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Definición y Elementos de Ideologías Políticas

Las ideologías políticas surgen en el siglo XIX como conjunto de ideas, valores y estrategias para alcanzar una visión ideal de sociedad. Una ideología típicamente ofrece una explicación sistemática de la realidad social y política actual y cómo debería ser, con el fin de movilizar apoyo para su causa. Algunas ideologías prominentes son el liberalismo, que enfatiza la libertad individual, y el socialismo, asociado con las ideas de Marx.
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Definición y Elementos de Ideologías Políticas

Las ideologías políticas surgen en el siglo XIX como conjunto de ideas, valores y estrategias para alcanzar una visión ideal de sociedad. Una ideología típicamente ofrece una explicación sistemática de la realidad social y política actual y cómo debería ser, con el fin de movilizar apoyo para su causa. Algunas ideologías prominentes son el liberalismo, que enfatiza la libertad individual, y el socialismo, asociado con las ideas de Marx.
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Tema 3.

IDEOLOGÍAS
Definició n de ideología política: la política que hoy conocemos se compone de tres
elementos: cultura agencia (actuació n) y las ideas. Por lo tanto, el poder de las ideas es la base
de las ideologías. El origen de las ideologías se da en el siglo XIX; cuando las ideas empiezan a
definirse: aquí cabe añ adir que las ideas (o sea, la política) es cosa de las élites y les siguen (sin
má s remedio) las masas. Como ejemplo, la definició n de las ideologías en EEUU, cuando siendo
colonias inglesas exigen “no taxation without representation” en 1789.
Para entender el término ideología bajo su connotació n política, debemos tener en cuenta 3
elementos: la cultura (una visió n del mundo actual y sus relaciones de poder), la agencias
de ??????? (un modelo ideal de sociedad futura) y las ideas (estrategias de acció n políticas para
alcanzarlas). Junto a actitudes y valores, las ideologías ocupan también un lugar importante en
el contexto cultural de la acció n política. Con frecuencia, el com portamiento político de un
sujeto o de un grupo se justifica expresamente como una derivació n necesaria de la ideología a
la que se adscriben: «ser li beral obliga a...», «los progresistas tenemos que...», «este gobiemo
adopta po siciones conservadoras en materia de...». Las alusiones a la ideología liberal,
progresista o conservadora son constantes en la escena política contemporá nea. Pero mucho
menos claro es el sentido que se da al término: nuevamente, nos encontramos ante un concepto
político controvertido.
¿Qué entendemos aquí por ideología? Entendemos por ideología política un conjunto
compartido de conceptos y valores que pretenden describir el universo político, señ alar
objetivos para intervenir en el mismo y definir las estrategias necesarias para alcanzarlos. Este
conjunto de concep tos y valores presenta algunos rasgos característicos:
-las ideologías procuran ofrecer un aspecto sistemá tico, ordenando con ceptos y normas
relativos al conjunto de las relaciones sociales y políticas;
-las ideologías tienen una clara funció n instrumental, puesto que sirven para señ alar objetivos,
para distinguir entre amigos y adversarios, para movilizar apoyos y para vencer resistencias;
-las ideologías simplifican la gran complejidad de elementos del universo político, seleccionando
los que convienen a sus fines y dejando a un lado los que no le convienen;
-las ideologías suelen manifestarse explícitamente: cuando se interroga a un ciudadano por las
razones de su conducta política es probable una respuesta basada en alusiones a su ideología,
má s fá cil de expresar que un sistema de valores;
-finalmente, las ideologías son compartidas: no pertenecen a un individuo a un pequeñ o grupo.
Son propias de un colectivo numeroso, cuyos miembros las utilizan para actuar en la escena
política. Así pues, las ideologías pretenden explicamos la realidad social y política tal como
creen que es y, al mismo tiempo, nos señ alan có mo debería ser. Por ello, tienen cará cter
militante: no só lo se presentan explícitamente, sino que hacen proselitismo para conseguir su
má xima difusió n. En cierto modo, transforman los sistemas de valores en instrumentos para la
acció n política directa, justificando determinadas intervenciones (de cambio o de bloqueo) en el
proceso de regulació n de los conflictos.
