Verano austral en Puc�n
Por Graciela Cutuli
El viento ondea suavemente la superficie del lago Villarrica.
En esta parte de la Patagonia chilena, los cielos totalmente despejados son raros.
La humedad procedente del Pac�fico, que se frena contra la infranqueable Cordillera
y favorece el eterno verde de sus bosques, tiende a convertirse en una bruma suave
que por la ma�ana se levanta sobre monta�as, lagos y �rboles e invita a creer que
esta parte del mundo acaba de ser creada. El espejo inm�vil del lago Villarrica, al
pie del volc�n del mismo nombre, contribuye a la ilusi�n: lo rodea un cintur�n de
arenas negras, y s�lo el vuelo de algunas aves interrumpe a esta hora la belleza
tranquila del paisaje, una t�pica postal de la Araucan�a. M�s tarde, todo ser�
distinto: al fin y al cabo, �sta es una de las regiones m�s tur�sticas de Chile, y
Puc�n �el pueblo nacido junto al lago� es un destino top del verano austral. A los
argentinos nos recuerda a San Mart�n de los Andes, la ciudad neuquina que se
encuentra a unas dos horas y media de trayecto por tierra, cruzando la Cordillera a
trav�s del paso Tromen (Mamuil Malal, para los chilenos). Para los europeos �y son
muchos los que visitan la regi�n�, es un pasaporte a una de las regiones que
consideran entre las m�s ex�ticas del planeta.
A la sombra del volcan
Entrando o saliendo de Puc�n, se advierte enseguida sobre la carretera una l�nea
verde con flechas que indican una direcci�n a seguir. �De qu� se trata? Si
recordamos que estamos siempre bajo la silueta dominante del Volc�n Villarrica,
considerado el m�s activo de Sudam�rica, no es dif�cil adivinarlo: se trata de la
l�nea de evacuaci�n que debe seguir la poblaci�n en caso de una eventual erupci�n.
Como en tantas otras regiones del mundo cercanas a volcanes, tambi�n en Puc�n el
tema es una vivencia cotidiana y no alarmante, sobre todo ahora que se trabaja con
�xito en la detecci�n temprana de los indicios de erupciones. El Villarrica, de
2847 metros de altura, siempre nevado y a menudo coronado por nubes dispersas, es
el gran atractivo de esta regi�n: aqu� se pueden visitar incluso los campos de lava
arrojada por el volc�n a lo largo de su historia, incluyendo una curiosa cueva
volc�nica que permite bajar varios metros hasta quedar sumidos en una misteriosa y
total oscuridad. Afuera, quedan todav�a los bosques quemados por el fuego y las
cenizas: es un paisaje imponente, de aire primigenio, que invita a la aventura: no
en vano Puc�n est� considerado como uno de los mejores destinos de Chile para
quienes buscan la emoci�n del turismo alternativo. Trekking, intern�ndose en las
laderas del volc�n hasta llegar al cr�ter. Rafting, en los r�pidos del r�o Trancura
Bajo y Alto (con un nivel de dificultad 2/3), y canopy (o arborismo) en los
circuitos puestos al nivel de la copa de los �rboles en varios tramos de bosque.
Tambi�n es posible realizar cabalgatas por el Parque Nacional Villarrica, o ir m�s
all� hasta las lagunas de altura del Parque Nacional Huerquehue.
Sabores del sur
Los aventureros reponen fuerzas por la noche, cuando las calles de Puc�n �un oasis
tranquilo durante el d�a� se llenan de chilenos, argentinos, brasile�os y europeos
que recorren de bar en bar la noche patag�nica. Trago va, trago viene, siempre hay
tiempo tambi�n para acompa�ar el pisco, el licor de pehu�n o un buen vino chileno
con los mejores platos de la gastronom�a local. La Araucan�a, no caben dudas, es
tierra de buen comer: empezando por los frutos de mar que son famosos en Chile,
siguiendo con el salm�n y las truchas, y avanzando luego en la carta con el ciervo
y otras especialidades regionales. Lo �nico dif�cil es elegir. Sobre todo si se
est� sentado a la mesa del restaurante del hotel Villarrica Park Lake, situado unos
kil�metros en las afueras de Puc�n, al borde de una ruta donde se alterna el verde
del bosque con el amarillo de las retamas en flor: est� considerado como uno de los
mejores de Chile, y promete toda una experiencia en materia de sabor.
El paseo por el pueblo en s� va de la plaza, frente a otro icono puconino �-el Gran
Hotel Puc�n, cuyo hall de antigua elegancia merece la visita para apreciar el
paisaje sobre el lago� hasta la avenida principal, la calle O�Higgins, que en Chile
es el equivalente de todas las calles argentinas que se llaman San Mart�n. Despu�s
de las calles comerciales, que ofrecen artesan�as y productos patag�nicos, se puede
visitar la Pen�nsula de Puc�n, el monasterio de la congregaci�n Santa Clara y los
puestos que exhiben, al entrar en la ciudad, uno de sus m�s vistosos y
tradicionales recuerdos: son las flores en madera, un producto de los artesanos
locales que identifica a Puc�n. Talladas con m�quinas especiales que forman como
grandes virutas de sacapuntas, las flores son moldeadas y te�idas en colores que
rivalizan con los naturales: as�, en ramo o por unidad, ya est�n listas para pasar
a manos de los turistas.
Puc�n est� a los pies del volc�n Villarrica, siempre nevado y a menudo coronado por
nubes. Fotos: Graciela Cutuli
Mosca y truchas
Al d�a siguiente, el programa ya es otro. En plena temporada de pesca con mosca
�que en la IX Regi�n, es decir la Araucan�a, va del segundo viernes de noviembre al
primer domingo de mayo� la propuesta es intentar con el �fly casting� en el r�o
Liucura. La prueba ser� desde la costa, y los gu�as llegan equipados con todo lo
necesario: las moscas, por empezar, las ca�as y los waders que nos permitir�n
adentrarnos en el agua hasta la cintura. Hay que elegir muy bien el lugar, ya que
la abundante vegetaci�n de las orillas no permite bajar en cualquier lugar de la
costa del r�o. Las primeras pruebas no pueden sino hacer sonre�r a los expertos:
tirar una l�nea con poca destreza probablemente haga re�r hasta a las truchas que
se mueven mimetizadas entre los colores del agua. Pero poco a poco, la paciencia y
maestr�a de los gu�as empiezan a lograr resultados: ahora, la l�nea vuela
describiendo la par�bola correcta sobre el r�o, se posa y comienza su paciente
trabajo de enga�o. El resultado es el pique: estas aguas son el reino de los
salm�nidos, que poco a poco empiezan a mostrar su presencia ante las manos h�biles
de los pescadores. Para cualquiera que intente la actividad, recuerdan los gu�as,
hay que tener presentes las reglamentaciones que imponen el uso de cierto tipo de
anzuelos, la devoluci�n de las piezas, un m�ximo de capturas diarias y los permisos
al d�a.
Excursion termal
La intensa actividad volc�nica de la Araucan�a tiene como consecuencia las
afloraciones termales que caracterizan la zona: las termas de Pangui, Quimey-co,
Menetue, San Luis o las Geom�tricas son todas accesibles desde Puc�n. Esta vez, la
visita les toca a las de Huife, que est�n 33 kil�metros al nordeste de Puc�n (a 133
de Temuco, la capital regional, y destino de los vuelos que llegan desde Santiago).
El camino, entre bosques de coihues, raul�es, araucarias y pehuenes, est� matizado
de retamas y flores silvestres: de casualidad, un peque�o jabal� se cruza de pronto
en el camino, y aunque sabemos que es casi imposible divisar el huemul, el peque�o
ciervo aut�ctono en peligro de extinci�n, nadie pierde las esperanzas. Sin embargo,
con m�s tiempo y un par de prism�ticos, es m�s f�cil observar p�jaros carpinteros y
chucaos, aves t�picas de la regi�n.
Despu�s de algunos kil�metros de asfalto y otros tantos de ripio, estamos a las
puertas de las Termas de Huife: entre el exuberante verde de la vegetaci�n nativa
se descubre el discurrir r�pido del r�o Liucura, que en sus afloramientos termales
a alta temperatura �hasta 38 grados� est� recomendado para tratar afecciones de la
piel y las articulaciones. Y si no hay nada de eso que lo justifique, igualmente se
puede decir adi�s al estr�s, en sus magn�ficas piletas al aire libre, y tambi�n en
la piscina semicubierta que propone nadar contra la corriente, extenderse en
camillas que liberan chorros de agua masajeadores o un fuerte chorro central que
provoca al nadar alrededor un peque�o tsunami termal.
Terminada la visita, tras el adi�s a las termas, Puc�n espera nuevamente. Habr�
tiempo para un �ltimo paseo sobre la playa, para reunir los �ltimos recuerdos y
emprender el regreso. Que ser� a trav�s del paso Mamuil Malal, bajo la emblem�tica
silueta del Lan�n, rumbo a San Mart�n de los Andes: que ya es tema, claro est�, de
otro viaje.
De la Araucan�a a las Torres del Paine
Fiordos, fuego y hielo
El sur de Chile es un verdadero finis terrae donde se puede palpar la vida de las
geograf�as extremas. Fuego en los volcanes, hielo en los glaciares y un mar que
invade la tierra recortando su geograf�a en fiordos invitan a descubrirlo con
coraz�n aventurero.
Por Graciela Cutuli
En el sur chileno, el espl�ndido macizo monta�oso de Torres del Paine.
Cuenta una vieja leyenda trasandina que cuando Dios termin� de crear las maravillas
del mundo se dio cuenta de que hab�a dejado muchos trozos sueltos. Pensativo, el
Creador reuni� las colinas y bosques, las monta�as y desiertos, los valles, r�os y
glaciares que hab�an quedado, y decidi� no descartarlos sino reunirlos todos, como
en un rompecabezas, en uno de los m�s remotos confines de la Tierra. Y ese
rompecabezas de tama�o natural, donde el fuego convive con el hielo y la monta�a
con el mar, es el mapa de Chile. De los Andes al Pac�fico, la naturaleza parece
desbordar la estrechez del mapa para prodigarse en bellezas naturales dignas de
enamorar a los viajeros. Y si hay que elegir qu� extremo visitar, el verano es la
mejor temporada para adentrarse en las tierras agrestes del Sur, a partir de la
Novena Regi�n, donde m�s se vive el mestizaje de los mapuches que habitaban
originalmente estas tierras con los colonos europeos que eligieron vivir en el
conf�n del mundo. Para recorrer hoy el sur de Chile hay que disponer sobre todo de
tiempo, ya que las conexiones a veces son dificultosas por los propios accidentes
geogr�ficos de la Patagonia chilena. Pero se llegar� a lugares incre�bles, y se
tendr� al regreso el �lbum de fotos de una tierra excepcional.
LA ARAUCANIA
El nombre de la Novena Regi�n, la Araucan�a, recuerda que esta zona
preponderantemente rural, con capital en Temuco, fue territorio de la resistencia
mapuche hasta fines del siglo XIX. Hoy est�n marginados a peque�as comunidades,
pero poco a poco est�n logrando recuperar el valor de sus ra�ces, transmiti�ndolo a
las nuevas generaciones.
Temuco, la ciudad industrial donde naci� Pablo Neruda, es un buen punto de partida
para visitar tanto la Araucan�a como el distrito de Los Lagos (D�cima Regi�n) y sus
pueblos mapuches. Algunos de ellos reconstruyeron sus viviendas tradicionales (las
�rucas�) y las abren a los turistas, en tanto funciona en Temuco un Museo Regional
de la Araucan�a que traza la historia de la regi�n. Tambi�n hay en Puc�n, junto al
lago Villarrica, un peque�o pero interesante Museo Mapuche con piezas aut�nticas
que ilustran la cultura del pueblo ind�gena.
