LEVIATÁN
Marcos Belmar Ortiz
Marcos Belmar Ortiz
GAP - ECONOMÍA
ÍNDICE
[Link]ÓN
[Link]ÓPSIS DE LA OBRA
[Link]ÁLISIS Y DESARROLLO
[Link]ÓN
INTRODUCCIÓN
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Thomas Hobbes fue un filósofo inglés considerado uno de los fundadores de la política
moderna. Además de en el ámbito filosófico, trabajó en otros campos del
conocimiento como la historia, la ética, la teología, la geometría o la física. Es
considerado el teórico por excelencia del absolutismo político, si bien en su
pensamiento aparecen conceptos fundamentales del liberalismo tales como el
derecho del individuo, la igualdad natural de las personas, el carácter convencional
del Estado (que conllevará a la posterior distinción entre este y sociedad civil), la
legitimidad representativa y popular del poder político (al poder ser este revocado de
no garantizar la protección de sus subordinados), etc. Su concepción del ser humano
como igualmente dependiente de las leyes de la materia y el movimiento
(materialismo) sigue gozando de gran influencia; así como la noción de la cooperación
humana basada en el interés personal.
Su obra más conocida es el Leviatán (1651), donde presento las bases de la teoría
contractualista, de gran influencia en el desarrollo de la filosofía política occidental y es
de lo que va a tratar este trabajo.
SINÓPSIS DE LA OBRA
Obra capital del pensamiento político occidental que contiene la teoría del Estado
de Thomas Hobbes, llamado en forma de metáfora como la gran bestia bíblica,
máquina poderosa y monstruo devorador de los individuos. El Estado hobbesiano lo
decide todo: es un sistema que representa la concepción autoritaria y absolutista,
basada tanto en el principio de la igualdad como en un pesimismo total ante la
naturaleza humana. La concepción política de Hobbes, inicialmente de inspiración
promonárquica, está dominada por el mecanicismo naturalista y la afirmación del
poder omnímodo del Estado, originalmente concebido como un correctivo a la
disolución política motivada por las pasiones antisociales del hombre.
ANÁLISIS Y DESARROLLO
Podemos dividir la obra en diferentes partes:
Del Hombre
En esta primera parte, Hobbes comienza por el estudio del hombre para poder
estudiarlo. Analiza el conocimiento humano que está basado en la experiencia que,
según Hobbes, se forma por una serie de hechos que se repiten y se van almacenando
en la memoria. Los recuerdos son utilizados y posibilitan al hombre simular los
acontecimientos futuros y adquirir razón para poder afrontarlos. El hombre actuará
según su experiencia, mediante la cual tratará de evitar ciertas acciones
desafortunadas que ha sufrido en momentos anteriores. El elemento fundamental que
hará que este proceso sea mucho más rápido es la palabra, ya que permite el tránsito
de lo mental a lo verbal, oral y escrito. Si decimos la verdad podemos transmitir
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nuestra experiencia y recibir la de otros, con lo cual recibiremos una ayuda mutua. Sin
embargo, al tener datos equivocados tendría un efecto negativo sobre nuestra
prudencia. Estos errores no tienen por qué ser malintencionados, sino que pueden
ser producto de una falta de precisión lingüística. La palabra es la base de la razón y se
adquiere por la acción que es definida como una fuente de sensaciones y de imágenes
que se intelectualizan tras la adquisición de un sistema. Se descompone la situación
que se presenta ante ella y se analiza, según su experiencia, los posibles
acontecimientos futuros para elegir el que más le convenga.
Posteriormente, se examina la conducta y la voluntad humana, que depende siempre
de una acción motivada por el deseo: el poder del hombre reside en su capacidad de
actuar, y la adquisición del poder se convierte en una búsqueda permanente y
dominada por la pasión.
La persona actúa según los impulsos que recibe del exterior, por lo que intentará evitar
los impulsos que le resulten desagradables y conseguir todos lo bueno posible.
