Del suceder psiquico: Erogeneidad y estructuración del yo en la niñez y la adolescencia.
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Nilda Neves; Alicia Hasson
Primera parte: Los fundamentos del psiquismo. Momentos de estructuración
Los elementos fundantes del desarrollo psíquico
Desde Freud todo desenlace psíquico, debe ser entendido como producto de conflictos entre el yo y la libido, entre el yo y
el superyó, y entre el yo y la realidad.
El Conflicto entre el yo y la libido no se trata de una temporalidad lineal, sino, un acontecer en el cual las vivencias del
pasado, registradas como huellas mnémicas, tienen efectos sobre el presente.
Freud establece una secuencia de acontecimientos en la infancia, lo cual lo relaciona con la elección de la neurosis,
suponen distintos momentos en la estructuración del aparato psíquico. Son momentos lógicos, no cronológicos, y cada uno de
ellos corresponde a un estado particular de organización yoica.
Estos determinan una trama, guiada por los vectores de la libido y del yo, desarrollo libidinal y desarrollo del yo, cuyo
entrecruzamiento derivan de ciertos modos de estructuración del aparato psíquico.
Concepto de pulsión
La pulsión se define como un concepto límite entre lo somático y lo psíquico, mientras que la libido pertenece
exclusivamente al terreno psíquico.
Son pulsionales aquellos procesos somáticos (aunque no todos proceso somático es pulsional) que requieren para la
resolución del estímulo, de una acción de descarga motriz específica.
Hay estímulos exteriores e interiores, los exteriores operan como fuerza de choque momentánea, y se resuelven mediante
una única acción adecuada, y actúan según el mecanismo de fuga. En cambio, los estímulos que provienen del interior del
organismo, no es posible aplicar la huida, exigen conductas más complejas para su supresión.
Freud considera las pulsiones como motor del progreso que ha llevado al sistema nervioso a su actual grado de desarrollo.
El aparato psíquico debe entenderse como una estructura altamente diferenciada
que actúa como mediador entre la excitación y la respuesta ante esa excitación.
Diferencia entre pulsión (trieb) e instinto (instinkt):
El instinto remite a automatismos heredados, nociones preformadas en el sistema nervioso central, heredado. Pone en cada
individuo un sello igualador y genera desenlaces, resulta estructurante.
La pulsión, por otro lado, implica diferencias y constituye una exigencia de trabajo para el aparato psíquico. Posee ciertas
características:esfuerzo, fuente, objeto y meta.
Al esfuerzo (Drang) lo considera la esencia de la pulsión, es su factor motor, la suma de fuerzas o de exigencia que ella
representa.
La meta (Ziel), siempre la satisfacción, que solo se alcanza cancelando el estado de estimulación de la fuente de la pulsión;
en los caminos que llevan a ella se presentan múltiples metas más próximas que se combinan.
El objeto (Objekt), es aquello por lo cual se alcanza la meta, es lo más variable y lábil, puede ser una parte del cuerpo.
Finalmente, por fuente (Quelle) se entiende aquel proceso somático interior a un órgano cuyo estímulo es representado en
la vida anímica por la pulsión.
Teorías de las pulsiones y sus principios
Primera Teoría: Pulsiones sexuales: Pulsiones de
autoconservación o del yo:
1910 ->oposición entre Libido objetal, hacia los objetos,
pulsiones sexuales y de y libido del yo, en cuanto al Pretenden el mantenimiento
autoconservación (yoicas) narcisismo. Se rigen por el de lo vivo. Invisten a objetos
principio de placer. Se introduce del mundo exterior con
1914 -> mantiene la polaridad,
el ritmo, como el ciclo temporal interés y al propio Yo con
pero establece subdivisiones:
de las alteraciones, subidas y egoísmo. Se rigen por el
sexuales -> de acuerdo a la caídas de la cantidad de principio de constancia, que
dirección que tome la libido estímulo, ya que la vivencia pretende la baja de excitación
(hacia el objeto o hacia el yo) placentera en su conjunto a un cero relativo (baja de
yoicas -> que invisten a objetos implica aumentos y excitación no total).
del mundo con interés y al disminuciones de la tensión,
propio yo con egoísmo. organizadas en secuencias
rítmicas. (hay aumentos de
tensión que son placenteros)
La diferencia entre las pulsiones sexuales y las de
autoconservación consiste en el grado de exigencia de
satisfacción de las segundas. Las de autoconservación pretenden
el mantenimiento de lo vivo, pero al ser perentorias en alto grado
se descargan más rápidamente. La sexuales admiten algo de
espera y si se introducen modificaciones en la meta las
postergaciones se vuelven infinitas.
Segunda Teoría: Pulsiones de vida (Eros): Pulsiones de muerte
(Thanatos):
1920 -> desarrollos teóricos Su meta es producir unidades y
sobre compulsión a la repeticiónconservarlas, una ligazón. Se Disolver nexos y así, destruir
-> existencia de la pulsión de incluyen las pulsiones del yo, las cosas del mundo; su meta
muerte -> nuevo dualismo conservación de la especie y del última sería transportar lo
pulsional yo; como también las pulsiones vivo al estado inorgánico. Se
sexuales, libido objetal y rigen por el principio de
1940 -> surge la segunda teoría
narcisismo. inercia o Nirvana, que tiende
que confronta pulsión de vida y
a reducir la tensión a cero
pulsión de muerte.
absolutos. Se expresa en
agresión hacia el exterior y
sus formas derivadas y los
masoquismos hacia el
interior.
Conservación de la especie
Pulsiones del yo
Interés
Conservación del yo
Egoísmo
Pulsiones de vida Eros
Libido-objetal
Pulsiones sexuales
Narcisismo
Pulsión de muerte.
Representantes de la pulsión
Fenómenos orgánicos que generan magnitudes endógenas tensionantes de las que no es posible escapar y que
deben hallar expresión en el psiquismo a través de ciertos delegados.
