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Oracionesdía

El documento contiene oraciones para cada día de la semana, comenzando con el domingo. Incluye oraciones a la Santísima Trinidad, oraciones de acción de gracias, oraciones de arrepentimiento, y oraciones para pedir la conversión de pecadores y otras gracias espirituales y materiales.

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ORACIONES PARA CADA DÍA DE LA SEMANA

DOMINGO

ORACIÓN A LA SANTÍSIMA TRINIDAD

℣. ¡Oh inefable Omnipotencia del Padre!

℟. Ayudad mi debilidad - y salvadme de lo profundo de la miseria.

℣. Oh Sabiduría del Unigénito Hijo!

℟. Dirigid todos mis pensamientos, palabras y obras a vuestra gloria.

℣. ¡Oh dulce amor del Espíritu Santo!

℟. Sed el principio de todas mis acciones para que vayan siempre conformes a vuestro beneplácito
divino.

℣. ¡Nuestra esperanza, nuestra salud y nuestro honor, oh beatís ima Trinidad!

℟. ¡Libradnos, salvadnos, vivificadnos, oh beatísima Trinidad!

ORACIÓN

Ofrezcamos a la Santísima Trinidad los méritos de Nuestro Señor Jesucristo en acción de gracias por la
preciosísima sangre que ha derramado en el jardín de los olivos, y pidamos a la Divina Majestad nos
perdone por sus méritos todos nuestros pecados.

Padre nuestro. Ave. Gloria (o sólo Gloria).

Ofrezcamos a la Santísima Trinidad los méritos de Nuestro Señor Jesucristo en acción de gracias por la
preciosísima muerte que ha sufrido por nosotros en la cruz, y pidamos por sus méritos a la Divina
Majestad nos perdone todos nuestros pecados y las penas merecidas por ellos.

Padre nuestro. Ave. Gloria (o sólo Gloria).

Ofrezcamos a la Santísima Trinidad los méritos de Nuestro Señor Jesucristo en acción de gracias por el
inefable amor con que descendió del cielo a la tierra para adoptar nuestra naturaleza humana y padecer
y morir por nosotros en la cruz y pidamos por estos mismos méritos a la Divina Majestad que lleve
nuestras almas después de nuestra muerte a la gloria celestial.

Padre nuestro. Ave. Gloria (o sólo Gloria).

ORACIÓN DEL PAPA CLEMENTE XI

℣. Creo ¡oh Señor mío!

℟. Aumentad mi fe en Vos.

℣. Espero ¡oh Señor mío!


℟. Fortaleced mi esperanza en Vos.

℣. Os amo ¡oh Dios mío!

℟. Encended mi amor a Vos.

℣. Me arrepiento de mis pecados.

℟. Aumentad mi dolor.

℣. Os adoro, Señor.

℟. Principio de todas las cosas.

℣. Deseo llegar a Vos, Señor.

℟. Ultimo fin de todos nuestros anhelos.

℣. Os alabo, Señor.

℟. Padre nuestro bondadosísimo.

℣. Os invoco, Señor.

℟. Nuestro defensor y amparo.

℣. En vuestra Sabiduría.

℟. Dirigid nuestros pasos.

℣. En vuestra Justicia;

℟. Preservadnos de todo mal;

℣. En vuestra clemencia;

℟. Consoladnos de los pesares:

℣. En vuestra Omnipotencia;

℟. Protegednos contra los peligros.

℣. Ofrézcoos mis pensamientos;

℟. Para que vayan dirigidos a Vos.

℣. Ofrézcoos mis palabras.

℟. Para que sean bendecidas por Vos.

℣. Ofrezcoos mis obras,

℟. Para que sean conformes a vuestros mandatos.

℣. Ofrézcoos mis adversidades,

℟. Para sufrirlas por Vos.

℣. Señor, yo quiero sólo lo que Vos queréis;

℟. En todas las cosas adoro vuestra santa voluntad.

℣. Las quiero como y cuanto tiempo Vos las queréis.

℟. Deseo conformarme en todo con vuestra santa voluntad.

℣. Os pido, oh Dios mío, que iluminéis mi inteligencia;

℟. Os pido, oh Dios mío, que mováis mi voluntad.

℣. Os pido, oh Dios mío, que protejáis mi cuerpo;

℟. Os pido, oh Dios mío, que santifiquéis mi alma.

℣. Señor, deploro mis pecados pasados;

℟. Preservadme de caídas futuras.


℣. Ayudadme a corregir mis malas inclinaciones;

℟. Me propongo cultivar las virtudes.

℣. Concededme, oh buen Dios, vuestro amor;

℟. Enseñadme a aborrecer todo mal.

℣. Inflamad en mí el amor del prójimo;

℟. Hacedme despreciar el mundo.

