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MONOGRAFIA-ACTITUDES

El documento describe los diferentes tipos de actitudes humanas y su importancia en la convivencia social. En primer lugar, define la actitud desde la perspectiva de varios autores y describe los tipos de actitudes como manipuladora, pesimista, sumisa, positiva, negativa, agresiva, pasiva, colaboradora y altruista. Luego, explica que las actitudes cumplen funciones en la conducta humana y pueden generar cambios en el comportamiento. Finalmente, enfatiza la importancia fundamental de las actitudes para la interacción y relación entre las personas.
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MONOGRAFIA-ACTITUDES

El documento describe los diferentes tipos de actitudes humanas y su importancia en la convivencia social. En primer lugar, define la actitud desde la perspectiva de varios autores y describe los tipos de actitudes como manipuladora, pesimista, sumisa, positiva, negativa, agresiva, pasiva, colaboradora y altruista. Luego, explica que las actitudes cumplen funciones en la conducta humana y pueden generar cambios en el comportamiento. Finalmente, enfatiza la importancia fundamental de las actitudes para la interacción y relación entre las personas.
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ESPECIALIZACIÓN EN MEDIACIÓN Y

RESOLUCIÓN DE CONFLICTOS

ACTITUDES, FORMACIÓN, FUNCIONES Y


CAMBIOS.

Módulo:
Psicología de la Familia, Educativa, Comunitaria,
Laboral y Social
Profesora: Lic. Cinthia Denton.

Autores:
Katherine Rodríguez
- Catalina López Gamarra
- Jorgelina Franco Giménez

-Magno Darío Agüero Núñez

Ciudad del Este, 2020


INDICE

Capítulo I

Marco introductorio: ……………………………………………………………..…3 - 4

Capítulo II

Marco Teórico: actitudes; definiciones: ………………………………………….…5 - 6

Tipos de actitudes del ser humano: ………………………………………………….6 - 8

Funciones de la actitud: …………………………………………………………………9

Cambios que genera la actitud en la conducta humana: …………………………….9 -


12

Características de la actitud: …………………………………………………………13

Importancia de la actitud dentro de la convivencia humana: ………………......…13 - 22


Conclusiones: ……………………………………………………………………..23 - 24

Referencias:……………………………………………………………………...…25 -26
3

CAPITULO: I

MARCO INTRODUCTORIO

Introducción

El ser humano desde la concepción ya inicia una vida de relación con la madre, desde su
nacimiento ya comienza a relacionarse con sus seres queridos más allegados. Las
primeras conductas del recién nacido se manifiestan a través de los movimientos,
llantos, sonrisas y otros para satisfacer sus necesidades primarias. Dicha interacción del
niño con su entorno inicia de una manera incipiente el desarrollo de la base para la
formación de su futura actitud, la cual se irá formando de forma paulatina con su
interacción con la familia, los amigos y la sociedad en donde convive.

Es sabido que la actitud es un tema bastante estudiado por los investigadores, sin
embargo, es y sigue siendo un tanto complicado describirlo con precisión en la realidad,
cómo ocurre dentro de la intersubjetividad humana. De todo lo manifestado surge el
interés de los investigados de hacer un estudio más exhaustivo sobre la actitud humana.

Por ello, se plantea las siguientes preguntas:

Pregunta general

¿Cuáles son los fenómenos que describen la actitud de la conducta humana?

Y las preguntas específicas

¿Qué es la actitud según perspectiva de diferentes autores?

¿Cuáles son los tipos de actitudes del ser humano?

¿Qué funciones cumplen las actitudes dentro de la conducta humana?

¿Cuáles son los cambios que generan las actitudes en la conducta humana?

¿Qué características presenta la actitud?

¿Cuál es la importancia de la actitud dentro de la convivencia humana?

De la pregunta general se desprende el:


4

Objetivo General

Describir los fenómenos de la actitud en la conducta humana.

Y los siguientes objetivos específicos:

Conceptualizar actitud desde la perspectiva de diferentes autores;

Conocer los tipos de actitudes del ser humano;

Reconocer las funciones que cumplen las actitudes;

Examinar los cambios que generan las actitudes en la conducta humana

Discriminar las características de la actitud;

Juzgar la actitud como base de la convivencia humana.

Justificación:

El tema a ser desarrollado – actitud – responde a la curiosidad e interés del referido


tema por los investigadores como así también cumplir con los requisitos del programa
de la cátedra de Psicología de la Familia, Educativa, comunitaria, laboral y social.

Dicha investigación igualmente servirá como medio de aprender y adquirir experiencias en


cuanto a la elaboración de trabajos intelectuales monográficos.

El resultado de la mencionada investigación servirá de apoyo y/o guía para los propios
compañeros del curso de especialización en Mediación y Resolución de Conflictos como así
también a personas interesadas en el tema.
5

CAPITULO: II

MARCO TEÓRICO

Aristóteles, consideraba que el ser humano no podía ser sólo animal ni sólo racional,
ambas características se sostenían una a la otra: no hay racionalidad en el ser humano
sin animalidad, ni animalidad sin racionalidad. El animal es un ser irracional, brutal,
bestial, mientras que la racionalidad mediante el romanticismo busca recuperar lo mejor
de esas características reivindicando la pasión y la razón. De ahí la conducta humana,
resulta un tanto delicada definir de una manera simple y lábil, ya que en algunos resalta
con mayor fuerza la parte de animalidad y en otros la racionalidad, es decir la conducta
de cada persona es única y peculiar, ya que responde a la actitud que manifiesta ante
diferentes estímulos y/o situaciones dadas. La conducta entonces, es la forma de ser y de
actuar de cada individuo, es decir, su comportamiento. La actitud en gran medida se
manifiesta y se refleja a través del comportamiento de las personas.

