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Epistemología: Ciencia y Conocimiento

La epistemología estudia la naturaleza del conocimiento científico. 1) Surge a finales del siglo XIX para fundamentar filosóficamente el pensamiento científico. 2) Examina las condiciones que hacen posible el conocimiento científico y los medios para desarrollarlo. 3) Para Platón, la episteme (ciencia) se diferencia de la doxa (opinión) porque la ciencia ofrece conocimiento verdadero y permanente sobre las esencias de las cosas, mientras que las opiniones son cambiantes.

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Epistemología: Ciencia y Conocimiento

La epistemología estudia la naturaleza del conocimiento científico. 1) Surge a finales del siglo XIX para fundamentar filosóficamente el pensamiento científico. 2) Examina las condiciones que hacen posible el conocimiento científico y los medios para desarrollarlo. 3) Para Platón, la episteme (ciencia) se diferencia de la doxa (opinión) porque la ciencia ofrece conocimiento verdadero y permanente sobre las esencias de las cosas, mientras que las opiniones son cambiantes.

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EPISTEMOLOGÍA O FILOSOFÍA DE LA CIENCIA

Qué es la Epistemología

La filosofía se ha ocupado, desde su invención en la Antigua Grecia, de la totalidad de lo que es y de


su fundamento. Con ese fin fue desarrollando diversas disciplinas que centralizaron su atención en algunos
ámbitos delimitados de la realidad para responder mejor a los problemas que allí se presentaban. Así, por
ejemplo, se crearon (entre otras) la física, la lógica, la ética, la política y la gnoseología. La física se ocupa de los
problemas del ámbito de la naturaleza (fysis); la lógica, de las cuestiones vinculadas con el orden de la razón
(lógos); la ética, de lo relativo a las acciones humanas correctas o incorrectas, buenas o malas (cosa que se
define a partir de las pautas implícitas en las costumbres (ethos) de una comunidad; la política, de la mejor
forma de vida en común (polis); la gnoseología, de los tipos de conocimiento (gnosis) y del conocimiento
verdadero (episteme). En la antigüedad, entonces, filosofía incluía a la episteme (ciencia) como una de sus
disciplinas particulares.
En el siglo XVII, a comienzos de la época moderna, surge una forma nueva de conocimiento que se
diferencia progresivamente tanto de la teología medieval como de la filosofía antigua. Esta "ciencia nueva"
o ciencia moderna, que se define por su objeto (lo que se quiere conocer) y por su método (el modo de
conocer los objetos), mantuvo relaciones diversas con la filosofía durante los siglos siguientes, a veces de
complementariedad, a veces de competencia, a veces de tensión. A finales del siglo XIX surgió, de ntro de
la filosofía, una corriente que se propuso desarrollar una filosofía de la ciencia, es decir, una
fundamentación filosófica del pensamiento científico. Se llamó "epistemología" a la disciplina de la
filosofía que se propone comprender y explicar la -forma del conocimiento de la ciencia moderna. En ese
sentido, la epistemología abarca los problemas de la teoría del conocimiento, que tradicionalmente
formaban parte de la gnoseología, respondiendo a preguntas tales como: ¿cuáles son las condiciones que
hacen posible el conocimiento de las ciencias?, ¿qué se puede conocer a partir de esas condiciones?,
¿cómo se sabe que lo que se cree acerca del mundo es verdadero?, ¿cuál es el fundamento de la ciencia?,
¿cuáles son las reglas y los pasos del método que conduce a la verdad?
Desde entonces, la "epistemología" se define como un discurso teórico cuyo objeto es la ciencia,
entendida como un tipo de conocimiento que ha llegado a ser modelo y ejemplo de todo saber. A partir de
su objeto, la epistemología configura su forma, sus alcances y limitaciones. Reflexiona e interpreta la
estructura formal de las ciencias, los aparatos metodológicos de obtención del saber, cómo forman sus
teorías y los problemas que plantean para la concepción del sujeto del conocimiento. En síntesis, la
epistemología se ocupa, por un lado, de las condiciones que hacen válido el conocimiento científico; y por
otro, de los medios que permiten el desarrollo y acrecentamiento del conocimiento propio de las ciencias.

