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Gasca & Flores (2016)

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Patrones de distribución espacio-

temporal de los homicidios de mujeres


en México en 1990, 2000 y 2010

Patterns of Spatiotemporal Distribution of


Femicides in Mexico in 1990, 2000 and 2010

Padrões de distribuição espaço-temporais dos


homicídios de mulheres no México para 1990,
2000 y 2010

Francisco Gasca1
Escuela de Gobierno y Transformación Pública
Tecnológico de Monterrey
[email protected]

Miguel Flores2
Escuela de Gobierno y Transformación Pública
Tecnológico de Monterrey
[email protected]

Recibido: 23/05/2016
Aprobado: 28/10/2016

1 Doctor en Filosofía con orientación a las Políticas Sociales.


2 Posgrado en Economía y Demografía.
Resumen
Esta investigación constituye un análisis exploratorio de datos espaciales de los homi-
cidios de mujeres en México a escala municipal. Se realiza un análisis espacio-temporal
para los años 1990, 2000 y 2010, con el fin de determinar cambios en los patrones de dis-
tribución de los homicidios en mujeres. Con la aplicación de técnicas de estadística espa-
cial y espacio-temporales, se determinó que este fenómeno no se encuentra distribuido
aleatoriamente, sino que tiende a concentrarse en determinados espacios. Asimismo, los
resultados indican que existe una difusión espacial dirigida hacia el norte del país en el
2010, mientras que en los años 1990 y 2000 había una incidencia mayor en el sur.
Palabras clave: homicidios; datos espaciales; análisis geográfico; municipios.

Abstract
This research is an exploratory spatial data analysis (ESDA) of femicides in Mexico at the
municipal level. This is carried through the application of spatial and spatiotemporal
analysis techniques for three different years: 1990, 2000 and 2010. It has the purpose of
identify the changes that occur on the femicides patterns. The results suggest that femi-
cides are not randomly distributed but tend to concentrate in certain urban and rural
areas. The results also indicate a spatial diffusion towards northern municipalities in
2010; while for 1990 and 2000 a higher incidence was found in southern municipalities.
Keywords: femicide; spatial data; geographical analysis; municipalities.

Resumo
Este artigo deriva-se de uma pesquisa exploratória de dados geográficos dos homicídios
de mulheres no México, no nível municipal. Efetua-se uma análise espaço-temporal para
os anos 1990, 2000 e 2010, com o objetivo de determinar mudanças nos padrões de distri-
buição dos homicídios de mulheres. Nesse contexto, com a aplicação de técnicas de es-
tatística espacial e espaço-temporais, determinou-se que este fenômeno não se encontra
distribuído aleatoriamente, já que tende a se concentrar em determinadas regiões, tanto
urbanas como rurais. Além disso, os resultados indicam que existe uma difusão espacial
orientada para as regiões do norte do país no período 2010, enquanto que para os perío-
dos 1990 e 2000, encontra-se uma incidência maior no sul. 
Palavras chave: homicídios; dados espaciais; análise geográfica; municípios.

Este trabajo está bajo la licencia Creative Commons Attribution 3.0

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Gasca, F. y Flores, M. (2017, enero-junio). Patrones de distribución espacio-temporal de los homici-
dios de mujeres en México en 1990, 2000 y 2010. Sociedad y economía, (32), 15-40.
Patrones de distribución espacio-temporal de los homicidios de mujeres
en México en 1990, 2000 y 2010

Introducción
En el estudio de unidades geográficas es muy difícil pensar que exista inde-
pendencia espacial entre las mismas, pues es muy probable que lo que ocurra
en una unidad territorial repercuta casi directamente en otra, es decir, el valor
que tome una variable en una unidad geográfica no solo está determinado por
cuestiones internas, sino también por lo que ocurre en las unidades vecinas
(Moreno y Vayá, 2000, p. 21).
Lo anterior se relaciona con la primera ley de Tobler (1970), la cual dice que
todo tiene relación entre sí, pero que los elementos que se encuentran más
cercanos geográficamente se relacionan más entre ellos mismos que entre los
que se encuentran más distantes. Esto muchas veces aplica a los estudios de los
fenómenos sociales (Vilalta, 2008; Rupasingha y Goetz, 2007; Moreno y Vayá,
2004), donde es muy recurrente encontrar aglomeraciones espaciales en las uni-
dades geográficas de estudio, es decir, que una unidad territorial con determina-
das características se encuentre rodeada por otras parecidas, lo que conlleva a
una distribución no aleatoria o, dicho de otra manera, que exista dependencia
espacial.
En este sentido, el fenómeno de los homicidios y de la violencia en general
no escapa de las características de los demás hechos sociales, es decir, igual-
mente tienden a estar influenciados por lo que ocurre en unidades geográficas
vecinas. Particularmente en el contexto mexicano, en el cual en la última década
se ha desatado una fuerte escalada de violencia que se han traducido en un in-
cremento en los homicidios, principalmente de mujeres3.
De ahí el interés de este trabajo de investigación en conocer los patrones de
distribución espacio-temporal de los homicidios de mujeres en México. Aun-
que ya existen algunos antecedentes del tema de los homicidios en México des-
de una perspectiva espacial (Valdivia, 2012; Flores y Rodríguez, 2014; Flores y
Villarreal, 2015), la revisión de la literatura dio cuenta de que no existe suficiente
evidencia empírica que trate este tipo de fenómenos con herramientas de aná-
lisis espacial. Por lo que dejar antecedentes sobre el tema es la forma en que se
busca aportar a la discusión de los fenómenos con difusión espacial.
Asimismo, es importante destacar que este fenómeno es muy complejo, pues
intervienen diversos factores de diferente naturaleza, como de tipo económico,
social, cultural, demográfico, geográfico, entre otros, lo que sugiere más estudios
desde diferentes campos de la ciencia. Además se le agrega complejidad por la
poca disponibilidad de información para determinar si existen razones de géne-
ro detrás del fenómeno.
De manera particular esta investigación busca responder las siguientes
preguntas:
• ¿Los homicidios de mujeres presentan una distribución espacial aleato-
ria o tiende a concentrarse en determinados espacios para los años 1990,
2000 y 2010? Si es así,

3 Cabe hacer mención que para el análisis empírico aquí ofrecido, los homicidios de mujeres se
toman como caso particular de violencia de género, de tal forma no se considera la definición
legal ni forénsica de feminicidios debido a que la información disponible no cuenta con carac-
terísticas en cuanto a la causa y motivación de los homicidios en México.

sociedad y economía No. 32, 2017 • pp. 15-40 17


Francisco Gasca • Miguel Flores

• ¿En qué áreas del territorio nacional se concentran significativamente los


homicidios de mujeres?
• ¿Existe un patrón de difusión espacio-temporal en los homicidios de mu-
jeres en México?
Estas preguntas conforman el núcleo central de esta investigación y buscan
responderse con el análisis de la evidencia empírica.
Este trabajo se encuentra estructurado de la siguiente manera: en el apartado
uno, se ofrece una revisión de la literatura sobre la violencia de género y sus fac-
tores asociados; enseguida, se realiza un recorrido sobre el análisis exploratorio
de datos espaciales abordando sus beneficios, usos y aplicabilidad a diferentes
ámbitos de la investigación. En el apartado dos, se detallan los datos que se
usaron para esta investigación; en el tres, se explican brevemente las técnicas de
análisis espacial que se utilizaron para procesar los datos. En el apartado cuatro
se analizan los resultados y, en el quinto, se concluye con algunas reflexiones
finales.