Delegados pulsionales ante el psiquismo:
Representación (Representante representativo): corresponde al elemento ideativo. Sus tipos de inscripciones
parten de las primeras huellas mnémicas hasta llegar a la constitución de la representación-cosa, propia del sistema
icc, y finalmente la representación palabra constitutiva del precc.
Se organizan como estratos de huellas mnémicas, que a su vez, surgen en períodos sucesivos y se diferencian por
su contenido y organización formal.
Las lógicas y tipos de enlaces predominantes son el proceso de pensamiento, desplazamiento de libido que unen
huellas mnémicas, de acuerdo a las leyes de simultaneidad, causalidad y analogía. Son las mismas para cualquier tipo
de aparato psíquico, la organización de las vivencias sobre la base de esos esquemas desemboca en las fantasías
primordiales.
Monto de afecto: corresponde al cuantitativo energético. Aparece antes de las huellas mnémicas, como una
primitiva forma de conciencia, está ligado a los procesos del Eros.
Trata de un temprano registro de la propia vitalidad de los procesos pulsionales, constituye la primera
transmudación anímica de la pulsión como contenido primordial de la propia conciencia e intercambios con el mundo
exterior.
El surgimiento de este primer componente psíquico indica la salida de la predominancia del principio de inercia y
una mayor complejización en las pulsiones de vida.
Afecto y pulsión tienen en común el aspecto cuantitativo derivado de una alteración orgánica, en la pulsión está
relacionada a la fuente pulsional, en el afecto, la alteración somática es producida por la descarga afectiva a través de
la acción de neuronas encargadas. El afecto deriva de la pulsión y es susceptible de conciencia, se transforma en
representante de la pulsión misma.
Afecto y deseo son actos puramente internos, contrapuestos a las percepciones y vivencias, los afectos llegan a la
conciencia por sí mismos, los deseos requieren de la mediación de la proyección.
En el deseo la libido se desplaza entre representaciones, en el afecto, la libido se desprende produciendo un
empobrecimiento del sistema proporcional a la intensidad de la descarga afectiva. Por esto, es fundamental que no se
produzcan desbordes afectivos que inunden a la conciencia impidiendo la captación de un matiz y la puesta en
marcha de mecanismos de defensa.
Afecto y percepción tienen en común un elemento, la cualidad, por la cual ambos constituyen contenidos de la
conciencia. La diferencia estriba en que, en el afecto, la calidad aparece como resultado del procesamiento de
variaciones cuantitativas pulsionales, mientras que la cualidad derivada de la percepción surge de las frecuencias
cuantitativas no pulsionales sino provenientes del mundo exterior.
El afecto constituye un acto puramente interno que consiste en un desprendimiento libidinal que llega a la
conciencia y que produce efectos intrasomáticos. Los tres componentes del afecto son: la descarga, la percepción de
descarga y el matiz afectivo (este último es el único puramente psíquico).
La primera forma en que la pulsión se conquista una cualidad es a través del afecto, que surge como
transformación de la misma siguiendo determinadas matrices propias del humano y que se transmiten de generación
en generación a través de la memoria genética.
Entonces, al principio, cuando el yo es solo conciencia del ello, éste se expresa como cualidad en los afectos, al
transformarse la libido en afecto de un modo automático, sin intervención del yo.
El problema de la conciencia
Freud plantea dos tipos de conciencia:
Conciencia neuronal o sensorial: efecto de la organización del sistema nervioso como derivado de la
percepción. Parte de un momento primordial prepsíquico que coincidiría con el nacimiento, el inicio de la vida, donde
solo existe neurona y cantidad.
El sistema nervioso está formado por neuronas que se diferencian funcionalmente y que reciben estímulos
captados a través de dos tipos de receptores: Los órganos sensoriales funcionan como pantallas de protección ante
estímulos provenientes del mundo exterior, por otro lado, las terminaciones nerviosas libres que acceden a los
órganos internos sin pantalla de protección. Las vías de descarga son el sistema muscular (respondiendo al exterior) y
las descargas endógenas (modificando el propio cuerpo).
El contenido de la conciencia, deriva de dos series de cualidades sensibles, la que proviene de sensaciones como
tensión-alivio, placer-displacer, derivadas de las variaciones endógenas en la fuente pulsional. Para la conciencia
existen entonces dos exteriores, cuyos estímulos rítmicos, su período, se constituyen en cualidades: los procesos
somáticos derivados del propio cuerpo(registros corresponden a los desarrollos de afecto derivados de la captación de
amplitudes pulsionales) y luego, el mundo exterior (las cualidades sensoriales derivadas de procesos objetivos).
El desarrollo de la sensorialidad se conquista sobre la base de una renuncia impuesta a un tipo de goce, derivado
de la pulsión sexual, la cual es impulsada por las pulsiones de autoconservación que limitan a la sexual, generando
ligaduras. Este proceso de complejización es en cuanto al eros en su lucha contra la pulsión de muerte.
La intervención del mecanismo de la proyección continua la tendencia neuronal básica, tiene un carácter
fundante de la exterioridad: la tramitación de cantidad se realiza a través de su transformación en cualidad y no de la
mera descarga.
Conciencia psíquica o pensar secundaria: es cronológica y lógicamente posterior, se desarrolla a partir de la
activación de huellas mnémicas o como expresión de pensamientos. Al principio se da de un modo alucinatorio y
luego por mediación del precc.
Para que surja, la investidura de la percepción debe poder diferenciarse de la investidura de los recuerdos, de las
huellas mnémicas. Está dada por la capacidad inhibitoria que pueda ejercer un yo para oponerse a la sobreinvestidura
pulsional de las huellas mnémicas (de otro modo serían alucinaciones).
La misma posibilita trascender el mero representar derivado de las vivencias y percepciones para permitir el
acceso de pensamientos a la conciencia. El pensamiento que accede a la conciencia es a través de la palabra.
Las diferentes lógicas que van reordenando las representaciones significan una conquista psíquica en el camino a
la constitución de un yo.