Este afá n proselitista explica que el gran éxito de una ideología consis ta en ser adoptada por el
mayor nú mero posible de individuos y colectivos. Hasta el punto de convertirse (si puede) en el
«sentido comú n» de una gran parte de una comunidad política, que la adopta como esquema
com partido e indiscutido de entender y practicar la política. Cuando una ideo logía se difunde
hasta este extremo, se convierte en pieza esencial para legitimar los resultados del sistema
político que sustenta. Existen visiones peyorativas del término ideología; Marx desprecia y
detesta el tener que definir la ideología. Popper y Arendt, vivían dentro de la ideología liberal.
Oakeshott, es un conservador que también brinda un sentido negativo a la palabra.
Hay ideologías en dos niveles diferentes: por un lado el nivel filosó fico-teó rico (como bien
podemos tener a Marx) y en el operativo-prá ctico: los movimientos sociales y políticos.
Los liberalismos: el liberalismo como meta ideología o paradigma, tiene ciertos
elementos: libertad, Individualismo, racionalismo y progreso, igualdad de oportunidades (la
meritocracia, tolerancia, consentimiento, constitucionalismo) así como varias modalidades de
liberalismo: liberalismo clá sico (J. Locke), liberalismo moderno (S. Mill, Keynes, Ralws). Nacen
de la primera ideología que se propone expre samente la fundació n de un orden político
diferente al que representaban las monarquías absolutas de corte tradicional. Elementos
principales de la ideología liberal: libertad, individualismo, racionalismo y progreso, igualdad de
oportunidades (era para lo ú nico que se acepta el Estado, pues no se quieren pagar tasas altas) a
cual se organiza mediante la meritocracia, tolerancia, consentimiento, y constitucionalismo. Se
originan en la Ilustració n europea e inspiran las revoluciones americana y francesa de finales
del siglo xviii. Resaltan el papel protagonista del individuo: su libertad es el valor supremo, que
no tiene otro límite que la libertad de los demá s. Del acuerdo entre individuos libres nace la
comunidad política. El progreso de esta comunidad no puede ser programado: hay que dejarlo
al resultado espontá neo de la competencia entre individuos libres y raciona les, porque de esta
tensió n de intereses nace un equilibrio beneficioso para todos. La autoridad politica debe
limitarse a garantizar las reglas Dá sicas de aquella competencia. Su legitimidad deriva de la
adhesió n li bre que obtiene entre los miembros de la comunidad. Sin embargo, a fi nales del
siglo XIX, algunos sectores liberales (especialmente, en Gran Bretañ a) se percataron de que la
evolució n del capitalismo industrial y financiero había generado grandes desigualdades
sociales, que dejaban sin sentido la defensa de la libre iniciativa individual propuesta por el
propio liberalismo. Desde entonces, determinadas variantes del liberalis mo político han
aceptado la intervenció n del estado para corregir los efectos má s negativos de la competencia
econó mica. En Estados Unidos, por ejemplo, se conoce como liberales a los sectores del Partido
Demó crata que (desde la presidencia de E D. Roosevelt) se inclinan por un sector pú blico má s
activo y demuestran una mayor preocupació n por dis minuir las desigualdades sociales. Existen
dos tipos de liberalismo: liberalismo clásico (J. Locke) y liberalismo moderno (S. Mill, Keynes,
Rawls)
Hoy en día, el liberalismo es la hegemonía entre todas las ideologías existentes. Añ adir que,
hasta el siglo XVIII se seguía la estructura plató nica y aristotélica, sin dejar que el pueblo
decidiera u organizara, pues eso ya sería anarquía.
