La Nutrición Materna y La Programación Metabólica: El Origen Fetal de Las Enfermedades Crónicas Degenerativas en Los Adultos
La Nutrición Materna y La Programación Metabólica: El Origen Fetal de Las Enfermedades Crónicas Degenerativas en Los Adultos
Multidisciplinaria de Prospectiva
ISSN: 1405-0269
ISSN: 2395-8782
[email protected]
Universidad Autónoma del Estado de México
México
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Resumen:
Diversas investigaciones han demostrado que alteraciones nutricionales en las madres influyen para que los hijos padezcan
enfermedades crónicas no transmisibles en la edad adulta. Estas enfermedades son patologías de lenta evolución y no contagiosas
como las involucradas en el síndrome metabólico que incrementa el riesgo de padecer diabetes tipo 2 y enfermedades
cardiovasculares. En esta revisión se analizan los conceptos de síndrome metabólico, programación metabólica fetal, epigenética y
factores nutricionales (desnutrición y sobrealimentación) relacionados con alteraciones en el desarrollo temprano de los individuos
que condicionan en la edad adulta la aparición de enfermedades crónicas no transmisibles. Por desgracia, las perspectivas sobre el
panorama de una reducción en estas enfermedades tanto en México como en el resto del mundo son poco alentadoras.
Palabras clave: Nutrición materna, programación metabólica, enfermedades crónicas no transmisibles, síndrome
metabólico, epigenética.
Abstract:
Several studies have demonstrated that nutritional alterations in mothers has influence on the risk of non-communicable diseases
in adulthood of progeny. ese non-contagious pathologies of slow evolution, such as those involved in the metabolic syndrome,
increase the risk of suffering from type 2 diabetes and cardiovascular diseases. In this review, we will discuss the concepts of
metabolic syndrome, fetal metabolic programming, epigenetics, nutritional factors (malnutrition and overfeeding), related to
alterations in the early development of individuals, that condition the emergence of non-communicable diseases in adulthood.
Unfortunately, the perspectives on the panorama of a reduction in these diseases both in Mexico and at a global level is not very
encouraging.
Keywords: Maternal nutrition, metabolic programming, chronic non-communicable diseases, metabolic syndrome,
epigenetics.
Introducción
Diversos estudios epidemiológicos y experimentales apoyan fuertemente que alteraciones durante etapas
críticas en el desarrollo de los individuos, como el crecimiento intrauterino, la lactancia y los primeros años
de vida, son condicionantes para el riesgo de padecer enfermedades crónicas no transmisibles en la edad
adulta (Halfon et al., 2018). Estas enfermedades son patologías de lenta evolución y no contagiosas, como la
resistencia a la insulina, la dislipidemia, la hipertensión, la esteatosis hepática o hígado graso y la obesidad, que
a su vez están involucradas en el síndrome metabólico, el cual incrementa el riesgo de padecer diabetes tipo
2, así como enfermedades cardiovasculares; actualmente estos padecimientos forman parte de las principales
causas de muerte en México y en el mundo (Barba-Evia, 2018; WHO, 2015; GBD, 2017). Una forma de
explicar la relación entre las alteraciones en etapas tempranas del desarrollo y las enfermedades crónicas no
transmisibles en la edad adulta es la participación de mecanismos moleculares que modifican químicamente
el ADN sin cambios en su secuencia; a esto se le conoce como epigenética, la cual origina una programación
metabólica y plantea la hipótesis sobre los Orígenes del desarrollo de la salud y las enfermedades en el adulto
(Fleming et al., 2018). Esta programación condiciona la aparición de enfermedades crónicas no transmisibles
en la edad adulta de los individuos cuando las condicionas ambientales relacionadas con la nutrición y el
ejercicio no son las adecuadas y además se pueden heredar a la descendencia (Wang et al., 2018).
FIGURA 1
Síndrome metabólico
Fuente: elaboración propia.
metabólica fetal y además estar asociadas a enfermedades del síndrome metabólico en la vida adulta (Wang
et al., 2018).