Es una zona de Parques Nacionales, como el Conguill�o, que protege bosques de
pehu�n (los llaman �paraguas�, por la forma) y est� dominado por los 3125 metros
del volc�n Llaima. El volc�n se puede escalar, y durante el invierno se esqu�a en
la cara Oeste. Otro de los conos caracter�sticos del paisaje de la Araucan�a es el
volc�n Villarrica, junto al lago del mismo nombre, donde se levantan las
localidades de Villarrica y Puc�n. Las dos son punto de partida para numerosas
opciones de turismo aventura: el ascenso al cr�ter del volc�n, esforzado pero
impresionante, rafting en el r�o Liucura, trekking en los Parques Nacionales
Huerquehue y Villarrica, cabalgatas y canopy, una nueva variante que permite
moverse por las copas de los �rboles. Para elegir la �poca, hay que tener en cuenta
que el verde de la regi�n se debe a la humedad y las lluvias; por lo tanto,
conviene el verano, aunque en oto�o e invierno, cuando predomina la bruma sobre el
lago, Puc�n y Villarrica tienen el encanto de los pueblos solitarios.
En los alrededores del lago hay muchos m�s lugares para visitar: las termas de
Huife, en el r�o Liucura; las Termas de Palgu�n, al sudeste de Puc�n; y las Termas
Geom�tricas, realizadas en forma de homenaje de la geometr�a a la naturaleza, en
medio de un bell�simo paisaje.
LAGOS Y VOLCANES
Vista en un mapa, la regi�n que sigue al Sur es un salpicado de lagos entre
monta�as: Calafqu�n, Ranco, Puyehue, Rupanco, Llanquihue, matizados por otros
tantos conos volc�nicos. Su presencia se hace sentir en las negras arenas de las
playas de Lic�n Ray y Co�aripe, todos centros tur�sticos veraniegos, mientras
Valdivia �situada frente al Pac�fico� despierta inter�s por la historia de su
fundaci�n y la herencia de la colonizaci�n alemana. Parte de la ciudad fue
destruida por el terremoto de 1960, pero a�n conserva su encanto antiguo y, sobre
todo, una tentadora gastronom�a de aire centroeuropeo. En los alrededores quedan
fuertes espa�oles (el principal es el Fuerte de Corral), y se puede visitar el
centro tur�stico de Panguipulli, que ofrece una hermosa vista del volc�n
Choshuenco. Del otro lado del mapa de la Novena y D�cima Regi�n se ven las ciudades
argentinas de Alumin�, Jun�n de los Andes, San Mart�n de los Andes, Villa La
Angostura y Bariloche. Desde aqu� parten generalmente excursiones, con ida y vuelta
en el d�a, a Osorno, cuyo espl�ndido volc�n domina el paisaje de todo el recorrido,
y de dos d�as hasta Puerto Montt.
AISEN, O EL SUR COMO EL NORTE
La generosa naturaleza chilena se despliega en Ais�n, la Und�cima Regi�n, como un
abanico de fiordos, islas y glaciares que, si uno cerrara los ojos y los volviera a
abrir sin saber a d�nde fue llevado, le har�an creer que se encuentra en Noruega o
Alaska. Su belleza no la hace exenta de obst�culos y dificultades de conexi�n, como
si hubiera querido quedar lo m�s aislada posible para preservar su belleza natural.
No en vano circul� tambi�n por aqu� la leyenda de que en esta regi�n se encontraba
la Ciudad de los C�sares. Hermosa, pero inaccesible. Por Ais�n hay que moverse en
avi�n y ferry, y lo mejor es alquilar un auto para recorrer las localidades de la
Carretera Austral.
El punto de partida es Coyhaique, la capital regional, al pie del cerro Macay.
All�, cada temporada tiene lo suyo: el invierno, el esqu� en los centros de El
Fraile y Los Maillines; y el verano, las salidas de pesca, con una temporada que se
extiende en general de noviembre a mayo en la mayor�a de los lagos y r�os. Las
mejores vistas de Coyhaique son desde la Reserva Nacional hom�nima, con bosques de
coihue y lenga, y donde se pueden recorrer los senderos naturales de Laguna Verde y
Laguna Venus. El cercano Monumento Natural Dos Lagunas es muy interesante para el
avistaje de aves, y tambi�n vale la
pena conocer la localidad de Puerto Chacabuco (es uno de los puertos de acceso a la
regi�n m�s visitados), levantado en el extremo Este de un estrecho fiordo.
LAGUNA SAN RAFAEL
La estrella tur�stica de Ais�n, sin embargo, es el Parque Nacional Laguna San
Rafael, el m�s grande de la regi�n. Es un lugar excepcional, que abarca los Campos
de Hielo Norte, sus glaciares, lagunas, r�os y fiordos, y merece sin duda el viaje
hasta esta regi�n remota pero espectacular. En este Parque Nacional se encuentra el
pico m�s alto de los Andes del sur, el Monte San Valent�n, que supera los 4 mil
metros de altura. En s�, la Laguna San Rafael es un brazo pr�cticamente cerrado,
cuyo ventisquero desprende regularmente enormes bloques de hielos milenarios. Los
t�mpanos flotan en aguas de la laguna, en continuo movimiento, formando un paisaje
cambiante y misterioso. Se visita entre septiembre y abril, y no importa que sea
pleno verano: la temperatura promedio es de ocho grados, de modo que siempre hay
que andar bien abrigado si se quiere recorrer el Parque y sus senderos de
excursi�n, que llegan hasta la base del glaciar atravesando un bosque siempre verde
y de gran belleza.
Predominan cipreses y lengas, mientras la fauna brilla por gran cantidad de aves
�cisnes de cuello negro, cauquenes, patos, cormoranes� y mam�feros como zorros,
coipos y pud�es, aunque son escasos por el clima, y dif�ciles de ver. La �punta de
riel� de Ais�n es Cochrane, 345 kil�metros al sur de Coyhaique, donde termina la
Carretera Austral. Al oeste se encuentran los �ltimos tramos del Campo de Hielo
Norte, y hacia el este el Lago Cochrane (llamado Pueyrred�n del lado argentino). Lo
que sigue hacia el sur es Magallanes (o Duod�cima Regi�n), la �ltima de Chile, a la
que se llega por tierra s�lo a trav�s de la Patagonia argentina.
LA REGION DE MAGALLANES
La capital de la �ltima regi�n chilena es Punta Arenas, una importante ciudad y
puerto que sorprende escuchar en esta zona extrema del mundo. Aqu� llegan los
vuelos que permiten acceder por v�a�aa�rea a la Duod�cima Regi�n, en tanto se llega
por mar a trav�s de los canales patag�nicos desde Puerto Montt, y por tierra s�lo
desde la Argentina por cinco pasos fronterizos: Monte Aymond, R�o Don Guillermo,
Casas Viejas, Dorotea y San Sebasti�n.
El centro de Punta Arenas es el de una elegante ciudad recostada en la riqueza
ganadera que le dio su esplendor en el siglo XIX: sus edificios de estilo franc�s,
en torno a la plaza central, le dan un elegante aire decimon�nico que persiste,
aunque la industria de la lana dio paso hoy a la riqueza procedente de la industria
energ�tica. En los alrededores se visita el Fuerte Bulnes, testimonio de los
primeros intentos de ocupaci�n a mediados del siglo XIX, y dos colonias de
ping�inos: Seno Otway y Parque nacional Los Ping�inos (s�lo se llega en barco).
Partiendo de Punta Arenas con rumbo norte se llega al lugar m�s cotizado de la
regi�n, el Parque Nacional Torres del Paine, pasando antes por la ciudad portuaria
de Puerto Natales, situada en la costa este del Seno Ultima Esperanza. Puerto
Natales, aparte de su encanto propio, es tambi�n el mejor punto de partida para
conocer la Cueva del Milod�n y el Parque Nacional Bernardo O�Higgins. Si se elige,
en cambio, cruzar la frontera hacia el lado argentino, se llegar� hasta la ciudad
minera de R�o Turbio y el Parque Nacional Los Glaciares.
TORRES DEL PAINE
Mientras se permanezca del lado chileno, no hay que dejar de visitar Torres del
Paine: este espl�ndido macizo monta�oso situado en el continente y separado de los
Andes ofrece toda clase de senderos de diversas dificultades para adentrarse en
bosques y valles, algunos pr�cticamente v�rgenes, dominados por los picos de
granito de m�s de 2 mil metros de altura que dan nombre al Parque. All� se
encuentra uno de los Hoteles Explora, concebidos en perfecta integraci�n con la
naturaleza (el otro est� en Atacama), pero tambi�n hay hoster�as m�s accesibles y
se puede acampar en algunos lugares autorizados. En Torres del Paine no s�lo atraen
la belleza natural de los lugares, que realmente merecen el viaje, sino tambi�n la
facilidad de acceso a la fauna: como en pocos otros lugares, se pueden ver
confiados tropeles de guanacos a pocos metros de distancia, zorros, aves y hasta
c�ndores que a veces bajan a comer y se acercan notablemente a la lente de las
c�maras. Por eso es uno de los lugares preferidos del turismo internacional que
recorre las rutas del sur de Chile, y de los amantes de la naturaleza que quieren
verla como si aquel Dios de la leyenda reci�n terminara de unir las piezas del
rompecabezas que forma el extremo austral chileno.
Rosas de Panguipulli
Al otro lado de la Cordillera, la localidad de Panguipulli es el punto de partida
para conocer peque�as localidades donde bosques, r�os, termas y monta�as son los
protagonistas principales.
Por Mariana Lafont
1- Trekking por los bosques hacia el espectacular salto Huilo Huilo del r�o Fuy.
2- El lago Panguipulli forma parte de la mayor cuenca hidrogr�fica chilena.
3- La llamativa iglesia del poblado de Panguipulli fue construida por misioneros
capuchinos.
Panguipulli significa, en idioma mapuche, �tierra de leones�. Sin embargo, desde
que miles de rosales fueron plantados en los �80, esta tranquila comunidad ahora es
conocida como �la ciudad de las rosas�. Este bonito rinc�n de la Patagonia chilena
est� ubicado en medio de la mayor cuenca hidrogr�fica del pa�s vecino, formada por
los lagos Panguipulli, Calafquen, Pirihueico, Ri�ihue, Neltume, Pellaifa y
Pullinque. Su historia es reciente y se remonta a 1890 con el arribo de los
primeros pobladores. Luego, en 1903, llegaron los misioneros capuchinos, quienes
levantaron la llamativa iglesia que se encuentra frente a la plaza principal. El
templo fue construido en 1947 y un sacerdote de origen suizo dirigi� la obra,
d�ndole su inconfundible estilo europeo. Los caminos reci�n llegaron en la d�cada
del �30 y la fundaci�n oficial de Panguipulli tuvo lugar en 1946.
Hasta aqu� la cronolog�a de esta villa cordillerana coincide con la de tantos otros
pueblos patag�nicos. Sin embargo, uno de los elementos principales de la historia
de Panguipulli y la de sus poblados vecinos (en especial Liqui�e y Neltume) es su
estrecha relaci�n con la industria maderera. Al comienzo, en los a�os �40, la
actividad gir� en torno de la exportaci�n de madera. A fines de los �60, los
trabajadores tomaron los fondos madereros y a comienzos de los �70 lograron
establecer la producci�n colectiva (con la participaci�n de m�s de 3500 personas).
Durante el esplendor de esta actividad, el lago Panguipulli se convirti� en el
principal medio de transporte y mientras cientos de troncos flotaban en sus aguas
gran cantidad de pasajeros se trasladaban de un lado a otro. En esos a�os, toda la
regi�n hab�a recibido a miles de chilenos que buscaban trabajo y progreso. Tal fue
el empuje vivido en los �50 que adem�s llegaron a tener ferrocarril propio y
Panguipulli se convirti� en punta de rieles del ramal proveniente de Lanco. La idea
era sacar toda la producci�n por ese medio; sin embargo, la iniciativa no tuvo
�xito y todo lo producido era sacado por v�a fluvial hacia Valdivia. Finalmente el
ramal cerr� y no volvi� a funcionar desde hace m�s de treinta a�os.
