Derecho Victimal: Protección a Víctimas
Derecho Victimal: Protección a Víctimas
El Derecho sirve como medio para poder llegar a la justicia, y ello se refleja en el tema del delito
en la victimización, cuando una persona es tocada en su esfera jurídica, es decir, en la suma de
facultades inherentes como ser humano o en aquellas facultades otorgadas por el propio sistema
jurídico. Así el Derecho se concibe como una creación no terminada del ser humano como
consecuencia de su dinamismo e imperfección, debido también, al atraso en contraposición con
la realidad social, el Derecho Victimal como nueva rama de las ciencias jurídicas, surge por la
necesidad de crear nuevas disposiciones que regulen estas afectaciones y establezcan una base
normativa mínima para que la víctima llegue a recuperar el estatus previo o se acerque lo más
posible a ese estado previo a la afectación ocasionada por el delito, el Derecho Victimal como
nuevo orden normativo relativo a las víctimas del delito y ofendidos por hechos delictivos, se
traduce en una nueva rama del Derecho que complementa al Derecho Penal, desde el aspecto de
completitud jurídica, en sus dos aspectos se propone resolver este tipo de situaciones y proteger a
la víctima, para lograr la ansiada justicia.
Pero en México ya en el año de 1969, se había creado la Ley sobre el Auxilio a las Víctimas del
Delito del Estado de México, que fue la primera disposición de una serie de normatividad para la
atención, protección y apoyo asistencial a las víctimas de delito, siendo que en al ámbito
constitucional se realizaron reformas a la Constitución Política de los Estados Unidos
Mexicanos, siendo los años de 1993, 1996, 2000 y 2008, años cruciales para la implementación y
fortalecimiento de un Derecho Victimal Mexicano. Tenemos en consecuencia que el Derecho
Victimal deriva directamente de la Victimología y de su lógica y paulatina evolución, que tiene
una relación estrecha e íntima con el desarrollo y evolución de las sociedades actuales, como lo
son tantas y tantas ramas del derecho que han ido surgiendo a través del devenir del tiempo y el
propio desarrollo humano.
De la Escuela Clásica italiana, Francesco Carrara, es un digno partidario de la reparación del
daño subsidiaria, cuando se pronuncia sobre la justicia y la utilidad pública proveniente de lo que
él llamaba una caja pública engrosada por multas pagadas por los delincuentes y a la que
proponía se recurriera para indemnizar a los afectados por delitos cometidos por personas
insolventes, lo que en el distrito federal en este siglo se instauro como fondo de apoyo a víctimas
del delito con la ley local en la materia.
Rafael Garófalo en 1887 escribe la obra denominada: “Riparazione alle vittime del delitto”, que
traducida significa Indemnización a la Víctima del delito, mismo que marco un camino en la
materia, ya que Garófalo se refería a las Víctimas señalando que “esta clase de personas a que
todo ciudadano honrado puede tener la desgracia de pertenecer, debía merecer que el Estado le
dirigiese una mirada de benevolencia, una palabra de consuelo.
Las Víctimas debían seguramente tener derecho a mayores simpatías que la clase de los
delincuentes, que parece ser la única de que los actuales legisladores se preocupan”. Pedro
Dorado Montero, señala que este trabajo de Garófalo, refiriéndose a la obra: “Indemnización a
las víctimas del delito”, es uno de los trabajos más importantes y en su criterio el trabajo más
personal, privativo y característico del ilustre italiano, en el cual habla de las cajas de multas para
indemnizar a las víctimas en caso de insolvencia de los responsables.
Enrique Ferri, en el año de 1881, propuso una reforma en materia procesal para que el
procedimiento penal para facilitar la reparación del Daño, planteando a la reparación del daño de
varias formas:
También se cuenta con el antecedente de que, en el año de 1901, el mismo Ferri en sus clases en la
Universidad de Nápoles, afirmó que: “la víctima del crimen ha sido olvidada, aunque esta víctima
produce simpatía filantrópica mayor que la que provoca el criminal que ha producido el daño”.
