Apuntes Conceptos
Apuntes Conceptos
Humanas
Introducción:
Las humanidades y las ciencias sociales tienden a tocar realidades muy variadas, como
pueden ser la economía, la antropología o la geografía. Para su interpretación,
consecuentemente, se debe hacer uso de una serie de conceptos aplicables a los diferentes
campos. En el momento en que este concepto no se puede matematizar, se debe hacer uso de
la dialéctica.
Los conceptos son clave para el estudio y la enseñanza de la historia. La labor de esta
disciplina sobre ellos ha conseguido que se hayan diversificado hacia el día a día humano,
siendo muy comunes, por ejemplo, en los medios de comunicación.
Concepción Histórica:
Ya desde la sociedad griega se plantearon una serie de ‘’Universales’’ para entender el
medio en el que vivía. Platón opinaba que todo universal existía físicamente, en gran
relación con su concepción de las ideas. Esta es una postura Realista, mientras que sus
contrarios, los Nominalistas, entienden que el universal es solo un nombre para interpretar
lo real y físico. Esta última postura acabaría teniendo una salida revolucionaria, pues
renegaba de la iglesia y el papado. Mientras que los Realistas priorizaron las entidades
políticas, como el estado o el Papado, los Nominalistas priorizarían lo concreto, como el rey
en el estado o el concilio en el papado.
Los conceptos y los universales tienden a compartir grandes características. Estas son la de
la historia en sí, refiriéndose a los hechos; como instrumento interpretativo de por medio, y
como instrumento que solo dominamos parcialmente.
Hegel→ Concepto como acto de reconocimiento intelectual de lo real. Conceptos como
sinónimo de la realidad (No Nominalista).
Problemas de su uso→ Difiere hacia realidades pasadas distintas
Beneficio→ Favorece la elucidación de realidades similares
Los conceptos son condicionados por el léxico de forma positiva y negativa. Primero, lo
hacen versátil, pues se puede entender de qué va, todo en base a una serie de sufijos,
prefijos y raíces clave (Neocolonialismo, Pseudoabsolutismo, Antiguo Régimen Demográfico,
Segundas Invasiones Bárbaras...). Por otra parte, esto presenta una postulación negativa en
pos de que estos conceptos tienden a tener matices en su área profesional, así como a
dividirse en áreas de conocimiento de la historia, y en base a la ideología. Por ende, son
variables muy importantes. Los conceptos son transversales y favorables a la permeabilidad
histórica, mas no por esto son paradigmáticos en todas las épocas (Polis, Mercantilismo,
Democracia…). Esta última, sin embargo, se encuadra en una perversión de la palabra en
base a la poca relación que tiene el concepto clásico con el contemporáneo, llegando incluso
a verse contrapuestos. Por último, los conceptos siempre son esclavos de las palabras, lo
cual implica que estos conceptos se puedan manchar en base a lo actual para explicar el
pasado. Patriarcado es, por ejemplo, una palabra utilizada con grandes negatividades hoy
en día, mas debe utilizarse sin pretensiones a la hora de hablar del pasado, donde,
simplemente, se alude a la supremacía masculina en ciertos campos, o bien inclusive a la
servidumbre de unos sobre otros. De esto también surge la degeneración semántica, donde
las palabras son directamente descontextualizadas (Fascismo, Cambio Climático, Yihad). Los
conceptos también se pueden volver ahistóricos, por ejemplo desde la perspectiva marxista
de la lucha de clases, como una continua vasallización de un grupo sobre otro.
En síntesis con todo esto, la Historia en sí se refiere a la ciencia que permite estudiar el
pasado, y que dislumbra y oculta hechos, siempre con un afán divulgativo. Estos conceptos,
pero, no son sinónimos, pues el pasado no coincide con el estudio de este. Las bases de la
Historia son el conocimiento, la interpretación y la divulgación de los hechos, siendo
relevante todo hecho documentable o no desde las fuentes (Tratados,
fundaciones//Religiosidad, lengua…). El alcance territorial de la historia ha sido desde sus
inicios el planeta Tierra, mas hoy en día, desde el lanzamiento del primer satélite humano,
se han ampliado los límites, y más desde la salida del Sistema Solar.
A lo largo de la evolución histórica, las diversas sociedades han utilizado calendarios con
fechas de inicio muy diferentes entre ellas, lo cual supone, por una parte, un beneficio para
la Historia (Mayor facilidad en datación), y por otra, un punto negativo (Gran diversidad
de cronologías). Entre las diferentes eras del tiempo histórico, encontramos de primera
mano la Era de las Olimpiadas, desde el 776 a.C., utilizado por los griegos. Posteriormente,
tenemos la Era desde la fundación de Roma, desde el 754 a.C., utilizada por los romanos.
Julio César implantaría ya durante su mandato el calendario juliano de 365’25 días, que
sería corregido en 1582 para solventar los errores a los que lleva ese ‘25; se conocería como
calendario gregoriano. La Era de los Seléucidas sería desde la toma de Babilonia por
Seleuco, en el 312 a.C.. Posteriormente tenemos la Era Hispánica, utilizada por visigodos,
mozárabes y los reinos cristianos de la península en la Edad Media. Abarcaría desde el 38
a.C. hasta los siglos XIII, XIV y XV dependiendo del estado del que se hable (Castilla, Aragón
y Portugal). La Era musulmana inicia con la huida de Mahoma en el año 622 d.C.. La Era
Bizantina será utilizada desde el siglo VII hasta el 1698, y comenzaba en el año 5509 a.C.,
desde la presunta creación del mundo. Por último, tenemos la Era Cristiana, la nuestra,
creada en el 525 d.C. y estandarizada en el siglo XI. Abarca desde el nacimiento de Cristo.
Sobre el inicio y el final de la historia existe un cierto debate aún hoy en día entre los
historiadores. Si bien se considera generalmente que la historia nace con la invención de la
escritura sobre el 5000 a.C., nunca se planteó el estudio de la historia hasta el siglo XIX,
estandarizado por Boucher de Perthes, que hablaría en su obra sobre temas como el final del
pleistoceno y los inicios del cuaternario. Nacería posteriormente el concepto de
Protohistoria, para denominar el período transicional entre la Prehistoria y la Historia. Por
ende, se ha llegado a considerar que el inicio de la historia nace con el primer homínido. En
el caso del final de la Historia, pero, la situación es más complicada. Si bien se considera
que existen hechos sincrónicos al presente que pueden ser históricos (Como la presunta
invasión a Ucrania), se toma como pasado, y no como Historia, a la mayoría de hechos del
pasado reciente, que cuadran más con el estudio de otras ramas. Aquí surge el efecto ‘’Caja
de resonancia™’’, donde se pueden llegar a considerar históricos aquellos hechos que no lo
son, en base a la influencia mediática.
