Educación en Centroamérica: Retos y Oportunidades
Educación en Centroamérica: Retos y Oportunidades
La educación en Centroamérica:
Reflexiones en torno a sus problemas y su Potencial
LA EDUCACIÓN EN CENTROAMÉRICA:
REFLEXIONES EN TORNO A SUS
PROBLEMAS Y SU POTENCIAL
Knut Walter
La educación en Centroamérica: Reflexiones en torno a sus
problemas y su potencial
Hamburg: Institut für Iberoamerika-Kunde 2000
(CA 2020: Documento de trabajo # 10)
ISBN 3-926446-66-8
5. Conclusiones 50
5.1. Invertir lo máximo en el aula 50
5.2. Intensificar y mejorar la capacitación de los maestros 51
5.3. Ofrecer mejores condiciones para los alumnos 54
5.4. Algunas consideraciones finales 55
Bibliografía 59
Resumen ejecutivo
Este ensayo analiza los principales aciertos y los principales
problemas todavía pendientes de solución de los sistemas educativos
en Centroamérica a partir de los requerimientos y exigencias de un
mundo globalizado, al cual la región pretende ingresar en situación de
ventaja. De hecho, Centroamérica siempre ha estado ajustando sus
sistemas educativos a las nuevas realidades que surgen de su
cambiante relación con el exterior. El actual momento, sin embargo,
requiere una adaptación muy especial de la educación porque la
incorporación a cadenas productivas dinámicas privilegia la capacidad
de aprender de las personas antes que el caudal de conocimientos o
habilidades en determinado momento.
En los últimos años, los sistemas educativos en Centroamérica han
demostrado, en algunos países más que en otros, la importancia de:
a) efectuar inversiones cuantiosas y continuas en el rubro de la educa-
ción; b) reformar los currículos, especialmente del nivel de la primaria,
para darle más cabida a las materias claves que sientan las bases del
aprendizaje; c) extender la cobertura del sistema escolar, sobre todo
en el nivel de primaria (grados 1-6); d) introducir nuevas modalidades
de gestión escolar, en apoyo a la descentralización y el fortalecimiento
de las capacidades locales; y e) cuestionar el costo y las formas de
operación de las instituciones de educación superior, por lo general
exentos de la fiscalización pública debido a la tradición de autonomía
universitaria. En respaldo a las anteriores iniciativas se encuentran
ahora las instituciones de cooperación y crédito internacionales, cuyo
interés y compromiso dentro del campo de la educación supone un
cambio notable en relación a sus prioridades anteriores.
1
de la población escolar todavía sigue reflejando un sistema dentro del
cual son muy pocos los que llegan a los niveles medios y superiores.
2
tres medidas puntuales: a) invertir lo máximo en el aula en términos de
recursos de aprendizaje e infraestructura; b) hacer más rigurosa la
formación de maestros e intensificar y sistematizar la formación conti-
nua del magisterio en servicio; y c) ofrecer mejores condiciones y
apoyos a los alumnos que provienen de hogares, comunidades y
regiones en desventaja.
Fuera de estas medidas puntuales, será necesario repensar y redi-
señar los sistemas educativos en su conjunto para que respondan
adecuadamente a los cambios en la estructura de la población estu-
diantil que seguramente ocurrirá cuando se mejoren los niveles de
calidad y retención en las escuelas. Además, el rediseño tiene que
tomar en cuenta a la población actualmente excluida del sistema
escolar, la cual puede estimarse en cerca de un 35% en las edades
correspondientes a los años comprendidos entre el nivel preescolar y
el noveno grado. De proyectarse esta proporción hasta el año 2020, el
total de niños y jóvenes no atendidos por los sistemas escolares en
Centoramérica llegará a más de 3.7 millones.
En resumen, los esfuerzos en el campo de la educación tendrán que
incrementarse sustancialmente. Buena parte de este esfuerzo será de
tipo monetario (gastos, inversiones) pero debe complementarse con
medidas que aprovechen las buenas experiencias que se han logrado
en los países centroamericanos y otros del hemisferio. También es
indispensable que las partes interesadas en una buena educación - los
padres de familia, los empresarios, los funcionarios y los mismos
maestros - se preocupen más por mejorar la calidad de la educación
en Centroamérica. Sólo cuando eso ocurra puede anticiparse una
mejora sustancial en los niveles de calidad y cobertura de la educación
centroamericana cónsonos con las demandas y las oportunidades de
la globalización.
3
Executive summary
This essay analyses the principal successes and the principal re-
maining problems of the education systems of Central America from
the point of view of the requirements and demands of a globalized
world which the region aspires to enter in an advantageous position. In
fact, Central America has always adjusted its educational systems to
the new realities emerging from its changing relations with the outside
world. Nevertheless, the present time requires a very special adap-
tation in education, because incorporation into dynamic chains of
production favours people’s capacity to learn more than the wealth of
knowledge or skills at a given moment does.
4
The essay identifies the major problems hindering improvements in the
quality of education: a) the effort of pupils and teachers in terms of both
time and dedication is low, especially in state schools; and b) educa-
tional expenditure continues to be insufficient to cover the basic ne-
cessities in terms of consumables, resources and infrastructure. On
top of all this there is the shortfall in coverage to which the system has
given rise for decades and which will go on increasing in the next 20
years if the system’s retention levels are not improved.
In general, the essay stresses that quality education is both expensive
and difficult. In saying that it is expensive, nothing less is suggested
than that expenditure on education must come close to the require-
ments of a globalized economy in which the development of learning
capacity is in strict relation to the educational resources available in the
classroom. Similarly, by saying that it is difficult, nothing less is sug-
gested than that greater efforts must be made in terms of both time
and dedication to study. In both cases, the aim is to develop the skills
and abilities of the pupils and students in the region to a level which
gives them better opportunities to perform both among themselves and
before other peoples the world over.
The truth is that children and young people reach schools of Central
America in conditions of great inequality, primarily because of the vast
differences in social and economic origin still prevalent in the majority
of countries. School systems do not contribute toward overcoming
these differences because resources and investment in education are
distributed in a very inequitable way and end up favouring urban
populations and middle- and upper-income groups.
For education to be turned into a genuine instrument of economic and
social development which permits full exploitation of the human poten-
tial of the Central American region, it will be necessary to make greater
efforts and make larger investments in schools, the places where the
process of learning and education mainly takes place. In order to
achieve these objectives, three specific measures are proposed: a)
maximum investment in the classroom in terms of learning resources
and infrastructure; b) making teacher training more rigorous and
intensifying and systematizing the continuous education of serving
teachers; and c) offering better conditions and support to pupils from
disadvantaged homes, communities and regions.
5
Apart from these specific measures, it will be necessary to rethink and
redesign educational systems as a whole, so that they respond ade-
quately to the changes in the structure of the student population which
are bound to occur when the quality and retention levels in schools
improve. Moreover, the redesign will have to take into account the
population currently excluded from the school system, which can be
estimated at approximately 35% of children in the age groups cor-
responding to the years between pre-school and ninth-grade level.
Projecting this proportion to 2020, the total number of children and
young people not catered for by the school systems in Central America
will reach more than 3.7 million.
To sum up, efforts in the education field will have to be substantially
increased. A good part of this effort will be of the monetary kind (ex-
penditure, investments), but it must be complemented by measures
which make use of the positive experience that has been gained in
Central American countries and others in the hemisphere. It is also
essential for parties with an interest in good education – heads of
households, entrepreneurs, government officials and teachers them-
selves – to do more to improve the quality of education in Central
America. Only when that happens can a substantial improvement be
expected in quality and coverage levels in Central American education
that is in keeping with the demands and opportunities of globalization.
6
1. Una visión retrospectiva de la educación
Toda época ha propiciado formas muy particulares de educación. En
algunos momentos, la educación ha sido para muy pocos; en otros,
como en el presente, la educación se ha convertido en un derecho al
cual podrán aspirar todos sin distinción de género u origen social o
étnico. Esto no significa que sea un derecho que se cumple en todos o
la mayoría de los casos. Al igual que con la salud y la vivienda, en
Centroamérica el acceso a la educación manifiesta grandes desigual-
dades, pese a décadas de intenciones reiteradas de lograr una cober-
tura amplia.