1. Revisión de la literatura

1.1 El contexto de la violencia de género y algunos


factores asociados
Aunque en los últimos años parece que la violencia generalizada en México
ha ido en aumento, la raíz de este fenómeno no es nueva, pues la historia de
México ha estado marcada por sucesos violentos que datan desde períodos de la
independencia. Algunos autores han argumentado que la violencia ha sido parte
del desarrollo histórico de México, pues desde que el país se hizo independiente
se establecieron pautas y patrones culturales de dominación de tipo socioeco-
nómica y racial, las cuales se fueron arraigando en la sociedad mexicana. He-
chos históricos, como la guerra contra los Estados Unidos y los franceses y otros
conflictos del siglo XIX y del XX como la Revolución, dan muestras claras de la
presencia de la violencia en la historia de México (Mestries, 2014).
Asimismo, en épocas modernas parece que los hechos violentos en la socie-
dad mexicana se han agudizado, particularmente con la llamada guerra contra
el narcotráfico iniciada en el 2006, la cual ha enfatizado diversos fenómenos so-
ciales que han llamado la atención de académicos. Dentro de estos fenómenos
destaca la violencia de género que en muchos casos se ha traducido a feminici-
dios (Mora, Reguera, y Calvario, 2014).
La literatura sobre la violencia de género y los factores asociados a ella es rela-
tivamente amplia, sin embargo, en el contexto mexicano no es suficiente, dado
el incremento de la violencia y de los homicidios en la última década. Fenóme-
nos que han sido foco de atención alrededor del mundo, algunos estudios dan
cuenta de ello (Blanco y Villa, 2008; Ávila et al., 2014; Fernández, 2014; Rodríguez,
2014). Estos factores que se asocian a la violencia de género no solo son de tipo
socioeconómico, como la pobreza o el bajo nivel de escolaridad, sino también
de tipo cultural, como algunos patrones socioculturales de dominación hacia
el género femenino, que se encuentran fuertemente arraigados en la sociedad

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Patrones de distribución espacio-temporal de los homicidios de mujeres
en México en 1990, 2000 y 2010

mexicana y que se reproducen profundizando las desigualdades que muchas


veces se traducen en violencia (Delgado, Estrada & López, 2015; Vizcarra, 2008).
En este sentido, la cultura patriarcal, que se mezcla con factores de violencia
causada por el narcotráfico y con problemas de pobreza, marginación y exclusión,
hace que esta mezcla de fenómenos detone con mayor intensidad en el géne-
ro femenino, como lo han demostrado algunos estudios (Cerva, 2014). Asimismo,
existen otros factores que no pueden dejar de mencionarse como el alcoholismo y
otras adicciones que han estado asociadas a la violencia de género; existe eviden-
cia empírica que da cuenta de ello (Jaen, Rivera, Amorín y Rivera, 2015).
Mediante estudios empíricos y estadísticas oficiales que miden la cuestión de
género, se ha demostrado que el sexo femenino es factor condicionante de vul-
nerabilidad, empleo precario, y dificultad para acceder al sistema de justicia, a
la educación, a la salud, entre otros indicadores de bienestar (González y Galleti,
2015; Vizcarra, 2008; Moctezuma, Narro y Orozco, 2014).
Aunque la literatura relacionada con la violencia de género tiene anteceden-
tes más lejanos, es en la década pasada donde los estudios asociados a este fenó-
meno han tenido un incremento considerable, principalmente a causa de los fe-
minicidios ocurridos en las zonas fronterizas del norte de México (Aranda, 2014).
Muchos actos de violencia hacia la mujer y feminicidios han estado asociados
al establecimiento de maquiladoras, principalmente en los estados fronterizos,
pues este tipo de establecimientos ocupan mayoritariamente mano de obra fe-
menina por su eficiencia y por su mano de obra barata (Ravelo y Sánchez, 2006;
Sánchez, Ravelo y Melgoza, 2015).
Se han documentado casos de violencia a trabajadoras de las maquiladoras
y del campo, pues ellas habitan en zonas distantes de sus lugares de trabajo, lo
que implica que recorran distancias largas para tomar el transporte público, ex-
poniéndose a situaciones de violencia que en muchos casos se han convertido
en feminicidios (Aziz, 2012; Vega, 2012).
Esta situación muchas veces se asocia a condiciones de pobreza, pues en un
contexto de violencia, el pertenecer al género femenino y estar en condiciones
socioeconómicas precarias, aumenta la condición de vulnerabilidad. La pobre-
za, vista desde la perspectiva de género, empezó a tener auge a finales de 1980,
pues se percibió que este fenómeno tomaba matices y características diferentes
en el sector femenino, dado que además de sufrir de condiciones socioeconó-
micas deficitarias, también padecían otro tipo de dificultades como desigualdad
salarial y violencia, tanto en el ámbito privado como en el laboral. Algunos estu-
dios que dan cuenta de la feminización de la pobreza son los de Tortosa (2009)
y Tepechín (2011).
En este sentido, se ha reunido evidencia empírica donde se demuestra que la
pobreza y los factores asociados a ella, aunado con ciertas condiciones ambien-
tales, como violencia causada por el narcotráfico en algunas zonas del país, y
patrones socioculturales que reproducen el machismo, han originado un caldo
de cultivo para que el incremento de la violencia hacia las mujeres se haya in-
tensificado en algunos territorios del país (Aranda, 2014).
Es importante señalar que en otros contextos también se han elaborado estu-
dios sobre homicidios de carácter espacial, como el de Garza, Nieto y Gutiérrez
(2009) donde se analiza la distribución espacial de los homicidios en una ciudad

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Francisco Gasca • Miguel Flores

de Colombia, que han detectado concentraciones espaciales significativas. Estu-


dios parecidos son el de Escobar (2012) también en una ciudad de Colombia, el
de Formisano (2002) que caracteriza la violencia en Bogotá mediante técnicas de
econometría espacial, y el de Moreno (2005) para el caso de Caracas.
Como se mencionó anteriormente, aunque existen algunos antecedentes que
abordan la violencia desde la perspectiva espacial en México y en América Lati-
na, la evidencia empírica de los patrones espacio-temporales de los homicidios
de mujeres que permitan conocer los cambios en la estructura espacial de este
fenómeno, no es suficiente. Así lo muestra la revisión de la literatura, la cual
otorga valiosos elementos de análisis que se asocian a la violencia de género,
pero muchos de ellos no toman en cuenta el espacio como dimensión donde
se desarrollan los fenómenos sociales, incluido el de los feminicidios. De ahí
la importancia de conocer las dinámicas espacio-temporales de este fenómeno
en el contexto mexicano, mediante el Análisis Exploratorio de Datos Espaciales
(AEDE), tema de la siguiente sección.