La noción del Yo en la teoría freudiana
La constitución del aparato psíquico está determinada por dos ejes: El desarrollo libidinal y del desarrollo del Yo,
con una lógica que los articula.
Desde el “Proyecto” (1895), el yo aparece como función inhibidora de la descarga.
En “Introducción al Narcisismo” (1915), el yo no existe desde un comienzo ya que su surgimiento depende de un
nuevo acto psíquico.
En “El Yo y el Ello” (1923), el yo es un yo corporal derivado en última instancia de sensaciones corporales, se
ocupa del yo ideal y de los procesos de identificación que hacen a la constitución del yo. Describe diferenciaciones
del yo que pasan a constituir la instancia del superyó que contiene al ideal del yo, sede de las identificaciones
secundarias. No equipara a la cc con el Yo.
No hay un yo único y permanente, sino diferentes estructuras yoicas.
Freud trabaja sobre la existencia de tres estructuras yoicas, correspondientes a distintos momentos en la
estructuración del psiquismo:
1. Yo primitivo.
2. Yo de placer.
3. Yo real definitivo.
Surgimiento del yo real primitivo
Es un momento inicial coincidente con el nacimiento, en un estado prepsíquico, constituido por un
sistema nervioso y exigencias pulsionales (neurona y cantidad), contando con un polo perceptual y otro
motriz (arco reflejo). El polo perceptual registra los estímulos, los del exterior y los del interior. El polo
motor, produce la descarga, de tal modo que toda estimulación registrada en lo perceptual tiende a
descargarse a través de la motricidad, produciéndose 2 tipos de descarga: hacia el exterior (llantos,
pataleo) y hacia el interior (Secreciones endógenas). Entre ambos polos se inscribirán luego las sucesivas
huellas mnémicas que conformarán los distintos estratos de constitución del psiquismo
Al hablar de estímulos endógenos y exógenos, nos centramos en su diferencia, ya que es una
función a conquistar por el yo real primitivo: distinguir el adentro y afuera.
Esta primera diferenciación se produce sobre la base de un mecanismo elemental, la fuga. Sin
embargo, de los estímulos que provienen del interior es imposible fugar, para el cese de estas es
necesario realizar una acción específica.
Se genera así un interior, desde el cual surgen estímulos perentorios de satisfacción, y un exterior
indiferente, desinvestido. Se produce entonces una primera diferenciación entre una periferia interior, que
es la que importa al sistema nervioso, y una periferia exterior, indiferente.
Este proceso de diferenciación y descarga, se produce sobre la base del relevamiento del principio
de inercia por el de constancia. Como forma de reemplazar la tendencia a la descarga a un cero
absoluto.
Secuencia de la formación de la estructura yoica:
1. Arco reflejo: tendencia a expulsar toda estimulación fuera de lo neuronal regido por el
principio de inercia.
2. Preferencia del mecanismo de la fuga como forma de eliminación del estímulo,
principio de constancia.
3. Registro de sensaciones endógenas, no es posible la fuga.
4. Articulación de las sensaciones endógenas de tensión y alivio, correspondiente a
diversos órganos en equilibrio recíproco.
La ligadura entre las investiduras de los diversos órganos no contradictorias entre sí, permite alcanzar
una cierta homeostasis, marcada por la investidura pulsional misma.
Para todo esto es necesario que previamente se haya establecido un equilibrio basado en un
ritmo somático de tensión alivio que depende del pasaje del mecanismo de la alteración interna
(llanto), al de la acción específica por parte de un contexto empático, que interpreta las necesidades
del bebe.
Proyección y empatía
En el establecimiento de un vínculo empático con el medio tiene relevancia la proyección,
mecanismo de origen filogenético, que permitirá construir diferentes espacios, al dotar de
cualificación los procesos internos en el encuentro con el afecto materno.
Freud describe tres formas de proyección:
A. Proyección no defensiva: se desarrolla sobre la base de la empatía materna. Crea un
espacio mundano que se define por su clima empático.
Proyección defensiva normal: retorna al exterior lo que de allí proviene.
Pretende arrojar fuera los estímulos de los cuales es posible fugar, con lo cual se
crea un contexto sensorial indiferente.
B. Proyección defensiva patológica : intenta expulsar fuera algo de lo propio, deriva de
un triunfo de la pulsión de muerte.
Como requisito en los primeros momentos del desarrollo del psiquismo aparece el logro de una
armonización de ritmos pulsionales surgidos de los diferentes órganos con predominio de alguno de
ellos, sobre esta recae una investidura narcisista, de donde deriva un desarrollo de afecto. Además,
resulta requisito la predominancia de las dos primeras proyecciones por sobre la tercera.
Se inaugura así un movimiento fundante, a cada proceso proyectivo le sigue uno introyectivo o
identificatorio por el cual el yo se reapodera de lo proyectado.
El contexto adquiere una función defensiva de primordial importancia, su labor de filtro, dirigida
a evitar que los excesos pulsionales inunden un aparato incapaz de tramitarlos. Su función consiste
básicamente en una madre que actúa como desintoxicante de los desbordes intrasomáticos. Caso
contrario, cuando aparece una madre que opera por hiperestimulación, el contexto pierde su capacidad
de filtro dando lugar a perturbaciones.
Es necesario que la madre cuente con recursos yoicos suficientes como para que la regresión sea
funcional y no dé lugar a una identificación masiva con el estado de inermidad del niño.
El esfuerzo proyectivo de procesos endopsíquicos, encuentra en otro una captación empática
que luego podrá expresarse como imagen, como representación.
Entonces la proyección del recién nacido es como una interrogación al contexto, del cual debe
obtener una respuesta empática. Si ello se da, queda abierto el camino para realizar nuevas
investiduras en un proceso de complejización que va acompañado de una separación de la madre como
función placentaria externa y la construcción de una coraza de protección antiestímulo en la que están
implantados los órganos sensoriales crecientemente investidos.
