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32-33 Parashot Behar - Bejukotai

Este documento resume las parashot Behar y Bejukotai del libro de Levítico. Habla sobre el año sabático en el que la tierra descansa y confiar en Dios para la cosecha. También discute la necesidad de confiar absolutamente en Dios y su Torá en lugar de preocuparse por las necesidades materiales. Finalmente, presenta una historia sobre el rabino Reb Zusia para ilustrar la importancia de la confianza en Dios.
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32-33 Parashot Behar - Bejukotai

Este documento resume las parashot Behar y Bejukotai del libro de Levítico. Habla sobre el año sabático en el que la tierra descansa y confiar en Dios para la cosecha. También discute la necesidad de confiar absolutamente en Dios y su Torá en lugar de preocuparse por las necesidades materiales. Finalmente, presenta una historia sobre el rabino Reb Zusia para ilustrar la importancia de la confianza en Dios.
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Parashot Behar / Bejukotai

Por Prof. José Alberto Fuentes


Vayikrá (Levítico) 25:1 – 27:34
Haftará: Yirmeyahu (Jeremías) 16:19-17:14
Con la ayuda de Dios estamos por concluir el libro de Vayicrá, no sin antes ver uno de los
temas más importantes de toda la Escritura; esto es, la confianza absoluta en Hashem, bendito
sea.
La Torá dice:
Hashem habló a Moisés en el monte de Sinaí, diciendo: Habla a los hijos de Israel y
diles: Cuando hayáis entrado en la tierra que yo os doy, la tierra guardará reposo
para Hashem. Seis años sembrarás tu tierra, y seis años podarás tu viña y recogerás
sus frutos. Pero el séptimo año la tierra tendrá descanso, reposo para Hashem; no
sembrarás tu tierra, ni podarás tu viña. Lo que de suyo naciere en tu tierra segada,
no lo segarás, y las uvas de tu viñedo no vendimiarás; año de reposo será para la
tierra. Mas el descanso de la tierra te dará para comer a ti, a tu siervo, a tu sierva,
a tu criado, y a tu extranjero que morare contigo; y a tu animal, y a la bestia que
hubiere en tu tierra, será todo el fruto de ella para comer. (Levítico 25:7)
Dejar de trabajar la tierra durante un año ¿es verdad esto? ¿es racional?
Sí, es verdad, sí, también racional, cuando confías el Hacedor del cielo y la tierra, el Dios
Todopoderoso. Si así lo dice en su Torá no hay porque dudarlo.
Hay un profundo mensaje en esta instrucción, como lo dicen los sabios:
Toda la enseñanza de la shemitá es que "la naturaleza" es una ilusión. Hashem dirige
el mundo y así como Él hace que no haya pérdida por no trabajar en shabat, así
también Él asegura que nada va a ser perdido por cesar de trabajar la tierra todo un
año. Esto es para enseñarnos a no convertirnos en esclavos de la "naturaleza", porque
este mundo no es más que un corredor al verdadero mundo de la espiritualidad. Pero
el hombre no puede desasociarse a sí mismo del marco del mundo en el cual existe;
la Torá claramente le ordena sembrar y cosechar por seis años, así como tiene que
trabajar seis días por semana. Pero a través de contar los días de trabajo en relación
al shabat y los seis años de cultivo en relación al año de shemitá, podemos conectar
lo mundano y la rutina con lo sagrado y lo especial. (Mesilot hatorá)
Desafortunadamente, la gran mayoría de nosotros vivimos engañados por el mundo material
que nos rodea. Es como si estuviéramos atrapados en un sistema que no permite que veamos
la “mano de Dios” y el mundo de la verdad -graciosamente podríamos decir que vivimos en
la “MATRIX”. Creemos que por trabajar más y ser como máquinas vamos a conseguir todo.
Vemos a este mundo como un fin en sí mismo y no como un medio para alcanzar un fin
