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Guardianes de La Milpa

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Las milpas de los Guardianes

Claudia Irene Sánchez Gómez


Lusbey Méndez Sántiz
María de la Flor Gómez Cruz
María Sánchez Álvarez
Adrián Pérez de la Cruz
Sergio Cruz García
Ervin Pérez Arriaga

1
La publicación de esta obra fue financiada por el Fondo para el Medio Ambiente Mundial
(GEF, por sus siglas en inglés) a través del Proyecto 9380-Agrobiodiversidad Mexicana.

Primera edición, marzo de 2022

ISBN: 978-607-8570-57-7 (electrónico)

D.R. © 2022, Comisión Nacional para el Conocimiento y Uso de la Biodiversidad (conabio)


Liga Periférico - Insurgentes Sur 4903, Parques del Pedregal,
Alcaldía de Tlalpan, C.P. 14010, Ciudad de México
[Link]/conabio | [Link]

Coordinación de diseño y producción editorial: Bernardo Terroba Arechavala


Revisión y corrección de textos: Marisol Pons Sáez (Bonilla Artigas Editores) y Luisa Daniela
Esteva de la Barrera (conabio)
Diseño y diagramación: Hilda Rosado Manrique

Se autoriza la reproducción del contenido de esta obra para cuestiones de divulgación o


didácticas, siempre y cuando no tengan fines de lucro y se cite la fuente. Para cualquier otro
propósito se requiere el permiso de los editores.

Editado en México
«El hombre y la mujer fueron hechos de maíz…
hasta la fecha continúa dándole vida,
lo mantiene y le otorga un sentido existencial.
Sin el maíz carecerían de sentido los astros, las estaciones,
los vientos, las lluvias y aún los propios dioses».

Inspiración Popol Vuh

3
Milpa se dice:
K´altik
en tseltal

Alaj
en tojolabal

Kamatze´kujy
en zoque

Kjo´n
en mam
ÍNDICE

Presentación | 7

Introducción | 9

Los Guardianes del maíz (Mapa de localidades)  |  13

K´altik tseltal de Oxchuc  |  15


Claudia Irene Sánchez Gómez
K´altik tseltal de Huixtán  |  43
Lusbey Méndez Sántiz
Alaj tojolabal de Las Margaritas  |  83
María de la Flor Gómez Cruz
Kamatze´kujy zoque de Chapultenango  |  115
María Sánchez Álvarez
Milpa frailescana de Villaflores  |  155
Adrián Pérez de la Cruz
Milpa chimbomba de Cintalapa  |  181
Sergio Cruz García
Kjo´n mam de Motozintla  |  215
Ervin Pérez Arriaga

5
PRESENTACIÓN

Este libro es un tejido de voces campesinas, son palabras cercanas que


se escribieron para ser leídas con el corazón.
Es un libro que comparte la experiencia de siete Guardianes del
Maíz, siete miradas sobre su familia y su historia de vida campesina e
indígena. Cada uno de ellos escribió desde su mirada, sentimiento y
pensamiento, lo que la milpa y el maíz les han representado.
Con estos textos podrás explorar la diversidad cultural que
tenemos en nuestras regiones chiapanecas, así como el conocimiento
campesino que cada día da frutos. En su conjunto busca aportar nuevas
semillas para el corazón, para el pensamiento y para la vida que se
entrelaza con la naturaleza.
Las palabras que ahora tienes en tus manos –o en tu computa-
dora– fueron escritas por hijos y nietos de campesinos y campesinas
que han hecho un esfuerzo muy grande por continuar con el cultivo
de la milpa y protegiendo sus semillas, las cuales tienen desde muchas
generaciones atrás.
Sumando a este esfuerzo familiar es que la generación más joven,
estos guardianes del maíz y de la milpa, han decidido, desde su trinchera,
abonar a la defensa de sus territorios, de sus semillas y por supuesto del
medio ambiente, compartiendo su experiencia y deseos de hacer este
mundo más sostenible y bueno para todas y todos.
Saben que la milpa y el cultivo de sus alimentos es una actividad
sagrada, un trabajo que les ha dado sustento durante muchos años, es

7
por eso que quieren compartir contigo sus experiencias porque conside-
ran que esta alternativa de sustento puede ampliarse a muchos lugares
y familias, y a que cada vez haya más personas que tengan soberanía
alimentaria, además de proteger y cuidar la biodiversidad de cada región.
Para algunos de los autores esta fue la primera vez que escri-
bieron, que tuvieron la posibilidad de sentirse escuchados, de lograr
sus deseos de hablar sobre el significado que para ellos tiene la milpa.
También escribir este libro les abrió la oportunidad de tener conversa-
ciones con sus familias, poder trasmitirse los conocimientos fue un gran
regalo... queremos hacer lo mismo… como dijo el abuelo: «la palabra
debe caminar».
Queremos conversar contigo y con lectores de todas latitudes.
Esperamos lograr el cometido, ya que el requisito principal para este
intercambio es tener el deseo de conocer, explorar y aprender de la
experiencia campesina acumulada a lo largo de muchas generaciones.
Así es que para leer estos textos te recomendamos tomes una
taza de café o de té, busques un lugar muy cómodo –sería muy lindo
un espacio en el campo, en tu jardín o en un parque– y te introduzcas
en los corazones de estos escribanos que nos comparten su alegría y
cantar sobre la milpa y todos los significados profundos que hay en ella.
Te invitamos a detenerte y a recibir la gran riqueza que los pueblos
campesinos e indígenas siguen conservando y que, gracias a los múlti-
ples diálogos, continúa siempre en renovación.
Deseando que se prolongue a muchas charlas más…
¡Vamos pues! Disfrutemos con ellos la milpa y la vida.

8 Milpa Corazón
INTRODUCCIÓN

Tenemos que cuidar al maíz y respetarlo


para que se quede con nosotros y que se haga más.
El maíz se aleja de las personas que lo maltratan,
que lo tiran, que lo queman.
Se va cuando no está contento.

Narración de abuelo chamula

La herencia oral de los pueblos indígenas y campesinos es muy vasta


y ancestral, ha pasado de generación en generación gracias a la narra-
ción de cuentos, leyendas, canciones y relatos. Nosotros creemos que
también es necesario plasmar en escritos estos conocimientos, así como
todas las transformaciones de las comunidades que han tenido a lo
largo de su vida.
Nuestra Red de Guardianes del Maíz y la Biodiversidad (regmabi),
formada apenas hace dos años por campesinos y técnicos de Chiapas,
comienza a tejer los hilos de su historia a través de la conexión de sus
diversas miradas, experiencias y conocimientos. Hoy tenemos la posibi-
lidad de converger y permitirnos un diálogo que hemos querido mante-
ner alrededor de la milpa (castellano), k´altik (tseltal), alaj (tojol-ab´al),
la Kjo´n (mam), kamatze´kujy (zoque).

9
Queremos compartir la palabra de los hombres y las mujeres guar-
dianes del maíz y de la milpa. La palabra de nuestros abuelos, abuelas,
padres y madres.
La milpa ha sido el centro de nuestras vidas, nos alimenta todo
el año, es el vínculo sagrado que tenemos con nuestra madre tierra,
además de que une a las familias y a las comunidades, como ya lo
platicaremos a lo largo de nuestros testimonios. Creemos que debemos
alzar nuestras voces y decir nuestra palabra; ésta representa nuestro
sentir, nuestra cosmovisión y nuestro corazón. Somos hijos y nietos de
campesinos, y queremos comenzar a narrar nuestra historia y a plas-
mar el conocimiento oral que nos han trasmitido desde hace muchas
generaciones.
Es un orgullo y un privilegio que la milpa sea uno de los logros
agrícolas más importantes de nuestro país, donado al mundo, donde
se siembran casi 200 millones de hectáreas en 130 países.
El k´altik es el resultado del uso y manejo de la biodiversidad
por parte de nuestros ancestros, llevada a cabo y perfeccionada por
muchas generaciones. Ellos crearon un sistema agrícola productivo, el
cual, desde la época prehispánica, es un espejo de los conocimientos y
prácticas que realizaban para obtener de la madre tierra, y de su trabajo,
lo necesario para el sustento alimenticio de todo el año, así como para
satisfacer su mundo espiritual.
La milpa ha subsistido hasta nuestros días gracias a que los campe-
sinos han sabido adaptarla a los cambios sociales y económicos por los
que ha transitado el país. Ahora, por los nuevos tiempos que vivimos,
resulta imprescindible analizar las diferentes milpas que se cultivan, así

10 Milpa Corazón
como los diferentes grupos que le han puesto su sello, de acuerdo a
sus necesidades, saberes y tradiciones. Chiapas no es la excepción; cada
región del estado ha experimentado cambios sociales y culturales a
los que se ha ido adaptando. Por supuesto, esto se ha reflejado en sus
costumbres, vida cotidiana, trabajo agrícola y en la milpa.
En este libro queremos expresar nuestros conocimientos, quere-
mos compartir la riqueza de nuestras culturas tseltales, tojolobales,
zoques, mames y mestizas que, en conjunto, siembran casi setecientas
mil hectáreas en Chiapas, la mayor superficie de maíz en México.
Es nuestro momento de seguir con la transmisión cultural, con el
cultivo, mantenimiento y mejoramiento de la milpa. Nos toca observar,
estudiar y enseñar este conocimiento para poder compartirlo a cabali-
dad con el resto del mundo. Creemos que nuestra ancestral milpa puede
convertirse en una posibilidad para la sostenibilidad alimentaria de los
habitantes de nuestro planeta y sus generaciones futuras.
He aquí nuestro grano de maíz…
-Red de Guardianes del Maíz y la Biodiversidad

Introducción 11
LOS GUARDIANES DEL MAÍZ

MÉ X I CO
Chiapas
ico
e Méx
Golfo d

Chapultenango
Corralito
Cintalapa Huixtan
Las Margaritas
Rivera Horizonte
Océa
no
Pa
cíf Justo Sierra
ico

Localidades donde viven los Guardianes del Maíz en el estado de Chiapas.

13
K’ALTIK TSELTAL DE OXCHUC

Claudia Irene Sánchez Gómez

El K’altik tiene aroma a diversidad, alegría y esperanza.


Ahí dialogan las plantas entre sí e integran al hombre y a la mujer
para darles la semilla y la vida. Sembrar la semilla representa
la felicidad, existencia, armonía, un nuevo amanecer.

Te k’altike yantiknax te yik’e ya yakbotik ta snael te ma ba


pajalotike, yak’botik yutsilal kot’antik sok slekilal kuxineltike.
Le sk’oponsbaik te nichimte’etike ya sk’oponiku-uk te winike sok
te antse yu’un yak’beik te bak’e sok te kuxlejaltike.
Te ts’unel ixime ya yak’ ta ilel te lekil ot’anil, te kuxlejalil,
te tsobolil, sok te slekil jach’ibal k’aale.

15
Con este texto busco plasmar la conversación que sostuve con campesi-
nos y campesinas indígenas tseltales de Oxchuc, Chiapas. Es un diálogo
cercano, en el que abordamos temas como la organización comunitaria,
prácticas y saberes locales, el cuidado de la tierra y las semillas, y la
manera en que todo esto ha modificado el trabajo en la milpa (k’altik).
Para lograr su descripción conversé con campesinos de El Corralito,
Guadalupe y Kistolja.
Bajo la mirada campesina se aprende mucho y se comparten
gratos momentos. Gracias por seguir en resistencia, por sostener una
vida campesina y por el camino de aprendizaje que generan en cada
ciclo de siembra.

Quién soy

«El que no conoce la historia está condenada a repetirla». Esta frase,


cuando la escuché por primera vez, me inquietó. Hizo surgir una pregun-
ta en mi mente: ¿conozco mi historia? Percibía en mi interior que sabía
muy poco de mis raíces, de mi gente, sentía que solo repetía lo que
otros decían de mi historia.
Cuando tenía 26 años e ingresé a la maestría en Antropología
Social, comencé a leer textos sobre la situación y las condiciones del
campo, de los indígenas, los campesinos, de las clases minoritarias, de
las políticas de integración de los indígenas al Estado Nación; eran
cosas totalmente desconocidas para mí. Durante esta etapa comencé
de manera paralela el proceso de crecimiento personal y profesional. En

16 Milpa Corazón
aquel tiempo eran los «otros», ahora para mí es «nosotros». Creo que,
en la medida en que nos encontramos y dialogamos, vamos borrando
las fronteras que insistentemente nos quieren dividir. Somos diversos
y la esencia de la diversidad es reconocer que somos parte de un todo.
La primera etapa de estudios fue sobre el tema de los indígenas.
Me sentí tan distinta… eran palabras vanas y huecas, leía los textos
como si fueran otro tema, solo realizaba un resumen de los autores.
Después de unos meses de solo leer me detuve a escuchar las palabras,
dejé caer cada letra sobre mi territorio y la historia empezó a tener
un peso en mí, una resonancia, tenía sonido y sentido. Entonces pude
reconocer a mis abuelos, a mi madre y padre. Comencé a encontrar mi
rostro, a hacerme visible, a estar presente en las palabras que leía.
Ahora, con casi 39 años de edad, veo que ha sido un proceso de
conexión y de respeto a la historia comunitaria, a la historia que se teje
con otras historias en la comunidad y con personas de otros lugares.
Durante el trabajo de campo seguí encontrando pequeñas pistas
de mi historia, de mi comunidad. Escuchar la vida de mi gente y lo
que significaba para ellos el campo. Yo siempre viví entre la ciudad y
el campo, visitaba a mi abuela y le ayudaba a cargar leña, jugaba en
los cafetales, era la parte que más me gustaba. Al final de los estudios
fue un reto para mí escribir sobre una historia de la cual yo era parte.
Escribí sobre el arraigo y la movilidad, el xut (hijo último) y la familia
tseltal contemporánea.

K´altik tseltal de Oxchuc 17


Comunalidad

Para hablar de mi comunidad quiero hablar primero de su historia, para


llegar al presente, en donde el contexto actual coloca nuevos retos en
la vida de campesinos e indígenas, basada en el sistema económico,
campesino y agrícola de la milpa.
Abraham Sántiz Gómez, en su última investigación, encuentra
en la historia oral cuatro periodos: de la dominación a la liberación del
alma, de 1936 a 1942; la llegada del presbiterianismo, con el Instituto
Lingüístico de Verano, y el impulso a la educación escolarizada, por el
Instituto Nacional Indigenista (ini), de 1943 a 1952; el remplazo del poder
de los finqueros por el de los profesores, de 1953 a 1968, y la –insistente–
transformación de los milperos a cafeticultores, de 1969 a 1986; desde
1986, la migración de hombres y mujeres a la periferia de las ciudades
para realizar algún trabajo no agrícola; la migración forzada, en una línea
constante, que cruza a las familias campesinas e indígenas. Todo esto ha
tenido un gran impacto en la vida rural, al disminuir drásticamente la
vida campesina; y cada vez menos guardianes cuidando y manteniendo
a la diversidad del k´altik.
Así, en 1936, Oxchuc es considerado municipio libre y se consti-
tuye un ayuntamiento municipal. La lucha por el poder para obtener
la presidencia municipal fue muy dura. En 1947, los tseltales de Oxchuc
tomaron el control político, porque los secretarios municipales seguían
siendo ladinos. En 1950, Sebastián López Ch’ijk’, como presidente muni-
cipal, enfrentó fuertemente a los ladinos por el control del poder político
de la alcaldía y fue asesinado por un kaxlan en 1951 (Cameras 2015, 52).

18 Milpa Corazón
Los primeros promotores del ini se convirtieron en profesores bilingües
y encabezaron la expulsión de los mestizos de Oxchuc, en 1962; además
compraron las tierras que dejaron los mestizos en la cabecera municipal,
para después participar en el comercio.
Los jóvenes desconocen la historia, así como yo. En mi caso, mi
madre poco me contó sobre la situación del campo, de la familia y lo
poco que mis tías me han contado son recuerdos de mucho dolor y
carencia. Es por eso que decidí investigar para poder compartir después.
El k´altik (la milpa) tseltal se ha mantenido a pesar de todos los
cambios sociales e históricos. Para encontrar su esencia conversé con
campesinos de El Corralito, Guadalupe y Kistolja, y abordamos el tema
desde la reflexión campesina.
En este caminar con la gente encontré a Juanita Harvey, una mujer
de 75 años de edad, quien llegó a El Corralito hace 55 años aproxima-
damente, y comenzó al lado de su esposo, David Harvey, un centro
de capacitación para las poblaciones indígenas. Su esposo, quien era
ingeniero agrónomo, se enfocó en las cuestiones agrícolas. Al entrevis-
tarla, fue maravilloso escuchar cómo fue su llegada a la comunidad y
el trabajo que realizó.
Cuando observo estas fotografías del centro de capacitación
(siguiente página) y miro a una mujer y a un hombre tseltal cuidando
su salud, me inspiro para conectarnos con nuestra historia y mirarnos
en su espejo. Un espejo que me representa dignidad, admiración y amor
a la historia.
La localidad El Corralito es un lugar en donde han interactuado
muchos personajes y se ha tejido una historia muy amplia y entretejida

K´altik tseltal de Oxchuc 19


El centro de capacitación se encuentra ubicado en el límite entre El Corralito, Oxchuc y
Tzajala, Ocosingo. Fotografias obtenidas del archivo personal de Juanita Harvey.

20 Milpa Corazón
Sr. Rosendo Nich y Sra. Regina Ba'na.
Foto: Elena Gómez Sántiz

por todas las comunidades del municipio de Oxchuc; además es muy


activa en las acciones comunitarias. Hay muchos momentos históricos
en la localidad que quisiera narrar, para que se pueda entender el porqué
es importante estudiar varias comunidades de la zona en su conjunto.
Hace aproximadamente 70 años, el presbiterianismo llegó a El
Corralito; lo trajeron dos misioneras: María Slocum y Florencia. Ellas
dedicaron toda su vida al trabajo de la iglesia. Cuentan que llegaron
a la localidad para aprender tseltal y hacer estudios antropológicos.
Tenían también el ferviente compromiso de llevar la palabra de Dios a
las comunidades, para que dejaran sus prácticas ancestrales y creencias.
Ellas tradujeron del español al tseltal la Biblia y un Himnario de cantos
de iglesia. Es interesante leer un texto de María Slocum donde resumía
los logros obtenidos cuando las personas se convertían al cristianismo:
«En este proceso se dieron cambios importantes en los habitantes de la

K´altik tseltal de Oxchuc 21


zona de Oxchuc, los conversos dejaron de consumir alcohol, dejaron de
participar y cooperar en las grandes fiestas de adoración al santo patrón
Santo Tomás y dejaron de prestar atención a los nahuales» (Slocum,
Marianna C.,1956. Cultural changes among the Oxchuc tzetales. Estudios
Antropológicos, México. D.F. pp. 491-495).
Son ya tres generaciones que han caminado bajo esta corriente
cristiana. Yo represento la cuarta generación en este proceso, aunque
durante la entrevista de campo, encontré que muchos de los jóvenes
ya no están interesados en seguir este camino cristiano propuesto por
el presbiterianismo.
Recuerdo vagamente que, para mí, era un gran momento ir a la
Iglesia Presbiteriana para ver la crucifixión de Jesús en película. Era una
gran pantalla de tela sobre la que se proyectaba; era bonito porque
llegaba gente de todas las localidades y se vestían muy elegantes, con
el traje tradicional de Oxchuc. Recuerdo la música cristiana en tseltal,
interpretada por un grupo integrado por un guitarrista, un baterista, el
que tocaba el bajo y los cantantes. Era muy alegre. Hasta el frente esta-
ban los ancianos con el bastón de mando. Era un momento de mucha
plática y de alegría por poder saludar a todos. Yo estaba siempre al lado
de mi hermana, de mi madre y mis abuelos Nich y Ba´na (son los linajes
de la localidad que corresponden a mi familia, es por eso que uso mi
nombre compuesto: Irene Nich).
Abraham, en su investigación, también hace visibles los linajes en
relación a su territorio. Así, el ts’umbal es una semilla que ha llegado
a ser un árbol, común a un grupo de personas, y este árbol convive
natural y espiritualmente con la tierra, montaña, manantiales, plantas

22 Milpa Corazón
y animales. Los ts’umbaletik de Oxchuc se agrupan principalmente en
cuatro apellidos: 42 pertenecen al apellido Sántiz, 40 al Gómez, 16 al
López y 11 al Méndez, además de uno al Díaz, uno al Encino y uno al
Rodríguez. Existen 112 ts’umbaletik y cada uno se identifica con insec-
tos, aves, plantas, espinas, astros, sueños, entre otros, que muestran la
relación armónica con la naturaleza (Sántiz 2015) pero también expresa
los sufrimientos o dificultades de la vida de ese linaje, por ejemplo: el
ts’umbal k’ujul (linaje encorvado), expin (corona de espinas) y ch’ixna
(casa de espinas).
Entre 1950 y1960 llegó el registro civil y se pudo obtener el acta
de nacimiento. A este respecto, mi abuelo me comentó que, en aquel
momento, no fue permitido colocar su linaje como apellido, solo permi-
tieron poner los cuatro apellidos para obtener el documento como
ciudadano mexicano. Por ello, cuando vayas a Oxchuc, habrá coinciden-
cias en apellidos: Gómez, Sántiz y otros más. Habrá muchos nombres
homónimos. Pero en el territorio, es decir en la comunidad, todos tene-
mos un linaje y una historia.

La organización comunitaria

La estructura organizacional y tradicional de las localidades está forma-


da por las autoridades civiles, es decir, los agentes municipales, comités
de educación y patronatos de agua, luz, caminos, y las autoridades
tradicionales llamados Principales. Estos últimos son personas de mucha
experiencia, que han sido autoridad en su comunidad y que además

K´altik tseltal de Oxchuc 23


son respetadas y consultadas para la toma de decisiones de mayor tras-
cendencia en las localidades.
Ahora ya son pocas las localidades que cuentan con autoridades
ceremoniales, la mayoría ya no tienen este tipo de prácticas, debido
a que ahora obedecen a la estructura organizacional agraria que se
encuentra en la cabecera municipal de Oxchuc: los representantes de
los comuneros, el juez municipal y los ch’ulk’ales (personas elegidas por
la comunidad por su don y su trayectoria). El principio de ya tabeyba
jkot’antik (ajuste de nuestros corazones) lo hacían los abuelos y era
el más importante para construir los acuerdos y tomar las decisiones
colectivas de un ts’umbal. Un consejero del ts’umbal dice: «los consejos
como pek’el mexa awak’aba (sé humilde) y tsajtayaba (sé cuidado-
so) son normas que los ancianos establecieron para estar bien con los
demás». Por otro lado, el papel de los ancianos es fundamental, ellos
son conocidos como tak’uywanejetik, son los consejeros y se caracteri-
zan por ser respetuosos, orientadores y buscadores de acuerdos para el
bien común de un ts’umbal. Aunque esto parezca un anecdotario, sigue
vigente: pocos hombres y mujeres siguen sosteniendo la vida campesina
en el campo.
Los cambios han sido drásticos y constantes y se deben a varias
causas: sociales, económicas, políticas, climáticas… En este sentido, el
fenómeno de la migración ha venido a abonar a los cambios drásticos,
pues se empieza a presentar en la comunidad como una alternativa
para sobrellevar la crisis en la que se encuentra la actividad agrícola,
además de que para los jóvenes es la oportunidad de conocer otros
lugares. La migración de la gente es temporal y los principales destinos

24 Milpa Corazón
son Playa del Carmen y Cancún, a donde llegan a trabajar en actividades
no agrícolas, tales como cargadores en la central de abasto, choferes y
ayudantes de albañil. Cuando migran hacia la parte norte del país, lo
hacen principalmente hacia las zonas agrícolas, como Sonora y Baja
California, para trabajar como jornaleros; o a Monterrey, recientemente,
para trabajar en fábricas automotrices. Estas rutas migratorias se han
ido fortaleciendo por el movimiento constante de hombres jóvenes
y adultos. La ruta migratoria de las mujeres es más corta, es decir, a
ciudades aledañas, y el trabajo consiste básicamente en actividades
domésticas, servicios turísticos (cocineras o ayudantes de cocina) o
actividades laborales vinculadas al cuidado de personas.
Un grupo muy importante, que también ha marcado la historia de
la región, es el de los maestros, quienes desde 1950 hasta la fecha, han
influido fuertemente en la organización social. Los indígenas maestros
de aquí son los que disponen de mayores tierras para la siembra, además
compran tierras de otros campesinos que no tienen el recurso mone-
tario para mantener a sus familias y se ven en la necesidad de vender
sus pequeñas parcelas agrícolas. Así comenzó la concentración de la
tierra en pocas manos, y entonces no eran los ladinos sino los maestros
indígenas quienes acaparaban mayores tierras, pues contaban con más
recursos económicos; eran indígenas que explotaban a otros indígenas.
Actualmente, la participación de los maestros se da en diferen-
tes ámbitos de la vida social, por ejemplo, en la política, en donde la
mayoría de los presidentes municipales han sido maestros. También
ellos fueron los primeros que formaron cooperativas de transporte y
participaron de manera activa en la organización de la producción y

K´altik tseltal de Oxchuc 25


comercialización de café en la zona de Oxchuc. Estos cambios se han
reflejado en la organización del k’altik, como lo menciona el campesino
Antonio Gómez López:

Antes, cuando en tiempo de siembra se invitaba a 14 personas,


mi mamá preparaba atole y petul. Preparaba huevo con masa y
chile. Era la costumbre. Con el tiempo fue cambiando, era mucho
el trabajo. Había que moler. Algunos compraban carne de res. Mi
padre terminó sembrando poco y después comenzó a sembrar
solo. Ahora siembra solo, ya no queremos sembrar entre varios
porque muchos quieren terminar pronto y ellos tienen prisa y
dejan la semilla sobre la tierra y cuando sale el sol éste seca la
semilla en la tierra. Ahora hago solo la siembra porque es pérdi-
da de tiempo, si les pido ayuda después debo ofrecer mi ayuda.
Ahora siembro 18 tareas. Muchos ya no saben sembrar.

Ante este constante cambio y reorganización social, los campe-


sinos han tenido que ser ingeniosos para continuar con el k’altik y
seguir conservando las semillas heredadas por la generación anterior.
Como toda herencia, la herencia de la semilla. Algunos sí han recibido
la semilla de maíz, frijol, calabaza y otros. Lamentablemente en otros
casos la herencia se ha perdido y con ello el conocimiento y parte de
la diversidad.
Debido a la migración de los hombres por diversas razones, los
adultos mayores, las mujeres y los niños son los que se han quedado
en el campo. Ellos han marcado el ritmo de la producción desde hace

26 Milpa Corazón
varios años, han mantenido la diversidad de las especies con su fuerza
y energía, han abonado a la soberanía alimentaria de las comunidades
tseltales. Los hombres jóvenes y adultos activos económicamente han
migrado para aportar más ingresos económicos a sus familias para que
puedan acceder a otros servicios básicos.
En este contexto, el papel de las mujeres tseltales ha sido funda-
mental para sostener la embestida de estos cambios organizacionales
de la familia campesina, ha sido excepcional para mantener el k’altik,
aunque el reto no ha sido nada fácil.
Le preguntamos a Magdalena Sántiz cuál es el papel de las mujeres
tseltales:

Las mujeres antes cargaban agua, usaban azadón, cargaban leña,


a los niños. El bebé adelante y se cargaba el ánfora de barro para
traer el agua de 15 litros. Yo no fui a estudiar porque tenía que
ayudar en la casa, en la milpa, vender tamales, hacer chalupas.
Sé vender, sé sumar, restar, sé hacer las cuentas. Yo conozco mi
trabajo y sé vender. A mí me gusta sembrar, quiero hacer muchas
cosas, me gusta todo lo que sale acá del k’altik, llevo las fechas
en que sembramos.

Para contribuir a la economía local las mujeres están siempre


muy activas y el mercado de Oxchuc se mantiene activo todos los días
de la semana. El sábado es el día en que más campesinos venden sus
productos del k’altik. Algunos productos de la parcela quedan para el
intercambio local.

K´altik tseltal de Oxchuc 27


Mujeres tseltales y sus semillas. Foto: Alberto Gómez Sántiz

En el mercado, las mujeres también enfrentan el reto de seguir


ofreciendo sus productos, ya que, de cada cuatro productos, uno es
local y el resto, como la papa blanca, el tomate rojo y otras verduras,
proviene de San Cristóbal u otros lugares más lejanos.
Poco a poco se ha ido reconociendo el aporte femenino a la
economía familiar, aunque esto no ha representado una disminución
en su trabajo de casa, al contrario, se duplican sus labores. Al respecto,
Alberto hace el siguiente comentario:

Va a ser difícil, ¿quién va a preparar la comida, lavar la ropa?


Además, ella vende el elote, prepara la tortilla, vende café, prepara
el pozol. Ella me ayuda a tapiscar. Las mujeres ayudan en todo,
hacen de todo, preparan la comida, lavan la ropa, casi todo. Noso-

28 Milpa Corazón
tros nos levantamos, pedimos la comida y nos vamos a trabajar.
Ella me ayuda en la milpa. Al regresar, ella se dedica a moler, coci-
nar, a cuidar a la suegra, a limpiar la casa, a mantener los animales.
-Alberto Gómez Sántiz

Es clave entender que las mujeres son las que han sostenido el
proceso comunitario. Ellas son las que han conservado las semillas, las
fechas de siembra y las actividades del k’altik y, por ende, el cuidado de
toda la biodiversidad. Gracias a su participación activa, y con el trabajo
de las y los adultos mayores, se cuenta con parcelas (tareas: unidad de
medida) para cultivar, y se ha logrado mantener las especies del K’altik.

Alberto Gómez Sántiz y su hija en la casa. Foto: Irene Nich

K´altik tseltal de Oxchuc 29


Es importante considerar cuáles son las políticas respecto al medio
rural, y minuciosamente revisar cuál es el referente actual de la política
que se ajuste a las acciones presentes y vigentes de los pueblos campe-
sinos e indígenas. Si seguimos con los lentes de la productividad y la
rentabilidad, creo que podemos seguir con la miopía. Y por ello seguir
conduciendo en un carril equivocado. Es importante revisar la manera
en que se estructura la política al sector agrícola, en el que una parte
principal son y somos las mujeres. Estamos en siglo xxi y es fundamen-
tal tomar hoy en cuenta el papel de las mujeres y de los movimientos
feministas en las diversas expresiones de mujeres rurales, campesinas,
obreras agrícolas, en este presente cuando la misma historia demanda
actualizar nuestros referentes teóricos y simbólicos.
Ellas son la piedra angular de la conservación y de la diversidad del
k’altik. Ellas en el campo y nosotras, muchas mujeres más, colaborando
activamente en organizaciones e instituciones que trabajan en favor de
la conservación y del respeto de la madre tierra. Es urgente un diálogo
de saberes respetuoso entre la historia, en lo que un día funciona y hoy
ya no es suficiente, y que en sencillas y ancestrales prácticas comunita-
rias se pueden encontrar respuestas más innovadoras.

Los jóvenes tseltales

Otros actores relevantes son los jóvenes escribanos tseltales. Ellos atra-
viesan una fuerte encrucijada, pues como ya hemos visto, la serie de
cambios que ha enfrentado la comunidad los ha colocado, cada vez más,

30 Milpa Corazón
en una situación de rechazo y vulnerabilidad. Hay una lucha entre el
conocimiento ancestral de los pueblos -que nos permite conectarnos
con nuestra historia- etiquetado de «atrasado» versus una juventud
indígena atrapada en las redes del capitalismo extractivista y sin historia.

Los jóvenes no quieren regresar al k’altik, ya no quieren trabajar.


Ahora es mejor trabajar afuera porque se gana más que en el
campo. Trabajar en el campo está bien, si siembra café te da en
tres o cuatro años, te da dinero. La cosecha de maíz y café es anual.
Yo me fui a trabajar a Monterrey y ahí te pagan semanal. Ahora
los jóvenes quieren semana a semana. Hay que saber esperar.
Hay que invitar a los jóvenes que ya no quieren sembrar pues es
cansado, usar machete, usar azadón... pero vale la pena.
-Alberto Gómez Sántiz

Por otro lado, encontramos que algunos sí aprenden con la expe-


riencia de sus padres, es decir, un aprendizaje vivido día a día. Otra ruta
por la que adquieren conocimiento es gracias a la experiencia social
o aprendizaje social, como fue el caso de los jóvenes que migraron al
Soconusco, a las fincas cafetaleras, y adquirieron nuevos conocimientos
agrícolas.
En esta lógica es de suponerse que los jóvenes también han tenido
una experiencia migratoria más diversificada: Playa del Carmen, Cancún,
Sonora, Tampico y Monterrey. Otros han tratado de buscar nuevas
estrategias en la comunidad, a partir de conocer las experiencias de
comunidades vecinas, han empezado con cultivos orgánicos. Otros más,

K´altik tseltal de Oxchuc 31


jóvenes adultos que migraron a otros estados, tuvieron que retornar a la
comunidad, lugar donde son recibidos con un techo y comida, y algunos
están animados para sembrar. También pasa que la mayoría son contra-
tados en la ciudad para realizar tareas específicas, las cuales requieren
menor formación y una acción repetitiva, es decir, en la maquila:

Yo veo bien el campo, si no estoy ahí es como estar fuera de lugar.


Sí está difícil vivir en la ciudad, tienes que trabajar para comer;
aquí, si sembraste, tienes comida y casi no compramos. Tenemos
plátano, café, frijol, maíz, y otras plantas. En la ciudad, es del
trabajo al cuarto. Yo en la ciudad trabajo de 5:05 de la mañana,
debo estar en la parada y regreso a las 9:45 de la noche a mi casa.
En Oxchuc es duro trabajar en la milpa y me gusta.
-Carlos Gómez Sántiz

Hoy se presenta una oportunidad para ellos de trabajar en el k’al-


tik y que se convierta en un espacio de aprendizaje, de pensar, sentir,
revisar, observar, ajustar e innovar. Es necesario romper la lápida pesada
de que el k’altik tseltal es atrasado y arcaico junto con los estereotipos
de lo que significa ser campesina y campesino actualmente, la idea
de que los campesinos que están vinculados al campo son pobres y
marginados, por ende, las siguientes generaciones ya no quieren ser
eso, por eso buscan la manera de vivir en la ciudad, aunque sea de una
manera marginal.
Hay que motivar a los jóvenes para que dignifiquen la vida en el
campo y del ser campesino, que busquen alternativas reales a la vida

32 Milpa Corazón
en el campo como salarios justos, acceso a vivienda, salud, educación
y recreación.
También vemos un margen de oportunidad en estos tiempos, por
el retorno de los jóvenes adultos ante la pandemia covid 19, para promo-
ver y buscar ser cada vez más autosustentables.
Cada vez son menos los Guardianes que siguen en el k’altik, pero
ellos siguen manteniendo el conocimiento y el puente de la historia
milenaria a través de la conservación de las semillas, del trabajo en el
campo, integrando su conocimiento de cada año con el manejo del
medio ambiente.

El cuidado de la tierra. La tranquilidad de hacer las cosas, no


tener prisa de vender, más bien de sembrar y pedir permiso a
la tierra. Más bien es para comer, para las gallinas, los perros.
Cuando sembramos y pega bien, me siento contento, feliz. Me
pone contento y pienso por qué no sembré más, me animo más.
El año pasado mi madre se enfermó y no pude cuidar la milpa,
pero no me desanimé. Y ahora pienso que se puede sembrar
otras cosas como chícharos y habas.
-Faustina Díaz Gómez

Historia y conexión del k’altik

En específico para la región de Los Altos, se comenzó a promover la


producción de café desde principios de 1960, esto significó cambios en

K´altik tseltal de Oxchuc 33


La siembra del maíz en Oxchuc. Foto: Claudia Irene Sánchez

la organización campesina. La especialización agrícola se vio como una


forma del nuevo modelo económico capitalista pues la introducción
del monocultivo en la zona tseltal provocó grandes transformaciones
en el paisaje agrícola. El café reemplazó al bosque en la mayor parte,
pero sigue habiendo pequeñas áreas del k’altik. Hoy sigue persistiendo
la milpa (el k’altik), porque es una opción, es una posibilidad de vivir
en el campo. Hoy nos ofrece conectarnos al aprendizaje de los que se
quedaron conservando la biodiversidad y la vida misma en el campo.
Los que resistieron todas las luchas para seguir y que, con dignidad,
seriedad, compromiso y fuerza de voluntad, decidieron estar en el k’altik.
Las grandes mayorías de campesinos indígenas transitaron de
jornaleros agrícolas en las zonas cafetaleras de Tapachula o pequeños
productores de café en la región, y también siguieron conservando

34 Milpa Corazón
Formas de manejo del k’altik. Foto: Claudia Irene Sánchez

pequeñas parcelas o tareas -medida usada en Oxchuc- de milpa.


Como dice la frase «ni todo el amor, ni todo el dinero, ni todas las parce-
las». El instinto campesino de comprender y adaptarse a los agentes
externos para jinetear la situación y la presión de una política agrícola
desfavorable los ha mantenido alerta para conservar su alimentación
y su conocimiento.
En los años setenta surge la Sociedad Cooperativa de Cafetaleros
de la región tseltal, con el objetivo de comercializar el café y acceder a
créditos de Inmecafe. Sin embargo, la organización fue acaparada por
un pequeño grupo burgués que contaba con cierta infraestructura y
solvencia económica, principalmente en la zona de Ocosingo, por lo cual
fueron desplazados los pequeños productores, fue el caso de Oxchuc.