℣. Me propongo obedecer a quienes debo obediencia; ayudar al necesitado, pedir perdón a q uienes yo
hubiera injuriado, perdonar a quienes me hubieran ofendido, ser caritativo para con todos;

℟. Me empeñaré a vencer mis deseos excesivos de placer: la avaricia con la largueza la irascibilidad con
la mansedumbre y mi tibieza con la piedad.

℣. Hacedme prudente en seguir los buenos consejos; dadme constancia en los peligros de mi alma,
paciencia en las adversidades y humildad en los tiempos de prosperidad.

℟. Haced, Señor, que sea devoto en mis oraciones sobrio en el comer y beber, cumplido en mis
obligaciones, firme en mis propósitos.

℣. Me esforzaré en alcanzar la inocencia de mi vida interior, modestia en mi existencia, recato en mis


conversaciones, a fin de dar un buen ejemplo de vida cristiana.

℟. Hacedme vigilante en domar la naturaleza - viciada por el pecado, - en cooperar siempre a la gracia, -
en observar fielmente vuestros santos preceptos y procurar así mi eterna salvación.

℣. Enseñadme, Señor, a conocer cuán pasajero es todo lo de esta vida, cuán deseable todo lo que se
refiere a Vos, cuán cortos son los años de nuestra vida, cuán larga la eternidad.

℟. Haced, Señor, que estemos siempre preparados para la muerte; que temamos la estrecha cuenta que
os hemos de dar; que evitemos el infierno, que merezcamos el cielo. - Todo esto os pedimos por
Jesucristo, nuestro Señor, -que con Vos y el Espíritu Santo vive por los siglos de los siglos. Amén.

PLEGARIA FILIAL

℣. Oh Dios Todopoderoso, Creador del universo, Soberano Señor de todas las cosas, ante quien todo el
mundo, con su magnificencia, no es más que una gota de agua y un grano de arena; quien de nada
necesita y de nadie ha menester; quien puede salvar las almas y perderlas, quien hiere y sana: ante Vos,
Señor y Padre nuestro, Padre de las misericordias, y Dios de toda consolación; ante Vos nos postramos
con toda sumisión y os rogamos con toda humildad; escuchad

nuestras preces y concedednos lo que os pedimos:

Haced, pues, Señor.

℟. Que uno de los niños que hoy nacen- reciba la gracia del bautismo- que sin nuestra intercesión no la
hubiera recibido.

℣. Concedednos.

℟. Que uno de todos ellos sea fiel cristiano y persevere en la fe hasta el fin de su vida.

℣. Hacednos la gracia.

℟. De que uno de todos ellos no manche su alma con pecado alguno, -conservando la inocencia
bautismal.

℣. Otorgadnos.

℟. Que uno de ellos se consagre enteramente a vuestro servicio - por los votos de pobreza, - castidad y
obediencia - en una orden religiosa.

℣. Os rogamos.

℟. Que uno de ellos llegue a los pies de los altares para serviros como digno sacerdote y ministro
vuestro.
℣. Os pedimos.

℟. Que hoy un pecador se convierta, - que una oveja descarriada encuentre al buen pastor, que un ju◇|o
reconozca al verdadero Mesías Cristo Jesús, que un hereje conozca la verdad, que un cismático vuelva
a la unión de la Iglesia, que un mahometano haga abjuración de su error, y que un pagano vea la luz de
la fe.

℣. Deseamos, Señor.

℟. Que se dé de comer y beber a una familia necesitada; - que se dé vestido uno que no lo tuviere; a que
se dé posada a uno que no encontrara albergue; - que sea redimido un cautivo y recibido en la
sociedad; que un encadenado por las pasiones rompa las cadenas de Satanás, del mundo y de su propia
carne; que un enfermo sea visitado por vuestra gracia, y un muerto a la vida eterna , sea sepultado en el
abismo de vuestra infinita misericordia.

℣. Dadnos.

℟. Que uno que busca la verdad, -encuentre la paz de su alma en el seno de la Iglesia; que se dé buen
consejo a uno que lo ha menester; - que sea corregido uno que yerra; - que una injuria sea perdonada y
reconciliada una enemistad; - que una calumnia sea evitada, un buen nombre restituido, - una mala fama
reparada, que un alma triste sea consolada, que una adversidad sea sufrida con resignación, y que un
enfermo sufra con paciencia su dolor.

℣. Imploramos Señor.

℟. Que una desgracia sea evitada, - un crimen frustrado, una tentación grave vencida.

℣. Mandad, oh Dios.

℟. Que por nuestra intercesión - una palabra injuriosa sea cortada, - una falta de caridad no hecha, una
mentira no dicha, una conducta altanera e irrespetuosa contenida, una insolencia reprimida, una
desobediencia no cometida, una seducción frustrada, un escándalo no dado, una conversación mala no
llevada.

℣ Os suplicamos.