La víctima estuvo atrás del telón del escenario del derecho penal y sus rededores, que por
muchos siglos se posó delante de ella, de esa barrera que el poder público colocó para contener la
criminalidad, pero al focalizar su atención en ella se olvidó de la víctima; motivo de ello pueden
ser las extremas y crueles venganzas que se daban en el pasado a manos de las Víctimas hacia los
ofensores, y que la autoridad que después de miles de años se incrusto en la figura del Estado
tuvo que intervenir para evitar un mal mayor del proferido y con ello legitimar su actuación e
intervención a través de la figura del Derecho Penal Subjetivo ó Ius Puniendi (derecho de
castigar).
Al respecto opinamos en el mismo sentido que algunos tratadistas que el derecho penal no fue
creado para proteger a la víctima y que no es en el derecho penal en donde la víctima del delito
encontrara protección sino en un nuevo Derecho: el Derecho Victimal.
Se ha definido al Derecho Victimal mexicano desde dos aspectos, primero desde el punto de
vista objetivo el Derecho Victimal es el conjunto normativo jurídico relativo a las víctimas y
ofendidos de las conductas señaladas por el orden jurídico interno e internacional como delitos,
que establecen sus derechos, los mecanismos procesales y pragmáticos para acceder a ellos y
hacerlos efectivos. Por lo que hace al segundo punto de vista subjetivo el Derecho Victimal es el
derecho público subjetivo que le asiste a la víctima y ofendido del delito, para ejercer y hacer
efectivas las prerrogativas otorgadas en dicha calidad, por las normas supremas, reglamentarias,
internacionales, ordinarias, secundarias y reglamentarias de un Estado o en el ámbito
internacional”.
En el caso de Latinoamérica, como bien lo afirma Reyes Calderón y León Dell, México fue
pionero pragmático en implementar disposiciones para la atención a las víctimas de delito, con la
ley del año de 1969 en el Estado de México, así como en los últimos años con las reformas al
artículo 20 Constitucional de los años 1993, 1996, 2000 y 2008.
I. Recibir asesoría jurídica; ser informado de los derechos que en su favor establece la
Constitución y, cuando lo solicite, ser informado del desarrollo del procedimiento penal.
II. Coadyuvar con el Ministerio Público; a que se le reciban todos los datos o elementos de
prueba con los que cuente, tanto en la investigación como en el proceso, a que se desahoguen las
diligencias correspondientes, y a intervenir en el juicio e interponer los recursos en los términos
que prevea la ley.
III. Recibir, desde la comisión del delito, atención médica y psicológica de urgencia.
IV. Que se le repare el daño. En los casos en que sea procedente, el Ministerio Público estará
obligado a solicitar la reparación del daño, sin menoscabo de que la víctima u ofendido lo pueda
solicitar directamente, y el juzgador no podrá absolver al sentenciado de dicha reparación si ha
emitido una sentencia condenatoria. La ley fijará procedimientos ágiles para ejecutar las
sentencias en materia de reparación del daño.
V. Al resguardo de su identidad y otros datos personales en los siguientes casos: cuando sean
menores de edad; cuando se trate de delitos de violación, secuestro o delincuencia organizada; y
cuando a juicio del juzgador sea necesario para su protección, salvaguardando en todo caso los
derechos de la defensa. El Ministerio Público deberá garantizar la protección de víctimas,
ofendidos, testigos y en general todos los sujetos que intervengan en el proceso. Los jueces
deberán vigilar el buen cumplimiento de esta obligación.
VI. Solicitar las medidas cautelares y providencias necesarias para la protección y restitución de
sus derechos.
VI. Impugnar ante autoridad judicial las omisiones del Ministerio Público en la
investigación de los delitos, así como las resoluciones de reserva, no ejercicio,
desistimiento de la acción penal o suspensión del procedimiento cuando no esté
satisfecha la reparación del daño.
Los derechos consagrados por la reforma de junio de dos mil ocho, en el apartado c del artículo
20 constitucional, son un esfuerzo por armonizar la constitución general de la república, así
como las leyes reglamentarias, a instrumentos internacionales que protegen los derechos de la
víctima.