1.2 Análisis exploratorio de datos espaciales


De acuerdo con Anselin (1993), el AEDE puede definirse como el “estudio es-
tadístico de algún fenómeno que se manifiesta así mismo en un espacio como
resultado del área, localización o tipología en la cual la interacción espacial llega
a ser el foco de atención” (p. 2). A diferencia de otro tipo de análisis estadístico,
en el AEDE las observaciones tienen que tener coordenadas geográficas y estas
se pueden manifestar en el espacio en forma de puntos, líneas o polígonos.
Igualmente, el AEDE es considerado un conjunto de técnicas que analizan y
describen distribuciones espaciales, identifica localizaciones atípicas e identifi-
ca patrones espaciales por medio de la detección de clústeres o puntos calientes,
es decir teóricamente a esa detección de clústeres se le puede llamar dependen-
cia espacial, mientras que desde el punto de vista técnico puede llamarse auto-
correlación espacial (Anselin, 1998, p. 4).
A partir de la década de 1990, el AEDE ha tenido una amplia aplicabilidad en
diferentes ámbitos de la investigación, esto a causa de la disponibilidad de los
sistemas de información geográfica (SIG) y a la importancia que ha tenido el es-
pacio en los análisis de los diferentes fenómenos sociales. Particularmente con
el rescate que hizo Anselin (1995) de los métodos elaborados por Moran (1950) y
por las aportaciones a la estadística espacial de Getis y Ord (1992).
Los beneficios de la aplicación de estos métodos de estadística espacial ra-
dican en la visualización que se proyecta en forma de mapas, de las variables
que dan cuenta de algún fenómeno, pues de esa manera se detectan concen-
traciones significativas, patrones de distribución y cambios temporales de esos
fenómenos objeto de estudio. Esto ayuda a que la Política Pública pueda ser más
eficiente cuando se intenta aplicar algún programa, pues por medio de la identi-
ficación de clústeres espaciales, se pueden conocer las unidades territoriales en
las cuales un fenómeno se presenta con mayor intensidad.
La utilidad y la aplicabilidad del AEDE, mediante la aplicación de técnicas
que detectan la autocorrelación espacial, es extensa, pues la evidencia empírica
ha demostrado su utilidad en distintos campos de la investigación; por ejemplo,

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Patrones de distribución espacio-temporal de los homicidios de mujeres
en México en 1990, 2000 y 2010

existen estudios donde se han determinado patrones de distribución de alguna


enfermedad o padecimiento de salud y se han detectado aglomeraciones espacia-
les significativas que han servido de insumo para la aplicación de políticas públi-
cas en el campo de la salud (Dragicevic y Schuurman, 2004: Owusu y Owens, 2009;
Rooney et al., 2014; Szonyi, Srinath, Esteve-Gassent, Lupiani, & Ivanek, 2015).
Igualmente, el AEDE ha tenido una extensa aplicabilidad en el campo del aná-
lisis urbano y de la segregación socio-espacial, pues existen investigaciones que
abordan esta temática aplicando este tipo de técnicas, las cuales han dado como
resultado estructuras espaciales de las ciudades que dan cuenta de las desigualda-
des dentro de las mismas; es decir, se pueden observar las unidades territoriales
con condiciones deficitarias en algún indicador de bienestar como educación,
empleo, vivienda o ingresos. La literatura que aborda estos temas es vasta, parti-
cularmente en países latinoamericanos (Álvarez, Lara, Harlow y Denman, 2009; Da
Gamma, Marques, Ferreira & Bitar, 2002; Pérez y Santos, 2011).
El AEDE también ha estado presente en los análisis regionales que tratan
sobre los patrones de distribución espacial de la actividad económica; así por
ejemplo, se pueden observar investigaciones que tratan el empleo, la productivi-
dad, los ingresos, el producto interno bruto y otros indicadores económicos que
se aglomeran en determinados espacios, y que pueden reflejar ciertas disparida-
des regionales (Case, 1991; Le Gallo y Ertur, 2000; Cracolici, Cuffaro y Nijkamp,
2009; Dall’erba, 2005; Ertur y Koch, 2006; Monastiriotis, 2009).
En cuanto a los homicidios y otro tipo de incidentes que ocurren en un espa-
cio geográfico en general, el AEDE también ha sido de utilidad para la detección
de concentraciones espaciales significativas de esos fenómenos; existen inves-
tigaciones que dan cuenta de las concentraciones de algún tipo de violencia,
tanto en el ámbito urbano como en el regional (Messner et al., 1999; Cohen y
Tita, 1999; Murray, McGuffog, Western & Mullins, 2001). Sin embargo, varias de
estas investigaciones se han realizado en contextos muy diferentes al latinoa-
mericano, donde las condiciones económicas son menos favorables que en los
países desarrollados; igualmente, existen condiciones de marcada desigualdad
en muchos indicadores de bienestar y las expresiones de violencia son más in-
tensas que en los países altamente industrializados.
Estas expresiones de violencia toman rasgos particulares en los países lati-
noamericanos, pues coexisten factores diversos que detonan la violencia de
manera singular; por ejemplo, la violencia emergida de las favelas brasileñas
propiciadas por las profundas desigualdades sociales en los espacios urbanos,
la violencia en Colombia derivada del conflicto armado entre el gobierno y la
guerrilla, o el incremento de la violencia en México, que se han traducido en ase-
sinatos particularmente de mujeres, ocasionada por las confrontaciones entre
los carteles de la droga.
Este último punto es de lo que trata esta investigación desde una perspectiva
espacio-temporal, es decir, se analizan tres puntos en el tiempo, solo los años de
1990, 2000 y 2010, que corresponden a tres décadas diferentes; con esto se pre-
tende examinar los cambios en la distribución de los homicidios de mujeres y
así determinar si ha existido un patrón de contracción o difusión de los mismos;
a la par, por medio de la generación de mapas, se podrán conocer los municipios
donde el fenómeno de los homicidios de mujeres proyecta su mayor intensidad.

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Francisco Gasca • Miguel Flores

2. Datos
La información de los homicidios proviene de las estadísticas vitales del Ins-
tituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI). Estos datos consideran todos
los tipos de homicidios de mujeres (clasificación internacional de enfermedades,
CIE-10: X85-Y09) que se produjeron durante los años 1990, 2000 y 2010. A pesar
de que hemos analizado otras bases de datos que están disponibles actualmente
en México, el conjunto final de resultados se basa en datos sobre los homicidios
femeninos de las estadísticas vitales oficiales reportados por el INEGI. Esta es la
única fuente de información que permite hacer comparables los años antes se-
ñalados, además se enfatiza que las fuentes de información no ofrecen elemen-
tos para determinar si un homicidio puede considerarse feminicidio, pues las
estadísticas oficiales no ofrecen datos sobre el tipo de violencia ni el parentesco
de la víctima con el victimario. Sin embargo, se proyectan algunos datos que
describen algunas características de los homicidios de mujeres para los tres años
de análisis, entre las que se encuentran edad, estado civil y nivel de escolaridad;
esto expresado en porcentajes, tal y como se puede observar en la tabla 1.
Tabla 1. Edad de mujeres asesinadas durante los tres años de análisis (en porcentajes)

Edad 1990 2000 2010


Menores de 1 año 4,15 2,26 1,20
1-4 años 5,13 3,66 2,27
5-9 años 3,95 2,10 1,32
10-14 años 5,20 3,50 2,56
15-19 años 10,53 10,90 12,08
20-24 años 11,59 11,45 14,64
25-29 años 11,32 10,83 12,82
30-34 años 7,11 9,97 12,49
35-39 años 7,44 8,96 9,22
40-44 años 6,25 6,78 8,02
45-49 años 4,67 5,61 6,49
50-54 años 3,03 4,28 4,18
55-59 años 3,62 3,43 2,77
60-64 años 3,42 3,97 2,27
65-69 años 2,76 2,96 1,86
70-74 años 1,91 2,65 1,82
75-79 años 2,37 1,71 0,95
80-84 años 1,84 1,56 0,54
85 años y más 2,17 1,95 0,79
No especificado 1,51 1,48 1,70
Fuente: elaboración de los autores, basado en datos del INEGI.

