Clínica Con Niños y Adolescentes
Clínica Con Niños y Adolescentes
1
2
2
3
Reacción de inversión: los hijos existen únicamente para satisfacer las necesidades de los
padres, y es casi siempre el hecho de que el niño-como-padre no demuestre cariño lo que
provoca la paliza.
Reacción empática: es la capacidad del adulto para situarse en el nivel de la necesidad de
un niño e identificarla correctamente sin mezclar las proyecciones propias del adulto,
manteniendo distancia suficiente de la necesidad para poder satisfacerla.
Las reacciones proyectivas y de inversión se daban, a veces, simultáneamente creando
una “doble imagen”, esto es, a la vez bueno y malo.
En la interacción adulto-niño. El niño es amado y odiado, recompensado y castigado, malo
y bueno, todo al mismo tiempo, esto pone al niño en un “doble enlace” que según Bateson
son la base de la esquizofrenia.
Pero las propias señales contradictorias provienen de los adultos que se esfuerzan en
demostrar que el niño es a la vez muy malo y muy bueno.
No es el niño real el objeto de los golpes, es más bien la proyección del adulto.
En realidad el padre ve al niño tan lleno de porciones de sí mismo que incluso los
accidentes reales que sufre el niño son considerados como daños para el padre.
En el siglo XX la costumbre de dejar solos a los niños era común. Los padres no podían
ocuparse de prevenir los accidentes al no haber sentimiento de culpa, dado que consideran
que el objeto del castigo son sus propias proyecciones de adultos. Su proyección, por
desgracia, asegura la repetición. La utilización del niño como recipiente para las
proyecciones subyace de la idea de pecado original. El niño cargado de estas proyecciones
se exponía a ser considerado un engendro si lloraba demasiado o tenía otras exigencias, se
mataba a los niños deformes considerados suplantadores de los niños normales robados.
Otra creencia, era que los niños estaban a punto de convertirse en seres absolutamente
malvados es una de las razones por las que se les ataba o se les fajaba bien apretados y
durante tanto tiempo. Se lo sujetaba para que no se arrancara las orejas, se sacara los ojos,
se rompiera las piernas o se tocaría los genitales.
Los adultos recurren a läs figuras fantasmales para asustar a los niños sistemáticamente
hasta hace muy poco. Los antiguos estaban de acuerdo en que era muy conveniente
mantener siempre presente las imágenes de brujas ante los niños para hacerles sentir el
terror de que por la noche acudieran los espíritus para raptarlos, comérselos, hacerlos
pedazos y chuparles a sangre o la médula de los huesos. En la edad Media, naturalmente
pasaron a primer plano las brujas y los demonios, junto con multitud de monstruos y
fantasmas. Después de la reforma, el propio Dios fue la principal figura utilizada como
fantasma para asustar a los niños.
Cuando la religión dejó de ser el foco de tracción, se utilizaron figuras más próximas al
hogar el hombre lobo, Barba Azul, el coco o el deshollinador se te llevará a la noche. Estas
prácticas se cuestionaron en el siglo XIX. Aterrorizar a los niños con cuentos de fantasmas
es hoy universalmente reprobada.
Esta necesidad de personificar figuras punitivas era tan poderosa que los adultos llegaban a
confeccionar máscaras para asustar a los niños. Si se los aterrorizaba cuando simplemente
lloraban, querían comer o jugar, la magnitud de la proyección y la necesidad de controlarla
por parte del adulto ha alcanzado proporciones enormes que solo se encuentran hoy en los
adultos claramente psicóticos.
3
4
Uno de los principales defensores de la infancia en Alemania del siglo XIX fue Jean Paul
Ritcher, en su libro, censuró a los padres que dominaban a sus hijos mediante “imágenes
de terror”.
La atención proyectiva requiere como primer paso la proyección del inconsciente del adulto
en el niño, y puede distinguirse de la atención empática porque es inadecuada o insuficiente
en relación con la necesidades reales del niño. La madre que responde a toda
manifestación de incomodidad del niño amamantandolo, la que se ocupa mucho de las
ropas de su hijo cuando se lo confía a una nodriza y la que dedica una hora completa a
envolver como es debido a su hijo en fajas y pañales son todas ejemplos de atención
proyectiva.
Un acto tan simple como sentir empatía hacia los niños que sufrían golpes era difícil para
los adultos en otras épocas. Esto no quiere decir que no amaban a sus hijos, pues sí lo
hacían. Tampoco los padres de hoy que pegan a sus hijos son sádicos. En los padres de
otras épocas, las manifestaciones de ternura con los hijos se dan con mayor frecuencia
cuando el niño no pide nada, en especial cuando está dormido o muerto. No era la
capacidad de amar la que le faltaba a estos padres, sino más bien la madurez afectiva
necesaria para ver al niño cómo una persona distinta de sí mismo.
Paralelamente a la reacción proyectiva es la reacción de inversión en la que el niño y el
padre invierten sus papeles; es el origen de vivo deseo de tener hijos y que se expresa
siempre en función de lo que los hijos puede deparar a los padres, nunca de lo que estos
pueden dar a ellos.
Una vez nacido el niño, se convierte en el padre de su madre y de su padre. Al niño se lo
viste con ropa de estilo parecido a las que lleva la madre del padre. La madre renace
literalmente en el hijo; no solo se lo viste como “adultos en miniatura” sino visiblemente
como mujeres en miniatura, a veces incluso son trajes escotados.
La necesidad de cariño maternal que sentían los padres suponía una enorme carga para el
niño en pleno crecimiento. Una de las causas más frecuentes de la muerte de niños
pequeños era la asfixia en la cama al echarse el adulto sobre el niño, esto se producía
porque la madre se negaba a acostar al niño en otra cama cuando ella iba a dormir “no
queriendo separarse del niño.
4
5
Otro ejemplo de la doble imagen es el que ofrece la circuncisión. Las razones de la práctica
son múltiples. En primer lugar esas mutilaciones de los niños por los adultos implican
proyección y castigo para controlar las pasiones proyectadas. El elemento de inversión en la
circuncisión puede observarse en el tema del glande-cómo-pezón. Se rasga el prepucio con
la uña o con un cuchillo, después se chupa la sangre que sale del glande. este es el pezón
materno recuperado, y la sangre es la leche materna.
5
6
hijita y se va a vivir sola, -sin hombre-; en análisis había “arrebatado” a su marido y luego su
hijo. Ambos padres se encontraron en una situación homosexual regresiva.
La madre respondió con un “abandono” a la independencia (mediante sus mitos) de Juanito.
Impresiona el efecto que producían las preguntas de Juanito en el Inconsciente de los
adultos. El niño es el soporte de aquello que los padres no son capaces de afrontar: el
problema sexual. La madre le niega una sexualidad de hombre y se lo hace saber
claramente al darle entender con palabras que no desea a ningún hombre. El problema
fundamental de Juanito no era en realidad con la confrontación con lo real, sino con
las dificultades no resueltas de sus padres.
Melanie Klein: Dice que el niño transforma la realidad de lo que vive en función de sus
miedos, culpabilidad, defensas y sentimientos agresivos. Le llama la atención los efectos
precoces producidos por la severidad del superyó en el niño, miedo que se transforma en
amenaza interna para proyectarse luego sobre un mundo exterior sentido a partir de
entonces como peligroso.
Estudia el vínculo fantasmático madre-niño y pone en manifiesto la tensión destructiva que
acompaña a la pulsión de amor.
Para ella, el niño divide el mundo de los objetos “buenos” y “malos”. Les hace desempeñar
un papel protector o de agresión contra un peligro que se sitúa dentro de sí mismo o fuera
de sí.
El objeto malo se sitúa dentro de lo imaginario, entre las dos cadenas del discurso
manifiesto y reprimido.
Binswanger: El síntoma se dirige a otro, se desarrolla con y para otro.
El discurso del pasado sigue estando inscripto en el icc. Del niño y continuaba
produciéndose sus efectos en el nivel del síntoma.
El analista se enfrenta con su propia representación de la infancia y el peso de sus
motivaciones icc habrá de gravitar en la orientación que imprima la cura. Arrastrados a la
confrontación de cada uno con el problema del deseo, la muerte y la Ley.
Freud habla por primera vez del juego, dice que el niño reordena las cosas de ese mundo
en relación a su idea. Crea un mundo suyo. Atendía al principio de repetición. El niño
intentaría dominar así por medio del juego experiencias desagradables, trataría de
reproducir una situación que originalmente significó para él una prueba. En la repetición el
sujeto otorga su conformidad.
Fortda: El juego consistía en arrojar el carretel (oooh) y atraerlo hacia él alegremente (da).
estaba centrado en la presencia y ausencia.
Luego de haber jugado a hacer desaparecer a su madre, el niño juega en un segundo
momento a perderse (hacerse desaparecer en el espejo). Esto implica dos movimientos: el
niño ligado a la madre parece esperar su retorno para poder vivie nuevamente
independientemente de ella; pero por otro lado, todo nos indica que el niño posee una
autonomía suficiente como para no sentirse desorientado por la partida de la madre.
Desaparecida la madre real, pone a prueba el carácter mágico de la palabra (la madre
desapareció pero la palabra quedó).
El primer conocimiento que todo niño tiene de su madre es el de que ésta aparece cuando
la llama y luego desaparece. La madre deseada por el niño surge siempre sobre el fondo de
un no-estar-allí. Esa es la dimensión que intenta reproducir el niño en su juego. Lo que
aparece en el juego del fort-da es la dimensión simbólica en la relación madre-niño. Gracias
a esta dimensión el niño realiza en sí mismo el abandono y el rechazo dentro de una
6
7
7
8
8
9
9
10
este sentido es agente de las pulsiones pero se opone a ellas por ser una
organización.
Como yo corporal implica la articulación de las zonas erógenas y a la vez se funda
en una identificación primaria, en la que se es el Otro. El amor es acá incorporación
de lo placentero, lo displacentero se arrojado fuera de sí, en un movimiento donde
se va a constituyendo un mundo hostil.
Así las pulsiones de autoconservación, junto con aquellas que siendo sexuales no
se satisfacen autoeroticamente, demandan un objeto y se constituye en esos
movimientos-destinos pulsionales que son la vuelta sobre sí mismo y el trastorno d
hacia lo contrario, obstaculizan el funcionamiento de este YO producto de la
sensación, organización de huellas mnémicas. que este universo regido por el
placer-displacer, se abra al juicio de existencia, supone que las pulsiones, puedan
empezar a recortar un objeto como existente más allá del placer y el displacer. El yo
de placer purificado se constituye por identificación primaria en una triple
conjunción: 1) a la imagen de la madre, a ese otro espejo organizador, gestalt que
se anticipa a la representación unificada de si; 2) a la imagen que los otros padres
le devuelven, al mirarse a los ojos de la madre, el niño se ve en la imagen que ella
le devuelve de él, esa mirada será fundamental en la representación que el niño
forge de sí mismo; 3) a la representación que él puede forjarse de sus padres en
función del modo en que ellos se ven a sí mismos. Pero la identificación primaria es
un proceso constitutivo, estructurante de la instancia del YO, y por tal motivo queda
incorporada a su organización estable. El niño queda atrapado en el “ser” que los
otros le proponen.
Durante toda la primera infancia el yo que reina será un yo de placer, ya no
purificado (ideal), un yo que por ser una organización se opone al devenir pulsional,
pero que va en el sentido de las pulsiones y en él predomina el principio de placer.
será el yo del “yo quiero”.
Ello y YO comienzan a diferenciarse más nítidamente, aparece el juego imitativo,
aquel que recuerda mediante la acción. Del predominio de las zonas erógenas oral
se pasa a la prevalencia de la organización anal, se organizarán las inscripciones,
cuyo enlace es ahora por analogía y causalidad primaria. El control de esfínteres se
efecto de la posibilidad inhibidora del Yo y de su mayor dominio motor.
Las representaciones se reorganizan según nuevas categorías, la oposición
actividad-pasividad da lugar a otra: fálico-castrado, el tipo de incógnitas que le
plantea la realidad le recorren las vías de los deseos y las vivencias, las teoría
sexuales infantiles son muestra de ello. La castración sólo podrá ser aceptada si lo
visto se liga a lo oído, dando lugar a una nueva estructuración.
Aparecen los primeros indicios de la unificación de la pulsiones parciales cuando el
conjunto de aspiraciones se dirige hacia una persona única en la elección de objeto
incestuoso. Las primeras represiones de mociones pulsionales pueden provocar
ataques de angustia, en tanto el yo se enfrenta a los deseos incestuosos que
aparecen como contradictorios y peligrosos y que amenazan con desorganizar. La
10
11
11
12
b) Trastornos en la erogenización
Un niño puede ser visto como un cuerpo a ser alimentado cuidado sin que se
pongan juego el erotismo como en los casos de hospitalismo.
Niño cosa con el que no se juegan los deseos ni se construyen historias. O
puede ser erotizado sin ternura en un movimiento en que la caricia misma
llega a ser lacerante al no estar mediatizada por la represión materna. Si el
niño queda sujeto a una sexualización excesiva si se lo toma como juguetero
erótico quedará a Merced de la sumatoria de la excitación materna y la propia
indiferenciada. Siempre hay un exceso en la erotización y en la prohibición
pero a veces la erotización se transforma en excitación desmedida
estimulación excesiva en la que el otro es tomado como parte del propio
cuerpo o como vía de satisfacción erótica y no como sujeto diferente.
c) Trastornos en la constitución de ligazones que operen como inhibidores del
desborde pulsional y la descarga a cero.
En el primer apartado de las vivencias calmantes, frente al dolor, que desorganiza y
frente al pánico, que presume el caos interno, el otro que contiene y calma permite
ligar lo insoportable a las otras representaciones, posibilita que en lugar de la
tendencia expulsiva se abran nuevos recorridos. Pero si frente al grito al movimiento
descontrolado el otro funciona como un espejo, si es él el que estalla y se desborda
y no puede contener su propia angustia, difícilmente el niño pueda tejer la trama, por
el contrario el movimiento expulsivo descriptor, se reforzará y nos encontramos con
estados temprano de terror no tramitados, si en el adulto qué es el que puede
calmar y sostener a un niño en pánico, lo que prima es la identificación especular, el
niño se enfrentará a un espejo que le devuelve agigantadamente la propia
desesperación, lo que derivará en más terror.
El niño puede expulsar tanto, el aparato para pensar los pensamientos, como la
posibilidad de registrar sentimientos, apareciendo entonces un vacío de ideas o de
afectos.
d) Dificultades en la atribución de significados.
Frente a la necesidad, así como frente al dolor, el bebé grita o llora, y es la madre la
que otorga a esa descarga el sentido de un llamado. Si no se le otorga un sentido, si
no es escuchado como un llamado, esto interfiere en las posibilidades del niño de ir
armando su capacidad de comunicar. Pero si el sentido que se le otorga, implica
una violencia y secundarias, y es una pura proyección de los deseos o los temores
maternos, si no hay lugar para la duda, para los interrogantes acerca de lo que el
niño desea el intercambio será enloquecedor.
Cuando aquel que ejerce la función de significar las manifestaciones del niño le
otorga sentido delirantes y/o autorreferenciales a su accionar lo que hace es ejercer
una violencia a veces devastadora.
12
13
13
14
14
15
15
16
Sin embargo a veces lo transmitido no son historias, sino silencios, frases a medio
decir, evitación de hablar de ciertos temas, sin que el niño pueda discernir de qué se
trata, esta transmisiones dejarán marcas, pero marcas de lo no dicho, de los
sabidos no sabido, de una especie de caja cerrada, de lo que es imposible de
apropiarse y transformar.
Esto lleva a que en una primera generación, aquello que se oculta, quede como lo
indecible, qué es de lo que no se puede hablar. En la segunda generación ese
secreto se torna innombrable, el niño percibe que hay un secreto pero no sabe cuál
es. Y en la tercera generación ya se torna impensable, en tanto lo único que queda
es el vacío de pensamiento. Es decir, hay contenidos que se transmiten
silenciosamente, que pueden tomar la forma de una cripta o de un fantasma y que
genera dificultades dejando agujeros en el psiquismo, que pueden llevar a
repeticiones textuales y compulsivas de lo vivido por otros.
o) La repetición a través de las generaciones.
Hay casos estos casos en lo que se repite es lo esperado, es decir, repetición
ideales, de proyectos inconclusos, que el niño sea que el que cumple lo que los
padres no pudieron hacer, pero también están aquellos que suponen una repetición
permanente de lo idéntico, y esperan del hijo el cumplimiento del vaticinio del
fracaso. Dejando al niño en una red de profecías mortíferas sin salida y lo arrojan a
una disyuntiva difícil de resolver, o confirma con su fracaso de la palabra paterna, o
lucha por tener un destino propio suponiendo que en ese recorrido mata al padre.
También podemos pensar en una repetición del agujero, del vacío, del recorrido que
dejó el rayo en nuestra psiquis. La repetición de padres a hijo puede ser pensada
como el modo en que reaparece en los hijos lo desestimado, lo desmentido y lo
reprimido de los padres. Lo reprimido retorna desde el niño en forma de síntomas o
funcionamientos que esbozan el armado de un síntoma, cuando predomina la
represión se transmiten las representaciones reprimidas pero también las normas y
prohibiciones que impulsaron la repetición, las fallas del mecanismo defensivo, las
grietas que dejan este tipo de repetición posibilita la construcción de fantasías.
Cuando lo que se personifican el niño es algo del orden del o desmentido en los
padres ,esto parece como una defensa a ultranza en las que lo que hace es repetir
ciegamente un mecanismo que lo lleva actuaciones permanentes
Y si lo que predomina en los padres es la desestimación, el niño pasar a hacer la
personificación de los rechazados y puede tener un lugar en el delirio paterno
materno o llenar agujeros representacionales de los otros, que lo deja sin
pensamiento propio, el niño queda como representante de aquello siniestro. Cuando
lo que se transmite es algo que por estar fosilizado no puede ser modificados, armar
una historia que permiten salir de la repetición se tornan complicadas.
Cuando alguno de los progenitores es portador de una certeza que es incorporada
por el niño como una frase definitoria de su ser puede llegar a sostener
concepciones delirante sobre su cuerpo o su pensamiento
16
17
17
18
Los padres son sujetos escindidos y las relaciones padres – hijos están inevitablemente
marcadas por pasiones y por el narcisismo.
Uno puede quedar atrapado en medio de quejas, pedidos, preguntas. Pero en las palabras
de los padres una historia de amores y odios, mitos y vacíos de va perfilando. Hay lapsus,
contradicciones, olvidos y silencios. Y cada suceso cobra sentido en tanto recuerdo izado a
otros recuerdos.
Iremos entre viendo que deseos icc sostienen el deseo precc de un hijo. Ellos son los que
pueden recordar lo que en el niño es huella sin palabra. Si logramos escuchar ese discurso
sin callarlo, podremos ir internándonos en una o varias historias.
Nos ubicamos como psicoanalista, renunciando a un lugar de juez o maestro, que conoce
los secretos del “niño perfecto” y de la crianza ideal.
LAS PRIMERAS ENTREVISTAS CON LOS PADRES:
Su propia historia infantil se presenta en esa consulta. Son ellos y los niños que fueron, los
que demandan atención. El narcisismo herido se pone en juego.
Ver como se presentan los padres, si pueden o no percibir el sufrimiento del hijo, si llegan
angustiados o enojados.
El que el niño pueda ser ubicado como un semejante diferente es el comienzo de un
recorrido en el que un espacio de ser le sea otorgado.
El niño suele ser portador de una historia que lo antecede. Es frecuente que se lo
identifique con un abuelo o tío, etc y que esa identificación lo sumerja en un camino pre –
establecido.
Hay muchos sentimientos en juego y a veces los padres sienten que el mundo soñado se
derrumba y padecen sentimientos de vergüenza.
Los padres son el primer espejo, dándole la imagen de lo que ese niño es para ellos, de lo
que querrían que fuese. Y se constituye marcado por esos otros, armando como puede una
historia propia. > una suerte de elaboración secundaria de lo vivido, que dará forma a las
huellas mnemicas del niño.
Se propone un espacio en el que puedan asociar, recordar, pensar, ser escuchados sin
perjuicios ni mandatos.
Debemos evaluar si los padres pueden históricas la vida del niño, fantasear sobre su futuro,
y a la vez ubicarlo como ser pasible de modificaciones, logros, y sujeto que sufre. Si esto no
se da, iremos ayudando a construir esa representación de “otro”.
En los vínculos padres – hijos se pone en juego:
-los ideales del ideal del yo. Se espera que el niño cumpla lo que los padres no pudieron
hacer. Hay allí una idea de futuro. O
-los ideales del yo ideal que el niño cubra de inmediato el agujero dejado por la propia
insatisfacción. Debe ser ya el niño maravilloso.
DIFERENTES TIPOS DE CONSULTA:
1) “Es un desastre. No sabemos a quién salió así. No lo aguantamos más”.
-funcionamiento expulsión. El niño es causa del malestar familiar y hay que cambiarlo
rápidamente. Lo No tolerable retorna desde el niño y todo tiene que ser puesto afuera.
Imposible hablar del niño sin dar lugar a sus demandas, necesidades y sentimientos porque
lo vivirán como una a expulsión quedando fuera de todo investimiento libidinal.
-confrontación narcisista que no supone la convivencia con otro diferente. (Funcionamiento
narcisista) > no pueden descentrado de su y pensar al niño como un ser suficiente, están
inundados por un dolor desbordante frente a un hijo al que ven como un extraño.
18
19
Una derivación que no es solicitada puede ser vivida como una expulsión. Como si se les
dijera “no hay lugar para usted” y el hijo quedará como aquel que les quita el único lugar
posible (desde la lógica narcisista).
-padres escindidos.
-meta: desarmar las certezas en relación al hijo.
2) “El no tiene problemas. La culpa a tiene la maestra, que no tiene paciencia”. “la
dificultad es de los otros chicos. Mi hijo es diferente pero es el mejor”.
