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¿QUÉ PUEDO
HACER YO?
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¿QUÉ PUEDO HACER YO?
Si conoces a alguien que parece experimentar tendencias suicidas, es probable que te
sientas confusa o no sepas qué hacer para ayudarle. Esto puede resultar muy
angustiante y hacernos sentir incluso temerosas de que nuestra intervención pueda
empeorar aún más la situación.
Comprometerte y tomar medidas es siempre la mejor opción. Es fundamental
aprender a detectar las señales de alerta, saber qué decir y qué actitud tomar frente
a la persona con tentativas suicidas, y tener conocimiento de los recursos disponibles.
A continuación, te explicamos qué debes hacer detalladamente:
SEÑALES DE ALERTA
En situaciones de riesgo suicida siempre existen señales de alerta que, detectadas a
tiempo, pueden prevenir que la ideación suicida se derive en planificación o intento
suicida.
Estas señales, como verás, pueden basarse en lo que la persona dice, hace, o piensa;
pero también en lo que la persona deja de decir, hacer, o pensar.
Aunque estas señales pueden variar de una persona a otra, podemos encontrarnos
con las siguientes:
Comentan con personas cercanas la insatisfacción y poca voluntad de vivir, lo cual
se podría entender como una petición de ayuda.
Realizan tareas o actividades relacionadas con preparativos para morir (ej.
preparar documentos, cerrar asuntos pendientes, realizar el testamento, regalar
objetos o pertenencias valiosas, visitar o llamar a personas conocidas a modo de
despedida).
Prefieren sentirse sol@s e incomprendid@s, y sobrellevar la vida cotidiana se les
hace muy difícil.
Tienen tendencia a rumiar sobre los problemas de su vida que creen que no
tienen solución.
Existe un aumento de las molestias o dolencias físicas, frecuentemente asociadas
a conflictos emocionales.
Experimentan cambios de humor y de conducta repentinos. Es importante saber,
que una “mejora” repentina e inesperada tras un estado de depresión previo
evidente, puede ser un momento de riesgo, dado que puede significar que se ha
tomado la decisión, y eso genera sensación de “alivio/paz”, y facilita que la persona
lleve a cabo sus planes de quitarse la vida.
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Se comportan de forma ansiosa o agitada con frecuencia. Y en otras ocasiones, en
cambio, pueden parecer abrumadas.
Hacen comentarios de “alerta” del tipo: “no hago nada aquí”, “la vida no merece
la pena”, “para vivir así lo mejor es estar muerto”, “pronto se acabará mi
sufrimiento”, “no seré un problema por mucho tiempo”, “si me pasa algo, que
sepáis que…”, “quiero dejar de ser una carga”; “siento que no valgo para nada”, “sé
que estaríais mejor sin mí”, “estoy cansada de luchar”, “la situación no va a
cambiar nunca”.
Verbalizan o advierten directamente deseos de quitarse la vida o hacerse daño
como: “quiero quitarme de en medio”, “lo que quiero es morirme”, “quiero acabar
con todo”, “voy a suicidarme”, etc.
Muestran apatía o anhedonia ante aficiones, obligaciones (estudio/trabajo) o
encuentros con la familia o amistades; descuido de la apariencia o higiene
personal, y aislamiento de su círculo y actividades sociales.
Expresan sentimientos de impotencia, inutilidad o indefensión, baja autoestima,
depresión, desesperación, y especialmente la desesperanza respecto al futuro.
Esta última es uno de los indicadores más firmes del riesgo de cometer un acto
suicida.
Experimentan una especie de “anestesia” o embotamiento emocional y falta de
transmisión de emociones.
Escuchan voces que les instan a hacer “algo peligroso”.
Buscan información por internet sobre autolesiones o métodos de suicidio y/o
adquieren o realizan compras de objetos que puedan facilitar el suicidio.
Cambios en hábitos de alimentación (generalmente inapetentes), higiene y/o
sueño. Duermen muy poco o lo hacen prácticamente durante todo el día.