Finalmente, la creación de la coraza depende de la articulación de pulsiones sexuales y de
autoconservación en esa armonía llamada homeorrhesis (homeostasis regida por la pulsión). Su función
principal es la de protección ante estímulos mecánicos y deriva de la introyección de la empatía materna.
La representación cuerpo inicial
En la constitución del yo real primitivo, existe un momento que cobra valor la investidura de un cierto
tipo de sensorialidad, corresponde a procesos internos y dará origen a la representación órgano y a una
representación cuerpo inicial.
El dolor, ocupará un papel importante en esto, se diferencian tres tipos, uno del cual es posible fugar,
un segundo, ligado al incremento de la tensión de necesidad, y el tercero, el cual no es posible fugar y
que, requiere una interferencia que opere sobre el sistema nervioso. Sobre los dos últimos Freud
desarrolla la contrainvestidura.
Esta operación es promovida por el estímulo doloroso que perfora la protección antiestímulo en un área
circunscrita y al que se pretende neutralizar; es automática y empobrece al psiquismo a menos que el
esfuerzo de neutralización sea complementado por un procesamiento psíquico eficaz o por el auxilio
exterior.
En dicho procesamiento ubicamos a la representación órgano producida, en un primer momento en una vivencia
de dolor que atrae energía anímica como contrainvestidura (la coraza anti estímulos es perforada). Si la acción
específica que hace cesar el dolor se realiza, se retira la contrainvestidura (desinvestidura) previa dejando
un resto, una espacialidad cenestésica, sobre el cual recae una nueva investidura duradera cuya función
es prevenir las siguientes erupciones dolorosas, y de la cual, surge la representación-órgano.
Todo tiene que estar acompañado de AFECTO.
Autoerotismo inicial: constitución de las zonas erógenas
Zona erógena: sector de la piel o de mucosa en el que estimulaciones de cierta clase provocan una sensación
placentera de determinada cualidad.
Fase oral:
El placer aparece ligado a la excitación de la zona que acompaña a la alimentación: la boca (los labios), que, en
un contacto repetido rítmicamente se comportan como zona erógena.
Se incluye la noción de apuntalamiento, la pulsión sexual se apoya en la de autoconservación, ejemplo, el
chupeteo que surge de la succión. La pulsión se satisface en el propio cuerpo (es decir que es autoerótica).
Zona erógena: la boca
Objeto: pecho materno (no es inscripto como ajeno, lo considera como parte de su cuerpo)
Meta pulsional: la incorporación en la primaria o de succión, y la devoración en la fase oral sádica o
canibalística.
A. Fase oral primaria
Corresponde al momento de apertura de zonas erógenas. Dará origen a la inscripción de las primeras
huellas mnémicas y del mundo exterior solo tiene valor el contexto empático.
Se requiere el encuentro de la tensión de necesidad con un estímulo rítmico, provisto del soporte contextual.
El ritmo pulsional, deriva de una distribución temporal que le es intrínseca, y dará lugar a la creación de la zona
e. La madre es quien aporta ese ritmo exterior que debe respetar el ritmo propio de las necesidades del
niño, tales encuentros de ambos ritmos determinan la inscripción de huellas mnémicas, correspondiente
al enlace de la inscripción del objeto y la de los movimientos placenteros de descarga. Es la vivencia de
satisfacción obtenida por su repetición y un plus, una ganancia de placer que permite los primeros
registros asociados con el principio de placer. Dicha vivencia permite ligar por simultaneidad los dos tipos
de inscripciones, el alivio de la tensión de necesidad con el pasaje del displacer al placer, y el estímulo
rítmico ligado a la motricidad y estímulo erógeno, lo que constituye una matriz rítmica fundamental, ya que
es gracias a la misma que la pulsión sexual impone su propio principio: el de placer. Diferente del de las
pulsiones de autoconservación.
La zona erógena se forma por un proceso proyectivo, condicionado, determinado neurológicamente, al cual se
adosa una investidura pulsional de las mucosas y órganos sensoriales.
La proyección tiene un carácter constitutivo del psiquismo que excede a las defensas, permite que la tensión,
surgida en el interior y registrada en el exterior, se trasforme (cambie de signo) en sensación placentera por medio de
la vivencia de satisfacción. El recorrido que sigue la misma en una zona erógena es el del tracto digestivo, el ingreso
de comida al estómago, produciendo un alivio derivado por el alimento en la garganta, la boca y en los labios.
En la conciencia se articulan, las variaciones en los desarrollos de afecto (placer-displacer), y las percepciones de
un objeto estimulante en la periferia corpórea, abriendo comienzo a una vinculación interpersonal.
La zona erógena, en el chupeteo, aparece generando su objeto, el niño mira los ojos de la madre en los cuales ve
sus propios ojos mirándose, un movimiento ilusorio de sí.
El autoerotismo inicial culmina en el momento en que el niño se hace dueño de su propio polo
perceptual, gracias al enlace entre la erogeneidad periférica y la sensorialidad ya investida desde la
voluptuosidad. Las huellas mnémicas, al ser reinvestidas, dan lugar a los primeros deseos, derivados del
esfuerzo por repetir las vivencias de satisfacción cuando resurge la necesidad, los cuales se realizan a
través del recurso alucinatorio.
El terror aparece como afecto cuando el niño no logra satisfacer autoeróticamente una tensión de necesidad. De
persistir, éste culmina en un estado de pánico, producto de que se ha perdido el soporte que mantiene la estructura
libidinal: El niño succiona el chupete alucinando el pecho, y, al no producirse el ingreso de alimento, se mantiene un
estado de terror, hasta que el incremento de la necesidad genera una desestructuración intrapsíquica, el momento de
derrumbe de la sobreinvestidura libidinal genera el estado de pánico.
B. Fase oral secundaria
Unificación de las zonas erógenas. La superación de la fase primaria consiste en la separación del
objeto de la zona erógena, la coincidencia entre fuente y objeto se rompe debido a la intervención de
un nuevo proceso proyectivo.