Prima la desmentida frente al registro de lo intolerable, atribuyendo las dificultades del hijo a
terceros. No es su hijo el que presenta problemas, y son los otros los que han pedido que
se realice una consulta.
No tiene consciencia de las dificultades del niño y se las atribuyen a un mundo que los
ataca. (perseguidor externo).Se desmienten las falencias.
Y el riesgo para el analista es que sea ubicado en este lugar, que señala las dificultades,
muestra lo que no se quiere ver y sanciona.
Funcionamiento narcisista, donde aceptar las dificultades del niño puede ser vivido como
insoportable.
Nuestra función con ellos es ir permitiéndoles conectarse con las dificultades del niño y las
de ellos mismos sin que esto suponga el propio derrumbe.
La afirmación “Es igual a mi”, puede servir tanto para minimizar el sufrimiento del niño como
para desconocerlo como sujeto.
3)”Hay padres que afirman “Es un sol, pero no puede dejar de hacerse pis de noche y
sufre mucho por eso”.
Registro del niño como sujeto sufriente.
Podemos ir enlazando los avatares del niño con los de ellos, su historia, miedos e
incertidumbres, pero también esperanza.
Pueden diferenciarse del hijo y a la vez ver similitudes. E identificarse con él sin que la
identificación sea masiva.
Pueden haber fluctuaciones entre una y otra posición.
La duda es señal de que está operando la represión. Cuando prevalecen certezas habrá
primacía narcisista y tendremos que ayudar a abrir interrogantes allí donde aparece un
“lleno” para tapar el vacío.
Si predomina el narcisismo materno o paterno, ellos serán los protagonistas a los que habrá
que sostener, contener y escuchar. Las intervenciones se centrarán en su sufrimiento y en
el modo en que repiten pedazos de su historia.
Entrevistas abiertas: No desubjetivar al sujeto. Se van registrando los vacíos, blancos,
aquello que fue omitido en el decir de los padres. En aquello que los padres transmiten será
fundamental tener en cuenta cómo se posiciona cada uno frente al padecer del niño.
Diagnóstico: No se deben colocar rótulos, ya que se encerrará al niño a en las
características que definen a esa patología, siendo condenado a cumplir con todas las
pautas del diagnóstico dado. Se desinviste al hijo para ubicar a un enfermo.
Las conductas de los padres son transacciones entre los deseos icc, prohibiciones,
mandatos sociales e ideales transmitidos a través de generaciones. Y habrá repeticiones
que no pueden ser relatadas, en tanto hay funcionamientos que no son conscientes y estas
solo pueden detectarse a través del vínculo transferencial.
Aquello que los padres no podrían relatar, porque no lo han registrado conscientemente, se
hace evidente en el espacio analítico.
19
20
TENER EN CUENTA:
1- Cuando nos consultan por un niño no sabemos por quién consultan.
2- Hay múltiples transferencias en juego.
3- Los que piden la consulta están involucrados en aquello de lo que hablan.
4- Los que consultan siempre piden algo para ellos mismos.
5- El motivo de consulta puede ser diferente para c/u de los padres y el niño mismo.
El psiquismo se constituye en base a vivencias, a partir del encuentro de lo pulsional con la
realidad psíquica de los padres quedan inscripciones, marcas. Se debe trabajar con esa
realidad psíquica para posibilitar transformaciones en el niño.
20
21
Hasta el primer encuentro con el psicoanalista, el problema es abordado solo a nivel del
objetivo de la consulta y se plantea siempre en relación con fines de carácter negativo para
el medio.
Algunos síntomas que el medio, a menudo ciego, considera positivos, son enrealidad
patológicos para él; estos síntomas son signos de neurosis infantil y juvenil actual o
enquistada.
Para el psicoanalista lo que importa no son los síntomas aparentemente positivos o
negativos en sí mismos, no es la satisfacción o la angustia de los padres, sino lo que el
síntoma significa para el que, con tal o cual conducta, actualiza el sentido fundamental de
su dinámica, y las posibilidades de futuro que, para este sujeto, el presente prepara,
preserva o compromete.
El psicoanalista intenta oír detrás del sujeto que habla, a aquel que está presente en un
deseo que la angustia autentifica y oculta a la vez, amurallado en ese cuerpo y esa
inteligencia. El psicoanalista permite que las angustias y los pedidos de ayuda de los padres
o de los jóvenes sean reemplazados por el problema personal y especifico, del deseo más
profundo del sujeto que habla. Suscita al mismo tiempo al sujeto y a su verdad. En el
momento de la cura el sujeto descubrirá por sí mismo su verdad.
A través de lo que se le dice, la sensibilidad receptora del psicoanalista, le permite oír varios
niveles del sentido subyacente emocional, que hay en el paciente, y en una forma por lo
general más fina de lo que pueden hacerlo los que no han sido psicoanalizados.
21
22
22
23
Toda vez que antes de la resolución edípica, uno de los elementos estructurantes es
alterado en dinámica (presencia o ausencia de uno de los padres, crisis depresiva de uno
de ellos, muerte que se esconde, etc) el niño está informado de ello en forma tal e
inconsciente y se ve
inducido a asumir el rol dinámico complementario regulador. Esto es lo patógeno para él.
Este es superado, en parte o totalmente, gracias a las palabras verdaderas que verbalizan
la situación dolorosa que vive.
Cuando se le oculta la realidad que él de todas formas padece, sin permitirle que se
reconozca en ella ni tampoco que conozca la verdad que percibe en forma muy fina, se ve
inducido a sentirse extraño, objeto de un malestar mágico y deshumanizante.
23
24
Imagen corporal:
Esquema Corporal:
La imagen corporal del niño puede ser percibida a través de materiales gráficos o plásticos, o en el
juego. Siempre y cuando sean explicados por el niño a través del lenguaje.
El niño puede tener un esquema corporal sano, pero una imagen corporal dañada. O de manera
inversa, un esquema corporal dañado (falta de alguna extremidad, etc.) pero no así su imagen
corporal.
Las dificultades que encuentra la evolución de las imágenes del cuerpo son reductibles al
deseo, obrando en la imagen dinámica, que procura cumplirse gracias a la imagen funcional y
24
25
a la imagen erógena. Pero, en su búsqueda, encuentra obstáculos para su realización: bien sea
porque el sujeto no tiene un deseo suficiente, bien porque el objeto está ausente, o aún porque
está prohibido. Es la presencia-ausencia del objeto de satisfacción del deseo, que no estaba
agotado, el que instituyó a tal o cual zona erógena.
La madre es quien, por medio de la palabra, hablándole a su hijo de lo que esté querría pero
que ella no le da, le mediatiza la ausencia de un objeto o la no satisfacción de una demanda
de placer parcial, valorizando hablar de ello y reconocer este deseo cuya satisfacción es
denegada. Y esto no es posible más que si el mismo objeto total (la madre) vocaliza los
fenómenos de las palabras que especifican esta zona erógena “ahora tienes prohibido el pecho
de tu madre” “no, se acabó, basta de mamar”.
La palabra, a causa de la función simbólica, trae aparejada una mutilación de nivel del deseo:
la satisfacción erótica parcial a la relación de amor de sujeto a sujeto, o mejor dicho del
pre-sujeto (lactante). Es decir, que en un proceso normal de elaboración subjetiva de las
imágenes del cuerpo, hay intercambio de palabras que permite la simbolización de los objetos
de goce pasado.
Los niños que tienen bastantes palabras de amor y de libertades lúdicas motrices, no
necesitan objetos transicionales, pues poseen la suficiente inventividad motriz asociada a su
madre y bastantes palabras con la madre que se halla lo suficientemente presente. Los objetos
transicionales le son necesarios si un peligro amenaza separarlos del lugar de seguridad
materna, y cuando pierden su imagen funcional anal, la motricidad y la deambulación; es un
fetiche antipeligro, fetiche de su comunicación con el otro asegurador en el espacio. Si la
madre asiste a su hijo, la angustia de este queda humanizada por percepciones sutiles y por
palabras; sería que al reencontrase con este objeto perenne su imagen del cuerpo olfativa,
táctil, oral, anal es un reencuentro de un conocimiento de si mismo.
La imagen del cuerpo del niño, reestablecida así en su integridad, conserva, del sufrimiento
pasado, una experiencia simbolizada de sus pulsiones de vida de sujeto coexistencial con su
cuerpo, las cuales han conseguido prevalecer sobre las pulsiones de muerte.
El psicoanálisis permitió descubrir que son los intercambios, sutiles soportes del narcisismo
indispensable para el reencuentro de la salud afectiva, los que fundamentan el pronóstico
psicosocial.
Más allá de la distancia del cuerpo a cuerpo entre el bebé y su madre nutricia cuando ésta ha
salido de su campo visual, las percepciones sutiles de su olor y de su voz siguen
constituyendo para el niño el lugar en que él acecha el retorno de su madre, el lugar de su
vínculo narcisizante y esa sensación de vivir en seguridad.
Estás relaciones más allá de la distancia, y ya no relaciones cuerpo a cuerpo, deberán ser
preservadas, para que el narcisismo del sujeto no experimente demasiadas fracturas,
sosteniendo la seguridad, que le permite reconocerse humano y amarse vivo.
En la primera infancia es indispensable que la imagen del cuerpo de organice ante las
percepciones ausentes y presentes, las que lo sorprenden y que el testigo adulto le dé
respuesta a su sorpresa. Su imagen del cuerpo, unida por la relación simbólica continua,
asume percepciones que, si esta relación no existiera o llegará a faltar por demasiado tiempo,
serían despedazantes para él.
25
26
Las pruebas con las que tropieza el deseo del niño son las castraciones, que van a posibilitar
la simbolización y al mismo tiempo contribuirán a modelar la imagen del cuerpo.
La castración es la prohibición radical opuesta a una satisfacción buscada y
anteriormente conocida. El cociente de esta operación de ruptura es la posibilidad, para el
niño, de recoger los “frutos de la castración”.
26
27
La adolescencia reorganiza todos los conflictos de las castraciones mal conseguidas del sujeto
y de sus modelos arcaicos, hermanos mayores y padres .
27
28
mismos lamentan haber dejado de ser niños o lamentan que su hijo crezca y experimente
deseos de autonomía a su respecto.
La castración umbilical: el papel simbolígeno del nacimiento, para el recién nacido, es
indeleble, y sella con modalidades emocionales primeras su llegada al mundo en cuanto ser
humano, según la manera en si se lo acepta tal cómo es, frustrante o gratificante para el
narcisismo de cada uno de los padres.
La censura umbilical origina el esquema corporal separada la placenta del útero. La imagen
del cuerpo, originada parcialmente en los ritmos, el calor, las sonoridades, las percepciones
fetales, se ve modificada por la variación brusca de estás percepciones, en particular por la
perdida del doble latido del corazón acompañada por la aparición del fuelle pulmonar y el
tubo digestivo.
Esta castración umbilical es fundadora con las modalidades de alegría o angustia
manifestadas al nacimiento del niño en relación con el deseo de los otros.
La perdida de percepciones conocidas y este surgir de percepciones nuevas constituyen lo que
se ha dado en llamar “trauma” del nacimiento y sella con un estilo de angustia más o menos
memorizado, su primera sensación liminar de asfixia. Estás modificaciones cataclismicas
marcan nuestro nacimiento, nuestra primera partición mutante.
El niño descubre bruscamente y brutalmente percepciones desconocidas: luz, olores,
sensaciones táctiles, sensaciones de presión y de peso y los sonidos fuertes y nítidos. El
elemento auditivo más destacado será su nombre, significante de su ser. Este significante y la
clasificación de su sexo son lanzados por voces animadas por la alegria o por la reticencia,
expresando satisfacción o no del entorno.
El hecho de que sea niña o varón es ajeno al poder de los padres, con lo cual, también estos
sufren una castración, que corresponde a la inscripción del niño en el registro civil, de ahora
en adelante él está a su cargo, pero no les pertenece enteramente, pues es un sujeto legal de la
sociedad sobre el cual sus derechos son limitados. Los proyectos fantasmaticos se acababan
con la fijación de esta inscripción.
Hay dos fuentes de vitalidad simbolígena que promueve la castración umbilical: una se debe
al impacto orgánico del nacimiento en el equilibrio de la salud psicosomática de la madre; y
la otra es el impacto afectivo que la viabilidad del niño aporta, en más o menos narcisismo a
cada uno de los dos genitores.
La angustia o la alegría, en la triangulación padres-hijo, marcan de manera simbolígena o no
el psiquismo de un ser humano, independientemente de su organicidad.
El efecto del nacimiento de un niño sobre los hermanos mayores hacen que haya aportado
trastorno o alegría a sus hermanos y/o hermanas, y que, cómo contrapartida, reciba de estos
una potencia o un empobrecimiento de su deseo de vivir. El nacimiento de un bebé en una
familia despierta las castraciones de los hijos mayores.
28
29
La castración anal:
-Se designa como un segundo destete, sinónimo de la separación entre el niño, ahora
capaz de motricidad voluntaria, y la asistencia auxiliar de s madre para todo lo que
constituye el “hacer”. Necesario para la adquisición de la autonomía “yo solo” “yo, tú no”,
que depende de la tolerancia parental al hecho de que el niño desarrolla su autonomía
dentro del espacio. Deja de ser un objeto parcial retenido en la dependencia de la instancia
tutelar.
-Prohibición significada al niño de todo “actuar” dañoso, de “hacer” a otro lo que no le
gustaría que le hiciera.
Todo niño con madre y padre no castrados analmente de él y que pretenden inculcarle, en
lo que le dicen o le hacen, la prohibición de hacer daño (mientras que ellos mismos dañan
29
30
30
31
Cuando la instancia tutelar descubre esta transgresión motriz, debería felicitar por
elaboración al niño que ha desobedecido, en vez de culpabilizarlo por haber desobedecido
un decir, de ningún modo hacerlo dependiente de una palabra prohibidora de la motricidad.
Si su perseverancia y sus esfuerzos son recompensados podrá acceder un día a la misma
potencia que observa en sus padres, y quizás incluso a una potencia mayor que la de éstos.
La castración anal sólo puede ser dada si los padres son realmente respetuosos del niño y
de sus bienes, si lo educan prestando confianza a la inteligencia y a la vida en devenir de
este hombrecito o Está mujercita, si dejan amplio margen a su iniciativa, si reducen día a
día el número de prohibiciones que le han sido impuestas, en la medida de su desarrollo y
de las experiencias adquiridas.
La no socializaion del niño proviene de que los educadores no han respetado día a día sus
deseos de iniciativas motrices, aun cuando no comportarán ningún peligro real,
simplemente porque éstas eran un poco ruidosas, alteraban un tanto la ordenación del
espacio y provocaban en los padres angustias fantasmaticas.
Esta adquisición, cuando es excesivamente precoz, lejos de ser educativa, es mutiladora.
Por lo cual no opera como castración simboligena.
La continencia esfinteriana es natural tan pronto como el desarrollo neurofisiológico lo
permite.
La conducta de aquellos adultos que evidencian un deseo de controlar las necesidades de
los niños acaba conduciendolos a utilizar la retención para complacer o disgustar al adulto
exigente.
Un niño al que nunca se han pedido o exigido excrementos no juega con ellos, y prefiere
jugar con otros objetos. No pone interés salvo que sea inducido por una actitud valorizante
cotidiana de su madre hacia el contenido de sus deposiciones o del orinal. Una castración
anal sanamente dada, es decir, no centrada en el pipí y la caca sino en la valorización de la
motricidad manual y corporal, permitirá al niño sustituir los placeres excremenciales por la
alegría de hacer, de manipular objetos de su mundo. Las manos son, lugar de
desplazamiento de la zona erógena oral tras el destete. Actúan como boca prensa va sobre
los objetos. Un bebé gusta de jugar a desgarrar con sus manos, con alegría lúdica. El
lenguaje del padre y de la madre concerniente a este “tocalotod” explorador, aporta una
seguridad asistida.
Adquisiciones motrices y creadoras se verán contrariadas si al problema del pipí -caca, y a
la continencia precoz del niño, se le asigna un valor estúpido. El niño siempre es capaz de
ella por sí mismo; la educación consiste únicamente, una vez adquirida dicha continencia,
en depositar sus excrementos en el lugar destinado a ellos para todo el mundo.
Solo de los niños a quienes se les exigió demasiado pronto la continencia salen los que
manifiestan retraso en relación con el esquema corporal en la imagen del cuerpo, para ellos
la única manera de seguir siendo sujetos es oponerse a las órdenes apremiantes de la
madre y privarla de este placer.
El control lúdico de sus excrementos puede, dependiendo de las exigencias educadoras ,
convertirse en un intercambio valorado con los otros, intercambio con base en el lenguaje y
comercio de los objetos.
De allí la importancia del estilo de respuesta que aportará a ello el adulto, en especial la
madre. Si ella concede a la recepción a la visión o no visión del objeto parcial excremencial
tanta importancia Como al niño entero, da valor de lenguaje a las Necesidades, a las
31
32
necesidades, a los excrementos como tales. Estos pasan a ser un regalo para el niño si la
madre los celebra más de lo que celebra sus actividades lúdicas manuales y vocales.
Vemos así madres que le cuentan a todo el mundo sobre el pipí – caca de su hijo, y él
intenta complacer aún más a su madre exhibiendo su talento cuando hay extraños. Aquí es
donde, precisamente, la castración simbólica, y no la represión pura, será bienvenida : “no
traigas eso, mejor trae tu juguete, a tu padre o a mi nunca a nos has visto trayendole
nuestra caca a todo el mundo”. Es así como la madre ayuda al niño a aportar algo al orden
social.
Las madres tienen que comprender Hasta qué punto es necesario, para el desarrollo del
tórax y de los músculos de la espalda, riñones y hombros, que los niños anden el mayor
tiempo posible a cuatro patas, aun cuando sepan marchar de pie.
El desplazamiento de objetos exteriores y su propio desplazamiento autónomo por el
espacio, es para el niño una metáfora de lenguaje.
Obtenidos por fin la destreza del estadio anal y el control muscular generalizado, el niño
realiza un descubrimiento mucho más preciso del conjunto de todo lo que, de su cuerpo,
conocía, en la tactilidad que Hasta ahí su madre había impuesto. Ahora el centro de su
interés son sus propios descubrimientos. Necesita palabras para especificar todas estas
regiones de exploración sensible de su cuerpo; y es preciso que estas palabras le hagan
comprender que él está hecho Cómo todos los otros seres humanos
La castración anal permite la obtención de un dominio adecuado y humanizante de la
motricidad.
Ante un fracaso, el niño siempre necesita palabras que le expliquen su causa, sin censurar
los y lo reconcilien con su intención.
Si los adultos hacen por él lo que no pudo hacer, es tan grave como si no hicieran nada,
porque al proporcionar el resultado inmediato se suprime el deseo de la experiencia.
La castración anal debe enseñar al niño la diferencia entre lo que es su posesión de la que
es enteramente libre, y lo que es la Posesión de otro, cuyo uso para él debe pasar por la
palabra.
Castración primaria a veces llamada castración genital no edipica.
Se trata del descubrimiento de la diferencia sexual entre niñas y varones.
Ha conocido el espejo y observado todas las regiones corporales homólogas a las suyas en
el prójimo.
De hecho, sólo una vez que ha conocido la cara posterior del cuerpo del otro se interesa el
niño por la cara anterior de la pelvis; tanto la suya en el espejo, como la del otro.
Las palabras que se le dicen en lo que concierne a estas diferencias del cuerpo los incitan a
suponer, sobre todo si son varones, que la protrusión palpable de su sexo y del sexo de los
hombres es de la misma naturaleza que esta otra protrusión , palpable en el tórax de las
mujeres: los pechos.
El niño descubre la diferencia a través de preguntas relativas al cuerpo diferente que
presentan sus padres; pero, para eso, también es preciso que advierta que del lado
posterior del cuerpo no hay diferencia entre chicas y varones. Esto trae aparejado la
curiosidad por la delantera diferente.
El chico piensa que las su nenas tienen un pene, pero que está escondido
momentáneamente para adentro.
32
33
Las palabras verdaderas que expresan la conformidad de su sexo con un futuro de mujer o
de hombre, proporcionan valor de lenguaje y valor social a su sexo y al propio niño; y
preparan un porvenir sano para su genitalidad.
Es indispensable que los niños, cuando expresan sus dudas o curiosidad, reciban en ese
momento preciso no la orden de callarse ni palabras que los ridiculicen, sino las palabras
justas del vocabulario referentes a su observación. Palabras verdaderas, justas y simples.
Los niños esperan sobre todo que no se de muerte al deseo ni al placer: porque esto es lo
que más le importa al niño, que lo ha descubierto mucho antes de advertir la distinción entre
el placer que acompaña a la liberación excremencial y el que el siente ya sea por
manipulación de esas zona. Hacía los 30 meses, acabando el periodo anal, la pulsión
epistemológica del niño sitia en el “para qué sirve”.
En síntesis, sobre lo que suministraba ya los criterios de satisfacción o de renunciamiento
ante los peligros de las pulsión es orales y anales. Uno de esos peligros es disgustar a
mamá, y este displacer el niño lo constata en torno al placer que a él le procuran sus
excremento. Esta constatación es uno de los medios que tiene el niño para discriminar lo
que corresponde a o sexual en relación con lo excremencial, mientras que al principio
ambos están confundidos.
Para cualquier niño sus padres son los poseedores de todo el saber y sus dichos tienen
autoridad.
Con la maduración neuromuscular, el desplazamiento del interés hace que el niño registre,
respecto de los dichos y los actos, el carácter agradable o desagradable que percibe de
ellos tanto en su propio cuerpo como en la armonía de sus relaciones emocionales con su
entorno. La castración brindada por la instancia tutelar con palabras, es decir, las
prohibiciones que limitan la libertad del niño, conciernen a o bueno y lo malo para su cuerpo
y para el otro y los seres vivos.