K´altik tseltal de Oxchuc 35


Otro momento importante para la zona fue la presencia de la
Confederación Nacional Campesina (cnc) en los años ochenta, que llevó
las promesas de la «Revolución verde» a las comunidades de Oxchuc. La
distribución de agroquímicos en las parcelas agrícolas tenía el objetivo
de aumentar la productividad en los cultivos de maíz y café, pero no
contemplaba el daño que se hacía a la tierra.
En el caso de Oxchuc se impulsó la siembra de café como cultivo
comercial y logró desplazar a los cultivos de maíz, frijol y otros; pero ante
los altibajos del precio de café, la gente mantuvo en sus pequeñas parce-
las la práctica de policultivo, siendo ésta una estrategia para promover
la diversidad de la dieta, además de ser una fuente de ingresos extra.
Aun así, el sistema de cultivo ha resistido, y aunque hay un imagi-
nario de que la milpa no es valorada y de que se le reduce solo a un
sistema de producción rentable o sustentable, ahora es nuestra tarea
reconocer la multiplicidad de saberes que se engloban en la milpa y de
cómo las diversas culturas la transforman logrando su evolución.
Por lo anterior ahora entiendo que el manejo de la semilla debe
ser comunitario, no es una cuestión de solo el productor, debe ser un
manejo colectivo y de colaboración entre iguales, aunque muchas
veces el acompañamiento desde otros actores sea jerárquico, nosotros
debemos buscar una relación horizontal. Para llegar a ese camino de
equidad hay que tener mucho respeto a los saberes y experiencia de
las y los otros.
Una frase que es clave en la comunidad para entender lo anterior
es yich´el ta muk awal tsúnubiletik (se debe tener respeto a todas las
semillas que se siembran).

36 Milpa Corazón
Antonio Gómez López nos comenta:

Mi padre me enseñó a sembrar. Mi madre también me enseñaba


a sembrar. Me gusta más el frijol y el maíz. Mi madre dejó las
semillas y yo las cuido. Dejo 80 a 100 mazorcas, las desgranamos y
las guardamos. Le ponemos ddt para conservar la semilla. Tengo
frijol de vara, de tierra. Tengo mi semilla, pero también consigo
semilla con un señor que vive por la escuela o en Abasolo. Ahora
mi esposa me dio semillas porque su madre tenía la suya. Ya
no se quema, si siembras frijol se debe quemar. Dejo el rastrojo,
dejo la cáscara. Antes me acuerdo, mi papá sacaba de 20 a 25
zontes, sembraba frijol y era bastante. Hacía redes grandes, había
mazorcas grandes. Sigue dando sin fertilizante. El aguacate era
otro. La naranja no tenía gusano estaba bien dulce, ahora tiene
gusano. El café ahora tiene broca y roya.

Con este texto se busca la reflexión para los que queremos estar
cerca del k’altik, que queremos aprender y acercarnos al conocimiento
campesino. Y también descartar prácticas que han sido dañinas, como
es el caso de la aplicación de ddt para conservar las semillas. En el siste-
ma Milpa hay algunas que se deben renovar. El manejo de los plaguicidas
es otro tema a revisar. Las dosis y prohibiciones vigentes en las normas
sanitarias sobre pesticidas no han sido difundidas y se requiere una
revisión estricta sobre este tema. El aprender requiere de estar activo y
renovando el aprendizaje. Aprender es estar atento y dispuesto a actua-
lizarte porque en cada ciclo agrícola se generar nuevo conocimiento y

K´altik tseltal de Oxchuc 37


se adaptan maneras de trabajar. Como bien dice Carlos Gómez: debes
acercarte y estar en la acción y estar de cuerpo presente para aprender.

Si quiere aprender del k´altik debe acercarse, mirar. Trabajar en


el sol, en el campo. Se debe ir acostumbrado. Si agarra su azadón
en vez de limpiar puede cortar el maíz, te puede cortar, te salen
caño. Te tienes que levantar temprano. Cuando empiezas a echar
azadón te va a doler la espalda, el cuello, vas a tener sucias las
uñas, te van a salir ampollas, vas a estar sucio. Aprender a tortear,
limpiar y moler. Debes levantarte a las 6:30 de la mañana, no es
muy temprano. Menos teoría más práctica. Cuando está duro
el suelo se cansa más, pero cuando el suelo está mojado es más
fácil sembrar.
-Carlos Gómez Sántiz

Ideas finales

Las personas quieren seguir con sus prácticas de una buena vida y de
tener una vivienda adecuada. Hacen su trabajo para tener buenas condi-
ciones de vida, de luz, de vivienda, de agua. Algunos piensan que siguen
siendo pobres porque han decidido ser campesinos y por ello deben
seguir aguantando las condiciones de vida. Yo creo que el campesino
debe tener una vida digna en el campo como cualquier otro ser humano
que se dedica a otra actividad.

38 Milpa Corazón
Más que seguir cargando prejuicios sobre sus prácticas creo que
debemos buscar estar en el campo y proponer un diálogo horizontal
para lograr una conversación formativa y de construcción. Se requiere
otorgarles habilidades a las personas para que desarrollen su capacidad
de escuchar, de mirar al otro y aceptar lo que dice para que la colabo-
ración de cada uno, desde nuestra trinchera, sea cada vez mejor. Para
ello se requiere disciplina, trabajo, compromiso, amor, dedicación.
Hoy reconocer el yich´el ta muk awal tsúnubiletik (respeto a todas
las semillas que se siembran) es fundamental.
El k’altik es el territorio, son los alimentos y la cultura, es la posi-
bilidad para dedicarse a algo y saber que se contribuye a una sociedad
que ahora más que nunca, requiere de personas que cuiden y produzcan
un ambiente sano.
Hoy, en este 2021, con la pandemia global se vuelve a reafirmar:
los que tienen acceso a la tierra sembraron para tener que comer y
poder cuidar a su familia. Las y los campesinos siguen abasteciendo a
sus comunidades que se encuentran de manera marginal en las perife-
rias de las ciudades.
La pandemia ha sido una gran oportunidad, para todos los que
vivimos en la velocidad cotidiana de la gran urbe, para detenerse y
hacerse preguntas básicas sobre nuestra vida, sobre la vida de los otros y,
principalmente, tener clara la relación profunda que hay entre el medio
ambiente y las personas. Hoy vemos que hay campesinos y campesinas,
en varias partes del mundo, sostienen la economía campesina bajo
los valores y prácticas que se requiere para ser parte de un sistema
campesino.

K´altik tseltal de Oxchuc 39


Hoy tenemos ante nosotros la oportunidad de abrirnos a la diver-
sidad de pensamientos, la oportunidad de poder conservar la diversidad
de especies provenientes del k’altik, la oportunidad de conservar la
diversidad de las culturas y con ello la evolución humana.
Por otro lado, hay que cuidar el no caer en la trampa de colocar
a la milpa como una categoría de un programa social, más bien hay
que comprenderla de manera integral, como una forma de vida y de
relación con el territorio, se adapta y se mantiene bajo un proceso de
adaptación y movimiento. Por ello, los que nos acerquemos al campo,
debemos cambiar nuestra mirada y nuestra perspectiva de colabora-
ción, que sea codo con codo en las múltiples actividades que requiere
la agricultura; sembrar, cultivar, consumo local, alimentación, difundir,
enseñar el valor de la identidad territorial, educación, arte y muchas
formas de vivir en el medio rural.
Deseo que este momento sea la oportunidad de cambiar el rumbo
de este largo viaje de descuido de la tierra y de la humanidad. Que
podamos tener un diálogo cara a cara para establecer nuevos puentes
de comunicación entre todos los habitantes de nuestro planeta. La
cultura está presente y viva, por eso es un compromiso de largo aliento.

Yich´el ta muk awal tsúnubiletik


El guardián del maíz está frente a la puerta
del k’altik para que respetemos todas las semillas.

40 Milpa Corazón
Caminando hacia el k’altik. Foto: Irene Nich

K´altik tseltal de Oxchuc 41


K’ALTIK TSELTAL DE HUIXTÁN

Lusbey Méndez Sántiz

Mis pies aligeran mis pasos cuando me encuentro con la milpa.


Estar en ella me hace recordar que el sol, la luna y la tierra,
dadivosamente, han regalado a la humanidad el grano de maíz.

Te kakane alimal xbat’ ya stasba sok te ixime,


Te nopol ayon sok-e ya stal ta kot’an te tatik k’aal,
te jme’etik u soy te lume.
Sok spisil yot’anik, la yak’beik te antswiniketike te sbak’ ixime.

43
El k’altik

Las tomé, de mi mano desbordaban, un sinfín de ellas, respiré la


esencia de su aroma, se notaban tan frágiles, tan elocuentes en
sus hileras, las miradas de todas ellas me recordaron mi infancia…
sí, esos granos me miraron.

Este texto es de voces de campesinos y campesinas, es el resultado de


una serie de reflexiones desde la mirada misma de la vida comunitaria:
cómo es la concepción de la relación tierra-semilla, la diversidad de
prácticas agrícolas y comunitarias que generan alimento, propiedad y
empleos ecológicos.
En este texto, abordo cuatro temas principales: la historia del
k’altik o milpa, la vida social en torno al sistema milpa, el simbolismo
e identidad relacionados a la espiritualidad y rezos efectuados durante
el proceso de la siembra de la triada maíz, frijol y calabaza, así como su
relación con el medio ambiente.
La tierra representa parte fundamental en los pueblos indígenas,
su forma de posesión territorial ha sido, hasta el día de hoy, tema de
discusiones, ya que mayoritariamente las tierras son traspasadas a los
hombres. Es por esto que creo que considerar la voz de las mujeres en
este tema es vital, porque ellas inciden de manera directa en la práctica
del sistema milpa: participan durante la siembra, ya sea directamente
cultivando o de la forma acostumbrada, o quedándose en el hogar para
preparar los alimentos de quienes acuden al campo.

44 Milpa Corazón
Considero también pertinente abordar el tema de cómo es la
participación y las voces de las y los jóvenes, niñas, niños, y de la fami-
lia en general, para que se les permita conocer las diversas prácticas y
tecnologías aplicadas durante las actividades agrícolas, y cómo éstas, en
su momento, se entretejen para lograr una mayor cosecha y producción.
Quiero evidenciar la importancia de preservar las semillas nati-
vas, que representan a la campesina, al campesino, a la comunidad, al
pensamiento revolucionario que enfrenta a las tecnologías «avanzadas»,
y que buscan conseguir la soberanía alimentaria y lograr un sistema de
agricultura sostenible.

¡Soy Lusbey!

Mi nombre es Lusbey Méndez Sántiz, oriunda de la comunidad indí-


gena tseltal La Independencia, municipio de Huixtán, Chiapas. Actual-
mente radico en Teopisca, a 60 minutos aproximadamente de mi
comunidad natal.
La situación laboral entre los años 1960 y 1980 en La Indepen-
dencia no era tan favorable, y en aquel entonces la responsabilidad
de solventar las necesidades económicas recaía solo en el hombre, es
por esto que Horacio, mi padre, decidió migrar a San Cristóbal de Las
Casas, para conseguir un «trabajo formal» que le permitiera un ingreso
económico y así cubrir nuestras necesidades.
Mi familia la integramos cinco hermanas: Vianey, Tania, Maricruz,
Vanessa, Ruth, y yo, mi hermano, el menor, Horacio Jr., mi padre Horacio

K´altik tseltal de Huixtán 45


Mi madre ha sido una compañera de vida, me ha transmitido la lengua tseltal, la
importancia de valorar la vida dentro de mi comunidad. Soy muy feliz de perte-
necer a un pueblo maya-tseltal. Primera foto: Archivo de la familia Méndez;
segunda foto: Vianey Méndez Sántiz.

y mi madre Manuela. Horacio es maestro bilingüe y Manuela se dedica


a las labores del hogar. Mi familia, a pesar de la circunstancia de ser
migrante, y con el mínimo dominio del castellano, al llegar a la ciudad
pudo encontrar una forma de sustentarse.
La decisión de salir en busca de una «mejor vida» no fue tan fácil,
en la ciudad normalmente todo lo que se consume es comprado en
el tianguis, en el mercado, en puestos de la esquina, en las tiendas, se
necesita de dinero, a diferencia del campo en donde puedes aprove-
char la producción de la tierra: el maíz, el frijol, el chile, la calabaza, y
muchos más.
Por lo tanto, en esta ocasión considero importante escribir y
compartir sobre este alimento espiritual, el k’altik, el cual representa

46 Milpa Corazón
en mi comunidad la medicina, el sustento, la existencia y la relación
entre el agua, la tierra, el sol y la luna.

Historia de mi comunidad

De 1925 a 1956 hombres y mujeres vivían en un rancho llamado El


Ochoa, vivían como esclavos, tenían sus pertenencias dentro de la
casa del «patrón» y trabajaban de sol a sol por órdenes del señor José
Marín Ochoa, quien era conocido como El español; tenía en su poder
2000 hectáreas de terreno y dominaba a los grupos indígenas tseltales
y tsotsiles. A estos grupos, Ochoa los dividió en subgrupos: maromas
y caporales. Estos últimos fueron considerados los capataces y tenían
la facultad de ordenar a los demás en el trabajo; quien no cumplía el
mandato y se rebelaba era castigado y obligado a trabajar desde las 3
de la mañana hasta las 8 de la noche, otros eran golpeados con un cinto
u obligados a cargar piedras enormes.
Los habitantes de la comunidad -«el rancho», como le llamaban
en aquel entonces- no gozaban de sueldo, pero tenían el derecho de
sembrar maíz, frijol, calabaza y más para mantener a la familia, pero
antes tenían que cumplir con el trabajo que se les encomendaba. Ochoa,
utilizaba a los indígenas como objetos, asignándoles cargos específicos
para su servicio: cuidar al hijo del patrón, cuidar de los animales, sembrar
las legumbres y la limpieza de la casa. En aquel tiempo, desde pequeños
comenzaban a trabajar y, así fueran jóvenes, adultos o ancianos, estaban
bajo las órdenes del caporal y todos tenían que cumplir las indicaciones.

K´altik tseltal de Huixtán 47


Los señores salían a trabajar a las 5 de la mañana y regresaban a
las 6 de la tarde, las mujeres se levantaban a las 2 de la mañana para
preparar el desayuno que llevaría el esposo al trabajo. El caporal «tocaba
el cacho», era un cuerno de toro que se usaba como trompeta para que
las personas salieran de sus casas a las 4:30 de la mañana. Los trabaja-
dores antes de ir a su jornada desayunaban y a las 5 debían estar listos
para ir a cargar piedras para construir un corral.
En aquel tiempo, la vida de los jornaleros no era nada favorable,
los derechos de los grupos indígenas estaban privatizados y como su
trabajo no era remunerado no podían comprar alimentos, ni zapatos y
ropa. Por esto utilizaban ropa de manta, y si les era posible, utilizaban
huaraches que ellos mismos fabricaban con cuero de vaca o de otro
animal.
Don Ochoa, ya envejecido, en 1932 contrajo una enfermedad muy
grave y perdió la fuerza, no soportó la enfermedad y perdió la vida. Fue
entonces cuando los jornaleros y sus familias alcanzaron su libertad, y es
por esto que la comunidad lleva el nombre de La Independencia. Esta
historia me la ha contado el señor Méndez.

Fundación de la comunidad de La Independencia


Fue fundada el 2 de noviembre de 1957, por los señores: Diego Méndez
Sántiz, Tomás Méndez Sántiz, Marcos López Sántiz, Marcos Sántiz
Gómez, Martín Sántiz Gómez, Pedro López Junak, y Sebastián Sántiz
López.

48 Milpa Corazón
Lusbey en la milpa. Foto: Vianey Méndez Sántiz

Hombres y mujeres sacrificaron su vida para organizar a la gente


y que lograron nombrar a la comunidad La Independencia. Comenza-
ron a construir casas de paja que estaban todas dispersas, pero todos
cooperaban para el trabajo comunitario; la comunidad aumentó de
población en diez años.

K´altik tseltal de Huixtán 49


Datos y ubicación geográfica
La Independencia, municipio de Huixtán, se localiza al oriente de la
capital del estado de Chiapas; de Tuxtla Gutiérrez a la comunidad hay
una distancia de 150 kilómetros. Se ubica en la región económica de
los Altos, que limita al norte con la comunidad de Buena Vista, al este
con el poblado de San Antonio, al sur con la colonia de La Libertad y
al oeste con la comunidad de Tsopilja’.
En mi comunidad predomina el clima húmedo, en verano es
cuando comienzan las lluvias, de enero a agosto se mantiene un clima
muy fresco y de septiembre a diciembre hace frío. Ha habido fenómenos
naturales que han provocado intensas lluvias, y por ende se han perdido
las siembras de maíz; en ocasiones también las tormentas han destruido
las casas y frecuentemente el viento «levanta» las láminas de las casas.
El suelo de la mayor parte de la comunidad es húmedo, lo que
permite una siembra fructífera, hay un 25% de tierra negra y 30% de
tierra colorada, en donde se siembra frijol, calabaza, chayote, pera, cirue-
la y durazno.
La vegetación es algo escasa, solamente se observan árboles de
pinabeto, ocote, ciprés y frutales. La comunidad se caracteriza por una
gran variedad de especies de animales, las más representativas son:
el conejo, ardilla, zorro, armadillo, paloma, culebra ocotera, jabalí, en
ocasiones se deja ver el venado blanco, nauyaca y el gavilán. Otros
animales son de paso por la región, como el zorrillo, el picamaderos y
el venado de campo.

50 Milpa Corazón
Historia del k’altik

Somos hombres y mujeres del ixim (maíz)… la historia nos remite a la


creación de los hombres y mujeres, y de ella que hemos aprendido que
somos seres transformables y cambiantes, y que lo que ahora somos, ha
pasado por un proceso cultural del cual, sin duda, en muchas ocasiones
no hemos sido conscientes. Estamos en constante cambio.
Un claro ejemplo de la transformación comunitaria es la práctica
llamada «intercambio de manos» en la que antes no se requería de un
intercambio económico para ayudar al prójimo en sus actividades de
siembra y tapisca del k’altik; el cambio radica en que actualmente se
realiza un pago económico a quien acude a apoyar a la actividad antes
mencionada. Comento lo anterior, porque en una de las visitas realiza-
das a la comunidad me di cuenta de que muchos aspectos en relación
al k’altik han quedado solo en la memoria de las abuelas y abuelos,
solamente ellos comprenden la importancia de cuidar nuestro futuro,
porque tienen presente que el campo es un sustento no solamente
comunitario, sino que representa el abastecimiento global alimentario.
Por ello, quiero compartir una anécdota de mi abuela que expresa
muy lindo la historia del k’altik:

Caminábamos juntas mientras le pregunté cómo aprendió a


sembrar el k’altik, ella rápidamente respondió diciendo: «Mi papá
me enseñó, nos levantaba temprano, a las 4 de la mañana ya
debíamos de estar tomando café, porque él decía que los buenos
campesinos se levantan temprano, así la milpa crecerá verde y

K´altik tseltal de Huixtán 51


sana». Y eso es cierto, el elote crecía muy grande y con muchos
granos, también las lluvias ayudaban porque caían a su tiempo,
ahora da tristeza, porque ya la lluvia no viene a tiempo y eso
cambia la fecha de siembra. […] si tenemos maíz lo tenemos todo,
porque antes no teníamos dinero para comprar carne, por eso,
teníamos que ponerle muchas ganas a la siembra, es lo que comía-
mos. Otra de las cosas es que cuando hacíamos fiestas siempre
era el atole, el tamalito de frijol, por eso es que las familias debían
de tener maíz, porque si una familia no tenía iba a soportar las
burlas de la comunidad porque eso quería decir que no traba-
jaban. […] mi papá me enseñó a respetar la tierra, a cuidarla y,
lo más importante, dejarla descansar, decía que si él se cansa
del trabajo también la tierra se cansa, hay que dejar que vuelva
a «nacer». Siempre lo vi salir con su azadón, afilaba también el
machete, y recuerdo que un día se quebró su machete y casi
lloraba porque no tenía dinero para comprar otro, ahora me doy
cuenta de que esas cosas para muchos ya no son importantes.
-Juanita Gómez, 64 años

La vida comunitaria de la población de La Independencia gira


en torno al sistema milpa y a la producción de animales como gallinas,
jolotes, puercos y ganado, este último con una producción baja porque
la comunidad no es zona ganadera, pero las familias consideran impor-
tante contar con un recurso económico en «resguardo», y la mejor
forma de hacerlo es invirtiendo en la compra y crianza de animales
para después venderlos a un mayor precio, la ganancia se invierte en la

52 Milpa Corazón
compra de fertilizantes para «mejorar la cosecha» (en este punto hay
un desconocimiento de la gravedad del daño que se está causando a la
tierra, estamos apostando a la infertilidad y esto resulta peligroso) pues
existe la gran necesidad de tener una producción acelerada. Es cuando
se nota fragmentada la relación entre el k’altik, el hombre y la mujer.
Pienso que la sensibilidad y el respeto hacia la tierra debería ser
parte de la existencia de las personas, hoy se ha degradado provocando
un impacto negativo en la vida cultural, social, económica y lingüística.
La historia nos enseña que antes había una distinta concepción
de la relación, un vínculo no fragmentado, una historia en la que no era
necesario hablar de resistencia indígena, en donde los mayores momen-
tos familiares eran cuando se seleccionaba la semilla y cuando se cose-
chaba, donde lo más importante era estar en armonía con la tierra.
Hoy considero que la relación maíz, hombre y mujer es un vínculo
que está aún presente a través de nuestras ancestras y ancestros, porque
siguen aquí, y porque a través de la tradición oral se mantiene viva…
esta relación hace posible que existan los Guardianes y Guardianas de
las Semillas.
Así, también el k’altik es un conocimiento científico y tecnológico
que abona a la riqueza cultural de las comunidades. En La Indepen-
dencia se practica el k’altik y sus productos se destinan principalmente
para el autoconsumo. En este sistema dependen, para beneficiarse, tres
importantes semillas: maíz, frijol y calabaza.
Esta triada que funciona como un sistema de producción fue
transmitida por nuestras ancestras y ancestros como un alimento que
da la vida. En este sentido la milpa es parte de la vida.

K´altik tseltal de Huixtán 53


El k’altik, maíz y frijol son las semillas dentro del sistema de producción.
Foto: Lusbey Méndez Sántiz

La milpa para mí es sustento, porque de eso hemos vivido por


muchos años, podrán faltar muchas cosas en la familia, pero el
maíz y frijol no pueden faltar en la casa, la milpa se podría decir
que es mi vida, porque es el sustento que nos da de comer.
-Pedro Cruz, 23 años

54 Milpa Corazón
Además del valor que se le da al maíz, existe también un respeto
a la tierra, los conocimientos de las campesinas y campesinos no están
relacionados con el aprovechamiento excesivo del entorno natural y
ecológico, han procurado un balance entre el aprovechamiento del
suelo y el agua con relación al cultivo y producción de alimentos.
Es menester recalcar que los conocimientos culturales propician
una producción de granos básicos resistentes a condiciones ambientales
adversas. Es por esto que la selección de semillas forma parte central
de este conocimiento cultural: después de la cosecha se seleccionan
las mejores mazorcas porque serán las que darán inicio a la siguiente
siembra, las mazorcas son «colgadas» cerca del humo que proviene del
fuego de los fogones para que endurezcan los granos y no se apolillen.
Es menester considerar los saberes ancestrales para la conservación de
las semillas nativas.
Por otro lado, el k’altik ha atravesado por múltiples procesos agrí-
colas comunitarios, los cuales han generado la introducción de prácticas
agrícolas basadas solo en la economía y no en la integralidad del medio
ambiente, en comparación con las prácticas ancestrales, usadas hasta
hace veinte o treinta años, y que se han transmitido de generación en
generación. Encontramos estas diferencias:
En lugar de usar azadón para limpiar el k’altik ahora se hace con
agroquímicos, aumentando el riesgo financiero por la compra de éstos,
además de provocar el desgaste de la tierra. En lugar de aprovechar el
rastrojo como cultivo se le prende fuego, la decisión de quemarlo es
porque el rastrojo es un abono natural que acelera el crecimiento de
hierbas, zacate, entre otras plantas, que tendrán que ser fumigadas

K´altik tseltal de Huixtán 55


antes de la siguiente siembra, eso implica mayor inversión de recurso
económico y tiempo.
Desgraciadamente son pocas familias las que siguen el proceso
de siembra de manera tradicional -siembra, cosecha, secado y almace-
namiento- con el uso de azadón y ocupar el rastrojo como cultivo. La
falta de mano de obra familiar es una de las razones por las que optan
por usar los agroquímicos, ya que su efecto es más rápido y reduce
mucho el tiempo de trabajo, por esto también las yuntas han dejado
de ser útiles. Lo anterior también se ha propiciado debido a que en los
últimos diez años ha aumentado la migración de hombres a los Estados
Unidos en busca de mejores oportunidades, y las mujeres han asumido
todo el proceso del cultivo, junto con sus hijos, teniendo muchas veces
que contratar a una persona para que apoye en la siembra.
Por otro lado, la disminución de lluvia también provocó que se
aumentara el uso de fertilizantes de origen sintético ya que éste provee
nutrientes a las semillas y acelera el crecimiento y producción, haciendo
que la milpa se «desarrolle mejor» a pesar de dañar el suelo. Actual-
mente este último no se encuentra en estado fértil por falta de hume-
dad debido a la inmoderada tala de árboles, provocando también una
modificación del ciclo hidrológico pues son talados e inmediatamente
después son usados como terrenos para la siembra del k’altik. Actual-
mente se notan hectáreas de terrenos sin árboles, además 90% de las
familias usan leña en sus hogares.
El «tratamiento» que se le da al k’altik ha sufrido cambios que
son notables para la población de La Independencia, como lo comenta
Pedro:

56 Milpa Corazón
Es muy diferente, antes no había químicos y todo era al natural,
pero con los tiempos todo cambia, algunas cosas son buenas y
otras no, por ejemplo, antes la milpa empezaba con las lluvias, la
limpia de la tierra, la siembra, el calce, el chaporreo y la siembra
de frijol, […] que acababa con la dobla; ahora muchos ya no
limpian la milpa, fumigan.
-Pedro Cruz, 23 años

Así, el uso excesivo de las prácticas agrícolas económicas como


el uso de plaguicidas, de fertilizantes inorgánicos y el monocultivo (la
siembra de una sola semilla) despoja a la comunidad del conocimiento
milenario, atenta contra la vida comunitaria y de la misma subsistencia.
La entrada de la tecnología «desarrollada» también ha tenido
implicaciones en el uso del vital líquido, el agua, pues ha obligado a que
algunas familias campesinas se adapten y ahora usen sistema de riego
por aspersión causando problemas internos en la comunidad debido
a que el abastecimiento de agua es muy poco.
Para la comunidad tseltal existe una relación muy importante
entre agua y maíz ya que si la tierra no cuenta con la humedad suficien-
te la semilla no germina. Las y los campesinos tienen que esperar las
primeras lluvias para que la tierra esté húmeda, pero en los últimos tres
años la lluvia ha tenido un drástico cambio, se ha atrasado, generando
un cambio en el proceso de siembra temporal.
También se han transformado las relaciones familiares pues los
químicos han venido a «facilitar» la tarea del campesino. Anteriormente
la familia se juntaba para la siembra, las niñas y niños se iban con los

K´altik tseltal de Huixtán 57


padres a los campos para comenzar a sembrar, tomaban la coa para
hacer los pequeños orificios y tomaban de los morrales la semilla del
k’altik y la colocaban en los agujeros, con el pie derecho empujaban
la tierra para que cubriera la semilla del ixim; los jóvenes también se
incluían en el proceso porque eso significaba que la familia podía supe-
rar la siembra y la cosecha, ya no tendrían que conseguir a alguien más
para que los apoyara. De igual manera había armonía para «chaporrear»
el terreno y hacer los demás trabajos. Ahora, como usan los químicos
«ahorrando» tiempo y esfuerzo, entonces el trabajo colectivo familiar
se ha perdido.
Hay que darse cuenta que la tierra es sagrada. Nuestros antepasa-
dos le decían «la madre tierra» porque nos da de comer, no se usaban
líquidos o pesticidas porque era darle veneno a nuestra madre. Hay que
aprender a respetarla primero para posteriormente labrarla.
Para aprender del campo y de todas sus implicaciones sociales,
culturales y ambientales es muy importante transmitir el conocimiento
ancestral a las generaciones venideras, niñas y niños, quienes son los
portadores de la tradición oral, prácticas y vida cultural de la comuni-
dad. Es fundamental reflexionar sobre la importancia de intercambiar
y compartir las semillas, de hecho, hay una frase interesante que se dice
entre los campesinos: «No vayas a comprar la semilla, luego no va a
crecer, y si crece no tendrá muchos granos».

58 Milpa Corazón
Organización y familia

La siembra del k’altik es de temporada y comienza con las primeras


lluvias en abril o mayo, la mayoría de los campesinos siembran en los
primeros 15 días de mayo, pues se espera que las lluvias de esos días
ayuden al brote de las semillas, solo en algunos casos se adelantan a
los últimos días de abril o se atrasan para después del 15 de mayo, esto
depende del ciclo de las lluvias. El periodo de siembra representa para
las familias de La Independencia motivo de alegría y también de trabajo
arduo, en el que impera la conexión entre el tiempo, el sol y la luna.
Para lo anterior, la organización familiar es de suma importancia,
permite que todas y todos participen. Actualmente las mujeres son
las encargadas de quedarse en casa para preparar los alimentos, los
hombres son los que por costumbre acuden a la siembra, mientras las
niñas y los niños los acompañan y se les da la tarea de ir colocando los
granos de maíz en el pequeño orificio que se hace en la tierra. Es una
forma de hacerlos partícipes, y existe el reto que en el proceso de ense-
ñanza se incluya el uso y el manejo de la tierra, ya que estos aprendizajes
pueden afectar positivamente a las futuras generaciones.

La familia se pone de acuerdo, tíos, tías, abuelos, abuelas, el


abuelo es quien elige la fecha para la siembra, las fechas en que
van a ir a trabajar, sobre todo se elige cuando comienza el tiempo
de agua, es importante también conocer el curso de las lluvias,
los que se invitan a la siembra tienen que apartar un día o dos,
depende del tamaño del terreno que se va a sembrar, y si alguno

K´altik tseltal de Huixtán 59


de ellos no puede, tiene que buscar «su pagado», para que vaya
a trabajar de su parte.
-Pedro Cruz, 23 años

La participación de la familia propicia que no se deje de sembrar


maíz y frijol, el no abandono la tierra, esto último es un gran problema
al que se enfrenta la comunidad, pues al haber poca productividad
las campesinas y campesinos venden su tierra o la abandonan porque
migran buscando «una mejor vida», y eso cambia todo, rompe un ciclo
establecido en la vida comunitaria.

Las mujeres y el maíz

Las mujeres han mantenido una estrecha relación con las semillas del
ixim, desde su siembra hasta la preparación de alimentos, pero el víncu-
lo no solamente es nutricional, también, como ya mencioné, hay una
relación con el agua, la tierra, el fuego. Este último se da principalmente
en la cocina, el cual es un espacio y actividad exclusiva de ellas, son las
que tienen la «responsabilidad» de mantener la casa limpia y el fogón
encendido, este último como parte de la tradición porque ayuda y
mantiene a la familia unida:

El fogón debe de estar encendido, haya calor o haya frío, para


hervir el agua, para cocer la comida, poner el nixtamal, hacer las
tortillas, porque nosotros nunca comemos tortillas frías […] por

60 Milpa Corazón
las tardes vienen mis hijos, mis hijas, porque somos muchos, nos
sentamos a lado del fogón y comenzamos a platicar cómo nos fue
en el día. Me alegra que mis hijas e hijos me visiten, pero siempre
nos reunimos en la cocina, además de grande, nos provee calor.
-Juanita Gómez, 64 años

La visión y perspectiva de desarrollo económico actual considera


que la actividad de las mujeres indígenas es privada y marginada, se cree
que no hay un crecimiento de sus capacidades porque la mayoría de
sus actividades se realizan regularmente en el ámbito privado, lo cual
puede entenderse como una forma de opresión.
Pero la realidad también nos dice otra cosa, al comprender que su
participación es central, que las voces de ellas también son importantes
y que sí hay un crecimiento de sus capacidades, al tener una relación
estrecha con la tierra y la naturaleza. Son las que luchan ante la opre-
sión del mundo globalizado, ante el cambio climático, los programas
sociales no acordes a la vida comunitaria, el desamparo jurídico de
las semillas nativas. Mantienen la lucha cultural, un camino que ellas
siguen recorriendo.
Para visibilizar y reconocer el trabajo femenino en el hogar se debe
aprovechar el relevo generacional y así poder transmitir los conoci-
mientos ancestrales, y que el papel de la mujer para la preservación de
las prácticas comunitarias se priorice, además de reivindicarlas desde
una posición más positiva y asertiva en la casa, en el k’altik y en la
comunidad.

K´altik tseltal de Huixtán 61


Las mujeres han construido y desarrollado una conciencia sobre
la continuidad de las prácticas, logrando un conocimiento completo
del cultivo del maíz. Ellas son quienes conocen muy bien el proceso de
selección de las semillas, y su participación es central para la preserva-
ción de la misma, aunado a su labor en la cosecha.
Cabe mencionar que existe una participación diferenciada por
género ya que hay familias en la comunidad en las que el hombre
(esposo) está ausente, por lo tanto, la mujer es quien toma la respon-
sabilidad de sembrar y cosechar, lleva a cabo todo el proceso, solo si
en la familia hay hijos o hijas que tengan entre 12 y 18 años ayudan a
la madre.
En estos casos la madre incentiva la participación de sus hijas,
porque si les toca vivir la ausencia de un hombre, entonces ellas deben
de tener el suficiente conocimiento para que puedan cultivar, de esta
manera no les faltará el sustento. El estado civil de las mujeres marca
su nivel de participación en la milpa.

Pues las más jóvenes van a ayudar en el trabajo de la milpa porque


saben limpiar (usar el azadón), ayudan a cargar agua cuando
fumigamos, saben tirar fertilizante, calzar, porque como desde
chiquitas iban a la milpa aprendieron bien, aparte se quedan
una o dos mujeres en la casa, depende de cómo se necesite la
ayuda para hacer la comida, batir pozol, ir a traer agua al pozo
para tomar, ya las demás se concentran en trabajar en el campo.
-Pedro Cruz, 23 años

62 Milpa Corazón
La participación de la mujer en el campo legitima su conocimiento
y su aprendizaje, le da un estatus de aceptación ante la familia, aunque
esto represente doble carga de trabajo, ya que su participación en todo
el proceso de siembra y cosecha del maíz no le quita cumplir también
con sus responsabilidades en el hogar.
Muy importante remarcar que a pesar de la crucial participación
de la mujer en los cultivos tiene limitado acceso y control sobre la
tierra… aún y con todo, ellas no se limitan en su labor como principales
productoras de la alimentación y guardianas de las semillas.

Juventudes

La vida de la humanidad se encuentra en riesgo, hay que abrir espacios


a las juventudes, dejar de pensar que los de menor edad no tienen la
capacidad de proponer ideas para la conservación de las tierras; se
piensa que ellos no están inmersos en estos temas, ya sea por migración,
por la falta de conciencia o porque ya adoptaron otras formas de ser y
actuar externas a la comunidad, causando un fuerte rechazo a la propia
forma de ser de las juventudes.
Las comunidades debemos dar oportunidad a las juventudes a
que expresen sus reflexiones, a que participen. La fuerza de la juventud
es de suma importancia para proteger las lenguas indígenas, la defensa
de la tierra, la protección de los recursos naturales… El revelo genera-
cional depende de ellos, si la transmisión de conocimiento se pierde
estaremos perdiendo gran parte de la grandeza humana.

K´altik tseltal de Huixtán 63


La lengua indígena tseltal es el puente que ha permitido la trans-
misión de conocimientos de generación en generación y gracias a la
tradición oral de las narrativas, leyendas, mitos e historias relacionadas
a la madre tierra, las semillas, el agua y seres sobrenaturales que salva-
guardan a la naturaleza, se ha transmitido el conocimiento a los jóvenes;
por ejemplo, se sabe que el stsuk’ ixim sirve para sanar el hígado, que
la madera cortada en luna llena usada para construir casas no le saldrá
polilla, que después de haber desgranado el maíz, el olote tiene que
guardarse por un tiempo para que las semillas no sean comidas por los
gorgojos. Todo este contexto permite a la juventud relacionarse desde
otro lado con la vida comunitaria.
Por otro lado, las juventudes de la comunidad deciden migrar del
campo a la ciudad, ya sea por trabajo o para estudiar la universidad
ya que en la comunidad no contamos con una, y ellos quieren seguir
preparándose. Regularmente acuden a San Cristóbal de Las Casas, y si es
por cuestión laboral deciden ir a Cancún, Tijuana, Sonora, mayormente
a la parte norte del país.
Durante la estancia en lugares urbanizados, las y los jóvenes
comienzan una transformación de vida ya que se tienen que adaptar
a la ciudad. Con el paso del tiempo su vida se vuelve monótona, pues
ya no tienen que sembrar ni cosechar porque es más práctico ir a una
tienda y adquirir productos empacados y de fácil acceso.

Me tuve que ir a Cancún. Cuando me despedí de mi mamá,


aunque soy hombre, lloré porque sabía que no la volvería a ver
en mucho tiempo, me despedí de mis hermanitas y les dije que

64 Milpa Corazón
aunque no estuviera papá, yo me encargaría de todo el dinero,
que no se preocuparan, que ayudaran a mi mamá en la milpa
porque ella es responsable ahora. Antes de irme dejé sembrada
la milpa, ya solo faltó el frijol, pero mi mamá lo iba a terminar
de hacer porque ella es buena para eso, además le tiene mucho
amor a su milpa porque cada vez que ella siembra siempre le va
bien, el frijol se ve bien verde y produce mucho […] la vida allá es
dura, además de que hace mucho calor, a veces me acordaba del
pozol que me daba mi mamá, luego allá te venden pozol, pero hay
algo que no me gusta, es el olor, a veces se piensa que el maíz no
era mexicano porque tenía un olor feo, por eso regresa uno. […]
mientras regresaba me acordé de todo, de la vida en la comunidad,
porque aquí siembras todo, si eres un hombre trabajador no te va
a faltar la comida, de eso nos sustentamos, es lo que comemos, es
más sano […] ahora la milpa está creciendo, esperando para comer
los elotes, me gusta lo que hago, y lo importante es que estoy con
mi familia. No tengo mucho dinero, ni quiero ser rico, solamente
estar con mi familia, eso agradezco a la vida, me fui, pero volví.
-Anónimo, 31 años

Los jóvenes son importantes para la conservación de los conoci-


mientos de los abuelos y abuelas, deben considerar a la agricultura como
un centro de vida comunitario, solamente de esa forma se comprenderá
que la agricultura es la base de la alimentación. Nosotras y nosotros
como jóvenes debemos de preocuparnos por aprender a cultivar la
tierra y lograr nuestra soberanía alimentaria.

