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Desarrollo Cerebral

El documento describe el desarrollo del cerebro adolescente. Explica que el cerebro adolescente es diferente al de los niños y adultos debido a que las diferentes regiones se desarrollan a ritmos diferentes. En particular, la región frontal que controla las emociones y la toma de decisiones es una de las últimas en madurar. También enfatiza la importancia de comprender este desarrollo cerebral único para ayudar a los adolescentes a transitar esta etapa de forma sana y evitar comportamientos de riesgo. Los padres juegan un papel clave al mant
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Desarrollo Cerebral

El documento describe el desarrollo del cerebro adolescente. Explica que el cerebro adolescente es diferente al de los niños y adultos debido a que las diferentes regiones se desarrollan a ritmos diferentes. En particular, la región frontal que controla las emociones y la toma de decisiones es una de las últimas en madurar. También enfatiza la importancia de comprender este desarrollo cerebral único para ayudar a los adolescentes a transitar esta etapa de forma sana y evitar comportamientos de riesgo. Los padres juegan un papel clave al mant
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com/trabajos104/desarrollo-del-cerebro-adolescente/desarrollo-del-
cerebro-adolescente
El desarrollo del cerebro adolescente

El cerebro adolescente es diferente

La importancia de comprender el desarrollo del adolescente

Colaborando al desarrollo sano del adolescente

Cuando se iba la luz en casa era el momento

perfecto para encender unas velas y jugar a las sombras en la

pared. A los niños les encantan esos juegos. Sin embargo,

el adolescente se paseará de la cocina a la

habitación de mal humor esperando a que vuelva la luz para

poder volver a ver la televisión o para mirar

vídeos en Youtube, mientras chatea con sus amigos con su

smartphone insistiendo en lo increíblemente

aburridos que son sus padres jugando a las sombras con sus

hermanos pequeños.

Una de las afirmaciones comunes en los

padres es la de que no son capaces de entender a sus hijos

adolescentes. En la niñez era fácil hacer planes:

los niños estaban contentos de unirse a las actividades

familiares, de ir a la playa o jugar con la nieve;

convertían cada momento en una buena excusa para jugar, ya

fuera con sus amigos o con sus padres.

Pero llega un momento en el que esa

dinámica cambia y ya no resulta tan sencillo relacionarse

con los hijos. Llega la temida adolescencia, esa etapa de

incomprensión entre padres e hijos, el momento en el que

parece que ambos viven en mundos tan diferentes que es imposible

entenderse. Pero, ¿a qué se debe esto?, ¿es


sólo una etapa rebelde o hay factores biológicos

que influyen en este cambio?

EL CEREBRO

ADOLESCENTE ES DIFERENTE

Durante mucho tiempo se pensó que la

conducta de los adolescentes se debía únicamente a

cuestiones psicológicas y a la falta de experiencia con

respecto a los adultos. Sin embargo, en los últimos

años se ha avanzado mucho en este terreno y se ha llegado

a la conclusión de que no se trata sólo de una

cuestión de vivencias y de aprendizaje, sino que el

comportamiento de los adolescentes está muy relacionado

con su desarrollo cerebral.

Así es, el cerebro crece y madura y

no es hasta los 25 años que consigue su completo

desarrollo. Esto quiere decir que el cerebro de los adolescentes

se encuentra en un momento en el que aún no tiene todos

sus sectores desarrollados al mismo nivel, lo que por un lado le

permite aprender rápidamente y acumular grandes cantidades

de información con facilidad, pero por otro le hace

reaccionar de forma diferente ante las emociones y los procesos

de toma de decisiones.

Esto se debe a que el cerebro se desarrolla

por partes. La zona que más tarda en madurar es la

frontal, región que comienza un nuevo proceso de

desarrollo durante la pubertad y que se extiende durante toda la


adolescencia. En este área se focalizan las habilidades

para controlar las emociones, el juicio, la memoria y el

humor.

LA IMPORTANCIA DE COMPRENDER EL DESARROLLO DEL ADOLESCENTE

Aunque los adolescentes puedan parecer

adultos en el exterior, en el interior siguen siendo niños

para muchas cosas. Durante la adolescencia se sufre una

transformación importante que, de no comprenderse bien,

puede dejar a los jóvenes expuestos a situaciones que

pueden ser peligrosas para ellos.