Teniendo en cuenta los antecedentes investigativos sobre el tema arroja como resultados
importantes literaturas acerca del tema. Así se disponen de definiciones sobre actitud
emitidos desde el punto de vista de diferentes autores, los cuales se detallan a
continuación:

"La actitud es una predisposición aprendida para responder consistentemente de


modo favorable o desfavorable hacia el objeto de la actitud" (Fishbein y Ajzen, 1975 en
Bolívar, 1995: 72)
"… la actitud es una disposición fundamental que interviene en la determinación de
las creencias, sentimientos y acciones de aproximación-evitación del individuo con
respecto a un objeto." (Cook y Selltiz, en Summers, 1976: 16).
"La actitud es la disposición permanente del sujeto para reaccionar ante
determinados valores" (Marín, 1976:69).
"El concepto de actitud denota la suma total de inclinaciones y sentimientos, prejuicios
o distorsiones, nociones preconcebidas, ideas, temores, amenazas y convicciones de un
individuo acerca de cualquier asunto específico" (Thurstone en Summers, 1976:158)

"…el término actitud hace referencia a un sentimiento general, permanente positivo o


negativo, hacia alguna persona, objeto o problema" (Petty y Cacioppo, 1981 en León y
otros, 1998:118)
6

"Las actitudes son las disposiciones según las cuales el hombre queda bien o mal
dispuesto hacia sí mismo y hacia otro ser...son las formas que tenemos de reaccionar
ante los valores. Predisposiciones estables a valorar de una forma y actuar en
consecuencia. En fin, son el resultado de la influencia de los valores en nosotros"
(Alcántara, 1988: 9)
"La actitud es una tendencia psicológica que se expresa mediante la evaluación de
una entidad (u objeto) concreta con cierto grado de favorabilidad o desfavorabilidad"
(Eagly y Chaiken, 1993 en Morales (Coord.), 1999:194).
Haciendo un análisis comparativo de todas las citas mencionadas más arriba desde el
punto de vista de varios autores se pudo apreciar que todos presentan unas
características comunes similares acerca del concepto de la actitud como, por ejemplo:
que la actitud es sentimientos, creencias y también acciones que son demostrados a
través de la conducta o comportamientos.

Tipos de actitudes del ser humano


Actitud manipuladora: Quien presenta este tipo de actitud manipuladora comienza
convirtiendo a los demás en objetos o fuentes de placer, estas personas construyen o
estructuran sus relaciones con el móvil de lograr que todo funcione de acuerdo a sus
deseos o expectativas, maneja estrategias para convencer al otro de que está obrando
bajo su propia voluntad.

Actitud pesimista: Este tipo de actitud se relaciona generalmente con un alto nivel de
tolerancia o flexibilidad, siendo benevolente comienza a valorar y permitir
transgresiones de las propias valoraciones.

Actitud sumisa: En este tipo de actitud las personas se postulan como objetos
permitiendo así que los demás sean los sujetos responsables y dueños de sus decisiones.
Funciona como mecanismo de supervivencia al permitirse seguridad a través del
cuidado y la sensibilidad de los demás.

Actitud positiva: Frecuentemente es el tipo de actitud que se considera como la más


favorecedora de todas las demás; se caracteriza por la percepción o apreciación
provechosa de las diferentes situaciones (independientemente si sean de dificultad) y
permite que la persona se sienta estimulada para actuar de manera confiada.
7

Actitud negativa: Esta actitud consiste en una percepción o interpretación de


desesperanza, derrota, desilusión o de subterfugios de realismo. Frecuentemente
exacerban las situaciones de dificultad o problemáticas existentes y elude o resta de
significado a cualquier aspecto de optimismo. Generalmente produce todo lo contrario a
la actitud positiva: detiene o reprime la acción.

Actitud agresiva: En este tipo de actitud se suele pasar en cuestión de segundos a la


acción y figura un acto impulsivo que persigue la consecución del significado de justicia
ignorando el de los demás.

Actitud pasiva: Este tipo de actitud se caracteriza por la poca o nula acción.

Actitud colaboradora: Este tipo de actitud posibilita o requiere un contacto frecuente


con los demás. Tiene como objetivo lograr ayudar que los demás logren sus propósitos.

Actitud altruista: Las personas que manifiestan la actitud altruista realizan acciones
con objetivos que proporciones beneficios o provecho a otra persona a un incluso
cuando pueda generar pérdidas o no tenga ningún beneficio para sí mismo.

Actitud emocional: Este tipo de actitud se observa de manera frecuente en personas


que cimientan sus relaciones en calidad de su afecto y el de los demás. Este tipo de
actitud se caracteriza también por el valor o la prioridad que se le da al área emocional
llevándolos así a vivir con más intensidad cada una de sus emociones.

Actitud neutra: Este tipo de actitud es de las que se presentan con poca frecuencia y se
caracteriza por no estar contorneado por afectividad o racionalidades (ni pesimistas y
tampoco positivas) suelen ser objetivos con sus decisiones.

Actitud racional/analítica: Este tipo de actitud genera en las personas un uso del juicio
o la lógica al momento de estimar o evaluar las situaciones. Con frecuencia este tipo de
actitud lleva a que se intenten ocultar o ignorar las emociones bajo justificaciones
racionales (cognitivas). Sin embargo, manejar positivamente las emociones implica
aprender a sentirlas y expresarlas.

Actitud de confianza: Este tipo de actitud se observan en las personas que manifiestan
una aceptación de las propias características. Generalmente esta actitud permite percibir
8

los estímulos de placer o de dolor como una intención pedagógica. La confianza se


puede trabajar y mejorar. Prueba los siguientes consejos para ganar confianza en uno
mismo.

Actitud flexible: Las personas con una actitud flexible manifiestan la aceptación de las
cualidades o criterios ajenos sin llegar a deshacerse de los propios. Esta actitud facilita
la conciencia del principio de realidad; las personas reconocen que la vida puede tomar
un curso muy diferente al que se planeaba y actúan a favor de sí mismos y de su
exterior. Permite la rápida adaptación a los cambios.

Actitud empática: Esta actitud de empatía se caracteriza por personas que son
conscientes de la existencia del otro y por tanto comprenden gracias a su propia
autoevaluación o introspección que las conductas de los demás también tienen un
origen. Permiten escuchar y facilitar el dialogo a las demás personas por su
comprensión, entre muchos otros beneficios de desarrollar una actitud empática.

Actitud suspicaz: Este tipo de actitud se caracteriza por una desconfianza excesiva ante
cualquier tipo de estímulos, generalmente estas personas están alerta ante cualquier tipo
de agravio o intento de perjurio.