K´altik tseltal de Huixtán 65


El desestimar los conocimientos locales pone en riesgo los saberes,
los jóvenes que salen de la comunidad regresan con nuevas perspectivas,
esto provoca que la alternancia de los conocimientos ancestrales con
los actuales repercuta en la construcción de alternativas no acordes a
la cosmovisión de la comunidad. Tal es el caso de la propagación del
uso de fertilizantes porque se piensa más en producción de cantidad
que de calidad.
Por ende, es menester compartir con las juventudes reforzando
la historia y la cultura de la comunidad, hablar de la conservación del
gen de la semilla, de la historia y la cosmovisión, que esta actividad
de producir en el campo no sea vista como una actividad económica
sedentaria, es una forma de existir. Aunque los jóvenes mantengan un
perfil distinto al de nuestras ancestras y ancestros, se debe hablar de
las consecuencias que puede haber por la inclusión de nuevas prácticas
y tecnologías. Prevenir, por no decir erradicar, la idea falsa de que los
pueblos que no incluyen semillas modificadas no pueden competir en
el mercado global, esta idea solo provocará una baja productividad y
las semillas se irán modificando hasta que el gen no pueda soportar
los cambios climáticos y dejará de existir. El mayor patrimonio de la
comunidad a las nuevas generaciones es que sean autosustentables
conservando sus semillas.

66 Milpa Corazón
Espiritualidad, simbolismo, identidad

Resguardar nuestras semillas, nuestras plantas medicinales, nuestra


alimentación, es fundamental para nuestra subsistencia, debemos
defender lo nuestro, esto no quiere decir que no queramos compartir
nuestros alimentos, lo que queremos es respeto y reconocimiento.
El k’altik representa un obsequio maravilloso de la naturaleza el
cual permite que la humildad vincule su espiritualidad con la esencia
de lo verdaderamente importante. El ciclo natural de la vida es nacer,
crecer, reproducirse y morir, la tierra toma ese mismo ciclo, porque
nace cuando se le considera como parte de la vida, crece cuando hay
un respeto hacia ella, se reproduce cuando se comienza a labrar y la
dejamos morir cuando las prácticas de cultivo no son las adecuadas.
Podemos sembrarla, pero algo que no podemos hacer, es hacerla brotar,
ella sola lo hace. Debemos agradecer a la madre tierra la oportunidad
que le da a la humanidad por darle su vital alimento.
Existe una relación interesante en el sistema milpa y nosotros,
lo mencioné al principio con la triada, como seres humanos también
somos tripartitos, compuestos por espíritu, alma y cuerpo, y el sistema
milpa considera tres importantes semillas, estas tres partes hacen que
seamos también productivos y buenos, como el k’altik.
Es por eso que la relación con las semillas no debe de perderse,
hay esperanza de que las costumbres sigan, hay guardianes y guardia-
nas del ixim, quizá no sepan eso, pero están ahí, con las ganas de seguir
sembrando y con una gran esperanza de que la semilla germine, que la
diversidad de maíces signifique diversidad de pensamientos que emanan

K´altik tseltal de Huixtán 67


de una mazorca; es decir, que coexista el respeto, la armonía y la acepta-
ción a lo diferente, la semilla nos enseña que somos una humanidad que
puede dar, producir y compartir… la naturaleza ha sido muy generosa,
pero hemos olvidado que por ella vivimos.
Antonio es originario de La Independencia, desde pequeño apren-
dió a cultivar el k’altik, él sabe que para seleccionar las semillas tiene que
elegir las mazorcas más grandes y las de mejor color, amarrarlas entre
ellas y colgarlas en la viga de la casa para que el humo las haga «duras»
y el gorgojo no los carcoma. Al acercarse el tiempo de la siguiente siem-
bra él está atento para bajar las mazorcas y desgranarlas. En ocasiones
desgranar el maíz es complicado porque está «duro», por ello cuando
la primera mazorca se desgrana el olote se usa como desgranador, antes
se tiene que quemar un poco para que quede rasposo, eso permitirá
que la mazorca friccione con el olote y se desgrane fácilmente.
Antes de realizar lo anterior Antonio tiene que agradecer a Dios
porque las semillas se mantuvieron sin daño alguno. Este agradecimien-
to antes de la siembra es esencial por lo que llama a sus nietos e hijos
más pequeños para que aprendan sus palabras en lengua tseltal:

Awokoluk kajwal, yakalon ta sk’utel te kixime sok te jcnenek’e,


ma me awiktayon, wokolnaxawal te bit’il ch’i te jk’ale, ay te ch’in
kixime, te chenek’e, te yajwal na’e ma smel yot’an, te me sk’an
spas te petule, mok sk’an yuch’ mats’ mayukbi smel yot’an. Lek
ayotik. Ja jich k’an te jawil to te yakuk sch’i te kixime, sok spisil te
bek ya ts’untike.

68 Milpa Corazón
Por favor Dios, estoy desgranando mi maíz y mi frijol, no me dejes,
muchas gracias porque creció mi milpa, tengo maíz, frijol, mi
esposa no tiene preocupación, si quiere hacer tamales, o quiere
tomar pozol no tiene por qué preocuparse. Estamos bien. Deseo
lo mismo en este año que crezca mi milpa, y todo lo demás que
vamos a sembrar.

Se sabe que las palabras que salen de nuestro pensamiento y cora-


zón son profundas, y que eso vincula a nuestras ancestras y ancestros a la
luna, al sol, a la conservación del k’altik que es una actividad milenaria, de
más de dos mil años. Si el conocimiento de labrar la tierra está presente
no moriremos de hambre, habrá maíz y frijol. Incluso, si la producción
es mayor al consumo familiar, tenemos la posibilidad de vender unos
cuantos costales; lo seguro es que no faltará alimento en casa.
La esperanza representa continuidad en la existencia de la huma-
nidad, el ixim y el frijol forman parte de ella.

Me pongo feliz cuando comienzo a sembrar la milpa, además


de que mi esposa también madruga preparándome el almuerzo,
eso me pone contento porque ella también es parte de esto […]
aplasta los frijoles con su mano y los pone en la tortilla, tortilla
caliente de maíz blanco, además me prepara un litro de pozol
que vierte en una botella para llevarlo al trabajo, y cuando llega
el tiempo de cosecha, me llego a sentir contento por ver los
resultados de mi trabajo.
-Antonio Gómez, 67 años

K´altik tseltal de Huixtán 69


Antonio está muy agradecido con la madre tierra porque le está dando la opor-
tunidad de cosechar. Por la mañana, mientras está rodeado de sus hijas e hijos, él
pela el frijol con entusiasmo y mucha concentración. Foto: Lusbey Méndez Sántiz

Ceremonias tradicionales

El k’altik es parte de nuestra existencia, sin él jamás el paladar hubiese


sentido el sabor tan especial del pozol, jamás hubiéramos conocido una
jícara, el recipiente que es utilizado para «batir» el pozol, una tradición
muy interesante: el que tiene la facultad de usar por primera vez la
jícara es el mayor del hogar, y antes de tomar el pozol mira hacia arriba,

70 Milpa Corazón
levanta la jícara y agradece a Dios por la bendición, además agradece a
su esposa por el esfuerzo que hizo en desgranar, cocer y moler el maíz.
Otro momento muy importante es antes de la siembra, comienza
desde una relación de respeto entre el hombre y la tierra, quien toma la
coa es el encargado de arrodillarse sobre la tierra, se quita el sombrero,
si hay algún acompañante también hace lo mismo. Las palabras deben
de salir de lo profundo del corazón porque si la oración es somera no
habrá buena cosecha, la buena cosecha significa que todas las semillas
germinan. Hay que esperar cuatro meses aproximadamente para ver
los resultados: el brote de la semilla hasta que se producen los elotes,
durante la espera a la milpa se le «echa azadón» para quitar las plantas
que están «robando» minerales. Cuando el k’altik ha crecido se decide
sembrar la semilla de frijol negro o rojo, haba y alguna semilla de verdura,
regularmente siembran nabo y tomate verde (chichol).
Mientras el k’altik va creciendo, el frijol, a la par, va enrollándose
en él usándolo como soporte; en este sentido, las familias de la comu-
nidad lo consideran como un gran ejemplo de la naturaleza: que el frijol
se sostenga del maíz significa que en la vida necesitaremos en algún
momento el apoyo de alguien, la naturaleza nos regala este maravilloso
ejemplo.
Llegado el momento de la cosecha, toda la familia acude a la milpa,
se colocan por las filas para ir sacando la mazorca y terminar el surco.
Los mayores recomiendan ir checando bien cada milpa porque a veces
se distraen y dejan varias mazorcas sin recoger y el espíritu del maíz se
va a molestar, por lo tanto, hay que revisar muy bien.

K´altik tseltal de Huixtán 71


Antes de tocar la primera mazorca, la familia se para en fila frente
a la milpa para observar el fruto de su trabajo, la alegría invade el cora-
zón, porque saben que la cosecha les proveerá alimento. Las mazorcas
son encostaladas y regularmente se trasladan a la casa de la familia,
después hay que desgranarlo. En el proceso de desgranamiento la mujer
extiende un costal o plástico, si es en el patio solamente deja caer las
mazorcas para que se sequen, después seleccionar las mejores mazorcas
para semillas del próximo año.
En ocasiones cuando no se ha desgranado la mazorca, y el hombre
no se encuentra, la mujer tiene que hacerlo, y para no tardarse mucho
mete aproximadamente de 15 a 20 mazorcas en un costal y lo golpea
con una macana. La fuerza aplicada en las mazorcas hará que se desgra-
nen; es una práctica en la que se ahorra mucho tiempo. Las semillas que
se salen del costal mientras es golpeado se tienen que recoger, porque
nuestros ancestros nos han enseñado que si la semilla se deja en el suelo,
las hormigas van a comérselas y eso significa que hemos descuidado lo
que nos regaló la madre tierra. Si en la casa hay niñas y niños, a ellos se
les da la responsabilidad de recogerlas, para que no quede ni un grano
de maíz en el piso, en la tierra o en el costal.
La selección de las semillas depende del uso que se le dará: la
punta de la mazorca sirve para el pozol, la parte de abajo sirve para el
nixtamal que se utilizará para las tortillas y si una mazorca está apoli-
llada se destina para alimentar a las gallinas y a los puercos.
Durante la dobla del maíz, tapisca y desgrane, el respeto a los
granos siempre debe estar presente, además durante todo el proceso
se llevan a cabo rezos tradicionales, regularmente se realizan en una

72 Milpa Corazón
de las lagunas que hay en la comunidad llamada Onteal. Uno de los
rezos se realiza el 3 de mayo en honor a la Santa Cruz, para pedir que
la lluvia caiga a su tiempo y la comunidad pueda sembrar de acuerdo
a la fase lunar; si no se hace, hay cierta culpabilidad y existe la posibi-
lidad de que la cosecha no sea productiva… cuando no se cosecha lo
mismo que otros años se dice que los castigó la Santa Cruz porque no
se le realizó el rezo.
Hasta para tomar el pozol hay que dar las gracias porque hay
alimento en casa, no solo es una bebida típica, la tierra también nos
da la oportunidad de tomarla con unas verduras que se cortan en la
milpa: la chicoria y el nabo.
Considerar el k’altik como triada milenaria es particularidad de las
comunidades indígenas, quizás debemos voltear a ver la cosmovisión
para comprender la profundidad de su armonía con la naturaleza.

Respeto y cuidado de la tierra

El respeto y el cuidado hacia la tierra tienen que ser vistos desde su


propio ciclo, porque también es importantísimo dejar que tome un
descanso, para que pueda regenerarse, es decir, hay que cuidar la salud
del suelo.
También en la vida cotidiana, y como práctica tradicional de cuida-
do del terreno, algunas familias optan por usar el rastrojo como abono
orgánico, que es otra de las prácticas ancestrales, así como el de cuidar
las semillas colgándolas en las vigas de las casas para mantenerlas lejos

K´altik tseltal de Huixtán 73


de algún daño y en caso de que no se puedan colgar se desgranan para
almacenarlas en costales o en bolsas de plástico.

Semillas, vida y alimentación

La semilla que más conservan las familias es la del maíz blanco y amari-
llo porque representan la principal fuente de alimentación. Le sigue
la semilla de frijol porque, a la par que el maíz, es lo que se consume
mayormente las familias de la comunidad, además las dos están en la
mayoría de las actividades religiosas y festivas: en la pedida de mano, en
el casamiento, en las fiestas patronales, en las defunciones y en el día de
muertos no pueden faltar los tamalitos de maíz y frijol, y el atol agrio.
También están las semillas de la acelga, tomatillo, chile, nabo y
cilantro, entre otras, que forman el sistema milpa, no debemos dejarlas
a un lado pues también son muy importantes, tal es el caso del chile,
que dentro de la comida de la comunidad de La Independencia no
debe de faltar, eso le da un sabor único a los alimentos. En ocasiones
se prefiere tomar el pozol con chile y sal como un aperitivo tradicional
que se degusta después de regresar de la milpa o durante el trabajo
en la misma. El cilantro es otra planta comestible que regularmente se
usa para dar sabor al caldo de res. Se siembra dentro de la milpa o en
el traspatio, algunas familias deciden sembrarlo en una olla o cubeta
que ya no usan, para tenerlo a la mano. Las plantas forman parte de la
cocina tradicional de la comunidad, es por ello que deciden guardar las
semillas de los comestibles junto a las semillas del maíz.

74 Milpa Corazón
Las semillas de maíz se conservan aproximadamente entre seis y
ocho meses, las de las verduras duran uno o dos años si se mantienen
en un lugar fresco y en un frasco. El tiempo de conservación depende
mucho del tipo de semilla, algunas se apolillan rápidamente y son las
que se tienen que sembrar al año, como la semilla de cilantro. Lo inte-
resante de las semillas es que la mayoría de ellas germinan muy bien
y son resistentes a algunas plagas, aún y con los cambios climáticos,
genéticamente se han adaptado a las condiciones actuales permitiendo
su supervivencia.
En suma, la semilla representa la provisión del alimento de los
años por venir, hay que cuidarlas mucho, porque además puede darse el
caso de que se pierda la cosecha por alguna «helada», entonces el k’altik
sufre daño y quizás las mazorcas no tengan la calidad necesaria para
considerarlas semillas de siembra, por esto es importantísimo siempre
guardar más de lo que se sembrará el año entrante.

Cultura

El aprendizaje ancestral se ha visto modificado, antes se realizaba el


proceso de la siguiente manera: primero el chaporreo, después la siem-
bra, la limpia, calce, la dobla y al final la tapisca, ahora se fumiga y se
fertiliza artificialmente la tierra. Aunque una de las prácticas que por
fortuna todavía se realiza en la comunidad (pocas familias) es la de
chaporrear para que el uso de los químicos sea menor, igual también,
después de la cosecha, se deja al ganado entrar a la milpa para que

K´altik tseltal de Huixtán 75


se coma el rastrojo y traquetee la tierra y afloje la maleza para que
cuando se haga el chaporreo sea más fácil. También la caña que sobra
de la milpa se deja ahí para que abone el suelo, guarde más humedad
y ayude a las semillas a brotar.
Para realizar la siembra conjunta, por ejemplo, con el chile, se
necesita un pedacito de terreno cerca de la milpa o dentro de ella,
antes ya se obtuvo las semillas del chile, se riega la semilla en la tierra
y después hay que ponerle agua cada dos o tres días, si brota bien se
continua así hasta que amacice la planta y ya después se riega una vez
por semana. Las plantas que a veces salen solas son el tomatito verde
y la mostaza. Es muy importante que cuando venga saliendo la milpa,
la revisen para que la maleza no ahogue las semillas germinadas y así
la cosecha sea productiva.
Otra parte importante de la cultura está relacionada con la fiesta
de pedida de matrimonio, dentro de esta actividad quien va a «pedir la
mano» debe de acudir a la casa de la joven con una dotación de insumos,
regularmente lo que se lleva en la primera visita es refresco, tortillas, pan,
café y huevo; en la segunda visita se lleva tortillas, café, azúcar, pan y
pozol -aproximadamente 10 kilos-, y en la última visita es cuando el
novio pacta con los padres de la futura esposa para que ambas familias
se reúnan en la celebración tradicional de la boda, el joven lleva a sus
padres y sus hermanos mayores, si el joven es el mayor tiene que invitar a
sus tías y tíos de tal forma que el novio llegue acompañado, eso significa
mucho para la madre y el padre de la novia, además lleva consigo media
caja de huevos, dos canastas de tortillas, media caja de pan, café y azúcar.
Después se espera aproximadamente un mes para que ambas familias

76 Milpa Corazón
se reúnan en la fiesta de la boda tradicional, es entonces que el novio
llega con la «mayor dote» pues dará de comer a todas las personas que
asistan, además tendrá que darle a los hombres una parte de lo que dio
para la boda, es decir, que cada hombre que asista tendrá que «llenar
el morral» con los insumos que dará el novio, regularmente lo que dan
de comida son de 40 a 50 kilos de pozol, 20 kilos de frijol (cocido), pan,
masa con chile, café, azúcar, entre otros. Es importante aclarar que en
ocasiones la dote varía ya que hay jóvenes que llegan a un acuerdo con
la familia de la novia para disminuir las cantidades.
Notamos entonces, que el maíz y el frijol ocupan un lugar de suma
importancia en la vida cultural de la comunidad, y dentro del comienzo
de una vida matrimonial.

Relevo generacional

Los jóvenes de la comunidad han cambiado de actividades, de ser agri-


cultores ahora son albañiles, peones o van a las ciudades para seguir
estudiando o conseguir un trabajo «formal». Pasado el tiempo muchos
de los que se van no regresan porque toman un camino diferente, se
casan en la ciudad o deciden irse al norte del país, esto por supuesto
ha provocado una pérdida de conocimiento pues ya no se piensa en
la milpa… quizás sí conozcan y recuerden el proceso ancestral pero ya
no le dan la importancia debida, incluso se ha vuelto natural el proceso
actual y no el ancestral.

K´altik tseltal de Huixtán 77


Mi papá es maestro pero también le gusta sembrar la milpa. Hace
aproximadamente unos cinco años compró un terreno aquí cerca
para sembrar maíz, tenía unos ocho años que no lo hacía. Antes
de comprar el terreno yo solamente me dedicaba a la escuela, a
hacer la tarea por las tardes, y listo; ahora ha cambiado mi vida
porque por las tardes y dos veces por semana nos vamos a cuidar
y darle de comer a los toros. Mi papá tiene tres toritos y me he
dado cuenta de que he aprendido mucho, antes hasta miedo
me daba entrar en el zacatón porque a veces hay culebras, y
ni siquiera sabía usar el machete, y ahora lo sé […] mi papá en
ocasiones usa fertilizante, pero he visto a otros campesinos que,
sin el fertilizante, no les gusta trabajar porque dicen ellos que
les conviene que la milpa dé buenas mazorcas, porque como
campesinos procuran a la familia; además del autoconsumo
tiene que salir para vender un poco, […] creo que es importante
porque algunos campesinos dicen que debe quedar en el olvido,
pero yo creo que no es así, opino que es importante pensar en
lo que antes se hacía, porque he visto que cuando el rastrojo no
se quema, el suelo se ve más fértil, y si se quema, hasta la tierra
se nota opaca.
-Horacio Jr., 13 años

Lo anterior demuestra el reto que se tiene con el relevo de los


conocimientos ancestrales, hay que seguir practicando la agricultu-
ra tradicional, es importante fomentar que cultivar significa también
asegurar una base de alimentación en la familia, con esto aseguramos

78 Milpa Corazón
no solamente alimento para el futuro, sino un trabajo digno y honrado
para las campesinas y los campesinos.
Aun así, algunos jóvenes deciden continuar con la tradición mile-
naria de la agricultura, y ya sea por motivos personales, familiares o
comunitarios, no se van de la comunidad. También hay otros que se han
ido por un tiempo, pero luego regresan con el deseo y el pensamien-
to de preservar las prácticas ancestrales y la vida comunitaria, le dan
mucho valor a la cosmología indígena; otros más se han juntado para
darle continuidad a la música tradicional y revitalizar la lengua tseltal.

Mi pensamiento final

La práctica ancestral de «cambio de manos» ha disminuido, ahora se


busca a alguien que quiera «ganarse el día», que desee trabajar a cambio
de un pago económico, lo que antes no sucedía. Recuerdo cuando yo
tenía aproximadamente ocho años, mi abuelo llegaba con sus herma-
nos y tíos de sembrar, ellos sembraban una hectárea, llegaban cansados,
agotados, porque el trabajo era arduo, los esperábamos en casa, mi
abuelita desde temprano se había levantado para preparar el atole, cocer
los huevos, hacer las tortillas y los tamalitos. De regreso se sentaban a la
mesa mientras las mujeres servían, también llegaban las esposas de los
que habían ayudado en la siembra, una pasaba las tortillas, otra el atol,
y así sucesivamente, había una exacta organización, ya servidos todos y
todas, el dueño de la casa, en este caso mi abuelito, agachaba la cabeza, y
comenzaba a decir unas palabras de agradecimiento, porque la siembra

K´altik tseltal de Huixtán 79


se había llevado a cabo de una buena manera y todos regresaron con
bien; antes de comer, también mi abuelito nos decía que no dejáramos
nada en el plato y en el vaso, es decir, teníamos que comer todo, porque
si se deja parte de la comida la siembra disminuirá su rendimiento. Hasta
hoy en día mi abuelito nos invita a la siembra.
Por esto y más hay que seguir en la lucha por conservar la prác-
tica de la milpa, que nuestros hijos aprendan y comprendan que si un
día no hay un trabajo en la ciudad no importa pues existe el trabajo
de la agricultura, como una forma muy buena de subsistencia, quizás
no haya mucho dinero pero mientras sigamos teniendo las semillas de
maíz, de frijol, de chile, de calabaza, y sepamos sembrar la tierra, con
eso tenemos sustento para nuestra familia en un indeterminado tiempo.
Y necesitamos respetar a la tierra, nuestros antepasados la conside-
raban como la madre que germina, que produce, la que da vida, evitaban
poner líquidos inorgánicos, evitaban quemarla para no matar a nuestra
madre que nos da de comer. Necesitamos tomar conciencia de que la
agricultura debe ser parte de nuestro aprendizaje, considerarla como
un trabajo bueno; si regresamos y aprendemos a cultivar la tierra de
manera tradicional volveremos a ver esos frutos que nos regala la tierra.
El clima ha cambiado, pero gracias a los abuelos y abuelas tenemos
prácticas ancestrales que nos pueden ayudar a sobrellevar las condi-
ciones climatológicas con el objetivo principal de que las semillas sigan
protegidas, conservadas y almacenadas.
Para lograr lo anterior es importante incluir a las nuevas gene-
raciones, incluir a las y los pequeños, a los jóvenes, darles talleres en
los que visualicen la importancia de una actividad que normalmente

80 Milpa Corazón
El jilote está a punto de cocerse después de ser cosechado. Foto: Lusbey Méndez Sántiz

hace la comunidad y que es muy importante, y a la que no se le ha


dado el valor real, la agricultura se sigue haciendo y sin duda quienes
la hacen la llevan a cabo con mucha alegría. El trabajo del campo
dignifica y es sumamente valioso, gracias a esta actividad se conservan
las semillas originarias, las semillas que dieron inicio a la alimentación
de la humanidad.
Mientras narraba con letras que emanaban de mi pensamiento y
mi corazón lo que he aprendido a través de lo que he visto, escuchado
y vivido, comprendí la importancia de la vida en la comunidad, y no
es que no lo hubiera hecho, pero vinieron a mi mente recuerdos de
infancia, palabras de mi abuela y abuelo, de mi padre y madre, y ahora
entiendo que ellos son guardianes del maíz, porque siguen sembrando
y conservando las semillas.
También me regalaron la lengua tseltal, y a pesar de que migra-
mos ha permanecido nuestra cultura en nuestros pensamientos, en
la comida, en la vestimenta, en las palabras, en la vida misma, porque
somos parte y pertenecemos a la comunidad de La Independencia.

K´altik tseltal de Huixtán 81


Para concluir, formo parte de la Red de Guardianes del Maíz, y
eso representa para mí una gran oportunidad de colaborar con campe-
sinos y campesinas, mujeres y hombres que han destinado su tiempo
y vida a la preservación de las semillas, al revelo de conocimiento, a la
pedagogía y ciencia indígena a través de la tradición oral y de prácticas
y técnicas ancestrales.
Agradezco también la gran oportunidad de formar parte de este
libro, muchas gracias a quienes hacen posible estos espacios, que permi-
ten dar voz a las juventudes, que permiten visibilizar la importancia del
campo como una alternativa real para un desarrollo pleno. El campo no
solamente satisface los requerimientos de nuestro cuerpo, nos enseña
que existe una relación entre la tierra, el hombre y la mujer, así como es
la triada de maíz, frijol y calabaza, que se complementan mutuamente,
así la humanidad debería complementarse.
Y antes de irme…

Las semillas son la parte principal de cualquier sistema de produc-


ción de alimentos. Ellas mismas son un alimento básico por las
reservas nutritivas que poseen […]. Su función principal es dar
origen a nuevas plantas y poseer resistencia a las condiciones
ambientales adversas. Son parte de la diversidad genética. […]
representan el inicio de la próxima cosecha. Las mejoras conse-
guidas en las características deseables de las plantas se transmi-
ten con las semillas, originando una enorme diversidad de formas
dentro de cada especie de interés agrícola.
-Juan José Méndez
México, 2017. Compendio de prácticas ancestrales del sistema milpa,
Nexos locales USAID, pág. 15.

82 Milpa Corazón
ALAJ TOJOLABAL
DE LAS MARGARITAS

María de la Flor Gómez Cruz

La milpa para mí, es el cordón umbilical que nos conecta


a la madre tierra, son los surcos donde germinan las semillas
de la vida, es el colorido lienzo donde se guarda la memoria
de las abuelas y abuelos.

Ja ke’n wa x-ek’ jk’ujol ja kalajtiki’, ja’ ya’k’il ja jmuxuk’tik wa xya


paxkotik ja b’a jnantik lu’um k’inali’, ja’ schojlal ja b’a wa xb’ojti
jan ja yintil ja jsak’aniltiki’, ja’ mojchilal tuktukil yelaw wa snolo ja
sneb’jel sna’jel ja jme’xeptik sok ja jtatawelotiki.

83
Esta soy yo

Mi nombre es María de la Flor Gómez Cruz, tengo 39 años de edad,


soy originaria del ejido Veracruz, municipio de Las Margaritas, Chia-
pas. Soy la menor de cuatro hijas que tuvieron mis padres. Ellos están
actualmente separados, mi madre vive en la cabecera municipal de Las
Margaritas y mi padre en el ejido Veracruz. A ellos, por elección, decidí
entrevistarlos para este escrito.
Para mí este trabajo es muy importante porque me da la posibi-
lidad de expresar en letras aquello que me provoca la palabra milpa o
alaj como se le llama en tojolabal.
En este escrito está plasmada una parte de lo que fue mi niñez
en torno a la milpa, además una parte de lo que soy ahora. Con alegría
comparto la forma en que mi madre, desde que yo era pequeña, me
enseñó a trabajar la tierra; en ese entonces no era muy consciente del
gran significado que tendría para mi vida adulta, y sobre todo ahora
porque en estos momentos me encuentro alejada del contexto de la
milpa.
Sin embargo, durante los años que he vivido, me he dado cuenta
que siempre ha estado presente esta necesidad profunda de volver a mi
conexión con la madre tierra, pues para mí, más que ser un medio para
la alimentación, tienen un significado profundo sobre la reproducción
de la vida. Es un espacio de sobrevivencia alimentaria y también un lugar
de convivencia familiar y comunitaria, ahí es donde se tejen lazos y se
crean vínculos familiares y comunitarios muy fuertes.

84 Milpa Corazón
Durante mi niñez acudía día a día para sembrar y cosechar alimen-
tos y también para platicar con las compañeras del trabajo colectivo;
hablábamos de las preocupaciones que nos provocaban algunos acon-
tecimientos y que en algunas ocasiones solo llegaban a nuestros oídos
por noticias, por ejemplo, como el movimiento del Ejército Zapatista
de Liberación Nacional.
También platicamos mucho sobre los cambios que tuvimos que
asumir luego de la reaparición del cólera en 1991. Al respecto, este
último acontecimiento provocó cambios que tuvieron incidencia direc-
ta en la forma en que preparábamos nuestros alimentos, tuvimos que
empezar a hervir y cargar el agua pues por la pandemia ya no era permi-
tido usarla directo de los manantiales y de los ríos, ni para cocinar ni
para tomarla.
Una enseñanza muy presente fue cuando mi madre nos llevaba a
la milpa a trabajar y después de un día arduo íbamos al río a bañarnos,
ahí ella le pedía con profundo respeto al agua que se llevara nuestras
penas, nuestras preocupaciones, nuestros enojos y nuestros temores.
A decir verdad, para mí era muy reconfortante, y casi puedo afirmar
que también lo era para mis hermanas. Muchas de las ocasiones en las
que acudimos al río fueron porque estábamos pasando episodios de
violencia física por parte de mi padre.
Hoy, con una conciencia más clara del verdadero valor y signifi-
cado que la naturaleza cobra en mi vida, he vuelto a prácticas que me
permiten, en circunstancias adversas conectarme con la tierra.

Alaj tojolabal de Las Margaritas 85


Ceremonias y saberes locales

Mi interés por la alaj está vinculado al hecho de escuchar y conocer


la experiencia de las personas adultas con las que pude platicar del
tema, me pudieron compartir la forma en que han resistido y cómo se
han arraigado a las prácticas ancestrales del cultivo de la tierra. Puedo
asegurar que hay mucho que aprender de estas personas y para mí
son un claro ejemplo de que la alaj forma parte de nuestra identidad
como mujeres campesinas, independientemente de las circunstancias
que cada una ha vivido.
El cultivo de la tierra sigue muy presente en nosotras, y aunque
legalmente ninguna de ellas es dueña de los terrenos, sí lo son en el
sentido emocional ya que ellas las trabajan, cultivan y dan vida. Así, en
las siguientes líneas hago una breve presentación de las personas que
me platicaron su experiencia con la tierra y la milpa.
La señora Candelaria González Álvarez tiene 55 años de edad. Es
originaria del ejido 20 de Noviembre, del municipio de Las Margaritas. La
tierra que actualmente está cultivando es propiedad de familiares suyos
y se encuentra ubicada a unos 3 kilómetros de la cabecera municipal.
El interés por conocer su historia en relación al cultivo de la tierra nace
después de haberla conocido a través de unos familiares míos, una tía,
que es con quien actualmente vive. En una charla me comentaron que
la tía Cande, como la suelen nombrar, se había hecho cargo ahora de
la alaj, eso hace más de cinco o seis años aproximadamente.
Ella comenta que ha venido trabajando año con año cosechan-
do maíz y frijol. Sin embargo, no es ahí en donde comenzó a trabajar

86 Milpa Corazón
Señora Candelaria González Álvarez, 8 de mayo de 2020.
Foto: María de la Flor Gómez Cruz.

la milpa, durante la charla me comentó que desde pequeña se había


dedicado a esto pero que por un conflicto religioso se vio obligada a
salir de su comunidad hace más de 30 años aproximadamente. Antes
había cultivado a lado de sus padres y sus hermanos, fue durante esos
días cuando se dio cuenta que cada espacio de la milpa jugaba un papel
importante para el sostén de la familia, así aprendió que la alaj alimenta,
da vida y también que necesita ser alimentada.
Me platicó que durante los primeros meses de haber salido de su
comunidad llegó a vivir al ejido Santa Margarita Agua Azul, en la casa
de una familia que le había ofrecido un espacio, ahí continuó con el
trabajo de la tierra, y aunque el clima era totalmente distinto a su lugar

Alaj tojolabal de Las Margaritas 87


de origen pudo adaptarse a los productos que se cosechaban en clima
caliente. Siguió sembrando maíz y frijol.
Después de haber vivido durante diez años en el ejido, y por
circunstancias ajenas a su voluntad, se vieron obligadas, ella y la dueña
de las tierras, a salir del ejido de nuevo. Llegaron aproximadamente en
el año 2000 al municipio de Comitán en donde consiguieron una casa
rentada y ahí trabajó como empleada doméstica. A los pocos meses
comenzó a sentir la necesidad de regresar a labrar, es así que vuelve al
contacto con la tierra. Con alegría platica que, aunque era pequeña la
superficie, sabía que lo que cosecharían sería el producto de su trabajo
y el de su compañera. Así es como le ha dado continuidad a la vida en
el campo, con la tierra, en la alaj. «Seguir cultivando la tierra hasta hoy,
no es nada más porque me las prestan, yo ahí crecí y siempre hay algo
que me regresa a ella» (Candelaria González Álvarez).
Por su parte, la señora Mercedes, de 65 años de edad, cuenta que
salió del ejido Veracruz en el año de 1993, dice que fue muy difícil para
ella hacerse a la idea que debía dejar sus tierras. Durante años las había
trabajado junto con otras mujeres que colaboraban con ella y con sus
hijas. Sembró maíz, frijol y calabaza, y también las verduras que luego
llevaban a vender a otras comunidades. Cosechaba rábanos, ajo, puerro,
zanahorias, cilantro, epazote, pepino, chile verde y otros. Con la venta se
sostenía a ella y a sus hijas. Después de migrar a la cabecera municipal
comenzó a vivir una etapa de mucha carencia por haber tenido que
dejar de cultivar sus alimentos en la milpa.

88 Milpa Corazón
Señora Mercedes Cruz Coello, 20 de mayo de 2020.
Foto: María de la Flor Gómex Cruz

Me sentía triste, mis padres me enseñaron a trabajar la tierra y


me mostraron el valor de la milpa dentro de la pobreza y sabía
que trabajándola uno no se muere de hambre. Mis padres no me
dieron estudios, pero me enseñaron a cultivar la tierra. Después
de que me casé, caminé sola en mi milpa y así sigo hasta hoy, me
gusta ver lo que cosecho por mi trabajo, y sigo caminando sola,
pero me siento contenta porque tengo un pedazo de tierra, y
es ahí donde distraigo mi corazón y es una forma en que puedo
honrar la memoria de mis padres.
-Mercedes Cruz Coello

Alaj tojolabal de Las Margaritas 89


Señor Lorenzo Gómez Coello,
24 de mayo de 2020.
Foto: María de la Flor Gómez

Años más tarde sus padres le heredaron dos fracciones de tierra,


pequeñas, pero de gran valor para ella. Ahí es donde volvió a hacer su
milpa. Dice que le representa la fuerza, le da mucha alegría ver cómo
va creciendo el maíz, el frijol y la calabaza.
El señor Lorenzo Gómez Coello es un profesor jubilado de 67 años
de edad, originario del ejido Veracruz, municipio de Las Margaritas,
Chiapas. Él actualmente se dedica a las labores del campo. El interés
por platicar con él y conocer su forma de pensar respecto a la milpa, es
porque actualmente está cosechando semi orgánicos en un contexto
ejidal y comunal.