Pueden implicarse en comportamientos autodestructivos (beber mucho alcohol,
consumir drogas, conducir demasiado deprisa o practicar conductas autolesivas
como cortarse).
En este punto, es importante hacer especial mención a la etapa de la adolescencia,
dado que, en los adolescentes, el suicidio ha aumentado casi un 50% desde el año
2004 hasta la fecha, siendo también la primera causa de mortalidad externa en estas
edades (Instituto Nacional de Estadística, 2018).
Dado que la adolescencia es una época de grandes cambios (los adolescentes están
lidiando con un cuerpo que cambia y deben aprender a reconocerse en él, a
plantearse cuestiones sobre su sexualidad emergente, e identidad, etc), se pueden
originar conflictos y problemas relacionales y de comunicación, especialmente con los
padres e iguales.
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Resaltamos a continuación, las señales de alerta de los adolescentes con tentativas
suicidas:
Además de los nueve últimos puntos, y de los cambios bruscos de humor y
conducta imprudente (mencionados previamente).
Un indicativo puede ser una bajada en las calificaciones, regalar pertenencias de
valor, visitar o llamar a sus amigos/familiares, escribir historias o poemas sobre la
muerte o el suicidio, o escribir cartas a familiares/amigos para despedirse.
Estas son señales de alerta especialmente frecuentes en adolescentes.
En caso de que hayas identificado alguna señal, es importante responder con rapidez
para que tu colaboración pueda ser de ayuda, especialmente si has identificado que
la persona con tentativas suicidas, experimenta varias de las señales de alerta al
mismo tiempo.
Te explicamos a continuación qué hacer: cómo debemos hablar a la persona y los
recursos a los que acudir para buscar ayuda.
¿QUÉ NO DECIR Y QUÉ NO HACER ANTE UNA PERSONA CON
TENDENCIAS SUICIDAS?
Es importante saber qué hacer ante una persona con conducta suicida, pero es casi
más importante y determinante, tener claro aquellas cuestiones que NO debemos
hacer:
NUNCA desafíes a la persona a que lo haga. Aunque estemos en un momento de
impotencia o frustración, NUNCA debemos decir frases del tipo: “no creo que seas
capaz de hacerlo”, “sólo quieres llamar la atención”, etc., dado que puede actuar de
“precipitante” de su propia crisis suicida y ser el desencadenante para llevar a cabo
el intento de suicidio.
No te muestres atemorizad@. Eso hará más difícil el entendimiento (estamos
menos receptivos a escuchar), y puede generar en la persona sensación de
incomprensión y de suponer una carga.
No juzgues ni reproches (tampoco de manera no verbal). No cuestiones si el
suicidio es o no correcto. No es un momento para dar lecciones morales o
consejos, ni para dar tu opinión sobre su situación, ni para convencer a la persona
sobre el valor de la vida.
No te comprometas con la persona a guardar confidencialidad. Busca ayuda
también entre sus familiares y amigos transmitiéndole a la persona tu disposición
a hacerlo, y también a quiénes vas a comunicárselo.
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Este momento también es difícil para ti, por lo que también tienes que cuidarte tú
y compartir responsabilidad en los cuidados y disposición de ayuda a la persona.
Hazle saber que “guardando el secreto” no le estás ayudando, y que compartir el
problema con familiares/allegados y profesionales es la mejor forma de ayuda.
En caso de que la persona rechace esta idea, es normal que te preocupe que tu
relación con él/ella se quiebre, pero si realmente sientes que una vida está en
peligro es preferible perder una relación que perder a una vida.
Además, la mayoría de las veces, los momentos de crisis de suicidio, aunque son
muy difíciles y angustiantes, son transitorios, y con el tiempo estas personas suelen
agradecer tu ayuda.
No controlar excesivamente. Evita situaciones de excesivo control,
sobreprotección o desconfianza hacia la persona, dado que esto puede hacer
sentir infravalorada o “infantilizada” a la persona, aumentando aún su sentimiento
de incapacidad.