En la mayoría de los casos, que evolucionarán saludablemente gracias a su entorno
educativo que posibilite al niño la inteligencia de lo que observa y que ame al niño como
futuro hombre o mujer, la aceptación de la castración implica para el niño/a la valorización
del pene en su forma bella y deseable. Esta bella forma del pene se inscribe en la
continuidad de la bella forma del pecho. En cuanto a la niña, sólo en un segundo tiempo y
después de la reflexión admite que para su cuerpo es más valioso no tener pene para hacer
pipí; al aprender que su madre y las mujeres hechas como ella están conformes, deduce de
esto que ésa es la condición para ser mamá y gustar a los papás.
Debe hacerse saber con palabras que el padre y la madre están tan implicados y son tan
responsables el uno como el otro en la fecundidad. Cuando pregunta para qué sirve el sexo,
debe oír claramente expresado lo que constituye la fecundidad de los seres humanos, es
decir, la responsabilidad humana de la paternidad y la maternidad en la unión de los sexos.
Esa respuesta acerca de la concepción abre la posibilidad de una palabra verídica del
adulto sobre el placer sexual, que no siempre está forzosamente al servicio de la
fecundidad. Si no se les dice esta verdad, los inocentes imaginan el acto sexual como
estrictamente funcional y animal.
La verdad hablada le revela la humanización de la sexualidad genital, lenguaje de vida y no
sólo proceso funcional. Le permite comprender el sentido simbólico de las palabras de la
parentalidad de cuerpo, de la parentalidad afectiva o de corazón, y de la parentalidad social.
Es necesario decir la realidad de los hechos, y en lo posible aportar precisiones sobre el
apellido y la familia del progenitor.
33
34
34
35
35
36
todo esto deba ser masivamente rechazado a priori, sino que será muy insuficiente, en
particular en aquellos casos donde nos enfrentamos a una patología grave.
Para entender a un chico a un adolescente (de hecho, incluso a un adulto), tenemos que
retroceder a donde no estaba aún.
Hay dos movimientos en psicoanálisis:
-el retomo del psicoanálisis a lo que fue la infancia, por ejemplo, las fantasías tempranas,
los traumas precoces, interés en fin por retroceder tanto como se pueda.
-en un segundo movimiento más amplio, donde nuestra disciplina se interesa
particularmente en ciertas patologías (verbigracia, las psicosis). Este segundo viraje se va
produciendo lentamente a partir de la década de 1950 y está estrechamente relacionado
con el desplazamiento de la clínica más allá de las neurosis, a las márgenes ambiguas y
fronterizas, a los trastornos narcisistas, esquizofrenias, adicciones, etc.
pequeñ[Link]: se trata de un paciente que empieza su análisis en los últimos años de la
adolescencia. El problema central que lo trae al tratamiento es una celotipia. “Ella se arregla
no para agradarle, sino para otro, que en algún momento ubica al azar entre la multitud”.
Uno de los problemas más difíciles que abordamos en la clínica es como se encuentra a
quien se necesita para autodestruirse, para desplegar sus síntomas o para encontrar cierta
complementariedad cerrada sobre sí misma.
La intensidad de la certeza, sobre todo en el momento que lo captura su fantasmática
absoluta, llega a tener características de una construcción delirante.
Episodio psicótico posparto de la madre, una depresión intensísima y larga.
El padre y la madre aparecen unidos por un factor común, la sexualidad está en la calle,
fuera de la pareja.
Otro personaje que poco a poco cobra más relevancia en el decurso de su relato: la abuela
materna.
Las parejas que se arman en la casa pueden ser: la abuela y la madre, 'contra el padre o
alguno de los hijos, pero la pareja que nunca se arma es entre el padre y la madre.
El hecho de que la sexualidad esté en la calle, mantiene a la madre en la órbita de la
abuela; no hay que olvidar que la madre es una mujer que sufrió una depresión de magnitud
con la consiguiente internación, llevándole un largo año volver a hacerse cargo de sus hijos.
Sus accesos celotípicos responden a una ley familiar, esto es, que la sexualidad sólo puede
darse en la calle y no entre los miembros de la pareja oficial.
Al analizar una pieza de la prehistoria donde el paciente como entidad psicofísica no existe;
los que cuentan son la pareja de los padres, los inicios de su vida sexual, la vieja relación
que suelda la madre a la abuela, todo lo que, por determinadas razones que llevaría muy
lejos ahondar, se actualiza, se repite en el.
Podríamos decir que se da, desde el punto de vista del psicoanálisis, el itinerario de un
significante, algo significante que se repite bajo transformaciones de generación en
generación.
Otro caso es una madre que viene a la consulta por su muchacho drogadicto, menor de
edad, con antecedentes policiales y penales. La madre dice al pasar: “los segundos hijos
varones de la familia siempre tienen problemas o van presos”.
Ubicarse de otro modo, siendo harto insuficiente tomar en cuenta sólo lo intrapsíquico; hay
algo que se marca a fuego como repetición: una frase pesa con el peso de lo significante:
“los segundos hijos varones de la familia siempre van presos”.
36
37
Una frase como “los segundos hijos varones siempre tienen problemas” es significante,
primero, en la medida en que se repite. No todo lo que un paciente dice es significante. Para
que algo, en psicoanálisis, sea considerado significante tiene que repetirse. Es más, no
reconoce la propiedad privada. Atraviesa generaciones, es el problema que interpela a
cada uno.
Cuando un elemento adquiere gravitación significante, en el momento de su introducción
algo nuevo se traza.
Hay ciertas intervenciones que demuestran tener una incidencia significante, porque
después de ellas algo no queda exactamente igual.
El significante To viene con un significado abrochado indisolublemente, sino que arrastra
efectos de significación que son imponderables.
Todo lo que puede decirse es que una frase así indica dónde cierto régimen deseante
familiar ubica al sujeto y dónde a su turno él se perpetúa. No sería justo suponerle a un
significante un poder que no deje alternativas. No debemos apresurarnos a suponerle un
poder automático y omnímodo al ste.
Debemos remitirnos a las series complementarias, articulándolas a la dimensión de
espontaneidad.
Junto a ellas el concepto de sobredeterminación y el de repetición y diferencia, nos auxilian
para no perder de vista que, una vez que hemos establecido el peso significante de una
frase, lo importante es qué hace el sujeto con ella. Toda la dinámica de la cura gravita en
tomo a esto.
La restitución en análisis del peso del significante como exigencia de trabajo impulsa al
paciente a encarar un rastreo histórico en cuanto a sus relaciones desiderativas con la
madre, permitiendo añadir a esa frase puntos suspensivos en lugar de dejarla en un
inmovilismo fatalista. en tanto el paciente no la acompañe activamente, no genera un
verdadero efecto analítico sino lo que Winnicott llama efecto de adoctrinamiento.
La repetición nos pone en laxista de un cierto nudo adescifrar.
El significante conduce siempre hacia alguna parte. Puede ser hacia un abismo o hacia una
cumbre. El significante tiene dirección.
Una mujer entra a la consulta con un niño pequeño que luego resultó ser autista. Dice, No
hay problema, él se queda donde yo lo pongo”.
En nuestros términos lo más terrible que le puede suceder a alguien es quedarse donde lo
pusieron determinados significantes de la prehistoria, incluso cuando esos significantes
aparentemente suenen bien.
Nunca es salteable, más allá de los protocolos, escuchar y obrar conforme a lo específico
de cada situación. Siendo sensible a las condiciones particulares, pronto se aprende a
establecer la diferencia entre la transferencia en esos padres con suficiente deseo puesto
en investir como ser separable al hijo — lo que determina que toleren la situación analítica
sin que haya que ocuparse mayormente de ellos. No se puede dejar a los padres de lado;
es tan importante trabajar con el chico como con ellos y apostar a la producción de algún
efecto analítico en el discurso familiar.
Si los padres piden una entrevista y el analista está muy pegado a una cartilla de
estipulaciones, piensa que ni bien se la solicitan automáticamente él debe otorgarla, y no
reflexiona que, a veces, ciertas demandas de los padres están relacionadas con el deseo de
vigilar, interferir, irrumpir en algo de sus hijos que es privado.
37
38
38
39
39
40
partido en dos (mamá y papá). El cuerpo de su hijo es un cuerpo de batalla. El odio que lo
engendró no es un ste apto para representarlo como sujeto.
Hay una edad en la que un niño comienza a repetir no sólo lo que él dice, sino lo que le
dijeron en carácter de órdenes: “no toque”. Es un exponente de un ste del superyó. Hay un
conflicto entre obedecer o no, y un cierto equilibrio entre estos dos tipos de stes.
El pequeño repite la orden como si fuera el Otro “no se toca”, habla las palabras del Otro,
entendido por un lugar de Ley. Durante el segundo año de vida atraviesan lo que se llama
período de negativismo. El “no” es su documento de identidad, decisivo por su efecto
separador, el niño abandona el cuerpo de los otros y se muda a otro territorio.
El régimen del ste del Superyó tiene su propia producción, que podemos designar como
goce del Otro, detectable en distintos niveles.
40
41
una lección, le enseña cómo se puede, cómo se debería amar a una mujer.
En segundo lugar, la perversión masculina, en la cual el objeto fetiche se presenta como
dibujado sobre la pantalla que vela al falo que le falta a la mujer. El tercer tiempo de la
demostración de Lacan es la fobia infantil, ilustrada con el caso princeps de Freud, el de
Juanito, y hacia este tercer tiempo convergen los dos anteriores: la sustitución del niño por
el falo, evidencia-da en la psicogénesis freudiana de la homosexualidad femenina, y la
identificación del niño varón con el objeto imaginario del deseo femenino. La relación
madre-hijo no es sólo la función del padre, cuya incidencia sobre el Deseo de la Madre es,
sin duda, necesaria para permitirle al sujeto un acceso normalizado a su posición sexuada.
Es también que la madre no es “suficientemente buena”, para retomar la expresión de
Winnicott, si sólo es un vehículo de la autoridad del Nombre del Padre. Es preciso, además,
que para ella “el niño no sature la falta en que se sostiene su deseo”. ¿Qué quiere decir
esto? Que la madre sólo es suficientemente buena si no lo es demasiado, sólo lo es a
condición de que los cuidados que prodiga al niño no la disuadan de desear como mujer. O
sea –por retomar los términos de Lacan en su escrito “La significación del falo”– no basta
con la función del padre. Todavía es preciso que la madre no se vea disuadida de encontrar
el significante de su deseo en el cuerpo de un hombre.
La metáfora paterna, con la que Lacan transcribió el Edipo freudiano, no significa sólo que
el Nombre del Padre deba poner bridas al deseo de la Madre a través del yugo de la Ley. La
metáfora paterna remite, en mi opinión, a una división del deseo que impone que, en este
orden del deseo, el objeto niño no lo sea todo para el sujeto materno. Hay una condición de
no-todo: que el deseo de la madre diverja y sea llamado por un hombre. Y esto exige que el
padre sea también un hombre.
El síntoma no solamente cumple la función simbólica sino Que es un elemento que anuda a
los tres registros cumpliendo una función de suplencia que da cuenta de lo imposible de la
relación sexual.
El síntoma en función de la expresión “el otro que no existe”, el síntoma del niño solo
funcionan tanto da cuenta de una suplencia.
Ya no podemos considerar el síntoma como lo que surge únicamente de la función
simbólica, sino más bien como del orden del cuarto elemento, el cuarto término, que viene
anudar los registros de lo real lo simbólico y lo imaginario. Lo real como lo que no cesa de
no escribirse, como un impás de escritura, que pone en evidencia un punto de la imposible,
lo que da cuenta del impasse sexual, de allí la fórmula no hay relación sexual. Lacan da
cuenta de que no hay significantes que sean propicios para escribir la relación entre los
sexos. De este imposible seduce entonces que no hay goce del otro sexo como tal, desde el
momento en que en el lugar de la relación sexual no encontramos otra cosa con conjunto
vacío, de una no escritura es cuando la función fálica viene a suplir está imposible.
el falo sería el significante que permiten la inscripción de esta x.
Lacan deduce que los síntomas como cifrado de goce, articularian lo que el goce fálico
viene a sustituir la relación sexual que no existe. El goce del síntoma sustituye al goce del
otro que no existe. Si se aborda el niño como ser hablante, se tiene que considerar que él
está prendido lo real, lo que supone la existencia misma del inconsciente. Para situar la
41
42
posición del niño como sujeto a partir del síntoma, es necesario situar el síntoma, más allá
de la queja. ¿De quién o de qué se hace para tener el niño a través de sus síntomas?
Miller propone dos dimensiones: que se el partenaire-síntoma del niño y Qué es el síntoma
como partenaire del niño. Lacan toma como punto de partida lo dicho por Freud “e falo
como un objeto de mi mente que encarna la pérdida de objetos esenciales en la mujer” y
tomando como fondo esta falta sitúa el lugar del niño y las relaciones dialécticas que
pueden ser mantenidas entre la mujer su hijo y el falo. A partir de lo planteado por Freud, en
torno a la ecuación simbólica, donde el niño viene a sustituir el falo, donde el niño equivale
al objeto que falta de lado femenino, Lacan va a decir que se trata para una mujer de
encontrar en su hijo una satisfacción, es decir, que el niño no llega para ella como un objeto
cualquiera, sino como un objeto de satisfacción, en la medida en que ella encuentra en el
algo que capta en ella su necesidad de falo que lo satura. En este momento el niño se
encuentra en posición de ser el partenaire fálico de la madre, para explicar esta oposición
Lacan va a proponer dos parejas, la imaginaria y la simbólica, la pareja imaginaria, es la del
estadio del espejo la pareja que reconoce como tendida entre estos dos polos a a’. En
cambio la simbólica inscribe la relación madre niño para el eje S, es una pareja constituida
por dos significantes I y M( explicado en el esquema de la estructura del complejo de Edipo)
El significante M es el significante del otro primordial, es decir, la madre, el sgt I es el ideal
del yo, el niño en cuanto deseado, constituye ese vértice; y el significante P es lo que,en el
Otro, inscribe el lugar de la ley, es decir la función paterna.
Del lado imaginario se inscribe el cuarto término en relación al MPI que se escribe S, S
escribe al sujeto en tanto muerto, porque él es una consecuencia del significante, y el
significante en tanto elemento de lo simbólico no toma en cuenta que el sujeto esté vivo, no
nacido aún hoy ha muerto. Este sujeto en tanto muerto, jugará, en tanto vivo ,sirviéndose de
un set de figuras imaginarias, de la relación Polar por donde la imagen especular está ligada
como unificante al conjunto de elementos imaginarios llamados del cuerpo fragmentado. Lo
simbólico determina lo que es del orden de la mortificación del sujeto, de la mortificación del
goce, lo que hay de vivo en el sujeto se encuentra articulado acá a la pareja imaginaria el
Yo y su imagen. Así la pareja imaginaria se superpone la pareja simbólica madre niño, el
niño es ubicado por Lacan en el lugar del ideal del yo, encontramos algo que recubre la
pareja imaginaria pero al mismo tiempo la pareja imaginaria, “da la base que la relación
simbólica puede recubrir”. Se por el falo imaginario por el cual el sujeto se identifica sus ser
vivo. El niño es un partenaire simbólico de la madre porque él tiene su lugar en el deseo de
una mujer, a partir de la ecuación simbólica niño = falo. A partir de este equivalencia el niño
se introducen la subjetividad de la madre como la significación de su falta en ser, el niño
deviene partenaire imaginario en el sentido de dos términos indisociables, por un lado de lo
simbólico porque ha sido necesario que haya una ecuación, una sustitución, y por otro lado
lo imaginario porque es la consecuencia de lo que es dado como significación a partir de
esta sustitución.
El significante, deseo de la madre, (DM)viene a inscribir la simbolización de la ausencia de
la madre, es un significante que da inscripción simbólica, hace existir simbólicamente la
ausencia y permite no solamente ubicar sino también subjetivar, la ausencia de la madre, el
hecho de que ella no esté allí, que su ausencia haga agujero para el niño, comportaría en
un primer tiempo, como un Enigma, que para que el niño pueda resolverlo tendrá que caer
al lugar del significado, para ser sustituido por otro significante el del Nombre del Padre. Es
42
43
gracias a esta sustitución que el niño pueda resolver el Enigma de su ausencia dándole una
significación, esta significación es justamente el falo.
Esta metáfora es la que da sentido a la significación del falo, como falta en el otro. La
emergencia del síntoma signa en el niño la respuesta dada por el sujeto a lo que de la
castración no encuentras solución a causa de su fallecimiento en la función paterna. El falo
juega por una parte cómo la significación de la falta femenina, lo que se deduce del
atravesamiento de díptico de la madre, en la medida en que el niño en tanto deseado bien
ubicarse en el lugar de esta falta lo que ella subjetivo como del orden de la falta. El niño es
tomado acá como el partenaire fálico de la madre. Pronto él se complace en imaginizar su
posición, como una posición que colma la madre, en la medida en que esta relación
imaginaria, entre la madre y el niño, es una relación de señuelo, de engaño imaginario, este
señuelo puede ser satisfactorio pero conduce al niño a un punto de tope; Momento en el
que el encuentra que la madre desea algo más allá de él, que no puede colmar la falta que
especifica el deseo materno, y que ella se deseante por fuera de él, en la medida en que
ella es deseante, en ella hay una falta, el niño partner fálico de la madre hace la experiencia
subjetiva de la falta.
Lacan dice que en este momento es necesario que el niño pueda apoyarse en otro terminó,
el Padre. Si el niño no logra encontrar un apoyo simbólico del lado del padre emerge la
angustia y la formación de síntomas, el síntoma sería una manera de restablecer la
homeostasis entre la madre el niño y el falo. A nivel de la formación del síntoma Lacan
diferenciados soluciones: una imaginaria y una simbólica la imaginaria es la que consiste en
dejar, no apoyarse en el cuarto término y consagrarse a una solución que comporta
solamente los tres términos; Madre-Niño-Falo. Por esta vía el niño puede identificarse a la
madre Y en este caso se encuentran dos posiciones diferenciadas: la homosexual y la
fetichista, en la medida en que está identificación a la madre es imaginaria, hay una
oscilación permanente, que hace que el sujeto se encuentre en un momento en la posición
de la madre que tiene el falo y en otro del lado del fallo que puede colmar a la madre. En
cambio la fobia sería una solución, por el sesgo, por el cual el niño llama a un significante,
que deviene el significante de la fobia, que permitirá al niño restablecer la homeostasis entre
el su madre y el falo. Es decir que el significante el síntoma es un significante esencial para
remediar su crisis para afirmar su relación a lo simbólico tomando la como auxilio y como
punto de referencia en el orden simbólico, en el lugar el significante que opera para
asegurar el funcionamiento de la metáfora paterna.
El síntoma neurótico Crea una instancia para el que el niño no quede víctima del partenaire
fálico, tomando a su cargo la castración materna, por el sesgo de la desmentida de la
castración, Crea una distancia entre los dos términos simbólicos y el término imaginario a fin
de que el niño no quede encerrado en la identificación imaginaria obscurinista de la
castración materna.
En relación a la causación del sujeto, Lacan dice que el sujeto es producido por la operación
de causación significante, identificada en términos de alienación; esta alienación significado
te deja por fuera la articulación del sujeto del goce, por este motivo ubica otra operación, la
operación de separación, Dónde habrá la posibilidad de ubicar lo que hay de goce en esta
causación del sujeto. La camba decir que para que haya un efecto es de sujeto en el lugar
del efecto de significación es necesario que haya al menos dos significantes porque un
significante solo no significa nada, es un significante asemántico. En base a esto dice que
en la psicosis se producirá una identificación en el niño respecto a ese algo a lo que la
43
44
madre lo reduce a no ser ya más que el soporte de su deseo en un término oscuro. Por el
sesgo de una identificación el niño que va por fuera de los efectos de división subjetiva y se
ubica con relación al deseo de la madre, como partenaire de la madre, en el registro
imaginario, ocupando un lugar de objeto para ella, el niño ocupará el lugar del objeto
pequeño a. Entonces la pareja madre niño no es una pareja armónica, ya que entre los dos
hay una relación a la falta que necesita una dialéctica, en este sentido es una pareja en
desarmonía creada por la puesta en juego del goce.
Es aquí donde Lacan introduce es la cuestión del niño como un objeto Plus de gozar para la
madre, un objeto pequeño a. El niño se hace para tener síntomas de la madre, encarnando
así este objeto Plus de gozar, bajo la forma de un condensador de goce, el niño en el lugar
del falo. Lacan señala que el síntoma va a tener dos tipos ya sean neurosis o psicosis: en la
neurosis el síntoma del niño está en posición de responder a lo que hay de sintomático en la
estructura familiar. el síntoma del niño responderá a la manera particular (de hacer con la
castración) sintomática que tendrá un hombre y una mujer de formar una pareja, representa
la verdad de la pareja parental. Miller dice que el síntoma del niño será la respuesta a lo que
existía como dificultad de la pareja en la medida en que la pareja no es padre madre sino
hombre mujer.
“ ciber el deseo del padre no hace existir en la madre una mujer deseante o si la apetencia
del falo de la madre no encuentra perfectamente colmado en la presencia de su hijo, si ella
se aleja de su partenaire, si ella se aleja del hombre, en este caso el síntoma del niño viene
a cifrar una dificultad, el niño hara existir por el sesgo de sus síntomas la verdad del goce
del otro que no existe bajo la forma de una cifra de voz entre su padre como hombre y su
madre como mujer. Un tipo de síntoma es aquel donde el niño se encuentra directamente
tomado, sin pasar por la metáfora fálica, en el lugar de objeto de goce en el fantasma de la
madre, realiza la presencia de eso que signa como objeto a en el fantasma. El niño tiene
dos opciones o suvico por el espejo de su síntoma como partenaire de la pareja y en este
caso hay inscripción de los efectos de la verdad, los cuales toman en cuenta la falta bajo el
modo de la castración, O se hace partener de la madre r realizando la presencia del objeto
de su fantasma. El niño como partenaire de la madre está solo y viene a jugar la partida con
el más bien con el goce el goce que se encuentran su cuerpo y particularmente lo que
aparece para el niño como del orden de un primer gozar subjetivado que vendría a ser es
fracción en la unidad imaginaria de su cuerpo. Es todo lo que hay de más hetero el
encuentro con su propia dirección, lo sexual que se presenta para el niño en un carácter
éxtimo con lo cual no sabe qué hacer.