Se considera que, para llegar a estudiar la Historia de forma objetiva, y dejando atrás
sentimentalismos, se necesita un ‘’gap’’ generacional ™, si bien no se priva del estudio a la
historia más reciente, pero siendo campo de economistas, antropólogos, sociólogos, etc. Si
bien, este concepto es un tema abierto, donde hechos como la Transición Democrática y la
Guerra Civil siguen teniendo relevancia en el día a día, pero pueden, y deben ser estudiados,
pues acatan a un cierto interés político y social, que debe ser enseñado y coincide con un
cierto ego del pasado.
Los factores que marcan la periodización de la Historia convergen en una serie de factores,
principalmente evolutivos, políticos y culturales. Dentro de los factores evolutivos,
encontramos hechos demográficos (Migraciones indoeuropeas, oromo…), políticos y de
poder(Expansión vikinga, mongola, normanda. Guerras púnicas, guerras mundiales…),
económicos (Crisis, revoluciones tecnológicas sistémicas…), sociales (Religiones, revueltas
sociales, conflictos étnicos…), espirituales y emocionales (Sensibilidad intelectual, cambios
en las costumbres…). Por otra parte, dentro de los factores políticos y culturales,
encontramos conceptos como el romanticismo del siglo XIX, que tiene gran influencia en
nuestra disciplina, en base al gran aumento de material historiográfico. Esto, pero, está
consecuentemente marcado por el romanticismo, que mitifica la Edad Media, y las olas
liberales. Por otra parte, encontramos hechos como el concepto de Edad Moderna en el
ámbito renacentista, como disyunción frente a la Edad Medieval. Por último, la
comparación entre la Revolución Neolítica y la Revolución Industrial. El afán empírico, por
otra parte, condiciona a la ciencia en base a un afán convencionalista, pues las ciencias
tienden a periodizarse en diferentes campos.
Las periodizaciones sobrenaturales tienden a tener una consideración peyorativa, mas esto
es erróneo, pues, llegaron a tener un gran peso en su época, nunca llegarán a desaparecer,
ha renacido en base a tesis seminalistas, etc. En términos generales, pero, esta periodización
admite una evolución disociada al progreso, donde se plantea la historia como algo
filosófico y ético, que le da sentido a la vida, siendo el ejemplo de la veracidad del juicio
final, con un carácter preambular a la segunda venida de cristo.
Por otra parte, podemos hablar de una perspectiva civilizatoria, otra periodización que
marca los cambios en la sucesión de civilizaciones, y remitiendo no al progreso en cada
época, sino al ciclo de evolución de las diferentes sociedades. Marca 26 civilizaciones, con
19 llegando a su ciclo completo. Entre estas, podemos encontrar la China, la Rusa, la
Babilónica, la Andina, etc… .
El eurocentrismo es la tendencia que tiende a ver la historia desde una perspectiva europea
occidental. Todo esto se basa en la primacía y el dominio económico y tecnológico del
espacio europeo, desde el siglo XV, momento en el que empieza a adquirir una cierta
centralidad política que acabará siendo total. Por ejemplo, podemos hablar del ámbito
europeo en el caso americano. Es la fragua de los avances historiográficos, las vanguardias
culturales y los cambios institucionales. No por esto podemos hablar de que esta tendencia
sea universal, pues no coincide con muchas de las tendencias de los diferentes continentes.
Por ejemplo, en el caso americano y antes de la llegada de los europeos, hablamos de unas
tendencias muy diferentes a las europeas. Lo mismo pasa en África, donde la realidad es
muy diferente, incluso en la costa de berbería, posiblemente hasta el siglo XIX. En el caso de
China, las periodizaciones son muy diferentes a las occidentales. Lo mismo pasa en Japón y
en casos tan paradigmaticos como Europa del Este, donde se produce una profunda
refeudalización. La casualidad se da en tiempos muy puntuales, como puede ser con el
Imperio Mogol, pues coincide con la Edad Moderna europea, pero, de nuevo, por pura
casualidad. Por último, este eurocentrismo adelanta un siglo la contemporaneidad,
disponiéndose esta en 1789.
El eurocentrismo supone que también muchas nomenclaturas puedan ser inexactas. Por
ejemplo, la Edad Media, considerada como una edad oscura y atrasada, donde lo clásico
degenera y se toma por una era peyorativa. Esto es muy inexacto y está completamente
desfasado, primeramente porque dista de las realidades, por ejemplo, islámicas, y mismo la
propia realidad europea era muy diferente. Por otra parte tenemos la Edad Moderna,
considerada un renacimiento de las tendencias clásicas, además de por su gran avance
tecnológico y globalizante, muy influida por la sensibilidad barroca, donde comenzaron a
considerar que esta tendencia era completamente diferente al clasicismo de la Edad
Antigua. Nuevamente podemos hablar de una inexactitud muy influenciada por el
pensamiento ideológico de las personalidades coetáneas a la propia época.
Existe, pero, una convención general de que existen cinco edades diversas, si bien pueden
ser bizarras (Edad Antigua), confusas (Prehistoria), prolongadas y de gran recorrido
evolutivo (Edad Media), con muchos matices y sutilezas (Edad Moderna), o que son
sorprendentes por su ritmo y su paradigma diferenciado (Edad Contemporánea)
La Edad Media supone un punto intermedio entre dos grandes caídas de las dos mayores
ciudades europeas. Si bien, en la propia época es discutido si realmente afectaron estas
caídas a las sociedades de la época, con una gran influencia del instrumento religioso como
mantenimiento de lo anterior y de lo romano. El final de la cultura clásica da conciencia al
concepto de la Edad Media, acabando con el retorno de estas ideas y con los factores
políticos (Caída de Constantinopla). Existen tres divisiones, siendo estas la Alta (Invasión de
pueblos germánicos), la Plena (Institucionalización de los hechos) y la Baja Edad media
(Progresivo final de los hechos).
La Edad Moderna inicia y termina nuevamente bajo lo político, como una época donde se da
paso a la sensibilidad y al pensamiento. Se divide en Renacimiento, Barroco e Ilustración. Es
una época con mucho más en común de lo que dista con las sociedades medievales, lo cual
nos hace preguntarnos dónde debería empezar y acabar esta época.
Por último, la Edad Contemporánea es una época marcada por la revolución tecnológica.
Aquí surge una tendencia que afirma que es posible una cronología muy diferente, como por
ejemplo, componer el Antiguo Régimen hasta la primera guerra mundial, dando paso a la
segunda guerra de los 30 años. Lo posterior a esto como una época transicional y 1989
como un nuevo periodo.