No le mientas bajo ningún concepto. Ni aunque creas que lo haces en su propio
beneficio y para ayudarle, pues si hay nuevas recaídas de crisis suicidas o esta
situación persiste, es probable que la comunicación contigo pierda fuerza, y
perderemos entonces la “herramienta de la comunicación” para manejar este tipo
de situaciones.
No tratar de ayudar a la persona dándole falsas expectativas del tipo “todo saldrá
bien” o “seguro que se arregla”, etc. Esto puede resultar invalidante.
No minimices o relativices los problemas que le llevan a sentirse así, ni trates de
“avergonzar” o forzar a la persona para que cambie de opinión.
Comentarios del tipo “no es para tanto” o “todos tenemos problemas”, etc. son
irrelevantes y sobre todo innecesarios en este tipo de situaciones (aunque se
hagan con buena intención).
Tratar de persuadir a una persona que sufre de que “eso no es tan malo” o que “lo
tiene todo para vivir y le queda toda una vida por delante”, solo puede aumentar
sus sentimientos de culpabilidad por “no tener derecho” a sentirse así, y de
desesperanza por no ser capaz de encontrar otra solución que le resulte de ayuda.
En lugar de esto puedes emplear frases del tipo: “Tal vez no entienda por lo que
estás pasando, pero estoy aquí si necesitas que hablemos”.
Evita comentarios del tipo: “Hoy te veo más animad@”; “Ya verás como mañana
estarás mejor”, etc. En muchas ocasiones, esto no es así; e incluso a veces, el
estado aparente no se corresponde con la vivencia emocional. Esto puede hacer
sentir a la persona incomprendida y con sensación de “autoexigencia”, forzarla a
“estar bien” para que sus familiares se sientan mejor.
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¿Y QUÉ SÍ?
En este punto, mencionamos algunas de las formas de ayudar a una persona que
piensa o tiene intención de cometer un suicidio:
Muéstrate dispuesta a escuchar. Deja que la persona hable de sus sentimientos. A
veces la angustia que nos genera el suicidio interfiere en la comunicación con la
persona, cuando esta sólo necesita sentirse entendida y validada.
Acepta sus sentimientos. Recuerda que necesita que validemos sus emociones.
Enfrenta la situación seriamente y expresa tu preocupación al respecto.
Sé directa y habla clara y abiertamente sobre el suicidio. Puedes preguntar
respetuosamente por los motivos que le llevan a sentirse así, desde cuando está
pensando seriamente en la opción de suicidarse, etc. Validando sus emociones,
puedes mostrarle otras alternativas disponibles de solución de sus problemas, sin
olvidarte de demostrar que entiendes verdaderamente su sufrimiento y sin dar
consejos invalidantes.
Acércate y muestra que estás disponible. Interésate por él/ella estando presente, y
demuestra interés en ofrecerle tu apoyo de forma constante para transitar este
momento difícil.
A veces, el propio miedo que nos genera la idea del suicidio o la sensación de
“intromisión” en la vida de la persona, hace que “elijamos distanciarnos del
problema”. Esto puede aumentar la sensación de carga o soledad en la persona
con tentativa suicida.
Por otro lado, recuerda que, en caso de que la persona sí sienta como intromisión
nuestra disposición de ayuda, es preferible esto a que se desencadene finalmente
la intención de llevarlo a cabo.
Responsabilízate de informarte y estar atenta a las señales de alerta y evolución.
Tranquiliza a la persona. Es recomendable que durante la conversación hables de
forma segura y manteniendo la calma, sin titubeos, para transmitir seguridad y
comprensión, y evitar que reafirme su sensación de estar siendo una carga ante
nuestra inseguridad.
Transmite a la persona que estás dispuesta a ayudarla, y que para ello vas a
involucrar a otras personas significativas que puedan contribuir a superar esta
situación, para: compartir las tareas de cuidado, contar con el apoyo de familiares o
amigos, y acudir a la ayuda profesional pertinente, ya que en estas situaciones son
necesarios y no podemos prescindir de ellos.
