialmente cerrados, lo que resultaría en que
corresponderían más bien a variedades del mismo tipo 2.
Para acabar con esta presentación de los datos disponibles, quisieramos
recordar que, al revés, la existencia de juegos de pelota en varios sitios
mapeados como lo fueron Aké y Hochob (Carrasco, com. pers.) no ha sido
confirmada, lo que permite reducir las listas previamente publicadas (Taladoi-
re, 1981; Scarborough, 1991). Otros ejemplos, como es el caso de Okep, faltan
todavía de confirmación. Los Cuadros n." 1, 2 y 3 presentan varias sintesis de
lo que se conoce a la fecha sobre las canchas consideradas aqui. Debido a la
falta de datos precisos sobre la mayoría de los casos, el Cuadro n.° 2 incluye
solamente informaciones generales sobre las estructuras. El Cuadro n.° 3
presenta las referencias bibliográficas principales.
Con todo lo que se acaba de presentar, podemos entonces modificar de
manera significativa las afirmaciones de Greene, Kurjack y Maldonado (1991),
ya que, en comparación con sus 10 sitios y 23 juegos de pelota, llegamos ahora
a una lista provisional de 27 sitios y 42 canchas. Hay que recordar, obviamen-
te, que esas listas no se pueden realmente comparar, en tanto que ellos no
habían incluido voluntariamente ciertos ejemplos que consideramos aquí,
como Rio Bec, Becán o Kohunlich. En otro aspecto, su lista había sido
establecida en 1985, y los trabajos recientes han contribuido a aumentar la

= No se tratará aquí, salvo los ejemplos de Edzná y Xculoc, de incluir las canchas en las
tipologías existentes (Taladoire, 1981), ya que se necesitaría, para hacerlo, muchos datos que faltan
todavía. La revisión de las tipologías para las Tierras Bajas Mayas es un trabajo que queda por
hacerse.

167
2 CUADRO
Datos generales relativos a los juegos de pelota de Yucatán

N.° Estr. Tipo AICISC Cancha Eje Fecha


Becán 11 I v 1 A 32 x 9,2 NS CR
Chacmultun CR ?
Chichén Itzá 2D 1 II1v1 SC 96,5 x 30 NS TC
Chichén Itzá 3D4 Iv2 SC 29 x 10,7 NS TC
Chichén Itzá 3C10 Iv2 SC 21 x 9 NS TC
Chichén Itzá 2D9 Iv3 SC 28,7 x 10,5 NS TC
Chichén Itzá 3E2 Iv3 SC 33 x 11 NS TC
Chichén Itzá Monjas Iv3 SC 26 x 11 NS TC
Chichén Itzá Gr Este Iv3 SC NS TC
Chichén Itzá Holtun II A 16 x 7 EW TC
Chichén Itzá Chultun 11v2 SC 26 x 7 NS TC
Chichén Itzá 5D5 III A NS TC
Chichén Itzá ?
Chichén Itzá ?
Chichén Itzá ?
Cobá 17 II A 27 x 3,5 EW CR
Cobá Gr D II A 22 x 4 NS CR
Dzibilnocac Gr B A 25 x 5 NS CR
Edzná 11 II SC 23 x 5 NS CR
Ek Balam A 24 x 9 ? NS TC
El Palmar I A CR
Halal EP
Itsimté 9-10 A EP
Kohunlich I A CR
Nohoch Mul GrC 4-5 A NS CR
Nohpat III-1 I ? SC 22 x 5 NS EP
Okop GrB 7-8 A 25 x 1 ? NS CR
Oxkintok Dz 10 A NS CR ?
Peor Es Nada 6 I A 21 x 8,5 NE-SW CR
Río Bec V:2 I A 16 x 5,5 EW CR
Río Bec 11:4 I A 32 x 10 EW CR
Santa Rosa Xtampak II A 23,2 x 7,9 NW-SE CR
Santa Rosa Xtampak ?
Sayil Iv 1 SC 23,3 x 10 EW TC
Tzum A45-46 A NS EP
Uxmal 9 I A 34 x 10,5 NS TC (905 AD)
Xcalumkin 9 EP
Xcorralché 9 EP
Xculoc C6-1 II? A 27 x 7,75 NS TC
Yaxcopoil ?
Yashom ? EP
N.° 31 9 EP
Nohmul 28-29 I A NE-SW CR/PA
Ceibal C9 A EW TC

Tipo: Los tipos corresponden a la tipología de Taladoire, 1981.


