LIBRO III
111
En general, los hombres juzgan más por los ojos que por la
inteligencia, pues todos pueden ver, pero pocos comprenden lo que
ven.
— MAQUIAVELO.
.
.
La familia Min, era una familia complicada.
Su padre, Min Suga, oculto para su seudónimo, había sido un asesino y
aliado de la mafia que, gracias a su gran astucia, inteligencia y estrategia
en negocios, logró escalar rápidamente, comenzando un imperio
impresionante de una red peligrosa de comercialización de droga, trata
de blanca, armas y más.
Vivió en Francia un tiempo y poco después, se mudó a Italia. Solitario,
huyendo de su pasado y el dolor, llegó a conocer entre toda la marea a
una bella modelo italiana que fingió amar. La realidad, todo era por
conveniencia pura, pero la pobre mujer en ese entonces no lo sabía y su
"amor", dio fruto a los dos primeros hijos de ese matrimonio.
Min Seokjin y Min Namjoon.
Eran muy diferentes el uno del otro. Namjoon tenía el carácter de la
madre: suave, volátil, perdido en sueños, pasiones, fantaseando vivo. Se
interesaba mucho por la moda, el arte, la psicología, la cultura, los
idiomas y los viajes. Era un niño torpe, cálido, social, divertido, con un
rostro lleno de compasión. Tenía aquella sensibilidad de su madre y
amor por las artes, la multitud, el carisma suficiente para tener a mucha
gente. Era inteligente, sí, un niño que sacaba buenas notas y jugaba
mucho afuera.
Era todo lo contrario al hermano mayor, Min Seokjin. Por completo.
Seokjin no era un alma solitaria, pero había adquirido absolutamente
toda la personalidad del padre, un niño serio, reflexivo, interesado en los
negocios, en la violencia, sin muchas ganas de hacer amigos, pero más
bien en ver a su padre afilando armas o discutiendo con su gente. Era un
muchacho de una belleza realmente magnífica, que atraía la mirada de
todos con aquella mirada dominante, fría, carente de expresión. Seokjin
era brillante por naturaleza, con una inteligencia que iba más allá de y
por esa cabeza enorme que tenía, es que le falta corazón. Mucho, mucho
corazón.
Si bien la madre conocía la vida peligrosa de su esposo, no le prestaba
mucha atención. Desde el nacimiento de los hijos hubo una ruptura
familiar donde los esposos casi no se veían y llevaban a un hijo a todas
partes. Namjoon aprendió de clase, moda, pose a la cámara, carisma,
actuación, belleza y estética. Seokjin aprendió a cómo disparar, cómo
matar a alguien, cómo robar, estafar, lavado de dinero y manipulación
humana.
Desde jóvenes ambos chicos tenían sus personalidades bien definidas.
Seokjin golpeaba mucho a Namjoon exasperado de la inocencia y
torpeza del menor, odiaba a su madre tan superficial y llena de amantes
que fingía amarlo cuando en el fondo, sabía que le tenía un odio terrible
por ser el "junior" de su padre; el pequeño monstruo. Namjoon era el
nene de mami, el que recibía todos los besos, todo el afecto y el amor
maternal, ni una gota hubo para él y así creció.
Una navidad, cuando Seokjin tenía doce años y Namjoon diez, Suga y su
esposa tuvieron una pelea brutal cuando la fémina se enteró que su
marido tenía dos hijos más fuera del matrimonio. Decir que enloqueció
fue poco y loca de rabia, botó el champán, tiró la comida y causó una
furia incontrolable en su esposo quien le disparó. Namjoon se encontró
rápidamente en lágrimas suplicando por ayuda y Seokjin, con una
sonrisa morbosa y totalmente fuera de sí, cogió el cuchillo del pavo y
terminó de asesinar a su madre.
El escándalo que se formó impulsó a Suga a huir a Francia con sus dos
hijos bajo identidades falsas, formando una vida nueva y esquivando
periodistas que hurgaron hasta debajo de las coladeras para sacar
información. Suga se volvió un misterio, fue escándalo tras escándalo,
nota tras nota, rumor tras rumor, todo para al final decir que Suga había
muerto y la atención se desvió. Seokjin y Namjoon crecieron entonces
con su padre, solos, aprendiendo de la mafia, de la muerte y de la
sangre. Cada uno tuvo su rol y si bien Namjoon se resistió a aquella vida,
al final terminó accediendo a la mala.
Nam se encargó de hacer los tratos, los negocios, todo ese carisma que
tenía la madre y confianza ayudó a que hicieran alianzas, a expandirse,
entre otras. Seokjin se encargaba de acabar con los enemigos, crear
estrategias y llevar el orden, el trabajo entre las sombras. Cuando toda la
marea se calmó, cuando los hermanos ya eran mayores de edad,
regresaron a Italia. Allí se quedaron. Viajaban a veces a Francia, pero se
instalaron oficialmente en Italia como antes.
Suga desde entonces desapareció y el único que guardó contacto con él,
fue Seokjin. El hermano mayor tomó el mando, contactándose con su
padre entre las sombras sin saber más de él. Namjoon se convirtió en la
mano derecha y juntos, lideraron el famoso grupo L, la mafia italiana-
francesa que se había expandido ya por toda Europa y comenzaba a
hacerlo en Asia. Todo parecía ir bien hasta que, debido a ciertos
acontecimientos, comenzó a haber ruido en Oriente y entre notas
escandalosas, Europa se sacudió cuando un nombre salió a la luz.
Min Yoongi. El tercer hijo de Min Suga... o el bastardo como lo había
apodado Seokjin.
Oriente y Occidente se fue mezclando, Suga enloqueciendo después y
exigiendo a Yoongi de vuelta en Europa y a otra persona que no
entendían el porqué: Park Jimin, un niño que había sido un misterio y
podría decirse que no existía. Era un fantasma en el mundo, pero que
todos buscaban desesperados. Cuando los rumores de que el famoso
Suga seguía vivo y buscaba desesperado a Park Jimin salieron a la luz,
entonces ahí Occidente se volvió loco por tenerlo primero y así poder
crear tratos con la mafia más poderosa e importante del mundo.
Bueno, toda esa historia de traiciones en Estados Unidos ya se la saben.
Seokjin y Namjoon comenzaron a moverse, dando pequeños pasos
seguros hasta finalmente lograr tener a Yoongi, solo faltaba Jimin. No
contaban que este fuera tan escurridizo, pero significaba que al menos
había tenido un buen entrenamiento con Yoongi... también una extraña
relación que ignoraban bien cómo iba.
La familia Min fue dividida brutalmente, los dos hijos primeros unidos; los
dos últimos separados, con vidas diferentes e ignorando totalmente la
existencia del otro. ¿Qué era verdad, qué era mentira? Nada estaba
claro. Las aparentes verdades muchas veces eran solamente para
desviar la atención y ocultar lo verdaderamente importante. La única
realidad la sabía Suga. Nadie más.
La familia Min era complicada... muy complicada, llena de secretos, llena
de problemas. Las verdades nunca estaban totalmente claras y eso era
un enorme problema... pero se habían acostumbrado. Al final, esa fue la
lección principal, la lección maquiavélica con la cual el clan Min se movió
desde siempre:
El no intentar ganar por la fuerza lo que puede ser ganado con la
mentira.
YOONGI
El silencio de la sala es brutal. Un silencio tan tenso que escucho mi
propia respiración a la perfección como si fuese de algún ajeno. El
teléfono se encuentra destrozado a un lado mío, la botella de whisky
semi-vacía casi resbalando de mi zurda. Carcajadas secan brotan de mi
garganta a la par que bebo.
Es una mierda. Es una jodida y puta mierda todo esto.
Mi mente va rápido y pese a todo esto, no encuentro alguna forma de
librarme del problema. Repentinamente todas las rutas que tenía se
apagaron. Aquellos planes se fueron al caño en un parpadeo, todo el
fuego creciente se apagó por completo para dar paso a una triste
soledad y sentimiento maldito. Mi garganta se encuentra cerrada, tragar
me cuesta cada vez.
Mi mirada se mantiene en las cenizas del cigarro como si encontrara allí
las respuestas. Deseo repentinamente abrir los ojos y que esto solo haya
sido un jodido sueño, una pasada cruel. Mi mente en blanco es algo que
pocas veces sucede y en estos momentos, no me siento siquiera como
imbécil... es diferente. Me siento vacío. Me siento engañado.
Mi hermano. Mi jodido hermano.
Me niego a creerlo. Me niego a aceptar, ¡no puede ser posible, mierda!
No puede ser mi hermano, no puede ser mi sangre. Lo sabría, lo sentiría.
Todas esas veces que lo tomé, todas esas veces que lo toqué, todas
esas veces que lo volví mío una y otra vez jamás... mierda. No puede ser
posible. Lo habría sentido, habría señales, mi madre me hubiese dicho...
habría algo. Algo que pude tal vez haber pasado por alto, pero siguiera
sembrando dudas en mí. Y no, joder. Jimin y yo no nos parecemos un
carajo, ni la misma jodida oreja tenemos. ¿En qué momento?
— Mierda... — Susurro ronco y dejo la botella caer, escuchándola
hacerse trizas. Pellizco el puente de mi nariz y sigo callando,
tamborileando mis dedos en el reposabrazos del sofá. Siquiera tengo
ganas de romper todo ya, eso ya lo hice.
No siento nada. Siento únicamente un puto vacío de mierda y mi
garganta cerrada, un nudo en la boca de mi estómago que torna mi
saliva agria. Tratar de respirar es difícil sin que el aire sea inhalado entre
temblores, las venas de mis brazos se marcan y una fina capa de sudor
recorre mi nuca y cuello. No entiendo qué está sucediendo. No puedo
dejar esto así.
No. No puedo seguir así.
Me levanto del sofá y observo por la ventana el camino al bosque. Le doy
una mirada al entorno vacío y abandonado y recojo lo que acabo de usar
para botarlo lejos. Doy vueltas por toda la casa entre tropezones torpes,
tambaleándome de izquierda a derecha sin aguantar más. Me mojo la
cara, termino de golpear las paredes, intento calmarme y que la cordura
vuelva a mí. Lo que menos necesito es tener un ataque de rabia.
— Bien... — Me digo viéndome al espejo, notando mis ojeras que
comienzan a asomar. Alboroto mi cabello oscuro y veo con detenimiento
mis ojos grisáceos, negando repetidas veces y azotando la palma de mi
mano en el borde del lavabo. — No puedo seguir así... — Me repito
nuevamente viendo el suelo. Otra seca carcajada brota.
No tiene caso.
Bajo las escaleras nuevamente y tomo el teléfono con la esperanza que
siga vivo, y pese a estar destruido, sorpresivamente sí se prende. Lo
desbloqueo tratando de ver a través de la pantalla agrietada y después
de asegurarme que hay señal, lo guardo. Veo el auto afuera y mi mirada
recorre nuevamente el entorno. Parece que no necesito nada más.
Salgo de la casa hundiendo mis manos en los bolsillos de mi pantalón,
relamo mis labios y comienzo a caminar. Siento el dinero y el golpeteo de
las llaves, también mi teléfono. Todo sigue bien y en orden. Parece que
podré librarme de esta un poco más si la vida me lo permite. La atención
es importante, así que pese a estar solo, no dejo de ver a los costados
para conformar que efectivamente no hay nadie más. La bodega vuelve a
aparecer en mi campo de visión en cuestión de minutos y así es como
acelero el paso para acercarme más a esta.
La abro quitando el candado y el terrible hedor de la sangre y de
cadáveres infesta mis fosas nasales. Respiro poco para aguantar y
busco con mi mano el interruptor, volviendo a prender la luz. Veo a Jimin
aún tirado en su esquina dormido tal vez, Taehyung y Elliot casi
inmóviles y el cuerpo de Mingyu abierto todavía, los sesos y la sangre
desparramándose a al alrededor.
Ingreso y es ahí cuando el muñeco levanta la mirada, viéndome cansado,
adormilado, sin energía alguna. Avanzo lentamente hacia él, levanta su
mirada y me observa con ojos vacíos y una palidez preocupante.
— ¿Vienes a matarme finalmente? — Murmura con voz pesada y rota
seguramente debido a su llanto.
Lo veo serio y me limito a responder, únicamente sacando mi teléfono
para comenzar a marcar. Jimin me observa confundido y yo me llevo el
aparto a la oreja, avanzando a los otros dos que muevo para asegurarme
de que siguen vivos. Una vez hecho esto, no pasa mucho hasta que se
desconecta la otra línea:
— 911, ¿cuál es su emergencia?
— Hay un cadáver y heridos. — Digo viendo a Taehyung quien está muy
quieto. — Por favor, apúrense, hay mucha sangre y no sé si resistan
mucho más, huele mucho a gas.
— ¿Qué haces...? — Susurra Jimin a mi espalda, lo ignoro. Doy la
dirección y cuelgo al instante, sacando la tarjeta. —¿Y-Yoongi...?
Agarro rápidamente a Taehyung y a Elliot, arrastrándolos fuera con
rapidez. Saco también a Jimin aún esposado y lo boto al suelo,
ingresando de nuevo para coger la gasolina y echarla por toda la bodega.
Prendo un cerillo y lo boto, viendo la bodega arder en llamas. Jimin
suelta un quejido de dolor, yo únicamente lo tomo y lo hago correr.
— ¿QUÉ CREES QUE HACES?! — Me grita entre lágrimas. —
¡YOONGI, BASTA! ¡BASTA DE CORRER!
Hago caso omiso y lo subo a la camioneta en la que venimos, él se
queja, pero su estado es tan débil que no se defiende. Yo rápidamente
rodeo esta y subo, arrancando velozmente cuando comienzo a escuchar
las sirenas y el humo es visible en el cielo. Jimin únicamente calla y llora
entre hipeos.
— ¿M-me vas a decir qué sucede? — Pregunta en un hilo de voz débil.
Yo aprieto el volante y lo veo de reojo.
— Duerme. — Es lo único que le ordeno. — Duerme, Jimin. Vas a
necesitar fuerza dentro de unas horas.
Aunque tarda en hacerme caso, es minutos después que él vuelve a
rendirse después de llorar un poco más. Prendo la radio y aviento el
teléfono a mitad de la carretera, pasando saliva nuevamente con cierta
dificultad. No sé ya qué hago. Solo voy. No tengo muchos lugares dónde
quedarme, pero con el dinero que cargo es suficiente para aguantar el
día de mañana. No usaré la tarjeta por nada del mundo.
Acelero un poco más y le bajo a la música para no despertar a Jimin.
Esto se jodió particularmente rápido y yo aún no me compongo de la
noticia. Sinceramente, no creo hacerlo... y no sé si Jimin esté listo para
saberlo también. Quizá nunca lo esté.
.
JIMIN
El fuerte frenón que da la camioneta y me impulsa hacia adelante es lo
que me hace abrir los ojos nuevamente. Tallo mis ojos y veo a Yoongi
quien está bajando de la camioneta. Veo el entorno preocupado... no
tengo idea de dónde estoy.
Bajo la vista a mis manos y trato de zafarme de las esposas, más me es
imposible. Yoongi abre la puerta y me baja, llevándome como un niño
pequeño por la banqueta húmeda. Subimos las escaleras y veo que
introduce una llave en una puerta que empuja. Es un motel. No es difícil
de adivinar.
— Báñate. —Dice secamente sin verme. —Y Jimin... sé que te encanta
huir de mí, pero solo esta vez no lo hagas. — Finalmente su mirada
cruza con la mía. — Por favor.
Veo su expresión que es totalmente diferente. Paso saliva y no miento,
me preocupa en parte ese tono tan duro y tembloroso que usa, así que
verdaderamente prefiero obedecerlo y después ver qué pasa. Se acerca
a mí y me quita las esposas en el mismo silencio crudo, evitando mi
mirada y alejándose después. Se sienta en la pequeña mesa, frotando el
puente de su nariz.
Me alejo con cuidado y entro al pequeño baño, despojándome de mi
ropa. Una vez desnudo, me observo al espejo y me acerco a él. Recorro
con la yema de mis dedos mis heridas, aquellas cicatrices que nunca se
irán de mi cuerpo... todas aquellas caricias aún impregnadas en la
memoria de mi cuerpo, nunca dejándome libre. Me observo unos
momentos más y suspiro bajo, alejándome de nuevo para prender la
llave.
El agua sale tibia, pero es más que suficiente para mí. Me quito la mugre
del cuerpo, me froto con fuerza toda mi piel y me mantengo largos
minutos debajo del chorro de agua. Cierro mis ojos y suspiro con
cuidado, cerrando la llave una vez que me siento listo. Salgo y tomo una
toalla ahí que me enrollo en la cintura, ingresando nuevamente a la
habitación.
— ¿Yoongi...? — Llamo y apenas abro la boca, que él me extiende ropa.
— Oh... Gracias.
Él se limita a responder y veo que ya está cambiado también. Se da la
vuelta sin decir nada más y se queda cruzado de brazos viendo por la
ventana, yo comienzo a vestirme sin quitarle el ojo de encima. ¿Qué la
sucede? ¿Por qué está tan...? Joder, no sé explicarlo. ¿Distante? Pero
como nunca lo había sentido. No debería, pero...
— ¿Qué te pasa? — Suelto, muerdo mi lengua después. Estúpido, Jimin.
Estúpido, estúpido Jimin.
— No me pasa nada. — Contesta Yoongi sin verme.
— Deja de mentirme. — Contesto de vuelta casi al instante, Yoongi ríe.
— ¿Qué te pasa? — Avanzo con cuidado hacia él y tomo su brazo que
aparta rápidamente, viéndome serio. — Eso no es normal.
— No me pasa nada. — Repite con aquel mismo tono sombrío. — Solo
estoy cansado, no sé qué hacer. Tenemos que salir del país cuanto
antes, no confío en Anthony ni en nadie.
— ¿Tenemos? — Repito.
— Tenemos. — Me dice pasando a mi lado. —Tú debes irte a un país, el
que sea. Yo regresaré a Italia.
— ¿Antes hacías todo para estar juntos y ahora nos separamos de
nuevo? — Me cruzo de brazos y Yoongi se detiene. — ¿Después de todo
crees que podremos...?
— No podemos seguir juntos. — Me calla y me voltea a ver. El tono con
el que lo suelta me produce un escalofrío. — ¿Entiendes? Tampoco
puedo arriesgarme a que te encuentren, debes cambiar tu identidad,
debes huir tan rápido como puedas.
— ¿Y luego me dices que no pasa nada? — Siento la molestia creciendo
y me acerco a grandes pasos. — Tú no puedes dejarme.
— Tengo que hacerlo, esta vez ya no por lastimarte. Es por tu bien. —
Me dice y yo suelto una carcajada. — Jimin, esto es serio.
— Claro. Solo es otra de tus malditas pruebas para que vaya corriendo
detrás tuyo como un arrastrado, ¿no? — Sonrío. — Adelante.
— No es eso. — Dice tomándome fuerte del brazo, yo hago una pequeña
mueca. — Van a matarte. — Mi sonrisa se esfuma. — No podemos
desaparecer juntos, fingirás tu muerte y huirás, Jimin. ¿Entiendes eso?
Hablé con Seokjin, ellos quieren matarte y ofrecer tu maldita cabeza.
— ¿Qué? — Siento el frío nuevamente instalarse en mi cuerpo.
— Me ofrecieron un trato para que te entregue, pero por mucho dinero
que fuese, no te puedo entregar, así como así, ¿entiendes? Debes irte
cuanto antes, yo me haré responsable de lo demás. — Me muestra su
teléfono. — Solo necesito recuperar mis contactos para que te vayas tan
rápido como puedas.
— Pero... — Comienzo y él niega.
— No hables. — Vuelve a interrumpirme. — Solo escúchame. No te
quiero muerto, ¿bien? Quiero que sigas con vida y tal vez, si logro
escurrirme de la mafia, te busque. Tú y yo sabemos cómo encontrarnos,
Jimin.
Me mantengo aún en silencio, bajo mí mirada a lo que él vuelve a
tomarla entre sus manos y me ve fijo a los ojos.
— No dejaré que nadie te tenga, ni siquiera mi familia. Me voy a
deshacer de ti por tu bien también, pero debes confiar en mí a partir de
ahora. — Me ve de forma intensa. — No estaremos más separados
como fueron los últimos meses, yendo y viniendo, cruzando caminos de
cuándo en cuándo. Se acabó eso.
— ¿Entonces, Yoongi? — Mis ojos siguen fijos en los de él y mis manos
van a dar las suyas. — ¿Qué vamos a hacer?
— Estaremos juntos, completamente juntos hasta que te toque separarte
de mí. — Acaricio mi mejilla y yo siento un pinchazo duro en mi pecho. —
Pero para eso aún falta un rato, debo buscar contactos y para eso
debemos movernos bajo identidades falsas. Somos tú y yo contra el
mundo, muñeco.
— Tú y yo contra el mundo... — Repito y ladeo un poco mi sonrisa. — No
suena tan mal.
