CORTE INTERAMERICANA DE DERECHOS HUMANOS*
CASO CASIERRA QUIÑONEZ Y OTROS VS. ECUADOR
SENTENCIA DE 11 DE MAYO DE 2022
(Excepción Preliminar, Fondo y Reparaciones)
RESUMEN OFICIAL EMITIDO POR LA CORTE INTERAMERICANA
El 11 de mayo de 2022 la Corte Interamericana de Derechos Humanos (en adelante también
“Corte Interamericana”, “Corte” o “Tribunal”) dictó Sentencia mediante la cual declaró
internacionalmente responsable a la República del Ecuador (en adelante “el Estado” o
“Ecuador”) por la violación de distintos derechos en perjuicio de los hermanos Casierra
Quiñonez y sus familiares.
El Tribunal determinó que el Estado es responsable por el fallecimiento de Luis Eduardo
Casierra Quiñones y las lesiones producidas a sus hermanos Andrés Alejandro y Sebastián
Darlin, también de apellidos Casierra Quiñonez, producidas en el marco de un operativo
antidelincuencial efectuado por integrantes de la Armada del Ecuador, por lo que declaró
violados los derechos a la vida y a la integridad personal.
Asimismo, la Corte concluyó que Ecuador violó los derechos a las garantías judiciales y a la
protección judicial, derivado del conocimiento de los hechos por parte de la jurisdicción penal
militar. De igual forma, el Tribunal determinó la violación al derecho a la integridad personal
de los siguientes familiares de Luis Eduardo Casierra Quiñonez: Andrés Alejandro Casierra
Quiñonez, Sebastián Darlin Casierra Quiñonez, Jonny Jacinto Casierra Quiñonez, María
Ingracia Quiñonez Bone, Cipriano Casierra Panezo y Shirley Lourdes Quiñonez Bone.
En consecuencia, la Corte Interamericana declaró que Ecuador es responsable
internacionalmente por la violación de los artículos 4.1, 5.1, 8.1 y 25.1 de la Convención
Americana sobre Derechos Humanos (en adelante “Convención”), en relación con los artículos
1.1 y 2, respectivamente, del mismo instrumento internacional.
I. Hechos
Los hermanos Sebastián Darlin, Luis Eduardo, Andrés Alejandro y Jonny Jacinto, de apellidos
Casierra Quiñonez, hijos de la señora María Ingracia Quiñonez Bone y el señor Cipriano
Casierra Panezo, para la época de los hechos vivían en Atacames, Provincia de Esmeraldas,
Ecuador. Los hermanos Casierra Quiñonez se dedicaban a actividades de pesca y, para el
efecto, utilizaban la embarcación propiedad de su hermana, Shirley Lourdes Quiñonez Bone.
El 7 de diciembre de 1999 el Capitán del Puerto de Esmeraldas, correspondiente a la Tercera
Zona Naval de la Armada del Ecuador, ante información proporcionada por la Asociación del
Comité del Pescador acerca de una embarcación de fibra de vidrio dotada con dos motores y
nueve piratas a bordo que cometía robos a las embarcaciones pesqueras, ordenó la realización
de un operativo antidelincuencial. Para el efecto, fueron comisionados tres infantes de marina,
miembros de la Armada del Ecuador (en adelante también “militares” o “infantes de marina”),
a quienes se les proveyó, entre otras cosas, de una embarcación de la Defensa Civil, fusiles,
*
Integrada por las juezas y los jueces siguientes: Ricardo C. Pérez Manrique, Presidente; Eduardo Ferrer Mac-
Gregor Poisot, Juez; Nancy Hernández López, Jueza; Verónica Gómez, Jueza; Patricia Pérez Goldberg, Jueza, y
Rodrigo de Bittencourt Mudrovitsch, Juez. El Juez Humberto Antonio Sierra Porto no participó en la deliberación y
firma de esta Sentencia, por motivos de fuerza mayor aceptados por el Pleno del Tribunal.
