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Derecho Victimal: Protección a Víctimas

El documento habla sobre el desarrollo del Derecho Victimal como una nueva rama del derecho que surge para proteger y garantizar los derechos de las víctimas de delitos. Explica que la Victimología ha influido en las reformas legales para crear normas que brindan asistencia, protección y apoyo a las víctimas. También describe algunos de los primeros intentos de legislación en pro de las víctimas en Italia, México y a nivel internacional, y resume los derechos fundamentales de las víctimas establecid

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Derecho Victimal: Protección a Víctimas

El documento habla sobre el desarrollo del Derecho Victimal como una nueva rama del derecho que surge para proteger y garantizar los derechos de las víctimas de delitos. Explica que la Victimología ha influido en las reformas legales para crear normas que brindan asistencia, protección y apoyo a las víctimas. También describe algunos de los primeros intentos de legislación en pro de las víctimas en Italia, México y a nivel internacional, y resume los derechos fundamentales de las víctimas establecid

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DERECHO VICTIMAL

El Derecho sirve como medio para poder llegar a la justicia, y ello se refleja en el tema del delito
en la victimización, cuando una persona es tocada en su esfera jurídica, es decir, en la suma de
facultades inherentes como ser humano o en aquellas facultades otorgadas por el propio sistema
jurídico. Así el Derecho se concibe como una creación no terminada del ser humano como
consecuencia de su dinamismo e imperfección, debido también, al atraso en contraposición con
la realidad social, el Derecho Victimal como nueva rama de las ciencias jurídicas, surge por la
necesidad de crear nuevas disposiciones que regulen estas afectaciones y establezcan una base
normativa mínima para que la víctima llegue a recuperar el estatus previo o se acerque lo más
posible a ese estado previo a la afectación ocasionada por el delito, el Derecho Victimal como
nuevo orden normativo relativo a las víctimas del delito y ofendidos por hechos delictivos, se
traduce en una nueva rama del Derecho que complementa al Derecho Penal, desde el aspecto de
completitud jurídica, en sus dos aspectos se propone resolver este tipo de situaciones y proteger a
la víctima, para lograr la ansiada justicia.

Iniciando en el año de 1973 en la ciudad de Jerusalén y posteriormente en el año de 1979 se crea


la Sociedad Mundial de Victimología. La sociedad mundial de Victimología impulsa en el año
de 1985 la Declaración de Principios fundamentales para víctimas de delito y abuso de poder, la
cual culmina con la emisión por parte de la Asamblea General de la Organización de Naciones
Unidas con su resolución A/RES/40/34.

Pero en México ya en el año de 1969, se había creado la Ley sobre el Auxilio a las Víctimas del
Delito del Estado de México, que fue la primera disposición de una serie de normatividad para la
atención, protección y apoyo asistencial a las víctimas de delito, siendo que en al ámbito
constitucional se realizaron reformas a la Constitución Política de los Estados Unidos
Mexicanos, siendo los años de 1993, 1996, 2000 y 2008, años cruciales para la implementación y
fortalecimiento de un Derecho Victimal Mexicano. Tenemos en consecuencia que el Derecho
Victimal deriva directamente de la Victimología y de su lógica y paulatina evolución, que tiene
una relación estrecha e íntima con el desarrollo y evolución de las sociedades actuales, como lo
son tantas y tantas ramas del derecho que han ido surgiendo a través del devenir del tiempo y el
propio desarrollo humano.
De la Escuela Clásica italiana, Francesco Carrara, es un digno partidario de la reparación del
daño subsidiaria, cuando se pronuncia sobre la justicia y la utilidad pública proveniente de lo que
él llamaba una caja pública engrosada por multas pagadas por los delincuentes y a la que
proponía se recurriera para indemnizar a los afectados por delitos cometidos por personas
insolventes, lo que en el distrito federal en este siglo se instauro como fondo de apoyo a víctimas
del delito con la ley local en la materia.

Rafael Garófalo en 1887 escribe la obra denominada: “Riparazione alle vittime del delitto”, que
traducida significa Indemnización a la Víctima del delito, mismo que marco un camino en la
materia, ya que Garófalo se refería a las Víctimas señalando que “esta clase de personas a que
todo ciudadano honrado puede tener la desgracia de pertenecer, debía merecer que el Estado le
dirigiese una mirada de benevolencia, una palabra de consuelo.

Las Víctimas debían seguramente tener derecho a mayores simpatías que la clase de los
delincuentes, que parece ser la única de que los actuales legisladores se preocupan”. Pedro
Dorado Montero, señala que este trabajo de Garófalo, refiriéndose a la obra: “Indemnización a
las víctimas del delito”, es uno de los trabajos más importantes y en su criterio el trabajo más
personal, privativo y característico del ilustre italiano, en el cual habla de las cajas de multas para
indemnizar a las víctimas en caso de insolvencia de los responsables.

Enrique Ferri, en el año de 1881, propuso una reforma en materia procesal para que el
procedimiento penal para facilitar la reparación del Daño, planteando a la reparación del daño de
varias formas:

I. Como sustitutivo de la pena de prisión.


II. Aplicando el trabajo del reo al pago.
III. Como pena para delitos menores.
IV. Como obligación del delincuente a la parte dañada.
V. Como función social a cargo del Estado.

También se cuenta con el antecedente de que, en el año de 1901, el mismo Ferri en sus clases en la
Universidad de Nápoles, afirmó que: “la víctima del crimen ha sido olvidada, aunque esta víctima
produce simpatía filantrópica mayor que la que provoca el criminal que ha producido el daño”.
La víctima estuvo atrás del telón del escenario del derecho penal y sus rededores, que por
muchos siglos se posó delante de ella, de esa barrera que el poder público colocó para contener la
criminalidad, pero al focalizar su atención en ella se olvidó de la víctima; motivo de ello pueden
ser las extremas y crueles venganzas que se daban en el pasado a manos de las Víctimas hacia los
ofensores, y que la autoridad que después de miles de años se incrusto en la figura del Estado
tuvo que intervenir para evitar un mal mayor del proferido y con ello legitimar su actuación e
intervención a través de la figura del Derecho Penal Subjetivo ó Ius Puniendi (derecho de
castigar).

Así, debido a la relevancia y el impacto de la Victimología en la legislación penal, ésta se ha


reformado notablemente, dando origen a nuevas ramas del derecho, en este caso se crean normas
y disposiciones específicas para el auxilio, atención, protección y auxilio para las víctimas de
conductas consideradas como delitos, situación tan relevante que hoy día, se llega a hablar ya de
una nueva rama del Derecho Público y de las ciencias penales: del Derecho Victimal,
considerado en su aspecto objetivo como conjunto de normas jurídicas relativas a la víctima del
delito y a sus derechos en tal calidad.

Al respecto opinamos en el mismo sentido que algunos tratadistas que el derecho penal no fue
creado para proteger a la víctima y que no es en el derecho penal en donde la víctima del delito
encontrara protección sino en un nuevo Derecho: el Derecho Victimal.

Se ha definido al Derecho Victimal mexicano desde dos aspectos, primero desde el punto de
vista objetivo el Derecho Victimal es el conjunto normativo jurídico relativo a las víctimas y
ofendidos de las conductas señaladas por el orden jurídico interno e internacional como delitos,
que establecen sus derechos, los mecanismos procesales y pragmáticos para acceder a ellos y
hacerlos efectivos. Por lo que hace al segundo punto de vista subjetivo el Derecho Victimal es el
derecho público subjetivo que le asiste a la víctima y ofendido del delito, para ejercer y hacer
efectivas las prerrogativas otorgadas en dicha calidad, por las normas supremas, reglamentarias,
internacionales, ordinarias, secundarias y reglamentarias de un Estado o en el ámbito
internacional”.