Esta proyección consiste en la expulsión del objeto que antes era concebido como generado por la
propia zona erógena. El objeto es puesto como causa de la impresión sensorial y, como tal, marca el
pasaje de la sensación a la percepción. Esta complejización deriva de la unificación de zonas erógenas y
la concomitante ligadura de huellas mnémicas.
La imposibilidad de mantener la lógica de coincidencia entre objeto y fuente surge del interior, por la
acción de las pulsiones de autoconservación insatisfechas, y por la eficacia de ciertas pulsiones que no
pueden satisfacerse autoeróticamente (como el sadismo dentario). Tras la frustración del chupeteo
alucinatorio, se busca un registro perceptual que certifique la presencia del objeto de satisfacción. La
forma en que el aparato psíquico se defiende de un trauma autoerótico consiste en que las percepciones
son proyectadas hacia afuera, pasando a formar parte del mundo externo.
Este proceso psíquico corresponde al surgimiento y constitución del Yo placer purificado, asociado a
la investidura creciente de la piel, que actúa como conector entre las zonas erógenas, las cuales ya no
son vistas como generadoras de objetos de satisfacción. Con este consecuente objeto unificado
proyectado afuera que el yo se reencuentra vía identificación.
Identificación primaria - Narcisismo:
La articulación de las distintas zonas erógenas procura moldes o patrones en que el yo-placer
encuentra una medida totalizadora, una imagen proyectada de sí, basada en sensaciones olfativas,
cenestésicas, auditivas y visuales. Estos moldes erógenos devuelven al niño imágenes para la
identificación del yo, el cual se reencuentra y encuentra también allí al objeto investido como ideal, como
modelo donde el yo encuentra la satisfacción de sus necesidades y además un sentimiento de sí, por lo
que el objeto es garantía de su ser.
Cada tipo de proyección, va seguido de una identificación por la cual el yo se constituye.
La investidura del objeto es la misma que la del yo; el amor hacia el objeto es indiscernible del amor al
propio yo. Entonces la identificación es entendida desde Freud como un acto interior que produce un yo
que es investido con interés y narcisismo. Este es el momento en el que se establecen los nexos entre
las primeras huellas mnémicas y, por ende, es el momento inaugural del narcisismo.
El yo placer se constituye sobre la base de una identificación la madre puesta en el lugar de
modelo, que garantiza la existencia del propio yo, es por ello que la representación del cuerpo del niño
pasa a depender de la percepción de la presencia de la madre.
La meta aquí es la devoración, que posee una ambivalencia, ya que, la devoración del objeto hace desaparecer al
modelo garante. De esta contradicción es donde deriva la inermidad del yo ante la pulsión de muerte que impone la
desestructuración; el yo requiere de la asistencia y amor objetal e ideal.
Las pulsiones de vida frente a las de muerte se posicionan en la agresividad, expulsando, devolviendo,
proyectando hacia afuera (para defenderse) lo displacentero. El expulsar también puede tener otro sentido en el caso
de que lo expulsado encuentre fuera un soporte que lo cambie de signo.
Se destaca el valor de la proyección de los estados pulsionales en el rostro materno, supone que las sensaciones
táctiles se trasmudan en términos visuales, el mismo reencuentra sus estados afectivos, que culmina en el hallazgo
sonriente ante el cual el niño responde de la misma manera. (Desde Spitz, primer organizador, respuesta sonriente
ante una Gestalt)
La constitución del rostro materno como espejo, la especularidad (teñida de una expresión afectica) permite
procesar el conflicto ambivalente de devoración-desaparición, garantizando la permanencia del clima afectivo. Una
perturbación posible ocurre cuando no hay concordancia entre la expresión facial materna y el estado afectivo del
infante.
Otro elemento que se destaca en esta organización es la identificación con un nombre, al cual el bebé
responde con su cuerpo permitiendo expresar emociones y reencontrarse con el propio ser.
Juicios de atribución del yo placer purificado:
Para el bebé, conocer el mundo es chuparlo, morderlo para tragarlo o escupirlo. El juicio consiste en
atribuir, decidir si la propiedad de una cosa es buena, mala o dañina.A través de ello, el yo placer
purificado (a quien le corresponde esta facultad y por la cual recibe su denominación) se apropia de lo
bueno o placentero, mientras que lo displacentero es expulsado afuera. Cuando atribuye una
propiedad como buena, surge un deseo, es decir, el yo placer purificado coincide con sus
pulsiones regidos ambos por el principio de placer.
Dichos juicios permiten discriminar en qué percepciones se reencuentra y en cuáles no, proyectando
lo malo o perjudicial mediante un acto desatributivo de la propiedad buena o útil admitida en el yo. Este
movimiento es hostil (ya que al yo placer purificado le corresponde un no-yo hostil) y condena a lo
desatribuído a estar siempre disponible para la aniquilación.
En este momento, el no yo es heterogéneo y no corresponde a lo que entendemos como exterior.
Son, para el yo placer purificado, idénticos lo malo, lo ajeno al yo, lo que se encuentra afuera. Lo ajeno
deriva de otro proceso que comienza en el intento de reencontrarse con el objeto vía proyección e
identificación.
Como se sabe, el niño logra un sentimiento de sí al reencontrar en la expresión sensorial de un rostro
sonriente un estado pulsional propio. Lo extraño sería encontrar en el rostro que observa una expresión
fácil diferente a su estado pulsional, más que un rostro diferente al de su madre.
Para el niño, el discernimiento del extraño deriva de un proceso en que antes supuso hallarse ante un
familiar. Cuando el bebé advierte que se halla ante un extraño supone que el cambio ha ocurrido en el
objeto y no en su propia mente, que ahora capta diferencias. El extraño es considerado un familiar que ha
dejado de serlo.
