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El Cuento Boliviano

El cuento narra la historia de Weiser, quien a los siete años abandona el colegio pero simula continuar sus estudios para no contrariar a su madre. A lo largo de los años Weiser continúa con la simulación llegando a falsificar un título universitario. Finalmente, la madre de Weiser muere a causa de un cáncer no tratado.
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El Cuento Boliviano

El cuento narra la historia de Weiser, quien a los siete años abandona el colegio pero simula continuar sus estudios para no contrariar a su madre. A lo largo de los años Weiser continúa con la simulación llegando a falsificar un título universitario. Finalmente, la madre de Weiser muere a causa de un cáncer no tratado.
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EL CUENTO BOLIVIANO

Lectura: Simulacro
(Edmundo Paz Soldán)
A los siete años, Weiser descubrió que le repugnaba el colegio y, sin vacilaciones, lo abandonó; sin
embargo, para no contrariar a su madre (desde la muerte de su padre, él, hijo único, era la cifra de
las esperanzas de ella), continuó levantándose en la madrugada, enfundándose en el uniforme
obligatorio, saliendo en dirección al colegio, regresando al mediodía y hablando sin pudor de
exámenes y profesores. De vez en cuando, para mantener la farsa, debió recurrir a la falsificación
de notas de elogio por parte de la dirección y libretas pletóricas de excelentes calificaciones; debió
recurrir a sus ex compañeros, que iban a su casa ciertas tardes a ayudarlo a simular que hacía las
tareas. Ella confiaba en él; acaso por esto no se molestó en ir al colegio y averiguar por cuenta
propia las mejoras de su hijo, ni sospechó de la ausencia de reuniones de padres de familia y
kermeses a las que de todos modos no hubiera ido. Siguió puntual, pagando las pensiones el
primer día de cada mes, entregándole el dinero a su hijo, quien, solícito, se ofrecía a librarla de la
molestia de tener que ir hasta el colegio.
Todo persistió sin variantes hasta el día de la graduación cuando Weiser debió pretextar un súbito,
punzante dolor en la espalda que lo confinó a la cama; su madre, preocupada por él, se alegró al
saber que no irían a la ceremonia: no conocía a ningún profesor, a ninguno de los sacerdotes que
regían el colegio, a ninguno de los padres de los compañeros de su hijo, se hubiera sentido una
extraña. Al día siguiente, no pudo evitar las lágrimas al contemplar el diploma que Weiser había
falsificado con descarada perfección, y pensó que ningún sacrificio era vano, su hijo iría a la
universidad. Y Weiser, mientras le decía que estudiaría medicina, pensó que le esperaban seis
arduos, tensos años.
Pero no fueron ni arduos ni tensos debido a su continuo progreso en el arte del simulacro. El día de
la graduación fue el más difícil de sortear: debió recurrir a 43 amigos para que hicieran de
compañeros suyos, contratar a 16 actores para que hicieran de cuerpo académico (profesores,
decano, rector), alquilar el salón de la Casa de la Cultura para realizar en él la ceremonia en el
preciso momento en que la verdadera ceremonia se realizaba en el Aula Magna de la Universidad.
Y ella, su madre, lloró abrazada a él.
Después abrió un falso consultorio de médico general, en el que pasaba las tardes de tres a siete,
examinando pacientes falsos, contratados por temor a ser descubierto por su madre en una de sus
repentinas, frecuentes, inesperadas visitas. Pero no se sentía perdiendo el tiempo: el consultorio le
daba un aura de respetabilidad, una fachada necesaria para mantener en el anonimato su
verdadera vocación, aquella que le había permitido acumular una portentosa riqueza, la vocación
de falsificador.
Nueve años después, ya con una falsa especialización en neurocirugía, su madre acudió un día a
su consultorio quejándose de insoportables dolores de cabeza; él la revisó y dictaminó que los
dolores eran pasajeros, no revestidos de gravedad. Ella murió dos meses después. El médico
forense dictaminó que la muerte se había debido a un cáncer no tratado a tiempo. Weiser no se
sintió culpable en ningún momento: recordando el trayecto de su vida desde los siete años, pensó
que ella, solo ella era la culpable de esta muerte, acaso evitable.
Responde las siguientes preguntas en tu archivador para presentar a la profesora:
1. ¿Quiénes intervienen en la historia?
2. ¿Dónde ocurren los acontecimientos?
3. ¿Cuál es el problema del cuento y cuándo se inicia?
4. ¿Qué antivalores identificas en el cuento?
5. ¿Qué piensas de la actitud de la madre de Weiser?
6. ¿Qué otro título le pondrías al cuento?
El cuento:
Características.
La brevedad pareciera una característica del cuento, en realidad no se trata de ausencia de
complicaciones o simplezas. La brevedad se debe al tratamiento que hace de la temática con la
palabra. Y es que el cuento está hecho de palabras con tanta fuerza que a la sola mención
instituyen espacios, personajes, tiempos y circunstancias sin antecedente alguno.
La palabra instaura un paisaje con la sola mención, por ejemplo: el bosque, la casa, las calles. Los
personajes no responden a descripciones psicológicas sino a hechos naturales suficientes para