En el ámbito internacional, la creación de la Declaración de Principios Fundamentales de Justicia


para Víctimas de Delito y Abuso de Poder y la adopción por los Estados miembros de la
Organización de las Naciones Unidas, representó un gran avance lo mismo que una presión para
dichos Estados miembros para incorporar y adecuar los marcos constitucionales a sus
disposiciones en el ámbito local.

En el caso de Latinoamérica, como bien lo afirma Reyes Calderón y León Dell, México fue
pionero pragmático en implementar disposiciones para la atención a las víctimas de delito, con la
ley del año de 1969 en el Estado de México, así como en los últimos años con las reformas al
artículo 20 Constitucional de los años 1993, 1996, 2000 y 2008.

Actualmente conforme a la jerarquización normativa, el fundamento superior en México sobre


los Derechos de las Víctimas de delito se encuentra en el apartado C del artículo 20 de la
Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, que establece siete fracciones en el
siguiente tenor:

“Artículo 20.- El proceso penal…

C. De los derechos de la víctima o del ofendido:

I. Recibir asesoría jurídica; ser informado de los derechos que en su favor establece la
Constitución y, cuando lo solicite, ser informado del desarrollo del procedimiento penal.

II. Coadyuvar con el Ministerio Público; a que se le reciban todos los datos o elementos de
prueba con los que cuente, tanto en la investigación como en el proceso, a que se desahoguen las
diligencias correspondientes, y a intervenir en el juicio e interponer los recursos en los términos
que prevea la ley.

Cuando el Ministerio Público considere que no es necesario el desahogo de la diligencia, deberá


fundar y motivar su negativa.

III. Recibir, desde la comisión del delito, atención médica y psicológica de urgencia.

IV. Que se le repare el daño. En los casos en que sea procedente, el Ministerio Público estará
obligado a solicitar la reparación del daño, sin menoscabo de que la víctima u ofendido lo pueda
solicitar directamente, y el juzgador no podrá absolver al sentenciado de dicha reparación si ha
emitido una sentencia condenatoria. La ley fijará procedimientos ágiles para ejecutar las
sentencias en materia de reparación del daño.
V. Al resguardo de su identidad y otros datos personales en los siguientes casos: cuando sean
menores de edad; cuando se trate de delitos de violación, secuestro o delincuencia organizada; y
cuando a juicio del juzgador sea necesario para su protección, salvaguardando en todo caso los
derechos de la defensa. El Ministerio Público deberá garantizar la protección de víctimas,
ofendidos, testigos y en general todos los sujetos que intervengan en el proceso. Los jueces
deberán vigilar el buen cumplimiento de esta obligación.

VI. Solicitar las medidas cautelares y providencias necesarias para la protección y restitución de
sus derechos.

VI. Impugnar ante autoridad judicial las omisiones del Ministerio Público en la
investigación de los delitos, así como las resoluciones de reserva, no ejercicio,
desistimiento de la acción penal o suspensión del procedimiento cuando no esté
satisfecha la reparación del daño.

Los derechos consagrados por la reforma de junio de dos mil ocho, en el apartado c del artículo
20 constitucional, son un esfuerzo por armonizar la constitución general de la república, así
como las leyes reglamentarias, a instrumentos internacionales que protegen los derechos de la
víctima.

Según la teoría garantista, los derechos fundamentales de la víctima son:

Acceso a mecanismos de justicia pronta y expedita: Que satisfaga las necesidades de la


víctima, sobre todo atendiendo a la vulnerabilidad en la que se encuentre, es decir no
todas las víctimas sufren daño de la misma manera, cada caso es especial.
Atención digna: Que dichas autoridades no hagan mofa del sufrimiento acaecido y que no
sean burlados sus sentimientos, mucho menos condenados.
Garantía de la reparación del daño: esto una vez se establezca la probable responsabilidad
del inculpado, quien deberá garantizar los daños y perjuicios ocasionados con su
conducta, ésta únicamente se hace efectiva en la condena que dicte el juzgador.
Seguridad y auxilio: la autoridad debe proteger a las víctimas de amenazas o actos de
violencia, de los que pudieren ser presas, en manos de sus agresores (inculpados).
Orientación e información: Por parte de los funcionarios y abogados, desde el inicio del
proceso, en el proceso y fin del proceso.
El Derecho Victimal en el caso de México se integra pues, con la Norma constitucional, la
Declaración de Principios Fundamentales de Justicia para Víctimas de Delito y Abuso de
Poder, por la ley de Amparo en su artículo 10º, las leyes de atención, apoyo, auxilio y
protección de Víctimas de Delito y de secuestro, suscritas por la Federación y las Entidades
Federativas, sus reglamentos, Leyes Orgánicas de las Procuradurías General de la República
y de las 33 Procuradurías de los Estados, Distrito Federal y de las disposiciones en el orden
militar, así como sus reglamentos y normas operativas.

También se encuentran las leyes que protegen en particular los datos y generales de las
Víctimas de Delito, Códigos penales y de procedimientos penales federal y de las entidades
federativas, aquellos Acuerdos y circulares emitidas por la autoridad administrativa, en
específico las que tengan que ver con el sistema penal en nuestro país y sus fases (prevención
del delito, procuración de justicia, impartición de justicia, sistema penitenciario, etc., por
ejemplo en materia de seguridad pública, salud, desarrollo social, etc.), que contengan
derechos para las víctimas y ofendidos de delitos, obligaciones para las autoridades en
correspondencia con esos derechos y procedimientos específicos al respecto, como lo son por
ejemplo el acuerdo A/018/01, numeral décimo séptimo del Procurador General de la
República, los acuerdos A/003/99 y A/010/2002 del Procurador General de Justicia del
Distrito Federal, que establecen la figura del Coordinador de Auxilio a Víctimas, derechos de
las víctimas y obligaciones del Ministerio Público y auxiliares correspondientes con esos
derechos y el segundo acuerdo que establece la protección de datos confidenciales de los
denunciantes, ofendidos y víctimas de Delito para su protección.

Y en el 2011 prueba de ello es el decreto publicado en el diario oficial de la federación en


fecha 6 de septiembre de ese año, por medio del cual se crea la procuraduría social de
atención a víctimas de delito la cual reúne las áreas del gobierno federal encargadas de
atender y proporcionar servicios a las víctimas del delito en México en el ámbito federal.

Finalmente tenemos la interpretación del poder judicial federal mismo que a través de la
Jurisprudencia, facultad exclusiva del poder judicial federal reglamentada por la ley de
Amparo, ha fijado su postura mediante tesis jurisprudencial o criterio, en relación a la
reforma constitucional del año 2000 al artículo 20, en el siguiente sentido:
“OFENDIDO O VÍCTIMA DEL DELITO. TIENE LA CALIDAD DE PARTE EN EL
PROCEDIMIENTO PENAL, A PARTIR DE LA REFORMA AL ARTÍCULO 20
CONSTITUCIONAL DEL VEINTIUNO DE SEPTIEMBRE DE DOS MIL.