La ca�da lleg� de la mano de la dictadura con una terrible represi�n militar a
obreros y campesinos. Tal fue la brutalidad vivida durante esa etapa que, a�n hoy,
los lugare�os prefieren no hablar de lo sucedido. El remate final (de lo poco que
quedaba de aquella �poca gloriosa) sucedi� en los �80 con la privatizaci�n de la
industria maderera y el consiguiente ocaso de las poblaciones que de ella
depend�an. Luego de una larga depresi�n estas villas cordilleranas han encontrado
en el turismo una v�a para salir adelante, aprovechando el privilegiado entorno
natural que las rodea.
EL CAMINO DE LAS TERMAS El Destino Siete Lagos propone distintos itinerarios
tur�sticos como la llamada �Ruta de la Salud�. Este recorrido atraviesa uno de los
mayores complejos termales de Chile con trece centros, abiertos todo el a�o, en la
zona de Co�aripe y Liqui�e. Esta regi�n termal se origina a partir del alto nivel
de actividad volc�nica y de la falla de Liqui�e-Ofqui, que se extiende paralela a
la cordillera desde el volc�n Llaima hasta el Hudson. Partiendo de Co�aripe, en
tierras del Parque Nacional Villarrica, se encuentran las termas de los Vergara,
que antiguamente se dedicaban a la madera y decidieron incursionar en el turismo
termal. Un poco m�s adelante est�n las Termas Geom�tricas, un espectacular complejo
(con aguas a 80) ubicado en medio de una quebrada que ha sabido combinar
arm�nicamente arquitectura y naturaleza. Los pozones fueron tallados en la piedra
de la quebrada de tal modo que los visitantes pueden ba�arse en un entorno �nico y
rodeados de la exuberante selva valdiviana. En verano vale la pena ir cuando se
pone el sol, quedarse hasta la medianoche y ba�arse a la luz de las velas (pero
teniendo en cuenta que no hay alojamiento y hay que volver a Co�aripe).
Rumbo al sector cordillerano, a 55 km de Panguipulli, se halla Liqui�e, un peque�o
pueblo campesino que alberga ocho centros termales. El peque�o y r�stico complejo
de Carranco ofrece aguas fosforadas y a 35 en dos piletas y un ba�o de vapor
natural en medio de frondosa vegetaci�n. Es una propuesta ideal para acampar, ya
que cuenta con 30 parcelas para carpas. Tambi�n est�n las termas de Manquecura, un
emprendimiento familiar y de los primeros en la regi�n.
Si el destino no son los ba�os termales existen varios paseos diferentes. Una
alternativa muy interesante (incluso para volver a la Argentina) es salir de
Panguipulli, hacer 70 km y llegar a Puerto Fuy. En el trayecto se atraviesa
Neltume. Este antiguo basti�n maderero (cuna de un movimiento anti-dictadura
duramente reprimido en 1981) actualmente alberga asociaciones de artesanos que se
dedican a tallar madera muerta (sin da�ar el bosque) y vender sus artesan�as. Una
vez en Puerto Fuy se puede tomar el trasbordador Hua Hum y cruzar el paso
internacional que conduce a San Mart�n de los Andes. El viaje en s� es un
espect�culo, ya que son dos horas de navegaci�n en las aguas del lago Pirihueico,
rodeados de bell�simas monta�as.
Otra opci�n es ir a Choshuenco, a s�lo 44 km. Saliendo de Panguipulli se toma la
ruta que bordea la costa del lago hom�nimo y se llega hasta la margen este donde se
encuentra este diminuto poblado de pocas casas. En Choshuenco hay una hoster�a y
varias caba�as de alquiler pero, sobre todo, hay mucho silencio que s�lo se
interrumpe en verano con la llegada de visitantes en busca de descanso. Su larga
playa de arena volc�nica contrasta con el azul del agua y en un alejado rinc�n de
la costa descansa el viejo Enco. Este antiguo vapor construido en 1900 supo ser,
a�os atr�s (y sin la actual carretera), el �nico medio de transporte que llevaba a
m�s de 300 pasajeros.
Desde Choshuenco se organizan actividades para todos los gustos. Se puede hacer
pesca, rafting y kayak en las cristalinas aguas de los r�os Fuy y Enco. Y para los
amantes de la monta�a vale la pena ascender al impresionante Mocho-Choshuenco. Este
volc�n inactivo tiene dos conos que le dan su nombre. El �Choshuenco� (2415 msnm)
formado a partir de un antiguo cr�ter colapsado (y visible desde el poblado
hom�nimo) y �el Mocho� (2422 msnm) cuya parte superior es chata. Pero lo m�s
sorprendente de este volc�n es que al llegar a la cima, y en pleno verano, se puede
ver a j�venes haciendo snowboard en sus nieves eternas.
HUILO HUILO Y LA MONTA�A MAGICA Las 60 mil hect�reas que forman la Reserva
Biol�gica Huilo Huilo (creada en 1999) se encuentran en la ecorregi�n valdiviana y
protegen el bosque h�medo templado chileno. Adem�s de visitar el �rea protegida
existe la posibilidad de hospedarse tanto en las inmediaciones como en la reserva
misma. Si bien hay tres opciones diferentes, la m�s llamativa es, sin dudas, la que
ofrece �La Monta�a M�gica�. Este hotel (que lleva el nombre de la famosa obra de
Thomas Mann) tiene forma de volc�n porque as� lo quiso su due�o, quien desde ni�o
sent�a adoraci�n por los volcanes y siempre so�� con tener uno propio. Desde el
�cr�ter� de esta singular edificaci�n cae agua continuamente. El agua (tomada de un
r�o cercano a trav�s de una bomba) pasa por un gran ca�o que atraviesa, de punta a
punta, el centro del c�nico edificio y cae sus �laderas� volviendo nuevamente al
r�o. En esta �monta�a-hotel� todo el interior y cada m�nimo detalle son de madera
(semejando un bosque) y las habitaciones parecen cuevas que se van achicando a
medida que nos elevamos. Para llegar a las mismas hay que subir una escalera
caracol que rodea el gran tubo central por donde pasa el agua. Pero si no se tienen
gustos tan exc�ntricos tambi�n es posible dormir dentro de la reserva en
tradicionales caba�as que se encuentran en las inmediaciones del hotel.
Durante el d�a se realizan muchas actividades. Para recorrer Huilo Huilo se puede
hacer trekking en gran cantidad de senderos (la mayor�a con pasarelas). Una de las
sendas corre paralela al r�o Fuy y permite apreciar interesantes r�pidos para los
que deseen hacer rafting. La mejor parte del trayecto est�, sin dudas, al llegar al
espectacular salto Huilo Huilo, una potente ca�da de agua turquesa en medio de un
espeso bosque. Tambi�n se pueden hacer salidas en cabalgata o en bicicleta. Y si la
idea es sentir un poco m�s de adrenalina, definitivamente hay que probar el Canopo,
es decir, desplazarse a trav�s de las copas de lo �rboles suspendido de un arn�s y
una polea. La primera vez es la m�s emocionante (y no apta para card�acos), pero
una vez que pasa el susto y uno logra relajarse esta actividad brinda la
oportunidad de vivir el bosque desde un punto de vista totalmente fuera de lo
com�n. �An�mese!
Senderos valdivianos
Cr�nica de la aventura de un trekking por uno de los tramos del Sendero de Chile,
en la X Regi�n de los Lagos. En plena selva valdiviana, una traves�a por los
Parques Nacionales P�rez Rosales y Puyehue, entre lagos, volcanes y termas, en
convivencia con las acogedoras comunidades locales.
Por Mariana Lafont
Durante la excursi�n por la selva valdiviana se escucha el rumor de cascadas entre
la vegetaci�n.
Internarse en la selva valdiviana es una experiencia ideal para caminantes y
amantes de la naturaleza. Este bosque templado del sur de Chile, que abarca 240.000
kil�metros cuadrados entre los paralelos 37� S y 48�, tiene una frondosa vegetaci�n
de avellanos, coihues, ca�as colihues, copihues, tineos, arrayanes y grandes
helechos, donde habitan monitos del monte, ciervos pud� (el m�s peque�o del mundo),
pumas, loros, chucaos y cisnes de cuello negro. Para vivir a pleno la selva,
emprendimos un trekking por uno de los tramos del Sendero de Chile, que atraviesa
los dos Parques Nacionales donde este bosque se muestra en todo su esplendor: el
Vicente P�rez Rosales y el Puyehue.
La traves�a comenz� en Puerto Varas, desde donde recorrimos 64 kil�metros bordeando
el lago Llanquihue e imaginando el imponente volc�n Osorno que ese d�a, como tantos
otros, estaba tapado por nubes bajas. Poco a poco nos internamos en el bosque hasta
ver las turquesas aguas del r�o Petrohue y sus famosos saltos. Bajamos en Ensenada
y nos embarcamos por el lago de Todos los Santos, que en un d�a soleado tiene un
incre�ble color verde esmeralda y est� rodeado de tres imponentes volcanes nevados:
el Osorno, el Puntiagudo y el Tronador. Este espejo de agua fue descubierto por
jesuitas que ven�an de Chilo� buscando una ruta hacia el Este, y qued� en el olvido
cuando los religiosos abandonaron la misi�n de Nahuel Huapi en 1718. Fue
redescubierto reci�n a mediados del siglo XIX por expedicionarios que subieron al
Osorno y divisaron desde la altura su espl�ndido color.
LLUVIA Y BARRO La mitad del grupo se embarc� en coloridas lanchas y la otra en
kayaks, bajo la lluvia y un cielo gris que s�lo dejaba ver parte de las verdes
laderas que ca�an al lago. Los de la lancha nos refugiamos bajo un techito,
mientras los kayakistas remaban en la inmensidad. Pasado el faldeo del Volc�n
Osorno avistamos la Isla Margarita y navegamos durante una hora y media hasta
desembarcar en Puerto El Callao, donde cada uno tom� un bast�n de trekking de
madera nativa tallado especialmente para la ocasi�n. Estaba previsto que hubiera
�pilcheros� para cargar las mochilas, pero hab�a llovido tanto y el r�o estaba tan
crecido que los caballos no pudieron vadearlo y tuvieron que quedarse a unos cinco
kil�metros del lugar. Apenas puse un pie en el sendero supe que el terreno ser�a
poco amigable, barroso y resbaladizo. No me equivoqu�: a los diez minutos me hund�
en un pozo escondido bajo agua y tierra. Afortunadamente, un compa�ero franc�s que
estaba a mi lado me dio la mano y sal� de all� entre barro y risas.
Uno de los tantos puentes en el tramo final del Lago Para�so a Las Parras, en el
Parque Nacional Puyehue.
Imagen: Mariana Lafont
El bosque nos protegi� de la lluvia por un rato hasta que nos habituamos a ir
mojados. A una hora de marcha encontramos finalmente a los pilcheros, les pusimos
las mochilas y continuamos hasta toparnos con el r�o Sin Nombre, que nos acompa��
durante toda la jornada. Cruzamos dos pasarelas colgantes de madera sobre sus
turbias y furiosas aguas, tanto que en un sector hab�an invadido el sitio por donde
deb�amos pasar. No qued� otra que seguir, agarrarse bien de unas rocas y mojarse
hasta la cintura con agua bastante fr�a. Si bien la senda no ten�a mucha pendiente,
el clima la hizo m�s complicada y no permit�a detenerse a apreciar el incre�ble
entorno en el que est�bamos inmersos.
DOS CONDOR El primer d�a caminamos 10 kil�metros en cuatro horas y media. Una vez
en el Refugio Dos C�ndor (sin �es�) de Rudi Yefi y familia, nos quitamos todo lo
mojado y, literalmente, invadimos la cocina a le�a colgando medias, remeras, botas
y abrigos para que se secaran. Laura, la esposa de Rudi, segu�a rallando enormes
zanahorias de su huerta para la cena, mientras Martina, su nieta, nos miraba muda y
con los ojos bien abiertos. �Qu� habr� pensado esa ni�a criada en el medio de las
monta�as ante la s�bita aparici�n de tantos caminantes empapados que revolucionaron
su casa?