— No. — Me suelta y se separa unos breves momentos. — Hoy
estaremos aquí, me pondré en contacto con viejos amigos míos que
pueden ayudarnos, pero debemos movernos de un lado a otro hasta que
nos pierdan rastro. Iremos planificando tu muerte y desaparecerás del
mapa, ¿bien? Ese será el plan
— ¿Entonces ya no me vas a dejar en este lapso? — Pregunto de nuevo
alzando una ceja divertido.
— No, muñeco. Estaremos un buen rato pegados tú y yo, viviremos
juntos, viajaremos juntos... — Me toma de la cintura y me pega a él. — Y
cuando estemos listos, que te suelte, yo iré por ti cuando desaparezca
también.
— Confío en eso y me gusta el plan. No nos queda de otra, ¿cierto? —
Pregunto y él niega. Yo suspiro nuevamente y paso mis brazos por
detrás de su nuca para besar su barbilla. — Por mucho odio que te
tenga, admito que serpa una experiencia divertida.
— Recordaremos lo que estar juntos, aunque nos pisen los talones. —
Esboza una sonrisa mezquina — Y nadie me va a impedir seguir
teniéndote. Ni las mafias, ni la sangre.
— ¿La sangre? — Repito arqueando mi ceja de nuevo y él sonríe. — Eso
fue tétrico.
— Nada me va a impedir seguir teniéndote — Repite en mi oído,
pegando sus labios a mi oreja. — Eres mío, siempre serás mío.
— Lo soy. — Le digo y volteo a verlo, quedando nuestros rostros cerca.
— Aunque aún sigo enfadado por lo que hiciste allá en la bodega. Eres
un imbécil.
— Te daré el permiso de castigarme un día por ello, pero no me digas
que lo tenían merecido también.
— Bueno, sí... pero... — Me corto cuando Yoongi alza ambas cejas. —
Pero a Taehyung no tenías porqué tratarlo con tanta crueldad.
— Hm, te sorprenderías de lo que puede aguantar. — Acaricia mi labio
inferior. — Ahora sí, muñeco. Descansa lo que puedas que partimos en
la tarde o apenas tenga el contacto nuevamente. La última aventura
empieza aquí.
— La última. — Repito con cuidado y él asiente. — Vamos a vivirla
entonces al máximo.
— Justamente así, muñeco... al máximo vamos a vivirla.
Le sonrío perdido nuevamente y dejo que él atrape mis labios entre los
suyos, robándome un corto beso, pero que es más que suficiente para
devolverme bocanadas de oxígeno y de vida. Tiro de sus oscuras hebras
y cuando estoy dispuesto a seguirlo besando, él se separa.
— Por cierto... — Me ve con el ceño fruncido. — Por muy lindo que te
quede el negro, exijo a mi rubio de vuelta. Te da un toque muy angelical.
— Lo tendrás. — Río suave sobre sus labios. — Volveré al rubio en el
camino.
Él asiente y me pellizca la cintura con una sonrisa. Lo veo alejarse con su
teléfono y solo me queda suspirar de forma larga. La última aventura
acaba de empezar y se vivirá al máximo, de eso no me cabe duda
alguna. +
112
JIMIN
Dos días transcurren y después, Yoongi y yo abandonamos el motel
donde nos alojamos. Pudimos sacar identidades falsas y armar planes,
prevenir por cualquier cosa algo que pudiese suceder. La comida es
escasa, pero estamos pensando en tantas cosas, que realmente llenar
nuestro estómago es lo último en lo que pensamos.
El estrés parece que nos va consumiendo, aunque sabemos llevarlo. Al
menos, los primeros días siempre es difícil. Parece que estamos
destinados a huir toda la vida sin poder descansar, ¿es nuestro karma?
Tal vez. No sé bien aún por qué pasó todo esto o en qué momento
terminamos enredados en toda esta mierda, pero solamente espero que
finalice pronto. Al menos... lo más pronto posible.
Cambiamos de camioneta y borramos todos nuestros pasos. Yoongi es
algo paranoico respecto a ello, pero lo entiendo. Avanzamos por
carreteras en silencio durante horas, yendo hacia la nada y a veces
durmiendo en medio de la nada, siguiendo a la mañana siguiente para
cruzar de punta a punta estados unidos; nos escabullimos tan bien como
podemos.
Los primeros días fueron difíciles, pero poco a poco empezamos a coger
cierta estabilidad y al final, decidimos un punto donde estar al menos
unas semanas en lo que Yoongi consigue dinero para irnos a otro país:
San Antonio, Texas.
— ¿Ya sabes dónde vamos a quedarnos? —Pregunto viendo las
construcciones coloniales, el viento es ligeramente fresco.
— No. — Es lo único que contesta Yoongi golpeando suavemente sus
dedos contra el volante y alzando más su barbilla. Empuja su lengua
contra el interior de su mejilla y sigue conduciendo viendo a veces hacia
su izquierda. — En un lugar lo más barato posible, ¿tienes hambre?
— No mucha. — Niego yo ahora y me acurruca en el asiento,
bostezando un poco. Mis ojos amenazan con cerrarse con el pasar de los
minutos, pero Yoongi no tarda en estacionarse nuevamente provocando
que abra los ojos de nuevo; estamos afuera de un hotel pequeño pero
que se ve agradable. — ¿Hm?
— Aquí. — Yoongi guarda su teléfono y baja haciéndome una seña. —
Andando.
Bajo también y rasco suavemente mi nuca. Apenas me volví a teñir de
rubio y es ligeramente extraño volverme a ver después de haberme
acostumbrado al negro, pero supongo que a veces así pasa. Sigo a
Yoongi hasta el interior del hotel y le ayudo pagando una parte,
avanzando después con él por unas escaleras angostas. Subimos tres
pisos antes de dar vuelta a la derecha y seguir por un pasillo corto hasta
la segunda puerta, entrando en la habitación correspondiente.
—No está mal. — Yoongi deja una maleta junto a la pared, viendo la
cama matrimonial y el pequeño baño al lado. — Sobreviviremos.
— Lo haremos. —Digo ahora yo dejándome caer sobre la acolchada
cama. — Estoy cansado...
— Estaremos acá un rato, así que acomódate bien. — Yoongi pasa y me
da una fuerte nalgada que me hace soltar un chillido, él ríe y yo abulto
mis labios meneando mi culo.
—Malo. — Canturreo apoyando mi mejilla derecha contra el colchón y
viéndolo sonriente. Él me ve desde el baño con una sonrisa y abre el
grifo comenzando a lavarse las manos.
— Me meteré a bañar. — Avisa sacudiendo su oscuro cabello con su
zurda, se ve al espejo y retira su camisa sacándola sobre su cabeza. —
Tú descansa un rato.
Mis ojos lo examinan unos momentos con su torso desnudo y cierra la
puerta bloqueando más de su espectáculo. Muerdo mis labios y me
levanto, quitándome la ropa también y dejando únicamente una camisa
negra que uso como abrigo debido a que la he agrandado de tanto
estirarla. Avanzo hasta el cuarto de baño y abro con cuidado, viendo a
Yoongi sentado en el borde de la bañera con su teléfono.
Levanta la mirada y baja de nuevo esta viendo mis piernas, subiendo
lento hasta que sus ojos se encuentran con los míos. Alza su ceja
izquierda con una sonrisa que me provoca pequeños infartos y yo al
instante me relamo, acercándome hasta él e inclinándome para capturar
sus labios con los míos.
Él gruñe ronco, yo succiono su lengua y comienzo a besarlo con mayor
intensidad. Mi lengua recorre su cavidad bucal con cierta necesidad,
pegándolo más a mi boca y llevando una mano a su entrepierna; firmo mi
sentencia de muerte cuando doy un apretón. Yoongi se tensa y se
levanta, yéndome a estampar contra el lavabo, suelto un quejido de dolor
y tiro mi cabeza hacia atrás cuando su lengua se pasea por toda la
extensión de mi cuello y hombro izquierdo.
— ¿Por qué carajos haces esto cuando ya sabes lo que va a pasar? —
Pregunta sobre mi oreja con una sonrisa que inclusive siento. Muerdo
mis labios y jadeo cuando tira de mi cabello nuevamente. — Contesta.
Me niego y me zafo de su agarre poniéndome de rodillas, él ladea su
cabeza y yo le mantengo fija la mirada mientras mis manos van
hábilmente a su pantalón, bajando este en un movimiento seco junto con
su ropa interior. Tomo su pene semi-endurecido y comienzo a
masturbarlo lentamente viéndolo sonriente
— Ah. — Yoongi alza sus cejas. — ¿Así que eso era? ¿Tenías hambre
de mi polla?
— Siempre tengo hambre de tu polla. — Contesto acariciando la base
con suma lentitud y dejando un pequeño beso en su glande, él sonríe. —
Yoon... estoy caliente.
Mi mano se sigue moviendo sobre su extensión a la par que siento su
pulgar empujando contra mi labio inferior; abro la boca para permitir el
acceso a este, sintiendo su pulgar acariciando mi lengua con lentitud. Se
empuja suavemente y gime ronco y ligeramente alargado, su pene se
endurece en mis manos conforme pasan los segundos y empieza a
follarme la boca con dos de sus dedos.
— Hm... — Jadeo lamiendo sus dedos y me separo de ellos para darle
una lamida a toda su gruesa extensión. Me incorporo quedando casi a su
altura y me alejo, abriendo la puerta y haciendo seña para que me siga.
Él niega divertido y se quita la ropa por completo siguiéndome hasta
fuera del baño donde dejo que me atrape, sus labios se mueven con los
míos y me empuja hacia atrás cogiéndome de la cintura antes de caer en
la cama. Abro mis piernas para que se ponga entre ellas y se empuja
contra mí, haciendo que su pene se frote contra el mío haciéndome
gemir.
— ¿Así? — Sonríe mordiendo sus labios y se empuja lento, rozando
perfectamente nuestros penes y creando una fricción deliciosa que me
hace jadear con la boca abierta mientras asiento. — Me encanta cuando
dejas de hablar solo para gemir, muñeco.
Esbozo otra sonrisa y dejo que vuelva a besarme, rodamos para que yo
quede sobre él y comienzo a besar su cuello con lentitud, disfrutando de
las marcas rojizas que se van formando en su frágil piel. Lo veo fijo a los
ojos y nuestro silencio lo dice todo: sonreímos y él se levanta para coger
la maleta junto a la pared. La avienta a la cama y la abre, sacando ropa y
cogiendo el grueso cuchillo.
Se acerca a mí jugueteando con él en sus manos y vuelve a ponerse
sobre mí, jugando con esta sobre mi rostro. Veo la punta afilada
amenazando con caerse en cualquier momento, pero me mantengo
relajado. Yoongi me toma de las mejillas y hace que lo vea fijamente.
—La misma sangre... —Murmura y yo uno mis cejas viéndolo
confundido. — ¿Será?
Suelta una carcajada macabra y hace un corte lento sobre mi grueso
belfo, jadeo de dolor y suelto un largo suspiro sintiendo una gruesa gota
de sangre brotando de mi labio inferior. Yoongi se inclina a lamerla con
su lengua y chupa mi belfo, extrayendo más. Entierra el cuchillo en el
colchón y se pega más a mí, levantándome del cuello y cortando mi
respiración.
—Ponte en cuatro. —Susurra sobre mis labios.
Yo río y asiento obediente, dándole la espalda y elevando mi culo. Veo
que agarra el cuchillo y yo espero ansioso el momento para que me
corte, pero solo escucho su gruñido y después una fuerte nalgada. Jadeo
y después de dos más, siento una textura pegajosa. Volteo sobre mi
hombro viendo la palma de su mano abierta y una gran sonrisa en su
rostro.
— Tus nalgas con rojo, déjame decirte que es precioso. — Sonríe aún
más y chupa su pulgar manchado.
—Más precioso es cuando te hundes en mí. — Puchereo.
— Te volví un insaciable sexual, ¿verdad? — Coge su erección que
masturba lento, yo gruño molesto y me doy la vuelta para verlo. Él me ve
divertido y acaricia mis clavículas, dejando un beso sobre estas y
apretando mi muslo. — Iré a lavarme, tócate un rato.
Uno mis cejas cuando se separa y antes de que se de la vuelta, lo agarro
del brazo y lo tiro con fuerza a la cama. Él suelta una carcajada y me ve
sumamente divertido, aunque yo sinceramente no veo mucho la gracia.
¿Va a dejarme con ganas? No, eso no. Me siento sobre su pecho y
comienzo a acariciar mi ano con su glande, frotándome contra este
mientras gimo.
—Bien, tú ganas... —Coloca sus brazos detrás de su cabeza y alza un
poco su barbilla. —Llénate todo.
— Muy amable... — Murmuro tomando su grueso pene y dejándome
penetrar por este poco a poco. Doy un leve sentón para introducirlo todo
y entierro mis cortas uñas en su pecho, gimiendo alto y apretando mis
ojos. Yoongi también gruñe, comienzo a saltar rápido pellizcando fuerte
mis pezones. — Y-Yoon... — Jadeo.
Él me observa lascivo, cogiéndome de la cintura para controlar el
movimiento también. Me inclino a su boca que comienzo a besar y a
morder con cierta agresividad. Él me sigue poco a poco más excitado,
buscando algo con su mano. No tardo en sentir la fría punta del afilado
objeto presionando contra mi estómago y abriendo una fina línea.
— Hazlo... — Susurro con cierto desespero. — Hazlo...
Él me toma para aventarme a su lado y vuelve a colocarse sobre mí,
enterrándose de golpe y besando con brusquedad mi boca; miles de
escalofríos me recorren. Maldición, sí... su piel choca con agresividad
contra la mía mientras me asfixia con fuerza, cortando todo aire. Trato de
tomar bocanadas de aire lo cual es imposible y vuelve a hacer un corte
cerca de mi brazo y otro en mi pierna.
Lloriqueo removiéndome debajo suyo y es hasta que presto atención a
las marcas, que veo varias "Y" allí marcadas en mi piel mientras me
embiste. Líneas rojizas se hacen presentes con la sangre que brota de
las letras, sangre que Yoongi no tarda en lamer causando que gima cada
vez más alto y abra más mis piernas para un mejor acceso.
—Lindo muñeco... — Susurra sobre mi cuello que muerde, yo aprovecho
que deja de apretar y tomo aire, casi gritando y sintiendo mis piernas
flaquear cuando la cama se azota contra la pared repetidas veces. —
Lindo, tierno y precioso muñeco...
—Y-Yoon...gi... — Susurro su nombre entre los fuertes golpes, tiro de mi
cabello y lo siento ponerme boca abajo y volverme a dar nalgadas. Mis
piernas tiemblan cuando se empuja de nuevo, golpeando duro.
Una locura. Me aferro a las sábanas con cierta fuerza y lo dejo levantar
mis piernas para seguir penetrándome, pellizcando mis pezones con su
mano rojiza que después se encarga de limpiar llevándome a un puro
infierno. Balbuceo torpe dejando que siga su labor, mi orgasmo
acercándose con el pasar de los minutos.
Muerdo mis labios para extraer un poco de sangre, dejando que rodemos
y sigamos cogiendo como si no hubiese un mañana. Mis hebras rubias
se pegan a mi frente cada que lo monto abrazándome a su espalda.
Nuestras bocas se juntan, su mano queda tatuada en rojo sobre mi piel y
las colchas poco a poco comienzan a ser un revoltijo. Ladeo mi cabeza
cada que puedo para que succione la piel, mis gemidos no cesan y solo
se agrandan con el pasar de los minutos.
Aún no me explico sinceramente cómo logra tenerme tan bien y
hambriento de él siempre. Muerdo su hombro dejando que siga
arremetiendo contra mí y aunque muero de sueño, no quiero que se
detenga. Me toma de la barbilla y me besa chupando mi labio superior,
moldeándolo a su gusto...
El orgasmo llega no mucho después con muchos rasguños de por medio.
Mis uñas crean un largo rastro de caminos rojos por sus brazos en
aquella liberación. Nuestras bocas permanecen juntas y cuando se
separa, después de recuperar el aliento, hablo:
— Te amo.
Yoongi me ve unos momentos y acaricia mi mejilla. Suelta un suspiro y
besa mis labios antes de responder: —Eres un imbécil por hacerlo.
Imbécil.
— Tal vez... — Susurro algo dolido por no haber tenido la misma
respuesta de su parte. Algunas veces me pregunto si realmente sería
capaz de decir algo así alguna vez. — Pero te amo, no puedo hacer nada
contra ello... me enamoré de ti.
— Muñeco jodido... masoquista e idiota. Eres un idiota. — Cierra sus
ojos y pellizca el puente de su nariz saliendo de mí. Se acuesta a mi lado
y frota su rostro. — ¿Por qué me amas?
— Créeme que si lo supiera, sería también de mucha ayuda. —
Jugueteo ahora yo con mis manos viendo estas y también el techo. —
Supongo que estoy muy mal por hacerlo.
— ¿Tú crees? — Pregunta irónico.
Suelto un suspiro alargado y me acuesto de lado para verlo fijamente. Él
me devuelve la mirada intensa y niega nuevamente viendo el techo con
fijeza, sus manos siguen detrás de su cuello, mostrando una posición
segura y relajada, aunque, juzgando por su expresión, está reflexionando
muy bien en lo que acabo de decirle.
— No lo pienses mucho... tú ya sabes de esto hace mucho. — Murmuro.
— No es eso. — Niega suavemente y veo que pasa saliva. — Es otra
cosa en la que estaba pensando.
— ¿En qué pensabas? — Alzo una ceja y acaricio su pecho.
— En que se me antojaba follar mañana en público. — Sonríe y yo
ruedo mis ojos.
— Debes estar bromeando. — Bufo.
— No. — Ríe mostrando unas adorables encías que contrastan muy
curiosamente con su mirada frívola e impenetrable. — Quiero cogerte en
público.
— ¿Mingyu, Elliot y Taehyung no fueron público suficiente? — Pregunto
de mala gana cruzándome de brazos cuando me siento en la cama.
Yoongi parece pensarlo otro poco. Niego de nuevo y suspiro viendo el
techo, pero mi vista vuelve a él cuando acaricia mi abdomen con la yema
de su pulgar.
— Solo quiero cometer muchas locuras contigo aprovechando nuestro
momento. — Alza sus cejas y yo vuelvo a negar. — Jimin... — Me llama
por mi nombre y yo lo veo fijo; su expresión es bastante seria y su mirada
helada. Por un momento siento mi muerte venir por negarme, pero sin
duda, lo que viene me deja casi al borde del colapso: — Sé mi novio.
—Estás bromeando, ¿cierto? —Pregunto en un tono quizá más agresivo
del que hubiese deseado, él niega. —Estás jodiendo, Yoongi. Tú no eres
de hacer esas cosas, deja de jugar así conmigo. —Lo veo mal y él
sonríe. —No tiene puta gracia.
— Me pone enfadarte. — Ríe. — Pero no bromeaba. Somos novios a
partir de hoy.
— ¿Disculpa?
— Disculpa aceptada, y por si no te diste cuenta, siquiera te pregunté si
querías serlo, fue una orden. — Me guiña el ojo, yo abro la boca sin
poder creerlo y deseando gritar todo. También romper la pared si se
puede.
PERO ES QUE EN SERIO ES IMBÉCIL. LO ODIO.
— ¿Ser mi novio es una de las tantas locuras que quieres hacer
conmigo? — Pregunto casi saliendo del shock.
— Podría decirse, pero al menos en nuestras identidades falsas somos
novios y debemos actuar como tal. — Alza sus hombros con cierta
indiferencia y aprieto mis labios. — Una linda pareja gay.
— Sí, con complejo de vampiros. — Suelto irónico y ambos
sonreímos. — Estoy molesto, no sonrías.
— Tú lo hiciste de nuevo, pero bien. — Yoongi coge su teléfono y sigue
sonriendo, yo le doy una patada debajo de la cama. — Muñeco salvaje.
— Odio que juegues así conmigo. — Me cruzo de brazos de nuevo. —
Terminamos. Eres pésimo novio.
— Oh, lo siento. ¿Debo traerte flores, chocolates y cantarte alguna
canción de Luis Miguel? — Me ve bufando y yo no puedo evitar reír por
lo último mientras él sigue en su teléfono.
—La última propuesta es interesante. — Sonrío. — Quiero que me
cantes.
— Pues sigue queriendo. — Contesta cortante y yo vuelvo a darle una
patada escuchándolo gruñir. — Te voy a castigar.
— Nada que no vaya a disfrutar. — Contesto con cierto tono altanero y
río por lo bajo.
Vuelvo la vista a él y lo veo levantarse rápidamente con el teléfono. Se
pasa la mano por el cabello y me ve en silencio, yo me tenso.
— ¿Qué pasó...? — Murmuro más bajo y sintiendo repentinamente mi
sangre volverse fría, un escalofrío me recorre.
—Está muerto... — Susurra.
Yo me mantengo en un silencio más crudo viendo a Yoongi viéndome sin
expresión alguna y ojos vacíos. Trago amargo y un pequeño golpe
interno en el estómago que me produce nauseas y cierto mareo... mi
aliento pesa y va rápido cuando vuelve a negar.