90 Milpa Corazón
En el 2009 se jubiló como profesor bilingüe y de inmediato se
incorporó de lleno a las actividades del campo que durante 30 años
había venido combinado con la docencia. Durante la plática mencionó
que no fue premeditada la idea de que al llegar a la jubilación él volvería
al campo, más bien es que no pensó nunca en ninguna otra opción.
Él tiene la calidad de ejidatario por herencia de su padre y de
niño aprendió todas las fases que están implicadas en el ciclo agrícola;
después de la jubilación y con mayor tiempo para dedicarse al cultivo,
comenzó a hacer conciencia del daño que se le había hecho y se le sigue
haciendo a la madre tierra, como él se refiere a ella. Es así que comen-
zó junto con otros compañeros de un colectivo, a buscar alternativas
sustentables para empezar a cultivar el maíz y las hortalizas de manera
orgánica. «Ahí –en la milpa– se envejecieron nuestros abuelos, ahí se
envejecieron nuestros padres y ahí nos vamos a envejecer nosotros»
(Lorenzo Gómez Coello).
Estos testimonios me hicieron recordar episodios de mi infancia.
Mi abuelo fue quien en su momento asumió el papel de padre, así que
desde chiquitas nos enseñó a trabajar en la milpa; cada una de mis
hermanas y yo teníamos nuestras herramientas de trabajo y combiná-
bamos la escuela con el trabajo. Cada una de nosotras, de acuerdo a
nuestra edad, teníamos una responsabilidad específica en las etapas del
ciclo agrícola; la mía, por ejemplo, por ser la más pequeña, en tiempo
de tapisca me tocaba recoger el maíz que las y los trabajadores iban
juntando en las redes y amontonando en la orilla de la milpa.
Algunas herramientas de trabajo usadas en mi comunidad son: el
azadón, que sirve para quitar la maleza y para cubrir con tierra la raíz

Alaj tojolabal de Las Margaritas 91


de las matas de maíz o el frijol, a este trabajo le llamamos ak´intanel. La
macana o el awute’ sirve para sembrar las semillas, ya sea de frijol, maíz,
calabaza o cualquier otra, a esta actividad se le llama sts’unjel.
El machete o machit se usa para quitar la maleza que se encuentra
entre las matas de maíz, a esta actividad le llamamos chapeo, también
se usa para quitar la caña seca después de la tapisca, a esto le llamamos
sa’oj.
El arado, reconocido como un instrumento del trabajo agrícola
tirado por una yunta, se usa para remover la tierra y hacer los surcos
para la siembra del maíz, esta es una de las actividades con las que se
inicia un nuevo ciclo agrícola y la llamamos jutuj lu’um. La coa o antak’in
es una herramienta de trabajo que se consigue aún en las plazas de los
mercados de Comitán y Las Margaritas, es hecha por herreros que viven
en los alrededores de las cabeceras municipales, es muy antigua y en
las familias se les hereda a las y los hijos, se usa para quitar la maleza
dentro del frijolar y sirve para calzar las matas, le llamamos jub’uj k’ul.
El awatsuj es un recipiente que sirve para cargar la semilla mien-
tras se lleva a cabo la siembra, se le llama ts’unuj ixim, anteriormente los
campesinos usaban los tecomates partidos a la mitad o bien la concha
de armadillo moldeado como recipiente para cargarla. En mi comuni-
dad se usaba un morral pequeño hecho de ixtle, que se conseguía en
el ejido Plan de Ayala. Actualmente se ha sustituido este instrumento
por morrales de estambre que se compran en la cabecera municipal a
un precio menor.
El tapiscador o jach’ub’ es una herramienta que sirve para la tapis-
ca, está hecho de hueso de animales, anteriormente de venado, ahora

92 Milpa Corazón
la gente lo ha sustituido por clavos, se usa para picar el doblador y
extraer la mazorca.
El enub’ o nuti’ es una red que es muy útil para cargar las mazorcas
de maíz, el frijol, el zacate y cualquier otro producto que se encuentra
en la milpa.
Ahora se han sustituido algunas de estas herramientas de trabajo.
A mí todavía me tocó limpiar la milpa con el azadón, en aquellos años
era uno de los trabajos más atendidos por las y los campesinos, ya que
para llevarlo a cabo se requería de varias personas, además de muchos
días de trabajo. Es aquí donde también se practicaba la «mano vuelta»,
que es el trabajo de tequio entre las diferentes familias para atender sus
parcelas, ahora se ha sustituido esta práctica por el uso de herbicidas.
Actualmente tampoco se lleva a cabo el ak’in, es decir, ya no se
quita la maleza con el azadón y ya no se calza la raíz de las matas de
maíz, ha caído en desuso y por ende la palabra también. La desventaja
de estas prácticas, aparte de la contaminación del medio ambiente
por el uso de herbicidas y pesticidas, es que los tallos de las matas de
maíz suelen crecer más débiles y por ende son menos resistentes a las
temporadas de viento y lluvia.
Esto ha traído consigo también cambios en las prácticas culturales
de la milpa, ahora solo una persona se encarga de fumigar la maleza con
una bomba volviéndose uno de los instrumentos mayormente usado.
Se deterioró el sentido colectivo del trabajo.
Aun y con todo esto en el ejido Veracruz hubo un tiempo en que
la asamblea comunitaria prohibió el uso de insecticidas y herbicidas,

Alaj tojolabal de Las Margaritas 93


lamentablemente no ha sido acatado por todos los miembros de la
comunidad y no ha podido prosperar mucho la iniciativa.

La historia de mi comunidad

El ejido Veracruz está ubicado en la parte sur del municipio de Las


Margaritas. Se constituyó el 12 de mayo de 1943. Ahí se constituyó
La Asamblea como institución propia de la comunidad y es el órgano
máximo de representación comunitaria. Si bien es cierto que surge
como parte de la estructura del Estado mexicano, ésta se ha apropiado
y reinterpretado por los miembros de la comunidad.
De esta institución, se desprenden políticas comunitarias para
atender asuntos como la administración de tierras comunales, trabajos
colectivos, resolución de conflictos y acciones para el cuidado de la
tierra, todo bajo la guía de los principios comunitarios como el jlekilaltik
(nuestro bienestar).
Los primeros abuelos y abuelas que llegaron a conformar este
núcleo poblacional originalmente eran peones acasillados en la finca San
Mateo, un predio que se ubicaba a escasos 2 kilómetros del ejido Vera-
cruz y que actualmente también se le conoce como ejido San Mateo.
El clima del ejido y de la región es templado en la mayor parte del
año, en los meses de octubre a febrero generalmente se puede sentir
frío y presencia de heladas que algunas veces dañan el cultivo. En estos
meses se aprovecha para limpiar y arar la tierra para que esté preparada
durante los siguientes meses. En enero se puede sentir más calor y poca

94 Milpa Corazón
Casa ejidal, ejido Veracruz, municipio de Las Margaritas, Chiapas.
Foto: María de la Flor Gómez Cruz

lluvia, en esta temporada se espera la caída de los primeros aguaceros


para comenzar con la siembra de maíz en las milpas de riego. Durante
los meses de junio a septiembre es el tiempo en el que cae poca lluvia
y se tienen que usar algunos sistemas de riego, como los canales, para
asegurar la cosecha o el pulja’inel. Se cultiva principalmente maíz en sus
diversas variedades y el frijol colorado, blanco y negro en menor canti-
dad. Mi familia combinó desde siempre estos cultivos con las hortalizas.
También nos alimentamos de lo que buenamente la tierra nos regala
como el kulix, el akote’ y el xajkal, que se dan solos en el espacio milpa.
El paisaje de la región tojolabal es de planadas, valles y cañadas.
La flora y la fauna son variadas en las regiones. En la parte de la cañada

Alaj tojolabal de Las Margaritas 95


tojolabal y del valle periferia se puede observar todavía la presencia de
aves pequeñas, zanates y ratones que en ocasiones causan daño a las
cosechas, principalmente en la temporada de elote y en la tapisca. Para
ello se han buscado algunas formas de cuidado sustentable, por ejemplo,
el wenex (espantapájaros), que se sigue usando entre los campesinos
para espantar a los zanates que llegan a comer las mazorcas.
Todos los que habitamos en este ejido hablamos la lengua tojo-
labal y es nuestro principal medio de comunicación. Algunas de las
celebraciones más importantes son el 3 de mayo, que se festeja el día
de la Santa Cruz, el 15 de mayo, que es el día de San Isidro Labrador, el
11 y 20 de julio, la celebración a Santa Margarita de Antioquía, en esta
última algunas personas acuden a la cabecera municipal y participan
en la entrada de velas y flores.
Estas tres fechas representan la continuidad de las prácticas cultu-
rales ancestrales, ahora sincretizadas entre el ámbito religioso católico,
y la creencia de la relación que se tiene con la madre tierra. Por ejem-
plo, en estos días se pide la lluvia para que la milpa pueda producir los
alimentos necesarios, también son para la bendición y el tiempo de
compartir semillas, pedir por la salud de las familias y obtener una buena
cosecha. Estas prácticas son formas en las que colocamos y motivamos
nuestra esperanza en cada ciclo agrícola. Lo que sí hay que mencionar
es que actualmente solo las hacen un reducido número de personas,
principalmente católicos.
Durante la plática con doña Mercedes, mi madre, supe que ante-
riormente en la comunidad se llevaba a cabo un ritual dedicado a la
milpa. Esta actividad se llamaba demanda y se realizaba el día 3 de

96 Milpa Corazón
mayo. A las cinco de la mañana salía una comisión nombrada por la
comunidad para colocar velas y flores en las cruces ubicadas en los
cuatro puntos cardinales de la comunidad. Cada comisión quemaba
cohetes en cada uno de los puntos, y a esa misma hora en la iglesia se
tocaba la campana para el llamamiento de la comunidad. A las seis de la
mañana la gente se concentraba en la iglesia y partían rumbo a la milpa.
Llegaban al punto que se entendía como la puerta de entrada al área,
ahí la gente ofrecía rezos y cantos guiados por los catequistas. Mi madre
me contó que antes de continuar en el camino la gente se arrodillaba a
besar a la madre tierra para agradecerle y pedirle permiso de entrar a las
tierras donde se ubicarían las milpas. Algunos enseres acompañaban la
procesión: los alféreces cargaban el sahumador, el incienso, las banderas
de colores, y otros el aguardiente. Durante el trayecto, adelante van las
personas que llevan las banderas, detrás de ellos van los tamboreros y
flauteros y por último las personas que pasaban a cortar matas de maíz,
que servían como ofrenda.
Se llegaba a la milpa más alejada y que se llamaba ulub’ (tierra
húmeda), ahí la gente había construido una casa que se usaba para
descanso y se ofrecían cantos y rezos. Después de la ceremonia reli-
giosa los alféreces daban una copa de aguardiente; la gente podía ir a
sus milpas a buscar los primeros frutos y de regreso traían calabacita
tierna, elote, frijol fresco, algunos bajaban al río a buscar camarones y
caracoles. De regreso pasaban tirando agua bendita a las milpas hasta
terminar nuevamente con la visita a las cuatro cruces instaladas en los
cuatro puntos cardinales de la comunidad.

Alaj tojolabal de Las Margaritas 97


Mujeres tojol-ab’ales vendiendo tsejeb’, frente a la iglesia de Santa Margarita,
11 de julio de 2018. Foto: María de la Flor Gómez Cruz

En el cerro de Najlem se ubicaba el último punto, y ahí la gente


volvía a ofrecer rezos y cantos. Le agradecían al padre eterno y pedían
que nuevamente les diera un año más para cultivar la tierra. Las prin-
cipales peticiones estaban orientadas a una buena cosecha, a que el
maíz no le entre o caiga plaga, a que la lluvia sea solo lo suficiente para
que no se inunden las milpas y que el viento no fuera fuerte como para
tirar las matas de maíz. Al culminar la ceremonia, en el último punto
se acudía a la iglesia a guardar las banderas y ahí se dejaban como
ofrendas las matas de maíz que se habían recogido en la milpa. Uno
de los factores que provocaron la discontinuidad de esta práctica es el

98 Milpa Corazón
reducido número de católicos que quedaron en la comunidad después
de la llegada de las iglesias protestantes en los años ochenta.
Por otro lado, mi madre me habló del valor de esta práctica, ella
dice que era un espacio en el que se solidarizaban las familias. El día de la
tapisca las mujeres acudían a tortear en la casa del dueño o dueña de la
milpa. Cuenta que anteriormente no existían los molinos comunitarios,
por eso se organizaban para hacer el nixtamal, era un trabajo muy duro
pues antes los granos de maíz se molían y se remolían en metate a mano.
Remoler en tojolabal se dice snoch’jel ixim, y está en desuso debido a que
ya no se realiza esta actividad, debido a la sustitución del metate por
el molino de nixtamal. También, como una forma de agradecimiento
a los que colaboraron en la tapisca, al finalizar la comida, el dueño les
repartía cinco mazorcas grandes de maíz a cada uno.
Para trabajar la milpa no solo se requiere el trabajo de las y los
campesinos, también el de los animales, como los caballos, la yunta
y los burros. Los caballos generalmente son usados como medio de
transporte o de carga, la yunta se usa específicamente para el arado
de la tierra durante los meses de diciembre y enero, los burros ayudan
a cargar.
Otra práctica muy conocida entre los miembros de las comunida-
des de la cañada es el b’olmanel, es decir el trueque, el cual representa
un medio más para fortalecer la economía familiar. Esta práctica de
intercambio de productos ha sido desde siempre un medio de subsis-
tencia y son las mujeres quienes acuden a otras localidades a ofrecer
sus productos a cambio de frijol o maíz, lo mismo sucede con las que
viven en otras localidades que llegan a nuestro ejido.

Alaj tojolabal de Las Margaritas 99


Mujeres tojol-ab’ales regresando de la milpa, ejido Veracruz, municipio de
Las Margaritas, 24 de mayo de 2020. Foto: María de la Flor Gómez Cruz

Durante mi niñez yo acompañaba a mi madre a los ejidos vecinos


a intercambiar lo que cosechábamos en la milpa, entre las redes que
cargaban los burros llevábamos caña, calabaza en dulce, rábano, ajo,
puerro, chile, cilantro, epazote y otros más. A cambio regresábamos,
en las mismas redes, con mazorcas de maíz de diversos colores, las
más comunes eran las de color amarillo y blanco, o lo que en tojolabal
llamamos k’an waj y sak waj, a veces también nos daban huevos de
gallina y de guajolota.
Es justo en este punto en que pensamos y nos damos cuenta
que el sistema milpa es mucho más que un espacio físico. A mí me

100 Milpa Corazón


hace pensar que se entrecruzan muchos elementos que incluso llegan
a otros contextos, por ejemplo, el trueque es un medio que permite
movernos con la milpa y también se da el intercambio de las semillas
entre las comunidades, esto permite la diversificación de los cultivos.
También traemos de otras comunidades algunos frutos que por el clima
no se producen en nuestra localidad, entre ellos está el chilacayote, el
durazno y el bótil.

Organización y participación familiar

Ahora bien, después de conocer sobre mi comunidad y su milpa me


parece importante compartir algunas reflexiones que me surgen a
partir de las pláticas que tuve con las personas de mi comunidad. Las
tres personas son originarias del municipio de Las Margaritas, las dos
primeras hace aproximadamente 25 años que salieron de sus ejidos y
aunque actualmente viven en la zona urbana siguen sembrando, lo que
significa que, a pesar de las limitaciones en cuanto a la posesión de las
tierras, siguen cultivando a través de la renta de tierras de familiares
cercanos que ya no las usan.
La plática con las dos mujeres fue muy parecida, la emoción con la
que me compartieron sus palabras fue muy grande, eso significa que si
de niñas tuvieron la posibilidad de trabajar la tierra de sus padres y que,
por circunstancias de la vida, se vieron obligadas a cambiar de contex-
to en la vida adulta, todo lo que aprendieron en el entorno familiar y
comunitario está ahora anidado en su k’ujol, es decir, que está guarda-

Alaj tojolabal de Las Margaritas 101


do en su cuerpo y alma. Por eso, y como parte de la reproducción de
la vida, las lleva a buscar un pedazo de tierra que les permita seguir
significando esos conocimientos, aunado, por supuesto, a la necesidad
de alimentarse.
Una de ellas comentó que después de haber salido de su comu-
nidad por un conflicto religioso, se dedicó a ser empleada doméstica,
sin embargo, para ella fue muy difícil acostumbrase a otra forma de
alimentación, ella siempre había trabajado en su comunidad para cose-
char sus propios alimentos y sentía una necesidad urgente de volver a
conectarse con la tierra.
Estos diálogos me han permitido reflexionar sobre mi origen, mis
raíces, mi historia y aquello que de la milpa atraviesa mi cuerpo como
mujer indígena tojolabal. Me han abierto la posibilidad de indagar sobre
el significado profundo de mi identidad como mujer.
En el lugar donde crecí aprendí que trabajando la milpa teníamos
la seguridad de que siempre habría algo que comer, ahí escuché entre
las hermanas que colaboraban con nosotras sobre la mano vuelta, la
cual, como ya mencioné, se trata de una práctica ancestral que implica
la colectividad y posibilita un mejor trabajo. Ahí fue donde mi madre
me enseñó a contar granos de maíz para saber cuántos debía sembrar
en cada agujero, aprendí junto a ella cómo quitar la maleza, cómo
doblar las matas de maíz para que la mazorca no fuera alcanzada por
la humedad de la lluvia.
También quiero hablar sobre las distintas formas en que nos vamos
adecuando a las circunstancias vividas, en el caso de las dos campesinas,
me parece muy interesante la forma en que ellas se han adaptado a las

102 Milpa Corazón


circunstancias que las sacaron de sus contextos culturales originarios
y cómo han sobrevivido a las condiciones de desigualdad que existen
en la sociedad. Y también, como es sabido, el contexto familiar no está
excluido de las formas de violencia y desigualdad, es uno de los espa-
cios en los que más se pueden observar estas prácticas y cómo afectan
directamente la vida de las mujeres.
Las comunidades indígenas desde siempre han buscado otras
formas de sostenimiento, una de ellas es la migración. Aunque las
formas han cambiado mucho. Anteriormente eran los hombres quienes
salían a trabajar fuera de la comunidad. Los abuelos cuentan que ellos
acudían al corte de café en el Soconusco, después los jóvenes comen-
zaron a viajar a Oaxaca, Tijuana, Ciudad de México, Cancún y Playa de
Carmen. Actualmente este fenómeno ha ido en constante aumento,
ahora hay mujeres, principalmente jóvenes, que migran a estos mismos
destinos; para los hombres se ha extendido a otras fronteras, como
Estados Unidos y Canadá.
En este contexto, cuando el hombre migra en busca en mejores
condiciones de vida, la mujer es quien asume responsabilidades familia-
res y comunitarias que tienen que ver con el cuidado de la milpa. Éstas
van desde trabajar en todas las fases del ciclo agrícola hasta cómo acudir
a los trabajos comunitarios para el mantenimiento de los canales de
riego y a las reuniones para la distribución del agua de riego.
Por otro lado, en el contexto tojolabal hay una forma de organiza-
ción familiar regida por las relaciones de descendencia paterna, es decir,
abuelos, hijos y nietos. En la toma de decisiones que tienen que ver con
la administración de las tierras, quienes se involucran directamente son

Alaj tojolabal de Las Margaritas 103


los varones, ellos deciden, por ejemplo, qué tierra se va a vender si hay
necesidad o cuál se va a cultivar, el abuelo o el padre son los que dictan
a quién se les va a heredar. Estas costumbres no son muy distintas de
otros lugares que conocemos, no es una realidad aislada. Sin embargo,
ahora ya se están construyendo otras formas de readaptación y recon-
versión de este sistema que somete la vida de las campesinas.
Con estos dos testimonios se puede ver la forma en que la mujer
juega un papel tan importante. Desde pequeñas acompañamos a nues-
tros padres en los trabajos que requiere el ciclo agrícola. Pienso que
aprendemos a estar en constate contacto con el maíz, porque aprende-
mos a desgranarlo, a molerlo para hacer las tortillas y el pozol, a cuidar
que no haya granos tirados en la casa, si es así, se junta para cuidarlo
convirtiéndose en un deber moral… a mí me decían que los granos de
maíz tenían corazón y que lloraban cuando se quedaban tirados.
Las y los jóvenes de mi comunidad juegan un papel importante
en los trabajos de la milpa. Algunas veces ellos son los que se encargan
de reunir a las personas que colaborarán en los distintos trabajos de la
milpa cuando se requiera de muchas manos, por ejemplo, en la siem-
bra, en la limpia, en la doblada y en la tapisca. Los jóvenes son los que
formalizan el compromiso con jóvenes de otras familias para devolver
el trabajo.
Otro aspecto importante es el papel de los ancianos en la comu-
nidad: la selección de las semillas, es un trabajo exclusivo de ellos y de
las mujeres. Después de la tapisca se selecciona las mazorcas «madres»,
es decir, las más grandes y se guardan en el ts’ulub’ (troja) cuidando que

104 Milpa Corazón


no le entre polilla, para que en el mes de diciembre o enero estén ya
desgranadas y listas para ser sembradas de nuevo.
También son los que van heredando a los hijos el conocimiento
tradicional de respeto a la milpa, el cual va desde conocer la variedad
de semillas que se deben sembrar en cada una de las milpas, hasta las
fechas de su cultivo. Tienen muy presentes los trabajos que requiere
cada una de las etapas del ciclo, para lo cual se preparan con anticipa-
ción y conocen el tipo de tierra, si es húmeda o de temporal. Son ellos
quienes asumen la responsabilidad de guiar a los miembros de la familia
en torno al trabajo.

Fechas del ciclo agrícola para el cultivo del maíz

Mencionaré algunas actividades, con fechas aproximadas, sobre el ciclo


agrícola. Se inicia en el mes de diciembre con el sjutjel lu’um (arado de
la tierra), esta actividad es la primera, se tiene que remover la tierra y
hacer los surcos para el maíz y así facilitar su germinación y crecimiento.
Después de esta actividad se espera que en el mes de enero caigan los
primeros aguaceros, después se pone a remojar la semilla durante tres
o cuatro días para que esté lista y sembrarla, este trabajo generalmente
es de las mujeres.
Se continúa con la siembra, en esta actividad colaboran todos los
miembros de la familia y se realiza entre los meses de enero y febrero, en
ocasiones las semillas no germinan o son comidas por pájaros y roedores
antes de su germinación; en este caso, quince días después se acude al

Alaj tojolabal de Las Margaritas 105


awintanel (resembrar). Entre los meses de enero y febrero, cuando la
lluvia no es suficiente, se riega la milpa a través de un canal de riego. Esta
actividad se llama ulb’anel y generalmente son los hombres quienes lo
realizan. En marzo y abril se hacen las dos limpias y se calzan las matas
de maíz después de haberlo abonado para darle mayor firmeza en la
temporada de lluvia y viento.
En junio se lleva a cabo la doblada de las matas de maíz para que
a las mazorcas no les entre agua (este trabajo en tojolabal se llama
kumb’anel y en su traducción literal significa «doblar»), después se
espera a que las matas de maíz terminen de secarse. Algunas perso-
nas comienzan a tapiscar antes y terminan de secar las mazorcas en
los patios o tapancos de las casas, otras familias esperan hasta agosto
y septiembre para comenzar con el jach’oj (tapisca) y finalmente en
octubre y noviembre se lleva a cabo el sa’oj, que consiste en limpiar el
rastrojo que se ha quedado en la milpa. En la mayoría de los casos, se
quema; las tres personas con las que platiqué me comentaron que ellos
pican el rastrojo y se deja ahí mismo como abono para la tierra. En la
mayoría de las actividades que se realizan todos los miembros de las
familias se involucran activamente, todos entran en un ambiente de
colaboración y ayuda mutua.
Al respecto, mi madre me contó que antes, cuando se llevaba a
cabo la tapisca, se organizaban los colaboradores para avanzar lo más
posible en el trabajo, por ejemplo, si había veinte personas, diez de
ellas, cinco mujeres y cinco hombres, se quedaban a tapiscar la milpa y
las otras diez se dedican a cargar con redes el maíz. Se daban compen-
saciones a cada persona, a las mujeres les tocaba de quince a veinte

106 Milpa Corazón


manos, cada mano equivale a cinco mazorcas grandes, a los hombres
de veinte a veinticinco.
Esta práctica duró muchos años porque no existían las bestias de
carga, ellos eran quienes llevaban en sus espaldas la cosecha. Después
de que la gente comenzó a adquirir animales de carga esta práctica
comenzó a ser sustituida, lo que se hacía era prestar los animales a las
familias. Actualmente pocas son las personas que siguen usando anima-
les de carga, han optado por pagar los servicios de una camioneta para
el traslado de la cosecha de la milpa a la casa.
Las parcelas tienen características distintas, en la parte de regadío
existen tres fracciones, las cuales, por su ubicación, son húmedas; pero
para cuando el agua de la lluvia no cae a tiempo existe un canal de riego
que permite regar para que sin problema alguno se pueda hacer germi-
nar las semillas. Obviamente esto tiene implicaciones comunitarias pues
se tiene que mantener limpio el canal, la asamblea ejidal convoca a un
komon a’tel (trabajo colectivo) para realizar la limpia; todos los ejidata-
rios, avecindados y posesionarios acuden a la convocatoria asumiéndolo
como un deber que beneficia a todos. También se organiza un rol el cual
permite repartir equitativamente la cantidad de agua que se destina
para cada campesino en un horario establecido.

Espiritualidad: simbolismo e identidad

Hablar sobre el tema de la espiritualidad es un tema complejo para mí.


En primer lugar, porque crecí en un hogar con prácticas religiosas de

Alaj tojolabal de Las Margaritas 107


una de las iglesias protestantes, y en mi entorno más bien se vivían las
prácticas propias del pueblo tojolabal, las cuales se encontraban total-
mente sincretizadas con los principios religiosos de la iglesia católica.
Esto provocó un gran conflicto, ya que las iglesias protestantes estaban
provocando el desuso del conocimiento tradicional.
Sin embargo, algo que me llama mucho la atención es el hecho
de que, pese a la imposición ideológica por parte de las iglesias protes-
tantes, se sigue con algunas prácticas comunitarias que nacieron en la
colectividad, como principio organizador de la vida comunitaria, y creo
que esto último es uno de los elementos que más han resistido hasta la
fecha y que ha permitido la unión entre los miembros de la comunidad.
Con esto no quiero negar la existencia de cambios en las prácticas
y modos en que nos relacionamos, más bien es que siempre han estado
en constante transformación, situación que algunas veces ha provocado
rupturas al interior de la comunidad, pero en otras ha permitido ver que
nos vamos ajustando a nuevas formas sin perder de vista el principio
colectivo, porque éste es el que orienta la vida comunitaria.
Mi madre también me contó que cuando ella era joven, sus padres
realizaban un ritual antes de la siembra y durante la cosecha de la milpa.
Esto pone en evidencia el reconocimiento de un creador que provee los
alimentos y que la tierra es nuestra madre. Antes de iniciar a sembrar
la milpa se colocaban, justo en medio, dos pares de velas y ahí se hacía
una oración con la que se pedía al creador de la tierra que bendijera la
milpa y que hubiera durante ese ciclo agrícola buen clima para obtener
una buena cosecha.

108 Milpa Corazón


Igual, en el tiempo de la tapisca, el abuelo se preparaba con anti-
cipación para recibir la cosecha del maíz, ofrecía también dos pares de
velas que colocaba en medio de la milpa el día en que se haría la tapisca;
ahí mismo se quemaban dos o cuatro cohetes como agradecimiento a
Dios por haber permitido que la cosecha fuera suficiente para alimentar
a la familia.
Otro aspecto que tiene que ver con esta práctica era la prepara-
ción del ts’ulub’ (troja) para recibir el maíz. Pareciera una acción muy
simple, pero requería de mucha atención procurar que estuviera en
buenas condiciones para poder mantener la cosecha y que no permi-
tiera la entrada de la plaga o humedad que pudiera dañarla. También
cuando era la temporada de la tapisca y se encontraba nublado o
lluvioso, la familia se tenía que preparar para recibir la cosecha en otro
espacio, es por eso que se habilitaba un lugar dentro de la cocina y que
se llamaba cha’an (alto), que es lo que comúnmente se conoce como
tapanco. Se colocaban tablas debajo del techo de la cocina quedando un
espacio amplio para guardar las mazorcas y el calor de la cocina permitía
que se terminara de secar bien y se conservara el mayor tiempo posible.
Por lo anterior creo que el sistema milpa nos permite asumir
ciertas actitudes que están implícitas en el cuerpo y que las acciones
mencionadas no se pueden pasar por alto o no hacerlas. Hasta hoy
se continúa con algunas de estas prácticas entre los miembros de la
comunidad, sean de la iglesia protestante o católica.

Alaj tojolabal de Las Margaritas 109


Algunas reflexiones sobre el medio ambiente

El tema del cuidado del medio ambiente en el contexto tojolabal es


bastante complejo y querer explicarlo es difícil, debido a la gran varie-
dad de actividades, pensamientos y problemáticas que se dan en la
comunidad, aun así, compartiré algunas que ayudan o contribuyen al
sostenimiento del medio ambiente.
De los testimonios recopilados, don Lorenzo, por ejemplo, cuestio-
na el uso de agroquímicos para el cultivo. Menciona que hace muchos
años no se hacía uso de ningún tipo de abono para sembrar la milpa.
Entre los años ochenta es que comenzaron a llegar los programas de
gobierno como parte de las acciones para el apoyo al sector productivo
del campo. A los campesinos se les dotaba con fertilizantes y pestici-
das para favorecer el cultivo. Esto ocurrió en todas las comunidades
aledañas a la región Cañada y Valle Periferia. Así también comenzaron a
conocer las semillas mejoradas, que les permitían obtener la cosecha en
un tiempo mucho menor al que estaban acostumbrados con las criollas.
Sin embargo, también comentó que gracias a la orientación técni-
ca se han dado cuenta de que tanto los agroquímicos como el cultivo
de las semillas mejoradas traen consecuencias graves a la salud de los
miembros de la familia. Menciona que en el ejido existen algunas parce-
las que han quedado totalmente inservibles porque ya ni el maíz ni el
frijol se dan, que cuando el terreno comienza a llenarse de pasto indica
que ya no está en condiciones de producir más alimentos. Es por eso
que don Lorenzo, desde su jubilación, decidió comenzar a desaprender
algunas prácticas, y revalorar otras que le permiten mejores condiciones.

110 Milpa Corazón


Empecé a cambiar la práctica de cultivar la tierra, aparte de que
el rastrojo me sirve para mis animales, también comencé a picarlo
y mezclarlo con el estiércol del ganado, hacer su descomposición
y aplicar esa materia orgánica mata por mata, y hasta hoy he
comprobado que ha sido muy efectivo y sé que mi parcela actual-
mente está en un proceso de recuperación, donde es notable la
presencia de otras plantas también comestibles, uno que es la
hierba mora, que de por sí sale sola por la fertilidad de la tierra y
la humedad que hace que se produzca esa planta y que es parte
muy importante de la alimentación, el ts’u’ul, hay otra planta
que se llama akote’ y el kulix, lo comemos crudo y lo comemos
en caldo. Eso indica que la tierra se está recuperando.
-Lorenzo Gómez Coello

Esta idea está relacionada con lo que me contó doña Candelaria


al momento de la charla, ella dice que la tierra actualmente necesita ser
ayudada (wa sk’ana skoltajel), y si bien es cierto que ella sigue usando
los agroquímicos, está también abonando su milpa con estiércol de
ganado y pretende ir fertilizándola así poco a poco.
Wanxa jomel ja sat k’inali’ es una expresión que se usa para decir
que el tiempo está cambiado. Las personas con las que platiqué coin-
ciden en que, desde que tienen memoria de sus vidas, han ocurrido
algunos cambios en el modo de cultivar la milpa; entre estos el que
más resalta es el uso de agroquímicos y el cambio de cultivos. Por ejem-
plo, hubo unos años en que algunas personas comenzaron a sembrar
jitomates pero esto trajo como consecuencia una serie de plagas que

Alaj tojolabal de Las Margaritas 111


llegaron al frijol y al maíz; por esa razón, la asamblea ejidal optó por
poner dentro de sus reglamentos prohibir la siembra de jitomate o de
cualquier otro cultivo en el que se tengan que usar cantidades mayores
de agroquímicos o aquellos que provocan la propagación de plagas.
Existe una preocupación colectiva para la protección de la madre tierra.

Semillas, vida y alimentación

Desde siempre ha habido una preocupación de nuestros abuelos y abue-


las por la conservación de las semillas, por ello, tenemos que sostener el
conocimiento que emerge en nuestros contextos, como miembros de
los pueblos originarios. Doña Cande me contó que una de las formas
en que conserva su semilla es guardarla en un recipiente de plástico
con tapa hermética, así puede lograr conservarse hasta el siguiente
ciclo agrícola. Por otro lado, mi abuelo colgaba sobre las vigas de la
cocina las mazorcas más grandes para conservarlas como semilla en el
siguiente ciclo agrícola.
Es importante decir que la conservación no se refiere únicamente
al cuidado que se le debe tener, sino también a las formas en que las
familias van heredando los tipos de semillas como parte de su patri-
monio. Por otro lado, en mi comunidad también existe una práctica de
intercambio entre las comunidades vecinas, creo que éstas son algunas
prácticas que han permitido la conservación.
También es interesante hacer notar que el ciclo agrícola no se
cierra: antes de culminar la fase de recolección de la cosecha ya se

112 Milpa Corazón


piensa y se está preparando la siguiente. Es por eso que desde antes se
tiene en cuenta la selección de la semilla y se destina un lugar específico
para guardarla, al menos en mi familia ocurría eso y lo mismo se hacía
con la semilla de la calabaza, el ts’ol (especie de calabaza pequeña), el
tomate verde y los diversos tipos de frijol. Actualmente ha disminuido
la práctica del intercambio, últimamente se ha optado por la compra
con dinero.
Hasta aquí hemos mostrado que la semilla es vida porque es
alimentación. El espacio milpa es el lugar en donde ésta pueden ser
depositada y hacerla germinar para sostener la vida de otros seres, entre
ellos, nosotras, las personas. Aunque es imprescindible el trabajo del ser
humano, en esta espiral de la vida no debemos olvidar que solo somos
un elemento de todo ese espacio al que llamamos territorio.
Abrazo la palabra de mi madre al decir que la milpa es un lugar
donde uno puede distraer el corazón… Esta frase me hace pensar que es
una apuesta por seguir caminando de frente a las diversas circunstancias
a las que nos enfrentamos actualmente. Pienso que es un espacio que
nos permite sostener la vida, es un espacio en donde se puede alegrar
el corazón.

Reflexiones finales

Como mencioné al inicio, parte de lo que escribí proviene de mi expe-


riencia junto a mi madre sobre el trabajo de la milpa. Me dejan una
lección importante las palabras de las personas con las que platiqué,

Alaj tojolabal de Las Margaritas 113


pues tuve la oportunidad de conocer aquello que las motiva a continuar
trabajando en la milpa. Coincidimos en que es herencia de los ancestros
y por lo tanto la debemos cuidar y seguir cultivando, así como cuidar
la tierra con ternura.
Creemos que la madre tierra tiene y es vida, por lo tanto, el trato
debe ser lo más humano posible. Vivimos en contextos con múltiples
formas de explotación de la madre tierra debido a la visión colonial y
antropocéntrica, pero también sabemos que existen millones de perso-
nas que históricamente han inspirado su vida desde su sentir y pensar
colectivo, el cual fundamenta su vida desde los principios de la recipro-
cidad y complementariedad.
Debemos revalorar la tarea de nuestros ancestros como una real
alternativa para orientar un proyecto de vida, donde se destaque y
defienda una vida pensada desde la convivencia con jnantik lu’um
k’inal… nuestra madre tierra.

114 Milpa Corazón


KAMATZE’KUJY ZOQUE
DE CHAPULTENANGO

María Sánchez Álvarez


Ä kama ä ni´pi (mi milpa y mi siembra) es una frase que encierra un
trabajo colaborativo de la familia y que se extiende hasta la comunidad,
por eso es mía, es nuestra y es de todos… y para su existencia nos
necesita de todas y todos. La milpa tiene mucha dignidad: siente,
escucha, llora y se pone alegre; mientras más se le cuide y respete ella nos
agradecerá con abundancia en la cosecha.

Ä ka´ma, ä ni´pi; tsun´bapä tzamä jos´tumbkuy, dä täkómä, dä


täwä´jing, dä kum´kuyjing; Jät´kätoyagä dä tsene, dä tzänätamb y dä
mumunätamb. Wä´ka mus itýt. tä sundamba mumupäntam Ka´ma
ity´tupäng kyen´kuy, tä an´jamba, tä man´ba; Yä´pya y kashä´pya. Ka´j
dä kuewnda´tzäpa, dä kä´j natzäpya; tä to´jamkäpya wäty tänmjing.

115
Quién soy

Me llamo María Sánchez Álvarez; originaria de la comunidad Los Sánchez,


en el municipio de Chapultenango, Chiapas; nieta e hija de campesinas
y campesinos; mi madre es Dominga Álvarez Pablo y mi padre Enrique
Sánchez Hernández, quien es campesino y maestro rural; ambos traba-
jan en el campo, siembran maíz, frijol, arroz, verduras y árboles frutales
en una pequeña parcela. Desde pequeña ellos nos llevaron a la milpa,
a la limpieza y a la cosecha, una vida que disfrutamos de niños. Toda
esta conexión tiene sus raíces en las formas de vida de un pueblo y de
una cultura, la cual voy a narrar a continuación.
Comienzo por contar mi origen por línea materna, que es en
donde considero nacen mis raíces de equilibrio con la naturaleza.
Cuando llegaron los blancos a nuestras tierras los abuelos también
sufrieron y vivieron el impacto de dos mundos encontrados. Así, cuando
preguntamos a nuestros mayores por qué escogieron vivir en las monta-
ñas, hacen referencia a las enfermedades que trajeron los blancos y a
la esclavización de los indígenas en las fincas bananeras y cacaoteras.
Antes de la revolución mexicana, los zoques sirvieron de peones en
las fincas, muchos escaparon y se escondieron en las montañas, así se
establecieron las comunidades, esta es la historia de mi tatarabuelo:
Muchos pidieron prestado, como nuestro tatarabuelo Daniel
Álvarez, que se casó y pidió prestado seis pesos, no los pudo pagar y
la abuela no quiso quedarse en la comunidad a esperarlo, entonces
llegaron juntos a la finca y esto incrementó la deuda, pues al recibirlos
les dieron utensilios de labranza y de cocina, además de una casa; lo

116 Milpa Corazón


que al final se le sumó a la cuenta y a las deudas, que no terminaban
de pagarse, por ello mi papá Trinidad nació en la finca San Carlos, y
relataba él que cuando salieron en libertad, se fueron a vivir y se fundó
la Ribera Volcán (Zenorina Álvarez Pablo, 71 años, 2020).
Historias como éstas vivieron varias familias en esa época de los
hacendados; el triunfo es conocido como el «día de la libertad», este
hecho hizo que muchas familias se encontraran y se formaron las comu-
nidades, como la de nosotros, como ya comenté antes, en las faldas de
volcán Chichonal, por ser montañas vírgenes y con suficiente terreno
para cultivar.

