REPÚBLICA BOLIVARIANA DE VENEZUELA
MINISTERIO DEL PODER POPULAR PARA LA EDUCACIÓN
MINISTERIO DEL PODER POPULAR PARA
EDUCACIÓN UNIVERSITARIA
UNIVERSIDAD NACIONAL EXPERIMENTAL DEL MAGISTERIO
"SAMUEL ROBINSON"
(UNEM)
PEDAGOGÍA DE LA AUTONOMÍA: PAULO FREIRE
Sábado. 01-10-2022.
SECCIÓN 7 CAJIGAL:
PARTICIPANTE: Enderson Pinto.
Investigación de internet, acompañada luego de una lista de lo que propone Paulo
En Pedagogía de la autonomía, Freire nos convoca a pensar acerca de lo que los
maestros deben saber, y de lo que deben hacer, en el proceso de la enseñanza y el
aprendizaje, sobre todo cuando el énfasis está puesto en educar para lograr la
igualdad, la transformación y la inclusión de todos los individuos en la sociedad.
Freire no va a justificar el analfabetismo o la no asistencia a las escuelas por la
irresponsabilidad de los padres o por el resultado de sus bajos ingresos, porque
para él la educación y las posibilidades que ella brinda de mejoramiento de la
humanidad son fundamentales en su concepción sobre la liberación de los
individuos y su inclusión en las sociedades.
Nos ofrece un marco conceptual relacionado con la práctica de los profesionales de
la educación, quienes para este autor estarán comprometidos tanto con la
enseñanza como con el aprendizaje. Articula un total de veinte "saberes" o
principios a tener en cuenta, vinculados a tres capítulos principales, los cuales a su
vez son los pilares conceptuales de esta obra: No hay enseñanza sin aprendizaje;
enseñar no es transferir conocimientos; y el proceso de educar es sólo una empresa
humana.
El primer principio entraña una profunda concepción de Freire, mediante la cual
nos conmina a pensar en la interacción entre educar y enseñar. Una no existe sin la
otra, al tiempo que demandan del diálogo con y del respeto por el educando y por
su concepción del mundo.
Freire señala que la educación basada en la interacción entre educar y aprender
requiere seguir los siguientes pasos: observa un rigor metodológico; desarrolla la
investigación; respeto por el conocimiento particular de cada estudiante; ejercita
el pensamiento crítico; respeta la ética y estética; haz lo que dices y arriésgate
aceptando lo nuevo, al tiempo que rechazas cualquier forma de discriminación;
reflexiona críticamente acerca de las prácticas educacionales; y asume tu
identidad cultural.
Freire condenó las ideas fatalistas mediante las cuales se acepta la inmovilidad
ideológica, de que "la realidad es lo que es y qué podemos hacer ante eso".
Ponderó la capacidad del educador de tomar decisiones que transformen las
realidades de los estudiantes, de preconcebidas y desesperanzadas en
esperanzadoras y llenas de posibilidades. Su aproximación a la educación se nutre
de sus experiencias directas con los procesos de individuos en el camino de lograr
su liberación personal: "hay que lograr la expulsión del opresor de dentro del
oprimido", nos dirá.
1. Enseñar exige rigor metódico
El educador democrático no puede negarse el deber de reforzar, en su práctica
docente, la capacidad crítica del educando, su curiosidad, su insumisión. Una de
sus tareas primordiales es trabajar con los educandos el rigor metódico con que
deben "aproximarse" a los objetos cognoscibles. Y este rigor metódico no tiene
nada que ver con el discurso "bancario" meramente transferidor del perfil del
objeto o del contenido. Es exactamente en este sentido como enseñar no se agota
en el "tratamiento" del objeto o del contenido, hecho superficialmente sino que se
extiende a la producción de las condiciones en que es posible aprender
críticamente. Y esas condiciones implican o exigen la presencia de educadores y de
educandos creadores, instigadores, inquietos, rigurosamente curiosos, humildes y
persistentes. Forma parte de las condiciones en que es posible aprender
críticamente la presuposición, por parte de los educandos, de que el educador ya
tuvo o continúa teniendo experiencia en la producción de ciertos saberes y que
éstos no pueden ser simplemente transferidos a ellos, a los educandos. Por el
contrario, en las condiciones del verdadero aprendizaje los educandos se van
transformando en sujetos reales de la construcción y de la reconstrucción del saber
enseñado, al lado del educador, igualmente sujeto del proceso. Sólo así podemos
hablar realmente de saber enseñado, en que el objeto enseñado es aprehendido en
su razón de ser y, por lo tanto, aprendido por los educandos.