La mayoría de los adolescentes pasan

por este proceso de desarrollo sin pasar por problemas graves,

pero se debe ser consciente de que existen probabilidades altas

de que una serie de situaciones de riesgo afecten a los chicos de

entre 10 y 19 años. Durante la adolescencia se detecta un

incremento de la tasa de mortalidad por suicidio o accidentes

graves, siendo esta tasa mayor entre los grupos de entre 15 y 19

años. Estos, sin duda, son datos alarmantes a los que se

debe prestar mucha atención.

La causa de ese incremento es

principalmente que el cerebro adolescente no está

preparado para gestionar correctamente grandes cantidades de

estrés, por lo que en muchos casos desarrollan ansiedad o

depresión, trastornos que pueden tener graves

consecuencias si no se detectan a tiempo. Ocurre también

que al tener una capacidad menor para tomar decisiones de forma


racional y ser más propensos a correr riesgos, los

adolescentes se exponen a una mayor cantidad de situaciones de

riesgo, situaciones que deben ser detectadas para evitar

daños mayores.

COLABORANDO AL DESARROLLO SANO DEL ADOLESCENTE

Los expertos afirman que las situaciones

vividas durante esta etapa pueden marcar a las personas de por

vida. Es por eso que los padres deben estar alertas para ayudar a

sus hijos a superar esta etapa de forma exitosa y evitar que se

enfrenten a situaciones peligrosas que los puedan poner en

riesgo. Algunas de las cosas que pueden hacer los padres para

ayudar a sus hijos adolescentes son:

Mantener una comunicación

abierta con los hijos: Esto es algo que debe hacerse

desde la infancia, para que, llegada la adolescencia, sea

más fácil mantener el hábito de

conversar con comodidad de cualquier tema y crear

vínculos basados en la confianza.

Aprender a escuchar a los hijos:

En esta etapa es importante que los padres sepan escuchar las

inquietudes de sus hijos y que sepan valorar lo que les dicen

sin emitir juicios de valor al respecto. Esto ayudará

a que el adolescente sea más receptivo a la hora de

recibir consejos por parte de sus padres.

Reservar tiempo para estar en


familia: Ya sea durante la cena o en algún otro

momento del día, se debe dedicar un tiempo a estar en

familia y conversar del día a día. Debe ser un

momento en el que la familia esté unida y deje de lado

la tecnología para evitar distracciones que puedan

obstaculizar la comunicación.

Supervisar la actividad digital de

los hijos: Los padres deben estar al tanto de lo que sus

hijos hacen por Internet, así como del tipo de

interacciones que tienen con él. La red es un lugar

donde es fácil que determinadas conductas nocivas como

el grooming, el cyberbullying o el

sexting se produzcan sin que nadie se entere y ya

sea que el adolescente sea víctima, testigo o agente

de este tipo de actividades, los padres deben estar al tanto

y tomar las medidas pertinentes para incentivar que sus hijos

se comporten de la forma correcta dentro y fuera de la red,

incentivando así que tomen buenas

decisiones.
Seres emocionales

Primeramente, debemos comprender que somos seres emocionales, seres que sentimos,
lloramos, nos alegramos, nos disgustamos. Debemos ser conscientes de cómo influyen nuestras
emociones en nuestra vida diaria, ya que este es el primer paso para luego comprender el
desenvolvimiento de nuestros espacios interiores.

Existen emociones que muchas veces las catalogamos como emociones buenas y emociones
malas, las que comúnmente experimentamos, entre otras, son: alegría, ira, rabia, tristeza,
sorpresa y miedo.

Cierto que ninguna es mala, todas ellas forman parte de nuestro ser, y ambas cumplen una
función en nuestro cuerpo, lo importante es saber gestionarlas desde el punto de vista psicológico;
para ello, debemos conocer nuestro cerebro.

El cerebro es el encargado de producir o desarrollar todas las emociones que experimentamos y


debemos conocer cómo trabaja el mismo, para comprendernos y desenvolvernos mejor ante
algunas de las emociones mencionadas.

Según la neurociencia, el cerebro se divide en cuatro ‘cerebros’, por así decirlo, en este caso nos
concentraremos en solo uno, el cerebro verde o también llamado el cerebro que siente o cerebro
emocional, el cual solamente lo tienen los mamíferos.

Modelo de los 4 cerebros / Borja Costa López, psicólogo de Psicomentalizate.