¿Qué elementos contiene una ideología? En el amplio cuadro de conceptos y valores que incluye
una ideología podemos señ alar cuatro grandes capítulos, que quieren dar respuesta a
cuestiones centrales de la organizació n social y política. Cada ideología procurará : ·defender
una determinada concepció n de la naturaleza humana. Segú n algunas ideologías, el hombre o la
mujer son resultado de la biología (un sujeto es lo que marca su nacimiento); otras, en cambio,
ponen el acento en el efecto de la cultura (un sujeto es lo que aprende a lo largo de su
existencia); ·definir una visió n de las relaciones entre individuos. Algunas ideologías subrayan
las diferencias que se dan entre sujetos y seleccionan alguna de ellas como valor dominante: el
género, la edad, la raza, el estatuto social, etc.; otras, por el contrario, acentú an la idea de
igualdad como principio de sus relaciones y buscan hacerla efectiva; ·proponer un esquema de
relaciones entre cada individuo y el colectivo social. Mientras que algunas ideologías insisten en
la primacía indiscutible del individuo, de su identidad personal y de su bienestar, otras apuestan
por subrayar la necesidad de un colectivo fuerte y bien integrado como garantía del desarrollo
de sus miembros; y, finalmente, ·sostener un determinado punto de vista sobre la capacidad de
la acció n política para influir sobre el desarrollo de cada sociedad. En algunas ideologías se
considera que es ilusoria la pretensió n política de orientar la evolució n social; en otras, por el
contrario, se señ ala que depende de esta acció n política el mantenimiento y el desarrollo de la
propia comunidad. Combinando categorías y valores en cada uno de estos cuatro grandes
capítulos, se van configurando las diferentes ideologías. Cada una de ellas puede presentarse en
la prá ctica de manera diversa. Adopta a veces una forma muy estructurada, especialmente
cuando se formula en la exposició n de intelectuales o teó ricos. En otros casos aflora en
afirmaciones y propuestas de cará cter má s impresionista, que surgen de la experiencia política
de un partido o de un líder Las ideologías contemporá neas cuentan con contribuciones de los
dos tipos, combinadas en dosis variables segú n el momento y el lugar. La ideología socialista no
se explica sin atender a las aportaciones intelectuales de autores del siglo xix y, de manera
especial, a la obra de Marx. Pero también depende de la contribució n de líderes políticos que, a
lo largo del siglo xx, desarrollaron programas de gobiemo bajo la etiqueta socialista. Lo mismo
puede decirse del liberalismo: las aportaciones de Adam Smith, Stuart Mili o Hayek han sido
traducidas y adaptadas en la prá ctica política por los partidos y gobiernos de orientació n liberal.
¿Có mo se forman y có mo evolucionan las ideologías? Hemos señ alado qué elementos integran
una ideología. Pero cabe preguntarse también dó nde se encuentra el punto de arranque que
desencadena su cristalizació n. O, en otros términos, cuá les son los factores que posibilitan la
combinació n de categorías y valores hasta tomar la forma de un sistema.
·Para la visió n má s extendida, el factor determinante en la formació n de una ideología es la
defensa de intereses propios. En la versió n má s mda de esta aproximació n, ideología equivale a
engañ o deliberado de los demá s en beneficio propio. Quien atribuye a determinadas ideas una
validez universal no lo haría para revelar la verdad a sus conciudadanos: lo haría para
enmascarar sus intenciones y, en la medida de lo posible, confundirles de tal manera que le
fuera má s fá cil conseguir los propios objetivos. En una versió n moderada, la ideología de un
gmpo se identifica con la racionalizació n (el reflejo) de sus intereses: un gmpo sostiene
determinada visió n del mundo como la má s recomendable para todos, porque (sin tener clara
conciencia de ello) resulta ser la má s conveniente para su propia situació n. Este empeñ o no
sería siempre consciente, de tal modo que contiene un elemento de autoengañ o, y no só lo de
camuflaje frente a los demá s. En todo caso, las ideologías acompañ an inevitablemente al
conflicto político: cada uno de los actores se pertrecha con la suya, intentando convencerse a sí
mismo y a los demá s de la validez de sus argumentos y de la legitimidad de sus pretensiones.
·Otras aproximaciones prefieren localizar el origen de una ideología en una situació n histó rica
determinada, en la que las aspiraciones mayoritarias de la sociedad no son satisfechas por el
sistema político. En estas condiciones de frustració n, algunos sectores sociales «segregan» una
ideología como sistema de creencias y valores que refuerza sus aspiraciones de seguridad, ya
sea consolidando lo existente, ya sea promoviendo un cambio. La sobreexplotació n de las clases
trabajadoras por el capitalismo industrial del siglo xix favorecería la elaboració n del socialismo;
la inseguridad de la crisis econó mica y nacional en Alemania después de la Primera Guerra
Mundial facilitaría la eclosió n y arraigo del fascismo; la marginació n de determinados sectores
sociales en los procesos de modernizació n de algunos países de tradició n musulmana daría
lugar al fundamentalismo islá mico. Desde esta perspectiva, la ideología expresa un modelo
social a conseguir y no tanto el reflejo de intereses sociales a preservar
Los conservadurismo y la derecha: elementos del conservadurismo: tradició n / reacció n
(Maistre), pragmatismo (Burke), imperfecció n humana, organicismo, jerarquía: (la aristocracia,
autoridad, propiedad). La evolució n contemporá nea de la ideología conservadora: Democracia
cristiana*: el paternalismo, fascismo*: antiliberalismo extremo, derecha «neo»: neoliberal y
neoconservadora. Aparecen como la reacció n al liberalismo por parte de quienes se sienten
amenazados en su condició n social privilegia da: nobleza terrateniente, jerarquías eclesiá sticas.