Actitud sardónica: La actitud sardónica se caracteriza por un contacto mordaz e


incisivo hacia los demás. Llenan de sarcasmos o ironías las conversaciones que
mantienen con los demás.

Actitud inflexible: Se caracteriza por un patrón rígido de conducta y pensamiento en


donde se pretende que lo demás esté en sintonía con lo que se busca y se sufre
terriblemente cuando no es así.

Actitud moralista/prejuiciosa: Este tipo de actitud se caracteriza por la preocupación


del peso ético de las propias acciones y de los demás. Generalmente la persona con una
actitud moralista se dedica a vigilar las acciones de los demás para que no incurran a la
falta de los principios o preceptos que el maneja.

Actitud nihilista. En este tipo de actitud se rechazan todos los principios morales o
estructuras sociales, manteniendo la creencia de que la existencia misma y del todo
carece de sentido o propósito intrínseco.
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Funciones de la actitud

Función instrumental
Tienen lugar cuando la actitud sirve a la persona para alcanzar objetos que le reporten
beneficios tangibles o un ajuste a la situación, así como para evitar objetivos no
deseados. Dicho de otra forma, las personas desarrollan actitudes positivas hacia lo que
les aporta beneficios, y actitudes negativas hacia aquello que está asociado con
consecuencias negativas.
Función expresiva de valores
Esta función desempeña una actitud que permite la expresión abierta de los
pensamientos y sentimientos que quiere que los demás conozcan del otro.
 Función cognoscitiva
Según esta función, las actitudes ayudarán a los individuos a organizar la información
que proviene de los objetos de actitud en función de la valoración que se haya echo de
ellos, estructurando y dando coherencia a la sobrecarga de estímulos a los que las
personas están expuestas continuamente.
 Función de defensa del yo
Tienen lugar cuando las actitudes contribuyen a mantener la autoestima personal o la
autoestima basada en el grupo al que se pertenece. Esto puede dar lugar a actitudes
prejuiciosas, al evaluar negativamente a personas de otros grupos sociales.
Finalmente, hay que tener en cuenta que una misma actitud puede desempeñar
diferentes funciones para distintas personas.

Cambios que genera la actitud en la conducta humana


Como ya se ha mencionado en términos anteriores que las actitudes son adquiridas; por
lo tanto, pueden ser aprendidas como también cambiadas según las convicciones de las
personas. Diferentes expertos han señalado que existen técnicas y métodos para generar
los cambios en las actitudes, los cuales se pueden apreciar a través de Dos enfoques que
han establecido los principios que explican y estructuran las teorías en torno a tal
pretensión: la Teoría de la Persuasión y la Teoría de la Disonancia Cognitiva.
10

Persuasión y cambio de actitud


Hablar de "cambio de actitud" se refiere implícitamente a su proceso de formación y a
la consideración de las características de la relación que se establece entre la actitud y la
conducta. En tal sentido la Teoría de la Persuasión como orientadora de los cambios de
actitud, bien puede circunscribirse en la tendencia que otorga a las actitudes y sus
componentes cierto nivel de predictibilidad sobre las acciones y conducta. Los
principios de esta teoría se orientan al estudio y comprensión de la dinámica de los
mensajes persuasivos y su fundamento principal sostiene que para que un mensaje
persuasivo cambie la actitud y la conducta tiene que cambiar previamente los
pensamientos o las creencias del receptor del mensaje (Moya en Morales (coord), 1999;
216) Uno de los aspectos importantes de esta teoría es la consideración de la persuasión
como una serie de etapas o que progresivamente va atravesando la persona en la cual se
desea generar un cambio de actitud. Desde esta perspectiva la información, el
conocimiento, el mensaje, juegan un papel primordial y la eficacia de su poder de
persuasión está mediada por una serie de elementos claves involucrados en la
comunicación y en el procesamiento de la información.
Según Moya (en Morales (coord), 1999) los elementos claves se refieren
fundamentalmente a:
-La fuente o emisor del mensaje: Considerando en primera instancia la credibilidad de
la misma, que se deriva de la competencia que el receptor le atribuye y de la claridad o
transparencia en la intención de persuadir. Las intenciones muy evidentes generan poco
efecto en el cambio de actitudes. Otro aspecto importante de la fuente, es el que se
refiere al atractivo de la misma; este factor puede aumentar la atención e incentivar
mecanismos de identificación con ella, lo que en resumen mejora su credibilidad y la
eficacia en la persuasión.
-El contenido del mensaje: Especialmente la calidad de sus argumentos, la claridad y
organización, así como también el énfasis del mensaje en cuanto a, si se basa en
aspectos racionales o emocionales.
-El canal comunicativo: el medio (visual, auditivo, directo, indirecto) y su calidad.
-El contexto: sus condiciones (relajado o serio, agradable o desagradable, tenso o
distraído)
En este orden de ideas, la persuasión, depende básicamente de dos situaciones, por una
parte, de la actitud del receptor con respecto a dicha fuente concretada en aspectos ya
indicados como la credibilidad, el atractivo y la competencia que el individuo le
11

atribuye a la fuente. Por otra, de las discrepancias entre las actitudes de la fuente y el
receptor, tal como las percibe este último. Agrega el autor, que aun cuando no existen
estudios determinantes en torno a la influencia de las características del receptor en el
cambio de actitud, vale tomar en cuenta el nivel de susceptibilidad (es decir el nivel en
el que el receptor se deja persuadir) y que según Hovland (1959) puede ser afectado por
la edad, el nivel educativo, las creencias previas, así como también por factores más
estructurados tales como:
-La autoestima, pues a mayor autoestima menor susceptibilidad a la persuasión
-El autoritarismo: las personas autoritarias son altamente propensas a ser influenciadas
por comunicadores de prestigio.
-El aislamiento social: que genera mayor necesidad de la aprobación de los demás.
-El nivel de fantasía: las personas propensas a la fantasía son más susceptibles de ser
persuadidas.
-El tipo de orientación vital: las personas independientes que valoran sus objetivos y
patrones personales son menos susceptibles que aquellas con altos niveles de
adaptabilidad y conformismo.
Para que la persuasión cause el efecto deseado es necesario, primero, que el receptor
pase progresivamente por las distintas etapas del proceso persuasivo y segundo, tener en
cuenta que el impacto de la comunicación en cada una de las etapas puede ser distinto;
ciertas características del mensaje, de la fuente e incluso los procesos que ocurren en el
receptor pueden ocasionar efectos positivos en algunas etapas y negativos en otras.