Como segundo organizador aparece la angustia, a los 8 meses, el bebé se larga a llorar en presencia
de un extraño, el niño ahora pretende encontrar un rostro específico, el de la madre. Se ha identificado
con estados afectivos y rasgos visibles producidos por la proyección.
surge una relación particular también del niño con sus manos, que tienen una función subordinada a
lo oral, todo lo aferrable (incluso la mano misma) es llevado a la boca, pero también estas se transforman
en espejo como lo fue el rostro materno, con la ventaja de no requerir la presencia del objeto externo;
luego, hay un desplazamiento de interrogantes de las manos sobre el propio rostro, tratando de
establecer un nexo entre palabra, motricidad y rasgos distintivos (Acompañados de requerimientos de un
adulto que hace lo propio (esa naricita, etc.). De esta forma se genera un comienzo de preconsciente
cinético, sobre la base de la ligadura por simultaneidad entre motricidad y huella acústica.
Posteriormente, alcanzará el discernimiento entre cuerpo e imagen, superando la contradicción entre
anhelo y percepción del objeto. Consistirá en que la madre esté presente en imagen cuando se padece su
ausencia perceptual.
El proceso proyectivo que generó la expresión facial materna, como forma de reencuentro con el
propio cuerpo, debe ser reordenado. Una nueva lógica, posiblemente derivada de la eficacia de la
palabra, operará sobre lo proyectado, con la cual el destino de lo creado se separa del cuerpo propio y se
constituye como imagen.
Este movimiento proyectivo resulta de una producción psíquica pasible de ser rastreada desde el
proceso alucinatorio como generador de una imagen. La alucinación tiene dos funciones: permite
satisfacer las pulsiones sexuales en contradicción con las de autoconservación y hace posible otorgar
conciencia a los procesos pulsionales.
El incremento de la tensión de necesidad insatisfecha lleva a inhibir el chupeteo, con lo cual la
alucinación se mantiene, pero sin conducta autoerótica y sin el sentimiento de convicción que lo
acompaña. Solo es posible abandonar los movimientos alucinatorios con la aparición del preconsciente
cinético.
En este tiempo, aunque las palabras están inscriptas, no es posible proferirlas, lo cual deja al niño a
merced de palabras ajenas; el cuerpo y sus partes pertenecen a quien lo designe. El fracaso en el
esfuerzo por proferir las palabras oídas desemboca en estallidos de afecto; este yo es incapaz de inhibir
sus desarrollos de afecto cuya causa es puesta fuera de sí.
En cuanto a los desarrollos de afecto, surgen bajo la desesperación, la cólera y goce.
El estado de júbilo o goce adviene cuando el yo se reencuentra en la percepción del rostro materno con cuya imagen
se identifica.
La cólera surge como un deseo hostil generado por fracaso en la tentativa de expulsar lo displacentero.
La desesperación irrumpe cuando ve a un extraño y piensa que el objeto se ha modificado, lo investido
intensamente no aparece de manera simultánea con el objeto percibido.
Si este no se halla, sucumbe como estructura y se desorganiza, se produce una desestructuración, y puede dejar
una fijación duradera en el trauma. Esto se evita apelando a una proyección con el objeto transicional, como recurso
defensivo. (zona intermedia)
La forma en que se genera el objeto transicional es mediante la expulsión de sustancias consideradas interiores
como estimulantes en las mucosas (es decir investido de forma narcisista como aquello salido de sí). En el osito, la
sabanita, o cualquiera que cumpla con esa condición, el bebe encuentra una posibilidad de mediar el objeto
constituido en ese intermedio como fuente de amparo. Es usado para conciliar el sueño, cuando reclama a la madre en
vano y en toda situación que requiera de un consuelo.
El yo se complejiza a medida que puede ser activo en la pulsión.
Fase anal primaria (Unificación cinética)
Sus metas: perder, aniquilar y placer por extraer.
Fuentes pulsionales: ampolla rectal y la musculatura voluntaria.
La nueva exigencia se vincula a la imbricación de dos placeres, uno activo y sádico, asociado al uso de la
musculatura, y un placer pasivo, en relación a la mucosa anal. La relación entre ambos supone una nueva manera de
transformar cantidad en cualidad.
El cambio ocurrido en esta fase está en la posibilidad de trasponer en actividad muscular ( porej el placer
desarrollado en la ampolla rectal).
El uso de musculatura permite procesar el trauma, trasponiéndolo en agresividad. Dicho trauma tiene dos
orígenes, cuando el niño anhelaba la presencia materna y sufría su ausencia; la frustración pulsional fuente de
desesperación es traspuesta en actividad vindicatoria (defensiva) por una transformación pasivo-activa del trauma
(ejFor Da). El otro, deriva de una voluptuosidad en mucosa imposible de tramitar.
Sobre la motricidad voluntaria, la musculatura se constituye como punto de encuentro entre la erogeneidad anal y
su tramitaciónpsíquica, es fuente pulsional y patrimonio yoico.
En el goce anal, el excremento tiene un papel activo, en el acto evacuatorio la emergencia de las heces provoca
un orgasmo, cuyo goce es contradictorio con el esfuerzo por retener y conservar infinitamente la voluptuosidad.
En el orgasmo el yo queda en una posición pasiva frente al avasallamiento esfinteriano, la humillación se expresa
en el placer por agredir. En el estadio sádico anal, la intensa estimulación pasiva de la zona intestinal es respondida
por un estallido de placer de agredir, se da a conocer como furia o angustia.
La transformación de pasividad en actividad tiene un fin expulsivo y destructivo. La actividad supone una
diferencia en cuanto a la simultaneidad, la imbricación de estas se sintetiza en la contigüidad; se designa la relación
entre estimulación pasiva y respuesta motriz, o entre tacto e imagen visual, que se instalan simultáneamente con la
acción.
La visión adquiere un papel importante (el enlace de vista y motricidad), ver o no un objeto es concebido como
consecuencia de un acto, cuando se enlazan vista y motricidad, proporciona esto una ilusión de dominio del mundo.
