La lengua en movimiento | Orlando Muñoz Pineda
1_LA COMUNICACIÓN LINGÜÍSTICA
Yo me conozco y llego a ser yo mismo al manifestarme para el otro, a través del otro y
con la ayuda del otro. Los actos más importantes que constituyen la autoconciencia se
determinan por relación a la otra conciencia… Y todo lo interno no se basta por sí
mismo, está vuelto hacia el exterior, está dialogizado, cada vivencia llega a ubicarse
sobre la frontera, se encuentra con el otro, y en este intenso encuentro está toda su
esencia… El mismo ser del hombre, tanto interior como exterior, representa una
comunicación más profunda. Ser significa comunicarse.
—Mijaíl Bajtín—
La comunicación
La vida social, tal como la experimentamos, es imposible sin la comunicación. A
partir del acto comunicativo los individuos obtienen información acerca de su
entorno y la comparten con los demás, lo que les permite enfrentarse con éxito a
las necesidades, inquietudes y demandas de la vida cotidiana. Comunicarse es,
pues, vivir en comunidad. De hecho, etimológicamente, el término comunicación
procede del latín communicatio, que puede traducirse como “puesta en común”
o, simplemente, como “acción de compartir algo”.
En el proceso de comunicación un emisor transfiere información codificada
y un receptor la descodifica, es decir, la comprende. Los seres vivos se
comunican de muy diversas maneras: mediante bramidos, palabras, colores,
fluidos, señales, olores, vibraciones, caricias, cantos, rituales,
movimientos… Y lo hacen por diferentes motivos, de carácter individual o
social: para expresar y compartir informaciones, deseos, afectos,
experiencias, opiniones, inquietudes, advertencias, estados, emociones e
ideas.
El acto comunicativo humano puede ser verbal o no verbal. La comunicación
verbal o lingüística es la que se lleva a cabo mediante el uso de una lengua o
idioma. Por oposición, designamos como comunicación no verbal o no
lingüística a todo intercambio de información que no requiere de palabras,
como cuando se recurre a las mímicas, los gestos, las señales de tránsito, los
íconos, los silbidos, los timbres, la música, los números, los símbolos, etc.
Los factores o elementos de la comunicación lingüística
Según Roman Jackobson (1996), el acto comunicativo se manifiesta
operativamente así: en un contexto de referencia determinado, a través de un
canal específico y valiéndose de un código social común, el sujeto emisor envía
al sujeto receptor un mensaje con un determinado referente. Por lo que, de la
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comunicación verbal o lingüística, podemos deducir o identificar los siguientes
factores o elementos:
a) Emisor: es el sujeto que codifica y envía un mensaje. Se puede llamar
también hablante, locutor, escritor, codificador o fuente del mensaje. Juan
Pablo Duarte es el emisor de la siguiente estrofa: “Los blancos, morenos,
cobrizos, cruzados, / marchando serenos, unidos y osados, / la Patria
salvemos de viles tiranos, / y al mundo mostremos que somos hermanos”.
b) Código: es el sistema o conjunto de signos y de reglas que permiten
elaborar y comprender mensajes. En la comunicación lingüística se trata
de cualquier lengua o idioma común entre el emisor y el receptor. El
código del Himno Nacional Dominicano, por ejemplo, es el español.
c) Mensaje: es el contenido significativo o la información codificada. Se trata
de un enunciado o una serie de enunciados que el emisor elabora al
seleccionar y combinar los signos del código lingüístico. He aquí un breve
mensaje de José Martí: “Solo el amor engendra melodías”, cuyo sentido o
valor significativo va dirigido a comunicar que el afecto o sentimiento
amoroso procrea sensaciones agradables y armonía entre quienes lo
comparten.
d) Canal: es el medio, soporte o conducto físico a través del cual se transmite
el mensaje. En la lengua oral, se trata del aire, por donde las ondas sonoras
del habla se desplazan a 340 m/s; en la lengua escrita, se trata de soportes
como el papel o la pantalla, donde se imprimen los caracteres gráficos.
e) Referente: es la entidad o realidad extralingüística a la que se alude en el
mensaje. Se trata de aquello que se designa con las palabras, que puede
corresponderse con los objetos, los seres, los conceptos y los fenómenos
del mundo tal como son concebidos o percibidos por las personas. Por
ejemplo, el referente de la palabra “maní” es una semilla o fruto seco.
f) Receptor: es el sujeto que recibe y decodifica el mensaje enviado por el
emisor. Se le puede llamar oyente, lector, decodificador o destinatario del
mensaje. Tú, por ejemplo, al escuchar a alguien o al leer, eres el receptor
del contenido que se ha destinado para ti.
