Comunicació n oral 202
Las emisiones sonoras del habla
son producidas por el aparato
fonatorio, compuesto por el sistema
respiratorio,
la laringe, las cuerdas vocales y
la cavidad bucal.
APARATO FONADOR
PABLO FÉLIX CASTAÑEDA124
8. EXPLORANDO
LA PRODUCCIÓN
SONORA
DEL HABLA
Se ha señalado que el habla es una verdadera “maravilla”, pero
también su adquisicion es una verdadera hazaña, ya que es admirable cómo
ese ser prodigioso llamado ser humano puede conseguir en tan poco
tiempo automatizar tantos elementos en juego, tantos “engranajes” y
mecanismos que intervienen en la expresión verbal del lenguaje.
Como sabemos, el hombre es un ser que nace desprotegido, incapaz
de supervivir y valerse por sí mismo como lo hacen otros animales. Por
ejemplo, las crías de otros mamíferos, poco después de su nacimiento ya
poseen cierta autonomía que les permite no sólo mantenerse en pie, sino
desplazarse junto a su madre adonde quiera que ésta vaya. En cambio el
mamífero humano no es capaz; pues durante un tiempo relativamente
largo y proporcionalmente larguísimo con respecto a otros animales,
depende de sus padres.
De manera similar, el lenguaje verbal o habla, aun cuando es
exclusivo de los seres humanos, no comienza con la primera emisión oral,
ya que antes de esto hay un entrenamiento, un aprendizaje progresivo
que lo va preparando. Así, el llanto, el laleo, la masticación,
los movimientos corporales y otros, son ejercicios preparatorios
puramente mecánicos y reflejos que progresivamente van facilitando la
vocalización y la expresión verbal del niño. Veamos por ejemplo el llanto
del bebé: éste cuando llora lo hace con todo su cuerpo, como
manifestando algo. Este hecho nos induce entonces a hacernos la
siguiente pregunta:
¿QUÉ SIGNIFICA EL LLANTO DEL BEBÉ?
El llanto o lloro del bebé puede deberse a distintas razones: unas
veces llora porque está inconfortable, hambriento, cansado, mojado,
excitado por la luz, el ruido y otros motivos. Pero otras veces “llora”
simplemente porque sí.
Indudablemente la madre va aprendiendo a descifrar e interpre- tar
estos tipos de llanto de su bebé; pero lo más curioso es, tal vez, el hecho
de que el infante también, muy precozmente, aprende que su llanto atrae la
presencia de la madre y, como tal, pasa a usar sus lágrimas de “cocodrilo”
para hacer un verdadero “chantaje” o demanda de su presencia.
Es importante, entonces, diferenciar estas manifes- taciones del
llanto infantil. La madre sabe, por ejemplo, que en muchas ocasiones su
bebé “llora” porque sí, sin una causa que lo justifique. En estas
situaciones es conveniente notar que esas manifestacio- nes son más bien
un juego vocal, una “diversión” o “entretenimiento” para el bebé; siendo
un ejercicio habitual que ocupa la mayor parte
del tiempo del primer año de vida.
Estas manifestaciones preverbales dan paso gra-dualmente, durante
el sétimo y el décimo mes, a la introduc- ción de sonidos significativos.
Posteriormente, del noveno al duodécimo mes, el niño parece fijar,
ejercitar y realizar malabarismos con determinados sonidos o sílabas,
pasando gran parte del tiempo en esta actividad. Esto es natural que
ocurra, porque de esa manera el infante se va preparando para comenzar
y entrar, en forma definitiva e irreversible, al mundo verbal.
ASPECTO SONORO DEL HABLA
El habla, como una manifestación sonora o acústica del lengua- je,
se desarrolla a expensas de otros órganos y funciones anatómi- cas; es
decir, como un sistema funcional sobreimpuesto, tal como se caracterizó
anteriormente.
Ahora bien, cabe preguntarnos ¿cómo se produce este aspecto
sonoro? Explicando de manera sencilla e inteligible se puede decir que
la producción y emisión de los sonidos verbales se deben a la acción o
funcionamiento secuenciado, sincronizado y automático de los siguientes
elementos:
· Una corriente de aire, la cual es producida por los pulmones y los
músculos respiratorios.
· Un vibrador sonoro, constituido por las cuerdas vocales que se
encuentran en la laringe.
· Un resonador, conformado por la boca, la nariz y la garganta (o
faringe).
· Articuladores, conformado por los labios, dientes, paladar duro, velo
del paladar, mandíbula.
