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Descubre tu Propósito en el Servicio a Dios

1) El documento habla sobre cómo Dios creó a cada persona con un propósito y dones únicos para servirle. 2) Explica que Dios moldea a cada individuo a través de sus dones espirituales, oportunidades, talentos, personalidad y experiencias de vida. 3) Insta a las personas a descubrir su propósito único mediante la reflexión sobre estos factores, y a aceptar y usar los dones que Dios les dio.

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Descubre tu Propósito en el Servicio a Dios

1) El documento habla sobre cómo Dios creó a cada persona con un propósito y dones únicos para servirle. 2) Explica que Dios moldea a cada individuo a través de sus dones espirituales, oportunidades, talentos, personalidad y experiencias de vida. 3) Insta a las personas a descubrir su propósito único mediante la reflexión sobre estos factores, y a aceptar y usar los dones que Dios les dio.

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Formado para servir a Dios

 
Acepta tu asignación
“Porque somos hechura de Dios, creados en Cristo Jesús para
buenas obras, las cuales Dios dispuso de antemano a fin de que las
pongamos en práctica”
EFESIOS 2:10 (NVI)

Fuiste puesto en la tierra con un propósito: para servir a Dios y a los


demás. Siempre que sirves a otros de cualquier manera,
verdaderamente estás sirviendo a Dios y cumpliendo uno de tus
propósitos. No estamos en la tierra solo para respirar, comer,
ocupar un espacio y divertirnos. Dios nos formó individualmente
para que hiciéramos un aporte singular con nuestras vidas.
Dios te redimió para que hicieras su obra santa. Tú no eres
salvo por buenas obras, sino para hacer buenas obras. En el reino
de Dios, tienes un lugar, un propósito, un rol y una función que
cumplir. Esto le da a tu vida un gran valor y significado. Una vez que
has sido salvado, Dios intenta usarte en sus planes. Él te tiene
un ministerio en su iglesia y una misión en el mundo.
Para los cristianos, el servicio no es opcional, algo que debe
incluirse en nuestros horarios si disponemos de tiempo. Es el
corazón de la vida cristiana. Jesús vino a servir y a dar, y esos dos
verbos también pueden definir tu vida en la tierra. Servir y dar, en
resumen, es propósito de Dios para tu vida.