mayor. Pasamos mucho tiempo tratando de ganarnos el sustento, con grandes esfuerzos,
cuando la Torá nos viene a abrir los ojos y nos dice que Hashem tiene el control de todo. La
respuesta que todo el mundo busca, está en esta porción de la Torá, ¡obedece y confía en
Hashem!
Dijo nuestro santo rabino Yeshúa:
No os afanéis por vuestra vida, qué habéis de comer o qué habéis de beber; ni por
vuestro cuerpo, qué habéis de vestir. ¿No es la vida más que el alimento, y el cuerpo
más que el vestido? Mirad las aves del cielo, que no siembran, ni siegan, ni recogen
en graneros; y vuestro Padre celestial las alimenta. ¿No valéis vosotros mucho más
que ellas? ¿Y quién de vosotros podrá, por mucho que se afane, añadir a su estatura
un codo? Y por el vestido, ¿por qué os afanáis? Considerad los lirios del campo,
cómo crecen: no trabajan ni hilan; pero os digo, que ni aun Salomón con toda su
gloria se vistió así como uno de ellos. Y si la hierba del campo que hoy es, y mañana
se echa en el horno, Dios la viste así, ¿no hará mucho más a vosotros, hombres de
poca fe? No os afanéis, pues, diciendo: ¿Qué comeremos, o qué beberemos, o qué
vestiremos? Porque los gentiles buscan todas estas cosas; pero vuestro Padre
celestial sabe que tenéis necesidad de todas estas cosas. Mas buscad primeramente
el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas. (Mateo 6:25-33)
Escuche de uno de mis maestros - Dr. Ketriel Blad - decir que, cuando el maestro les dice:
“hombres de poca fe”, no significa necesariamente una expresión de menosprecio como
comúnmente se entiende, significa que hombres con poca fe pueden lograr mucho, es decir
sólo hace falta poca fe.
Nuestro Dios tiene el control de la naturaleza, así que no temas a oír su voz y obedecerle. En
hebreo la naturaleza se dice: hateva que increíblemente tiene el mismo valor numérico que
el nombre de Elohim.
Salgamos del sistema amados hermanos en el Mesías, ese sistema que nos engaña
constantemente, confiemos en Hashem y no en este mundo pasajero, veamos quien realmente
está detrás de todo.
El dulce cantor de Israel nos dice:
Hashem es mi pastor; nada me faltará. (Salmo 23:1)
Quiero compartir una historia que ha tocado profundamente mi vida, justo sobre el tema
del bitajón (confianza en Hashem).
Este es uno de los relatos de un jasid que sabía quién realmente era su proveedor, aunque el
entorno o la gente pensara lo contrario, él sabía en quien creía, él vivía en base a todos estos
textos bíblicos que hablan de la confianza en Hashem. Hablo de Reb Zusia.
Hay una anécdota de Reb Zusia con su shamash (sirviente). Shamash que no siempre
estaba del todo bien, sabía que Reb Zusia se pasaba toda la noche estudiando, rezaba
en la mañana y continuaba estudiando sin comer nada hasta las cuatro de la tarde. A
esa hora, miraba al cielo y decía: “Dios, Zusia tiene hambre”. Al escuchar eso, el
shamash sabía que era hora de servirle algo de comer. Depués de servir de esa manera
a Reb Zusia durante 30 años, el shamash decidió dar una lección a Reb Zusia y
demostrarle que, si no fuera por él, no tendría nada que comer: se puso en huelga.
Esa noche, un judío muy adinerado llegó al pueblo de Annapol, un pueblo muy pobre
cuyas aceras consistían en pedazos de maderas muy angostas y por las cuales podía
pasar únicamente una persona a la vez. Hacía mucho frio y lluvia cuando llegó la
carreta de este hombre adinerado; bajó y se dirigió a la posada. Al otro extremo de la
angosta acera, un anciano judío envuelto en un abrigo verde bastante viejo caminaba
hacia él, cabizbajo, sin darse cuenta de su presencia. En forma arrogante, el adinerado
caminó bruscamente por la acera dando un codazo al anciano y haciéndolo caer en el