También se encuentran las leyes que protegen en particular los datos y generales de las
Víctimas de Delito, Códigos penales y de procedimientos penales federal y de las entidades
federativas, aquellos Acuerdos y circulares emitidas por la autoridad administrativa, en
específico las que tengan que ver con el sistema penal en nuestro país y sus fases (prevención
del delito, procuración de justicia, impartición de justicia, sistema penitenciario, etc., por
ejemplo en materia de seguridad pública, salud, desarrollo social, etc.), que contengan
derechos para las víctimas y ofendidos de delitos, obligaciones para las autoridades en
correspondencia con esos derechos y procedimientos específicos al respecto, como lo son por
ejemplo el acuerdo A/018/01, numeral décimo séptimo del Procurador General de la
República, los acuerdos A/003/99 y A/010/2002 del Procurador General de Justicia del
Distrito Federal, que establecen la figura del Coordinador de Auxilio a Víctimas, derechos de
las víctimas y obligaciones del Ministerio Público y auxiliares correspondientes con esos
derechos y el segundo acuerdo que establece la protección de datos confidenciales de los
denunciantes, ofendidos y víctimas de Delito para su protección.
Finalmente tenemos la interpretación del poder judicial federal mismo que a través de la
Jurisprudencia, facultad exclusiva del poder judicial federal reglamentada por la ley de
Amparo, ha fijado su postura mediante tesis jurisprudencial o criterio, en relación a la
reforma constitucional del año 2000 al artículo 20, en el siguiente sentido:
“OFENDIDO O VÍCTIMA DEL DELITO. TIENE LA CALIDAD DE PARTE EN EL
PROCEDIMIENTO PENAL, A PARTIR DE LA REFORMA AL ARTÍCULO 20
CONSTITUCIONAL DEL VEINTIUNO DE SEPTIEMBRE DE DOS MIL.
En ese sentido, cuando la Constitución prevé en el artículo 20, apartado B, fracción II, en su
texto anterior a la reforma publicada en el Diario Oficial de la Federación el 18 de junio de 2008,
el derecho de la víctima u ofendido a que se le reciban todas las pruebas, ello implica que crea la
obligación de establecer el medio idóneo para hacerlo efectivo, sin que pueda estimarse que lo es
exclusivamente el juicio de garantías, pues dicho derecho tiene determinado constitucionalmente
el momento de ejercerse y respetarse, esto es, en la averiguación previa y en el proceso penal,
acorde con el espíritu del proceso de reformas al indicado precepto constitucional del año 2000,
consistente en ampliar los derechos de la víctima u ofendido para reconocerle los derechos de
parte procesal.
Las comisiones de la Organización de las Naciones Unidas (en adelante ONU), creadas en el
ramo de la prevención del delito y tratamiento del delincuente, había omitido vincular y
visibilizar la inter-conexión que debe existir entre las agendas de derechos humanos y la de
justicia penal, ya que, por más de 30 años, el interés del ramo estuvo centrado en el desarrollo e
implementación de "reglas y normas" para la readaptación social del delincuente. Fue más tarde,
en 1985, cuando se inicia la construcción y aplicación de estándares vinculados al tema de la
atención a las víctimas de delitos, lo cual dio pie al nacimiento del derecho victimal.
La primera definición que acotamos del derecho victimal en 1992 fue la siguiente: "Es el
conjunto de principios, valores, normas y procedimientos jurídicos locales e internacionales
tendientes a requerir, posibilitar y controlar las prerrogativas y pretensiones de las víctimas del
delito y abuso de poder".
1. Se entenderá por "víctimas" a las personas que individual o colectivamente, hayan sufrido
daños inclusive lesiones físicas o mentales, sufrimiento emocional, pérdida financiera o
menoscabo sustancial de los derechos fundamentales como consecuencia de acciones u
omisiones que violen la legislación penal vigente en los Estados miembros, incluida la
que proscribe el abuso del poder.