1
En la República de Guatemala en 1866 había solamente 8.074 alumnos
inscritos en un poco más de 150 escuelas públicas; ocho años después, ya en
plena época de reformas liberales, el total de alumnos había subido a 20.528
en 358 escuelas, mientras que en 1901 el total de escuelas públicas primarias
7
El énfasis se mantuvo en una educacion moralizante y repetitiva,
propia de una concepción que equiparaba la enseñanza con la memo-
rización: la persona educada y culta es la que sabe mucho2. Las
ciencias, con su enfoque inductivo y cuestionador, no se privilegiaron;
la única excepción en este sentido fueron las escuelas politécnicas
que se fundaron para la formación de los oficiales profesionales de los
nuevos ejércitos de la región.
8
después de 1950 se aceptó que la educación debía masificarse, al
menos en los primeros años de la educación básica.
9
en tiempos de la globalización actual lo que reina es una incertidumbre
sobre el rumbo o el destino de cada economía nacional.
Ahora la globalización sustituye las políticas nacionales de desarrollo
con las fuerzas del mercado y las ventajas competitivas. Esto obliga a
cada país a esforzarse por ofrecer lo mejor de sí, incluyendo una
población calificada, ya no para las tareas propias de la agroexporta-
ción, sino que para aprovechar las oportunidades de las cadenas
productivas globales que van desde la maquila más elemental hasta la
fabricación de componentes para sistemas de computación.
Es obvio que el sentido y la orientación de la educación deben cambiar
en un entorno tan distinto. Ya no se trata de transmitir e inculcar
conocimientos a granel – memorizados y repetidos – ni de formar al
individuo para ocupar un determinado puesto de trabajo. Mas bien, se
trata de preparar a las personas para que puedan desempeñarse en
una gama de empleos donde se valora no sólo lo que la persona sabe,
sino su capacidad para aprender sobre la marcha.
Esto impone grandes retos a los sistemas educativos. De una educa-
ción memorística relativamente “fácil” de poner en práctica, ahora se
demanda una educación que privilegia las habilidades del aprendizaje,
del discernimiento, del manejo de los números y de la lectura analítica.
En resumidas cuentas, ya no es posible aceptar como suficiente una
educación barata y fácil. De ahora en adelante, la capacidad de un
país para competir se medirá en función de un sistema educativo que
exige más y que, inevitablemente, costará más. Este escrito intentará
comprobar la veracidad de esta afirmación.
10
2. Los principales aciertos de la educación
centroamericana
Pese a las evaluaciones generalmente deficientes que se hacen
rutinariamente a los sistemas educativos centroamericanos, lo cierto
es que la región ha vivido importantes avances en lo que se refiere a
cobertura y calidad de la educación, en algunos países más que en
otros. En su conjunto, existen suficientes ejemplos de lo que debe
hacerse para que la educación rinda frutos y tenga un impacto signifi-
cativo sobre los procesos de desarrollo. A continuación se listan algu-
nos de estos esfuerzos y logros.
11
proporción alta de su PIB en educación pero si éste es bajo, el gasto
en educación también será reducido5.
5
Honduras gasta un 4.7% de su PIB en educación, lo cual no está muy por
debajo de la cifra comparable para Costa Rica, pero como su base económica
es reducida, su gasto real en educación sigue siendo modesto.
12
mente. A un sistema educativo materialmente pobre se le puede sacar
un poco más de rendimiento mediante la introducción de procedi-
mientos más eficientes, pero tiene sus límites.
Por ejemplo, la descentralización o desconcentración de los servicios
administrativos puede agilizar mucho las compras y los pagos de
salarios, pero si los presupuestos para tales gastos siguen siendo
bajos, el resultado no deja de ser sino una reasignación de la admi-
nistración de la austeridad (por no decir de la pobreza) en la educa-
ción. De igual manera, el involucramiento de los padres o represen-
tantes en la conducción de las escuelas puede redundar en un mejor
aprovechamiento del tiempo de los alumnos y los maestros, pero si la
escuela no cuenta con los recursos educativos mínimos – o si los
alumnos siguen llegando a la escuela sin haber desayunado – las
bondades de la participación de la comunidad se verán seriamente
restringidos.
13
del aprendizaje; y d) la misma tradición heredada desde los tiempos
del auge del sistema “lancasteriano” siguió pesando en la formación y
la práctica docente6.
La “simplificación” de los currículos ofrece importantes ventajas sobre
los esquemas anteriores. En primer lugar, los maestros pueden con-
centrarse más en el desarrollo de las habilidades de aprendizaje entre
sus alumnos. En segundo lugar, pueden pedir a los alumnos un mayor
esfuerzo de estudio individual en la medida que dominan la lectura y la
aritmética. Y finalmente, la simplificación de los currículos también
simplifica la producción de materiales educativos, a los cuales puede
dedicarse mayores esfuerzos y recursos en busca de la mejor calidad
posible.
Desde la perspectiva de los sectores productivos, la simplificación de
los currículos también resulta conveniente porque en la medida de que
los alumnos dominan las habilidades que les permiten aprender mejor,
en esa medida también las empresas pueden capacitar más
facilmente a sus empleados. A nivel global, las cadenas productivas
son cambiantes y las empresas deben estar en condiciones de
absorber nuevas tecnologías y dedicarse a nuevas lineas de
producción sin demasiados tropiezos.
6
El sistema “lancasteriano” tuvo cierto auge en el siglo XIX. Consistía en la
utilización de los alumnos más aventajados para que enseñaran a los otros
mediante un sistema de preguntas y respuestas que no era más que una me-
morización de datos.
14
Costa Rica y Belice, por ejemplo, es ya una realidad para ciertos
grados.
7
Coordinación Educativa y Cultural Centroamericana (CECC), Anuario centro-
americano de estadísticas de educación. 1997 (San José, Costa Rica: octubre
de 1998), pp. 20-21. Estas estadísticas no incluyen a Belice, donde todos los
establecimientos del sistema educativo, ya sean públicos como privados, reci-
ben fondos del estado para su funcionamiento.
8
Idem., p. 20.
15
ción de mujeres fue ligeramente superior al de varones, mientras que
en Belice fue de 48.5% en la primaria en 19969.
Cuadro 2: Centroamérica
Matrícula inicial en escuelas públicas y privadas
por país y nivel (1992-1997)
9 st
Idem., p. 48; y Belice, Transforming Education in Belize for the 21 Century, p.
59.
16
2.4. La reducción del analfabetismo
Hace algún tiempo, una de las principales preocupaciones de los
encargados de la política educativa en la región era la erradicación del
analfabetismo. En varios países se desarrollaron campañas para
alfabetizar a la población, especialmente entre los adultos. En el caso
de la Nicaragua revolucionaria, la alfabetización adquirió caracterís-
ticas de cruzada nacional.
Tanto las campañas para alfabetizar a la población como la labor
constante del sistema educativo regular han hecho mella en los niveles
de analfabetismo en la región. En algunos países los niveles son
bastante bajos, como Costa Rica y Panamá; en otros, como Guate-
mala y Nicaragua, todavía son excesivamente altos (Ver Cuadro 3). Lo
cierto es que no es posible erradicar el analfabetismo sin esfuerzos
intensos y constantes, es decir, sin la ampliación del sistema de edu-
cación formal. En Guatemala, el analfabetismo en 1950 era de 72%
entre la población mayor de siete años; cuarenta y cinco años después
la proporción es poco menos de la mitad entre la población mayor de
quince años10.
Resulta evidente que para los tiempos actuales una reducción del
analfabetismo es necesaria pero no suficiente como logro importante
del esfuerzo educativo. Aparte de los problemas bien conocidos del
analfabetismo funcional en el que tantos alfabetizados vuelven a caer,
la incorporación de la región a los retos y las oportunidades del nuevo
siglo tiene que hacerse con una población que sabe mucho más que
leer y escribir.
Cuadro 3: Centroamérica
Analfabetismo de la población de 15 años y más
10
Carlos González Orellana, Historia de la educación en Guatemala, p. 402.
Entre 1945 y 1950, las campañas alfabetizadoras abarcaron a un total de
82.300 personas; según el censo de 1950, sin embargo, el número de analfa-
betos llegaba a 1.553.000 personas.
