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Psicoterapia Con LSD

El documento describe los principios de la psicoterapia con LSD, incluyendo la importancia de la preparación y el desarrollo de confianza entre el guía y el cliente, mantener las sesiones enfocadas en la introspección con los ojos cerrados para evitar distracciones externas, y enfrentar y expresar completamente el material inconsciente que emerge para lograr una buena integración de la experiencia. La situación que crea más problemas es la experiencia de muerte en el contexto del proceso de muerte-renacimiento, que puede ser confundida con una emer
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Psicoterapia Con LSD

El documento describe los principios de la psicoterapia con LSD, incluyendo la importancia de la preparación y el desarrollo de confianza entre el guía y el cliente, mantener las sesiones enfocadas en la introspección con los ojos cerrados para evitar distracciones externas, y enfrentar y expresar completamente el material inconsciente que emerge para lograr una buena integración de la experiencia. La situación que crea más problemas es la experiencia de muerte en el contexto del proceso de muerte-renacimiento, que puede ser confundida con una emer
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EXTRACTOS DEL LIBRO:

PSICOTERAPIA CON LSD de Stanislav Grof

PRINCIPIOS DE LA PSICOTERAPIA CON LSD:


El periodo de preparación
Sesiones psiquedélicas
Integración de las experiencias con la droga

Páginas: 147-148

Un elemento importante de la preparación es el desarrollo de una relación de confianza


entre el guía y el cliente. La habilidad del sujeto para soltar sus defensas psicológicas y
rendirse a la experiencia, que es crucial para un resultado exitoso de la sesión, es
directamente proporcional al grado de confianza en los cuidadores. La confianza es por
lo tanto la única condición previa importante para una terapia psiquedélica segura y
efectiva. En su sentido más general es de gran relevancia para el transcurso de cualquier
sesión con LSD; sin embargo, hay ciertas situaciones específicas en las que el elemento
de confianza básica juega un rol especialmente crucial. Cualquier trabajo sobre las
raíces de la desconfianza de la persona hacia los demás o el mundo en general depende
de manera crítica de la calidad de la relación entre el experienciador y los guías. De
modo similar, la habilidad para enfrentarse a la experiencia de la muerte del ego en toda
su complejidad y profundidad suele requerir unos buenos conocimientos externos
básicos en una situación terapéutica formal. En vista de la importancia de la relación
entre los guías y el cliente, la preparación para una sesión no debería ser sólo un flujo
unilateral de información sino que debería dar al sujeto la oportunidad de conocer a los
futuros cuidadores. De modo ideal, en lugar de ser un intercambio convencional de
clichés, el periodo de preparación y el proceso terapéutico debería representar un
genuino encuentro humano.