Formado para servir a Dios


 Eres una obra de arte hecha a mano por Dios. No has sido
fabricado en una línea de producción, ni ensamblado ni producido
en cantidades industriales. Eres un diseño hecho a medida, una
pieza original. Dios deliberadamente te hizo y te formó para que le
sirvas de una manera única en tu ministerio. Dios no solo te formó
antes que nacieras, sino que te diseño apto para aprender, Eso
quiere decir que nada de lo que pasa en tu vida es irrelevante. Dios
usa todo eso para formarte para que ministres a otros y para
servirlo a él.
Cómo te forma Dios para tu ministerio
Dios no desperdicia nada. Él no te daría habilidades, intereses,
talentos, dones, personalidad y experiencias a menos que tuviera la
intención de usarlos para su gloria. Si identificas y entiendes esos
factores puedes descubrir la voluntad de Dios para ti. La Biblia dice
que eres maravillosamente complejo. Eres una combinación de
muchos factores diferentes. Cinco de estos importantes factores
forman el acróstico: “F.O.R.M.A.”
Cuando Dios decidió crearte, determinó exactamente lo que
necesitarías para tu servicio singular. A esta combinación exclusiva
de aptitudes se le llama moldear o dar FORMA:
Formación espiritual
Oportunidades
Recursos
Mi personalidad
Antecedentes
Formación espiritual. Dios le da a cada creyente dones espirituales
para usarlos en el ministerio. Son habilidades especiales que Dios
da a los creyentes para servirle. Los dones espirituales son un
regalo, no se pueden obtener o merecer. Son una expresión de la
gracia de Dios para ti. No puedes escoger los dones que quieras
tener, Dios es quien los determina. No nos dio el mismo don a
todos. Por otra parte, ningún individuo recibe todos los dones. Tus
dones espirituales no se te dieron para tu propio beneficio sino
para el de otros, así como los de ellos son para tu beneficio. Cuando
usamos nuestros dones juntos, todos nos beneficiamos. Ese es el
motivo por el que se nos manda descubrir y desarrollar nuestros
dones espirituales.
Oportunidades. La Biblia usa el término corazón para describir el
manojo de deseos, esperanzas, intereses, ambiciones, sueños y
afectos que posees, en fin, tus oportunidades. Tu corazón es la
fuente de todas tus motivaciones, lo que amas hacer y lo que más
te importa. Tu latido emocional es la segunda llave para entender
tu forma para servir. Cuando sirves a Dios de corazón, lo sirves con
entusiasmo y efectividad. Descubre lo que te gusta hacer, lo que
Dios te puso en el corazón, y hazlo para su gloria.
“Porque somos hechura de Dios, creados en Cristo Jesús para
buenas obras”
EFESIOS 2:10 (NVI)
Entiende tu forma
“Cada uno ponga al servicio de los demás el don que haya recibido,
administrando fielmente la gracia de Dios en sus diversas formas”
1 PEDRO 4:10 (NVI)
Recursos. Tus recursos son los talentos naturales con los que
naciste. Algunas personas tienen facilidad natural con las palabras.
Otras tienen recursos atléticos innatos, son excelentes en la
coordinación física. Otros son buenos en matemáticas, música o
mecánica.
Para usar nuestros talentos en el servicio, necesitas entender
cuatro verdades:
Todos nuestros recursos provienen de Dios.
Cada recurso puede usarse para la gloria de Dios.
Lo que soy capaz de hacer, esto es lo que Dios quiere que haga.
Si no los uso, los perderé.
Mi personalidad.  Él nos creó a cada uno con una combinación
única de atributos personales. Dios hace a los introvertidos y a
los extrovertidos. A los que aman la rutina y a los que les gusta
la variedad. Él hace personas pensadoras y perceptivas. Algunas
trabajan mejor cuando se le asigna un trabajo individual mientras
que otras trabajan mejor en equipo. No hay temperamentos
“correctos” o “equivocados” en el ministerio. Necesitamos todo
tipo de personalidades para tener un balance en la iglesia y darle
sabor.
“Hay diversas funciones, pero es un mismo Dios el que hace todas
las cosas en todos”
1 CORINTIOS 12:6 (NVI)
Antecedentes. Tú has sido formado por tus antecedentes en la vida,
tus experiencias, la mayoría de las cuales estuvo fuera de control.
Dios permitió todas ellas para su propósito de moldearte. Para
determinar tu forma para servir a Dios debes examinar por lo
menos seis tipos de experiencias: familiares, educacionales,
vocacionales, espirituales, de ministerio y dolorosas. Es esta última
categoría la que Dios usa la mayoría de las veces para prepararte
para tu ministerio. Por cierto, el ministerio más grandioso surgirá
de tu dolor más grande. Las experiencias que más te han dejado
resentido y lastimado en la vida, las que has ocultado y has
olvidado, son las que Dios quiere que uses para ayudar a otros.
“Esfuérzate por presentarte a Dios aprobado, como obrero que no
tiene de qué avergonzarse y que interpreta rectamente la palabra
de verdad”
2 TIMOTEO 2:15 (NVI)
La mejor manera de vivir tu vida es sirviendo a Dios de acuerdo con
tu FORMA, para lo cual debes descubrir tus dones, aprender a
aceptarlos y a disfrutarlos de modo que puedas desarrollarlos a su
máxima expresión.

Dios quiere que descubras tu forma en particular. Comienza a


encontrar y clarificar lo que Dios quiere que seas y hazlo. En primer
lugar, evalúa tus dones y recursos. Luego, considera las
oportunidades y tu personalidad. Por último, examina tus
antecedentes y extrae las lecciones que aprendiste.