1
chalecos antibalas y un aparato de comunicación. Asimismo, los acompañaba un motorista
civil, quien tripuló la embarcación.
El 7 de diciembre de 1999, aproximadamente a las 18:00 horas, los hermanos Sebastián
Darlin, Luis Eduardo, Andrés Alejandro y Jonny Jacinto, de apellidos Casierra Quiñonez,
salieron del Puerto Prado, sobre el río Atacames, a bordo de la embarcación denominada
“Rodach”, propiedad de su hermana Shirley Lourdes Quiñonez Bone, con el fin de llevar a cabo
actividades de pesca. En la misma embarcación acompañaban a los hermanos Casierra
Quiñonez los señores Orlando Olaya Sosa, Freddy Eloy Zambrano Quiñonez, Cristian Jesús
Sosa Quiñonez, Jorge Olgin Ortiz Bone y Eguberto Padilla Caicedo.
El 8 de diciembre de 1999, aproximadamente a la 1:30 horas, ocurrió un incidente en el marco
del operativo antidelincuencial ejecutado por los infantes de marina, en virtud del cual resultó
la muerte de Luis Eduardo Casierra Quiñonez, mientras que sus hermanos Andrés Alejandro
y Sebastián Darlin resultaron heridos. Las circunstancias en las que habría ocurrido dicho
incidente se encuentran en controversia.
Los hermanos Sebastián Darlin y Jonny Jacinto, de apellidos Casierra Quiñonez, así como los
señores Orlando Olaya Sosa, Freddy Eloy Zambrano Quiñonez, Cristian Jesús Sosa Quiñonez
y Jorge Olgin Ortiz Bone, en el desarrollo de la investigación correspondiente, rindieron
declaraciones ante la Policía Nacional acerca de lo ocurrido. En términos generales,
coincidieron en indicar que cuando se encontraban navegando “en alta mar”, frente a la costa
de Atacames, después de más de siete horas de trayecto, Luis Eduardo Casierra Quiñonez,
quien conducía la embarcación, requirió a sus acompañantes un envase de combustible que
llevaban a bordo, a efecto de surtir la lancha. Se detuvieron y, encontrándose con las luces
encendidas, se acercó, a gran velocidad, otra embarcación, sin identificarse, la que carecía de
señales, altoparlante y luces. Al pensar que se trataba de piratas, apagaron las luces,
arrancaron el motor e intentaron huir. Ante ello, los ocupantes de la otra embarcación
dispararon en su contra repetidamente. Uno de los proyectiles impactó en el motor, por lo que
la lancha se detuvo. A continuación, los ocupantes de la otra lancha les indicaron que eran
integrantes de la Marina, y les requirieron que se trasladaran a su embarcación. Las balas
impactaron a Andrés Alejandro en la pierna, a Sebastián Darlin en una de sus manos y a Luis
Eduardo, quien falleció producto de los disparos.
Por su parte, los tres infantes de marina que participaron en el operativo antidelincuencial
también declararon ante la Policía Nacional en el contexto de las investigaciones efectuadas.
En tal sentido, coincidieron en indicar, en términos generales, que el 7 de diciembre de 1999
recibieron la orden de efectuar un operativo, por lo que salieron a bordo de una embarcación
aproximadamente a las 22:30 horas. Cuando se encontraban realizando el patrullaje divisaron
una embarcación con nueve personas a bordo y con una luz roja. Se acercaron a una distancia
de doscientos metros, procediendo a identificarse como patrulla de la Marina. Cuando
encendieron la luz y la sirena, la otra embarcación salió a gran velocidad y sus ocupantes
dispararon, por lo que los militares repelieron el ataque. Sin embargo, la embarcación logró
escapar. Con posterioridad, aproximadamente a la 1:30 horas divisaron dos embarcaciones.