Otras formas de persuadir pueden ser a través de:


Teoría de la Publicidad, Busca generar cambios en las actitudes de las personas
mediante el enfoque de la persuasión.
La producción de mensajes (publicidad) que generan acciones, sentimientos,
intimidación, culpabilidad y humor, han resultado técnicas efectivas para la persuasión
logrando captar y mantener la atención de las personas. Una vez alcanzado esto, los
mensajes y relatos buscan involucrar al sujeto generando en él reacciones de agrado o
irritación; esto evidencia el efecto de la técnica en el individuo. Poco a poco los intentos
persuasivos van contribuyendo a la compresión, aceptación, rechazo o alejamiento del
objeto de la actitud involucrado en el mensaje, generando en el individuo un cambio en
su manera de proceder con respecto al mismo.
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La Teoría de Respuestas Cognitivas a la Persuasión: Sostiene que siempre que un


receptor recibe un mensaje persuasivo, compara lo que la fuente dice con sus
conocimientos, sentimientos y actitudes previas respecto al tema, generando unas
respuestas cognitivas (Cantero et al en León et al, 1998; 128).
El punto central de esta teoría se concreta en determinar los factores, y su influencia, en
la cantidad y tipo de argumentos (o respuestas cognitivas) que el receptor elabora a
favor o en contra del mensaje, lo que al parecer depende del grado de distracción e
implicación personal del receptor en el tema. Es evidente que el enfoque de esta teoría
la describe como una tendencia racionalista, ya que desde su perspectiva, el cambio de
actitud es entendido como un proceso en el cual el receptor se implica activamente en el
procesamiento cognitivo del mensaje. Sin embargo, como es lógico pensar, no siempre
ocurre así, pues somos propensos a ser persuadidos sin haber analizado el contenido de
los mensajes que recibimos.

El Modelo Heurístico: Explica lo que sucede en estos casos. En ocasiones somos


persuadidos porque seguimos determinadas reglas heurísticas de decisión. Así la
persuasión es el "…resultado de alguna señal o característica superficial del mensaje, de
la fuente que lo emite o bien de la reacción de otras personas que reciben el mismo
mensaje" (Eagly y Chaiken, 1984 en León et al, 1998; 129). Según este modelo cuando
recibimos un mensaje persuasivo podemos analizarlo racionalmente (ruta central) o
podemos responder automáticamente utilizando un heurístico (ruta periférica) para
argumentar nuestro cambio de actitud. En ambos casos la probabilidad de elaboración
depende de dos factores: de la motivación y de la capacidad para hacerlo.

La Teoría de la Disonancia cognitiva: Se fundamenta en el hecho de que la disonancia


es parte de nuestra vida cotidiana. Constantemente debemos elegir u optar por
alternativas, en muchos casos contradictorias, adicionalmente, estamos expuestos a
mensajes, situaciones y/o personas que nos incitan a asumir una conducta discrepante de
nuestra actitud lo que finalmente nos puede condicionar a cambiarla. Esta Teoría se
apoya en abundantes pruebas experimentales que demuestran sin embargo que el
proceso sólo parece operar en ciertas condiciones; una de las cuales es que la persona
debe percibir que su propio compromiso con la acción es voluntario (León et al,
1998;130). Una de sus fortalezas es el gran interés que proporciona a las consecuencias
13

de la acción, como determinantes del cambio de actitud que ocurre como respuesta a la
disonancia.

Características de la actitud
De forma general, se puede caracterizar la actitud según las siguientes descripciones:
Dirección indica que la actitud que puede ser positiva o negativa.
Magnitud es el grado de favorabilidad o desfavorabilidad con el que se evalúa el objeto
de la actitud.
Intensidad es la fuerza del sentimiento asociada con la actitud.
Centralidad se refiere a la preponderancia de la actitud como guía del comportamiento
del sujeto.

Importancia de la actitud dentro de la convivencia humana


Aristóteles ya lo decía en su momento que el hombre es un ser social por naturaleza, por
lo tanto es bastante visible tal caracterización en la conducta de las personas, ya que
resulta difícil vivir aisladamente de los demás. Asimismo, es importante saber que para
vivir en comunidades o en grupos, se recomendable la práctica permanente de los
valores que ayudan a mantener una convivencia tanto deseable como saludable.
La vida de relación con los demás surge originalmente en el grupo familiar y se amplía
progresivamente con los demás grupos de la sociedad. Moleiro, M (2001) identifica al
menos cuatro colectivos que tienen gran influencia en la formación de nuestros valores:
“la familia, la escuela, los medios de comunicación y el grupo de los iguales que varían
según la edad” (Pág. 12). Los valores son parte del acervo cultural de nuestros mayores.
Es la verdadera herencia que nos legaron nuestros: padres, maestros, o quienes
ejercieron un rol significativo en nuestras vidas; es sabido que la educación primaria
informal se desarrolla en el seno familiar mientras que la educación primaria formal se
lleva adelante desde en las diferentes instituciones educativas.
Para que haya un ambiente de convivencia entre las personas es importante y
recomendable tener en cuenta las siguientes manifestaciones:
- Pensamiento, reflexión y sentido crítico:
Entre todos los aspectos de la razón que deben desarrollarse en la enseñanza obligatoria,
es hoy de una especial urgencia y necesidad, dadas las características de nuestra
sociedad, la formación del sentido crítico. Actualmente es posible afirmar, y de modo
generalizado,
14

que una de las finalidades de la educación, más en concreto de la educación intelectual,