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Patrones de distribución espacio-temporal de los homicidios de mujeres
en México en 1990, 2000 y 2010

En el año 1990, de los homicidios de mujeres reportados, 33% se concentra


entre los 15 y 30 años, situación similar en el año 2000; sin embargo en el año
2010, ese mismo rango de edad concentra casi 40%, lo que permite deducir que
existe cierta intensidad de homicidios de mujeres en edad productiva y joven.
Otro dato que arrojan las estadísticas vitales es el estado civil de estas muje-
res; en la tabla 2, se pueden observar diferentes categorías para los tres años de
análisis.

Tabla 2. Estado civil de las mujeres asesinadas para los tres años de análisis (en porcentajes)

1990 2000 2010


Menores de 12 años 14,55 8,96 5,42
Soltera 28,51 28,97 36,39
Casada 29,89 30,92 21,63
Unión libre 9,41 12,62 14,56
Separada 0,92 1,79 0,00
Divorciada 1,78 1,87 2,69
Viuda 8,03 8,96 5,17
No especificado 6,91 5,92 14,14
Fuente: elaboración de los autores, basado en datos del INEGI.

De estas categorías se destaca la concentración de homicidios de mujeres en


situación de vida conyugal con 30% para los años 1990 y 2000, mientras que en
el 2010 disminuye a 21%. Aunque las estadísticas vitales no contemplan el pa-
rentesco de la víctima y el victimario, estos datos pueden dar indicios de ciertas
situaciones de riesgo para las mujeres, pues la literatura menciona que las muje-
res no solo sufren violencia en su vida laboral, sino también dentro de su hogar.
Esto contrasta con el resto de las categorías, en las que se muestra un descen-
so considerable en los porcentajes en las categorías de separada y divorciada, lo
que se relaciona con la literatura que aborda cuestiones de violencia de género,
en el sentido de que para muchas mujeres el estar separada de su pareja repre-
senta menor riesgo de violencia.
Lo anterior se relaciona con el contenido de la tabla 3, pues se puede ob-
servar que una cantidad importante de mujeres asesinadas presenta muy baja
escolaridad.
La tabla 3 señala que en los tres años de análisis la baja escolaridad repre-
senta una situación de riesgo para las mujeres en México, aunque no se puede
hablar propiamente de feminicidios, pues las estadísticas vitales no ofrecen in-
formación al respecto. Esta información puede ofrecer una guía para asociar la
violencia de género con los bajos niveles de escolaridad; asimismo, dicha infor-
mación se contrasta con el bajo porcentaje de mujeres asesinadas en la catego-
ría de profesional y posgrado. La población en riesgo, o el recuento total de la
población de cada municipio, viene a partir de los correspondientes censos de
población de 1990, 2000 y 2010. Se enfatiza, que los cálculos se realizaron ela-
borando un promedio de un año anterior y un año posterior al año señalado;

sociedad y economía No. 32, 2017 • pp. 15-40 23


Francisco Gasca • Miguel Flores

posteriormente se estimó una tasa de homicidios de mujeres por cada 100.000


habitantes. Por ejemplo, para calcular la tasa de homicidios para el año 1990, se
hizo un promedio para los años 1989, 1990 y 1991; posteriormente se ponderó por
la población del censo de 1990. Lo mismo se realizó para los años 2000 y 2010.

Tabla 3. Escolaridad de las mujeres asesinadas para los tres años de análisis (en porcentajes)

1990 2000 2010


Sin escolaridad 18,76 13,24 10,26
Primaria incompleta 20,41 16,28 9,14
Primaria completa 15,08 19,70 17,99
Secundaria incompleta 0,00 0,00 4,71
Secundaria o equivalente 11,59 16,67 19,19
Bachillerato o preparatoria completo 4,02 9,27 12,28
Profesional 4,15 6,78 8,19
Posgrado 0,00 0,00 0,00
No especificada 26,00 18,07 18,24

Fuente: elaboración de los autores, basado en datos del INEGI.

Como se muestra en la figura 1, las tasas de homicidios de mujeres experimen-


taron un aumento considerable, sobre todo en 2010, lo que casi duplicó sus nive-
les reportados en 2000, 2,57 a 4,21 por cada 100.000 habitantes. Debe tenerse en
cuenta que durante esos años, el país fue testigo de un aumento dramático en
los niveles de violencia, donde surgieron los escenarios más violentos en zonas
con actividades de tráfico de drogas y con presencia de crimen organizado. Sin
embargo, la distribución de los homicidios a través de los municipios ha sido
mayor en algunas regiones del país; esto puede proyectar patrones de distribu-
ción espacial diferentes para cada año.

Figura 1. Tasa de homicidios de mujeres en México para los años 1990, 2000 y 2010 por
cada 100.000 habitantes

4.50
4.00 4.21
3.50 3.67
3.00
2.50 2.57
2.00
1.50
1.00
0.50
0.00
1990 2000 2010

Fuente: elaboración propia, basado en datos del INEGI.

24 sociedad y economía No. 32, 2017 • pp. 15-40


Patrones de distribución espacio-temporal de los homicidios de mujeres
en México en 1990, 2000 y 2010

En la siguiente sección se describen los métodos y software estadístico utiliza-


dos en el análisis empírico. El análisis considera entonces métodos estadísticos
locales-espaciales y espacio-temporales desde una perspectiva discreta, es decir,
las unidades de observación son unidades territoriales con límites geopolíticos,
con el objetivo de valorar los patrones de los homicidios de mujeres, a través del
espacio y el tiempo. Los métodos descritos se complementan entre sí para una
mejor identificación en dos dimensiones, el espacio y el tiempo, con respecto a la
distribución de los homicidios de mujeres a escala municipal en México.

3. Método

3.1 Análisis exploratorio de datos espaciales


Dada la riqueza de los datos en términos de la ubicación precisa de las unida-
des territoriales y la cobertura de toda la geografía en consideración, el uso de
técnicas estadísticas espaciales resulta adecuado en el presente estudio. Aquí re-
sulta conveniente distinguir entre espacio discreto frente a espacio continuo y
las técnicas estadísticas adecuadas en ambos casos. El espacio discreto requiere
el uso de técnicas de análisis espacial particulares, pues las unidades de obser-
vación son unidades administrativas delimitadas territorialmente, que en este
caso corresponden a los municipios, mientras que en el espacio continuo las
técnicas de análisis espacial son distintas (interpolación, densidad o funciones
K, por ejemplo), pues en el espacio continuo generalmente las unidades de ob-
servación son puntos (Feser y Sweeney, 2002).
Dentro de un marco de espacio discreto, las estadísticas globales frente a
las estadísticas locales también pueden diferenciarse. Aunque los indicadores
globales como el I de Moran o C de Geary dan información acerca de las ten-
dencias generales de la agrupación, no proporcionan información sobre dónde
se encuentran las aglomeraciones. Los indicadores locales, a su vez, permiten
la identificación y visualización de los patrones locales de asociación (puntos
calientes) y una asignación para inestabilidades locales de asociación espacial
global (Anselin, 1995). Entre estos indicadores, el Gettis-Ord G * y los indicadores
locales de autocorrelación espacial (LISA, por sus siglas en inglés) son los más
utilizados en los estudios empíricos.
Un indicador global común de autocorrelación espacial es la I de Moran glo-
bal, la cual indica el grado de aglomeración de nuestra variable de interés, en
otras palabras, indica si nuestra variable se encuentra distribuida de forma alea-
toria a través de los municipios mediante la formulación de una hipótesis nula
de aleatoriedad en el total de los datos (Anselin, 1995). La I de Moran global se
expresa en la siguiente ecuación:

N ∑ Nij wij (xi-x)(xj-x)


I= i≠j (1)
S0 ∑ Nij (xj-x)2

sociedad y economía No. 32, 2017 • pp. 15-40 25


Francisco Gasca • Miguel Flores

donde N es el número de casos, x es la media de la variable, xi es el valor de la


variable en una localización particular, xj es el valor de la variable en otro lugar, y
wij es una matriz espacial de peso especificando la interdependencia espacial de
i en relación con j, y S0= ∑i ∑jwij. Los valores positivos de este estadístico indican
agrupación espacial (por ejemplo, altas tasas de homicidios de un municipio que
se encuentran rodeadas por vecinos igualmente con tasas altas), mientras que un
valor por debajo de cero indica una autocorrelación espacial negativa, es decir,
territorios con valores positivos rodeados de territorios con valores negativos.
Hay que tomar en cuenta que este estadístico sigue una distribución normal
asintótica para un N suficientemente grande, de manera que:

I - E( I )
Z( I ) = 1
∼ N (0,1) (2)
[V(I)] 2

donde E(I) y V(I) son el valor esperado y la varianza de I, respectivamente. La


magnitud de I está influenciada por la especificación de la relación espacial en-
tre la unidad de análisis o, en otras palabras, por la elección de la matriz de pesos
espaciales (W). En este estudio, los vecinos estandarizados de primer orden por
contigüidad tipo Queen se utilizaron como definición de los vecinos. Este análi-
sis exploratorio se realizó con el ArcGis 10.1.
Aunque las medidas espaciales globales ayudan a evaluar la fuerza de auto-
correlación espacial en todas las unidades espaciales, generando una estadísti-
ca global, también pueden existir variaciones espaciales locales en el grado de
dependencia espacial. Este último puede ser abordado a través del cálculo de
medidas locales de autocorrelación espacial. El uso de las estadísticas locales
nos puede informar acerca de la no estacionariedad espacial (varianza heterogé-
nea en las diferentes unidades de estudio) o distintas relaciones espaciales en
nuestra variable de interés, identificando así las agrupaciones estadísticamente
significativas (Fotheringham, 2009).
Con el fin de analizar la naturaleza de la distribución local de los homicidios,
se emplea una versión local de I de Moran, los LISA. Este estadístico evalúa una
hipótesis nula de aleatoriedad espacial mediante la comparación de los valores
de pares locales, es decir, los valores de cada ubicación específica con los valores
en lugares vecinos (Anselin, 1995). Denotada de la siguiente manera:

zi
Ii = ∑i∈J wij zj (3)
∑i z / N
2 i

donde Zi es el valor correspondiente de la observación i de una variable nor-


malizada particular y Ji es el conjunto de observaciones de los vecinos i. Tenien-
do en cuenta las hipótesis de una distribución aleatoria, el valor esperado del
estadístico LISA es el siguiente:

wi
EA= (4)
N-1

26 sociedad y economía No. 32, 2017 • pp. 15-40


Patrones de distribución espacio-temporal de los homicidios de mujeres
en México en 1990, 2000 y 2010

donde Wi es la suma de todos los elementos de la fila que corresponde a la


observación i, ∑i wi.
El estadístico LISA es particularmente útil ya que permite la descomposición
de la asociación espacial global en cuatro categorías: cuando un lugar con un
valor superior a la media está rodeado de vecinos cuyos valores están también
por encima de la media (alto-alto, HH) o cuando un lugar con un valor inferior a
la media, está rodeado de vecinos con valores igualmente inferiores a la media
(bajo-bajo, LL). También se puede dar el caso de que un lugar con un valor supe-
rior a la media esté rodeado de vecinos cuyo valor se encuentre por debajo de la
media (de mayor a menor, HL), y viceversa (bajo-alto, LH); ver Anselin (1993) para
una descripción detallada de las propiedades estadísticas de los LISA.

3.2 Métodos espacio-temporales


Hay varias razones para creer que la alta incidencia de los homicidios, no solo
se asocie en el espacio, sino que también pueda estar asociado en el tiempo.
Por ejemplo, una alta incidencia de la violencia en un lugar puede difundir-
se a través de las comunidades de vecinos en un proceso similar al contagio
(Huesmann, 2011). Por otro lado, una alta incidencia en un período determinado
de tiempo puede influir en su incidencia en el próximo período. Ambos efectos,
y dado el contexto de este estudio, pueden ser contingentes a las características
sociales locales.
El análisis espacio-temporal se lleva a cabo a través de una estadística de
exploración del espacio-tiempo retrospectivo basado en el modelo de Poisson
discreto. Al hacer esto, grupos de alto riesgo espacio-temporales de los casos de
homicidios en los municipios mexicanos se identifican de acuerdo con la po-
blación en riesgo subyacente. El análisis de agrupamiento espacio-temporal se
llevó a cabo mediante el uso de software de SaTScan.
El SaTScan se ha utilizado en muchos estudios de salud como instrumento de
vigilancia para explorar conglomerados de enfermedad en el espacio, el tiempo
y el espacio-tiempo, así como en un número considerable de estudios con el
objetivo de explorar las agrupaciones del crimen, incluyendo conglomerados
espacio-temporales de homicidios en diferentes países (Kulldorff, 2011). El nú-
mero esperado de casos en cada municipio se calcula entonces como:

E [h] = p * H/P (5)

donde h es el número observado de homicidios, p es la población de la sección


censal de interés, y H y P son el número total de homicidios y población, res-
pectivamente. Un riesgo relativo de homicidios para cada municipio se calcula
dividiendo el número observado de homicidios por el número esperado de los
homicidios. La hipótesis alternativa consiste en que existe un riesgo elevado de
homicidio dentro de la ventana de exploración en comparación con las otras
unidades de análisis. Bajo el supuesto de Poisson, la función de verosimilitud
para una ventana específica es proporcional a:

sociedad y economía No. 32, 2017 • pp. 15-40 27


Francisco Gasca • Miguel Flores

e c-e
h H-h
I (6)
E[h] H - E[h]