Cuando estaban a una distancia de cien metros lograron advertir que una de las
embarcaciones tenía nueve ocupantes. Tras encender la luz y la sirena e identificarse como
miembros de la Marina, fueron atacados con disparos. Las dos embarcaciones salieron por
distintos rumbos. Los militares efectuaron disparos al aire y requirieron que las embarcaciones
se detuvieran. A continuación, persiguieron a la lancha con nueve ocupantes y efectuaron
disparos con dirección al motor, hiriendo al motorista. Al detenerse dicha embarcación, por
los impactos al motor, los agentes verificaron que tres personas estaban heridas.
A partir de lo ocurrido, el Juez Penal Militar de la Tercera Zona Naval (en adelante “Juez Penal
2
Militar”) instruyó el inicio de un proceso penal contra los infantes de marina involucrados, en
virtud de lo cual requirió información a diferentes dependencias y ordenó distintas diligencias.
Por su parte, el Juez Quinto de lo Penal de Atacames y Muisne (en adelante “Juez Quinto de
lo Penal”), el 20 de enero de 2000 dictó el auto de cabeza de proceso y ordenó instruir sumario
de ley en contra de los tres infantes de marina y el motorista que los acompañaba el día de
los hechos. Para el efecto, dicha autoridad judicial dispuso la práctica de distintas diligencias.
El 22 de febrero de 2000, el Juez Quinto de lo Penal se inhibió de seguir conociendo el proceso
penal y dispuso remitir las actuaciones al Juez Penal Militar. Por su parte, mediante Resolución
del 29 de febrero de 2000, el Juez Penal Militar calificó de legal la inhibitoria del Juez Quinto
de lo Penal, por no ser competente, debido al fuero militar de los sindicados, y dispuso
continuar el proceso penal militar.
El 4 de marzo de 2000 el Juez Penal Militar, al considerar que se habían cumplido los actos
procesales ordenados en la etapa sumarial, dispuso elevar el proceso al Juez de Derecho de
la Tercera Zona Naval, el cual, mediante Resolución del 24 de mayo de 2000, dictó auto de
sobreseimiento definitivo del proceso y de los sindicados, y remitió las actuaciones, en
consulta, a la Corte de Justicia Militar, órgano que el 21 de junio de 2001 confirmó la decisión.
La Comisión de la Verdad, creada el 3 de mayo de 2007, mediante Decreto Presidencial No.
305, incluyó en su informe final, presentado el 6 de junio de 2010, lo ocurrido a los hermanos
Casierra Quiñonez, con la referencia “C 94” “Caso Casierra”.
II. Fondo
A. Derechos a la vida y a la integridad personal
La Corte señaló que no existía controversia en torno a que, como consecuencia de la
intervención de los integrantes de la Armada del Ecuador durante el operativo
antidelincuencial efectuado el 8 de diciembre de 1999, resultó la muerte de Luis Eduardo y las
lesiones producidas a sus hermanos Andrés Alejandro y Sebastián Darlin, todos de apellidos
Casierra Quiñonez. La controversia residía entonces en la discusión acerca de la observancia
de los estándares interamericanos, por parte de los agentes militares, al hacer uso de la fuerza
letal en el marco del referido operativo.
El Tribunal reiteró que, si bien los Estados tienen la obligación de garantizar la seguridad y
mantener el orden público en su territorio, el uso de la fuerza por parte de los cuerpos de
seguridad oficiales debe estar definido por la excepcionalidad, y debe ser planeado y limitado
proporcionalmente por las autoridades. En coherencia con lo anterior, en los casos en que
resulte imperioso el uso de la fuerza, esta deberá satisfacer los principios de legalidad,
finalidad legítima, absoluta necesidad y proporcionalidad.
La Corte destacó la disparidad de versiones existentes en torno a lo ocurrido, así como las
serias limitaciones probatorias existentes, lo que fue admitido por el Estado, el que afirmó que
no fue posible establecer que se hubiera efectuado disparos desde la embarcación en la que
navegaban las víctimas y que no fueron encontradas armas de fuego en posesión de esta
últimas. A ello se agregó que, a partir de las investigaciones efectuadas en el marco de los
procesos penales incoados ante la jurisdicción militar y ante la jurisdicción ordinaria, no se
logró esclarecer lo ocurrido.