Cuando los terapeutas consideran que la preparación ha logrado cumplir con los
objetivos antes descritos y que el cliente está psicológicamente listo para la primera
experiencia con la droga, programan una última reunión antes de la sesión. Esta se
centra en diversos aspectos técnicos del procedimiento y suele tener lugar el día
inmediatamente anterior a la sesión con la droga. El análisis se basa en la naturaleza de
la experiencia psiquedélica, la gama de estados de consciencia inusuales que pueden ser
inducidos por la LSD, y las maneras más útiles de tratar con la experiencia. En este
punto, a no ser que ya hubiese ocurrido con anterioridad en el proceso, los terapeutas
deberían animar al cliente a expresar todos los miedos y dudas que pudiese tener sobre
la droga o el procedimiento. Esta es la última oportunidad para responder a cuestiones
generales específicas y para clarificar todos los conceptos erróneos y medias verdades
que el sujeto podría haber recogido de la publicidad sensacionalista e incluso de la
literatura profesional. De todos estos malentendidos, los más importantes son el estado
de LSD como <<esquizofrenia modelo>> y el de la LSD como substancia que pueda
causar o precipitar la psicosis; el asunto de las reacciones prolongadas y recurrencias o
flashbacks; el peligro de daño cerebral orgánico; y la posible influencia adversa de la
LSD en la estructura y herencia cromosómica.
El concepto de <<psicosis modelo>> ha sido analizado con anterioridad; está anticuado
y fue sustituido por una nueva comprensión de la LSD como catalizador o amplificador
de los procesos mentales. La aparición de estados psicóticos transitorios tras algunas
sesiones representa uno de los riesgos de la terapia con LSD, incluso bajo condiciones
supervisadas. Sin embargo, en el trabajo con LSD supervisado estos son poco
frecuentes, y aparecen únicamente en personas con problemas emocionales graves y
sintomatología borderline. Estos estados no los crea la droga sino que representan una
exteriorización de material inconsciente profundo. La activación y manifestación
consciente de grandes cantidades de tal material pueden presentar un problema clínico;
sin embargo, es también una oportunidad para el cambio terapéutico, si se enfoca y
maneja adecuadamente. Más adelante analizaremos en detalle los mecanismos de las
reacciones prolongadas, recurrencias y descompensaciones psicóticas que tienen
relación con la administración de LSD, así como ciertos principios a la hora de conducir
sesiones que pueden minimizar la incidencia de estos fenómenos.

Páginas: 153-155

Toda preparación para una sesión psiquedélica debería suponer un análisis sobre la
posibilidad de que el cliente podría experimentar en algún momento una profunda crisis
de confianza básica, no importa lo buena que la relación terapéutica parezca ser antes
de la experiencia con la droga. Las características esenciales de esta importante crisis ya
han sido descritas con anterioridad. Es vital preparar al cliente para esta posibilidad y
sugerir que intente buscar dentro de sí las posibles fuentes de tal desconfianza antes de
centrar su atención en las circunstancias externas. Obviamente es más razonable asumir
que la percepción de uno ha cambiado por la influencia de una poderosa droga
psicoactiva, que sospechar que en el transcurso de media hora tuvo lugar un cambio
drástico e inesperado en la situación externa o en las personalidades de los cuidadores.
El mismo hecho de analizar de antemano la posibilidad de una crisis de confianza suele
ayudar a mitigarla cuando de hecho ocurre.
Una regla básica que es de importancia crítica en la psicoterapia con LSD es mantener
las sesiones interiorizadas. Puesto que la experiencia psiquedélica representa un proceso
de profunda autoexploración, un viaje dentro de la mente de uno, una orientación
introspectiva consistente es con diferencia el enfoque más productivo. Por lo tanto, a los
sujetos de la LSD se les anima a permanecer durante la mayor parte de la experiencia en
una cómoda posición reclinada con los ojos cerrados; aquí la mejor solución técnica es
el uso de unos cómodos antifaces. En general, es contraproducente exponerse a los
complejos estímulos del mundo externo, en especial si se combinan con movimientos,
charla excesiva e interacción social. Todo ello hace que la experiencia se quede en un
nivel superficial e interfiere con el proceso de autoexploración. En ocasiones, puede ser
muy útil expresarse danzando durante las sesiones psiquedelicas siempre y cuando el
sujeto mantenga los ojos cerrados y no pierda la conexión introspectiva con el proceso
interior.

Para una persona que toma LSD en un contexto físico y social complejo, los elementos
psicológicos relevantes y los estímulos sensoriales externos se fusionan en una
inexplicable amalgama que oscurece el material emergente. Bajo estas circunstancias, el
estado de LSD tiende a convertirse en una incomprensible mezcla de percepción externa
y experiencias de su mundo interior; como resultado, tales situaciones por lo general no
son muy conducentes a una introspección productiva. Las sesiones que utilizan dosis
altas con fines de crecimiento personal, para trabajar con problemas emocionales, y de
búsqueda filosófica mística deberían, por lo tanto, ser interiorizadas.

