TEMA 3: LA DIVERSIDAD DEL MEDIO GEOGRÁFICO EN EL PLANETA.
LA
INTERACCIÓN DE FACTORES ECOGEOGRÁFICOS.
RC: 1º GH; 3º GEO
2º GEO
BIBLIOGRAFÍA:
VV.AA: MD Arilla (Coord): Geografía Física. UNED.
Gutiérrez Elorza: Geomorfología climática
ÍNDICE
1. El medio geográfico y su diversidad
2. Geomorfología
3. Hidrología
4. Climatología
4.1. Grandes dominios morfoclimáticos
5. Edafología
6. Vegetación (flora)
7. Factores ecogeográficos y su interacción
7.1. Dominios cálidos
7.2. Dominios áridos
7.3. Dominios templados
7.4. Dominios fríos
CONCLUSIÓN
Introducción: El medio geográfico y su diversidad
En el presente tema abordaremos el espacio geográfico tanto desde el punto de vista material
(biotopo) como biológico (biocenosis) de distintos medios que aparecen en la Tierra. El resultado
será el análisis de las regiones biogeográficas (bioclimáticas y biomorfológicas) y los ecosistemas
que contienen. Las regiones biogeográficas pueden dividirse por extensión, según Demangeot, en
zonas (+2000 km2), dominios(1000-2000 km2), regiones (100-1000 km2) y nichos.
La interacción de elementos bióticos y abióticos ha generado una gran variedad de paisajes que han
configurado distintas biocenosis. La base física de estas biocenosis es el biotopo, que está
compuesto esencialmente por la GEOMORFOLOGÍA, la CLIMATOLOGÍA y la HIDROLOGÍA.
1. GEOMORFOLOGÍA
La curva hipsométrica muestra irregularidades en la tierra muy moderadas. La altura media de los
continentes es de 700m, mientras que la curva de Trabert fija la profundidad media de los mares
en 4700m. Dichas irregularidades han sido creadas por las grandes deformaciones de la corteza
terrestre (procesos diastróficos), causas de levantamientos, hundimientos, plegamientos y fallas.
Los movimientos epirogénicos intervienen en la elevación o la basculación de las grandes
plataformas o cratones. Su orientación es vertical y se producen de manera lenta y sostenida en el
tiempo. Como consecuencia de la basculación (como la que sufrió la Península Ibérica hacia el
Atlántico durante el Terciario) puede generar relieves monoclinales, o estructuras aclinales como
consecuencia del abombamiento.
Los movimientos orogénicos, por su parte, provocan potentes plegamientos, cabalgamientos,
estructuras falladas y levantamiento de cadenas montañosas sujetas a empujes laterales muy severos
(orogénesis alpina).
Los movimientos ígneos generan la recristalización de las rocas fundidas que afloran a la superficie
como rocas volcánicas.
Los movimientos eustáticos son los que generan variaciones del nivel del mar en ámbito planetario
como consecuencia de las variaciones de capacidad en las cuencas oceánicas.
Con estos movimientos se ha ido generando la estructura litológica del relieve, que entra en
contacto con los diversos factores bióticos y abióticos que le dan el aspecto que conocemos. La
litosfera está formada por sucesión de placas en constante movimiento, ya que están flotando sobre
la astenosfera.
1.1. Estructura litológica del relieve continental
Las estructuras más antiguas de la Tierra son los Escudos, que constituyen el armazón de los
continentes y están formados por rocas graníticas o metamorfizadas cuyo origen está en el
Precámbrico. No han estado sumergidos bajo el mar debido a que sufrieron empujes tectónicos
verticales, y resistieron la influencia de los empujes horizontales. Tan solo la erosión ha modificado
su apariencia actual.
Los continentes y los cratones son aquellas masas terrestres asentadas sobre el armazón
precámbrico, cubriéndolos de estructuras sedimentarias (materiales más modernos). Por cratón
entendemos aquella masa continental que ha alcanzado tal grado de rigidez en el pasado que no se
ha visto fragmentada o plegada por los movimientos orogénicos posteriores. En las plataformas
continentales encontramos estructuras como los páramos o las mesas de estructura estratificada,
a los que la erosión diferencial ha afectado generando relieves en cuesta, cerros testigo o antecerros.
En los cratones observamos estructuras llanas, con relieves poco abruptos y con presencia de rocas
cristalinas de origen metamórfico.