Funciones lingüísticas en el proceso comunicativo
Jakobson plantea además que la expresión lingüística soporta un paquete de
funciones que se refieren a los distintos factores que hacen posible la
comunicación. En otras palabras, que a cada uno de los factores de la
comunicación le corresponde una función lingüística distinta, como se resume a
continuación:
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CONTEXTO
F. Referencial
↑
CANAL
F. Fática
↑
EMISOR → MENSAJE→ RECEPTOR
F. Emotiva F. Poética F. Apelativa
↑
CÓDIGO
F. Metalingüística
a) La función referencial o simbólica se centra en la realidad o referente y se
manifiesta comúnmente en textos de orientación científica, técnica,
didáctica e informativa. Ejemplo: Hoy hace mucho calor.
b) La función metalingüística se centra en el código, por lo que suele
manifestarse en textos lingüísticos o gramaticales en los que se explica el
propio funcionamiento de la lengua. Ejemplo: Las conjunciones funcionan
como nexos de coordinación sintáctica.
c) La función emotiva, sintomática o expresiva se centra en el emisor y se
pone de manifiesto al expresar sentimientos, estados de ánimo o
emociones. Ejemplo: ¡Ah, cuánto me gustaría un helado a esta hora!
d) La función poética o estética se centra en la forma de enunciar el mensaje,
y se manifiesta en los textos en que predomina la actitud e intención
creativa del emisor. Ejemplo: “Hoy quiero recordar tu rostro entre mis manos
y evocar la dulce luz de aquel primer beso en la penumbra”.
e) La función apelativa o conativa se centra en el receptor y se pone de
manifiesto en los textos dialogados en que se llama la atención del
destinatario a los fines de motivar una reacción o influir sobre su conducta.
Ejemplo: Ernesto, ¿podrías pasarme la sal, por favor?
f) La función fática o de contacto se centra en el canal de comunicación y se
manifiesta al ocuparse el emisor de mantener el contacto o cerciorarse de
que el medio de comunicación funciona. Ejemplo: ¡Hola! ¿Me oyes?
El contexto
Para ciertos autores, el referente queda incluido en un concepto más amplio: el
contexto, que tiene que ver con todo lo que rodea al acto de comunicación; es
decir, con el conjunto de circunstancias y conocimientos necesarios para
comprender el significado y la intención de los enunciados. Podemos identificar
dos tipos básicos de contextos, uno lingüístico o hacia el interior del texto, y otro
extralingüístico o exterior al texto.
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El contexto lingüístico es el texto en que se inscribe una palabra; es decir, el
entorno verbal que la acompaña, el conjunto de palabras que le precede o le
sucede en la totalidad del discurso, y que por lo tanto condiciona o
determina la interpretación del sentido auténtico del mensaje de cada uno
de los enunciados y de la totalidad de los mismos.
El contexto extralingüístico es la situación general en que se inscribe el
discurso; es decir, el lugar, el momento, la audiencia y el tipo de registro
usado en el acto lingüístico. Se trata pues de las circunstancias inmediatas
en que se manifiesta la acción comunicativa. Algunos autores lo clasifican
en histórico y sociocultural:
• Contexto histórico: se refiere a la época o el momento histórico de la
producción textual.
• Contexto sociocultural: alude a los hábitos, las costumbres, las normas y
estructuras sociales, el sistema político-económico, las creencias, etc.,
que sirven de marco de referencia y podrían ayudar a comprender el
texto.
Situación de comunicación e intención comunicativa
Todo acto de comunicación se enmarca dentro de una situación específica y
responde a una intención por parte de los sujetos involucrados en ella.
Llamamos situación de comunicación a las circunstancias que enmarcan el acto
comunicacional. La misma está determinada por el escenario, el tiempo, los
sujetos de la interacción y la conducta sociolingüística que éstos asumen.
Theodor Lewandowski (2000) plantea que el hablante se encuentra siempre en
situaciones comunicativas constituidas por relaciones sociales establecidas, que
requieren o exigen una verbalización apropiada al rol social y al contexto.
En la práctica, a cada situación comunicativa verbal le corresponde un registro
lingüístico, que no es más que una variante de la lengua condicionada por
factores socioeconómicos y culturales. Frente a distintas situaciones de
comunicación, los hablantes se ven precisados a autorregular o adecuar
permanentemente su forma de hablar. Tales registros pueden ser formales o
informales. El caso es que la conducta lingüística varía según se esté en la casa,
en la calle, en la iglesia, en un aula, en la intimidad de la alcoba o ante un
micrófono en un acto público.
Asimismo, la intervención de cada hablante en cualquier situación se halla
determinada por una intención comunicativa, es decir, por un propósito
determinado. Las intenciones pueden ser muy diversas: apelativas, expresivas,
informativas, directivas, preventivas, referenciales, didácticas, interrogativas,
persuasivas, satíricas, estéticas o metacomunicativas.