El párrafo de dicho documento es el más importante para nuestro enfoque cuando se agrega:
Esta parte de la definición está incluida con algunos cambios en la nueva Ley General de
Víctimas de México, en el párrafo cuarto del artículo 4o.:
La calidad de víctimas se adquiere con la acreditación del daño o menoscabo de los derechos en
los términos establecidos en la presente Ley, con independencia de que se identifique, aprehenda,
o condene al responsable del daño o de que la víctima participe en algún procedimiento judicial o
administrativo.
Esta relación del Estado con la víctima, existe más allá de que el aparato jurídico penal se eche o
no a andar. Debemos por ello, acudir y desarrollar a esta ciencia, que convierte a la víctima en un
emisor y receptor de actos y hechos jurídicos, conformando un conjunto de normas que delineen
la relación del Estado con las víctimas.
Otro ejemplo es la Directiva 2012/29/UE del Parlamento Europeo y del Consejo de Europa, por
la que se establecen normas mínimas sobre derechos, el apoyo y protección de la víctima de
delitos, que retoma la definición de la declaración con algunas variantes.
El incluir completa esta definición, asegura el alcance de quienes serán considerados como
sujetos de derecho victimal, que será la base para establecer los requisitos de accesibilidad para
obtener los servicios de atención y protección que provea el Estado.
Existen el estándar general y los especializados, estos últimos son los lineamientos, normas
jurídicas y procedimientos individualizados para cada tipo de víctima, grupo o comunidad
victimizada. Ambos, se hacen efectivos a través de los protocolos de actuación, que son
instrumentos normativos que describen de manera clara, detallada y ordenada el procedimiento
que debe seguirse para la ejecución de un proceso, y al mismo tiempo, aportan un conjunto de
elementos que permiten orientar y acotar la actuación del personal sustantivo con fundamento
legal y sustento en la operación.
De ahí que hemos definido el derecho victimal como la disciplina jurídica autónoma de derecho
público, que tiene por objeto, el estudio y aplicación de los estándares internacionales de
derechos humanos para las víctimas del delito y del abuso del poder; así como los principios
normas y procedimientos internacionales, nacionales, estatales, municipales o comunitarios
tendientes a requerir, posibilitar y controlar las prerrogativas y pretensiones de las víctimas del
delito y abuso de poder.
Estas normas pueden consistir en el derecho de hacer, no hacer o recibir algo conferido por un
tratado internacional, la Constitución del país, una norma, incluyendo la jurisprudencia y
doctrina emitidas o dictadas por un órgano jurisdiccional nacional o internacional de derechos
humanos competente.
La exposición de motivos de dicha Ley, la consideramos fundamental, ya que fue la primera vez
que el gobierno reconoce como suya ésta nueva tarea de atender a las víctimas de delitos.
I. A solicitar y a recibir información clara, precisa y accesible sobre las rutas y los
medios de acceso a los procedimientos, mecanismos y medidas que se establecen en
la presente Ley.
II. A solicitar, acceder y recibir, en forma clara y precisa, toda la información oficial
necesaria para lograr el pleno ejercicio de cada uno de sus derechos.
III. A acudir y a participar en escenarios de diálogo institucional.
IV. A participar en la formulación, implementación y seguimiento de la política pública
de prevención, ayuda, atención, asistencia y reparación integral.
Además de los deberes establecidos para todo servidor público, los funcionarios de organismos
públicos de protección de derechos humanos, en el ámbito de su competencia, deberán:
Las víctimas recibirán ayuda provisional, oportuna y rápida de acuerdo a las necesidades
inmediatas que tengan relación directa con el hecho victimizante para atender y garantizar la
satisfacción de sus necesidades a partir del momento de la comisión del delito o de la violación
de los derechos o en el momento en el que las autoridades tengan conocimiento del delito o de la
violación de derechos.