Yo nací en Ostuacan, Chiapas, mis papás vivieron ahí por tres


años, yo tenía tres años cuando llegamos a Francisco León, en
un lugar que se conocía como El Mango, porque había precisa-
mente un árbol grande, ahí vivían mis tíos que luego se movieron
a otra comunidad llamada Sardina, nosotros nos quedamos ahí,
luego se construyó una capilla, por desacuerdos la comunidad se
dividió y el trabajo quedó inconcluso. En esos tiempos todos nos
dedicábamos a trabajar la tierra, desde los seis años nos llevaban
a la milpa, todos aprendíamos a trabajar, las tierras eran de todos
no había nadie que no tuviera donde trabajar, así poco a poco
creció la comunidad, hubo escuela y surgió el ejido, nos midieron
las tierras que nos iba a corresponder: era mucho y de todos.
-Concepción Esteban Pablo, 72 años, 2020

Kamatze´kujy zoque de Chapultenango 117


Por otro lado, también en 1950, comenzó a escucharse la palabra
ganadería y, finalmente, en 1956 llegó a las comunidades de Francis-
co León y Chapultenango el entonces llamado ini (Instituto Nacional
Indigenista), el cual no solo promovió la ganadería extensiva y de libre
pastoreo, sino que proporcionó los créditos para ejercerla, al igual que
el cultivo de café y cacao para su producción extensiva, y más adelante
para su exportación.
Mi familia, antes de la erupción del volcán Chichonal, tenía una
tradición ecologista, pues eran respetuosos con la madre tierra, he sido
testigo de cómo ellos conocen a la naturaleza y se comunican con ella
a través de su vivencia diaria.
Mi bisabuelo me platicaba mucho de la importancia de cuidar la
tierra, de cuidar las semillas y de cómo deberíamos pedir permiso antes
de cada trabajo en el campo; mi abuelo y mi abuela siguieron con la
misma tradición hasta que perdieron sus tierras por causa de la erup-
ción, en marzo de 1982. Este acontecimiento marcó mi vida y la de mi
familia: hubo que migrar, por este motivo crecí en la Selva Lacandona
junto con mis hermanos Nereo y Alicia.
Es muy importante para mí contar cómo fue la vivencia de la
migración, ya que este hecho trajo muchos cambios y reajustes en la
vida de mi familia materna, y seguramente de muchas familias de nues-
tra comunidad. Y claro, también afectó la vida campesina y al sistema
de milpa… los trabajos relacionados con la tierra sufrieron cambios y
transformaciones.
Cuando pasó la erupción, mi madre se encontraba en la comuni-
dad Ribera Volcán, municipio Francisco León. Pasamos la primera noche

118 Milpa Corazón


Recuerdos de la familia Álvarez en la Chacona, Tuxtla Gutiérrez, Chiapas,
lugar donde vivieron luego de ser desplazados por la erupción del volcán
Chichonal. Marzo, 1982.

refugiados en la iglesia de la comunidad y al otro día salimos para llegar a


Francisco León y después seguir a la comunidad El Naranjo, ahí estuvimos
unos días. Posteriormente llegaron personas del municipio de Ocotepec
para ayudarnos a caminar en las montañas, éramos muchos niños y nos
cargaron en sus espaldas, así pudimos salvarnos de la última fase de la
erupción del volcán, el 5 de abril 1982, «el día que no salió el sol». En
Ocotepec estuvimos 15 días en un albergue temporal para damnificados
y luego en Tuxtla Gutiérrez en un albergue, ahí vivimos tres meses.
En la capital la vida fue difícil, principalmente por la alimenta-
ción, no estábamos acostumbrados a comer alimentos enlatados ni en
conserva; todos nos enfermamos mucho de infecciones gastrointesti-

Kamatze´kujy zoque de Chapultenango 119


nales por el consumo excesivo de aceites quemados y por la forma de
preparar las comidas, decían los adultos que no estaban cocidas.
Ahora que reflexiono todo lo vivido en esta época de crisis, para
nosotros fue simplemente un cambio de hábitos alimentarios ya que
estábamos acostumbrados a consumir comida fresca, lógicamente los
industrializados no nos caían bien por los químicos; esto afectó por
supuesto la vida culinaria de mi pueblo, poco a poco esta forma de
alimentación ha cobrado fuerza en las comunidades hasta el punto
que en nuestros días, consumir refrescos de cola, embutidos, carnes
frías, frutas y verduras enlatadas y frituras, se ha vuelto tan común que
nuestro paladar ya se acostumbró, todo hace 38 años.
Cuando el gobierno pudo reubicarnos nació el ejido Nuevo Fran-
cisco León en el municipio de Ocosingo, en la Selva Lacandona, y en
1985 se fundó el ejido La Unión, el cual posteriormente se dividió en los
ejidos San José y Julián Grajales; los tres quedaron en la zona de Marqués
de Comillas, dentro de la zona de la Lacandona.
Los ejidos trataron de seguir con la organización ancestral de
trabajar las tierras por familias, pero no fue del todo posible porque se
dieron muchos cambios de vida, estilo e ideales de las familias. Por esto
creo que es muy importante recordar la historia, las formas de trabajo
y organización del manejo de la tierra y de la milpa.
Nuevo Francisco León quedó integrado y organizado por barrios
y para conservar la memoria se llamaron igual que sus comunidades: mi
familia se estableció en el centro del poblado, en el Barrio Volcán, que
está integrado por muchas familias y nos organizamos para las fiestas,
para los trabajos en la milpa y para el día de la siembra.

120 Milpa Corazón


Mi municipio y mi comunidad

Chapultenango es uno de los trece municipios zoques que se encuen-


tran enclavados en las montañas del norte de Chiapas, se localiza a
640 metros sobre nivel del mar y cuenta con una superficie de 176.43
kilómetros cuadrados, conformados por terrenos accidentados. Limita
con los municipios de Pichucalco, Ixtacomitan, al norte; Solosuchiapa,
Ixhuatán al este; Tapilula, Tapalapa, y Pantepec al sur, y con Ocotepec
y Francisco León al oeste.
Mi madre, en julio de 1989, al terminar las clases, retornó al muni-
cipio de Chapultenango, Chiapas y desde ese tiempo nos incorporamos
en la comunidad los Sánchez, comunidad de mi padre y tíos paternos,
que es en donde actualmente vivimos. Para nosotros no fue fácil adap-
tarnos a otra formas y costumbres, la vida con los abuelos maternos
era dura y difícil pero había mucha solidaridad, cobijo, amor y respeto,
las diferencias cotidianas eran superadas por el cuidado que se tenía
con los semejantes, era la base de la familia. Poco a poco tuvimos que
asimilar nuestra nueva vida con la familia paterna.
Mi comunidad, Los Sánchez, es pequeña y está formada por la
familia de línea paterna como ya mencioné. El bisabuelo Pedro Sánchez,
cuando estaba huyendo de la Revolución Mexicana, se quedó en este
espacio de la montaña donde nace el Río Negro, Yäj´kubiakj, y el Arroyo
Frío, Tínm´banä. En esos años era montaña, con árboles enormes y
densa vegetación (estos recuerdos son del abuelo Arcadio Sánchez);
era el lugar perfecto y un buen refugio pues estaba muy apartado en
aquel entonces.

Kamatze´kujy zoque de Chapultenango 121


Cada pueblo libra guerras distintas y los zoques, en esa época,
tuvieron la suya contrariando los ideales de la Revolución, porque hubo,
como en todas las guerras, gente aprovechada que saca partido de cada
movimiento, así hubo en esos tiempos: bandoleros, violadores y saquea-
dores. Por todos estos motivos mi familia se refugió en la montaña para
poder vivir su libertad apartados de la civilización.
Los Sánchez en la actualidad cuenta con un total de 73 habitantes,
somos 41 hombres y 32 mujeres, se ubica 3.4 kilómetros de la cabecera
municipal y a 595 metros sobre el nivel del mar. Todos somos descen-
dientes de los antiguos zoques y vivimos distribuidos en diez casas.
La mayoría de los habitantes del municipio de Chapultenango y
Francisco León hablan la lengua materna: el ore (zoque), y de acuerdo
a algunas narrativas orales, los zoques tenemos la creencia que nuestro
creador ko´jmi nos hizo de lodo o de tierra; sin embargo, en los libros
de registros oficiales, se estableció que somos los ote pät, o´de pät y
ore pät, las tres variantes significan «hombre y mujeres de palabra u
hombres y mujeres sencillos».
Los zoques actuales somos de los pocos que quedamos de la civili-
zación mesoamericana, lo que hoy se considera como pueblo originario
o pueblo indígena, como nos llama el Estado.
Para nosotros es importante conservar el equilibrio entre la natu-
raleza y el hombre, de ahí que muchas prácticas ancestrales están orien-
tadas al cuidado de la madre tierra; desde niños se nos inculca respetar
los árboles, la tierra, pedir permiso a los cuidadores de los bosques, a
los guardianes de las cuevas, velar por los nacimientos de agua, los
animales salvajes y los pájaros, es decir, toda especie que vive en las

122 Milpa Corazón


montañas. Pedirles permiso o mostrarles respeto es símbolo de vivir
en paz y armonía con la naturaleza y sus criaturas.
Creemos que nosotros, los hombres y las mujeres, somos cuida-
dores de la creación, nuestro deber es mantener la vida y cuidar todo
aquello que la sostiene, es una de las razones por la que los zoques
practicaron por muchos años un sistema de cuidado y manejo del terri-
torio. En los últimos años, poco a poco, se han introducido prácticas
contrarias a nuestros sistemas de trabajo y han llegado cambios que hoy
vemos se han quedado, resultado del llamado desarrollo social, político
y económico, modificando nuestro sistema de vida.
La erupción del volcán también generó un cambio climático en la
región que afectó al municipio y sus alrededores; obligó a los habitantes
a realizar ajustes en los sistemas de manejo territorial, cultivos y otras
actividades agrícolas. Desde entonces la temperatura en estos munici-
pios es de 21 a 24 grados centígrados y tiene una precipitación pluvial
de 3 000 a 4 000 milímetros por metro, es la zona con más lluvias del
estado en todo el año. Así, por la abundancia de lluvias, el paisaje es
siempre verde y hace solo algunos años había árboles grandes y bosques
con abundante vegetación, ahora solo existen potreros, potreros y más
potreros. De los bosques sobreviven pequeñas manchas donde se refu-
gian algunos animales como los coyotes, pecarís, mapaches, zorros y aves
como el tucán pico amarrillo y el tucán verde, el águila real y calandrias.
En 1992, año de la reforma agraria salinista y su proyecto Procede
-programa de reparto agrario de las tierras ejidales que se dio durante
el mandato del presidente Carlos Salinas de Gortari- se llevó a cabo el
parcelamiento de las tierras ejidales; en el municipio de Chapultenango,

Kamatze´kujy zoque de Chapultenango 123


se parcelaron los ejidos y la distribución no fue equitativa ni homogénea.
Ante este hecho muchas familias quedaron sin derecho a tierra lo cual
cambió la vida de muchos campesinos que no tenían donde cultivar.
El cambio del sistema de propiedad de la tierra generó condiciones
de compraventa masivas, lo que provocó que muchas familias se fractu-
raran, ya que las tierras familiares pasaron a manos de una sola persona
se dejó de preguntar a todos los miembros sobre su destino, uso y fin.

Kamatze´kujy (la milpa) y su historia en el pueblo

Para los zoques de Chapultenango, la kamatze´kujy (milpa) juega un


papel muy importante pues es el elemento básico de nuestra alimenta-
ción, el maíz se transforma de diferentes maneras, se hacen ane (tortillas),
waye u´kujy (bebida de pozol o maíz), saka´tzayu (dobladas de tortillas),
píñool (pinole), píñool ane (pan de maíz), ka´jwa píñool (polvillo o pinol
con cacao) y un sinfín más.
Consideramos que el maíz, la base de la milpa, es un regalo de los
dioses para nosotros, sus hijos, pues es un alimento que no solo nos
quita el hambre, nos da fuerza, energía y vitalidad; creemos que nos
comparten a través del maíz su fuerza y energía para fortalecer nuestro
espíritu. También sabemos que es un cereal rico en vitaminas y mine-
rales, rico en fibras y ácido fólico, lo que ha permitido que crezcamos
sanos y fuertes.

124 Milpa Corazón


Dominga Álvarez Pablo recogiendo quelites y tomate en su milpa.
Foto: María Sánchez Álvarez

Pues hacer la milpa, sembrar el frijol, calabazas y también apren-


dieron a sembrar arroz, es la base de la alimentación que nos
dejaron nuestros antepasados, para mí es lo original, lo bueno,
lo sabroso y rico en proteínas que nos da fuerza.
-Dominga Álvarez Pablo, 58 años, 2020

La milpa nos brinda un sentido de pertenencia y de conexión con


la madre tierra, es un alimento sagrado, su proceso está cargado de
significados, de espiritualidad y es un elemento que ha tejido, unido a
las familias y a los pueblos originarios. Es la base que ha sostenido a las
comunidades y su práctica data de tiempos remotos e inmemoriales
en el corazón de los pueblos.

Kamatze´kujy zoque de Chapultenango 125


Antes de iniciar la rozadura, se llegaba al lugar con respeto y lo
primero que se hacía era pedir permiso a la madre tierra, mi
abuelo decía que habría que pedir permiso a la tierra, para que
nos deje lastimarla porque es lo que vamos hacer al rozar, al
sembrar; si pedimos permiso tenemos la bendición de que brote
la semilla y los animales no perjudiquen la siembra.
-Dominga Álvarez Pablo, 58 años, 2020

Ä kama ä ni´pi (mi milpa y mi siembra) es una frase que encierra


un trabajo colaborativo en la familia y que se extiende hasta la comu-
nidad, por eso es mía, es nuestra y es de todos… para su existencia es
necesario que todas y todos participemos y colaboremos.
La milpa misma es un sistema de policultivo pues al maíz están
asociados otros productos como es el frijol, la calabaza, el chile, el tomate,
los cebollines y los quelites en sus diferentes variedades; muchos de ellos
crecen solos y otros se van agregando durante el proceso de la siembra,
así, al final de la cosecha, se obtienen múltiples alimentos.
Así entonces el maíz se asocia con otros cultivos de gran variedad,
como es el frijol de guías (existen en la región dos variedades de vainas
larga y cortas, el sabor es distinto y solo se siembra con la milpa), calaba-
zas, chayotes, yuca, plátanos y quelites sobre todo para complementarse
unos a otros. La función de los frijoles es abonar la tierra, las hojas y
la raíz proporciona nitrógenos a los suelos, los otros cultivos, como la
calabaza, conserva la humedad lo que ayuda en caso de que se altere
la temperatura normal, los cultivos asociados generalmente como los
frijoles, calabaza, chayote y plátanos salen después de cosechar el maíz.

126 Milpa Corazón


Los productos de la milpa también se usan como base de cambio
para tener otros alimentos y a veces hasta dinero en efectivo gracias
a su venta. El grano de maíz permite hacer intercambio con otros
productos que se puedan comer, como frutos y verduras de otros
lugares; las personas que tienen suficiente maíz pueden permitirse
intercambiarlos por animales domésticos como pollos, gallinas, cerdos
y guajolotes. El maíz también sostiene el sistema económico tradicional
y político-organizativo.
La organización para sembrar la milpa es fundamental, los varones
de la familia conversan y hacen acuerdos con las mujeres cuando se
acercan los tiempos de los trabajos, escogen los terrenos disponibles los
cuales deben ser extensos para que sea suficiente la cosecha y sostenga
a toda la familia. Actualmente se sigue esta práctica, pero con cambios,
ahora existen campesinos jornaleros que cobran por ayudar a la limpieza
porque muchas familias ya están divididas y no trabajan juntas, es decir
se hacen milpas pequeñas y no grandes extensiones como antes, pero
aun así se organiza la siembra. Se guían por la fase lunar y debe quedar
la siembra los días previstos, así todos tienen aseguradas sus cosechas.

Iniciamos la rozadura, nosotros en la comunidad en noviembre y


diciembre, para que en enero podamos sembrar, todos los herma-
nos de esta comunidad lo hacemos en estos tiempos, nos pone-
mos de acuerdo para sembrar, nos ayudamos, intercambiamos
nuestras manos o prestamos nuestras manos; así cada siembra de
la milpa de cada persona queda en un día, y así vamos pasando
en cada rozadura del compañero; hasta concluir la siembra en

Kamatze´kujy zoque de Chapultenango 127


Enrique Sánchez Hernández compartiendo su conocimiento para la selec-
ción de semillas de maíz. Foto: María Sánchez Álvarez

la comunidad. Se tiene que respetar el ciclo lunar y respetar las


fases para que se dé un buen maíz.
-Enrique Sánchez Hernández, 62 años

Ahora bien, el sistema milpa en la región de los zoques ha sufrido


cambios significativos marcados por fenómenos naturales, políticas
públicas y por la introducción de conceptos y prácticas del desarrollo
capitalista.
El Estado mexicano tenía el fin de incluir a los campesinos zoques
al sistema productivo, aunque en la vida de los indígenas esto solo gene-
raría problemas, cambios en sus sistemas de vida, inequidad y pérdida

128 Milpa Corazón


de soberanía alimentaria, se fragmentó la colectividad y surgió el indi-
vidualismo en las comunidades.
Como ya se dijo, antes de la aparición de la ganadería las familias
zoques trabajaban en la agricultura principalmente, y para ello tenían
un sistema de rotación de las tierras de cultivos, cada zona o superficie
de trabajo lograba descansar de cinco a siete años, esto era posible
porque el territorio ejidal era extenso y suficiente para las familias, cada
una lograba sembrar de 100 a 150 kilos de maíz, frijol y arroz, comida
suficiente para todo el año, cada familia cultiva entre 30 y 45 hectáreas.
Con la aparición de la ganadería por supuesto bajó el nivel de lo cultiva-
do pues comenzó el acaparamiento de las tierras para ser convertidas
en potreros.

Cuando nosotros crecimos solo se trabajaba la milpa, se sembra-


ba el maíz, el frijol y el arroz, también los frutales y verduras;
nuestros padres tenían acuerdos previos de palabra, todos culti-
vamos nuestros alimentos, chayotes, calabazas, tomate, chiles,
cebollines, ajos y todo lo que pudiera sembrarse junto con la
milpa, alrededor o cerca, por eso no nos hacía falta la comida,
no se tenía dinero en efectivo, pero no hacía falta la comida. Los
cambios fueron lentos y poco a poco hasta nuestros días. Se
repartieron las tierras y muchos ya no tenían donde sembrar,
otros tienen tierras convertidas en potreros y no hacen la milpa;
otros no tienen ni ganado entonces rentan sus campos y viven
de ello, con eso compran sus comidas.
-Concepción Esteban Pablo, 72 años, 2020

Kamatze´kujy zoque de Chapultenango 129


Así comenzó la compra de alimentos. Algunas familias tenían poder
adquisitivo y compraban, principalmente, frutas, verduras y alimentos
procesados. La gente sin tierras se convirtió en jornalera y trabajaba para
ganar el sustento diario. La siembra de milpa más extensa actualmente es
de 20 a 40 kilos, es decir, 1 o 2 hectáreas más o menos. Los avecindados
que son campesinos jornaleros logran sembrar de 1 a 2 kilos, solo por la
añoranza de tener una milpa, y lo hacen en terrenos prestados, aunque
ahora también está surgiendo la modalidad de rentar tierras, las cuales,
por supuesto, se tienen que pagar en efectivo para poder usarlas.
La tumba y la broza, que era el método que se usaba para preparar
la tierra para la milpa, se fue cambiando poco a poco por la bomba
aspersora, agroquímicos y fertilizantes, cada día se va sustituyendo el
machete y el garabato.

Cuando se va a comenzar a limpiar el terreno, primero se hace un


acuerdo: los más grandes platican y deciden qué parte del terri-
torio se va a sembrar (siempre se elegía el terreno más descan-
sado por años, ahora los terrenos ya no descansan). Nosotros
usábamos y sigo usando únicamente el machete, el garabato y
mi hacha, ésta última muy poco pues no tengo árboles en mi
lote que tenga que tumbar. Yo aprendí desde niño que se debe
limpiar bonito, cortar el monte hasta el suelo, luego se pica muy
menudo para que se descomponga más rápido, es decir se pudra,
ya que esa basura sirve para abono de la milpa, eso lo hago en
diciembre, para que en enero más o menos del 12 al 15, según
me marque mi menguante, elijo el día de la siembra, así mismo

130 Milpa Corazón


limpio mi milpa hasta la cosecha, únicamente con mis manos y
mi machete, así lo aprendí y sigo practicándolo.
-Concepción Esteban Pablo, 72 años, 2020

Cada año se hacen menos milpas, sin embargo, en las comunida-


des apartadas ubicadas en la semi urbanidad, sigue siendo la principal
actividad; la falta de su cultivo disminuye la sostenibilidad de las familias,
además ya han desaparecido algunos quelites y muchas de las siembras
asociadas también se han perdido poco a poco, esto porque se usan
con mucha frecuencia los agroquímicos para la limpieza.
La nueva generación de campesinos tampoco practica la roza ni la
tumba de los montes, van sustituyendo los machetes por herbicidas que
matan el monte… «cuesta menos», es el argumento, y lo que pasa es que
como ahora se realiza individualmente, el cultivo se hace más costoso y
difícil, la colectividad del trabajo se ha ido perdiendo, antes participan
todos los miembros de la familia, las mujeres, los vecinos, los niños…
La educación que actualmente se viene promoviendo es la de ser
un hombre de éxito, tener una profesión pagada, la cual les permitirá
tener un poder adquisitivo mejor para satisfacer sus necesidades de
alimentación básicamente, pero además les permitiría tener más confort
y lujos extra; son las metas de vida en muchos jóvenes. Esto influye en
gran medida para promover la migración de las juventudes indígenas.
Existe una desconexión completa entre el conocimiento campe-
sino y el conocimiento capitalista, el cual promueve el desarrollo por
la sobreexplotación de la naturaleza, a diferencia del campesino. Es
el caso de nuestra región, que ante la falta de precios justos de los

Kamatze´kujy zoque de Chapultenango 131


productos agrícolas, las personas optan por la ganadería extensiva y de
libre pastoreo cambiando el uso de las tierras de cultivo sin importar
el desgaste del medio ambiente, la desforestación. La ganadería, según
el campesino, es más rentable y hoy representa el ingreso económico
más fuerte; aunque en realidad los captadores del ganado de la región
siguen siendo los que mejor ganan.
La trasmisión de conocimientos del cuidado de la tierra, la impor-
tancia de la autosuficiencia alimentaria y el buen manejo de los bosques
con el fin de conservar el ecosistema, la biodiversidad y el equilibrio
climático fueron sustituidos por intereses individuales y de corporati-
vos agroindustriales, quienes, con la garantía de tener materia prima
para la comercialización y transformación de los alimentos, han sido
los promotores de monocultivos como el café, cacao, plátanos, cítricos
y ganadería, los cuales se cultivan en grandes extensiones.
Antes decían los abuelos «tienes que hacerlo y practicarlo hasta
que puedas dirigir tu milpa solo y tú darás instrucciones a los que
van a trabajar contigo». Ahora el conocimiento valorado es lo que se
encuentra escrito, lo cual no es del todo negativo, pero hace falta combi-
nar la teoría con la práctica, valorar el conocimiento de los abuelos, la
tradición oral.

Mi abuelo nos llevaba a la milpa de pequeños, nosotros apro-


vechábamos para preguntar: ¿cómo era la vida antes?, ¿cómo
debemos cuidar la tierra que nos da de comer?, ¿por qué es
importante sembrar?; entre otras preguntas, mi abuelo siem-
pre decía que la madre tierra es sagrada, que para que nos dé

132 Milpa Corazón


Daniel, Rocío, Miguelito y Xukshu Díaz Sánchez, niños zoques
de paseo en la milpa. Foto: María Sánchez Álvarez

alimentos es importante cuidarla como lo hicieron los abuelos


y tatarabuelos cuando llegaron a la montaña a vivir. Sembrar el
maíz nos permitía vivir con tranquilidad y no preocuparnos por
nuestra alimentación; para que no falte la comida es importante
poner otras siembras en la milpa, que ayuden a la milpa a crecer
bonito, saludable y de frutos hermosos; todo se hacía con respeto.
-Dominga Álvarez Pablo, 58 años, 2020

Kamatze´kujy zoque de Chapultenango 133


Para hacer buena milpa, se aprende desde chiquito, primero vas
de acompañante y conforme va uno creciendo te van poniendo
a practicar. Cuando creces, sabes cómo seleccionar el terreno,
las semillas y cómo cuidar la milpa, qué otras siembras le hacen
bien a la milpa y así tienes la variedad para comer; cuando tienes
alimentos no es tan necesario que tengas dinero en efectivo, pero
además no tienes necesidad de robar, puedes cambiar un alimen-
to por otro, así todos vivimos en paz, tenemos un buen vivir.
-Concepción Esteban Pablo, 72 años, 2020

Kamatze´kujy (milpa), siembra y cosecha

En la región norte de Chiapas, principalmente en los municipios de


Chapultenango y Francisco León, acostumbran sembrar a mediados
de enero, en lugares más altos se hace en febrero o marzo, como es en
Pantepec, Tapalapa y Ocotepec.
La kamatze' kujy, necesita el calor del sol y el agua para su creci-
miento; en estos meses las lluvias son menores lo que ayuda a que el
maíz alcance el calor de marzo, abril y mayo, esto permite a los campe-
sinos que durante la cosecha el maíz se seque bien y se pueda guardar.
Las familias en cada comunidad se organizan previamente para
comenzar sus trabajos, en una plática comunitaria acuerdan las fechas
de cuándo comenzarán a rozar, a limpiar los terrenos, hablan de las
semillas para que cuando lleguen los días buenos todos puedan sembrar
y ayudarse.

134 Milpa Corazón


Cuando se acerca el tiempo de la siembra, nos juntamos en la
comunidad, platicamos de la rozadura o desmonte para prepa-
rarnos para luego sembrar; esto se hace para que cuando llegue
el día de la siembra, la mayoría tenga limpio el terreno y podamos
agendar y distribuir el día que cada uno va a sembrar, porque
en un día debe quedar cada lugar sembrado y al otro día de los
compañeros, se sigue el menguante de la luna. Si no lo hace-
mos así, no tenemos buena cosecha, nosotros sembramos en
enero, el tiempo no se debe pasar, tenemos seis días buenos para
sembrar, por eso es importante ponernos de acuerdo para que
todos tengamos la esperanza de tener comida suficiente.
-Enrique Sánchez Hernández, 62 años, 2020

Los varones generalmente hacen el trabajo rudo, principalmen-


te en la tumba y roza. Las mujeres, desde la casa, cocinan, y también
ayudan en la limpieza de la milpa pues no solo se siembra maíz, también
el frijol y el arroz; los tres cultivos requieren de la participación de toda
la familia, incluidos los niños. Primordialmente los adultos siembran,
las mujeres preparan los alimentos que se comparten y los niños son
los encargados de transportarlo, así como de llevar agua del pozo a los
sembradores.
El día de la siembra es un día de fiesta, se come muy bien, se
agradece a la madre tierra por la vida y por la semilla de la esperanza;
se agradece a las manos que ayudarán, tanto mujeres como hombres
agradecen su trabajo. También es un momento en que se olvidan las
penas pues se inicia un nuevo ciclo de vida en la comunidad, viene el

Kamatze´kujy zoque de Chapultenango 135


maíz y después viene la siembra del frijol. Actualmente ya muy pocos
siembran el arroz, pero quienes lo hacen se preparan para ello.

Cuando llega el día de la siembra, mi corazón se pone conten-


to, soy feliz cuando ya se preparan para ir a limpiar el terreno
para la milpa; y el día de la siembra es un día de fiesta, es para
alegrarnos y convivir, es para hablar con nuestro kojmi, (creador
o Dios), para que no se olvide de nosotros y nos bendiga con los
frutos de la tierra.
-Zenorina Álvarez Pablo, 71 años, 2020

Para la cosecha se vuelven a organizar las familias, deciden qué día


es apto para doblar, guiados por el calendario lunar, preferentemente
en menguante que es cuando las plantas guardan poca agua, esto se
hace así para que no se pudran las mazorcas y el tiempo de secado sea
rápido. Después acondicionan un lugar en la casa para guardar el maíz,
si la cosecha fue abundante se hace una casita o una troja para guardar
las mazorcas seleccionadas.
Esta forma de organización también ha sufrido transformaciones,
anteriormente las tierras eran de todos, bastaba tener voluntad para
trabajar y podías usarlas, no había necesidad de ser ejidatario recono-
cido; esta forma de usar y explotar la tierra era benéfica para todas las
familias y por eso a muchos les gustaba sembrar sus alimentos. Desa-
fortunadamente los cambios legislativos y las formas de tenencia de la
tierra en los últimos 50 años nos han traído ruptura de la vida comuni-

136 Milpa Corazón


taria, la pérdida de la soberanía alimentaria y la migración de las juven-
tudes. Poco a poco se va perdiendo la identidad étnica-comunitaria.

Kamatze´kujy, su cosmovisión y la espiritualidad

Existen tradiciones que venimos practicando desde tiempos remotos


para tratar de explicar, significar y representar nuestra relación con la
naturaleza. Este conocimiento es otra forma de relacionarnos, usar y
comprender a la naturaleza que le ha dado razón y corazón a nuestra
existencia como pueblo zoque.
La práctica de kamatze´kujy y hacerla de la manera tradicional o
ancestral es un vivo reflejo de la cosmovisión zoque y se le considera
como un rito femenino, pues es capaz de generar y sostener la vida.
Es por esto que las recomendaciones que se hacen de generación en
generación son para que se reconozca el nivel de dignidad que tiene la
milpa: siente, escucha, llora y se pone alegre; mientras más se le cuide
y respete ella nos agradece con abundancia en la cosecha.
El trabajo debe ser delicado y con amor, hay que darle la importan-
cia y religiosidad que requiere, es por eso que hay que pedirle permiso
antes de empezar, no maltratar la tierra donde se siembra y no enojarse
en los días de la limpieza y festejo, hay que compartir y armonizarnos
el día de la siembra.
Les comparto algunas de las recomendaciones orales que nos
hacía mi abuelo Trinidad Pablo cuando se acercaban los días para iniciar
los trabajos: «Nunca vayas a rozar enojado, con hambre; no pidas ayuda

Kamatze´kujy zoque de Chapultenango 137


a tus hermanos para sembrar si tienes discordia con ellos, primero píde-
les disculpa, conténtate con tus vecinos, que tu rostro y tu corazón estén
alegres, solo así la tierra oirá tu ruego y te bendecirá» (Trinidad Pablo).
La kamatze´kujy tiene sentimientos, si siembras solo el maíz no
estará contento, se siente triste, necesita de sus acompañantes el frijol
y la calabaza primordialmente. Cuando se siembran los tres cultivos,
la milpa se ve hermosa, está feliz y crece muy bien; aunque claro que
podríamos decir que estos cultivos ayudan a conservar la humedad
de la tierra y por eso se dan muy bien las plantas, pero para nosotros
los zoques es que la milpa está feliz porque está creciendo muy bonita.
Desde niña mi bisabuelo nos enseñaba a escoger las semillas en
diciembre, el día 15 nos pedía que nos preparáramos para que al otro día
hiciéramos las milpitas, las cuales después se ofrendarían al niño Jesús en
el pesebre. Escogíamos muchas porque era el inicio de los rituales para
pedir la abundancia, salud, protección para la familia y la comunidad.
Si bien es cierto que las milpitas o las representaciones de la milpa
se asocian a la Navidad y a las fiestas decembrinas, en el mundo zoque
también es una ceremonia o ritual asociado a la fertilidad, es una prác-
tica prehispánica que invoca la abundancia.

El festejo de Belén o Navidad zoque, para los zoques de Tuxtla, lo


representan con «La casita de la siembra», es uno de los elemen-
tos fundamentales de la vida y de la abundancia en la cosmovi-
sión zoque. Los hombres colocan las mazorcas sobre un petate
que desgranan mientras les sirven pozol blanco (bebida de maíz),
las mujeres ofrecen una gran variedad de verduras. Después los

138 Milpa Corazón


varones elaboran la casita, una estructura de varas de madera,
con techos, paredes y una puerta, que luego la cubren con hojas
secas de plátano. En el centro colocan una canoa llena de tierra
y una Santa Cruz en la cabecera del recipiente de madera, que es
en donde las mujeres siembran el maíz y las verduras. Al finalizar
la siembra las mujeres son fertilizadas por el agua que los varo-
nes lanzan simulando la lluvia ritual, al techo y a las paredes que
simbolizan la fertilidad; la ceremonia se repite con los hombres
donde ahora las mujeres les arrojan agua. Al salir se les sirve
chocolate caliente o una copita de licor tradicional para mitigar
el frío de la temporada. La siembra es un ritual adivinatorio de la
cosecha, además de los rituales de petición de lluvias y de buenas
cosechas que se hacen en enero con la elaboración y bañada de
los ramilletes jäyänake (flor tejida o flor costurada) para la bajada
de las vírgenes de la parte alta de Copoya celebrando la Virgen
de la Candelaria.

Para la cosecha también se traen ofrendas de agradecimiento.


El calendario festivo de la mayordomía zoque coincide con el
calendario prehispánico de la agricultura (Sergio Cruz Vázquez.
Tuxtleco, descendiente zoque, cronista de los rituales y danzas
de la etnia zoque).

En Chapultenango también se lleva a cabo la fiesta de la siembra


en febrero, el día 1º se sale a pedir semillas, previo acuerdo con las fami-

Kamatze´kujy zoque de Chapultenango 139


lias que hacen milpa y guardan semillas, entregan de maíz, frijol, calaba-
za, ñame, malanga, chayote, plátano y otras siembras que se ponen en
la milpa o cerca de ella. Después de la recolección de semillas se lleva a
cabo la danza de la siembra, generalmente se hace en espacios libres y
amplios, tradicionalmente el atrio de la iglesia de la cabecera municipal.
En esta danza se recrea el momento de la siembra y consta de
varios momentos, cada uno cargado de simbolismos prehispánicos y
católicos, por ejemplo, los nombres prehispánicos que intervienen en
la danza se han sustituido por personajes bíblicos, como la Virgen de la
Candelaria o San Santiago de Galicia que libra una batalla contra el mal.
Esta danza es un acto que se hace en un día y es también un acto
de educación para los niños, para enseñarles cómo se debe trabajar la
tierra: se prepara un escenario que representa la milpa y se ponen matas
de maíz, frijol, plátanos y otras siembras que se plantan y comen de la
milpa. «Se inicia con la danza del caballito, donde aparecen un caballi-
to, los espadines y el astitan simulando la batalla librada por Santiago
Apóstol contra los moros, la lucha del bien y del mal, que cambia la
buena vida de los cristianos y sus creencias» (Miguel Ángel Díaz Meza,
54 años, 2020).
Con esta danza se representa la resistencia de lo que viene de fuera,
la intromisión que atenta contra las creencias y los modos de vida de
un pueblo. Claro que estos sentimientos solo existen en el corazón y
pensamiento de la gente que difícilmente pueden expresarlos en público,
ya que atentarían contra el poder de las creencias religiosas. La danza
comienza con la siguiente oración para la siembra:

140 Milpa Corazón


Yäty mayi, nipumä ä mokj, wajpá mi mashanäkuyj; yeki nasha´ko-
pajkäsi, jurä kätjpa ä kosho, wit´kätpamätsi, ä tuknómä. Nipumä
ä mokj, shek, nakapatsun, apit´pashun, mänt, tzamne, mumu-
ti´pä kujtkuy; wakpä mi mashanäkuyj ä win´kätoya, y mi uneko-
royaratm; niy´äye yana toyaishä, yana miayä, mumuís nä i´tä
wäpä ijkuy yen nasakopakäshi. Mayi wajpa mi mashanäkuy,
yuskotoyamn mayi, te toyangä’yä, täj jambäaya ä kotoya; yeti
nä shän’aji y ma tä shäntzejki.

Ahora madre ya sembré, ahora pido tu bendición, en esta tierra


donde pongo mis pies, van mis pasos en el camino. Sembré mi
maíz, mi frijol, calabaza, chayote, camote, plátanos y toda clase
de comida, te pido bendición para mí y mis hijos; misericordia
para tus hijos, que nadie sufra, no haya tristeza; en esta tierra
haya buen vivir, gracias madre y ahora perdónanos; hagamos
fiesta y celebremos.

Luego se lleva a cabo la danza de la siembra, que es la escenifica-


ción de la siembra, de la roza y la tumba; aquí hace su aparición Oko´t-
zuwe que es la curandera que atiende al campesino por la mordedura
de una víbora y usa las plantas medicinales que conoce, también se hace
la oración a Dios o Koj’mi pidiéndole por el conocimiento, el trabajo, la
cosecha y los cuidados de la milpa.
Posteriormente viene la escenificación de la danza del zorro y el
tigre, la cual alude al respeto de los demás seres vivos de la naturaleza,

Kamatze´kujy zoque de Chapultenango 141


también se pide a sus guardianes para que respeten la siembra del
campesino, para que no se roben las semillas. En esta danza se simula
un disparo a un ave, pero no se mata, solo se asusta.
Posteriormente viene la danza de la colmena, es de veneración
al sol, al rayo, al viento y a la lluvia, elementos que sostienen la vida
sin duda y que su enojo podría influir o causar mala cosecha. La simu-
lación de la extracción de la miel simula lo dulce de la vida, las bendi-
ciones y la gracia por la vida de los hombres; en esta danza aparece
un campesino con su hacha tumbando un árbol o abriendo un tronco
para extraer la miel.
El día de la fiesta culmina con la danza de Yomo etze o el baile de
la niña, se hace en las casas y se danza hasta el amanecer; es el cierre
de la ceremonia que culmina con el símbolo de la fertilidad y es un
recordatorio de lo delicado que es la vida, pero a la vez lo bello y dulce
que puede ser. Como estos rituales están asociados a lo femenino, por
eso es importante para los zoques conservar la feminidad en la vida
que está representada y presente en la mujer zoque (Miguel Ángel Díaz
Meza, 54 años, 2020).
En la comunidad de mis abuelos, Ejido Nuevo Francisco León, los
zoques también llevan a cabo la fiesta del elote en septiembre, por ser
el mes en que comienza su cosecha, estos son presentados en la iglesia
como ofrenda y agradecimiento de la buena cosecha, la mayoría de
las familias llevan sus elotes; al final de la ceremonia se comparten los
alimentos como tamales y atoles, otras llevan pollo asado o frito que
también se comparte en la comunidad.