Cada uno se acomod� en una habitaci�n del prolijo refugio de madera que Rudi
levant� con sus propias manos. Una vez cambiados, Laura sirvi� una poderosa sopa de
verduras acompa�ada de tibio pan casero con pebre (exquisita salsa con aj�,
cebolla, tomate, cilantro y mucho lim�n, infaltable en la mesa chilena). Luego vino
el cordero con papas, arroz y ensalada de lechuga y zanahoria. Pero lo m�s jugoso
fue la sobremesa con los anfitriones, dispuestos a contar su historia y vivencias.
Adem�s de incre�bles helechos, la selva valdiviana alberga diversas especies de
�rboles y arbustos.
Imagen: Mariana Lafont
Rudi Yefi naci� en 1947 cerca de su actual rancho y Laura naci� en Playa Blanca,
otra zona del lago de Todos los Santos. Se casaron en 1975 y tuvieron siete hijos.
Ambos bajan a Puerto Varas una vez al mes y al Callao una vez por semana, para
recibir productos que no genera el campo. Cuenta Rudi, cuyo padre lleg� a la zona
entre 1935 y 1940, que toda el �rea hab�a sido mapuche: sin embargo, con el arribo
de colonos hubo disputas y persecuciones, por eso la gente trabajaba de noche y
escondida. De ah� el nombre de �El Callao� (�callado�) para el puerto. Si bien es
un hombre de campo, Rudi vio un poco de mundo, lo suficiente para saber lo valiosa
que es su tierra: �Le tenemos tanto amor a este lugar. Es tranquilo, todos se
conocen y nadie hace da�o. �Qu� mejor lugar para vivir que �ste?�. Por eso volvi�
y, desde hace un tiempo, se dedica al turismo aprovechando el paso de mochileros,
sobre todo europeos, por el Parque Nacional. �Al principio muchos paraban a comprar
miel, queso y pan casero y algunos ped�an alojamiento�, cuenta. Por eso construy�
el refugio, que piensa ampliar, y ofrece paseos y cabalgatas.
Al d�a siguiente la ma�ana era fr�a, hab�a ca�do una fuerte helada y el sol asomaba
t�midamente descongelando el pasto y generando una bruma sugestiva. A las diez
partimos a las Termas del Callao, de la familia Altamirano. Hicimos un breve
trayecto y cruzamos el r�o Sin Nombre por una pasarela. Esta vez s� disfrutamos y
admiramos la selva valdiviana, con inmensos troncos de ma��os, delicadas orqu�deas,
lianas trepadoras y fascinantes helechos, acompa�ados por los sonidos del chucao. A
las dos horas llegamos a las termas, descubiertas por el abuelo de los hermanos
Sandro y H�ctor Altamirano, que construyeron dos tinas de madera talladas en
troncos para gozar de los ba�os. Inestable como siempre, el clima se descompuso con
lluvia, granizo y nieve, de modo que continuamos rumbo a la laguna Los Quetros. En
el camino hab�a cada vez m�s nieve, y su combinaci�n con el bosque y las ca�as
resultaba muy atractiva. Pero lo m�s llamativo del trekking fue pasar por
corredores de lava formados a partir de erupciones volc�nicas a lo largo de
millones de a�os.
La larga traves�a se alivia gracias a que los caballos pilcheros cargan las
mochilas.
Imagen: Mariana Lafont
Una vez en Los Quetros, devoramos la vianda en medio de un paisaje nost�lgico e
invernal. La parada fue breve, para no enfriarnos, y luego nos dividimos en grupos
acompa�ados por pobladores de Las Gaviotas, la siguiente parada. El m�o iba con
Estela Leal, una joven de 30 a�os que gu�a en la monta�a desde los 16 y fue
contando recuerdos durante el camino. Como hab�a dificultades para estudiar, ya que
la comuna s�lo tiene escuela primaria, iba a un internado en Osorno y volv�a los
fines de semana. Pero los lunes, al regresar al colegio, sal�a a las cuatro de la
ma�ana y navegaba el lago Rupanco para tomar el bus y llegar en horario. Sin
embargo, no se queja: �Nos encanta vivir ac�, es m�s tranquilo y no hay que correr
tanto�, explica. Despu�s de tres horas divisamos un agitado lago Rupanco. Est�bamos
en Las Gaviotas.
DE GAVIOTAS A PUYEHUE Esta peque�a y aislada comunidad de 128 habitantes estaba
llena de gaviotas hasta que desaparecieron con el terremoto de 1960. Para llegar
hay que hacer 120 kil�metros desde Osorno hasta Puerto El Poncho, y desde all�
navegar una hora en barcaza bordeando la costa del lago (o caminar la huella de 18
kil�metros que va del puerto a Las Gaviotas, ya que no hay camino para autos y el
barco no sale todos los d�as). Desde el lago se ven los volcanes Puntiagudo y
Casablanca, adem�s del Cerro Sarnoso y los saltos El Calzoncillo y Chifl�n.
Las Gaviotas vive del campo y, desde hace once a�os, tambi�n del turismo rural. La
regi�n ofrece descansar en un entorno buc�lico y campestre, donde se puede pescar,
cabalgar, caminar o ba�arse en aguas termales. Como hab�a mucha nieve, no se pod�a
llegar a pie al centro de esqu� Antillanca y fuimos en bus: embarcamos en la playa
de arena negra, navegamos media hora y pasamos por un sitio con una cruz blanca que
recuerda el lugar donde alguna vez estuvo el Hotel Termas de Rupanco, �tragado� por
la tierra durante el terremoto de 1960. Despu�s de otro almuerzo-fest�n partimos
para Antillanca, en el Parque Nacional Puyehue. Llegar fue todo un paseo pasando
por los complejos termales de Puyehue y Aguas Calientes, pero segu�amos sin poder
creer que fuera noviembre y todo el complejo estuviera lleno de nieve.
El �ltimo d�a comenz� con una bajada en bicicleta hasta el lago Toro, desde donde
tomamos la senda al lago Para�so. Llegamos a un puente de grandes troncos y nos
encontramos con dos gu�as de la comunidad Las Parras Calfuco, a cargo del refugio
en el lago. A las tres horas llegamos a otro espejo de agua, gris y misterioso.
Nuestros anfitriones nos esperaban en la otra orilla, vinieron a buscarnos en bote
para cruzarnos y al entrar las mujeres nos dieron la bienvenida con un saludo
mapuche. En el tramo final a Las Parras cruzamos varios puentes y fuimos paralelos
al r�o Peligroso, que bajaba con fuerza entre r�pidos y saltos. Cuando el sendero
se ensanch� supimos que est�bamos cerca, pasamos una pampa y llegamos a Las Parras.
All� tomamos un bus hasta la comunidad Mawidan, que nos recibi� a la hora de la
�once�, comida que en Chile se sirve entre las 16.00 y las 20.00 a modo de
merienda, pero que a veces reemplaza la cena. Mientras nos acomod�bamos, las
mujeres no paraban de amasar y fre�r milcaos (mezcla de papas crudas, cocidas y
otros ingredientes que luego se fr�en en aceite). Un buen t�rmino para este viaje
que, inclemencias clim�ticas aparte, depar� la belleza de la selva y la riqueza de
la cultura mapuche.
Archipi�lago m�stico
Son cuarenta islas que resguardan singulares iglesias con historias extra�as y
leyendas imposibles. Un mundo encerrado en s� mismo, donde el modo de vida de su
gente atrae tanto como la belleza del paisaje. Y la mejor manera de conocer su
cultura y sus costumbres es aloj�ndose en una casa de familia.
Por Mariana Lafont
El archipi�lago de Chilo� est� formado por 40 islas con una tupida vegetaci�n.
Al hablar de Chilo� uno se imagina un mundo aparte y protegido de influencias
externas. La insularidad ayuda y los chilotas se oponen a la construcci�n de un
puente que los una al continente. Adem�s defienden sus tradiciones y el influjo de
sus habitantes originarios �chonos y huilliches� perdura en la lengua y las
costumbres. A diferencia de otros pueblos sojuzgados durante la colonia, el de
Chilo� pudo mantener sus tradiciones ancestrales.
La mitolog�a tambi�n ha formado parte de la isla desde siempre y explica su origen.
Cuenta la leyenda que mucho tiempo atr�s Chilo� formaba parte del continente. Hasta
que un d�a surgi� enfurecida Coicoi-Vilu �diosa culebra de las aguas� e inund�
valles y cerros. Cuando todo parec�a perdido apareci� Tent�n-Vilu �diosa culebra de
la Tierra�, y elev� las tierras inundadas. Las diosas lucharon largamente hasta que
Tent�n-Vilu venci� parcialmente a Coicoi-Vilu y, a pesar de su retirada las aguas,
nunca volvieron a su l�mite original. Desde entonces, valles, cerros y cordilleras
se transformaron en el hermoso archipi�lago que existe hoy.
RUMBO A ANCUD Apenas 90 kil�metros separan a Puerto Montt de Ancud �la ciudad que
en el pasado se llam� la Villa Real de San Carlos de Chilo�, pero el viaje parece
m�s largo ya que hay que cruzar el Canal de Chacao en trasbordador. En esa misma
embarcaci�n viajan miles de salmones que ser�n exportados a todo el mundo. Al otro
lado est� Chacao y despu�s Ancud. La antigua capital del archipi�lago da a una
bah�a perfecta que durante la colonia fue celosamente protegida con un fuerte en
cada punta: San Antonio y San Miguel de Ahui. El primero est� en la ciudad misma y
del segundo s�lo quedan ruinas y ca�ones. Los chilotas quer�an pertenecer in
aeternum a Espa�a, y por eso durante la guerra de independencia se defendieron
estoicamente hasta que, en 1826, los chilenos derrotaron al �ltimo basti�n espa�ol
en Sudam�rica. Desde entonces los isle�os pagaron caro su amor a la Madre Patria y
quedaron �relegados� como un islote en medio del oc�ano y sin contacto con el
continente.
La vacas pastoreando entre las dunas son parte del paisaje chilota.
En Ancud se puede dar un paseo por la bonita costanera y luego ir hasta la plaza
central, donde est� la catedral, t�pico ejemplo de arquitectura chilota con las
cl�sicas tejuelas de madera. Frente al templo est� el Museo Regional con una
colecci�n de objetos hist�ricos, figuras mitol�gicas y una r�plica de la goleta
Ancud que lleg� hasta el Estrecho de Magallanes en 1843. Y para apreciar el canal
de Chacao, el islote Cochinos y los acantilados, vale la pena ir hasta el mirador
Huaihu�n.
Para visitar sitios fuera de Ancud lo ideal es ir en auto, aunque al principio
cueste orientarse y algunos caminos sean de ripio. El campo es verde y ondulado y
cada tanto aparecen coloridas y solitarias escuelas en las que a�n se da clase a
alumnos de distintos niveles en un mismo sal�n. El clima de la isla se caracteriza
por una permanente lluvia, que a veces puede ser tediosa y que el propio Darwin
calific� como �detestable�. Sin embargo, sin esa humedad no habr�a campos tan
verdes. Y de todos modos el sol asoma de vez en cuando obsequiando algunos d�as
radiantes, en especial en verano.
NATURALEZA Y VIDA CHILOTA En la Pen�nsula de Lacuy, a 28 kil�metros de Ancud, est�
el Faro Corona, uno de los m�s de mil faros de Chile y de los pocos habitados, ya
que la mayor�a son autom�ticos. Muy cerca, junto a la playa, viven familias que dan
alojamiento, se visitan criaderos de algas y ostras y se hacen paseos a caballo y
en bote. En lugar de volver a la ciudad, se puede dormir aqu� y tener la
oportunidad de conversar con los anfitriones y descubrir los secretos de la vida
chilota.