El crecimiento y desarrollo intrauterino está dado por una serie de mecanismos activos y complejos regulados
por las instrucciones genéticas adquiridas durante la concepción (Patel y Srinivasan, 2011). En este sentido,
el ambiente intrauterino es una de las etapas de mayor plasticidad porque se forman y maduran los
órganos y tejidos. La relación entre una buena calidad del medio ambiente intrauterino y el futuro riesgo
de enfermedades en el adulto fueron descritas por primera vez por Forsdahl en 1977 (Forsdahl, 1977).
Posteriormente, Barker y colaboradores reportaron que el peso bajo al nacer se asociaba con un mayor riesgo
de muerte por enfermedades cardiovasculares (Barker y Osmond, 1986; Baker, 1995). Por lo tanto, estos
estudios dieron la pauta para la noción de que la fisiología materna y paterna, su composición corporal, la
calidad nutricional y el ejercicio durante el periodo de preconcepción y durante el embarazo tienen efectos
profundos y permanentes en el riesgo de padecer enfermedades en la edad adulta de la descendencia. Además,
esta noción ha recibido un gran número de evidencias experimentales de modelos animales, así como de
estudios epidemiológicos en humanos (Wang et al., 2018).
De esta manera, surge el concepto de la programación metabólica fetal, la cual se entiende como un
periodo en la etapa intrauterina donde determinados desequilibrios establecen adaptaciones metabólicas
que permiten la sobrevivencia del individuo, pero dichas modificaciones condicionan una susceptibilidad
para la aparición de enfermedades asociadas al síndrome metabólico en la edad adulta. Este concepto
ha permitido generar la hipótesis sobre los “Orígenes del desarrollo de la salud y las enfermedades
en el adulto” (DOHaD-Developmental Origins of Health and adult Disease), la cual se basa en el
hecho de que las etapas (maduración del gameto, fertilización y desarrollo embrionario temprano) del
periodo periconcepcional son vulnerables a diversos factores que producen cambios mediante respuestas
compensatorias adaptativas y que pueden manifestarse en la vida adulta del individuo como enfermedades
crónicas no transmisibles relacionadas con el síndrome metabólico (Velazquez et al., 2019; Fleming et al.,
2018).
FIGURA 2
Factores que inducen la programación metabólica fetal y su relación con enfermedades en la edad adulta
Fuente: elaboración propia.
Los factores que inducen a la programación metabólica fetal y que condicionan la aparición de
enfermedades asociadas al síndrome metabólico en la edad adulta son variados, y aún no son totalmente
conocidos. Entre los más importantes se encuentran las alteraciones en la nutrición materna (desnutrición o
sobrealimentación), pero también existen otros factores como la exposición a hormonas esteroideas, el estrés
o patologías durante el embarazo (diabetes gestacional, preeclampsia, enfermedades virales o bacterianas),
toxinas, hipoxia, abuso de alcohol, nicotina y drogas (Fowden et al., 2006).
Los factores mencionados, y los cuales inducen una programación metabólica, han demostrado tener
efectos deletéreos a largo plazo en diferentes sistemas fisiológicos en la edad adulta como a) el sistema
cardiovascular (relacionado con enfermedades como la hipertensión, la aterosclerosis, desórdenes de la
coagulación, preeclampsia y enfermedades cardiacas, b) el sistema metabólico (relacionado con la resistencia a
la insulina, la intolerancia a la glucosa, la dislipidemia, la obesidad y diabetes tipo 2), c) el sistema reproductivo
(relacionado con el síndrome de ovario poliquístico, la adrenarquía, la menarquía precoz y la menopausia
temprana, d) el sistema respiratorio (relacionado con la enfermedad pulmonaria obstructiva crónica y asma),
e) el sistema endocrino (relacionado con el hipercortisolismo e hipotiroidismo), f) el sistema nervioso
(relacionado con desordenes neurológicos, esquizofrenia y demencia) y g) el sistema esquelético (relacionado
con la osteoporosis) (figura 2) (Fowden et al., 2006; Carpinello et al., 2018). Es importante recalcar que la
mayoría de las enfermedades mencionadas están relacionadas con el síndrome metabólico.