Las víctimas tendrán derecho a la asistencia y a la atención, los cuales se garantizarán incluyendo
siempre un enfoque transversal de género y diferencial. Se entiende por asistencia el conjunto
integrado de mecanismos, procedimientos, programas, medidas y recursos de orden político,
económico, social, cultural, entre otros, a cargo del Estado, orientado a restablecer la vigencia
efectiva de los derechos de las víctimas, brindarles condiciones para llevar una vida digna y
garantizar su incorporación a la vida social, económica y política.
Las víctimas tienen derecho a un recurso judicial adecuado y efectivo, ante las autoridades
independientes, imparciales y competentes, que les garantice el ejercicio de su derecho a conocer
la verdad, a que se realice con la debida diligencia una investigación inmediata y exhaustiva del
delito o de las violaciones de derechos humanos sufridas por ellas; a que los autores de los
delitos y de las violaciones de derechos, con el respeto al debido proceso, sean enjuiciados y
sancionados; y a obtener una reparación integral por los daños sufridos. Las víctimas tendrán
acceso a los mecanismos de justicia de los cuales disponga el Estado, incluidos los
procedimientos judiciales y administrativos.
LA DECLARACIÓN DE LA ONU
Las víctimas serán tratadas con compasión y respeto por su dignidad. Tendrán derecho al
acceso a los mecanismos de la justicia y a una pronta reparación del daño que hayan sufrido,
según lo dispuesto en la legislación nacional.
1. Se entenderá por "víctimas" las personas que, individual o colectivamente, hayan sufrido
daños, inclusive lesiones físicas o mentales, sufrimiento emocional, pérdida financiera o
menoscabo sustancial de los derechos fundamentales, como consecuencia de acciones u
omisiones que violen la legislación penal vigente en los Estados Miembros, incluida la que
proscribe el abuso de poder.
3. Las disposiciones de la presente Declaración serán aplicables a todas las personas sin
distinción alguna, ya sea de raza, color, sexo, edad, idioma, religión, nacionalidad, opinión
política o de otra índole, creencias o prácticas culturales, situación económica, nacimiento o
situación familiar, origen étnico o social, o impedimento físico.
4. Las víctimas serán tratadas con compasión y respeto por su dignidad. Tendrán derecho al
acceso a los mecanismos de la justicia y a una pronta reparación del daño que hayan sufrido,
según lo dispuesto en la legislación nacional.
d) Adoptando medidas para minimizar las molestias causadas a las víctimas, proteger su
intimidad, en caso necesario, y garantizar su seguridad, así como la de sus familiares y la de los
testigos en su favor, contra todo acto de intimidación y represalia;
Luego de un extenso trabajo de campo para tener un conocimiento cabal y objetivo de la realidad
socio-jurídica de las víctimas y perjudicados de un ilícito penal (encuestas, análisis
de expedientes, análisis documental, etc.) nos encontramos con una realidad crítica, en la que
la víctima, aparte de ser sobrevictimizada, queda en el más absoluto desamparo por parte del Est
ado.
Más allá de lo estipulado en la normativización penal, procesal (penal como civil) y penitenciaria
referida a las víctimas, es evidente que no son eficazmente aplicados por los magistrados en su gr
an mayoría. La víctima puede y debe demandar al estado por el derecho de su no victimización y
a una vida armoniosa y digna, pero, lamentablemente, la atención estatal y general se centra en
el delincuente, lo que produce con toda razón la irritación de todos los criminólogos. Sus argume
ntos son insoslayables y muchos de ellos de gran validez. Se trata hoy de proteger al delincuente
para no decretar su detención sin los debidos recaudos procesales, dado que existe una
presunción de inocencia de su culpa hasta que una sentencia pruebe lo contrario presunción que
en la práctica se
invierte convirtiendo al victimario en víctima del sistema penal). Reubicarlo socialmente mediant
e patronatos y comités integrados por miembros de las llamadas “fuerzas vivas” y liberados y
ex reclusos. Y a todo esto nadie recuerda que fue lo que acontece con la víctima una vez produci
do el delito que los perjudica.