Los geosinclinales son antiguas fosas marinas en las que se depositan sedimentos sobre las que
operan diversos mecanismos. Pueden formarse cordilleras en los bordes como resultado de la
colmatación de sedimentos, puede hacerse más profunda por el peso de los mismos, puede generar
flysch o ser afectada por movimientos tectónicos.
Las cordilleras son zonas levantadas por compresión en la corteza terrestre. Su distribución global
está relacionada con la presencia de cinturones orogénicos, es decir, zonas de colisión de placas
terrestres y marinas con propensión a los seísmos y al vulcanismo. Distinguimos entre las antiguas
(precámbricas, caledonianas y hercinianas), que presentan un relieve típicamente apalachense y en
ocasiones han sido reactivadas. Las “nuevas” son las alpinas, con relieves más abruptos y de
configuración jurásica, sajónica o germánica.
1.2. La litología y los medios geomorfológicos
En cuanto a la litología, las rocas pueden ser de tres tipos: ígneas, metamórficas y sedimentarias.
Las rocas ígneas son el producto de la solidificación del magma, ya sea dentro de la corteza terrestre
(plutónicas intrusivas, granito) o expuesta a los agentes atmosféricos (volcanicas, basalto). Las
sedimentarias se forman mediante la actuación de agentes atmosféricos sobre rocas preexistentes,
creando procesos de sedimentación, fragmentación o meteorización (caliza). Las rocas
metamórficas son aquellas sedimentarias o ígneas que experimentan un cambio en su composición
química al estar mucho tiempo expuestas al sol, la meteorología y la presión.
El comportamiento de la litología respecto a las distintas variables y procesos que configuran el
relieve son la base del modelado terrestre. Estos procesos pueden ser orogénicos (frente a los
cuales, las rocas duras se fragmentan y las blandas se pliegan), erosivos, de arrastre de sedimentos o
procesos más complejos de sedimentación, crioclastia, disolución, gelifracción, hidroclastia… etc.
A esto debemos sumar la influencia de los seres vivos sobre el medio, en lo que se conoce como
procesos de bioclastia.
Los efectos de los diversos agentes externos e internos, como hemos dicho, son los que dan a los
medios geomorfolóficos características propias y rasgos distintivos.
Uno de los principales medios son los relieves diferenciales, resultado de la erosión diferencial que
produce distintos efectos según la competencia de las rocas. Es lo que explica la presencia de
páramos (llanuras elevadas sobre relieves estructurales) y cárcavas. Los medios geomorfolóficos
estructurales son más homogéneos, ya que están más ligados a la “arquitectura” previa de las rocas.
Son frecuentes en los paisajes graníticos la presencia de piedras caballeras o berrocales, con rocas
con diaclasado tanto vertical como horizontal.
A merced de la combinación de factores tanto estructurales como diferenciales tenemos un nuevo
tipo de paisaje: el Karst. Se da en zonas de rocas sedimentarias carbonatadas (calizas, dolomías y
yesos), con frecuentes precipitaciones y diaclasado vertical en las rocas. El agua, tanto subterránea
como de escorrentía superficial, se carga de CO2 que es un potente disolvente de la calcita,
generando tanto relieves exocársticos (poljes, lapiaces, lenares, torcales, dolinas…) como
endocársticos (cuevas, simas, estalactitas, estalagmitas… etc.).
1.3. El relieve marino
El relieve marino presenta estructuras diferentes. Por un lado tenemos los mares y por otro los
océanos. Los mares se forman en las proximidades de los continentes, y a veces llegan a ocupar
parte de la plataforma continental (Mar Negro) o estar rodeado de escarpadas formas de relieve
(Mar mediterráneo).
La plataforma continental en forma de borde sumergido de los continentes se extiende centenares de
kilómetros. A partir de aquí nos encontramos en muchos lugares con un TALUD CONTINENTAL,
una brusca pendiente de hasta 2500m en cuya base suelen aparecer los conos detríticos del
continente. En algunas partes (Perú, Caribe…) esto alcanza su paroxismo en las FOSAS
MARINAS, de unos 10 km de profundidad, que descienden en escarpadas trincheras a las partes
más profundas de los océanos.
