-Soler, C, (2007) ¿Qué se espera del psicoanálisis y del psicoanalista?
Editorial Letra Viva, Argentina.
-Soler, C, (2008), Lo que Lacan dijo de las mujeres, editorial Paidos, Argentina.
-Tudanca, L. (2006), De lo político a lo impolítico, Grama ediciones, Argentina.
-Tarrab, M.,(2008), Un lazo social inédito:
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segunda-parte.
-Tudanca, L. (2006), De lo político a lo impolítico, Grama ediciones, Argentina.
-Ventura,O.,(2011),Sin nostalgia, http://www.elp-sedemadrid.org/textos/novedades
-Varios autores, 1993, "Cómo se analiza hoy?, Editorial Manantial, Bs. As p.116
- Zizek, S., El acoso de las fantasías, Siglo veintiuno editores, 1999, Méjico.
EL SECRETO DEL ANÁLISIS
Diana Lozano
RESUMEN
El presente trabajo se abocara a estudiar la trasnferencia como fenómeno y la
operación del analista en esta, ya que la dirección de la cura se hace en transferencia.
Freud se fue encontrando en su experiencia clínica con la transferencia como una
herramienta de la cura para determinar desde donde es demandado y escuchado el
analista, desde donde es incluido en el conflicto neurótico. Al principio, se le atribuye a
Freud operar desde un lugar de amo que paulatinamente revela el surgimiento del
deseo del analista, noción que tendra que esperar a Lacan para su conceptualización.
Así, Freud concibo a la transferencia como repetición, resistencia y motor de la cura,
contraindicando se intervenga por la vertiente sugestiva que también esta presente en
la transferencia.Posteriormente, se necesitara del retorno de Lacan a la obra freudiana
para que esta orientación sea nuevamente interrogada y el concepto de transferencia
recupere su estatuto original.
Lacan sitúa la transferencia al nivel de la estrategia ya que todo acto del analista tiene
efecto por la posición que éste ocupa como lugar simbólico, es decir, en dependencia
con el fantasma del analizante. Entonces, el analista dirige la cura, operando desde el
lugar que ocupa, pero no al paciente. Dirigir la cura supone aplicar la regla
fundamental de libre asociación, aunque ésta no lo es tanto ya que esta sujeta al
deseo del analista. Así, el lugar que ocupe el analista como soporte de la transferencia
esta fundado en el deseo del analista, es decir, en su ética.
Es objetivo de esta propuesta determinar cual es la ética y, por ende, el deseo desde
el cual opera el analista en la cura, en tanto nos permitira delimitar la dirección que
tomara ésta y los posibles destinos de un sujeto intervenido, en un dispositivo donde la
transferencia y el uso que de ella se hace, constituye una pieza clave.
Para esto se establecera una distinción entre dos tipos de respuesta posibles a la
demanda de análisis de un sujeto:
- Algunos posfreudianos que afirmaron que el yo se encuentra debilitado por el
conflicto y el analista debe acudir en auxilio de este yo, por lo tanto la acción debe
orientarse hacia la realización de una reeducación emocional, lo que implicaría
atribuirse, el propio terapeuta, un saber sobre lo que es mejor para el otro. El terapeuta
resultaría funcional con la ética que rige el malestar en la cultura, conduciendo al
malestar del deseo a través de su renuncia.
- Por otro lado, Lacan que articulando la vertiente simbólica de la cadena significante
con el goce del objeto a través del amor de transferencia posibilitara al analista operar
sobre lo real a través de lo simbólico.De este modo, el analista opera desde el lugar
que le da la transferencia del analizante, estando sostenida su presencia por el Otro
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simbólico del paciente. Como agalma puede captar el deseo del sujeto prestándose
para cumplir esta función, sabiendo que enmascara el objeto que esta en causa para
el analizante. Si esta operando el deseo del analista, el analizante podra localizar su
deseo a partir de la falta de su signo en el Otro. En este caso, la ética en juego es una
ética del deseo: el psicoanálisis se orienta del malestar al saber hacer con el síntoma,
pasando por el deseo.