El problema surge cuando estos placeres hay que compartirlos con otras personas o se
interponen en sus deseos lo que provoca la guerra entre seres humanos. Esta situación
en la que vive el ser humano en su estado natural encontró su mejor definición en dos
de sus sentencias más universalmente conocidas: "Bellum omnium contra omnes"
(Guerra de todos contra todos); y "Homo homini lupus est" (El hombre es un lobo para
el hombre).
En este proceso de análisis del ser humano y de sus sentidos llega a una serie de
definiciones que serán cruciales para su filosofía.
Esta influencia de las ciencias exactas se percibe en la manera tan objetiva y falta de
sentimiento en la que describe pasión. Por ejemplo: "Lo que de algún modo es objeto
de cualquier apetito o deseo humano es lo que con respecto a él se llama bueno; y el
objeto de su odio y aversión, malo; y de su desprecio, vil e inconsiderable o indigno.
Pero estas palabras de bueno, malo y despreciable siempre se usan relacionándose
con la persona que las utiliza. Ninguna regla de bien y de mal puede tomarse de la
naturaleza de los objetos mismos, sino del individuo (donde no existe Estado) o (en un
Estado) de la persona que lo representa, o de un árbitro o juez a quien los hombres
permiten establecer e imponer como sentencia su regla del bien y del mal". Le sigue
una larga secuencia de definiciones similares como la esperanza (apetito con opinión
de obtener) o lo honorable (cualquier acción, cualidad o argumento que sea señal de
poder) por ejemplo.
Del Estado
Hobbes desarrolla su idea del contrato social, desarrollado por los hombres como
garantía de la seguridad individual y como forma de poner fin a los conflictos que se
generan estos intereses individuales.
El Estado (o República) que Hobbes proyecta en Leviatán no es el concepto moderno
de república (ausencia de monarquías) sino que es concebido como una red publica, es
decir, un poder organizado de forma común cuya función es "regentar" las cosas
públicas y que se funda a partir de una suma de voluntades individuales libres que
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actúan para adquirir ventajas comunes. La libertad del individuo se verá reducida a los
espacios donde la ley no se pronuncia. Sin embargo, al existir una cesión voluntaria de
poder, se contemplaba un caso en el que los individuos podrían rebelarse contra el
soberano: cuando éste causara perjuicios a su integridad corporal o a su libertad física,
o sea, si el soberano no cumplía su parte del contrato social (defender la libertad de los
individuos asegurando la paz) el pacto quedaba roto inmediatamente. El pensamiento
de Hobbes deja un margen muy estrecho a la libre decisión y a la libertad individual.
El propósito que Hobbes da al principio del segundo libro es describir la causa final, el
fin o el deseo de los hombres (que aman la libertad y el dominio sobre otros) en la
auto imposición de los límites en los que viven en sociedad que es un instrumento para
su propia preservación y, consecuentemente, para obtener una vida más tranquila; es
decir, para librarse de la terrible condición de constante guerra, que como fue
demostrada en la primera parte, es natural a las pasiones del hombre cuando no hay
poder visible que las limite y controles por el miedo al castigo a aquellos que las lleven
a cabo.
Hobbes renuncia explícitamente a la separación de poderes, en particular a la que
posteriormente se convertirá en la separación de poderes establecida en la
Constitución de los Estados Unidos. Cabe destacar que en el sexto derecho del
soberano, Hobbes especifica que está a favor de la censura de los medios de
comunicación y de las restricciones a la libertad de expresión, si el soberano considera
que son negativas para la preservación del orden público.
Hobbes admite tres tipos de Estado: la monarquía, la aristocracia y la democracia. No
puede haber más formas de gobierno que esas tres, pues ninguna, o todas, pueden
tener todo el poder soberano (que se ha demostrado anteriormente que es
indivisible).