La ciencia y las opiniones: el problema del fundamento


Platón es uno de los primeros filósofos griegos que definió el significado del término filosofía. Para
este autor, la filosofía se identifica con la episteme (ciencia) y se diferencia radicalmente de la doxa
(opinión). A partir de esta diferencia, Platón distingue al verdadero filósofo de todos aquellos que parecen
serlo, pero que no lo son. A estos últimos, a los que tienen afición por cualquier tipo de saberes y que se
muestran dispuestos a aprender muchos temas, los llama filodoxos. El verdadero filósofo desea la
sabiduría en su totalidad, gusta de contemplar el Bien y la verdad, busca conocer lo que realmente es, lo
permanente.
Platón ejemplifica estas diferencias entre el filósofo y el filodoxo recurriendo al ejemplo de la
belleza. Dice: "los aficionados a oír y los amantes de los espectáculos gustan de las voces bellas, de los
colores bellos, de las formas y de todas las obras que reúnen tales elementos; pero su inteligencia es
incapaz de percibir y amar la naturaleza de lo bello en sí". ¿Y qué es lo bello en sí? Es aquello que hace ser
bellas a la multiplicidad de cosas bellas. Si hay una multiplicidad de cosas, a todas las cuales se les atribuye
el ser bellas, esto supone que todas ellas comparten algo en común en virtud de lo cual son bellas. Eso,
precisamente, que hace bellas a las cosas bellas, es "lo bello en sí", a lo que Platón llama Idea de belleza.
Lo bello en sí es entonces la idea o esencia de lo bello, o sea, la belleza de la cual participan l a

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multiplicidad de las cosas bellas. Esta esencia de lo bello es algo que no cambia, que es inmutable, que es
una y siempre la misma.
Aquellos hombres que buscan la multiplicidad de las cosas bellas (filodoxos), son incapaces de
percibir, aprender y amar lo bello en sí. En cambio, el hombre que sabe que existe lo bello en sí y es capaz
de aprenderlo, aun a través de las cosas bellas, sabiendo que esas cosas son bellas sólo en cuanto
participan de la esencia de lo bello, ese hombre ama verdaderamente la belleza. De él puede decirse que
tiene el verdadero conocimiento de lo que es la belleza; de los otros, que se pierden en la multiplicidad de
las cosas bellas, puede decirse que no tienen un verdadero conocimiento, sino sólo una opinión (doxa).
Platón contrapone el conocimiento verdadero o episteme (ciencia) a la doxa (opinión), y
consecuentemente, contrapone al filósofo con el filodoxo. Entiende por filósofo a aquel hombre que tiene
un verdadero conocimiento, aquél que conoce, las cosas en sí mismas, las esenc ias, por ejemplo: la belleza
en sí. En cambio, llama filodoxo a aquél que sólo conoce muchas cosas bellas, distintos tipos de cosas
bellas, pero no lo bello en sí.
Hay aquí entonces un doble problema: (a) el del conocimiento, que puede ser episteme o doxa y el
objeto de conocimiento que puede ser uno o múltiple; (b) el de la relación entre el tipo de conoci miento y
el grado de realidad.
La definición platónica determinó la concepción de la episteme para las épocas posteriores y en lo
fundamental esta distinción sigue siendo válida para las concepciones modernas de la ciencia. Toda ciencia
se inicia con un movimiento de abstracción (de separación) de las imágenes y representaciones de la vida
cotidiana, para definir la realidad que quiere conocer. El conocimiento científico es un conocimiento
fundado, del cual se pueden señalar las causas o las pruebas. Una creencia, una perspectiva, una opinión o
un punto de vista no son, por lo tanto, científicos.