Es decir. en resumen, Lacan problematiza el síntoma como un cuarto término que sirve para
anudar en cada sujeto lo real lo simbólico y lo imaginario, el nudo del síntoma testimonia
para cada sujeto la relación con lo imposible en tanto real. El síntoma del niño no tiene otra
función más que la asegurar el anudamiento de la pareja parental, el síntoma en el niño a
no a la estructura subjetiva de uno de los dos padres.
Lacan en su enseñanza propone tres ubicaciones para el niño: el niño como falo de la
madre y el niño como síntoma y el niño como objeto El fantasma de la madre.
El niño como falo de la madre (perversión)
44
45
Todo el problema de las perversiones consiste en concebir como el niño en su relación con
la madre, relación constituían el análisis, no por su dependencia vital, sino por su
dependencia amor, es decir, por el deseo de su deseo se identifica con el objeto imaginario
de ese deseo, en cuanto que la madre misma lo simboliza el falo. Lacan ponen su ternario
imaginario los tres términos del yo dividido, Espejismo de la imagen y el yo el tercer término
del ternario lo constituye el falo y el sujeto bien a situarse debajo del falo.
Y sólo nuestra en fórmula del fantasma permite hacer aparecer que el sujeto aqui se hace el
instrumento del goce del otro, es decir sólo la fórmula del fantasma permite orientarse en la
ambigüedad, fórmula que incluye el objeto a, o sea se presenta de tal manera que incluye al
falo.
45
46
A menudo el cambio de juego nos permite una percepción de la naturaleza interior de las
causas de los cambios de una posición psicológica a otra, o de las fluctuaciones entre estas
posiciones, y de ahí la del juego dinámico de las fuerzas mentales.
Surgen también en el juego ciertos temores, como “el miedo a la mujer con pene” que se
basa en la teoría sexual que aparece en etapas muy tempranas del desarrollo y según la
cual la madre incorpora el pene del padre en el acto del coito, representa los padres unidos.
En el juego de un niño pequeño, podremos ver como todos los objetos a su alrededor, son
en su imaginación símbolos de otras cosas. En los niños mayores tendremos que extraer
las asociaciones de un modo similar, por regla general, puede conseguirse sólo cuando la
represión de la imaginación y la desconfianza, son disminuida por el análisis. Con niños en
periodo de latencia es esencial, establecer contacto con sus fantasías incc y esto se hace al
interpretar el contenido simbólico de su material en relación a su ansiedad y sentimiento de
culpa, ya que la represión de la imaginación en este periodo del desarrollo se mucho más
severa que en periodos más tempranos, tenemos que buscar acceso al incc a través de
representaciones que en apariencia están por completo desprovistas de fantasías, este
material conduce al incc, si no las consideramos como material de resistencias sino como
material real.
Un punto a tener en cuenta en el análisis con niños es la relación que se establece con los
padres del niño y el analista, ya que el niño depende de ellos y de este modo están
incluidos, en el campo de análisis, pero no son ellos los analizados. La neurosis de su hijo
pesa mucho sobre el sentimiento de culpa de los padres, cuando llegan a análisis para pedir
ayuda consideran su necesidad como una prueba de responsabilidad en la enfermedad del
niño. Generalmente el padre mira los síntomas del niño como molestias.
Hay cierta diferencias entre la vida mental de los niños y la de los adultos. Los niños los
niños forman relaciones con el mundo externo dirigiendo hacia los objetos, de los que se
obtiene placer, la libido originalmente apegada al propio yo del niño. Las relaciones del niño
con estos objetos, sean vivientes o inanimados, es en primer lugar narcisista. En una edad
muy temprana en los niños empiezan a conocer la realidad a través de las privaciones que
está les imponen. Se defienden a sí mismos contra la realidad repudiandola, sin embargo, lo
fundamental y el criterio de toda capacidad de ulterior de adaptación a la realidad es el
46
47
grado en que son capaces de tolerar las privaciones que resultan de las situaciones
mismas.
En niños muy pequeños los ataques de angustia resultan ser la repetición de un terror
nocturno, que había ocurrido en la segunda mitad del segundo año del comienzo de su
tercer año, este temor es un efecto de una elaboración neurótica del complejo de Edipo.
También es común que el estar “constantemente en guerra”, y caer y lastimarse, está
estrechamente conectado con el complejo de castración y el sentimiento de culpa.
Un mecanismo fundamental universal en el juego de representar un papel sirve para
separar estas identificaciones operantes en el niño, que tienden a formar un todo único, por
la división de roles el niño logró expulsar al padre y a la madre que en la elaboración del
complejo de Edipo absorbió dentro de sí y que hora lo atormentan internamente con su
severidad. El resultado de esta expulsión es una sensación de alivio que contribuye en gran
medida al placer extraído del juego. Cuando el complejo de Edipo ha alcanzado su punto
culminante y precede a su declinación, comienza a elaborarse el superyó. Los efectos de
este superyó infantil sobre el niño son análogos a los del superior del adulto pero pesan
mucho más sobre el débil yo infantil. La razón por la cual este proceso, de aceptar la
interpretación del analista, es diferente del que encontramos en el análisis adulto es que en
ciertos estratos de la mente infantil hay una comunicación mucho más fácil entre la
conciencia y el inconsciente. se resume el juego interrumpió a causa de la instauración de
las resistencias, se los transforma y amplía, y se expresan estratos más profundo de la
mente, se restablece el contacto entre el niño y el analista, el placer en el juego que sigue
visiblemente a la formulación de una interpretación, se debe al hecho de que el gasto
requerido por la represión no se necesita la luego de la interpretación. En él en su juego los
niños representan simbólicamente fantasías deseos y experiencias, emplean el mismo
lenguaje de expresión arcaico que los sueños. El simbolismo es sólo una parte de él si
queremos comprender correctamente el juego del niño debemos tener en cuenta los medios
de representación y los mecanismos empleados en el trabajo del sueño. Además de este
modo arcaico de representación los niños emplean otro mecanismo primitivo que sustituir
con acciones a las palabras. En el análisis de los niños podemos retroceder experiencias y
fijaciones que hay en el análisis adultos sólo podemos reconstruir.
cuando los niños empiezan a distinguir la madre imagina y la madre real y entre muñeco de
madera y su hermano Cómo debe vivo insisten firmemente en qué querían hacer tal o cual
daño sólo al bebé de juguete dicen que por supuesto aman el bebé real sólo cuando han
sido superadas resistencias muy poderosas y de larga Data los niños se dan cuenta de que
sus actos agresivos estaban dirigidos hacia los objetos reales.
Santa son los estadios tempranos del complejo edipico están tan dominados por las fases
pregenitales del desarrollo que las bases genital Cuando comienza a ser activa está al
principio muy oculta y sólo más tarde entre los 3 y 5 años se torna más claramente
reconocible a esa edad el complejo de Edipo y la formación del superyó alcanzan un punto
com in hambre pero el hecho de que las tendencias edípica comiencen tanto al más
temprano de lo que suponíamos la precisión del sentimiento de culpa que por lo tanto recae
los niveles pregenitales y la influencia determinante así ejercía tan tempranamente en el
desarrollo edípico por su parte en la formación del superyó por la otra y en consecuencia
47
48
sobre la formación del carácter sexualidad y todo el resto del desarrollo del sujeto son
hechos que parecen de una importancia muy grande y hasta ahora no reconocida.
Las tendencias elípticas son liberadas consecuencias de la frustración experimentada con el
destete, que hacen su aparición al final del primer año de vida y principios del segundo, son
reforzados por las filtraciones anales sufría durante el aprendizaje de hábitos higiénicos. la
siguiente influencia determinante en los procesos mentales es la diferencia anatómica entre
los sexos, al sentirse impelido abandonar la posición oral y anal por la genital, pasa a los
fines de penetración asociados con la posición del pene. Así no sólo cambia su posición
libidinal sino también su fin y esto le permite retener su primitivo objeto de amor, en la niña
su fin respectivo éstas le ha dado a la posición oral a la genital cambiando su posición
libidinal pero reteniendo a su fin, qué le había conducido a un desengaño relaciona de la
madre se origina si en ella las receptividad para el pene y se dirige al padre como objeto de
amor. el comienzo mismo de los deseos edípicos se conecta con el incipiente miedo a la
casación y el sentimiento de culpa. La angustia hace su aparición en el estadio canibalistico,
mientras que el sentimiento de culpa surgen las subsiguientes fase anal sádica. el
sentimiento de culpa es en realidad un resultado de la interacción de los objetos de amor
edificos, es decir, el sentimiento de culpa es el producto de la formación del superyó. La
ansiedad causada en el niño al comienzo del conflicto edípico toma la forma de un temor a
ser devorado y destruido. El niño mismo desea destruir su objeto libidinal, mordiendolo,
devorandolo y cortando, lo lo que le provoca angustia ya que el despertar de las tendencias
edipticas es seguido por la introyección del objeto que se transforma entonces en alguien de
quien se debe esperar un castigo. El niño entonces teme A qué se le corresponda en el
ataque. La conexión directa entre la fase pregenital del desarrollo y el sentimiento de culpa
es que las frustraciones orales y anales son el prototipo de todas frustración posterior en la
vida, se sienten al mismo tiempo como un castigo y por lo tanto producen ansiedad. El
temprano sentimiento de no saber se une al sentimiento de ser incapaz, impotente, también
siente está frustración en forma más agudas porque no sabe nada definido son los procesos
sexuales; este instinto activado por el surgimiento de las tendencias edípicas está al
principio principalmente en relación con el cuerpo de la madre al que se le suponen
escenario de todos los procesos y desarrollos sexuales, el niño está un dominado por la
posición sádico anal de la libido la que le impulsa desear apropiarse de los contenidos del
cuerpo. En el temprano estadio sádico anal el niño pasa su segundo trauma grave que
refuerza su tendencia a alejarse de la madre, ella ha frustrado sus deseos orales y ahora
interfiere también en sus placeres anales, en este momento la frustraciones annales hacen
que las tendencias análes se unan a las tendencias sádicas, el niño desea tomar posesión
de las heces de la madre, devorando y penetrando a su cuerpo. Bajo la influencia de sus
impulsos genitales el niño comienza a dirigirse a su madre como un objeto de amor. Pero
sus impulsos sadicos están en plena actividad y el odio originado de las tempranas
frustraciones se opone fuertemente a su amor objetal, del nivel genital, un obstáculo aún
mayor a su amor es el temor de ser castrado por el padre el que surge con los impulsos
eléctricos. Cuanto más cruel es el súper yo más terrorífico aparecerá el padre castrador. El
desarrollo de la fase femenina tiene su origen en la en la base sádico anal, las heces son
ahora equiparadas con el hijo del anhelado y el deseo de robar a la madre, se dirige tanto al
niño como las heces, esto tiene dos fines, surge el deseo de tener hijos y la intención de
apropiarse de ellos, y los celos de los futuros hermanos y hermanas. Lo mismo que el
complejo de castración de las niñas también en el complejo femenino del varón hay en el
48
49
fondo el deseo frustrado de un órgano especial. El niño teme el castigo por haber destruido
el cuerpo de la madre, el niño teme que su cuerpo sea desmembrado y mutilado es de
temor significa castración. Las tendencias destructivas cuyo objeto son el vientre de la
madre, están también dirigidas con toda su intensidad sádica oral y anal, contra el pene del
padre que se supone allí. Cuanto mayor es la preponderancia de las fijaciones sádicas tanto
más la identificación del niño con su madre se corresponde con una actitud de rivalidad,
hacia la mujer, con su mezcla de envidia y odio, porque de acuerdo con sus deseos de
tener un hijo se siente en desventaja e inferioridad respecto a la madre.
En el desarrollo del niño a la fase femenina es seguida por una prolongada lucha entre la
posición pregenital y genital de la libido, la ansiedad asociada con la fase femenina,
conduce al niño a la identificación con el padre pero este estímulo de por sí no suministran
una firme base para la posesión genital ya que lleva principalmente a la represión y
sobrecompensación de los instintos anales sadicos no superados. La identificación de la
niña con la madre resulta directamente de los impulsos edípicos. El temor hacia la madre
impulsa la niña a renunciar a la identificación con ella y comienza entonces la identificación
con el padre. El impulso epistemofílico de la niña he despertado primero, por el complejo de
Edipo y el resultado es que ella descubre su falta de pene siente esta carencia como una
nueva causa de odio hacia la madre, pero al mismo tiempo Su Sentimiento de culpa le hace
ver la como castigo. El odio y la rivalidad con la madre, sin embargo, la lleva nuevamente
abandonar la identificación con el padre y acercarse a él como objeto para amar y ser
amado. La ansiedad del varón está determinada por el superyó paterna mientras que la de
la niña por el superior materno.
La formación del superyó femenino desde la temprana implicación con la madre en la que el
plano en el sádico es tan preponderante en la niña se originan celos y odio y se forma un
superior cruel extraído de la imago materna.
El niño obtiene también la fase femenina un superyó materno que le lleva igual que la niña
hacer identificaciones primitiva tanto crueles como bondadosa, sin embargo es el Joe
paterno el que tiene influencia decisiva en el hombre.
Hay una etapa temprana del desarrollo mental en la que se activa el sadismo en cada una
de las diversas fuentes de placer libidinal. El sadismo alcanza su punto culminante en el
deseo oral sádico de devorar el pecho de la madre y desaparece con el advenimiento de la
primera etapa anal y constituye al mismo tiempo la introducción, del complejo de Edipo. El
niño espera encontrar en el interior del cuerpo de su madre, el pene del padre,
excrementos, niños, y homólogas todas estas cosas con las sustancias comestibles. Los
ataques los ataques sádicos del niño tienen por objeto a ambos padres a la vez, a quienes
muerde, despedaza, o triturado en sus fantasías, estos ataques despiertan angustia porque
el niño teme ser castigado por los padres unidos, angustia que es internalizada a
consecuencia de la introyección oral sádica de los objetos y se dirige hacia el superyó
temprano. La primera defensa impuesta por él yo está en relación con dos fuentes de
peligro, el propio sadismo del sujeto y el objeto que es atacado, esta defensa es de carácter
violento y difiere fundamentalmente del ulterior mecanismo de represión, defensa que
implica la expulsión y en relación con el objeto atacado implica la destrucción. Las armas
empleadas para destruir al objeto apuntan a su propio el yo; el objeto atacado se convierte
49
50
así en una fuente de peligro porque el sujeto tm recibir ataques similares. Junto al interés
libidinal es la angustia, que surge en la fase descrita, la que pone en marcha el mecanismo
de identificación, como el niño desea destruir los órganos que representan los objetos
comienza a temer a estos últimos, está gustia contribuye a que se equipare dichos
órganos, con otras cosas, debido a esta equiparación los objetos se convierten en objetos
de angustia. El simbolismo no sólo constituye el fundamento de toda fantasía y sublimación,
sino que sobre él se construye también la relación del sujeto con el mundo exterior y con la
realidad en general. Cuando un niño neurótico manifiesta oposición en forma de Rebeldía y
cuando manifiesta obediencia, lo hace con cierta comprensión y alguna forma de referencia
a la cosa o persona implicada.
En los estadios posteriores del conflicto edípico, aparece, la defensa contra los impulsos
libidinales, en los estadios tempranos, se dirige contra los impulsos destructivos, la primera
defensa, erigida por el yo, va dirigida contra el propio sadismo del objeto y contra el objeto
atacado, ya quedamos son considerados como fuentes de peligro, está defensa tiene
carácter violento y difiere de los mecanismos de represión. Una excesiva y prematura
defensa del yo cuando el sadismo impide el establecimiento de la relación con la realidad y
el desarrollo de la vida de fantasía.
CASO DICK: MELANIE KLEIN.
MANIFESTACIONES CLÍNICAS:
Pobreza en el vocabulario.
Desarrollo intelectual como un niño de 15 o 18 meses.
Falta de relaciones emocionales con su ambientes (carecía de afecto)
Era indiferente a la presencia o ausencia de la madre o la niñera.
Rara vez manifestó angustia.
No tenía intereses, no jugaba y no tenía contacto con su medio.
Cuando hablaba utilizaba incorrectamente su escaso vocabulario. No solo era incapaz de
hacerse inteligible, sino que tampoco lo deseaba.
Mostraba gran insensibilidad al dolor: no se quejaba, no buscaba ser consolado o mimado.
No experimentaba el deseo universal en niños pequeños de ser consolados y mimados.
Torpeza física: manejaba bien la cuchara pero no sabía usar el cuchillo y la tijera.
Falta de adaptación a la realidad.
50
51
todo lo que no tenía consistencia a papilla. Por lo tanto, se lo forzaba para que comiera.
Padeció trastornos digestivos, prolapso anal y de hemorroides. Aunque recibió toda clase
de cuidados nunca se le brindó verdadero amor.
Dick creció en un ambiente carente de amor. La actitud de la madre hacía el niño había
sido, desde el principio, de excesiva angustia. Ni su padre, ni su niñera le demostraron
mucho afecto.
2 años: Tuvo una nueva niñera (hábil y afectuosa). Poco después, convivio con su abuela
que era muy cariñosa con él. Con ella comenzó a caminar a edad esperable, aunque hubo
dificultades para que controle el esfínter. Con la niñera adquirió hábitos de limpieza, aunque
las dificultades principales subsistieron.
Ni la ternura de la niñera ni la ternura de la abuela, habían conseguido poner en marcha la
ausente relación objetal.
4 años: es atendido por Klein.
Su niñera descubrió que practicaba la masturbación y le dijo que eso era “Malvado”, que no
debía hacerlo, cuya prohibición dió origen a temores y sentimientos de culpa.
Una excesiva y prematura defensa del yo contra el sadismo impide el establecimiento de la
relación con la realidad y el desarrollo de la vida de fantasía.
51
52
EFECTOS SUBJETIVOS:
52
53
DIAGNÓSTICO:
El doctor Forsyth había diagnosticado demencia precoz, ya que las manifestaciones de Dick
coinciden con este cuadro clínico. Además pudo excluirse la presencia de cualquier
enfermedad orgánica y demostró ser tratable psicológicamente.
En contra de este diagnóstico, decimos que el rasgo fundamental en Dick era una inhibición
del desarrollo, no una regresión y es poco frecuente en la primera infancia.
La autora lo diagnostica esquizofrenia, pero reconoce que difiere de la esquizofrenia típica
de los niños por la inhibición en el desarrollo, mientras que en la mayoría de los niños se
trata de una regresión después que haya superado con éxito cierta etapa.
Yo escasamente desarrollado
La primera fase de relación humana está dominada por los impulsos sádico-orales, estos
son acentuados por experiencias de frustración y privación, el resultado de este proceso es
que todos los otros instrumentos de expresión sádica que posea el niño, a los que daremos
el rótulo de sadismo uretral, anal, muscular, se activan y dirigen a su vez hacia objetos. En
esta fase, en la imaginación del niño la realidad externa está poblada con objetos de los que
53
54
se espera que tratarán al niño precisamente de la misma forma sádica con que el niño se
siente impulsado a tratar a los objetos. Es la realidad primitiva del niño muy pequeño.
En la primera realidad del niño, el mundo es un pecho y un vientre lleno de objetos
peligrosos a causa del impulso del propio niño a atacarlos. El curso normal del desarrollo
del yo es evaluar gradualmente los objetos externos a través de una escala realista de
valores. Para el psicótico, el mundo (objetos) es valorado a nivel original, su mundo es
todavía un vientre poblado de objetos peligrosos. Las agrupaciones principales
corresponden a las defensas contra las principales fases del desarrollo del sadismo.
En los niños la esquizofrenia es menos evidente que en los adultos, porque los rasgos
característicos de esta enfermedad son menos llamativos porque son naturales en el
desarrollo de niños normales.
El que la angustia fóbica de los niños contenga ideas de persecución de carácter paranoico
y temores hipocondríacos a menudo sólo puede ser revelado en análisis.
54
55
Klein: a esa desviación hacia afuera del instinto de muerte, contra los objetos, se produce
una reacción intrapsíquica de defensa, contra la parte del instinto que no ha podido ser
exteriorizada. El peligro de ser destruido por ese instinto de agresión provoca una excesiva
tensión en el yo, sentida como una ansiedad.
Debido a la fusión de los dos instintos, no puede efectuarse una separación entre los
mismos. Reproduce una división en el ello, debido a la cual una parte de los impulsos
instintivos es dirigida contra la otra.
Esta medida defensiva por parte del yo constituye el desarrollo del Superyó, cuya excesiva
violencia en esa primera etapa quedaría explicada por el hecho de que es un producto de
intensos instintos destructivos.
Forma imágenes monstruosas y fantásticas de sus padres porque percibe que su ansiedad
surge de instintos agresivos, como temor hacia un objeto externo, ha hecho de dicho objeto
su meta.
Desplaza la fuente de su ansiedad hacia afuera y convierte sus objetos en objetos
peligrosos.
Cada niño crea y imagos de sus padres que le son peculiares; Aunque en cada caso esas y
imagos serán de un carácter y irreal y terrorífico.
La formación del Superyó comienza al mismo tiempo que el niño efectúa la primera
introyección oral de sus objetos. Puesto que las primeras imagos Qué son dotadas de todos
los atributos del intenso sadismo correspondiente a este estadio de su desarrollo, y puesto
que serán proyectadas una vez más sobre objetos del mundo exterior. Su ansiedad sirve
para aumentar sus impulsos sádicos, al acicatearle a destruir dichos objetos hostiles a fin de
escapar a sus embestidas.