El cerebro emocional se ubica en el sistema límbico, es un cerebro automático, involuntario,


inconsciente y reactivo. En él aparecen las emociones. Un ejemplo: al sentir miedo, rabia o tristeza
se activan unas estructuras del sistema límbico que se llaman amígdalas cerebrales y se empieza a
liberar adrenalina y cortisol, las que nos tornan hiperactivos a tal grado que no podemos pensar ni
razonar; se le conoce a la adrenalina como la hormona de la acción y al cortisol como la hormona
del estrés, todas ellas -en exceso- hacen daño a nuestro organismo, y debemos evitar que se
activen en nuestro diario vivir; nadie quiere vivir en constante MIEDO, TRISTEZA O RABIA por un
período largo, cosa que todos de alguna u otra manera han experimentado y sentido en esta
pandemia.
Las hormonas que inhiben las hormonas anteriormente mencionadas y que nos ayudan a sentir
felicidad, alegría y calma y hacen que nuestro cuerpo trabaje mejor son: dopamina, oxitocina,
serotonina y endorfina.

A todas estas hormonas podemos sacarles provecho en nuestro diario vivir con pequeños actos y
hábitos que ayudarán a mantenernos en un estado más relajado en contra del estrés. Esto lo
produce nuestro cerebro de forma natural cuando realizamos actividades que tienen que ver con
el bienestar, mira a continuación la imagen que lo ejemplifica.

Químicos de la felicidad / Elizabeth Fernández, psicóloga de nuevos horizontes.

Nuestra salud emocional es muy importante y a esto se le ha dado mayor importancia en la


pandemia, adicionalmente, también nos hemos dado cuenta de cómo nuestros espacios
influencian nuestro ser. Después de haber vivido una pandemia y todavía viviendo en ella, nos
hemos percatado de que nuestros hogares necesitan el cuidado necesario, tal y como nosotros: es
nuestra morada, el lugar que nos acoge, que nos protege.

Proyecto aplicado

He aquí un ejemplo de un proyecto realizado en mi máster de arquitectura interior en el 2018, en


donde muestro, primero, la importancia de conocer al cliente, ya que de acuerdo a sus hábitos,
influyen mucho los espacios donde se desenvuelve, y segundo, también podremos visualizar en
forma general cómo deberíamos distribuir los espacios de nuestra casa para crear espacios
interiores que nos ayuden a generar estas hormonas tan importantes en nuestro ser, como la
dopamina, oxitocina, serotonina y endorfina.
[Link]

Saber que sucede en su cerebro resulta de utilidad


para comprender sus cambios de conducta, su
atracción al riesgo, su falta de reflexión en la toma de
decisiones y su impulsividad.

La adolescencia es la etapa del desarrollo en la que se da la transición hacia la vida adulta y se


caracteriza por un ritmo acelerado de crecimiento. Durante este tiempo se suceden una serie
de cambios neurológicos, cognitivos y socioemocionales, además de una maduración física y
sexual. Todas esas experiencias incluyen la transición hacia la independencia social y
económica, el desarrollo de la identidad, un aumento del egocentrismo, la adquisición de las
aptitudes necesarias para establecer relaciones en los grupos y la práctica de roles.

Esta etapa asusta a muchas familias, sin embargo, no debería ser visto como un momento
problemático, sino como un periodo de adaptación a la vida social como adultos, y representa
una maravillosa oportunidad para el desarrollo de la personalidad y la evolución de los seres
humanos. El adolescente es un ser muy sensible y sumamente adaptable, que se prepara para
abandonar la seguridad del hogar e integrarse en el mundo exterior, y este es un
entrenamiento lento y constante, en el que a veces tiene éxito y a veces no. Recordemos que
los seres humanos aprendemos por el método de ensayo y error.

Cuando, como adultos, observamos la conducta de un adolescente, muchas veces no conseguimos


entender por qué se comportan así. Esto sucede porque buscamos las causas únicamente en
el medio social y cultural, ignorando los cambios que experimenta el cerebro con la irrupción
de la pubertad y las influencias hormonales.

¿Cuánto dura esto?


«Esta es la pregunta que, con más frecuencia, me plantean los padres y madres de
adolescentes en mis talleres y es que la mayoría de ellos desconocen tres cuestiones que, a
mi entender, son importantes. La primera de ellas es que la adolescencia es una etapa, y
como tal, no dura toda la vida, aunque a algunos, se les haga interminable. La segunda es
que no saben cuándo comienza, tan solo advierten algunos cambios de conducta en sus hijos
e hijas pero, a menudo, lo interpretan como algo que está fallando «¡con lo bien que iba
todo…!», y por último, todos padecen una especie de amnesia y no recuerdan que ellos
también pasaron por esa etapa de la vida.