Estos cuatro elementos generan los sonidos del habla en el siguiente
orden: en primer lugar, los pulmones suministran la colum- na de aire
que, atravesando los bronquios y la tráquea, van a sonorizar las cuerdas
vocales que se encuentran en la laringe.
Es en la laringe donde propiamente se produce la voz en su tono
fundamental y sus armónicos; luego sufre una modificación en la caja de
resonancia de la nariz, la boca y garganta (naso-buco-faríngea), en la que se
amplifica y se forma el timbre de voz.
Los órganos articuladores (labios, dientes, paladar duro, velo del
paladar, mandíbula) van finalmente a moldear esa columna sonora,
transformándola en sonidos y articulaciones del habla; es decir, en
fonemas, sílabas y palabras.
Este modelo muestra las partes principales del aparato fonatorio
vinculadas con la producción del habla. Los pulmones hacen de fuente de
energía acústica. La corriente de aire se desplaza por la tráquea y es
modulada en las cuerdas vocales que vibran haciendo de oscilador. Los
sonidos sordos, esto es, no vocalizados, se producen cuando se cierran y
abren abruptamente las cavidades laríngea, bucal y nasal. La configuración
del tracto vocal es tambien muy variable, porque lo
son también las articulaciones, mandíbula, lengua, labios, velo del
paladar. Este último hace de válvula que controla la comunicación entre
el tracto bucal y el nasal.
EL ÓRGANO PRINCIPAL DE LA VOZ
El órgano principal y propiamente dicho de la producción de la voz
es la laringe, que es también el conducto de paso para la corriente de aire
inspirado. Sus caras laterales están parcialmente cubiertas por el tiroides,
que es un cartílago que al deglutir, hablar o cantar se desliza hacia arriba,
pudiéndose desviar también un poco lateralmente.
El tiroides se observa a través de la piel como un cuerpo duro que
sobresale en la garganta, al cual comúnmente se le conoce como la nuez
de Adán. Si usted se coge la garganta, es decir, la nuez de Adán, está
sujetando el cartílago tiroides que tiene la forma de un libro abierto hacia
atrás. Detrás de este cartílago se encuentran las cuerdas vocales.
Estas cuerdas vocales no tienen la forma de las cuerdas que
comúnmente observamos en los instrumentos musicales como el violín o
la guitarra, sino que son repliegues o labios en número de cuatro: dos
repliegues superiores que son las cuerdas falsas o bandas ventriculares, y
dos repliegues inferiores que son las verdaderas cuer- das vocales. Entre
éstas existe una hendidura o espacio vacío que los limita, al que se llama
glotis.
Los dos repliegues inferiores, que son las cuerdas vocales
verdaderas, son las que producen las primeras características del
sonido:
a) Si dichas cuerdas se aproximan y vibran se origina un “sonido
sonoro”, pero si no vibran será un “sonido sordo”.
b) La vibración provoca una onda sonora o tono fundamental y unos
armónicos que filtrados (en la cavidad bucal y en la nasal) producen
el timbre del sonido.
c) Al pasar el aire hacia las cuerdas vocales con mayor o menor
energía se produce la intensidad de voz.
d) La duración se produce por un impulso psicomotriz a través del
nervio recurrente hacia el diafragma. Este comprime los pulmones el
tiempo necesario para la duración deseada.
¿CÓMO FUNCIONA EL ÓRGANO FONADOR?
En primer lugar, la voz se produce por la corriente de aire que llega
a la laringe, generada por el “fuelle” pulmonar, en el que juega papel
importante el diafragma, que es un músculo grande en forma de cúpula
que separa el tórax del abdomen. Naturalmente que muchos músculos más
entran en acción, aunque no son tan importantes como el diafragma.
Es necesario saber que este músculo es mucho más eficaz para la
inspiración que para la espiración. Esta observación tiene importancia
relevante para aplicar en los ejercicios para corregir ciertos defectos del
habla que posteriormente se describen.
Cabe indicar, también, que no se debe confundir la respiración vital
con la respiración destinada para la emisión sonora. Por eso, una cosa es
respirar para vivir y otra cosa es respirar para hablar. Nosotros
corrientemente realizamos la inspiración seguida de la espiración y sus
respectivas pausas. Ocurre que en el habla, y más aún en el canto, la
espiración se prolonga más que la inspiración.