Su punto de partida es la primacía de la comunidad social, entendida como un organismo vivo
cuya existencia es «natural» y no fruto de un acuerdo libre entre sus miembros. Los elementos
del conservadurismo se distingue con las siguientes características: tradició n/reacció n
(Maistre), pragmatismo (Burke), imperfecció n humana, organicismo, jerarquía: la aristocracia,
autoridad y propiedad. Elementos constitutivos de esta comunidad no son los individuos, sino
colectivos de distinto tipo: familias, aldeas, ciudades, comunidades religiosas, estamentos,
gremios. El orden social se basa en el respeto a las tradiciones por parte de todos los actores. La
autoridad po lítica, que se funda en un principio de jerarquía, debe garantizar este res peto a las
tradiciones, de donde obtiene su legitimidad. El conservadurismo manifiesta poca o nula
confianza en el progreso. Por esta razó n, la preocupació n principal de la autoridad ha de
consistir en evitar los males que (segú n su pesimismo antropoló gico) acompañ an a toda innova
ció n política o social. Gradualmente, la corriente dominante del pensa miento conservador
acepta el liberalismo econó mico, aunque combina do con el autoritarismo político y social: no
desea la intervenció n del estado en el ámbito econó mico, pero propugna un estado «fuerte» en
la lucha contra la delincuencia, en la protecció n de la familia tradicional, en la alianza con los
sectores confesionales má s intolerantes, etc.
Los fundamentalismos religiosos: se ha denominado de esta forma a las ideologías en las
que el sujeto político principal está constituido por la comunidad de los creyentes de una
determinada confesió n religiosa. Las creencias que unen a los miembros de esta comunidad
determinan sus formas de organizació n familiar, econó mica y política. Leyes e instituciones
derivan de forma directa de sus ideas y normas religiosas, contenidas en los textos sagrados
(Biblia, Torah, Corá n) y en las interpretaciones que de ellos hacen las correspondientes
jerarquías religiosas. Dado que el orden social depende de la coincidencia confesional, los
disidentes religiosos significan para estas ideologías un riesgo social y, por tanto, son
difícilmente tolerados y ven limitadas (a veces hasta la eliminació n) sus libertades como
individuos y como colectivos.
Fascismos: se presentan como solució n que supera el enfrentamiento entre liberales y
socialistas. Construyen una visió n del mundo político, en la que el individuo se debe a la
comunidad nacional y al líder indiscutible que la encama. El orden político y social se basa en
ciertas jerarquías «naturales» (entre elite y masa, entre razas superiores y razas inferiores,
entre hombre y mujeres, etc. y tiene su pieza esencial en la obediencia inquebrantable a la
voluntad del dirigente supremo, capaz de interpretar el destino histó rico que corresponde a la
comunidad nacional. Esta comunidad debe imponerse (mediante la violencia y la guerra, si
conviene) a todas las resistencias que brotan de los «demá s»: de ahí la hostilidad a los
diferentes y, con ello, el rechazo a minorías étnicas o religiosas, a extranjeros e inmigrantes.
Los nacionalismos: la nació n (como comunidad con pasado histó rico propio y como
proyecto colectivo comú n) se convierte en expresió n simbó lica central y en protagonista de la
acció n política. Segú n el nacionalismo, los individuos se sitú an políticamente en relació n a la
nació n a la que pertenecen: sus oportunidades de desarrollo personal está n íntimamente
vinculadas a la evolució n histó rica de la comunidad. La unidad nacional se convierte en el
fundamento del orden social: por consiguiente, todo lo que se percibe como amenaza (interior o
exterior) a la unidad nacional ha de ser combatido por todos los medios. Entre estas amenazas
se cuentan tanto otras naciones como las minorías internas que no se identifican con la misma
visió n nacional. La mejor garantía de consolidació n nacional es contar con un estado propio: la
nació n sin estado es, en cierta manera, un proyecto inacabado que debe completarse a toda
costa.