Aunque haya habido otras formas de gobierno en el pasado, como fueron la tiranía y la
oligarquía, Hobbes no las consideraba nombres de otras formas de gobierno sino las
mismas con otro nombre. Pues aquellos que están descontentos con la monarquía la
llaman tiranía y aquellos que están descontentos con la aristocracia la llaman
oligarquía, al igual que aquellos que no les gusta la democracia la llaman anarquía (que
significa falta o ausencia de gobierno).
Para Hobbes, el más práctico es la monarquía; ya que la diferencia entre estos tipos de
gobierno no consiste en la diferencia del poder, sino en la conveniencia de asegurar la
paz y la seguridad del pueblo; al fin y al cabo, es el motivo por el cual se instituyen.
Al comparar la monarquía con las otras dos, de esto deduce que donde los intereses
públicos y lo privados están muy unidos, los públicos se ven más favorecidos. En la
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monarquía el interés público y el privado son el mismo. Las riquezas, el poder, y el
honor del monarca surgen de las riquezas, fuerza y reputación de sus súbditos. Es
imposible que el rey sea rico, glorioso o poderoso si su pueblo es pobre, sin
aspiraciones, o débil debido a la pobreza o la ignorancia, como para mantener una
guerra contra sus enemigos. Mientras que en la democracia o la aristocracia, la
propiedad pública no da tanta fortuna individual, dando lugar a la corrupción, el mal
uso de la ambición, a la traición o a la guerra civil.
Del Estado Cristiano
En esta tercera parte Hobbes reclamaba por la total sumisión de la Iglesia al soberano.
Hobbes investiga la naturaleza de un Estado cristiano. Esto da lugar inmediatamente a
la pregunta de en qué escrituras deberíamos confiar y por qué. Si alguna persona
reclama que lo sobrenatural es superior a lo civil, entonces habría caos, y el deseo
principal de Hobbes es evitarlo. Por tanto, concluye que no podemos conocer
infaliblemente la revelación dada por otra persona; ya que cuando Dios habla al
hombre, es por medio del propio hombre o de otro igual al que le ha hablado
anteriormente. La persona con la que Dios habló le entendió perfectamente, pero eso
no quiere decir que cuando el revelado se lo cuente a otro, esta otra persona le
comprenda; por lo que es difícil, por no decir imposible, saber con certeza lo que Dios
quiere. Además, que alguien demuestre que Dios le ha hablado es prácticamente
imposible, por lo que no puede esperar que los demás le crean. Como esto podría ser
considerado como una herejía (al aplicarse a la Biblia), Hobbes dice que se necesita
una prueba, y la verdadera prueba es contrastar los dichos de los que oyen a Dios con
las sagradas escrituras y la muestra de un milagro. Si ambos requisitos se cumplen, es
un verdadero profeta. Como en la actualidad ver un milagro es algo poco probable, se
considera a la Biblia como única fuente verdadera de fe.
Del Reino de la Oscuridad
En esta cuarta parte, explica una crítica a la Iglesia, a la cual acusaba de estar
impregnadas de un cierto ateísmo. No obstante en el final de Leviatán intentó
atemperar sus posiciones recurriendo para ello al examen de la jurisprudencia sobre la
herejía.
Cuando Hobbes nombra esta sección "el reino de la oscuridad", no se refiere al
Infierno sino a la oscuridad de la ignorancia como opuesto a la luz del verdadero saber.
Esta interpretación por parte de Hobbes es bastante poco ortodoxa y ve oscuridad en
la mala interpretación de las Escrituras.
CONCLUSIÓN
La definición del estado natural del hombre propuesta por Hobbes ha sido debatida
durante largo tiempo. Creo que, dada la situación política de nuestro país, es
importante reflexionar si nuestro Estado garantiza la paz y la conservación de todos
sus individuos, pues pienso que son esos los deseos a lo que tiende la mayoría de los
ciudadanos, o si acaso son nuestros gobernantes quienes ejemplifican de la manera
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más evidente el egoísmo y avaricia de esa naturaleza humana que nos describe
Hobbes, lo que significaría que somos súbditos no de un Leviatán, sino de hombres.