Es esencial para un buen resultado de la sesión que haya un equilibrio entre la bajada de
defensas psicológicas y un trabajo efectivo con el material inconsciente emergente. Sean
cuales sean los profundos contenidos que se han liberado, la energía asociada a ellos
debería canalizarse hacia la periferia. Es de suma importancia que se tenga la máxima
consciencia posible del proceso interior y de su expresión emocional, conceptual y
física para lograr una buena integración de la experiencia con LSD. Las sesiones en las
que la droga active áreas de material emocional difícil y el individuo intente evitar
enfrentarse a ellas pueden llevar a reacciones prolongadas, una integración
insatisfactoria, y a los subsiguientes problemas emocionales o psicosomáticos residuales
o incluso a un equilibrio mental precario que se convierte en la base de posteriores
recurrencias.
En vista de las observaciones aquí descritas, se hace mucho hincapié durante el periodo
de preparación en explicar al cliente lo importante que es mantener un posición
reclinada durante la sesión con LSD, permanecer con los antifaces y auriculares puestos,
y enfrentarse, experienciar y expresar completamente lo que quiera que salga a la
superficie. La mayoría de los problemas técnicos durante las sesiones tienen lugar
cuando el cliente, en vez de tratar la experiencia como un proceso interno, proyecta el
material inconsciente emergente sobre los cuidadores y la situación del tratamiento. Esta
actitud funciona como una poderosa defensa y representa un serio obstáculo para el
progreso terapéutico. En lugar de enfrentarse al problema en el mundo interior donde
puede ser identificado y resuelto, el cliente crea una situación pseudoreal proyectando y
focalizando la atención en la manipulación del mundo externo. Evitar tales situaciones
contraproducentes es una de las importantes tareas de los cuidadores y comienza
durante el periodo de preparación con una detallada descripción y explicación de las
reglas básicas.

Del Capitulo 5
COMPLICACIONES DE LA PSICOTERAPIA CON LSD:
Incidencias, prevención y medidas terapéuticas

Páginas 182 al 189

La situación que crea más problemas en las sesiones psiquedélicas es la experiencia de