El Tribunal reiteró que en casos en los que el uso de la fuerza por parte de agentes estatales
haya producido la muerte o lesiones a una o más personas, corresponde al Estado la obligación
3
de proveer una explicación satisfactoria y convincente de lo sucedido y desvirtuar las
alegaciones sobre su responsabilidad, mediante elementos probatorios adecuados.
Al proceder al análisis sobre la observancia de los parámetros que deben regir el uso de la
fuerza por parte de los agentes de la fuerza pública en el caso concreto, el Tribunal advirtió
que, en la época de los hechos, el Estado no cumplía el requisito de legalidad en lo referente
a los parámetros para el uso de la fuerza por parte de agentes de los cuerpos de seguridad.
La falta de una adecuada regulación sobre el uso de la fuerza en la época de los hechos
determinó, a su vez, una violación del artículo 2 de la Convención Americana, en relación con
los artículos 4 y 5 del mismo instrumento internacional.
En el análisis de los otros parámetros que la jurisprudencia interamericana ha definido,
tomando en cuenta las limitaciones probatorias existentes y ante la falta de una explicación
satisfactoria y convincente por parte de las autoridades internas acerca de lo sucedido, el
Tribunal atendió a las declaraciones de los infantes de marina, rendidas en el contexto de la
investigación iniciada a partir de los hechos. Así, la Corte estimó que, si bien es un fin legítimo
pretender detener la embarcación para aprehender a sus ocupantes ante la sospecha de que
podía ser la lancha pirata buscada, resultó desproporcionada la utilización de armas letales
por parte de agentes de los cuerpos de seguridad del Estado, en circunstancias que puedan
poner en riesgo innecesariamente la vida y la integridad física de las personas. De esa cuenta,
cuando el objetivo es neutralizar o detener, corresponde utilizar mecanismos menos gravosos,
entre estos advertir e intentar persuadir a los ocupantes de la otra embarcación para que se
detengan, continuar la persecución hasta darles alcance o solicitar el apoyo de otras unidades
de la fuerza pública, para lo cual, entre el equipo facilitado para desarrollar el operativo se
incluyó un aparato de comunicación.
Asimismo, en cuanto al elemento de absoluta necesidad que exige verificar si existen otros
medios disponibles menos lesivos para tutelar la vida e integridad de la persona o la situación
que se pretende proteger, de conformidad con las circunstancias del caso, era innecesario y
desproporcionado como se señaló, el empleo de armas de fuego. Por el contrario, se justificaba
la utilización de otros medios disponibles, menos gravosos para proteger los derechos en
juego, sobre todo tomando en cuenta el parámetro que exige un mayor grado de
excepcionalidad en el uso de la fuerza letal y las armas de fuego por parte de agentes de
seguridad estatales contra las personas, particularmente de militares contra civiles, el cual
debe estar prohibido como regla general.
En definitiva, en el presente caso no fue acreditada la legalidad, la absoluta necesidad y la
proporcionalidad en el uso de la fuerza letal ejercida por los infantes de marina, sin que el
Estado hubiera proporcionado una explicación satisfactoria y convincente sobre lo ocurrido.
La situación derivada fue el resultado del uso excesivo de la fuerza letal por los agentes
estatales. En este sentido, como lo ha señalado la Corte, cuando se usa fuerza excesiva, toda
privación de la vida resultante es arbitraria, lo que es igualmente aplicable para el caso de
violaciones al derecho a la integridad personal por las lesiones ocasionadas.
Con base a lo considerado, la Corte concluyó que el Estado es responsable internacionalmente
por la violación a los derechos a la vida y a la integridad personal, reconocidos en los artículos
4.1 y 5.1 de la Convención Americana, en relación con los artículos 1.1 y 2 del mismo
instrumento internacional, en perjuicio, respectivamente, de Luis Eduardo Casierra Quiñonez,
y de sus hermanos Andrés Alejandro y Sebastián Darlin, de apellidos Casierra Quiñonez.