— Jeon Jungkook está muerto. +
113
TAEHYUNG
El ruido poco a poco cobra fuerza conforme siento salir de un trance.
Aprieto mis labios abriendo mis ojos, aunque todo sigue completamente
oscuro y solo son voces las que escucho... voces lejanas que cobran
sentido después de unos segundos de mareo.
—Está despertando... —Escucho una voz ligeramente ronca, por su tono,
claramente sé que es Forcraft. —Está despierto, está bien.
—Tae, ¿me escuchas? —Una voz femenina hace aparición y en ese
preciso instante sé que es Clara, intento voltear a todas partes, pero todo
está oscuro. —No te muevas, tranquilo.
—¿Dónde estoy? —Pregunto asustado, sintiendo la ansiedad poco a
poco tomar posesión de mi cuerpo, no veo nada. Mierda.
—Calma. —Repite Forcraft y siento que acaricia mi brazo. ¿Es él? —
Estás en un hospital privado, tuvimos que traerte. ¿Recuerdas algo?
Asiento al instante, recuerdo casi todo, al menos antes de sentir el
punzante dolor en mis ojos y solo una capa rojiza aparecer unos
momentos antes de la oscuridad absoluta. Mis jodidos ojos... arrancados.
Mi corazón da una punzada y lentamente alzo mis manos a mi rostro
sintiendo algo suave que cubre la parte de mis ojos, una venda.
—Tae... —Habla Clara, yo paso saliva duramente.
—N-no pasa nada... sigo vivo. Al menos, sigo vivo. —Digo con voz
apagada. —¿Qué pasó?
—Eso queremos preguntarte. —Habla Clara nuevamente desde alguna
parte a mi izquierda, la voz se mueve a mi derecha y siento una cálida
mano en mi cabello. —Llamaron a la ambulancia y los bomberos
llegaron, tú y Elliot estaban fuera desangrándose y la bodega ardiendo
en llamas.
—¿Y Mingyu? —Pregunto inevitablemente. —C-creo que Yoongi lo ha
matado...
—Lo hizo. —Habla pesadamente Forcraft.
—¿Y Elliot? —Repito volteando un poco mi cabeza hacia donde creo que
está.
—Muy herido y mal como tú. Sullivan ha perdido la cabeza y estamos
tratando de calmarlo. —Repite Forcraft con voz cansada. —Han
resultado gravemente heridos ambos. Tenemos a la policía pisándonos
los talones y cada vez es más difícil esconder estas mierdas, aunque
hacemos lo que podemos, tenemos sapos dentro de la policía.
—Bien. —Murmuro con voz baja y acariciando mis manos
manteniéndome aún más callado. —¿Y los demás? ¿Dónde está
Jungkook?
Hay silencio y aquello me provoca estrés. Intento moverme, pero siento a
Clara tomarme de ambas manos y soltar un profundo suspiro, me tenso
el doble empezando a creer lo peor.
—¿Dónde está Jungkook? —Repito tratando de conservar la calma.
—Él está bien. —Escucho finalmente la voz masculina de Forcraft. —
Pero... Yoongi le disparó en la pierna antes de que huyeran.
—¿Qué? —Repito. —Mierda, ¿cómo va?
—Bien... —Aquello no me deja muy convencido, aunque no vea su
expresión, su voz lo delata. —El único problema es que está con Europa,
por cualquier cosa. Es un rehén... nos han pedido a Yoongi y Jimin a
cambio.
El silencio permanece durante largos segundos hasta que suelto todo mi
aire retenido, no pueden dejarlo con ellos. No los conozco mucho, pero
no se necesita ser muy inteligente para saber que en cualquier momento
van a volarle la maldita cabeza y allí sí... ahí si no sería lo mejor, siendo
franco.
Un teléfono empieza a sonar y Forcraft se excusa para salir de la
habitación, así que supongo que quedamos Clara y yo. Me mantengo
aún callado antes de intentar acomodarme un poco, levantando mi
cabeza como si viera el techo... aunque la realidad es que nunca voy a
volver a ver absolutamente nada en mi mísera vida.
—Es una mierda. —Digo en voz alta pese al gran silencio. —No ver.
—No me imagino lo mal que la debes estar pasando, Taehyung... pero
debes ser muy fuerte, ¿me escuchas? Tienes que ser fuerte y aguantar
absolutamente todo lo que venga, que al menos sigues vivo. —Dice ella
con tono dulce, aunque preocupado.
—Supongo que es algo. —Contesto amargamente. —No sé por qué lo
hizo... pudo haberme cortado la maldita lengua.
—Yoongi es un demente, no entiendo nada de esto. ¿Por qué se los
llevó?
—Fue una trampa. —Explico y suelto un suspiro alargado y algo
amargo. —Nos quería a los tres: Elliot, Mingyu y yo para vengarse por
habernos liado con Jimin.
—¿Por qué no me sorprenda? —Ella ríe sin mucha gracia y de forma
apagada. —Yoongi nunca ha sabido de límites y cual niño pequeño, lo
que es suyo es suyo y de nadie más. Absolutamente de nadie más.
—Me he dado cuenta. —Repito y tenso mis puños, agarrando un poco de
las sábanas. Paso saliva pesadamente una vez más hasta finalmente
animarme a hacer la siguiente pregunta. —¿Clara?
—Dime, Taehyung. —Responde desde la lejanía.
—¿Tú realmente crees que Jungkook esté a salvo allá con la familia de
Yoongi?
La respuesta tarda un poco en llegar y no me sorprende, yo mismo sé la
respuesta, aunque me gustaría saberla de alguien más solo para
terminar de preocuparme. En fin, sé que tiendo a ser explosivo algunas
veces, pero ya a estos puntos francamente... ni ganas de explotar me
dan. Siquiera de pelear, simplemente deseo rendirme al destino, que
suceda lo que deba suceder y solo dejarme llevar con la marea del
destino.
—No. —Clara truena mi burbuja con voz baja, no muy firme como tiende
a ser denotando así su preocupación escondida detrás de todo esto. —
No creo que Jungkook esté a salvo con ellos, siento que van a
aprovecharse de él para algo malo.
—Jungkook es listo, dudo que se deje fácilmente. —Respondo con una
pequeña sonrisa seca. —Al final, aprendió de Yoongi.
—Aunque haya aprendido, sus modos no son iguales. Jungkook es... —
Clara suspira pesadamente y yo sonrío de lado.
—¿Frío? —Me adelanto.
—Objetivo. —Responde. —Menos impulsivo, es observador, detallista.
Claro, igual que Yoongi guarda planes maestros viendo todo el
panorama, pero Jungkook sabe moverse de forma inteligente sin generar
tanto alboroto. Tiene una máscara de piedra que usa para esconderse,
pero es un chico listo... un chico listo y de un encanto profundo.
—Hm.—Respondo únicamente pasando mi lengua por mis labios para
humedecerlos un poco. —Sí, tienes razón. Por lo que llegué a escuchar,
Yoongi no lo entrenó con tanta violencia, Jungkook aprendió rápido.
—Tiene voluntad para hacer las cosas, mucha fuerza. —Siento la camilla
hundirse un poco y la voz de Clara más cercana. —Tú y él... si no es
mucha indiscreción, ¿qué pasó? ¿O qué hay?
—Lo conozco desde críos, siempre tuvimos una relación complicada y yo
abusé de él de jóvenes... me arrepiento, pero era un idiota. Era un crío
muy idiota obsesionado con él, aprovechándome del amor que tenía
hacia mí que yo fingía repudiar. —Explico cortamente, no dando ya tanta
vuelta. —No sé qué somos. No somos nada, me odia, me quiere a la
vez... no lo entiendo.
—Ya. —Escucho a Clara con voz más seria de lo usual, probablemente
no le ha causado gracia enterarse de lo que he hecho, pero no tiene
sentido ocultarlo más.
—¿Y entre Forcraft y tú? —Intervengo con una sonrisa pequeña y ella
ríe. —¿Qué? Los he visto muy cercanos últimamente.
—No hay anda entre nosotros si eso crees, es un hombre curioso y
agradable, pero no hay anda más allá de una amistad de trabajo. —
Comenta con más calma de la que espero, me pregunto si estará
sonriendo. —Funcionamos bien juntos, mi hermana confiaba en él.
—¿Helen? —Repito y ella suspiro. —Lamento mucho lo de su muerte, yo
fui quien se lo hizo saber a Yoongi... Nunca se supo quién la asesinó,
¿cierto?
—No. Nunca supimos quién fue el responsable de la muerte de Helen...
al menos intento seguir su trabajo lo mejor posible, aunque ella haya sido
más dura e inaccesible.
—Lo haces bien. —Me sincero y volteo a su dirección con mi cabeza. —
Nadie cuestiona tu autoridad pese a que seas una mujer y... alfa de la
mafia. Es decir, no tengo nada en contra de que una mujer encabece a
una mafia enorme del norte, pero es cierto que común no es y me alegra
que te sepas desenvolver bien entre monstruos.
—Sí, supongo. —Ella ríe un poco. —Gracias, Tae.
La puerta se abre y aunque no llego a escuchar bien, Clara me da un
suave apretón y me susurra un "dame un momento" con un tono suave.
La siento levantarse y escucho sus pisada hasta la puerta cerrarse
dejándome solo nuevamente.
Bien... espero que al menos alguien esté entreteniéndome para platicar
conmigo ahora que no puedo jugar videojuegos o disparar armas.
.
.
SEOKJIN
—¿Has mandado la lengua? —Pregunto cruzado de brazos viendo a
Namjoon quien está frente a la computadora y muchos papeles, hombres
alrededor en silencio como estatuas esperando a recibir órdenes.
—Lo he hecho. —Pellizca el tronco de su nariz. —¿Qué deseas que
mande hoy?
—El brazo. —Respondo sonriente. —El que sea, me da igual izquierdo o
derecho, ese pobre chico no va a sobrevivir.
—No, me aseguraré de que le llegue la información a todos como sea
del... desmembrado Jeon Jungkook. —Ríe sin mucha gracia. —Que por
cierto, ¿hablaste ya con él?
—Le di un día extras, apenas voy para allá. —Muestro las llaves de la
camioneta y suspiro largo. —Sería una pena matar a ese chico si se
niega, tiene potencial.
—Tiene información que es lo que te interesa. —Namjoon me responde
sin quitar la vista del ordenador haciéndome sonreír lúgubre e intenso,
colocándome detrás de él y rodearlo por el cuello.
—¿Estás celoso, Nam? —Repito divertido. —¿De que el mocoso me
resulte más útil que tú?
—Estoy trabajando. —Me contesta apartándome con cuidado. —Ve
antes de que s ete haga tarde, Seokjin.
Río ronco y sacudo su cabello antes de incorporarme, avanzando en
silencio por el largo pasillo hasta bajar las escaleras y salir del edificio.
Me subo a la camioneta colocando la radio y echando a andar, mis dedos
tamborileando de cuando en cuando el volante negro que sostengo con
una mano. Aprovecho un semáforo en alto para sacar un cigarro que me
llevo a la boca y enciendo rápidamente, manteniendo el humo en mi boca
unos momentos.
Jodida mierda, espero francamente que el mocoso de Jungkook decida a
aliarse que tengo un plan fresco en mete y si no resulta... no sé qué haré.
Las ideas se me acaban y soy capaz de enfrentar a mi padre y mandar a
la mierda su búsqueda y si tanto se muere por Jimin y Yoongi, que
levante su culo de la silla y vaya a buscarlos él mismo.
¿No? Sí, claro que sí, estoy cansado de ser como un perro corriendo tras
su hueso.
Expulso más humo por la boca durante todo el largo camino hasta llegar
a la privada, los departamentos de estilo francés color amarillos,
estacionando la camioneta fuera y acercándome al correspondiente.
Abren la puerta después de que bote el cigarro y sonría encantador,
subiéndome al elevador y presionando en tercer piso.
—Veremos si vales la pena... —Digo entre dientes cargando mi arma que
saco y vuelvo a colocar debajo de mi camisa. Espero en silencio hasta
que las puertas se abren y los pasillos a los costados aparecen, tomando
el de la derecha y cruzando los cuadros hasta tocar el 304.
Doy unos golpes de forma rítmica como código y no pasa mucho hasta
que me abren, el guardia haciendo una inclinación una vez que entro.
—¿Qué tal va nuestra muñeca? —Me burlo cruzando la sala amarilla con
cojines llenos de decoraciones y el tapete, cruzando por un pasillo en
diagonal.
—Se porta bien. —Me contesta y veo al segundo guardia junto a la
puerta haciendo una inclinación. —No ha intentado fugarse, come lo que
le damos y no hace muecas de nada. Su herida va mejor.
—Bien. —El segundo guardia se retira y abro la puerta viendo a
Jungkook sentado en una silla con su venda. Alza la vista e intenta
levantarse, pero lo detengo alzando mi mano, —No te levantes, quédate
así.
—Sí... —Dice con voz apagada bajando la mirada. Me acerco a él y se la
levanto con cierta brusquedad tomándolo de la barbilla.
—¿Y bien? —Presiono con la mirada.
—Voy a aliarme contigo si me prometes que únicamente el perjudicado
será Yoongi. —Responde.
—No eres nadie para ponerme condiciones. ¿Estás o no estás,
Jungkook? —Lo tomo más fuerte.
—Estoy dentro. —Respondo firme, aún con voz algo muerta, pero firme.
Busco temblor en sus pupilas, respiración agitada, que pase saliva o esté
ansioso... pero nada. Está tan tranquilo que me enfado y admiro incluso.
Lo suelto con la misma brusquedad y doy un paso atrás.
—Chico listo. —Respondo sacando la pistola y dejándola detrás mío,
sacando de mi bolsillo un teléfono que le entrego. —Ten, esto vas a
utilizar mientras.
—Tiene rastreador, ¿no? —Pregunta tomándolo y tenso mi quijada,
mierda.
—¿Puedes caminar? —Pregunto desviando el tema de conversación.
—No mucho... duele apoyarme, pero en sí no estoy tan mal. No va a
infectarse mientras tenga cuidado. —Responde antes de suspirar corto,
viéndose la pierna bien vendada.
—Mira, lo bueno es que no llegó a ser tan grave tu situación y estarás
bien en unos días, al menos mejor. —Me cruzo de brazos. —Seguirás
aquí en reposo, pero antes... tengo ya listo tu primer trabajo. —Contesto
con calma, sacando del interior de mi saco un pequeño portafolios que le
entrego. —Cualquier duda, márcame. Ya está mi número agendado.
—Bien. —Toma el portafolio y lo ve por fuera, yo sonrío de lado.
—Buena suerte con ello, Jungkook... cuando acabes de leer todo, te daré
las siguientes instrucciones. —Él asiente suavemente, obediente y firme
como siempre.— Bien, me retiro. Ten buen día.
—Igualmente.
Sonrío nuevamente antes de darle la espalda y salir de la habitación en
silencio. Probablemente este chico y yo a la larga, podríamos caernos
muy bien. +
.
114
JUNGKOOK
Después de que Seokjin se retira, suelto todo mi aire retenido y aprieto
fuerte mis labios intentando calmarme. Me paso la mano por el rostro,
pellizcando mi nariz y cogiendo nuevamente aquel portafolio que tiro en
la mesa delante mío, suspirando profundo y un poco cansado.
—Bien... como aprendimos. —Me digo a mí mismo intentando darme
ánimos para salir adelante con todo ello, pero joder... parece que
mientras más intento salir, peor es la situación en la que me
encuentro. —Veamos.
Abro el portafolio esperando lo peor, pero para mi sorpresa son
solamente un par de documentos y notas viejas de periódicos,
información de personas que no conozco. Hombres tatuados, una que
otra mujer y algunos fotos de ellos paseándose.
—Hm... ¿y esto? —Me digo en voz alta y es que extrañamente tengo la
mía de hablar en voz alta para concentrarme. —¿No había algo más
interesante?
Tomando las diversas fotos, veo que hay unas que tienen una "x" en rojo
en la parte de atrás y viendo otras fotos de muertes... supongo que los
que tienen una x son los que han muerto ya definitivamente. Listo, al otro
mundo.
Apoyo mi mejilla en la palma de mi mano viendo fijamente todas las
diversas fotos que hay, empezando a separarlos por gente viva y muerta.
Me encargo de las personas vivas y leyendo algunos papeles, parece
que la mayoría son policías, investigadores u otros mafiosos. ¿Enemigos
de la familia? Probablemente.
Trato de organizar los papeles antes de detenerme en una foto de
alguien que me parece conocido haciendo que expanda mis ojos. Tomo
la foto entre mis manos y ladeo mi cabeza viendo a Clara junto con otra
apuesta mujer parecida a ella. Volteo la foto viendo los nombres.
"Clara y Helen Belier", la segunda con una x tachada.
—¿Pero qué...? —Murmuro. ¿Ella no era la que estaba antes al mando y
después de su muerte, Clara ocupó su puesto?
Intento recordar brevemente, pero la verdad es que Clara hablaba
apenas de ella. Busco entre las fotos a alguien más y Anthony Forcraft
no tarda en aparecer igualmente, haciéndome pasar pesadamente.
Obviamente no está muerto... pero está allí. ¿Por qué lo quieren? ¿Van a
matarlo? ¿van a matar a todo Occidente?
—Joder. —Murmuro sacando de otra foto a otros personas
desconocidas, ahora observando bien los papeles y leyendo
repentinamente "Chales Forcraft" haciéndome enarcar una ceja. Tomo su
expediente, un hombre mayor idéntico a Forcraft con una "x" al lado.
"Líder de de la parte oeste de Estados Unidos, familia desaparecida en
1998 a excepción de su hijo mayor, Anthony Forcraft quien ha tomado el
liderazgo desde la muerte del padre".
—Familia desparecida... —Susurro y busco algo más, pero únicamente
salen al lado dos personas con un signo de interrogación. Niego y muevo
más papeles, viendo que no había absolutamente nada más.
Hago una mueca y termino de leer cada expediente atentamente
juntándolo con la foto correspondiente y diviendo en vivos y muertos. Me
sorprende que más de la mitad ya hayan sido asesinados, de 48
personas, únicamente 15 quedan vivas y están dispersadas por el
mundo. Cojo el teléfono que me ha dado Seokjin y busco su contacto,
llevando a la oreja el aparato antes de esperar a que conteste.
—¿Sí? —Responde del otro lado.
—He finalizado. —Respondo cortamente.
—¿Y qué deduces? —Pregunta burlón.
—Son... enemigos principales, ¿no? —Observo fijamente las fotos. —He
visto a Clara y a Anthony allí.
—Enemigos importantes, más que nada. Sí... —Seokjin habla en tono
neutro nuevamente del otro lado de la línea. —Como te habrás dado
cuenta, la mayoría ha sido asesinada, aunque eso no significa que no
puedan aportar información importante.
—¿Qué se supone que debo hacer? —Pregunto confundido viendo el
portafolio. —Tienen todo de esas personas... no entiendo de qué sirva
que sepa. Saben incluso su paradero y domicilio, fácilmente podrían
exterminar a los que faltan.
—Ojalá fuese así de simple. —Seokjin habla roncamente del otro lado de
la línea y yo únicamente aprieto mis labios. —Muchos de allí son aliados,
se pasan información importante, partes que nos faltan para encontrar
unas cosas por allí, personas.
—¿Qué necesitas que haga? —Pregunto nuevamente con paciencia
acomodándome en la silla.
—Que te concentres en los 15 que están vivos, pero quitando a Forcraft
y a Belier. —Me dice. —Te quedan 13 en ese caso, ¿puedes ver algo
común en ellos?
—Todos son hombres. —Veo sus pieles morenas, sus vestimentas...
curiosas.
—Son de India. —Me dice cortamente.
—¿Mafia de India? —Pregunto curioso viendo las trece fotos restantes
fijamente. —No lucen mucho como unos.
—No exactamente, no son una mafia, pero sí gente importante de la cual
necesitamos información para atacar al líder que los manda a ellos;
tienen un billete grueso que nos deben.
—¿Debo ir a matarlos? —Pregunto aburrido.
—No. Únicamente voy a pedirte que te infiltres con todos ellos y trates de
sacar información del paradero del líder.
—¿No es más fácil que agarren a uno y lo torturen hasta que hable?
Seokjin suelta un suspiro y ríe seco. Muerdo mis labios esperando no
haberlo fastidiado pero... siento que se complican demasiado. Además,
¿hablaré con ellos en inglés? Me cuesta entender a duras penas con
algunos de europa, menos podré allá.
—Eres algo preguntón y... te gusta hacer las cosas a tu modo, ¿no? —
Pregunta filoso y serio, ya sin mucha gracia.
—Lo siento...
—No, está bien. En ese caso, ya que empiezo a dudar de si esto saldrá
bien, te haré cambiar puesto con Namjoon. Tú harás su trabajo y él hará
el tuyo.
—¿Qué? —Amplío mis ojos.
—Lo que escuchaste, no me funcionas si trabajas así para un trabajo así.