Se percibe, así, la importancia del papel del educador, el mérito de la paz con
que viva la certeza de que parte de su tarea docente es no sólo enseñar los
contenidos, sino también enseñar a pensar correctamente. De allí la imposibilidad
de que un profesor se vuelva crítico si -mecánicamente memorizador- es mucho
más un repetidor cadencioso de frases e ideas inertes que un desafiador. El
intelectual memorizador, que lee horas sin parar, que se domestica ante el texto,
con miedo de arriesgarse, habla de sus lecturas casi como si las estuviera recitando
de memoria -no percibe ninguna relación, cuando realmente existe, entre lo que leyó y lo que ocurre en
su país, en su ciudad, en su barrio. Repite lo leído con
precisión pero raramente intenta algo personal. Habla con elegancia de la
dialéctica pero piensa mecanicistamente. Piensa de manera equivocada. Es como si
todos los libros a cuya lectura dedica tanto tiempo no tuvieran nada que ver con la
realidad de su mundo. La realidad con la que tienen que ver es la realidad
idealizada de una escuela que se vuelve cada vez más un dato allí, desconectado
de lo concreto.
Leer críticamente no se hace como si se comprara mercancía al mayoreo. Leer
veinte libros, treinta libros. La verdadera lectura me compromete de inmediato
con el texto que se me entrega y al que me entrego y de cuya comprensión
fundamental también me vuelvo sujeto. Al leer no estoy en el puro seguimiento de
la inteligencia del texto como si ella fuera solamente producción de su autor o de
su autora. Por eso mismo, esta forma viciada de leer no tiene nada que ver con el
pensar acertadamente y con el enseñar acertadamente.
2. Enseñar exige investigación
No hay enseñanza sin investigación ni investigación sin enseñanza.6
Esos
quehaceres se encuentran cada uno en el cuerpo del otro. Mientras enseño
continúo buscando, indagando. Enseño porque busco, porque indagué, porque
indago y me indago. Investigo para comprobar, comprobando intervengo,
interviniendo educo y me educo. Investigo para conocer lo que aún no conozco y
comunicar o anunciar la novedad.
Pensar acertadamente, en términos críticos, es una exigencia que los momentos
del ciclo gnoseológico le van planteando a la curiosidad que, al volverse cada vez
más metódicamente rigurosa, transita de la ingenuidad hacia lo que vengo
llamando "curiosidad epistemológica". La curiosidad ingenua, de la que resulta
indiscutiblemente un cierto saber, no importa que sea metódicamente no riguroso, es la que caracteriza
al sentido común. El saber hecho de pura experiencia. Pensar
acertadamente, desde el punto de vista del profesor, implica tanto el respeto al
sentido común en el proceso de su necesaria superación como el respeto y el
estímulo a la capacidad creadora del educando. Implica el compromiso de la
educadora con la conciencia crítica del educando cuya "promoción" desde la
ingenuidad no se hace automáticamente.
3. Enseñar exige respeto a los saberes de los educandos
Por eso mismo pensar acertadamente impone al profesor o, en términos más
amplios, a la escuela, el deber de respetar no sólo los saberes con que llegan los
educandos, sobre todo los de las clases populares -saberes socialmente construidos
en la práctica comunitaria-, sino también, como lo vengo sugiriendo hace más de
treinta años, discutir con los alumnos la razón de ser de esos saberes en relación
con la enseñanza de los contenidos. ¿Por qué no aprovechar la experiencia que
tienen los alumnos de vivir en áreas de la ciudad descuidadas por el poder público
para discutir, por ejemplo, la contaminación de los arroyos y de los riachos y los
bajos niveles de bienestar de la población, los basureros abiertos y los riesgos que
ofrecen a la salud de la gente? ¿Por qué no hay basureros abiertos en el corazón de
los barrios ricos o incluso simplemente clasemedieros de los centros urbanos? Esta
pregunta es considerada demagógica en sí misma y reveladora de la mala voluntad
de quien la hace. Es pregunta de subversivo, dicen ciertos defensores de la
democracia.