Otro factor a considerar es el de los genes ahorradores, donde la expresión de éstos hace más eficiente
el almacenamiento de energía en condiciones de poca abundancia nutricional y se ha observado en ciertos
grupos étnicos. Por ejemplo, los indios pimas de Sonora viven en un ambiente de restricción nutricional
relacionada con la pobreza y las labores del campo; son visiblemente delgados. En cambio, los indios pimas que
habitan en Estados Unidos, aunque tienen el mismo origen genético, habitan en lugares donde se presenta
exceso nutricional, trabajan en casinos y hacen poco ejercicio, por lo que presentan problemas de obesidad
y diabetes. Con este ejemplo, se ha demostrado cómo este genotipo relacionado con genes ahorradores
en un entorno abundante puede resultar nocivo, pues propicia la aparición de enfermedades crónicas no
transmisibles relacionadas con el síndrome metabólico (Velazquez et al., 2019; Fleming et al., 2018). Por
lo tanto, la programación metabólica relaciona la fisiopatología del síndrome metabólico con la compleja
interacción de genes de alta susceptibilidad (genes ahorradores) que, junto con el ambiente intrauterino,
predisponen la condición patológica antes que dicha enfermedad se manifieste (Wang et al., 2018).
Una creciente evidencia demuestra que los mecanismos epigenéticos son responsables de la programación
metabólica durante el desarrollo y crecimiento en las primeras etapas de la vida de los individuos. Al respecto,
la epigenética se define como los cambios en las expresión de los genes que suceden sin modificaciones en
la secuencia del ADN y que generan un fenotipo específico (Burton y Lillycrop, 2019). Los principales
mecanismos epigenéticos que regulan la expresión de genes en mamíferos son a) la metilación del ADN
en la base púrica citocina, b) modificaciones covalentes (acetilación y metilación) en los aminoácidos de las
histonas, y c) los RNAs no codificantes, como los microRNAs (miRNAs) (Milagro y Martínez, 2013; Zalts
y Shomron, 2011).
Las ventanas epigenéticas se presentan en algunas etapas de la vida, como en el desarrollo embrionario,
la lactancia y los primeros años de vida (1-5 años principalmente), en los cuales existen una mayor
susceptibilidad a modificaciones epigenéticas (modificaciones en el ADN y las histonas). La plasticidad
del epigenoma permitiría una mejor adaptación a las condiciones del medio y prepararía el metabolismo
del feto para las futuras condiciones nutricionales que le esperan (Burton y Lillycrop, 2019). Por lo
tanto, la epigenética ayuda a comprender la relación entre la programación metabólica que establece las
adaptaciones metabólicas en el organismo para condiciones ambientales específicas adversas y el desarrollo de
enfermedades crónicas en el adulto, procesos que interactúan además con la nutrición materna (Taylor-Baer
y Herman, 2018) y otros factores ambientales mencionados. Este contexto da bases sólidas para la hipótesis
sobre los orígenes del desarrollo de la salud y las enfermedades en el adulto.
Se han realizado estudios que demuestran modificaciones epigenéticas en los espermatozoides de
individuos que han sido expuestos a cambios desfavorables en su estilo de vida, lo cual trae consigo sobrepeso
u obesidad (Velazquez et al., 2019), y que podrían condicionar a los hijos de estos individuos a ser susceptibles
a padecer enfermedades relacionadas con el síndrome metabólico en su vida adulta si las condiciones de vida
no son las adecuadas. Además, los procesos epigenéticos tienen la cualidad de memoria celular o heredabilidad
transgeneracional y están implicados en la diferenciación celular espacial y temporal de las células totipotentes
(Hsu y Tain, 2019). Existen varios estudios en animales que demuestran cómo las consecuencias adversas
en el ambiente intrauterino tienen una herencia transgeneracional y están relacionadas con mecanismos
epigenéticos donde existe una expresión alterada de los genes (Skinner, 2008).
embargo, actualmente no está claro el papel de la placenta en la programación metabólica fetal (Barrera-
Reyesa y Fernández-Carrocera, 2015).