Los Islotes de Pu�uhuil, 30 kil�metros al sudoeste de Ancud, son otro de los
lugares visitados, donde los ping�inos de las especies Humboldt y Magallanes
nidifican todos los a�os. Al llegar a un cruce de caminos hay un cartel que indica
bajarse y caminar los �ltimos 2 kil�metros hasta la playa. Para acercarse a los
islotes hay embarcaciones que permiten el avistaje de lobos marinos, nutrias y aves
como cormoranes y gaviotas.
El Parque Ecol�gico Mitol�gico es un original emprendimiento de Don Filiberto
Labarca, quien desembarc� en esta tierra en 1995 en busca de tranquilidad y buena
calidad de vida. Eligi� Chilo� porque �la isla tiene algo misterioso, m�gico, como
un polo de atracci�n que no logramos entender�. A metros de su casa, Don Filiberto
dise�� unos senderos que conducen hasta figuras hechas por �l mismo con la forma de
los principales seres mitol�gicos de la isla. Su idea es mostrar, en especial a los
ni�os, el patrimonio cultural de la mitolog�a chilota y mantenerla viva en el
tiempo.
Camino a Quemchi, en Pumanzano, est� La Casa de la Oma (abuela, en alem�n). All�,
Lindana Fohomann no s�lo aloja hu�spedes sino que es una experta pastelera. Cada
d�a la se�ora deleita a todos con suculentos desayunos que tienen algo de banquete
y que prepara todos los d�as desde antes de la salida del sol. Su marido, Andr�s,
tiene sangre escocesa y adora conversar. Con una fresca sonrisa cuenta orgulloso
que su abuelo construy� la casa y muestra el documento que acredita la llegada de
su familia a la isla. Convivir con este matrimonio es sumergirse en la historia de
los colonos que llegaron a partir de 1895 con el auge de la madera y la ganader�a.
La sobremesa es larga y la charla tan jugosa que dan ganas de quedarse m�s tiempo
con esta pareja que se pasa las tardes tejiendo (�l en el telar y ella al crochet)
ya que, seg�n ellos, �en la TV s�lo pasan porquer�as�.
�Un tesoro que cuidar�, dice un cartel en Chepu, puerta norte del Parque Nacional
Chilo� que protege alerzales, dunas y turberas. Sin entrar al parque se puede
navegar el r�o Chepu hacia la laguna Coluco y pescar o hacer birdwatching. Antes
del gran terremoto de 1960 el r�o era m�s angosto y el bosque ocupaba una
superficie mayor. El bote atraviesa un bosque de coihues incendiado hace unos a�os,
pero al llegar a Coluco los juncos de totora se amontonan mientras un mart�n
pescador se zambulle, un carpintero sobrevuela el bote y los cisnes de cuello negro
se pasean elegantemente. Cerca de all� vive Enriqueta C�rcamo. Su casa est� pr�xima
a una zona donde el r�o, el mar, las dunas y un bosque de olivillo costero se
encuentran. Un verdadero para�so.
Los chilotas expresan su hospitalidad a trav�s de la comida, y por eso antes de
viajar hay que prepararse para comer mucho y rico. El plato t�pico es el curanto al
hoyo, que se hace al aire libre y en un pozo en la tierra. En el fondo se colocan
piedras calientes, y cuando est�n al rojo vivo se sacan las brasas y se colocan los
siguientes ingredientes: mariscos, carne, papas, embutidos, chapaleles (masa cocida
de papa, harina de trigo y manteca), milcaos (mezcla de papa cruda y cocida con
otros ingredientes) y verduras. Luego se cubre todo con nalcas o helechos seg�n la
�poca, y se tapa tambi�n con tierra simulando una gran olla a presi�n. La cocci�n
se empieza al mediod�a para servirlo cerca de las 2 de la tarde. Cuando el curanto
se prepara en una gran olla se llama pulmay, y a los locales les gusta m�s por su
sabroso caldo, que si se cocina en el hoyo se pierde. Un buen curanto se puede
comer en el restaurante Quetalmahue �en la localidad del mismo nombre�, a 14
kil�metros de Ancud todos los d�as en verano.
DATOS UTILES
C�mo llegar: Desde Puerto Montt hay micros a Ancud de las empresas Queil�n Bus y
Cruz del Sur. Tardan dos horas y media.
D�nde alojarse: Red de Turismo Rural de Ancud. Mercado Municipal, 1er piso. Tel.:
56 65 625003 o 56 65 817 47592. E-mail: luznativa@[Link]
Sitios de inter�s: Museo Regional: Libertad 370. Martes a viernes, de 10 a 17.30.
S�bados, domingos y feriados, de 10 a 14. Islotes Pu�uhuil:
[Link]. Parque ecol�gico y mitol�gico: Ruta 5, Recta Chacao.
M�s informaci�n: Oficina Municipal de Turismo de Ancud: Mercado Municipal, 2� piso.
Tel.: 56 65 628163 - [Link]
Puerto Varas
La Ciudad de las Rosas
Tal es el apodo que recibe esta apacible localidad emplazada en la Regi�n de los
Lagos, frente al majestuoso (y siempre nevado) volc�n Osorno y a orillas del
inmenso lago Llanquihue. Desde all� pueden realizarse muchos paseos en medio de una
naturaleza privilegiada y combinada con la rica historia de la colonizaci�n alemana
de fines del siglo XIX.
Por Mariana Lafont
Los saltos Petrohue del Parque Nacional P�rez Rosales. Al fondo, el volc�n Osorno.
Puerto Varas transcurre sus d�as junto al segundo lago m�s grande de Chile
�descubierto por Pedro de Valdivia en 1552� y bajo la mirada del Osorno, un volc�n
ubicado en plena Cordillera de los Andes que permanece inactivo desde hace m�s de
125 a�os. Sin embargo, su solemne imagen hace pensar que puede estallar en
cualquier momento. �Qu� habr� sentido Darwin en 1835 (en su hist�rico viaje a bordo
del Beagle) cuando presenci�, desde Chilo�, la erupci�n de este gigante? Estando a
s�lo 60 km de Puerto Varas, su gran altura (2652 msnm) lo hace visible desde toda
la provincia de Osorno y desde algunos puntos de la isla de Chilo�. Para aquellos
amantes del trekking su cima es una irresistible tentaci�n a la que se llega luego
de unas 6 horas de marcha y por la v�a sencilla (la ladera oeste).
Colonizacion alemana
La ordenada fisonom�a de La Ciudad de las Rosas es el resultado de la colonizaci�n
alemana promovida por el gobierno para poblar la regi�n de Llanquihue y Valdivia,
explotar sus abundantes recursos naturales y evitar posibles ocupaciones
extranjeras. Este proceso colonizador influy� en el sur argentino debido al
importante intercambio comercial entre ambos lados de la cordillera. Corr�a el a�o
1840 cuando los primeros colonos arribaron al sector m�s atrasado y apartado de
Chile. A partir de la sanci�n, en 1845, de la Ley de Colonizaci�n, el navegante
Bernardo Philippi fue el encargado de reclutar colonos en Alemania que estuvieran
dispuestos a emprender la aventura de vivir en un territorio alejado de la
civilizaci�n. Y a esa ardua tarea se le sum� la oposici�n del sector cat�lico que
no ve�a con buenos ojos la llegada de colonos protestantes. Sin embargo, en 1846
Philippi logr� asentar a un primer grupo en la zona de Valdivia y a partir de all�
explor� la cuenca del lago Llanquihue en busca de nuevas tierras. Entre tanto
Vicente P�rez Rosales implementaba y organizaba el proceso de colonizaci�n desde
Chile. En 1850 reemplaz� a Philippi y dos a�os despu�s desembarc� en la actual
Puerto Montt con familias germanas que se instalaron a orillas del lago Llanquihue.
Pero P�rez Rosales fue m�s all� y convenci� al gobierno de formar el Territorio de
Colonizaci�n de Llanquihue y en febrero de 1853 fund� Melipulli (luego renombrada
Puerto Montt en honor del presidente hom�nimo) y de igual forma, Puerto Varas fue
fundada un a�o m�s tarde homenajeando a uno de los pol�ticos y ministros de Estado
chilenos m�s importantes e influyentes del siglo XIX, Antonio Varas.
Con cada oleada migratoria, y a medida que la agricultura avanzaba, el paisaje
sure�o fue cambiando poco a poco y hacia 1870 el proyecto de colonizaci�n era todo
un �xito. Gracias a ciudadanos laboriosos y emprendedores, el sur de Chile dej� de
ser un olvidado conf�n para pasar a ostentar el mayor dinamismo econ�mico del pa�s
hasta comienzos del siglo XX cuando el �mpetu comenz� a decaer. Tiempo despu�s, el
atroz terremoto de 1960 derrib� puentes y construcciones levantados en largos a�os
de trabajo.
El parque mas antiguo
En homenaje al gran impulso que P�rez Rosales hab�a dado a la zona el parque
nacional m�s antiguo de Chile lleva su nombre. Adem�s de pol�tico y hombre de
Estado, este gran aventurero hab�a sido minero y comerciante y si bien hab�a nacido
en Chile su infancia la pas� en Mendoza, escapando de las Guerras de Independencia.
Muchos a�os despu�s, con el brote de fiebre de oro en California, parti� hacia all�
en busca de aventuras y cuando regres� a su patria el gobierno le encomend�
organizar la Colonizaci�n de Llanquihue.
El parque, con una superficie de 251.000 hect�reas, preserva grandes extensiones de
selva virgen con �rboles nativos como coihues, ulmos, olivillos y arrayanes y en su
interior se encuentra el Lago de Todos los Santos. Este lago se form� a partir del
retroceso de los glaciares y de la aparici�n del volc�n Osorno y est� rodeado de
tres imponentes volcanes nevados: el Osorno, el Puntiagudo y el Tronador. Los
jesuitas (que habitaban la isla grande de Chilo�) descubrieron este hermoso lago
color esmeralda buscando una ruta para instalar all� una misi�n. Del mismo modo
descubrieron en 1670 el lago Nahuel Huapi y la ruta se us� hasta 1718 cuando
abandonaron la misi�n en territorio argentino debido a la matanza de cinco miembros
de la orden. De ese modo el lago pas� al olvido hasta que fue redescubierto a
mediados del siglo XIX por unos expedicionarios que hab�an ascendido al volc�n
Osorno.
Varias son las actividades que se pueden realizar en el bell�simo entorno natural
del parque. Caminatas por senderos, en especial el que lleva a los Saltos del r�o
Petrohu�, paseos lacustres, kayak y relajantes ba�os termales en Vuriloche, Ral�n y
El Callao.
Viejas tejuelas
A pie o en bicicleta, recorrer la ciudad permite apreciar la peculiar y distinguida
arquitectura de Puerto Varas con sus construcciones plagadas de infaltables
tejuelas. Las m�s antiguas sol�an ser de madera de alerce (la m�s resistente para
el clima h�medo de la zona) pero en la actualidad su tala est� prohibida y se usan
otras maderas. Sin embargo, tambi�n hay casas con muros de planchas de hierro
acanalado que les dan un toque �nico. Hay una peque�a ruta a trav�s de la cual se
pueden ver las ocho casas m�s llamativas de Puerto Varas y que fueron declaradas
Monumento Nacional. Ellas son: la Casa Angulo, la Casa Gotschlich, la Casa Kuschel
(de 1915, de estilo ecl�ctico y restaurada por su actual due�o: el millonario
Douglas Tomkins), la Casa Maldonado, la Casa Opitz, la Casa Raddatz, la Casa Yunge,
la Casona Alemana y la Casa J�pner. Pero no son las �nicas, y en toda la ciudad hay
construcciones de todo tipo y color que avivan el usual cielo gris que s�lo se pone
azul y soleado durante el verano.
Siguiendo la costanera que bordea las aguas del Llanquihue se llega a una peque�a
elevaci�n donde se encuentra un hermoso parque con abundante vegetaci�n, el Parque
Philippi. Subiendo por un camino en espiral se llega a un mirador desde el cual se
tiene una espl�ndida vista de Puerto Varas, su lago y los inconfundibles techos
rojos de la Iglesia del Sagrado Coraz�n de Jes�s. Este templo �inspirado en la
Iglesia Mariekirche de la Selva Negra alemana� es pr�cticamente un �cono de la
ciudad y fue construido entre 1915 y 1918, con maderas de ulmo y roble.