Ya que eres tan cotorro y ves varias vías, es lo que hace falta a
Namjoon: amplitud. —Yo me mantengo callado escuchándolo. —Pediré
que te traigan sus cosas y hablaré con él, Namjoon cuando llegue va a
explicarte qué deberás hacer, no es mucho: cerrar negocios, rastrear,
mandar a matar a los que estorban o te pisan los cojones, ver que las
rutas de la droga vayan bien y si no crear nuevas rutas.
—P-pero... —Tartamudeo y al instante me callo, dudo que le guste si me
pongo a poner "peros". —No, lo siento. Si así lo pides, así será.
—Buen chico. —Suspira cansado del otro lado de la línea. —Namjoon va
para ellá, ya le estoy mandando un mensaje. Te cuelgo que voy a hablar
con él.
—Sí, no... —Me detengo cuando corta bruscamente la llamada
dejándome con la frase en la boca. —... se preocupe.
Dejo el teléfono nuevamente de lado y observo por la ventana, volviendo
poco después la vista al expdiente de Forcraft y Clara. Chales Forcraft y
Helen Belier asesinados, Anthony Clara aún vivos. Claramente quieren
exterminarlos por ser enemigos importantes.
¿Pero por qué?
¿Qué tienen ellos dos que los diferencia de Sullivan, de mi tío o los
demás? Quizá pueda investigar un poquito más a fondo más adelante,
cuando no los tenga con los ojos tan fijos y puestos sobre mí.
JIMIN
Mi mirada recae poco a poco en Yoongi, observando fijamente aquella
serenidad que transmite estando dormido, luciendo incluso frágil con esa
piel tan blanca y con un par de músculos que se tensan al removerse
ligeramente de costado. Acaricio con parsimonia sus brazos, pasando la
yema de mis dedos por sus venas azuladas marcadas por sus brazos,
inclinándome para besar su sien, su nuca, abrazándolo por detrás pese a
que me lleve un poco de altura.
—¿Ya despierto...? —Me susurra roncamente aún algo dormido, yo
apenas sonrío.
—Desde hace rato, no he podido dormir bien en esos días. —Confieso
con cierto nerviosismo en mi voz, escondiendo mi rostro en su espalda
que empiezo a besar con lentitud, tirando suavemente de su piel.
—Te entiendo, han sido días algo difíciles y agitados, pero poco a poco
todo irá saliendo bien. —Él se voltea y sus ojos gatunos cruzan con los
míos, siento un pequeño escalofrío cuando lleva su mano a mi nuca y
acaricia suavemente allí, otorgándome aquel dulce tacto que me hace
cerrar los ojos y suspirar con cierto alivio. —Eres como un cachorrito,
Jimin.
—Calla... —Abro mis ojos cuando deja las caricias y empieza a sacudir
mi cabello, peinándolo en distintas direcciones. —¿Qué haces?
—Ya no te quiero de cabello negro. —Gruñe y se incorpora. —Saldremos
a comprarte un tinte rubio ahora. —Avienta las sábanas. —Y luego
desayunamos.
—No me volverá el rubio de golpe, debo estar tiñéndome
constantemente antes de que se caiga todo el color negro y vuelva a
agarrar mi color natural. —Explico viéndolo levantarse y coger su ropa
empieza a sacudir y la deja de lado, viéndome desnudo y cruzado de
brazos. —Pero sí, vamos hoy por él.
—¿Sabes hacerlo solo? —Me pregunta.
—No, pero siempre puedes ayudarme. —Guiño un ojo antes de
levantarme ahora yo, paseándome con mi ropa interior antes de abrir el
armario y sacar algo de ropa, siento la mirada de Yoongi muy fija en mí y
eso causa que voltee a través de mi hombro. —¿Todo bien?
—Solo me gusta admirarte. —Contesta como si no fuese la gran cosa y
coge su ropa. —Nunca te lo he dicho, pero en realidad eres un chico
precioso.
—¿Lo soy? —Pregunto emocionado y casi dando un brinco; él se acerca
y me toma de las mejillas, apretándolas. —¡Yoongi!
—Tienes mejillas muy adorables, rosadas. Tus ojos tan profundos, llenos
de luz y oscuridad dependiendo de tu ánimo... y esa boca, mierda. Esta
boca con la que la chupas tan rico. —Introduce sus dedos haciéndome
jadear avergonzado y succionar casi al instante, lamiendo provocativo. —
Tus pezones rosados, tu culo abultado, tus muslos deliciosos, tus brazo
delgados, tu pancita de bebé... —Se inclina y me la muerde haciéndome
chillar y apartarlo gruñón.
—Eso no es muy amable de tu parte. —Le saco mi lengua viendo la
marca de sus dientes en mi piel blanquecina. —Ugh, no cambias.
—¿Y yo? —Me pregunta cruzado de brazos.
—¿Tú? —Repito confundido.
—¿Soy guapo? —Sonríe de lado.
—Claro que lo eres... —Contesto casi ofendido de que me pregunte algo
así. —Tienes la piel más bella que he visto, tu cabello negruzco tan
rebelde, a veces cayendo en tus ojos... tus lindos labios, tu nariz
respingada, esa mirada tan tuya.
Sus ojos grisáceos siguen clavados en mí. Sonrío ladino y lo tomo ahora
yo de la mejilla para apoyarlo, viendo fijo a sus ojos.
—Tienes los ojos más hermosos y extraño que he visto... grises. Un gris
casi tirando al azul, tan profundos y claros que parecen los de un gato,
verte incluso da miedo algunas veces. —Confieso sonrojado. —Tienes
un color único que es casi imposible de olvidar.
—¿Casi imposible? —Enarca una ceja sonriendo.
—Imposible, mejor dicho. Ya deja de inflar tu ego, ven. Muero de hambre
y deseo devorar unos ricos huevos con jamón y pan tostado. —Palmeo
mi pancita. —Si deseas que me conserve guapo, debes alimentarme o
voy a morirme.
—Oh, alimentarte. ¿Soy tu "Sugar Daddy" ahora? —Hace comillas y
sonrío fúnebre.
—No... aún. —Digo divertido ajustándome la ropa y él rueda lo ojos. Yo
sonrío suave y me acerco a él antes de besar castamente sus labios,
avanzando luego a la puerta. —Vamos.
—¿Un beso casto? —Gruñe y antes de que hable, me toma firme para
hundirme toda la lengua a la boca haciéndome casi ahogarme, sintiendo
sus labios feroces por los míos, moviéndose y succionando mi lengua en
un agitación descomunal antes de soltarme, dejándome casi mareado y
aturdido con corazones volando alrededor de la cabeza. —Ese sí es un
beso, si vas a besarme, hazlo bien.
—Tú tan intenso como siempre... —Sonrío con torpeza antes de tapar mi
boca y relamerme sonriente, abriendo la puerta y avanzando, sintiendo
un fuerte azote en mi culo que me hace gruñir. —Venga, deja tus
perversiones.
—Eso nunca va a pasar, soy un desquiciado contigo. —Cierra la puerta
tomando las llaves y bajamos las escaleras llegando a la calle en poco
tiempo, nos colocamos los lentes de sol y las gorras. —Andando,
muñeco.
—Jimin. —Le digo cruzado de brazos y un mohín.
—Mí Jimin. —Me pega a él con posesividad haciéndome sonrojar.
—Tuyo... —Murmuro bajo, quizá no escuche. —Siempre tuyo.
Me da un casto beso en la sien haciéndome ponerme más rojo de lo que
ya estoy. Suelto un suspiro largo antes de apoyarme en su hombro y
dejar que me guíe por unos momentos hasta la tienda, comprando el
tinte necesario.
Si bien lo demás se transcurre con naturalidad, después de gruñidos,
dedos manchados, tutoriales en internet, risas,un par de reclamos, burlas
de Yoongi por lo gracioso que lucía con ese gorrito transparente,
finalmente después de secar bien mi cabello y casi dos horas en el baño
encerrado, salgo abriendo la puerta. Él me ve de reojo y se queda muy
callado.
—¿Y bien? —Me cruzo de brazos sonriendo.
Él sonríe complacido y se muerde los labios: —Ahora sí el muñeco ha
vuelto; el único e irrepetible Park Jimin rubio mío, todo mío.
115
YOONGI
—Yo digo que deberíamos ver una película. —Me dice el muñeco
mientras yo me detengo para afilar mis cuchillos; me detengo para verlo
de reojo y sonreír de lado. Ya casi anochece y aunque este día no fue
muy productivo a excepción de su cabello, siempre bien han dicho que la
noche es joven y podríamos hacer más. ¿O no?
—¿Una película? ¿Te gusta el cine? —Pregunto.
—Nunca he ido a uno. —Me dice avergonzado y yo amplío mis ojos
inevitablemente.
—¿Nunca has ido al cine, me jodes? —Suelto una pequeña carcajada y
me incorporo dejando el cuchillo de lado.
—No. —Él se muerde sus labios suavemente y suspira algo pesado, yo
alzo una ceja nuevamente y me acerco a él frotando sus hombros. —Es
triste.
—Podría llevarte al cine si me prometes portarte bien. —Le digo y él
voltea a verme al instante con ojos muy amplios. —¿Qué?
—¿En serio me llevarías al cine, Yoongi? —Repite y me ve con una
sonrisa de niño pequeño que me produce suma ternura, yo vuelvo a
asentir y él da un brinco, incorporándose antes de chillar y dar saltitos. —
¡Quiero, quiero, quiero!
—Solo debes tener cuidado en que nadie nos reconozca. —Observo los
lentes de sol unos momentos y niego. —Bueno, dudo que presten mucha
atención, así que vamos, pero llévate una sudadera con capucha.
—Sí, señor. —Dice él como si yo fuese algún tipo de general, corre por
toda la habitación y yo únicamente puedo suspirar pesado, viéndolo
alistarse y emocionarse.
En fin, también merecíamos de cuando en cuando un poco de calma. Y
si bien era cierto que fanático del cine no era, de joven me gustaba
muchísimo ir y podría ser una experiencia divertida para Jimin, así que le
daré el gusto. Se ha estado portando muy bien, muy, muy bien y eso me
tiene muy contento.
—¡Listo! —Exclama él viéndome sonriente con una sudadera negra que
le queda un poco grande.
—¿Esa es mi sudadera? —Señalo enarcando una ceja.
—Andaaaaaa, es calientita y me queda linda. —Hace un mohín
sencillamente adorable y yo gruño antes de hacer seña para que yo nos
vayamos, subiéndome el cierre de la sudadera gris que traigo. —¡Eres el
mejor!
—Ya, ya. Sé que estás emocionado, pero control. —Digo un poco más
serio y él asiente repetidas veces sonrojado haciéndome sonreís
satisfecho. —Buen chico.
Salimos nuevamente y yo tomo la billetera, frenándonos en la esquina
para tomar el autobús que lleva al centro de la ciudad. Yo mientras
desbloqueo mi teléfono e ingreso a la página principal del cine para ver la
cartelera; mis ojos van viajando con cuidado por todas las portadas hasta
que me detengo en una que llama particularmente mi atención.
—¿Jimin? —Le llamo y él se voltea después de que ambos subimos al
transporta público y vamos casi a la parte de atrás. —Creo que esta
podría ser buena para ver.
Él se acerca a examinar con cuidado lo que le coloco en la pantalla y
observa fijamente el título para después leer la sinopsis. Arquea su ceja y
asiente.
—Luce interesante... Juego de poder. Está inspirada en una historia real,
¿no? —Pregunta él curioso y yo asiento.
—Fue un caso famoso durante un tiempo, de un chico que se unió a la
DEA y se infiltró para capturar a uno de los capos más famosos a nivel
mundial. Bueno... en trata de personas más que nada. —Explico antes
de mantenerme acurrucado cerca de él, paso mi brazo detrás de su nuca
y lo pego a mí para que se repose en mi pecho en lo que llegamos.
El trayecto no es excesivamente corto, pero al menos es suficiente para
que lleguemos a tiempo a la función. Tomo a Jimin de la mano para
guiarlo por toda la plaza hasta el cine donde huele a palomitas, hay
algunas filas en taquilla, dulcería y mucha gente corriendo de un lado a
otro, niños, adultos y grupos de amigos grandes. El rubio los observa
cautivado como si ingresa a algún tipo de nuevo mundo desconocido que
lo vuelve loco.
—Increíble... —Susurra y le digo que de una vuelta mientras yo compro
los boletos.
Él me hace caso y con la sudadera puesto y tratando de pasar por bajo
perfil, observa todo el entorno sonriente dando vueltas, leyendo bien lo
que hay en las pantallas coloridas de dulcería, combos, crepas y más. En
sí no parece tener suficiente, yo niego ante ello. Me acerco a la señorita
que me ve unos momentos curiosa y coqueta, pero no hago mucho caso
y sencillamente pido los boleto, elijo los asiento en el centro un poco a la
esquina ya que el centro está lleno y observo a Jimin.
—¿Quieres palomitas? —Le pregunto y él asiente eufórico. —Bien,
compartiremos un refresco tú y yo para no gastar mucho.
Él no dice nada y vuelve a asentir feliz dejándose hacer. Yo me dirijo
hacia la fila para ordenar la comida, manteniéndome callado junto a Jimin
quien sigue viendo el entorno sin soltar mi mano, puedo sentir su
felicidad recorriéndome y su emoción y... en parte me resulta tierno verlo
así de emocionado y tranquilo aún pese a todo. Pese a lo que pasó no
hace mucho con los chicos Elliot, Taehyung y Mingyu.
—Y... ¿cuándo fue la última vez que viniste al cine? —Me saca de mis
pensamientos y ahí es cuando lo veo de reojo, sonriendo ladino.
—Bueno... éramos aún muy jóvenes, muñeco... —Suspiro alargado
tratando de hacer memoria, sacudiendo mi cabello un poco en todos los
sentidos. —Tenía yo creo que unos doce años, fuimos para el
cumpleaños de Taehyung a ver una película de terror, ya ni recuerdo
cuál era.
—Entiendo. —Él asiente cortamente y me da un apretón en la mano,
apoyándose en mi hombro nuevamente. —Es lindo que mi primera vez
en el cine sea contigo.
—No solo el cine es tu primera vez en algo conmigo. —Comento
divertido y él se sonroja por completo, dándome un corto codazo.
—¡Yoon! —Exclama riendo y yo observo el sonrojo en sus mejillas. —
Aún recuerdo eso, fue horrible porque tu madre podía llegar en cualquier
momento y estábamos fritos.
—Ah, vamos. —Arrugo un poco mi entrecejo. —Era imposible que viniera
porque tú y yo estábamos en una habitación aparte.
—Bueno, uno nunca sabe. Yo estaba aterrado de que nos viera. —
Dice. —Pero estar allá contigo fue lindo, el mar... la playa. Me gustaría un
día volver contigo.
—Quizá algún día podríamos irnos a una zona alejada de las personas,
en la playa... tranquilos y solos en una isla desierta desnudos. —
Comento y me relamo, Jimin haciéndome un par de cejitas. —Pervertido.
—Habló. —Me contesta riendo y yo ruedo los ojos divertido y lo pego
más a mí. —Me ahogas.
—No me gusta que te vean. —Beso su sien con cuidado y después su
boca con cierta furia apasionada, haciéndole dar un brinco y separarme
malicioso. —¿Me separas en un beso?
—Sí, eso es para castigarte. —Me saca la lengua.
—Ah... ahora yo soy el castigado.
—En efecto.
—¿Qué van a ordenar? —Nos interrumpen.
—¡Oh, un refresco de manzana grande y unas palomitas dulces también
medianas! —Se adelante Jimin al instante. —Yyyy... un chocolate.
—Claro, ¿algo más? —La chica anota todo en la pantalla.
—Nop. —Jimin sigue hablando y ella asiente alejándose. Se voltea a mí
que estoy cruzado de brazos. —Es mi primera vez, déjame gozar.
—Hm. —Es lo único que contesto aún cruzado de brazo y haciendo caso
omisos a sus intentos de darme besos en la boca.
—Aquí tienen. —La chica regresa y nos extiende las palomitas que
tomamos con cuidado junto con el refresco y el chocolate.
—Andando, sádico. —Me bromea mi muñeco de porcelana
encaminándose directo al pasillo de las salas.
—El castigo que te espera dentro de esa sala. —Gruño sonriendo para
mí mismo, relamiéndome los labios y, por fortuna o por desgracia, no me
escucha.
.
JUNGKOOK
—¿Jeon Jungkook? —Me llaman y yo al instante levanto la mirada para
buscar de dónde proviene la voz, aunque una vez que veo a Namjoon
cerca mío, hago una reverencia pese a estar sentado.
—Buenas noches. —Saludo y aunque no parece muy feliz, hago mi
mayor esfuerzo por mostrarme tranquilo y respetuoso.
—Seokjin me ha comentado... lo que sucedió. Bueno, que cambiaremos
de puesto, yo iré a India y tú te quedarás acá. —Se cruza de brazos. —
Te he traído todo mi equipo, espero sepas usarlo.
—Sí, lo suficiente. Yoongi me enseñó y Forcraft. —Digo con tono neutro,
bajando un poco la mirada y dejando que se acerca, llenándome de
cosas que van depositando los hombres.
—Bien. Todos los movimientos debes anotarlos en la computadora, aquí
están los archivos y la contraseña, cualquier duda que tengas pregúntale
a Seokjin o alguno de mis hombres, pero no dejes que ellos hagan todo
el trabajo únicamente. —Habla de mala gana y yo niego repetidas
veces.
—No... puede confiar en mí, no se preocupe. —Intento reconfortarlo,
relamiendo mis labios resecos.
—Yo debo partir, no metas la pata. ¿Entiendes? Estás en nuestro
territorio y cualquier sospecha sin confirmarla, nos da la autorización de
asesinarte. —Me apunta seriamente detrás de sus lentes y yo asiento
una vez más.
—Sí, señor.
—Mi número te lo dejo también por si se te ofrece algo, pero que sea
únicamente urgente. —Se ajusta las gafas y resopla pesadamente
sacando su teléfono y mandando un mensaje. —Nos vemos, mocoso.
—Hasta luego. —Repito en voz baja dejando que se aleje y cierre la
puerta detrás suyo.
Suelto un suspiro sumamente pesado y después me pongo manos a la
obra haciendo una revisión dura de todo lo que hay. Enciendo las
computadoras, abro las agendas, los portafolios, enciendo las cámaras
de los edificios, busco los contactos y números importantes, mis ojos
viendo fijamente cada una de las cosas y haciéndome sonreír de lado
ante ello. No era muy complicado o diferente a lo que hacía con Yoongi.
Observo los mapas de las rutas, examinando fijamente cada una de ellas
tanto terrestres como marinas, incluso aéreas, hay un poco de todo para
expandirse. Busco un poco el centro de todo, anotando cosas
importantes y moviéndome con la silla giratoria a ruedas y mordiéndome
los labios, mis músculos tensándose entre cada movimiento que hago.
—Bien... —Regreso la vista a las computadoras observando los correos
y mensajes cifrados que no tardo en codificar, en general la mayoría
siendo confirmaciones de recibos de dinero, de pruebas audiovisuales de
un par de personas... nada particularmente interesante.
Busco entre todas las cosas los rastreadores y observo distintos puntos
en códigos en distintas partes del mundo y zonas. Voy haciendo zoom
hasta dar con la mía, extrañándome de ver que sigo que estoy en
Francia porque no sé en qué jodido momento llegué acá... luego otro
punto no lejos que va al aeropuerto e imagino debe ser Namjoon.
Busco algún otro punto rojo y lo observo en una zona alejada, así que
imagino que debe ser Seokjin aunque el punto se mantiene quieto. Anoto
el teléfono de Yoongi en el buscador y únicamente aparente un signo de
interrogación y "error" en letras rojas al costado.
Veo que hay unos puntos en Italia, ignorando totalmente de quiénes sean
y un par en Estado Unidos que tampoco tengo idea de quiénes puedan
ser... pero son varios, casi unos veinte. Enarco una ceja y me acerco,
muchos están dispersados por todo el este y la costa, Florida más que
nada, mucha gente en Florida.
—Raro. —Susurro y salgo de los rastreadores, volviendo al mapa de
rutas. Todo funciona bien, parece que Namjoon se encargó de solucionar
todo antes de dejarme a cargo.
Ingreso al correo y aunque puede parecer una locura, después me
arrepiento y salgo, cogiendo mi teléfono y desactivándolo del sistema ya
que aparentemente tienes acceso a mi teléfono desde las computadoras.
No es fácil de saber, pero recuerdo al tutor de historia que tenía,
Jackson... era hackeador casi profesional y me enseñó muchos trucos en
su momento.
Ingreso al correo y aunque es muy poco probable que llegue a verlo
algún día, tacleo un par de cosas.
"Necesito hablar contigo, soy Jungkook... pero por favor, necesito que
sigas bien mis instrucciones si queremos seguir en contacto. Necesito
hablar contigo urgentemente, por favor contesta cuando puedas.