Es en el fondo marino a partir de los 4 km de profundidad, en las llanuras abisales, donde se dan las
formas más interesantes de relieve. Son zonas que presentan una capa de sedimentos de unos 300 m
y son relativamente llanas, aunque pueden existir montes submarinos (guyots) o formas de relieve
inactivas que emergen en forma de islas o atolones. El relieve más activo son las DORSALES
OCEÁNICAS formadas por la distensión de las placas, ya que por su zona axial emerge magma.
Son zonas de una fuerte actividad tectónica, volcánica y sísmica.
El litoral, por su parte, es la unión del relieve sumergido y emergido en el que intervienen la
atmósfera, la hidrosfera y la litosfera. Destacamos dos tipos: los moldeados por la erosión
(acantilados “vivos” batidos por el mar y “muertos” alejados de este) y los moldeados por
acumulación como son las playas y las dunas. En estos últimos se dan diversas configuraciones: las
barreras costeras, que según su apertura al mar pueden formar flechas o albuferas. Los tómbolos,
cuando se forma una barra que une una isla con otra. Pueden producirse costas dunares, una gran
acumulación de sedimentos en la costa que son responsables de los deltas fluviales. A veces es el
mar el que penetra en el continente a través de un río, formando los estuarios. La presencia de valles
en la costa, por su parte, puede generar formaciones como marismas y fiordos. Por último, las
costas pueden ser modificadas por la acción de organismos marinos, como es el caso de los diversos
tipos de arrecifes de coral, formados por organismos vivos que fijan las sales marinas.
2. HIDROLOGÍA
El agua es la única molécula que en su estado natural se presenta en tres estados y es el principal
responsable de muchas de las modelaciones que se dan en el relieve. El ciclo de la misma es el
intercambio hídrico entre los mares, la atmósfera y los continentes: se inicia a partir del océano y de
ahí se evapora a la atmósfera, que por condensación acaba precipitándose en los continentes o en
los mares. No toda el agua llega al suelo, ya que puede ser evaporada o absorbida por la vegetación.
Pero si llega al suelo puede seguir tres vías: puede llegar al mar, permanecer en la superficie
(glaciares) o escurrirse hacia ríos y lagos (se infiltra). Este proceso de intercambio hídrico y sus
consecuencias son la materia estudiada por la hidrología.
La hidrología puede ser continental o marina. En su faceta continental, se estudian los glaciares
(75% del agua dulce del planeta sin contar con la subterránea), que se definen como acumulaciones
de hielo en los que se advierte un indicio de corriente. Su origen geológico es diverso, y pueden
aparecer en forma de neveros, glaciares de circo, de valle, de piedemonte o marinos, entre otros.
También son objeto de estudio los lagos (0’7% del agua dulce total), cuya formación geológica
también es diversa: por corrimiento, por filtración en relieves kársticos, antiguos cráteres
volcánicos, por la tectónica… o una mezcla de varias. Pero la faceta más conocida de la hidrología
continental es el estudio de los ríos, corrientes de agua que se definen por su caudal medio y por su
relación con las precipitaciones que los alimentan. Las variaciones en su caudal nos permiten
conocer su régimen hidrográfico e indicar sus puntos máximos de estiaje y crecida. Si un conjunto
de aguas superficiales desagua en un gran río se forma una cuenca hidrográfica, y el conjunto de
ríos que desembocan a una parte concreta de un mar u océano se denomina vertiente hidrográfica.
Los mares y océanos, por su parte, se definen como masas de agua homogéneas en cuanto a su
densidad, temperatura y salinidad; que además pueden ser superficiales, intermedias o profundas.
En su seno generan corrientes marinas de carácter permanente, estacional u ocasional, cuyas aguas
pueden ser cálidas, templadas o frías. Por ejemplo: la de Groenlandia, la del Labrador, la Humboldt,
Kuro Sivo… etc. Los océanos y mares suponen el 71% de toda el agua del planeta, y participan del
ciclo hidrológico global, aunque su grado de influencia va a depender de los diversos factores
zonales que los condicionan.
3. CLIMATOLOGÍA
Denominamos dominio morfoclimático al área donde determinado clima crea un paisaje. La
geomorfología climática se ocupa de estudiar los procesos de erosión que tienen como agentes los
elementos climáticos, la temperatura, la precipitación y la flora derivada. Todos estos agentes
complementan el ciclo de erosión, transporte y sedimentación. Hay que decir que los siguientes
dominios morfoclimáticos no se corresponden con la distribución de los distintos climas en el
mapamundi, sino que están influenciados por más factores que la latitud como veremos más
adelante.