Desde la costanera llama la atenci�n un hermoso barco que flota solitario en la
bah�a. Es el Capit�n Hasse, un motovelero de 65 pies, dise�ado y construido en
madera nativa en 1999. Aunque su estilo semeja el de un barco antiguo, la nave
cuenta con todas las comodidades y zarpa cada d�a para navegar las aguas del
infinito lago hasta que el sol se esconde y dibuja en el horizonte una nueva
silueta del imponente volc�n.
El mundo m�gico de Chilo�
Archipi�lago misterioso
Son cuarenta islas que resguardan unas singulares iglesias, rodeadas de historias
extra�as y leyendas imposibles. Junto a la costa, unas curiosas casas de colores se
levantan sobre palafitos y cuando sus due�os se cansan del paisaje las suben a una
plataforma tirada por bueyes y las cambian de lugar. Y si fuese necesario, tambi�n
las sacan a navegar.
Por Marina Combis
Los �chilotes� son los ind�mitos habitantes del archipi�lago de Chilo� �curtidos
con los vientos del sur�, quienes aprendieron a dominar las aguas turbulentas para
hacerse pescadores y a cultivar las tierras �speras como colonos de otros tiempos.
Se nutrieron de antiguas tradiciones ind�genas y de espa�oles tempranos, de
religiones importadas, de inmigrantes alemanes, austr�acos, ingleses y franceses
sin oficio, quienes ya son parte de estas islas mitol�gicas de loberos y piratas.
Abrazada por las aguas del Oc�ano Pac�fico, la Isla Grande de Chilo� es la segunda
en extensi�n de Sudam�rica despu�s de aquella otra del mismo nombre en Tierra del
Fuego. A su alrededor las peque�as islas separadas por estrechos canales obligan a
sus habitantes a convertirse en due�os del mar. All� viv�an los chonos, h�biles
navegantes que guiaron a los expedicionarios espa�oles hasta el sur de Chile,
quienes se extinguieron hacia fines del siglo XVIII. Desde el continente llegaron
los huilliches, pueblos araucanos que sentaron sus ra�ces en estas islas. Y por mar
vinieron los espa�oles, buscando nuevas riquezas para saquear.
Treinta a�os despu�s de haberse descubierto el estrecho de Magallanes, el
conquistador y gobernador general de Chile Pedro de Valdivia envi� a la zona al
capit�n Francisco de Ulloa, quien recorri� toda las costas dando nombre a puertos,
islas y canales.
Durante los a�os que siguieron a la conquista, Chilo� sufri� una constante sangr�a
demogr�fica producto del tr�fico ilegal de indios encomendados hacia los lavaderos
de oro de Chile central, que s�lo se detuvo con la gran rebeli�n mapuche de fines
del siglo XVI. Sin embargo, el r�gimen de encomienda al que estaban sometidos los
ind�genas ocasionaba sucesivos conflictos, hasta que fue abolido en 1780. La
sociedad chilota del siglo XVIII bas� su econom�a en la exportaci�n de madera al
Virreinato del Per�. Y mientras tanto los misioneros jesuitas y franciscanos
levantaron numerosas iglesias en los poblados isle�os.
Casas levantadas sobre pilotes de madera en Castro.
A principios del siglo XIX lleg� a las islas el comandante Fitz Roy al mando del
�Beagle�. Formaba parte de su tripulaci�n el naturalista Carlos Darwin, quien no
pod�a ocultar su asombro por la pac�fica existencia de los isle�os. La poblaci�n
espa�ola se hab�a mezclado definitivamente con la nativa y todos aprendieron a
sobrevivir con los limitados recursos que ofrec�an el mar, el bosque y la tierra,
dando forma a una cultura cargada de sincretismo y tradiciones muy propias.
Casas Viajeras
Las casas viajan por mar de una isla a otra.
Unos 1000 kil�metros al sur de Santiago de Chile, al fondo de una peque�a bah�a,
est� la ciudad de Puerto Montt, desde donde se accede a los transbordadores que van
a la Isla Grande de Chilo�. Al desembarcar la brisa marina sopla suavemente sobre
Chacao, una peque�a aldea agr�cola que es la puerta de entrada a esta isla
diferente. Cada pueblo tiene su propia fisonom�a. Castro, la actual capital de
Chilo�, es la tercera ciudad m�s antigua de Chile. Fundada en 1567, sobresale por
sus viviendas costeras levantadas sobre palafitos. En sus astilleros se construyen
barcos con madera de cipr�s, mientras las ollas de las �cociner�as� incorporan al
viento el aroma de las comidas y los frutos de mar. Al norte de la isla, la peque�a
ciudad de Ancud fue fundada en 1767 para defender, desde el Fuerte de San Antonio,
los barcos que circulaban por el cabo de Hornos. Dalcahue, otro poblado �m�gico�,
es el puerto obligado para pasar a la Isla de Quinchao.
Cucao, Quell�n y Quemchi son los nombres de estos pueblos que parecen salidos de un
cuento infantil, al igual que las antiguas casas de la isla, construidas
enteramente con madera y revestidas con tejuelas de alerce. Por las calles de los
poblados proliferan puertas multicolores y jardines floridos, viviendas empinadas
que parecen del Lejano Oeste, frentes revestidos de tejuelas y balcones de madera.
En cada peque�a isla del archipi�lago no falta por lo menos una iglesia. De las
sesenta construcciones religiosas que todav�a se conservan, diecis�is fueron
declaradas Patrimonio de la Humanidad por la Unesco. La de Achao, que es la m�s
antigua de las iglesias chilotas en pie, fue construida alrededor de 1740. La de
Quinchao es la m�s grande. Y luego est�n la de Castro, la de Chonchi... todas con
sus columnas primorosamente talladas, sus campanarios policromados y sus techos de
tablas de alerce.
En Chilo�, algunas veces las casas viajan. Cuando un chilote decide mudarse de
isla, vecinos y amigos unen sus manos para un evento colectivo y tradicional,
llamado la �minga de tiradura de casas�. Las peque�as viviendas de madera son
echadas al mar y entonces flotan por los canales de un sector a otro del
archipi�lago, amarradas a una lancha o arrastradas desde la costa por una yunta de
bueyes. El trabajo debe hacerse con sumo cuidado para no da�ar la estructura de
madera de la casa. Una vez en tierra, los hombres la desplazan con la ayuda de
gruesas sogas y rodillos de madera hasta colocarla en su nuevo destino.
Alma Chilota
Chilo� es un para�so de artesanos que se las ingenian para fabricar los objetos
necesarios para la vida cotidiana. Los chilotes aprendieron a construir botes,
chalupas y lanchones, y la madera se hizo due�a de las casas que se levantan con
sierra y hachuela. Tambi�n con madera se hacen los molinos y las prensas para
extraer el jugo de las manzanas. Para mariscar hacen cestos que resisten al agua de
mar, y para la cosecha de papa crean canastos que no ceden nunca. Excelentes
tejedores, producen en telar hermosas alfombras, mantas y chompas que ti�en con
tintes naturales. Los domingos las mujeres salen a vender sus productos en los
mercados de Achao, Castro, Ancud o Dalcahue, y luego regresan a sus telares donde
construyen con paciencia los s�mbolos de su identidad.
Estos mercados no s�lo convocan a los artesanos sino que se convierten en
verdaderos acontecimientos populares. Flota en el aire el aroma inconcebible de las
comidas y suena la m�sica nacida en estas islas prodigiosas. El �curanto�, que
todav�a se suele cocinar en un hoyo en la tierra, tambi�n se prepara en grandes
ollas en las que se colocan, en sucesivas capas, las verduras locales, mariscos,
papas, chorizos, el �chapalele� de harina de trigo y la carne de cordero. Al
rescoldo se cuecen el �milcao�, la �mella�, el �chua�e�, panes de trigo y sobre
todo de papa. En un largo palo de madera que hace de asador se prepara la
�chochoca�, que suele reemplazar al pan en el desayuno. Infaltable, la �chicha� de
manzana alegra las comidas de la tierra y aquellas del mar, como las cholgas, las
navajuelas, los erizos y los pescados.
La m�sica acompa�a la fiesta. En Chilo� s�lo se oye cantar a los hombres, de a uno,
de a dos, de a tres o de a cuatro, acompa��ndose con un acorde�n, guitarra o
tambor. Del contrapunto nace la cueca, que todos bailan, y del folklore chilote
otras danzas de tiempo antiguo como �La Pericona�, �El chocolate� o �La nave�, y
tambi�n la �Sirilla�, que se baila entre zapateos y pa�uelos mientras una voz bien
templada canta: �Ay, la sirilla me pides,/ay, la sirilla me das,/unas son bien
amarillas,/y otras muy verdes ser�n�.
Cosa de brujos
Una antigua casa de madera en Chonchi, la �ciudad de los tres pisos�.
Tierra de leyendas, de precisa realidad y m�gica invenci�n, en Chilo� nacieron los
mitos ancestrales que dieron forma a un �mundo paralelo� de creencias que a�n
impregnan el imaginario colectivo de su pueblo. Todo se remonta a varios siglos
atr�s, cuando en el archipi�lago viv�an algunas comunidades ind�genas dispersas en
peque�as aldeas, las cuales interpretaban los fen�menos de la naturaleza como
sucesos m�gicos, y cre�an tener poderes sobrenaturales. Con la llegada de los
espa�oles se intent� mantener en secreto muchos de estos ritos, por temor a que
quienes los practicaban fueran acusados de herej�a.
Mucho tiempo despu�s, en el siglo XIX, existi� una sociedad secreta llamada �La
Mayor�a� o �La Recta Provincia�, de la que participaban hombres y mujeres que
hab�an sido capaces de superar dif�ciles pruebas en el arte de la brujer�a. Esta
instituci�n fue tejiendo una extensa red que hac�a las veces de una suerte de
Estado paralelo, con fuerte influencia en la poblaci�n campesina que presentaba
ante ella sus demandas. En 1880 el gobernador Martiniano Rodr�guez decidi� poner
fin a esa organizaci�n que hab�a alcanzado un inusitado poder, e impuls� el �Juicio
a los Brujos de Chilo�. Muchos fueron encarcelados con acusaciones falsas y la
instituci�n qued� poco a poco en el olvido.
Pero viejos fantasmas todav�a recorren las islas del sur, y algunos pescadores
relatan los encuentros fant�sticos que tienen con los brujos, siempre vestidos con
el �macu� o poncho que les permite volar. As� siguen recorriendo las calles y las
aguas esas leyendas nacidas del pensamiento m�gico. Una de ellas es la del
Caleuche, un barco fantasma que se dedica al contrabando y s�lo navega por las
noches. Los brujos que lo conducen seducen a sus perseguidores con fiestas y bailes
a bordo para tomarlos luego como prisioneros. Tambi�n est� �El Trauco�, un enano
que recorre el bosque luciendo su sombrero c�nico y su ropaje de rafia que, a pesar
de su horroroso aspecto, logra despertar en las mujeres una atracci�n irresistible.
Su mujer es �La Fiura�, con un repugnante semblante, quien encarna el vicio y la
perversidad.
En las noches de luna brilla el �nico cuerno que lleva en su frente �El Camahueto�,
un ser parecido al unicornio que ser�a poseedor del germen de la vida. El
archipi�lago es entonces un para�so natural para los viajeros y al mismo tiempo un
universo de cultura y tradici�n. Chilo�, isla misteriosa de pescadores y de brujos
que encuentran en sus pen�nsulas, sus islas y sus faros, la fuente de inspiraci�n
donde la leyenda se confunde con la historia.
DATOS UTILES
C�mo llegar: La Isla Grande de Chilo� queda a 1186 kil�metros de Santiago y 90
kil�metros al sudoeste de Puerto Montt. Por avi�n se puede llegar desde Buenos
Aires v�a Santiago de Chile hasta Puerto Montt por la compa��a LAN (U$S 479 con
tasas). Tel.: 0810-9999-526 [Link]
En bus el viaje demora 17 horas desde Santiago hasta Castro.
