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La Conversión de Saulo

Saulo, un perseguidor de los discípulos de Jesús, experimentó una visión de Jesús mientras viajaba a Damasco que lo dejó ciego. Fue llevado a la ciudad donde Ananías, un discípulo, recibió instrucciones de Jesús para curar a Saulo y convertirlo en un apóstol para llevar el mensaje de Jesús a los gentiles. Saulo pasó tres días sin comer o beber antes de que Ananías lo curara y le devolviera la vista.

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La Conversión de Saulo

Saulo, un perseguidor de los discípulos de Jesús, experimentó una visión de Jesús mientras viajaba a Damasco que lo dejó ciego. Fue llevado a la ciudad donde Ananías, un discípulo, recibió instrucciones de Jesús para curar a Saulo y convertirlo en un apóstol para llevar el mensaje de Jesús a los gentiles. Saulo pasó tres días sin comer o beber antes de que Ananías lo curara y le devolviera la vista.

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La conversión de Saulo

Después de la lapidación de Esteban, se declaró una persecución en Jerusalén contra los discípulos
de Jesús. Sacaban a hombres y mujeres de sus casas y los llevaban a la cárcel. La mayor parte huyó
y abandonó la ciudad, dispersandose por el país.

Saulo, el joven maestro de la Ley que había asistido a la lapidación de Esteban, estaba airado con
aquella comunidad y perseguía y amenazaba de muerte a todos los que eran discípulos de Jesús.
Pidió cartas y recomendaciones oficiales para hacer registros en todos los sitios y llevar presos ante
el sanedrín a los seguidores del Crucificado. Reunió cartas para los judíos de Damasco, a fin de que
le ayudasen a coger a los discípulos de aquella ciudad y se fue para allá con sus acompañantes.

Cuando iban de camino y poco antes de llegar a Damasco,


vino sobre él una luz tan fuerte del cielo que lo cegó y cayó
de su caballo, mientras una potente voz decía: «¡Saulo!,
¡Saulo!, ¿Por qué me persigues?». Saulo respondió: «Señor,
¿quién eres?» Y oyó que la voz le decía: «Soy Jesús, a quien
tú persigues». Lleno de angustia, Saulo preguntó: «Señor,
¿qué debo hacer?». Y el Señor le dijo: «¡Levántate y vete a
la ciudad! Allí se te dirá lo que has de hacer».

Los acompañantes de Saulo se quedaron espantados, pues ciertamente habían oído la voz de
Jesús, pero no habían visto nada. Entonces Saulo se levantó del suelo. Tenia los ojos abiertos pero
no podía ver. Lo tomaron de la mano como a un ciego, y lo llevaron a la ciudad. Durante tres días no
pudo ver, y no comió ni bebió nada.

En Damasco había un discípulo llamado Ananías, que oyó de repente la voz de Jesús, que le decía:
¡Escucha, Ananías! Sal enseguida a la calle llamada Recta y ve a casa de Judas! Pregunta allí por un
hombre de Tarso, de nombre Saulo. Está allí rezando y, en respuesta a su oración, te ha visto a ti,
Ananías, que ibas hasta él y le ponías las manos para devolverle la vista». Ananás dijo: «Señor, he
oído decir a mucha gente que este hombre persigue a la comunidad, y que ha hecho mucho mal
contra ella en Jerusalén. Y ha venido aquí con la misma intención. Los príncipes de los sacerdotes le
han dado poderes para arrestar a todos los que invocan tu Nombre». El Señor contestó: «Vete
enseguida porque a este hombre quiero darle un encargo muy especial. Deberá llevar a los gentiles
mi mensaje, y anunciar mi Nombre a los grandes del mundo y al pueblo de Israel. Y sufrirá mucho
por esa causa»

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