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Competencia comunicativa y competencia lingüística
La competencia lingüística se refiere al conocimiento implícito que un hablante
tiene de su lengua. Siguiendo al lingüista estadounidense Noam Chomsky
(Ducrot & Todorov, 2003), la competencia lingüística se plantea como un sistema
de reglas gramaticales que los humanos adquirimos o interiorizamos durante la
etapa de aprendizaje de la lengua y que utilizamos al actuar verbalmente. Implica
en las personas tanto la capacidad de producir y comprender una cantidad
ilimitada de mensajes verbales o actos de habla, como también la de reconocer
cuándo hay errores en las oraciones que los conforman, lo que luego permite
corregirlas.
Obviamente, la competencia lingüística es el aspecto central de una competencia
mucho más amplia: la comunicativa. Podemos definir la competencia
comunicativa como la capacidad de poder interactuar en actos concretos de
comunicación, verbales o no verbales. Implica no solo dominar situaciones de
habla sino también cualquier otro código o sistema de signos diferente que
permita el intercambio de información en sociedad.
La competencia comunicativa comprende las capacidades y los
conocimientos que evidencia una persona al utilizar sistemas lingüísticos y
extralingüísticos. Involucra actitudes, valores y motivaciones relacionadas
con la lengua y con los demás sistemas de comunicación no verbal. La
competencia comunicativa se va adquiriendo durante el proceso de
socialización del individuo, por lo que está condicionada
socioculturalmente.
Comprensión, expresión e interacción son las tres grandes competencias
vinculadas al proceso paulatino de adquirir o aprender una lengua. En
términos estrictamente lingüísticos, se trata de cuatro capacidades:
escuchar, hablar, leer y escribir, a las que se le suma otra de carácter
pragmático: la habilidad para interrelacionarnos con los demás.
En el plano oral, dominar una lengua supone desarrollar la capacidad de
escuchar y de hablar, lo cual exige, según Sánchez Lobato y otros (2006),
“controlar los registros más coloquiales de la lengua y los ritos culturales
que forman parte de la vida diaria en la cultura cuya lengua se aprende”.
Por el contrario, en el plano gráfico, plantean dichos autores que “el
dominio de la lengua escrita implica la práctica sistemática del vocabulario
y de las estructuras morfosintácticas más formales, así como conocer y
practicar las referencias culturales formales”.
Principios y beneficios de la comunicación
Rafael Obregón (2006) nos dice que “la comunicación contribuye a la
transformación de los entornos sociales, a la movilización de comunidades e
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individuos para la búsqueda del bien común, a la generación de debate público
que conduce a la reducción de inequidades, a facilitar la vinculación de grupos e
individuos a procesos productivos y a generar espacios de fortalecimiento de
identidad cultural y cohesión social”.
El buen funcionamiento de cada uno de los elementos o factores del acto
comunicativo favorece la comunicación eficaz. Por lo que cualquier instancia que
falle, debido al ruido o a alguna interferencia, distorsiona de una u otra manera
la comunicación. Enumeramos a continuación algunos principios y beneficios de
la comunicación:
• La comunicación es una necesidad individual y social. Ciertamente, el
desarrollo de toda persona y de toda sociedad depende en gran medida
de la cantidad y la calidad de la información que obtiene y comparte de su
entorno. Toda sociedad se sustenta en la interacción comunicativa de los
hombres y las mujeres que la conforman.
• Los actos de comunicación crean y desarrollan comunidad. La comunicación es
esencial para crear confianza entre las personas y para conseguir que se
comprometan con un propósito común o con una visión determinada.
• La comunicación sustenta y desarrolla las culturas, promueve la participación y,
en los sistemas políticos más evolucionados, sustenta la democracia. De hecho, la
comunicación está siempre en la base de todos los aprendizajes e
intercambios socioculturales. Con ella se ponen de manifiesto las
oportunidades de interacción entre las personas, y sin ella resultaría
inconcebible cualquier tipo de organización social.
• La comunicación libera psicológicamente al individuo y le permite unirse a los
demás. Puesto que los intercambios verbales y no verbales resultan en la
práctica fundamentales para que las personas expresen y compartan sus
emociones, sus inquietudes, sus temores, sus deseos más íntimos, sus
sentimientos o afectos, sus esperanzas.
• La precisión y la veracidad otorgan calidad al acto comunicativo. Por ello, cuanto
mejor uso haga el emisor de su competencia lingüística y cuanto más
creíble sea la información que se comparte, más eficaz y confiable resultará
el acto comunicativo.
Problemas y obstáculos de comunicación
La comunicación verbal puede ser entorpecida por lo que los teóricos de la
comunicación llaman ruido. El ruido se refiere a cualquier interferencia en el acto
comunicativo (estridencia, distracción, interrupción, etc.) que, al afectar a
cualquiera de los elementos o factores de la comunicación, impide la recepción
plena del mensaje.