cobrar vida y trajinar los espacios y tiempos sin dificultad. El tiempo en el cuento es interesante
porque algunas veces el acontecimiento sucede sin éste, en otros los escritores juegan
magistralmente como García Márquez describe la llegada del señor con unas alas enormes en
tiempos de lluvia cuando el niño empezó la dentición y la lluvia escampo cuando éste los
mudaba .
En los cuentos tradicionales los personajes cumplen funciones. Por ejemplo: el lobo debe devorar a
la abuela, el leñador salvar.
El cuento en Bolivia
Estudio introductorio que acompaña la edición de la Antología del Cuento Boliviano, editado por la
Biblioteca del Bicentenario, por el Antologador Manuel Vargas Severiche.
1. Del mito al cuento
Es sabido que el cuento, en el sentido amplio de la palabra, existe desde el origen de todas las
sociedades y culturas. Desde el “inicio de los tiempos” se cantaba o narraba en voz alta, y después
empezaron a escribirse mitos, fábulas, leyendas y crónicas, además de apólogos y los llamados
cuentos de hadas.
En el caso específico de Bolivia, los cuentos de la tradición oral están en la memoria tanto de los
pueblos originarios como de las tradiciones mestizas (a veces se trata de adaptaciones de los
cuentos europeos, pero con ropaje local). Asimismo, se guardan versiones escritas, especialmente
recopiladas por los cronistas de la Colonia (siglos xv al xviii), quienes no solo contaron los hechos y
casos del presente colonial, sino también recogieron muchos relatos e historias autóctonas y otras
formas de expresión literaria, recuperadas del pasado mítico.
En el siglo XIX, con el advenimiento de la República, continuó la preferencia por las crónicas,
relatos, fábulas, leyendas, tradiciones, apólogos, etc., casi siempre con un afán didáctico o
informativo. Pero ya las corrientes literarias de occidente, como el romanticismo y el modernismo,
comenzaron a asentarse entre los creadores nacionales, y se escribieron e inventaron los primeros
cuentos atribuibles a un autor. Es ahí donde comienza la presente antología.
Los relatos a los que nos referimos aparecieron con el romanticismo en el siglo XIX, por lo que el
cuento podría ser considerado, en Bolivia y dentro de la tradición occidental, como el género
moderno por excelencia. Este tipo de relato deja de ser una anécdota o una simple narración
ejemplar para convertirse en un nuevo género literario, imaginado, armado y escrito por un autor,
obedeciendo a ciertas leyes formales, con un lenguaje propio y con una estructura, todo lo cual
produce una singular experiencia estética en el lector. Podrán ser leídos alrededor del fuego, pero
también, preferentemente, “de una sentada”, en un sillón solitario, en un aula escolar o en otros
tantos escenarios.
2. El cuento y sus secretos
Muchos libros y tratados se han escrito para explicar y entender el cuento, este género literario
nacido el siglo xix. Se ha buscado definirlo no solo en su acepción general sino también como
subgénero: el cuento fantástico, el cuento policial, de terror, de ciencia ficción… Se han realizado
talleres de cuento, se han publicado selecciones de textos con reflexiones de los propios cuentistas,
y también revistas especializadas. Ya en los tiempos de Edgar Allan Poe, uno de los creadores y
teóricos del cuento moderno, las revistas populares norteamericanas demandaban y publicaban un
cuento corto junto a otros materiales de lectura (Buranelli, 1972:
77-78). Poe mismo publicaba cuentos suyos y de otros autores en revistas que él dirigía: “Ahora
exigimos – expresaba– la artillería ligera del intelecto; necesitamos lo breve, lo conciso, lo directo, la
difusión rápida, en lugar de lo verboso, la minucia, la extensión, lo inaccesible” (ídem).
No es momento de hacer un recuento de las definiciones. Nos quedamos con dos: una clásica y
seria, también “arbitraria” según su propio autor: “El cuento es una narración, fingida en todo o en
parte, creada por un autor, que se puede leer en menos de una hora y cuyos elementos
contribuyen a producir un solo efecto” (Menton,
1993: 8). A partir de esto, Menton aclara las diferencias con otros géneros narrativos: “Así es que la
novela se diferencia del cuento tanto por su extensión como por su complejidad; los artículos de
costumbres y las tradiciones, por su base verídica y por la intervención directa del autor que rompe
la unidad artística; y las fábulas y las leyendas, por su carácter difuso y por carecer en parte de la
creación original del autor” (ídem).
La siguiente, más que definición, es una valoración imaginativa que ubica al género en relación a la
novela empleando una metáfora mercantil, expresada por un escritor de cuentos y novelas de
ciencia ficción: “Los cuentos son la calderilla [monedas de escaso valor] del tesoro de la ficción. Es
fácil pasarlos por alto ante la abundancia de tesoros disponibles, una moneda sobrevalorada que
con frecuencia resulta falsa. En su máxima expresión –Borges, Ray Bradbury, Edgar Allan Poe– el
cuento está acuñado en metal precioso y sus destellos dorados brillarán para siempre en el hondo
talego de la imaginación del lector” (Ballard, 2014: 11).