Dios quiere que aceptes tu forma. Dado que Dios conoce lo que es


mejor para ti, debes aceptar con gratitud la forma en que te hizo.
Tu forma fue determinada soberanamente por Dios
para su propósito, de manera que no debes resentirla ni rechazarla.
Por el contrario, deberías celebrar la forma única que Dios te dio.
Parte de aceptar tu forma es reconocer tus limitaciones. Nadie es
bueno en todas las cosas, y ninguno es llamado a hacerlas todas.
Cada uno tiene sus roles definidos.

 Usar lo que Dios te ha dado


 Debes actuar como verdadero siervo
 Mentalidad de Siervo

El poder de Dios en tu debilidad


 “Te basta con mi gracia, pues mi poder se perfecciona en la
debilidad”
2 CORINTIOS 12:9 (NVI)
Dios nos usará si le permitimos trabajar por medio de nuestras
debilidades. Para que esto ocurra debemos seguir el modelo de
Pablo:
Reconoce tus debilidades. Admite tus imperfecciones. Sé honesto
contigo mismo.
Agradece tus debilidades. La gratitud es una expresión de fe en la
bondad de Dios. El corazón agradecido dice: “Dios, creo que me
amas y sabes lo que es mejor para mí”.
Gloríate en tus debilidades. En vez de mostrarte autosuficiente e
insuperable, obsérvate a ti mismo como un trofeo de gracia.
Cuando Satanás apunte a tu debilidad, acuérdate de Dios y llena tu
corazón con alabanzas a Jesús, que entiende cada debilidad
nuestra y al Espíritu Santo, que nos ayuda en nuestra debilidad.
Nuestras limitaciones no limitan a Dios.
La Vasija de Misericordia
El maestro estaba buscando una vasija para usar. En el estante
había muchas- ¿Cuál escogería?
Llévame, gritó la dorada. “Soy brillante, tengo un gran valor y todo
lo que hago, lo hago bien; mi belleza y mi brillo sobrepasa al resto y
para alguien como tú, Maestro, el oro sería lo mejor.”
El maestro pasó sin pronunciar palabra; él vio una plateada,
angosta y alta; “Yo te sirvo amado Maestro, vertería tu vino y
estaría en tu mesa cada vez que comieras; mis líneas son agraciadas
y mis esculturas son originales, y la plata te alabaría para siempre.”
Sin prestar atención el Maestro camino hacia la de bronce, era
superficial, con una boca ancha y brillaba como un espejo: “Aquí,
Aquí” grito la vasija. “Se que te seré útil, colócame en tu mesa
donde todos me vean.”
“Mírame” gritó una copa de cristal muy limpia. “Mi transparencia
muestra mi contenido claramente, soy frágil y te serviré con orgullo
y se con seguridad que seré feliz de morar en tu casa.”
Vino el maestro seguidamente hacia la vasija de madera,
sólidamente pulida y tallada: “Me puedes usar Maestro amado,
pero úsame para las frutas dulces y no para el insípido pan”
Luego el Maestro miró hacia abajo y fijó sus ojos en una vasija de
barro, vacía, quebrantada y destruida, ninguna esperanza tenía la
vasija de que el Maestro la pudiera escoger para depurarla y
volverla a formar, para llenarla y usarla.
¡Ah!, dijo el maestro, esta es la vasija que he deseado encontrar, la
restauraré y la usaré, y la haré toda mía. No necesito la vasija que
se enorgullezca de si misma, ni la que se luzca en el estante, ni la de
boca ancha, ruidosa y superficial, ni la que demuestre su contenido
con orgullo, ni la que piensa que todo lo puede hacer
correctamente, pero si esta sencilla llena de mi fuerza y de mi
poder. Cuidadosamente el Maestro levantó la vasija de barro; la
restauró y purificó y la llenó en ese día. Le habló tiernamente
diciéndole: “Tienes mucho que hacer solamente viértete en otros
como yo me he vertido en ti.”

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