Concluyendo, estas dos respuestas conducen hacia destinos con efectos
contrapuestos en la vida de un sujeto. Ambas derivaron de la lectura de la obra
freudiana: una que perdió el sentido de su descubrimiento, otra que lo retomo.
Entonces, la distinción radical que realiza el psicoanálisis entre el Otro del significante
y el objeto a, obstaculiza toda posibilidad de asentar el dispositivo analítico en una
comunicación interpersonal. La identificación que favorece toda comunicación
interpersonal es desalentada por el deseo del analista como función que empuja a la
posición deseante, al más allá del amor de transferencia, donde el analista ofrece su
presencia para que el objeto a adquiera su posición de semblante y reconduzca a la
pulsión, posibilitando que el analizante pueda encontrarse con sus puntos de goce y
hacer de ellos otra cosa que le implique menos sufrimiento. Que el analizante pueda
encontrarse con que la falta es estructural e inherente a todo sujeto del lenguaje.
PALABRAS CLAVE: transferencia - contratransferencia - deseo del analísta - ética
El presente trabajo se abocara a estudiar la trasnferencia como fenómeno y la
operación del analista en esta, ya que la dirección de la cura se hace en transferencia.
Freud se fue encontrando en su experiencia clínica con la transferencia como una
herramienta de la cura para determinar desde donde es demandado y escuchado el
analista, desde donde es incluido en el conflicto neurótico. Al principio, se le atribuye a
Freud operar desde un lugar de amo que paulatinamente revela el surgimiento del
deseo del analista, noción que tendra que esperar a Lacan para su conceptualización.
Así, Freud concibo a la transferencia como repetición, resistencia y motor de la cura,
contraindicando se intervenga por la vertiente sugestiva que también esta presente en
la transferencia.Posteriormente, se necesitara del retorno de Lacan a la obra freudiana
para que esta orientación sea nuevamente interrogada y el concepto de transferencia
recupere su estatuto original.
Lacan sitúa la transferencia al nivel de la estrategia ya que todo acto del analista tiene
efecto por la posición que éste ocupa como lugar simbólico, es decir, en dependencia
con el fantasma del analizante. Entonces, el analista dirige la cura, operando desde el
lugar que ocupa, pero no al paciente. Dirigir la cura supone aplicar la regla
fundamental de libre asociación, aunque ésta no lo es tanto ya que esta sujeta al
deseo del analista. Así, el lugar que ocupe el analista como soporte de la transferencia
esta fundado en el deseo del analista, es decir, en su ética.
Es objetivo de esta propuesta determinar cual es la ética y, por ende, el deseo desde
el cual opera el analista en la cura,en tanto nos permitira delimitar la dirección que
tomara ésta y los posibles destinos de un sujeto intervenido, en un dispositivo donde la
transferencia y el uso que de ella se hace, constituye una pieza clave.
Para esto se establecera una distinción entre dos tipos de respuesta posibles a la
demanda de análisis de un sujeto:
- Algunos posfreudianos que afirmaron que el yo se encuentra debilitado por el
conflicto y el analista debe acudir en auxilio de este yo, por lo tanto la acción debe
orientarse hacia la realización de una reeducación emocional, lo que implicaría
atribuirse, el propio terapeuta, un saber sobre lo que es mejor para el otro. El terapeuta
resultaría funcional con la ética que rige el malestar en la cultura, conduciendo al
malestar del deseo a través de su renuncia.