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Entre las principales barreras para la comunicación efectiva, varios autores
identifican las siguientes:
a) Diferencia de códigos: Se trata no solo del manejo de idiomas distintos,
sino también de diferentes variantes sociolectales, lo que obviamente
dificulta la comunicación lingüística entre dos personas.
b) Discrepancia de referentes: Ocurre si no existe coincidencia entre el emisor
y el receptor respecto al conjunto de experiencias o conocimientos a que
alude una palabra o el mensaje.
c) Recepción selectiva: Se manifiesta cuando el receptor solo se interesa por
descodificar las informaciones que reafirman sus creencias, al tiempo que
bloquea las que no le favorecen.
d) Prejuicio social: Se trata de ciertos juicios de valor a priori, o sea, de alguna
opinión previa, positiva o negativa, respecto al emisor o a la información
que ofrece. También aplica a las conductas comunicativas derivadas de
diferencias ideológicas, de estatus, de grupos o de clases sociales, lo que
provoca reservas o antipatías entre emisor y receptor.
e) Desconfianza o incredulidad: Se refiere al escaso grado de fe o confianza
en el emisor y sus palabras.
f) Ambigüedad semántica: Se manifiesta cuando el mensaje se presta a ser
descodificado o interpretado en más de un sentido, lo que suele prestarse
a tergiversaciones, pues aunque la información se transmite, el
entendimiento no.
g) Manipulación informativa: Ocurre cuando el emisor, atendiendo a algún
interés particular, distorsiona o disimula la información a fin de
influenciar la manera en que esta pueda ser percibida por el receptor.
h) Proximidad inapropiada: Se manifiesta cuando el grado de distancia o de
acercamiento físico entre emisor y receptor influye negativamente en la
conducta comunicativa. Tanto la lejanía como el uso del espacio individual
del otro pueden levantar barreras entre dos personas al intentar entablar
comunicación.
i) Presión de tiempo: Ocurre cuando alguien es dejado fuera del canal formal
de comunicación debido a que no se dispone de tiempo suficiente para
compartir información, por lo que entre emisor y receptor se produce un
cortocircuito comunicacional.
j) Carga informativa inadecuada: Se refiere a la escasez o sobreabundancia
de información al comunicarse, lo cual suele provocar curiosidad,
incertidumbre o hastío en el receptor.
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A los obstáculos que impiden la eficiencia del acto comunicativo, Celinda
Fournier (2002) les llama interferencias. La autora las clasifica en físicas,
fisiológicas, psicológicas, semánticas y técnicas:
• Las interferencias físicas se vinculan a lugares incómodos o inapropiados,
al ruido ambiental, a la temperatura, el color, la iluminación, el volumen
de la voz, el tamaño o la forma de las letras, etc.
• Las interferencias fisiológicas se asocian a dolores o enfermedades, sueño,
falta de visión o audición, tartamudez, ronquera, etc.
• Las interferencias psicológicas tienen que ver con diferentes tipos de
actitudes negativas, tales como intolerancia, menosprecio, agresividad,
falta de interés o de atención, prejuicios, timidez, preocupaciones, etc.
• Las interferencias semánticas (o lingüísticas) se refieren a la mala dicción,
uso inadecuado de tecnicismos, vulgarismos, extranjerismos o
regionalismos, así como a las diferencias culturales entre emisor y
receptor.
• Las interferencias técnicas aluden a problemas en el canal de
comunicación seleccionado, debido a desperfectos o a deficiencias
mecánicas, eléctricas, acústicas o electrónicas.
Sugerencias para mejorar la comunicación lingüística
Como habrá podido apreciarse y deducirse, los obstáculos del acto comunicativo
eficaz pueden ser muchos y muy diversos. Para contrarrestar estos problemas se
sugieren, entre otras, las siguientes alternativas o estrategias de actuación:
• seleccionar entornos o ambientes favorables
• mostrar empatía, cortesía o respeto por el otro
• ser conscientes de gestos, posturas, ademanes, miradas
• incentivar la confianza mutua entre los interlocutores
• dar seguimiento continuo al proceso comunicativo
• elegir y usar apropiadamente las palabras
• regular adecuadamente la cantidad o el flujo de información
• ser sincero
• esforzarse por expresarse con claridad y corrección
• usar un nivel de lengua apropiado al receptor
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• emplear un adecuado volumen de voz o una letra legible
• verificar si el mensaje está siendo comprendido
• escuchar atentamente y esforzarse por entender
• aclarar, repetir o retroalimentar oportunamente el tema o asunto que se
trata
• emplear diversos canales de comunicación si es necesario
• dedicar a la comunicación el tiempo necesario para su óptimo desarrollo.