El ordinal 20, apartado B, de la Constitución General de la República, adicionado por decreto


publicado en el Diario Oficial de la Federación el veintiuno de septiembre de dos mil, en
vigor desde el veintiuno de marzo siguiente, consagra como garantías de la víctima u
ofendido por algún delito, entre otras, el derecho a coadyuvar con el Ministerio Público y a
que se le satisfaga la reparación del daño cuando proceda, con lo cual se le reconoció
constitucionalmente el carácter de parte dentro del proceso penal mexicano; ello es así, dado
que de la exposición de motivos (de veinticuatro de abril de mil novecientos noventa y
nueve) que sustenta la reforma, el legislador evaluó la necesidad de otorgar garantías a la
víctima u ofendido del delito para ser considerado como parte dentro del procedimiento, con
la facultad expresa de poder constituirse no sólo en coadyuvante del Ministerio Público
dentro de la averiguación previa y del proceso penal, sino además para estar en aptitud de
instruir los elementos de convicción que acrediten el cuerpo del delito, la responsabilidad del
inculpado y la reparación del daño, en su caso, pudiendo incluso comparecer por sí o a través
de su representante en todo acto procesal, a efecto de manifestar todo lo que a su derecho
convenga; lo que sin duda lo coloca en una situación que le permite la defensa oportuna de
sus intereses en cualquier estado del juicio, en razón de que se le deben recibir todos los
datos o elementos de prueba con los que cuente y se deben practicar las diligencias
correspondientes; inclusive, procesalmente está legitimado para la interposición de los
recursos o medios de defensa que consagra la ley adjetiva de la materia y que sean necesarios
para tal fin, sin que resulte una condición para ello que se le reconozca por parte del Juez
como coadyuvante del Ministerio Público”.

Y otras interpretaciones derivadas de la reforma constitucional del año 2008 como la


siguiente: “VÍCTIMA U OFENDIDO DEL DELITO. TIENE EL DERECHO DE
APORTAR PRUEBAS TANTO EN LA AVERIGUACIÓN PREVIA COMO EN EL
PROCESO PENAL” (INTERPRETACIÓN DEL ARTÍCULO 20, APARTADO B,
FRACCIÓN II, DE LA CONSTITUCIÓN POLÍTICA DE LOS ESTADOS UNIDOS
MEXICANOS).
El reconocimiento de derechos subjetivos por la Constitución Política de los Estados Unidos
Mexicanos, significa no sólo observar el comportamiento que satisface la pretensión en que se
hacen consistir, sino que también trae consigo la obligación del legislador de establecer el medio
eficaz que garantice su defensa.

En ese sentido, cuando la Constitución prevé en el artículo 20, apartado B, fracción II, en su
texto anterior a la reforma publicada en el Diario Oficial de la Federación el 18 de junio de 2008,
el derecho de la víctima u ofendido a que se le reciban todas las pruebas, ello implica que crea la
obligación de establecer el medio idóneo para hacerlo efectivo, sin que pueda estimarse que lo es
exclusivamente el juicio de garantías, pues dicho derecho tiene determinado constitucionalmente
el momento de ejercerse y respetarse, esto es, en la averiguación previa y en el proceso penal,
acorde con el espíritu del proceso de reformas al indicado precepto constitucional del año 2000,
consistente en ampliar los derechos de la víctima u ofendido para reconocerle los derechos de
parte procesal.

Como conclusión diremos que en el concepto de Victimología como el estudio inter y


multidisciplinario del afectado por conductas antisociales e ilegales consideradas por el orden
jurídico internacional y regional como delitos, de sus factores victimogenos endógenos y
exógenos, de los procesos de victimización primaria, secundaria, terciaria, de las afectaciones y
daños materiales, psicológicos y morales provocados, de los procesos de desvictimización
incluyendo la atención, reparación, restitución, restauración, indemnización, tratamiento y
sanación, con el fin de recuperar el estatus que anterior a la comisión del delito o acercar lo más
posible a él, con el propósito de sistematizar dicho conocimiento y crear mecanismos, acciones y
estrategias para prevenir y disminuir su actualización e incidencia en el mundo fáctico,
encontramos que en la Victimología en su etapa constructivista o realista genera a través de la
promoción en el Estado social y democrático acciones de solidaridad cívica con las víctimas,
pasan de una Victimología del acto (criminal) a la Victimología de la acción (promocional), por
medio de la movilización social de apoyo en la persecución de logros específicos en favor de las
víctimas del delito, como lo son en mi criterio el derecho Victimal con todas y cada una de las
disposiciones pasando por la constitución hasta las normas administrativas operativas, como en
los derechos fundamentales y garantías de las víctimas y ofendidos de delitos que constituyen
respectivamente el Derecho Victimal en sus aspectos objetivo y subjetivo.
EL DERECHO VICTIMAL.

Las comisiones de la Organización de las Naciones Unidas (en adelante ONU), creadas en el
ramo de la prevención del delito y tratamiento del delincuente, había omitido vincular y
visibilizar la inter-conexión que debe existir entre las agendas de derechos humanos y la de
justicia penal, ya que, por más de 30 años, el interés del ramo estuvo centrado en el desarrollo e
implementación de "reglas y normas" para la readaptación social del delincuente. Fue más tarde,
en 1985, cuando se inicia la construcción y aplicación de estándares vinculados al tema de la
atención a las víctimas de delitos, lo cual dio pie al nacimiento del derecho victimal.

La primera definición que acotamos del derecho victimal en 1992 fue la siguiente: "Es el
conjunto de principios, valores, normas y procedimientos jurídicos locales e internacionales
tendientes a requerir, posibilitar y controlar las prerrogativas y pretensiones de las víctimas del
delito y abuso de poder".

Estamos convencidos de que no es a través de las disciplinas jurídico-penales donde se deben


ubicar las normas jurídicas que guían la relación que establece el Estado con las víctimas, sino
que va más allá, a través de una vinculación autónoma, que claramente se observa al analizar la
definición de "víctima" acotada en la resolución que aprueba la Declaración sobre los Principios
Fundamentales de Justicia para las Víctimas de Delitos y del Abuso de Poder aprobada en el
Séptimo Congreso de la Naciones Unidas de Prevención del Delito y Tratamiento del
Delincuente, celebrado en Milán, Italia, en 1985, que se habían redactado previamente en
Zagreb, durante uno de los simposios de la Sociedad Mundial de Victimología.

Dicha Declaración es considerada, a nivel mundial, el estándar internacional de los derechos de


las víctimas, ya que aporta en su primer párrafo una definición completa de "víctima", que ha
servido de base para redactar convenciones y todas las legislaciones del mundo en materia
victimal, penal, procesal penal e incluso para el derecho humanitario, a saber:

1. Se entenderá por "víctimas" a las personas que individual o colectivamente, hayan sufrido
daños inclusive lesiones físicas o mentales, sufrimiento emocional, pérdida financiera o
menoscabo sustancial de los derechos fundamentales como consecuencia de acciones u
omisiones que violen la legislación penal vigente en los Estados miembros, incluida la
que proscribe el abuso del poder.

El párrafo de dicho documento es el más importante para nuestro enfoque cuando se agrega:

2. Podrá considerarse "víctima" a una persona, con arreglo a la presente


Declaración, independientemente de que se identifique, aprehenda, enjuicie o condene al
perpetrador e independientemente de la relación familiar entre el perpetrador y la
víctima. En la expresión "víctima" se incluye, además, en su caso, a los familiares o
personas a cargo que tengan relación inmediata con la víctima directa y a las personas
que hayan sufrido daños al intervenir para asistir a la víctima en peligro o para prevenir la
victimización.

Esta parte de la definición está incluida con algunos cambios en la nueva Ley General de
Víctimas de México, en el párrafo cuarto del artículo 4o.:

La calidad de víctimas se adquiere con la acreditación del daño o menoscabo de los derechos en
los términos establecidos en la presente Ley, con independencia de que se identifique, aprehenda,
o condene al responsable del daño o de que la víctima participe en algún procedimiento judicial o
administrativo.

Esta relación del Estado con la víctima, existe más allá de que el aparato jurídico penal se eche o
no a andar. Debemos por ello, acudir y desarrollar a esta ciencia, que convierte a la víctima en un
emisor y receptor de actos y hechos jurídicos, conformando un conjunto de normas que delineen
la relación del Estado con las víctimas.

