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Oraciones Católicas de Devoción y Reparación

Las oraciones contienen peticiones a Dios para alimentarse dignamente con el Cuerpo y la Sangre de Cristo, pedir perdón por los pecados, y honrar a Cristo y su amor por la humanidad.

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Luiza Hernández
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Las oraciones contienen peticiones a Dios para alimentarse dignamente con el Cuerpo y la Sangre de Cristo, pedir perdón por los pecados, y honrar a Cristo y su amor por la humanidad.

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ORACIÓN DE SANTO TOMÁS DE AQUINO PARA ANTES DE

COMULGAR
Aquí me llego, todopoderoso y eterno Dios, al sacramento de vuestro
unigénito Hijo mi Señor Jesucristo, como enfermo al médico de la vida,
como manchado a la fuente de misericordias, como ciego a la luz de la
claridad eterna, como pobre y desvalido al Señor de los cielos y tierra.
Ruego, pues, a vuestra infinita bondad y misericordia, tengáis por bien
sanar mi enfermedad, limpiar mi suciedad, alumbrar mi ceguedad,
enriquecer mi pobreza y vestir mi desnudez, para que así pueda yo
recibir el Pan de los Angeles, al Rey de los Reyes, al Señor de los
señores, con tanta reverencia y humildad, con tanta contrición y
devoción, con tal fe y tal pureza, y con tal propósito e intención, cual
conviene para la salud de mi alma.
Dame, Señor, que reciba yo, no sólo el sacramento del Sacratísimo
Cuerpo y Sangre, sino también la virtud y gracia del sacramento !Oh
benignísimo Dios!, concededme que albergue yo en mi corazón de tal
modo el Cuerpo de vuestro unigénito Hijo, nuestro Señor Jesucristo,
Cuerpo adorable que tomó de la Virgen María, que merezca
incorporarme a su Cuerpo místico, y contarme como a uno de sus
miembros.
!Oh piadosísimo Padre!, otorgadme que este unigénito Hijo vuestro, al
cual deseo ahora recibir encubierto y debajo del velo en esta vida,
merezca yo verle para siempre, descubierto y sin velo, en la otra. El
cual con Vos vive y reina en unidad del Espíritu Santo, Dios, por los
siglos de los siglos. Amén.
Oración De Santo Tomás De Aquino Para Después De Comulgar
Gracias de doy, Señor Santo, Padre todopoderoso, Dios eterno,
porque a mí, pecador, indigno siervo tuyo, sin mérito alguno de mi
parte, sino por pura concesión de tu misericordia, te has dignado
alimentarme con el precioso Cuerpo y Sangre de tu Unigénito Hijo mi
Señor Jesucristo. Suplícote, que esta Sagrada Comunión no me sea
ocasión de castigo, sino intercesión saludable para el perdón; sea
armadura de mi fe, escudo de mi voluntad, muerte de todos mis vicios,
exterminio de todos mis carnales apetitos, y aumento de caridad,
paciencia y verdadera humildad, y de todas las virtudes: sea perfecto
sosiego de mi cuerpo y de mi espíritu, firme defensa contra todos mis
enemigos visibles e invisibles, perpetua unión contigo, único y
verdadero Dios, y sello de mi muerte dichosa. Ruégote, que tengas
por bien llevar a este pecador a aquel convite inefable, donde Tú, con
tu Hijo y el Espíritu Santo, eres para tus santos luz verdadera,
satisfacción cumplida, gozo perdurable, dicha consumada y felicidad
perfecta. Por el mismo Cristo Nuestro Señor. Amén.
Miradme, ¡oh, mi Amado y buen Jesús!, postrado en Vuestra presencia; os
ruego con el mayor fervor imprimáis en mi corazón vivos sentimientos de fe,
esperanza y caridad, verdadero dolor de mis pecados y propósito de jamás
ofenderos, mientras que yo, con el mayor afecto y compasión de que soy capaz,
voy considerando vuestras cinco llagas, teniendo presente lo que dijo de Vos el
santo Profeta David: "Han taladrado mis manos y mis pies y se pueden contar
todos mis huesos". (Padre Nuestro, Ave María, Gloria y Credo; para ganar la
Indulgencia Plenaria, rezar todos los viernes de Cuaresma esta oración, delante
de un Crucifijo).