A: Abierto; C: Cerrado; SC: semi cerrado.
Cancha: las dimensiones son dadas en metros.
Fecha: CR: Clásico Reciente o Tardío; TC: Clásico Terminal; PA: Postclásico Antiguo o
Temprano; EP: Early Puuc.

168
CUADRO 3
Referencias utilizadas para la identificación de los juegos de pelota del Yucatán

Becán Ruppert y Denison, 1943; Ruz, 1945.


Chacmultun Dunning, 1988 (segŭn Benavides).
Chichén Itzá Ruppert, 1952; Greene y Kurjack (en prensa); Greene, 1991;
Lincoln, 1985; 1987.
Cobá Thompson, Pollock y Charlot, 1932; Benavides, 1976.
Dzibilnocac Nelson, 1973.
Edzná Benavides, 1989.
Ek Balam Ringle et al., 1991.
El Palmar Ruz, 1945.
Halal Dunning, 1988.
Itsimté Von Euw, 1977.
Kohunlich Segovia, 1969; D. Z. de Dávila, 1979.
Nohoch Mul Blom. 1932.
Nohpat Dunning, 1988; Carrasco, 1991.
Okop Wilson, 1972.
Oxkintok Rivera, 1990; 1991; González Arena, 1990.
Peor es Nada Ruppert y Denison, 1943; Ruz, 1945.
Río Bec Ruppert y Denison, 1943; Ruz, 1945.
Santa Rosa Xtampak Folan, 1991.
Sayil Sabloff et al., 1985.
Tzum Von Euw, 1977.
Uxmal Maldonado, 1979; Kowalski, 1991.
Xcalumkin Dunning, 1988.
Xcorralché Dunning, 1988.
Xculoc Pollock, 1980; Becquelin, n.d.
Yaxcopoil Greene y Kurjack (en prensa).
Yaxhom Dunning, 1988.
N.° 31 Dunning, 1988.
Se mencionan en este cuadro solamente las referencias principales, de acuerdo con la bibliografia
utilizada.

lista: Greene toma asi en consideración, entre su primera y segunda publica-


ción, el nuevo juego de pelota de Edzná. Por fin, no hay que olvidar que varias
de las canchas mencionadas en los diferentes cuadros podrian, como ocurrió
en los casos de Hochob y Aké, resultar de una identificación errónea, y
entonces desaparecer de nuestra lista: en sitios como Okop, Yaxcopoil, Xco-
rralché, Yaxhom o Xcalumkin, falta todavia mucho para tener seguridad; sólo
investigaciones futuras permitirán una identificación definitiva. Pero el ejem-
plo de Edzná no tiene que ser olvidado, en donde hubo una equivocación, pero
también un juego de pelota.

169
A pesar de esas consideraciones, y a ŭn con cierta prudencia, no se nos
puede escapar una primera evidencia: las recientes excavaciones y/o investiga-
ciones en Yucatán permitieron en menos de cinco arios duplicar el n ŭmero de
canchas conocidas, y faltan todavía muchos trabajos sin publicar, que podrían
contribuir al aumento del n ŭmero de juegos de pelota. Una evaluación global
del papel del juego de pelota en Yucatán nos parece entonces poco factible,
mientras queden pendientes tantas informaciones.
Para subrayar esta primera idea, nada más basta mencionar tres ejemplos:
en la zona que corresponde a Belice, el n ŭmero de juegos de pelota (y por
consecuencia el papel del juego) ha sido completamente modificado en los
ŭ ltimos diez arios, con el descubrimiento de numerosos ejemplos (Aventura,
Nim Li Punit, Nohmul, Cerros, C'hacben k'ax ...) y con el fechamiento de
algtinas canchas del Preclásico Tardío (Scarborough, 1991). En las Tierras
Bajas Noroccidentales, recorridos por S. Pincemin (com. pers.) permitieron
identificar varias canchas, en un área en donde no se conocía hasta el momento
ning ŭ n ejemplo (ver mapa): eso tiene cierta relevancia, ya que varios rasgos en
esta zona podrían relacionarse con la historia de la zona Puuc. Por fin, hasta
en nuestra propia área de investigación,la situación ha cambiado: es obvio que
la zona del Puuc ha sido el objeto de más atención en los ultimos arios. Si se
consideran entonces las cantidades relativas de juegos de pelota conocidos, eso
refleja el avance de las investigaciones:
1981 (Taladoire) 1985 (Greene) 1991
Costa Caribe/Quintana Roo 2 sitios: 3 j.p. 1: 2 j.p. 2: 3 j.p.
Yucatán 2 sitios: 10 j.p. 1:13 j.p. 5:15 j.p.
Río Bec 3 sitios: 4 j.p. 3: 4 j.p. 3: 4 j.p.
Chenes 2 sitios: 2 j.p. 1: 1 j.p. 2: 3 j.p.
Puuc 5 sitios: 5 j.p. 6: 6 j.p. 16:16 j.p.
Como se ve en el cuadro, áreas donde no se desarrollaron investigaciones
amplias como Río Bec o los Chenes no vieron su n ŭmero de canchas modifica-
do, mientras en el Puuc, o cerca de Chichén Itzá, la situación ha cambiado de
manera significativa. Es entonces muy probable que publicaciones nuevas
(como las de Río Bec, o el sur de Quintana Roo) o trabajos futuros aumenten
el corpus, y modifiquen nuestras hipótesis sobre el papel del juego.
Quisieramos ahora volver al artículo de Merle Greene (1991) quien su-
brayaba varias ideas relacionadas con la ausencia relativa de juegos de pelota
en Yucatán. Greene, Kurjack y Maldonado (1991) presentaban de manera
preliminar tres hipótesis:
— Existen pocos juegos de pelota en Yucatán.
— El nŭ mero de canchas en Yucatán es menor que en las Tierras Bajas
Centrales.