muerte que ocurre en el contexto del proceso de muerte-renacimiento. Tanto el
experienciador como los observadores externos y los cuidadores sin experiencia, que
estén en un estado normal de consciencia, pueden confundir fácilmente este encuentro
con la muerte que es tan auténtico y convincente, con una emergencia real y vital.
Debido a esta confusión entre la muerte simbólica y la biológica, la resistencia ante el
proceso psiquedélico puede ser particularmente intensa. La ansiedad profundamente
asentada y la activación de programas de supervivencia pueden hacer que el sujeto
luche contra el efecto de la droga con la intensidad y determinación características de
una lucha real a vida y muerte.
Desde el punto de vista técnico, ésta es la situación más crítica e importante. A fin de
suavizar el transcurso de la sesión y lograr un resultado positivo es absolutamente
esencial que los sujetos permanezcan con el antifaz y los auriculares en estos momentos,
manteniendo el proceso interiorizado. Si los aspectos psicológicos de esta experiencia se
proyectan en la situación terapéutica, esto puede resultar en un peligroso
comportamiento de acting-out o actuación. Los sujetos pueden sentirse atraídos hacía
ventanas y puertas. Viéndolas como vías de escape de una situación psicológica
insoportable; puede que luchen físicamente con los cuidadores, viéndolos como
elementos opresivos; o que se vean empujados a violentas acciones autodestructivas
confundiéndolas con la liberadora muerte del ego. Los peligros de la externalización de
este proceso se extienden más allá del marco de la sesión con la droga misma. Las
experiencias psiquedélicas de este tipo que no han sido resueltas pueden resultar en
estados emocionales muy difíciles en el periodo post-sesión, que puede que dure días o
meses a no ser que sea adecuadamente tratado.
Si el cliente intenta quitarse el antifaz, y crear una situación proyectiva pseudoreal,
como las antes descritas, es entonces el momento de realizar una intervención activa.
Puesto que el asunto ha sido tratado durante el periodo de preparación, los cuidadores
pueden hacer referencias a esa conversación para conectar el conocimiento intelectual
que el cliente tiene del proceso con la experiencia real. Esto puede ser de gran ayuda,
aunque suele haber un intervalo fundamental entre la experiencia de muerte y su
descripción verbal. Este proceso puede ser tan elemental y tener tales dimensiones
experienciales inimaginables que no hay palabras adecuadas en el mundo para
transmitirlo. En cualquier caso, los factores críticos a la hora de tratar con esta situación
son los aspectos no verbales del enfoque con los cuidadores; bajo estas circunstancias,
la metacomunicación es más efectiva que cualquier cosa que se diga o haga.
Los cuidadores deberían hacer especial hincapié, repetidas veces si es necesario, en el
hecho de que el cliente no se está enfrentando a una muerte biológica real, por muy
convincente que se les antoje. Deberían tranquilizarlos explicando que la sensación de
falta de oxigeno es solo subjetiva, y que la respiración en si misma es adecuada. Es
también importante animar constantemente al sujeto a rendirse al proceso y aceptar la
muerte psicológica. La insistencia de que la forma más rápida de salir de esta
experiencia reside en atravesar sus partes más difíciles y las referencias al “otro lado”
positivo pueden ser de gran ayuda. Sin embargo, los factores más cruciales en última
instancia son el centramiento de los cuidadores, su familiaridad con el proceso y
confianza en su trayectoria intrínseca, puesto que ellos facilitan los componentes no
verbales metacomunicativos que hacen su afirmaciones reales y convincentes
experiencialmente.
En el transcurso de sesiones con LSD focalizadas en el nivel perinatal, las experiencias
de muerte suelen volverse más profundas y más completas. Cuando el proceso alcanza
la fase de la muerte del ego definitiva pueden darse problemas técnicos especiales. La
muerte del ego implica una experiencia de la destrucción de todo lo que el sujeto es,
posee o a lo que esta apegado. Sus características esenciales son: una sensación de
aniquilación total a todos los niveles imaginables, pérdida de todos los sistemas de
relación y referencia y destrucción del mundo objetivo. Según se haga una
aproximación en diferentes direcciones y a distintos niveles, el proceso requiere cada
vez más sacrificio psicológico. En las fases finales, los sujetos tienen que confrontar y
enfrentarse a experiencias, situaciones y circunstancias que son inaceptables e incluso
inimaginables para ellos.
La naturaleza de las experiencias que representan un obstáculo final para la terminación