17
Guatemala 1994 2.046.366 34.9
Honduras 1997 851.963 21.0
El Salvador 1996 779.720 22.2
Nicaragua 1995 - 25.8
Costa Rica 1994 112.946 7.4
Panamá 1990 189.184 10.7
Fuente: Coordinación Educativa y Cultural Centroamericana (CECC), Anuario
centroamericano de estadísticas de educación. 1997 (San José, Costa Rica: octubre
de 1998), p. 108; y Belice, Central Statistical Office, 1996 National Literacy Survey.
En primer lugar, no será suficiente que las personas sepan leer; tienen
que saber leer rápidamente y analíticamente. Uno de los problemas de
muchos estudiantes que pasan de un nivel del sistema educativo a
otro es que no están en condiciones de procesar la cantidad de mate-
rial de lectura que se les exige estudiar.
En segundo lugar, la lectura rápida no es un requisito exclusivamente
del sistema educativo; también la empresa necesita de personas que
tienen una capacidad desarrollada de lectura para poder manejar los
sistemas informáticos modernos, contrario a la creencia de que las
computadoras eximen al usuario de un dominio de la lectura en tanto
hacen abundante uso de lo visual. Lo cierto es que la lectura todavía
es por lejos el mecanismo más rápido para absorber conocimientos e
información del cual disponemos.
11
Alvarez, Benjamín, et al., “Education in Central America” (Harvard Institute for
International Development, mayo de 1999), p. 14.
19
cual no es necesariamente perjudicial para los sistemas educativos,
pero no siempre contribuye al fortalecimiento institucional del sector
educación12.
Finalmente, es importante recordar que la ayuda externa generalmente
se orienta al estudio y arranque de programas y proyectos innovado-
res, no a su mantenimiento a través del tiempo. Si se quiere extender,
profundizar y mantener los programas y proyectos nuevos, necesaria-
mente tendrán que asignarse más recursos a tal efecto, lo que signi-
fica nada menos que un incremento del gasto en educación.
12
Arríen, Juan B., et al., La educación y la reforma de la educación en cinco
países centroamericanos (Managua: PREAL-UCA-Fundación Ford, 1998), p.
98.
20
Semejante modelo no puede ser trasladado del todo a los ámbitos
centroamericanos, pero algunas de sus bondades pueden adaptarse
siempre y cuando exista la voluntad local de involucrarse en la labor
educativa. Una de las principales virtudes de la gestión descentrali-
zada de la educación es que permite una mejor fiscalización de la
marcha de la escuela por parte de los interesados. Esto es particular-
mente importante cuando se trata de corregir los problemas de ausen-
tismo de los maestros y de los alumnos. También puede resultar
conveniente para la contratación de mejoras o la compra oportuna de
los insumos básicos que se necesitan para el funcionamiento de la
escuela.
Sin embargo, la pobreza material de muchas comunidades en la
región no permitirá que el financiamiento para la escuela también
provenga de los mismos habitantes. La reciente experiencia
nicaragüense de cobrar por la educación que imparten las escuelas
públicas no es bien vista ni por la población de usuarios ni por los
maestros. Si se quiere que la educación sea un factor de equidad
social, será indispensable seguir con una política de subsidios a las
escuelas en zonas pobres, que son, por supuesto, la mayoría en
Centroamérica.
13
Un estudio reciente comparó resultados de pruebas de suficiencia en terceros
grados de escuelas EDUCO (descentralizadas y administradas por la comuni-
dad) y no EDUCO en El Salvador para determinar el impacto del ausentismo
de maestros y el entorno socioeconómico de los alumnos. En general, la evi-
dencia sugiere que los alumnos en escuelas no EDUCO tienen resultados li-
geramente mejores pero que al incluir otras variables los resultados son
iguales. Las escuelas EDUCO sí logran reducir el ausentismo de los maestros
y, por ende, de los alumnos. Por lo demás, la descentralización y participación
de los padres per se no afecta los resultados de las pruebas. Jiménez,
Emmanuel y Yasuyuki Sawada, “Do Community-Managed Schools Work? An
Evaluation of El Salvador’s EDUCO Program” (Paper No. 8, Impact Evaluation
of Educational Reforms, Development Research Group, The World Bank,
February 1998).
21
2.7. La educación superior se está valorando y cuestionando
Durante muchos años, las universidades en Centroamérica no forma-
ron parte del debate sobre la calidad de la educación. Si acaso, eran
parte del debate político, ya que en los países bajo regímenes
militares se convirtieron en los reductos de la oposición. Hasta 1960
todas las universidades en Centroamérica eran públicas, de tal manera
que las discusiones y polémicas sobre su funcionamiento tenían que
ver con la autonomía, los presupuestos y las elecciones de sus
autoridades.
Hasta 1960, aproximadamente, las universidades recibían a relativa-
mente pocos estudiantes, ya que la masificación de la educación
primaria y secundaria todavía no producía suficientes bachilleres como
para abarrotar las aulas universitarias. Sin embargo, a partir de la
década de 1960, la educación universitaria adquirió un nuevo atractivo,
especialmente entre las capas medias que comenzaban a demandar
más educación para sus hijos. No debe sorprender, entonces, que
durante esta década se incrementó notablemente la matrícula
universitaria y se fundaron las primeras universidades privadas en la
región. En los últimos cuarenta años, por lo tanto, se ha pasado de
unas pocas universidades públicas en cada país a decenas de univer-
sidades públicas y privadas.
No todas las universidades nuevas – como tampoco todas las viejas –
están cumpliendo a cabalidad con su papel. En primer lugar, las uni-
versidades centroamericanas rara vez son creadoras del saber porque
la enorme mayoría de sus catedráticos no llegan sino a impartir la
clase, para volver inmediatamente a su trabajo principal en otro lado.
Tampoco existe una tradición de investigación y difusión del conoci-
miento. Puede argumentarse que éstas no son funciones principales
de la universidad centroamericana, porque el conocimiento puede
importarse a menor costo desde otros centros de estudio en el ex-
tranjero. Pero si esto es cierto, habría que replantearse todo el con-
cepto de universidad. También habría que preguntarse si no existen
algunos aspectos del conocimiento que deberían generarse en el
medio centroamericano, por ejemplo, aquellos relacionados con el
deterioro ambiental, con la explotación de energía renovable y con las
políticas de descentralización administrativa.
22
En segundo lugar, las universidades son de los eslabones más in-
eficientes del sistema educativo. Abren sus puertas de entrada a
cuantos quieran ingresar (o los que puedan pagar, en el caso de las
privadas) para después cerrar la puerta de salida. La Universidad de
San Carlos de Guatemala, con 85.000 estudiantes en 1998, solamente
graduó a 2.100 ese año. Las universidades hondureñas, públicas y
privadas, con alrededor de 55.000 estudiantes en 1995, graduaron a
solamente 3.40014. La paradoja de estos números se explica por la
sencilla razón de que la política de puertas abiertas deja entrar a los
que no están realmente capacitados para desempeñarse como estu-
diantes universitarios o que trabajan y estudian a la vez, lo que les
impide rendir debidamente. El resultado para muchos es el fracaso o
la prolongación de la carrera durante dos o tres veces más tiempo del
que se estipula en el plan de estudios.
Y en tercer lugar, los problemas asociados con la investigación y la
docencia universitarias llevan al cuestionamiento del gasto público en
la educación superior. Nadie sugiere que la educación universitaria
deba ser más barata que la primaria o la secundaria. Sin embargo, las
grandes necesidades que tienen las escuelas y los alumnos en los
niveles básicos contrasta con la relativa holgura con que operan las
universidades, lo que contribuye al debate sobre los costos de la
educación superior.
14
García-Ruiz, Jesús, La universidad a las puertas del tercer milenio (Guate-
mala: Ediciones AMEU, 1998), p. 92; y Van Steenwyk, Ned y Marco Tulio
Mejía R., Honduras 2000. Recursos humanos y perspectivas para el
crecimiento económico (Tegucigalpa: Colección Escuela Morazánica, Publica-
ción No. 5, 1996), pp. 15-17.
23
3. Los grandes déficits de la educación
centroamericana actual
Pese a los avances de los planteamientos novedosos, la educación
centroamericana sigue con más déficits que aciertos. No hay que ver
solamente la multiplicidad de reformas educativas e innovaciones
pedagógicas para darse cuenta de que es bastante lo que anda mal
con la educación, porque es mucho lo que hay que corregir. Mas no
hay que esperar milagros tampoco. Los sistemas educativos cargan
con una inercia tremenda, herencia de la misma indiferencia con la
cual se ha tratado generalmente la educación.