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171
— El fechamiento de los juegos de pelota en Yucatán es muy tardio en el
Clásico, y el juego desaparece rápidamente en el Postclásico.
A manera de conclusión, deducían de esas hipótesis que el papel del juego de
pelota en Yucatán había sido muy reducido. Regresaremos más adelante a esta
ŭltima propuesta, y examinaremos ahora lo relativo a las hipótesis.
En cuanto a la primera, ya hemos visto que si, efectivamente, no se
identificaron muchos juegos de pelota en Yucatán, eso se debe más bien a la
falta relativa de investigaciones comparables a las que se hicieron en el Petén o
en Belice; los trabajos recientes aumentan regularmente el corpus.
En cuanto a la segunda hipótesis, el nŭmero relativo de canchas en
Yucatán no parece tan reducido, ya que en 1981, para todas las tierras bajas
mayas, apenas llegaba a 92 (26 de ellas en Yucatán) el n ŭmero de canchas
conocidas. Claro que a la fecha, este n ŭmero ha crecido bastante (se llegaría a
más de 120), pero 42 ejemplos en Yucatán sobre unos 120 no puede conside-
rarse como una cifra despreciable (ver mapa).
Pero, además, conviene tomar ahora en consideración un aspecto que
podría constituir un punto fundamental para un examen realmente válido del
problema. Hemos discutido, hasta ahora, sobre el tema, en términos puramen-
te geográficos (cf. la línea Escárcega-Chetumal de Greene, Kurjack y Maldo-
nado) o geográfico-culturales, para áreas definidas, como es el Puuc. Pero hay
que considerar que los juegos de pelota no existen de por sí, sino por su
significado dentro de un contexto político, económico o cultural. Aunque
resulta todavía muy dificil definir las situaciones relativas de las distintas áreas,
varios elementos nos autorizan a considerar en nuestro acercamiento sitios que
no pertenecen geográficamente, pero sí culturalmente a Yucatán.
En su informe sobre los trabajos de levantamiento topográfico en Chichén
Itzá, Lincoln (1987) plantea una hipótesis preliminar sobre ciertas semejanzas
entre los distintos grupos del sitio. Aunque no existen patrones fijos, algunos
elementos arquitectónicos, tales como estructuras redondas, templos de dos
cuartos con columnas, salas con columnas, o juegos de pelota parecen consti-
tuir rasgos significativos, que, asociados, dan al grupo un papel o una
importancia determinada. Este patrón de asentamiento constituiría un criterio
muy específico, característico del Clásico Terminal. Pero parece que su ubica-
ción no queda dentro de los límites de Chichén Itzá: en Oxkintok, el grupo
Dzib incluye, además del juego de pelota, un edificio de planta circular,
aunque su fechamiento resulta tal vez anterior.
Asimismo, los recientes trabajos en Nohmul (Hammond, 1991; Hammond
et al., 1987; Tuerenhout, 1991) insistan sobre el fechamiento muy tardío (fase
Tecep) de la edificación del juego de pelota en este sitio. El juego de pelota de
Nohmul se construyó en un momento en que aparecen en el sitio cerámicas del
grupo Pizarra, que demuestran los lazos del sitio con Yucatán, y, tal vez, la
172
presencia de grupos yucatecos en la parte norte de Belice. Además, Tuerenhout
subraya la presencia, en el mismo grupo del sitio, de un edificio circular: se
trata entonces aquí de rasgos parecidos a los que Lincoln notó en Chinchén
I tzá.
Miller planteó hace varios arios (1977), la hipótesis de lazos políticos y
culturales, segŭn un estudio de la iconografia del juego de pelota de Chichén
Itzá, entre el sitio yucateco y Ceibal. El mismo autor, y Tuerenhout, recuerdan
la existencia en Ceibal de un juego de pelota (estr. C9), fechado para el Clásico
Terminal (fase Bayal), que presenta semejanzas con los de Chichén Itz ŭ (Smith,
1982): cerrado en parte por muros bajos, con patios cabezales irregulares, esta
pegado en una de sus extremidades al Sacbé II, que conduce, rumbo al sur, a la
estructura redonda C 79, de la misma fecha. Tanto el juego de pelota, que se
parece a las estructuras 2D9 y 3D4 de Chichén Itzá, como la estructura C 79,
que nos hace pensar en el Caracol, Ilevan a Smith a pensar, tomando en cuenta
otros elementos tales como la escultura o la cerámica, en la existencia de lazos
entre Ceibal y el Clásico Terminal de Yucatán.
Por su parte, en Lamanai, Pendergast (1981) subrayó la posibilidad de
lazos estrechos entre el sitio y grupos norterios, durante el Clásico Terminal, al
momento en el cual se edificó el juego de pelota del sitio.
Aunque queda mucho por hacer para reexaminar la validez de esta hipóte-
sis sobre el patrón de asentamiento, no cabe duda que, tal vez en la zona del
río de la Pasión, y en Belice, no solamente en Nohmul o en Lamanai, sino
también en San Estevan y Aventura, la edificación de juegos de pelota se
desarrolló en un periodo tardío, caracterizado en gran parte por el estableci-
miento de lazos con la zona norteria (Chase y Chase, 1982). Cabe recordar que
el caso del sitio de Kohunlich parece muy similar, aunque carecemos todavia
de muchos datos (D. Z. de Dávila, 1979). Culturalmente, entonces, el nŭmero
de canchas «norterias» resultaría otra vez más importante, dentro de las tierras
bajas 3.
En cuanto a la ŭltima hipótesis de Greene, Kurjack y Maldonado (1991),
quiere decir que el fechamiento tardío del complejo de juegos de pelota de
Yucatán, dentro de la fase Cehpech, queda todavía por resolver. Nada más se
pueden presentar aquí hipótesis preliminares (ver Cuadro n.° 2), ya que la
mayoría de las canchas carecen de fechamiento seguro o preciso. Parece muy
probable que la mayoría de los juegos de pelota considerados aquí estén
fechados para el Clásico Tardío o Terminal, o tal vez para principios del
Postclásico Temprano: recordamos que los sitios del Postclásico Tardío no
poseen juegos de pelota. La ŭnica cancha fechada por inscripciones jeroglifi-