LAPSO
Los problemas presentados por las vías de comunicación y todo lo que esto conlleva
implicaba que los viajes se considerasen una aventura, lo cual promovió la creación de
comboyes para unos viajes más seguros. La Teoría de los tres círculos de Chaunu remite a
estas ideas, que afirma que la mayoría de las personas no recorrían grandes distancias. Por
otra parte, en las regiones de baja montaña no se tendía a moverse a más de 50-70 km.
Esto implica la existencia de mundos cerrados, que se encuentran desacompasados
históricamente, en el sentido de que una crisis, por ejemplo, puede llegar a ser puntual en
una sola comarca, mientras que las demás no dejan de florecer. Por todo esto, conceptos
como país, nación o mercado no terminan de cuadrar con esta época. Por otra parte,
Chaunu habla sobre la teoría de los círculos de comunicación, que dice que, primeramente,
un círculo de 5km era suficiente para el campesinado para obtener el 90% de aquello que
consumían. Para la elección de un cónyuge esto se amplía a los 10km. Por otra parte, las
comunidades de aldeas no suelen estar más lejos de 12 kilómetros en Francia y 33 en
España.
El tercer círculo ya habla de intercambios a larga distancia, como pueden ser la península
ibérica o el Sacro Imperio. Supone el 1% de las transacciones. Por último, dentro del cuarto
círculo, podemos hablar de las transacciones intercontinentales, muy exóticos y poco
utilizados, más allá de los bienes comerciales específicos como puede ser el chocolate o las
especias.
En el caso del automóvil, podemos ver su inicio con la invención del motor de explosión con
hidrocarburo y aire, en 1807. Tendrá un desarrollo mucho más lento que la locomotora. En
1880 se inventa el motor de combustión interna de 4 tiempos, mas no será estandarizada en
1886 ante un pleito. En este momento conviven los coches térmicos y eléctricos. El primero
de estos será el Triciclo de Benz, en 1886, con radios, manillar, llantas de goma maciza, y
que llegaba a los 16 km/h. En 1887 se inventa el neumático por Dunlop, y los hermanos
Michelín inventarán el neumático desmontable en 1891. En el siglo XX se llevará a cabo la
configuración definitiva, con motores y radiadores delanteros, motores de 2-4 cilindros, etc.
Se promueven las carrocerías abiertas y las cerradas, usualmente sin cristales. Motor de
arranque y alumbrado eléctrico. La madurez mecánica se lleva a cabo entre 1910 y 1920,
implementando frenos de suspensión, motores potentes, carrocerías de todo tipo pero
predominan las abiertas, fordismo. 1920-30→Carrocerías cerradas con ventanillas.
Carrozado por el propio fabricante. 1930-40→ Frenos hidráulicos y carrocerías de acero
Como historiadores, debemos diferenciar el tiempo macro del tiempo micro, pues tienen
ritmos y percepciones muy distantes entre estos. Entrando en las sociedades históricas, el
tiempo es muy contextual, en función de las horas de luz, las estaciones, las noches largas,
etc. Aquí surge el concepto de la temporalidad natural, que viene marcada por lo natural,
pudiendo hablar de las horas de luz, la temperatura, la meteorología, las estacionalidades
de diferentes oficios, donde tasan la guerra, la agricultura, la pesca, la transhumancia o la
minería. Además, cabe destacar la importancia de los tiempos muertos, relajando las
actividades humanas en invierno, por ejemplo. En contraposición, el trabajo industrial
provoca que surjan trastornos como la fatiga crónica. Hay una cierta despreocupación por
la medida del tiempo, usualmente relatado por medio de eventos importantes, como pueden
ser una boda o un bautizo. Los días y las semanas no son unidades básicas de planificación,
alternando períodos frenéticos con períodos de baja actividad. Además, destaca la ausencia
del pensamiento a largo plazo en base a la futilidad del tiempo y de la vida.
El cómputo actual de días y meses nace con el calendario juliano en el año 45 ac,
implantando Constantino en el año 321 la semana de 7 días. El desfase de los 365’25 días
llevará a que el papa Gregorio lo reforme en 1582, implementando los años bisiestos.
Ortodoxos y protestantes, pero, están en desacuerdo con este calendario. En Inglaterra se
adoptará el 1 de enero en 1751. Rusia adoptará todo esto tras la revolución de Octubre, pero
las clases conservadoras seguirán utilizando el juliano, con 13 días de retraso. Otro tipo de
calendarios pueden ser el republicano de Francia, el calendario Soviético, con semanas de
cinco días y descansos diferentes para los diferentes. La era fascista de Mussolini durante
su dictadura y la era Triunfal en España de 1936 a 1939. Denis Petau comienza a utilizar el
antes de cristo en el siglo XVII.
Los inicios de los años llegaban a distar mucho. Tenemos la natividad, el 25 de diciembre, la
anunciación, el 25 de marzo, la Cesárea, el 24 de septiembre, o la circuncisión, desde el 1 de
enero (En la península ibérica desde 1384). Aún así, existe una gran confusión dentro de las
mediciones, pues en la propia península se utilizan calendarios como el de la encarnación en
Cataluña, en Navarra la cesárea… . El tiempo largo se mide por medio de, en primera
instancia, las festividades religiosas, así como el ciclo de las propias plantas, donde
podemos ver la caída de las hojas, la forma, el color, la floración, el colorido del árbol, el
crecimiento de las ramas. La hora diaria era abstracta y poco definida, donde ganaban
importancia los puntos cardinales, la escasez de luz, los factores ambientales como el calor
o las corrientes, o bien las horas canónicas de los oficios religiosos. Existen relojes como los
de sol, entendidos por medio de las nomónica, así como relojes de arena o agua hasta el
siglo XVIII. El reloj mecánico nacerá en el siglo XIV, pero no se estandarizará hasta el siglo
XVI.
Tema 3
Será en el siglo XIX cuando surja el método histórico crítico, por Barthold Niebuhr, en 1820.
A partir de 1824, Leopold Ranke llevaría este espíritu al máximo, revalorizando archivos,
criticando textos, publicando fuentes documentales, elaborando manuales, desarrollando
ciencias auxiliares, abriendo archivos nacionales, generalizando la enseñanza histórica y
fundando las primeras revistas.
Para pensar de forma histórica, se debe remitir a la historia social. Es en el siglo XIX cuando
la gente se empieza a dar cuenta de que las sociedades, así como sus costumbres, modas,
hábitos, etc, también existen e importan. Lo social, por ende, se va colando a la historia
elitista como anejo. Se alega que los cambios políticos son en base a cambios
socioculturales, o bien aportando matices cultural-sociales dentro de la historia. Todo esto
es una suerte de historia político-cultural. Thomas Macaulay, por otra parte, tiene un gran
interés por la vida cotidiana y el día a día de la historia, redactando la historia del pueblo y
difundiéndola a la clase obrera. Hay también aquellos que hacen historia social ligada
completamente a la historia económica, como Max Weber.