15
La excepción a esta realidad, como siempre, es Costa Rica, cuyos niveles
educativos ya son suficientemente altos como para atraer inversiones de la
más avanzada tecnología electrónica.
24
rápidamente y que, en muchos casos, termina emigrando del todo.
Además, la situación crítica del agro centroamericano, producto de un
deterioro de los recursos naturales y de una apertura a las importacio-
nes de víveres más baratos de otras partes del mundo, sugiere que ya
no será posible que grandes contingentes de población sobrevivan
dedicándose a una agricultura rudimentaria y alguno que otro trabajo
asalariado temporal. Ahora, finalmente, la verdadera riqueza de Cen-
troamérica será la inteligencia de su población.
El cultivo de la inteligencia de la población comienza por el reconoci-
miento de que el tiempo dedicado al estudio en las escuelas y colegios
tiene que incrementarse. En varios países centroamericanos, el afán
de incrementar la cobertura de la población escolar llevó a la creación
de escuelas con dos – y hasta tres – turnos. En consecuencia, la
jornada escolar se redujo para acomodar al mayor número de alumnos
en una escuela. En El Salvador, por ejemplo, se estimó que el prome-
dio de asistencia a clase de los alumnos de primaria no pasaba de tres
horas diarias en 1995. En Honduras, el horario escolar real es, igual-
mente, de unas 3 horas diarias durante apenas uno 160 días efectivos
de clase, lo que da un total de 480 horas de asistencia a clase por
año, comparado con ochocientas horas en los países de la OECD16.
16
Reimers, Fernando, coordinador, La educación en El Salvador de cara al siglo
XXI. Desafíos y oportunidades (San Salvador: UCA Editores, 1995), p. 243; y
Honduras, Secretaría de Educación, Educación y desarrollo. Estudio sectorial-
plan decenal, pp. 160-161. Compárese la realidad de Costa Rica, donde el
año escolar se incrementó en 1998 hasta doscientos días. Costa Rica,
Ministerio de Educación Pública, Informe de labores de 1997-1998. Las
transformaciones educativas de finales de siglo XX: Sentando las bases para
el siglo XXI (San José, Costa Rica: 1 de mayo de 1998), p. 11.
25
3.2. Las altas tasas de repitencia y extraedad
Los sistemas educativos centroamericanos pueden sentirse satis-
fechos de haber logrado tasas de cobertura bastante altas en los
primeros tres grados de primaria. Incluso, algunos gobiernos han
explicitado sus prioridades educativas en función de un apoyo primor-
dial a los primeros tres grados. Sin embargo, lo cierto es que a partir
del tercer grado – si no antes – las cifras de repitencia y fracaso son
preocupantes. A nivel centroamericano, las estadísticas oficiales
muestran una tasa de repitencia de 10.2% durante el año escolar de
1997 en el nivel de primaria; en el de secundaria la tasa fue algo
inferior, un 6.9% (Ver Cuadro 4).
Cuadro 4: Centroamérica
Tasas de repitencia (1997)
(niveles de primaria y secundaria)
26
Cuadro 5: Centroamérica
Indicadores de eficiencia (1997) (por cohorte)
País Graduados del Años/alumno Años para
sexto grado por graduado completar un año
lectivo
Guatemala 559 9.3 1.55
El Salvador 721 7.4 1.24
Nicaragua 400 10.3 1.71
Costa Rica 801 7.7 1.28
Panamá 852 7.1 1.18
17
Noel McGinn et al., Repitencia en la escuela primaria. Un estudio de la
escuela rural en Honduras. (Boston, MA: Harvard Institute for International De-
velopment, 1992).
18
Coordinación Educativa y Cultural Centroamericana (CECC), Anuario
centroamericano de estadísticas de educación. 1997, p. 23. No se incluyen los
datos de Honduras en el cálculo por no tener a mano los costos por alumno;
tampoco los de Belice, que no figuran en la estadística de la CECC.
28
ocurre con los alumnos que entran a la escuela años después del
tiempo reglamentario19. Para los maestros, los alumnos que son
significativamente mayores al promedio representan un reto a veces
insalvable porque se combinan problemas de tipo generacional con los
propios del aprendizaje.
La repitencia y el fracaso también son problemas muy serios en el
nivel universitario. El hecho de que las universidades produzcan tan
pocos graduados cada año en relación al total de su población estu-
diantil sugiere que la gran mayoría de estudiantes tiene problemas de
rezago muy serios. En el caso de Honduras, se estimó que el tiempo
de permanencia de un estudiante en la Universidad Nacional Autó-
noma de Honduras a comienzos de la década de 1990 osciló entre 9 y
12 años, cuando la mayoria de las carreras estaban diseñadas para
concluirse en no más de cinco años. Con base a los mismos datos, se
concluyó que cada graduado de la universidad representaba 25 años-
estudiante al tomarse en cuenta la totalidad de la población estudian-
til20. Otro estudio sobre el sistema de educación superior panameño
indica que apenas el 20% de los que entran a la Universidad de Pa-
namá se gradúan eventualmente21.
19
Por ejemplo, en Honduras más del 30% de los niños que entran a 1o. grado
tienen sobreedad. Honduras, Secretaría de Educación, Educación y desa-
rrollo. Estudio sectorial-plan decenal (Tegucigalpa: noviembre de 1997), pp.
238-239.
20
van Steenwyk, Ned y Marco Tulio Mejía, Honduras 2000. Recursos humanos y
perspectivas para el crecimiento económico, pp. 15-17.
21
Planells, Juan, “Aproximación a un análisis de costo-eficiencia al nivel
universitario” (trabajo presentado en el taller sobre educación, Tegucigalpa,
Honduras, 16 de octubre de 1999), p. 9.
29
3.3. Los desincentivos que frenan la asistencia y provocan la
deserción
Según el estudio de McGinn mencionado anteriormente, la repitencia
es la principal razón por la cual los niños hondureños abandonan la
escuela antes de haber terminado la primaria. Pero la decisión del
abandono no está solamente en manos del alumno o de su maestro;
también inciden notablemente los padres o responsables de los niños
cuando se dan cuenta de que “ya no sirven” para la escuela y los
ponen a trabajar.
Es decir, no existen mayores incentivos de parte de los padres ni de la
misma escuela para retener a los alumnos: llega un momento en que
parecería que vale más el trabajo que pueda desempeñar el niño o la
niña en la casa, la agricultura, el taller o el negocio, que los conoci-
mientos y las destrezas que puede absorber en la escuela. En la
mayoría de casos de abandono quizás se conjugan ambos el atractivo
(o la necesidad) del trabajo con el poco atractivo de la escuela.
La necesidad de trabajar va íntimamente ligada a la pobreza que
padecen tantas familias en la región. Lo cierto es que las escuelas
públicas – y mucho menos las privadas – ofrecen muy pocos incen-
tivos materiales, tales como becas o subsidios, que hagan pensar dos
veces a los padres antes de sacar a sus hijos de la escuela. Tampoco
existen mecanismos que estimulen a los padres a hacer esfuerzos
adicionales para conservar a los niños en la escuela o que persuadan
a la población de la importancia de la educación para su propio futuro.
Probablemente en muchos casos de abandono temprano del sistema
escolar los niños no estén sino repitiendo la experiencia que cono-
cieron sus padres.
Las cifras de permanencia y abandono de la escuela muestran mucha
variación en la región centoamericana. En Guatemala, el país con los
indicadores educacionales más críticos, el promedio de escolaridad es
de apenas 2.3 años a nivel nacional, cifra que se reduce a solamente
1.3 años en los departamentos de mayoría poblacional indígena22. En
22
Fuentes, Juan A., coord., Guatemala: los contrastes del desarrollo humano
(Guatemala: Sistema de las Naciones Unidas en Guatemala, 1998), p. 24.