Características de la Identificación primaria: omnipotencia cinética
La unificación del cuerpo del niño, permite enlazar los estados afectivos, visión,tacto y musculatura voluntaria,
basado en un preconsciente cinético (una nueva lógica). En cuanto a la presencia o ausencia de la madre, se logra
discernir que la desesperación sobreviene porque se alejó motrizmente, no desapareció. (juego de la sabanita) ->
constancia objetal.
La transformación de pasividad en actividad se produce sobre, que una acción motriz ha sido inscripta como
eficaz en el intento de dominio del trauma, ubicando a otro en el lugar en que el yo padecía. El enlace causal permite
la identificación con el objeto frustrante produciendo el lugar de un tercero que será destinado a ocupar la posición
pasiva (como un acto expulsivo y destructivo de aquella vivencia de dolor psíquico sufrida anteriormente).
La forma de vínculo continúa siendo la identificación primaria con una madre, ahora modelo cinético; las
extremidades pasan a ocupar el lugar de ayudantes en cuanto a los alejamientos y acercamientos. Ahora, es su propia
motricidad concebida como aniquilante o salvadora de la existencia ajena.
La madre es garante de los movimientos del hijo al totalizar como unidad sus actos. La omnipotencia motriz es
sólo ilusoria, ya que depende de su núcleo para conservar el sentido de sus acciones.
La representación cuerpo no se distingue de la representación del objeto. Tampoco existe un enlace causal entre
lo registrado como acción y el efecto de la misma.
En cuanto a los desarrollos de afecto, cuando el objeto se aleja aparece la angustia y también un deseo hostil
dirigido hacia un doble de sí, que ocupa la posición traumatizada del yo al momento de la desesperación.
Toda vez que el recurso a la motricidad fracasa, surge otro desarrollo vinculado a la cólera, la humillación,
cuando el yo queda derrotado en su esfuerzo por retener las heces. La misma, implica una herida narcisista surgida
ante el fracaso de intento por poner algo como ayudante para defenderse del trauma.
La vergüenza aparece cuando fracasa el deseo de que alguien idealizado pero hostil desaparezca de la vista.
También incluye la frustración de dos deseos, uno exhibicionista surgido de la identificación con un modelo que
produce un goce visual con su presencia; y otro, ante aquel que mira y no es un familiar, sino un extraño, dando como
resultado un deseo aniquilador, contradictorio con el deseo exhibicionista.
La hostilidad al pretender que un otro desaparezca de la vista, es ofrecerse como alguien que desaparece para la
mirada del otro.
Todos estos son intentos de defenderse del trauma a través de una acción motriz.
Fase anal secundaria (Unificación en torno a la palabra).
El cambio libidinal consiste en el surgimiento de nuevas metas pulsionales, guardar, retener y cuidar, por un
lado, y por el otro, poseer, dominar, y controlar. Las cuales se logras a través del uso de la musculatura, la del esfínter
anal y el resto del cuerpo.
Esto obedece a un proceso de complejización yoica de un preconsciente verbal:ya el niño puede proferir los
sonidos que nominan las distintas partes del cuerpo.
La representación cuerpo, ahora se la vincula a el nombre que el niño recibe y hace posible constituir la
representación cuerpo propia y ajeno como totalidades cerradas, ya que no hay un agujero por donde algo sale sin
poder evitarlo. El dominio de la musculatura se articula con la inscripción de la capacidad de regulación del esfínter y
con la posibilidad de nominar.
La unificación mediante la palabra se enlaza con la unificación visual y motriz, el niño sustituye el anhelo de ver
el acto defecatorio por la nominación del mismo (ilusión de omnipotencia nominativa).
El tacto cobra relevancia informando acerca de aquello que no tiene otro registro perceptual. El cuerpo pasa a ser
objeto de percepción y no sólo de sensaciones internas. El tocarse está relacionado con el placer y el dominio.
Se sintetizan actividad y pasividad bajo la forma del verbo contenerse o dominarse.
El niño puede reconocer una relación causal respecto de sus conductas, que las consecuencias de sus actos recaen
sobre sí. Sentimientos de culpa, precursores del súper yo.
El complejo semejante
Se enlazan el tacto y la motricidad con un ordenamiento visual. Aquello surgido del propio cuerpo puede ser
transcripto en parámetros visuales cuando se articula con palabras. El cuerpo queda unificado a través de la analogía,
en la que el niño diferencia entre un núcleo y un conjunto de predicados.
El yo percibe únicamente al otro a través de la información de si, la nominación permite que de la identificación
se sustraiga un resto, un núcleo pero que es irreductible.
La producción del propio cuerpo como objeto visible adquiere un núcleo, dado por el nombre propio, con el cual
el yo identifica la posición de sujeto, junto con esto surgen predicados que son atributos variables que el yo tiene en
común con otros yoes. El nombre crea un núcleo en el yo, que permite hacer conscientes los estados del ello sin
apelar a la proyección; gracias a esto, el cuerpo queda totalizado como derivado de una lógica y no de una
percepción. Anteriormente la proyección en el estímulo sensorial y la identificación posterior eran la única forma
posible de sostén del yo.
Tal representación cuerpo implica una imbricación entre yo placer y el yo real definitivo.
Las teorías sexuales infantiles (cloaca, coito sádico y premisa universal del falo)
Resultan de una imbricación entre libido narcisista y egoísta, pretenden dar respuesta al interrogante acerca del
origen, como una forma de dominio del trauma vislumbrado ante el discernimiento del complejo semejante.
Se pretende dominar un peligro, la herida narcisista que representaría el nacimiento de hermanos, un rival, para el
varón; y para la niña, además, la falta del pene.
Aparecen también como una aproximación y manera de entender la diferencia de sexos. Desde la lógica que
manejan la ausencia o presencia del pene es entendida como existencia o no de un cierre, un tapón.
La identificación primaria a través de la palabra
La palabra, como la cosa a la cual está soldada es concebida como un don proveniente de la madre.
El cuerpo y sus partes reciben una marca por sus nombres y a la vez, junto a la erogeneidad son
atravesados por la palabra.