del proceso muerte-renacimiento varía de un sujeto a otro. Para algunos, puede tratarse
de ciertas condiciones físicas críticas, tales como un alto grado de asfixia, dolor físico
atroz, pérdida del conocimiento o una actividad convulsiva violenta. Otros han de
enfrentarse a una situación que es por completo inaceptable para ellos psicológicamente
y rendirse a ella. Las más frecuentes son vomitar, perder el control de la vejiga o de los
intestinos; comportamiento sexual inaceptable; confusión y desorientación; producir
sonidos inhumanos y humillación o pérdida de prestigio. Una experiencia muy difícil
que ocurre en el contexto de la muerte del ego es la expectativa de una catástrofe de
enormes dimensiones. Los sujetos que se enfrentan a una tensión agonizante que
aumenta hasta alcanzar proporciones fantásticas, desarrollan la convicción de que
explotarán y de que el mundo entero será destruido. Este miedo a la desintegración
representa una barrera experiencial difícil; en este estado, los sujetos puede que generen
una fuerte convicción de que no sólo su propio destino, sino también el destino de todo
el mundo depende de su habilidad para resistir. En esta situación es muy importante que
los cuidadores insistan repetidas veces en la seguridad de la experiencia. No importa lo
catastrófica que pudiera parecer desde el punto de vista subjetivo, esta explosión es
finalmente liberadora a nivel emocional y espiritual. Lo que se destruye en este proceso
es el viejo y condicionante concepto de uno mismo y la correspondiente visión
restrictiva de la existencia y del universo. Una vez que el proceso alcanza este punto, es
absolutamente esencial completar la gestalt experiencial. Las sesiones inacabadas y
pobremente integradas en esta área pueden resultar en un comportamiento destructivo e
ideación suicida.
Otra situación que puede convertirse en una fuente de problemas considerables en las
sesiones con LSD es la experiencia de sin salida. Aunque se da con más frecuencia en
el contexto de la MPB II (Matriz Perinatal II), existen analogías cercanas que pueden
observarse en sesiones avanzadas en el nivel transpersonal. Los modelos
transpersonales carecen del elemento concreto de encarcelamiento mecánico y la
dimensión biológica ordinaria, y tienen una cualidad puramente metafísica. Una persona
que está en un estado de sin-salida se angustia y es incapaz de ver cualquier final a esta
situación o cualquier modo de salida. El pensamiento parece tener una cualidad circular
y los sujetos a menudo comparan sus procesos de pensamiento con bucles cerrados
como la cinta que da vueltas en una casete. Una descripción más apropiada y precisa de
este estado es comparar la peculiar circularidad de ideas y emociones con una banda de
Moebius que gira sobre si misma, a la vez que implica una paradoja respecto a las
configuraciones espaciales y temporales habituales.
La estrategia básica a la hora de tratar con la situación de sin-salida debería estar basada
en la distinción entre el tiempo psicológico y el tiempo real. La sensación de condena
eterna sin esperanza de escape es una característica experiencial esencial de la
situación de sin-salida. Para poder trabajar e integrar esta experiencia hay que aceptar
todo su contenido, incluyendo la sensación de que durará para siempre y de que no hay
salida. Paradójicamente, una persona que se resiste y lucha desesperadamente contra lo
que siente que podría ser una experiencia de sufrimiento sin fin, prolonga la tortura; a la
inversa, si recapitula y acepta permanecer en el infierno para siempre, lo más profundo
de la matriz infernal es experienciada, esa gestalt particular se completa, y el proceso
sigue adelante.
Una situación difícil que parece estar íntimamente relacionada con la matriz de sin-
salida implica un comportamiento verbal o motor repetitivo; en la terminología
psiquiatrita clásica esto se conoce como verbigeración y perseverancia. Durante un
periodo de tiempo que puede durar minutos e incluso horas el individuo se comporta
como un robot cuyo mecanismo se ha roto. Los sujetos en este estado repiten una y otra
vez los mismos movimientos, frases o palabras. No suele haber ningún contacto
significativo con ellos, y ninguna intervención externa de ningún tipo puede romper este
comportamiento de autómata. En algunos casos, la única solución es esperar hasta que
la reacción termine de forma espontánea y el contacto con el cliente pueda ser
restablecido. Este problema parece surgir cuando la droga activa material inconsciente
que posee una excesiva carga emocional. Formas menos dramáticas de este patrón
pueden acompañar la emergencia de un sistema COEX particularmente fuerte; los casos
extremos casi siempre están asociados al proceso perinatal. Los sujetos a menudo