¿Recuerdas nuestro plan de descubrir todo el pasado de Jimin? En
realidad parece que los de Europa tengas información más jugosa de
todos allá. Ayúdame con estas cosas, ya sabes cómo funciona.
PD: Sé que entras poco a tu correo, por eso te lo mando a este que sé
que es privado. Apenas leas esto, búscame por este mismo mail, pero ya
sabes el truco de borradores. Te espero. "
Y pulso enviar.
Correo correctamente enviado a [Link]
116
20 AÑOS ANTES.
El pequeño Park Jimin se encontraba en los brazos de su madre Park
Chaerin llorando, esta lo sujetaba con fuerza, besando su cabeza
repetidas veces para intentar tranquilizarlo. Su aliento iba rápido mientras
corría desesperadamente por la banqueta, sus pasos sonando fuerte
cada que pisaba algún charco de agua e intentaba tapar al pequeño
rubio que lloraba desconsoladamente.
Intentó cubrirse aunque aquello fuese casi imposible y después de largos
minutos, pudo frenar un taxi en el que se subió rápidamente cerrando
bien la puerta.
—Lléveme al centro, por favor. —Pidió ella meciendo al bebé que no
dejaba de llorar desconsoladamente en sus brazos. —Shhh... respira, mi
amor, tranquilo que mamá está acá.
Le marcó a Sullivan rápidamente en lo que el taxi daba marcha, su pecho
subiendo y bajando rápido debido a lo mucho que había corrido.
—¿Lo tienes? —Preguntó Sullivan del otro lado.
—Sí, ha sido el único niño sin documentos de nombre Jimin. —Contestó
Park Chaerin mordiéndose fuerte los labios. —¿Ahora qué?
—Necesito que vivas en Nueva York durante un tiempo y después de
traslades a Oregón... —Habló Sullivan del otro lado, un pequeño llanto
escuchándose de fondo. —¡Elliot! Lo siento, debo dejarte.
Colgó y Park Chaerin regresó la vista al dulce Jimin de tiernos ojos
rojizos de tanto llorar. Besó su frente dulcemente y lo observó fijamente
durante largos segundos antes de suspirar. ¿Por qué ese pequeño era
tan importante? Aún no sabía, pero había jurado cuidarlo como si fuese
su propio hijo desde un inicio. No estaba segura de dónde provenía, solo
que se lo habían encargado y Sullivan era alguien en quien confiaba
pese a su joven edad. Ella era mucho mayor que él casi por diez años,
pero el chico de veintitrés años se había mostrado incluso más seguro y
astuto que su padre.
Se mantuvo con Jimin en brazos hasta llegar al centro de la ciudad
donde siguió corriendo apresurada para evitar el mayor número de
miradas posibles. No estaba segura en ningún lado aún... al menos, no
hasta que llegara a Oregón.
UN PAR DE AÑOS DESPUÉS.
—¡Qué grande está Aline! —Exclamó Chaerin viendo a la chica con
gafas que le sacaba un año a Jimin, siempre se había caracterizado por
ser una súper-dotada y por eso siempre iba unos años más adelantes
que los chicos de su edad. —Es un encanto de muchacha.
—En efecto lo es... —Su madre sonrió viendo a su hija de aspecto dulce
y ligeramente serio, pero siempre era buena con los demás y todas las
personas. —Al menos, nada que ver con el padre, imagínate. —Rió la
madre de Aline.
Jimin examinaba a la chica que era un poco más alta y le sonreía de
cuando en cuando. Recordaba jugar con ella de pequeños hasta que se
mudaron a Oregón y empezó su nueva vida. El dulce Jiminnie... el dulce,
dulce Jiminnie tan encantador enredándose en la boca de los lobos sin
saberlo con su madre.
¿Quién lo diría?
—¡Chaerin! —Llamó Sullivan y la mujer se detuvo, se encontraba en el
edificio y no pasó mucho hasta que volteara detrás de ella.
—Dime.
—¿La cena sigue en pie? Ya sabes, la de año nuevo. —Sullivan sonrió
con encanto. —Ojalá pudiese llevar a mi hijo, no estará así que pensaba
en invitar a Kyle en dado caso.
—Claro, sin problema. Yo invitaré a unos amigos míos, padres del
colegio de Jimin entre otros. —Chaerin asintió y Sullivan devolvió el
gesto.
—Entonces allí te veo.
—Allí me verás...
.
—¡YOONGI, NO! ¡MI MADRE!
Park Chaerin apenas alcanzó a levantar la mirada cuando los hombres
de negro siguieron combatiendo ferozmente contra todos. No supo en
qué momento esto había sucedido... en qué momento la cena se había
convertido en una masacre de invitados donde todos caían.
—¡VIENE FORCRAFT! —Escuchó gritar a Sullivan y aunque no
entendió, intentó levantarse, corriendo entre las personas para intentar
alcanzar a Jimin que había huído con Yoongi.
No podía irse con él...
—¡JIMIN! —Gritó antes de soltar un grito cuando más hombre
aparecieron.
Vio a Kim Taehyung disparar en varios puntos y aprovechando el
escándalo intentó volver a huir sin percatarse que un hombre salía. Entre
su corrida y el hombre que iba cauteloso, Kim Taehyung disparó doble al
no poder ver, dándole justo en la cabeza al hombre y en el pecho a Park
Chaerin quien cayó directo al suelo.
No pudieron salvarla, apenas Kim Taehyung se acercó a ella intentando
detener la hemorragia temblando, la mujer lo vio suplicante a los ojos
pasando la sangre en su boca.
—Cuídalo... —Pidió con su último aliento la rubia mujer. —Cuida a Jimin,
Taehyung.
El secreto mejor guardado ha salido fuera de la caja.
117
DOS SEMANAS DESPUÉS
JIMIN
—¿Crees que Jungkook realmente ha muerto? —Le pregunto a Yoongi
en plena carretera, pero es cierto que aunque no hemos vuelto a hablar
del tema, me resulta imposible no mencionarlo.
—No. —Contesta con sencillez. —Recuerda que esa vez aunque
rompiste a llorar, te tranquilicé diciendo que era poco probable y sigo
creyendo en eso firmemente.
—¿Cómo estás tan seguro? —Pregunto viendo a través de la ventana el
paisaje oscuro debido a la noche que se encuentra cayendo, el
crepúsculo a lo lejos dando los últimos suspiros de luz que me hacen
apretar mis labios.
—Porque a ninguno le conviene que Jeon Jungkook muera... —Dice en
silencio y poco a poco detiene el auto desbloqueando su teléfono. —Le
enviaré un correo a un amigo de mi madre que tiene unos departamentos
en Florida... en la costa estaremos seguros, probablemente tomemos un
crucero a América del Sur.
—Vaya. —Suspiro alargado y río suavemente. —A donde me lleves
estaré bien con ello, pero... ¿por qué América del Sur?
—No me apetece estar en Asia o en cualquier parte de Europa, si nos
vamos a Brasil, por ejemplo, estaríamos muy bien. —Yoongi alza sus
hombros. —Sopa do macaco.
—¿Qué? —Lo veo riendo y él ríe también, negando.
—Nada... —Veo que ingresa al correo. —Le hablaré desde una cuenta
compartida con Taehyung que tengo para negocios y... —Se calla unos
momentos y mientras yo espero a que hable, su rostro se endurece y su
ceño se frunce después de unos segundos.
—¿Qué ha pasado? —Pregunto después de largos segundos en silencio
y Yoongi niega.
—Nada, solo recibí un correo hace un poco más de dos semanas de un
contacto que no tengo, se me hace extraño, creí que ya nadie le hablaba
a esta cuenta. —Mueve su dedo por la pantalla y su semblante cada vez
se vuelve más frío.
El silencio repentinamente se vuelve gélido y como si todo terminara de
perder luz, nos quedamos en la oscuridad en plena carretera. Siento un
nudo en mi garganta y algo me dice que es más prudente no preguntar,
pero aún así la curiosidad me invade.
—¿Qué pasó? —Repito.
—Nada que importe. —Responde cortante y sé que es su forma de decir
"no te importa, no preguntes". —Seguimos nuestro camino a Florida.
¿Puedes manejar lo que queda?
—Claro. —Asiento.
Yoongi y yo salimos e intercambiamos lugares, él tomando el asiento del
copiloto y empezando a escribir un mensaje rápido que no alcanzo a ver,
pero intento ignorarlo y mantener la vista fija en la ruta. Me distraigo
viendo los árboles que pasamos, acelerando un poco más de lo que
debemos, pero ya quiero llegar y que Yoongi esté en ese semblante serio
y misterioso no me deja muy tranquilo.
Algo malo ha pasado, estoy seguro. O inesperado. ¿No sé? Algo con su
correo, pero intentaré meter pocas narices en eso, al menos, hasta que
esté un poco más tranquilo y decida hablar. Mientras tanto... esperar y
callarse para no despertar a la bestia, ya hallaré el momento exacto para
extraer información.
—Solo espero no vayan a matarnos. —Bromeo, pero Yoongi no ríe. —
Otra vez.
—Calla y concéntrate en manejar. —Habla filoso haciéndome encoger un
poco en mi asiento y apretar mis labios bruscamente. Prefiero ya no decir
algo más, así que únicamente asiento.
Una vez entrando a Florida donde el ambiente termina de calmarse y
vuelve casi a la naturalidad, Yoongi me va dando indicaciones por dónde
irme. Pasamos por la costa y es realmente bello, debo admitir. Escuché
que hay un Disney por acá... eso es emocionante aunque sé que jamás
iré a uno.
—¿Dónde estamos? —Pregunto viendo lo edificios tan lujosos y las luces
moradas decorando todo el entorno.
—Jacksonville. —Me dice Yoongi y yo asiento. —Sigue esa avenida, no
he podido contactarlo pero mañana temprano hablaré con él, mientras
nos quedaremos en un hotel.
—¿No es ya mucho gusto? ¿De dónde sacas ingresos? —Pregunto
preocupado.
—Robé una tarjeta de crédito, una de las tantas que tenían y todo el
dinero lo pasé a mi cuenta, dudo que vayan a extrañar casi un millón de
dólares.
—Joder... —Expando mis ojos sin poder creerlo. —Eso es mucho dinero,
Yoon...
—Bueno son 600 000 mil dólares en realidad, pero es algo. Este será el
primer lugar más "caro" al que entraremos, y tampoco lo es tanto porque
estaremos una noche. —No te preocupes por eso y déjamelo a mí.
Asiento ligeramente y veo que vuelve a sacar su teléfono y aunque
ignore de qué pueda ser, no tengo un buen presentimiento de ello. Solo
espero estar equivocado y solo sean paranoias mías.
YOONGI
No entiendo exactamente cómo Jungkook logró obtener este correo.
¿Será él? ¿Será una trampa? Mierda, ¿qué fue de él? Muchas preguntas
hay en mi cabeza y muy pocas respuestas claras a ellas, conociéndolo...
si quisiera hacer una trampa, este no sería su estilo, además que la
siguientes indicaciones de comunicación por borradores son tan claras
que... es imposible que alguien sepa de esto.
Lo chistoso es que Taehyung jamás podrá leer esto... ni ninguna otra
cosa.
Veo a Jimin que sigue manejando algo inquieto, aunque sé que está
haciendo un gran esfuerzo por no preguntar nada y agrandar el asunto.
Suspiro con lentitud y muerdo mis labios ansioso pensándome bien si
contestar o no, hacerme pasar por Taehyung o no, mandarlo a la mierda
o no.
Bien, a la mierda. Agarro el teléfono nuevamente y siguiendo sus
indicaciones, finalmente le mando aquel correo esperando a que
conteste... yo he tardado, pero bueno, seguramente sí acaba viéndolo.
"¿Qué te ha pasado? ¿Qué necesitas?
Lamento la tardanza, no he podido entrar a nada. Las cosas están tensas
en occidente, Yoongi escapó con Jimin, aunque seguramente eso ya lo
sabes. Yo estoy bien afortunadamente, ¿pero qué hay de ti? ¿Por qué
me buscas por acá y no en persona?
"¿Pasó algo?"
Dejo el teléfono de lado e intento aclarar mi mente. Observo las calles y
sigo dándole indicaciones a Jimin viendo el mapa hasta apuntarle una
avenida larga y unas calles privadas cerca de la costa que dan a la zona
de hoteles.
—Aquí estaremos bien. —Le digo y llevamos el auto al enorme
estacionamiento hasta que bajamos con nuestras pequeñas maletas que
cada vez se vuelven más gruesas, así que má vale ir comprando otras.
—¿Seguro todo bien? —Me pregunta Jimin.
—Sí y no. —Decido hablar y callar un poco su curiosidad. —Jungkook
habló, aun no sé por qué, entonces no preguntes. Creo que es una
trampa así que lo he eliminado, no sé si sea él para empezar y prefiero
no averiguarlo. —Una pequeña mentira piadosa.
—Joder... vale. —Jimin hace una ligera mueca y desvía la mirada; siento
mi teléfono vibrar en mis pantalones.
Lo saco y me sorprendo al ver que en efecto tengo un nuevo correo. Dejo
que Jimin avance al check-in y yo mientras me quedo atrás para leer y
contestar. Esto es rápido, así que debe ser urgente.
"Me preocupaste y tranquilo... estoy mejor de mi pierna. Aunque
seguramente ya te enteraste que Seokjin me ha traído y ahora quiere
que trabaje para ellos. He encontrado cosas de Forcraft y Clara, hay
mucho material que podría ser usado muy bien siempre y cuando sea
con cuidado.
Será mejor si te hablo cara a cara, estaba viendo que tienen una
mercancía en Europa en las Bermudas, es el puente de estados unidos a
Europa, así que con algo de suerte puedo ir allí bajo un buen pretexto,
aunque no sé bien cuál.
¿Alguna idea?"
Mierda. Lo que faltaba.
Aprieto el tronco de mi nariz y mi mente va rápido. Es mucho riesgo... yo
estaba en Europa, sé un poco del funcionamiento interno... quizá podría
hablarle a un cliente de la base principal y decirle que podemos pasarle
mercancía por las Bermudas y si Jungkook sabe de esto, es porque lo
tienen con Namjoon, así que podrían convencerlo de ir y cerrar el trato.
—¡Listo! —Jimin se voltea y me entrega la tarjeta, yo trato de mostrarme
tranquilo y por el momento, parece no sospechar de nada. —Todo listo,
¿vamos?
—Adelante.
Lo sigo de cerca prestando poca atención a la decoración roja y llena de
estatuas, únicamente subiendo escaleras con él y después de unos
momentos, tomando nuestras maletas llegamos a la habitación 2332 que
es la nuestra, abriéndola y Jimin yéndose a tirar corriendo a la cama
esponjosa.
—¡Esto es vida! —Exclama. —Pido el baño primero.
—Báñate con calma, yo debo ver lo del apartamento que pueden
prestarnos. —Indico y Jimin vuelve a asentir, dándome un largo beso en
los labios y después succionando mi lengua traviesamente, yo le muerdo
el labio.
—Vale, si deseas entrar aún así, ya sabes. —Me dice tímido y su carita
de ángel antes de voltearse y entrar corriendo al baño y desaparecer de
mi vista.
"No tengo idea, dame dos días para pensar en algo y te voy avisando".
Y ahora sí, a hacer la llamada importante.
.
.
JUNGKOOK
—¿Mercancía? —Repite Seokjin confundido y en efecto, lo afirma del
otro lado de la línea.
—Te he enviado el correo... desean cerrar un trato en las Bermudas. —
Digo algo confundido, no sé si esto ha sido un golpe de suerte o un
complot. —Yo... jamás he hecho esto y Namjoon no está.
—Calma, no es difícil. —Responde él pesadamente. —Tienes
autorización, leva tu teléfono a todo momento, te tendré muy vigilado, así
que nada de tonterías. Pídele información a cliente y ve a cerrar tratos
con él, cosas simples, como los negocios que debiste hacer alguna vez,
pero con gente importante. ¿Bien?
—Bien... —Digo de vuelta. —Aún me duele caminar un poco, pero creo
que puedo con ello.
—Tranquilo que no vas a necesitar correr, dos guardias irán contigo, solo
cuadra las fechas y hora. —Me dice. —No me decepciones y me vas
avisando.
Cuelga y yo únicamente puedo tirar mi cabeza hacia atrás y volver a
ingresar al correo. Hablé con Taehyung apenas, pero parece que la
suerte está de nuestro lado para que nos encontremos. Ingreso al correo
y le mando lo que me ha llegado, lo de las Bermudas y el cliente que
desea verme en las fechas correspondientes.
"Iré a las Bermudas del 03 al 05 de Octubre, lo veo el 04 el cliente a las
12 de la mañana en un restaurante que va a confirmarme después, quizá
esta pueda ser nuestra oportunidad de vernos...
Ojalá puedas desaparecerte 3 días"
Termino de confirmar el correo e inhalo profundo, levantándome con una
pequeña mueca y tomando mis cosas para ir preparando la maleta ya
que me iría en dos días, así que era mejor irse alistando. ¿No?
Suspiro pesadamente y mi teléfono vuelve a abrir haciendo que lo
desbloquee y pueda leer el mensaje. Ingreso al correo y veo la respuesta
afirmativa de ello, diciendo que estará allí. Así mejor, si podemos volver a
trabajar juntos indirectamente, él allá y yo acá, podríamos funcionar muy
bien juntos otra vez y escapar de todo esto y encontrar las verdades.
Había muchas cosas que ya no me cuadraban mucho y quedaban
muchas cosas sin arreglar, necesitaba información de Clara y Forcraft
que Taehyung podía sacar estando allá, así que podría resultar útil...
encontrar algún punto débil dónde atacar a Europa más allá de Jimin o el
famoso Suga que es completamente inaccesible según todos los
rumores que he escuchado.
Había que pensar en otra forma de hacerlo... acabar con Yoongi
igualmente. Mi rabia hacia él en estos momento no tenía precio y me
pagaría muy caro lo que me había hecho. Lo haría... mierda.
.
JIMIN
Una vez que despierto completamente apropiado de la cama y Yoongi en
una esquina casi a punto de caerse, suelto una risa y trato de tomarlo,
pero me sorprendo cuando se sobresalta con su teléfono.
—Ah, ya estabas despierto. —Digo alzando una ceja divertido. —
Tramposo.
—Sí... —Habla en un tono serio. —Jimin, seré breve... pero necesito que
en serio conserves la calma y me escuches.
—Dime. —Murmuro preocupado.
—Saldré del 03 al 05 de octubre, por seguridad no puedo decirte a
dónde, pero necesito que tú te quedes aquí. ¿Bien? —Me dice en tono
muy serio y yo callo. —necesito arreglar unas cosas urgentes, en serio
esto no puede esperar.
—Pero... —Comienzo sintiendo un nudo en mi estómago doloroso.
—Serán tres días y necesito que estés aquí para encontrarte, aún así
tienes mi contacto y te marcaré en las mañanas y en las noches. —Sigue
explicando. —Jimin, por favor.
Lo observo largos segundos viendo a sus ojos y... no sé por qué el
problema del correo tenga algo qué ver. No debo ser paranoico...
Respira, Jimin. Respira y con calma sonríe. Son tres días y te estará
hablando.
—Al menos dime que estarás bien y a salvo. —Pido tomando su mano.
—Lo estaré. —Asiento serio. —Gracias.
—Bien...
Él sonríe apenas y se incorpora con el teléfono en mano para salir a la
terraza dejando que el sol bañe su cuerpo. Mi semblante se mantiene
serio, mi cabeza inquieta... ¿y ahora qué estaba pasando? +
Tienes un mensaje recibido de número privado.
01001000 01100101 00100000 01110110 01101001 01110011
01110100 01101111 00100000 01110001 01110101 01100101
00100000 01111001 01100001 00100000 01100101 01101101
01110000 01100101 01111010 01100001 01110011 01110100
01100101 00100000 01100001 00100000 01101001 01101110
01110110 01100101 01110011 01110100 01101001 01100111
01100001 01110010 00101100 00100000 01110100 01100101
00100000 01100100 01100001 01110010 11101001 00100000
01110101 01101110 01100001 00100000 01110000 01101001
01110011 01110100 01100001 00101110
Tienes otro mensaje de número privado.
01001010 01101001 01101101 01101001 01101110 00100000
01100101 01110011 00100000 01100101 01101100 00100000
01101000 01100101 01110010 01101101 01100001 01101110
01101111 00100000 01100100 01100101 00100000 01000001
01101110 01110100 01101000 01101111 01101110 01111001
.
.
BLOODYPARKDROG
.
119
YOONGI
No me toma mucho bajar del avión, me cubro con el cubre-bocas y
posteriormente paso por la maleta al lugar indicado, no tomando mucha
importancia. Observo el cielo que ya está completamente oscuro y
avanzo hasta la salida donde están los taxis.
"Voy para allá."
El correo es rápido, seco y filoso, no necesito decir nada más, no me
importa de hecho si me contesta o no, solamente quiero llegar y dejar
muchas cosas claras con él. Mi teléfono vibra, no lo desbloqueo y espero
mejor que el taxi me deje en el hotel. Me acomodo el cubre-bocas que se
encuentra mi rostro y una vez que cruzamos una larga avenida cruzando
a la otra isla, no pasa mucha hasta que damos una vuelta llegando a una
zona cerca de la playa.