DOMINIOS FRÍOS
Son aquellos de temperaturas muy bajas (< 0ºC) y pueden estar permanentemente helados, como las
áreas glaciares, o parcialmente como las áreas de sus márgenes; los periglaciares. Corresponderían a
los climas EF y ET de la clasificación de Köppen.
En los climas EF, el dominio glacial absoluto con precipitaciones casi exclusivamente en forma de
nieve, son características las formas de relieve relacionadas con la formación de glaciares, con su
trayectoria o con los vestigios de estos. Por ejemplo, los valles glaciales en forma de U, el relieve en
forma de pared que servía de límite a un antiguo glaciar, los canchales provocados por el arrastre de
las morrenas de un glaciar, la penetración del mar en la tierra a través de fiordos… etc.
Los climas ET se producen en los márgenes de los dominios anteriormente citados, y están
caracterizados por la alternancia de hielo y deshielo. A nivel litológico se producen similitudes con
los dominios completamente glaciares, apareciendo fenómenos como la crioclastia y la acumulación
de conos de derrubios. La nota característica de estos dominios es la presencia de Permafrost, es
decir, la capa de suelo permanentemente congelada pero que no siempre está cubierta de nieve. El
Permafrost puede provocar fenómenos variados, entre los cuales destacamos la crioturbación o el
cambio de posición de las partículas del suelo por acción del hielo y el deshielo.
DOMINIOS TEMPLADOS
Situados a 30-60º N y S entre las latitudes polares y tropicales representan el 20% de las tierras
emergidas. Son sumamente heterogéneos y dado que reciben influencias tanto continentales como
marítimas los contrastes son muy agresivos. En ellos se producen multitud de climas: oceánicos de
fachada atlántica, continentalizados, de fachada oriental, templados-cálidos… etc. En este crisol de
medios naturales la litología sufre todo tipo de procesos de meteorización, tanto mecánicos
(gelifracción) como químicos (hidrólisis, carbonatación…). Pueden encontrarse desde paisajes
graníticos a una amplia variedad de karst, con las peculiaridades que pueda tener cada uno.
Destacamos sin embargo la enorme importancia que en estos dominios toma la acción erosiva de
los cauces fluviales, que suelen presentarse en tres fases: en la parte alta del cauce predominan
agresivos procesos de erosión (valles en V, canales de desagüe…), en la parte media predominan los
procesos de arrastre y sedimentación y en las desembocaduras se dan distintas formas, generalmente
estuarios o deltas.
DOMINIOS ÁRIDOS
Son las zonas dominadas por los anticiclones dinámicos, donde el balance hídrico es deficitario por
la fuerte evapotraspiración. El proceso meteorizador dominante es la termoclastia, producida por las
grandes oscilaciones térmicas. El resultado litológico es en los dominios graníticos los taffoni y los
inselberg (montes-isla), y en los calcáreos (pluviosidad ocasional) vemos abruptos cañones y
barrancos. En terrenos blandos de arcillas y margas la acción de aguas salvajes provoca el paisaje de
badlands y cárcavas (surcos, si la escorrentía es ocasional). Pueden aparecer también, como
resultado de la evapotraspiración, los lagos salados y los encostramientos. La desertización del
paisaje puede producirse en ámbitos arenosos (nebkas, barjanas), rocosos (hammada) o pedregosos
(reg).
DOMINIOS TROPICALES HÚMEDOS
Situados hasta los 18º N y S, estas zonas próximas al ecuador destacan por las altas temperaturas y
por la pluviosidad constante, representando un 20% de las tierras emergidas. Estas condiciones
general una fuerte acción química sobre el medio litológico, que se expresa tanto en los dominios
calizos como graníticos.
En los dominios calizos tropicales es muy frecuente la hidrólisis dadas las altas temperaturas y la
abundancia de lluvias. De esta forma se dan dos tipos básicos de karst tropical: el karst espumoso
(con presencia de carlingas) y el karst en forma de torre (donde aparecen los pitones). En los
dominios graníticos, por su parte, aparecen con forma de domos graníticos (forma granítica de
resalte abovedado) que a veces devienen por meteorización en panes de azúcar. Los cursos fluviales
son caudalosos y homogéneos en su curso, viéndose este alterado casi exclusivamente por
limitaciones geológicas o de sedimentación.