B. Derechos a las garantías judiciales y a la protección judicial
La Corte recordó su jurisprudencia constante relativa a los límites de la competencia de la
4
jurisdicción militar para conocer hechos que constituyen violaciones a derechos humanos, en
el sentido que, en un Estado democrático de Derecho, la jurisdicción penal militar ha de tener
un alcance restrictivo y excepcional, y debe estar encaminada a la protección de intereses
jurídicos especiales, vinculados a las funciones propias de las fuerzas armadas. Por ello, el
Tribunal ha señalado que en el fuero militar sólo se debe juzgar a militares activos por la
comisión de delitos o faltas que por su propia naturaleza atenten contra bienes jurídicos
propios del orden castrense.
En el caso concreto, las diligencias de investigación con relación a los hechos iniciaron de
forma inmediata. De manera paralela, la jurisdicción militar y la jurisdicción ordinaria
instruyeron los respectivos procesos, hasta que esta última, en febrero de 2000 y conforme a
la normativa constitucional y legal vigente para la época de los hechos, se inhibió de seguir
conociendo y remitió las actuaciones a la primera. A la postre, el Juez de Derecho de la Tercera
Zona Naval, mediante Resolución del 24 de mayo de 2000, dispuso el sobreseimiento definitivo
del proceso a favor de los tres infantes de marina involucrados en los hechos, decisión que
fue confirmada por la Corte de Justicia Militar.
El Tribunal resaltó que el Estado reconoció que tanto la investigación como el proceso instado
ante la jurisdicción penal militar no resultaron acordes con los estándares interamericanos,
dada la falta de competencia de dicha jurisdicción para conocer sobre hechos relacionados con
violaciones a los derechos humanos. Así, a consideración de la Corte, la inhibición del juez
ordinario para conocer de la causa, el período durante el cual el caso fue conocido por la
jurisdicción militar y la decisión de sobreseimiento dictada por esta última, la que fue
confirmada y, hasta la fecha, ha determinado que no se hayan esclarecido los hechos y que
no se hayan deducido las responsabilidades pertinentes, configuraron violaciones a la garantía
del juez natural y, con ello, a los derechos al debido proceso y al acceso a la justicia de las
presuntas víctimas
La Corte agregó que si bien existe una investigación en curso por parte de la Fiscalía General
del Estado, a partir del informe de la Comisión de la Verdad, ello no subsana la violación a los
derechos al juez natural, al debido proceso y al acceso a la justicia, aunque sí denota que los
cambios normativos efectuados en el ordenamiento jurídico interno para limitar la
competencia de la jurisdicción penal militar tuvieron incidencia en el caso concreto, en tanto
posibilitaron iniciar la investigación respectiva con miras a esclarecer los hechos y,
eventualmente, a sancionar a los responsables.
En conclusión, el Tribunal declaró que el Estado es responsable internacionalmente por la
violación de los artículos 8.1 y 25.1 de la Convención, con relación al artículo 1.1 del mismo
instrumento internacional, en perjuicio de Andrés Alejandro Casierra Quiñonez, Sebastián
Darlin Casierra Quiñonez, Jonny Jacinto Casierra Quiñonez, María Ingracia Quiñonez Bone,
Cipriano Casierra Panezo y Shirley Lourdes Quiñonez Bone.
C. Derecho a la integridad personal de los familiares de Luis Eduardo Casierra
Quiñonez
La Corte afirmó, como lo ha hecho en reiteradas oportunidades, que los familiares de las
víctimas de violaciones de los derechos humanos pueden ser, a su vez, víctimas. En tal
sentido, este Tribunal ha considerado que se puede declarar violado el derecho a la integridad
psíquica y moral de “familiares directos” de víctimas y de otras personas con vínculos
estrechos con tales víctimas, con motivo del sufrimiento adicional que estos han padecido
como producto de las circunstancias particulares de las violaciones perpetradas contra sus
seres queridos, y a causa de las posteriores actuaciones u omisiones de las autoridades
estatales frente a estos hechos, tomando en cuenta, entre otros, las gestiones realizadas para
5
obtener justicia y la existencia de un estrecho vínculo familiar.