℟. Que las confesiones del día de hoy sean todas muy sinceras, las comuniones muy dignas, las santas
misas muy devotamente rezadas y asistidas, y las oraciones muy fervorosas.

℣. Os pedimos.

℟. Que hoy sea concedida una gracia especial al Papa y sus Consejeros, - a los Obispos y Cabildos
eclesiásticos, - a los sacerdotes y religiosos, y a todos los fieles y almas de buena voluntad.

℣. Os rogamos.

℟. Que un alma rompa las cadenas del vicio, - que un alma se levante del estado tibieza e indiferencia - y
vuelva al primer fervor, que un alma se decida a emprender resueltamente el camino de la virtud.

℣. Concedednos, Señor.

℟. Que un moribundo se salve por nuestra intercesión, que un moribundo reciba los santos
sacramentos, - que un moribundo entre al cielo - libre de toda mancha de pecado y pena temporal.

℣. Hacednos el favor.

℟. De que hoy, - un alma del Purgatorio sea librada de sus penas, un alma halle alivio en su dolor, que el
tiempo del destierro de un alma sea abreviado.

℣. Señor, que dijisteis: "Pedid y recibiréis, buscad y hallaréis, llamad y se os abrirá", como vuestros
hijos carísimos nos dirigimos a Vos, que sois Padre nuestro y que todo lo podéis, pero que no podéis
rechazar a vuestros hijos que con filial confianza imploran vuestro favor; y os pedimos todas estas
gracias por me dio de nuestro medianero, vuestro querido Hijo Cristo Jesús y por la intercesión de
nuestra benditísima Madre, la Virgen María. Así sea.

SÚPLICA UNIVERSAL

℣. Dios mío.

℟. Creo en Vos; - corroborad mi fe, espero en Vos, fortificad mi esperanza, - os amo; - aumentad mi
amor. - Me arrepiento de haberos ofendido; - aumentad mi arrepentimiento.
℣. Señor.

℟. Os adoro - como a mi primer principio, os deseo - como a mi último fin, - os doy gracias, como a mi
constante Bienhechor, os invoco como a mi Soberano Defensor.

℣. Dignaos.

℟. Dirigirme con vuestra Sabiduría, contenerme con vuestra Justicia, - consolarme con vuestra
Misericordia, - protegerme con vuestro Poder.

℣. Os consagro.

℟. Mis pensamientos, - para pensar siempre en Vos, mis palabras, para hablar siempre de Vos, mis
acciones para trabajar siempre por Vos, - mis sufrimientos, para padecer siempre por Vos.

℣. Os ruego que:

℟. Iluminéis mi mente, - encendáis mi voluntad, - purifiquéis mi corazón, - santifiquéis mi alma.

℣. Dios mío, ayudadme:

℟. A expiar mis pecados pasados, - a vencer las tentaciones, a corregir las pasiones - que me dominan, -
a practicar las virtudes de mi estado.

℣. Llenad mi corazón:

℟. De ternura para con vuestra bondad, de aversión a mis defectos, de caridad para con el prójimo, - de
desprecio del mundo.

℣. Haced que recuerde que debo ser:

℟. Obediente a mis superiores, - caritativo con mis inferiores, - fiel a mis amigos, -indulgente con mis
enemigos.

℣. Venid en mi auxilio para vencer:

℟. El placer con la mortificación, - la avaricia con la limosna, la cólera con la mansedumbre, la tibieza
con el fervor.

℣. Dios mío, haced que sea:

℟. Prudente en mis acciones, - valeroso en las adversidades, - paciente en las contrariedades, humilde
en la prosperidad.

℣. No permitáis que me olvide de procurar siempre:

℟. La atención en mis oraciones, - la templanza en la comida, la exactitud en mis obligaciones, la


constancia en mis resoluciones.

℣. Señor, inspiradme de tener siempre:

℟. Una conciencia recta, un exterior modesto, una conversación edificante, - una conducta buena e
irreprensible.

℣. Haced que me aplique incesantemente:

℟. A domar la naturaleza, a secundar la gracia, a observar vuestra santa Ley, a merecer la salvación de
mi alma.

℣. Dios mío, descubridme perfectamente:

℟. La pequeñez de la tierra, la grandeza del cielo, la brevedad del tiempo, -lo interminable de la
eternidad.

℣. Haced, Señor:

℟. Que me prepare bien para la muerte.- que tema vuestros ocultos juicios, que evite el infierno, que
obtenga finalmente el cielo, por los méritos de mi Señor Jesucristo. Amén.


LUNES

AL NIÑO JESÚS

En la Noche Buena vino al mundo Jesucristo, el Hijo de Dios. La Virgen y Madre María envolvió al Hijo
con gran ternura y alegría en unos pañales y lo colocó en un pesebre.

℣. Acudamos todos al divino Infante Jesús:

℟. A aquel Niño que tanto ha amado a los niños de la tierra.