Dentro del estudio de la demografía contamos con una serie de métodos que nos permiten
entender como esta fue cambiando. A partir de esto, podemos ver una serie de evoluciones
en diferentes regiones de forma muy dispar. En el caso europeo, podemos hablar de un paso
de una sociedad forestal a un mundo lleno. La población es el factor primario de la
sociedad, un componente muy transversal, y la que implica una relación entre los efectivos
demográficos y la presión demográfica, así como el número de efectivos y el
hábitat/recursos, lo que puede llegar a desembocar en la dialéctica del poder.
La expansión del homo sapiens supone una masa crítica multiplicadora, teniendo una gran
versatilidad medioambiental y un alto nivel cultural; además, esta especie tiene una gran
capacidad para extenderse, como podemos ver en el poblamiento norteamericano, que solo
tomaría un milenio. La sedentarización, la ocupación de los bosques por medio de la
deforestación y la domesticación de las especies tendrá un gran impacto sobre el medio
ambiente. En la baja edad media, se produce un gran avance, fruto de la expansividad de
los siglos anteriores, donde se produce una ocupación intensiva del territorio en muchos
lugares de Europa, donde nace el concepto del mundo ‘’lleno’’, refiriéndonos a aquel
territorio donde la totalidad de las comarcas dignas de producir recursos están habitadas.
Esto generará profundos cambios en el paisaje, sobre todo en los bosques del continente, así
como un profundo cambio en las estructuras demográficas, donde las comunidades
humanas comienzan a crecer, provocando una densificación de la población rural, algo muy
sintomático de la creación de núcleos urbanos. Esta progresión hacia las ciudades comienza
en este momento, pero su mayor exponente se da entre el siglo XVIII y el siglo XX, pues
anteriormente las ciudades no eran algo común. Es en este momento cuando se llevan a
cabo una serie de características, donde prima el incremento de la realidad y un mayor
número de relaciones de todo tipo, que permiten este crecimiento masivo de las ciudades,
siendo su apogeo la mitad del siglo XX, con las áreas metropolitanas. Esto, pero, también
tiene una serie de peligros, como el surgimiento de las megalópolis.
Entre los mayores hitos de este proceso de urbanización tenemos procesos como la extinción
de los neandertales y la dispersión del homo sapiens, hacia el fin de la última glaciación y
la sedentarización, en base a la presión que supone la caza y la recolección. Estos métodos,
pero, sumados a la agricultura, supondrán también una gran presión hacia el medio
ambiente. En este momento se comienzan a dar concentraciones poblacionales, si bien
usualmente de forma extensiva, siendo el caso más paradigmático el de los castros, o bien
una mucho menor forma intensiva, con los primeros núcleos urbanos como Ur, Uruk o
Karnak, por ejemplo. Las primeras expansiones intensivas del medio se darán en la Edad
Media, con una nueva colonización de las tierras. Posteriormente se romperá el modelo
rural para pasar al urbano, terminando finalmente con la transición demográfica, para dar
paso a las ocupaciones agresivas de los núcleos urbanos.
Aquí surge el factor espacial de la población, que resulta decisivo a la hora de estudiar el
crecimiento demográfico. A partir del año 1000 se produce un gran aumento de la
población, que llega a multiplicarse por 20 veces. Este incremento supuso una consecuente
dispersión, colonización, roturación, urbanización y metropolización del ser humano. Esto,
pero, no es siempre lo paradigmático, pues el aumento poblacional es desigual y no lineal.
Podemos hablar del caso de Ruán, que desde el siglo XIV al XVII, o incluso el retroceso de los
siglos XIV y XVII, con la peste y la crisis mediterránea. Un caso de crecimiento en estos
momentos, pero, lo podemos ver en Holanda desde el 1500 hasta el 1800, con un
crecimiento continuado. Un caso también muy paradigmático, así como vertiginoso, es el de
Inglaterra, que tuvo una estructura muy similar a la gallega en la Edad Moderna, pero que
sufrió un crecimiento desorbitado a partir del siglo XIX, pasando de 9 a 32’5 millones de
personas.
Dentro de los factores que influyen a la población tenemos los elementos fijos, como la
orografía, que supone un gran obstáculo para el asentamiento y las relaciones de la
población, la Tierra, que, según sus características, puede o no ser muy fértil, o puede
contener una serie de materias primas que cambien su actividad o el Clima, que influye en
la capacidad de controlar un territorio, en las patologías, en los tipos de cultivo o en la
existencia de crisis de subsistencia, muy comunes en la Europa preindustrial. Por otra parte,
contamos con una serie de factores sociales vinculados con el espacio, que pueden conllevar
a una versatilidad de la conducta. Aquí entran factores como la respuesta antropológica,
como la salud, la altura, el color de piel, la resistencia de esta, las inmunidades patológicas,
etc. Por otra parte, contamos con las decisiones humanas, como la nupcialidad, la natalidad
o la mortalidad bélica.
El factor espacial es esencial para entender todo esto. Sobre este espacio se pueden hacer
una serie de consideraciones, tanto en ámbito macro como micro. Dentro de este primer
concepto, podemos incluir a Europa como un extremo occidental de Eurasia, con una
barrera separada por más de 600 km, del Caspio a los Urales, lo que supone un canal
poblacional como puerta de entrada desde Asia Central. Posiblemente, la mayor barrera sea
climática, entre Asia y Europa, en base al gradiente térmico norte-sur y este-oeste, siendo
muy dispar el clima europeo del clima asiático, remitiendo claramente a las sociedades
pastoriles y nómadas de las hordas. A su vez, tenemos los mismos hechos propiamente en
Europa, como podemos ver en las heladas al este del eje Venecia-Hamburgo. Al oeste de este
territorio, pero, tenemos una costa recortada y abundante, con una orografía suave, donde
encontramos, posiblemente, las tierras más favorables para el habitamiento humano, las
llamadas lowlands, en inglés. Será cuando estas tierras estén llenas, que la colonización del
este empezará, la Ostkolonisation, hasta 1786, provocada en base a la sobrepoblación de
estas lowlands en Europa Occidental.
A pesar de lo ya explicado, siempre se deben de tener en cuenta las crisis de subsitencia que
llegaban a aparecer varias veces por década. Esto, si bien no tendría que provocar la muerte
de las poblaciones, si correspondería a una inmunodeficiencia, así como el hambre y la
subalimentación. La reducción de la producción también supone escasez y por lo tanto el
aumento de los precios. Todo esto provoca crisis alimentarias y un aumento de la
mortalidad. Por ende, las sociedades preindustriales resultan muy inestables.