¿Por qué no discutir con los alumnos la realidad concreta a la que hay que
asociar la materia cuyo contenido se enseña, la realidad agresiva en que la
violencia es la constante y la convivencia de las personas es mucho mayor con la
muerte que con la vida? ¿Por qué no establecer una "intimidad" necesaria entre los
saberes curriculares fundamentales para los alumnos y la experiencia social que
ellos tienen como individuos? ¿Por qué no discutir las implicaciones políticas e
ideológicas de tal falta de atención de los dominantes por las áreas pobres de la
ciudad? ¿La ética de clase incrustada en esa desatención? Porque, dirá un educador
reaccionariamente pragmático, la escuela no tiene nada que ver con eso. La
escuela no es partido. Ella tiene que enseñar los contenidos, transferirlos a los
alumnos. Una vez aprendidos, éstos operan por sí mismos.
4. Enseñar exige crítica
En la diferencia y en la "distancia" entre la ingenuidad y la crítica, entre el saber
hecho de pura experiencia y el que resulta de los procedimientos metódicamente
rigurosos, no hay para mí una ruptura, sino una superación. La superación y no la
ruptura se da en la medida en que la curiosidad ingenua, sin dejar de ser
curiosidad, al contrario, al continuar siendo curiosidad, se hace crítica. Al hacerse
crítica, al volverse entonces, me permito repetir, curiosidad epistemológica,
"rigorizándose" metódicamente en su aproximación al objeto, connota sus hallazgos
de mayor exactitud.
En verdad, la curiosidad ingenua que, "desarmada", está asociada al saber del
sentido común, es la misma curiosidad que, al hacerse crítica, al aproximarse de
forma cada vez más metódicamente rigurosa al objeto cognoscible, se vuelve
curiosidad epistemológica. Cambia de cualidad pero no de esencia. La curiosidad
de los campesinos con los que he dialogado a lo largo de mi experiencia políticopedagógica, fatalistas o
ya rebeldes ante la violencia de las injusticias, es la misma
curiosidad, en cuanto apertura más o menos asombrada ante los "no-yoes," con la que los científicos o
filósofos académicos "admiran" el mundo. Los científicos y los
filósofos superan, sin embargo, la ingenuidad de la curiosidad del campesino y se
vuelven epistemológicamente curiosos.
La curiosidad como inquietud indagadora, como inclinación al desvelamiento de
algo, como pregunta verbalizada o no, como búsqueda de esclarecimiento, como
señal de atención que sugiere estar alerta, forma parte integrante del fenómeno
vital. No habría creatividad sin la curiosidad que nos mueve y que nos pone
pacientemente impacientes ante el mundo que no hicimos, al que acrecentamos
con algo que hacemos.
Como manifestación presente a la experiencia vital, la curiosidad humana viene
siendo histórica y socialmente construida y reconstruida. Precisamente porque la
promoción de la ingenuidad a la crítica no se da de manera automática, una de las
tareas principales de la práctica educativo-progresista es exactamente el desarrollo
de la curiosidad crítica, insatisfecha, indócil. Curiosidad con la que podemos
defendernos de "irracionalismos" resultantes de, o producidos por, cierto exceso de
"racionalidad" de nuestro tiempo altamente tecnificado. Y no hay en esta
consideración ningún arrebato falsamente humanista de negación de la tecnología y
de la ciencia. Al contrario, es consideración de quien, por un lado, no diviniza la
tecnología, pero, por el otro, tampoco la sataniza. De quien la ve o incluso la
escudriña de forma críticamente curiosa.