ORACIÓN

¡Oh Niño tierno, mi Señor y mi Dios! ¿Cómo podré yo comprender y agradecer tanta bondad y tanto
amor?

No deseches, Niño divino, mis pobres palabras y haz que no pierda yo jamás la gracia divina que en el
bautismo me has dado como prenda de tu amor y de la gloria celestial que espero.

Padre nuestro. Ave María. Gloria.

II

Un ángel apareció a los pastores de Belén y les dijo: No temáis, porque os anuncio una grande alegría
que será participada a todos los pueblos. Hoy os ha nacido en la ciudad de David el salvador que es
Cristo, el Señor. Y ésta os será la señal: hallaréis al niño envuelto en pañales y reclinado en un pesebre.

℣. Acudamos todos gozosos al Niño Jesús.

℟. A aquel Niño que resiste a los soberbios y se manifiesta a los humildes de corazón.

ORACIÓN

¡Oh querido Niño Jesús! Con los mismos sentimientos que abrigaban aquellos sencillos pastores de
Belén al ir a verte y ofrecerte sus pobres regalos, deseo yo acercarme siempre a Ti, pidiéndote que
conserves en mi corazón la fe y confianza de un niño que en Ti confía.

Padre nuestro. Ave María. Gloria.

III

Cuando María y José entraron en el templo para presentar al Niño al Señor, como estaba prescrito por la
ley de Moisés, el anciano Simeón por inspiración del Espíritu Santo reconoció e n el niño al divino
Salvador prometido, y tomándolo en sus brazos alabó a Dios, diciendo: Ahora, Señor, despide a tu
siervo en paz, según tu palabra; porque mis ojos han visto al Salvador que nos has dado.
℣. Acudamos todos devotos al Niño Jesús:

℟. A aquel Niño que desea entrar muchas veces por la Santa Comunión en los corazones de los niños de
la tierra.

ORACIÓN

¡Oh dulcísimo Niño Jesús! ¡Qué gozo habrá experimentado aquel feliz anciano Simeón al tenerte en sus
brazos, Niño pequeño y Creador del cielo y de la tierra! ¡Cuán grande será mi gozo, cuando después de
cerrar mis ojos para este mundo, los abra para verte a Ti la primera vez cara a cara! Haz, Jesús, que
tenga la dicha de recibirte muchas veces y dignamente en la Santa Comunión para merecer el v erte un
día eternamente en el cielo.

Padre nuestro. Ave María. Gloria.

IV

En aquel tiempo vinieron unos Magos del Oriente a Jerusalén y preguntaron: ¿Dónde está el Rey de los
judíos que acaba de nacer? Pues hemos visto su estrella en Oriente, y venimos a adorarle... Y entraron,
y hallaron al Niño con María y José y arrodillándose lo adoraron. Y abiertos sus tesoros le ofrecieron
oro, incienso y mirra.

℣. Acudamos todos respetuosos al Niño Jesús:

℟. A aquel Niño que, siendo tan pequeño, era el Rey de todos los reyes y Señor de todos los corazones
de la tierra.

ORACIÓN

¡Oh amable Niño Jesús! ¡Cuán grande habrá sido la reverencia de aquellos tres Reyes de Oriente que
vinieron para adorarte en tu pobre pesebre! Ellos te han ofrecido el oro del amor puro, el incienso de la
adoración y la mirra de la mortificación. Yo te ofrezco todo mi corazón para que siempre te pertenezca, y
te pido lo conserves para siempre y para toda la eternidad.

Padre nuestro. Ave María. Gloria.

Y Jesús fue con María y José, vino a Nazaret y estaba sujeto a ellos... Y el Niño iba creciendo y
fortaleciéndose, lleno de sabiduría; y la gracia de Dios estaba en él.

℣. Acudamos todos en fervientes deseos al Niño Jesús:

℟. A aquel Niño que ha querido hacerse tal para dar un ejemplo de obediencia a los niños de la tierra.
ORACIÓN

¡Oh divino Niño! obediente desde el primer instante de tu vida; obediente a la ley de Moisés en tu
presentación en el templo; obediente en la huída a Egipto; obediente en la casa de Nazaret: Enséñame a
obedecer siempre y ser sumiso a mis padres, maestros y superiores para que merezca ser digno de las
promesas hechas a los que honran a sus padres: bienaventuranza en esta tierra y la vida eterna en el
cielo.

Padre nuestro. Ave María. Gloria.


MARTES

JESÚS Y LOS NIÑOS

I. En una ocasión algunas madres llevaron sus hijos a Jesús para que pusiese sobre ellos las manos y
orase por ellos. Lo cual viendo los discípulos, se lo impedían con ásperas palabras. Mas Jesús llamando
a sí los niños, dijo: Dejad que los niños vengan a Mí, y no se lo estorbéis, pues de ellos es el reino de
los cielos.

℣. Saludemos a Jesús, amante de los niños.