La definición de este estándar internacional (la declaración) como lo mencionamos, ha sido


incluida en convenciones internacionales, regionales, y lineamientos en torno al tema en todo el
mundo. Un ejemplo de ello es la Convención sobre municiones en racimo, que en el artículo 1o.
la incluye textualmente complementándola:

Para efectos de la presente Convención: Por "víctimas de municiones en racimo" se entiende


todas las personas que han perdido la vida o han sufrido un daño físico o psicológico, una
pérdida económica, marginación social o un daño substancial en la realización de sus derechos
debido al empleo de municiones en racimo. La definición incluye a aquellas personas
directamente afectadas por las municiones en racimo, así como a los familiares y comunidades
perjudicados.

Otro ejemplo es la Directiva 2012/29/UE del Parlamento Europeo y del Consejo de Europa, por
la que se establecen normas mínimas sobre derechos, el apoyo y protección de la víctima de
delitos, que retoma la definición de la declaración con algunas variantes.

Es imprescindible que quienes van a diseñar normas victimales, no tengan la tentación de


comenzar a crear nuevas definiciones, ya que dicha labor debe ser guiada por el estándar
internacional.

El incluir completa esta definición, asegura el alcance de quienes serán considerados como
sujetos de derecho victimal, que será la base para establecer los requisitos de accesibilidad para
obtener los servicios de atención y protección que provea el Estado.

Concebimos el estándar internacional de derechos humanos aplicado a las víctimas, como un


marco consensado de normas y reglas mínimas, que garantizan y clarifican el contenido de los
derechos fundamentales de las víctimas de delitos (núcleo esencial de sus derechos tanto civiles
y políticos, como económicos, sociales y culturales), que son la guía obligatoria para la
formulación de políticas públicas y sus procesos.

El propósito fundamental de dicho estándar es garantizar el goce y ejercicio de derechos,


implementando los mecanismos de protección, programas y modelos de atención.

Existen el estándar general y los especializados, estos últimos son los lineamientos, normas
jurídicas y procedimientos individualizados para cada tipo de víctima, grupo o comunidad
victimizada. Ambos, se hacen efectivos a través de los protocolos de actuación, que son
instrumentos normativos que describen de manera clara, detallada y ordenada el procedimiento
que debe seguirse para la ejecución de un proceso, y al mismo tiempo, aportan un conjunto de
elementos que permiten orientar y acotar la actuación del personal sustantivo con fundamento
legal y sustento en la operación.
De ahí que hemos definido el derecho victimal como la disciplina jurídica autónoma de derecho
público, que tiene por objeto, el estudio y aplicación de los estándares internacionales de
derechos humanos para las víctimas del delito y del abuso del poder; así como los principios
normas y procedimientos internacionales, nacionales, estatales, municipales o comunitarios
tendientes a requerir, posibilitar y controlar las prerrogativas y pretensiones de las víctimas del
delito y abuso de poder.

Estas normas pueden consistir en el derecho de hacer, no hacer o recibir algo conferido por un
tratado internacional, la Constitución del país, una norma, incluyendo la jurisprudencia y
doctrina emitidas o dictadas por un órgano jurisdiccional nacional o internacional de derechos
humanos competente.

El primer antecedente en México de la llamada justicia victimal se remonta a la segunda mitad


del siglo pasado, con la creación de la primera Ley sobre Auxilio de la Víctimas del Estado de
México. Ésta fue concebida de manera sui generis, bajo la inspiración y dirección del doctor
Sergio García Ramírez, e intervención del criminólogo mexicano don Alfonso Quiroz Cuarón.
Publicada el 20 de julio de 1969, 16 años antes de la Declaración de las víctimas de la ONU.
Ésta contiene elementos más avanzados que la misma. Fue emitida por el licenciado Juan
Fernández Albarrán, gobernador constitucional del Estado de México, mediante el decreto núm.
126, durante la XLIII legislatura.

La exposición de motivos de dicha Ley, la consideramos fundamental, ya que fue la primera vez
que el gobierno reconoce como suya ésta nueva tarea de atender a las víctimas de delitos.

El Ejecutivo del Estado estimó que se avanzaba considerablemente en el auxilio a personas


gravemente necesitadas de la ayuda pública y, por ello, se imprimió un correcto sentido a las
percepciones obtenidas por el mismo Estado, como consecuencia de la actividad delictual,
creándose instrumentos idóneos y funcionales para hacer realidad esa nueva tarea que el Estado
se impuso a través de dicha Ley.
POLITICA VICTIMAL

Representa el trabajo preventivo victimológico; es decir, el trabajo preventivo con la víctima y


no con el delincuente, siendo una herramienta que pretende cerrar las puertas al crimen, al
enseñar o educar al ciudadano común para generar en él una conciencia igualmente preventiva,
que le permite escapar de la tan temida victimización. Con lo anterior, estaríamos previniendo el
delito de manera integral, pero con especial atención a la educación preventiva victimológica, es
decir, estaríamos haciendo prevención del delito, pero, desde una perspectiva Victimológica.

Así entonces, es necesario considerar al momento de realizar estrategias anticrímenes, a las


víctimas, coordinando y entablando las acciones necesarias para que llegue hasta ellas la
información oportuna, para evitar el ya señalado proceso de victimización. Evitando que el iter
criminis y el iter victimae se encuentren, estaríamos disminuyendo el riesgo victimal, estaríamos
haciendo prevención y/o profilaxis victimal, estaríamos reduciendo los factores que favorecen la
victimogénesis y con ello, estaríamos haciendo más fuerte la capacidad de nuestra población de
defenderse preventivamente del delito y con ello, cerrando el camino al criminal, evitando que
cometa crímenes y reduciendo de esta manera la criminalidad.

LEY GENERAL DE VÍCTIMAS DE MÉXICO


La presente Ley obliga, en sus respectivas competencias, a las autoridades de todos los ámbitos
de gobierno, y de sus poderes constitucionales, así como a cualquiera de sus oficinas,
dependencias, organismos o instituciones públicas o privadas que velen por la protección de las
víctimas, a proporcionar ayuda, asistencia o reparación integral. Además, reconoce y garantiza
los derechos de las víctimas del delito y de violaciones a derechos humanos, en especial el
derecho a la asistencia, protección, atención, verdad, justicia, reparación integral, debida
diligencia y todos los demás derechos consagrados en ella, en la Constitución, en los Tratados
Internacionales de derechos humanos de los que el Estado Mexicano es Parte y demás
instrumentos de derechos humanos.

Las víctimas tendrán, entre otros, los siguientes derechos:

I. A una investigación pronta y eficaz que lleve, en su caso, a la identificación y


enjuiciamiento de los responsables de violaciones al Derecho Internacional de los
derechos humanos, y a su reparación integral.
II. A ser reparadas por el Estado de manera integral, adecuada, diferenciada,
transformadora y efectiva por el daño o menoscabo que han sufrido en sus derechos
como consecuencia de violaciones a derechos humanos y por los daños que esas
violaciones les causaron.
III. A conocer la verdad de lo ocurrido acerca de los hechos en que le fueron violados sus
derechos humanos.
IV. A que se le brinde protección y se salvaguarde su vida y su integridad corporal.
V. A solicitar y a recibir ayuda, asistencia y atención en forma oportuna, rápida,
equitativa, gratuita y efectiva por personal especializado.
VI. A la verdad, a la justicia y a la reparación integral a través de recursos y
procedimientos accesibles, apropiados, suficientes, rápidos y eficaces.
VII. A la protección del Estado.