- Por otro lado, Lacan que articulando la vertiente simbólica de la cadena significante
con el goce del objeto a través del amor de transferencia posibilitara al analista operar
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sobre lo real a través de lo simbólico.De este modo, el analista opera desde el lugar
que le da la transferencia del analizante, estando sostenida su presencia por el Otro
simbólico del paciente. Como agalma puede captar el deseo del sujeto prestándose
para cumplir esta función, sabiendo que enmascara el objeto que esta en causa para
el analizante. Si esta operando el deseo del analista, el analizante podra localizar su
deseo a partir de la falta de su signo en el Otro. En este caso, la ética en juego es una
ética del deseo: el psicoanálisis se orienta del malestar al saber hacer con el síntoma,
pasando por el deseo.
Concluyendo, estas dos respuestas conducen hacia destinos con efectos
contrapuestos en la vida de un sujeto. Ambas derivaron de la lectura de la obra
freudiana: una que perdió el sentido de su descubrimiento, otra que lo retomo.
Entonces, la distinción radical que realiza el psicoanálisis entre el Otro del significante
y el objeto a, obstaculiza toda posibilidad de asentar el dispositivo analítico en una
comunicación interpersonal. La identificación que favorece toda comunicación
interpersonal es desalentada por el deseo del analista como función que empuja a la
posición deseante, al más allá del amor de transferencia, donde el analista ofrece su
presencia para que el objeto a adquiera su posición de semblante y reconduzca a la
pulsión, posibilitando que el analizante pueda encontrarse con sus puntos de goce y
hacer de ellos otra cosa que le implique menos sufrimiento. Que el analizante pueda
encontrarse con que la falta es estructural e inherente a todo sujeto del lenguaje.
Acerca de la transferencia
La transferencia no necesito del psicoanálisis para existir. Como fenómeno propio del
sujeto, se produce en cualquier ámbito humano ya que es producto de la capacidad de
desplazamiento libidinal en todos los hombres. Como concepto, requiria del
psicoanálisis para el uso y la conceptualización del fenómeno, ya que la cura se hace
en transferencia.
Freud se fue encontrando en su experiencia clínica con la transferencia como una
herramienta de la cura para determinar desde donde es demandado y escuchado el
analista, desde donde es incluido en el conflicto neurótico. Al principio, siguiendo a
Sergé Cottet en "Freud y el deseo de psicoanalista" (1985)1 , se le atribuye a Freud
operar desde un lugar de amo que paulatinamente revela el surgimiento del deseo del
analista, noción que tendra que esperar a Lacan para su conceptualización. Al
respecto Cottet dira:
"Nada indica, en su obra, que Freud deseara ocupar el lugar de un objeto en sus
análisis. Ese es, sin embargo, el punto de referencia obligado para poder situar su
acto"2
Así, Freud concibo a la transferencia como repetición, resistencia y motor de la cura:
-En "Recordar, repetir y reelaborar" (1914) la repetición constituye un modo de
recordar, produciéndose en acto aquello que se olvido. La transferencia como
repetición, si bien por un lado resulta un obstáculo a la rememoración, un punto de
detención en la cadena asociativa, por otro constituye un medio de elaboración de lo
traumático, es decir, un medio para ligar la energía libre del trauma. A partir de 1920,
con "Más allá del principio del placer" (1920), la repetición en la transferencia se
explica en vinculacón con la compulsión de repetición encadenada a la pulsión de
muerte, donde la repetición es impulsada por una satisfacción que resulta paradojal en
relación con el sufrimiento que ocasiona.
-La transferencia como resistencia se manifiesta en tanto constituye un impedimento a
traer el conflicto a la cura para que sea actual e intervenir sobre eso que retorna. En
"Puntualizaciones sobre el amor de transferencia" (1915 [1914]) la transferencia de
amor se erige como un obstáculo a la emergencia del saber sobre la verdad del sujeto.
-En el Caso Dora entiende a la misma como motor de la cura ya que permite ligar
libidinalmente y relanzar el proceso analítico en los momentos de estancamiento,
posibilitando acceder al material reprimido.