℟. Porque ama también a los humildes de corazón.

Padre nuestro, Ave María. Gloria.

II. Un día llamó Jesús a los apóstoles, tomó un niño y lo puso en medio de ellos, y después de abrazarle
les dijo: Cualquiera que acogiere a uno de estos pequeñuelos por amor mío, a mí me acoge. En verdad
os digo, que quien no recibiere el reino de Dios con la sencillez de un niño, no entrará en él.

℣. Enseñadnos Vos mismo, oh buen Jesús.

℟. Para que seamos dignos de entrar en vuestro reino.

Padre nuestro, Ave María, Gloria.

III. El que escandalizase a alguno de estos pequeñuelos que en mí creen (esto es, el que sea de
cualquier modo causa de que uno de ellos haga pecado), mejor le sería que colgasen a su cuello una
piedra de molino y le arrojasen al mar.

℣. Dadnos, Señor, siempre vuestra gracia.

℟. Para que jamás seamos causa de que otros cometan pecado.

Padre nuestro, Ave María, Gloria.

IV. Y continuó Jesús, diciendo: Mirad que no tengáis en poco a ninguno de estos pequeñuelos; porque
os digo, que sus ángeles en los cielos siempre ven el rostro de mi Padre celestial.

℣. Acordémonos siempre de la presencia de nuestro Ángel de la Guarda.

℟. Para que juntamente con él - un día podamos alabar eternamente al Señor que nos lo dió.

Padre nuestro, Ave María, Gloria.


ORACIÓN

Oh Jesús, amantísimo de los niños, que sois nuestro hermano y nuestro amigo más fiel: Os pedimos
nos ayudéis en las luchas que el enemigo de nuestra salud nos tiene preparadas, para que no
sucumbamos en ellas, antes fortalecidos siempre con el pensamiento de vuestra presencia y del amor
que nos tenéis, salgamos triunfantes en la pelea conservando vuestra amistad divina. Amén.


MIÉRCOLES

ENSEÑANZAS DE NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO

℣. Jesús nos dice: ¿Qué aprovecha al hombre si gana todo el mundo y pierde su alma? (Mat. 16, 26).
Buscad, pues, vosotros primero el reino de Dios, y todas las demás cosas se os darán por añadidura
(Mat. 6, 33).

℟. ¡Oh Dios mío! - ¡cuánto nos afanamos por el bienestar de nuestro cuerpo, de sus comodidades,
placeres y divertimientos, y cuán desatendida dejamos nuestra alma! - ¡Cuán poco pensamos en hacer
buenas obras las que nos acompañarán ante vuestro trono cuando nos llaméis para daros cuenta de
todo lo que hicimos, pensamos, y hablamos acá en la tierra! Y ¡cuánto nos preocupamos de atesorar
tesoros que debemos dejar en la tierra cuando se abre el sepulcro para recibirnos!

Enseñadnos, buen Jesús, a vivir de tal manera que podamos salvar nuestra alma de la perdición eterna.
Amén.

II

℣. Jesús nos invita, diciendo: Tomad mi yugo sobre vosotros y aprended de mí, que soy manso y
humilde de corazón, y hallaréis el reposo para vuestras almas. Porque suave es mi yugo y ligera mi
carga (Mat. 11; 29, 30).

℟. Os pedimos, oh buen Jesús, que nos deis la buena voluntad de llevar una vida conforme a vuestros
preceptos, tener constancia en el cumplimiento de nuestros deberes, a fin de que permanezcamos fieles
hasta la muerte, cumpliendo así vuestra palabra de entrar por la puerta angosta y caminar por la senda
estrecha que conduce a la vida eterna (Mat. 7, 13). Amén.

III

℣. Jesús nos previene, diciendo: No todo aquel que me dice: ¡Oh Señor, Señor! entrará en el reino de los
cielos; sino el que hace la voluntad de mi Padre celestial, ése es el que entrará en el reino de los cielos
(Mat. 7, 21).

℟. Haced, dulcísimo Jesús, que no nos contentemos con llamarnos simplemente cristianos, sino que
nos extendamos a cumplir fielmente las enseñanzas que Vos nos habéis dado, y a seguir siempre
vuestro ejemplo. Amén.

IV

℣. Jesús nos enseña el amor más perfecto, diciendo: Amad a vuestros enemigo s; haced bien a los que
os aborrecen, y orad por los que os calumnian (Mat. 5, 44).

℟. Dadnos, Señor, un corazón generoso; enseñadnos a no ofender a nadie, antes bien a perdonar a los
que nos hayan injuriado, y a reconciliarnos pronto con los que hayamos ofendido, a no vengarnos
jamás de nadie, sino a hacer bien a los que nos odian para que así seamos hijos imitadores de nuestro
Padre celestial, el cual hace nacer el sol sobre buenos y malos, y llover sobre justos y pecadores. Amén.
V

℣. Jesús nos muestra la verdadera dicha, diciendo: Dichosos seréis cuando los hombres por mi causa
os maldijeren, y os persiguieren, y dijeren con mentira toda suerte de mal contra vosotros (Mat. 5, 11).