La ciencia y las opiniones: el problema del cambio


¿Qué significa verdad? Desde Platón y Aristóteles, la verdad se define como una característica de
ciertos discursos o pensamientos: cuando lo que se dice (o se piensa) se corresponde (o se adecua) con lo
que las cosas son, entonces; lo que se .dice (o se piensa) es verdad. Por el contrario, cuando lo que se dice
(o se piensa) no se corresponde con lo que las cosas son, lo que se dice (o se piensa) es falso.
Para que la verdad sea posible, tiene que haber correspondencia o adecuación. Pero, para que
haya correspondencia o adecuación, las cosas no pueden cambiar o modificarse. Si se afirmase, por
ejemplo, "la pared es gris"; lo dicho sería verdad sólo si la pared es gris y mientras sea gris. Si la pared
cambiase de color, lo dicho dejaría de ser verdad. Si las cosas cambiasen permanentemente, la verdad no
sería posible, porque cualquier afirmación que se hiciese sobre las cosas dejaría de corresponderse con
ellas cuando cambiasen. Algo análogo ocurriría si lo que se dice, cambiase. Si primero se afirmase, por
ejemplo, "es justo que todos los daños se reparen", pero después se cambia de opinión y se dice: "los
daños hechos a los violentos no necesitan ser reparados", las dos afirmaciones no pueden ser ambas
verdaderas, puesto que son contradictorias y se excluyen entre sí. Este es el motivo por el cual Platón
sostiene que las opiniones no son conocimientos verdaderos (episteme), ya que son de naturaleza
cambiante. Si cambian, no pueden corresponderse con las cosas de manera permanente. Lo que se dice
en la ciencia (episteme), no puede cambiar (si ha de corresponderse con las cosas) sino que tiene que ser
siempre lo mismo, tiene que ser permanente.
Si la verdad es una cierta adecuación o correspondencia entre lo que se dice (o se piensa) y lo que
las cosas son, entonces, el cambio no es posible. No es posible cambiar lo que se dice (o piensa) y
tampoco es posible que las cosas a las que se refieren los discursos (o el pensamiento) cambien. Para que
la verdad sea posible es necesaria la permanencia: tanto la realidad como lo que se dice (o piensa) de la
realidad, tienen que ser permanentes. La ciencia es, en consecuencia, un discurso permanente sobre la
realidad permanente.
Estos problemas condujeron a los filósofos antiguos a efectuar una distinción entre las cosas reales
y las aparentes, entre lo que realmente es y lo que parece ser. Lo real es aquello que no cambia, lo
permanente, de lo cual es posible decir la verdad. En consecuencia, la ciencia necesita definir o delimitar
tanto los significados del discurso como la realidad de las cosas. Un significado definido es un concepto.
Una cosa definida es una esencia".

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Aun cuando, a partir de la modernidad, se ha ido abandonando la pretensión de conocer las
esencias, no por ello se ha disuelto la condición de permanencia en los o bjetos conocidos. Como los
fenómenos o hechos de la experiencia son cambiantes y como sólo es posible la verdad como
correspondencia con lo permanente, la ciencia moderna busca conocer el orden, la regularidad o la ley que
gobierna los fenómenos. Ellos son lo permanente detrás de los cambios de los fenómenos. Precisamente,
se llama "naturaleza" al orden permanente que estructura los fenómenos cambiantes. En este sentido, la
ciencia de la naturaleza: es la ciencia fundamental en la época moderna.