donde H es el número total de homicidios, h es el número observado de homici-


dios dentro de la ventana, y E[h] es el número esperado de homicidios dentro de la
ventana bajo la hipótesis nula de que no haya ninguna diferencia. Debido a que el
análisis está condicionado a que el número total de casos observados, H- E[h] , es el
número esperado de casos fuera de la ventana. I( )es una función indicadora, con I( )
= 1, es cuando la ventana tiene más casos de lo esperado bajo la hipótesis nula y 0 en
caso contrario (Kulldorff, 2011). La prueba de hipótesis se realiza mediante simulacio-
nes Monte Carlo, en la cual un estadístico de prueba se calcula para cada repetición
aleatoria, así como para el conjunto de datos reales.
El estadístico de escaneo espacio-tiempo implica la identificación de una ventana
cilíndrica, con un círculo que indica una base geográfica, y con la altura de tiempo,
donde el primero indica las áreas de agrupamiento subyacentes, y la altura representa
el período de tiempo de los posibles grupos (Kulldorff, 2011). Este proceso abarca el
área de estudio, la geografía mexicana de los años 1990, 2000 y 2010, y hace posible la
detección de aglomeraciones espacio-temporales.
Una relación de probabilidad logarítmica (LLR, log likelihood ratio) se calcula con
base en la diferencia de las incidencias dentro y fuera de las ventanas que acabamos de
explicar, y una prueba Monte Carlo ayuda a determinar la significación estadística de
los grupos identificados. Una ventana de escaneo o exploración con la LLR máxima,
fue considerada como el clúster con mayor probabilidad, indicando que era menos
probable que haya ocurrido por casualidad. Además de la aglomeración más probable,
otras ventanas de exploración donde los valores LLR fueron estadísticamente signifi-
cativas. Asimismo, fueron identificados como grupos secundarios y fueron ordenados
de acuerdo con su estadístico de razón de verosimilitud.

4. Análisis de resultados
México es uno de los países más poblados del mundo, con más de 100 millones
de habitantes, distribuidos tanto en grandes zonas metropolitanas como en peque-
ñas localidades rurales; presenta una distribución desigual en sus ingresos, pues
dentro de un mismo espacio urbano, contrastan sectores acaudalados con pobla-
ción en condiciones de pobreza. A esta desigualdad socioeconómica, se le añade
una aguda violencia en diversos territorios, que en muchas ocasiones se ha traduci-
do en homicidios (González-Pérez, Vega-López, M.G., Cabrera-Pivarall, Vega-López, A.
& Muñoz-de-la-Torre, 2012).
En ese sentido, este apartado muestra los resultados arrojados por las técnicas
de estadística espacial aplicadas a los homicidios de mujeres en los municipios de
México, con el fin de determinar patrones en su distribución espacio-temporal.

4.1 Análisis exploratorio de datos espaciales


De acuerdo con la aplicación de las técnicas de autocorrelación espacial glo-
bal. El Índice de Moran parece haberse duplicado en el año 2010, pues pasó de

28 sociedad y economía No. 32, 2017 • pp. 15-40


Patrones de distribución espacio-temporal de los homicidios de mujeres
en México en 1990, 2000 y 2010

0,1691 en el año 2000 a 0,3336 en el año 2010. Estos coeficientes pueden relacio-
narse con los acontecimientos violentos derivados de la lucha contra el narco-
tráfico en México, pues en la década pasada ocurrió una escalada de violencia
que en muchos casos se ha traducido en homicidios. Esto puede observarse en
la figura 2.

Figura 2. Índice de Moran de homicidios de mujeres en los años 1990, 2000, 2010

Índice de Moran
0.40

0.35
0.3336
0.30

0.25

0.20
0.1581 0.1691
0.15

0.10

0.05

0
1990 2000 2010

Fuente: elaboración de los autores, basado en datos del INEGI.

De la figura anterior se observa una variación apenas perceptible del estadísti-


co I de Moran, pasando de 0,1581 a 0,1691; un cambio importante resulta cuando
se compara con el coeficiente del año 2010. En otros términos, se puede decir
que la dependencia espacial de los homicidios en México se ha incrementado en
los años de estudio, es decir, la aglomeración espacial se ha hecho más intensa.
Los resultados anteriores señalan un aumento de la autocorrelación espacial
global por medio del índice de Moran, sin embargo, no se conocen los territorios
donde el fenómeno es más intenso. Para resolver este inconveniente, los indica-
dores locales de asociación espacial (LISA) ayudarán a detectar aglomeraciones
espaciales significativas de los homicidios de mujeres en México.
La tabla 4 muestra los 10 municipios en los que el fenómeno de los homici-
dios es más intenso, de acuerdo con su índice local, para el año 1990. De esta
se observa que la mayoría de los municipios pertenecen al estado de Oaxaca,
estado ubicado al sur de México. Asimismo, existen 3 municipios del Estado de
México dentro de las primeras 10 posiciones. Esta tabla de posiciones ofrece una
idea de la distribución espacial de los homicidios de mujeres en México, pues,
de acuerdo con los LISA, el fenómeno parece tener más intensidad al sur y cen-
tro del país, principalmente.
Igualmente, es importante destacar que, salvo el municipio de Cuautitlán lo-
calizado en el Estado de México, los demás municipios de la tabla 4 presentan
cantidades poblacionales menores a 50 mil habitantes; incluso el municipio San

sociedad y economía No. 32, 2017 • pp. 15-40 29


Francisco Gasca • Miguel Flores

Martín Itunyoso, ubicado en la posición 1, presenta una población de 2.460 ha-


bitantes, lo que habla de pequeños territorios rurales con alta intensidad de
dependencia espacial de homicidios de mujeres. Es importante señalar que al-
gunos de estos territorios presentan condiciones de pobreza, particularmente
los localizados en el estado de Oaxaca, además, sus unidades económicas son
generalmente de baja tecnología, enfocando su actividad económica en peque-
ños comercios al por menor.

Tabla 4. Clasificación de municipios de acuerdo con su índice local para el año 1990

Posición Estado Municipio Población Índice local


1 Oaxaca San Martín Itunyoso 2.460 118,37
2 Oaxaca Putla Villa de Guerrero 31.897 86,41
3 Oaxaca Santa María Ipalapa 4.888 59,47
4 Oaxaca San Pedro Jicayán 11.555 56,78
5 Oaxaca San Lorenzo Texmelúcan 7.048 46,94
6 Estado de México Coatepec Harinas 36.174 46,82
7 Oaxaca Santo Domingo Teojomulco 4.571 43,71
8 Estado de México Cuautitlán 140.059 40,39
9 Estado de México Amanalco 22.868 36,59
10 Oaxaca San Pedro Atoyac 4.136 35,61
Fuente: elaboración de los autores.

La figura 3 ofrece la localización de los municipios de la tabla 4. En la figura 3,


se pueden observar los municipios que presentan aglomeración espacial signifi-
cativa, es decir, territorios que presentan valores altos en la variable de estudio
y que se encuentran rodeados de otros territorios igualmente con valores altos
(high-high). También, se pueden observar diversas aglomeraciones espaciales en
el norte, centro y sur del país.
Como se dijo anteriormente, los municipios localizados al sur son territorios
donde habita una cantidad importante de población rural, y la mayoría de ellos se
encuentran en condiciones de pobreza. Esto sugiere que existen elementos de tipo
socioeconómico, demográfico y cultural que pudieran intervenir en el fenómeno
de los homicidios de mujeres y más concretamente, en la violencia de género.
De acuerdo con estos resultados, en el año 1990, la intensidad de la dependen-
cia espacial de los homicidios de mujeres parece localizarse primordialmente
al sur del país, con algunos municipios en el centro. Los resultados del índice
de Moran señalan que existe un ligero incremento de la dependencia espacial
para el año 2000, por lo que es necesario conocer cuáles fueron los municipios
donde el fenómeno de estudio se aglomera significativamente para el año 2000.
La respuesta se encuentra en la tabla 5.
La tabla 5 da cuenta de las posiciones de los municipios que presentan mayor
intensidad en su autocorrelación espacial, de acuerdo con los homicidios de
mujeres. De la misma se pueden observar algunos cambios, pues ahora están
presentes algunos municipios del estado de Chihuahua, ubicado al norte del

30 sociedad y economía No. 32, 2017 • pp. 15-40


Patrones de distribución espacio-temporal de los homicidios de mujeres
en México en 1990, 2000 y 2010

país. Esto hace suponer que existe una difusión hacia el norte del país, aunque
siguen estando presentes algunos municipios de Oaxaca. En este sentido la tabla
5 da algunos indicios de los patrones espacio-temporales a escala municipal del
fenómeno de estudio, pues parece que existe una especie de contagio espacial
dirigido hacia el norte.