“La responsabilidad del Estado por los daños que, con motivo de su actividad administrativa
irregular, cause en los bienes o derechos de los particulares, será objetiva y directa. Los
particulares tendrán derecho a una indemnización conforme a las bases, límites y procedimientos
que establezcan las leyes”.
EL DAÑO
El daño causado a la víctima puede ser material o moral. El material se refiere a la pérdida o
menoscabo sufrido en el patrimonio de un tercero; el moral es la afectación que una persona
sufre en sus sentimientos, afectos, creencias, decoro, honor, reputación, vida privada,
configuración y aspectos físicos, o bien, en la consideración que de sí misma tienen los demás
Daño es todo menoscabo material o moral que sufre una persona, ya en sus bienes naturales, ya
en su propiedad o en su patrimonio, causado en contravención a una norma jurídica, y por el cual
ha de responder otra. Perjuicio causado a una persona o cosa como consecuencia de un evento
determinado.
El daño a la persona es una de las instituciones más importantes del Derecho Civil a razón que se
comprende la protección del ser humano mismo, quien es, tal y conforme lo establece nuestra
Carta Magna, el fin supremo de la sociedad y el Estado, además de ser el artífice y protagonista
del Derecho.
El daño material es la lesión causada a los bienes por la acción de un tercero; es un perjuicio
ocasionado en el patrimonio de la víctima por el hecho del agente. El daño moral es
aquel daño que causa una lesión a la persona en su íntegra armonía psíquica, en sus afecciones,
en su reputación y/o en su buena fama.
“Hay daño cuando se lesiona un derecho o un interés no reprobado por el ordenamiento jurídico,
que tenga por objeto la persona, el patrimonio, o un derecho de incidencia colectiva”.
LA REPARACIÓN
Este significado de reparación donde se hace más patente es en el campo de la justicia. Y es que,
ante cualquier caso, la autoridad pertinente encargada de dirimir aquel, dictaminará una sentencia
en la que la víctima pueda ver como el criminal en cuestión que le ha causado mal se encarga de
reparárselo.
Por regla general, dicha reparación consiste en el pago de una cuantía económica determinada,
que será mayor o menor en función del delito que se ha cometido y de los daños, tanto físicos
como mentales, que se hayan causado en la persona que es la víctima de aquel.
La reparación del daño comprende, según el delito que se trate: El restablecimiento de las cosas
en el estado en que se encontraban antes de cometerse el delito; La restitución de la cosa
obtenida por el delito, incluyendo sus frutos y accesorios y, si no fuese posible, el pago de su
valor actualizado.
La reparación del daño consiste en el resarcimiento que debe realizar quien delinque a la víctima
de la comisión del delito.
EL RESARCIMIENTO
Resarcimiento es la acción y efecto de resarcir. Este verbo, con origen en un vocablo latino y
hace referencia a reparar, compensar o indemnizar un daño o perjuicio. El resarcimiento, por lo
tanto, es una reparación, compensación o indemnización.
Reparación que se le da una persona por el daño que se le ha causado de acuerdo con las
condiciones que establece la ley, no necesariamente es en dinero pues puede haber una
reparación moral a través de una disculpa. Ejemplo: «Cuando el daño causado implica la vida de
una persona, ningún resarcimiento es suficiente».
La acción y efecto de resarcir. Este verbo, con origen en un vocablo latino y hace referencia
a reparar, compensar o indemnizar un daño o perjuicio. El resarcimiento, por lo tanto, es una
reparación, compensación o indemnización. Acción de indemnizar los daños y perjuicios
causados.
10. En los casos en que se causen daños considerables al medio ambiente, el resarcimiento que se
exija comprenderá, en la medida de lo posible, la rehabilitación del medio ambiente, la
reconstrucción de la infraestructura, la reposición de las instalaciones comunitarias y el
reembolso de los gastos de reubicación cuando esos daños causen la disgregación de una
comunidad.