La ciencia y la razón: el problema del orden

Los antiguos griegos pensaban que el kosmos está ordenado, que tiene una estructura: una
regularidad, una permanencia y una armonía. Pensaban que debajo del aparente caos, del cambio y de la
transformación, hay un fundamento o una base en los que todas las cosas se sostienen. La sucesión del día
y la noche, los ciclos de la luna o la regularidad de las estaciones del año, muestran que en todo l o que es
hay orden y belleza: el orden del "ser".
Con la expansión del cristianismo, la concepción del mundo cambió, pero se continuó pensando
que la realidad contenía un orden. En el mundo cristiano medieval, el fundamento estaba puesto en. Dios,
considerado corno creador de todos los seres y salvador de todos los hombres. En esa época se pensaba
que Dios había creado el mundo de acuerdo con un orden o una estructura, llamada "razón". Se creía
también que Dios había creado al hombre y le había dado la capacidad de comprender el orden de la
realidad y a esa capacidad también se la llamó "razón". Hay, entonces, dos significados de "razón": uno es
fundamental, el otro es derivado o subordinado. Al primero se lo podría llamar "objetivo", porque es el
orden mismo de las cosas. Al segundo se lo podría llamar "subjetivo", porque es la capacidad que tiene el
sujeto humano para comprender el orden que hay en las cosas. La razón subjetiva (la razón como
capacidad del hombre) es posible porque hay una razón objetiva, porque la realidad tiene un orden en sí
misma. La razón subjetiva supone y depende de la razón objetiva.
Cuando el mundo cristiano (y los fundamentos -en los que se sostenía) entró en crisis, como
consecuencia de la apertura de Europa a otras culturas, como resultado de los nuevos inventos y
descubrimientos y corno efecto del movimiento de la Reforma religiosa y de las guerras de religión, se dio
comienzo a una época "nueva": la época moderna. La recuperación de las obras de los filósofos griegos y
romanos despertó el interés por las obras del arte y del pensamiento antiguos y por el conocimiento
científico y el dominio técnico de la naturaleza. Los nuevos inventos y descubrimientos hicieron que el
mundo se viera de otro modo: ya no como un universo cerrado alrededor de un centro inmóvil sino como
un universo infinito en el que siempre se puede ir "más allá". La Reforma, con su principio de libre
interpretación de la Biblia, debilitó la autoridad de la Iglesia y posibilitó una mayor autonomía del
pensamiento individual. Las guerras de religión entre católicos y protestantes produjeron un
cuestionamiento de los valores cristianos comunes a ambos. Los antiguos fundamentos comenzaron a
desmoronarse y no se visualizaba una base nueva que diera un sentido al conjun to de la realidad".
La época moderna mantuvo el supuesto antiguo y cristiano de que la realidad está ordenada, que
contiene una estructura, que es en sí misma racional y que el hombre, en tanto que sujeto de razón, tiene
la capacidad de conocer y comprender el orden racional de la realidad. Los filósofos del siglo XVII piensan,
con Spinoza, que "el orden y la conexión del pensamiento es el mismo orden y conexión de las cosas" y
que, por lo tanto, si se parte de una verdad evidente y, sin error, se deducen r acionalmente todas las
consecuencias de esa verdad, el sistema de pensamiento resultante tiene que coincidir con el sistema del
ser, con la realidad tal como está ordenada en sí misma.
La ciencia moderna comenzó siguiendo el modelo de la Geometría, una cie ncia bien fundamentada,
con verdades evidentes, seguras y con un método riguroso (el método deductivo) mediante el cual cada
verdad se deriva de las anteriores de manera necesaria. Algunos de los mas importantes filósofos y
científicos del siglo XVII decían que la ciencia debía proceder "a la manera de la geometría" y que todas las
ciencias debían desarrollarse siguiendo el mismo modelo geométrico de pensamiento.
Por "razón" también se entiende, en un significado más estrecho que los definidos antes (razón
objetiva y razón subjetiva), la capacidad de ordenamiento demostrativo o deductivo. El término "razón",
con este significado de demostración o deducción, es más estrecho que el significado de razón como la
capacidad de comprensión del orden de la realidad que el hombre tiene, porque este último significado

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incluye la comprensión de todo tipo de orden, en cambio el primer significado sólo incluye el orden
deductivo.
Un razonamiento demostrativo es aquel en el que de unas verdades conocidas se siguen, se
infieren, se derivan otras verdades necesariamente. Todo proceso deductivo supone, entonces, la verdad
del punto de partida. Ésta, no puede ser conocida por deducción, ya que implicaría una derivación al
infinito. Si A se deriva de B, y B se deriva de C, y C se deriva de D, y así sucesiva e indefinidamente, todo el
sistema carecería de un fundamento o principio. Si la deducción permite obtener verdades nuevas de
verdades ya conocidas, es necesario que haya verdades que sirvan como punto de partida, y estas
verdades no pueden ser derivadas de otras por deducción, porque en ese caso, no serían un punto de
partida. En consecuencia, todo sistema deductivo supone ciertas verdades no deductivas que sirven de
principio de todo el sistema. Esas verdades se llaman verdades evidentes. Las verdades evidentes son
"absolutas", es decir, no dependen de otras verdades".