Lo anterior incluye el derecho a la protección de su intimidad contra injerencias ilegítimas, así


como derecho a contar con medidas de protección eficaces cuando su vida o integridad personal
o libertad personal sean amenazadas o se hallen en riesgo en razón de su condición de víctima
y/o del ejercicio de sus derechos.

I. A solicitar y a recibir información clara, precisa y accesible sobre las rutas y los
medios de acceso a los procedimientos, mecanismos y medidas que se establecen en
la presente Ley.
II. A solicitar, acceder y recibir, en forma clara y precisa, toda la información oficial
necesaria para lograr el pleno ejercicio de cada uno de sus derechos.
III. A acudir y a participar en escenarios de diálogo institucional.
IV. A participar en la formulación, implementación y seguimiento de la política pública
de prevención, ayuda, atención, asistencia y reparación integral.

Además de los deberes establecidos para todo servidor público, los funcionarios de organismos
públicos de protección de derechos humanos, en el ámbito de su competencia, deberán:

1. Solicitar, cuando sea conducente, medidas cautelares necesarias para garantizar la


seguridad de las víctimas, familiares o bienes jurídicos
2. Utilizar todos los mecanismos nacionales e internacionales para que, de manera eficaz y
oportuna, se busque fincar las responsabilidades administrativas, civiles o penales por
graves violaciones a derechos humanos.

Las víctimas recibirán ayuda provisional, oportuna y rápida de acuerdo a las necesidades
inmediatas que tengan relación directa con el hecho victimizante para atender y garantizar la
satisfacción de sus necesidades a partir del momento de la comisión del delito o de la violación
de los derechos o en el momento en el que las autoridades tengan conocimiento del delito o de la
violación de derechos.

Las víctimas tendrán derecho a la asistencia y a la atención, los cuales se garantizarán incluyendo
siempre un enfoque transversal de género y diferencial. Se entiende por asistencia el conjunto
integrado de mecanismos, procedimientos, programas, medidas y recursos de orden político,
económico, social, cultural, entre otros, a cargo del Estado, orientado a restablecer la vigencia
efectiva de los derechos de las víctimas, brindarles condiciones para llevar una vida digna y
garantizar su incorporación a la vida social, económica y política.

Se entiende por atención, la acción de dar información, orientación y acompañamiento jurídico y


psicosocial a las víctimas, con el objeto de facilitar su acceso a los derechos a la verdad, a la
justicia y a la reparación integral, cualificando el ejercicio de los mismos.

Las víctimas tienen derecho a un recurso judicial adecuado y efectivo, ante las autoridades
independientes, imparciales y competentes, que les garantice el ejercicio de su derecho a conocer
la verdad, a que se realice con la debida diligencia una investigación inmediata y exhaustiva del
delito o de las violaciones de derechos humanos sufridas por ellas; a que los autores de los
delitos y de las violaciones de derechos, con el respeto al debido proceso, sean enjuiciados y
sancionados; y a obtener una reparación integral por los daños sufridos. Las víctimas tendrán
acceso a los mecanismos de justicia de los cuales disponga el Estado, incluidos los
procedimientos judiciales y administrativos.

Cuando la víctima se encuentre amenazada en su integridad personal o en su vida o existan


razones fundadas para pensar que estos derechos están en riesgo, en razón del delito o de la
violación de derechos humanos sufrida, las autoridades del orden federal, estatal, del Distrito
Federal o municipales de acuerdo con sus competencias y capacidades, adoptarán con carácter
inmediato, las medidas que sean necesarias para evitar que la víctima sufra alguna lesión o daño.
Las medidas de protección a las víctimas se deberán implementar con base en los siguientes
principios:

I. Principio de protección: Considera primordial la protección de la vida, la integridad


física, la libertad y la seguridad de las personas.
II. Principio de necesidad y proporcionalidad: Las medidas de protección deben
responder al nivel de riesgo o peligro en que se encuentre la persona destinataria, y
deben ser aplicadas en cuanto sean necesarias para garantizar su seguridad o reducir
los riesgos existentes.
III. Principio de oportunidad y eficacia: Las medidas deben ser oportunas, específicas,
adecuadas y eficientes para la protección de la víctima y deben ser otorgadas e
implementadas a partir del momento y durante el tiempo que garanticen su objetivo.

El Sistema Nacional de Atención a Víctimas será la instancia superior de coordinación y


formulación de políticas públicas y tendrá por objeto proponer, establecer y supervisar las
directrices, servicios, planes, programas, proyectos, acciones institucionales e
interinstitucionales, y demás políticas públicas que se implementen para la protección, ayuda,
asistencia, atención, acceso a la justicia, a la verdad y a la reparación integral a las víctimas en
los ámbitos local, federal y municipal. El Sistema Nacional de Atención a Víctimas está
constituido por todas las instituciones y entidades públicas federales, estatales, del Gobierno del
Distrito Federal y municipales, organismos autónomos, y demás organizaciones públicas o
privadas, encargadas de la protección, ayuda, asistencia, atención, defensa de los derechos
humanos, acceso a la justicia, a la verdad y a la reparación integral de las víctimas, a que se
refiere el Capítulo II del presente Título.

LA DECLARACIÓN DE LA ONU

Las víctimas serán tratadas con compasión y respeto por su dignidad. Tendrán derecho al
acceso a los mecanismos de la justicia y a una pronta reparación del daño que hayan sufrido,
según lo dispuesto en la legislación nacional.

1. Se entenderá por "víctimas" las personas que, individual o colectivamente, hayan sufrido
daños, inclusive lesiones físicas o mentales, sufrimiento emocional, pérdida financiera o
menoscabo sustancial de los derechos fundamentales, como consecuencia de acciones u
omisiones que violen la legislación penal vigente en los Estados Miembros, incluida la que
proscribe el abuso de poder.

2. Podrá considerarse "víctima" a una persona, con arreglo a la presente Declaración,


independientemente de que se identifique, aprehenda, enjuicie o condene al perpetrador e
independientemente de la relación familiar entre el perpetrador y la víctima. En la expresión
"víctima" se incluye, además, en su caso, a los familiares o personas a cargo que tengan relación
inmediata con la víctima directa y a las personas que hayan sufrido daños al intervenir para
asistir a la víctima en peligro o para prevenir la victimización.

3. Las disposiciones de la presente Declaración serán aplicables a todas las personas sin
distinción alguna, ya sea de raza, color, sexo, edad, idioma, religión, nacionalidad, opinión
política o de otra índole, creencias o prácticas culturales, situación económica, nacimiento o
situación familiar, origen étnico o social, o impedimento físico.

4. Las víctimas serán tratadas con compasión y respeto por su dignidad. Tendrán derecho al
acceso a los mecanismos de la justicia y a una pronta reparación del daño que hayan sufrido,
según lo dispuesto en la legislación nacional.

5. Se establecerá y reforzarán, cuando sea necesario, mecanismos judiciales y administrativos


que permitan a las víctimas obtener reparación mediante procedimientos oficiales u oficiosos que
sean expeditos, justos, poco costosos y accesibles. Se informará a las víctimas de sus derechos
para obtener reparación mediante esos mecanismos.

6. Se facilitará la adecuación de los procedimientos judiciales y administrativos a las necesidades


de las víctimas:

a) Informando a las víctimas de su papel y del alcance, el desarrollo cronológico y la marcha de


las actuaciones, así como de la decisión de sus causas, especialmente cuando se trate de delitos
graves y cuando hayan solicitado esa información;
b) Permitiendo que las opiniones y preocupaciones de las víctimas sean presentadas y
examinadas en etapas apropiadas de las actuaciones siempre que estén en juego sus intereses, sin
perjuicio del acusado y de acuerdo con el sistema nacional de justicia penal correspondiente;

c) Prestando asistencia apropiada a las víctimas durante todo el proceso judicial;

d) Adoptando medidas para minimizar las molestias causadas a las víctimas, proteger su
intimidad, en caso necesario, y garantizar su seguridad, así como la de sus familiares y la de los
testigos en su favor, contra todo acto de intimidación y represalia;

e) Evitando demoras innecesarias en la resolución de las causas y en la ejecución de los


mandamientos o decretos que concedan indemnizaciones a las víctimas.