Debemos suponer que la responsable de la conducta de las personas asociales y criminales
es la excesiva severidad y la aplastante crueldad del superyó, y no la debilidad o la falta de
dicha severidad.
El temor al superyó hará que él yo se aparte del objeto provocador de la ansiedad. Este
mecanismo de defensa puede crear una defectuosa relación del niño con los objetos.
Cuando aparece la etapa genital, los instintos sádicos del niño han sido normalmente
superados, y sus relaciones con los objetos han adquirido un carácter positivo. A medida
que sus impulsos genitales crecen en energía, surgen y imagos benéficas y útiles, basadas
en sus fijaciones en su generosa y bondadosa, que se aproximan más estrechamente a los
objetos reales. Su súper yo que era una fuerza amenazadora comienza a ejercer Un
gobierno más suave y a presentar exigencias posibles de cumplir.
Mientras que la función del súper yo sea la de provocar ansiedad, estimular a los violentos
mecanismos defensivos. Cuando disminuye el sadismo del niño, y cambian las funciones y
el carácter del superyó, provocando menos ansiedad y más sentimiento de culpabilidad, son
activados los mecanismos defensivos como base de una actitud moral y ética, sintiendo
consideración hacia sus objetos y a responder a los sentimientos sociales.
En el análisis de juegos surge el curso de las fantasías del paciente.
· En la etapa oral- sádica que sigue a la oral de seducción, el niño pasa por una fase
canibalística asociada a Fantasías canibalistas Cómo devorar el pecho de la madre.
Sirven para satisfacer los impulsos Destructores del niño.
· La fase que sigue (anal sádica) se caracteriza por un interés dominante en los
procesos excretores, en las heces y el ano. Aliado a tendencias destructivas fuertes.
55
56
· En sus fantasías uretral y anal trata de destruir el interior del cuerpo de su madre
empleando la orina y las heces, los excrementos son considerados como sustancias
ardientes y corrosivas.
Cuando despertaron sus instintos genitales comenzó a tener teorías inconsciente sobre
la copulación entre los padres. El análisis temprano ha demostrado que desarrolla estas
teorías mucho antes, en la copulación la madre se incorpora continuamente el pene del
padre por vía bucal, de manera que su cuerpo está colmado de muchísimos penes y
niños. El niño desea comer y destruir todo eso. Hay convicción de que al atacar de tal
modo el cuerpo de su madre ha atacado también el cuerpo de su padre sus hermanos y
todo el mundo, lo que constituye una de las causas subyacentes de su sentimiento de
culpa y el desarrollo de sus sentimientos sociales y Morales.
Fantasías de estructuras ayudan a determinar el desarrollo de sus sublimaciones, sirven
de a sus tendencias sustitutivas.
En el curso del análisis, la ansiedad va disminuyendo lentamente y sus tendencias
constructivas comienzan a adquirir predominio. Cuando el niño empieza a mostrar
tendencias constructivas más enérgicas, exhibe también cambios en sus relaciones con
su padre o madre o hermanos que marcan el comienzo de una relación mejorada con
los objetos en general y un crecimiento del sentimiento social.
El análisis de las capas más profundas del superyó conduce invariablemente a un
considerable mejoramiento de las relaciones del niño con los objetos, de su capacidad
para la sublimación y de sus poderes de adaptación social.
Al analizar las fijaciones libidinales pregenitales, solo podemos convertir en libido genital
cierta proporción de las cantidades libidinales involucradas, el resto continúa
funcionando como libido pregenital y como sadismo.
El análisis no puede eliminar nunca el núcleo del sadismo que se ha formado bajo la
primacía de los planos genitales, pero puede mitigarlos aumentando la fuerza del plano
genital, de modo que el yo (más potente) puede enfrentar al superyó.
56
57
naturaleza oral, su aumento fortalece los sentimientos de frustración y estos fortalecen las
pulsiones agresivas.
Niños: el componente agresivo innato es fuerte, la ansiedad persecutoria, la frustración y la
voracidad se despiertan fácilmente contribuyendo a dificultades del niño para tolerar la
privación y manejar la ansiedad. En algunos puede transformarse en causa de las primeras
inhibiciones de la alimentación.
Las vivencias recurrentes de gratificación y frustración son estímulos poderosos de las
pulsiones libidinales y destructivas. En la medida en que gratifica, el pecho es amado y
sentido como “bueno”; cuando es fuente de frustración, es odiado y sentido como “malo”.
Esto se debe a la falta de integración del yo, así como a los procesos de escisión dentro del
yo y en relación con el objeto. Durante los tres o cuatro primeros meses de vida, estos no
son totalmente distintos el uno del otro en la mente del lactante, también parece estar unido
para él a su presencia corpórea.
El lactante proyecta sus pulsiones de amor y las atribuye al pecho gratificador, así como
proyecta sus pulsiones destructivas al exterior y las atribuye al pecho malo. Por
introyección, se instalan en el interior. La imagen del objeto, externa e internalizada,
distorsiona en la mente del lactante por sus fantasías.
El pecho odiado adquiere las cualidades oral destructivas de las propias pulsiones del
lactante, cuando atraviesa estados de frustración y de odio. En sus fantasías destructivas
muerde y desgarra el pecho.
La gratificación y amor que el bebé experimenta le ayudan a contrarrestar la ansiedad
persecutoria y sentimientos de pérdida y persecución despertados por la experiencia del
nacimiento, y fortalece la confianza en el objeto bueno.
(II) Se origina la sensación de que hay un pecho perfecto, inagotable, siempre disponible y
gratificador, es el pecho idealizado un medio de defensa contra la ansiedad.
Gratificación alucinatoria: La frustración y la ansiedad de diversos orígenes quedan
suprimidas, se recupera el pecho externo perdido y se reactiva la sensación de tener el
pecho ideal en el interior. En la alucinación de la realización de sus deseos entran en juego
mecanismos de defensa. Uno es el control omnipotente del objeto interno y externo, porque
el yo asume la posesión total de ambos pechos, externo e interno. En la alucinación, el
pecho perseguidor es mantenido bien separado del pecho ideal, ligada al proceso de
negación; este lleva hasta el aniquilamiento de cualquier objeto o situación frustradores
ligada al fuerte sentimiento de omnipotencia.
El yo primitivo también emplea el mecanismo de aniquilamiento de un aspecto escindido y
apartado del objeto y de la situación en otros estados además de las alucinaciones de
realización de deseos.
Cuando la ansiedad persecutoria es menos intensa, la escisión es de menor alcance y por
lo tanto el yo es capaz de integrarse y sintetizar en cierta medida los sentimientos hacia el
objeto. Estos pasos hacia la integración sólo se producen si el amor hacia los objetos
predomina sobre las pulsiones destructivas, considerándose a la tendencia del yo a
integrarse como una expresión del instinto de vida.
La síntesis entre sentimientos de amor y pùlsiones destructivas hacia un mismo objeto
origina ansiedad depresiva, culpa y necesidad de reparar el objeto bueno dañado.
Con el progreso en la integración y la síntesis de emociones constantes hacia el objeto, la
libido llega a mitigar las pulsiones destructivas, conduciendo a una disminución efectiva de
la ansiedad, constituyendo una condición para el desarrollo normal.
57
58
Con la escisión del pecho en dos aspectos existe una escisión que origina la sensación de
que el yo, así como su objeto, están despedazados, tales procesos subyacen a los estados
de desintegración.
Los métodos de escisión influyen llevando a cabo la represión, determinando el grado de
interacción entre lo consciente y lo Icc.
Los factores externos tienen un papel vital: todo lo que estimula al temor a la persecución
refuerza los mecanismos esquizoides, la tendencia del yo a escindirse a sí mismo y al
objeto; mientras que toda experiencia positiva fortalece la confianza en el objeto bueno y
contribuye a la integración del yo y a la síntesis del objeto.
III) Para Freud el yo se desarrolla mediante la introyección de objetos.
El pecho bueno es parte vital del yo y fortalece su capacidad de integración, capacidad de
amar y confianza en sus objetos. Llena estas funciones si es sentido como no dañado, debe
ser internalizado con sentimientos predominante de gratificación y amor. Presuponiendo
que la gratificación al mamar ha estado relativamente exenta de perturbaciones
provenientes de factores internos o externos. Cuando el instinto de vida predomina sobre el
instinto de muerte, este pecho puede instalarse en forma más firme en la mente del
lactante.
Los deseos sádicos-orales del lactante le producen sensación de que el pecho se halla
destruido y despedazado en su interior. La capacidad innata para tolerar la ansiedad
depende del predominio de la libido sobre las pulsiones agresivas.
La libido oral expresada en la función de mamar capacita al lactante para introyectar al
pecho como objeto relativamente no destruido.
Ataque derivados de fuentes de sadismo quedan ligados a ataques orales, desarrollándose
dos principales líneas de fantasías sádicas.
-Ataque fantaseado (sádico-anal, ligado a la voracidad) consiste en vaciar el cuerpo de la
madre de todo lo bueno y deseable.
-Predominantemente anal: consiste en llenar el cuerpo materno con sustancias malas y
partes del yo que fueron escindidas y proyectadas en el interior de la madre. Los
excrementos se transforman en sustancias para dañar.
En las fantasías el yo se posesiona por proyección de un objeto externo, el objeto se
transforma en representante del yo, y estos procesos constituyen a mi entender la base de
la identificación por proyección o identificación proyectiva.
La identificación proyectiva empezaría simultáneamente con la voraz introyección
sádico-oral del pecho.
La introyección de un objeto perseguidor está en cierta medida determinada por la
proyección de una pulsión destructiva en el objeto.
Cuando la proyección está dominada por el temor a la persecución, el objeto en que ha sido
proyectado lo malo se transforma en el perseguidor por excelencia, porque se lo ha dotado
de todas las malas cualidades del sujeto. La reintroyección de este objeto refuerza
agudamente el temor a los perseguidores internos y externos.
La introyección de un objeto bueno estimula la proyección de sentimientos buenos hacia el
exterior y esto, a su vez, por introyección, fortalece el sentimiento de poseer un objeto
interno bueno.
La reintroyección de un objeto bueno reduce la ansiedad persecutoria. Así la relación con
ambos mundos, interno y externo, mejora simultáneamente, y el yo adquiere mayor fuerza e
integración.
58
59
59
60
La integración y síntesis conducen a una mayor capacidad del yo para reconocer la realidad
psíquica, cada vez más desgarradora. La ansiedad con respecto a la madre internalizada en
peligro de ser aniquilada, conduce a una mayor identificaciòn con el objeto dañado,
fortaleciendo a la vez el impulso a reparar las tentativas del yo de inhibir las pulsiones
agresivas. El yo utiliza la defensa maníaca para neutralizar la ansiedad depresiva.
Cuando la ansiedad es máxima, el yo llega hasta a negar que pueda amar al objeto en
forma alguna. El resultado puede ser una supresión permanente del amor, el apartarse de
los objetos primitivos y un incremento de ansiedad persecutoria, es decir, una regresión a la
posición esquizo-paranoide.
Cuando predomina la ansiedad depresiva, el control de objetos e impulsos es
principalmente utilizado por el yo con el fin de prevenir la frustración, impedir la agresión y el
consiguiente peligro para los objetos amados, es decir, mantener a raya la ansiedad
depresiva.
El yo divide ahora el objeto total en un objeto indemne vivo y un objeto dañado en `peligro,
la escisión es una defensa contra la ansiedad depresiva.
Ocurren importantes progresos en el desarrollo del yo, que no sólo lo capacitan para
establecer defensas más adecuadas contra la ansiedad, logran eventualmente una
disminución efectiva de la misma.
A medida que se unen los objetos internos buenos y malos se altera la relación entre el yo y
el superyó, es decir, se produce una asimilación progresiva del superyó por el yo.
*Tendencia a reparar deriva del instinto de vida, origina fantasías y deseos libidinales*.
La omnipotencia decrece a medida que el bebé adquiere gradualmente confianza a la vez
en sus objetos y en sus capacidades de reparación
Desarrollo normal: El yo más fuerte y coherente, llega a un mejor uso de la defensa
maníaca, une y sintetiza los aspectos escindidos del objeto y del sí-mismo. Aumenta la
percepción de la realidad y los objetos aparecen bajo una luz màs realista. Estos progresos
conducen a una creciente adaptación a la realidad externa e interna.
Cuando aumenta el sentido de la realidad se vuelve más capaz de distinguir entre la
frustración impuesta desde el exterior y los peligros internos fantaseados.
La creciente adaptación a la realidad tiene por resultado una relaciòn màs segura con el
mundo externo e interno, conduciendo a una disminuciòn de la ambivalencia y agresión.
Cuando el bebé alcanza el estadio crucial comprendido entre los tres y los seis meses de
edad y se enfrenta con los conflictos, culpa y pena inherentes a la posición depresiva, si
capacidad de manejo de la ansiedad se halla en cierto grado determinada por la medida en
que durante los tres o cuatro primeros meses de vida fue capaz de incorporar y establecer
dentro de sí el objeto bueno que forma el núcleo de su yo.
Si es exitoso: Pierde la fuerza la ansiedad persecutoria y los mecanismos esquizoides,
pudiendo el yo introyectar y establecer el objeto total y atravesar la posición depresiva.
Si fracasa: puede haber una regresión desde la posición depresiva a la esquizo-paranoide.
La posición depresiva está ligada a cambios fundamentalmente de la organización libidinal,
pues durante este período el bebé entra en los estadíos tempranos del complejo de Edipo
positivo y negativo.
Al aumentar los deseos genitale, se dirige mayormente hacia el pene paterno, que según
cree el bebé debe estar contenido dentro del cuerpo de la madre. Los deseos orales del
pene paterno conducen a su internalización y así pasa a desempeñar un papel importante
60
61
en el mundo objetal interno del bebé. Èste también siente que existe en el cuerpo del padre
y en su propio interior.
Los estadíos tempranos del complejo de Edipo alivia las ansiedades del niño y lo ayudan a
superar la posición depresiva.
La envidia, rivalidad y celos son vivenciados hacia los padres, que odia y ama a la vez.
La posición depresiva desempeña un papel vital en el desarrollo temprano del niño,
normalmente al llegar a su término la neurosis infantil, alrededor de los 5 años, la ansiedad
persecutoria y la ansiedad depresiva se han modificado.
Mientras son vivenciados los sentimientos depresivos, el yo desarrolla medios para
contrarrestarlos.
I) la neurosis infantil puede ser considerada como una combinación de procesos mediante
los cuales las ansiedades de naturaleza psicótica son ligadas, elaboradas y modifcadas.
Empieza en el primer año de vida y termina en el período de latencia cuando se logra la
modificación de las ansiedades tempranas.
Sublimaciones:
Posición femenina: ligadas a la fertilidad y recreación de objetos perdidos o dañados.
Posición masculina: el elemento de creación de la vida está reforzado por fantasías de
fertilizar a la madre dañada o destruida y así restaurarla o revivirla.
El predominio de las tendencias genitales implica un gran progreso de la integración del yo,
ya que se hacen cargo de los deseos libidinales y reparatorios de carácter pregenital.
a través del proceso de elaboración de los conflictos edípicos y logro de la primacìa genital,
el niño se hace capaz de establecer firmemente los objetos buenos en su mundo interior y
de desarrollar una relación estable con sus padres. Todo esto significa que está elaborando
y modificando las ansiedades persecutoria y depresiva.
61
62
62
63
63
64
Las dificultades que encuentra la evolución de las imágenes del cuerpo se debe a
que, el deseo obrando en la imagen dinámica, procura cumplirse gracias a la
imagen funcional y a la imagen erógena, donde se focaliza para alcanzar un placer
por captación de un objeto. Pero, en su búsqueda, el deseo encuentra obstáculos,
porque el sujeto no tiene un deseo suficiente o el objeto está ausente o prohibido.
Es el juego de presencia-ausencia del objeto de satisfacción del deseo el que
instituyó a tal zona como erógena.
La madre es quien, por medio de la palabra, hablándole a su hijo de lo que éste
querría pero que ella no le da, le mediatiza la ausencia de un objeto o la no
satisfacción de una demanda de placer parcial, al tiempo que valoriza, por el hecho
mismo de hablar de ello, este deseo cuya satisfacción es denegada.
La zona erógena no puede ser introducida al lenguaje de la palabra sino tras haber
sido privada totalmente del objeto específico mediante el cual había sido iniciada en
la comunicación erótica.
“No, se acabó, basta de mamar”. Palabras que permiten que la boca y la lengua
recobren su valor de deseo, porque el objeto parcial erótico es evocado por el objeto
total (madre) que priva al niño del pecho que desea.
En un proceso normal de elaboración subjetiva de las imágenes del cuerpo, hay
intercambio de palabras, esto es lo que permite la simbolización de los objetos de
goce pasado.
64
65
Los ni;os que tienen bastantes palabras de amor y de libertades lúdicas motrices, no
necesitan objetos transcicionales. La madre se halla lo suficientemente presente,
como para que renueven su stock de palabras verbalizadas, objetos transicionales
sonoros quizás.
El objeto transicional es un objeto que articula a los ni;os con las imágenes táctiles
de las zonas de base, funcional y erógena, oral y olfativa< y con las imágenes
manipuladoras funcionales analaes de la época en que, antes de ser autónomos
para la marcha, son deambulados por el adulto. Desplazan sobre estos objetos
aquellas relaciones pasadas con los adultos, cuando se sentían objetos parciales de
los mismos.
65
66
66
67
67
68
Puede existir el caso en que el grito no se convierta en llamado y, por lo tanto, el Otro no se
constituye como instancia simbólica. Para Lacan la clave del pasaje de su primera enseñanza
a la segunda: el Otro puede constituirse o no, y es eso lo que caracteriza al autismo.
Al hablar del nacimiento del Otro se destaca cómo esa instancia es producto de un acto
simbólico que puede producirse o no. Por esta razón el caso Dick es una excepción a la teoría
de lo simbólico de los años ’50: el Otro no antecede al sujeto, su constitución es producto de
un acto simbólico que si se da constituye la neurosis.
Si el Otro aún no se ha constituido, no podemos decir que se lo rechaza. La expresión
nacimiento del Otro ubica que el Otro no se ha constituido cuando falta la dimensión del
llamado. Decir que el Otro no existe implica poner el acento, como dirección de la cura, en
que el Otro debe constituirse, debe nacer a partir del llamado.
Lo que define al autismo es esa inexistencia del Otro. De este modo, cuando Lacan dice que
Dick trata a Klein como un mueble, no pensamos que la rechaza, sino que ella no encarna al
Otro como instancia simbólica. ¿Entonces, qué es la otra persona, el semejante, para un
autista? Si no hay Otro, el semejante no tiene ese rasgo que lo vuelve fundamental, necesario
para el sujeto: aquel que da, aquel que reconoce al sujeto, aquel que funciona como garante
de su existencia, y por es, el semejante está deshumanizado. De allí que un autista pueda
tratar a una persona del mismo modo que un mueble o un objeto inanimado. La función del
Otro simbólico es lo que le da el carácter humanizado al semejante, y si el Otro no existe, el
semejante es una cosa más entre otras, no hay nada que lo diferencie como algo más
significativo que cualquier otro objeto.
En el autismo, se produce una falla en el estadio del espejo que genera una estrechez en el
registro imaginario, por la cual el autista libidiniza sólo ciertos aspectos muy reducidos de su
realidad, como si lo demás no existiera. Pero esa falla en lo especular, además, depende de
una falla en lo simbólico.
Para Lacan, el niño va imaginarizando poco a poco su “mundo exterior” con fantasmas que le
permiten capturarlo en el plano especular, y lo simbólico irá recortando esas fantasmas,
dándoles una significación determinada.
Tanto en el cuerpo como en el “mundo exterior” deben imaginarizarse, entrar en el dominio
especular, para poder representarse o significarse. De eso se trata en el estadio del espejo: la
realidad se va imaginarizando progresivamente.
Cuando Lacan dice que Klein le “enchapa el Edipo” a Dick con su intervención “tren grande
papá-tren pequeño Dick”, quiere decir que ella logra crear una primera oposición significante
que lanza el sistema de oposiciones. A partir de ese momento Dick mejora notablemente: al
consentir a esa primero oposición significante, no sólo se inscribe el significante, sino el Otro
simbólico encarnado en el analista, y a partir de eso, la serie metonímica de figuras edípicas
que también encarnan al Otro.
Con esta intervención se inicia un aumento progresivo de lo simbólico y su anudamiento con
lo imaginario, por el cual el estadio del espejo se pone en funcionamiento. En la dirección del
tratamiento: el autista puede ingresar en la dimensión del llamado. Esto, no implica que el
sujeto deje de ser autista, sino que, como efecto del análisis, ingresa en la dimensión del
llamado, con la mejoría fundamental que eso implica. Cuando Klein interviene con “tren
68
69
En los años ’60 (segunda enseñanza), a partir de la conceptualización que Lacan hace en un
Seminario 11 sobre las operaciones de alienación y separación, se desprende una nueva
ubicación del autismo.
En la alienación se constituye el sujeto, y en la separación se produce el deseo. Los dos
procesos son consecuencia de la constitución de la estructura neurótica o psicótica del sujeto
a partir de las operaciones de afirmación o forclusión primordial. Siendo que el la psicosis, el
proceso de separación está detenido. Pero estas operaciones no solo se aplican a la psicosis
sino también al autismo.
La alienación
En su libro, El nacimiento del Otro, Rosine y Robert Lefort hacen un contrapunto clínico
entre dos casos: Nadia y Marie-Françoise. Se trataba de las consecuencias de una deprivacion
hospitalaria, en el que nadie ocupaba las funciones materna y paterna con un deseo que no
fuese anónimo, que transformase el grito en llamado, y por lo tanto, no se habían alienado
aun en el lenguaje. En Nadie, a partir de la intervención de la analista, esa operación se
produce, verificándose el nacimiento del Otro y del sujeto. El sujeto consiente a alienarse en
el lenguaje, ingresando en la dimensión del llamado, y con él la demanda y el deseo. En
oposición a esto, esta Marie-Francoise, ya que en el caso de autismo, con la intervención del
analista hay una mejoría pero la niña sigue sin realizar la construcción del Otro,
manteniéndose dentro de las variables del autismo. Se trata de un rechazo a la alienación en el
lenguaje.