5. Enseñar exige estética y ética
La necesaria promoción de la ingenuidad a la crítica no puede o no debe ser hecha
a distancia de una rigurosa formación ética siempre al lado de la estética. Decencia
y belleza de acuerdo. Yo estoy cada vez más convencido de que, alerta ante la
posibilidad de extraviarse por el descamino del puritanismo, la práctica educativa
tiene que ser, en sí, un testimonio riguroso de decencia y de pureza. Una crítica
permanente a los desvíos fáciles que nos tientan, a veces o casi siempre, a dejar
las dificultades que los caminos verdaderos pueden presentarnos. Mujeres y
hombres, seres histórico-sociales, nos volvemos capaces de comparar, de valorar,
de intervenir, de escoger, de decidir, de romper, por todo eso, nos hicimos seres
éticos. Sólo somos porque estamos siendo. Estar siendo es, entre nosotros, la
condición para ser. No es posible pensar a los seres humanos lejos, siquiera, de la
ética, mucho menos fuera de ella. Entre nosotros, hombres y mujeres, estar lejos,
o peor, fuera de la ética, es una transgresión. Es por eso por lo que transformar la
experiencia educativa en puro adiestramiento técnico es depreciar lo que hay de
fundamentalmente humano en eI ejercicio educativo: su carácter formador. Si se
respeta la naturaleza del ser humano, la enseñanza de los contenidos no puede
darse alejada de la formación moral del educando. Educar es, sustantivamente,
formar.7
Divinizar o satanizar la tecnología o la ciencia es una forma altamente
negativa y peligrosa de pensar errado. De manifestar a los alumnos, a veces con
aires de quien es dueño de la verdad; un rotundo desacierto. Pensar
acertadamente, por el contrario, demanda profundidad y no superficialidad en la
comprensión y en la interpretación de los hechos. Supone disponibilidad para la
revisión de los hallazgos, reconoce no sólo la posibilidad de cambiar de opción, de
apreciación, sino el derecho de hacerlo. Pero como no existe el pensar
acertadamente al margen de principios éticos, si cambiar es una posibilidad y un
derecho, cabe a: quien cambia -exige el pensar acertado- asumir el cambio
operado. Desde el punto de vista del pensar acertado no es posible cambiar y hacer de cuenta que nada
cambió. Es que todo el pensar acertado es radicalmente
coherente.
NO HAY DOCENCIA SIN DISCENCIA
1. Enseñar exige rigor metódico. 2. Enseñar exige
investigación. 3. Enseñar exige respeto a los saberes de los
educandos. 4. Enseñar exige critica. 5. Enseñar exige
estética y ética. 6. Enseñar exige la corporificación de las
palabras por el ejemplo. 7. Enseñar exige riesgo, asunción de
lo nuevo y rechazo de cualquier forma de discriminación. 8.
Enseñar exige reflexión critica sobre la práctica. 9. Enseñar
exige el reconocimiento y la asunción de la identidad cultural.
2. ENSEÑAR NO ES TRANSFERIR CONOCIMIENTO
1. Enseñar exige conciencia del inacabamiento. 2. Enseñar
exige el reconocimiento de ser condicionado. 3. Enseñar exige
respeto a la autonomía del ser del educando. 4. Enseñar exige
buen juicio. 5. Enseñar exige humildad, tolerancia y lucha en
defensa de los derechos de los educadores. 6. Enseñar exige la
aprehensión de la realidad. 7. Enseñar exige alegría y
esperanza. 8. Enseñar exige la convicción de que el cambio es
posible. 9. Enseñar exige curiosidad.
3. ENSEÑAR ES UNA ESPECIFlCIDAD HUMANA
1. Enseñar exige seguridad, competencia profesional y
generosidad. 2. Enseñar exige compromiso. 3 Enseñar exige
comprender que la educación es una forma de intervención en
el mundo. 4. Enseñar exige libertad y autoridad. 5. Enseñar
exige una toma consciente de decisiones. 6. Enseñar exige
saber escuchar. 7. Enseñar exige reconocer que la educación es
ideológica. 8. Enseñar exige disponibilidad para el diálogo. 9.
Enseñar exige querer bien a los educandos.