—Gracias. —Contesto sin mucho ánimo y bajando del taxi con mis
cosas, observo el hotel enorme color blanco que es extremadamente
largo y tienes luces muy bajas en la parte externa, los grillos
escuchándose a la perfección por todo el entorno haciendo de la noche
una dulce melodía.
Paso por la entrada dejando que se abra en una enorme recepción que
tiene varias columnas sujetando un techo que va en triángulo hacia
arriba, todo de piedra sumamente fino con colores rojos decorando el
entorno, dorados. Evito el check-in y trato de actuar como si no estuviera
perdido, viendo fijamente una planta en una maceta rosa en la esquina a
la cual me acerco. Meto la mano en la tierra dando la espalda y sintiendo
allí la tarjeta, viendo el número.
—Buen chico. —Me digo a mí mismo y busco en la enumeración que hay
en los paneles.
Avanzo por un pasillo exterior que conecta al otro edificio, cruzando la
enorme piscina que está casi vacía, avanzo con perfil bajo, caminando
en soledad. Bueno, claramente va a estar muy vacío ya que es la una de
la mañana, o quizá ya las dos... no sé. Llego al otro edificio que es color
rojo y entro al elevador, pulsando el botón que me lleva hasta el cuarto
piso. Espero viendo hacia las maletas y después acomodándome la ropa
viéndome en el espejo, mi mente inquieta revoloteando muchos posibles
escenarios.
Las puertas se abren haciéndome esbozar una sonrisa interna y cruzo el
pasillo yendo a la derecha, cruzo un par de cuadras en un pasillo con
piso de alfombra, todo color café claro hasta ver los números grabados
en una puerta blanca que no dudo en tocar dos veces. Cojo la tarjeta y la
ingreso, viendo la luz verde y metiéndome dentro justo cuando escucho
unos ruidos a mi lado. Cierro la puerta viendo la puerta del baño cerrada
con luz prendida, las cosas en el suelo un poco regadas con la maleta
abierta.
—¡Voy! —Llama Jungkook desde adentro y yo aprovecho para quitarme
la gorra y el cubre-bocas, dejando todo de lado y esperando sonriente a
que abra.
Pobre niño inocente...
—¿El vuelo ha sido largo? Joder, tengo tantas cosas que cont- —La
puerta se abre y veo su adorable rostro en una pequeña sonrisa,
semblante que se deforma apenas me ve, pero sujeto la puerta con
fuerza y lo sujeto del cuello fuerte, aunque él intente empujarme.
—Cállate, no me obligues a asesinarte aquí, Jungkook. —Amenazo lento
y con voz calmada, el niñato dejando de removerse al instante solo para
verme con los ojos muy abiertos, asustado y enojado. —Sabes que soy
capaz... —Sonrío y le hago seña de silencio con mi mano libre. —Shh...
Él se mantiene en silencio y si no lo conociera tan bien, no hubiese
retirado mi mano de su débil cuello. Él no grita, no se mueve, solo se me
queda viendo en silencio, el dolor en su mirada así como enojo. Yo bajo
al instante mi vista viendo la toalla que lleva y su venda recién colocada
en la pierna, el feo recuerdo azotando mi cabeza.
—¿Por qué lo hiciste...? —Me pregunta dolido. —Y-yo confiaba en ti... t-
tú siempre me has cuidado, Yoongi. T-tú todo el tiempo has estado ahí
para mí desde que Taehyung me molestaba, cuando me salvaste de
aquella fiesta...
—Necesitaba una distracción. —Lo detengo bruscamente. —No quería
hacer eso, no estaba en todos mis cables ese día.
—Sé que no... ¿pero era tan necesario ello? —Me sigue viendo mal y
retrocede un paso. —Mierda... para empezar, ¿qué carajos haces acá?
—Bien. —Alzo mis hombros y entro al baño con él viendo cómo agarra
su ropa y me sigue viendo desconfiado. —Le mandaste el correo a
Taehyung, pero yo también acceso ahí. Hablaste conmigo.
Jungkook ríe seco y niega.
—¿Y cuál es el afán? —Me pregunta de mala gana pasando a mi lado, lo
sigo lento con la mirada. —Tan sencillo que sería ignorarme.
—Tienes información y me interesa. —Lo sigo cerrando la puerta viendo
cómo tira las cosas en la cama que está junto a la pared. —Así que
vine... además, debía darte una explicación por esa pierna.
—Oh, sí. Muchas gracias, tu hermano psicópata me ha vuelto parte de
Europa y ahora estoy condenado a servirles hasta no sé cuándo siendo
un jodido esclavo Francés. Menuda maravilla, en serio gracias. —
Contesta con su tono filoso y amargo clásico en él.
—Pude haberte matado. —Contesto superficial quitándome la sudadera
que tengo, ya estaba hasta el coño de calor.
—Gracias, eso me reconforta mucho. —Rueda sus ojos y para ese
entonces ya tiene un bóxer negro y su camisa de igual forma de tela
delgada. —¿Puedes irte? Sinceramente no me apetece conversar
contigo de nada y la única razón por la cuál estoy tratando de
mantenerme calmado es porque has hecho más cosas buenas que
malas por mí, sin embargo, eso no significa que te perdone.
—¿Qué averiguaste de Jimin? ¿Qué investigaste allá en Europa? —Me
limpio el culo con su comentario y explicación acercándome, él me ve de
brazos cruzados, sus músculos marcándose de forma interesante... se
ha puesto cada vez más apuesto el chico.
—Nada que te importe. —Me señala acusador.
—Soy como tu hermano, puedes contarme todo. —Le sonrío.
—Oh no, tu fraternidad puedes metértela por el cuelo que
aparentemente, solo te importo cuando necesitas algo. ¿Y si no? No
tienes problema en dejarme en la mierda y a punto de morir, no es como
si no te conociera. —Me sigue señalando enojado y yo río negando. —
¿O me equivoco? Yo si estuviera en peligro no harías nada por mí, tú
solo me querías para la jodida venganza, luego para acabar tus putos
trabajos sucios y ahora por información. ¿Y si no? ¿Y si yo necesito
ayuda? ¡ME DISPARAS EN LA PIERNA DEJÁNDOME A LA PUTA
SUERTE PARA QUE TODOS CREAN QUE SOY UN MALDITO
TRAIDOR!
—Jeon, baja la voz. —Amenazo.
—¡No! ¡Vete a la mierda! Ya me han dado suficientes puñaladas por la
espalda, el colmo fuiste tú. —Me sigue gritando. —¡Yo confiaba en ti!
—¿Y por qué seguías conmigo si tanto ya sabías cómo era? —Le
devuelvo el tono de voz alto. —¿Eh?
—¡Porque yo si te quiero, imbécil! —Me da un fuerte empujón que me
deja en un crudo silencio. —¡Porque yo te quiero, porque me importas,
mierda! ¡Porque eres lo único que me da fuerza y un poco de cariño! —
Sus ojos se llenan de lágrimas y yo solo siento un nudo amargo en mi
garganta. —¡Porque confié en ti! ¡Porque fuiste el único que jamás me
dio la espalda! ¡Soy huérfano, Yoongi! ¡Tú eres el único en quien me
apoyo, en quien veo una relación sincera y t-tú...!
Me quedo en silencio esperando a que siga, pero el sollozo lo traiciona y
se cubre el rostro, volteándose para romper a llorar. Trago saliva con
dureza. Nunca lo había visto en ese estado conmigo, desde esa vez que
le mostré el vídeo, jamás había hecho algo así, jamás había explotado de
esa forma... mierda. Mis ojos lo escanean rápido y aunque puedo decir
mucho, nada sale de mi boca... solo escucho su llanto quebrado antes de
que vuelva a verme furioso, furioso y dolido con su labio inferior
temblando.
—¡T-tú me usaste! —Grita fuerte. —¡Confié en ti y me usaste! ¡Años
juntos, Yoongi! ¡Eras el único a quien le hubiese confiado mi puta vida sin
dudarlo ni un segundo!
Antes de que vuelva a llorar, lo sujeto con fuerza de los hombros para
que me vea. Intenta zafarse, pero lo sujeto bien y lo siento a la fuerza
tomando duro su barbilla. Él intenta bajar la mirada, se resiste, pero lo
mantengo en alto.
—Cállate y escúchame, Jeon Jungkook. —Pronuncio con voz dura, él
negando y bajando solo sus pestañas. —Necesitaba una carnada ese
día, no significa que en ningún momento te haya odiado o usado. Desde
un inicio he estado pendiente en ti porque tienes potencial.
—Deja tus palabras para alguien que te las crea. —Me responde. —Yo
no soy Jimin, Yoongi. Yo no soy tu puto muñeco masoquista que tienes a
tus pies dispuesto a todo por ti, lo único que te pertenece es mi
confianza... y la perdiste.
—Me encariñé contigo a la larga, nunca he usado mis métodos violentos
para enseñarte. Eres ágil, eres un chico del cual siempre he sentido
cierta debilidad te guste o no. Me creas o no, confío en ti, Jeon. Eres el
único que siempre ha tenido contacto conmigo. —Lo sigo viendo mordaz
y él me observa —¿Es que ya se te ha olvidado que viviste conmigo
después de que murió tu padre? ¿Se te olvidó quién te dio cobijo, quién
se quedó hasta la madrugada enseñándote programación?
Él se calla al instante. Su mirada sigue igual de impenetrable, pero sus
lágrimas al menos corren de forma silencio, sus labios apretados.
Suspiro apenas y suelto suavemente su barbilla, llevando mi mano a su
mejilla que acuno inclinándome un poco a él.
—¿Ya se te ha olvidado quién te enseñó a conducir, a andar en moto?
¿Quién te llevó a conocer Nueva York en navidad? —Enarco una ceja y
él destensa sus labios, bajando la mirada otra vez. —¿Todas esas veces
que te recogí en el trabajo de medio tiempo, Jungkook? ¿Quién te dio
esa cadena que portabas hace no mucho todavía? —Insisto. —Yo esas
mierdas no las hago por cualquiera, estuvimos juntos años. Viviste
conmigo día con día, peleamos, nos reconciliamos, discutimos para
saber qué cenar, me viste asesinar gente, me ayudaste a esconder
cadáveres, conmigo diste tu primer tiro, tu primera manchada de sangre
fue en mi presencia. ¿No fue así, Jungkook? ¿No fue así?
—Sí... —Responde débilmente. —Fue así.
—¿Y todavía crees que solo te he usado? No me molestaría en todo eso
si así fuera. —Sigo acunando su mejilla y él se tensa ligeramente
viéndome cerca. —Eres mi segundo muñeco, Jungkook. No eres ese
tierno muñeco de porcelana, eres ese muñeco de hierro que yo mismo
he forjado. Eres mi más pura y bella creación.
—Pero no soy como tú, Min. —Me sigue viendo con esos ojos vacíos. —
Yo jamás te daría la espalda.
—Y no lo dudo. Yo tampoco te daré la espalda, no otra vez. —Le digo
seguro. —Tengo un plan. Un plan que con suerte y si me haces caso,
todos vamos a liberarnos de esta eterna guerra. Pero necesito tu ayuda,
necesito que vuelvas a confiar en mí y hagas todo lo que te pido.
—¿Cómo sé que no vas a salir solo tú beneficiado? —Me ve hostil. —
Sí... todo este tiempo me has ayudado, pero algo aprendí bien de ti... y
no se me ha olvidado, Yoongi.
Enarco una ceja y lo veo confundido, él alza su barbilla:
—No intentes ganar por la fuerza lo que puede ser ganado con la
mentira.
Mi ceño se frunce y Jungkook niega intentando levantarse, pero lo
detengo cogiéndolo de la camisa. Él me sigue viendo fijamente, abre sus
labios para decir algo, pero le tapo la boca provocando que me vea aún
más confundido. Relamo mis labios.
"Estás a punto de cometer la puta locura más legendaria de tu asquerosa
vida, Min".
—Mi filosofía jamás se aplicó contigo, Jeon. —Respondo bruscamente.
—Por el sencillo hecho que a ti me es muy difícil mentirte por quien eres.
—Patético.
—Asqueroso mocoso.
Jungkook intenta golpearme, pero mando todo a la jodida mierda y lo
tumbo a la cama brusco con mis labios sobre los suyos. Él expande sus
ojos y casi puedo sentir su grito ahogado, pero me importa poco ya que
mi boca se mueve brusco y salvaje contra la suya, por primera vez
probando esos labios delgados y esa boca dulce. Mi lengua hace un
recorrido por su paladar, siento su cuerpo tensarse por completo,
seguramente procesando lo que estoy haciendo. Me importa poco. Mis
labios estampados contra los suyos moviéndose agresivos y hambrientos
solo importa, sorprendiéndome con el deseo que azota mi cuerpo con él.
No me pasaba muy seguido el sentir esa onda de calor en mi cuerpo
después (o durante) el devorarle la boca a alguien.
—Mierda... —Me susurra él cuando me separo brevemente para tomar
aire, sus ojos viéndome sin poder creerlo y su boca bien abierta. —
Yoongi...
—Shh... —Vuelvo a callarlo volviendo a rozar nuestros labios, él
empujándose ahora contra mí para volver a atraparlos haciéndome
gruñir. No quiero separarme. No quiero, no puedo, sigue succionando mi
lengua húmedamente, mi cuerpo se enciende cuando lleva sus manos a
mi pecho por debajo de mi camisa y me separo agitado. —Joder.
—¿Qué estamos haciendo? —Pregunta aún tumbado en la cama, yo
niego sin saber qué responder y solo dejo que mis manos se muevan
solas a mi camisa que retiro. Jungkook expande sus ojos e intenta cerrar
sus piernas, pero se las mantengo abiertas, expandiendo de par en par y
besando su abdomen sobre la tela. —Y-Yoongi...
—Solo déjame hacerlo, sabes que esto no es con cualquiera. ¿O qué? —
Pregunto zafando mi cinturón lentamente sin dejar de ver a sus ojos que
siguen asustados, pero la lujuria amenaza con aparecer. —¿Crees que
no sabía que me tenías ganas también? Tú y yo hemos tenido muchos
roces, cariño.
Jungkook desvía la mirada y yo lo tomo brusco del cabello para que me
vea, sonriendo cuando veo un pequeño rubor en sus mejillas.
—¿Es que acaso se te ha olvidado cómo te restregaste contra mí esa
vez en la lección? —Murmuro cerca de su boca. —Sabías bien que
estaba detrás tuyo, me sentiste duro, ¿verdad? ¿Sentiste mi polla sobre
el pantalón y te gustó eso?
—Cállate. —Murmura filoso intentando empujarme, pero mi mano va a su
entrepierna dando un ligero apretón. Él se hiela y me ve fijo, mis besos
yendo a sus muslos, subiendo poco a poco hasta quedar en su boca,
robándole otro ardiente beso. —Déjame hacerte mío y ve por ti mismo si
me importas o no.
Su mirada se conecta fuerte con la mía, mi mano subiendo lentamente
por su cuello frágil y presionando para ahorcarlo y sonriendo ante ello.
Tranquilo voy esperando su respuesta, pero la forma en la cuál se retira
la camisa frente a mí sin titubear y su silencio me dan la respuesta clara.
—Ese es mi muñeco forjado... siempre enorgulleciendo a tu creador. —Y
vuelvo a tomar su boca con fervor, dejando que el hambre nos invada, su
cuerpo colocándose con cuidado sobre el mío, mis manos yendo
directamente a su ropa interior, apretando y clavándose en su culo que
presiono, abriendo y cerrando ligeramente para tantear su entrada,
sonriendo en gloria al escuchar su gemido contra mi boca.
Oh... tan lindo niño... no tenía idea de todo lo que le esperaba estando
conmigo.+
120
YOONGI
No sé bien en qué momento sucede... simplemente sucede. En un abrir y
cerrar de ojos, Jeon Jungkook se encuentra completamente desnudo
encima mío, besándome con el mismo fervor y ahogando gemidos cada
mi índice se hunde lento en su interior, frotando para empezar a dilatarlo
lentamente, intenso, lento, sumamente furioso dejando que tironee de
mis labios.
—Mierda... —Murmura apoyando su cabeza en mi pecho, yo esbozando
una sonrisa y guiando su mano a mi ropa interior donde ya está mi polla
endurecida detrás de la tela, goteante para él. Él alza la mirada y
empieza a besar mi cuello, removiéndose apenas para bajar su mano
hasta mi ropa interior, empezando a bombear de arriba a abajo una vez
que libera mi polla.
—Ah... joder. Así, precioso... menudo delicioso ritmo tienes. —Gruño
dejando caer mi cabeza por completo en la cama. Jungkook se mueve
provocando que mi dedo salga de él y va directamente a mi abdomen
que besa, sus labios calientes moviéndose por mi zona baja hasta que su
lengua mojada pasa por toda la cabeza de mi glande haciéndome sisear
y aguantar la respiración una vez que la toma.
Cubro mi rostro con mi brazo, mordiendo la esquina de mi labio y con mi
otra mano libre, voy a su cabello que sujeto firme, arremetiendo contra su
boca lentamente dejándome hundir en la calidez que emana su pequeña
cavidad húmeda. Jodida mierda, ¿cómo nunca había recibido una
chupada suya? La forma tortuosa de moverse, sus dedos tamborileando
lo que falta y su lengua moviéndose en distintas direcciones me hace
preguntarme muy seriamente quién le enseñó a dar mamadas tan
buenas...
O con quién lo practicó, mejor dicho. Porque conmigo claramente no fue.
—Mhg... —Sube lentamente con besos hasta mi glande que palmea
suavemente con la punta de su lengua, absorbiendo con ligereza y
volviendo a bajar hasta la base, dando un beso travieso cerca de mis
testículos que me hace rendirme ante él. —No sabía que tenías una polla
tan buena.
Río ronco sintiéndola engrosarse aún un poco más cuando la toma: —
Joder... y quién diría que serías tan bueno en estas cosas. ¿Con quién
practicaste?
—Es historia. —Me contesta en una pequeña risa. No encuentro la
gracia, sinceramente... pero bueno, supongo que él sabrá.
—Ya. —Es lo único que respondo antes de sonreír de lado y sentarme
con cuidado en la cama haciendo que se incorpore. Busco sus labios al
instante y ahora yo lo tumbo en el centro, abriendo de par en par sus
piernas para colocarme entre ellas y robarle un par más de besos
húmedos, tirando de su cabello. —¿Listo para ello?
—Joder... s-solo hazlo. —Me suplica aferrándose a mis hombros y yo
retengo el aliento, buscando concentrarme bien, estirando mi mano para
tomar mis cosas y sonreír sonreír sobre su boca una vez acomodado. Su
gemido quiebra su garganta y yo gruñe fuerte aferrándome a él.
Primera embestida.
—¡Yoongi... mgh...! —Se aferra fuerte a mis hombros, mordiéndome el
izquierdo, siento mis muslos tensarse ante ello y libero mi aire, saliendo
lentamente y mordiéndome mis labios fuerte, intentando mantener el
jodido control y la cordura en mi cabeza.
Segunda embestida.
—A-ah... —Siento que se tensa nuevamente debajo mio, su respiración
agitada contra mi piel húmeda y rojiza por sus mordidas.
Tercera, cuarta, quinta embestida.
—Más... —Me pide quebrado, con esa ronquez suya y cruzando miradas
conmigo para verme, su cuerpo debajo del mío, su miembro que tomo
contra mi mano empezando a bombear lento sin quitarle la mirada de
encima, sus ojos fijos en los míos, jadeando sobre sus labios.
Suelto una ronca carcajada viéndolo tan suplicante, mis uñas
deslizándose por su tersa y preciosa piel, marcando rasguños y mis
embestidas volviéndose ligeramente más constantes, el golpeteo brusco
que nos hace aferrarnos, mis gemidos poco a poco mezclándose con los
suyos cuando azoto la cama fuerte, toda la jodida tensión liberándose
bruscamente cuando siento que se dilata más para mí, escuchándolo
gemir debajo mío.
—Pero menudo necesitado... lo tragas todo tan bien, Jeon. ¿Quién lo
diría? —Sonrío con morbo asfixiando su cuello antes de lamer
lentamente su barbilla, sintiendo nuestros latidos rápidos y mi polla
arremeter aún más profundo y rápido, las embestidas duras comienzan
después de unos segundos, apoyando mis codos al costado de su
cabeza, empezando a atascarlo de mordidas bruscas.
—¡Ah! —Grita él cuando me clavo en su cuello succionando como bestia
su piel, embistiéndolo jodidamente profundo y solo saliendo de él para
voltearlo brusco, volviendo a abrir sus piernas para hundirme en él
tirando de su cabello. Su espalda se arquea con el movimiento y mi
pelvis choca duro... más duro haciendo sus gritos.
—Y pase lo que pase, Jungkook... —Susurro dándole un fuerte tirón con
una sonrisa enferma. —No vas a dejar de gritar. ¿Me oyes? Quiero dejar
tus gemidos bien grabados en mi cabeza.