Para que la alienación se produzca, el sujeto debe consentir a ella. El consentimiento no es
una elección voluntaria, sino inconsciente de un sujeto que, en el momento de producirse, lo
determina. El concepto de alienación implica un consentimiento por el que el sujeto se
inscribe en la cadena significante del Otro, a un primer significante que lo representa ante
otro significante, y en esa mínima oposición de dos significantes ya está constituido el inicio
del aparato del lenguaje que advendrá después.
Solo hay sujeto cuando un S1 que representa al sujeto, a través de la metáfora inaugural de la
constitución subjetiva, se inscribe en relación al S2 que representa al Otro, y por eso el
nacimiento del sujeto es simultaneo con el nacimiento del Otro.
El rechazo de la alienación
¿Qué hay antes de la constitución del sujeto, antes de la alienación? Allí se sitúa lo que Lacan
llama el viviente, el ser viviente.
El sujeto adviene a ese lugar que antes fue el ser viviente una vez producida la operación de
la alienación, pero también podría no hacerlo en el caso de no consentir a ella. El sujeto
también puede elegir el vacío. Esto significa que puede no consentir la “elección forzada”, y
69
70
no quedar del lado del sentido, sino de la petrificación del S1, por lo que “no le quedaría más
que este ser vacio del sujeto”.
Estos tiene dos consecuencias: en relación al Otro, llamarlo elección del vacío implica que el
sujeto elige no consentir a la alienación al lenguaje, al nacimiento del Otro. Y en relación a la
posición del sujeto, la elección del ser implica que el sujeto no queda dividido por la cadena
significante. Esta elección no significa que no haya sujeto en el autismo, sino que se
constituye un sujeto del lado del vacio y no del lenguaje. (“Ser viviente” de Lacan = “Ser
vacio del sujeto” de Miller). Lacan dice “si escogemos el ser, el sujeto desaparece, se nos
escapa cae en el sin-sentido” –y aclara que llama sinsentido al S1-.
El rechazo de la alienación en el autismo no significa que no haya inscripción del significante
sino que el autista rechaza el lazo con el S2 y, por lo tanto, con la cadena significante.
Se trata de un modo diferente de funcionamiento de la holofrase con respecto a la psicosis.
Aquí la inscripción ha descripto esto como los procedimientos de rechazo del S1: Se inscribe
S1, separado de S2, y luego lo rechaza; esto del lado del significante. Del lado de sujeto, el
autista queda petrificado en ese cero inicial, en ese vacío, y no entra en la serie de los
significados del Otro.
Este rechazo a la alienación puede observarse en fenómenos clínicos del autismo como el
mutismo, en la perseveracion autista: la repetición de rituales, ecolalias, etc. Que no tienen un
efecto acumulativo, ni de aprendizaje, sino que son siempre la misma acción, vuelta a
realizarse desde el inicio, como si no hubiera huella de lo ya realizado. En la perseveracion,
siempre se trata de la primera vez, es la inscripción repetida de S1, que se inscribe y se vuelve
a inscribir, pero sin hacer serie con los demás.
De este modo, el rechazo a la alienación tiene como efecto fundamental que el sujeto quede
petrificado al S1 rechazado.
En definitiva, el proceso de rechazo de la alienación es doble en el autismo: por un lado, elige
el vacio, colocándose como sujeto no dividido por la cadena significante; por otro lado,
rechaza el enlace entre S1 y S2, quedando del lado del sin-sentido y rechazando la cadena
significante que constituye al Otro.
Falta, agujero y borde
Existen dos formas de extracción del objeto: el agujero y la falta
El concepto de agujero fue definido por Lacan en el Seminario 9 para localizar el agujero real
que no puede representarse ni simbólica ni imaginariamente. Ese agujero solo puede
producirse en la medida en que esté provisto de un borde simbólico: si no hubiera borde, no
podríamos hablar de agujero, solo se trataría de vacío. El vacío no está delimitado, no está ni
adentro ni afuera, está en todos lados. Mientras que el agujero, para ser agujero, debe tener un
borde que lo delimite como tal.
Entonces el borde del que hablamos, está ubicado entre lo simbólico y lo real. Este borde
topológico es necesario para que la pulsión haga su recorrido, y para que se constituya el
cuerpo como la superficie que rodea al borde.
La extracción, corte, del objeto a, consiste en la producción de un agujero real en lo
simbólico, que conlleva un borde. El objeto a definido como consecuencia lógica es un
agujero desde la perspectiva simbólica.
70
71
Pero, paradójicamente, una segunda operación logra hacer entrar a ese agujero en la
simbolización al inscribirlo como una falta: ese es el momento donde lo inasimilable se
localiza en el Otro como lo que le falta al sujeto, como lo que perdió, y por lo tanto es
deseable. Así el objeto a pasa a ser no ya un agujero, sino una sustancia episódica que se
ubica como objeto perdido. A partir de ahí, ese objeto se busca en el campo del Otro, y solo
desde allí se puede hablar de la falta.
El objeto a, es entonces un agujero topológico, que puede pasar o no al registro de la falta. El
objeto como sustancia episódica es aquello que complementa, tapona la falta: el objeto oral,
anal, escópico o invocante.
El concepto que permite el pasaje del registro del agujero al de la falta, es la castración. La
castración permite simbolizar lo que fue agujero: la falta se produce por un elemento
negativizado que Lacan escribe como –φ.
En la medida en que el sujeto percibe la falta en el otro, ese agujero real se simboliza como
–φ, falta que produce la causa del deseo.
La diferencia entre agujero y la falta tiene importantes consecuencias clínicas: el agujero se
aplica al autismo y a la psicosis, la falta a la neurosis.
En el autismo, no hay producción de agujero, y por eso la dificultad de producir un agujero y
su borde. Es una forma de no-extracción del objeto a, a la que Eric Laurent llama forclusión
del agujero.
En la psicosis hay agujero, hay localización del campo inasimilable, y eso permite hablar de
objeto en la psicosis. Pero no es un objeto que se demanda al Otro. Es otra forma de
no-extracción del objeto a: hay agujero, pero no hay falta.
En la neurosis hay un segundo paso: ese agujero pasa al registro de la castración, en él está
negativizado, en falta, quedando enlazado simbólicamente, y la pulsión está obligada a hacer
rodeo por el Otro para obtener su satisfacción. El objeto se demanda al Otro, a través del
fantasma.
En la neurosis, podemos hablar de dos modos de la extracción simbólica del objeto articulada
a la castración: del lado del Otro, la falta implica que el Otro está castrado: A (barrado). Del
lado del sujeto, la pérdida implica que el objeto está perdido para él y debe demandarlo: S
(barrado).
71
72
Eric Laurent, toma a Jacques Alain Miller, quien subraya que si aceptamos la idea de que los
niños autistas están inmersos en lo real, ellos enseñan precisamente algo sobre qué es lo real
que nosotros intentamos explorar, tienen acceso a esta dimensión terrible donde nada falta,
puesto que nada puede faltar. No hay agujero, y nada puede entonces extraerse para ser
puesto en ese agujero. Esto es lo que Miller considera como una especie de falta de
agujero.
Laurent propone hablar de forclusión del agujero, la cual vuelve el mundo invivible y
empuja al sujeto a producir un agujero por forzamiento, vía una automutilación, para
encontrar una salida al demasiado de goce que invade su cuerpo.
A partir de este esfuerzo de castración real, intentar encarnar, en lo real, ese menos que
parece obedecer para él a una necesidad absolutamente infalible. Funciona para él una
necesidad que es de orden simbólico, pero que intenta efectuar en lo real. La necesidad de
orden simbólico, es la necesidad de una pérdida, de un corte, de una anulación, de una
negación.
Se observa así la primera consecuencia clínica de la forclusión del agujero: en la medida en
que el agujero no está producido en la estructura, que no hay ni una falta ni un borde
simbólico, el niño intenta producir un agujero en lo real mediante la automutilación. El
agujero no pasa al registro de la falta. Lo real está en más, señala Miller, y se intenta crear un
menos.
El agujero del autista implica la ausencia real del borde que se acompaña de la presencia del
doble real en el espejo. Ese doble real no es equivalente al que funciona en la psicosis sino
que expresa la presencia de un doble real de la imagen especular, un doble al cual se reduce la
experiencia del espejo y que contribuye a suplir la ausencia de borde.
72
73
Miller estableció un modo de diferenciar la psicosis según el retorno del goce forcluido: en la
paranoia, hay un retorno de goce sobre el Otro, y en la esquizofrenia un retorno de goce sobre
el cuerpo. Eric Laurent agrega una hipótesis para el autismo: en su caso, se trata de un
retorno de goce sobre el borde. Dice Laurent: “para los niños autistas el retorno de goce no
era como en la esquizofrenia, en el cuerpo, sino más bien era sobre un borde”.
El retorno de goce designa tres elementos: primero, que retorna un goce de lo forcluido.
Segundo, que ese goce que irrumpe desarma aquello que se había armado. Por último,
designa que ese goce se localiza, se ubica en un campo determinado.
En el autismo decir que hay un retorno del goce sobre el borde, también implica que el goce
se localiza en una forma determinada: un borde, que el sujeto debe producirse porque no
dispone de un agujero. La construcción del borde le permite suplir ese agujero que no se
produce por efecto de la forclusión. Si en el autismo no se ha producido el agujero real,
tampoco se ha producido su borde topológico. Laurent lo ha llamado un neo-borde, dado que
se trata de otro tipo de borde que se construye el autista, supliendo el borde simbólico-real
que no se ha producido por efecto de la no-separación.
Pese a que el goce está localizado en el neo-borde, también las irrupciones de goce pueden
desarmarlo. Cuando eso ocurre, el neo-borde se vuelve más rígido, más repetitivo, o se hace
más estrecho.
El retorno del goce sobre el borde del autista corresponde a la creación del encapsulamiento,
en el que el sujeto “se goza” sin el trayecto de la pulsión que podría articular su cuerpo al
Otro, dice Laurent.
Maleval retoma el planteo de Laurent y habla del autismo como una estructura que se
caracteriza por un rechazo de la alienación significante y de un retorno del goce sobre
un borde. Con un objeto al que el autista se encuentra pegado: se construye así un
encapsulamiento. Define al borde autista como una formación protectora que dispone de
tres componentes esenciales: la imagen del doble, los islotes de competencia y el objeto
autista. Algunos niños presentan “islotes de competencia” que a menudo los vuelve eruditos
en dominios muy especializados. Son llamados “autistas sabios”.
Tustin explica el encapsulamiento autista como una modalidad defensiva. Los niños
autistas protegen su vulnerabilidad engendrando la ilusión de tener una envoltura
exterior a su cuerpo, como una cáscara dura.
73
74
Plantea que en los primeros años de vida los niños autistas toman conciencia de una manera
particularmente dolorosa y dramática de su separación con la madre. Arrancados de una
madre que sentían como una parte de su cuerpo. Para protegerse de ese daño corporal y
excluir otros trastornos ulteriores se protegen encapsulándose rígidamente. Su protección
incluye ciertas sensaciones corporales sentidas como protectoras, de allí las manipulaciones
de objetos, el balanceo o los movimientos estereotipados. Se vuelve insensible a sensaciones
tales como el dolor. Se rodea de objetos duros que denomina “objetos autistas” cuya función
es protegerlos de un ataque corporal y de la aniquilación total. Corresponden a los “objetos
subjetivos” de Winnicott.
El tratamiento que propone consiste en sacar al niño de su mundo bidimensional, pegado a las
superficies, y maniobrar para engendrar objetos, figura y sensaciones. Los analistas deben
hacer sentir su presencia y no dejar que se los ignore de modo tal que pierdan sus barreras, es
importante hacer ceder el objeto autista para producir la posibilidad de sustituciones
con otros objetos.
La perturbación del borde produce que el niño autista experimente todo aquello que ocurre en
el Otro como una irrupción de goce insoportable. Esa hipersensibilidad a los estímulos es otro
ejemplo de la dificultad en la construcción del borde.
El propio analista puede incluirse dentro del borde como un modo de lazo transferencial,
volviéndose así partenaire del autista, sin producir la irrupción de un goce insoportable. Los
Lefort llamaron a esto la constitución de Otro real.
La fijeza del objeto autista, la imposibilidad de perderlo muestran que esa extracción no
puede realizarse. El objeto autista tiene la función específica de establecer un punto exterior
al “cuerpo” que no hay, que funcione estableciendo un borde. El borde que produce el objeto
autista en relación al cuerpo funciona como un elemento que unifica por estar ubicado en un
espacio exterior, como una suplencia del objeto a extraído del cuerpo.
Laurent dice: “este objeto de goce fuera del cuerpo marca la categoría del objeto a. Es
inseparable del sujeto”, marca su funcionamiento en relación al neo-borde.
74
75
Dado que el encapsulamiento autista es una burbuja de protección cerrada de un sujeto sin
cuerpo, el problema es cómo se desplaza ese neo-borderígidamente constituido.
Podemos distinguir ciertas variables del tratamiento, con las que se puede operar: el
desplazamiento de neo-borde es la indicación que orienta todo el tratamiento.
El tratamiento del objeto autista, el uso de la palabra, la dimensión del llamado, el trabajo en
relación al rechazo de alienación, la introducción del No como forma de operación con lo que
no está realizado de la separación.
¿Qué hacer con el niño autista?
Lo que me parece es que podemos ver como en los tratamientos, en la eficacia, en la
experiencia, en la experiencia que hay de los tratamientos de estos sujetos, se puede desplazar
el borde.
El neo-borde se desplaza, se afloja, se extiende constituyendo un espacio que no s del sujeto
ni del otro, un espacio en el cual pueden producirse nuevos intercambiosarticulados con un
otro menos amenazante, otro con el cual algo puede negociarse en el interior de ese espacio.
Se puede introducir cierto juego.
Al entrar al consultorio, un niño de un año y medio, parece cautivado por el ventanal. Se para
y se queda mirando absorto en silencio en dirección hacia el exterior. Gira sobre su eje en
expresión de júbilo, mueve los brazos como si aleteara. Y luego queda absorbido por una
cinta que tira y vuelve a recoger una y otra vez. En determinado momento el analista le
desliza suavemente a cinta entre sus dos. Por primera vez a mira se dirige hacia ella para
sacarle la cinta y reiteran este juego de va y viene durante un paqueo momento. Pero luego
este intercambio se interrumpe, el niño le da la espalda para sumergirse nuevamente en su
movimiento solitario de la cinta.
El desplazamiento del caparazón se produce a través de intercambios con un doble real
experimentado como menos inquietante, se busca construir un espacio que permita un
acercamiento que extraiga al niño de su indiferencia y de su repetición exacta de su relación
con el otro y articular asi un “espacio de juego”. Se busca construir un espacio que no se ni
del sujeto ni del otro, todo lo que está dentro de su caparazón es vivido como disruptivo o
75
76
amenazante salvo que se construya, ese espacio transicional donde el niño permita a otro
incluirse dentro de su borde, de este modo el analista logra incluirse, con prudencia pero
activamente, en ese espacio.
Dos términos a nivel de posición del analista: será rechazado por irrumpir en el neo-borde.
Pero si no es actico, si se mantiene silenciosos o apartado en un exceso de prudencia el niño
puede muy bien prescindir de él, sin experimentar su presencia como amenazante. En algunas
oportunidades se incluye el niño se desplaza y entra también en el circuito de objetos. Ese
objeto es parte de la invención personal, por la orientación analítica no busca particularmente
despojar al niño de ese objeto, por el contrario, se trata de incluirse en relación al objeto
autista.
Hay transferencia en la dirección de la cura autista, se debe determinar en cada casi sus
particularidades y consecuencias en la cura. En cuanto a la entrevista padres no se trata de
desamparar a los padres culpabilizándolos sino de contribuir a encaminarlos en tratamientos
posibles.
INSCRIPCIONES PSÍQUICAS PRIMORDIALES, ESCRITURAS Y RESCRITURAS
(BEATRIZ JANIN)
La autora va a hablar de inscripciones psíquicas primordiales, haciendo referencia a
lo primordial, a lo originario, a las fantasías primordiales y a las primeras
identificaciones.
La pubertad es un momento reorganizador.
La hipótesis de la autora es que en la constitución psíquica no hay continuidad lineal
ni creación absoluta, sino que se van abriendo caminos y que la adolescencia
posibilita nuevas vías, nuevos recorridos, nuevas imágenes de sí, construidas sobre
lo ya inscripto.
En la teoría freudiana lo anterior determina lo posterior pero a la vez es
reorganizado por éste.
Hay marcas tempranas que Freud define cómo signos perceptivos y las
representaciones-cosas. En la “carta 52” describe tres tipos de inscripciones. Habla
de los signos perceptivos, que son restos de sensaciones que se combinan por
simultaneidad, es un tipo de marca psíquica fragmentaria y articuladas al placer o al
displacer.
Otro tipo de inscripciones son las representaciones-cosa. El icc contiene las
investiduras de cosa de los objetos, las investiduras de objetos primeras y genuinas.
El tercer tipo de inscripción son las representaciones-palabra: son
representación-cosa más resto de la palabra oída, provienen de percepciones
acústicas. La palabra cobra su significado por su enlace con la
“representación-objeto”, que es un complejo asociativo de las más diversas
representaciones visuales, acústicas, táctiles, kinestésicas y otras.
76
77
77
78
puede intentar expulsar de sí toda marca, y de ese modo se rechazan los propios
aspectos.
Esta defensa a ultranza de lo propio en tanto confusión con el otro es un riesgo que
acecha.
Estar seguro de sí es una cuestión difícil para el adolescente y es una
representación que se construye durante la infancia, entra en crisis con la entrada
de la adolescencia y que deberá tener ciertos apoyos del medio para poder
desplegarse.
En muchos adolescentes la actualización de los deseos incestuosos se hace
intolerable, entran en pánico frente a los objetos nuevos, no pueden abandonar a la
madre y realizan un movimiento expulsor de sus deseos.
Lo que predomina es la expulsión de la representación-objeto pero también del
deseo mismo, lo que los lleva a sensaciones de vacío, se les impone la idea de que
el objeto es el causante del “exceso” y se sienten atacados por el objeto deseado.
En la pubertad normal, produce enriquecimiento psíquico. Pero en algunos
adolescentes provoca un ataque a los cimientos mismos de la pulsion y se
manifiesta en adicciones, anorexia, actuaciones violentas, cortes en el cuerpo, entre
otras.
Al reactializarse los deseos incestuosos lo no tramitado puede aparecer en una
repetición abrumadora o ser retomado y se le otorga un nuevo sentido y las
vivencias de la adolescencia le dan forma, fantasmaticen algunas marcas abriendo
nuevas posibilidades.
La adolescencia es un momento de re-escrituras y a la vez un momento clave en la
escritura de la propia historia.
Clara Roitman:
Una teoría Freudiana acerca del desarrollo y una organización del yo
El psicoanálisis intenta contestar al problema de las distintas lógicas a través de las cuales
el YO intenta un procesamiento pulsional. El concepto de yo, permite superar antinomias
individuo-sociedad, mundo interno-mundo externo, realidad social y realidad psíquica. Esta
estructura se va construyendo en grados crecientes de complejidad, desde el punto de
vista genético y estructural, que se complementan diacrónica y sincrónicamente,
considerando los procesos identificatorios de pensamiento, el procesamiento de los afectos,
las diferentes funciones psíquicas, la constitución del superyó.
La autora partirá desde el punto de vista genético, En 1915 Freud, plantea como primera
estructura un yo real inicial o primitivo cuya primera función es diferenciar estímulos
endógenos de los externos o exógenos. Este yo es mudado en un yo placer purificado
que retiene como propio lo placentero, y proyecta lo displacentero. Las pulsiones de
autoconservación que requieren la satisfacción en la realidad objetiva, modifican a este yo
en el sentido de un yo más complejo, regido por el principio de realidad, el yo real.
78
79
Freud 1915, en la medida en que es autoerótico, el yo necesita del mundo exterior, pero
recibe de él objetos a consecuencia de las vivencias derivadas de las pulsiones de
autoconservación del yo, y por lo tanto no puede menos que sentir por un tiempo como
displacenteros ciertos estímulos pulsionales interiores.
En 1911, retoma conceptos de 1950 y 1900 con respecto al estado inicial de reposo
psíquico perturbado inicialmente por las exigencias de las necesidades internas. Comenta
que en tal caso lo pensado (lo deseado) fue colocado de una manera alucinatoria.
La frustración condujo al abandono de ese intento de satisfacción alucinatoria, así surge el
principio de realidad. Se privilegian los órganos sensoriales, dirigidos al mundo exterior, y la
conciencia acoplada a ellos. La represión es relevada por el fallo (juicio) que decide si una
representación determinada es verdadera o falsa. La descarga motriz funciona alterando la
realidad.
El yo-realidad no tiene más que aspirar a beneficios y asegurarse contra prejuicios,
abandonar un placer momentáneo solo para ganar por el nuevo cambio un placer más
seguro.
Mientras ocurre esta trasmudación, las pulsiones sexuales experimentan modificaciones
desde el autoerotismo inicial hasta el amor de objeto al servicio de la función de
reproducción de la especie.
Freud 1930, señala tres momentos en la organización del yo: un yo real primitivo, un yo
placer purificado y un yo real definitivo, vinculando las investiduras pulsionales con la
realidad exterior al psiquismo.
Yo real primitivo:
Este yo real primitivo (Freud 1915) pretende eliminar las tensiones por las modificaciones
internas: registra los estímulos externos provocando alteraciones. Los primeros órganos en
investirse son corazón y pulmones.