Una vez que el aire llega a la laringe se ponen en funcionamiento las
cuerdas vocales, vibrando las mismas bajo la influencia del sistema
nervioso y como consecuencia del deslizamiento ondulatorio de la
mucosa que recubre los músculos de dichas cuerdas, produciendo el
aspecto sonoro o fónico del lenguaje.
Ese sonido producido por las cuerdas vocales es muy débil, similar
al “pío” de un pollo recién salido del cascarón, o parecido a un zumbido,
el cual se amplifica y adquiere el timbre en los resonadores nasal, bucal y
faríngeo; es decir, el sonido que sale de la laringe sufre una modificación
resonancial naso-buco-faríngea, que consiste en el aumento de la
frecuencia de ciertos sonidos y la desvalorización de otros, dando lugar al
timbre de voz y la calidad vocal, que son peculiares o característicos en
cada persona. Por ejemplo, un tenor y un barítono aun cuando canten la
misma nota musical, serán identificados como tales por el timbre de voz
que tienen. Similarmente, la voz de un amigo nunca es igual a la de otro,
dependiendo estas diferencias de una serie de factores.
Por otro lado, los resonadores también influyen en formas distintas en
las características de la emisión sonora. Por ejemplo: el resonador
bucal, cuando se pronuncian los sonidos manteniendo la lengua inmóvil
en un determinado lugar de la boca, sirve para fijar o sostener la
constancia del sonido. El resonador faríngeo, en cambio, sirve para
cambiar la sonoridad, ya que cuando se pronuncian las vocales se dilata o
contrae y, como consecuencia, aumenta o disminuye la sonoridad dando
lugar a la formación de las sílabas.
De esa manera, la variación sonora de las sílabas (cuando se
pronuncian uno o más sonidos verbales) depende del resonador faríngeo
y la constancia o prolongación sonora del resonador bucal. Pero, cuando
se pronuncian otros sonidos como la /m/, actúa un tercer resonador, que
es el nasofaríngeo. En este caso, los sonidos adquieren un timbre nasal y
el resonador no cambia su forma ni su cavidad como lo hacen los otros
resonadores.
Otro elemento importante en las características de la emisión vocal
del lenguaje, es la cantidad y la presión de aire que entra en los
resonadores, especialmente en el bucal y en el faríngeo. La capacidad de
estos resonadores varía y, como tal, para la pronunciación del lenguaje
es necesario que cambie también la cantidad y presión de aire que a ellos
llega.
El funcionamiento de los músculos respiratorios, especialmen- te
del diafragma, cambia en la pronunciación de distintos sonidos, ya que
los pulmones deben dar una cantidad determinada de aire y con una
presión fija para la emisión de distintas sílabas y demás sonidos en
general.
La altura de los sonidos verbales, en cambio, depende de las
oscilaciones de las cuerdas vocales, mientras que la fuerza o inten- sidad
depende de los cambios de presión de aire en la región de las cuerdas
vocales, de la laringe y de la boca.
Pues bien, todos los elementos entran en funcionamiento cuan- do se
habla, produciéndose cambios rápidos (0,10 y 0,05 segun- dos), exactos
y regulares en el aparato del lenguaje verbal. Así, las cuerdas vocales se
extienden y se relajan, cambian de forma los resonadores, se modifica la
situación del velo del paladar, de la mandíbula inferior, de los labios, se
eleva y desciende el diafragma, se mueve el tórax, todo esto en una
forma sincronizada, automática y secuencial.
Otros investigadores al referirse a la producción sonora o fónica del
habla, señalan que por cada segundo se producen 5 a 6 sílabas, entrando
en funcionamiento 90 a 100 músculos bajo el control del sistema
nervioso central. Cada músculo obedece a 14 órdenes por segundo. Esta
producción se daría de acuerdo al siguiente esquema secuencial:
Asignación
articulatorias muscular a cada tono
Transformación
secuencialización
muscular
EL LENGUAJE VERBAL DEL NIÑO 133
Efectores (Expresión verbal)
Estos son, por tanto, los mecanismos fisiológicos que dan lugar a la
producción sonora del habla, los mismos que se encuentran regulados y
controlados por el sistema nervioso central, específicamente por el
centro motor del analizador del lenguaje, ubicado delante de la
circunvolución del hemisferio izquierdo de la corteza cerebral.
Así, cuando se habla ininterrumpidamente, el analizador motor
capta los impulsos procedentes de los órganos del lenguaje a través de
señales cinéticas (Luria, 1974; Launay, 1976). Estos impulsos son
componentes del segundo sistema de señales encargado de analizar,
sintetizar y controlar la información (Input) a nivel cerebral, para
seguidamente enviar órdenes a los efectores (output) que van a poner en
movimiento los órganos del habla.