Los socialismos y la izquierda: elementos del socialismo utó pico: igualdad social,
comunidad y propiedad comú n, fraternidad, necesidad y clase social. Elementos del socialismo
«científico» (Marx): materialismo histó rico, cambio dialéctico, alienació n, lucha de clases
(conciencia de clases), plusvalía y evolució n proletaria. La evolució n contemporá nea de la
ideología socialista: socialdemocracia (Bernstein) (el revisionismo antimarxista, la aceptació n
del liberalismo y el Estado del Bienestar), el comunismo ortodoxo (Lenin, Stalin y la revolució n
bolchevique), comunismo maoísta (Mao), Anarquismo* (Proudhon, Kropotkin), neomarxismo
(Gramsci, Escuela de Frankfurt) y nueva izquierda: feminismo y ecologismo
Reaccionan también contra los resultados del liberalismo; explotació n, desigualdad,
marginació n. Pero (en lugar de proponer un improbable regreso al pasado como hacen los
conservadurismos) entienden que hay que actuar deliberadamente para conducir a las
sociedades a nuevos estadios de desarrollo que aseguren su bienestar colectivo. El ser humano
es eminentemente social: só lo se define en relació n a los demá s, con quienes debe mantener
relaciones de igualdad y no de subordinació n. El orden social no se basa ni en la competencia
libre, ni en la tradició n: se basa en la solidaridad humana y en una comunidad igualitaria de
bienes y recursos. Para alcanzar este orden solidario, la intervenció n de la autoridad política es
decisiva. El debate sobre esta intervenció n dividió desde un principio al movimiento socialista
entre los partidarios de la vía revolucionaria y de la imposició n drá stica y por la fuerza de sus
propuestas y los partidarios de introducirlas gradualmente mediante la participació n en el
sistema político liberal-democrá tico. Igualmente, la discrepancia sobre la intervenció n pú blica
en la economía separó a las corrientes favorables a su completa estatizació n de las que hacían
compatible una mayor acció n estatal con la continuidad de la actividad privada. Comunismo y
socialdemocracia han encamado en la arena política estas dos versiones de la ideología
socialista, que (frente al pesimismo de los conservadores y al escepticismo de los liberales)
tiene confianza en la capacidad de la humanidad para construirse un futuro a la medida de sus
aspiraciones.
*Anarquismos: en sus diferentes variantes, entienden que una sociedad libre y armó nica ha de
ser resultado del acuerdo voluntario entre sujetos. Cualquier forma de autoridad o coacció n
perturba el orden social, al introducir formas (a veces duras, a veces sutiles) de coacció n de
unos individuos o de unos grupos sobre otros. La cohesió n social só lo puede derivarse del pacto
voluntario y de la libre asociació n entre individuos, municipios, cooperativas productivas,
comunas agrarias, etc., rechazando vínculos legales u obligaciones de otro tipo. Cada una de
estas entidades debe autogestionarse mediante la participació n directa de sus componentes en
la toma de decisiones, sin someterse a instrucciones o consignas ajenas: la igualdad entre los
miembros de cada colectivo debe reflejarse en la eliminació n de todo principio de jerarquía y de
todo liderazgo personal.