Otra condición necesaria es que el contexto proporcione un agente externo que realice las
acciones específicas que satisfagan las necesidades, en este sentido es necesario, para la
organización del psiquismo, una función maternante basada en la empatía cenestésica, por
el cual el agente que lleva a cabo esta función, desde el reconocimiento en sí mismo de
sensaciones o estados afectivos a partir de su propio cuerpo, infiere estados en el infante y
tiende a solucionarlos, suministra un tipo de experiencia de satisfacción. Por otra parte, si
79
80
este agente maternante se propone a sí mismo como un estímulo siempre presente del que
el niño no puede fugar, tenderá a considerarlo como un estímulo endógeno o pulsional con
la consiguiente perturbación.
En este yo real primitivo se constituye un ritmo somático, homeostático, de tensión y
reducción de tensión. Este yo comienza regulando cantidades, todavía no cualificadas.
El yo real primitivo se rige por el principio de constancia y por la búsqueda de un nivel cero
relativo. Freud plantea a esto yo como caracterizado por una primera marca pienso que se
refiere a la capacidad de inhibición de la desinvestidura a un nivel cero, lo cual permite un
procesamiento psíquico, como la base de la organización del psiquismo. A partir de la
estimulación desde una periferia exterior, se produce una sensación de alivio en la periferia
interior. La proyección de una tensión de necesidad en una “ zona” corporal, va
construyendo en la mente un “mapa” representacional, se construye por proyección normal
que configura entonces esas zonas erógenas, que (Freud 1930) son unidades aisladas o
separadas entre sí que van a ir adquiriendo una organización como totalidad, como partes
de un conjunto que se configura como “representación-cuerpo”, base de la
“representación-yo”.
El autoerotismo busca la satisfacción a través de un objeto que puede pertenecer al propio
cuerpo. La unificación de las zonas erógenas supone un nuevo acto psíquico que marca la
complejización del autoerotismo al narcisismo.
El yo tiene a proyectar sus propios estados afectivos y encontrarse con una imagen con la
cual se identifica.
El no enlace con sensorialidad, y la dificultad en la descarga vía motricidad mantienen un
estado tóxico.
Del exterior provienen estímulos que pueden invadir, desquiciar el psiquismo en términos de
magnitudes que sobrepasan las distribuciones energéticas incipientes, por lo tanto uno de
los tiempos primordiales en esta organización corresponde a la casa del aparato proyectos
contra los estímulos (Freud 1920). También en estos primeros tiempos comienzan los
signos perceptivos y huellas mnémicas, es decir discriminación entre percepción y memoria,
cuya alteración puede constituirse en un futuro punto de fijación.
La primera función del yo es discriminar los estímulos perceptuales de los pulsionales. A
estos últimos no puede evitarlos y le exige un procesamiento psíquico constante. Esta
primera función se puede alterar, los estímulos internos son tratados como externos,
tendiendo a la descarga motriz, el sujeto no puede reconocerse como sede de sus propias
necesidades. Puede suceder, que los estímulos externos sean tratados como internos,
produciéndose modificaciones en el cuerpo como sucede en las enfermedades
psicosomáticas.
80
81
Yo placer purificado:
El yo placer purificado (Freud 1991-1915) se estructura en torno de la polaridad
placer-displacer, es decir, en torno a una cualificación de la cantidad, que registra los
aumentos de excitación pulsionales en términos de displacer, y su alivio a través de la
acción específica que provoca la vivencia de satisfacción, en términos de placer.
El yo placer purificado reconoce como propios los estímulos placenteros y proyecta los
displacenteros. La meta del yo es la disminución del displacer y la consecución del placer.
Las pulsiones que determinan este principio son las pulsiones sexuales.
Este yo inviste a la percepción, pero el vínculo percibido puede consistir en una introyección
o una identificación,por lo cual el objeto se reúne con el yo sin diferenciarse de éste.
A partir de la apertura de las zonas erógenas se produce una ligadura de esas zonas que
permite la constitución de una representación-cuerpo unificada. Se pueden dar alteraciones
de esta representación o una perturbación, por fijación o regresión.
En este segundo momento de organización de la estructura, hay una organización, cada
vez más compleja, de las representación-cuerpo y pasaje del autoerotismo al narcisismo,
considerando un nuevo acto psíquico, las identificaciones primarias, en que el Otro ocupa
un lugar de garante de ser o modelo, coincidente con el ideal del yo; hay una organización
de funciones, la capacidad de pensar y comienzos de establecimiento de un sistema
preconsciente, capacidad de emitir juicios originados en los propios deseos. En cuanto a las
defensas son primitivas: desinvestidura del sistema perceptivo, proyección, inversión del
lugar de sujeto (transformación en lo contrario en relación con los afectos, vuelta contra sí
mismo, pasivo en relación con la pulsión. Estas defensas son por lo tanto violentas y
masivas, no discriminatorias.
Esta fijación en un yo-placer purificado es la que explica como, cuando la estructura ha
continuado su organización, e inicia una vía regresiva, se implementan defensas tales como
la desmentida y la desestimación. La desmentida operaria escondiendo al yo en un yo real
definitivo, sobreadaptado.
Yo real definitivo:
Freud plantea en 1911 que cuando la vivencia alucinatoria fracasa en satisfacer las
pulsiones de autoconservación, el yo tiene que satisfacer sus necesidades a través de la
realidad externa. Esto conduce al desarrollo de una serie de funciones para que la realidad
externa pueda ser eficazmente diferenciada de la interna, y por lo tanto modificada. Para
ello debe ser representada en el aparato psíquico, en cuyo caso el yo despliega una serie
de funciones, que Freud en 1917 llama “instancias del yo”.
El principio de realidad toma el comando sobre el principio de placer; ya que actualmente
más acorde a fines objetivos y permite la búsqueda de un placer demorado y más seguro.
El principio de placer se mantiene en el inconsciente. La adecuación al principio de realidad
vincula la organización del aparato psíquico a las leyes del proceso secundario.
Se origina un cambio en las relaciones con el objeto, que dejan la base exclusiva de las
identificaciones primarias para organizarse cómo investiduras de objeto (pasaje del ser al
81
82
82
83
83
84
lugar de ofrecer la instancia propia de la lógica del significante qué significa el sujeto para
otro significante, el discurso se hace opaco y sólo quiere darse como signo, que significa
algo para alguien.
Sí ante los padres buscaban saber en este otro momento del Análisis teniendo el señor
asistencial no quieren saber. Cuando primera vertiente imaginaria de la transferencia con su
pinte amoroso idealizante plagado de demanda sin interrogar es posible anticipar que como
todo amor de transferencia incluida su ineludible perfil de odio. reclama que iniciamos
nuestra intervención e intentando el enlace de lo imaginario lo simbólico caso contrario
estaremos condenados a caer vertiginosamente del pedestal y el izado de las fauces en la
decepción y el odio. Sin saltarte de instancia antes de atender sin más el síntoma del niño
es preciso escuchar el discurso dando lugar a una pregunta. En la vertiente real, la
transferencia los padres se muestran cerrados a las preguntas y molestos con nuestra
intervenciones.. El analista lejos de caer en la impotencia del acto analítico, logra apuntar a
un auto posible. Lo fundamental es reconocer que no somos nosotros quienes Contamos
con la palabra transferencial, se trata de deportación de autoridad que tiene quien inicia la
consulta, en la medida que advirtió la gravedad de un goce cuya discontinuidad se
encuentra trabada. Es importante localizar qué transferencia se pone un juego, para poder
dirigir la cura.
Los niños: las primeras entrevistas
Llegan por las resonancias que genera en un adulto, cuando se dispone por su parte a
encontrarse con él, el analista se adviene a distinguir el niño del sujeto, si atiende al niño del
Otro, es porque se apronta a escuchar la respuesta del sujeto, pues entre niños esperado y
el sujeto hallado se abre, una brecha diferencial,la respuesta del sujeto.
El sujeto responde al Otro, responde Sí y con ello se aliena, al significante promovido fuera
de él, y responde no separando una porción del sentido liberador para su existencia.
El síntoma del niño y la respuesta del sujeto
El sujeto responsable ya sea, del síntoma, del acto, del goce, su consideración se extiende
consensualmente, sin advertir las consecuencias acarreadas a la cuenta de la práctica, el
síntoma del niño está en posición de responder a lo que hay es sintomático en la estructura
familiar, puede representar la verdad de la pareja familiar. En cambio la operatividad del
analista se dificulta cuando el niño realiza la presencia del objeto en el fantasma materno.
Síntomas y trastornos del niños hallan su causa y aplicación en el goce de los padres, a
quienes con empeño se intentó o intenta analizar, orientar e interpretar.
El sujeto responsable de sus síntomas quedó asimilado al sujeto dueño de sus actos,
autónomo para la elección sexual y orientado en sus [Link] es lo mismo responder como
sujeto al Otro, que realizar la presencia del objeto en el fantasma del Otro, su primera
consecuencia es que entre una y otra opción entre realizar o responder, se abre la
dimensión temporal, se inaugura el intervalo, lo no idéntico, el trazo de distintivo y con ello
un pasaje que va desde el espacio inaugural donado y propuesto por el otro, al lugar que el
sujeto diseña con su respuesta. parece justo afirmar que el sujeto responde al otro en el
intervalo de su falta, en tanto el objeto realiza la presencia cuando falla la falta.
Con la respuesta del sujeto o la realización del objeto se abrirán para todo niño 2 vías
divergentes en el destino que seguirán los goces del cuerpo. Preparado desde antes de
nacer para distinguirse del organismo real, el cuerpo será parte del sujeto, si los
encordados de lo real pulsional, lo simbólico del lenguaje y lo imaginario de la
representación, se recrean para cada uno de los tiempos del sujeto haciendo del agujero,
84
85
falta. Intervalo del otro y respuesta del sujeto, deben recrearse una y otra vez y deben
hacerlo a tiempo. Respuesta necesaria y realización contingente, haran que en la
redistribución de los goces, en la infancia permanezcan retenidos goces, sin distribución la
recreación de la falta primigenia inaugurada cuando un goce incestuoso quedó en cuanto
expulsión fuera del cuerpo del niño. Será por la eficacia de la expulsión que podrá
comparecer la unidad de la imagen especular con la que se asume el cuerpo como propio,
con ella conocerá el primer goce jubiloso y jubilatorio del narcisismo, con el que jugará
desde la cuna a ser el falo imaginario del Otro, sin él no jugara ni en la infancia, ni más tarde
en la cama los juegos del amor. Sin ese tiempo el sujeto no podrá responder a la demanda
del otro hecha goce pulsional. El Otro anticipa, imaginariamente el cuerpo del bebé,
otorgándole la chance de construirse separado del cuerpo materno. Con la sanción y
habilitación del otro que demanda, y también sanciona la existencia del sujeto, el binarismo
que se juega entre ser o no ser el falo, dara paso a otro gran conflicto, ser o tener, si se, no
se tiene, si se tiene, no se se. El goce sexual, siempre fálico, será promovido por una falta
que hace serie recreando la infinitud. La no relación sexual, en que abrevan las futuras
relaciones sexuales, y los goces de la creación, para el sujeto, se inscriben en tiempos de
escrituración de la falta de proporción. El fantasma también se construye en tiempos,
tiempos de redistribución real de los goces, de sucesión simbólica y de letrán marcadora del
objeto. Síntomas, angustias e inhibiciones, se hacen respuesta del sujeto, sólo cuando el
Otro admite que el niño no realice la presencia del objeto.
Los tiempos y el cuerpo en la experiencia psicoanalític.
El psicoanálisis apunta el sujeto, no a la persona, ni el individuo, ni la conducta, ni a los
trastornos, al sujeto cuya estructura es más que la palabra, es más que la imagen, es más
que el goce ,es en todo caso los tres anudados. El cuerpo que nos interesa es el cuerpo del
sujeto, real, simbólico e imaginario. los tiempos del organismos pueden pasar sin estar
acompañados por los tiempos del sujeto. El cuerpo del sujeto sólo realiza sus tiempos en
pasajes, no evolutivos, dependientes de una progresión promotora de pasos que van
inicialmente desde el cuerpo del Otro al cuerpo propio y sólo luego alcanzan al cuerpo del
partenaire.
Los tiempos del cuerpo
La pérdida de goce es condición ineludible para causar el deseo. Cada recreación conllevara
una pérdida y sólo así promoverá un pasaje del cuerpo del Otro al cuerpo propio y luego al
el partenaire. Localizar el objeto de deseo y de goce al fin de la pubertad exige por lo tanto
haber cursado con anterioridad cada uno de los tiempos del cuerpo. El primer gran tiempo,
constituyente de la imagen unificada del cuerpo, dependiente del otro que con su mirada
fija sostén, a un evento efímero, puede sufrir un contratiempo, entre sus varios tropiezos
puede no configurar la imagen, no darle cabida o cerrarla estática sin opción. Si se cursan los
tiempos de la infancia si ellos se recrean los agujeros del organismo se reondean como faltas
en el cuerpo. Es por la eficacia de lo simbólico que un objeto se convierte en falta. Los
agujeros son parte de la estructura. La falta es subsidiaria de un enlace del goce a la
castración y permite alcanzar el goce en la escala invertida del deseo.
El cuerpo actual.
El síntoma es una oportunidad para el sujeto. Si el analista ubica el síntoma como un
significante, recordando que el significante es lo que representa el sujeto para otro
85
86
significante, abrirá una vía de libertad al sujeto, al invitarlo a hablar, así no reduce el
síntoma a un signo.
respuesta y responsabilidad en los tiempos del sujeto: acting out o pasaje al acto
Alguien es responsable de su acto más allá de su premeditación, imprudencia o intención, y
el acto es sancionado no con el fin de la responsabilidad, sino del resarcimiento. La
respuesta abre un intervalo para la existencia del sujeto, sin embargo la respuesta del sujeto
lo involucra como efecto y no como causa sui de su acto. La anterioridad del Otro lo hace
responsable, tanto de la donación del intervalo, como de la transmisión de la ley y de la letra
para hacer litoral al goce. De su sanción habilitante dependerá la respuesta del sujeto. Lacan
distingue entre el acting out y el pasaje al acto, justamente en su seminario sobre la
angustia, revelando que antes Lo Real del goce el sujeto responde de muy diversas maneras.
Los recursos simbólicos con los que cuenta la estructura del sujeto difieren según los
tiempos del sujeto y no son reductibles a la edad cronológica. En la infancia y en la pubertad
arrecian las urgencias y desbordes mostrando con despliegue de en la escena ese llamado al
Otro como pedido de simbolización. Lo que el acto muestra, en la escena, es un llamado
ante la angustia desbordante, cuando el sujeto no encuentra letra para enmarcar el goce. El
llamado se dirige al otro real en la infancia el llamado se dirige al Otro real. Del pasaje al
acto toda simbolización se ha hecho imposible. La ley hace falta para que el goce se enlace a
una lógica, sin la lógica de incompletud que hace agujero principal en lo simbólico e instaura
el goce fálico, no habrá resonancia para agujerear el goce del Otro. Si no funciona la ley
prohibiendo el goce incestuoso, el desborde pulsional comandará el acting como llamada a
la simbolización o peor aún el pasaje al acto revelando la impotencia de toda simbolización.
El sujeto será responsable de sus actos y en la infancia la pulsión hizo lazo con la castración,
si el padre realizó su acto de sanción. La sanción, al sujeto, será un acto de reconocimiento,
introductor de un comienzo, si atiende el significante que libera al sujeto de la pulsión
desmedidas.
El primer encuentro con el niño.
Cuando lo íntimo sufre una delimitación imprecisa por la falla en la unificación imaginaria, el
sujeto busca y lo real cerramientos que hagan de tope de la mirada del Otro.
Cuando se presenta la vertiente Real de la transferencia debemos intervenir sosteniendo
esa red que por fuera de las buenas intenciones mueve a venir.
87
88
88
89
89
90
90
91
91
92
agresión. El conflicto depresivo es una lucha constante entre la destructividad del bebé y sus
impulsos amorosos y reparatorios. El fracaso en la reparación conduce a la desesperación, el
éxito, el bebé resuelve gradualmente las ansiedades depresivas y recupera externa e
internamente sus objetos buenos.
La posición depresiva marca un progreso crucial en el desarrollo y durante su
elaboración el bebé cambia radicalmente su concepción de la realidad. Al integrarse más su
yo, al disminuir sus procesos de proyección y al empezar a percibir sus dependencia de un
objeto externo y la ambivalencia de sus propios instintos y fines, el bebé descubre su propia
realidad psíquica. Advierte su propia existencia y la de sus objetos como seres distintos y
separados de él. Advierte sus propios impulsos y fantasías y comienza a distinguir entre
fantasía y realidad externa. La prueba de realidad existe desde el nacimiento. Pero en la
posición depresiva esta prueba de la realidad se afirma más, sehace más significativa y se
vincula más estrechamente con la realidad psíquica. Cuando el bebé reconoce sus propios
impulsos, tanto buenos como malos, los creen omnipotentes, pero su preocupación por el
objeto le hace vigilar que efectos tienen sobre él sus impulsos y acciones, y de este modo
prueba gradualmente el poder de sus impulsos y la resistencia de su objeto.
El bebé descubre gradualmente tanto los límites de su odio como los de su amor, y a
medida que su yo crece y se desarrolla encuentra cada vez más recursos para influir
realmente sobre la realidad externa.
Al mismo tiempo a lo largo del desarrollo y elaboración de la posición depresiva el yo
se fortifica, gracias al crecimiento y a la asimilación de objetos buenos, introyectados en el
yo y en el superyó.
El punto de fijación de las enfermedades psicóticas yace en la posición
esquizo-paranoide y en los comienzos de la posición depresiva. Pero si se alcanzó la posición
depresiva y se la elaboró por lo menos en parte, las dificultades que aparecen en el
desarrollo posterior no son de carácter psicótico, sino neurótico.
Con la progresiva elaboración de la posición depresiva el bebé adquiere la capacidad
de amar y respetar a las personas como seres separados, diferenciados. Puede ahora
reconocer como propios impulsos, responsabilizarse por ellos y tolerar la culpa.
A medida que se afirma la relación de objeto total, el superyó pierde algunos de sus
aspectos monstruosos y se aproxima más a una imagen de padres buenos y amados. Dicho
superyó no es solo la fuente de los sentimientos de culpa sino también un objeto de amor,
lo ayuda en su lucha contra los impulsos destructivos.
El dolor del duelo vivenciado durante la posición depresiva y los impulsos
reparatorios que se desarrollan para restaurar los objetos internos y externos amados
constituyen las bases de la creatividad y la sublimación. Se realizan por preocupación y culpa
por el objeto, con el deseo de restaurarlo, preservarlo y darle vida eterna. El anhelo de
recrear sus objetos perdidos impuls al bebé a juntar lo que ha hecho pedazos, a reconstruir
lo destruido, a recrear y a crear. Al mismo tiempo , su deseo de proteger a sus objetos lo
lleva a sublimar los impulsos que siente destructivos.
La represión reemplaza a la escisión. Para proteger al objeto, el bebé inhibe en
parte sus instintos y en parte los desplaza sobre sustituto; aqui comienza la formacion de
92
93
93
94
94
95
genital. y los sentimientos depresivos relacionados con el daño que el niño siente que ha
infligido al cuerpo de la madre y a su pecho estimulan el desarrollo de tendencias genitales.
Esta relación con la madre se puede sentir predominante como relación con un
objeto externo, y en ese caso ella se convierte en objetivo de deseos genitales
heterosexuales en el varón y homos¿sexuales en a niña, o bien estos deseos pueden
dirigirse principalmente hacia la madre interna, con quien el niño se identifica . En este
último caso el deseo de restaurar a la madre mediante la genitalidad incrementa los desoes
heterosexuakes en la niña y homosexuales en el varón.
La masturbacion , que ha sido pregenital, genital, poco a poco se vuelve
predominante o exclusivamente genital.
Las fantasías del varón se centran alrededor del coito con la madre y los temores de
castración, las de la niña, en el coito con el padre y la ansiedad de que la madre la ataque.
Estas ansiedades provocan a su vez retrocesos regresivos, hasta que la genitalidad se
establece más firmemente.
Jamás nada en el desarrollo del individuo se supera por completo o se pierde por
completo, de modo que la situación edípica genital llevará vestigios de deseos anteriores ,
incluyendo representaciones simbólicas de estos, que pronto se ponen en evidencia
durante el análisis. Se concibe al acto genital como incorporando y simbolizando todas las
formas anteriores de relación.
El otro, la madre, instituye la sexualidad y propicia las ligazones capaces de producir derivado. En
ello reside la paradoja que inaugura la madre al momento de alivio mismo de la tensión biológica,
introduce otra tensión, de orden sexual, no resoluble ya por medios físicoquímicos, que se
constituyen en “motor del progreso psíquico”.
Precondición: Ser pensado y ser amado por otro. El cuerpo propio sólo llega a ser propio cuando
alguien, generosamente, ha cedido una propiedad sobre una parte de sí mismo que deviene ajena
“narcisismo trasvasante”.
95
96
El Icc no se crea de la nada, tampoco el yo. Primeras inscripciones, primeras ligazones los
fundamentos de la tópica se asientan sobre procesos complejos que vemos emerger en los primeros
tiempos de la vida.
La función materna en su doble carácter: Es capaz de generar un plus de placer que no reduce a lo
autoconservativo mediante los procesos de pulsación que dan origen a las inscripciones de los
objetos originarios, y en sus aspectos ligadores, de apertura de los sistemas deseantes a partir de
nuevas vías de placer que no quedan reproducidas ni fijadas a la satisfacción pulsional mas
inmediata.
Los problemas que se ofrecen al psicoanálisis de niños plantean lo fundacional del psiquismo. Debido
a ello el psicoanálisis de niños espacio en el cual poner a prueba las hipótesis sobre lo originario, se
abre un campo fecundo para pensar nuevas vías con respecto al psicoanálisis en su conjunto.