La totalidad del cuerpo como propio y objeto visible culmina en la desidentificación con la imagen del
rostro materno y la identificación con el propio.
La palabra produce un efecto, que el de dotar a la misma un poder invocante al cual el yo no puede
sino doblegarse. Capacidad de someter el cuerpo a la palabra. Se produce así un nuevo vínculo con la
propia erogeneidad en el cual el cuerpo erógeno queda atravesado por palabras ante las cuelas toda
rebeldía culmina en sometimiento.
El dominio ilusorio de sí logrado, depende del uso del “no”, vinculado a la posibilidad de inhibir una
acción motriz; al comienzo, es un modo de expulsión, luego, se constituye en un acto verbal, acompaña
un acto que el niño realiza y finalmente es ganado como símbolo.
Una razón de tipo económico en cuanto ahorro de energía, parece estar en la base de la
sobreinvestidura de la palabra, que culminará en la constitución del Yo real definitivo, el cual posee un
predominio del precc verbal, que permite superar la inmediatez del presente, dado que es posible
recordar una vivencia sin necesidad de repetirla. Junto con esto se construye una temporalidad, se
diferencian el presente y el pasado.
Desarrollo de afectos
Nuevo lugar psíquico, el rival fraterno, hacia el cual se dirige una investidura hostil. Gracias al complejo del
semejante y la lógicaanalógica. Afectos placenteros como el dominio de la motricidad o el placer por ensuciarse. El
deseo de saber; las heces adquieren el valor de un regalo a la madre.
La desconfianza aparece cuando el niño supone que estos tienen una conducta retentiva con respecto a las
palabras esperadas
Los celos y la envidia, son complejos y no se pueden mantener en amago, dado que el yo es incapaz de
inhibirlos. se encuentran dentro de la gama de la cólera.
Los celos específicamente en el contexto del complejo fraterno, se caracterizan por una articulación de dolor, la
humillación, la culpa y sentimientos de inferioridad.
La envidia incluye el deseo de tener algo, en la niña se vincula a el pene y en el niño a la fuerza paterna; también
se le agrega un dolor psíquico y el deseo hostil hacia el rival, aparece asociado a la humillación, desvalorización y
crítica.
Fase fálica
Fuente erógena: mucosa.
Se resalta la estimulación urinaria y l pasaje de la orina al exterior (por ello fálico-uretral), y su erotismo
corresponde a fuentes pulsionales pasivas, el clítoris y la mucosa del pene.
La construcción de la premisa fálica y el complejo de castración varían en el niño y la niña. Aparece el placer por
competir fálicamente.
Se producen dos complejos del semejante con diferentes núcleos según el sexo.
La mayoría de las afecciones vesicales son perturbaciones sexuales, la enuresis nocturna corresponde a una
polución.
Valor de la fantasía. La madre fálica
La premisa universal del falo implica la existencia de un único órgano genital, el pene, cuyo opuesto es la
castración. Las fantasías aparecen en relación a la madre fálica, modelo con el cual el yo pretende alcanzar una
identificación.
El yo placer purificado coexiste con el yo real definitivo. Y a pesar de la creciente preminencia del lenguaje, la
palabra aún no se ha separado de la cosa.
El falo atribuido a la madre es producido por procesos proyectivos, y es acompañada de un enlace causal
invertido, por el cual dicha representación es tomada como causa del goce masturbatorio, completando el circuito
proyección - identificación. La fantasía desemboca en el anhelo de percibir lo proyectado
La admisión de la no existencia del falo materno se presenta también como una fantasía que intenta salvar la
premisa universal, a través de la castración. Al hallarse la madre en el lugar de modelo, es un vínculo en el que se
juega el ser, el destino del propio yo es el mismo que el del ideal.
La admisión de la supuesta castración culmina en horror ante la propia castración. Una parte se traspone en
hostilidad y otra queda ligada en el interior como masoquismo erógeno fálico. El horror de la castración queda
asociado con un deseo masoquista de ser castrado (fantasías de ser cortado, arrojado).
Las mismas, según las defensas que operen, pueden tener diferentes destinos: Neurosis, perversiones o psicosis.
Posteriormente, ocurre el proceso desatributivo del falo materno, que la arroja fuera del ámbito del ideal con el
cual se identificaba el yo.
La articulación entre libido objetal y libido narcisista sufre la separación del yo real definitivo que pasa a
subordinar al yo placer purificado.
Deriva el procesamiento psíquico de la palabra del padre articulada con pensamientos icc y surge el precc que
expresa un pensar y no solo representar. Enlace entre pensamiento y palabra. Se da lugar a las formaciones
sustitutivas. La falta de un nombre para el falo supuesto en la madre rompe la omnipotencia nominativa y aparece la
sustitución.
En la niña se podría describir la siguiente secuencia: 1_ proyección e identificación con el pene del varón. 2_
desidentificación y búsqueda de una impresión sensorial propia en que trasmudar la erogeneidad fálica. 3_ fracaso de
este esfuerzo y vivencia de fragmentación corporal. 4_ reunificación a partir de criterios estéticos y cesión de la
posición de sujeto a otro. Su creencia en la premisa universal se derrumba y surge la envidia fálica (la niña llega a
creer que ha tenido algo que luego perdió y envidia eso). Luego se reconoce que el pene tiene un portador: el padre,
al que pasa a amar. Surge la fantasía de tener un hijo del padre.
En cuanto a los desarrollos de afecto en esta fase, aumentan los celos y la envidia.
En la niña, los celos derivan de la envidia fálica, hay un deseo hostil hacia el modelo decepcionante e injusto.
Hay una sustitución de la persona que ocupa el lugar del ideal, de la madre por el padre.
El discernimiento de la falta de pene en la madre provoca el horror.
Estos tres desarrollos de afecto reunidos en el horror, determinan las diferentes defensas como forma de
mantener dichos afectos en amago, ellas son: la represión, la identificación secundaria y la desmentida.