La ciencia moderna: el problema del conocimiento de los hechos de la experiencia


La época moderna se caracterizó por un movimiento de ruptura. Básicamente, se rompió con la
concepción del kosmos, basada en la filosofía de Aristóteles y en la astronomía de Ptolomeo: tanto los
antiguos como los medievales concibieron al kosmos como una gran esfera cerrada, que giraba alrededor
de la tierra (la que permanecía inmóvil en el centro de la esfera). Esta concepción era confirmada por los
datos sensibles; se ve salir el sol por el este, elevarse hasta el centro del cielo y descender para ponerse
por el oeste, mientras que la tierra se mantiene firme bajo los pies del o bservador. La más inmediata
percepción sensible ratifica los postulados de Ptolomeo. Esta es una concepción geocéntrica, pues la tierra
es el centro inmóvil del kosmos
La antigua concepción se cuestionó recién en el año 1543, cuando Copérnico planteó la hi pótesis
heliocéntrica. Dicha hipótesis se suscitó como respuesta a un problema: algunas órbitas celestes no
seguían el curso circular, que supuestamente tendrían que seguir, de acuerdo a la teoría de Ptolomeo. Por
eso, Copérnico supuso que la tierra (como los otros cuerpos) estaba realizando el mismo doble
movimiento de los otros planetas. El sol se convirtió así en el centro de un sistema en el que la tierra era
un planeta más.
Pero, si bien cambió el eje del sistema, subsistió la antigua jerarquización: por ser el sol el centro
del sistema, se supuso que debía estar en reposo, ya que dicho estado seguía considerándose más
perfecto que el movimiento. Es importante hacer notar que Copérnico no tuvo modo de comprobar su
hipótesis, porque no había un instrumento adecuado para observar si los hechos confirmaban los
supuestos. Fue Galileo Galilei quien, valiéndose del perfeccionamiento del telescopio, comprobó sus
afirmaciones.
A partir del cuestionamiento del sistema aristotélico-ptolemaico, la tierra perdió su lugar de
privilegio en el centro del sistema y con ella el hombre mismo fue degradado a ser un habitante de un
planeta periférico. Sin embargo, paradójicamente, el hombre fue concebido como el único ser que podía
comprender este universo, podía conocerlo, transformarlo y adueñarse de él, explotando la naturaleza en
su propio beneficio. La razón se concibió como el poder con que cuenta para dicho dominio y la máquina,
como el instrumento de transformación. A medida que esta conciencia se arraigó, el mundo s e desacralizó,
perdió su carácter sagrado, divino. El fundamento de la creación, que los medievales encontraban en la
bondad de Dios, y el conocimiento de la naturaleza, que se hacía posible por la revelación de su Creador,
se transformaron progresivamente. La ciencia moderna parte de un distanciamiento del hombre respecto
del mundo y de la realidad, los que se convierten en objetos. El hombre como sujeto de conocimiento
tomó distancia de la naturaleza a la que se enfrentaba, convirtiéndola así en objeto. E l fundamento de esta
objetividad estaba en el sujeto y el instrumento adecuado para conocerla era la razón. A partir de este
momento, el mundo no tuvo ya unidad, porque esta concepción supone una separación (abstracción) cada
vez mayor. Cuanto más avanzó la modernidad, más se separaron el sujeto y los objetos, alejándose cada
vez más de las concepciones anteriores donde ambos estaban integrados en un todo. Conforme avanza la
modernidad más se fragmentaron el mundo, la naturaleza y la realidad.
Con la modernidad cambió la relación del hombre con la naturaleza y, por lo mismo, el proceso
de conocimiento. Para el hombre del medioevo, conocer era desarrollar la verdad revelada para
manifestar la gloria de Dios. La naturaleza y el universo eran concebidos c omo "seres creados", y como
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tales, remitían a Dios como su "creador", como su fundamento. Por eso, la scientia medieval (como saber
acerca del fundamento de todo lo real) era Teología (conocimiento de Dios).
Para el hombre moderno, la naturaleza es lo qué está frente al hombre, es "objectum", lo que se
opone, lo que debe ser dominado para que sirva a los fines del hombre. Conocimiento y dominio se
entrelazan. Como sostenía Bacon: "saber es poder" y conocer es dominar. La naturaleza es lo que opone
resistencia al dominio del conocimiento, por eso -como decía Galileo- "hay que torturarla" para que
responda a las preguntas de la ciencia.
La ruptura de la unidad conllevó una ruptura del orden jerárquico medieval. Se perdió la "
confianza en un fin único (la salvación) para el conjunto de lo creado. En consecuencia, aparecieron fines
particulares que fueron delimitando esferas que adquirieron una racionalidad particular desvinculada de
las demás. Así, la política (independizándose de la religión y la teología) pos tuló su propio fin: la
obtención y conservación del poder, desarrollando una racionalidad (un método) propia. No interesaba
ya para qué se obtiene el poder, puesto que eso supondría postular fines extrapolíticos a los que el poder
estaría subordinado. Lo único que interesaba era el poder mismo. El ejemplo paradigmático en el aspecto
teórico se encuentra en la obra de Nicolás Maquiavelo, quien se ocupó de construir una ciencia política
independiente de la religión y de la moral cristianas. También la economía se independizó de todo otro
fin que no sea el propio: el lucro, la ganancia; desarrollando una racionalidad autónoma. Por último, la
ciencia adquirió su propia autonomía, aunque en este caso la cuestión resulta más compleja porque, al
independizarse las regiones del ser, se postularon durante mucho tiempo fines y métodos
contradictorios. Sin embargo, hoy ya se puede afirmar que lo que comúnmente se llama «ciencia» tiene
una finalidad propia: el dominio técnico de la naturaleza, y su racionalidad es el ll amado "método
científico". Un efecto colateral de la constitución de esta "esfera científica" fue la fragmentación interna
de la ciencia, es decir, la especialización, que reprodujo a escala cada vez menor el mismo fenómeno: la
postulación de una finalidad propia y una racionalidad o método propios independientes de todos los
demás.