Sabiendo Freud la dirección que toma la cura en caso de que el analista intervenga
por la vertiente sugestiva que produce la transferencia, habiendo experimentado con
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Dora las consecuencias, la contraindica. Posteriormente, se necesitara del retorno de
Lacan a la obra freudiana para que esta orientación sea nuevamente interrogada y el
concepto de transferencia recupere su estatuto original
Lacan en "La dirección de la cura y los principios de su poder" (1958) sitúa la
transferencia al nivel de la estrategia ya que todo acto del analista tiene efecto por la
posición que éste ocupa como lugar simbólico, es decir, en dependencia con el
fantasma del analizante. Sus palabras son escuchadas por el analizante como
provenientes del Otro, en tanto el analista se revele como falta en ser y, de este modo,
pueda prestarse al juego de la transferencia. Encarnando la figura del muerto, no
responde a la demanda para que el otro le muestre sus cartas, haciendo que el sujeto
ponga en evidencia su deseo como deseo del Otro. Es así que el analista dirige la cura
pero no al paciente. Dirigir la cura supone aplicar la regla fundamental de libre
asociación, aunque esta no lo es tanto ya que esta sujeta al deseo del analista.
Entonces, al decir de Javier Aramburu en "El deseo del analista" (2000), el deseo del
analista
"...funda como deseo el discurso analítico, es decir, su ética."3
Determinar cual es la ética y, por ende, el deseo que gobierna la posición del analista
en la cura, nos permitirá delimitar la dirección que tomara esta y los posibles destinos
de un sujeto intervenido, en un dispositivo donde la transferencia y el uso que de ella
se hace, constituye una pieza clave.
Dos caminos, dos destinos
Pongámonos en situación: El aspirante a paciente demanda un tratamiento
suponiendo la existencia de un saber sobre aquello que le provoca malestar. Este
saber puede estar puesto en el terapeuta, en la institución donde este atiende, en
algún conocimiento teórico, en un otro que lo recomienda... pero va a estar en juego la
espera de un saber sobre lo que le sucede y otro que lo complete. Sólo el analista, en
su posición inicial de "amante", estará interesado en escuchar todo lo que el paciente
tenga para decir. Pero un movimiento gradual se irá produciendo que lo hará pasar del
lugar de amante al de "amado". Si todo marcha bien, se instalara la transferencia de
amor... Entonces, el analista cuenta inicialmente con la suposición de un saber que
recae sobre su posición y el amor que lo toma por objeto, vía transferencia. Así, el
paciente emprende un tratamiento por una suposición de saber, por una demanda al
Otro. ¿Cuál sera la respuesta que encuentre?
Se pueden delimitar dos respuestas que marcaron el curso que tomaron los
dispositivos analíticos que sucedieron a la enseñanza de Freud:
- Algunos posfreudianos adoptaron lo enunciado por Freud en "Análisis terminable e
interminable" (1937) donde afirma que el yo se encuentra debilitado por el conflicto
que lo envuelve y el analista debe acudir en auxilio de este yo, por lo tanto la acción
debe orientarse hacia la realización de una reeducación emocional, lo que implicaría
atribuirse, el propio terapeuta, un saber sobre lo que es mejor para el otro. De este
modo, intervendría como amo, en el lugar de S1, propiciando una identificación
imaginaria que promete completar la falta y, por ende, desconocerla, obturando toda
pregunta sobre el deseo... y no solo del paciente. La práctica pasa a ser sugestiva, ya
que, toda intervención se efectúa en el plano de la contratransferencia (de yo a yo) y
aquel ideal que encarna el terapeuta "por el bien del paciente", o sea, desde su
fantasma. El analista, como muleta del yo enfermo, contrae una alianza con la parte
sana del yo del paciente para que éste recupere un sector sustraído a su dominio.