DOMINIOS DE ALTA MONTAÑA
En estos dominios la morfología se divide en pisos verticales. De los 600 a los 1000 metros tenemos
el piso forestal, caracterizado por la acción decisiva de la cobertera vegetal sobre la erosión, las
avalanchas y los desprendimientos de pisos superiores, y si son dominios kársticos, dolinas. De 800
a 3500 metros se da el piso periglaciar, con un proceso morfogenético ligado a los procesos de
hielo-deshielo (gelifracción, avalanchas…). Por último, el piso glaciar más alto que presenta las
características del dominio que le da el nombre.
Atmosféricamente es un medio turbulento, lo que provoca una fuerte erosión y meteorización. La
rarificación del aire provoca termoclastia. Efecto Foehn.
4. EDAFOLOGÍA
La edafología es la ciencia que estudia la edafosfera, es decir, la capa de suelo que rodea la Tierra.
Esta se halla encajada entre el sustrato geológico (la roca madre) y la atmósfera y puede tener de
unos centímetros a varios metros de grosor. La importancia del suelo radica en que sostiene y
nutre la vegetación natural, retiene el agua de lluvia y protege de la erosión mecánica. En un
principio el suelo no es un ente homogéneo y aislado, sino que se compone de varias fases (sólida,
líquida y gaseosa) y se halla en estrecha relación con el resto de elementos del medio natural, amén
de ser dinámico, como veremos más adelante.
El suelo se compone de fases. En su fase sólida encontramos elementos tanto orgánicos (seres
vivos, y coloides orgánicos o humus) como inorgánicos (fragmentos minerales provenientes de la
meteorización). La fase líquida y gaseosa va a estar relacionada con la retención de agua de lluvia y
el CO2 acumulado por la respiración, la descomposición y la evaporación.
La fertilidad del suelo va a depender de las cualidades del humus, que a su vez depende de la
textura del suelo, es decir, del tamaño de sus partículas básicas, además de depender del PH o la
cantidad de hidrógeno que contiene. Según su textura un suelo puede ser, de menor a mayor,
arenoso, limoso o arcilloso. Según su PH puede ser ácido, básico, neutro o franco.
Formación de suelos: lixiviación, meteorización, actividad biológica, procesos macroambientales
(podzolización, ferralitización, salinización y gleicización).
El suelo es un elemento dinámico en cuya formación intervienen variedad de procesos químicos y
mecánicos. Los mecánicos son similares a los anteriormente vistos en otros puntos (erosión,
meteorización), pero los químicos a nivel edafológico son especiales debido a la interacción
constante de elementos orgánicos con elementos inorgánicos. Destacamos en estos procesos
químicos el papel de los iones, moléculas cargadas positiva o negativamente que producen
interacciones con el material básico de la roca madre. Pero el proceso básico en la formación de
suelos es la lixiviación, que en edafología hace referencia a la separación de los componentes
solubles de los minerales mediante la acción del agua que actúa como disolvente químico.
Así, nos encontramos con una tipología de formación del suelo diversa en función del
comportamiento de la composición química primordial con el resto de agentes y con la
meteorización. Estos procesos se denominan procesos macroambientales. Desde este punto de
vista, tenemos la podzolización, característica de las zonas frías y húmedas. Otra configuración es
la ferralitización, que impide la formación de humus y tiene tonalidades rojizas por la alta
concentración de hierro, característico de las zonas cálidas. En las zonas áridas se da la
salinización, donde el suelo tiene una alta concentración de sales que debido a la ausencia de
humedad no llega a disolverse. Por último, la gleicización, en zonas frías, donde debido a la
ausencia de drenaje la capa orgánica está muy desarrollada y se forma la TURBA.
.
Volviendo a la lixiviación, esta es la responsable de que podamos dividir el suelo en varias capas u
horizontes, debido a la precipitación de los elementos separados por la misma y al papel de la
materia orgánica.
Se suelen distinguir los horizontes 0, A (A1, A2), B, C y D. En el H0 se encuentran capas de pocos
centímetros de materia en descomposición sobre todo de origen vegetal acumulada por gravedad.