3 Al revés, habria que tomar en consideración que, por ejemplo, los juegos de pelota de Cobá
tendrian que ser considerados como pertenecientes culturalmente al Petén, lo que modificaria otra
vez, en sentido contrario, el número de juegos de pelota de Yucatán.

173
cas 4 es la de Uxmal (905 d. C.) (Kowalski, 1991), lo que encaja bien en el
fechamiento general. Esta ubicación cronológica corresponde también al fe-
chamiento de los juegos de pelota de Nohmul (fase Tecep) de Lamanai, o de
Ceibal (fase Bayal). La idea de Greene, Kurjack y Maldonado de un apogeo
breve y tardio del juego de pelota en Yucatán parece entonces muy probable,
aunque hay que recordar que la fase Cehpech tiene una amplia dur n. Los
ŭnicos elementos que podrian contribuir a modificar este fechamiento, da
más antigiiedad al juego en el norte, serian los juegos de pelota de Cobá,
Edzná y Oxkintok, esto es, los sitios que tuvieron una ocupación previa al
apogeo de las culturas caracteristicas del norte de Yucatán. Por otro lado, la
cantidad de canchas semi-cerradas, con patios cabezales grandes e irregulares
(Edzná, Chichén Itzá, Xculoc, Sayil, Ceibal), seg ŭn la hipótesis que hemos
presentado en 1981, vendría a confirmar un fechamiento tardio: en los Altos de
Chiapas y de Guatemala, las canchas semi-cerradas se multiplican también
durante el Clásico Terminal.
Para sintetizar nuestro examen de las hipótesis planteadas por Greene,
Kurjack y Maldonado, si bien estamos de acuerdo, aunque con algunas
reservas, acerca de la ubicación cronológica del juego de pelota en Yucatán,
nos hemos alejado de sus ideas relativas a la poca frecuencia, tanto absoluta,
como relativa, de dichos juegos. Sin embargo, no queremos aqui contradecirlos
completamente, puesto que, considerando el problema desde otro punto de
vista, parece que si existen menos canchas en Yucatán que en las Tierras Bajas
Centrales. Hasta ahora, hemos insistido mucho sobre los nuevos hallazgos en
Yucatán, pero no hay que olvidar que, al mismo tiempo, se descubren también
numerosos ejemplos en otras partes del área maya: ya hemos mencionado los
hallazgos en Belice, o en las Tierras Bajas Noroccidentales; se podría mencio-
nar también otros casos, tales como las canchas descubiertas en el sureste del
Petén (ver Laporte en este volumen).
Así que proporcionalmente, queda cierta diferencia entre el sur y el norte
de las tierras bajas, sobre todo si se toma 'en cuenta la amplitud cronológica, o
la superfície total de cada área. Además, en nuestro corpus, un solo sitio,
Chichén Itzá, con sus 13 canchas, ocupa un papel especial: si no se toma en
cuenta, la desproporción aparece mucho más claramente. Al revés, la brevedad
del apogeo de las áreas norterias modifica esta situación, ya que si se cons-
truyeron menos juegos de pelota en Yucatán, casi todos se edifícaron en un
corto lapso de tiempo, mientras la historia del desarrollo del juego en las
Tierras Bajas Centrales tiene más duración, lo que contribuye a disminuir el
porcentaje de canchas por periodo. Para acabar este examen, si bien existen en
el Petén sitios mayores sin juegos de pelota conocidos, como Mirador o

4 El fechamiento del anillo recién descubierto en Oxkintok no está disponible todavía, pero