padecen una amnesia total, o una memoria muy incompleta, en lo que respecta a
episodios de este tipo.
Uno de los problemas más comunes en las sesiones psiquedélicas es el miedo a la
locura, que suele estar asociado al sentimiento de pérdida de control. Ocurre con más
frecuencia en individuos que tienen una fuerte necesidad de mantener el control y temen
perderlo incluso en su vida diaria. La estrategia general, analizada durante el periodo de
preparación y reforzada verbalmente durante la sesión cuando la pérdida de control
cobra especial importancia, es animar a abandonar el control. El concepto erróneo
habitual que subyace a este problema es el miedo a que un abandono momentáneo del
control resultará en su pérdida permanente, a la que seguirá algún tipo de locura. El
nuevo concepto ofrecido al paciente es que abandonar el control crea una situación en la
cual el material reprimido que ha sido restringido puede emerger y ser trabajado. Tras
un episodio de liberación intensa y a menudo caótica de energías reprimidas, a través de
diversos canales disponibles, el problema pierde su carga y el individuo logra un control
sin esfuerzo. Este nuevo tipo de dominio no implica un autocontrol más fuerte, sino que
no hay necesidad de él, no hay nada que controlar. La frecuente asociación de
problemas relacionados con la pérdida de control de las funciones del esfínter será
tratada más adelante en este capítulo.
En general, se debería alentar cualquier tipo de experiencia <<psicótica>> durante las
sesiones o en situaciones especialmente estructuradas, incluso también en los intervalos
de descanso entre sesiones, siempre y cuando no pongan en peligro al cliente u otras
personas. No estamos tratando aquí con experiencias producidas por la droga, sino con
áreas potenciales de actividad psicótica que se encuentran dentro del cliente y que han
sido químicamente exteriorizadas. Es mucho más apropiado considerar tales episodios
como oportunidades terapéuticas únicas más que como problemas clínicos. Las
reacciones psicóticas que merecen especial atención son aquellas asociadas a la
percepción paranoide. Estas presentan dificultades técnicas particulares puesto que
afectan al mismo núcleo de cooperación terapéutica: la relación con los cuidadores. Los
problemas en esta área cubren una amplia gama, desde una leve desconfianza hasta
delirios paranoides a gran escala. También ocurren de forma muy variada y pueden estar
anclados en diferentes niveles del inconsciente. Durante el trabajo en el nivel
psicodinámico pueden ser rastreadas hasta su origen, situaciones de la niñez en las que
el cliente fue victima de abusos y maltrato activamente o episodios de la primera
infancia que tienen que ver con la privación emocional y el abandono. La MPB II y la
MPB III son fuentes importantes de sentimientos paranoides, en particular el comienzo
de la situación de sin-salida. Biológicamente, esto correspondería con el comienzo del
parto, cuando el mundo intrauterino del feto se ve invadido por insidiosas e intangibles
fuerzas químicas y comienza a colapsar. Algunos sentimientos paranoides se remontan a
crisis embrionales tempranas, experiencias traumáticas de anteriores encarnaciones,
estructuras arquetípicas negativas y otros tipos de fenómenos transpersonales.
Otras formas de desconfianza menos serias pueden ser tratadas recordando a los
clientes lo hablado con anterioridad respecto a la confianza básica, animándolos a mirar
hacia dentro de ellos mismos y buscar las fuentes de esta desconfianza en el material
inconsciente emergente, Esto suele ser posible sólo cuando queda la suficiente
confianza para que el sujeto sea capaz de comunicar y expresar su pérdida de la misma.
En ocasiones, el cliente tratará con los pensamientos y sentimientos paranoides
internamente, y puede que los cuidadores no descubran esto hasta que la experiencia
haya terminado y los lazos de confianza hayan sido restablecidos. Entre los desafíos
más difíciles de la terapia psiquedélica se encuentran grados extremos de paranoia que
puedan implicar una actuación; situaciones en las cuales un sujeto extremadamente
paranoide, que se encuentra bajo la influencia de la LSD, quiera abandonar la habitación
o intente atacar a los cuidadores. Aquí el único recurso sería cuidar de que no se cause
un daño irreversible a personas y objetos, e intentar ganar tiempo. Cuando la reacción
vaya disminuyendo, los cuidadores deberían hacer que el paciente vuelva a la posición
recostada, se ponga de nuevo el antifaz y los auriculares, e intentar facilitar una
resolución e integración completas del problema mediante los métodos antes descritos.

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