El deseo de ser tomado por el analista no hace más que sugestionar. Los analistas
"Más preocupados pues en su ser que en la verdad de cada análisis, se encandilan en
lo que debería ser nada más que apariencia y se ensordecen con su demanda de
reconocimiento."4
Así el ser del analista opera como elemento sugestivo en la transferencia, pues su
demanda de ser completa imaginariamente la demanda del paciente. Si el analista se
aferra a su ser, es decir a su narcisismo, la demanda del analista sugestiona
obturando de este modo la demanda del paciente.
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En esta vertiente posfreudiana, la ética en juego sería la de estar bien en el mal. En
concordancia con la ética kantiana, que se asienta como "La ética", éste dispositivo se
rige por el postulado del Deber Ser como un imperativo categórico. El terapeuta, desde
el lugar de amo, resultaría funcional con la ética que rige el malestar en la cultura,
conduciendo al malestar del deseo a través de su renuncia, ya que la pulsión no
detiene su empuje. Encauzar al sujeto hacia el abandono de su deseo puede implicar
arrastrar la renunciar al goce a favor de las satisfacciones sustitutivas: arte,
estupefacientes, religión...promesas de una vida soportable en la boca de la cura.
Entonces, el paciente que demando padeciendo al síntoma ahora padece la demanda
de su analista.
- En "Función y Campo de la Palabra y del Lenguaje en Psicoanálisis", Lacan
cuestionara la aprehensión que los posfreudianos hicieron de la obra freudiana para
luego, en el Seminario XI, articular en la transferencia la vertiente simbólica de la
cadena significante con el goce del objeto a través del amor de transferencia.
Articulación que posibilita al analista operar sobre lo real a través de lo simbólico. De
este modo, el analista opera desde el lugar que le da la transferencia del analizante,
estando sostenida su presencia por el Otro simbólico del paciente. Como agalma,
como envoltura de una nada, puede captar el deseo del sujeto prestando su cuerpo
para cumplir la función, sabiendo que enmascara el objeto que esta en causa para el
analizante pero advirtiendo que no esta en sus manos develarlo.
Así, la transferencia es la que produce el amor de transferencia. El paciente viene y
ama, procurando hacer ingresar al analista en el engaño del amor, en tanto el amor se
origina a partir de su dependencia con un Otro al que aspira capturar: busca en el otro
lo que le falta, situándose como sujeto de deseo y, al analista, en tanto amado, le
supone eso que le falta. Entonces, la posición del analista implica no responder a la
demanda de amor sino sostenerla y empujar a la división, al saber. ¿Cómo se produce
el viraje para que el analista pase de ser objeto de amor a objeto causa de deseo?
Cuando por no responder a la demanda de amor del analizante, el analista construye
su lugar como enigma, lo que trae por consecuencia que el paciente le suponga un
saber sobre la causa de su padecimiento. El analizante se pregunta que quiere el
analista y el analista se dirige a que el sujeto despliegue la respuesta que encontrá en
el Otro para que ésta caiga. Para que esto se produzca, tiene que estar presente el
deseo del analista, no su deseo personal ni un deseo exterior, sino la función que
conduce a que el analizante pueda localizar su deseo a partir de la falta de su signo en
el Otro, en tanto, el analista se instituye como falta en ser. Según señala Javier
Aramburu:
"...el deseo del analista, a diferencia de la transferencia, que lleva a separar la
demanda de la pulsión, es el que vuelve a traer la pulsión a la demanda."5
Entonces, la transferencia separa la demanda de la pulsión ya que al fundarse por la
vía del amor se consolida como un obstáculo al saber, ligando al paciente al Ideal,
cuando es el saber el que empuja hacia la pulsión. Si el analista responde a la
demanda, separa al sujeto de la pulsión, mientras que si silencia la respuesta a la
demanda ésta es reconducida a la pulsión, porque de lo que se trata en la posición del
analista cuando hace semblante del objeto causa es del objeto pulsional, por lo tanto
la posición del analista lleva a que el decir del sujeto enlace goce, es decir, lo
reconduce a la pulsión. Reconducir a la pulsión quiere decir que el punto de llegada
del síntoma, su origen, hasta lo mas allá que se pueda ir del síntoma, son los puntos
de fijación del goce, es decir, que el analizante se encuentre con eso con lo que goza
y pueda hacer otra cosa distinta a lo que ha hecho, ya que no hay disolución posible
de esos lugares de goce. Entonces, es el silencio del analista sostenido en el deseo
del analista como función, el que vuelve a introducir la pulsión, a través de una
diferenciación absoluta entre el objeto ideal y el objeto de deseo.