Figura 3. Mapa LISA de homicidios de mujeres para el año 1990

Fuente: elaboración de los autores.

Tabla 5. Clasificación de municipios de acuerdo con su índice local para el año 2000

Posición Estado Municipio Población Índice local


1 Oaxaca Santa María Tecomavaca 1.774 140,55
2 Oaxaca Santa Lucía Mihuatlán 3.356 134,08
3 Oaxaca San Mateo Río Hondo 3.308 111,64
4 Chihuahua Batopilas 14.362 109,00
5 Chihuahua Morelos 8.343 89,93
6 Oaxaca Mazatlán Villa de Flores 13.435 65,44
7 Oaxaca Tepelmeme Villa de Morelos 1.734 63,16
8 Chihuahua Guachochi 49.689 53,15
9 Oaxaca San Juan Bautista Lo de Soto 2.325 52,07
10 Oaxaca Santiago Llano Grande 3.260 50,36
Fuente: elaboración de los autores.

sociedad y economía No. 32, 2017 • pp. 15-40 31


Francisco Gasca • Miguel Flores

Esto puede observarse en la figura 4, en la cual se aprecian las aglomeraciones es-


paciales significativas y la presencia de las mismas en los estados del norte del país,
incluso se observan algunos municipios fronterizos con valores altos, rodeados de
otros municipios igualmente con valores altos. La figura 4 puede contrastarse con
la distribución espacial de la figura 3 en la que, para el año 1990, la concentración
espacial de homicidios de mujeres tenía mayor presencia en el sur, mientras que
para el año 2000 los municipios del norte empezaron a tener mayor presencia.
En la figura 4 también se pueden observar las localizaciones de los munici-
pios de la tabla 5, que corrobora la presencia de los municipios del norte en la
intensidad de la autocorrelación espacial en los homicidios de mujeres; estos
territorios se encuentran localizados en el estado de Chihuahua.

Figura 4. Mapa LISA de homicidios de mujeres para el año 2000

Fuente: elaboración de los autores.

Se destaca igualmente que los municipios de Batopilas, Morelos y Guachochi


se encuentran en áreas con fuerte presencia de población indígena (Tarahumaras)
y que al igual que los municipios localizados en el sur, presentan condiciones
de pobreza. Esto ofrece información sobre las características socioeconómicas
de los territorios donde se concentran los homicidios de mujeres. Aunque no
ofrece elementos sobre las posibles relaciones entre las condiciones económi-
cas y el fenómeno aquí estudiado, pues no solo existen homicidios de mujeres
en territorios pobres, sino también en territorios donde no lo son.
Como se mencionó anteriormente, en el año 2010 el índice de Moran se du-
plicó en comparación con el año 2000. Esto indica que la magnitud del gra-
do de asociación espacial entre municipios con alta incidencia de homicidios

32 sociedad y economía No. 32, 2017 • pp. 15-40


Patrones de distribución espacio-temporal de los homicidios de mujeres
en México en 1990, 2000 y 2010

aumentó considerablemente y por lo que es de esperarse que hayan ocurrido


cambios en los patrones de distribución. Tal como se analizó previamente, para
el año 2000, los municipios del norte empezaron a tener mayor presencia en el
fenómeno de estudio, por lo que se espera que para el año 2010 esa presencia sea
más notoria, así lo hace ver la tabla 6.

Tabla 6. Clasificación de municipios de acuerdo con su índice local para el año 2010

Posición Estado Municipio Población Índice local


1 Chihuahua Guadalupe 6.458 527,26
2 Chihuahua Praxidis G. Guerrero 4.799 343,12
3 Chihuahua Juárez 1.332.131 156,69
4 Chihuahua Guachochi 49.689 78,48
5 Chihuahua Ojinaga 26.304 60,34
6 Chihuahua Urique 20.386 50,74
7 Chihuahua Batopilas 14.362 43,35
8 Chihuahua Morelos 8.343 39,78
9 Chihuahua Uruachi 8.200 33,64
10 Durango El Oro 11.320 32,96
Fuente: elaboración de los autores.

En la tabla 6 se puede observar que los 10 municipios con mayor intensi-


dad en la autocorrelación espacial del fenómeno de estudio se encuentran en
estados del norte del país, mayoritariamente en Chihuahua. Esto confirma el
proceso de difusión espacial hacia el norte del país, que se relaciona con el
incremento de la violencia en estados fronterizos del norte, particularmente
Chihuahua. Asimismo, estos resultados pueden relacionarse con las aportacio-
nes de investigadores citados en el apartado de revisión de la literatura, pues
han arrojado evidencia de algunos factores asociados a la violencia de género,
destacando el establecimiento de maquiladoras en los estados fronterizos y la
guerra entre carteles de la droga en esos mismos estados.
Retomando los resultados de la tabla 6, es importante destacar la presencia
de un importante centro urbano como lo es Juárez, con una población de más
de un millón de habitantes. Esto puede relacionarse con lo comentado en el
apartado de la revisión de la literatura, pues esa ciudad ha sido foco de atención
mundial por el fenómeno de los homicidios. La localización de Juárez y de los
otros municipios de la tabla 3 pueden observarse en la figura 5.
Aunque siguen existiendo aglomeraciones espaciales significativas en el sur
del país, es evidente que ha existido un cambio en los patrones de distribución
espacial. Esto porque existe mayor presencia en el norte para el último año de
análisis, igualmente los municipios que presentan mayor intensidad en la auto-
correlación se encuentran en esa región del país, esto para el 2010, a diferencia
de la concentración de los años 1990 y 2000, en los cuales la mayor intensidad
se presentaba en el sur y centro del territorio nacional.

sociedad y economía No. 32, 2017 • pp. 15-40 33


Francisco Gasca • Miguel Flores

Figura 5. Mapa LISA de homicidios de mujeres para el año 2010

Fuente: elaboración de los autores.