Con respecto al comienzo de la adolescencia, aunque esta sociedad se empeñe en


adelantarla cada vez más, podemos decir que comienza entre los 11 y los 13 años, con una
variación dependiendo del sexo, ya que los estudios confirman que las niñas comienzan y
acaban el proceso de maduración un poco antes que los niños, pero cuidado, no podemos
pensar que una niña de ocho o nueve años es una preadolescente o una adolescente es tan
solo una niña, a pesar de la hipersexualización a la que se ven cada vez más sometidas.

¿Cuándo finaliza?
Entre los 19 y 21 años, aunque algunos psicólogos afirman que a los 25. Por lo tanto, dura
una media de ocho años, existiendo una diferencia por sexo. Se trata por tanto, de una etapa
un poco larga, sobre todo si carecemos de herramientas para una comunicación efectiva y
una convivencia sana. ¿Recuerdas cuándo eras adolescente? ¿eres capaz de reflexionar
sobre alguna cosa que hiciste durante esa etapa y que nunca le contaste a tus padres?
Recordar tus años de adolescente te ayudará a calmar un poco las preocupaciones y a
recobrar la confianza en tu hijo.

Qué ocurre en el cerebro durante este proceso?


La maduración cerebral: aunque el cerebro se desarrolla de manera gradual durante la
infancia es, al final de esta cuando alcanza su tamaño máximo. Por lo tanto, se llega a la
adolescencia con el cerebro prácticamente desarrollado pero falta la última fase, la
maduración. Es la base del cerebro adulto. Este es un periodo donde se produce una
extraordinaria reorganización cerebral, comparable a los tres primeros años de vida, por tanto,
los cambios más importantes no están relacionados con el desarrollo cerebral, si no con un
proceso de reorganización de las diferentes regiones cerebrales que mejora la comunicación
entre las mismas. Es la base del cerebro adulto, donde empieza a formarse la identidad.

Se trata de un proceso biológico que está fuera de su control y que la doctora en Educación y
terapeuta Jane Nelsen, identifica con el proceso de individualización. Este se caracteriza por
una serie de cambios en la conducta de nuestros hijos que, todos los padres y madres de
adolescentes, somos capaces de identificar…

Los adolescentes tienen la necesidad de descubrir quiénes son.

 Atraviesan por enormes cambios físicos y emocionales (Un día no paran de hablar y al día
siguiente se limitan a contestar con monosílabos).
 Exploran y ejercitan su poder personal y su autonomía. Necesitan sentir su poder e importancia
en el mundo. Dirigir, sin ser dirigidos.
 La relación con los amigos tiene prioridad sobre las relaciones familiares. Necesitan construir
relaciones con personas de su misma edad. Por tanto, empezarán a querer desmarcarse de los
planes familiares.
 Tienen una gran necesidad de privacidad. Sobre todo dentro de su entorno familiar.
 Se trata de una etapa en la que subestiman a los padres, que pueden llegar a convertirse en «una
vergüenza» para ellos («No me dejes en la puerta», «No me des la mano», «No me beses»).
 Se ven a sí mismos como omnipotentes y sabiondos.

El proceso de indvidualización a menudo parece rebeldía a los ojos de los padres. Esta es la
causa principal por la que muchos padres reaccionan en lugar de actuar de forma reflexiva y
auto modelando.

En mi opinión, este es un momento decisivo en la crianza de nuestros hijos ya que va a


afianzar el patrón educativo que hayamos empleado con ellos hasta ahora. Si, hemos sido
muy autoritarios, puede que se distancien, se vuelvan dependientes emocionalmente o bien
se vean incapaces de madurar, ya que carecerán de habilidades para hacer sus propias
decisiones. Si por el contrario, fuimos permisivos, se verán muy perdidos, sin límites e
inseguros. Por tanto, esta etapa quizá nos remueva la conciencia y seamos conscientes de la
necesidad de cambiar nuestro estilo educativo, lo que no implica cambiar de valores.

