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Reflexiones de vida en 6 historias

Este documento presenta 6 historias cortas con moralejas sobre la vida. Cada historia ofrece enseñanzas como vivir el presente, el poder de las palabras, valorar a los padres, soltar las preocupaciones, y enfrentar los miedos. En general, las historias invitan a la reflexión sobre cómo integrar estas lecciones a la propia vida.

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Ezequiel Bernal
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Reflexiones de vida en 6 historias

Este documento presenta 6 historias cortas con moralejas sobre la vida. Cada historia ofrece enseñanzas como vivir el presente, el poder de las palabras, valorar a los padres, soltar las preocupaciones, y enfrentar los miedos. En general, las historias invitan a la reflexión sobre cómo integrar estas lecciones a la propia vida.

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LIFESTYLE, 

SALUD Y BIENESTAR 03/06/2020 Redacción Sonora Star

6 historias cortas para reflexionar


sobre la vida
 Español
Dicen que los seres humanos solemos comprender mejor las situaciones en las
que nos encontramos cuando escuchamos ejemplos de historias similares a las
nuestras.
Pero aunque no te identifiques con ninguna de ellas, las siguientes historias
invitan a la reflexión y al aprendizaje para que sus moralejas se integren a nuestra
vida, y así podremos compartir este conocimiento con los demás.
Estos cuentos son anónimos pero se han compartido durante años, pues tienen
una enseñanza importante para cada uno de nosotros.

Vive el presente
Un hombre se le acerco a un sabio anciano y le dijo:
– Me han contado que eres muy sabio. Por favor, ¿qué cosas haces como sabio
que no podamos hacer los demás?
El anciano le contestó:
– Bueno, cuando como, simplemente como; duermo cuando estoy durmiendo, y
cuando hablo contigo, solo hablo contigo.
El hombre lo miró con asombro y le dijo:
– Pero yo también puedo hacer esas cosas y no por eso soy un sabio.
– Yo no lo creo así -replicó el anciano. – Cuando duermes, recuerdas los
problemas que tuviste durante el día, o te preocupas por los que podrás tener al
levantarte. Cuando comes, estás pensando en qué harás después. Mientras hablas
conmigo, estás pensando en qué vas a preguntarme o cómo vas a responderme
antes de que termine de hablar.
Moraleja: El secreto es estar consciente de lo que estamos haciendo en el
momento presente, y así podremos disfrutar de cada minuto de nuestra
maravillosa vida.
Las dos ranas

En un bosque lejano, un grupo de ranas paseaba por el bosque cuando de pronto


dos de ellas cayeron por accidente en un profundo hoyo. Pensando en que sería
imposible salvarlas, las demás ranas les dijeron a sus desafortunadas compañeras
que no se esforzaran pues ya no podrían salir de ahí.
Las dos ranas no hicieron caso y saltaron lo más fuerte que pudieron para salir
del hoyo. Afuera, las ranas seguían insistiendo en que sus esfuerzos serían
inútiles.
Finalmente, una de las ranas prestó atención a lo que las demás le decían y se
rindió. Terminó por desplomarse del cansancio y murió. La otra rana continuó
saltando con todas sus fuerzas, mientras las ranas le hacían señas y seguían
gritando para que dejara de sufrir, pues pensaban que no tenía caso seguir
luchando. La rana siguió saltando cada vez más alto hasta que por fin logró salir
del hoyo. Cuando salió, las demás ranas la miraron sorprendidas y le dijeron:
“Nos da gusto que hayas logrado salir de ahí después de todo lo que te dijimos”.
La rana, confundida, les explicó que era parcialmente sorda, por lo que no podía
escuchar muy bien de lejos y que pensó que las demás la estaban animando a
esforzarse para salir del hoyo.
Moraleja: Las palabras tienen un peso muy grande en las personas. Una palabra
de ánimo a una persona que se siente desanimada o preocupada puede motivarla
a levantarse y seguir luchando. En cambio, una palabra dañina a alguien que se
encuentra triste o desesperado puede terminar destruyéndolo. Debemos tener
cuidado con lo que decimos y aconsejamos. Recuerda que una persona especial
es aquella que se da tiempo para ayudar a quien lo necesite.