142 Milpa Corazón


Familia Álvarez, procesión en Nuevo Francisco León, Ocosingo, Chiapas.
Foto: María Sánchez Álvarez

Nosotros el 13 de septiembre, cuando se dan los elotes, hacemos


la fiesta del elote con el fin de agradecer a nuestro Dios por la
bendición recibida a través de una buena cosecha, así también
en mayo se hace la celebración de la bendición de las semillas,
porque en este mes nosotros sembramos y muchos siembran en
noviembre, por eso en septiembre también se hace este ritual.
-Juan María Álvarez Pablo, 81 años, 2020

En mayo de cada año se repite esta celebración, ahora para bende-


cir las semillas, cada familia lleva las suyas pidiendo la bendición para que
se garantice la milpa, que no le falten las lluvias y la buena convivencia.

Kamatze´kujy zoque de Chapultenango 143


La espiritualidad zoque queda plasmada en estas prácticas en
donde se considera al maíz como un espíritu inmaterial, por eso los
rituales que se le realizan son muy importantes, aun y con la mezcla
de símbolos y creencias del cristianismo contemporáneo. El maíz, la
mazorca y la semilla en el mundo de los zoques son seres que tienen
poderes especiales y por lo tanto son seres espirituales a quienes se les
brinda respeto, cuidado y amor.
Otro ritual es con el maíz rojo, en grano o mazorca, que suele
colgarse en las puertas y ventanas o cerca de ellas, para proteger a los
habitantes de los malos vientos, malos deseos y malas energías. También
se usa en pulseras y en rosarios, además de ocupar un lugar privilegiado
en los altares zoques, y algunas veces también se agregan a las plantas
que se usan para curar y ensalmar a los niños.
Por ello no es de extrañarse que el maíz en mazorca aparezca
siempre como ofrenda en los altares y figure como adorno en las tradi-
ciones zoques. El maíz, pese a la cristianización, no deja de estar presente
y sobrevive igual que el pueblo zoque, que se rehúsa a desaparecer y
lucha contra el propio exterminio.

Mujeres y juventudes zoques, sus


sentimientos con kamatze´kujy

La voz femenina siempre ha sido cuestionada; se han hecho muchos


intentos por visibilizarla, sin embargo, el tejido social de las comunidades

144 Milpa Corazón


es un entramado de actos, pensamientos, sentimientos y acciones que
impiden posicionar a la mujer como un individuo.
Para nosotras es difícil separar nuestra persona de nuestro colec-
tivo, están enraizados nuestros sentimientos, pensamientos y acciones
en la comunidad, van de la mano y difícilmente se separan; nuestra
existencia siempre está pensada con respecto a los demás y en el futuro
de nuestros niños y jóvenes que son nuestra esperanza.
El papel que desempeñamos en los trabajos de la casa y de la milpa
siempre están orientados a la subsistencia y en mantener la unidad
y colaboración entre las familias de la comunidad, es por eso que la
mayoría de nosotras insiste en no perder el trabajo colectivo y busca-
mos la sostenibilidad de la soberanía alimentaria para no depender de
los alimentos industrializados.
Aunque la carga laboral de las mujeres es múltiple y esencial para
conservar la vida comunitaria, no se ha valorado su aportación y cono-
cimientos debido a que en las comunidades existen visiones, ideas y
acciones que siempre han dividido y excluido a las mujeres.

¿Cómo ves los cambios en la vida del campesino? Pues la verdad


no es buena, cuando entraron los apoyos del gobierno, muchos
vendieron sus tierras; esperaban y se acostumbraron a tener el
dinero en efectivo. Aaquí nosotros perdimos nuestro buen vivir,
se dejó de hacer la milpa, la familia se dividió; cuando llegó el
Procede se podía vender la tierra, sin preguntar a las mujeres
porque ya no es necesario.
-Zenorina Álvarez Pablo, 71 años, 2020

Kamatze´kujy zoque de Chapultenango 145


Sra. Zenorina Álvarez Pablo
desgranando su maíz para el nixtamal.
Foto: María Sánchez Álvarez

Las mujeres zoques, como en otras comunidades, nos levantamos


temprano para preparar los alimentos, el pozol, las tortillas, hacer los
tamales, el atol, el pinol… toda la diversidad de comida que hacemos
es para motivar a los hombres a que sigan haciendo milpa, que no
dejen de hacerlo. También nos dedicamos al cuidado de los hijos, les
enseñamos lo que sabemos, cómo se trabaja la tierra, cómo y cuándo se
siembran los árboles frutales, qué plantas se deben cuidar, cuáles curan
o son para comer, les enseñamos a cuidar los animales domésticos, los
pollitos, los pavitos, los patitos, los cerditos, así también les explicamos
qué conocer y saber cómo guiarse por la luna cuando se siembra ya
que tiene mucho que ver en qué fase está para que el monte no crezca.

146 Milpa Corazón


Para nosotras la milpa es importante, así los hijos no sufren por
hambre, crecen sanos porque en la milpa no solo tenemos maíz,
así, aunque no tengamos dinero en efectivo podemos vivir [...] las
mujeres y los hombres no pueden trabajar ni vivir solos, aquí en
la comunidad es importante que ambos se ayuden, se aconsejen
y trabajen para salir adelante, las mujeres somos importantes
para mantener el buen vivir.
-Zenorina Álvarez Pablo, 71 años, 2020

Hace falta y es bueno reconocer el trabajo que hacen las mujeres,


porque se levantan temprano, invierten su tiempo en la selección
y cuidado del maíz, sin descuidar sus otros trabajos; su casa, sus
animales y demás siembras; además que brindar sus servicios en
la comunidad, dando orientaciones y pláticas para que los niños
y jóvenes tomen el buen camino y no caigan en los vicios. Todo
lo que hago es con el fin de mantener la buena vida o el buen
vivir, el trabajo de las mujeres es extenso y no termina, yo lo
hago desde niña y ya me acostumbré, pero digo que es bueno el
trabajo en colectivo, compartir todos los deberes y obligaciones
en la casa y en la comunidad, así se siente menos triste la vida.
-Dominga Álvarez Pablo, 58 años, 2020

A las mujeres nos preocupan los jóvenes, pues los cambios en


cuanto a la tenencia de la tierra no solo han excluido a las mujeres,
también a la nueva generación, a la cual se le deja sin mucha esperanza

Kamatze´kujy zoque de Chapultenango 147


Dominga Álvarez Pablo y su nieta Xukxu
preparando los elotes para hacer el
tradicional tamalito de elote.
Foto: María Sánchez Álvarez

pues la vida del campesino cada día es más difícil y complicada, por eso
actualmente muchas familias han vendido las tierras o las usan para el
ganado. Los jóvenes están migrando a las ciudades desde muy tempra-
na edad y se ocupan en trabajos como la construcción, haciendo de
albañiles, están cambiando de oficios y también de hábitos de vida. Sin
embargo, hay algunos que se están resistiendo a salir de la comunidad
y están trabajando la tierra, ellos buscan consejos con los ancianos y
las mujeres.
La ruptura de la vida comunitaria también los está afectando, ya
que no solo los aísla sino también los hace dudar de la vida campirana,
de que hacer la milpa les permitiría decidir sobre su vida diaria y no

148 Milpa Corazón


hacerse esclavos de lo que viene de fuera, de la comida industrializada.
Se pierden de la convivencia con la familia y la comunidad, de tener
una vida tranquila con alimentos variados; además los que estudian y
no logran tener una carrera los vemos sin esperanza y sin valores por lo
que es muy fácil que caigan en vicios, que tomen lo ajeno, y es cuando
comienzan los conflictos en la comunidad.

Los jóvenes, ya no les gusta mucho trabajar la tierra, prefieren


ganar dinero en efectivo, aunque sea en trabajos pesados y ries-
gosos; ya no quieren madrugar o trabajar bajo el sol, por eso se
van a otros lugares a buscar trabajo, no sé si les alcanza o son
felices así […] Tal vez por la escuela que los tienen mucho tiempo,
ya no compartimos con ellos, no ven importantes nuestras pláti-
cas de trabajo y del cuidado de la tierra, de la paz que sentimos
cuando tenemos disponibles los alimentos, estar sanos, no tener
vicios… Pienso que los jóvenes de hoy necesitan sentirse acom-
pañados, que sí es bueno el estudio pero no aspirar a vivir como
los otros, solo pensar en comprar la comida, la ropa y todo lo
que ahora usan los jóvenes […] Pienso que necesitan capacita-
ción de cómo se puede hacer productiva la tierra, que rinda más,
pero no usando químicos como ahora se está haciendo; ahora
con la enfermedad los jóvenes volvieron a la comunidad y están
viendo que aquí la vida es como siempre, en cambio los que se
quedaron sin trabajo están padeciendo necesidades porque no
tienen dinero para la comida.
-Dominga Álvarez Pablo, 58 años, 2020

Kamatze´kujy zoque de Chapultenango 149


A estos jóvenes que ahora están en la comunidad, hay que acom-
pañarlos y enseñarles que las fiestas que se hacen cuando se siembra y
las ceremonias de agradecimiento son momentos de convivencia y de
hacer las paces con los parientes y los demás miembros de la comuni-
dad; que las dificultades de la vida son menos pesadas si nos cuidamos
y nos ayudamos todos.

Prácticas y cuidados culturales kamatze´kujy

Los zoques cuidan la milpa para garantizar no solo los alimentos, sino
conservar el tejido comunitario y una filosofía de vida que se centra en
el buen vivir, una filosofía que conecta las relaciones humanas basadas
en el autocuidado y cuidado de los demás miembros de la familia y de
la comunidad, valores que luchan contra el individualismo.
Los trabajos de la roza y tumba, realizados solo con machete, hacha
y garabato, cuidan de la madre tierra y conservan el medio ambiente,
quedaron lejos o poco a poco se van sustituyendo por los polvos y
líquidos para matar la maleza… Estas nuevas prácticas están afectando
la fertilidad de las tierras, la convivencia familiar, los ciclos de siembra
y cosecha, además de estar disminuyendo la calidad de los alimentos.
Como contraste a estas prácticas recientes, tenemos aún campe-
sinas y campesinos que siguen insistiendo en la milpa tradicional y de
policultivo, que luchan para que sus semillas no desaparezcan, que año
con año siembran su maíz en pequeñas cantidades y guardan la espe-
ranza de seguir viviendo del maíz. Los granos que servirán de semillas

150 Milpa Corazón


se seleccionan y quedan los de mejor calidad, de las mazorcas grandes
y sanas; se guardan donde no les llegue la humedad o corrientes de aire
porque las pueden pudrir.

Sembramos 20 kilos de maíz; como la siembra debe quedar en


un solo día, yo ocupo la mano de ocho personas, así como busco
a mi ayudante; antes mi papá sembraba bastante, 100 kilos era
lo mínimo, no faltaba el maíz.
-Enrique Sánchez Hernández, 62 años

Los abuelos sembraban mucho, eran muy trabajadores, mi familia


sembraba 150 kilos, éramos varios hermanos; ahora que perdi-
mos la tierra por el volcán, solo tengo un lote de tierra y siembro
año con año 1 kilo de maíz y 2 de frijol, un gran cambio, lo hago
para que mi semilla no se pierda.
-Concepción Esteban Pablo, 72 años, 2020

Las semillas de maíz existentes en la región han sido pasadas de


generación en generación. La mayoría de las familias tienen las suyas
porque se las dejaron sus abuelos, tíos y otros familiares, es decir son
ancestrales. Por esta razón en nuestra región existe gran variedad de
semillas, al menos en mi comunidad. A mi abuelo le gustaba el maíz
amarrillo y mi tío aún lo siembra, otros miembros también cultivan
el maíz blanco de grano grande; mi tío Francisco Álvarez nos dio la
semilla porque aguanta las inclemencias del tiempo y es resistente a los

Kamatze´kujy zoque de Chapultenango 151


gorgojos… a mi madre le gusta mucho, tal vez porque le recuerda a su
comunidad, ya que es la semilla del bisabuelo, la tienen desde antes de
la erupción del volcán, la sembraron en Francisco León y en el retorno
aún nos acompaña.
Gracias a esta conexión familiar, cargada de la historia individual
y colectiva, es que en mi comunidad existen al menos seis variedades
de semillas que se van heredando. Una de las formas de transmitirlas es
en la celebración de las bodas, pues se entregan semillas de maíz, frijol
y calabaza, así se van cuidando las semillas de cada familia.
Es así que estas semillas del maíz cuentan la historia de cada perso-
na, de su familia, y es como se construye la identidad de cada niño, de
la familia y de la comunidad.

Palabras finales

Nuestro kamatze´kujy de hoy ha sufrido cambios, nos corresponde


a esta nueva generación regresar, aprender y transmitir las prácticas
antiguas como la mejor tecnología que va de acuerdo a la lucha por
conservar el medio ambiente, usar los abonos orgánicos para ayudar en
su fertilización… recopilar los saberes y prácticas campesinas con el fin
de dignificar y visibilizar la resistencia para lograr soberanía alimentaria.
Dar valor y reconocer los conocimientos y sabidurías ancestrales
de los campesinos es también reconocer que los pueblos originarios
son una sociedad que también habita este planeta, personas que han
podido convivir con la naturaleza y ser parte de ella… rescatar sus

152 Milpa Corazón


formas y estilos de vida es ayudar a seguir manteniendo vivo nuestro
hogar, el planeta Tierra.
Vemos en la práctica de la milpa tradicional un símbolo de resis-
tencia de los pueblos originarios. El mensaje se lee claramente, construir
la soberanía alimentaria no solo es un acto que permite comida en la
mesa, es también desafiar a las grandes corporaciones que controlan el
mercado global de los alimentos. Conservar la milpa y pasar las semillas
de generación en generación es mandar el mensaje a las futuras genera-
ciones de que no hay nada más importante que la capacidad de poder
decidir libremente, y que aprender a convivir con la naturaleza es un
camino para construir la emancipación del mundo capitalista.
Por ello es importante compartir con los jóvenes esta resistencia,
enseñarles que la milpa, más que una práctica, trabajo y fuente de
alimentos, es una construcción social que nos ha permitido vivir en
comunidad, reconstruyéndonos a cada momento, respetándonos en lo
individual y en lo colectivo; hacerles ver que este sistema capitalista-pa-
triarcal nos ha llevado a cometer, en el interior de nuestra sociedad y
familias, discriminación, violencia, rupturas y enemistades entre noso-
tros, nos ha despojado poco a poco de nuestra dignidad como pueblos,
como mujeres, niñas, niños y hombres de una sociedad diferente.
Aprender a leer y comprender a la naturaleza es vital para seguir
sobreviviendo y construir una sociedad más incluyente, en justicia con
paz y dignidad.

Kamatze´kujy zoque de Chapultenango 153


MILPA FRAILESCANA
DE VILLAFLORES

Adrián Pérez de la Cruz

Es un lugar de una gran diversidad de plantas que nos


proporcionan alimento; es un espacio de conocimiento y
aprendizaje, de interacción con la madre tierra y la naturaleza
que se ha trasmitido de generación en generación.

Las semillas que emergen también forman parte de la identidad


y resistencia de los campesinos.

155
Quién soy

Mi nombre es Adrián Pérez de la Cruz, nací el 22 de junio de 1988, origi-


nario de la localidad Rivera Horizonte, municipio de Villaflores, Chiapas.
Nieto e hijo de campesinos. Mi padre, Rubén Pérez Díaz, mi madre,
María del Rosario de la Cruz, son originarios de la localidad Rivera Hori-
zonte, personas de quienes me siento muy orgulloso porque me han
enseñado valores y principios que me han ayudado a ser una persona
de bien, con base de esfuerzo y disciplina. Mi familia siempre ha sido,
es y será un privilegio.
Me considero una persona apasionada del deporte, de una perso-
nalidad tranquila, noble, sencilla y generosa. Por ser hijo de campesinos,
desde pequeño he estado en contacto con las milpas, he aprendido
a cultivar y cosechar la tierra, me he involucrado en cada una de las
labores. Soy el tercero de cinco hermanos a quienes aprecio mucho.
Tengo estudios de Agronomía, egresado de la Universidad Autó-
noma de Chiapas (unach), de la Facultad de Ciencias Agronómicas. Me
he desarrollado en el trabajo comunitario y he podido estar en contacto
con los campesinos, esto me da mucha alegría.

Mi comunidad

Mi localidad, Rivera Horizonte, pertenece al municipio de Villaflores


que se encuentra en la región Frailesca. La llegada de los españoles a la

156 Milpa Corazón


región fue encabezada por frailes de las órdenes franciscana y dominica,
es por ello que esta zona es conocida como la Frailesca1.
Mis bisabuelos José Pérez Hernández y Cleotilde Gómez fueron de
los primeros fundadores de la localidad, junto con otras cuatro perso-
nas más quienes provenían del municipio Chiapa de Corzo. Llegaron
a la zona porque migraron en busca de nuevas tierras después de la
Revolución Mexicana, se asentaron en los terrenos de la finca Orizaba,
propiedad de españoles, en donde actualmente se encuentra mi locali-
dad. También ahí estaban las fincas San Luis, Nandalonda y Santa Isabel;
posteriormente estas tierras se convirtieron en ejidos. Años después se
integraron más pobladores provenientes de la cabecera municipal de
Villaflores y Tonalá.
Rivera Horizonte es una comunidad pequeña, tranquila, comuni-
cada con la ciudad y con el campo y en donde aún se puede apreciar un
poco de la vegetación. Se encuentra ubicada a 10 minutos de la cabera
municipal, el clima es cálido subhúmedo con lluvias en verano; a una
altura de 520 metros sobre el nivel del mar.

1. La Frailesca o también Región Fraylescana es una de las regiones del estado de Chiapas
en México, se caracteriza por su alta producción agrícola y ganadera por lo que se le con-
sideraba el granero de Chiapas. Recibe su nombre debido a la abundancia de frailes que
recorrían esta región; éstos, en su mayoría Dominicos, eran dueños de haciendas y también
se encargaban de la evangelización.

Milpa frailescana de Villaflores 157


¿Qué es la milpa?

La milpa es un sistema agrícola que nuestros ancestros nos han hereda-


do, en donde el eje principal es el maíz, y que está asociado con otros
cultivos, como el frijol, la calabaza y otras plantas comestibles. Bendita
la tierra de los campesinos que aun la cultivan y siembran las semillas,
para ellos significa el inicio de una vida que les da esperanza, la cosecha
es el fruto y el futuro. Esto mismo se menciona en el libro de Popol Wuj:
«somos hombres y mujeres del maíz».

La milpa para mí significa una bendición de Dios, de nuestros


antepasados, porque es un fruto que nos da vida y agradezco a
ellos que la descubrieron y la cosecharon, que de una semilla al
germinar nos da vida.
-Rubén Pérez, 62 años, 2020

El valor del cultivo del maíz y de la milpa no radica únicamente en


su valor comercial, la milpa es también parte de nuestra cosmovisión,
nuestra medida de tiempo, el ciclo de vida que se cumple año con año.
El maíz como producto básico y la milpa como proceso económico,
social y cultural.
Los significados de maíz y milpa son diferentes para algunos
campesinos, son dos mundos diferentes y los beneficios que se obtienen
son diversos. El maíz es el grano y representa un alimento, una semilla
que da cultura e identidad.

158 Milpa Corazón


En cambio, la milpa representa la planta de la que emergen esas
semillas, es la parcela que forma un ecosistema que alberga una diversi-
dad muy amplia de alimentos, plantas y animales. Es un ciclo que inicia
con la limpia del terreno, seguido de la siembra del maíz, frijol, calabaza
y del resto de especies.

La milpa ha cambiado en mi comunidad. Desde años atrás una


variedad de plantas como el maíz, frijol, calabaza, sandía, melón,
yuca, cacahuate, chipilín, tomatillo, hierba mora, verdolaga, no se
compraba nada; las plantas las teníamos en la parcela, nos propor-
cionaban alimento todo el año. Ahora esto es cada vez menor.
-Rubén Pérez, 62 años, 2020

La región frailesca abarca oficialmente seis municipios: Villaflores,


Villa Corzo, La Concordia, Ángel Albino Corzo, Montecristo de Guerrero
y El Parral; se caracteriza por la producción de maíz y siempre se tiene
como objetivo central obtener sus mayores rendimientos, sobre todo
porque actualmente en muchas localidades el uso de herbicidas ha limi-
tado las prácticas de asociación de cultivos, principalmente de maíz y
calabaza. En el tradicional sistema milpa ya no se produce en policultivo
sino solo en monocultivo. Los campesinos están expuestos a la pérdida
de los saberes ancestrales que fueron transmitidos de generación en
generación, reemplazaron las semillas criollas por semillas híbridas o
«mejoradas» que les dan mayores rendimientos desde el punto de vista
económico.

Milpa frailescana de Villaflores 159


Actualmente en la frailesca, y en las últimas décadas, las políticas
gubernamentales han promovido la utilización de estos maíces híbri-
dos, los apoyos que se les dan a los pequeños productores suelen ser
paquetes tecnológicos de semillas híbridas o mejoradas, fertilizantes
químicos y herbicidas. Hay varias empresas que las distribuyen y ahora
la agricultura es principalmente intensiva, basada en la productividad,
insumos sintéticos y externos, fertilizantes químicos, insecticidas y herbi-
cidas. Todos estos cambios tecnológicos y climáticos han ocasionado
el desplazamiento de las variedades criollas y nativas comenzando con
una etapa que va dirigida hacia los agronegocios, buscando sobre todo
la productividad y la rentabilidad. Por ello es importante insistir en
retomar las prácticas y técnicas que se empleaban con anterioridad
para la construcción de la sustentabilidad como base principal de la
alimentación. La milpa y la siembra del maíz es el principal motivo para
rendir homenaje a la madre tierra, al sol, a la lluvia, y con ello, mantener
los ciclos naturales en marcha.
Antes se preparaba rozando, tumbando y quemando y se usaba
la yunta para abrir los surcos, ahora se usan máquinas como el arado,
la rastra, las surcadoras y se quema el rastrojo, ya no se deja para que
fertilice el suelo.
La siembra se realizaba manual con barretas y sembradores, con
semillas nativas que guardaban y seleccionaban en cada ciclo (maíz
macho, tuxpeño, olotillo), se asociaba el cultivo de maíz con el frijol,
la calabaza, pumpos, tol y también encontrábamos especies silvestres
como tempinchile, tomatillo, hierba mora, verdolagas y diferentes frijo-
les. Actualmente se siguen usando las herramientas manuales, pero la

160 Milpa Corazón


mayoría realizan todo el proceso mecanizado, con semillas híbridas
mejoradas y con un excesivo uso de agroquímicos.
Hace 30 años no se fertilizaba, no se controlaban las plagas y
la limpia se realizaba con coa, machete y azadón. El suelo tenía los
nutrientes necesarios para que la milpa creciera bonita, con elotes y
mazorcas grandes. Ahora todos usan fertilizantes y químicos con nitró-
geno, fósforo y potasio, sulfato de amonio y foliares, si no se aplican
estos productos, la milpa ya no produce. El uso excesivo de insecticidas
y herbicidas ha provocado que las especies silvestres que crecían solas
ya no lo hagan más.
En la cosecha antes se realizaba la dobla con toda la mano de obra
de la familia, compadres, hijos, sobrinos, hermanos. Para desgrane se
usaban herramientas tradicionales como el harnero de hilos, ahora se
utilizan máquinas desgranadoras. La cosecha se transportaba en carre-
tas jaladas por bueyes o caballos, en la actualidad se usan camiones.
Para guardar una parte de la cosecha para la alimentación, se hacía en
trojas y a las mazorcas se les ponía cal o ceniza para controlar las plagas,
ahora se guardan los granos en costales de 50 kilos, en recipientes de
plástico (botellas, garrafones) y silos metálicos.

Ahora todo lo que uno compra es puro veneno. Este cambio


se dio cuando yo tenía la edad de 17 años, como en los años 70,
las Bodega no existían, todo para consumo lo sembrábamos, el
maíz era para la alimentación de mi familia, se hacían las tortillas
y también se alimentaban los animales y las gallinas. Mi abuelo,
recuerdo, que parte de sus cosechas la transportaba en carre-

Milpa frailescana de Villaflores 161


ta hasta Arriaga. Los campesinos comenzaron a orientarse al
mercado, con productos cosechados en sus propias tierras y que
transportaban a la estación de ferrocarril de Jalisco, hoy muni-
cipio costero de Arriaga, para su posterior traslado al centro de
México, donde caminaba tres días para llegar. Sembrábamos de
una manera diferente a como se hace ahora, las prácticas eran
diferentes. Sembrábamos a una distancia de 80 x 80 centímetros
con semillas criollas; maíces que al desgranarlos era fácil, como el
tuxpeño, el olotillo, el rocamey y el jarocho; la limpia la hacíamos
con la coa, no se fertilizaba, no tirábamos agroquímicos, pura
coa y machete; la tierra se araba con la yunta jalada con bueyes
o caballos. Tuvimos un caballo que solo jalaba el arado, que daba
vueltas y más vueltas por toda la parcela.
-Rubén Pérez, 62 años, 2020

Organización y participación familiar

La participación familiar en las labores y prácticas de la milpa es central.


Actualmente los que son hijos de campesinos, a quienes se les tras-
mitieron y enseñaron estos conocimientos, son los que aún lo hacen,
pero son muy pocos, la mayoría ahora contrata jornales con un pago
mínimo, los ocupan para las labores de preparación de terreno, fertili-
zación, control de plagas, control de malezas, cosecha y traslado para
la comercialización. No hay una producción social, colectiva ni familiar.

162 Milpa Corazón


Participación de niños, hombres y mujeres en la fertilización.
Foto: Adrián Pérez de la Cruz

Quienes me enseñaron y transmitieron el conocimiento y toda


la experiencia que tengo fueron mis papás y mis abuelitos, eran
ellos los que sembraban la milpa. Cuando era niño me iba a
la parcela junto con mi padre. Mis conocimientos los fortalecí
porque trabajé por 31 años como peón de campo en una insti-
tución académica dedicada a la agricultura.
-Rubén Pérez, 62 años, 2020

Una de las prácticas en donde todavía hay la participación de


hombres, mujeres, niños y niñas es durante la fertilización del suelo,
ésta se realiza de 20 a 25 días después de la siembra, los miembros de
la familia se organizan muy bien.

Milpa frailescana de Villaflores 163


Para las familias que siguen sembrando la milpa es sumamente
importante y tiene un significado grande, son agradecidos con la madre
tierra y sienten una gran satisfacción al cosechar los granos del maíz
que les darán alimento durante todo el año. También pueden llegar a
vender parte de su cosecha obteniendo un beneficio económico que
ayuda a complementar sus necesidades. Durante su ciclo de cultivo se
obtendrán también estos productos que complementarán su alimen-
tación: frijol, calabaza, yuca, camote y chipilín.

Juventudes

Transmitir el conocimiento a las nuevas generaciones es una preocupa-


ción por parte de los campesinos, oír a los jóvenes que expresen «me
gusta el campo, sembrar y cultivar la milpa» es algo que los pone tristes,
porque casi ya no sucede. Actualmente ya no quieren ir al campo, ni
trabajar en él, quieren vivir en un mundo moderno. El conocimiento
que se trasmitía de generación en generación se está perdiendo.

Los jóvenes de mi localidad tienen la mente pérdida en cosas


que no les dan ningún beneficio, no se preocupan por su futuro
y mucho menos por el campo. La siembra del maíz es una parte
importante para la economía en mi región, y también para la
alimentación y sustento de la familia ya que muchas dependen de
su producción. Estoy agradecido con la milpa, ya que mis padres
son campesinos, quienes me enseñaron principios y valores; estoy

164 Milpa Corazón


muy orgulloso de ellos; gracias a Dios con la siembra y la venta
de su cosecha salí adelante junto con mis hermanos, pudimos
tener una profesión. Aprendí algunas prácticas del campo y a
utilizar las herramientas que, aunque parecen sencillas, tienen su
complejidad. Las oportunidades laborales actualmente son muy
escasas, gracias a Dios tengo un trabajo.
-Mauro Pérez, 24 años, 2020

Existe una preocupación por parte de los campesinos de avanza-


da edad pues una vez que ellos dejen de cultivar la tierra ya no habrá
siembra porque sus hijos ya no quieren trabajar en la milpa, prefieren
estar en tiendas comerciales o en empresas avícolas.
Aquellos jóvenes que están en la ciudad no saben trabajar, no
saben cómo se siembra la milpa, el frijol, la calabaza, no les gusta la vida
del campo. Actualmente en la localidad hay una población predomi-
nantemente de jóvenes y es muy triste que no les interese la agricultura.

Los jóvenes están perdidos en los vicios, drogas, las redes sociales,
ellos viven en su presente y en disfrutar sin saber las consecuencias.
Las nuevas generaciones ya no van a tener la cultura y costum-
bre de trabajar en el campo. Muchos jóvenes hemos tenido la
oportunidad de estudiar una profesión. Aunque seamos hijos de
campesinos elegimos profesiones que no son basadas en el campo
o la agricultura. Se pierde esa conexión. Hay pocas oportunidades
laborales y muchas veces no son muy bien remunerados.
-Uriel Alejandro, 28 años, 2020

Milpa frailescana de Villaflores 165


Por otro lado, los jóvenes se enfrentan a serios problemas como
la falta de acceso a tierras, escasez laboral, alcohol y drogas, las cuales
se convierten en un refugio ante la falta de oportunidades.
Las parcelas que se están dejando de cultivar las están ocupan-
do para potreros para la ganadería, otros las venden como lotes para
nuevos asentamientos humanos. Son pocos quienes aún se han queda-
do en el campo.

Hay campesinos que no enseñan a sus hijos a trabajar la milpa y


da tristeza ver cómo esa vida en el campo se va perdiendo por la
falta de interés de los jóvenes que prefieren estar en la calle con
el celular, con sus bocinas escuchando música o sus videojuegos
que no les dan nada productivo, cómo es que esos jóvenes van a
seguir haciendo lo que yo hago, que para mí es algo muy bonito,
un privilegio, una herencia que mis abuelos me enseñaron.
-Rubén Pérez, 62 años, 2020

Las decisiones de las mujeres en torno al maíz

La relación de las mujeres con la milpa es muy importante, ellas tienen la


gran capacidad de elegir los modos de preparar y transformar los granos
del maíz. Sabemos que la agricultura desde tiempos prehispánicos fue
descubierta por las mujeres, ellas no salían a cazar, se encargaban de
recoger y seleccionar las semillas de los frutos, granos y raíces para
obtener más plantas. Desarrollaron un conocimiento muy profundo

166 Milpa Corazón


para la selección de semillas y plantas de uso alimenticio y medicinal.
Ellas son las grandes conocedoras de plantas.
Otro conocimiento ancestral que ellas poseen es la nixtamaliza-
ción, cocer los granos del maíz en una solución alcalina de cal, la cual,
una vez cocida, permite producir una masa apta para la preparación de
alimentos como tamales, tortillas, pozol, tostadas, entre otros.
El proceso de nixtamalización consiste en: 1) lavar los granos de
maíz (dos o tres veces) y eliminar los granos podridos e impurezas que
pueda tener. 2) En un recipiente adecuado colocar los granos de maíz
y poner cal hasta obtener una mezcla homogénea. 3) Hervir a fuego
moderado en el fogón con leña. 4) Controlar el grado de cocción del
maíz (dependerá de qué uso se le dará: tamales, tortillas, pozol). 5)
Controlar los niveles de agua por si se consumió mucho durante la
cocción. 6) Después lavar varias veces los granos frotándolos entre sí
con ambas manos para desprender todo el resto de piel. 7) Al final
muelen los granos del maíz ya cocidos para obtener la masa y preparar
los platillos.
La alimentación local a base del maíz es parte de la conservación
de la manera de vivir de nuestra cultura. El conocimiento de las mujeres
sobre los saberes locales para la trasformación de los alimentos se ha
enseñado de madres a hijas a través de muchas generaciones. Existe una
gran diversidad de bebidas como el tascalate, pinole, el pozol blanco,
pozol con cacao, atole agrio, y comidas como los tamales de mole, chipi-
lín, hierva santa… y por supuesto la reina: la tortilla.

Milpa frailescana de Villaflores 167


Simbolismo e identidad

Este mundo del maíz es milenario, en él se encierran prácticas y sabe-


res tradicionales que nuestros abuelos nos heredaron. Sembrar nos da
fuerza e identidad como campesinos, es seguir conservando nuestros
orígenes a través de la conservación de las semillas, lo cual nos da resis-
tencia y autonomía.
Ser un campesino es tener una conexión con el cielo, la tierra y la
naturaleza, es tener un estilo de vida… se levantan de madrugada, se
preparan para ir a la parcela, toman sus herramientas de trabajo, miran
salir el sol de la mañana, escuchan el canto de los pájaros, sienten el olor
a campo y la luz del sol de mediodía, muestran un rostro de cansancio
y satisfacción.
En la fotografía de la derecha observamos a un campesino viendo
su cultivo, lo que expresa la importancia que tiene el maíz, pero a la
vez transmite sus preocupaciones. Es un campesino con sentimientos
encontrados: feliz porque la siembra de su semilla ha emergido, pero a
la vez preocupado por lo que está por venir, quizás escasez de lluvias,
precios muy bajos, todo el trabajo y esfuerzo que hay que hacer para
lograr una buena cosecha y poder sentirse satisfecho.
Con el grano del maíz también se alimenta a los animales y al
cosechar se guarda una parte, para no tener que comprar el resto del
año, e irlo consumiendo poco a poco. Es una fuente de vida y fuerza.

Ceremonia para la siembra no realizamos, la ceremonia la reali-


zábamos cuando se cosechaba el maíz, todas las mazorcas se

168 Milpa Corazón


Campesino que observa su cultivo con felicidad pero con preocupación
por lo que pueda suceder antes de la cosecha. Foto: Adrián Pérez de la Cruz

almacenaban en el patio de la casa y seleccionábamos las mazor-


cas de color rojo, para hacer una cruz y cuando desgranába-
mos se hacían los tamales, tomábamos licor, porque todo era
desgranado de forma manual, mis abuelitos utilizaban la troja
elaborada con madera y barro. Colocaban las mazorcas y cal,
al momento de realizar esta práctica se quemaban cohetes en
honor a la cosecha obtenida, era una fiesta, en agradecimiento
a la madre tierra. Esto se hacía cuando cada familia desgranaba
las mazorcas. Detrás de cada cosa que se hace con el maíz existe
una compleja interacción entre la comunidad y los miembros de
la comunidad que los rodea. Para desgranar, la comunidad se

Milpa frailescana de Villaflores 169


organizaba. Cuando un campesino hacía esta práctica invitaba
a los familiares, compadres y vecinos, era una fiesta celebrando
nuestra cosecha. Escuchar el puch, puch, puch, por las noches da
un sentimiento de nostalgia, era el sonido de los golpes que le
daban a las mazorcas. Había familias que amanecían celebrando
el resultado de una cosecha de nueve meses. Es un espacio para
celebrar al maíz.
-Rubén Pérez, 62 años, 2020

El campesino que desde joven aprendió la importancia del cuidado


de su maíz, asegura la alimentación para su familia. Hacer una conexión
con la madre tierra y la naturaleza ayuda a obtener una buena cosecha
y por ser una siembra de temporal lo que se pide principalmente al
creador es que sea un año con abundantes lluvias.

Prácticas y cuidado de la tierra

Todas las actividades ancestrales que se realizan en el cultivo tienen


como prioridad el cuidado de la madre tierra, de la diversidad ecológica
y del medio ambiente… comparto algunas de ellas.
Cuando las parcelas se cosechan son utilizadas para el rastrojeo, es
un subproducto de la cosecha del maíz y es alimento para el ganado en
la época crítica. El resto de este subproducto es utilizado como abono
de cobertura para el suelo en donde los campesinos inician la prepara-
ción de la parcela para la siembra, realizan su limpieza cortando retoños

170 Milpa Corazón


de árboles y malezas que tengan una altura mayor de 20 centímetros,
utilizan el machete, la coa, el azadón y un garabato (herramienta con
forma de bastón con una longitud aproximada de 90 centímetros, hecha
de la parte de una rama de árbol). Todas las actividades anteriores están
realizadas de la mejor forma para la conservación del suelo.
La preparación del suelo se hace de acuerdo a las condiciones
topográficas del terreno: para suelos planos se utiliza algún tipo de
maquinaria como arado, rastra o surcadora; suelos situados en lomeríos
o faldas de montañas, que los campesinos llaman terrenos quebrados,
deben ser quemados. Es en esta etapa cuando realizan la labranza de
conservación, incorporan el rastrojo al suelo.

Ahora que ya no quemo el rastrojo, me ayuda a conservar el


suelo, sirve como fertilizante, tarda más la humedad y cómo
están los tiempos en donde las lluvias son cada vez menos, esta
práctica es fundamental ya que muchos compañeros de la región
dependemos del temporal.
-Rubén Pérez, 62 años, 2020

Para la preparación del suelo antes de la siembra se utilizaba la


yunta. Se utilizaba el arado trompa de cochi (cerdo), se le da ese
nombre ya que simula el hocico de un cerdo. Es una parte de
metal con punta en forma de triángulo, sujetado con tornillos a
un trozo de madera labrado, con manilletas y timón, los señores
mayores hacían esta herramienta. Además, salió la cultivadora que

Milpa frailescana de Villaflores 171


Arado extranjero: es una herramienta jalada por tracción animal y se utiliza
en terrenos planos y semiplanos. Foto: Adrián Pérez de la Cruz

tenía forma de araña, ésta la utilizábamos para limpiar las malezas


y también el «arado extranjero» con una sola concha, jalado por
bueyes, éste se utilizaba para suelos más duros o compactados.
-Oel Pérez, 55 años, 2020

La siembra se realiza en la segunda semana de junio, tomando


en cuenta la fase de la luna, los campesinos se preparan utilizando las
siguientes herramientas: barreta para colocar las semillas en el suelo y
sembradores que van atados a su cintura, los cuales están hechos de
una planta perteneciente a la familia de las cucurbitáceas, normalmen-
te utilizan su fruto como recipiente de las semillas. Cada tecnología y
herramienta que los campesinos utilizan es símbolo de los conocimien-

172 Milpa Corazón


Herramientas utilizadas por los campesinos para la preparación
del suelo y siembra de las semillas: garabato, machete, azadón, coa,
barretas y sembradores en la localidad Rivera Horizonte, municipio de
Villaflores. Foto: Adrián Pérez de la Cruz

tos que tienen y del valor que le dan a su actividad. El pumpo es donde
ellos almacenan el agua para hidratarse durante las jornadas de trabajo
y está presente durante todo el ciclo del cultivo.
La siembra la realizan de manera manual con barretas o maca-
nas y su tol atado a la cintura. Ellos seleccionan cuidadosamente las
semillas que van a sembrar considerando ciertas cualidades, como su
resistencia a la sequía y la abundancia de la producción por su tamaño
y rendimiento.