Cualitativamente, la esperanza de vida estaba entre los 25-35 años, incluso 40, si bien
estamos incluyendo la mortalidad infantil, pues la gente podía llegar a edades incluso
similares a las actuales. Sí que es cierto que dos de cada tres personas morían por
enfermedades, factores como los microbios, los protozoos, las bacterias, los virus o los
bacilos. Estos seres son desconocidos, y los métodos de tratamiento son muy primitivos.
Apenas existen vacunas y la mutación de los microbios es continua. Además, desde la guerra
de los 100 años, la guerra estará muy extendida en todo el continente. Por último, el
desarrollo de las ciudades y el incremento de los flujos comerciales provocarán una gran
serie de contagios, como se puede ver, por ejemplo, en la muerte de muchos nativos
americanos. Hoy en día, sigue siendo un factor muy letal, como se puede ver en el SIDA o en
el ébola.
El factor microbiano es uno de los más esenciales en la sociedad, ya sea industrial o
precapitalista. Factores como la higiene, la sanidad del agua, la densidad de población o los
hábitos culturales son muy influyentes en este campo. Podemos hablar de cuatro métodos
de infección, por medio del aparato digestivo (cólera, tuberculosis), el aparato respiratorio
(Gripe, Peste neumónica), el reproductor (Sífilis, ETS varias) y las mordeduras o picaduras
de animales (Fiebre amarilla, malaria). Todo esto provoca un gran estrés vital, que
condiciona la vida de las sociedades, sobre todo en la época preindustrial. Existe un gran
miedo ante estas enfermedades, pues había un gran desconocimiento sobre ellas. Famoso es,
por ejemplo, el muro de la peste en Provenza, como cordón sanitario frente a la enfermedad
en 1721, construido en 5 meses y midiendo más de 100km.
Algunas de las enfermedades más temerosas pueden ser la Sífilis, iniciada tras las guerras
italianas, que bajaría en virulencia durante la edad moderna. El tifus y la viruela irán
creciendo en virulencia a lo largo de esta época hasta el siglo XIX, con alrededor de un 20%
de mortalidad. La disentería también es esencial. Las pestes, pero, son posiblemente la
mayor enfermedad de la historia, que ha afectado a la población humana desde el inicio de
los tiempos. Entre las diferentes epidemias, tenemos la de Justiniano, la Antonina o la Peste
Negra, todas con una gran mortalidad, llegando hasta al 80% de muertos. Por último, la
gripe española ha sido la última gran pandemia de la historia humana, contando con entre
50-100 millones de muertos.
Por otra parte, la guerra y la violencia son factores de constante importancia histórica, en
clave de mortalidad. Es inherente al concepto de invasión, como podemos ver en el
tribalismo nórdico, con comunidades fortificadas y la persistencia de comunidades
nómadas, siendo esto crónico en la Protohistoria. El potencial demográfico de la guerra,
como podemos ver con las invasiones hunas, que provocarían las invasiones bárbaras y la
caída del Imperio Romano de Occidente. Estos también estarán sostenidos en una larga
duración. Se intensifica en periodos de crisis y es vehicular en la dialéctica institucional. En
la edad moderna se calcula que hubo entre 2’5 y 3 millones de militares muertos; siendo,
pero, la edad contemporánea la más mortífera en este sentido.
Los mundos llenos, que no se refieren a una ocupación intensa y masiva del territorio, sino
una ocupación general y completa, donde un grupo humano se asienta en un territorio y
puede sacar partido a todos sus recursos con la tecnología existente. Este sería un proceso
de muy larga duración; podemos ver en el Imperio Carolingio una cierta tendencia a la
planificación, donde nace un concepto concreto de villa, en el que podemos ver poblaciones
muy extendidas, llegando a acaparar miles de hectáreas. Si bien, siguen existiendo una serie
de patrones sin tendencias agrarias. En estas tendencias, tenemos a los mercenarios
normandos en Sicilia de Roger II, que llegarían a Tierra Santa. También destacan los rúricos
y las dinastías rusas. Por último, los húngaros también suponen uno de estos pueblos,
siendo impuesto el patrón agrario por los sajones. Incluso en el siglo XIII, es difícil hablar de
mundos llenos, pues Europa Oriental aún estaba por llenarse ante las malas condiciones.
Será con Brandemburgo y la colonización entre el Elba y el Oder que se iniciará este
proceso, que durará varios siglos, frente a la colonización europea del Siglo X y XI.
La moneda, por ende, es un recurso pragmático, pero que llegó a resultar poco práctico en
base a la escasa liquidez de la economía, primando usualmente el trueque agropecuario.
Además, a lo largo de la historia, surgirán diversas paramonedas, como piezas de metal
muy utilizadas en el juego, en el comercio colonial (Token), etc.
A lo largo de esta asignatura, hemos podido ver como los aspectos actuales de la vida tienen
mucho que ver con las épocas prematuras de la historia, donde se llevaría a cabo el germen
de la civilización humana. El Estado, si bien dista mucho del concepto actual, ya era un
destacado elemento de la sociedad en el Antiguo Egipto, con la figura de los escribas muy en
nuestra mente. Existen claras evidencias de una Corte, que tenía el fin de legislar en el
mundo religioso y agrícola, y de aprovisionar a la población con víveres si no podían
hacerlo por ellos mismos. Además de esto, el estado también se encargaba de las obras
públicas por todo el país, viéndose esto muy bien en la distribución urbana, que a la larga
ayudaría también a la logística utilizada durante las conquistas, sobre todo en el Medio y
Nuevo Imperio. Destaca en este nuevo imperio también el uso de las tierras y explotaciones
mineras para poder ejercer ofrendas a los dioses, lo que llenaría los templos de cereales.
Las economías antiguas tienden a haberse estudiado de forma muy futil en base a la falta
de fuentes fiables sobre este campo. Quitando a Egipto, las sociedades del pasado nunca
fueron dadas a relatar los hechos económicos por medio de la escritura, lo que ofrece una
gran dificultad para los economistas de la historia. En el caso de la economía griega
antigua, podemos observar una economía muy centralizada al estilo palaciego en los
mundos minoico y micénico, que al verse destruidos, dan paso a una Edad Oscura en la
región, convirtiéndose las poblaciones en tributarias de los fenicios. Será con las
colonizaciones griegas, que esta economía resurgirá en base al comercio y a la entrada de
nuevos productos en el mercado, desarrollando la industria e intensificando el trabajo. En
este momento comenzará a darse de forma efectiva el uso de la moneda, donde la riqueza
mobiliaria pasa a tener más valor que la de tierras. El estado toma forma de polis. En este
sentido, Atenas será preponderante, en base a su liderazgo sobre la Liga de Delos, que le
ofrecería grandes cantidades de oro. En general, Grecia representa una economía mercantil
dirigida por los gobernantes hacia el mar y el exterior.