segŭ n Rivera, se ubicaría en el Clásico Tardío.

174
Bonampak, el n ŭmero de sitios mayores sin canchas en Yucatán es más
importante: sin volver a mencionar sitios del Postclásico Tardio, Dzibilchaltun,
Hochob, Kabah, Labná, Ichmul, o Chicanná, por ejemplo, que carecen de
tales edificios. Existen entonces ciertas diferencias entre Petén y Yucatán, que
podemos resumir así: Segŭn los datos disponibles, el juego de pelota tiene
antigriedad mayor en las Tierras Bajas Centrales (Cerros: Preclásico Tardío), y
aunque resulta dificil evaluar su papel durante el Clásico Temprano (Copán),
conoce su apogeo durante el Clásico Tardío: la mayoría de los sitios tienen por
lo menos una cancha, algunos, dos o tres; pero el juego desaparece con el
ocaso del Clásico. Al contrario, en las Tierras Bajas del norte, las pocas
canchas más antiguas serían fechadas para el Clásico Tardío (Oxkintok,
Cobá), pero el apogeo del juego se ubicaría más bien en el Clásico Terminal:
las canchas, un poco menos numerosas, se encuentran sobre todo en algunos
sitios mayores. Pero, sea bajo influencias norterias, o debido al establecimiento
de lazos con sitios de Yucatán, algunos sitios de la zona central, como Ceibal o
Nohmul, empiezan a edificar canchas, que tendrían entonces un papel distinto
del que se encontraba anteriormente en la misma área.
Podemos así plantear una primera hipótesis: la carencia relativa de juegos
de pelota en Yucatán coincide con su presencia en sitios mayores: seg ŭn la
clasificación propuesta por Kurjack y Garza, se encontrarían juegos de pelota
solamente en sitios de Categoria I (Chichén Itzá, Uxmal) o II (Sayil, Yaxco-
poil, Santa Rosa Xtampak), y tal vez de categoría III, como Xculoc, pero
nunca en sitios menores. En su recorrido, Dunning no menciona juegos de
pelota en sitios de rango inferior al II. Esta hipótesis coincide paricialmente
con la edificación de juegos de pelota fuera de Yucatán, pero relacionadas con
grupos yucatecos: así se podría explicar la construcción de canchas en períodos
tardíos en los sitios mayores, localmente, de Ceibal, Nohmul o Lamanai. Para
los grupos que radican en esos sitios, que sean originarios de Yucatán, o
solamente en relación con grupos yucatecos, la posesión de una cancha de
juego de pelota en la ciudad representa un elemento esencial para afirmar la
importancia del sitio: el juego de pelota constituye así un criterio efectivo de
rango en la sociedad maya del Clásico Terminal. Cualquiera que sea el papel
del juego, competitivo, como lo sugiere Tuerenhout (1991), o integrativo,
como lo piensa Merle Greene (1991), al estudiar la iconografia del juego de
pelota 2D1 de Chichén Itzá, el juego de pelota en Yucatán constituye, a pesar
de su breve duración, y de manera distinta de su papel Clásico, un elemento
político de suma importancia para establecer su rango.
EsW papel, muy específico, del juego, relacionado con la importancia
efectiva o buscada del sitio, puede además encontrar cierta confirmación, si se
considera ahora la iconografia. Sin entrar en un análisis demasiado detallado
del fenómeno, las representaciones del juego en Yucatán poseen una riqueza
mucho mayor que en las Tierras Bajas Centrales. Existen en numerosos sitios