℟. Socorred, Señor, a vuestra santa Iglesia, nuestra madre, tan persegu ida por la ignorancia y la
ceguedad de sus enemigos. Dad a todos los que la gobiernan en vuestro nombre el Espíritu de verdad
que les habéis prometido; a los fieles una verdadera fortaleza; y a los enemigos que la combaten, la
gracia de conocer su lamentable error para que no se pierdan eternamente. Amén.

VI

℣. Jesús nos aconseja suma vigilancia, diciendo: Velad, ya que no sabéis a qué hora ha de venir vuestro
Señor (Mat. 24, 42).

℟. ¡Oh buen Jesús! haced que estemos siempre apercibidos y preparados para salir de este mundo y
comparecer ante Vos, nuestro Juez. En aquella tremenda hora, sed misericordioso para con nosotros;
os lo pedimos, Señor, por los méritos de vuestra pasión y muerte y por la valiosa intercesión de nuestra
Santísima Madre María. Amén.

Gloria Patri.


JUEVES

JESÚS EN LA NOCHE ANTES DE PADECER Y MORIR

℣. Recordemos, agradecidos, la institución de la Sagrada Eucaristía y del Sacerdocio.

En la noche antes de morir tomó Jesús el pan en sus santísimas y sacratísimas manos, y elevando los
ojos al cielo, a Dios su Padre todopoderoso, dióle gracias y bendijo el pan y lo dió a sus Apóstoles,
diciendo: Tomad y comed: Este es mi cuerpo, que será entregado por vosotros.

Yo os adoro, verdadero cuerpo nacido de la Virgen María; Vos habéis verdaderamente sufrido, y sido
inmolado por nosotros en la cruz; de vuestro costado atravesado manó agua y sangre.

℟. Haced que os recibamos dignamente cuando se acerque la hora de la muerte ¡Oh dulce Jesús! ¡Oh
Jesús, Hijo de María! tened piedad de nosotros. Amén.

℣. Vos, Señor, que les alimentásteis con el pan del cielo.

℟. Llenasteis sus corazones con toda clase de delicias.

℣. Del mismo modo tomó también el cáliz con vino, dió gracias, y lo bendijo, y dió de él a sus discípulos,
diciendo: Tomad y bebed todos de él. Esta es mi sangre, del Nuevo Testamento que por vosotros y por
muchos será derramada para la remisión de los pecados. Haced esto en memoria mía.

¿Qué daré yo al Señor por todo lo que me ha dado?

℟. Tomaré el cáliz de la salud, e invocaré el nombre del Señor.

℣. ¡Oh sagrada cena donde se recibe a Jesucristo, donde se representa vivamente la memoria de su
muerte.

℟. Donde el alma se colma de gracias, y se nos da la prenda segura de la gloria futura.

II

EL MANDATO DEL AMOR

℣. Y dijo Jesús con el más tierno amor: Aun estoy poco tiempo con vosotros. Al despedirme de vosotros
os doy un nuevo mandamiento: Amaos los unos a los otros como yo os he amado. En esto conocerán
todos que sois mis discípulos, si tuviereis caridad entre vo sotros.

Decían los paganos de los primeros cristianos: ¡Ved, cómo se aman!

℟. Enseñadnos, Señor, a amarnos los unos a los otros como Vos nos habéis amado.
℣. Y continuó Jesús diciendo: No se turbe vuestro corazón. En la casa de mi Padre hay muchas
moradas, y yo me voy ahora para prepararos un lugar.

Después volveré para que vosotros estéis donde yo estoy.

℣. ¡Cuán felices son los apóstoles en las mansiones celestiales!

℟. Acordaos de nosotros, Señor, en vuestro reino!

III

LAS ANGUSTIAS DE GETSEMANÍ

En el monte de los Olivos dijo Jesús a discípulos: Mi alma está triste hasta la muerte. Permaneced y
vigilad y orad conmigo.

Padre nuestro (o sólo Gloria).

Y apartándose de ellos cayó sobre su rostro, y oró diciendo: Padre mío, si es posib le, aparta de mi este
cáliz; mas no se haga mi voluntad, sino la tuya.

Padre nuestro (o sólo Gloria).

Y entrando en agonía oraba; y vínole un sudor como de gotas de sangre que llegaba hasta la tierra.
Entonces se le apareció un Ángel del cielo y le consoló.

Padre nuestro (o sólo Gloria).

Como ovejas descarriadas hemos sido todos nosotros, cada cual se desvió de la senda del Señor para
seguir su propio camino. Y a él sólo le ha cargado el Señor sobre las espaldas la iniquidad de todos
nosotros (Is. 53, 6).