Por otra parte, la preponderancia del estado romano se forjará en base a su gran influencia
etrusca, y al desarrollo industrial y comercial de la misma, convirtiendo la economía
antigua en una internacional y ‘’global’’. A partir del cambio de Era, podemos ver como las
conquistas dejan de ser la principal fuente de riqueza, pasando a ser el desarrollo territorial
de Roma el germen del progreso, por medio de la PAX ROMANA. Roma también sería
pionera en los catastros, un sistema fiscal variado, y en la dominación y gestión del
patrimonio agrario, desarrollando fuertemente el latifundio por medio de siervos y colonos.
En Roma también nacerán corporaciones profesionales destinadas a los fabricantes y
comerciantes. Los grandes comerciantes contribuirán a la proliferación del comercio en el
Mar Mediterráneo, consolidado con el Imperio Romano. La estabilidad y la moneda oficial
hicieron del acto comercial algo mucho más seguro y lucrativo, sustituyendo la moneda
romana al dracma ático como patrón de intercambio; a esto también se añadiría el crédito.
Con la crisis del Siglo III, se sentarían las bases de la economía feudal. Diocleciano
prohibiría la subida masiva de los precios de los productos, y blindaría a los colonos a la
tierra, así como a su descendencia, con un compromiso legal, pasando a ser una suerte de
esclavos, y favoreciendo así el atraso tecnológico.
Los inicios del periodo feudal están marcados por un contexto de decadencia, donde las
ciudades han pasado a tener un carácter plenamente administrativo, y donde el comercio
ha quedado prácticamente suprimido de la actividad económica, que ahora se basaba en
villas y señoríos. El estado ha pasado a tener una presencia formal en el territori, por medio
de ordenanzas o leyes reales, donando propiedades a los señores feudales. En general, pero,
los estados pasarán a tener un poder muy pequeño, funcionando los señoríos, tanto laicos
como religiosos, como el poder real, tomándose como pequeños estados, centros de poder.
Esto supone que sean de facto el factor económico principal, destacando el engordamiento
de las instituciones eclesiásticas por medio de donaciones.
La llegada de los bárbaros al Imperio Romano implicó una serie de cambios en la propiedad
de la tierra que marcarían en gran medida esta época, existiendo tres variantes; la
asignación de tierras, ya sea por control directo o indirecto; la expropiación violenta; o bien
el establecimiento en zonas casi despobladas. El pillaje se institucionaliza, haciendo de la
guerra una actividad económica, pero preservando una cierta autoridad económica por
medio de cargas impositivas. Sería con el Imperio Carolingio que las villas comenzarían a ser
lugar de importantes transacciones económicas, reservando un tercio de estas para las
propiedades señoriales, otro para el trabajo de la tierra y otro para actividades de
campesinos libres a cambio de trabajo. Los monarcas también incentivarían las
colonizaciones de nuevas tierras, como sucedería en la Península Ibérica o en Europa del
Este. Desde el Siglo X, los habitantes de las ciudades fueron en crecimiento, fruto del
renacimiento del comercio mercantil. Ningún proceso de urbanización hasta el Siglo XIX tuvo
tanta importancia como el aquí acaecido, acelerando el tiempo histórico, como diría
Braudel. En el siglo XII tendían a contar con unos 7.000 habitantes, acrecentándose mucho
a partir de ese momento. La mayor parte de habitantes de estas urbes fueron artesanos,
comerciantes y burócratas, así como los marginados sociales. La ciudad resulta un lugar de
contrastes sociales y económicos, siendo el ámbito en el que se refugia la inmensa cantidad
de pobres, haciendo de la caridad un factor notable cuanto menos, acrecentado en las
edades media y moderna; desde la Peste Negra, comienzan a proliferar las donaciones
privadas, de príncipes y de administradores, siendo estas usualmente alimentos y prendas
de vestir.
Por otra parte, acercándonos ya a la Edad Moderna, vemos como comienzan a nacer
conceptos como el de economía política, y el estado comienza a afirmarse como lo que es
hoy en día. Si bien esta época no rompió con los parámetros tradicionales de la economía,
manteniendo las actividades anteriores. El desarrollo del estado, pero, supone uno de los
más grandes hitos de la Historia, que si bien no se llega a contemplar hasta el Siglo XVIII, es
primordial en esta época. Un síntoma fuerte del Estado Moderno, por ejemplo, es la
institucionalización de cargas impositivas primarias en la financiación pública, pues antes
de esto, muchos de los ingresos del Estado provenían incluso del saqueo y el pillaje. Se ve
muy bien esto en la Inglaterra del Siglo XVI, con sus Privateers, básicamente corsarios. Las
razones de esto radican en la ineficacia de la acción fiscal, pues no era fácil recaudar
impuestos, y los grupos privilegiados no tenían que pagarlos. Es por esto que en la época
preindustrial, los ingresos fiscales públicos tendían a encontrarse sobre el 6% de los
ingresos, siendo las ganancias del Estado en su mayoría indirectas.
Por todo esto, en el Siglo XVII comenzará a surgir la economía política como un sistema
distinto de conocimiento objetivo. Aquí nace la necesidad de establecer políticas económicas
nacionales para dirigir y regular el aumento del comercio y las nuevas técnicas capitalistas.
De las nuevas imprentas surgirían extensos panfletos aconsejando a los administradores en
cuestiones de hacienda y desarrollo económico, enfocándose en la supervivencia de la
monarquía por medio de la efectividad del Mercantilismo. Nacerá la figura del asesor
económico, como William Petty, que desempeñaron la labor de favorecer al interés nacional
frente al clasista, por medio de la aritmética política. Esto supuso que el centro comercial
europeo pasase de Ámsterdam a Londres, por su capital humano, fijo y circulante, además
de su base organizativa y su favor hacia las clases mercantiles.
El Estado Nación comienza a plantearse en este momento, como forma de gobierno entre el
control firme de la sociedad y la presión de la demanda privada. A pesar de esto, muchos
estados mantendrán hasta la actualidad instituciones públicas como las fuerzas armadas,
los subsidios o los bancos centrales, empleando su capital en mantener a una gran cantidad
de personas, derivado de una gran presión fiscal. Ya desde el Siglo XVIII en Francia se
planteó este modelo, pretendiendo liberalizar en total medida el sector productivo. El
librecambismo dominará, pues, la política económica, pero los estados también adquirirán
proporciones gigantescas entre el Siglo XIX y XX, adquiriendo una trascendencia económica
nunca antes vista. Como precedente, en el Siglo XVIII podemos ver el desarrollo de la Banca
Estatal, siendo el primero el banco de Inglaterra en 1694, como un consorcio de financieros
con el provilegio de gestionar las finanzas estatales y manejar los créditos al gobierno.