Se ha demostrado que las alteraciones nutricionales durante el embarazo pueden desencadenar respuestas
adaptativas que pueden llevar a la pérdida de células (nefronas, cardiomiocitos, células pancreáticas, células de
músculo esquelético, etc.) en diferentes órganos a expensas de mantener el desarrollo de otros órganos, como
el cerebro. Estos cambios adaptativos son necesarios para la supervivencia en un ambiente nutricional adverso
en su vida perinatal, pero condicionan o programan en los individuos una menor capacidad metabólica
funcional para su vida adulta cuando son expuestos a un ambiente nutricional desfavorable (alimentación rica
en carbohidratos y grasas saturadas) y a la falta de ejercicio (Marciniak et al., 2017; Carpinello et al., 2018).
Durante la nutrición materna existen dos condiciones nutricionales que determinan la programación
metabólica fetal y el origen del desarrollo de la salud y las enfermedades en el adulto (Maliqueo y Echiburú,
2014).
a) La desnutrición: es una condición patológica inespecífica, sistémica y reversible en potencia debido
a la deficiente utilización de los nutrimentos por el organismo y presenta diferentes grados de intensidad
(Márquez-González et al., 2012). Los primeros estudios epidemiológicos en relacionar una deficiente
nutrición materna y sus efectos sobre la salud en la vida adulta del hijo se realizaron en sujetos que sufrieron
la hambruna holandesa de finales de la Segunda Guerra Mundial (1944 a 1945) (Roseboom, 2019). Los
hombres que padecieron la hambruna en la etapa postnatal temprana presentaron una menor tasa de
obesidad en la vida adulta en comparación con aquellos expuestos durante la primera mitad del embarazo.
De forma similar, los individuos expuestos a la gran hambruna en China (1959 a 1961), en específico
durante el primer trimestre, incrementaron el riesgo de padecer hipertensión arterial (Fleming et al., 2018).
Estas observaciones han sido corroboradas en modelos animales (ovejas, ratas y ratones), en los cuales se ha
demostrado que la restricción calórica y la deficiencia de micronutrientes (vitaminas y minerales) durante
la gestación induce el desarrollo de obesidad, diabetes e hipertensión arterial en las crías en la edad adulta
(Velazquez et al., 2019; Fleming et al., 2018). Además, se han observado cambios en la expresión de genes
que codifican para hormonas y sus receptores (Perrone et al., 2016).
Resulta interesante que los animales sometidos a una restricción calórica en etapas tardías de la gestación
presentan alteraciones cardiovasculares, pero no desarrollan hipertensión, lo que pone de manifiesto el
concepto de etapas críticas específicas en el establecimiento de la programación metabólica fetal (Maliqueo
y Echiburú, 2014). Aunque son varios órganos y tejidos que participan en el control de la presión arterial,
el riñón es particularmente susceptible a la desnutrición intrauterina. Varios estudios han demostrado una
reducción en el número de nefronas, aumento del estrés oxidativo, activación del sistema renina-angiotensina
y cambios en el transporte de sodio, lo cual propicia la aparición de alteraciones en la presión arterial (Tain
et al., 2015).
b) La sobrealimentación: cuando existe un excedente en el consumo de calorías en relación con el gasto
energético se presentan patologías por malnutrición por exceso. Se ha observado en estudios experimentales
en animales que al exponer a las madres durante la gestación a dietas ricas en carbohidratos o grasas saturadas
se propicia la aparición del síndrome metabólico en las crías en su vida adulta y en muchos casos nacen
con sobrepeso, por lo que empeora el panorama sobre su salud. Por ejemplo, se ha observado que las ratas
alimentadas con dietas ricas en sacarosa tienden a desarrollar obesidad, esteatosis hepática y un aumento
en los niveles de lipoproteínas de baja densidad (LDL); paradójicamente, estos animales presentaron una
mayor sensibilidad a la insulina a nivel muscular con una tolerancia a la glucosa normal (Sedova et al., 2007).