¿Qué caracteriza a la ciencia moderna de la naturaleza? En primer lugar, la eliminación de las


cualidades de las cosas, análoga a la disolución del tiempo y del espacio cualitat ivos del mundo medieval.
Galileo distinguió en todas las cosas naturales cualidades objetivas o primarias y cualidades subjetivas o
secundarias. Las primeras son geométricas, medibles, universales, para todos iguales -tales como figura,
magnitud, movimiento, número-; mientras que las segundas son relativas a los sentidos y su apreciación
varía de un individuo a otro -tales como el gusto, el olor, el color, etc.-. La ciencia física se limitó a las
cualidades primarias, mientras que las secundarias fueron relegadas al plano «subjetivo» o a las esferas
no científicas de la religión o del arte. En segundo lugar, Galileo redujo todo lo complejo a lo simple,
ateniéndose a lo constante o regular, de modo que pudieran predecirse y controlarse los hechos". Lo
“natural” de la naturaleza es ese orden. Por eso, Galileo escribía: "La filosofía está escrita en este
grandísimo libro que continuamente está abierto ante los ojos (quiero decir el universo), pero no se
puede entender sin conocer la lengua y los caracteres en los cuales está escrito. Él está escrito en lengua
matemática y los caracteres son triángulos, círculos y otras figuras geométricas, sin los cuales medios es
imposible entender humanamente palabra. Sin éstos es un girar vano por un oscuro laberinto. En tercer
lugar, la ciencia moderna postuló el aislamiento de una región de lo que es, la limitación del campo, la
especialización del interés y la subdivisión del trabajo. En cuarto lugar, la ciencia moderna tiende a
resolverse en el ámbito de la técnica, entendida como una forma del hacer y del producir recursos para
satisfacer las necesidades por medio de instrumentos. El mundo se convierte así en dominable más que
comprensible y sólo es comprensible lo que se puede producir y reproducir. Así, por ejemplo,
Maquiavelo, el primer pensador político moderno, concibe la política como una técnica encaminada a
mantener y acrecentar el poder; y Adam Smith, crea la economía política corno un instrumento para
promover "la riqueza de las naciones".

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