Lacan sintetiza la ética analítica con el interrogante: "¿Ha usted actuado en
conformidad con el deseo que lo habita?"6 . Una ética del deseo pero no de un goce
sin límites, ya que se requiere del límite al placer para que el sujeto pueda acceder al
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goce. Ésta ética se sostiene en el estar mal en el bien. El malestar en la cultura es
llevar ese agujero esencial, este malestar al bienestar a través de la renuncia al deseo.
El psicoanálisis aspira llevar este malestar a un saber hacer con el síntoma,
Concluyendo...
La distinción radical que realiza el psicoanálisis entre el Otro del significante y el objeto
a, obstaculiza toda posibilidad de asentar el dispositivo analítico en una comunicación
interpersonal. La identificación que favorece toda comunicación interpersonal es
desalentada por el deseo del analista, ya que el mismo introduce una diferencia
absoluta entre el yo y el objeto a. Deseo del analista entendido no como un concepto
teórico, objetivo u exterior al caso, sino deseo del analista en tanto esta implicado en el
caso, en tanto se produce un encuentro en el que el deseo se impregna de pura
diferencia. El deseo del analista no es el deseo singular de un psicoanalista sino que
constituye una referencia al deseo del Otro. El deseo del Otro, para el analista, es el
deseo del único sujeto presente en un análisis: el analizante. Como función, el deseo
del analista es imprescindible para que el deseo alienado del paciente se despliegue, y
así pueda ser reconducido al develamiento de la causa. Como operador se ensambla
en la incógnita, en el enigma que introduce el silencio sostenido por el analista ante la
demanda del paciente.
Entonces, descartada la identificación imaginaria por función del deseo del analista, el
destino de un análisis es la castración simbólica y ésta se juega atravesando la
transferencia. Al decir de Aramburu en el libro mencionado anteriormente:
"Castración simbólica... quiere decir que uno no es el falo; que el analista es sólo la
ocasión de una transmisión de la falta, que instaura la creencia en la vida."7
El fantasma constituye un intento de cegar con el objeto ese agujero esencial de la
falta en el Otro, frente al cual la acción del analista se asienta en des-consistir este
objeto y, por consecuencia, in-consistir al Otro. Así, el analista opera sobre el objeto
con el que el analizante se da un ser, incitando un desasimiento del mismo que lo
transforme en semblante y ya no en garante del ser, para que desprendiéndose del
objeto el analizante pueda acceder a la falta estructural y constitutiva de todo sujeto.
La destitución subjetiva implica el atravesamiento del fantasma para que se produzca
su caída, lo que se alcanza si el deseo del analista introduce en el lugar de la falta en
el Otro el semblante de a, su des-ser.
Para concluir es pertinente destacar que Freud afirmó las bases del dispositivo en una
ética centrada en la responsabilidad sobre el propio deseo, Lacan las retomo
produciendo una torsión pero los analistas actuales somos responsables de su
porvenir... ¿quién analiza hoy?8
Bibliografía
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Campo Freudiano, 1984. Tercer parte: La Etica Freudiana.
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de un caso de histeria (Dora), 1905-1901.
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-Freud, Sigmund: "Obras Completas" Ed. Amorrortu, tomo XVIII. Más allá del principio
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. . . .. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
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TERCER CONGRESO INTERNACIONAL DE INVESTIGACIÓN de la Facultad de Psicología de la Universidad
Nacional de La Plata
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-Lacan, Jacques:"La ética del psicoanálisis" (1959-1960). Ed. Paidós, 1988, pág. 373.