Posteirores a este banco también tenemos algunos como el Prusio, el Ruso, el Español o el
Francés, así como las bolsas inglesa en 1711, y francesa en 1724. El estado asumiría la serie
de competencias reguladoras antes concepto de nobles y eclesiásticos, tutelando todo el
sistema. Aquí nace el concepto del Servicio Público.
Adam Smith será la figura principal en la base de la construcción de este nuevo modelo
económico, sentando las bases del liberalismo, y entendiendo que la labor del estado pasaba
por proteger de la violencia y la injusticia, y promover la construcción de obras públicas e
instituciones políticas para ofrecer un cierto bienestar al individuo. A partir del Siglo XIX,
vemos como este modelo se institucionaliza en todos sus ámbitos, con un fuerte movimiento
de reducción de las trabas al comercio internacional, promoviendo el librecambismo y
unificando los mercados nacionales al liberar la circulación de bienes, lo cual también
contribuiría a la unificación de estados como Alemania o Italia. El estado, pero, no dejaría
atrás su importancia económica, en base a su capacidad de influencia derivada de los
individuos dependientes de este. Todo esto acabaría degenerando en ideologías extremistas
como el totalitarismo, pero también la desregulación que provocaría caídas como el Crack
del 29. De aquí saldría una Tercera Vía política basada en un intervencionismo significante
pero no absoluto, de corte paternalista. Es paradigmático el New Deal de Roosevelt,
promoviendo políticas de construcción y mantenimiento, así como de subsidios y seguros,
acentuando lo social en base a la intervención económica, garantizando una seguridad
social pero eludiendo la vía revolucionaria. La maquiaria del Estado había sido implantada.
En general, las sociedades preindustriales cuentan con una serie de características que
hacen de lo familiar lo más primordial. Las personas se encuentran débilmente integradas
en el sentido macro de la sociedad, pues lo social se manifiesta más en lo micro. La
sociabilidad es muy notable en el primer círculo parroquial. La sociedad en sí cuenta con un
ferviente enfoque Corporativo, dejando a un lado el individualismo, enfocando más los
sistemas de producción en el dominio y el vasallaje. Por último, tenemos una acusada
determinación ambiental, pues desde el 8000 a.C. vemos una clara oscilación entre máximos
y mínimos términos en la temperatura global. Sobre todo, aquí destacan el máximo dado
entre el 250 a.C. y el 350 d.C. y la Pequeña Edad de Hielo del 1525 al 1800.
No podemos entender, pero, la familia como algo similar a lo actual, pues podemos ver en
conceptos como la Casa, el gens o el linaje son paradigmáticos de una sociedad muy
familiar. Usualmente, estos acaban por ser un grupo de parentesco extenso, fruto de un
conocido antepasado, sobre el que se depositan expectativas. Es preponderante en términos
sociales e históricos, y es afín a la familia. Cuanto más antiguos son los linajes, tienden a
ser más grandes. A lo largo de la Historia, encontramos una serie de conceptos afines a
este, como pueden ser el Oikos, entre lo social y lo institucional, o el Gens, como una
agrupación al estilo de un linaje que se acaba extinguiendo con el cristianismo, que
implanta la prohibición de la endogamia y del divorcio. Las familias, pero, aún siguen
considerándose como un conjunto de solidaridad muy amplio.
En su faceta económica, vemos esto también como algo esencial. Las herencias y la
dimensión de los agregados domésticos influyen primordialmente en la vida preindustrial.
Además, vemos una serie de grandes diferencias en el sistema hereditario en función de las
distintas regiones, muy notable en Francia y Galicia teniendo como fronteras el Loira y la
Dorsal gallega. Aún con todo esto, podemos ver una serie de variaciones y casos concretos
donde esto no sucede así. Se ve muy bien en sociedades como la francesa del siglo XVIII con
las consortías y las aldeas familiares, en las zadrugas eslavas, en la numerosidad de las
familias en Europa oriental. La dominación señorial también influye en gran medida en su
campo, pues más gente en las familias supone más mano de obra. Esto implica que se
estimule la cohabitación extensa, así como los matrimonios endógenos y la
rematrimonización de viudas, todo para incentivar la eficiencia agraria, espacial y social.
Pese a esto, las familias progresivamente se van haciendo más pequeñas, conservándose
solamente en la nobleza y los campesinos emigradows ya en la época capitalista. A lo largo
de la Edad Moderna, pero, surge un nuevo modelo familiar, donde se encarece la figura del
patriarca, y empieza a predominar la familia nuclear de forma hegemónica, usualmente de
5 miembros, pero que puede llegar hasta 7, considerándose estas familias completas (Un
hijo cada 2 años). Se produce un reforzamiento del hogar. Todo esto no surge con la
industrialización, pues ya pasaba en la Edad Media. Aquí surge el concepto del
evolucionismo familiar, pasando de linajes abiertos, a familias patriarcales, a familias
nucleares, pero esto solo se da en procesos de larga duración. En la Edad Moderna, no suele
haber familias de no más de 12 miembros.
La familia como tal, pero, sigue siendo un concepto diverso. Existe una percepción laxa de lo
que es la familia, pues se pueden incluir habitantes de un mismo hogar, como trabajadores,
sirvientes, o incluso esclavos. El padre cuenta con una serie de capacidades, de carácter
económico y como figura autoritaria en los hogares, incluso como ministro de Dios según la
tradición protestante. Existe el concepto de las familias temporales, regulada por contrato,
y usual en adolescentes, con el fin de ofrecer una formación tanto laboral como moral y
sentimental. Por ende, el grupo familiar puede llegar a ser muy cambiante. Un caso
contrario a todo esto es el de la aristocracia, equivalente al 1% de la población, donde
pervive la corresidencia, los linajes, la afectividad y los mandos testamentarios. Podemos
hablar del concepto de familia en la sociedad precapitalista como una fusión entre las
relaciones de hombre y esposa, de padre e hijos, y de amo y sirvientes.
Por último, cabe hablar del feudalismo tardío que se dio durante la Edad Moderna y en los
anales de la sociedad precapitalista. Este queda encajado entre dos modelos sociales, el de
las castas y la sacralización, y el de las clases. El estamentalismo nace con los
indoeuropeos, pero se institucionalizará en la Plena Edad Media. Este modelo, en sí, implica
una división social del trabajo, jerarquizada en tres funciones, en el privilegio y en los
criterios superestructurales. Se minorizan los factores económicos frente a la sangre, y
existe un modelo social institucionalizado. En general, se aboga por la estructura y el orden.