30
Honduras la escolaridad promedio en 1996 fue de 3.4 años, pero en
algunos municipios de la región suroccidental del país – la más empo-
brecida – los niveles de escolaridad rondan entre uno y dos años23. En
El Salvador en 1997, la escolaridad promedio en las zonas urbanas fue
de 6.6 años, pero sólamente alcanzó a los 2.9 años en las zonas
rurales24. En Nicaragua, de cada cien niños que entran al nivel de la
primaria, solamente siete llegan a la secundaria y uno ingresa a la
educación superior25. En cambio, en Costa Rica se ha logrado una
cobertura de un 93.5% de la población escolar del séptimo grado26.
En términos generales, la deserción temprana de los alumnos del
sistema escolar es parte de un círculo vicioso de pobreza, marginali-
dad y desatención institucional. Los mejores y más abundantes servi-
cios educativos se ubican donde la demanda es mayor – es decir, en
los centros urbanos – y donde también se hacen las mayores inversio-
nes en los servicios sociales, reflejo, a su vez, de la estructura de
poder político. Las poblaciones que no tienen o ejercen mayor influen-
cia política en los asuntos nacionales se conforman con los sobrantes
del gasto social, que en educación se traduce en escuelas de segunda
o tercera, mal equipadas y regentadas; en estos casos, ni es la es-
cuela un imán para la población en edad escolar ni son los familiares
de los niños un elemento de presión o persuasión para que asistan a la
escuela27.
23
Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, Informe sobre desarrollo
humano. Honduras: 1998 (Tegucigalpa: PNUD, 1998), pp. 181-185. En uno de
los municipios del departamento de Lempira la escolaridad promedio no es
mayor a 0.35 años.
24
Rivera Campos, Roberto, comp., El Salvador. Estado de la Nación en desa-
rrollo humano. 1999 (San Salvador: PNUD, 1999), p. 22.
25
de Castilla Urbina, Miguel, “La educación en Nicaragua bajo el régimen
neoliberal,”(1998), p. 16.
26
Costa Rica, Ministerio de Educación Pública, Informe de labores de 1997-
1998, p. 23.
27
Un estudio del Ministerio de Educación de Belice lo plantea en términos muy
claros “... el sistema educativo de Belice es altamente desigual. Su evolución
histórica ha desembocado en una distribución de recursos y en una situación
que favorece de manera activa a los más aventajados. Los niños provenientes
de condiciones socioeconómicas menos favorecidas generalmente asisten a
escuelas con menos maestros capacitados, menos recursos y menos apoyo
31
3.4. El gasto en educación es muy reducido en relación al PIB
Parece irónico – aunque tiene su lógica – que los países con las
situaciones educativas más deficientes son los que menos esfuerzos
hacen por mejorar sus indicadores educativos; la lógica es que sus
pobres indicadores educativos son también producto del poco
esfuerzo y atención que se brinda a la educación. Aunque el gasto en
educación es solamente uno de tantos componentes del esfuerzo
educativo, es el que quizás más dice del compromiso real del estado y
de los sectores de poder en lo que a educación se refiere.
Lo cierto es que una buena educación será, por definición, más cos-
tosa que una educación de calidad inferior. No hace falta sino com-
parar los costos por estudiante de una escuela buena para darse
cuenta de esto28. Además, los sistemas educativos centroamericanos
cargan, por lo general, con un déficit de cobertura – de población
desatendida – que no podrá incorporarse a la educación sino am-
pliando el número de aulas y maestros.
En Centroamérica, los datos reflejan variaciones muy considerables en
los esfuerzos que presupuestariamente se hacen en el campo de la
educación (Ver Cuadros 7 y 8). Costa Rica, que tiene los indicadores
más altos de ingreso per cápita de la región, también es el que más
gasta en términos proporcionales. Al otro extremo está Guatemala, el
país con mayor población pero que destina la menor proporción de su
PIB a la educación. Los resultados no dejan de ser obvios: mientras
que Costa Rica logra atraer grandes inversiones en turismo y tecnolo-
gía de punta, los mayoría de los demás países de la región deben
conformarse con maquilas sencillas y agroexportación no tradicional.
32
Cuadro 7: Gasto en educación
como porcentaje del PIB y del gasto fiscal
(1993-1996)
33
más bien, si se convierte a dólares, el gasto en educación de Hondu-
ras en 1996 fue la mitad del de 199029.
29
Honduras, Secretaría de Educación, Honduras: evaluación del Plan Nacional
de Acción de Educación para Todos (Tegucigalpa: junio de 1999), p. 22.
30
Por ejemplo, un estudio reciente del HIID esquiva casi por completo el tema
del gasto en educación, prefiriendo más bien hacer mención de los estímulos
no monetarios para los maestros y una mayor participación de la comunidad
en el manejo de las escuelas. Alvarez, Benjamín, Joan Dassin, Larry
Rosenberg y David Bloom, “Education in Central America” (Cambridge;
Massachusetts: Harvard Institute for International Development, mayo de
1999).
34
intensos. Otros piensan que la calidad de la educación puede mejo-
rarse mediante el uso intensivo de recursos educativos apropiados
(textos, materiales audiovisuales) aun cuando los maestros sigan
mostrando deficiencias. Y los hay otros que piensan en la introducción
de herramientas – como las computadoras – que sustituyan al maestro
del todo para ciertas fases del aprendizaje.
Lo cierto es que existen muchas formas de aprender, tanto dentro
como fuera de la escuela. Pero no debe restringirse el papel de la
escuela o de la educación nada más al aprendizaje formal. La escuela
también es un lugar de socialización donde el papel del maestro no es
tan fácil de sustituir, como orientador de buenas prácticas de convi-
vencia y cooperación, como ejemplo de carácter ponderado y justo, en
fin, como una figura que adquiere tanta o más importancia en la for-
mación del niño o del joven que sus mismos familiares inmediatos.
Como las funciones del maestro bajo esta óptica son muy variadas, no
puede visualizarse una buena escuela sin un buen cuerpo de maestros
que sean evaluados, estimulados y capacitados de manera
permanente. Tampoco deben perderse de vista los estímulos
materiales; con las excepciones del caso, lo normal es que la
profesión del magisterio se recompensa mal en Centroamérica, lo cual
lleva al fenómeno del pluriempleo y a una presencia insuficiente del
maestro en la escuela y la comunidad, amén del descuido de las
tareas ex-aula que debe realizar31. Por ejemplo, en las zonas rurales
se escucha con frecuencia de los maestros “de martes a jueves”.
Sin embargo, el reto más grande que enfrentan los maestros centro-
americanos es nada menos que la superación de la pedagogía arcaica
e ineficiente que todavía se observa en tantos salones de clase. Buena
parte del problema radica en los muy escasos recursos pedagógicos
31
En 1996, los salarios base mensuales de los maestros que mejor ganaban
eran los de Panamá ($305-$465), Costa Rica ($342-$351) y El Salvador
($332), mientras que los más bajos eran los de Guatemala ($159), Honduras
($152-162) y Nicaragua ($61). Por otra parte, los maestros costarricenses co-
tizaban las cantidades más altas para su fondo de pensiones y seguro médico
(entre 22% y 28%). Coordinación Educativa y Cultural Centroamericana
(CECC), Memoria del Taller Regional de formación inicial de docentes de edu -
cación primaria o básica (San José, Costa Rica: septiembre de 1996), p. 26.
35
con que cuentan las escuelas públicas, lo cual obliga al maestro a
restringir su práctica docente a unas cuantas actividades que se
repiten día tras día: dictados, copiar al cuaderno, leer en voz alta,
repetir a coro, memorizar conceptos y así por el estilo32. Pero también
existen problemas entre los maestros de formación inicial y dominio de
los contenidos que se imparten en las clases, los cuales limitan su
eficacia y no permiten cubrir adecuadamente todo el material que
contiene el currículum33.
También es cierto que la introducción de recursos pedagógicos no
asegura su uso por parte del maestro. Demasiadas veces la existencia
de libros de texto no es aprovechada debidamente si los alumnos no
pueden llevárselos a la casa para estudiar allí o si no hacen más que
copiar del texto al cuaderno. Por lo tanto, los maestros con frecuencia
se enfrentan a un dilema: a veces no tienen mayores recursos peda-
gógicos sobre los cuales apoyarse pero cuando los tienen tampoco
saben a ciencia cierta cómo sacarles provecho.