℣. Ni a su propio Hijo perdonó Dios.

℟. Sino le entregó a la muerte por todos nosotros (Rom. 8, 32).

℣. Señor mío Jesucristo, que por la redención del mundo habéis querido sufrir todas las miserias y
angustias, penas y aflicciones de vuestra pasión y muerte, os pedimos humildemente nos concedáis
una contrición sincera de nuestros pecados, el eterno descanso a los fieles difuntos, para que un día,
reunidos todos allá en la gloria, os alabemos por los siglos de los siglos. Amén. Gloria Patri.


VIERNES

JESÚS CRUCIFICADO

Recordemos la dolorosa Pasión y Muerte del Señor; démosle gracias por nuestra Redención y
pidámosle perdón por nuestros pecados.

Anás envió a Jesús atado a casa de Caifás donde estaba reunido esperándole el Supremo Consejo... y
Caifás le preguntó: Yo te conjuro en nombre del Dios vivo, que nos digas si eres tú Cristo, el Hijo de
Dios bendito.

Y Jesús dijo solemnemente: Yo soy, y veréis al Hijo del hombre sentado a la diestra del poder de Dios
venir sobre las nubes del cielo.

℣. Fue crucificado porque Él quiso.

℟. Y por su pasión y su muerte nos ha librado de la muerte eterna.

Padre nuestro (o sólo Gloria).

II

Y Pilato mandó sacar a Jesús azotado y coronado de espinas y presentólo al pueblo diciendo: ¡Ved aquí
al hombre! Pero la cruel muchedumbre gritó: ¡Crucifícale, crucifícale!

℣. Atended todos los que pasáis.

℟. Y ved si hay un dolor tan grande como el mío.

Padre nuestro (o sólo Gloria).

III

Los sacerdotes y ancianos decían a Pilato: Si das libertad a éste, no eres amigo del César... Entonces
temió Pilato, y tomando agua se lavó las manos delante del pueblo, y dijo: Inocente soy de la sangre de
este justo: haced vosotros lo que queráis. Entonces gritó el pueblo: ¡Caiga su sangre sobre nosotros y
sobre nuestros hijos!

℣. Mi pueblo: ¿Qué te hice, o en qué te he contristado?

℟. No entréis en juicio con nosotros Señor, y no nos desechéis de vuestro rostro.

Padre nuestro (o sólo Gloria).


IV

Los soldados se apoderaron de Jesús... y le pusieron una pesada cruz sobre las espaldas. Cargado con
ella caminó a través de las calles de Jerusalén, al lugar del suplicio llamado Gólgota, o monte Calvario.

℣. En verdad os digo: El que no quiere llevar su cruz, no puede ser mi discípulo.

℟. Ayudadnos, Señor, a llevar nuestra cruz hasta morir.

Padre nuestro (o sólo Gloria).

Hacia el mediodía grandes tinieblas cubrieron la tierra por espacio de tres horas, y se obscureció el sol.

Padre nuestro (o sólo Gloria).

Y cerca de la hora nona exclamó Jesús en alta voz: Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?

Padre nuestro (o sólo Gloria).

Después que hubo probado el vino mirrado de hiel, dijo Jesús: ¡Todo está consumado!

Por último dijo Jesús en alta voz: Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu. E inclinando la cabeza
entregó su espíritu al Señor.

Padre nuestro (o sólo Gloria).

Se humilló a sí mismo haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz. Por lo cual también Dios
le ensalzó sobre todas las cosas, y le diste un nombre superior a todo nombre.

℣. Os adoramos, oh Cristo, y os bendecimos.

℟. Ya que por vuestra santa cruz redimisteis al mundo.

ORACIÓN

℟. Iluminad, Señor, nuestro entendimiento y moved nuestra voluntad, para que anhelemos siempre
aquellas alegrías que verdaderamente nos puedan hacer felices. Amén.


SÁBADO

A María, Madre de Dios.

Gloriosísima Virgen, elegida en los eternos designios de Dios, para Madre del Verbo
Encarnado; Vos que sois la dispensadora de las divinas gracias, abogada de los pecadores, yo
muy indigno siervo vuestro, a Vos recurro para que os dignéis ser mi guía y consejera en este
valle de lágrimas. Alcanzadme por la preciosísima sangre de vuestro Divino Hijo el perdón de
mis pecados, la eterna salud de mi alma, y los medios necesarios para conseguirla.
Alcanzadnos el triunfo de la Santa Iglesia sobre sus enemigos y la propagación del reino de
Jesucristo por todo el orbe. Amén.

(A la Madre del Buen Consejo: 500 días)

℣. Acordaos, Señora, de hablar a favor nuestro.

℟. Y apartad de nosotros la indignación de vuestro Hijo. (300 días).