Milpa frailescana de Villaflores 173


Siembra del frijol asociado al maíz en la localidad Rivera Horizonte,
municipio de Villaflores. Foto: Adrián Pérez de la Cruz

Cuando yo siembro la milpa selecciono mis semillas, tomo en


cuenta las fases de la luna, tiene que ser en cuarto menguante
pues la planta nace más frondosa, tengo que preparar mi terre-
no, ir a rastrojear, yo ya no quemo, estoy haciendo labranza de
conservación, porque año con año las lluvias son más escasas,
el calor ha aumentado, los suelos se están deteriorando; me da
tristeza que los campesinos no aceptan que el suelo es un ser vivo
y que lo estamos matando, la aplicación del sulfato de amonio,
un fertilizante sintético, está provocando la acidez del suelo.
-Oel Pérez, 55 años, 2020

174 Milpa Corazón


La siembra del frijol es una práctica de asociación de cultivo que
los campesinos realizan. Lo siembran en la segunda semana del mes
de septiembre, cuando se inicia con la dobla del maíz; ésta consiste en
doblar la planta de maíz para que los frutos emergidos obtengan la luz
del sol. Se realiza de manera manual.
Una vez que las vainas han madurado se procede al levantamiento
de la cosecha para extraer los granos. Una vez que maduraron las vainas
se s ecan al sol y se amontonan en un lugar para majarlo, posteriormen-
te se meten en costales para almacenarlos y que sea alimento para el
consumo familiar durante todo el año.
El frijol también es una de las semillas que los campesinos conser-
van, ellos las guardan y seleccionan para sembrar cada ciclo. Para el
cuidado de la planta realizan una fertilización química del suelo para
controlar las plagas y maleza, estas actividades las realizan con bombas
de mochila (aspersores manuales). Este proceso ayuda al desarrollo de la
planta además de mantener limpia la milpa. «Desde la siembra hasta la
cosecha no teníamos problemas de enfermedades y plagas que afectaran
al frijol, frijol tapachete y sandía, no había químicos para la milpa, el frijol
y calabaza. Los cultivos no se enfermaban» (Oel Pérez, 55 años, 2020).
La cosecha del maíz, en muchas localidades del municipio de Villa-
flores, consiste en separar la mazorca de la planta con jolochi, se realiza
manualmente y van dejando los pilones, posteriormente se almacenan
en costales para después realizar el desgrane mediante aparatos meca-
nizados.

Milpa frailescana de Villaflores 175


Máquina desgranadora de Rivera Horizonte. Foto: Adrián Pérez de la Cruz

La desgranada de las mazorcas se realizaba con harneros. Había


dos tipos: uno con cuero de vaca y otros con hilos en forma de
hamacas. Para el harnero se hacían agujeros en líneas del tamaño
de una moneda de un peso, este cuero era colocado con cuatro
horcones jalando uno en cada punta, de manera que quedara
completamente estirado a una altura de 90 centímetros y medía
cuatro metros cuadrados; una vez construida esta desgranadora
las mazorcas eran colocadas encima y eran golpeadas fuertemen-
te con palos dobles en forma curveada, esto hacía que las mazor-
cas se quebraran y los granos del maíz caían por los agujeros.
-Rubén Pérez, 62 años, 2020

176 Milpa Corazón


Harnero de hilos, desgranadora manual de Martín Gumeta, 78 años
(2020). Él es uno de los campesinos que conserva esta tecnología de
cosecha que fue heredada de sus abuelos. Foto: Adrián Pérez de la Cruz

Desgraciadamente, la introducción regional del programa «Revo-


lución verde», un modelo implementado en la agricultura por el gobier-
no, con el fin de obtener mayores rendimientos en la producción usando
fertilizantes, pesticidas y herbicidas, contribuyó a colocar la dependencia
de nuevas variedades de maíz y de agroquímicos que se deben comprar
cada ciclo. Es por esto que en la década de los años setenta, la Región
Frailesca fue considerada como el «granero de Chiapas» debido a que
se dio una intensificación agrícola y ganadera muy importante. Los
programas de desarrollo promovieron las prácticas de monocultivo
como una estrategia para lograr mayor producción.

Milpa frailescana de Villaflores 177


Preocupación de los campesinos
en torno al sistema
El uso de insecticidas y herbicidas para control de plagas y malezas en
la región es excesivo, su potencial tóxico es muy fuerte pues tienen la
capacidad de controlar y, por lo tanto, de destruir. Esta característi-
ca lo hace potencialmente dañino para la salud y el medio ambiente.
Los campesinos están expuestos a esta contaminación, incluso siguen
usando el Glifosato y el Paraquat, que en otros países está prohibido,
y existen muchas tiendas de agroquímicos donde se pueden adquirir
directamente sin ningún problema.
Por supuesto, el uso de productos químicos durante el proceso de
producción ocasiona que la agrobiodiversidad se pierda, ya que impide
el crecimiento de otras hierbas o productos de la milpa, esto genera
escasez y provoca que ahora la familia tenga que comprar lo que antes
obtenían directamente del campo.
Los productores no están dejando de producir y cultivar el maíz,
ya que todavía es parte importante de su seguridad alimentaria, además
están empleando sus tierras como una forma de autoempleo. Pero
frente a las condiciones adversas, políticas y económicas, se siembran
superficies cada vez menores. Se está generando un cambio en el uso
del territorio, hay campesinos que ya no cuentan con una superficie
para la siembra y entonces se ven obligados a rentar terrenos, otros
están dejando de cultivar y sembrar porque los ocupan para la ganadería
como potreros. Es más, hay quienes ahora están vendiendo sus parcelas
como lotes para nuevos asentamientos humanos.

178 Milpa Corazón


Estas son las preocupaciones mayores, y debido a esto, los costos
del sistema agrícola se han incrementado llevando a los campesinos
a solicitar créditos agrícolas a financieras, lo que está ocasionando un
endeudamiento muy fuerte. «Las cosas han cambiado mucho, ante-
riormente comprar una parcela era barato; yo tardé 30 años en poder
comprar una parcela porque vivir en una región donde la siembra del
maíz es muy comercial, obtener una pequeña superficie era muy difícil
económicamente» (Rubén Pérez, 62 años, 2020).

Palabras finales

El sistema milpa ha sufrido cambios considerables en el transcurso de


las últimas décadas, se ha adaptado a un sistema de alta producción en
donde se han desplazado las semillas nativas por las semillas híbridas
que demandan un uso excesivo de los insumos sintéticos.
La milpa ha cambiado de un sistema de policultivo a un sistema
de monocultivo; esto ha generado una pérdida de la agrobiodiversidad
muy fuerte en la región frailesca; pero los campesinos todavía resisten,
siguen sembrando sus parcelas porque les proporcionan seguridad
alimentaria.
Es importante que las nuevas generaciones se conecten con el
campo y el conocimiento campesino, es prioritario rescatar los saberes
locales y ancestrales. Fomentar la participación de los jóvenes, niños,
mujeres y de todos los integrantes de las familias en la agricultura es
fundamental para que en un futuro no se pierda el interés por cultivar

Milpa frailescana de Villaflores 179


el campo, y principalmente la milpa, se deben rescatar todos estos cono-
cimientos. Vivir de una forma ecológica, respetando el medio ambiente,
hacer una conexión con la madre tierra y la naturaleza.
Reconocer y valorar el trabajo de un campesino es muy impor-
tante, ellos son quienes guardan el conocimiento que se ha transmitido
de generación en generación desde tiempos ancestrales, son quienes
conservan las semillas, las prácticas y las labores que se realizan en las
parcelas cuando siembran la milpa.
La parcela es parte de su espacio, cultivar la milpa es resistencia,
identidad y autonomía, es Milpa Corazón…

180 Milpa Corazón


MILPA CHIMBOMBA
DE CINTALAPA

Sergio Cruz García

La milpa es nuestro patrimonio biocultural que está lleno de


costumbres, tradiciones y con una cosmovisión que surge desde el
corazón de esta región mexicana.

Es la joya de la diversidad, alberga muchas de las especies de


alimentos y animales que habitan nuestra comunidad y que tienen
un valor económico, social, ambiental y espiritual.

181
Y así empezó todo, hace aproximadamente 10 000 años encontraron
la planta sagrada de todas las culturas mexicanas, comida del hombre
creado, del hombre formado; éste fue el inicio de la razón de la historia
de la milpa. Así entró el maíz en el aprendizaje del hombre por obra
de los progenitores.
Y de esta forma se llenaron de alegría porque habían descubierto
una hermosa tierra, abundante en mazorcas amarillas, blancas, azules,
rojas y negras, abundante también en diversas especies vegetales sabro-
sas y ricas en aquel pueblo de México.

¿Cuál es mi origen y mi historia con la milpa?

Mi nombre es Sergio Cruz García, nací el 30 de agosto de 1987. Cuenta


mi madre que cuando llegué al mundo fue durante la madrugada de
un verano cálido, en el parto estuvo una partera muy famosa llamada la
tía Rosita. Soy oriundo y orgullosamente «chimbombo» del municipio
Valle de Cintalapa de Figueroa. Soy el último y más joven de mis herma-
nos y los seis primeros años de mi vida fueron muy felices, rodeado de
mi familia y empezando a descubrir el mundo que me rodeaba.
Soy nieto e hijo de campesinos. Mis padres son Soledad García
Roque y Audelio Cruz Enríquez. Mi madre es originaria de una ranchería
llamada La Peña y mi padre de la ranchería San José Montenegro, ambas
son vecinas y se ubican al sur del municipio Cintalapa de Figueroa, a
donde tuvieron que migrar buscando mejores oportunidades para mis
hermanos y para mí.

182 Milpa Corazón


Sergio Cruz García. Foto: Nicolás Gómez Hernández

Cuando se casaron, a pesar de ser muy jóvenes, se hicieron cargo


de construir un hogar lleno de alegría, armonía y mucho amor, en medio
de naturaleza. Mi padre asumió el cargo del proveedor y cabeza de la
familia y mi madre como administradora del hogar en todos los aspec-
tos que demanda. Se fueron a vivir a una pequeña casa de madera
que mi padre construyó a lado del Río Negro, rodeada de un paisaje
admirable, cubierto de vegetación, en la ranchería San José Montenegro.
Este lugar mágico está conformando por familiares, amigos y vecinos
de otras rancherías aledañas.

Milpa chimbomba de Cintalapa 183


Durante más de 35 años que vivieron mis padres en la ranchería
se dedicaron a las actividades del campo. Mamá se encargaba de las
actividades del hogar y del traspatio: criar gallinas, gallos, pollitos, patos
guajolotes y cerdos. También ella y mis hermanas participaban en las
labores del campo junto con papá, al sembrar la milpa. Todavía hay
voces que susurran su historia, costumbres y tradiciones, pero su fuerza,
cada día, es menor. Esa voz es débil pero aún audible, palabras de mi
padre Audelio Cruz Enríquez:

Yo sembraba tres hectáreas de maíz intercalado con el frijol, cala-


baza, quelites, tomatillo, chile, yuca, camote, chayote, frutales
tales como limón, naranja, zapote colorado, aguacate pumpo
plátanos y guineos becayo, robatan y manzanito, pero aparte
teníamos cacao y café robusta; unas cuantas vaquitas para la
leche y para hacer queso, cuajada cremosa y mantequilla. Tenía-
mos suficiente alimento y así éramos felices con la interacción
de la madre tierra y la naturaleza que nos proveía refugio, leña,
alimentos vegetales y animales en un ambiente agradable.

Desde muy temprana edad me integré a las actividades de la fami-


lia, de la misma manera que mis hermanos apoyaban en las tareas del
traspatio y del campo, recuerdo que iba con mi padre por alimentos a
la milpa con los caballos. Este pequeño trabajo se hace con la finalidad
de que no se olvide y que los hijos y nietos recuerden cómo fue el lugar
que los vio nacer, para que lo continúen.

184 Milpa Corazón


Muchas cosas se han perdido, han sido borradas de nuestra
memoria o han perecido con la mujer o el hombre que las poseía. Esto
sucede unas veces por indiferencia, otras por falta de posibilidad para
plasmar ese conocimiento en un material perdurable o dejar un here-
dero que guarde ese saber, pero, sin variar, el resultado ha sido el mismo.

Origen del valle de Cintalapa de Figueroa

De acuerdo a las descripciones de Fray Bartolomé de Las Casas y Thomas


Gage, la primera cultura que se instaló en la región fue la olmeca, como
lo atestiguan numerosos vestigios arqueológicos. Después, durante
los siglos xi y xii, se asentaron los toltecas y posteriormente fueron
los zoques quienes ocuparon el territorio del municipio. Entre 1486 y
1488 también llegaron los aztecas durante una de las expediciones de
conquista de Ahuitzotl.
Según Las Casas y Gage, Cintalapa, durante la época colonial, fue
una aldea ganadera. El 17 de julio de 1926 se le concede la categoría de
Villa, el 3 de febrero de 1931 el de Ciudad y el 6 de enero de 1942 se le
agrega el apellido Figueroa, en justo homenaje a la memoria del doctor
Rodulfo Figueroa Esquinca, quien fue poeta y médico de profesión.
Antiguamente, Cintalapa tenía el nombre de Tlacuatzin, que signi-
fica «cerro de los tlacuaches». En ese entonces hubo una epidemia
en la que enfermaron todos los habitantes de la comunidad, por ello,
decidieron cambiar de lugar el pueblo y lo trasladaron a un valle, le
dieron el nombre de Cintalapa. Este nombre es de origen náhuatl quiere

Milpa chimbomba de Cintalapa 185


decir «agua en el subsuelo». Con el paso de los años nació en este lugar
un poeta llamado Rodulfo Figueroa y es como se añade su apellido al
nombre a la ciudad.
El municipio de Cintalapa se encuentra en el extremo oeste del
estado de Chiapas. Sus coordenadas geográficas son 16º 39’ al norte
y 93º 44’ al oeste y su altitud es de 540 metros sobre el nivel del mar.
Limita al norte con el municipio de Tecpatán, al oeste con el estado
de Oaxaca y el municipio de Belisario Domínguez, al este con Jiquipi-
las y Ocozocoautla de Espinosa y al sur con Arriaga. La Sierra Madre
de Chiapas recorre el municipio en dirección sureste y la Depresión
Central de Chiapas lo recorre desde el noroeste. El 70% de la superficie
del municipio es plana y el resto está formado por zonas semiplanas.
El clima predominante es cálido y húmedo, en la cabecera municipal la
temperatura media anual es de 24.5 grados centígrados.
Los principales ríos que hay son el Negro y La Venta; otras corrien-
tes son los arroyos Cubelete, San Miguel, Tenochtitlán, La Providencia,
Macuilapa, Jardín, Cuajilote y Cárdenas. La vegetación es de bosques
de encino-pino y existen grandes extensiones de árboles de tepezco-
huite. La fauna está compuesta por una gran variedad de especies, las
que predominan son: la culebra ocotera, la ardilla voladora, el jabalí, el
venado de campo, el zorrillo espalda blanca, el tejón y el venado cabrío,
entre otras.
El municipio está constituido geológicamente por terrenos paleo-
zoicos y los tipos de suelo que predominan son el regosol y cambisol.
Su principal uso es para la agricultura y el ganado, 65% son terrenos
ejidales y el resto son propiedad privada.

186 Milpa Corazón


Las tierras de cultivo se ubican principalmente en terrenos de
topografía irregular en donde la práctica agropecuaria se ve condicio-
nada por el abrupto relieve y la degradación de los suelos, por esto se
obtienen bajos rendimientos en términos de volumen global y solo
se practica cultivo marginal de subsistencia basado en la milpa: maíz
nativo amarrillo y blanco, frijoles, calabaza, cacahuate, quelites, árbo-
les frutales y algunas plantas medicinales. Estos se pueden apreciar en
algunas parcelas que aún realizan algunas familias como parte de su
identidad cintalapaneca.

La milpa chimbomba

La milpa es un complejo entramado de plantas sembradas en la misma


parcela que son complementarias. Las familias campesinas deciden
qué cultivos sembrar: algunos maíces nativos, frijoles, calabaza, quelites,
plantas medicinales, chile y cacahuate, entre otras especies comestibles,
como hemos mencionado.
Es un espacio donde año con año se recrea la biodiversidad, pues
las milpas, llenas de colores y tradiciones, aunque se parecen entre sí,
tienen sus particularidades, son diversas como el género humano; esta
variedad radica en el manejo que realiza cada familia campesina y que
depende de sus gustos, necesidades y del medio en que se cultiva.
Hace aproximadamente 30 años la milpa de Cintalapa se integraba
principalmente de maíz nativo de color amarrillo o blanco de la raza
tuxpeño, incluso se encontraba maíz de color azul, frijol de guía, frijol

Milpa chimbomba de Cintalapa 187


Campesino y niños chimbombos. Foto: Sergio Cruz García

arroz o frijol mandilón, calabaza, quelites, yuca, plátano, macal, árbo-


les frutales, cacahuate, camote, chile, hierbabuena, chipilín y plantas
medicinales. Estas especies conforman la milpa, que viene de nuestros
abuelos. Ellos eran los que se encargaban de trasmitir el conocimiento
de cómo entenderla y manejarla, así como del valor que tiene en lo
espiritual, productivo, ambiental, social y económico. Es el patrimonio
de subsistencia familiar de las y los campesinos «chimbombos». Esto
me lo contó mi padre, Audelio Cruz Enríquez.
Por otro lado, no solo en los cultivos se ve esta diversidad de
especies, también en la raza humana. En este caso hay tres culturas que

188 Milpa Corazón


habitan en las comunidades de Cintalapa y están constituidas por tsot-
siles, tseltales y mestizos, estos grupos se vieron forzados a dejar su lugar
de origen, convirtiéndose en desplazados, por conflictos de desigualdad
social, religiosos y políticos, llegando así al norte de Cintalapa.
Por esta razón surge la imperiosa necesidad de conservar las tradi-
ciones, cultura, lengua, conocimientos de medicina y algunos rituales,
como una forma de resistencia a las políticas neoliberales que promue-
ven dejar de conservar las semillas nativas para pasar a producir con
semillas comerciales otorgadas por los programas o compradas, así se
fue forjando una alianza entre las comunidades para el intercambio de
conocimientos y formas de hacer la milpa. Esto me lo platicó el campe-
sino Lucas Gómez Hernández.
En la actualidad, desafortunadamente, hay una gran pérdida de
presencia y biodiversidad de la milpa pues también algunas personas
han ido perdiendo ese sentir y amor a la tierra, por cultivar con las
semillas nativas, por realizar la milpa como los abuelos lo hacían muchos
años atrás, debido a la apropiación de las tecnologías implementadas
por políticas neoliberales.
En los últimos años este desinterés por la agricultura también se
ha visto acrecentado por la migración de la población, principalmente
de los jóvenes, hacia polos urbanos. El asentamiento de estos pobladores
en nuevos espacios ha provocado que se tengan que hacer necesarias
readecuaciones de sus culturas con la finalidad de permitir su adapta-
ción a las nuevas formas de vida. La migración es elevada e inaugura
otras formas de expresión y recomposición cultural propiciadas por el
contacto con los nuevos espacios territoriales.

Milpa chimbomba de Cintalapa 189


En este contexto, la integralidad de las culturas y los modos de
vida comunitario se ven inmersos en procesos diferenciados de pérdida
o de reconstitución, desarrollados generalmente en condiciones adver-
sas. Así, la agricultura del campo chimbombo ha perdido atención y
la ayuda que ahora recibe es insuficiente e inadecuada por falta de
cobertura, infraestructura y orientación para su correcto desarrollo.
Actualmente en la mayoría de las milpas de la serranía, como los
campesinos cintalapanecos la llaman, han reducido la diversidad de
especies, hoy solo favorecen cuatro cultivos: maíz nativo, frijol, calabaza
y cacahuate, además de algunos quelites y plantas medicinales.
Sembrar la milpa cintalapaneca confirma la resistencia de los
campesinos «chimbombos» hacia al sistema de producción neoliberal
que se basa en los agroquímicos, fertilizantes y semillas híbridas de la
«Revolución verde», paquete tecnológico implementado por gobernan-
tes, instituciones agrícolas e investigaciones científicas que han apro-
bado este método de desarrollo rural desde hace más de 50 años. Es
importante mencionar que, en una pequeña escala, en una parte de la
población del municipio de Cintalapa existe la fortaleza campesina de
decir «no» a las semillas híbridas y tecnologías neoliberales.

Organización y participación familiar en la milpa

Las familias campesinas anteriormente sembraban la milpa entre los


días 1 y 3 de mayo, relacionándola con el día de la Santa Cruz para que
se desarrollara lo más agradable posible y que fuera la mejor cosecha

190 Milpa Corazón


Pumpos para el pozol y agua. Foto: Sergio Cruz García

que se obtuviera en ese ciclo. La siembra se llevaba a cabo en los últimos


días de la temporada de sequía, cuando aún no se presentaba la lluvia;
después de seis días que se habían sembrado las semillas del maíz, frijol
y calabaza, con las primeras lluvias, empezaban a germinar.
Actualmente se siembra entre los días 15 y 22 de junio. Esta modi-
ficación surgió por el fenómeno del cambio climático, cuando empeza-
ron las famosas sequías o se adelantaban las lluvias; por esta razón las
familias campesinas decidieron cambiar las fechas de siembra.
Con el pumpo lleno de agua o pozol se dirigen los campesinos a
la parcela para empezar esta labor cultural. Empiezan con la limpia, que

Milpa chimbomba de Cintalapa 191


se hace con la participación de varios integrantes de la familia; regular-
mente los varones son lo que se ocupan, padre e hijos. Esta actividad
se hace unos días antes de sembrar el maíz, frijol, calabaza, cacahuates
y quelites; las herramientas de apoyo que usan son la coa, el azadón, el
machete, el garabato y el hacha.
Se organizan los campesinos con los vecinos para realizar las dife-
rentes rondas en cada una de las parcelas en donde se llevará a cabo, ya
sea la milpa de año o la de primavera verano. Cada uno debe dejar un
callejón limpio de dos metros de distancia en cada lado de su parcela
para que no cause daño a las vecinas o se descontrole el fuego cuando
realicen la quema. Previamente, en una reunión se toman los acuerdos
y compromisos para realizar la roza, tumba y quema, y si por alguna
razón el fuego se extiende, todos los campesinos de la comunidad se
sumarán a la responsabilidad de controlarlo.
La fecha de la siembra regularmente es el 20 de junio, se empieza
la milpa con una oración y agradecimiento antes de sembrar las semi-
llas, este ritual consiste en pedir permiso a la tierra y al cielo abundante
lluvia para la siembra. Con un tono poético se realiza la oración, con
palabras llenas de fe viajando hacia el cielo, el agua y la tierra. Gracias
a esta relación entre el campesino y la agricultura es que la milpa será
abundante y podrá abastecer alimento para las familias. Al término de
la siembra, y al llegar a casa, las mujeres ya tienen preparada la comida
para celebrar, el platillo suele ser caldo de gallina de racho o de tras-
patio. Con esto la familia refleja que su corazón está lleno de alegría y
satisfacción porque ahora la milpa surgirá nuevamente parejita, bonita
y con diversas especies. Esta fue la plática con Lucas Gómez Hernández.

192 Milpa Corazón


Participación de las mujeres,
niñas y niños en la milpa
Las mujeres campesinas de naguas largas juegan un papel importante
en el rol del sistema milpa porque son las que se encargan de la admi-
nistración del hogar. Desde que inicia el día realizan un sinfín de acti-
vidades, por ejemplo, ir a dejar el almuerzo a los señores campesinos
que se encuentran en la labor de la milpa, también participan en las
actividades después de la cosecha.
Mi madre, la campesina Soledad García Roque me comentó:

Mis hermanas se dedican a pelar la mazorca, a desgranar y selec-


cionar las que se almacenarán en la troja, las más grandes se
guardan para la alimentación de la familia o poder comercializar
un poco de grano en caso de que se obtenga una buena cosecha,
las más pequeñas son para alimentar a los animales como las
gallinas, cerdos y borregos. Por otro lado, también se encargan
de realizar diferentes alimentos con un inconfundible aroma a
leña y copal, cocinan el nixtamal para las tortillas de maíz hechas
a mano, hacen tamales y atole picte de elote. Mujeres de largo
y trenzado cabello hacen presencia desde la tierra chimbomba.

Ellas intervienen de diversas formas en las prácticas agrícolas, en


mayor o menor medida, sin descuidar sus tareas domésticas históri-
camente asignadas. La mujer ha influido en la evolución del maíz y en
su alta variabilidad pues son las que hacen directamente el proceso de

Milpa chimbomba de Cintalapa 193


selección y conservación de las semillas, que es el patrimonio cultural
de las familias campesinas: sostienen a la familia y aportan a la soberanía
alimentaria y economía familiar.
Las familias que tienen más hijos varones se ven más favorecidas
para el trabajo en el campo, al contrario de las familias que tienen más
hijas.
Es lo que comenta la señora Soledad García Roque: para las fami-
lias que tienen más hijas es más pesado el manejo de la milpa ya que
ellas tienen que participar aún más en las actividades de la siembra,
es duro porque se trabajaba de seis de la mañana a seis de la tarde, y
después hay que hacer la cena, comenta la campesina. Son las respon-
sables de la base cultural que permite la vinculación social campesina.
En la cosecha intervienen las mujeres en levantar el maíz, doblar,
tapiscar y acarrearlo con los caballos. Cuando las apilan en la troja, ya
seleccionadas, normalmente le ponen un polvo al piso (agroquímico
Folidol) para después aplicarlo nuevamente encima de todas las mazor-
cas para matar la broca o el gorgojo y así evitar que se pique el maíz.
También traen leña como combustible para la casa.
Para todas las ceremonias ancestrales la oración es un elemen-
to fundamental, lo hacen ellas. Aquí la palabra cumple la función de
expresar el respeto, el cariño, el amor y tratar con sabiduría todo, para
vivir de manera armoniosa con el entorno natural. Cuidar la milpa es
uno de los principales valores de la vida comunitaria y todas las muje-
res se reúnen para hacer la comida de la celebración, utilizan la última
mazorca que queda en la troja como símbolo de agradecimiento por

194 Milpa Corazón


la cosecha de maíz que se obtuvo del ciclo productivo y que sirvió para
la alimentación de toda la familia.
También las mujeres chimbombas prepararan las semillas antes
de la siembra y de igual forma seleccionan las mazorcas más grandes
para obtener los mejores granos y lograr un alto rendimiento de maíz.
Las unidades de medida que usan tradicionalmente son: el cuartillo y
el almud, ambas son ancestrales y se ocupa un recipiente que es una
simple botella de plástico de un litro.
Según la campesina Soledad García Roque, cinco cuartillos equi-
valen a una hectárea sembrada de maíz nativo, de la misma forma se
siembra el frijol; 16 botes equivalen a un almud, que equivale a una
hectárea de superficie sembrada.
Aunque se habla de la participación de mujeres muchas de sus
tareas suelen ser obviadas y poco reconocidas, están relacionadas con
los roles de género de su contexto, por ejemplo, las mujeres jóvenes y
niñas se encargan de las tareas domésticas en general, como lavar ropa,
cocinar, barrer, limpiar la casa, hacer tortillas, calentar el café y cuidar a
los hermanos y hermanas menores, las niñas jóvenes toman su papel de
madres-hijas, independientemente de si asisten a la escuela o no, como
señala la campesina Soledad García Roque. En cambio, los hombres
jóvenes y niños son quienes deben cargar leña, algunos, muy pocos,
aportan en la limpieza y orden de la casa, ya sea lavando su propia ropa,
o bien, barriendo y limpiando el patio.
Además de las tareas en la casa, todas y todos trabajan en el
campo, ya sea en la milpa o en el traspatio, que también es una fuente
de producción de alimentos de carne de gallinas, guajolotes, cerdos

Milpa chimbomba de Cintalapa 195


y huevos, así como el cultivo de algunas hortalizas de hojas y plantas
medicinales como la ruda, orégano, magueyito, hierba santa… incluso se
llegan a ver algunos árboles de cacao. En las actividades de los huertos
familiares se involucran las niñas y los niños.
Es muy importante destacar que las mujeres, niñas y niños contri-
buyen al mantenimiento de la economía familiar, pero no solo desde
el punto de vista del ingreso, sino también de la economía doméstica,
es decir, en la coordinación de labores para la alimentación, el cuidado
de los pequeños y adultos mayores, la salud, el trabajo en los huertos
familiares, la limpieza y todas las actividades que asumen y aprenden
desde la infancia.

Juventud

Los jóvenes son el futuro de la agricultura mexicana, sin embargo, hoy en


día hay una alta migración de los herederos de las tierras. Viajan al país
vecino persiguiendo un sueño con el fin de mejorar sus condiciones de
vida, ya que en el campo mexicano hay carencias y mucha desmotiva-
ción. Al irse los jóvenes a los Estados Unidos se encuentran con la ironía
de emplearse en actividades del campo como la agricultura y ganadería,
pero de grandes extensiones y que forman parte de la cadena producti-
va del sistema capitalista. No solo migran al país vecino, también se van
a otros municipios dentro del estado de Chiapas para emplearse como
albañiles, taqueros, repartidores de diferentes productos de alimentos,
incluso muchos se retiran de la educación formal para irse a aventurar

196 Milpa Corazón


a Guadalajara, Monterrey, Tijuana, Sonora y Baja California, en donde
se emplean por temporadas para el corte de uva, espárragos, tomate,
entre otros. Dejan abandonadas sus propias tierras de cultivos y en la
mayoría de los casos la familia se hace cargo de las tareas de la milpa.
Menciona el campesino Audelio Cruz Enríquez:

Los jóvenes ya no trabajan en el campo, no acostumbran realizar


la milpa, solo el estudio de letras les interesa para luego encontrar
un trabajo en el cual no estén de sol a sol, sino en la sombra y
ganar un poco de efectivo y no aprender el legado del manejo
de la milpa. No en todos los casos es así, en la mayoría de los
casos se presenta ese tipo de situación, pero a algunos jóvenes
sí les interesa aprender cómo sembrar, cuándo y cuántos granos
agregar en los puntos y entender el entorno que implica trabajar
la milpa chimbomba.

Recuerdo muy bien que en mi adolescencia sí me involucraba en


las actividades de la milpa, en limpiarla con coa, doblar, pizcar, acarrear
el maíz con los caballos, pelar las mazorcas y desgranar el maíz. Cuando
era la temporada de elotes iba a la parcela por ellos en un costal de 50
kilos para degustarlos hervidos, asados o en picte y tortitas; de eso ya
hace unos 20 años. Aún recuerdo aquel río exuberante de Cintalapa,
con un caudal que era de admirar por su fuerza, por el sonido de la
corriente inmensa, y que tenía que atravesar con el costal lleno de elotes
para llevarlos a casa. Tuve la dicha de conocer ese hermoso río del valle,
en mi mente vivirán por siempre esas aguas del caudal «chimbombo».

Milpa chimbomba de Cintalapa 197


El campesino Lucas Gómez Hernández comenta:

A los jóvenes hay que enseñarles a trabajar la milpa, hay que


transmitirles el conocimiento de las tradiciones y la cultura que
alberga este cultivo. A las familias campesinas ya nos les interesa
la milpa, más bien quieren migrar a otro lado, abandonar la agri-
cultura, pues ellos ven que con la milpa ya no se tienen utilidades
económicas, sino alimentos para la familia y para los animales.
Con eso se siente contento porque si se puede tener alimentos
para él y su familia; también me comentó que las nuevas genera-
ciones no logran ver la cultura y tradición que existe en la milpa,
ellos quieren tener patrón y no ser ellos mismo los conocedores
de la tierra y seguir manteniendo la milpa viva, alegre, llena de
riqueza con las especies que se encuentran ahí en las parcelas
donde se cultiva la milpa.

Analizando la situación y con lo que nos han expresado algunos


campesinos sobre los jóvenes, pienso que hay que tomar en cuenta
que nos enfrentamos desafortunadamente a tiempos muy difíciles, los
cuales nos invitan a retomar las actividades del campo ya que es una
de las mejores alternativas para tener soberanía alimentaria.
En la actualidad, como sociedad a nivel mundial, debemos hacer
frente la crisis de demanda de alimento, y sumando la emergencia sani-
taria, debemos de reflexionar y pensar qué estrategia hay que seguir para
conservar toda la diversidad de especies que existen en nuestra natu-
raleza. Algunos científicos también han comenzado a investigar cómo

198 Milpa Corazón


estas enfermedades están vinculadas con la pérdida de biodiversidad,
es primordial empezar a cuestionarnos seriamente cómo son nuestras
actividades humanas y cómo afectan a la sostenibilidad planetaria.
Es por ello que los jóvenes nos debemos involucrar más en las
acciones culturales de la milpa y pensar en el futuro, para seguir con el
legado de nuestro patrimonio biocultural, pero también para educar-
nos y poder ser responsables de la conservación ambiental. Es una muy
buena oportunidad de recordarles a las personas los vínculos que hay
entre una buena salud y el poder tener acceso a los alimentos inocuos,
como los que nos brinda la milpa, para el bienestar humano.

Simbolismo e identidad

Expresa el campesino Lucas Gómez Hernández:

Me siento feliz y muy contento de llevar a cabo las labores de


la milpa, yo crecí en el campo, soy de la milpa. Desde niño mi
abuelo mi enseñó el valor biocultural de la milpa: escuchar el
canto de los pájaros, sentir esa frescura en la cara por las maña-
nas, oler el perfume natural del campo, respirar aire puro en la
caminata cuando me dirijo a mi parcela para empezar a cultivar
los alimentos que consumiremos toda la familia y que además
es parte de nuestra cultura como campesinos que somos. Es
nuestra identidad laborar en la milpa.

Milpa chimbomba de Cintalapa 199


El campesino Audelio Cruz Enríquez menciona que al hacer la
milpa se siente feliz porque sabe que tendrá alimentos para toda su
familia, a pesar de que no se dé parejita y bonita como antes.

Como campesino siento contento el canto alegre de mi corazón


y me hace pensar en la tierra, en los seres protectores que la
rodean y forman parte de la milpa, como mi abuelo los llamaba.
Él me transmitió el conocimiento de cómo uno se conecta con
la madre tierra para sentir el amor a la tierra, entender cómo
nos comunicamos con la naturaleza y que ahí echamos nues-
tras raíces, como los árboles que ahí crecen, me agrada recordar
mi parcela cubierta de una vegetación verde, florística, llena de
especies que nos proveen los alimentos para la familia.

Esos vínculos con la tierra, el amor al saber lo que se come y lo


que se siembra, me da un respiro, siento esperanza cuando escucho
salir estas palabras del corazón de Audelio, mi padre.
Ambos expresan su sentir como campesinos, tanto don Lucas
como don Audelio confirman que conservar la milpa, para ellos, es
seguir aprendiendo, es mantener vivas las semillas nativas de los maíces,
frijoles, calabazas, cacahuates, quelites… lo importante es seguir labran-
do la tierra y transmitir el conocimiento, no ser egoístas, compartir la
sabiduría del saber, conocer y de sentir el amor a la milpa para preservar
nuestra cultura y tradición de los bienes que son nuestro patrimonio.
Estamos a favor de mantener nuestra historia como campesinos tradi-
cionales y de conservar nuestras semillas.

200 Milpa Corazón


También debe seguirse conservando la tierra, en la cual se siembra,
que ese suelo siga fértil y que no se dañe para que la tierra no se sienta
cansada.

Ceremonias tradicionales en torno a la milpa

La milpa invita a seguir con las costumbres y tradiciones de las ceremo-


nias o celebraciones en torno a lo espiritual, desde el punto de vista de
la cosmovisión de las familias campesinas. Estas acciones o prácticas
de fe surgen desde lo más profundo del corazón, con un carácter serio
en todos los sentidos, se hacen para reconocer y valorar la relación del
hombre con la naturaleza, del amor y respeto que se merece la cultura
de las fiestas tradicionales, las cuales se ven mezcladas entre elementos
religiosos y las ceremonias ancestrales.
El campesino Audelio Cruz Enríquez, mi padre, me comenta que
se siembra el maíz el día 3 de mayo porque se relaciona con la Santísi-
ma Cruz, a la que se le encomienda la tarea de bendecir la milpa para
que haya abundante lluvia y una excelente producción de maíz. De
igual forma, la cosecha se realiza en luna sazona para que el maíz sea
abundante y para que las plagas sean benevolentes con la milpa, prin-
cipalmente el gusano cogollero y la chinche, en el frijol, pues son las
que más dañan a estos cultivos. Al terminar la cosecha se celebra con
degustaciones de caldo de gallina en mole, tamales y en agradecimiento
por la cosecha que se tuvo de frijol se mata un cerdo. El frijol se sembró

Milpa chimbomba de Cintalapa 201


Campesina chimbomba. Foto: Sergio Cruz García

en luna sazona, el día de San Antonio, como símbolo de permiso e


implorarle que se coseche de la mejor manera.
Comenta el campesino Lucas Gómez Hernández que si por alguna
razón no se presenta luna sazona el día de la siembra, ellos se la ingenian
y a una tortilla le hacen tres orificios para que simule ser una luna; con
esta práctica ya se puede realizar la siembra de la milpa y se obtiene el
mismo resultado.
También mi padre me enseñó que cuando una pequeña plaga se
presenta en la milpa, como es la tuza, se utilizan banderas o pedazos de
ropa que no se use y se colocan en las cuatro esquinas de la parcela con
el propósito de espantar al pequeño roedor y que no dañe a la milpa.