Una solución – al menos parcial – a este dilema es la capacitación o
actualización en servicio. Sin embargo, las experiencias logradas
hasta ahora indican que los cursos o jornadas de actualización que se
han ofrecido a los maestros (con frecuencia en los meses de
vacación) son demasiado cortos, masivos y teóricos para tener un
verdadero impacto sobre la calidad de la docencia. Además, los
maestros se quejan de que los cursos de actualización no están
enfocados a sus problemas más inmediatos o sentidos, lo cual no deja
de ser cierto por la sencilla razón de que son demasiadas y variadas
las situaciones particulares que deben enfrentar todos los días.
32
Ver, por ejemplo, Barillas, Juan Alberto et al., ¿Tú aprendes? ¿Yo enseño?
Discurso y realidad en las escuelas salvadoreñas (San Salvador: Fundación
Empresarial para el Desarrollo Educativo, 1997).
33
CECC, Memoria del Taller Regional de formación inicial de docentes de
educación primaria o básica, pp. 28-29.
36
4. Los grandes retos de la educación en
Centroamérica
Dentro del conjunto de fortalezas y limitaciones que se pueden obser-
var en los sistemas educativos en Centroamérica, hay algunos que
revisten mayor importancia que otros, es decir, su impacto es mayor
en el resto del sistema. Otros, por el contrario, aunque parezcan muy
importantes, tienen un impacto muy limitado en el funcionamiento del
sistema en su conjunto. Por ejemplo, un incremento de los salarios de
los maestros, lo cual es una de las reivindicaciones más comunes
entre el gremio magisterial y un frecuente dolor de cabeza para los
gobiernos, no mejorará la calidad de la enseñanza que reciben los
alumnos si no va acompañado por otras acciones. Pero un buen
desayuno para una alumna puede significar la diferencia entre una
mañana de clases bien aprovechada o la pérdida de varias horas de
tiempo para el maestro y para la niña.
El problema inicial es identificar el punto (o puntos) del sistema educa-
tivo que más necesitan modificarse y reforzarse para que la educación
comience a realmente surtir el efecto deseado. Aunque parezca obvio,
podemos afirmar que el principal problema de la educación está en el
aula de la escuela, del colegio y de la universidad. El aula es el
espacio donde se efectúan los mayores esfuerzos por aprender y
donde el sistema educativo tiene la mayor cuota de responsabilidad de
hacer bien su trabajo. Por lo tanto, los aprendizajes en el aula deben
ser los principales criterios de evaluación de los sistemas educativos,
más que la cobertura, las tasas de aprobación, o los contenidos
curriculares.
37
bados de manera arbitraria bajo el criterio de que se aprenderá
más si se repite el año34.
34
En el estudio realizado por McGinn en Honduras, las normas del Ministerio de
Educacion respecto a las notas y los criterios de reprobación se aplicaban
muy inconsistentemente. No todos los alumnos con notas mayores a 60 fue-
ron aprobados; más bien, el 72% de los repitentes tenían una calificación
promedio final superior a 60. McGinn et al., Repitencia en la escuela prima-
[Link] estudio de la escuela rural en Honduras 1992.
38
cuenta en la formulación de políticas educativas a partir del nuevo
milenio.
35
La campaña para incrementar el gasto en educación en Guatemala fue
iniciada por la Asociación de Investigaciones Económicas y Sociales (ASIES) y
es apoyada actualmente por treinticinco instituciones más, incluyendo medios
de comunicación, bancos, universidades, centrales obreras, iglesias y ONGs
de desarrollo social y económico.
39
a. Cobrar más
Una forma de gastar más en educación es hacer exactamente lo que
hacen las escuelas privadas: cobrar más. En el caso de las institu-
ciones educativas costeadas por el estado, el cobrar más significa
incrementar los impuestos. Como esta es una medida políticamente
impopular, puede pensarse en la creación de un fondo de apoyo a la
educación que se alimentaría de los ingresos provenientes de im-
puestos especiales sobre una serie de productos y servicios consi-
derados suntuarios, tales como alcohol, tabaco, loterías y vehículos de
lujo; los recursos así obtenidos se orientarían, por ejemplo, a la cons-
trucción y mejora de aulas escolares, a la compra y distribución de
textos escolares, equipo audiovisual, computadoras y otras recursos
de aprendizaje, y a subvencionar a los alumnos más vulnerables del
sistema educativo.
Otra forma de lograr mayores ingresos para la educación es cobrando
de manera específica por ciertos servicios educativos. Por ejemplo, es
claro que la educación superior tiene un costo per cápita muy superior
al de la educación primaria o secundaria; en el caso de algunos carre-
ras como las diversas ramas de la medicina y las ciencias exactas, los
costos son todavía más altos. Las subvenciones estatales a las uni-
versidades públicas son relativamente generosas, al grado de que las
matrículas y cuotas que se cobran son irrisorias, aparte de que un
buen número de estudiantes provienen de sectores de clase media
que tienen cierta capacidad de pago36.
36
En Honduras, por ejemplo, las instituciones públicas de educación superior
recibieron en 1996 casi la cuarta parte de todo el gasto estatal en educación,
aunque la población que atendieron en ese momento no equivalía sino al
4.4% de la matrícula en primaria y secundaria. Knut Walter, “Algunas aprecia-
ciones sobre la educación superior en Honduras” (Tegucigalpa: 1999); y Hon-
duras, Secretaría de Educación, Educación y desarrollo. Estudio sectorial-plan
decenal, pp. 65, 91, 98 y 104. Asimismo, la Universidad de Panamá cubre sus
gastos de operación en un 94% con subsidios del estado, mientras que la
matrícula estudiantil representa solamente el 3% de sus ingresos. Planells,
Juan, “Aproximación a un análisis de costo-eficiencia al nivel universitario,” p.
10. Caso muy distinto es el del University College of Belize, que sufraga el
70% de sus gastos de operación mediante el cobro de matrícula y otros ingre-
sos propios, mientras que el presupuesto estatal destina solamente el 8% del
gasto en educación para el nivel superior. Belice, Ministry of Education and
Sports, Transforming Education in Belize for the 21st Century, pp. 10-11.
40
b. Gastar mejor
Una segunda medida que puede tomarse – incluso, es políticamente
necesaria si se aumentan los impuestos – es reorientar el uso de los
recursos financieros que tienen a su disposición actualmente los
sistemas educativos. En el caso de los ministerios de educación, esto
significa reducir al mínimo necesario el personal que desempeña
funciones administrativas e incrementar al máximo el personal que
labora en la docencia o que da apoyo directo a la labor docente.
Es mucho lo que puede hacerse en este aspecto. Algunos ministerios
de educación tienen en planilla actualmente cantidades inusuales de
personal que no desempeña labor docente o siquiera de apoyo. En el
caso de Guatemala, de un total de aproximadamente 75.000 emplea-
dos en el Ministerio de Educación en 1996, solamente 41.000 desem-
peñaban funciones docentes; es decir, por cada maestro había casi un
empleado administrativo37. En el caso de El Salvador, en 1993 había
8.469 empleados en el nivel técnico-administrativo y 26.653 maestros
en los niveles de básica y media, lo que significa que por cada tres
maestros había un empleado de nivel técnico-administrativo38. En
Honduras, la situación era ligeramente mejor, pues de los 44.894
empleados de la Secretaría de Educación en 1996, el 19.8% cumplía
funciones técnicas y de apoyo, es decir, un técnico-administrativo por
cada cuatro maestros39. En Costa Rica, en cambio, en todo el sistema
educativo, público y privado, desde el primer grado hasta el bachille-
rato, había 35.680 docentes y apenas 6.647 técnicos y administrativos
en 1998, lo cual supone una proporción de un poco menos de seis
maestros por cada técnico-administrativo40.
Lo cierto es que los ministerios de educación de Centroamérica, como
tantas otras oficinas del estado, gastan una proporción inusual de su
37
Fuentes, Juan Alberto, coordinador, Guatemala: los contrastes del desarrollo
humano, p. 27.
38
Reimers, Fernando, La educación en El Salvado r de cara al siglo XXI. Desa-
fíos y oportunidades, pp. 582-584.
39
Honduras, Secretaría de Educación, Educación y desarrollo. Estudio sectorial-
plan decenal (Tegucigalpa: noviembre de 1997), pp. 91-94, 97 y 134.