7. Se utilizarán, cuando proceda, mecanismos oficiosos para la solución de controversias,


incluidos la mediación, el arbitraje y las prácticas de justicia consuetudinaria o autóctonas, a fin
de facilitar la conciliación y la reparación en favor de las víctimas.

SOBRE VICTIMIZACIÓN DEL PROCESO PENAL

Los tendederos, las denuncias anónimas, el escracheo, y la sobrevictimización son resultado de la


falta de sensibilización en temas de derechos humanos y protocolos de atención a las violencias.

La violación sexual de menores, además de constituir un grave atentado contra la libertad de


personas inocentes, cuyas consecuencias no son solo de orden material, sino que tiene secuelas
de orden moral y psicológico difíciles de superar y que marcan definitivamente a las víctimas de
tan atroz delito. A las consecuencias del propio delito, se suman, lamentablemente, el maltrato y
la indiferencia del Estado, no obstante, lo previsto por la legislación penal. Nos referimos a la
sobrevictimización de los menores durante el examen médico legal, que no cuenta con las
debidas garantías de privacidad y respeto de los menores, teniendo en cuenta el interés superior
del niño. Asimismo, otra forma de sobrevictimización se hace presente luego del examen del
médico legista y es que, a pesar que lo dispone la ley, no se presta el apoyo psicológico a los
menores, situación que, transcurriendo el tiempo, se convierte en un trauma permanente.

Luego de un extenso trabajo de campo para tener un conocimiento cabal y objetivo de la realidad
socio-jurídica de las víctimas y perjudicados de un ilícito penal (encuestas, análisis
de expedientes, análisis documental, etc.) nos encontramos con una realidad crítica, en la que
la víctima, aparte de ser sobrevictimizada, queda en el más absoluto desamparo por parte del Est
ado.

Más allá de lo estipulado en la normativización penal, procesal (penal como civil) y penitenciaria
referida a las víctimas, es evidente que no son eficazmente aplicados por los magistrados en su gr
an mayoría. La víctima puede y debe demandar al estado por el derecho de su no victimización y
a una vida armoniosa y digna, pero, lamentablemente, la atención estatal y general se centra en
el delincuente, lo que produce con toda razón la irritación de todos los criminólogos. Sus argume
ntos son insoslayables y muchos de ellos de gran validez. Se trata hoy de proteger al delincuente
para no decretar su detención sin los debidos recaudos procesales, dado que existe una
presunción de inocencia de su culpa hasta que una sentencia pruebe lo contrario presunción que
en la práctica se
invierte convirtiendo al victimario en víctima del sistema penal). Reubicarlo socialmente mediant
e patronatos y comités integrados por miembros de las llamadas “fuerzas vivas” y liberados y
ex reclusos. Y a todo esto nadie recuerda que fue lo que acontece con la víctima una vez produci
do el delito que los perjudica.

LA INDEMNIZACIÓN A CARGO DEL ESTADO

“La responsabilidad del Estado por los daños que, con motivo de su actividad administrativa
irregular, cause en los bienes o derechos de los particulares, será objetiva y directa. Los
particulares tendrán derecho a una indemnización conforme a las bases, límites y procedimientos
que establezcan las leyes”.

EL DAÑO

El daño causado a la víctima puede ser material o moral. El material se refiere a la pérdida o
menoscabo sufrido en el patrimonio de un tercero; el moral es la afectación que una persona
sufre en sus sentimientos, afectos, creencias, decoro, honor, reputación, vida privada,
configuración y aspectos físicos, o bien, en la consideración que de sí misma tienen los demás

Daño es todo menoscabo material o moral que sufre una persona, ya en sus bienes naturales, ya
en su propiedad o en su patrimonio, causado en contravención a una norma jurídica, y por el cual
ha de responder otra. Perjuicio causado a una persona o cosa como consecuencia de un evento
determinado.

El daño a la persona es una de las instituciones más importantes del Derecho Civil a razón que se
comprende la protección del ser humano mismo, quien es, tal y conforme lo establece nuestra
Carta Magna, el fin supremo de la sociedad y el Estado, además de ser el artífice y protagonista
del Derecho.

El daño material es la lesión causada a los bienes por la acción de un tercero; es un perjuicio
ocasionado en el patrimonio de la víctima por el hecho del agente. El daño moral es
aquel daño que causa una lesión a la persona en su íntegra armonía psíquica, en sus afecciones,
en su reputación y/o en su buena fama.

“Hay daño cuando se lesiona un derecho o un interés no reprobado por el ordenamiento jurídico,
que tenga por objeto la persona, el patrimonio, o un derecho de incidencia colectiva”.

LA REPARACIÓN

La noción de reparación también se utiliza para nombrar al desagravio o satisfacción por un


daño, una ofensa o una injuria: “El ministro fue obligado a pagar mil dólares al periodista como
reparación de sus declaraciones injuriosas”.

Este significado de reparación donde se hace más patente es en el campo de la justicia. Y es que,
ante cualquier caso, la autoridad pertinente encargada de dirimir aquel, dictaminará una sentencia
en la que la víctima pueda ver como el criminal en cuestión que le ha causado mal se encarga de
reparárselo.

Por regla general, dicha reparación consiste en el pago de una cuantía económica determinada,
que será mayor o menor en función del delito que se ha cometido y de los daños, tanto físicos
como mentales, que se hayan causado en la persona que es la víctima de aquel.

La reparación del daño comprende, según el delito que se trate: El restablecimiento de las cosas
en el estado en que se encontraban antes de cometerse el delito; La restitución de la cosa
obtenida por el delito, incluyendo sus frutos y accesorios y, si no fuese posible, el pago de su
valor actualizado.
La reparación del daño consiste en el resarcimiento que debe realizar quien delinque a la víctima
de la comisión del delito.

La reparación comprende las medidas de restitución, indemnización, rehabilitación, satisfacción


y garantías de no repetición, en sus dimensiones individual, colectiva, material, moral y
simbólica.

EL RESARCIMIENTO

Resarcimiento es la acción y efecto de resarcir. Este verbo, con origen en un vocablo latino y
hace referencia a reparar, compensar o indemnizar un daño o perjuicio. El resarcimiento, por lo
tanto, es una reparación, compensación o indemnización.

Modalidad de indemnización de daños y perjuicios producidos por el incumplimiento culpable,


doloso o moroso de las obligaciones por el deudor, cuando no puede procederse
al cumplimiento de forma específica y se ha producido un daño para el acreedor. Además, debe
existir un nexo causal entre dicho daño y el comportamiento del deudor.

Reparación que se le da una persona por el daño que se le ha causado de acuerdo con las
condiciones que establece la ley, no necesariamente es en dinero pues puede haber una
reparación moral a través de una disculpa. Ejemplo: «Cuando el daño causado implica la vida de
una persona, ningún resarcimiento es suficiente».

Indemnización, reparación de un daño, perjuicio o agravio.

La acción y efecto de resarcir. Este verbo, con origen en un vocablo latino y hace referencia
a reparar, compensar o indemnizar un daño o perjuicio. El resarcimiento, por lo tanto, es una
reparación, compensación o indemnización. Acción de indemnizar los daños y perjuicios
causados.