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Transmitir que hay recursos de ayuda disponible, que lo que está experimentando
se puede tratar y que los sentimientos suicidas, aunque generan mucho
sufrimiento, son temporales.También puedes compartir con ellos testimonios de
personas que se encontraron en algún momento en su situación y ahora se
alegran de no haberlo hecho.
Adopta medidas prácticas, transmitiendo a la persona con transparencia tu
disposición de hacerlo para ayudarle: retira o controla todos los métodos o
elementos que puedan suponer un riesgo (objetos, fármacos, etc) para evitar el
fácil acceso a los mismos.
Ayuda y acompaña a la persona a encontrar un médico o un profesional de la
salud mental.
Participa en la primera llamada o acude con él/ella a la primera cita. Acompáñala al
Servicio de Urgencias o Centro de Salud Mental en situaciones de emergencia para
hablar de su situación con profesionales.
Si realmente estás en condiciones de ayudarle, no asumas que mostrarte
disponible de forma persistente es intrusivo. Siempre que hagamos sentir
respetada a la persona, ser intrusivo es un riesgo que vale la pena correr para salvar
una vida.
Si es posible, haz sentir acompañada a la persona y no la dejes sola, respetando
también en la medida de lo posible, su espacio para no hacerla sentir intimidada.
Esto lo podemos expresar incluso verbalmente, con frases del tipo: “Quiero que
sepas que, aunque no pueda imaginarme lo difícil que es esto para ti, estoy
contigo, no estás sola”.
Infórmate sobre los riesgos de volver a cometer un intento suicida en caso de que
haya habido ya uno previo. Por ejemplo; tras haber cometido un intento reciente, a
pesar de que se perciba una “mejoría” aparente, el riesgo de volver a cometer el
acto suicida es mayor entre los primeros 3-6 meses.
Participa conjuntamente con la persona en la preparación de un “plan de
seguridad” haciendo partícipes y compartiéndolo con otros familiares o personas
allegadas a las que recurrir en caso necesario.
Favorece la comunicación y el respeto con la persona, mostrándote disponible y
diciéndole que estás para lo que necesite.
Ofrécete a ayudarle a tomar decisiones sin infravalorar su capacidad de hacerlo
(en muchas ocasiones pueden sentirse muy abrumadas para tomar cualquier
decisión cotidiana, dado su estado de ánimo). Algunos ejemplos podrían ser: Estoy
aquí para lo que necesites o ¿Hay algo en lo que pueda ayudarte? vs. Lo que
tienes que hacer es…
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ESCUCHA ACTIVA.
¿Por qué la escucha es importante en la prevención del suicidio?
Cuando alguien nos confía que sufre pensamientos suicidas o que está atravesando
por una gran crisis emocional, podemos sentir que nada de lo que podamos aportar le
será de utilidad e incluso temer que lo que hagamos/digamos en ese momento
pueda empeorar aún más el estado emocional de la persona.
Sin embargo, no se trata de qué decir, ni de qué o cómo resolver. Es importante tener
presente que lo primero que necesita es sentirse escuchada, es poder tener alguien
en quién refugiarse, como todos y cada uno de nosotros cuando atravesamos un
momento difícil a nivel emocional.
La escucha es la manera más útil de demostrarle a esta persona que ese refugio
existe, que estamos disponibles para ella, que estamos presentes.
Y más adelante, podréis ver cuál es la mejor forma de afrontar sus problemas y qué
recursos pueden resultar de ayuda, pero sin este primer paso, sin escucha activa, nada
de lo demás es posible.
Carl Rogers decía: “La verdadera escucha es una de las fuerzas más potentes para el
cambio que conozco”. Dada su importancia, planteamos a continuación algunas
indicaciones básicas para practicar la escucha activa:
Escucha con atención. En un lugar tranquilo y asegurándonos de disponer de un
tiempo exclusivo para la escucha. Si estamos apuradas o debemos resolver otro
asunto, es preferible hacérselo saber y acordar otro momento para la escucha.