ORACIÓN

Dulcísimo Señor Nuestro, Jesucristo, buen Pastor de las almas, que habéis dado la vida por
vuestras ovejas, y a nosotros, vuestro pueblo y ovejas de vuestra grey nos habéis
encomendado a la Virgen como nuestra Madre, estando Vos pendiente de la cruz;
concedednos por su intercesión valiosa que siguiéndoos acá en la tierra, como a nuestro
Pastor verdadero, lleguemos un día a los goces de la vida eterna allá en los cielos. Vos que
vivís y reináis por los siglos de los siglos. Amén.

II

Oh Señora mía, santa María, a vuestra singular fidelidad y especial custodia y en el seno de
vuestra clemencia encomiendo hoy y todos los días y en la hora de mi muerte mi alma y mi
cuerpo; en Vos pongo toda mi esperanza y todo mi consuelo, todas mis angustias y miserias,
mi vida y el fin de ella, para que por vuestra intercesión todas mis obras sean dirigidas y
dispuestas según la voluntad vuestra y la de vuestro santísimo Hijo. Amén. (San Luis).

℣. En toda tribulación y angustias nuestras.

℟. Socorrednos, ¡oh santísima Virgen María!

ORACIÓN

Conceded, omnipotente y sempiterno Dios, que venerando la integérrima virginidad de la


purísima Virgen María, nuestra Madre, alcancemos también por su intercesión la limpieza
del alma y cuerpo. Amén.
III

¡0h María sin mancha concebida, rogad por nosotros que acudimos a Vos! Oh refugio de los
pecadores y madre de los agonizantes, no queráis abandonarnos en la hora de nuestra
muerte; antes alcanzadnos un dolor perfecto, una contrición sincera, el perdón de nuestros
pecados, la digna recepción del Santo Viático y la fortaleza del Sacramento de la
Extremaunción, para que así podamos presentarnos confiadamente ante el trono del que es
justo Juez, lleno de misericordia, Dios y Redentor nuestro. Amén.

℣. María, madre de gracia y madre de misericordia:

℟. Protegednos de nuestro enemigo y aceptadnos en la hora de nuestra muerte.

Dulcísimo Señor Jesucristo, haced que interceda ante vuestra clemencia soberana, ahora y
en la hora de nuestra muerte, la gloriosísima Virgen María, vuestra Madre, cuya sacratísima
alma quedó traspasada por una espada de dolor en la hora de vuestra pasión y muerte. Vos
que vivís y reináis por los siglos de los siglos. Amén.

IV

Virgen poderosa que sola habéis vencido todas las herejías del universo mundo, defended de
las asechanzas del demonio al orbe cristiano y mirad las almas que se hallan engañadas por
la astucia diabólica a fin de que, depuesta toda pravedad herética, vuelvan en sí los
corazones de los que andan engañados y errantes, y tornen a la unidad de la fe católica
mediante vuestra valiosa intercesión para con vuestro Hijo, nuestro Señor Jesucristo, que
vive y reina con Dios Padre y el Espíritu Santo, por los siglos de los siglos. Amén.

℣. Vos sois, oh Señora, nuestro refugio en nuestras tribulaciones.

℟. Y la virtud más poderosa para quebrantar a nuestro enemigo.

ORACIÓN

Omnipotente y misericordiosísimo Dios, que para la defensa del pueblo cristiano habéis
puesto de una manera maravillosa en la Santísima Virgen María un poderoso auxiliar,
concedednos benignamente que fortalecidos con tal ayuda, peleando durante la vida,
podamos obtener la victoria sobre nuestro perverso enemigo en la hora de nuestra
muerte. Amén.
V

Bajo vuestro amparo nos refugiamos, santa Madre de Dios; no desatendáis


las oraciones que os dirigimos en las necesidades; mas libradnos siempre
de todo peligro, Virgen gloriosa y bendita.
℣. Protegedme, dulcísima Virgen María, bajo vuestro manto de misericordia.

℟. Y haced que no desaparezca vuestro nombre de mi corazón y de mi boca .

ORACIÓN

Omnipotente eterno Dios, que en el corazón de la Virgen María habéis


preparado una digna habitación para el Espíritu Santo, concedednos
benignamente que venerando devotamente la misericordia de su Corazón
purísimo podamos vivir siempre conformes con los sentimientos del vuestro.
Amén.

Memorare a la Virgen María

Acordaos ¡oh piadosísima Virgen María! que nunca se oyó decir de cuantos
han recurrido a vuestra protección, implorando vuestro socorro y pedido
vuestros auxilios, que hayan sido abandonados. Animado con esta confianza
¡oh Virgen de las vírgenes y Madre! corro y vengo a vos, y gimiendo bajo el
peso de mis pecados me postro a vuestros pies. Oh Madre del Verbo, no
desatendáis mis oraciones, antes bien, escuchadlas favorablemente y
dignaos acceder a ellas. Así sea.

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