En esta producción sonora el oído desempeña un papel impor- tante
como regulador en el funcionamiento coordinado de los resonadores
bucal y faríngeo. La pérdida parcial o total de la audición altera dicho
funcionamiento. El tono nasal del lenguaje de los sordos se debe, en
parte, por ejemplo, a la falta de control auditivo en la regulación de los
movimientos de la lengua y del analizador faríngeo.
Cabe finalmente señalar que la regulación nerviosa de los
movimientos de la faringe, de la laringe y de los bronquios, tiene una vía
común, lo cual permite que los cambios en la capacidad del resonador
faríngeo se reflejen inmediatamente en el aparato respiratorio y, como tal, se
regule la corriente de aire que pasa entre las cuerdas vocales. Esta
regulación en los mecanismos de emisión del sonido permite que la
pronunciación verbal tenga una modulación diferenciada.
MECANISMOS FISIOLÓGICOS EN LA
PRODUCCIÓN SONORA DEL
LENGUAJE
Se ha señalado que la producción del lenguaje articulado es una
cualidad exclusiva del hombre, el cual se correlaciona con un conjunto de
peculiaridades morfológicas y mecanismos fisiológicos, los cuales
influyen de manera decisiva sobre las características del habla. Por eso
ciertos rasgos fonéticos son comunes a todas las lenguas y muchos otros
son altamente frecuentes.
La emisión de un fonema exige la realización de determinadas
maniobras neuromusculares, así como la generación de corriente de aire
que debe ser modulada a diferentes niveles del aparato fonador. Las
características neuromusculares, únicas en el hombre, hacen posible la
emisión de sonidos que son utilizados como unidades informativas del
lenguaje.
La musculatura facial del hombre tiene una estructura y disposi-
ción anatómica diferente y muy superior a la de cualquier primate.
Esta superioridad no sólo es morfológica, pues su intrincado
entrelazamiento muscular facilita la emisión y articulación de los
sonidos del habla. El músculo risorius de Santorini es privativo del
hombre; los músculos de los labios (orbicularis oris) y las fibras que
rodean el margen de la boca (pars marginalis), tal como se observa en
la gráfica siguiente, presentan una extraordinaria predominancia con
respecto a los primates, permitiéndo aperturas y cierres rápidos
necesarios para la articulación de los fonemas.
Según Lenneberg (1967), la musculatura facial del hombre es
determinante para la producción de los sonidos del habla. La boca
pequeña, extremadamente móvil y con labios poderosos, permite una
acumulación rápida del aire, el cual, al ser liberado
instantáneamente cuando se abre en forma brusca la boca, genera las
consonantes oclusivas como la /b/, la /p. Si la apertura es menos brusca y
se mantiene el cierre en presencia de la vocalización, se produce la
consonante /m/. La anatomía estructural de la boca es también necesaria
para la producción de todas las vocales, las labiodentales y otras.
Esto significa que aun las formas de vocalización más frecuen- tes y
de más temprana aparición se basan en estos aspectos generales de
organización neuromuscular, estructuras que filogenética y
ontogenéticamente han mostrado un mayor valor adaptativo.
Por otro lado, la estructura de la laringe en el hombre presenta una
serie de peculiaridades, las que favorecen a la producción y emisión del
sonido verbal.
Según Lenneberg, la configuración del aparato fonador influye y
condiciona las características acústicas del habla, interviniendo dos
factores fundamentales para la elaboración de los sonidos:
a) La naturaleza de la estructura general del aparato fonador, que
incluye los espacios geométricos del tracto vocal que funciona
como un sistema de resonancia y, también, el carácter de los
movimientos de los articuladores que permiten modular los soni- dos
fundamentales y sus armónicos.
b) La fisiología de la inervación y la estructura de la coordinación
motora son las que permiten la realización de los movimientos
necesarios para que el aparato fonador opere cambios permanentes
en forma rápida pero precisa.
LA RESPIRACIÓN Y LA EMISIÓN DEL HABLA
En la emisión de los sonidos del lenguaje se aprovecha la mis- ma
fuente de aire utilizada en la espiración. Para esto se dispone de
mecanismos adaptativos que permiten la expresión del habla al mismo
tiempo que se conserva una respiración normal y una utilización
adecuada del aire.