La distinció n izquierda-derecha y el centro:


Ideologías y «cleavages»: la congelació n de los conflictos
La distinció n izquierda-derecha
El centro político
El solapamiento ideoló gico
¿El fin de las ideologías? con este título, el soció logo norteamericano Daniel Bell publicó
en 1960 una obra de gran impacto en la que denunciaba el agotamiento de las grandes ideas
políticas que habían marcado la historia del mundo occidental hasta aquel momento. Para Bell,
se estaba revelando que la política se planteaba en términos mucho má s pragmá ticos, tanto por
parte de los ciudadanos, como por parte de los dirigentes políticos. Importaban los resultados
má s que las ideas y, en especial, los resultados econó micos en términos de crecimiento y
bienestar material. Otros autores apuntaron en la misma direcció n, subrayando la creciente
pérdida de capacidad de movilizació n de doctrinas como el socialismo, el comunismo o el
fascismo. Bastaron unos pocos añ os —en la misma década de los sesenta— para poner en tela
de juicio esta visió n crepuscular de las ideologías. La lucha por los derechos civiles de la minoría
negra, la oposició n a la guerra del Vietnam o la revuelta estudiantil de mayo de 1968 en Francia
y en otros países europeos significaron una reaparició n de las polémicas ideoló gicas entre los
partidarios del cambio político radical y los defensores del status quo. En este contexto, no só lo
se recuperaron y actualizaron viejas doctrinas —neomarxismos de diferentes escuelas,
neoanarquismos en varias versiones, neoliberalismos militantes favorables al
desmantelamiento de lo pú blico y del estado del bienestar, neofascismos, etc.—, sino que se
pusieron en circulació n nuevas interpretaciones de las relaciones sociales, centradas en tomo a
la igualdad de géneros o en tomo a la conservació n de los recursos naturales: feminismo y
ecologismo aparecían ahora como nuevas propuestas ideoló gicas sumá ndose a las ya existentes.
En 1989, otro autor norteamericano —Francis Fukuyama— analizó las consecuencias de la
caída del imperio soviético en un artículo titulado «¿El fin de la historia?». Para este analista, la
derrota política de la Unió n Soviética y del marxismo-leninismo que la inspiraba significaban
que el liberalismo democrá tico se había convertido en el ú nico sistema doctrinal capaz de
legitimar las estructuras políticas y econó micas: no había lugar para las soñ adas alternativas de
otros tiempos y la humanidad entraba en un período de apacible estabilidad ideoló gica. Es
innegable la pérdida de peso de algunas ideologías de pretensió n universal que pretendían
interpretar y dar respuesta a todos los problemas de una sociedad: este cará cter simplifícador
es cada vez menos efectivo allí donde la complejidad de conflictos y la diversidad de actores
ponen en juego intereses y alternativas muy dispares. También es cierto que son —^y siempre
han sido— minoría los ciudadanos que asumen de manera integral el conjunto de creencias y
valores que se combinan en una ideología: só lo los acérrimos militantes se adhieren a ella de
manera total y sin reservas, frente a una mayoría que participa de ellas de manera parcial y
fragmentaria. Pero el vaticinio de un segundo final de las ideologías fue de nuevo desmentido
por la realidad. No só lo se afianzaron alternativas ideoló gicas al liberalismo, como las que
representa el fundamentalismo islámico en varios países asiá ticos y africanos. También en
Europa despertaron de nuevo los nacionalismos como ideologías capaces de alimentar las
expectativas y los proyectos políticos de muchos ciudadanos. Desde la devolution a Escocia y
Gales en Gran Bretañ a hasta la desintegració n de Checoslovaquia, la URSS o Yugoslavia, los
nacionalismos han justificado episodios de separació n amistosa o han alimentado sangrientas
guerras civiles. Asimismo, en la ú ltima década del siglo xx toman cuerpo las propuestas de
resistencia al movimiento de la globalizació n neoliberal y de las instituciones que la encaman
(FMI, Banco Mundial, Fò rum de Davos), elaborando propuestas alternativas de cará cter
universal que se amparan bajo el eslogan de «otro mundo es posible».
Parece, pues, que el hecho de que algunas ideologías muden su apariencia, desaparezcan del
primer plano de la escena o sean acogidas só lo parcialmente no autoriza para decretar los
funerales de todas ellas. Estos funerales anticipados han sido denunciados como empeñ os
políticos para justificar la resistencia al cambio: la «ideología del fin de la ideología» sería, desde
este punto de vista, la má s conveniente para los intereses de quienes cuentan ya en sus manos
con los principales resortes del poder econó mico, político y mediá tico y no desean grandes
transformaciones en el status quo. En todo caso, anunciar la muerte de las ideologías es ignorar
que los conflictos que son objeto de la política no dejará n de estar siempre acompañ ados por
creencias y juicios de valor: de ellos obtienen los ciudadanos (y todos los actores políticos) las
razones y los pretextos necesarios para motivar su intervenció n en la gestió n de los asuntos
colectivos.

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