El interior del suelo comienza en el HA, donde enraízan las especies herbáceas; tiene como
característica el color más oscuro al contener humus consolidado. Permite el paso de agua y otros
materiales solubles hacia abajo. El HB se conoce como zona de precipitación, que carece de
humus y acumula los materiales depositados por lixiviación (arcillas, óxidos…).
El subsuelo comienza propiamente en el HC, que sería el “techo” del sustrato rocoso sobre el que se
apoya el suelo. Aquí se empieza a carecer de colonización orgánica, aunque son visibles los
vestigios del suelo original. El HD es ya el sustrato rocoso sobre el que se apoya el suelo, que puede
tener relación con la roca madre (autóctono) o no (alóctono), y no sufre alteraciones físicas ni
químicas significativas.
Por último, pasamos a la clasificación del suelo según su grado de evolución. El grado de evolución
se define por la relación con la roca madre; si está poco relacionado con ella decimos que está
muy evolucionado, y viceversa. De entre todas las clasificaciones existentes, hacemos uso de la
clasificación climática-evolutiva de Dokuchaiev, que divide los suelos según este criterio en
zonales, azonales e intrazonales.
Los suelos zonales son aquellos en un grado medio de evolución. La relación con la roca madre, la
biocenosis y el clima es relativamente equilibrada. Los suelos muy evolucionados reciben el
nombre de intrazonales, con ninguna relación aparente con la roca madre y formados al calor de
los entornos locales. Los tres tipos fundamentales son los hidromorfos (encharcados, dominados
por la gleicización; marismas y pantanos), los salinos (medios áridos, formados por la abundancia
de sales solubles) y los calciformes (análogos a los salinos pero con carbonato cálcico).
Los suelos poco evolucionados o azonales se dan donde la composición de los mismos es similar a
la roca madre. Según su grado de batimiento aparecen como regosoles (en forma de duna o de
depósitos fluviales) o como litosoles (acumulaciones de rocas poco meteorizadas). Esto ocurre
porque la tasa de erosión va removiendo el suelo a medida que se va formando, anulando su
desarrollo.
5. FLORA
En este contexto entendemos por flora aquellas especies vegetales con especial dependencia del
medio edáfico y climático. Estas plantas, clasificables en hierbas, árboles y arbustos, pueden
definirse según su relación con el suelo (rizomas y terófitas), con el agua (xerófitas o higrófitas) y
la temperatura (criófitas, mesófitas).
Desde el punto de vista que nos interesa las plantas se agrupan en colectividades de aspecto
uniforme que llamamos formaciones. Estas formaciones pueden ser de hierbas, como las praderas,
de arbustos o de árboles, como los bosques. La densidad de estas colectividades también nos
interesa, ya que en función de las agrupaciones de individuos adoptan una tipología u otra. Las
formaciones pueden dividirse igualmente en estratos verticales, por ejemplo, un bosque puede
tener tres estratos de hierbas, arbustos y árboles respectivamente. En estas formaciones existen las
plantas dominantes, y pueden clasificarse en autóctonas, alóctonas, relictas (especies arcaicas que
han sobrevivido en cierto enclave) y endémicas.
6. FACTORES ECOGEOGRÁFICOS Y SU INTERACCIÓN
Pasaremos ahora a explicar los distintos ecosistemas terrestres, que son producto de la interacción
de los distintos factores bióticos y abióticos vistos anteriormente. Los ecosistemas se abordarán
desde un punto de vista ecogeográfico. Para mayor claridad, los expondremos usando como base los
dominios climáticos ya estudiados.
DOMINIOS CÁLIDOS
- Dominio tropical con estación seca.
Son los lugares propicios para la sabana, con un régimen medio de precipitaciones y marcada
estación seca, entre el Ecuador y los desiertos intertropicales. Los suelos son muy desarrollados,
arcillosos durante la estación de lluvias y lateríticos durante la estación seca, llegándose a producir
resquebrajamiento y encostramientos de sal en la superficie. El panorama vegetal está dominado por
las gramíneas altas y por plantas xeromorfas, con una fauna adaptada a las condiciones de estepa.
- Dominio tropical húmedo, ecuatorial.