Él asiente como puede, temblando y solo pidiendo por más,
empujándose contra mí mientras yo cojo mi teléfono, abriendo solamente
la mensajería y negando suavemente ante ello.
—¿Lo estás disfrutando, Jungkook? —Pregunto carcajeando y
empezando a grabar un audio de voz. —¿Lo haces, muñeco?
Él se sonroja y suelta un pequeño gemido, empujo fuerte haciendo que
grite ligeramente mi nombre mientras yo arremeto brusco contra él,
sintiéndolo tensarse debajo mío, sus gemidos potentes con sus piernas
temblando avisándome que probablemente no tarda en llegar.
—Así, pequeño... —Murmuro ronco esbozando una sonrisa, cogiendo el
teléfono que está cerca mío como si no fuese la gran cosa, solamente
viendo que era ya una hora tardía y joder... justo el momento exacto, mi
polla palpitando dentro de Jungkook anunciando que también voy a
llegar.
Lo desbloqueo bruscamente quedando en el chat de Jimin breves
instantes, mordiendo mis labios para apretar la cámara, volteando brusco
a Jungkook para besarlo con fervor cuando grabo, sus labios
moviéndose ansiosos y hambrientos contra los míos. Me jalonea el
cabello, me besa desordenado entre gemidos toscos, su espalda
arqueándose cuando siento que llega. Mierda, el escándalo que produce
mientras yo beso su cuello varias veces.
—¿La pasas bien conmigo? —Le pregunto sin dejar de moverme.
—C-como con ningún otro... —Jadea completamente excitado.— Más de
lo que me hubiese gustado, si te soy f-franco.
Freno bruscamente la grabación que se envía en el chat, soltando una
enorme carcajada y mordiendo a Jungkook fuerte en el cuello viendo a la
pantalla, él volteándose para también ver... estallando en risas
igualmente.
—Ups. —Bloqueo el teléfono cuando veo que el mensaje ha sido
correctamente enviado y lo lanzo del otro lado. —Se me escapó.
.
JIMIN
—¿Jimin? —La voz de Forcraft resuena del otro lado de la línea.
No tengo mucho tiempo, así que hablo rápidamente esperando que no
sea lo suficiente para que pueda hacer algo como rastrearme o algo
parecido. Lo dudo... no estaba listo para recibir mi llamada.
—¿Puedes hacerme un enorme y jodido favor a cambio de darte nuestra
ubicación actual?
—¡No! —Exclama él histérico del otro lado. —¿Dónde mierda estás?
¡JIMIN, CARAJO! ¡NOS ESTÁN MANDANDO POR PIEZAS A
JUNGKOOK!
¿Qué?
Mi garganta se seca y apenas puedo reaccionar, la información
cayéndome como un balde de agua fría y apenas puedo pensar para
contestar algo, Forcraft se me adelante bruscamente.
—No digas una mierda, solo dinos dónde estás y quédate ahí.
QUÉDATE AHÍ. —Suena sumamente agitado y preocupado, mi sangre
vuelve a helarse—. Se llevaron a Jungkook los de Europa, lo tienes de
rehén y si no los encontramos, nos irán enviando partes suyas del
cuerpo.
—¿Qué...? —Repito en shock.
—¡DIME DONDE ESTÁS, PARK JIMIN! —Me grita él del otro lado, la
desesperación de su voz bloqueándome por completo el habla.
Jungkook... ¿Jungkook estaba con ellos?
—Ellos no van a tocarle, dile a Seokjin y a la banda de imbéciles que no
le pongan otro jodido dedo encima. ¡DILES QUE NO! —Grito en brusco.
—¡DIME DÓNDE ESTÁS! —Me vuelve a gritar y yo siento mis manos
temblar, mi teléfono a punto de resbalarse de mis manos.
—N-no sé dónde estoy... —Hablo en un hilo de voz sintiéndome
palidecer, mierda. No, esto no iba a funcionar para nada. —N-no sé...
—Escúchame. Mierda, Jimin. ¿Dónde está Yoongi?
—No está. —Muerdo mi lengua fuerte. —Estoy solo... e-él está fuera.
—Jimin... —Anthony intenta hablarme tranquilo aunque la rabia está en
su voz latiendo duramente. —Solo dime...
Cuelgo al instante negando con mi cabeza repetidas veces. Mis manos
se vuelven locas e intento hablarle a Yoongi, tienen a Jungkook. ¡Tienen
a Jungkook mierda! ¡MIERDA Y ESO NO VOY A PERMITIRLO POR
NADA DEL MUNDO! Intento pulsar sobre el número de Yoongi repetidas
veces ya que veo que me ha mandado un archivo, pero apenas intento
ingresar, se escucha un pitido duro y una llamada entrante emtra
haciéndome perder el aliento. Intento quitarla, bloquearla, pero nada
funciona.
—¡MIERDA! —Grito intentando desbloquear, pero nada. Intento colgar,
pero en furia descuelgo una vez que veo que no es posible retirar la
llamada. —¿QUÉ?
La línea se mantiene en silencio profundo, mis manos siguen
temblorosas y evito las lágrimas salir de mis ojos.
—No necesitas gritar, Park Jimin. —Se oye una voz ronca del otro lado.
—¿Q-qué? —Mi aliento se va. —¿Q-quién habla? ¿Quién es? No sé de
qué está hablando.
—Park Jimin, no te recomendaría que cuelgues esta llamada o será tu
sentencia de muerte.
Paso saliva brusco e intento retroceder, pero mi cabeza está tan
atareada que solo tropiezo y me voy a apoyar contra la pared.
—¿Tae...? —Murmuro tapando mi boca.
—No. —Contestan tan neutro del otro lado que duele. —Ni de cerca.
—¿Quién eres? —Pregunto en seco nuevamente ahogando un sollozo
cuando siento la voz ligeramente familiar. —¿S-sullivan? Joder... Joder.
¡Lo siento, y-yo jamás quise hacer nada de eso!
Hay otro corto silencio en la línea, el sudor frío recorriendo mi espina
dorsal ante ello y es que me encuentro nervioso. Quiero ver que ha
mandado Yoongi, necesito decirle que tienen a Jungkook, que está en
peligro y debemos entregarnos... no pondré a mi mejor amigo en peligro,
no voy a darle la espalda otra vez. No volveré a darle una puñalada.
—Algunos me conocen como un simple recuerdo... —Dice ronco.
—¿Qué? —Murmuro seco sintiendo mi garganta cerrarse y temiendo lo
peor. —¿Acaso...?
—Pero para ti, Jimin... —Me corta bruscamente. —Dime Suga… Es un
placer conocerte finalmente, hijo.
121
JIMIN
—Es un placer conocerte finalmente, hijo.
El silencio me produce un escalofrío en el cuerpo, mi sangre siendo hielo
atravesando dolorosamente mis venas y arterias. Intento hablar, pero mi
voz está algo corta, no pudiendo procesar la voz masculina detrás del
teléfono.
—¿Q-qué...? —Murmuro en un quejido apenas audible.
—Park Jimin. —La voz ronca sigue resonando roncamente del otro lado.
—Hablas con Min Suga.
Si mi sangre era hielo, en estos precisos momentos no sabría ni cómo
definirlo. Mi cuerpo comienza a temblar, la voz retumbando en mi
cabeza. ¿M-Min Suga? ¿Q-qué? ¿Por qué mierda se dirigía a mí cómo
su hijo? ¿Qué sucedía?
—Esto debe ser repentino para ti, Park. Me ha costado mucho
localizarte, no tienes una idea, aunque ha sido una fortuna que tenga
contactos allá en Florida. ¿No crees?
Paso saliva grueso y empiezo a preguntarme seriamente en si colgar o
no. Esto podría ser cualquier farsa o una persona haciéndose pasar por
el terrible asesino y mafioso.
—No te voy a entretener más. —Me dice del otro lado. —Me gustaría
hablar contigo personalmente, Park Jimin. En un lugar donde nadie sepa
que estaremos y sobre todo, que siquiera Yoongi sepa. Prometo no
hacer nada muy grave, mocoso... si sigues exactamente todas mis
órdenes.
—¿C-cómo podría confiar en alguien como usted? Me han querido
asesinar poco más de cuarenta veces por su jodida culpa. —Susurro
temblando de miedo, aterrorizado de pies a cabeza. —Nunca traicionaría
a Yoongi.
—Intenta marcarme si cambias de opinión antes de la noche... estúpido
mocoso.
—¿Estúpido mo ...-? —Cuelga.
No había pasado mucho antes de que entrara al chat de Yoongi para
avisarle. Intento rápidamente enviarle un mensaje, pero en su lugar hay
un archivo ligeramente borroso y unos audios que me dejan en silencio y
con una ceja arqueada. Lentamente descargo todos los archivos,
sintiendo algo malo aproximarse.
No...
Mis ojos se mantienen fijos en completo silencio en la pantalla de mi
celular. Me tenso de pies a cabeza, el silencio siendo crudo y solamente
sintiendo mi corazón arder y despedazarse en mil y asquerosos pedazos.
Las lágrimas escurren sin control, una tras otra, donde siquiera puedo
finalizar de ver el archivo antes de gritar fuerte.
Estrello el celular contra el suelo, gritando tan fuerte como puedo y
hundiendo mi rostro profundo en mis manos. Mi llanto desgarrador
siendo acompañado de un abrumador ardor en mi pecho, en mi corazón
donde puedo sentir puñaladas, esas palpitaciones dolorosas que me
hacen llorar, quebrar a llorar de una forma que no había hecho jamás.
Golpeo las paredes duramente, estrellando mis puños con fuerza y
lanzándome a por el cuchillo que empiezo a enterrar en la colcha, quince
veces, treinta veces, sesenta veces, ochenta veces...
Cuando mi brazo arde y la cama está destrozada, con mi respiración
siendo dolorosa y mis lágrimas demasiado constante, me detengo. Casi
doscientas puñaladas a la nada, antes de dejar caer el cuchillo y volver a
abrazarme fuerte a mis rodillas, escuchando mi llanto que deja de ser de
rabia y se transforma rápidamente de dolor.
Veo el celular a lo lejos, mi mente nublándose antes de agarrarlo fuerte y
desbloquearlo saliendo del chat de Yoongi que elimino con rabia, viendo
las lágrimas que caen en pantalla. Mis ojos siguen fijos en la última
llamada entrante.
Ojo por ojo, diente por diente.
No iba a mostrarme débil. Nunca más iba a mostrarme de esa manera...
se había acabado. Por fin se había acabado. Suelto un largo suspiro
tembloroso y empiezo a marcar lentamente al número otra vez, secando
mis lágrimas con cierta brusquedad dejando la zona irritada pero
definitivamente esto no iba a quedarse así más. De ninguna forma esto
iba a quedarse así y ahora estaba más que seguro de ello. Me había
asesinado, había destrozado cualquier rastro noble de mi alma. Me había
quebrado de pies a cabeza y en ningún momento... en ningún momento
lo hizo de forma accidental.
Porque por la forma en la cuál sonrió en ese vídeo, pude ver que lo había
hecho con toda la jodida intención del mundo.
—¿SÍ?
—Estoy dentro. —Susurro con voz ahogada antes de tragarme mis
propias lágrimas y relamer mis labios resecos y sumamente maltratados
debido a tanto morderlos. —Dame una fecha y una hora a más tardar
para pasado mañana.
YOONGI
Me estremezco al sentir un dolor punzante en la nuca, poco a poco el
dolor se extiende provocando un dolor de cabeza insoportable. Aprieto
mis ojos con fuerza para ahuyentar el dolor pero es muy potente, no
tengo más remedio que abrir los ojos y levantarme a buscar una pastilla.
La fuerte luz me obliga a tumbarme de nuevo en la cama, suelto un
gemido de dolor al sentir mi cabeza caer en seco en la almohada
provocando mareos y una sensación de estar apretando mi cráneo hasta
hacerlo trizas. Suspiro y abro los ojos poco a poco hasta finalmente
acostumbrarme, me reincorporo suavemente y observo el entorno
buscando las pastillas que había comprado días antes y colocado a un
costado de la cama en la mesa de la lámpara.
Extiendo mi brazo para alcanzar el vaso de agua y las pastillas que se
encuentran en el taburete cercano a la cama. Me tomo dos pastillas de
un jalón y deposito el vaso en su respectivo lugar. Aunque el efecto no es
inmediato siento poco a poco el dolor alejarse, suspiro aliviado mientras
paso mi mano por el cabello y me recargo en la pared.
Observo a mi izquierda y veo a Jungkook durmiendo plácidamente. Su
cabello oscuro le cubre su espalda rostro y las sábanas están revueltas
permitiéndome ver sus fornidas y largas piernas. Él se remueve
suavemente colocándose de lado y dándome una espléndida vista de su
piel pálida y adormilado rostro. Sus pequeños labios están algo resecos,
pero rosados al igual que sus mejillas y su nariz. Sonrío suavemente y
deposito un beso húmedo en su hombro, él gime.
—¿Qué hora es? —Pregunta con voz ronca y cansada.
—Las ocho de la mañana. —Digo mientras observo el reloj junto a él.
—Diablos... —Susurra cansado mientras se frota los ojos. —
Supuestamente yo debo bajar a esta hora.
—¡Oh, vamos! —Me río roncamente. — No tienes prisa por irte, muñeco.
Jungkook suspira suavemente y poco a poco abre los ojos,
inmediatamente me cruzo con su color de ojos café claro que ya conocía
bastante bien. Se reincorpora con lentitud dejando que la fina sábana
blanca se deslice por su cuerpo y caiga sobre la colcha. Se estira
mientras peina u cabello hacia atrás, dejándome ver su espléndido pecho
marcado y después me observa pícaro.
—No tengo mucha prisa, pero debo trabajar. —Dice sonriente.
—No te van a asesinar si faltas. —Enarco una ceja cuidadoso.
Él se acerca a mi oído y sonríe, lamiendo un poco mi mejilla y eso
provoca un cosquilleo en mi pecho desnudo.
—Gracias a ti, Yoongi... cuatro o cinco personas anhelarían asesinarme
—Susurra con voz sexy, esa tranquilidad y ronquez tan propia de él.
—¿Cuatro o cinco? —Sonrío antes de verlo. —Yo creo que más...
—Oh, claro que deben ser más. —Me clava sus hermosos ojos. —Pero
esos son los que conozco.
—No es mi culpa haberte vuelto famoso y popular, muñeco. —Levanto
los hombros acomodándome ligeramente.
—Idiota. —Rueda los ojos y me da un leve golpe en el brazo.
Se levanta y comienza a recoger su ropa, se pone frente al espejo para
vestirse y a la vez arreglarse un poco el cabello despeinado. Pasa sus
finos dedos por su cuello y observa los chupetones allí marcados,
gruñendo.
—Si te preguntan, fueron los mosquitos. —Digo sin poder evitarlo
sonriendo vil.
—Claro. —Contesta irónico mientras se coloca su casa. —Y si no digo
que son chupetones.
—Del fantasma que vino a follarte.
—Muy inteligente de tu parte, Min Yoongi. —Me observa a través del
espejo y sonríe algo sarcástico. —Aunque digamos que mi aventura
erótica es más interesante contigo en persona que muerto.
—Claro, nada mejor que coger tres veces en una misma noche conmigo.
—Pues... —Jungkook se termina de poner el cinturón y se queda callado
unos segundos— Después de... bueno... ya sabes.
—¿De?
—Ya sabes.
—Puedes hablar libremente, sabes que me importa una mierda.
—Pues después de los trabajos sucios de todos y servir a tu familia de
ahora en adelante, créeme que no tengo problema en acostarme con el
asesino.
—¿Te has acostado con alguien de mi familia? —La repugnancia me
invade cuando repentinamente la pregunta cruza fugazmente mi cabeza.
—¡Por Dios, no! —Jungkook palidece. —A lo que me refiero es que
después de tratar con gente rara, puedo tratar contigo sin ningún
problema.
—Aún recuerdo la primera vez que nos conocimos. —Comencé a reírme
sin poder evitarlo.
—¿Qué edad teníamos? —Jungkook me ve curioso.
—No sé... yo tenía seis años, tal vez. —Traté de hacer memoria.
—Es probable.
Aventé las sábanas nuevamente y me levanté. Jungkook me observó
sonriente y se acercó a mí a paso lento.
—Tú estabas en el pasillo de la escuela. —Jungkook alzó sus cejas. —
Yo estaba perdido en el patio.
—Y te acercaste a mí. —Sigo con una sonrisa.
—Y te pregunté dónde estaba el aula de artes. —Murmura corto pasando
sus manos por mi abdomen.
—Y te respondí que sí. —Sujeto su firme cadera su cadera y comienzo a
hacerlo hacia atrás.
—Me llevaste al cuarto y me acorralaste así como lo estás haciendo
ahora.
—Y te dejé con el imbécil de Taehyung que te moló a golpes.
—Exacto, Yoongi.
—Una hermosa historia.
—Muy buen primer encuentro.
—Y tantos años después... te tengo acorralado después de haberte
follado.
—Supongo que era algo inevitable.
—Me agrada saber que piensas igual que yo, Jeon.
Jungkook sonrió y enredó sus dedos en mi nuca. Me jaló suavemente a
él y depositó un beso en mis labios. Lo rodeo de la cintura permitiendo
que nuestras bocas entraran más fácilmente en contacto al igual que
nuestras lenguas. Él suelta un suspiro y se separa suavemente viéndome
sonriente, me da otro beso rápido y me empuja lejos.
—Ahora sí debo partir. —Jungkook observa su reloj de mano. —¿Te veo
luego?
—No lo sé, yo te busco. Aún tengo cosas que arreglar. —Contesto como
si fuese poca cosa.
—Vale. —Se acerca a la puerta y me da una última mirada más seria. —
Nos vemos.
Y sí, se fue.
Comencé a limpiar el cuarto que estaba hecho un desastre, recogí todo,
tendí la cama y me aseguré de no dejar rastros de sexo por ningún lado.
Me metí a bañar y después me puse una camiseta negra, unos tenis y
unos pantalones de deporte grises. Me peiné rápidamente con mi mano y
salí del cuarto de hotel.
Como todos los días las cajeras y el personal de limpieza femenino me
saludaban con sonrisas enormes y coquetas. Yo simplemente las
ignoraba o rodaba los ojos, hace tiempo que no recibía ese tipo de
miradas, pero tampoco es que prestara mucha atención a ello. Caminé
largos minutos hasta llegar al pequeño café cercano. Me senté en la
mesa y esperé para que me atendieran.
—Puedes irme dando un americano, por favor. —Le digo a la chica con
la libreta que se acerca y ella asiente antes de alejarse.
Observé la pantalla más cercana a mí pero estaba apagada, suspiré y
me recargué en la silla mientras apreciaba el mar a lo lejos, me
encantaba observarlo a distancia en realidad y podría disfrutarlo si tanta
humanidad no estuviese amontonada dentro.
—Aquí tiene. —La camarera deposita un café frente a mí. —¿Quiere que
te traiga el desayuno?
—Estoy esperando a alguien, gracias. Luego te aviso —Digo mientras la
observaba fijamente.
—C-claro. —Tartamudea ella, se notaba que se ponía nerviosa cuando la
observaba fijamente— Usted me avisa... sí...
Se alejó rápidamente completamente ruborizada. Solté una pequeña risa
macabra mientras negaba con la cabeza. Observé a mi alrededor y
finalmente vi al hombre que esperaba acercarse a mi mesa. Estaba calvo
y portaba un traje blanco, su fino bigote le daba una apariencia divertida
pero a la vez muy seria. Dependía de su expresión facial.
—Buenos días. —Saludó el hombre.
—Buenos días. —Saludé mientras estrechaba su mano.
—Tengo lo que me pediste. —Explicó el hombre.
—Perfecto. —Una sonrisa dibujó mi rostro. —Gracias, Gerard.
Gerard asintió y sacó de su saco negro una carpeta negra, la colocó en
la mesa y me observó detenidamente, muy impaciente
—Aquí está el número que te depositará la droga. —Le di una tarjeta. —
Gracias por todo.
—Igualmente. —Gerard asintió. —Me hace feliz volver a hacer negocios
con tu familia.
—Mejor tenernos de amigos que de enemigos. —Dije con frialdad
estrechando un poco mis ojos y sonriendo suavemente para él después.
—Sí... —Gerard sonrió. —Te pareces a tu padre.
No respondí, me limité a ver la carpeta y el café humeante frente a mí.
—¿Te quedas a desayunar? —Pregunté sin verle.
—Oh no, tengo otro compromiso, pero gracias. —Gerard sonrió. —Un
placer, hijo de Suga.
—Igualmente. —Cabeceo.
Gerard me devolvió el gesto y se encaminó de nuevo por la calle
alborotada de gente. Le di unos tragos a mi café y observé la carpeta.
Después de largos minutos de meditación decidí abrirla de una vez por
todas.