11. Cuando funcionarios públicos u otros agentes que actúen a título oficial o casi oficial hayan
violado la legislación penal nacional, las víctimas serán resarcidas por el Estado cuyos
funcionarios o agentes hayan sido responsables de los daños causados. En los casos en que ya no
exista el gobierno bajo cuya autoridad se produjo la acción u omisión victimizadora, el Estado o
gobierno sucesor deberá proveer al resarcimiento de las víctimas.
INDEMNIZACIÓN
12. Cuando no sea suficiente la indemnización procedente del delincuente o de otras fuentes, los
Estados procurarán indemnizar financieramente:
a) A las víctimas de delitos que hayan sufrido importantes lesiones corporales o menoscabo de su
salud física o mental como consecuencia de delitos graves;
b) A la familia, en particular a las personas a cargo, de las víctimas que hayan muerto o hayan
quedado física o mentalmente incapacitadas como consecuencia de la victimización.
La indemnización es fruto de un daño ocasionado a otra persona que hace que nazca en ésta un
derecho a ser resarcido y que debe hacerse por la persona que ha provocado ese daño.
«Nadie podrá ser privado de sus bienes y derechos sino por causa justificada de utilidad pública
o interés social, mediante la correspondiente indemnización y de conformidad con lo dispuesto
por las leyes»
El objetivo es, como hemos visto, la reparación o compensación por el perjuicio que se ha
originado, mediante el restablecimiento al estado anterior del daño o una compensación por
aquello que se ha perdido y no se puede reparar.
La cuantía que se establece para una indemnización está en relación con los daños y perjuicios
acreditados. De igual manera, la normativa determina como límite el enriquecimiento
injusto para la víctima.
La reparación del daño será fijada por el juez, según el daño o perjuicios que sea preciso reparar,
de acuerdo con los medios de prueba y pruebas obtenidas durante el proceso.
Muchas veces las víctimas ni siquiera están enteradas de su derecho a la reparación material. Des
conocen la ley o nada se les ha informado en sede judicial. Después del delito la víctima
suele ser damnificada, ahondando su desesperación. Ello ocurre de diferentes maneras
comprobables.
Sólo se le permite la persecución penal cuando de índole privado. En gran medida se restringe
su cooperación en el esclarecimiento del hecho cometido en su contra, así se le interrogan las
investigaciones de manera formal solo por cumplir,
mas no para tener un cabal detalle de los hechos suscitados; participa en
careos y se le reciben pruebas, los que no son tomados en cuenta.
Vemos que la ley instituye en la reparación civil, tanto la restitución como la indemnización, dan
do amplitud a la restitución por cuanto señala también: o el pago de su valor; la indemnización d
el daño forma propiamente el perjuicio que se causa al ofendido con la conducta o hecho delictuo
so. Por lo tanto, las consecuencias jurídicas del delito no sólo son la pena o la medida de segurida
d sino también la reparación civil.
La reparación del daño es una obligación impuesta al individuo a resarcir los daños a favor de la
víctima u ofendido, y toda víctima de violación a derechos humanos o por la comisión del delito
tiene derecho a la reparación del daño de manera oportuna, plena, diferenciada, transformadora,
integral y efectiva, pudiendo solicitarlo directamente al órgano jurisdiccional, sin perjuicio de
que el Ministerio Público lo solicite de oficio de acuerdo con el numeral 109 fracción XXV del
Código Nacional de Procedimientos Penales, artículo 17 párrafo quinto y 20 Constitucional
apartado C fracción IV. Numeral 64 de la Ley General de Víctimas. Y en caso de que las
víctimas sean personas menores de dieciocho años, el órgano jurisdiccional o el fiscal tendrán en
cuenta los principios del interés superior de los niños o adolescentes, la prevalencia de sus
derechos, su protección integral y los derechos consagrados en la Constitución, en los Tratados.
La reparación del daño será fijada por el juez, según el daño o perjuicios que sea preciso reparar,
de acuerdo con los medios de prueba y pruebas obtenidas durante el proceso. Y el fiscal está
obligado a solicitar, en su caso la condena en lo relativo a la reparación de daños o perjuicios y
probar su monto, y el juez deberá resolver lo conducente.