El intenso y continuo régimen de precipitaciones, las temperaturas cálidas durante todo el año y la
escasa amplitud térmica dan como resultado el lugar con mayor biodiversidad de la Tierra. El
proceso edáfico típico es la ferralitización, lo que le da al suelo su tono rojizo. El horizonte 0 es
muy fino debido a la alta tasa de descomposición de la materia orgánica, además de poseer una
lixiviación muy avanzada y una alto grado de meteorización de la roca madre. En este dominio se
dan dos tipos principales de medio natural: la pluvisilva y el bosque ombrófilo tropical. En la
pluvisilva se da el paroxismo de la biodiversidad, con un altísimo bosque arbóreo bajo el que crece
una masa anárquica de vegetación. Conforme nos vamos alejando del dominio ecuatorial puro, nos
encontramos con el bosque ombrófilo que además posee varios grados de transición, destacando la
aparición de árboles caducifolios.
La riqueza faunística se da de manera especialmente intensa en las copas de los árboles. Las
condiciones de humedad son muy adecuadas para la proliferación de reptiles, anfibios, insectos y
batracios. En el suelo, la turba esponjosa alberga multitud de miriápodos, anélidos, mosquitos y
dípteros. Una formación típica en los dominios costeros es el manglar: limos litorales salados y
móviles, cubiertos periódicamente por agua y con formaciones de bosque que entretejen un piso
bajo de raíces-zancos.
DOMINIOS ÁRIDOS
Los dominios áridos en sus diversas gradaciones están caracterizados por lo extremo de las
temperaturas, la elevada amplitud térmica ocasionada por la pérdida de radiación nocturna y un
régimen de precipitaciones que va desde la nulidad a la escasez. Típicamente los suelos son del tipo
desértico gris, con un humus muy escasamente desarrollado y con poca diferenciación de horizontes
debido a la testimonialidad de la lixiviación. Según la escasez de las precipitaciones, pueden
desarrollarse costras salinas o carbonatadas en la superficie, y en casos extremos el suelo ni siquiera
llega a formarse.
La vegetación es taxonómicamente pobre y muy dispersa, alcanzando las máximas cotas de
xeromorfismo. En las dunas pueden darse gramíneas de raíces profundas, en las pendientes
xeromorfas de porte semiarbustivo (cactus mexicano) y en las depresiones y cubetas plantas
halófitas como consecuencia de la salinidad acumulada. En los pequeños cursos de agua puede
darse una vegetación ribereña de tipo mediterráneo, aunque de forma poco desarrollada. Solo el
oasis permite la agricultura. La fauna es igualmente pobre taxonómicamente, y generalmente
adaptada a condiciones nocturnas y crepusculares, dándose una pequeña variedad de reptiles e
insectos.
A medida que nos alejamos de los desiertos intertropicales podemos encontrar dominios áridos de
estepa, que presentan suelos ferruginosos y una vegetación xerófila de porte más leñoso.
DOMINIOS TEMPLADOS
- Oceánico
El dominio oceánico más bajo en latitud es el boreal oceánico, con inviernos muy fríos y humedad
considerable. El resultado son suelos podzólicos y el bosque de coníferas como formación vegetal
característica. Más al sur aparecen las tierras pardas y grises, con mayor índice de lixiviación, que
sirven de base al bosque caducifolio de hayas y robles.
En el dominio atlántico medioeuropeo, la mayor parte de los pisos bajos de las montañas son
ocupados por el robledal puro o mezclado. El robledal aparece frecuentemente degradado en forma
de landa oceánica, con presencia de arbustos xeromorfos y tapices de musgo. Subiendo al piso
montano aparece el haya, que demanda más humedad y coexiste con el abeto.
En todos estos dominios existe una abundante fauna potencial, donde la cadena trófica se expresa en
mamíferos de tamaño mediano. La presencia de aves, sin embargo, es más pequeña por la
proliferación de aves migratorias y escasez relativa de las autóctonas.
- Continental
La tipología de este dominio está sujeta a la cantidad de precipitaciones. En general, hablamos de
estepas herbáceas con presencia testimonial de árboles como el castaño o el eucalipto en Australia.
Las estepas semiáridas cuentan con un suelo de tipo chernozem, con un horizonte 0 rico en humus y
un horizonte B con presencia de carbonato cálcico. Al aumentar el número de precipitaciones nos
encontramos con praderas y formaciones florales, de suelos similares, pero sin tanta presencia de
carbonato cálcico. La especie dominante en ambas son las gramíneas bien adaptadas a los rigores
del clima frío con precipitaciones muy intermitentes.