es el desarrollo del sentido crítico, esto es, el crecimiento autónomo de la persona para
ser cada vez más ella misma. Lograr en el educando una inteligencia crítica es alcanzar
un pensamiento propio, que él piense por sí mismo mediante el juicio razonado, lejos de
modas, mayorías o temas, a veces, tan actuales como pasajeros. Ser crítico, pues, no
consiste sólo en pensar libremente, ni en censurar toda conducta, ni en mantener una
permanente oposición a determinadas ideologías, grupos o personas... sino en la
autonomía de criterios fundados acorde con la verdad científica o filosófica. Se trata de
una crítica correctamente fundamentada, como expresa la inscripción del frontispicio de
la Universidad de Uppsala: «Pensar libremente es algo grande, pero es más grande aún
pensar correctamente». La inteligencia mantiene una profunda relación con la voluntad
y con la libertad. La formación del sentido crítico nos conduce a la persona de criterio,
esto es, de conducta fundada en reflexiones deliberadas previas, a las decisiones
personales. No se trata de automatismos o actos reflejos, más propios de los instintos,
sino de principios y reglas flexibles y adaptables a las distintas circunstancias. Ser
persona de criterio significa ser capaz de conducir la propia vida de acuerdo con
criterios fundados en convicciones racionales y existenciales. En consecuencia, resulta
despersonalizador todo cuanto se opone a la actuación de la voluntad libre, bien sea
debido a factores externos (ambiente o moda, manipulación, adoctrinamiento), bien a
factores internos (caprichos, pasiones). Para prevenir tales prácticas deshumanizadoras,
cuya influencia se hace mayor entre los jóvenes, es necesario influir en el dinamismo
intelectual y moral para que la persona piense por cuenta propia y piense correctamente,
sabiendo discernir lo verdadero de lo falso, A ambas dimensiones ha de contribuir el
sentido crítico. No cabe esperar de los niños, como es lógico, un comportamiento crítico
y reflexivo maduro, pero sí han de avanzar en el conocimiento, la reflexión y el sentido
crítico, en su desarrollo y logro.
- Competencia emocional y social:
Al inicio de la década de los noventa, SALOVEY, de la Universidad de Yale y
MAYER, de New Hampshire, acuñaron por primera vez el término inteligencia
emocional para nominar la inteligencia impersonal e intrapersonal. Sin embargo, fue
GOLEMAN, psicólogo de Harvard, quien con su libro La inteligencia emocional llamó
la atención sobre la importancia del mundo afectivo personal en la vida y el desarrollo
de los individuos. La inteligencia emocional comprende capacidades básicas como la
15

percepción y canalización de la propia emoción o la comprensión de los sentimientos de


los demás. Tiene su propio dinamismo y actúa constantemente sobre nuestro
comportamiento y personalidad. Estas capacidades básicas, que nos permiten tener
confianza en nosotros mismos o saber disfrutar de la relación con otras personas, se van
formando durante la infancia. Por ello, el profundizar en los rasgos y en la construcción
social de las emociones en los escolares, en su competencia emocional, es fundamental
en la enseñanza obligatoria. Las emociones y sentimientos básicos como el hambre, el
miedo, la ira, la ansiedad, forman parte del equipamiento emocional, biológicamente
están presentes en nuestra naturaleza. Ahora bien, es la cultura la que suministra el
vínculo entre lo que los hombres tienen posibilidad de llegar a ser en el campo
emocional y lo que realmente llegamos a ser como miembros de ese grupo cultural. En
el seno de una determinada cultura se aprende a manifestar o controlar sentimientos y
emociones de acuerdo a los significados, valores y pautas culturales del grupo. Nuestro
equipamiento biológico nos permitirá vivir una serie de vidas afectivas posibles, pero
nacemos en una cultura y acabamos viviendo una sola vida cultural. Sin embargo, ser
humano es ser algo más que sentir y actuar como miembro de un grupo cultural, hay
diferentes modos individuales de sentir y ser de ese grupo (edad, status, género, etc.).
Este proceso de individualización personal se desarrolla a través de la educación.
Gracias a la educación se lleva a cabo la modulación cultural de lo biológico. El
ambiente modula la competencia o incompetencia emocional.
- La incompetencia emocional:
Ante la auténtica crueldad de que son autores algunos niños, cabe preguntarse, ¿qué es
lo que ha ido mal en el desarrollo de los niños que actúan con violencia? El problema es
muy complejo, sobre todo si entendemos que las causas sociales pueden hacer posibles
o incluso inevitables los comportamientos humanos, la pérdida de valores, la
depravación social y afectiva en el contexto familiar. La influencia de modelos
violentos a través de la TV y otros ámbitos de socialización no hay duda que suponen
una carga para el desarrollo del individuo, producen aprendizaje a través del modelado,
generan miedo al fracaso y frustración, soledad y baja autoestima, decepción, rabia y
agresividad. Componentes básicos, todos ellos, del comportamiento violento. Pero, esto
no significa que los afectados se conviertan, sin más, en agresivos y violentos. Aquellos
que han aprendido a manejar la frustración, a tener compasión y, en definitiva, a ser
competentes emocionalmente, no utilizarán la violencia para manejarse, ni siquiera
cuando experimenten grandes fracasos o agresiones Sin embargo, la evidencia
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investigadora muestra, cada vez con más contundencia, que el comportamiento humano
es un reflejo de lo que le acontece y no una consecuencia de sus impulsos innatos. El
comportamiento violento y agresivo también se aprende. Los factores genéticos o
innatos que configuran comportamientos humanos como la compasión, el altruismo o la
agresión son el producto de un largo proceso condicionado por las experiencias
familiares y escolares, las normas sociales y los patrones culturales. Se aprende a ser
agresivo de la misma forma que a inhibir la agresión y ser compasivo. Cuando la
conducta agresiva es ridiculizada y reprimida en un grupo humano, acaba por
desaparecer, de igual forma que cuando constituye una forma eficaz de manejar la
situación se potencia y es cada vez más frecuente. El ser humano, contando con unas
potencialidades de ser agresivo, amar o hablar, se desarrolla en contacto con el grupo
social en que vive y, en virtud de los modelos y las condiciones de vida a que se ve
expuesto, organiza su conducta.
Los padres, cuidadores y profesores en los entornos donde no se fomenta la
competencia emocional, según la evidencia empírica, suelen tener creencias sesgadas
negativas, acerca de las características de sus niños, tienden a verlos menos inteligentes,
más problemáticos, agresivos y desobedientes. Comprenden mal las necesidades
afectivas y motivaciones de los niños, reconocen mal sus expresiones emocionales;
responsabilizan más a los niños por su conducta negativa y les atribuyen frecuentemente
intenciones de comportarse negativamente. Tienen una mala comunicación y escasa
cohesión grupal. Asimismo, despliegan una menor empatía, manifiestan poca
compasión y, en términos generales, les conmueve poco el llanto infantil. Estos
comportamientos familiares tienen consecuencias profundas en los niños (PÉREZ
ALONSO-GETA, P.; y CÁNOVAS LEONHARDT, P, 1996).