D�nde informarse:
Embajada de Chile en Argentina.
Tel.: 4802-7020
[Link]
De la Araucan�a a las Torres del Paine
Fiordos, fuego y hielo
El sur de Chile es un verdadero finis terrae donde se puede palpar la vida de las
geograf�as extremas. Fuego en los volcanes, hielo en los glaciares y un mar que
invade la tierra recortando su geograf�a en fiordos invitan a descubrirlo con
coraz�n aventurero.
Por Graciela Cutuli
En el sur chileno, el espl�ndido macizo monta�oso de Torres del Paine.
Cuenta una vieja leyenda trasandina que cuando Dios termin� de crear las maravillas
del mundo se dio cuenta de que hab�a dejado muchos trozos sueltos. Pensativo, el
Creador reuni� las colinas y bosques, las monta�as y desiertos, los valles, r�os y
glaciares que hab�an quedado, y decidi� no descartarlos sino reunirlos todos, como
en un rompecabezas, en uno de los m�s remotos confines de la Tierra. Y ese
rompecabezas de tama�o natural, donde el fuego convive con el hielo y la monta�a
con el mar, es el mapa de Chile. De los Andes al Pac�fico, la naturaleza parece
desbordar la estrechez del mapa para prodigarse en bellezas naturales dignas de
enamorar a los viajeros. Y si hay que elegir qu� extremo visitar, el verano es la
mejor temporada para adentrarse en las tierras agrestes del Sur, a partir de la
Novena Regi�n, donde m�s se vive el mestizaje de los mapuches que habitaban
originalmente estas tierras con los colonos europeos que eligieron vivir en el
conf�n del mundo. Para recorrer hoy el sur de Chile hay que disponer sobre todo de
tiempo, ya que las conexiones a veces son dificultosas por los propios accidentes
geogr�ficos de la Patagonia chilena. Pero se llegar� a lugares incre�bles, y se
tendr� al regreso el �lbum de fotos de una tierra excepcional.
LA ARAUCANIA
El nombre de la Novena Regi�n, la Araucan�a, recuerda que esta zona
preponderantemente rural, con capital en Temuco, fue territorio de la resistencia
mapuche hasta fines del siglo XIX. Hoy est�n marginados a peque�as comunidades,
pero poco a poco est�n logrando recuperar el valor de sus ra�ces, transmiti�ndolo a
las nuevas generaciones.
Temuco, la ciudad industrial donde naci� Pablo Neruda, es un buen punto de partida
para visitar tanto la Araucan�a como el distrito de Los Lagos (D�cima Regi�n) y sus
pueblos mapuches. Algunos de ellos reconstruyeron sus viviendas tradicionales (las
�rucas�) y las abren a los turistas, en tanto funciona en Temuco un Museo Regional
de la Araucan�a que traza la historia de la regi�n. Tambi�n hay en Puc�n, junto al
lago Villarrica, un peque�o pero interesante Museo Mapuche con piezas aut�nticas
que ilustran la cultura del pueblo ind�gena.
Es una zona de Parques Nacionales, como el Conguill�o, que protege bosques de
pehu�n (los llaman �paraguas�, por la forma) y est� dominado por los 3125 metros
del volc�n Llaima. El volc�n se puede escalar, y durante el invierno se esqu�a en
la cara Oeste. Otro de los conos caracter�sticos del paisaje de la Araucan�a es el
volc�n Villarrica, junto al lago del mismo nombre, donde se levantan las
localidades de Villarrica y Puc�n. Las dos son punto de partida para numerosas
opciones de turismo aventura: el ascenso al cr�ter del volc�n, esforzado pero
impresionante, rafting en el r�o Liucura, trekking en los Parques Nacionales
Huerquehue y Villarrica, cabalgatas y canopy, una nueva variante que permite
moverse por las copas de los �rboles. Para elegir la �poca, hay que tener en cuenta
que el verde de la regi�n se debe a la humedad y las lluvias; por lo tanto,
conviene el verano, aunque en oto�o e invierno, cuando predomina la bruma sobre el
lago, Puc�n y Villarrica tienen el encanto de los pueblos solitarios.
En los alrededores del lago hay muchos m�s lugares para visitar: las termas de
Huife, en el r�o Liucura; las Termas de Palgu�n, al sudeste de Puc�n; y las Termas
Geom�tricas, realizadas en forma de homenaje de la geometr�a a la naturaleza, en
medio de un bell�simo paisaje.
LAGOS Y VOLCANES
Vista en un mapa, la regi�n que sigue al Sur es un salpicado de lagos entre
monta�as: Calafqu�n, Ranco, Puyehue, Rupanco, Llanquihue, matizados por otros
tantos conos volc�nicos. Su presencia se hace sentir en las negras arenas de las
playas de Lic�n Ray y Co�aripe, todos centros tur�sticos veraniegos, mientras
Valdivia �situada frente al Pac�fico� despierta inter�s por la historia de su
fundaci�n y la herencia de la colonizaci�n alemana. Parte de la ciudad fue
destruida por el terremoto de 1960, pero a�n conserva su encanto antiguo y, sobre
todo, una tentadora gastronom�a de aire centroeuropeo. En los alrededores quedan
fuertes espa�oles (el principal es el Fuerte de Corral), y se puede visitar el
centro tur�stico de Panguipulli, que ofrece una hermosa vista del volc�n
Choshuenco. Del otro lado del mapa de la Novena y D�cima Regi�n se ven las ciudades
argentinas de Alumin�, Jun�n de los Andes, San Mart�n de los Andes, Villa La
Angostura y Bariloche. Desde aqu� parten generalmente excursiones, con ida y vuelta
en el d�a, a Osorno, cuyo espl�ndido volc�n domina el paisaje de todo el recorrido,
y de dos d�as hasta Puerto Montt.
AISEN, O EL SUR COMO EL NORTE
La generosa naturaleza chilena se despliega en Ais�n, la Und�cima Regi�n, como un
abanico de fiordos, islas y glaciares que, si uno cerrara los ojos y los volviera a
abrir sin saber a d�nde fue llevado, le har�an creer que se encuentra en Noruega o
Alaska. Su belleza no la hace exenta de obst�culos y dificultades de conexi�n, como
si hubiera querido quedar lo m�s aislada posible para preservar su belleza natural.
No en vano circul� tambi�n por aqu� la leyenda de que en esta regi�n se encontraba
la Ciudad de los C�sares. Hermosa, pero inaccesible. Por Ais�n hay que moverse en
avi�n y ferry, y lo mejor es alquilar un auto para recorrer las localidades de la
Carretera Austral.
El punto de partida es Coyhaique, la capital regional, al pie del cerro Macay.
All�, cada temporada tiene lo suyo: el invierno, el esqu� en los centros de El
Fraile y Los Maillines; y el verano, las salidas de pesca, con una temporada que se
extiende en general de noviembre a mayo en la mayor�a de los lagos y r�os. Las
mejores vistas de Coyhaique son desde la Reserva Nacional hom�nima, con bosques de
coihue y lenga, y donde se pueden recorrer los senderos naturales de Laguna Verde y
Laguna Venus. El cercano Monumento Natural Dos Lagunas es muy interesante para el
avistaje de aves, y tambi�n vale la
pena conocer la localidad de Puerto Chacabuco (es uno de los puertos de acceso a la
regi�n m�s visitados), levantado en el extremo Este de un estrecho fiordo.
LAGUNA SAN RAFAEL
La estrella tur�stica de Ais�n, sin embargo, es el Parque Nacional Laguna San
Rafael, el m�s grande de la regi�n. Es un lugar excepcional, que abarca los Campos
de Hielo Norte, sus glaciares, lagunas, r�os y fiordos, y merece sin duda el viaje
hasta esta regi�n remota pero espectacular. En este Parque Nacional se encuentra el
pico m�s alto de los Andes del sur, el Monte San Valent�n, que supera los 4 mil
metros de altura. En s�, la Laguna San Rafael es un brazo pr�cticamente cerrado,
cuyo ventisquero desprende regularmente enormes bloques de hielos milenarios. Los
t�mpanos flotan en aguas de la laguna, en continuo movimiento, formando un paisaje
cambiante y misterioso. Se visita entre septiembre y abril, y no importa que sea
pleno verano: la temperatura promedio es de ocho grados, de modo que siempre hay
que andar bien abrigado si se quiere recorrer el Parque y sus senderos de
excursi�n, que llegan hasta la base del glaciar atravesando un bosque siempre verde
y de gran belleza.
Predominan cipreses y lengas, mientras la fauna brilla por gran cantidad de aves
�cisnes de cuello negro, cauquenes, patos, cormoranes� y mam�feros como zorros,
coipos y pud�es, aunque son escasos por el clima, y dif�ciles de ver. La �punta de
riel� de Ais�n es Cochrane, 345 kil�metros al sur de Coyhaique, donde termina la
Carretera Austral. Al oeste se encuentran los �ltimos tramos del Campo de Hielo
Norte, y hacia el este el Lago Cochrane (llamado Pueyrred�n del lado argentino). Lo
que sigue hacia el sur es Magallanes (o Duod�cima Regi�n), la �ltima de Chile, a la
que se llega por tierra s�lo a trav�s de la Patagonia argentina.
LA REGION DE MAGALLANES
La capital de la �ltima regi�n chilena es Punta Arenas, una importante ciudad y
puerto que sorprende escuchar en esta zona extrema del mundo. Aqu� llegan los
vuelos que permiten acceder por v�a�aa�rea a la Duod�cima Regi�n, en tanto se llega
por mar a trav�s de los canales patag�nicos desde Puerto Montt, y por tierra s�lo
desde la Argentina por cinco pasos fronterizos: Monte Aymond, R�o Don Guillermo,
Casas Viejas, Dorotea y San Sebasti�n.
El centro de Punta Arenas es el de una elegante ciudad recostada en la riqueza
ganadera que le dio su esplendor en el siglo XIX: sus edificios de estilo franc�s,
en torno a la plaza central, le dan un elegante aire decimon�nico que persiste,
aunque la industria de la lana dio paso hoy a la riqueza procedente de la industria
energ�tica. En los alrededores se visita el Fuerte Bulnes, testimonio de los
primeros intentos de ocupaci�n a mediados del siglo XIX, y dos colonias de
ping�inos: Seno Otway y Parque nacional Los Ping�inos (s�lo se llega en barco).
Partiendo de Punta Arenas con rumbo norte se llega al lugar m�s cotizado de la
regi�n, el Parque Nacional Torres del Paine, pasando antes por la ciudad portuaria
de Puerto Natales, situada en la costa este del Seno Ultima Esperanza. Puerto
Natales, aparte de su encanto propio, es tambi�n el mejor punto de partida para
conocer la Cueva del Milod�n y el Parque Nacional Bernardo O�Higgins. Si se elige,
en cambio, cruzar la frontera hacia el lado argentino, se llegar� hasta la ciudad
minera de R�o Turbio y el Parque Nacional Los Glaciares.
TORRES DEL PAINE
Mientras se permanezca del lado chileno, no hay que dejar de visitar Torres del
Paine: este espl�ndido macizo monta�oso situado en el continente y separado de los
Andes ofrece toda clase de senderos de diversas dificultades para adentrarse en
bosques y valles, algunos pr�cticamente v�rgenes, dominados por los picos de
granito de m�s de 2 mil metros de altura que dan nombre al Parque. All� se
encuentra uno de los Hoteles Explora, concebidos en perfecta integraci�n con la
naturaleza (el otro est� en Atacama), pero tambi�n hay hoster�as m�s accesibles y
se puede acampar en algunos lugares autorizados. En Torres del Paine no s�lo atraen
la belleza natural de los lugares, que realmente merecen el viaje, sino tambi�n la
facilidad de acceso a la fauna: como en pocos otros lugares, se pueden ver
confiados tropeles de guanacos a pocos metros de distancia, zorros, aves y hasta
c�ndores que a veces bajan a comer y se acercan notablemente a la lente de las
c�maras. Por eso es uno de los lugares preferidos del turismo internacional que
recorre las rutas del sur de Chile, y de los amantes de la naturaleza que quieren
verla como si aquel Dios de la leyenda reci�n terminara de unir las piezas del
rompecabezas que forma el extremo austral chileno.