202 Milpa Corazón


Es importante preparar y realizar las celebraciones de la manera
correcta para que el resultado sea positivo en todos los sentidos; si por
alguna razón no se lleva a cabo alguna de estas prácticas se tiene uno
que atener a las consecuencias de la naturaleza, incluso puede afectar
a la economía familiar, porque al no seguir las tradiciones se puede
interpretar como una falta de respeto a la madre tierra que de todo
nos provee.
Es de relevancia mencionar la función de las plantas medicina-
les que son parte de la cultura chimbomba, estas son: pelo de maíz,
hierba santa, ruda, orégano, guaco, madre cacao, albahaca, árnica, sábila,
magueyito y té limón.
La existencia de la medicina tradicional en las comunidades
campesinas ha existido desde muchos años atrás. Es una técnica ances-
tral y es practicada por yerberos, curanderos y parteras; la población
en general ha afrontado el tratamiento de diversas enfermedades con
éxito gracias a estas prácticas. La medicina popular puede ser definida
como una interacción entre creencias, actitudes y prácticas ancestrales
para prevenir, curar y mantener la salud.
Ha sido de gran ayuda sobre todo en las comunidades en donde
el acceso a la medicina tecnificada es difícil, y más hoy, con toda la
emergencia sanitaria mundial, yo creo que la cura para este virus está
en las plantas medicinales. En un futuro no muy lejano espero que la
ciencia, con sus investigaciones, pueda encontrar la forma para curar
gracias a las plantas medicinales.
Esta medicina ayuda a tratar la diabetes, diarreas, golpes, cóli-
cos, embolia, paludismo, cálculos en riñón y vejiga, tos, fiebre, tifoidea,

Milpa chimbomba de Cintalapa 203


paperas, vómito, reumas, artritis, nervios, colitis, gastritis, gripe, anemia,
dolor de vesícula y caída del cabello; para ello se usan las siguientes
partes de las plantas medicinales: hojas, corteza, planta completa, flores,
frutos, semillas, raíces, tallo, y otras partes, como látex, resina o savia.
De acuerdo a mi madre, se enseñan en un texto cuáles son las plantas
más comunes empleadas en la medicina tradicional chimbomba:

Pelo de maíz: se prepara con agua y se hierve hasta formar una mezcla
de té, se administra de forma oral, una taza durante tres a cinco
días cura y controla las infecciones gastrointestinales.
Hierba santa: la famosa hoja de «momo» es muy utilizada no solo en la
medicina ancestral sino también en los alimentos, como en tama-
les y con frijoles. Se prepara con agua y se hierve para tomarse en
forma de té, cura las infecciones gastrointestinales. Hoy en día los
doctores, yerberos y curanderos la han recomendado para para
reforzar el sistema inmunológico.
Ruda: de esta planta se ocupan tallos y hojas para preparar té, la dosis
se toma hasta controlar los cólicos, enfermedades respiratorias,
incluso se utiliza en lo espiritual para extinguir las malas vibras
rameando a la persona, también se usa para el famoso mal de ojo
que se presenta en los bebés, se les aplica en su cuerpo junto con
un huevo y alcohol etílico.
Orégano: de esta especie se utilizan las hojas y se ocupan para curar los
golpes y las paperas, las hojas se aplican con un poco de vaporub
y se calientan en el comal a fuego lento, se coloca en los golpes o
en las paperas, es aplicado hasta que desaparezca la inflamación.

204 Milpa Corazón


Guaco o bejuco: se utilizan las raíces, se prepara en té y se administra
de forma oral, la mezcla que se obtiene es amarga, para quitarle un
poco lo amargo se le pueden aplicar unas cucharadas de miel de
abeja, se emplea para curar enfermedades crónico degenerativas
y gastrointestinales.
Madre cacao o cocoite: sus flores son comestibles y nutritivas ya que
son ricas en proteínas. Las hojas son medicinales, se emplea para
curar úlceras, afecciones de la piel y como expectorante para la tos.
Para la parte espiritual se emplea para ramear con alcohol de caña,
se utiliza para curar el mal de espanto en niños, embarazadas o en
adultos que les ocurrió un suceso que provocó un miedo intenso.
Albahaca: las hojas con los tallos son de uso medicinal y curan y contro-
lan enfermedades respiratorias, se administra en forma de té,
también se ocupa para sanar el espíritu pues ayuda a liberar del
mal de ojo en los bebés.
Árnica: además de su uso medicinal, es comida para los animales
de traspatio, como las gallinas y los guajolotes, se incluye en su
dieta para reforzar su sistema inmunológico. Por otra parte, en
los humanos se emplea para sanar golpes y dolores musculares,
se hierven los tallos, las hojas y las flores y se aplica en la parte
afectada o bañándose con esta agua se relajan las partes dañadas
del cuerpo.
Sábila: se usa para curar heridas colocando la pulpa directamente en
la piel afectada; también se utiliza para las enfermedades cróni-
co-degenerativas preparándose un licuado y tomándose un vaso
diario en ayunas durante un mes; además se usa para evitar la

Milpa chimbomba de Cintalapa 205


pérdida de cabello, aplicándose la sábila directamente en la parte
dañada por la calvicie.
Magueyito morado: de sus hojas se obtiene el jugo que se usa como
antibiótico para heridas en los pies o manos provocadas por las
uñas enterradas, se administra directamente en la parte afectada.
Tepezcohuite: su corteza tiene excelentes propiedades curativas que
se utilizan para sanar enfermedades respiratorias, se puede cubrir
con un trapo y se aplica directamente en el pecho y espalda a la
altura de los pulmones para que a través de los poros de la piel se
absorben las propiedades medicinales, se aplica hasta ver mejoría
en la persona enferma.
Té de limón o zacate de limón: esta especie milagrosa tiene un aroma
a cítricos, las hojas de zacate se preparan como té y se administra
en forma oral, ayuda con la tos, la gripe y el resfriado, hay que
ingerir dos tazas al día durante cinco días.

Recuerdo que de pequeño, mi madre, Soledad García Roque, nos


curaba a mis hermanos y a mí con estas plantas medicinales para los
diferentes malestares que de repente presentábamos, como el dolor
de estómago, el dolor de oído, fiebre, resfriados, paperas, entre otras.

206 Milpa Corazón


Respeto y prácticas del cuidado de
la tierra, de las semillas de vida
La milpa alberga también especies aledañas que son la fuente principal
de alimentos para la familia, con este desarrollo no solo se aprovecha la
interacción de las plantas, también permiten su desarrollo entre ellas, ya
que prácticamente consiguen todos sus nutrientes entre sí, por ejem-
plo, el frijol patashete aporta nitrógeno, que ayuda a crecer al maíz y a
conservar el suelo sin necesidad de algún fertilizante extra.
Otra manera de cuidar la tierra es cuando se hace la limpia; ésta
se realiza con el apoyo de la coa, el machete y garabato con el objetivo
de que no se dañe, sin el uso de pesticidas tales como herbicidas, insec-
ticidas, fungicidas, acaricidas, nematicidas y fertilizantes como la urea,
sulfato de amonio, nitrato de potasio, superfosfato triple, pues además
de ser insumos neoliberales, provocan una gran contaminación y no
solo en la tierra, también en las aguas superficiales y en el manto freático.
En cada ciclo productivo se guardan las semillas de la triada de
maíz, frijol y calabaza; para conservarlas se guardan en un bote de plás-
tico o de lata de 20 litros para que no se piquen y de esta forma estén
listas para la siembra del siguiente año.
También me comentó mi padre que la tierra de cultivo se traba-
ja dos años y se deja descansar tres años para que siga fértil para los
siguientes ciclos productivos. Esto es cuidar la tierra y tener respeto por
ella porque que es muy generosa con nosotros.
Lucas Gómez Hernández me comentó que debemos cuidar con
mucho esmero nuestras semillas, pues es la herencia que nos dejaron

Milpa chimbomba de Cintalapa 207


Herramientas para el cultivo de la milpa (izq.). Sembradora de tracción animal (der.).
Fotos: Sergio Cruz García

nuestros ancestros. Él ha guardado semillas pigmentadas de colores,


blancas, amarrillas y azules, en una botella de plástico de tres litros
durante tres años y, aunque ha pasado el tiempo, no se han picado,
éstas las ocupará para sembrar durante el ciclo productivo de prima-
vera-verano. También menciona que no quema su tierra porque se
empobrece, más bien deja el rastrojo en la parcela con fin de que se
incorpore y se convierta en abono y retenga suelo. Si no realiza esta
actividad cuando llegan las lluvias se deslava fácilmente y deja de ser
fértil en los siguientes años.
La semilla de don Lucas tiene con él más de 30 años. La conser-
va y la reproduce en su parcela y de alguna manera sigue mejorando,
gracias a la buena convivencia entre las condiciones ambientales que
se presentan cada año del ciclo productivo, además de que no usa
agroquímico; para cuidarla le agrega ajo antes de la siembra. Su mayor

208 Milpa Corazón


preocupación es que se pierda la práctica ancestral de guardar la semi-
lla que su abuelo le heredó; quiere seguir con esta tradición familiar
y que el legado pase a manos de sus hijos y estos a la vez a sus hijos,
sucesivamente de generación en generación. También nos compartió
que en un momento de su vida le surgió la inquietud y quiso hacer un
experimento con sus propias ideas, así que guardó un poco de semilla
de maíz nativo en una botella de plástico por 15 años y no se picaron
y sí germinaron cuando las ocupó en la siembra.
Otras de las herramientas tradicionales para el cuidado y mante-
nimiento de la tierra es la carreta jalada por bueyes para acarrear la
producción de la milpa, la yunta para el arado de la tierra y siembra de
las semillas, las redes para colectar las mazorcas, la coa, el azadón, el
machete, el garabato, el punzón y el hacha.
La milpa es tener un equilibrio con la naturaleza y con uno mismo,
porque son plantas comestibles y medicinales que aportan a la salud
y felicidad en todos los aspectos, dicho de otra forma, es una armonía
entre el trabajo humano, la naturaleza y el autocuidado de la salud
familiar.

Prácticas culturales de la milpa

Las labores bioculturales de la milpa se basan en una metodología empí-


rica con una lógica campesina que la respalda, de más de 10 000 años
de cultura, tradición, costumbre y experiencia local, además de sentir
el canto alegre del corazón.

Milpa chimbomba de Cintalapa 209


Arado de tracción animal.
Foto: Sergio Cruz García

El procedimiento de las prácticas o actividades de la milpa se


empieza con la selección de la semilla: que no esté picada o dañada, para
que el ciclo productivo que empieza sea favorable. La preparación del
terreno se hace durante los meses de marzo y abril, se libera de toda las
hierbas que se encuentren en la parcela donde se hará la siembra, la cual
se realiza en mayo y junio -en otras comunidades rurales generalmente
se empieza en mayo, pero en el valle de Cintalapa por las condiciones
climatológicas se procede a sembrar en junio- con una densidad de
siembra de un metro de distancia entre surco y surco, de planta a planta
se dejan 60 centímetros y se agregan de tres a cuatro granos por punto.
La primera limpia que se realiza es en junio o julio, se deshierba
toda la milpa para evitar competencia con las plantas de maíz; esta
actividad se lleva a cabo con la coa. En el mes de agosto se combaten
las siguientes plagas: el gusano cogollero, el gusano medidor y la gallina

210 Milpa Corazón


ciega, a finales de este mes se presentan los primeros elotes tiernos, en
septiembre se cosecha los elotes maduros y en octubre y noviembre se
doblan las plantas del maíz para que se maduren las mazorcas y obtener
los granos que se aprovechan. En diciembre, enero y febrero se lleva a
cabo la cosecha, pizca, acarreo, deshojo, almacenaje y desgrano. En la
mayoría de las etapas del proceso se toman en cuenta las fases luna-
res, esta práctica ancestral es parte de la cultura, por ejemplo, en luna
maciza se siembra, se dobla y se cosecha para evitar que se dañe el maíz.
El frijol es un alimento importante para las familias campesinas
porque aporta vitaminas, minerales y fibras, pero también porque nutre
a la tierra con nitrógeno. La siembra se efectúa en el mes de junio
entre los espacios de los surcos del maíz, con una densidad de 20 a 25
centímetros entre cada punto, y se colocan de dos a tres semillas; esto
quiere decir que habrá de dos a tres filas de frijol entre las líneas del maíz.
Esta planta requiere de deshierbar toda la maleza, este trabajo se lleva
a cabo en el mes de julio. En el mes de agosto se realiza el combate de
la plaga, es muy común un insecto que se llama chinche del frijol. Una
vez que las vainas han madurado, se procede a cosechar en el mes de
septiembre, se extrae el producto y se mete en costales, ya sea para su
venta al mercado local o para almacenarlo como alimento para la familia.
La calabaza es otra planta muy importante en la milpa y se desta-
ca por ser un vegetal nutricionalmente completo pues se aprovecha
toda la planta: su fruto, la flor y las semillas o pepitas. La siembra se
hace en el mes de junio y es directamente en el suelo que se coloca,
aproximadamente a cinco centímetros de profundidad, en el mes de
agosto se pueden apreciar las primeras calabacitas tiernas las cuales

Milpa chimbomba de Cintalapa 211


son deliciosas para el paladar. La cosecha de las calabazas maduras o
sazonas se realiza en los meses de noviembre y diciembre. Usualmente
es un alimento para las familias campesinas, pero también se usa como
alimento para las gallinas, patos, guajolotes y cerdos. Esto me lo platicó
mi madre Soledad García Roque.
Los quelites también juegan un papel muy importante en la milpa,
son fuente de nutrientes y en su mayoría surgen mágicamente, es decir,
sin la intervención del campesino. Este grupo de plantas o hierbas son
silvestres y se comen las hojas, los brotes o retoños y los tallos. Pueden
ser chipilín, hierba santa, verdolaga, flor de chichón y flor del palmito;
todo este alimento se aprovecha en los meses de julio, agosto y septiem-
bre. Históricamente son parte de los alimentos ancestrales y especies
tradicionales en el territorio «chimbombo».
Otros cultivos importantes que se asocian a la milpa son la yuca,
el camote, el chile, el chayote, los plátanos y una gran variedad de plan-
tas medicinales. Así, toda esta diversidad de alimento permite que las
familias se alimenten durante todo el año hasta que nuevamente se
vuelva a sembrar.

Relevo generacional

Comenta Lucas Gómez Hernández que las nuevas generaciones ya no


quieren aprender sobre la costumbre y tradición de la milpa, quieren
estar en la comodidad sin involucrarse en las actividades del campo.
Nosotros como campesinos ya canosos estamos en la mejor disposi-

212 Milpa Corazón


ción de platicar con los jóvenes para transmitirles el conocimiento que
nuestros abuelos nos heredaron.
Tenemos que trabajar duro en enseñar este conocimiento, pues
su permanencia se encuentra en las manos de las nuevas generaciones
campesinas. También cabe aclarar que esto no solo depende de estos
actores, la responsabilidad de conservar y preservar las semillas nativas
de la milpa es de todos los sectores que se involucran en las actividades
de la agricultura tradicional: gobierno, empresas privadas, organizacio-
nes civiles, universidades, investigadores, estudiantes y la población en
general que esté interesada en el rescate de nuestra cultura mexicana.
Ahora tenemos la oportunidad, como jóvenes, de demostrar nuestras
habilidades y destrezas para que nuestras voces sean escuchadas en
todos los ámbitos de la sociedad.
Pienso que es nuestro trabajo construir un mundo mejor para las
generaciones futuras, fomentar una cultura digna con valores éticos y
de respeto a la naturaleza y a los seres vivos que habitamos este planeta.
Nos hacen falta muchas tradiciones para sanar las heridas de los pueblos
que en muchos momentos de la historia hemos lastimado. Nos hace
falta conocer mucho más de lo que somos. Lamentablemente, la situa-
ción en la que vivimos no cambiará con rezos ni oraciones, cambiará
cuando nos quitemos el miedo y reconozcamos muy bien nuestras
voces y raíces y las extendamos hacia el cielo azul y en lo profundo de
la tierra.

Milpa chimbomba de Cintalapa 213


Palabras finales

La milpa chimbomba es la base primordial de un patrimonio biocultural


que se manifiesta en las mesas campesinas, es el rescate de la cultura,
la tradición y la costumbre para seguir fomentado las acciones que nos
lleven a la determinación de una estrategia digna para los campesinos,
ellos son los expertos del sistema milpa en todos los sentidos de la
palabra.
Entonces, por un lado, existe la gran diversidad de especies que
simbolizan la autosuficiencia alimentaria de la población rural y urba-
nizada, y por otro, existe la tradición ancestral que emerge desde lo
más profundo del canto alegre de nuestro corazón y de la relación que
existe entre el ser humano y naturaleza.
El papel de las milpas en la vida de las familias campesinas es la
herencia fundamental de los abuelos, abuelas, madres y padres, es la
herencia de la cultura de los saberes de la tierra, la lluvia, el viento, la
luna, los animales y las semillas nativas que históricamente han perte-
necido a los pueblos. Es vital seguir manteniendo el sistema milpa en
las comunidades rurales, por la cultura e identidad del territorio, que
se escuchen las voces populares de los conocedores de la milpa.
La milpa chimbomba se practica en armonía con el entorno, con
la cultura del cuidado de la naturaleza porque es el sustento de los
alimentos diarios.
Cuidar y conectar la mente y el corazón con la cosmovisión del
medio ambiente de la milpa crea magia y se hace posible que surja la
joya de la biodiversidad que es la milpa.

214 Milpa Corazón


KJO’N MAM DE MOTOZINTLA

Ervin Pérez Arriaga

La milpa es vida, trabajo, esfuerzo, cultura, respeto, diversidad...


Vida porque es el sustento de mi familia y mi comunidad, vida
de la diversidad porque durante el proceso de siembra muchas
especies encuentran hogar y alimento en ella.
¡La milpa es vida!

215
Nací el 10 de octubre del año 1993, en la ciudad de Motozintla de
Mendoza, Chiapas. Soy hijo de agricultores, personas dedicadas al
campo. Soy el primer hijo de tres hermanos y siempre me he consi-
derado como un ejemplo para ellos, por lo que trato de enseñarles lo
más que puedo y de hacer que valoren y respeten las formas de vida y
cultura de nuestras raíces, de nuestros padres. Es por esto que uno de
mis mayores miedos es que mis padres falten algún día; no me veo sin
ellos, ya que siempre me han acompañado con sus enseñanzas y valores.
Hice una licenciatura en Enfermería y también una carrera técnica
en Informática, domino tres idiomas: inglés, italiano y portugués.
Me considero una persona con valores, me gusta ser sociable y
apasionado por la vida, amo cada actividad que realizo, y destaco como
una de ellas la agricultura. Desde muy pequeño me dediqué a esta activi-
dad y, al igual que mis padres, hemos trabajado como nuestros ancestros
en el cuidado y preservación de las tierras. Mi interés por trabajar en
el cuidado del maíz es muy profundo, ya que por las historias que me
han compartido, es una planta llena de vida que ha logrado mantener
a muchas personas a lo largo de los tiempos, me gusta mucho cuidar-
lo, además de coleccionar sus diferentes variedades para poder captar
cómo es su desarrollo y adaptación a los cambios sociales, económicos
y climáticos.
Una de mis mayores metas en la vida es llevar una forma de vida
sencilla sin dañar las tierras, esto me hace sentir como una persona feliz
y plena; por esto mismo me gusta conocer nuevas culturas, viajar mucho,
siempre que tengo la oportunidad lo hago y principalmente trato de
aprender de cada una de ellas, también admirar su naturaleza, contem-

216 Milpa Corazón


plarla y pensar cómo podemos conservarla. Por eso me encanta la forma
de vida del campo, disfrutar la naturaleza y poder vivir sin miedos.
Comencé a escribir sobre la milpa porque sé que es un alimento
muy importante y sagrado dentro de la cultura mexicana y porque,
junto con la red «Guardianes del maíz», hemos pensado rescatar y
revalorar todas las actividades que se hicieron tiempo atrás en las
diferentes regiones del estado de Chiapas. También porque quiero
conocer cómo se trabaja en otras entidades para darles el sentido y
respeto que merecen, esperando que todo esto nos lleve a crear más
conciencia sobre el cuidado de este sistema de cultivo y por supuesto
de nuestro planeta.

Mi comunidad

El ejido Justo Sierra es un pueblo ubicado en las serranías del municipio


de Motozintla de Mendoza, Chiapas. Lo compone un grupo de 250
familias, lo cual lo hace único, pues es uno de los más poblados. Aún
existe el respeto y es multicultural. Somos muy afortunados porque
contamos con muchos afluentes de agua, con pantanos, arroyos y tene-
mos la gran labor de surtir de agua a la cabecera municipal Motozintla.
Contamos con calles pavimentadas, luz, agua, internet y taxis. Las
personas son respetuosas y se ayudan mutuamente en todo; siempre
hay una actitud positiva ante las situaciones inesperadas, todos cola-
boran haciendo las cosas más fáciles.

Kjo´n mam de Motozintla 217


Mi comunidad, Justo Sierra, Motozintla de Mendoza. Foto: Ervin Pérez Arriaga

El ejido se encuentra ubicado en la sierra de Motozintla a 2 000


metros sobre el nivel del mar y está a 18 kilómetros de la cabecera
municipal. Tenemos un clima templado con lluvias durante seis meses,
a partir de la temporada de verano; debido a la altura, la neblina se hace
presente la mayor parte del año, en las mañanas y tardes, haciendo que
el día sea muy cálido.
Contamos con una gran diversidad tanto en flora como en fauna
debido a que se conserva gran parte del ecosistema, además hemos
trabajado mucho para recuperar más áreas protegidas y contribuir al
cuidado del medio ambiente. Contamos con vegetación y árboles con
un largo periodo de vida, los cuales se convierten en un buen escondite
y fuente de alimentos para muchos animales. Tenemos pinos, cedros,

218 Milpa Corazón


robles, alisos, encinos, entre otras especies… y en cuanto a animales, aún
se aprecian venados, mapaches, ardillas, tlacuaches, armadillos, conejos,
búhos, serpientes, y aves como cuervos, tucanes, palomas, entre otras.

¿Cómo se fundó mi comunidad?

Roberto Pérez Morales me platicó que el ejido se fundó debido a la


migración de un grupo de familias que tuvieron que salir de Guatemala
por las circunstancias gravísimas que se tenían por el conflicto inter-
no. La guerrilla llevaba a cabo matanzas de personas como venganza
y muchas familias, con el afán de protegerse, decidieron huir, aun sin
hablar el español y sabiendo que no iban a regresar más.
Saliendo de su país no sabían a dónde ir y se fueron quedando
en pequeñas montañas que encontraban en su trayecto. Temerosos de
que alguien diera con su ubicación prefirieron estar protegidos en estas
tierras y quedarse ahí. Fue transcurriendo el tiempo y al ver que nadie
los molestaba comenzaron a establecerse formando así sus propias
comunidades.
Sus primeras casas fueron construidas con ramas y troncos que
encontraron en el lugar, algunos otros se quedaron en cuevas para
protegerse de las lluvias porque en ese tiempo, debido a la gran vege-
tación, se daban la mayor parte del año.
Poco a poco fueron creando sus propias construcciones con barro,
llamado bareque en su idioma mam. Primero sembraban pequeños
pilares llamados horcones los cuales servían para montar la estructura,

Kjo´n mam de Motozintla 219


Las casas eran construidas con materiales que tenían a su alrededor.
Foto: Ervin Pérez Arriaga

una vez hecho esto, y por no tener materiales, inventaron alternativas


y utilizaron los recursos naturales con los que contaban, en este caso
el barro.
Los techos los hicieron con pajón, es una planta que tiende a
crecer en barrancas y zonas arcillosas, por lo que es muy resistente
al agua y puede escurrirla sin que filtre. Se hacían pequeños manojos,
trenzándola con bejucos e hilos extraídos del maguey de la zona. Una
vez creado el techo se tejían baretas verticales con una distancia de 10
centímetros entre una y otra; creada esta estructura, se embarraban de
tierra preparada con arcilla y pajón para mejorar el amarre. Así fueron
poblando su pequeña comunidad.

220 Milpa Corazón


¿Cómo surge el nombre de la comunidad?

Una vez asentado el grupo de tres familias, comenzaron a crecer sus


miembros. Con el tiempo fueron explorando el lugar y se dice que se
unieron con otro grupo cercano, con lo cual aumentó más la población.
El nombre que se le dio a la comunidad fue Concepción Tocanaque, el
primer nombre en honor a una de las dueñas del lugar, que decidió
establecerse ahí por la belleza del paisaje, el segundo es mam, pero se
desconoce su significado. Esto me lo narró Arsenio Pérez Arriaga.
Fue transcurriendo el tiempo y se iban poblando más y más, la
comunidad fue creciendo y comenzaron a cultivar sus propios alimen-
tos. Como ya había muchos pobladores, el grupo se fue separando por
familias y comenzaron a marcar sus territorios, fue así como se realizó la
repartición de tierras, marcando los límites con otros grupos cercanos.
Con esta división empezaron a darse los primeros propietarios. Final-
mente se establecieron doce familias en el territorio ya como mexicanos.
Tras el paso del tiempo la comunidad quedó dividida en dos
grupos, y debido a la distribución de tierras y la distancia que los sepa-
raba, decidieron volverlas a nombrar, el primer grupo quedó con el
nombre de Concepción, fue el que abarcó más tierras; al segundo, que
para ese entonces ya contaba con educación y manejaba el idioma espa-
ñol, decidieron llamarlo Justo Sierra, nombre de un profesor y luchador
social, gracias a él tuvieron el honor de implementar la segunda escuela
de la zona; a ésta llegaban niños y niñas que viajaban hasta ahí para
poder educarse… caminaban hasta 15 kilómetros.

Kjo´n mam de Motozintla 221


¿Qué cultivaban y cómo se alimentaban?

Amadeo Pérez Morales me compartió que, desde que los primeros


pobladores llegaron a la comunidad, comenzaron a buscar formas de
subsistencia. La vida al principio fue complicada, se alimentaban de
quelites, raíces y tubérculos que crecían en la zona, además tenían que
cazar aves y algunos mamíferos para lograr un poco más de alimento.
Después, como ellos tenían muchos conocimientos sobre las plantas
comestibles de la región, y que hasta el día de hoy se siguen consu-
miendo, pues son muy nutritivas, comenzaron con pequeños cultivos.
Una de las plantas representativas de la zona es el berro, que posee una
gran cantidad de hierro y es fuente de alimento de sus pobladores, éste
crece solo en los afluentes del río y pantanos, no necesita de cuidados
y se produce todo el año.
El berro y los alcatraces son plantas endémicas de la comunidad,
fueron plantas silvestres que con el paso del tiempo se domesticaron
hasta formar parte de la economía de la comunidad; debido a la zona
pantanosa y a la gran cantidad de agua, éstas crecen por sí solas.
Estas plantas ahora forman parte de la economía de los poblado-
res, al igual que algunos otros granos básicos como el maíz, planta sagra-
da para los pobladores desde los tiempos anteriores. Fue traída por ellos
y se fue cultivando año con año; cabe mencionar que al principio costó
mucho trabajo que se diera, y en los tiempos en que la subsistencia era
muy precaria pasaron muchos trabajos, le tenían que dar un cuidado
especial y su rendimiento era mínimo, aun así, siguieron cultivándola y

222 Milpa Corazón


nunca faltó el respeto hacia ella pues sabían que era sagrada; se narraban
varias leyendas, una de ellas decía que el maíz tenía vida propia.
Se tienen datos de que la milpa tardaba once meses en producir
por el tipo de clima, pero como es un grano sagrado, comprendió, y
comprende, que es parte fundamental de la alimentación de sus pobla-
dores, y aunque su proceso fuera tan largo y que la mayor parte del
trabajo se le dedica a ella, poco a poco permitió ser domesticada. Desde
los años anteriores no se le aplicaban químicos y se trabajaba de forma
manual aplicándole fertilizantes orgánicos, como composta y estiércol
de borrego, se cuidaba con azadón y se le hacía una pequeña limpia,
de 50 centímetros de diámetro, llamada cajete; con el azadón raspa-
ban la tierra y quitaban la maleza para después incorporarle materia
orgánica, esto tenía como resultado una producción de 200 kilos de
maíz por hectárea.
Otro grano básico es el frijol, este se siembra junto al maíz y su
producción también al principio fue lenta y con poco rendimiento,
pero poco a poco también fue aclimatándose. La papa igualmente fue
cultivada como parte de la alimentación, se sembraba en extensiones
grandes intercalándola con los quelites que crecían muy rápido por el
tipo de barbecho que se hacía.
Así se alimentaban las personas fundadoras de las comunidades,
y aún se conservan algunas semillas criollas de esas primeras plantas.

Kjo´n mam de Motozintla 223


La kjo´n (milpa)

En los primeros años, como ya comenté, la forma de vida fue complica-


da, así que los pobladores optaron por crear algunas fuentes de ingre-
so, además de lo obtenido por la milpa, con la finalidad de tener más
recursos para su manutención. Así encontraron que una forma fácil
de conseguir más alimentos era gracias al trueque, éste consiste en
intercambiar los productos que cultivaban con los vecinos y amigos y
así poder variar su alimentación.
Cocinaban todos estos productos con sus recetas tradicionales
y utilizaban recipientes de barro hechos por ellos mismos. Esto me lo
platicó Alberto Verdugo Ortiz.
Así la milpa desde entonces ha sido el modo fundamental de
alimentación de las familias de la región.

¿Cómo es la milpa en mi comunidad?

La milpa en la comunidad es la principal fuente de alimentos, es decir,


todos cultivan maíz. Es un trabajo que involucra a todos dentro de la
familia y requiere muchos cuidados… durante seis meses cada grupo
dedica todas sus atenciones para obtener una buena cosecha. Con el
maíz que se recolecta se hace pozol de masa, atol de elote, tamalitos
de elote, elotes asados y sus tortillas.

224 Milpa Corazón


¿Qué plantas la integran?

La milpa de la región de motozintla es un policultivo, ya que dentro


de ella crecen chilacayote, frijoles, habas y en ocasiones repollos. Esto
diversifica la alimentación pues se aprovechan todos los cultivos.

¿Cuál es su ciclo de siembra en el año?

Debido al clima solo tenemos un ciclo, el cual dura de 6 a 8 meses,


dependiendo del tipo de semilla. Solo la cuarta parte de la siembra se
mantiene con riegos. Se cultiva durante el verano aprovechando las
lluvias y en cinco meses aproximadamente ya está la producción. Si la
temperatura se eleva, la siembra se da más rápido y muy bien.

¿Cuál es su importancia en la región?

La importancia de cultivar la milpa en la región es muy grande, ya que,


como mencioné, es la fuente principal de los alimentos. Con este grano
cada familia cultiva y cosecha el maíz, con el fin de proveerse durante
todo el año, para no tener que comprar, y reducir el gasto en comida.
Es por ello que sembrarla es la prioridad central dentro de cada fami-
lia. Mis abuelos dicen esta frase: «puede faltarte todo menos el maíz»,
quieren decir que puedes sustituir todos los demás alimentos con otros,

Kjo´n mam de Motozintla 225


Milpa en Motozintla. Siembra de maíz panchito () y amarillo (). Foto: Ervin Pérez Arriaga

pero el maíz nunca… si no hay maíz no se hacen tortillas, ni atoles, ni


tamales, no pueden alimentar a sus animales.

Aspectos sagrados rituales alrededor de la milpa

Hoy en día se han perdido todos los rituales y aspectos sagrados que
hacían nuestros ancestros, pero se platica que nuestros antepasados,
antes de sembrar y durante la cosecha, realizaban muchos rituales,
poniendo al centro de todo el maíz. Para ellos era el alimento sagrado
que proveía de toda la energía y vida a las personas, para que pudieran
hacer todas sus actividades.

226 Milpa Corazón


Me cuentan que antes de sembrar el maíz se le pedía permiso a
la sagrada tierra, haciendo pequeñas ofrendas y sacrificando gallinas u
ovejas. También se le ponían regalos, como frutas, flores y aguardiente.
Después, al terminar la cosecha, se acostumbraba a entrojar el maíz, es
decir, se guardaba en una pequeña casa construida especialmente para
él. Durante la ceremonia de entrojado, toda la comunidad, sin que se
lo pidieran, acudía a ayudar para limpiar y acomodar el maíz de una
forma especial: primero las semillas, luego el maíz para consumo y al
final los maíces que estaban por podrirse o tenían hongos y que por
supuesto se tenían que consumir primero. Durante esta ceremonia el
cosechador ofrecía a todos sus ayudantes comida y bebida, sacrificaban
ovejas, pollos y bebían mezcal.

¿Cómo interviene la comunidad en la milpa?

Hoy en día se han perdido todas las tradiciones y costumbres comunales


en torno al maíz, ya cada persona cultiva y cosecha su parcela como
puede, ya no existe la ayuda mutua, mucho menos se hacen rituales, ya
no se entroja, ahora se desgrana y se guarda en recipientes… debido a
la «tecnología» se han perdido todas las tradiciones.

Kjo´n mam de Motozintla 227


¿Cuál es el papel de la mujer y de los
jóvenes en el cultivo de la milpa?
La mujer tiene un rol muy importante dentro del cultivo de maíz, ya
que, aunque muchas veces no está directamente en el campo, ella es
la que transforma el maíz en comida y provee de alimentos a los traba-
jadores y familiares que están en la siembra. Es la que se despierta más
temprano para empezar las faenas y poder avanzar durante el día, solo
5% de ellas va a apoyar en la siembra, la fertilización y cosecha del maíz.
A los jóvenes se les inculca desde pequeños esta actividad, pues
hay la certeza de que tienen que aprender todo el proceso del cultivo
del maíz. Por un lado, porque tienen que ayudar para reducir la nece-
sidad de contratar mano de obra externa, por otro, es vital que todos
aprendamos esta noble actividad, porque es el seguro de vida para las
futuras generaciones y, además, en la región, hoy en día, se han apren-
dido muchas técnicas que van ayudando a mejorar la producción, es
necesario que todas y todos las sepamos manejar.

Los ancianos ¿qué piensan ahora sobre la milpa?

Ellos son muy críticos, hacen mención sobre los muchos cambios que
han surgido por el avance de la tecnología, algunos para bien y otros no,
ya que han terminado con muchas de las tradiciones sobre el cuidado
de la tierra. Por ejemplo, antes se llevaba más tiempo en cultivar el maíz
pues no existían los fertilizantes ni fungicidas, lo que hacían era crear

228 Milpa Corazón


compostas y fertilizar con abonos orgánicos provenientes de las heces
de algunos animales…
Ellos me comentan que se le ha perdido el respeto a la tierra y
a su vida, aseguran que nos están matando con el uso de químicos, a
diferencia de cuando se cultivaban los alimentos de forma natural.
Otro aspecto importante para ellos es prevenir la pérdida de la
ayuda mutua ahora cada quien se preocupa solo por sus necesidades.
Hoy en día se les hace difícil ayudar a los demás y cada quien come y
cosecha como puede, se están perdiendo las tradiciones y la cultura.
Por otro lado, una cosa que miran como benéfica es que, antes,
por el trabajo duro y sin fertilizantes se cosechaba muy poco y muchas
veces se perdían los cultivos, hoy en día, con el uso de fertilizantes, se
cultiva el triple y no hay tantas pérdidas, además de que facilitan mucho
los trabajos en el campo.

Reflexión final

Como parte de todo este proceso, entre conocer y encontrarme con mi


cultura, surge una conexión profunda con mis emociones ya que me
he encontrado con vidas llenas de sentimientos, sufrimiento y alegría.
Cuando hablábamos de los temas que cada uno vivió en su tiempo
y de todo lo que fueron encontrando en su camino, me di cuenta de
que gracias a ellos ahora estamos creando una nueva historia, estamos
en la posibilidad de llevar una vida muy plena, una vida que nuestros
antepasados nunca se imaginaron que podía pasar.

Kjo´n mam de Motozintla 229


Escribir un libro y plasmar cada una de las ideas, escenas y formas
de vida de nosotros y de nuestra comunidad no es nada fácil, pero poco
a poco lo he logrado gracias al encuentro de la Red de Guardianes del
Maíz.
Es la primera vez que formo parte de un grupo con esta visión y
hambre de rescatar la cosmovisión de que la vida está conectada con
el universo, con la madre tierra. Sé que me encontré con las personas
indicadas para construir y caminar nuevos horizontes, nuevas alterna-
tivas, nuevas vidas. Confío en que esto nos llevará a lograr las grandes
metas que nos hemos puesto, me siento feliz y afortunado de convivir
con cada uno de ellos y ellas, y de sentir las ganas que tienen de seguir
descubriendo sobre cada una de las culturas de las que venimos y que
nos unen y representan.
Quiero mostrar y valorar el esfuerzo que mis abuelos hicieron para
que yo pudiera llegar hasta donde ahora estoy, me siento con mucha
paz y armonía para seguir con su trabajo y legado. Por todo esto, gracias.

230 Milpa Corazón


MILPA CORAZÓN
Las milpas de los Guardianes
E     de siete voces de jóvenes de comu-
nidades indígenas de Chiapas, cuyos padres, madres, abuelas y
abuelos han hecho un esfuerzo muy grande por continuar el
cultivo de la milpa y conservar sus semillas. A lo largo de esta
publicación, sus autores narran lo que han representado la
milpa y el maíz para ellas y ellos. Coinciden en que la milpa ha
sido el centro de sus vidas, les alimenta todo el año, es el vínculo
sagrado que tienen con la madre tierra, une a las familias y a las
comunidades. Quienes aquí escriben forman parte de la Red
de Guardianes del Maíz y la Biodiversidad () y tejen
voces de colores de los pueblos tseltal, tojolabal, zoque, mam,
chimbombo y la región frailesca.

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