Los pilares de la inteligencia emocional:


La competencia emocional puede entenderse como la capacidad que permite a la
especie humana solucionar el problema de la vida. La inteligencia emocional podría
explicarse desde cuatro pilares o parámetros básicos: la capacidad de entender y
comprender emociones y sentimientos propios, la autoestima, la capacidad de gestionar
y controlar los impulsos y situaciones afectivas y la capacidad de entender y
comprender los sentimientos de los demás. Tener competencia emocional es algo que
requiere entrenamiento y aprendizaje y, como tal, puede enseñarse. Llegar a ser
competentes emocionalmente requiere una educación que empieza en los primeros años
17

de vida. Requiere que quienes cuidan de los niños les ayuden a desarrollar las
cualidades o pilares básicos de la competencia emocional.

Capacidad de entender y comprender las propias emociones


El reconocimiento de las propias emociones es el alfa y omega de la competencia
emocional. Sólo cuando se aprende a percibir las señales emocionales, a categorizarlas y
aceptarlas, es posible dirigirlas adecuadamente sin dejarse arrastrar por ellas. Para
GOLEMAN (1996, p. 85), el conocimiento de uno mismo y de los propios sentimientos
es la piedra angular de la inteligencia emocional, la base que permite progresar. La toma
de conciencia emocional constituye la habilidad emocional fundamental, el cimiento
sobre el que se asientan otras habilidades y pilares emocionales. La comprensión, que
acompaña a la conciencia de uno mismo, tiene un poderoso efecto sobre los
sentimientos negativos intensos y nos proporciona la oportunidad de liberarnos de ellos.
Consecuentemente, se tiende a tener una visión positiva de la vida y a percibirse como
una persona controlada y autónoma. Por el contrario, las personas atrapadas por sus
emociones se ven desbordadas e incapaces de escapar de ellas. Como es lógico, no es
posible para los niños/as disponer, de entrada, ni en mucho tiempo, de tal repertorio de
habilidades, pero se pueden ir sentando las bases para su adquisición. La adquisición de
la conciencia de sí-mismo se desarrolla continuamente a lo largo de la infancia en
relación con otros procesos cognitivos y de socialización, los cuales van a permitir,
finalmente, la representación e identificación del yo y de los propios sentimientos y
emociones.

La autoestima
Otro de los pilares básicos de la inteligencia emocional es, sin duda, la autoestima,
directamente vinculada al autoconcepto, a la comprensión y sentimientos propios. Es la
visión e imagen que el individuo tiene de sí mismo, incluye en la conducta y es el
mediador entre la persona y el medio. El conocimiento de sí mismo y la consiguiente
autoimagen, el autoconcepto, es una estructura central para entender la concepción del
mundo del sujeto y una de las principales variables que influyen en las acciones de éste.
Interactuando con factores biológicos y fuerzas situacionales externas, dirige y guía su
conducta. De todos los juicios a los que el individuo se somete ninguno es tan
fundamental como la evaluación de sí-mismo. Del resultado de esta evaluación resulta
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la autoestima. Este concepto modula el presente y futuro del individuo y es el factor


principal de su vida personal y social. En la autoestima se combinan dos procesos
mutuamente relacionados: El éxito o el fracaso en dominios altamente valorados en el
individuo (en relación directa al sistema de creencias personales). La valoración
recibida de los demás, con especial incidencia de los otros, el profesor se presenta aquí
como facilitador de experiencias positivas o negativas en el aula (proceso de enseñanza
aprendizaje y en las relaciones entre iguales). Para contribuir al desarrollo de la
autoestima será preciso plantear a los niños, metas alcanzables con su esfuerzo, donde
puedan desarrollar y poner en acción los propios recursos e intentar, en lo posible, que
puedan percibir el fruto de su implicación y esfuerzo.

La capacidad de gestionar y controlar inteligentemente los impulsos y situaciones