En la dirección de explorar las relaciones entre la represión originaria y los movimientos previos y
posteriores que la fundan y consolidan, los trastornos precoces vinieron a plantear interrogantes y a
propiciar la formulación de problemas para ahondar en los tiempos de la fundación del icc. Y poner
en relieve que cuando uno se encuentra con un trastorno muy precoz en la constitución psíquica,
esta constitución considerada en tanto real, concebida como tiempo de fundación del icc, debe ser
revisada.
Fui consultada hace unos meses por una pareja que se presentó en la entrevista con un bebé de
cinco semanas que al decir de los padres “no dormía nada”. Despierto casi 20 de las 24 horas,
sometiéndolos a una situación desesperante al punto de que la consulta fue requerida con una
urgencia inusual.
Por mi parte, sabia que la estrategia de abordaje terapéutico dependía del modo en que se conciba
el funcionamiento psíquico precoz, ya que una técnica es la resultante, en tanto método, de la
concepción de la “de la cosa misma” se tenga.
En primer lugar se trataba, de definir el tipo de trastorno ante el cual nos encontrábamos. Para la
definición de trastorno, diferencio, siguiendo la perspectiva freudiana, entre síntoma, en tanto
formación del icc, producto de transaccional entre los sistemas psíquicos efecto de una No lograda
satisfacción pulsional y algo de otro orden, que no puede ser considerado como tal en sentido
estricto, en la medida en que el funcionamiento psíquico no está operando, sea por su no
constitución, sea por tu fracaso total o parcial.
Si no consideramos entonces esta perturbación del dormir como un síntoma. Desde que perspectiva
puede ser un trastorno del sueño generado en los primeros meses de vida ser abordado como algo
de origen psíquico? Y a qué tipo de psiquismo respondería?
96
97
En primer lugar tomando la dirección teórica que sostiene que el icc no es existente desde los
orígenes, sino una fundación operada por la represión originaria. Ello plantea el problema definir a
que tipo de orden psíquico responden a estas inscripciones precoces que no son inconscientes.
En segundo lugar, plantea la estrecha interrelación entre el psiquismo infantil incipiente y el icc
materno, concebir en el trastorno del sueño como efecto de una perturbación en el vínculo
primordial con la madre no deja de someternos a interrogantes tales como: Cuales serian las vías de
pasaje y a partir de que premisas una perturbación de este tipo se constituiría?
La primera cuestión se inscribe en la preocupación por diferenciar entre constitución del icc e
inscripciones sobre las cuales esta represión se establece. Y la preocupación por abordar el modo de
instalación del autoerotismo y de la economía libidinal antes de que esto se estructure.
Se trataría de formular, para los primeros tiempos de la vida, tiempos en los cuales ya las
inscripciones sexualizantes que dan origen a la pulsión se han instaurado, pero cuya fijación al icc
aún no se ha producido porque la represión no opera.
Una intervención definida desde una perspectiva analítica podía ayudar a encontrar una vía de
resolución para el trastorno del sueño, motivo de la consulta.
El pediatra había descartado cualquier perturbación de tipo orgánico, y se los veía confusos y
deprimidos, con la sensación de algo profundamente fallido en le vinculó con este primer hijo al cual
no encontraban forma de apaciguar. El bebé continuaba entre tanto dormido en su moisés. Decían
no poder acertar a cerca de lo que el niño quería.
La madre relato las terribles sensaciones que había sufrido en el posparto, dejada una hora en la sala
de postquirúrgico.
El bebé, por su parte, desde que volvieron del hospital y hasta la actualidad había comido de forma
desesperada; se abalanzaba sobre el pecho y, aun habiendo terminado de alimentarse, no se lo veía
reposar ni tranquilizarse. El circuito de la alimentación se repetía como un sinfín.
Suponiendo que había algo que imposibilitaba un buen encuentro entre ella y su hijo propuse para la
misma tarde una entrevista madre e hijo, otorgando una explicación a los padres de porque en este
caso el papá no participaría. De cómo ella necesitaba un espacio en el cual entender qué le pasaba
con su hijo y aclarar al padre yo me haría cargo circunstancialmente del lugar que él ocupa en la
realidad.
La única indicación que di antes de la consulta de la tarde, fijada para las 16hs, fue hacerle esperar
para que se le diera de comer durante su transcurso. Considerando importante que pudiéramos
hablar todo esto en presencia de la situación que de hecho se generaba durante la mamada.
Al darle la madre el pecho a su bebé en la entrevista. Lo primero que noté era que sostenía al bebé
con cierta dificultad: la cabecita no encajaba correctamente en el hueco del brazo, las manitas no
encontraban una posición que le permitiera ubicarse cómodamente alrededor del pecho.
97
98
Si ella sentía que no podía descapturarse de esa relación ¿Cómo no iba estar furiosa si lo que me
trasmitía era como si no viviera sino parasitada por el niño? Que tal vez siempre había tenido
relaciones de dos, con su marido, con su trabajo y ahora con Dani.
Mientras hablábamos le señale que el bebé no estaba bien encajado en el ángulo interior del brazo y
pregunte ni no se atrevía a sostenerlo con firmeza y si no tenía ganas de acariciarlo.
Le dije si no pensaba que estaba incómodo con la posición de los bracitos, le obstaculizaba en el
contacto con el pecho. Le explique que el necesitaba poder agarrarse de este, que a partir de ese
pecho él iba ir entendiendo que ella era su mamá, que algún día ella sería una mamá con una teta,
pero que por ahora ella era una teta calentita y cariñosa que representaba una mamá.
Luego Dani se dejo cambiar sin problema; la sorpresa de ella era enorme. Le propuse incluir el
chupete.
Insistí en que se lo sostuviera con la mano durante unos minutos, en la convicción de que en algún
momento terminaría por aceptarlo. Había un remanente exitatorio que no cedía y sostuve la
necesidad de ofrecerle algo que no fuera alimento, para evacuarlo. Al cabo de un rato el niño se
había dormido profundamente, y la joven madre manifestaba su sorpresa y cierta desconfianza
maravillada.
Al día siguiente tuvimos una entrevista similar, ella fue agregando nuevos elementos a lo que ya
había relatado se sentía aliviada y agradecida y al mismo tiempo desconfianza de que esto podría
sostenerse.
La hostilidad hacia su propia madre, le hacía tener ser odiada por su hijo, al cual sentía que “no podía
satisfacer”. Riesgo de devenir odio expulsivo en cualquier momento, y paralizaba su capacidad de
ternura al encontrarse inhibida de sostener con tranquilidad a su bebé.
Me relato que había tenido una lesión en los pezones, intento usar pezonera y Dani se rehusó. Pensé
que tal vez eso tendría alguna relación con el rechazo del chupete: en las incipientes huellas
psíquicas, la goma equivalía a la pezonera que se interponía con el pecho. El rechazo era a todo
aquello que implicara una sustitución del objeto. Del lado de la madre, la intolerancia a aceptar
cualquier mediación entre ella y su hijo se manifiesta al modo de una no insistencia con el chupete:
si el bebé quería succionar, que mejor que su propio pecho. Así se había producido un acoplamiento
displacentero que no encontraba solución.
Mis intervenciones tenían el carácter de permitir que esto fuera puesto de manifiesto y a su vez
simbolizado en el intercambio discursivo mismo.
En la tercer entrevista, me relataba que el niño ya se dejaba cambiar sin problema y pasaba algunas
horas durmiendo. Pudo reconocerlo como otro, como un alguien a quien no podía satisfacer
omnipotentemente y, a partir de ello, soportar mejor sus tensiones.
Luego de 3 entrevistas realizamos una nuevamente con el padre presente. El cual manifestó su
dificultad para soportar que la madre insistiera con el chupete. De múltiples maneras vimos como el
identificado con su propio hijo, obstaculizaba la posibilidad de que su esposa pudiera ejercer la
98
99
función materna, temeroso de que operara en el niño la misma violencia y produjera el mismo
sufrimiento al cual él se había sometido (hijo de una madre intrusiva).
Diversos elementos que surgían a lo largo de las entrevistas, llevaban a pensar que esta mujer no
había logrado producir el desplazamiento pene- niño que inaugura en la mujer el deseo de hijo.
Tener un hijo había sido el tributo que ella brindaba para poder seguir recibiendo un pene del
marido. Su no deseo de tener un hijo, porque le obstaculizaba su trabajo, daba cuenta de esa
dificultad para pasar por las ecuaciones simbólicas. El extrañamiento ante su hijo era lo que le
impedía tener la convicción delirante que toda madre tiene, en los comienzos de la vida, de que,
sabe que es lo que su bebé necesita.
Esta falla en la narcisización era la que producida en ella la sensación de estar ante un extraño al
que no sabía cómo agarrar, o ante un pedazo de sí misma que no sabía cómo soltar. Dos sistemas de
representaciones opuestos e inconciliables, ambos de lado del yo, en el mismo sistema.
En las semanas siguientes, las entrevistas se espaciaron. Daniel empezó a dormir, incluso dormirse
sobre el pecho en medio de la mamada. La madre lo relataba con placer. Por primera vez esta madre
atribuía pensamiento a su hijo, lo imaginaba como un ser pensante, poseedor de los mismos
atributos de nuestro psiquismo. Como decía Freud, atribuir una conciencia como la nuestra a un
otro. Era necesaria una madre, que insuflara amor, para que el cachorro humanizado, con
“conciencia de sí” y posibilidad de mitificarse a sí mismo.
Las consecuencias de un trastorno de este tipo sino se siguen los pasos necesarios para evitarlas:
hiperkinesis y trastornos de la simbolización, ambas no como consecuencia del insomnio originario,
sino de las fallas en la matriz simbólica que dan origen tanto al trastorno del sueño como a los
síntomas posteriores.
El abordaje mediante el cual realizamos el procesamiento clínico de este trastorno precoz del sueño
se sostenía en una lectura del fenómeno. Los modelos freudianos sirven como guía para y posibilitan
definir campos de operancia en los cuales se enraízan “en la cosa misma”.
Veamos como propone Freud la abordar la cuestión del dormir (proyecto de psicología 1895 y Más
allá del principio de Placer 1920). Se trata de discernir las condiciones que permiten tanto el dormir
como el soñar. Diferenciando vivencia de dolor y afecto. l a condición esencial del dormir es el
descenso de la carga endógena en el núcleo, que vuelve superflua la función secundaria. En el
dormir, el individuo se encuentra en el estado ideal de la inercia, aligerado del reservorio de
cantidad endógena.
Un cierto tipo de estímulo hará variar, de inicio, el destino de la descarga, oponiéndose al principio
de inercia.
99
100
La necesidad nutricia puede ser descargada acero, pero aquello desgajado de la necesidad biológica,
aquello que constituye un plus irreductible y que obliga a modos de derivación de otro orden,
aquello que puede ser reprimido, sublimado, vicariado en sus destinos, aquello que se rehúsa a la
descarga cero, irrumpe en el viviente alterando para siempre sus modos de funcionamiento.
El organismo humano es el comienzo incapaz de llevar a cabo la acción específica. Este sobreviviente
mediante auxilio ajeno: por la descarga sobre el camino de la alteración interior, un individuo
experimentado advierte el estado del niño. Esta vía de descarga cobra si la función secundaria
importante de la comunicación y el inicial desvalimiento del ser humano.
La constitución a partir de los modos de inscripción y ligazón que dan el entramado de base para que
la identificación no caiga en el vacío. Dicho de otro nodo, el famoso acto único que propicia el pasaje
del autoerotismo al narcisismo, momento de salto estructural cuyos prerrequisitos están en
funcionamiento a partir de los cuidados tempranos que la madre pródiga, de las ligazones que ella
propicia a partir de la disrupción misma que su sexualidad instaura. Pero, es necesario considerarla
como un ser en conflicto, provisto de inconsciente y agitado por mociones de deseo enfrentadas que
abren la posibilidad de clivaje en la tópica del cachorro humano cuya humanización tiene a cargo.
En cuanto al niño, lo que alucina, son los indicios de percepción,los que acompañan la experiencia de
satisfacción, y es ellos lo que permite que lo autoconservativo y lo sexual no entre de inicio en
contraposición, sino que lo sexual pueda investir, libidinizar, lo autoconservativo, hasta su
vicariancia.
Por otro lado, si la madre poseyera los dos sistemas (pcc y consciente) y por ende sea considerada
un sujeto hablante, podría decirse que esto sería la condición necesaria para que el comienzo la
pulsión se instituyera en una red de ligazones que diera su carácter de sostén al futuro sistema
secundario del niño.
Para que la cadena de facilitaciones pueda frenar sus modos de evacuación compulsivos e instaurar
vías colaterales que propicien un entramado ligador desde sus orígenes, es necesario no solo que el
100
101
semejante sea un sujeto hablante, sino que se aproxime al cachorro humano con representaciones
totalizantes, narcisistas. Para que estos sistemas representacionales del auxiliar materno operen
generando condiciones de ligazón en el niño deben estar en funcionamiento en el momento de la
crianza. Como consecuencia se dejará al cachorro humano liberado de facilitaciones no articuladas
que lo sometan a un dolor constante con tendencia a una compulsión evacuativa que responda a un
más acá del principio de placer.
Pensando en una madre en la cual fallan las constelaciones narcisisticas en los tiempos de ejercer
cuidados primordiales con su bebé. Esto puede ser efecto de una falla estructural o de una falla
circunstancial. Por ejemplo, una depresión que retira libido narcisistica del objeto como en el caso
de Daniel.
Esta madre realiza las funciones sexualizantes que permiten la instalación de la pulsión. Además
propicia los investimientos que permiten la constitución de una zona excitante; zona erógena
apuntalada en un objeto sexual pero que no es, objeto de amor.
Las condiciones de una pulsacion originaria que de origen a las mociones libidinales está ya en
marcha.
En oposición a lo anterior ocurrirá que, la mirada de la madre autoeroticamente estará centrda entre
la boca y el pezón, no podrá ver el cuerpo del bebé, y la totalidad sobre la cual se instalará la
representaciones que tome a su cargo, a posteriori, el yo como trasposición totalizante de la
superficie corporal. (Daniel)
Entonces, la energía desencadenada no encontrará vías dentro del principio de placer para
derivarse. Estaremos en un más acá del principio de placer.
A partir de ellos, el bebé se prenderá con desesperación al pecho, adherido a un objeto que no
logrará propiciar la disminución de tensión endógena y del cual la paradoja
excitación-apaciguamiento devendrá un circuito en la medida en que no puede clivarse para cumplir
la función de distensión. Esto sera efecto de un punto de fijación, como exceso de investimiento que
insiste , de modo no ligado, en las patologías más severas no solo de la infancia sino de la edad
adulta. Y ante cada displacer, tenderá a reproducirse el más acá del principio de placer en una
compulsión de repetición traumática que no logra encontrar vías de ligazón y retorna a un circuito
siempre idéntico dado que es inevacuable.
101
102
se plantea la recuperación del concepto de clivaje psíquico, y por ende de conflicto, tanto del lado de
la madre como del niño. Este clivaje es el que proporciona, la apertura hacia una perspectiva en la
cual los movimientos fundacionales del psiquismo de los orígenes puedan ser retrabajados en aras
de abrir nuevas vías de comprensión.
Las pulsiones sexuales de muerte funcionan según el principio de energía libre, que sería el principio
del cero, su meta es la descarga pulsional total, al precio de la aniquilación del objeto, aquellas que
son hostiles a yo y tienden a desestabilizarlo.
Por otra parte la economía libidinal permite la materialidad sobre la cual se transmiten estos
mensajes capaces de inscribir, algo del orden del objeto que deviene fuente de la de pulsión. Y este
soporte material desde los mensajes descualificados que envía la madre al niño en los orígenes de la
vida es del orden libidinal.
la única vía posible para ligar aquellos descualificado que recibe no radica, en encontrar el sentido a
partir del semejante sino encontrar las vías de ligazón de lo traumático que insiste.
Un primer conmutador del lado de la madre que hace devenir la energía somática en energía sexual,
y un segundo también del lado de la madre pero en este caso de su estructuración yoico-narcisista,
que inaugura la posibilidad de la constitución de un sexual-desexualizado, a través de la
transcripción, de los pulsional inscripto en el inconsciente mediante la regulación de su pases al
preconciente-conciente.
Una madre clivada en dos sistemas psíquicos, por un lado del proceso primario, con cargas que
circulan libremente, en el cual se inscribe de un modo imperecedero el deseo infantil y otro sistema
regido por el narcicismo bajo el modo de las constelaciones yoicas, más bien del proceso secundario
en el que opera la madre, en sus maniobras primeras, desde la intersección de ambos sistemas a la
vez y a partir de esto como el yo opera sobre el proceso primario materno, que lo que se inscribe de
inicio en la cría humana como pulsión destinada a atacar al yo y devenir entonces pulsión sexual de
muerte logrando canales de ligazón y derivación por vías en las que encuentra un modo de
organización que constituye el soporte de la pulsión de vida.
Los destinos de la pulsión son destinos de las estructuraciones sucesivas por las cuales el aparato
psíquico va pasando hasta llegar a su constitución definitiva.
A partir de esto se considera el inconciente fundado por represión. Es por esto que traro de
diferenciar el principio de placer que rigen las relaciones de pasajes de investimentos cuando los
102
103
sistemas psíquicos funcionan a pleno y un más acá del principio de placer que obliga a movimientos
de ligazón que permitan su instalación.
Laplanche habla de la madre suficientemente mala que es esa madre que origina la pulsión de
muerte pero que al mismo tiempo se correlaciona con la suficientemente buena (adaptación activa a
las necesidades del bebe, tolerar la frustración, la que crea la ilusión de que su pecho es parte de él
la que abre los caminos de omnipotencia y las condiciones de la ilusión-desilusión.
La función del analista de niños recaptura aquellos que hemos definido con respecto a la función
interna: desligar, por un lado, religando, por otro, para crear una y otra vez nuevas vías de
recomposición. Ayudar a desanudar las simbilizaciones fallidas, traumáticas, y poner en marcha de
reemblaje psíquico a partir de lo que ellas resultan.
Las razones por las cuales mis intervenciones fueron operadas en la relación madre-hijo. Sabemos
que el nacimiento simbólico de un niño no es correlativo a su nacimiento biológico. Esta apreciación
permite, metapsicológicamente, definir las condiciones de partidas sobre las cuales se producirá la
evolución psíquica de un niño. La presencia del padre real puede obturar las funciones de
triangulación que se pretende en una consulta; habiendo cuatro personas en el consultorio, no es
raro que se formen dos parejas y que el niño desplace al padre un modo de relación dual
proveniente de la obstaculización de la alianza narcisista con la madre.
Entonces ¿Qué tipo de padre requeriría este momento? Un padre capaz de sostener a la madre en
su posicionamiento, brindando un polo sexual capaz de producir una derivación de las seducción
sobrante, es decir, de drenar libido materna que se localiza en el hijo cuando otras vías femineidad
están cercenadas.
103
104
104
105
105
106
La zona erógena es el borde dejado por la extracción del objeto a sobre la cual la pulsión
hace su recorrido.
Extracción del objeto:
-Agujero----autismo (no hay agujero)
----psicosis (hay agujero)
-falta castración--------neurosis
-Pérdida
Consecuencias clínicas
El Intento de producir un agujero real: ej automutilación para encontrar una salida al
demasiado goce que invade el cuerpo, ya que el autista está inmerso en lo real. Esfuerzo de
castración real, necesidad de orden simbólico (necesidad de una pérdida) pero que intenta
efectuar en lo real. Lo real está en más y se intenta crear un menos.
El Encapsulamiento autista: el aislamiento extremo, la indiferencia afectiva, la
ritualización, son intento de construir un neo borde, una diferencia yo/no-yo. Crea así su
envoltura protectora, se vuelve insensible a sensaciones como el dolor. Construcción
defensiva, armada como suplencia, que actúa como barrera contra estímulos. Es un borde
rígido y fijo.
El niño autista percibe todo lo que ocurre en el Otro como una irrupción de goce
insoportable, por eso hay crisis de excitación ante mínimos cambios. Esa hipersensibilidad a
los estímulos es otro El ejemplo de la dificultad en la construcción del borde.
Objeto autista: objetos duros cuya función es protegerlos de un ataque corporal y de la
aniquilación total, es su manera de sentir que existen. El objeto transicional de Winnicott
metaforiza el objeto a, que cuando es abandonado marca que se ha producido la
separación. La fijeza del objeto autista, la imposibilidad de perderlo y el hecho de que no se
abandona ni se olvida, muestran que esa extracción no puede realizarse.
La relación con el doble: el agujero del autista implica la ausencia real del borde que se
acompaña de la presencia del doble real en el espejo.
Retorno de goce sobre el borde
En la paranoia, el goce que retorna se localiza en el campo del Otro, por eso aparece la
maldad en el Otro manifestada en los delirios de persecución. Pero que ese goce pueda
ubicarse en el Otro malo es una regulación del goce, ya que queda localizado.
En la esquizofrenia, el goce que retorna se localiza en el cuerpo y eso trastoca la unidad
especular del cuerpo, la función de cada órgano se vuelve problema dice Lacan, el cuerpo
se fragmenta. Pero también es un goce localizado.
En el autismo, la construcción del borde le permite suplir el agujero forcluido. Pese a que el
goce está localizado en el neo-borde, este retorno de goce sobre el borde corresponde al
encapsulamiento, en el que el sujeto «se goza» sin el trayecto de la pulsión que podría
articular su cuerpo al Otro.
Hay Uno, no hay cuerpo
Querer decir y querer gozar. Lacan plantea un doble estatuto del Otro:
El Otro simbólico: Otro del lenguaje que preexiste al nacimiento del sujeto, es la
posibilidad de que un sujeto se incluya en la cadena ste.
El Otro no existe: ya que se produce la confrontación con la falta del Otro y en el Sem 20
Lacan habla del Uno del goce. Cambio en la teoría de la comunicación, del diálogo al
monólogo de la pulsión, el autismo del goce.
En la neurosis, ese Uno S1 llama a un S2, al resto de la cadena Ste.
106
107
107