A partir de lo anterior, la Corte constató que los familiares directos de Luis Eduardo Casierra
Quiñonez han padecido un profundo sufrimiento y angustias, en detrimento de su integridad
psíquica y moral, como consecuencia del fallecimiento de su ser querido, a lo que se suma la
falta de esclarecimiento de lo ocurrido a lo largo de más de dos décadas. En consecuencia, el
Tribunal concluyó que el Estado violó el derecho a la integridad personal reconocido en el
artículo 5.1 de la Convención Americana, en relación con el artículo 1.1 del mismo
instrumento, en perjuicio de los siguientes familiares de Luis Eduardo Casierra Quiñones: a)
María Ingracia Quiñonez Bone, madre; b) Cipriano Casierra Panezo, padre; c) Sebastián
Darlin, Andrés Alejandro y Jonny Jacinto, de apellidos Casierra Quiñones, hermanos, y d)
Shirley Lourdes Quiñonez Bone, hermana.
III. Reparaciones
La Corte estableció que su sentencia constituye, por sí misma, una forma de reparación.
Asimismo, ordenó las siguientes medidas de reparación integral:
A) Obligación de investigar: el Estado deberá, en un plazo razonable y con la debida diligencia,
promover, continuar y concluir las investigaciones que sean necesarias para determinar las
circunstancias de la muerte del señor Luis Eduardo Casierra Quiñonez, y las lesiones
producidas a sus hermanos Andrés Alejandro y Sebastián Darlin, de apellidos Casierra
Quiñonez, y, en su caso, juzgar y eventualmente sancionar a las personas responsables.
B) Medidas de rehabilitación: el Estado, en caso de que las víctimas así lo requieran, deberá
brindar o continuar brindando tratamiento médico, y psicológico y/o psiquiátrico a Andrés
Alejandro Casierra Quiñonez, Sebastián Darlin Casierra Quiñonez y María Ingracia Quiñonez
Bone. Asimismo, en caso de requerirlo y de ser necesario, que brinde tratamiento psicológico
y/o psiquiátrico a Jonny Jacinto Casierra Quiñones y Shirley Lourdes Quiñonez Bone.
C) Medidas de satisfacción: i) el Estado deberá publicar el resumen oficial de la Sentencia en
el diario oficial y en un diario de amplia circulación nacional, y la integridad de la Sentencia
en un sitio web oficial, y ii) el Estado deberá renovar la placa conmemorativa instalada en
Atacames y descubierta el 19 de noviembre de 2017, en el sentido de incluir, además de la
incorporación de la referencia del caso en el informe final de la Comisión de la Verdad, lo
relativo a las violaciones a derechos declaradas en la Sentencia de la Corte.
D) Garantías de no repetición: el Estado deberá adoptar, con arreglo a sus procedimientos
constitucionales, las disposiciones legales pertinentes que regulen los parámetros precisos
para el uso de la fuerza por parte de los agentes integrantes de los cuerpos de seguridad, lo
que incluiría las limitaciones aplicables y los mecanismos adecuados de control y rendición de
cuentas, todo de manera acorde con los estándares internacionales en materia de derechos
humanos.
E) Indemnizaciones pecuniarias: el Estado deberá pagar las cantidades fijadas en la Sentencia
por concepto de indemnizaciones por daños materiales e inmateriales.
-----
La Corte supervisará el cumplimiento íntegro de la Sentencia, en ejercicio de sus atribuciones
y en cumplimiento de sus deberes conforme a la Convención Americana sobre Derechos
Humanos, y dará por concluido el caso una vez que el Estado haya dado cabal cumplimiento
a lo dispuesto en la Sentencia.
6
El texto íntegro de la Sentencia puede consultarse en el siguiente enlace:
http://www.corteidh.or.cr/docs/casos/articulos/seriec_450_esp.pdf