Refléjale sus propias palabras. Una simple muestra de que estamos practicando la
escucha activa es usar las mismas palabras de la persona. Por ejemplo, si nos dice:
“No le encuentro sentido a seguir aquí”, podemos responder o preguntar (siempre
en un formato de pregunta abierto) algo como: “No puedo imaginar lo difícil que
es esto para ti, ¿Desde cuándo sientes que no le estás encontrando sentido a
seguir aquí?” o “¿Qué quieres decir exactamente con -seguir aquí-?”
Refléjale sus pensamientos. No sólo es importante mostrar que escuchamos sus
palabras, sino que entendemos sus ideas, en general. Esto se demuestra haciendo
un resumen sobre lo que ha dicho, una reflexión, pidiendo explicaciones
adicionales respetuosamente, como en el ejemplo anterior.
Refleja las emociones. Para que la persona se sienta escuchada es crucial
transmitirle que comprendemos su sufrimiento. El intercambio que se da a nivel
emocional es la parte más importante de la comunicación. También puede
ayudarte a reflejar empatía hacia la persona el emparejar el tono de voz con ella,
los gestos o la postura corporal. Frases como: “Me parece terrible que estés
pasando por un momento tan difícil. Normal que te sientas así con lo que estás
pasando”; o: “No puedo ni imaginarme cómo te debes estar sintiendo” pueden
resultar muy útiles para mostrar tu capacidad empática para con la persona.
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Invítale a continuar. Intervenciones del tipo: “¿Quieres contarme más sobre cómo
te sientes y qué puedo hacer para ayudarte?”, permiten a la persona comprobar
que su discurso no molesta y que, por el contrario, estamos interesadas en lo que
tiene que decirnos y en su sufrimiento. Para esto es muy útil utilizar preguntas
abiertas en lugar de cerradas. Es importante preguntar sin miedo y con respeto.
Escucha sin juzgar, retar, sermonear o dar consejos. “Date tiempo, ya pasará”;
“tienes que animarte”. Este tipo de comentarios no ayudan, aunque se planteen
con toda la buena intención. Prueba con otras del tipo: “Estoy aquí si me
necesitas”.
No interrumpas. Cuando alguien interrumpe está mandando implícitamente
mensajes como: quiero decir algo que es más importante que lo tuyo; quiero
ganar esta “conversación”; o no me apetece escuchar más detalles de lo que me
cuentas. En el momento en el que interrumpimos o juzgamos, se pierde la utilidad
de la escucha activa. Si sientes que tienes algo importante que aportar que puede
resultar muy útil, puedes introducirlo con frases como: “¿Te puedo decir mi
opinión?” o “¿Te apetece que te diga algo sobre lo que pienso?”.
Respeta los silencios. Los silencios dan tiempo a pensar para encontrar las
palabras más precisas.
Muéstrate receptiva/o y comprensiva/o ante posibles dudas o actitud de recelo
por parte de la persona, hacia nuestros deseos de ayudarla. Sólo tienes que
reafirmarte en tu disposición de ayuda ante este tipo de reacciones, validando sus
emociones. Ej. “Sé que lo estás pasando mal y quiero estar aquí para ayudarte”.
Acepta y muéstrate disponible, para facilitar que la persona hable sobre su plan de
suicidio.
Trata de transmitir que puedes entender su dolor. Para esto, pueden resultar
útiles frases del tipo: “Aunque yo no he pasado nunca por un momento así, creo
que si lo viviera también lo estaría pasando muy mal” o “Es normal que te sientas
desanimada/o con lo que te está ocurriendo”.
Valida el que contemple la opción del suicidio, pero ayúdale a explorar otras
alternativas. Es útil invitarle a que se dé un tiempo más para pensar en esta idea.
Esto no quiere decir que transmitas que estás de acuerdo con que la opción de la
muerte sea la mejor y la única solución a su situación. A veces, transmitir la idea de
que “la muerte es la única solución definitiva ante problemas no definitivos” puede
ayudar.