Las terapeutas, Jane Nelsen y Lynn Lott, afirman que los padres avivamos las llamas de la
rebeldía de los adolescentes cuando:

1. No comprendemos, respetamos o apoyamos el proceso de individualización.


2. Tomamos este proceso, como algo personal («Con todo lo que he hecho por ti…»)
3. Nos sentimos culpables. (En Disciplina Positiva siempre decimos que no es cuestión de
culpabilidad sino de responsabilidad).
4. Nos asustamos de los errores de nuestros hijos. (Cuando es inevitable que los cometan. Y no
solo ellos, nosotros, como padres, también).
5. Tratamos de impedir la individualización a través de la culpa, el castigo, la humillación, la
sobreprotección o la negligencia.
6. Pensamos que la forma en la que se comportan nuestros hijos será para siempre.
7. No respetamos el hecho de que nuestro hijo sea diferente y pueda elegir un estilo de vida con el
que no estemos de acuerdo.

Se trata por tanto, según las terapeutas, de dejar de ser el piloto y convertirse en el copiloto.
No importa si te dicen constantemente que les dejen en paz, necesitan tu apoyo y sentir que
estás a su lado.

UNICEF: [Link]

Tres características claves para


comprender el fascinante cerebro
adolescente:
Etapa de sensibilidad máxima del cerebro a la dopamina, un
neurotransmisor que activa los circuitos de gratificación e interviene
en el aprendizaje de pautas y toma de decisiones. Esto ayuda a
explicar lo rápido que aprenden los adolescentes, su extraordinaria
receptividad a la recompensa y sus reacciones extremas ante el
éxito y el fracaso. El adolescente se guía más que nadie por
actividades que le producen placer. No podemos desconocer este
aspecto para entender cómo toman sus decisiones.
El cerebro adolescente es especialmente sensible a la
oxitocina, otra hormona neurotransmisora, que entre otras cosas
hace más gratificantes las relaciones sociales. La oxitocina a
menudo trabaja sinérgicamente con la dopamina para vincular las
conexiones sociales con los sentimientos de recompensa. Por eso
la respuesta del cerebro adolescente a la exclusión del grupo de
pares es muy semejante a la que se observa en el cerebro ante
situaciones de amenaza física o falta de alimento.
La serotonina es otro neurotransmisor que puede aparecer
desregulado en la adolescencia. Esto explica el estado cambiante
y variable en el ánimo de los adolescentes, así como su apetito y
sueño. Cuando funciona de manera óptima, la serotonina conduce
al bienestar y la felicidad. Niveles bajos de serotonina en la
adolescencia pueden relacionarse con la soledad, los trastornos
alimentarios, la depresión y conductas autoagresivas.

La toma de decisiones en la
adolescencia
En la adolescencia está muy presente el deseo de sentirse libre,
autónomo y competente. El adolescente no solo tiene más
capacidad para aprender que un niño, sino que lo hace de manera
diferente, porque está aprendiendo a tomar sus decisiones y
comienza a hacerlo de manera responsable. Es un momento clave
para visualizar proyectos, para soñar con hacer posible distintas
ideas. La adolescencia es la etapa en la que se adquiere la
posibilidad de hacer real lo posible.
Lo fundamental en este apasionante camino de
toma de decisiones adolescentes es aprender a
elegir con libertad.

Los adolescentes tienen capacidades intactas para razonar, tomar


decisiones, planificar y tener otros modos racionales de
pensamiento y comportamiento. Sin embargo, aunque reconozcan
racionalmente el bien del mal, estas capacidades pueden ser
interferidas con mucha facilidad por sus emociones o por las
influencias de otras personas. Los entornos en los que se dan la
toma de decisiones y un estado emocional alterado pueden llevarlos
a realizar actos peligrosos, inapropiados, o actuar
irresponsablemente. Los adolescentes son más propensos a correr
riesgos si creen que sus compañeros los están observando.

Mientras que el adulto tiene la capacidad de modificar o inhibir


adecuadamente conductas negativas o riesgosas con el fin de evitar
consecuencias futuras, el adolescente es proclive a responder con
impulsos. A medida que crece, acompañado por la presencia del
adulto como un agente clave en esta guía y orientación, el
adolescente irá desarrollando la capacidad para gestionar sus
emociones y ganando en autorregulación. Con el tiempo será capaz
de interrumpir un comportamiento si lo evalúa arriesgado, podrá
pensar antes de actuar y elegir entre diferentes posibilidades de
acción. Esta maduración de las redes neuronales, necesarias para
la ya mencionada capacidad de autorregulación, no se produce
hasta el final de la adolescencia.

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