Algo más que una computadora para cada niño
El plan ceibal ha permitido un ejercicio más pleno del derecho a la educación de los niños, niñas
y adolescentes. Sin ningún tipo de discriminación, la computadora ha ingresado al aula como
un recurso más para promover aprendizajes. La escuela sigue enseñando a leer y escribir, pero
ahora ha adquirido un nuevo sentido con el uso de este recurso; además, es universal la
posibilidad de obtener información y llegar al conocimiento a través de la red, lo que
contribuye a una educación más democrática y de mejor calidad. Prepara para el futuro
educativo y laboral, en cuanto desarrolla capacidades útiles y estrategias para resolver
problemas. Desde los seis años, el niño es dueño de una computadora (XO) que no solo usa en
la escuela, sino también fuera de ella, en su familia y en la comunidad. En este tramo de edad
escolar genera un nuevo relacionamiento con sus compañeros al compartir la exploración de la
máquina, así como por el intercambio a través del diálogo, en el estudio de las distintas áreas
de conocimiento. A nivel familiar ha provocado un acercamiento entre sus integrantes, los
niños enseñan a sus padres y otros adultos el manejo de la misma, se involucran todos en el
uso adecuado y responsable y ha generado el convencimiento de que aprender a usarla abre
oportunidades laborales. (Adaptado de Rivoir y Lamschtein, 2012).
Efectos negativos del uso de la tecnología en niños
La computadora abrió una nueva ventana al mundo de la información almacenada en un
servidor, que crece y se actualiza día a día, permitiendo su acceso de forma rápida, libre y
gratuita en su mayor parte. Esto ha generado la necesidad de concientizarnos de sus ventajas y
desventajas, porque cada vez es más amplio el uso de internet. Ante la situación de usuarios de
esta tecnología cada vez más jóvenes se han desarrollado muchas investigaciones sobre sus
posibles consecuencias negativas en el desarrollo físico, psicológico y social. Se ha observado,
por ejemplo, que mientras hace veinte años los niños compartían juegos al aire libre con sus
amigos, en contacto con la naturaleza, ahora consumen muchas horas al día frente a la
pantalla de la computadora, o navegando “en una sociedad virtual” que los aísla del mundo
físico. Han abandonado formas de entretenimiento que creaban con imaginación y creatividad
a cambio de juegos en línea instalados en aparatos muy costosos. Ya no buscan rodearse de
personas, sino que prefieren estar solitarios, provocando en consecuencia una disminución de
la actividad física, obesidad y pérdida de habilidades para comunicarse adecuadamente como,
por ejemplo, problemas de habla, de coherencia en la producción escrita, ya que la mensajería
de texto pasó a ser frecuente y se basa en un lenguaje digital distinto al de otros formatos. Se
producen además alteraciones en la conducta, los niños se vuelven más impacientes,
intolerantes y sufren frustraciones cuando la máquina no responde inmediatamente ante la
actividad solicitada. La Academia de Pediatría recomienda que el uso de estos aparatos se
haga en forma gradual y progresiva de acuerdo a su edad, un niño de entre seis y doce años no
podría hacerlo más de dos horas al día. (Adaptado de Rowan, 2013)