CHILE De Puerto Montt al sur
La Carretera Austral
La temporada de la nieve se concentra en Chile en Portillo y Valle Nevado. Pero
mucho m�s al sur tambi�n se puede seguir la aventura de la Carretera Austral, desde
Puerto Montt hasta los glaciares, el �nico eje que permite conocer la Patagonia
chilena y sus encantos.
Arriba: El min�sculo barquito avanza frente a la extrema belleza de un universo de
hielo.
Abajo: Aventuras en un gom�n, navegando entre los glaciares.
Por Graciela Cutuli
La larga y monta�osa geograf�a chilena ofrece a los amantes del esqu�, en esta
�poca del a�o, un abanico grande de opciones sobre el flanco de los Andes. Pero
dejando atr�s las opciones de esqu�, se puede dar un salto hasta el extremo sur de
la Patagonia chilena, para internarse a partir de Puerto Montt en un laberinto de
aguas s�lidas y l�quidas, grises y blancas, azules y celestes, all� donde los mapas
muestran un filete delgado, entrecortado, que en la realidad se traduce en un
camino de ripio llamado Ruta Nacional 7, la famosa Carretera Austral.
El corazon al sur. Entre los m�s hermosos circuitos del continente latinoamericano,
esta ruta se abre camino en una paleta de verdes, azules y blancos, uniendo entre
s� todos los atractivos del sur de Chile. Es apenas un camino de ripio, que en
muchos lugares no merecer�a el mote de �carretera� si no fuera porque nos lleva al
viaje m�s incre�ble que se pueda hacer en el pa�s trasandino. Con el auto listo
(sin olvidar la nafta ni las raciones de agua y comida, ya que hay largos tramos
sin servicios), el cintur�n abrochado, los ojos bien abiertos, la c�mara de fotos
en mano, la ruta empieza ya con sorpresas al salir de Puerto Montt, la peque�a
capital del sur de Chile, el �nico toque de vida moderna y ritmo urbano que se
permite la Carretera Austral.
Pasando los peque�os caser�os de Chamiza y Quillaipe, la ruta bordea su primer
Parque Nacional, el Alerce Andino, uno de los parques m�s j�venes de Chile, que
protege sobre una extensi�n de 40.000 hect�reas algunos de los �ltimos bosques de
alerces que quedan en la regi�n. Como en la falda oriental de los Andes, los
alerces de Chile pueden alcanzar alturas de m�s de 40 metros, vivir m�s de tres
milenios y tener troncos de m�s de cuatro metros de di�metro. La primera parada de
la Carretera ser� entonces para observar algunos de estos gigantes, entre el puesto
de Lenca y el estuario de Reloncav�, el primer cruce en balsa de este tramo.
De Puerto Montt a Chaiten. El camino de ripio que aparece de nuevo en la otra
orilla del estuario llega hasta puerto Yungay, en una regi�n donde los hielos
cubren las tierras y desbordan en el mar, y donde el caprichoso trazado de las
costas es una pesadilla para cualquier cart�grafo. La Carretera Austral tarda unos
60 kil�metros en llegar hasta Hornopir�n, que a pesar de las letras grandes que lo
indican en los mapas es apenas un pueblo (perfecto para aprovisionarse de nafta y
comida). La ruta acaba de rodear el volc�n del mismo nombre, que culmina a unos
1572 metros de altura. En las afueras del pueblo hay termas (en la localidad de
Pichicolo) y al este se encuentran dos parques nacionales, el Hornopir�n y el
Pumal�n. Este tramo concentra buena parte de los atractivos del camino: bosques
dominados por las cumbres de volcanes encapuchados de nieve, algunas termas
originadas por la actividad volc�nica de una de las regiones m�s activas
geol�gicamente del mundo, y parques nacionales semejantes al Ed�n original. En
primavera, sobre todo, como en Bariloche y la regi�n de los lagos argentina, se ve
una explosi�n de colores y de flores, entre los bosques a�n m�s tupidos gracias a
la mayor cantidad de lluvias. Desde Hornopir�n hay caminos que permiten recorrer
los parques y hacer trekking. En cuanto a la Ruta 7, despu�s de seguir por agua por
un par de horas, retoma la tierra firme y as� se llega a una de las principales
etapas del recorrido, la ciudad de Chait�n.
En estos parajes des�rticos, Chait�n puede pretender sin problema el rango de
ciudad, aun con sus 3000 habitantes. Es un puerto que naci� alrededor de una base
militar, muy activo, con ferries que van hasta Puerto Montt, y Quell�n y Castro en
la isla de Chilo�. Chait�n, que ofrece todos los servicios necesarios al turista,
no perdi� su aspecto de ciudad de pioneros. Al sur, se encuentran las termas El
Amarillo, que merecen una parada.
Hielos y selvas. Desde Chait�n, la Ruta 7 sigue m�s al sur, y luego de casi 80
kil�metros llega a Villa Santa Luc�a, el caser�o que lleva a otros dos centros
tur�sticos interesantes: Futaleuf� y Palena. Futaleuf� est� m�s al norte, a otros
80 kil�metros de Santa Luc�a (a la altura de Trevel�n, del lado argentino). Es un
lugar conocido por los pescadores con mosca y tambi�n por los rafters que practican
su deporte en las aguas del r�o del mismo nombre. Palena, tambi�n a unos 80
kil�metros de Santa Luc�a, pero m�s al sur, es un centro de abastecimiento
interesante. Est� conectado a la ciudad argentina de Corcovado por el paso R�o
Encuentro.
La Carretera Austral pasa por m�s parques, la Reserva Nacional Lago Rosselot y el
Parque Nacional Queulat (154.000 hect�reas que prefiguran el resto del pa�s:
fiordos que se adentran profundamente en las tierras, relieves abruptos, picos
volc�nicos y los primeros glaciares permanentes). El Parque Queulat es uno de los
destinos preferidos para el turismo aventura en el sur de Chile. A pesar de las muy
desfavorables condiciones meteorol�gicas, hay excelentes pesqueros en los r�os del
parque y los lagos, adem�s de caminos para hacer trekking hasta glaciares, como el
Ventisquero Colgante, una de las postales m�s famosas de la Carretera Austral. El
lugar ideal para visitar el parque es Puyuhuapi, peque�o pueblo con buena
infraestructura y muchas agencias de turismo aventura.
La Ruta 7 cruza todo el parque de norte a sur y llega luego de unos 270 kil�metros
�pasando por Villa Amengual, un paraje donde se presenta otra opci�n de camino� a
Coihaique y a Puerto Ais�n, la otra gran ciudad de la regi�n.
La estrella de Coihaique. En el centro de las tierras, Coihaique es hoy una ciudad
de m�s de 40.000 habitantes, capital de la XI� Regi�n y conectada con la Argentina
por varios pasos trasandinos. El trazado de su centro, uno de los m�s originales de
Sudam�rica, est� formado por una plaza pentagonal de donde salen diagonales en
forma de estrella. En invierno hay dos centros de esqu� en la regi�n de Cohaique:
El Fraile, a 29 kms, y Los Maillines, a 81. Un museo traza la historia de la
regi�n, cuyos primeros habitantes fueron los indios chonos y alacaluf que viv�an de
la pesca en los canales de las intricadas costas, y los tehuelches en el interior
de las tierras. Si bien algunos aventureros insistieron en buscar la legendaria
Trapananda (la Ciudad de los C�sares o la Ciudad de El Dorado) hasta en estas
lejanas latitudes, fueron los misioneros de Chilo� los primeros europeos en tener
un contacto constante con los indios de la regi�n. Luego de varias exploraciones
(las de Fitz Roy y Darwin fueron las m�s famosas, pero tambi�n se recuerda el paso
de John Byron, abuelo del poeta brit�nico), hay que esperar hasta 1870 para que un
chileno haga el primer relevamiento extenso de la regi�n.
En Coihaique no hay que dejar de pasar por la Pe�a Quilantal, la m�s famosa de la
ciudad, con shows de m�sica folkl�rica en vivo. Los otros atractivos est�n fuera de
la red urbana, rodeada por varios parques y reservas naturales: Parques Nacionales
Coihaique y r�o Simpson, Reservas Nacionales Trapananda y cerro Castillo, y el
Monumento Natural Dos Lagunas, que protege un extenso humedal donde viven numerosas
colonias de aves.
Un mundo de fiordos. Cerro Castillo se encuentra unos 110 kil�metros al sur de
Coihaique y es el punto de entrada de la reserva nacional del mismo nombre. Desde
all� se puede llegar por una ruta secundaria hasta el puerto Ingeniero Ib��ez,
sobre el lago General Carrera (en la Argentina se lo conoce como lago Buenos
Aires). Se trata de un peque�o pueblo que fue casi enteramente cubierto por las
cenizas del volc�n Hudson durante su erupci�n en el a�o 1991 (en la actualidad ya
no se nota el recuerdo de esta tragedia). Est� conectado por ferries a Chile Chico,
en la ribera opuesta del lago del lado chileno, y a Los Antiguos del lado
argentino. Desde Villa Cerro Castillo hasta puerto Bertrand hay 175 kil�metros sin
m�s etapas que algunos puestos y caser�os, sin abastecimiento ninguno, y de all�
quedan otros 70 kil�metros para llegar a Cochrane, el �ltimo centro poblacional de
importancia en el recorrido de la Carretera Austral. En este tramo, el camino
bordea el inmenso Parque Nacional Laguna San Rafael, que como su nombre no lo
indica protege campos de hielos, fiordos y toda la costa del golfo de Penas. Cubre
m�s de 1,7 millones de hect�reas y est� dominado por el pico San Valent�n, de 4.058
metros de altura, la cumbre m�s alta de los Andes del sur de Patagonia. Sus
glaciares, aunque de acceso dif�cil �y costoso� son una verdadera maravilla de la
naturaleza. Bajan de los cerros hasta el mar mismo, con el trasfondo de fiordos de
gran belleza.
Al sur de Cochrane, la Carretera Austral contin�a hasta puerto Yungay, a unos 120
kil�metros. Se trata de un peque�o puerto, un singular pueblito de pescadores
construido junto a un barranco, donde las calles fueron reemplazadas por
plataformas de maderas y escaleras. Desde puerto Yungai se puede tomar una �ltima
balsa y llegar hasta un desembarcadero de donde sale una pista de ripio que
desemboca en Villa O�Higgins, el n�cleo poblacional m�s austral de esta parte de
Chile, y el �ltimo lugar que se puede alcanzar por la red de carreteras
continentales (para llegar a puerto Natales y Punta Arenas, m�s al sur, hay que
llegar con ferries, ya que los campos de hielo, los relieves y los lagos impiden
cualquier comunicaci�n terrestre m�s al sur de Villa O�Higgins). El lago O�Higgins
es el lago San Mart�n del otro lado de la frontera.
Puerto Montt est� a m�s de 1100 kil�metros. El mundo est� m�s lejos todav�a. Frente
al canal de agua que ba�a puerto Yungay, se abre un nuevo planeta, un mundo de
hielos, de azules cristalinos, de rocas atormentadas por las olas, los vientos, las
lluvias y temperaturas que rozan el cero una buena parte del a�o. La Carretera
Austral lleg� a Yungay en el a�o 1996. Hab�a sido empezada veinte a�os antes. Sin
duda, la llegada de este cord�n finito de ripio trajo muchas sorpresas a los
pescadores de Tortel y de Yungay. Pero m�s trajo a quienes lo siguieron, itinerario
a un mundo distinto, como en los mejores libros de magia. La palabras que abren el
hechizo son �Carretera Austral�.