-Lacan, Jacques: "Los Cuatro Conceptos Fundamentales del Psicoanálisis" (1964) Ed.
Paidós, 1987. Ap. X, XV, XVIII, XIX y XX.
-Lombardi, Gabriel-Mattena, Susana: "Transferencia e interpretación en la dirección de
la cura" Seminario de Posgrado correspondiente a la Especialización en Clínica
Psicoanalítica de Adultos, Facultad de Psicología, UNLP, 2011.
Notas
1 Cottet, Sergé: "Freud y el deseo del psicoanalista" Ed. Manantial, 1984, pág. 129
2 Cottet, Sergé: "Freud y el deseo del psicoanalista" Ed. Manantial, 1984, pág. 135.
3 Aramburu, Javier: "El deseo del analista" Ed. Tres Haches, 2000, pág. 69.
4 Aramburu, Javier: "El deseo del analista" Ed. Tres Haches, 2000, pág. 63.
5 Aramburu, Javier: "El deseo del analista" Ed. Tres Haches, 2000, pág. 70.
6 Lacan, Jacques: "La ética del psicoanálisis" (1959-1960). Ed. Paidós, 1988, pág.
373.
7 Aramburu, Javier: "El deseo del analista" Ed. Tres Haches, 2000, pág. 62.
8 Lacan, Jacques: "Escritos II" Ed. Siglo XXI, 1985, pág. 565.
PRIMERAS PUNTUALIZACIONES DE UNA INVESTIGACIÓN PSICOANALÍTICA
SOBRE INTENTOS DE SUICIDIO EN SUJETOS ADULTOS
Julia Pascal
Facultad de Psicología – UNLP
RESUMEN
Este trabajo constituye una presentación del trabajo iniciado como Becaria de
Perfeccionamiento en Investigación de la Universidad Nacional de La Plata bajo la
dirección del Profesor Carlos J. Escars.
Objetivos: Nuestra propuesta busca analizar las formas de presentación de los
fenómenos denominados "intentos de suicidio", en tanto consideramos que
constituyen una problemática compleja cuyo estudio que reviste pleno interés.
Específicamente, nuestro proyecto de investigación busca indagar la forma de
presentación de los intentos de suicidio en sujetos adultos pertenecientes a la ciudad
de La Plata a fin de conocer el modo en que dicha problemática se organiza
psíquicamente, haciendo hincapié en la dimensión psicopatológica que se visibiliza
desde una mirada psicoanalítica.
Marco teórico: Desde el psicoanálisis, se intenta dar cuenta de la motivación
inconciente de los impulsos suicidas que, retomando a Sigmund Freud, podemos
pensar que se hallaría en el retorno de las pulsiones hostiles hacia la propia persona.
El énfasis de nuestro proyecto por lo tanto no está puesto en la descripción de los
métodos de autoagresión utilizados ni en la incidencia por género ni en la formulación
de probables acciones preventivas. Este tipo de análisis, si bien fructífero y necesario,
no nos permite rescatar la singularidad, aquello que no hace serie dentro de un
fenómeno que no cesa de no sistematizarse bajo una uniformidad.
Plan de Actividades: A fin de ajustar nuestras herramientas conceptuales a la
particularidad del objeto de estudio, se efectúa una revisión bibliográfica específica
delimitada en función de un marco teórico referencial de perspectiva psicoanalítica.
Luego, se establece contacto con las instituciones de salud pública de la zona de La
Plata donde se llevará a cabo el trabajo de campo a fin de ajustar la modalidad de
nuestra intervención en los mismos, realizando un primer acercamiento que permita
observar las características de la población consultante y la plausibilidad de nuestra
. . . .. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
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TERCER CONGRESO INTERNACIONAL DE INVESTIGACIÓN de la Facultad de Psicología de la Universidad
Nacional de La Plata