“La mirada conductista y el control de la conducta a través del
reforzamiento”
El paradigma conductista nació en la década de 1930 a partir de numerosas investigaciones
básicas realizadas en un laboratorio; este paradigma tiene una larga tradición de estudio y
de intervención, es uno de los que más proyecciones de aplicación han generado en la
psicología educativa.
Su fundador de este paradigma conductista fue J.B. Watson quien expuso su programa y
concepción a partir de un sexto seminal escrito por él mismo en 1913, “La psicología desde
el punto de vista de un conductista”.
Más adelante en algunos años después creció el movimiento neoconductista con cuatro
derivaciones que disputaban la supremacía académica, cuatro nuevos planteamientos fueron
el conductismo asociacionista de E. Guthrie, el conductismo metodológico de C. L Hull, el
conductismo intencional de E. L. Tolman y finalmente el conductismo operante de B. F.
Skinne.
El principio de reforzamiento nos habla que una conducta incrementa su frecuencia de
ocurrencia, si está influenciada por las consecuencias positivas que produce. Se le
denomina reforzador a la aparición de un estímulo consecuente fortalece la ocurrencia de
una respuesta. Los reforzadores pueden ser de dos tipos: (ER+) o negativos (ER-). El
reforzamiento positivo es generalmente "placentero” y produce una alta probabilidad de
que la conducta vuelva a ocurrir, en cambio el reforzamiento negativo, es algo aversivo o
"desagradable", y la conducta se incrementa ante su presencia, porque lo suprime.
El principio de control de estímulos nos explica que cada reforzamiento, además de
incrementar la ocurrencia de una operante a la cual sigue, también contribuye a que ésta
esté bajo el control de estímulos presentes cuando la operante es reforzada. Eso nos da a
entender que estos estímulos llamados discriminativos, pueden alcanzar a controlar la
conducta toda vez que se cumplan las condiciones. De hecho, lo que el sujeto hace cuando
se deja guiar por un discriminativo para emitir sus conductas es discriminar a dicho
estímulo de entre otros similares y diferentes.
El principio de los programas de reforzamiento nos dice que cuando se refuerzan todas las
conductas operantes emitidas por un sujeto, se dice que está en operación un programa de
reforzamiento continuo; Pero de lo contrario cuando se refuerzan algunas y no otras de las
respuestas, según criterios de tiempo o de número de respuestas, entonces decimos que
estamos aplicando un programa de reforzamiento intermitente.
Los criterios de los programas de reforzamiento intermitente pueden ser divididos en dos
tipos: los programas de intervalo y los programas de razón. Los de intervalo, que a su vez
pueden ser fijos o variables, especifican condiciones de tiempo para administrar los
estímulos reforzadores. También en los programas de razón, que igualmente pueden ser
fijos o variables, se señala que las conductas serán reforzadas toda vez que haya ocurrido
un determinado número.
El principio de complejidad acumulativa nos menciona que todas las conductas complejas
son producto del encadenamiento acumulativo de una serie de respuestas. Las conductas
complejas, como leer, escribir, hablar, etc., se supone están sujetas al mismo proceso de
aprendizaje de encadenamiento de respuestas.
El enfoque en el método de enseñanza del conductismo cosiste básicamente en el arreglo
adecuado de las contingencias de reforzamiento, con el fin de promover con eficacia el
aprendizaje del alumno, además que consiste en promocionar contenidos o información en
el alumno para que él lo adquiera.
La conceptualización del alumno expresa que se concibe al alumno como un sujeto activo
cuyo desempeño y aprendizaje escolar puede ser arreglada o reareglados desde el exterior
siempre y cuando se realicen los ajustes ambientales y curriculares necesarios.
Concepción del maestro en su enfoque principal de trabajo para el maestro consiste en
desarrollar una adecuada serie de arreglos de contingencia de reforzamiento y control de
estímulos para enseñar; Un maestro eficaz debe de manejar hábilmente los recursos
tecnológico-conductuales de este enfoque de principios, procedimientos, programas
conductuales, para lograr niveles de eficiencia en su enseñanza y, sobre todo, éxito en el
aprendizaje de sus alumnos.
El aprendizaje ha sido una de las categorías psicológicas que más han investigado los
conductistas que explican como el aprendizaje de manera descriptiva como un cambio
estable en la conducta.
Otras de las cuestiones importantes del aprendizaje conductista mencionan que si es de
nuestro interés lograr que un alumno adquiera o aprenda un repertorio conductual, es
necesario utilizar los principios o procedimientos, entre los cuales el más importante es el
reforzamiento.
Algunas estrategias de enseñanza técnicas instruccionales tienen las siguientes
características que a continuación voy a mencionarles:
Definición explícita de los objetivos del programa.
Presentación secuenciada de la información, según la lógica de dificultad creciente
asociada al principio de complejidad acumulativa.
Participación del estudiante.
Reforzamiento inmediato de la información.
Individualización (avance de cada estudiante a su propio ritmo).
Registro de resultados y evaluación continua.
Para la construcción de un programa de enseñanza se requieren de tres pasos que son los
siguientes:
Determinación de los objetivos del programa y análisis de las variables que hay que
considerar.
Redacción del programa.
Rectificación y validación del programa.
Algunas directrices para mejorar la enseñanza son:
o Ser claro acerca de aquello que se va a enseñar.
o Asegurarse de enseñar, en primer lugar, lo que se considere necesario para el
aprendizaje de cosas más complejas.
o Permitir que los estudiantes avancen a su propio ritmo.
o Programar los temas.
Para finalizar por último punto hablaremos acerca de la evaluación conductista según antes
de ser sometido al programa, durante el avance y al final del mismo, el alumno es evaluado
para corroborar sus conocimientos previos, su progreso y su dominio final de los
conocimientos o habilidades enseñados.
Los instrumentos de evaluación se conciben y elaboran con base en los objetivos
enunciados previamente en el programa y tomando en cuenta la conducta observable, los
criterios y las condiciones de ocurrencia de la misma; todo ello con el fin de asegurar la
objetividad de la evaluación.
En este paradigma, el énfasis de las evaluaciones se centra en los productos del aprendizaje
y no en los procesos, es decir, lo que interesa saber es qué ha conseguido el alumno al final
de un ejercicio, una secuencia o un programa determinado, sin intentar ir más allá en busca
de los procesos cognitivos, afectivos, etc. Que intervinieron durante el aprendizaje, o que,
al final, cuando ya se ha alcanzado el resultado deseado, están provocando que éste ocurra.
Otra característica importante es que las evaluaciones no deben ser referidas a normas,
como lo hacen las pruebas psicométricas, sino a criterios, porque lo que importa es medir el
grado de la ejecución de los conocimientos y habilidades en cuanto a niveles absolutos de
destreza (Carlos, Hernández y García 1991).