El juzgador, teniendo en cuenta el monto del daño y la situación económica del obligado, podrá
fijar plazos para el pago de la reparación de aquél, los que en su conjunto no excederán de un
año, pudiendo para ello exigir garantía si lo considera conveniente.
De conformidad con el artículo 30 del Código Penal Federal la reparación del daño debe ser
integral, adecuada, eficaz, efectiva, proporcional a la gravedad del daño causado y a la afectación
sufrida, comprenderá cuando menos:
La restitución de la cosa obtenida por el delito y si no fuere posible, el pago del precio de la
misma, a su valor actualizado.
El pago de la pérdida de ingreso económico y lucro cesante, para ello se tomará como base el
salario que en el momento de sufrir el delito tenía la víctima y en caso de no contar con esa
información, será conforme al salario mínimo vigente en el lugar en que ocurra el hecho;
Los medios para la rehabilitación deben ser lo más completos posible, y deberán permitir a la
víctima participar de forma plena en la vida pública, privada y social.
Para garantizar la reparación del daño, la víctima, el ofendido o el fiscal podrán solicitar al juez
las siguientes providencias precautorias: el embargo de bienes, y la inmovilización de cuentas y
demás valores que se encuentren dentro del sistema financiero. El juez decretará las providencias
precautorias, siempre y cuando, de los datos de prueba expuestos por el Ministerio Público y la
víctima u ofendido, se desprenda la posible reparación del daño y la probabilidad de que el
imputado será responsable de repararlo.
Las providencias precautorias serán canceladas si el imputado garantiza o paga la reparación del
daño; si fueron decretadas antes de la audiencia inicial y el Ministerio Público no las promueve;
si se declara fundada la solicitud de cancelación de embargo planteada por la persona en contra
de la cual se decretó o de un tercero, o si se dicta sentencia absolutoria, se decreta el
sobreseimiento o se absuelve de la reparación del daño. La providencia precautoria se hará
efectiva a favor de la víctima u ofendido cuando la sentencia que condene a reparar el daño cause
ejecutoria.
“…La reparación del daño debe ser integral, adecuada, eficaz, efectiva, proporcional a la
gravedad del daño causado y a la afectación sufrida, comprenderá cuando menos”.
Para no transcribir las siete fracciones de este artículo, las resumiré con la finalidad de entender
la manera en que se debe llevar a cabo la reparación del daño integral, la cual consiste en: la
restitución de la cosa obtenida por el delito, indemnización del daño material y moral causado, el
resarcimiento de los perjuicios ocasionados, pago de la pérdida de ingreso económico y lucro
cesante, el costo de la pérdida de oportunidades, la declaración que restablezca la dignidad y
reputación de la víctima y, la disculpa pública cuando el delito se cometa por servidores
públicos.
Por otro lado, el artículo 34 del Código Penal Federal, establece que: “…La reparación del daño
proveniente del delito que deba ser hecha por el imputado, acusado y sentenciado, tiene el
carácter de pena pública y se exigirá de oficio por el Ministerio Público”. Así mismo, se
contempla que la víctima pueda aportar pruebas al Ministerio Público o al juez, según el caso,
para demostrar la procedencia y monto de dicha reparación, en este caso la ley sanciona con
multa el incumplimiento del Ministerio Público, a esta obligación.
Por su parte, el Código Penal para el Distrito Federal establece en el párrafo segundo del artículo
44 que: “…En todo proceso penal el Ministerio Público estará obligado a solicitar, en su caso, la
condena en lo relativo a la reparación de daños o perjuicios y probar su monto, y el Juez a
resolver lo conducente. Su incumplimiento será sancionado con cincuenta a quinientos días
multa”.
El último párrafo del artículo 49 establece que: “…el afectado podrá optar en cualquier momento
por el ejercicio de la acción civil correspondiente”.
Ahora bien, la importancia de la Ley General de Víctimas es que establece un marco de derechos
de las víctimas de delitos y de violaciones a los derechos humanos, así como acciones concretas
para garantizar su protección, atención y reparación del daño.