40
Costa Rica, Ministerio de Educación Pública, Departamento de Estadística,
Estadísticas del sistema educativo costarricense, 1987-1998 (San José: octu-
bre de 1998), pp. 39-40.
41
presupuesto en salarios – la mayor parte salarios bajos –, lo cual deja
muy pocos recursos para inversión en planta física e insumos.
c. Reasignar partidas
Una forma relativamente sencilla de fortalecer el gasto en educación
es quitándole recursos a otras ramas del gobierno. Claro, esto tiene
sus costos políticos, pero si la educación es de importancia
estratégica, entonces podría ser el equivalente en tiempos de paz de
lo que fue el gasto militar en tiempos de guerra; es decir, el resto del
gasto fiscal estaría supeditado en gran medida al esfuerzo que se
hace en educación.
42
4.2. Una educación de calidad es difícil
Cuando se afirma que una educación de calidad es difícil, lo que se
quiere decir es que requiere esfuerzos mayores – mucho mayores –
que los que se hacen actualmente. En su formulación más sencilla,
esto significa que el tiempo dedicado al aprendizaje tiene que incre-
mentarse, en términos de horas, días, meses y años.
Incrementar el esfuerzo dedicado a la educación significa, en parte,
revertir la tendencia de los últimos cincuenta años, la cual ha sido de
aumentar la cobertura sacrificando la calidad mediante los dobles y
triples turnos en las escuelas públicas, la reducción de las jornadas
escolares y el establecimiento de currículos inflexibles y cerrados.
Como resultado, los alumnos reciben menos horas de clase durante
menos días al año y los contenidos son, con frecuencia, poco estimu-
lantes o pertinentes.
Como será muy difícil que a corto plazo aumente el tiempo que los
alumnos pasan en la escuela debido, tanto a los dobles turnos como a
las obligaciones que tantos tienen en sus hogares o trabajos al salir de
la escuela, es imprescindible que se aumente el trabajo ex-aula que
deben realizar los alumnos. Para esto será necesario incrementar la
disponibilidad de materiales de estudio (libros de texto, cuadernos de
ejercicios) y ajustar los currículos para que contemplen la realización
de tareas.
43
ciudadanos, y el privado, que funciona gracias a las cuotas que pagan
los padres y responsables de los alumnos allí inscritos. Si se
comparan escuelas públicas y privadas, es casi seguro que la calidad
en las segundas sea marcadamente superior, sencillamente porque
los alumnos aprenden en entornos mejor equipados, con maestros
mejor capacitados y estimulados, y con padres que generalmente les
proporcionan mayor apoyo para que rindan en los estudios.
44
En la práctica esto significa mejorar los ambientes físicos de las es-
cuelas mediante una inversión en construcción y arreglo de escuelas
que sean pedagógicamente adecuadas. Muchas veces los entornos
físicos de las escuelas públicas son un serio obstáculo para los apren-
dizajes: aulas hacinadas, problemas de acústica y edificios inseguros y
mal ubicados. Con frecuencia, especialmente en los centros urbanos,
los mismos locales de las escuelas son viviendas o edificios alquilados
que no reúnen las condiciones mínimas para fungir como tales.
También significa dotar a los maestros y alumnos con los materiales
necesarios para desarrollar los contenidos que manda el currículo.
Que esto se haga de manera descentralizada, como dictan los
postulados modernos, o desde una oficina regional o central, es
indiferente cuando lo importante es que se haga. Para ciertos tipos de
insumos, como los textos escolares, tiene sentido que la decisión de
compra o producción emane de una instancia centralizada porque se
busca bajar los costos por unidad con pedidos grandes41. Pero ciertos
tipos de insumos pueden conseguirse con más agilidad en plaza, por
lo que las escuelas deben contar con fondos propios para tal fin.
El objetivo último será contar con escuelas que sean tan atractivas
para niños y jóvenes que su misma condición física servirá de estí-
mulo para asistir a clases. De nuevo, el caso de Costa Rica puede
servir como norma: casi un 85% de las escuelas (públicas y privadas)
y un 95% de los colegios tienen luz eléctrica, mientras que menos del
7% de las aulas de las escuelas y colegios públicos se clasificaron
41
La producción de textos escolares de primaria en El Salvador, por ejemplo, se
hizo a partir de contratos voluminosos: casi cuatro millones de libros de las
cuatro asignaturas básicas. Y aunque la erogación inicial resultó fuerte, el
costo por día de uso de un texto es muy bajo. Un ejemplar del texto de estu-
dios sociales de primer grado costó US$1.90 en 1995, lo que equivale a me-
nos de US$0.01 diarios durante un año escolar de 196 días; si el texto se
usara durante tres años corridos, tal como estaba previsto, el costo por uso
diario bajaría aún más. El Salvador, Ministerio de Educación, “Política nacional
de libros de texto gratuitos de El Salvador” (San Salvador: junio de 1996), p. 5
y cálculos propios del autor.
45
como en “mal estado” en 1998. En Honduras, por el contrario, sola-
mente el 16.3% de las escuelas tienen luz eléctrica42.
42
Costa Rica, Ministerio de Educación Pública, División de Planeamiento y
Desarrollo Educativo, “Infraestructura en el sistema educativo costarricense,
1998” (San José: enero de 1999), pp. 1-7; y Honduras, Secretaría de Educa-
ción, Educación y desarrollo. Estudio sectorial-plan decenal (Tegucigalpa: no-
viembre de 1997), p. 121.
43
Para evitar que este bono por asistencia se convierta en un estímulo a la
natalidad, podrían fijarse límites al número de hijos por familia así subsidiados.
También habría que diseñar los mecanismos que garanticen que la niña o el
niño no tenga que trabajar – o trabajar poco – antes o después de la jornada
escolar.
46
Se entiende que un sistema de subsidios puede ser un dolor de ca-
beza logístico. También convierte al estado – en cualquiera de sus
manifestaciones: local, regional, nacional – en un actor redistributivo, lo
cual no concuerda con los paradigmas neoliberales del momento.
Sin embargo, si el problema económico asociado con la inasistencia o
deserción escolar no se resuelve, muchos niños seguirán fuera del
sistema escolar hasta que las condiciones económicas del país hayan
experimentado una mejora sensible, lo cual puede tomar mucho
tiempo.
44
Entre maestros es muy común escuchar referencias a “ellos” cuando hablan
de las autoridades o las oficinas centrales de los ministerios de educación,
dando así la impresión de que no son parte íntegra del esfuerzo educativo,
sino simples empleados de una empresa estatal cuya única preocupación
frente a los “patronos” es el aumento salarial. Este distanciamiento también
puede generar actitudes de indiferencia ante los resultados educativos si los
47
se hicieron presentes, el magisterio, en muchos casos politizado y
organizado, tuvo que aguantar las persecusiones y el cierre de
muchas escuelas. Volver a la “normalidad” no ha sido fácil para los
maestros.
Por último, los sistemas de formación de los maestros están sufriendo
cambios importantes que contribuyen a hacer más compleja la compo-
sición del magisterio y problematizan las relaciones entre los mismos
maestros. De un cuerpo egresado en su mayoría de las escuelas
normales, ahora contiene también a individuos egresados de universi-
dades (con “profesorados” o licenciaturas) y los hay incluso con títulos
de posgrado.
Las diferencias en los tipos y niveles de formación de maestros son
más que evidentes entre países. Costa Rica elevó sus escuelas nor-
males al rango de instituciones de educación superior a fines de la
década de 1930; hoy por hoy, en Costa Rica el 83.7% de todos los
maestros del sistema de educación, público y privado, son titulados
universitarios45. En Panamá, el 78.1% de los maestros del nivel medio
tienen título universitario, mientras que el 49.8% de los maestros de
primaria de Belice son titulados46. Por otro lado, Guatemala sigue
manteniendo una extensa red de escuelas normales pero también se
inclina hacia una formación a nivel superior para los maestros a futuro,
tal como lo ha hecho El Salvador, donde ahora todos los maestros se
forman en universidades, y Honduras, donde funciona una universidad
pedagógica.
Independientemente de los niveles o las instituciones en las cuales se
forman las nuevas generaciones de maestros, lo importante es que los
maestros no se sienten identificados con sus alumnos. Por otra parte, es cierto
que el magisterio es al que menos se ha tomado en cuenta al momento de di-
señar y poner en marcha las reformas educativas.