En las praderas y estepas continentales destaca la presencia de rebaños de herbívoros que se
desplazan buscando las precipitaciones que les aseguran el alimento. El suelo, como buen aislante
térmico y rico en humus, da muchas posibilidades a la vida subterránea, en la que participan tanto
anélidos, como topos como pequeños depredadores.
- Mediterráneo
Dentro de la gran variedad de dominios mediterráneos “puros” y de transición, nos encontramos
con el fenómeno edáfico general de la descalcificación de los horizontes superiores, apoyados sobre
superficies calcificadas. La mayoría de suelos de esta zona se distinguen por sus tonalidades pardas
o rojizas. La vegetación típica es más o menos xeromorfa y perennifolia, destacando los quercetum
sobre un frondoso piso arbustivo. El aparato radical está muy desarrollado y las hojas están
cubiertas de una cera para protegerlas de la radiación, cuando no de otro tejido especial, como el
corcho de los alcornoques. En la actualidad las plantas resinosas están ocupando el terreno de las
formaciones mediterráneas típicas como el encinar. Destacamos también dos dominios degradados
principales: la formación de garriga sobre los sustratos calizos o margosos y el maquis con su
impenetrable piso arbustivo asentado sobre terrenos silíceos.
- Fachadas Orientales
Los dominios templados de fachada oriental se dan sobre todo en Norteamérica y la China
subecuatorial. Las temperaturas son similares a las del dominio mediterráneo, aunque la ausencia de
sequía estival introduce importantes cambios. Los suelos son zonales y ácidos, bien desarrollados y
con un delgado horizonte orgánico superficial. Morfológicamente son podzólicos rojos y amarillos.
A diferencia de los anteriores, las plantas laurifolias (cerezo, laurel, té…) proliferan con mayor
intensidad que las xeromorfas. En América del Norte se dan de forma generalizada aquellas
formaciones típicas del mediterráneao ribereño (castaño, arce, abedul…) debido a las mayores
precipitaciones, con un sotobosque mucho más desarrollado. En Asia, sin embargo, esta formación
alcanza su paroxismo con un importantísimo sotobosque y ejemplares arbóreos de gran tamaño.
DOMINIOS FRÍOS
En los dominios cercanos al polo nos encontramos principalmente con la tundra y la taiga con sus
respectivas variaciones. Lo más reseñable de la tundra es la presencia del Permafrost, lo cual limita
drásticamente las posibilidades de desarrollo del suelo y su diferenciación entre horizontes. Posee
una pequeña capa superficial de humus, aunque muy poco desarrollada, al ser tan baja la tasa de
descomposición. En el Hemisferio Norte la vegetación arbustiva se desarrolla hacia el Sur, para que
a medida que se descienda en latitud proliferen las pequeñas herbáceas, musgos, líquenes y hongos.
La fauna es limitada debido a los rigores del frío, representada por grandes mamíferos muy
dispersos: osos, bueyes almizcleros, focas… etc. En el Hemisferio Sur, la Antártida es un enorme
desierto helado que apenas permite la vida de microorganismos. Solo en las subantárticas se da un
clima frío e hiperoceánico que permite la vida de mamíferos y aves migratorias, al igual que ocurre
en las islas subárticas del norte.
Conforme nos alejamos de la tundra en el hemisferio norte, aparece gradualmente la conífera de
aguja persistente, para formar en los límites con los dominios templados extensos bosques boreales
de coníferas. Aquí las formaciones florísticas y arbustivas son testimoniales, pero la fauna puede ser
en cambio riquísima. La cadena trófica se expresa en roedores, bóvidos, mustélidos, cánidos, aves
autóctonas y migratorias, felinos e incluso úrsidos.
CONCLUSIÓN
La Tierra es un crisol de complejos sistemas interrelacionados. El calor, luz y agua generarán los
fenómenos responsables de la vida en el planeta, al poner en relación la fauna y la vegetación,
asentada sobre un dominio bioclimático y ecogeográfico determinado. Esto produce las biocenosis,
producto de la interacción de la zoonosis, fitonosis y microbiocenosis, en constante competencia y
colaboración, lo que da como resultado un equilibrio dinámico. Solo la intervención antrópica altera
estos equilibrios e introduce la degradación de los medios ambientales.