De tal manera que, no solo para escribir un cuento, sino también para leerlo, se debe aprender a
conocer su mecanismo interior: “Evidentemente el lector de un cuento no solo debe ser sensible a
las sugerencias, sino que debe ser capaz de almacenar detalles para su futura comprensión. Y
obviamente debe leer el cuento más de una vez” (Stanton: 1969: 75-76). Dice un conocido cuentista
mexicano: “No dudo de que los cuentos tienen sus leyes, pero no dejan de ser secretas. Leyes que
al fin impone o descubre el mismo narrador. Por eso la dificultad de convertirlas en normas
preestablecidas” (Valadés, 2014).
Mucho se ha escrito, asimismo, en busca de esos secretos. En estos últimos años el escritor
argentino Ricardo Piglia planteó dos tesis: “Primera tesis: un cuento siempre cuenta dos historias
[…]. El efecto de sorpresa se produce cuando el final de la historia secreta aparece en la superficie.
Segunda tesis: la historia secreta es la clave de la forma del cuento y sus variantes” (Piglia, 1987:
55-56). Pero esta idea ya la había expresado Borges de la siguiente manera: “Ya que el lector de
nuestro tiempo es también un crítico, un hombre que conoce, y prevé los artificios literarios, el
cuento deberá constar de dos argumentos; uno, falso, que vagamente se indica, y el otro, el
auténtico, que se mantendrá secreto, hasta el fin” (1964: 167).
❖ Realiza un mapa mental de la lección el cuento boliviano en tu archivador. Para
entregar a la profesora

Llegó el momento de que practiques tus cualidades de escritor, crea un cuento cuya temática
se definirá con orientación del maestro/a.
Toma en cuenta lo siguiente: Una buena historia se genera a partir de las emociones, por
ejemplo: miedo, dudas, amor, coraje entre otras. Describe los detalles y las sensaciones que
generan. Puedes contar en primera persona (… en ese momento sentí que mis lágrimas resbalaban
incontrolablemente, ya no pude pensar en nada más, me perdí en el océano de mi dolor que
presentí que no tendrían fin nunca) o ser un narrador omnisciente (una especie de dios que conoce
todo, los más profundos sentimientos y secretos, por ejemplo: Siempre supe lo que sintió esa
muchacha cuando respondía groseramente a su madre. Se consideraba, incluso, hija del diablo,
anotaba las premoniciones acerca de su vida futura; sabía que pagaría con creces haber
ocasionado que su progenitora sufriera)

Escribe un cuento corto en tu archivador para entregar a la profesora


Información complementaria
Acento distintivo o diacrítico
Recuerda que los monosílabos, por regla general, no llevan tilde; sin embargo, se llama
acentuación especial a los monosílabos que cumplen más de una función sintáctica. Es por ello
que se tildan para poder diferenciarlas entre sí.

MONOSÍLABOS

él (pronombre) el (artículo)
Ejemplo: Él ha venido con el perro.

tú (pronombre tu (adjetivo det. posesivo)


Ejemplo: Tú debes cumplir con tu obligación.
mí (pronombre) mi (adjetivo det. posesivo)
Ejemplo: A mí dame toda mi herencia.
sí (pronombre, adv. de afirmación) si (condicional, nota
musical) Ejemplo: Sí, se desmayó y volvió en sí.
Si estudias, ingresarás a la universidad.
No te sale la nota musical si en esa melodía.
sé (verbo ser y saber) se
(pronombre) Solo sé que se lo entregaron ayer.
dé (verbo dar) de (preposición)
Dé usted recuerdos de mi parte.
más (adv. cantidad) mas (conjunción)
Quiero comer más, mas estoy a dieta.
té (sustantivo: bebida) te (pronombre)
¿Te apetece un té?
aún (adv. todavía) aun (incluso o hasta)
¿Aún no estás lista?, aun así te espero.
Recuerda
Que los demostrativos este, ese, aquel, esta, esa, aquella, etc y la palabra solo no lleva tílde
diacrítica en ningún caso
Copia en tu archivador para entregarlo a la profesora
1. Completa los espacios vacíos con el monosílabo que corresponda
a. ……..……. Llegaste justo cuando menos ……..….. esperaba.
b. Cada vez estoy …….…. convencida de que …………. madre dio su vida por ……........
c. Y …………. Piensas que mejoras día a día.
d. No ……….…. Dediques solo a jugar; prioriza tus actividades.
e. …………… muy bien que una persona que se ama …………. Trata respetuosamente e
invierte en ……….….
1) En el caso específico de Bolivia, los cuentos de la tradición oral están en la memoria tanto de los
pueblos originarios como de las tradiciones mestizas F V

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