lodo. El hombre rico soltó una carcajada y continúo su camino.
Cuando llegó a la posada, contó al posadero lo que había pasado, aun riéndose de lo
que había hecho, el posadero pregunto:
- ¿De casualidad ese viejo judío llevaba un abrigo verde?
- Sí.
- A las dos de la mañana con una capota verde – dijo el posadero al hombre
rico- el único que camina por las calles es Reb Zusia, que va camino a la mikvé
(“pila bautismal”)
El judío adinerado dejó de reír y su rostro palideció.
- ¿El famoso tsadik (justo) Reb Zusia?
- Sí.
- ¡Oy vey! ¿Qué hice?
El posadero lo tranquilizó y le dijo:
- No se preocupe, Reb Zusia es un hombre santo. Estoy seguro que no va a
culparlo. Si le quiere pedir una disculpa, le sugiero que espere hasta mañana.
Prepare algo de comida, tal vez una botella de vodka y vaya al shul (sinagoga) y
espere. A las cuatro de la tarde, Reb Zusia pide a Dios que le mande algo de
comer. En ese momento, entre al shul con la comida lista y pídale mejilá (una
disculpa). Estoy seguro que no únicamente lo disculpará sino que además lo
bendecirá de todo corazón.
Mientras tanto, el shamash esperaba ver la expresión de Reb Zusia cuando
levantara los ojos y pidiera a Dios comida, y no hubiera nada para comer. ¿Qué
iba a hacer Reb Zusia? Ansiosamente, el shamash esperó mientras espiaba a través
de un pequeño agujero de la pared. Exactamente a las cuatro de la tarde, Reb Zusia
levantó los ojos y dijo: “Dios, Zusia tiene hambre”. En ese momento, el judío
adinerado entró por una puerta lateral del shul con un bandeja llena de comida y
una botella de vodka.
Como pueden ver shamash solo era un vehículo de Dios para dar de comer a su tsadik. La
grandeza de Reb Zusia fue que se entrenó para depender únicamente de Dios. La recompensa
fue que su comida no dependía de ningún otro vehículo. Era como si Dios le diera de comer
con sus propias manos. (Del libro “Y nada me faltará”, por el Rabino Ezriel Tauber.)
Recomiendo bastante este libro para profundizar en el tema, lo considero uno de mis libros
favoritos.
Por su parte la última parashá, Bejukotai, habla sobre bendiciones por obedecer y lo contrario
por desobedecer, con esta yuxtaposición, aprendemos que si logramos el nivel de confianza
absoluta en Hashem y su Torá, entonces toda la bendición está preparada de antemano como
está escrito:
Si anduviereis en mis decretos y guardareis mis mandamientos, y los pusiereis por
obra, yo daré vuestra lluvia en su tiempo, y la tierra rendirá sus productos, y el árbol
del campo dará su fruto. Vuestra trilla alcanzará a la vendimia, y la vendimia
alcanzará a la sementera, y comeréis vuestro pan hasta saciaros, y habitaréis seguros
en vuestra tierra. Y yo daré paz en la tierra, y dormiréis, y no habrá quien os espante;
y haré quitar de vuestra tierra las malas bestias, y la espada no pasará por vuestro
país. Y perseguiréis a vuestros enemigos, y caerán a espada delante de
vosotros. Cinco de vosotros perseguirán a ciento, y ciento de vosotros perseguirán a
diez mil, y vuestros enemigos caerán a filo de espada delante de vosotros. Porque yo
me volveré a vosotros, y os haré crecer, y os multiplicaré, y afirmaré mi pacto con
vosotros. Comeréis lo añejo de mucho tiempo, y pondréis fuera lo añejo para guardar
lo nuevo. Y pondré mi morada en medio de vosotros, y mi alma no os abominará; y
andaré entre vosotros, y yo seré vuestro Dios, y vosotros seréis mi pueblo.
Yo Hashem vuestro Dios, que os saqué de la tierra de Egipto, para que no fueseis sus
siervos, y rompí las coyundas de vuestro yugo, y os he hecho andar con el rostro
erguido. (Levítico 26:3-13)
Amén ve amén.
Shabat shalom

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