afectivas:
Las emociones básicas del ser humano forman parte de su naturaleza biológica, lo
quiera o no, pero la posibilidad de manejar estas formas de comportamiento en un
sentido u otro, dentro de un contexto cultural, está en sus manos. Aquí tiene una
importancia capital la educación. El autocontrol puede entenderse como la capacidad de
dirigir de forma autónoma la propia conducta. La autorregulación es un aspecto esencial
del desarrollo humano que permite al hombre controlar la situación y no estar a merced
de las demandas del entorno. Nos enseña a «esperar» cuando las cosas no pueden
obtenerse inmediatamente, a variar las estrategias cuando éstas no funcionan y a evitar
comportamientos inadecuados. Emociones básicas de nuestro bagaje emocional, como
el miedo, la ira, etc. son además mecanismos de supervivencia que no se pueden
desconectar o evitar, pero se pueden conducir y canalizar de forma fructífera. El
componente biológico primario emocional, como puede ser el deseo o la lucha, puede
ser sustituido por formas de comportamiento aprendidas y culturalmente aceptadas,
como el flirteo o la ironía. Controlar el impulso, superar la frustración, es fundamental
en la competencia emocional.
La capacidad de comprender y entender los sentimientos de los demás:
R. ROSENTHAL, hace ya bastantes años, mostró que la inteligencia emocional está
vinculada a la capacidad de leer los sentimientos de los demás. La importancia de la
percepción del otro o empatía para la competencia emocional es indudable, pues ésta se
desarrolla por la comunicación emocional en situaciones de interacción. La disposición
natural a la empatía la manifiestan los niños muy pronto. Bebés de tres meses
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reaccionan alterándose ante el llanto de otro niño y comienzan ellos mismos a llorar.
Parece que se trata de una capacidad innata que, sin embargo, es necesario cultivar. Para
el psiquiatra STERN, el desarrollo de la empatía depende de la sensibilidad y reacciones
de los padres frente a las manifestaciones emocionales del niño, tanto si se ignoran
como si se sobrepasan. La compasión es un elemento de competencia emocional y
resulta serlo también de la competencia social e incluso moral. En este último sentido, el
modelo de perfección para el más alto desarrollo humano parte del budismo, es alguien
que ha puesto fin a su sufrimiento y a crear sufrimiento a los demás. De ahí, que la
compasión se encuentre en los cimientos mismos del sistema ético (YEARLEY, p. 26).
En torno a la competencia emocional y social la investigación empírica ha puesto de
manifiesto algunos datos que, si bien brevemente -dado el contexto de este trabajo-,
queremos reseñar. El grado de competencia emocional de los niños se pone de
manifiesto en situaciones y contextos naturales a través de lo que los niños piensan y
hacen.
- El desarrollo de la competencia social en la educación obligatoria:
En un sentido amplio, el término competencia social se refiere a una adaptación social
saludable. Ciertamente, es un elemento clave del desarrollo humano que incluye la
capacidad de autocontrol, a la vez que conlleva un juicio valorativo (personal y social)
de la adecuación de dicha conducta, siempre en referencia al contexto socio-cultural es
que éste se desarrolla. Así, la consideración de una conducta como competente
socialmente depende de situaciones tanto sociales como evolutivas. Dentro de la
educación obligatoria, la noción de competencia social enfatiza sobre todo la capacidad
de adaptación a los diferentes contextos, así como la posibilidad de establecer relaciones
recíprocas satisfactorias con iguales. No podemos olvidar que la vida social en la
escuela adquiere una significación muy especial para el niño/a. Se produce la unión de
sus dos mundos vitales, en los que ha de ser hábil socialmente: familia y escuela. La
competencia social, se fundamenta en dos aspectos relevantes: uno de ellos es interno,
que hace referencia a procesos cognitivos y socioemocionales, donde se incluye la
adopción de perspectiva social, la empatía y la capacidad de autorregulación. Y un
aspecto externo, directamente vinculado a las habilidades sociales, que supone la
valoración y apoyo por parte de los adultos, y la aceptación o, en su defecto, el rechazo
por parte del grupo de iguales. De ahí, que competencia emocional y social aparecen
íntimamente relacionadas. En primer lugar, es a través de la cooperación en el juego y,
más tarde, en la escuela donde se establecen las relaciones interpersonales. A partir de
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aquí, existe la posibilidad de sentirse integrado, de expresar opiniones e ir confrontando


puntos de vista. Necesidades básicas para el individuo que la educación en esta etapa
debe cubrir. En los comienzos de la educación primaria, el niño/a ya es capaz de
desarrollar estrategias de comprensión y asimilación del mundo social que le permiten
abordar situaciones desde diferentes puntos de vista, por ejemplo, considerando la
perspectiva de un compañero de clase. Al respecto, cabe señalar que existe un
paralelismo entre evolución intelectual y desarrollo social. El niño es capaz de cooperar
con los otros cuando se halla capacitado para comprender la reciprocidad y
complementariedad de otros puntos de vista.
Intercambios sociales; prestaciones y costos:
Los intercambios sociales entre iguales proporcionan a los niños una serie de beneficios
y bienes, de prestaciones y costes, que se ponen en marcha en el mismo proceso de
interacción, pero cuyas consecuencias van más allá de la mera acción puntual,
condicionando y sacando o no provecho para el futuro de las experiencias de
aprendizaje que las mismas interacciones proporcionan. En las teorías psicológicas del
intercambio, y sin entrar aquí en especificaciones, es frecuente hablar de recompensas,
costos y beneficios como resultados obtenidos en la interacción social, entendiendo que
los individuos tratan de obtener el máximo beneficio de la misma. Al tratar aquí la
interacción entre iguales «en niños», nos vamos a centrar, más que en los intercambios
de tipo económico, en recursos más sutiles como el afecto, la consideración (estatus), la
información, etc., con planteamientos cercanos a la Teoría de los recursos de Foa y Foa.
Estos recursos pueden ser productos tangibles y materiales, como los apuntes y libros u
objetos, y más abstractos, como el afecto y la estima, el tiempo que se ofrecen y
entregan sin perder nada en ello.
Aceptación del grupo:
Conseguir la aceptación de los coetáneos constituye una necesidad grande en niños y
adolescentes, y la socialización de los niños y niñas se ve incrementada poderosamente
por las interacciones con los iguales en estos grupos. Grupos que los mismos niños
crean, aunque no posean una estructura estable y formalizada, el sentirse miembro de un
grupo significa su aceptación en el mismo, a veces también un estatus de privilegio
frente a un grupo más grande. Esto proporciona al niño seguridad y la sensación de
tener un lugar en el mundo social.
Pautas educativas para el desarrollo de la competencia social en la enseñanza
obligatoria: las habilidades sociales y la conducta prosocial:
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Sin duda, la escuela interviene de forma decisiva en el desarrollo social del alumno/a de
la enseñanza obligatoria. Dicha institución es un escenario especialmente significativo
para el estudio de los procesos de socialización, debido a que los niños encuentran en
ésta a dos agentes de socialización: los adultos y sus iguales. El desarrollo personal de
los valores sociales, el aprendizaje de habilidades sociales y de la conducta prosocial se
logra a partir de las específicas condiciones de interacción que la escuela ofrece, es
decir, las interacciones con los adultos y grupos de iguales. Así, el niño/a necesita de la
escuela, y ésta debe proporcionarle oportunidades para mantener dichas interacciones
sociales en condiciones de igualdad y respeto mutuo. Mediante el proceso de
socialización, el niño debe ir aprendiendo ciertas conductas y destrezas sociales
(habilidades sociales), que le van a posibilitar interactuar con los demás de forma
satisfactoria. Progresivamente, va aprendiendo a comportarse socialmente de un modo
apropiado. La escuela y todo lo que ella comporta ejerce un papel fundamental en la
adquisición de estas conductas. Constituye un espacio educativo único para el
aprendizaje y entrenamiento de las habilidades sociales, porque proporciona gran
variedad de situaciones adecuadas, y el profesor, como adulto y modelo significativo
para el niño en su etapa escolar, influye de forma clara en la enseñanza de las mismas.
En definitiva, la escuela debe incluir programas de habilidades sociales en su currícula
con el fin de promover en los alumnos una adecuada competencia social. De igual
modo, el grupo de iguales, como decíamos, cumple un papel destacado en el desarrollo
de la competencia social de la infancia. Si bien las habilidades sociales hacen más
eficaces nuestras relaciones interpersonales, la conducta prosocial o altruista supone
acciones que tienden a beneficiar a otras personas sin que exista la previsión de
recompensa exterior. Incluye conductas socialmente deseables tales como ayudar,
compartir, cooperar. La conducta prosocial se encuentra determinada por ciertos
factores que podemos agrupar en factores personales; edad, desarrollo cognitivo,
afectivo y social, el contexto familiar y escolar, parece lógico que cuando desde la
familia y la escuela se impulsa la sensibilidad social, las necesidades del otro, la
conducta prosocial se incrementa y, por último, la cultura; los valores socioculturales
inciden en que sus miembros sean proclives o no a las conductas prosociales. En suma,
enseñar a los niños/as a ayudar a compartir y cooperar debe ser una de las metas de la
enseñanza obligatoria en su intento de estimular el desarrollo integral de éstos.
En definitiva, si se contara con todos los puntos ya comentados en términos anteriores,
se tendría un ambiente de convivencia inigualable, ya que en este caso se observaría una
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clara práctica de actitud positiva y munida de los valores que cooperan en pro de un
desarrollo armónico dentro de la sociedad, tales como respeto, tolerancia, solidaridad,
empatía, cooperación, entre otros.
En fin, convivir significa compartir vivencias juntos; es encontrarse y conversar, dar
vueltas si se quiere. Si se conversa en la escuela, hay una convivencia escolar; si se
practica la conversación o el dialogo en la sociedad; en la ciudad, se está construyendo
ciudadanía, la convivencia democrática.
Aprender a convivir es una finalidad básica de la educación. Se trata de sumar esfuerzos
para dar respuestas favorables, conscientes de que la educación para la convivencia
democrática y la ciudadanía, para la igualdad entre hombres y mujeres, la educación
intercultural, en definitiva, la educación para una cultura de paz, son desafíos que la
escuela no puede obviar si quiere encontrar alternativas, positivas y constructivas, a los
problemas escolares y sociales del siglo XXI.
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CONCLUSIÓN