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Compartimos a continuación, un poema de Jorge Bucay: “Sin condiciones”, de su libro
Cuentos para pensar, que resume a la perfección cómo muchas personas necesitan
sentirse escuchadas, y que puede resonar mucho con ellas:
Quiero que me oigas, sin juzgarme.
Quiero que opines, sin aconsejarme.
Quiero que confíes en mí, sin exigirme.
Quiero que me ayudes, sin intentar decidir por mí.
Quiero que me cuides, sin anularme.
Quiero que me mires, sin proyectar tus cosas en mí.
Quiero que me abraces, sin asfixiarme.
Quiero que me animes, sin empujarme.
Quiero que me sostengas, sin hacerte cargo de mí.
Quiero que me protejas, sin mentiras.
Quiero que te acerques, sin invadirme.
Quiero que conozcas las cosas mías que más te disgusten,
que las aceptes y no pretendas cambiarlas.
Quiero que sepas, que hoy,
hoy podés contar conmigo.
Sin condiciones.
*En caso de una crisis inminente, es decir, que estemos presenciando un intento de
suicidio, algunas recomendaciones sobre lo que hacer/decir y sobre todo cómo
hacerlo/decirlo, son las siguientes:
Es importante, en la medida de lo posible, que en la escena esté presente una
sola persona y que sea la misma durante todo este momento. Lo ideal es que
también la persona que presta la ayuda pudiese estar acompañada por una
segunda persona que pueda serle de apoyo, pero que no permanezca en la
escena.
En caso de que no conozcamos a la persona, en este momento, es útil que
podamos hablar con alguien que pueda tener información sobre lo que está
ocurriendo (o con la persona en concreto).
Tratar de averiguar en la medida de lo posible, qué motivos le llevan a hacerlo, para
tener más probabilidad de éxito a la hora de intentar que la persona postergue el
intento de suicidio, este es el único objetivo en este momento de crisis.
Tratar de salvaguardar la privacidad de este momento. Ante la presencia de
observadores en el campo visual de la persona, puede ser más probable que
tienda a hacerlo por el pudor que pueda generarle el “echarse atrás” y afrontar este
momento ante la presencia de espectadores.
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Mantén contacto visual y/o verbal en todo momento con la persona.
Trata de que el acercamiento físico sea siempre cauteloso y progresivo, ya que
cualquier acercamiento impulsivo o invasivo podría tener un desenlace no
deseado. Si no conoces a la persona, preséntate, dando tu nombre y el motivo por
el que estás ahí. Por ejemplo “Soy María y estoy aquí para ayudarte”.
Pregúntale su nombre y utilízalo para dirigirte a la persona en este momento.
Permite establecer una relación más cercana.
Trata de hablar de forma tranquila y pausada, sin titubeos transmitiendo
seguridad y manejo de la situación frente a su estado de confusión, aturdimiento o
ambivalencia entre la vida y la muerte, que puede estar lidiando la persona.
Anticipa y explica claramente lo que vas a hacer en todo momento (por ejemplo,
a la hora de acercarte, informa antes).
Ayuda a la persona a realizar los pasos para desistir de su intento de suicidio,
verbalizando clara y pausadamente y de forma simple, de qué manera dar marcha
atrás. Por ejemplo “Puedes bajar por la escalera, yo voy a seguir aquí contigo, y
cuando bajes, si quieres, podemos seguir hablando a solas”.
Procede a la contención física de la persona, solo en el caso de que el intento de
suicidio resultase incontrolable o pudiese resultar una situación de riesgo o
violenta para otros.
Si la persona desiste de su intento suicida, es crucial reforzar que entendemos y
aceptamos el que tomase esa decisión, validando sus emociones y evitando
cualquier juicio. Ejemplo: “No puedo imaginar lo difícil que está siendo este
momento para ti, pero voy a estar aquí hasta que lo necesites”.
Acompañarle al centro sanitario que corresponda una vez finalice la intervención
en crisis.
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