175
evidencias iconográficas de representaciones de jugadores o de ritos relaciona-
dos con el juego, pero, como lo hemos sugerido (Taladoire, 1991), aparecen
ciertas discrepancias entre la riqueza iconográfica, y el juego propio. En el
centro del Petén, sitios como Tikal o Uaxact ŭn poseen canchas, pero el
nŭmero de esculturas relacionadas con el juego es muy reducido. La mayoría
de las esculturas que representan jugadores o el juego, se encuentran en sitios
periféricos, tales como Copán, Yaxchilán o Toniná, o en el Norte de Yucatán:
paneles, anillos y pinturas en Chichén Itzá; estelas y anillos en Edzná; anillos y
esculturas en Uxmal, o las esculturas de Ichmul, Oxkintok o El Resbalón... El
estudio de esta iconografia pertenece a otro tipo de investigación, pero parece
ahora posible proponer otra hipótesis: existiría cierta relación entre la
riqueza iconográfica relacionada con el juego, y la relativa carencia de can-
chas?
Esta hipótesis se puede en parte reforzar con un examen rápido de distintas
zonas. En la Costa Pacífica de Guatemala, nada más se pueden localizar unos
diez juegos de pelota (Parsons, 1991), mientras este área es la más rica desde el
punto de vista iconográfico. Al revés, los Altos de Guatemala cuentan con más
de 200 canchas, pero pocos ejemplos de esculturas. Abundan las canchas en el
sur de Chiapas, casi sin esculturas, mientras las pocas canchas del norte del
Estado están acompariadas por una riqueza iconográfica excepcional (Piedras
Negras, Yaxchilán, Toniná...). Nos parece entonces que a menor n ŭmero de
canchas, más rica es la iconografia. Existiría así una relación inversa entre la
riqueza iconográfica del juego, y la relativa carencia de canchas.
Además, el fenómeno arriba mencionado sería más específico en zonas
periféricas, como el Puuc o la Costa del Pacífico, o fronterizas, como Copán o
el norte de Chiapas. Así la situación en el Yucatán tomaría otro sentido. La
carencia relativa de juegos de pelota se podría explicar a la vez tanto por la
corta duración de la fase Cehpech, como por el papel muy específico del juego,
elemento político esencial de sitios de mayor rango, simbolizado por la riqueza
iconográfica que les pertenece. El caso particular de Chichén Itzá, con sus 13
canchas y sus numerosas representaciones del juego, se podría explicar tanto
por el papel específico del sitio, como por su historia de más duración que la de
otros sitios como Uxmal o Sayil. Sería entonces lógico que los sitios de Belice o
de la zona del Río de la Pasión, para afirmar su identidad, se conformen con
un modelo imitado del sitio más característico del área maya norte, sin poder,
sin embargo, igualar a Chichén Itzá. Faltan todavía por identificar muchos
juegos de pelota en Yucatán, y los ejemplos recientes de Dzibilchaltun y
Yaxuná prueban que resulta dificil una sintesis definitiva.

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