Dicha investigación bibliográfica pudo llegar a las siguientes conclusiones conforme a


los objetivos planteados:

``Conceptualizar actitud desde la perspectiva de diferentes autores´´: Dentro del


desarrollo del marco teórico se pudo visualizar que la actitud es una forma de actuar del
individuo, que; tanto conducta como actitud están correlacionadas una con otra, puesto
que la conducta es la manifestación práctica y extrínseca de lo intrínseco, es decir, del
sentimiento, de la idea y de los deseos.

``Tipos de actitudes del ser humano´´: Dentro de dicho constructo se han visto unas
múltiples y variadas actitudes y reacciones de parte de cada individuo en respuestas a
los estímulos recibidos, ya sean estos positivos o negativos. Algunos de los tipos de
actitudes mencionados y analizados son: actitud manipuladora, pesimista, sumisa,
positiva, negativa, agresiva, pasiva, colaboradora, entre otras.
``Reconocer las funciones que cumplen las actitudes´´: según lo desarrollado, dichas
funciones sirven para identificar y organizar cada manifestación actitudinal ante
diferentes estímulos, como ser: Función instrumental, función expresiva de valores,
función cognoscitiva y la función de defensa del yo. Todas ellas cumplen una función
dentro de la actitud según las reacciones ante cualquier situación dada.

``Examinar los cambios que generan las actitudes en la conducta humana´´: Es este
apartado se ha hallado y comprendido que el ser humano desarrolla actitud según su
realidad y conveniencia, es decir; acepta algo si realmente lo convence de su utilidad o
provecho para sí, caso contrario punto rechazado.

``Discriminar las características de la actitud´´: Dentro de este constructo se ha


encontrado descripciones específicas que demuestran con particularidad las reacciones
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de actitudes que exhiben o desarrollan los individuos ante diferentes planteamientos de


situaciones ofrecidas, ellos son; Dirección, magnitud, intensidad, centralidad.
``Juzgar la actitud como base de la convivencia humana´´: como ya es sabido que
las personas en su mayoría, a excepción de los ermitaños buscan relacionarse con
alguien para intercambiar ideas o entablar conversaciones, aunque se haya quedado solo
en la vida, de ahí la deducción de que es difícil vivir en manera aislada, sino más bien
buscar la forma de conquistar un relacionamiento humano favorable a través de las
prácticas de los valores ya mencionados dentro del marco teórico como ser.

De esta manera se ha llegado a las siguientes conclusiones de acuerdo al objetivo


general planteado:

``DESCRIBIR LOS FENÓMENOS DE LAS ACTITUDES EN LA CONDUCTA


HUMANA´´:

Teniendo en cuenta todo lo desarrollado acerca de los fenómenos, los cambios y las
manifestaciones de las actitudes del ser humano se han encontrado diferentes reacciones
que las personas demuestran a la hora de recibir alguna novedad de cualquier índole.

Con todo ello se ha percibido que cada ser humano presenta una actitud bien peculiar.
La actitud representa al resultado o a la realización práctica de las ideas, sentimientos
y/o emociones que cada uno manifiesta según su realidad, ya sean estos positivos o
negativos en donde los mismos se vuelven a subdividir en diferentes posiciones. Para
una mejor ubicación y reconocimiento de las actitudes dentro de las conductas de los
individuos se han estudiado y analizado todo cuanto se refiera a los tipos de actitudes,
formaciones, funciones y cambios, los cuales han aportado lo suficiente en el
aprendizaje de los autores de esta monografía, ya que se ha realizado un análisis
profundo de los mismos.
25

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