Las castas, por lo general, distan de los estamentos, pero muchas características son afines
en ambos grupos. Las castas se basan en un orden religioso, donde la economía y la política
se complementan, estando los intocables fuera del sistema. Este sistema estuvo vigente en la
India, en Nueva España o en Esparta. Por otra parte, la sociedad estamental se basa en una
sociedad taxonómica, donde los grupos sociales tienden a ser endogámicos y donde prima lo
familiar sobre lo económico, así como el patrimonio frente al capital. Este último era, pero,
sólido y real, operativo y políticamente correcto, donde existían hechos como las Cortes, los
privilegios asumidos por la sociedad, el orden jurídico, el ejército y su forma de ascensión, y
las leyes sociales. Todo esto es cierto, pero existen ciertas disfunciones al orden establecido.
Las fuentes tienden a reflejar el clima del momento, más que la propia realidad, pues
parece absurdo pensar que el 90% de la población estuviese aglutinada en un solo
estamento.
El concepto de sociedad estamental funciona, pero no permite entenderlo todo. Hechos como
la nobleza dinámica, los medianos (Personalidades polivalentes), los burgueses, los grupos
estructurados en lo económico, un presunto cuarto estamento o la diversidad de los cargos
eclesiásticos distan mucho de la concepción establecida por el concepto. Además, muchos
autores afirman que ya desde la Baja Edad Media existe una sociedad de clases, otros dicen
que sendos paradigmas pudieron existir coetáneamente, y cabe destacar que las divisiones
fiscales estaban establecidas en 6 grupos. Podemos hablar, pues, de una sociedad muy
compleja y heterogénea.
Tema 8. El Estado, los poderes y su organización.
Tipologías básicas de las ideologías políticas
Las ideas políticas y la ideología son primordiales para entender este punto. La política es el
trasfondo de la conciencia social crítica, existiendo un cierto grado siempre en las
conciencias sociales históricas, pues lo apolítico no existe. Existe, pero, una doble acepción
de la ideología, con afanes generalistas, como conjunto de ideologías ordenadas, y
peyorativas, como ocurrencias varias. Esto prima en las sociedades precapitalistas, que
además tienden a estar muy revertidas por la religión, la costumbre, la tradición, el
estamento, etc. Ideología en sí, pues, no termina de nacer hasta el siglo XVIII, como la
ciencia de las ideas, y que se acaba convirtiendo en las ideas mismas en el XIX. Ya en el XX,
se toma incluso como forma de llegar al poder de forma sencilla, o bien tomando el
concepto de politiquería. Se entiende por los marxistas como una falsa conciencia de clase,
impuesta por el grupo dominante como proceso de alienación, reivindicando un pensamiento
objetivo para la clase obrera. Adam Smith planteaba que el instinto natural manifestaba un
afán económico en las personas, sin que el estado tenga que regular la economía, con un
afán buenista. Ideología se define como cualquier conjunto de ideas por el cual los humanos
pretenden explicar los fines y medios de accion social organizada.
Surgen los ideosistemas políticos, como cualquier construcción intelectual que tiene
relevancia en la política. Existen cuatro, siendo los primeros las teorías políticas, al menos
desde el siglo IV a.C., siendo muy teóricas, pero coherentes y sistemáticas, proyectando
sistemas inexistentes a lo largo de los últimos siglos. Pueden ser la base de una ideología, y
son desarrolladas por personalidades muy variadas, como Platón, Aristóteles, Confucio,
Laozi. Son abstractas y huidizas, no teniendo que expresarse directamente desde la política,
y pueden adoptar discursos diversos. Posteriormente tenemos las identidades políticas,
como sistemas elementales y poco teóricos, que costruyen la base de ideas y valores
populares, sin una base teórica amplia, asumidas de forma acrítica y maniqueísta, lo que
puede desembocar en extremismos. Patricios y plebeyos, güelfos y gibelinos, comuneros de
Castilla, puritanos y católicos, ‘’carcas y progres’’. Es un concepto en retorno, bastante en la
actualidad, como el nacionalismo blanco, el Yihadismo, el liberalismo de facultad, las ideas
Woke, etc. Por otra parte tenemos las culturas políticas, con un consenso social abrumador,
que han superado las cuestiones políticas y se han asumido como una convención política,
como las ideas y valores elementales predominantes. En la actualidad tenemos realidades
como la igualdad, la no violencia, el diálogo y la sostenibilidad. Por último tenemos las
ideologías políticas, como un conjunto de ideas comunes a los grupos de conciencia política,
que suelen implicar un proyecto consciente y pragmático, que nacen en la Baja Edad
Moderna, y explotan en el Siglo XIX. Esto implica que existan sociedades políticas,
superando a lo elitista, y es paralelo a la idea de ciudadanía y de los valores democráticos.
A lo largo de la historia, han surgido una serie de ideologías políticas que han influido en
mayor o menor medida a la política del momento. Primeramente tenemos el absolutismo
moderno, que no casa exactamente como ideología, pero remite a la sociedad estamental,
una cosmovisión religiosa, irracional y consuetudinaria, que no comparte el principio de la
ciudadanía y no contempla derecha ni izquierda. De este concepto surgirán ideologías como
el neotradicionalismo, que implica valores del absolutismo y un corporativismo político
disimulado, el socialcatolicismo, con unas tímidas reformas sociales hacia la clase obrera, y
su evolución hacia la democracia cristiana. Las ideologías liberales surgen de una base
filosófica racional y universalista, con el sujeto colectivo de la nación, defendiendo el
invividualismo y la igualdad formal ante la ley. Están solapadas con varios grados de
libertad económica, entendiendo la existencia de un estado fuerte, normativo pero no
intrusivo. Se toma énfasis en el bienestar más a través del aumento de la riqueza que en el
reparto de la misma. Uno de sus mayores problemas es que cuenta con múltiples rostros, ya
sean de derecha, centro-derecha, centro, izquierda moderada, socialdemocracia, etc. Por
otra parte tenemos las ideologías colectivistas, siendo plenamente reactivas tanto al
absolutismo como al liberalismo, negando la propiedad privada como derecho natural, y
tienen una fuerte base revolucionaria. El sujeto histórico es el grupo social, y pone énfasis
en el bienestar por medio del reparto. Entran aquí el socialismo utópico, el marxismo, el
anarquismo, el comunismo, los populismos, etc. Los fascismos se definen como una
ideología de base elitista y poco social, con una cierta carga tradicionalista,
socialdarwinista, y generalmente laicista. Tiene un germen claramente irracional, intuitivo y
emocional, donde el sujeto colectivo es el pueblo, como raza. Tanto el fascismo como
determinados comunismos pueden desembocar en regímenes de intervencionismo absoluto,
de carácter totalitarista (Nazismo, Stalinismo). El antónimo básico a la ideología es el
nihilismo, como corriente que rechaza los principios religiosos y morales, y desprecia las
ideologías como absurdas. No es raro y puede ser tóxico para la política nacional.