El árbol de manzanas

Hace muchos años existió un árbol de manzanas donde un pequeño niño solía
jugar. Él le tenía un gran amor, pues podía treparlo, le daba sombra y alimento.
Pero con el paso del tiempo, el pequeño creció y nunca volvió a jugar alrededor
del enorme árbol. Un día, el muchacho regresó y escuchó que el árbol le dijo:
– Estoy muy triste, juega conmigo.
Pero el muchacho le respondió:
– Ya no soy el mismo niño que solía jugar en el árbol. Ahora quiero juguetes y
necesito dinero para comprarlos.
– Lo siento -dijo el árbol-. No tengo dinero, pero puedes tomar mis manzanas y
venderlas. De esta manera tendrás dinero para tus juguetes.
El muchacho se sintió muy feliz y procedió a cortar las manzanas, las vendió y
obtuvo el dinero. Entonces, el árbol fue feliz de nuevo. Pero el muchacho no
volvió después de la venta de las frutas, por lo que el árbol volvió a estar triste.
Tiempo después, el muchacho -ahora todo un hombre- regresó y el árbol se
alegró de verlo. Le dijo:
-¿Vienes a jugar conmigo?
-No tengo tiempo para jugar -le contestó -Debo trabajar para mi familia, pues
necesito una casa para mi esposa e hijos. ¿Podrías ayudarme?
El árbol respondió:
-No tengo una casa para ti, pero puedes cortar mis ramas y construir una con mi
madera.
El hombre cortó todas las ramas del árbol y, a pesar del sacrificio, esto hizo feliz
al árbol. Sin embargo, después de haber construido su casa, el hombre no volvió
y el árbol volvió a sentirse triste y solitario.
Un cálido día de verano el hombre regresó y el árbol preguntó con alegría:
-¿Jugarás conmigo?
-No. Estoy triste pues me estoy volviendo viejo. Quiero un bote para navegar y
descansar. ¿Podrías darme uno?
El árbol contestó:
-No tengo un bote, pero puedes usar mi tronco para que construyas uno y así
puedas navegar y ser feliz.
El hombre cortó el tronco y construyó su bote donde navegó por un largo tiempo.
Después de muchos años, finalmente regresó con el árbol, pero este, preocupado,
le dijo:
-Lo siento, ya no tengo nada que darte. No puedo darte sombra, manzanas ni
madera.
El hombre respondió:
-Yo no tengo dientes para morder ni fuerza para escalar. También estoy viejo.
-Realmente no puedo darte nada -dijo el árbol con tristeza en sus palabras-. Lo
único que me queda son mis raíces.
-Yo no necesito mucho en este momento, solo un lugar para descansar -contestó
el hombre-. Las viejas raíces de un árbol son el mejor lugar para recostarse
después de tantos años.
El hombre se sentó junto a las raíces del árbol, y el árbol volvió a ser feliz.
Moraleja: Esta podría ser la historia de todos nosotros. El árbol son nuestros
padres. Cuando somos jóvenes, amamos a papá y mamá, y jugamos con ellos.
Cuando crecemos, solemos olvidarlos y solo regresamos a ellos cuando
necesitamos algo o estamos en problemas. Pero no importa lo que nos agobie,
ellos siempre están allí para darnos todo lo que puedan y hacernos felices. Quizás
hayas pensado que el muchacho de la historia fue cruel contra el árbol, pero así
somos muchos de nosotros. Valoremos a nuestros padres mientras los tenemos a
nuestro lado, y si ya no están en este mundo, haz que la calidez de su amor viva
siempre en tu corazón.

¡Suelta el vaso!

Durante una sesión grupal, un psicólogo tomo un vaso de agua y lo mostró a los
demás. Mientras todos esperaban la típica reflexión de ‘¿este vaso está medio
lleno o medio vacío?’, el psicólogo les preguntó:
-¿Cuánto pesa este vaso?
Las respuestas variaron entre los 200 y 250 gramos. Pero el psicólogo respondió:
-El peso total no es lo importante. Más bien, depende de cuánto tiempo lo
sostenga. Si lo sostengo un minuto, no es problema. Si lo sostengo una hora, me
dolerá el brazo. Si lo sostengo durante un día entero, mi brazo se entumecerá y se
paralizará del dolor. El peso del vaso no cambia, siempre es el mismo. Pero
cuanto más tiempo lo sostengo en mi mano, este se vuelve más pesado y difícil
de soportar.
Y continuó:
– Las preocupaciones, los rencores, los resentimientos y los sentimientos de
venganza son como el vaso de agua. Si piensas en ellos por un rato, no pasará
nada. Si piensas en ellos todos los días, te comienzan a lastimar. Pero si piensas
en ellos toda la semana, o incluso durante meses o años, acabarás sintiéndote
paralizado e incapaz de hacer algo.
Moraleja: ¡No olvides soltar el vaso! No permitas que el peso de las emociones
negativas haga que tu vida se vuelva más difícil. Este peso solo te estará frenando
de continuar con tu camino y ser feliz.

El miedo del gran león


En una vasta sabana africana, un león vagaba perdido. Tenía más de veinte días
deambulando alejado de su manada, por lo que el hambre y la sed estaban
acabando con su vida. Por suerte, encontró un lago de agua fresca y cristalina.
Emocionado, el león corrió hacia él para beber y calmar su sed, y con esto poder
continuar buscando a su familia.
Pero al acercarse, vio el rostro de un león en las aguas y pensó:
-¡Qué lástima! Este lago le pertenece a otro león.
Aterrorizado, huyó del lugar sin beber una gota de agua. Pero la sed cada vez era
mayor y el león sabía que si no bebía agua moriría. Al día siguiente, se armó de
valor y volvió al lago. Igual que el día anterior, volvió a ver el rostro en el agua
y, víctima de su pánico, se fue corriendo sin beber.
Y así pasaron los días. El león volvía al lago y huía cuando veía al otro león. Pero
un día, cansado de escapar, se armó de valor y finalmente comprendió que
moriría pronto si no se enfrentaba a su rival. Tomó la decisión de beber agua sin
importar lo que pasara. Se acercó al lago con determinación, pero cuando metió
su cabeza para beber, su rival desapareció. ¡Era su reflejo en el agua lo que había
estado observando todo este tiempo!
Moraleja: La mayoría de nuestros miedos y temores son imaginarios. Pero
cuando nos atrevemos a enfrentarlos, estos desaparecen. No permitas que tus
pensamientos te dominen y te impidan avanzar para vivir plenamente.

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