4.2 Análisis espacio-temporal


De acuerdo con la aplicación de métodos espacio-temporales con el software
SatScan, el cual tomó en cuenta la tasa de homicidios de mujeres a escala munici-
pal en los tres años de estudio, los municipios que presentan mayor aglomeración
espacio-temporal se localizan tanto en el sur del país como en el norte. Por ejemplo,
se pueden observar municipios localizados en los estados de Chihuahua, Nuevo
León y Durango (norte), como municipios localizados en Oaxaca y Guerrero (sur).
La tabla 7 da cuenta de los municipios en los que espacio-temporalmente, los
homicidios de mujeres ocurren con mayor intensidad. Puesto que se toman tres
años en el tiempo, es de esperarse que aparecieran municipios localizados en diver-
sas partes del país, pues como se analizó previamente, en el año 1990, la ocurren-
cia de homicidios de mujeres en el país se localizaba mayoritariamente en el sur,
mientras que en el 2010 esta intensidad se enfatizaba en los municipios del norte.
Es de destacar que salvo el municipio de Juárez, los demás territorios cuentan
con una población relativamente baja, lo que da cuenta de la ruralidad del fenó-
meno de los homicidios. Por ejemplo, el municipio de Vallecillo, ubicado en el
estado de Nuevo León, cuenta con una población de menos de 2 mil habitantes
y con un riesgo relativo alto. Los 10 municipios con mayor riesgo relativo se
pueden apreciar en la figura 6.
En la figura 6 se pueden observar dos tipos de íconos, triángulos y círculos; los pri-
meros señalan los municipios donde espacio-temporalmente se presenta mayor ries-
go relativo del fenómeno de estudio; los segundos pueden interpretarse como

34 sociedad y economía No. 32, 2017 • pp. 15-40


Patrones de distribución espacio-temporal de los homicidios de mujeres
en México en 1990, 2000 y 2010

Tabla 7. Clasificación de municipios de acuerdo con su riesgo relativo

Posición Estado Municipio Población Riesgo relativo


1 Chihuahua Guadalupe 6.458 87,08
2 Oaxaca San Bartolo Coyotepec 8.684 83,92
3 Nuevo León Vallecillo 1.971 64,05
4 Oaxaca San Pedro Ixtlahuaca 6.822 37,34
5 Chihuahua La Cruz 3.982 37,12
6 Chihuahua Praxedis G. Guerrero 4.799 32,87
7 Chihuahua Juárez 1.332.131 30,41
8 Chihuahua Santa Isabel 3.937 30,38
9 Guerrero Coahuayutla 13.025 28,29
10 Durango Otáez 5.208 27,96
Fuente: elaboración de los autores.

Figura 6. Riesgo relativo de homicidios de mujeres en municipios mexicanos

Fuente: elaboración de los autores.

aglomeraciones secundarias, en las que el riesgo relativo es mayor a 10 pero


menor a 20. Igualmente pueden observarse los 10 municipios de la tabla 7 con
mayor riesgo relativo de homicidios de mujeres en México.

sociedad y economía No. 32, 2017 • pp. 15-40 35


Francisco Gasca • Miguel Flores

De estos resultados, se destaca la prevalencia del riesgo en los municipios


particularmente localizados en los estados fronterizos, específicamente los loca-
lizados en Chihuahua, estado que ha cobrado la atención mundial por el incre-
mento de muertes de mujeres en la década pasada.
Es importante señalar que en estos estados fronterizos se han instalado una
gran cantidad de maquiladoras, empresas que se relacionan con muchos femini-
cidios, pues como se analizó previamente en la revisión de la literatura, muchas
de las mujeres que trabajan en esas maquiladoras corren un alto riesgo de sufrir
violencia de género derivada de rasgos culturales como el machismo, el cual pa-
decen tanto fuera del hogar como adentro. Muchas de estas empresas se locali-
zan en lugares desérticos, distantes de los lugares habitacionales, y despoblados,
lo que expone a muchas trabajadoras a peligros propios de territorios en los que
se ha agudizado la violencia derivada por la lucha de los carteles de la droga.
En ese sentido, por el hecho de ser zonas fronterizas, los carteles de la droga
luchan por apropiarse tanto del mercado local como del internacional, aunado a
la guerra contra el narcotráfico declarada por el Gobierno Federal; estos territo-
rios han sido escenario de diversos fenómenos sociales, como la migración y los
homicidios de mujeres, estos últimos tratados en esta investigación desde una
perspectiva espacio-temporal.

5. Conclusiones
Este estudio ha proporcionado nuevas perspectivas sobre la distribución es-
pacial de los homicidios de mujeres en México. El análisis ha utilizado métodos
espaciales y espacio-temporales con el objetivo de identificar, a través de los
municipios, las concentraciones significativas de incidencia de homicidios de
mujeres durante tres años diferentes, 1990, 2000 y 2010. Los resultados indican
que los homicidios de mujeres no presentan una distribución aleatoria, sino que
tienden a concentrarse en determinados espacios, con estos resultados queda
contestada la primera pregunta de investigación.
Estas concentraciones tienen diferente intensidad de acuerdo con el año ana-
lizado; así para 1990, los diez municipios que presentaban mayor intensidad en
su correlación se ubicaban en el centro y sur del país. Para el 2000, esta intensi-
dad empezaba a mostrarse en municipios del norte, y finalmente para el 2010, la
intensidad se reflejaba mayoritariamente en los estados fronterizos.
Estos cambios en los patrones de distribución se relacionan con los aconte-
cimientos ocurridos en la década pasada, particularmente con la llamada guerra
contra el narcotráfico y el aumento de los homicidios de mujeres en los estados
del norte del país, temas que han sido abordados ampliamente en la literatura
sobre la violencia de género. Estos resultados se relacionan con la segunda pre-
gunta de investigación, en el sentido de que las concentraciones significativas
del fenómeno de estudio se localizan en determinados territorios, particular-
mente en sur y en estados fronterizos del norte.
Asimismo, de acuerdo con los resultados arrojados por aplicación de métodos
espacio-temporales, se encontraron aglomeraciones significativas que son persis-
tentes en el tiempo, localizadas en diversos puntos del territorio nacional. Es-
tos resultados corroboran los cambios espacio-temporales de los homicidios de

36 sociedad y economía No. 32, 2017 • pp. 15-40


Patrones de distribución espacio-temporal de los homicidios de mujeres
en México en 1990, 2000 y 2010

mujeres, pues ha existido un patrón de distribución dirigido hacia los municipios


del norte del país, por lo que con estos resultados, la tercera pregunta de investi-
gación puede ser contestada, al detectarse un patrón de difusión hacia el norte.
Es importante destacar que muchas de las aglomeraciones espaciales y
espacio-temporales se localizan en municipios en condiciones de pobreza y con
población indígena, así mismo, se destaca que salvo el municipio de Juárez que
cuenta con una población de más de un millón de habitantes y Cuautitlán con
más de 140 mil, todos los demás presentan cantidades poblacionales menores a
50 mil habitantes, incluso algunos con menos de 5 mil, lo que señala la ruralidad
del fenómeno.
De este modo se puede deducir que la violencia expresada en términos de
homicidios de mujeres se encuentra mejor refugiada en territorios que carecen
de instituciones que ofrecen protección y seguridad a grupos vulnerables, como
lo es muchos municipios rurales del país, donde incluso prevalecen los usos y
costumbres en las que el género femenino es un grupo altamente vulnerable.
En este sentido, es necesario formular nuevas interrogantes de investigación
que impliquen la relación entre la violencia de género y las características so-
cioeconómicas de la población, particularmente las condiciones de pobreza, el
nivel educativo, origen étnico y componente rural-urbano, como se señaló ante-
riormente. Asimismo, este estudio constituye un análisis exploratorio sobre la
estructura espacial de los homicidios de mujeres a escala municipal, lo que su-
giere la aplicación de otro tipo de técnicas que permitan mayor inferencia y que
involucren los elementos antes mencionados con el fin de arrojar más evidencia
empírica sobre el fenómeno de la violencia de género.

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