8. Los delincuentes o los terceros responsables de su conducta resarcirán equitativamente,


cuando proceda, a las víctimas, sus familiares o las personas a su cargo. Ese resarcimiento
comprenderá la devolución de los bienes o el pago por los daños o pérdidas sufridos, el
reembolso de los gastos realizados como consecuencia de la victimización, la prestación de
servicios y la restitución de derechos.
9. Los gobiernos revisarán sus prácticas, reglamentaciones y leyes de modo que se considere el
resarcimiento como una sentencia posible en los casos penales, además de otras sanciones
penales.

10. En los casos en que se causen daños considerables al medio ambiente, el resarcimiento que se
exija comprenderá, en la medida de lo posible, la rehabilitación del medio ambiente, la
reconstrucción de la infraestructura, la reposición de las instalaciones comunitarias y el
reembolso de los gastos de reubicación cuando esos daños causen la disgregación de una
comunidad.

11. Cuando funcionarios públicos u otros agentes que actúen a título oficial o casi oficial hayan
violado la legislación penal nacional, las víctimas serán resarcidas por el Estado cuyos
funcionarios o agentes hayan sido responsables de los daños causados. En los casos en que ya no
exista el gobierno bajo cuya autoridad se produjo la acción u omisión victimizadora, el Estado o
gobierno sucesor deberá proveer al resarcimiento de las víctimas.

INDEMNIZACIÓN

12. Cuando no sea suficiente la indemnización procedente del delincuente o de otras fuentes, los
Estados procurarán indemnizar financieramente:

a) A las víctimas de delitos que hayan sufrido importantes lesiones corporales o menoscabo de su
salud física o mental como consecuencia de delitos graves;

b) A la familia, en particular a las personas a cargo, de las víctimas que hayan muerto o hayan
quedado física o mentalmente incapacitadas como consecuencia de la victimización.

13. Se fomentará el establecimiento, el reforzamiento y la ampliación de fondos nacionales para


indemnizar a las víctimas. Cuando proceda, también podrán establecerse otros fondos con ese
propósito, incluidos los casos en los que el Estado de nacionalidad de la víctima no esté en
condiciones de indemnizarla por el daño sufrido.

La condena al pago de indemnización puede dar lugar a un nuevo juicio de ejecución


de sentencia y a la inhibición en el registro de la propiedad de inmueble u otras ficciones. No
hay bienes ni posibilidad de cobro del daño causado. Solo pérdida de tiempo y la profundización
del sentimiento de victimidad, legitimado a la Ley, o al menos, desvirtuando sus finalidades.
Cantidad de dinero o cosa que se entrega a alguien en concepto de daños o perjuicios que le han
ocasionado en su persona o en sus bienes, o ambos a la vez.

La indemnización es la compensación por haber ocasionado un daño ya sea de manera activa o


pasiva a otra persona. La forma común de compensar es con dinero, por tanto, la indemnización
suele ser monetaria.

La indemnización es fruto de un daño ocasionado a otra persona que hace que nazca en ésta un
derecho a ser resarcido y que debe hacerse por la persona que ha provocado ese daño.

El daño puede haber sido provocado:

• De manera dolosa: Queriendo realizar ese daño y sabiendo lo que se va a hacer.


• De manera culpable: Sin ánimo de querer hacer ese daño, pero siendo responsabilidad
directa de la persona. Puede que haya sido de manera negligente, es decir, por no haber
tenido el cuidado debido en la acción que se realizaba, lo que provoca finalmente un daño
a otra persona.

En derecho esta indemnización es conocida como indemnización por daños y perjuicios y es la


manera de resarcir la responsabilidad civil.

Indemnización derivada de un delito: La víctima de un delito tiene derecho a compensación, ya


que la víctima no encuentra resarcido su daño con la pena impuesta al culpable, sino que es
necesario reparar el daño sufrido y se hace a través de una indemnización.

Compensación económica destinada a reparar, garantizando su indemnidad, al afectado por la


privación (expropiación) de un bien o derecho, por un perjuicio provocado por un tercero (en
concepto de responsabilidad) o por un gasto en que ha incurrido por razón ajena a su voluntad.

«Nadie podrá ser privado de sus bienes y derechos sino por causa justificada de utilidad pública
o interés social, mediante la correspondiente indemnización y de conformidad con lo dispuesto
por las leyes»

La indemnización es un resarcimiento económico de un daño o perjuicio. Se trata de una suma


de dinero como reparación o compensación según el tipo de lesión ocasionada.
En términos generales, se trata de una reparación o compensación, aunque también se le llama
indemnización a la suma, cantidad o acción o cosa con la que se indemniza el perjuicio causado.

La indemnización es un resarcimiento económico de un daño o perjuicio. Se trata de una suma


de dinero como reparación o compensación según el tipo de lesión ocasionada.

En términos generales, se trata de una reparación o compensación, aunque también se le llama


indemnización a la suma, cantidad o acción o cosa con la que se indemniza el perjuicio causado.

El objetivo es, como hemos visto, la reparación o compensación por el perjuicio que se ha
originado, mediante el restablecimiento al estado anterior del daño o una compensación por
aquello que se ha perdido y no se puede reparar.

La cuantía que se establece para una indemnización está en relación con los daños y perjuicios
acreditados. De igual manera, la normativa determina como límite el enriquecimiento
injusto para la víctima.

REPARACIÓN DEL DAÑO EN LA LEGISLACIÓN MEXICANA

La reparación del daño será fijada por el juez, según el daño o perjuicios que sea preciso reparar,
de acuerdo con los medios de prueba y pruebas obtenidas durante el proceso.

Muchas veces las víctimas ni siquiera están enteradas de su derecho a la reparación material. Des
conocen la ley o nada se les ha informado en sede judicial. Después del delito la víctima
suele ser damnificada, ahondando su desesperación. Ello ocurre de diferentes maneras
comprobables.

Sólo se le permite la persecución penal cuando de índole privado. En gran medida se restringe
su cooperación en el esclarecimiento del hecho cometido en su contra, así se le interrogan las
investigaciones de manera formal solo por cumplir,
mas no para tener un cabal detalle de los hechos suscitados; participa en
careos y se le reciben pruebas, los que no son tomados en cuenta.

Es en la consideración de la reparación del daño y en su persecución penal y civil donde va a


padecer su importancia, ya que cuando acude a los estrados policiales no logra conformar en
el tiempo debido pretensión. Hay lesiones como la perdida de la vida o la parálisis y la imposibili
dad de locomoción, que se encuentran dentro de categoría denominada: daños permanentes, que
nunca se podrán repararse sino por los medios que el hombre invento y el derecho consagro:
la indemnización monetaria que debería en determinados casos ser automática, sin que la
víctima llegue al camino judicial, para tras un largo tiempo, cansada de atisbar la luz en uno de s
us extremos. El resarcimiento moral y material del daño emergente y lucro cesante, se marcan las
leyes
penales para ser demandado en sede penal, difícilmente llegue en el tiempo requerido en que la v
íctima lo necesita para mitigar su preocupante situación y la de toda su familia. Habrá que
esperar la sentencia del juicio penal. Otras de las posibilidades que la ley ofrece son recurrir en
sede civil. Esto implica nuevos gastos, tiempos y resultado dudoso.

“La reparación comprende:

1.- La restitución del bien o, si no es posible, el pago de su valor; y

2.- La indemnización de los daños y perjuicios”.

Vemos que la ley instituye en la reparación civil, tanto la restitución como la indemnización, dan
do amplitud a la restitución por cuanto señala también: o el pago de su valor; la indemnización d
el daño forma propiamente el perjuicio que se causa al ofendido con la conducta o hecho delictuo
so. Por lo tanto, las consecuencias jurídicas del delito no sólo son la pena o la medida de segurida
d sino también la reparación civil.