La modulación del aire en los pulmones constituye la fuente básica
para producir todos los sonidos del habla, interviniendo en el control del
volumen del aire tres mecanismos fundamentales:
1. La acción del diafragma, que es el músculo respiratorio situado en
la base de la caja toráxica.
2. La acción de los músculos intercostales, que intervienen tam- bién
en la respiración levantando y aumentando el volumen de la caja
toráxica.
3. La acción de los músculos espiratorios, que son los más impor-
tantes para la producción de los sonidos del lenguaje. Los músculos
intercostales internos hacen descender a la caja toráxica y
disminuyen su volumen, obligando al aire a circular hacia el
exterior. El aire al salir de los pulmones atraviesa la glotis
dirigiéndose hacia la cavidad nasal durante la respiración normal, o
hacia la cavidad oral durante el habla.
De esta forma, en la producción del sonido del habla participan una
serie de mecanismos de adaptación respiratoria, los cuales
permiten mantener la oxigenación normal en el sujeto, a pesar de que el
habla se mantenga durante horas sin producir un grado excesivo de fatiga.
Algunos especialistas consideran que la presión ejercida a tra- vés
de la glotis (presión transglotal) se relaciona positivamente con la
intensidad así como con la frecuencia fundamental de la señal verbal.
Igualmente, a la intensidad de la señal sonora hay que agregar el tono
fundamental del lenguaje dado por la frecuencia de la vibra- ción de las
cuerdas vocales y la presión ejercida por el aire proce- dente de los
pulmones.
De lo dicho se colige que los factores básicos que afectan la
frecuencia fundamental de un sonido están dados por modificacio- nes
en la longitud, espesor y tensión longitudinal de las cuerdas vocales.
Cuando las cuerdas se cierran, se interrumpe momentá- neamente el
flujo de aire y cuando se abren se libera la presión acumulada,
repitiéndose cíclicamente este proceso de acuerdo con la fonación
adoptada. En los fonemas sonoros las cuerdas vocales se aproximan
(aducen), en tanto que en los sonidos sordos se separan (abducen), de
manera tal que no vibran con el flujo del aire.
MECANISMOS EN LA ARTICULACIÓN DE LOS
SONIDOS DEL HABLA
Desde las cuerdas vocales el aire pasa al tracto vocal constitui- do
por los resonadores bucal, faríngeo y nasal. Esto permiten la
producción de sonidos diferentes, dependiendo de la forma en que el aire
es obligado a circular a través del tracto vocal.
Para la emisión de las consonantes, el aparato fonador crea
determinados obstáculos o barreras a la salida libre de la corriente de
aire, produciéndose la emisión de distintos fonemas y la articula- ción de
los mismos. Algunas consonantes como las oclusivas no se pueden
producir sin la presencia de un sonido vocal, refiriéndose la consonante a
la posición inicial o final adoptada por el aparato fonador para la
producción del fonema.
Debido a que durante la producción de las consonantes el flujo de
aire es obstruido en algún sitio del aparato fonador, es posible
clasificarlas de acuerdo con el punto de articulación que actúa de
obstructor o modificador de la corriente de aire, clasificación que es
tratada en un capítulo posterior.
EL SISTEMA NERVIOSO Y EL CONTROL DE LA
ARTICULA- CIÓN DEL LENGUAJE VERBAL
El control y la regulación del lenguaje articulado depende del
sistema nervioso central, específicamente de la corteza cerebral.
El control expresivo del lenguaje se origina en la región motora de
la corteza cerebral (Luria, 1980). El lugar específico que participa en la
organización secuencial de los movimientos efectuados durante la
expresión verbal, es el área de Broca. Tal control es ejercido a través de
los nervios craneales: el trigémino (V), el facial (VII), el glosofaríngeo
(IX), el vago (X), el accesorio del par XI y principalmente
el hipogloso, originados a nivel del romboencéfalo.
No obstante, la acción de estos nervios no es suficiente para dar
total cuenta de la actividad neuromuscular requerida durante la emisión
del aspecto acústico del lenguaje; ciertos nervios espinales, por ejemplo,
desempeñan también algún papel en tal actividad aunque de manera
secundaria. Igualmente, los músculos implicados en la respiración están
controlados por los nervios cervicales y toráxicos del tracto piramidal y
naturalmente el control respiratorio es de im- portancia primaria para la
expresión del habla.
Todo este complejo sistema de neuromecanismos intervienen en la
articulación y emisión acústica del lenguaje verbal, y es de suponerse
que la alteración en cualquiera de los eslabones de dicho sistema origina
dificultades específicas en su expresión.