45
Costa Rica, Ministerio de Educación Pública, Departamento de Estadística,
“Personal total que labora en instituciones de educación regular, 1998” (San
José: octubre de 1998), p. 12.
46
República de Panamá, Ministerio de Educación, Memoria 1997 (Panamá:
1998), p. 28; y Belice, Ministry of Education and Sports, Transforming Educa-
tion in Belize for the 21st Century, p. 7.
48
niveles de calidad de los egresados estén dentro de los límites acep-
tables. También es muy importante que la formación de maestros
guarde alguna relación con la demanda real de plazas docentes. En
Honduras, las normales graduaron a un promedio de 2.644 maestros
por año entre 1991 a 1995, pero el estado solamente creó alrededor
de 500 plazas docentes nuevas por año47. Muchos que se formaron
para trabajar como maestros, por lo tanto, han tenido que dedicarse a
otras labores.
47
Honduras, Secretaría de Educación, Educación y desarrollo. Estudio sectorial-
plan decenal, pp. 100-101.
49
5. Conclusiones
El panorama de la educación en Centroamérica es complejo y, a
veces, contradictorio. Los discursos y las propuestas son ambiciosos y
alentadores. Pero las realizaciones se quedan cortas por múltiples
razones, tantas como los mismos problemas que se detectan en los
sistemas educativos.
50
decir, que el aula se preste a una mayor participación e interacción
entre los educandos, que exista suficiente espacio para que los alum-
nos no estén hacinados, que haya suficiente luz y ventilación, y otras
por el estilo. Debe también tomarse en cuenta que un aula atractiva es
un imán para la asistencia al centro educativo. En la práctica, esto
significa que los ministerios de educación deben retomar el control del
diseño y construcción de las edificaciones escolares, que en la mayo-
ría de países centroamericanos ha sido trasladado a los fondos de
compensación social creados como parte de los programas de ajuste
estructural. También significa abolir, tan rápido como sea posible, la
costumbre de alquilar locales para instalar escuelas, muchos de los
cuales son absolutamente inapropiados para la labor educativa.
51
con sus dictados y el desarrollo de las capacidades básicas de lectura
y manejo de números seguirá siendo deficiente.
48
República de Costa Rica, Ministerio de Educación Pública, “Proyecto para la
creación de un centro de información electrónica ‘kiosko de información’”(San
José: enero de 1995).
52
un programa de formación continua que lleve finalmente a la obtención
de un título universitario49.
49
Ver, por ejemplo, la experiencia de la República Dominicana descrita por el Dr.
John Helwig en CECC, Taller regional de formación inicial de docentes de
educación primaria o básica, pp. 45-49.
50
Ver Proyecto Conectándonos al Futuro de El Salvador, “Estrategia para la
creación de una sociedad de aprendizaje en El Salvador” (San Salvador: abril
de 1999) y [Link]
51
Según Jeffrey Puryear, “los maestros se han convertido en uno de los
principales obstáculos para mejorar la educación en América Latina” en tanto
los sindicatos magisteriales se interesan principalmente en garantizar la esta-
bilidad laboral de sus afiliados. Ver su escrito “La educación en América La-
tina: problemas y desafíos”(1996), p. 14.
53
causan más daño que bien a sus alumnos al aplicar métodos
verticales y arbitrarios de enseñanza. El sentido común aconsejaría
que éstos deben ser removidos de sus cargos.
54
neración para maestros y directores así como para tomar las medidas
correctivas en el caso de las escuelas más deficientes52. Algunos
países centroamericanos ya han comenzado a experimentar con esta
modalidad de manera selectiva, la cual debe extenderse a todos los
niveles lo antes posible.
52
PREAL, “Mañana es muy tarde. Informe de la Comisión Centroamericana, de
Panamá y República Dominicana sobre la Reforma Educativa”(1 de diciembre
de 1999), p. 30.
53
Un país dispuesto a reconocer el problema que representa el éxito educativo
es Belice cuando afirma que el 40% de los que tienen las calificaciones para
pasar de la primaria a la secundaria no pueden hacerlo por falta de cupos.
Government of Belize, Ministry of Education and Sports, Education Sector
Strategy Working Group, Transforming Education in Belize for the 21st Cen-
tury, p. 14.
55
hasta completar el noveno grado. En el caso de Guatemala el
incremento sería mucho más dramático: casi un 60%.
56
istmo, muchas de ellas de calidad indudablemente deficiente, no es
más que el reflejo de una demanda creciente generada por la expan-
sión del nivel de la educación primaria. Como es casi seguro que se
mantendrá el actual énfasis de gasto en la educación primaria, tam-
bién seguirá creciendo la demanda para estudios de secundaria y
universitarios.
54
Puryear, “La educación en América Latina: problemas y desafíos,”p. 15.
58
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61
62
Centroamérica 2020
Antecedentes
Durante la década de los 90 América Central vivió procesos de pro-
fundos cambios en el escenario político, instaurándose gobiernos
democráticos en todos los países de la región. Sin embargo, estos
cambios políticos no han ido acompañados suficientemente de trans-
formaciones económicas y sociales paralelas, por lo que Centro-
américa continúa siendo la región más pobre del continente. Al mismo
tiempo, los conflictos armados de la década anterior han causado un
mayor atraso de la región en cuanto a su desarrollo social (educación,
salud y esperanza de vida de su población).
63
Esta definición del desarrollo tiene una base sólida y fue elaborada
antes de que el Huracán Mitch cayera en octubre-noviembre de 1998
sobre la región con efectos desvasatadores. No es que la definición
ahora carezca de relevancia, pero Mitch ha servido para recordarnos
la vulnerabilidad de la región frente a los desastres naturales y la poca
capacidad que tiene el Estado para responder de manera efectiva. En
este contexto, la sostenibilidad adquiere un significado especial en
Centroamérica: los desastres naturales son inevitables, pero no deben
ser empeorados por la acción humana, ni sus consecuencias agrava-
das por la incapacidad o incompetencia del Estado y sus instituciones.
El proyecto Centroamérica 2020 tiene como uno de sus objetivos
principales el contribuir al proceso de integración regional de los
países centroamericanos, realizando un balance de los resultados
obtenidos hasta el presente y estudiando las dificultades actuales y
aquellas que previsiblemente pudieran surgir a mediano plazo en el
ámbito político-institucional.
Los objetivos particulares son:
64
Los resultados del proyecto serán presentados en una gran conferen-
cia internacional en Centroamérica a mediados de 2000, así como en
seminarios en Washington D.C. y Bruselas. También serán distribuidos
en una serie de documentos de trabajo, monografías y libros
publicados en inglés y español, accesibles también a través de Inter-
net: versión en español y alemán ([Link]
[Link]/IIK/za2020), versión en inglés ([Link]
Comité Ejecutivo:
Coordinación:
KLAUS BODEMER, Instituto de Estudios Iberoamericanos (Hamburgo)
EDUARDO GAMARRA, Centro para Latinoamérica y el Caribe de la
Universidad Internacional de Florida (Miami)
Dirección Académica:
SABINE KURTENBACH, Instituto de Estudios Iberoamericanos
(Hamburgo)
MICHAEL SHIFTER, Diálogo Interamericano (Washington D.C.)
Consultores Principales:
VICTOR BULMER-THOMAS, Instituto de Estudios Latinoamericanos,
Universidad de Londres
DOUGLAS KINCAID, Centro para Latinoamérica y el Caribe de la
Universidad Internacional de Florida (Miami)
Expertos Centroamericanos:
FERNANDO DURÁN, Fundación Arias (Costa Rica)
CARLOS ROSALES, Secretario de Comunicación (El Salvador)
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CA 2020: Documentos de trabajo
# 1: PABLO RODAS-MARTINI: Centroamérica: Para afrontar con éxito
la globalización del siglo XXI
ISBN 3-926446-73-0
# 2: CLARENCE ZUVEKAS, JR.: The Dynamics of Sectoral Growth in
Central America: Recent Trends and Prospects for 2020
ISBN 3-926446-74-9
# 3: LUIS GUILLERMO SOLÍS RIVERA: Centroamérica 2020: La
integración regional y los desafíos de sus relaciones externas
ISBN 3-926446-72-2
66