La reparación del daño es una obligación impuesta al individuo a resarcir los daños a favor de la
víctima u ofendido, y toda víctima de violación a derechos humanos o por la comisión del delito
tiene derecho a la reparación del daño de manera oportuna, plena, diferenciada, transformadora,
integral y efectiva, pudiendo solicitarlo directamente al órgano jurisdiccional, sin perjuicio de
que el Ministerio Público lo solicite de oficio de acuerdo con el numeral 109 fracción XXV del
Código Nacional de Procedimientos Penales, artículo 17 párrafo quinto y 20 Constitucional
apartado C fracción IV. Numeral 64 de la Ley General de Víctimas. Y en caso de que las
víctimas sean personas menores de dieciocho años, el órgano jurisdiccional o el fiscal tendrán en
cuenta los principios del interés superior de los niños o adolescentes, la prevalencia de sus
derechos, su protección integral y los derechos consagrados en la Constitución, en los Tratados.

La reparación del daño será fijada por el juez, según el daño o perjuicios que sea preciso reparar,
de acuerdo con los medios de prueba y pruebas obtenidas durante el proceso. Y el fiscal está
obligado a solicitar, en su caso la condena en lo relativo a la reparación de daños o perjuicios y
probar su monto, y el juez deberá resolver lo conducente.

El juzgador, teniendo en cuenta el monto del daño y la situación económica del obligado, podrá
fijar plazos para el pago de la reparación de aquél, los que en su conjunto no excederán de un
año, pudiendo para ello exigir garantía si lo considera conveniente.

Si bien es cierto, en la aplicación de criterios de oportunidad, acuerdos reparatorios, en la


suspensión condicional del proceso, procedimiento abreviado y en los mecanismos alternativos
de solución de controversias como son la mediación, conciliación cuando son procedentes y
según el caso debe llevarse a cabo la reparación del daño.

De conformidad con el artículo 30 del Código Penal Federal la reparación del daño debe ser
integral, adecuada, eficaz, efectiva, proporcional a la gravedad del daño causado y a la afectación
sufrida, comprenderá cuando menos:

La restitución de la cosa obtenida por el delito y si no fuere posible, el pago del precio de la
misma, a su valor actualizado.

La indemnización del daño material y moral causado, incluyendo la atención médica y


psicológica, de los servicios sociales y de rehabilitación o tratamientos curativos necesarios para
la recuperación de la salud, que hubiere requerido o requiera la víctima, como consecuencia del
delito. En los casos de delitos contra el libre desarrollo de la personalidad, la libertad y el normal
desarrollo psicosexual y en su salud mental, así como de violencia familiar, además comprenderá
el pago de los tratamientos psico-terapéuticos que sean necesarios para la víctima;

El resarcimiento de los perjuicios ocasionados;

El pago de la pérdida de ingreso económico y lucro cesante, para ello se tomará como base el
salario que en el momento de sufrir el delito tenía la víctima y en caso de no contar con esa
información, será conforme al salario mínimo vigente en el lugar en que ocurra el hecho;

El costo de la pérdida de oportunidades, en particular el empleo, educación y prestaciones


sociales, acorde a sus circunstancias;

La declaración que restablezca la dignidad y reputación de la víctima, a través de medios


electrónicos o escritos;
La disculpa pública, la aceptación de responsabilidad, así como la garantía de no repetición,
cuando el delito se cometa por servidores públicos.

Los medios para la rehabilitación deben ser lo más completos posible, y deberán permitir a la
víctima participar de forma plena en la vida pública, privada y social.

Para garantizar la reparación del daño, la víctima, el ofendido o el fiscal podrán solicitar al juez
las siguientes providencias precautorias: el embargo de bienes, y la inmovilización de cuentas y
demás valores que se encuentren dentro del sistema financiero. El juez decretará las providencias
precautorias, siempre y cuando, de los datos de prueba expuestos por el Ministerio Público y la
víctima u ofendido, se desprenda la posible reparación del daño y la probabilidad de que el
imputado será responsable de repararlo.

Las providencias precautorias serán canceladas si el imputado garantiza o paga la reparación del
daño; si fueron decretadas antes de la audiencia inicial y el Ministerio Público no las promueve;
si se declara fundada la solicitud de cancelación de embargo planteada por la persona en contra
de la cual se decretó o de un tercero, o si se dicta sentencia absolutoria, se decreta el
sobreseimiento o se absuelve de la reparación del daño. La providencia precautoria se hará
efectiva a favor de la víctima u ofendido cuando la sentencia que condene a reparar el daño cause
ejecutoria.

Antes de la creación del Sistema Nacional a Víctimas, indudablemente las víctimas se


encontraron con instituciones que no respondían suficientemente a sus necesidades, ésta fue una
de las razones que desencadenaron la necesidad de crear todo un sistema con instituciones
realmente especializadas en la atención a víctimas y en ser plenamente responsables de
garantizar sus derechos.

“…La reparación del daño debe ser integral, adecuada, eficaz, efectiva, proporcional a la
gravedad del daño causado y a la afectación sufrida, comprenderá cuando menos”.

Para no transcribir las siete fracciones de este artículo, las resumiré con la finalidad de entender
la manera en que se debe llevar a cabo la reparación del daño integral, la cual consiste en: la
restitución de la cosa obtenida por el delito, indemnización del daño material y moral causado, el
resarcimiento de los perjuicios ocasionados, pago de la pérdida de ingreso económico y lucro
cesante, el costo de la pérdida de oportunidades, la declaración que restablezca la dignidad y
reputación de la víctima y, la disculpa pública cuando el delito se cometa por servidores
públicos.

Por otro lado, el artículo 34 del Código Penal Federal, establece que: “…La reparación del daño
proveniente del delito que deba ser hecha por el imputado, acusado y sentenciado, tiene el
carácter de pena pública y se exigirá de oficio por el Ministerio Público”. Así mismo, se
contempla que la víctima pueda aportar pruebas al Ministerio Público o al juez, según el caso,
para demostrar la procedencia y monto de dicha reparación, en este caso la ley sanciona con
multa el incumplimiento del Ministerio Público, a esta obligación.

Por su parte, el Código Penal para el Distrito Federal establece en el párrafo segundo del artículo
44 que: “…En todo proceso penal el Ministerio Público estará obligado a solicitar, en su caso, la
condena en lo relativo a la reparación de daños o perjuicios y probar su monto, y el Juez a
resolver lo conducente. Su incumplimiento será sancionado con cincuenta a quinientos días
multa”.

El último párrafo del artículo 49 establece que: “…el afectado podrá optar en cualquier momento
por el ejercicio de la acción civil correspondiente”.

El Código Nacional de Procedimientos Penales, recoge y puntualiza el contenido de la norma


constitucional en las 29 fracciones del artículo 109, y precisamente en la fracción XXV también
reconoce el derecho de la víctima u ofendido a que se le repare el daño causado por el delito,
pudiendo solicitarla directamente al juez, sin perjuicio de que lo haga el Ministerio Público, y
también, a que se le garantice dicha reparación durante el procedimiento, en cualquiera de las
formas que establece la ley.

Lo anterior, resulta de suma importancia, toda vez que en la legislación mencionada se


condiciona la aplicación de criterios de oportunidad y la procedencia de los mecanismos
alternativos de solución de controversias como son la mediación, la conciliación, la suspensión
condicional del proceso, los acuerdos reparatorios y el procedimiento abreviado, al pago o a la
garantía, según el caso, de la reparación del daño.

Ahora bien, la importancia de la Ley General de Víctimas es que establece un marco de derechos
de las víctimas de delitos y de violaciones a los derechos humanos, así como acciones concretas
para garantizar su protección, atención y reparación del daño.

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