También dietas ricas en fructosa en las madres durante la gestación inducen en las crías durante la vida
adulta la aparición de obesidad, hiperglucemia, hiperinsulinemia e hiperleptinemia (Vickers et al., 2011).
Por otro lado, dietas con contenido alto en grasa saturada durante la gestación inducen una reducción del
peso al nacer. Aunado a lo anterior, estos animales a largo plazo desarrollan obesidad, hipercolesterolemia,
resistencia a la insulina e hipertensión. En modelos experimentales de primates no humanos se ha sugerido
que un mayor estrés oxidativo podría estar relacionado con los efectos deletéreos de las dietas ricas en grasas
saturadas durante la gestación (Maliqueo y Echiburú, 2014).
Conclusiones
Análisis prospectivo
La mala nutrición materna relacionada con una ingesta inadecuada de nutrientes (desnutrición o
sobrealimentación) durante los periodos críticos del desarrollo como el embarazo, la lactancia y los primero
años de vida son un problema de salud en varios países del mundo, tanto desarrollados como en vías de
desarrollo. En México y varios países del tercer mundo se ha observado que coexisten el desmedro (retraso
en el crecimiento) y obesidad en las mismas poblaciones y en algunos casos en los mismos individuos
(ENSANUT, 2016; Plaza Galarza, 2012). La coexistencia de estos dos fenómenos (desmedro y obesidad) en
los mismos individuos y poblaciones tiene consecuencias alarmantes en la salud de la población adulta, por
lo que se convierte en un factor importante en la pandemia del síndrome metabólico (Plaza Galarza, 2012).
Actualmente, México ocupa el primer lugar mundial en obesidad infantil y el segundo en obesidad en
adultos (ENSANUT, 2016; Unicef, 2017). Este problema de salud sugiere que es necesario controlar la
dieta de las madres de forma adecuada antes del embarazo, durante y en la lactancia para evitar que se
produzcan cambios epigenéticos que puedan incrementar el riesgo de sufrir enfermedades metabólicas en
la descendencia. No obstante, al ser una época de difícil intervención, es necesario realizar más estudios
en animales, mejorar los estudios observacionales en personas e implementar políticas de salud pública al
respecto. Sin embargo, aunque en estos tiempos la obesidad es un problema en México tanto en niños como
en adultos, las políticas de salud están enfocadas sobre todo a tratar de prevenir el problema cuando los
cambios epigenéticos muy probablemente ya están establecidos debido a la programación metabólica. Es
muy importante tener en cuenta que la supervisión de una adecuada nutrición debe ser desde antes de la
concepción, durante el embarazo y en los primeros años de vida de los hijos, así como realizar ejercicio
regularmente, ya que, debido a las condiciones actuales en cuanto al tipo de alimentación muy rica en
carbohidratos y grasas saturadas y a la falta de tiempo para actividades físicas, es muy fácil tener un ambiente
favorable para que aparezcan enfermedades del síndrome metabólico. Las perspectivas sobre el panorama en
cuanto a una mejora o reducción en las enfermedades crónicas no transmisibles tanto en México como a nivel
mundial son poco alentadoras. Por lo tanto, no se debe esperar que un país establezca una adecuada política
de salud pública, por lo que es muy importante comenzar con una concientización desde las familias sobre
tener una buena alimentación basada en una adecuada cantidad de frutas y verduras y dejar a un lado los
alimentos ricos en carbohidratos y grasas saturadas que, por desgracia, son los más apetecibles para la mayoría
de la población.
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