Oración Universal
Atribuida Al Papa Clemente XI
Creo en Ti, Señor, pero ayúdame a creer con más firmeza; espero en
Ti, pero ayúdame a esperar con más confianza; te amo, Señor, pero
ayúdame a amarte más ardientemente; estoy arrepentido, pero
ayúdame a tener mayor dolor.
Te adoro, Señor, porque eres mi creador y te anhelo porque eres mi
último fin; te alabo porque no te cansas de hacerme el bien y me
refugio en Ti, porque eres mi protector.
Que tu sabiduría, Señor, me dirija y tu justicia me reprima; que tu
misericordia me consuele y tu poder me defienda.
Te ofrezco, Señor mis pensamientos, para que se dirijan a Ti; te
ofrezco mis palabras, para que hablen de Ti; te ofrezco mis obras,
para que todo lo haga por Ti; te ofrezco mis penas, para que las sufra
por Ti.
Todo aquello que quieres Tú, Señor, lo quiero yo, precisamente
porque lo quieres Tú, quiero como lo quieras Tú y durante todo el
tiempo que lo quieras Tú.
Te pido, Señor, que ilumines mi entendimiento, que inflames mi
voluntad, que purifiques mi corazón y santifiques mi alma.
Ayúdame a apartarme de mis pasadas iniquidades, a rechazar las
tentaciones futuras, a vencer mis inclinaciones al mal y a cultivar las
virtudes necesarias.
Concédeme, Dios de bondad, amor a Ti, odio a mí, celo por el prójimo,
y desprecio a lo mundano.
Dame tu gracia para ser obediente con mis superiores, ser
comprensivo con mis inferiores, saber aconsejar a mis amigos y
perdonar con mis enemigos.
Que venza la sensualidad con con la mortificación, con generosidad la
avaricia, con bondad la ira; con fervor la tibieza.
Que sepa yo tener prudencia, Señor, al aconsejar, valor frente a los
peligros, paciencia en las dificultades, humildad en la prosperidad
Concédeme, Señor, atención al orar, sobriedad al comer,
responsabilidad en mi trabajo y firmeza en mis propósitos.
Ayúdame a conservar la pureza de alma , a ser modesto en mis
actitudes, ejemplar en mis conversaciones y a llevar una vida
ordenada.
Concédeme tu ayuda para dominar mis instintos, para fomentar en mí
tu vida de gracia, para cumplir tus mandamientos y obtener la
salvación.
Enséñame, Señor, a comprender la pequeñez de lo terreno, la
grandeza de lo divino, la brevedad de esta vida y la eternidad de la
futura.
Concédeme, Señor, una buena preparación para la muerte y un santo
temor al juicio, para librarme del infierno y alcanzar el paraíso.
Por Cristo nuestro Señor. Amén.

Acto De Desagravio De Pío XI


¡Oh dulcísimo Jesús, cuyo inmenso amor a los hombres no ha recibido
en pago, de los ingratos, más que olvido, negligencia y menosprecio!
Vednos postrados ante vuestro altar, para reparar, con especiales
homenajes de honor, la frialdad indigna de los hombres y las injurias
con que, en todas partes, hieren vuestro amantísimo Corazón.
Mas recordando que también nosotros alguna vez nos manchamos
con tal indignidad de la cual nos dolemos ahora vivamente, deseamos,
ante todo, obtener para nuestras almas vuestra divina misericordia,
dispuestos a reparar, con voluntaria expiación, no sólo nuestros
propios pecados, sino también los de aquellos que, alejados del
camino de la salvación y obstinados en su infidelidad, o no quieren
seguiros como a Pastor y Guía, o, conculcando las promesas del
Bautismo, han sacudido el suavísimo yugo de vuestra ley.
Nosotros queremos expiar tan abominables pecados, especialmente la
inmodestia y la deshonestidad de la vida y de los vestidos, las
innumerables asechanzas tendidas contra las almas inocentes, la
profanación de los días festivos, las execrables injurias proferidas
contra vos y contra vuestros Santos, los insultos dirigidos a vuestro
Vicario y al Orden Sacerdotal, las negligencias y horribles sacrilegios
con que es profanado el mismo Sacramento del amor y, en fin, los
públicos pecados de las naciones que oponen resistencia a los
derechos y al magisterio de la Iglesia por vos fundada.
¡Ojalá que nos fuese dado lavar tantos crímenes con nuestra propia
sangre! Mas, entretanto, como reparación del honor divino
conculcado, uniéndola con la expiación de la Virgen vuestra Madre, de
los Santos y de las almas buenas, os ofrecemos la satisfacción que
vos mismo ofrecisteis un día sobre la cruz al Eterno Padre y que
diariamente se renueva en nuestros altares, prometiendo de todo
corazón que, en cuanto nos sea posible y mediante el auxilio de
vuestra gracia, repararemos los pecados propios y ajenos y la
indiferencia de las almas hacia vuestro amor, oponiendo la firmeza en
la fe, la inocencia de la vida y la observancia perfecta de la ley
evangélica, sobre todo de la caridad, mientras nos esforzamos
además por impedir que seáis injuriado y por atraer a cuantos
podamos para que vayan en vuestro seguimiento.
¡Oh benignísimo Jesús! Por intercesión de la Santísima Virgen María
Reparadora, os suplicamos que recibáis este voluntario acto de
reparación; concedednos que seamos fieles a vuestros mandatos y a
vuestro servicio hasta la muerte y otorgadnos el don de la
perseverancia, con el cual lleguemos felizmente a la gloria, donde, en
unión del Padre y del Espíritu Santo, vivís y reináis, Dios por todos los
siglos de los siglos. Amén.

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