Ahora uno se explota a sí mismo y cree que está realizándose”
El filósofo surcoreano Byung-Chul Han, un verdadero artista crítico de la sociedad de
consumo desarrolla su teoría sobre el “infierno de lo igual”
Byung-Chul Han, es uno de los más reconocidos críticos de la sociedad hiperconsumista y
neoliberal. En sus libros como “La sociedad del cansancio “, “Psicopolítica” o “La expulsión de
lo distinto “, el autor articula a la perfección un discurso intelectual capaz de conectar distintas
aristas en una sola figura. Su desarrollo conceptual se da a modo de “red” donde todo se
conecta con todo.
“En la orwelliana de 1984, esa sociedad era consciente de que estaba siendo dominada, hoy no
tenemos ni esa consciencia de dominación” afirmó Byung-Chul Han en el Centro de Cultura
Contemporánea de Barcelona. Su particular cosmovisión se fundamenta en su tesis, la cual
sostiene que los individuos se autoexplotan y sienten terror hacia lo otro, hacia lo diferente.
Así es como viven en “el infierno de lo igual”.
El infierno de lo igual y la intolerancia a lo diferente
Autenticidad. Según Han, los humanos nos mostramos como auténticos porque “todos
queremos ser distintos de los demás”, lo cual significa “producirse a uno mismo”. Lo que
sucede, es que en la actualidad resulta imposible ser auténtico porque “en esa voluntad de ser
distinto prosigue lo igual”. Y como resultado, solo se permite que se den “diferencias
comercializables”.
Autoexplotación. Byung afirma que hemos pasado del “deber de hacer” al “poder hacerla”.
“Se vive con la angustia de no hacer siempre todo lo que se puede”, y si no se triunfa, es culpa
suya. “Ahora uno se explota a sí mismo figurándose que se está realizando; es la pérfida lógica
del neoliberalismo que culmina en el síndrome del trabajador quemado”. Y la consecuencia,
peor: “Ya no hay contra quien dirigir la revolución, no hay otros de donde provenga la
represión”. Es “la alienación de uno mismo”, que en lo físico se traduce en anorexias o en
sobreingestas de comida o de productos de consumo u ocio.
Comunicación. “Sin la presencia del otro, la comunicación degenera en un intercambio de
información: las relaciones se reemplazan por las conexiones, y así solo se enlaza con lo igual;
la comunicación digital es solo vista, hemos perdido todos los sentidos; estamos en una fase
debilitada de la comunicación, como nunca: la comunicación global y de los likes solo
consiente a los que son más iguales a uno; ¡lo igual no duele!”
Narcisismo. Sostiene Han que “ser observado hoy es un aspecto central de ser en el mundo”.
La dificultad reside en que “el narcisista es ciego a la hora de ver al otro” y en ausencia de ese
otro “uno no puede producir por sí mismo el sentimiento de autoestima”. El arte no ha salido
ileso, “El arte ha degenerado en narcisismo, está al servicio del consumo, se pagan
injustificadas burradas por él, es ya víctima del sistema; si fuera ajeno al mismo, sería una
narrativa nueva, pero no lo es”.
‘Big data’. “Los macrodatos hacen superfluo el pensamiento porque si todo es numerable,
todo es igual… Estamos en pleno dataísmo: el hombre ya no es soberano de sí mismo, sino que
es resultado de una operación algorítmica que lo domina sin que lo perciba; lo vemos en China
con la concesión de visados según los datos que maneja el Estado o en la técnica del
reconocimiento facial”. ¿La revuelta pasaría por dejar de compartir datos o de estar en las
redes sociales? “¿O es que el algoritmo hará ahora al hombre?
Otros. Es el pilar de sus reflexiones más recientes. “Cuanto más iguales son las personas, más
aumenta la producción; esa es la lógica actual; el capital necesita que todos seamos iguales,
incluso los turistas; el neoliberalismo no funcionaría si las personas fuéramos distintas”. Por
ello propone “regresar al animal original, que no consume ni comunica desaforadamente; no
tengo soluciones concretas, pero puede que al final el sistema implosione por sí mismo… En
cualquier caso, vivimos en una época de conformismo radical: la universidad tiene clientes y
solo crea trabajadores, no forma espiritualmente; el mundo está al límite de su capacidad;
quizá así llegue un cortocircuito y recuperemos ese animal original”
Tiempo. Es necesaria una revolución en el uso del tiempo, sostiene el filósofo. “La aceleración
actual disminuye la capacidad de permanecer: necesitamos un tiempo propio que el sistema
productivo no nos deja; requerimos de un tiempo de fiesta, que significa estar parados, sin
nada productivo que hacer, pero que no debe confundirse con un tiempo de recuperación
para seguir trabajando; el tiempo trabajado es tiempo perdido, no es tiempo para nosotros”