—Bien... ¿Qué tenemos aquí? —Sonreí abriéndola. ¿Cómo estarán las
cosas allá en en Estados Unidos desde anoche?
Agarré el sobre blanco y saqué unas cuántas fotos. Las puse una detrás
de la otra y las agarré en una sola mano. Observé la primera foto y abrí
la boca completamente aturdido. Nada, únicamente el hotel en donde
estaba alojado con Jimin con tomas de afuera, nada particularmente
interesante. ¿Se habría tirado por la ventana?
Autocontrol maldita sea... contrólate. Hice una mueca y observé la
segunda foto que era exactamente la misma que la anterior.
—Patético. —Gruño.
Paso las demás fotos aburrido hasta que me detuve en seco al ver a
Jimin saliendo de allí con su maleta. Observo la foto detenidamente y
reconozco rápidamente ese tipo de camionetas negras con hombres
tatuados... con esos tatuajes. Mis ojos se abren como platos y paso a la
siguiente foto... Jimin dentro de la camioneta... mierda.
—No, no, no... —Repito ansioso una y otra vez sintiendo mi sangre bullir
en rabia pura.
Me detengo en la última foto que era al exterior de una casa color blanco
y azul marino. La foto se enfocaba en la puerta trasera donde se
observaba claramente a un hombre con vestimenta oscura contra una
pared, su teléfono a la mano con otra camioneta igual a las otras frente a
él. Me acerco la foto al rostro y veo que está con una llamada, ese
pequeño tatuaje con 3 letras en la muñeca.
¡POR LA PUTA MIERDA!
Dejo un billete en la mesa y salgo corriendo del restaurante con la
carpeta en mano. ¡ESTO TENÍA QUE SER UNA JODIDA BROMA!
Saco mi teléfono y me oculto en un callejón no muy lejos de donde
estaba. Tengo que esperar cuatro tonos hasta que por fin contestaron,
mis manos temblando en la asquerosa rabia que empieza a hacer
agonizar casi mi cuerpo asquerosamente. Jamás creyendo marcar a este
número, pero que me había aprendido tomando el teléfono de Seokjin en
secreto en una ocasión.
—¿Sí? —Se escucha del otro lado.
—¡ERES UN IMBÉCIL! —Grito a todo pulmón sintiendo mis venas
marcarse, enloqueciendo de rabia.
—Ah mira, estaba esperando a ver cuándo me marcabas...
—¿QUÉ HAS HECHO? —Grito bravo golpeando la pared. —¿CÓMO
MIERDA LO ENCONTRASTE?
—Él vino a mí. —Dice Suga tranquilamente. —Yo no lo hice venir.
—Te mataré... —Aprieto mis puños. —A ti y Jimin, a todos ustedes...
—¿Por qué? —Escucho a mi padre reír del otro lado. — Tú estás muy a
gusto en donde quiera que estés, no debiste dejarlo solo.
—¡¿ES QUE ACASO NO LO ENTIENDES?! ¡¿SABES QUÉ PASA SI SE
ENTERA DE NUESTRO LAZO FAMILIAR?!
—No deberías preocuparte más por eso. Él está en buenas manos
ahora, Yoongi.
—Mentira...—Aprieto mi mandíbula y todo en mí comenzó a temblar, mi
mirada inyectada en rabia.
—Él ya te ha dejado ir, ya no te necesita más.
—¡ÉL ME NECESITA MÁS QUE A NADIE EN SU MISERABLE VIDA! —
Grito tironeando de mi cabello. Cálmate. CÁLMATE, POR LA PUTA
MIERDA.
—No es así.
—¿CÓMO MIERDA PUEDES ESTAR TAN SEGURO? ¡DÉJALO!
—Porque para él, eres historia. Para Jimin tú ya no existes... para el tú
estás fuera.
—¿Y si te demuestro lo contrario? —Susurro empezando a reír bajo. —Él
es mío, él es mío.
—Buenas tardes, hijo. —Dice antes de colgar.
Aviento el teléfono contra la pared haciéndolo trizas al instante. Mis
hombros suben y bajan con rapidez mientras sentía todo en mí alocarse
rápidamente, apreté con fuerza mis puños y golpee con fuerza una
pared, solté un grito y patee todo lo que vi. MIERDA.
Me llevo las manos a la cabeza y siento el terrible dolor de cabeza
apoderarse de mí de nuevo.
—¡ME LAS PAGARÁN MALDITOS HIJA DE PUTA! —Grito fuerte, hecho
una maldita fiera. Soltaba humo por todos lados, la ira que sentía en ese
preciso momento era imposible de describir. Estaba completamente a la
merced de la estupidez con este estado...
Entré al cuarto de Jungkook y azoté con fuerza la puerta. Cogí mi
segundo teléfono y después de unos cuántos movimientos el nuevo móvil
de la mocosa apareció frente a mí. Mis dedos temblaron mientras
apretaba "llamar" y escuchaba los tonos una y otra vezMordí mi uña y
comencé a rodear la habitación pasándome la mano por el cabello,
mordiendo mis uñas y golpeando paredes. No contestaba. Tuve que
marcar de nuevo.
—¿Sí? -Escucho la voz de Jimin del otro lado.
Trago saliva y el aire se me va por completo. Me quedo como una
estatua completamente congelado pegado al teléfono pero respirando
con fuerza, la ira me recorría pero no me permitía reaccionar.
—¿Quién habla?
Abro la boca y saco lo primero que me sale del alma.
—No debiste hacer eso. —Digo aguantando el impulso de gritar. —
Jamás debiste hacer esto.
Silencio.
—Tú no debiste haber jugado conmigo, Yoongi. —Me dice helado del
otro lado, con una voz mortal que me deja aturdido breves momentos. —
No tienes idea de con quién te has metido.
La puerta se abre apareciendo la mujer del aseo quien se sobresalta. Sin
decir ni una sola palabra, agarro la pistola en el escritorio, la mujer grita
pero la callo disparándole siete veces. Ella cayó al suelo en sangre,
sonrío.
—Mira lo que me haces hacer... —Empiezo a reír. —Te lo advertí... no
debiste hacer eso.
—¿HACER QUÉ? —Grita enfurecido del otro lado.
—Irte con mi padre.
Silencio. No sabe cómo me he enterado, pero mierda... que está muy
equivocado si cree que solo así voy a dejarlo como si nada, sin vigilancia.
—No debiste entrar con él, te mataré, iré por ti y te mataré, Park Jimin.
No te salvarás, esta no la voy a perdonar.
Escucho su pequeño gruñido de rabia del otro lado, no puedo evitar
sonreír.
—¿Te gusta ser cazado, verdad?
Esas palabras bastaron para que él colgara al instante.
Solté una carcajada pero inmediatamente la ira me cegó de nuevo y solté
un grito. Patee a la mujer que ya estaba completamente muerta y salí
corriendo del lugar con la maleta, la ira cegándome como la mierda y ya
no importándome si me veían saliendo del hotel o no la gente que tenían
acá.
Si me agarraban, sería mucho más fácil para dar con Jimin y con mi
padre y arrancarle el cuello de una buena vez a ambos. +
122
JIMIN
Mis manos se encuentran ligeramente temblorosas conforme voy
subiendo a aquella camioneta desconocida que me ha recogido en el
hotel. Un hombre de apariencia algo tétrica coge mis maletas que pone
en la cajuela permitiéndome ingresar libremente. Paso saliva con cierta
dificultad sintiendo mi garganta reseca e intentando mantener todos los
cables de mi cabeza en mi lugar.
Bien. Estoy a punto de conocer a Min Suga y siento que voy a vomitar.
—Cálmate... —Me ordeno a mí mismo en voz tan baja como puedo,
exhalando ligeramente tembloroso antes de tirar mi cabeza hacia atrás
viendo el techo de la camioneta que se ha puesto en marcha.
Aprieto mis ojos tanto como puedo, tensando mis puños al aferrarlos a
mis pantalones y jaloneando bruscamente mi ropa. Los escalofríos son
constantes y mi boca se encuentra seca, intentando humedecerse
produciendo constante saliva, sin embargo, esta es agria. Hace tiempo
no me sentía así, es entretenido en parte, me he vuelto casi adicto a ella.
El trayecto es silencioso, silencio a más no poder, siquiera la radio está
encendida. Me observan constantemente por el retrovisor ambos
hombres al frente, más camionetas nos siguen, pero un poco más lejos,
apenas son perceptibles ya que toman otros caminos, pero se mantienen
cerca. Como si alguna emboscada estuviera a punto de realizarse.
—Así que tú eres Park Jimin —Rompe el silencio en conductor que capta
mi atención. Le mantengo la mirada a través del retrovisor y ladea una
sonrisa algo burlona, volviendo la vista al frente—. No eres como
creíamos.
—¿No? —repito intentando sonar firme—. ¿Cómo creían que yo era
entonces?
—Más alto —responde sin dudar y yo solo puedo unir mis cejas con
molestia—. Más... musculoso quizá y... maltratado.
—Entiendo —Ruedo un poco mis ojos inevitablemente molesto—. Me
gusta conservarme, es todo.
—En este tipo de negocios, no siempre mantenerte en forma es la
prioridad —comenta sin mucha importancia, dando vuelta por otra calle.
—¿Cuál es entonces la prioridad? —ladeo ligeramente mi cabeza.
—Sobrevivir.
Una sonrisa aparece en mi rostro, cruzando mis brazos y apoyándome
bien en el respaldo.
—Supongo que lo he estado haciendo bastante bien —respondo sin
esfumar mi sonrisa, el hombre desconocido observándome brevemente y
sonriendo igual vil.
No siento el ambiente tan pesado, lo cual agradezco porque me permite
respirar a gusto y acomodarme. Observo por fuera las calles de Florida,
preguntándome qué tan lejos iremos. Intento no perder mucho tiempo
pensando en ello y solo me dedico a observar el paisaje, ver el entorno e
incluso coger una revista de Vogue que está en el respaldo del
conductor. Husmeo brevemente y después la regreso a su lugar, algo
inquieto. ¿A dónde iremos? ¿Será un lugar abandonado o lujoso?
Muchas preguntas azotan mi cabeza una tras otra, dejándome en una
marea de pensamientos de los cuales batallo por controlar. La calma es
la que me permitirá ahora comportarme lo mejor posible y no cometer
una locura. Estoy nervioso, sí. También preocupado. No hay vuelta atrás
para lo que he hecho y aunque es cierto que la furia me llevó al impulso,
una parte de mí me dice que no se arrepiente. La sensación amarga
sigue allí, esa puñalada en el corazón de haber visto a Yoongi y a
Jungkook...
Si así se sintió Yoongi cuando nos escuchó a Taehyung y a mí, ahora
entiendo por qué se volvió una bestia fuera de control. Repentinamente
encuentro sentido a que nos haya querido mutilar vivos, lo entiendo, pero
eso no significa que esperaba que me pagara con la misma moneda. No
cuando las cosas estaban... bien. Bien entre comillas porque
verdaderamente nunca lo han estado, pero esta vez había sido
demasiado. No se la perdonaría.
Pasa un largo rato, puedo sentirlo en la pesadez de mis piernas y
efectivamente al inclinarme un poco al frente y ver la hora, me doy
cuenta que han pasado casi tres horas. Me mareo unos breves
segundos, como si mi cabeza reaccionara repentinamente cuando me
doy cuenta del tiempo transcurrido.
—Diles a los demás que formen el águila... —menciona el conductor
cogiendo su auricular y llevándoselo al oído. El otro que no había
hablado, únicamente asiente y también toma su auricular. Pasan unos
momentos en silencio hasta que finalmente el conductor habla: —Señor,
estamos cerca.
Otro escalofrío me recorre la espina dorsal exhalando tembloroso y
volviendo mi vista al paisaje. Estamos en una zona un poco más rural, el
mar está cerca, pero luce más un espacio enorme de puras mansiones,
casas de verano para gente asquerosamente rica y claro... mafiosos.
Subimos por una calle en silencio, observo a través de las ventanas algo
oscuras que el sol está cerca del mar, entonces no falta mucho para que
anochezca.
Me encojo en mi lugar cuando repentinamente las ventanas se
oscurecen por completo no permitiéndome ver nada y una división
aparece entre los dos de adelante y yo bloqueando toda mi vista. Suelto
un bufido y me resigno a esperar cruzado de brazos, me siento
encerrado y no soy precisamente un fanático.
Pasa otro rato, no sé cuánto, pero vuelvo a desesperarme. La camioneta
se detiene cuando menos me lo espero y escucho ruido afuera, pisadas y
voces hasta que la división vuelve a bajar. Me encuentro con los dos
hombres y el reloj marcando casi las siete de la noche; pasó casi media
hora.
—Baja —Me dice el conductor—. Tus maletas ya se las han llevado.
Paso saliva en seco y asiento, dejando que otros hombres abran la
puerta de la camioneta y pueda bajar. No pasa mucho hasta que siento
que me colocan con algo de agresividad contra la camioneta y empiezan
a palmearme el cuerpo, claramente haciendo un chequeo y que no traiga
nada. Revisan bastante bien y aunque es incómodo, me dejo hacer.
—Está limpio —Informa el hombre que me sujeta y me suelta.
Puedo incorporarme nuevamente y mis ojos se amplían al ver una
enorme casa de tres pisos bastante moderna frente a mí; es azul marino
y blanca, con enormes ventanales que me permiten ver una gran piscina
del otro lado. Todos rodean la casa frente a un muro que se alza casi
rodeándola a excepción donde estoy, que tengo vista de esa piscina y
una gran sala. Siento calor, mucho calor e inevitablemente me abanico
viendo el cielo azul oscuro, con nubes grises y apenas un poco de gris
ligeramente más claro detrás mío.
—Llévenlo a la entrada —Habla el otro y un par me toma del brazo.
No reclamo y paso entre todos esos hombres que mantienen la vista al
frente, pasando por una reja y avanzando por un camino de piedra que
lleva a la entrada principal: una puerta negra enorme con decoraciones
ligeramente góticas y con una pequeña fuente al exterior. Me sueltan y
golpean tres veces antes de detenerse y colocarse detrás mío.
Unas pisadas se escuchan y cuando la puerta se abre, una mujer algo
mayor que claramente luce de limpieza, nos ve fijo y posa su vista en mí.
Hace una mueca algo seca y se aparta.
—Pasa —Me dice sin mucho tacto y cerrando la puerta apenas ingreso,
quedando en un enorme espacio color blanco con lámparas modernas—.
Ve por el pasillo de la derecha, cruzando la sala está la cantina; ahí te
esperan.
—Gracias... —digo algo apagado, pero no me responde y se va por otro
pasillo.
Paso saliva duramente y comienzo a avanzar por el pasillo indicado,
percatándome que todo es blanco y está iluminado por una suave luz
anarajada, otorgando calidez. Hay varias estatuas y cuando lo cruzo, una
inmensa sala se abre frente a mí, sofás rojas, blancos con negro, sillas
elegantes y ene cantidad de tapetes colocados en el suelo
estéticamente. Los enormes ventanales permiten la vista al exterior. Es
un lugar inmenso y precioso, pero intento concentrarme y veo a la
izquierda, viendo la cantina en la cual hay un martini y un bar-man detrás
limpiando unos vasos.
—Buenas noches... —Me acerco algo dubitativo y el hombre alza la
mirada para verme apenas llego—. Esto...
—Siéntese —dice él volviendo a lo suyo.
Me siento sin rechistar y coloco mis manos entre mis piernas viendo
nervioso a las ventanas. El bar-man se retira dejándome solo en aquella
sala donde únicamente puedo escuchar grillos y ranas del exterior. Tomo
una gran inhalación y espero... espero...
—¿No te has tomado tu martini? Creí decirle al bar-man que te informara
que era para ti.
Un escalofrío como nunca antes había sentido, recorre toda mi espina
dorsal lentamente provocando dolor. Mi estómago se revuelve dando un
brusco vuelco, mis entrañas apretándose. Es como subir a una montaña
rusa la primera vez, subiendo lentamente y viendo el parque volverse
más pequeño. Esa angustia mezclada con emoción de saber que no
puedes bajarte y solo queda esperar el camino a la bajada y pegar gritos.
Ese mareo, ese terror, esa adrenalina, todo se junta en la boca de mi
estómago haciendo que me revuelva. No puedo siquiera mirar detrás.
Siquiera cuando siento unas frías y firmes manos sobre mis hombros
ejerciendo presión.
—Buenas noches... muñequito.
Boqueo y exhalo con mucho temblor, dejando casi salir mi alma. No oso
voltear y solo debo esperar a que la figura masculina se retire y se
coloque a mi lado, apoyando su espalda baja en la cantina. Lentamente
volteo, hasta levantar la mirada y sentir todo en mí revolverse casi el
doble.
Esos hijos grises helados... mierda... era idéntico a su maldito padre.
El cabello oscuro, la quijada firme. Incluso los mismos labios. La nariz es
diferente, la forma de los ojos de Yoongi es un poco más circular, pero
Suga... es gatuno. La complexión también es diferente, el aura... la
sonrisa.
Mierda. La sonrisa.
Si Yoongi las pocas veces que sonreía era escalofriante, ver a su padre
sonreír solo te escupía en la cara la más vil arrogancia, cinismo, descaro
y coquetería que había visto nunca.
—S... —A punto de pronunciar su nombre, me detengo. La verdad no sé
cómo dirigirme a él, estoy aún petrificado y helado en aquella silla
cómoda, perdido en ese gris azulado que me observan con pura burla—.
Señor...
—Señor —Suga esboza nuevamente aquella sonrisa que me hace tragar
duro—. ¿Desde cuándo tienes tanta formalidad conmigo, Jimin?
—Lo siento... Suga...? —murmuro aún algo apenado y él se inclina
suavemente a mí, provocando que aguante la respiración.
Él ladea su cabeza y agarra mi barbilla paralizándome por completo. Su
pulgar acaricia levemente mi labio inferior haciendo que me hiele el
doble, baja lentamente su mano acariciando mi cuello y haciendo una
leve presión, probablemente sintiendo mi corazón. Se mantiene quieto,
muy quieto y finalmente aprieta duro, soltándome un quejido al sentir la
asfixia.
—Mírate —Se acerca a mí aún más hasta quedar lo suficientemente
cerca—. Un asustadizo que después de toda la mierda que ha pasado,
sigue temblando e intimidándose.
No oso decir ni una palabra, sintiendo su agarre volverse ligero
nuevamente; retira su mano de mi cuello y me ve con una ceja alzada,
negando mientras truena repetidas veces su lengua contra su paladar.
—Mi hijo te tiene justo como te quiere —Dice incorporándose y
cruzándose de brazos—. Levántate.
Me levanto de la silla y llevo mis manos detrás viéndolo fijo. Suga avanza
un paso hacia mí y comienza a rodearme, acariciando mi mejilla cuando
pasa a mi costado y después alejándose para ver a los enormes
ventanales.
—Creo que esta será un poco más difícil de lo que me temía... —Dice
para sí mismo y me ve a través de su hombro—. Pero no imposible.
—¿A qué se refiere? —Pregunto inevitablemente.
—Inocente. Eres un inocente, Jimin.2
Vuelve a acercarse y yo exhalo lento una vez más temiendo lo peor, pero
mantiene una distancia prudente. Me ve de pies a cabeza y sonríe
mofándose.
—No tienes ni de cerca la pinta de un asesino, ni de cerca la pinta de un
ser despiadado. Haz pasado por mucho y aun así aquí estás: sometido
ante mi presencia. He sabido que lograste disparar armas, pero nada que
no haya sido por mera supervivencia —Niega una vez más con mayor
lentitud—. Te admiro. No cualquiera, estúpido mocoso.
—¿Mocoso? —repito—. Yo no soy ningún mocoso.
Suga suelta una risa ligera y me sonríe una vez más.
—Lo eres ante mis ojos —Alza ambas cejas—. Pero venga... que debes
estar haciéndote muchas preguntas. Tantos años escapando de mis
filosas garras... y aquí estás.
—¿Vas a matarme? —Pregunto inevitablemente y Suga alza una ceja—.
Es eso, ¿cierto? Ahora que me tienes, ¿dejarás en paz a occidente?
—Tu linda boca hace muchas preguntas —Suga me observa relajado y
ahí es cuando me doy más y más cuenta que por mucho que se parezca
a Yoongi físicamente, sus personalidades son casi completamente
opuestas.
—Soy preguntón desde siempre —Me defiendo intentando sonar más
firme y no verme tan débil ante su presencia. Al final... era el gran Suga a
quien tenía enfrente.
—Y yo odio responder las peguntas —Dice con simpleza con un tono
aburrido y vuelve a sonreír vil y seductor—. Pero contigo puedo hacer
una excepción. Sería aburrido si te explicara todo ahora, mientras te
necesito para otras cosas.
—¿Qué? —Mis ojos se expanden inevitablemente—. ¿A qué se refiere
con eso?
—Que si vas a estar conmigo, no estaré cargando a un bueno para nada
solamente guiado por sus instintos de supervivencia —Alza la voz
repentinamente y yo me encojo un poco en mi lugar, apretando mis
labios—. No, Jimin. Yo no soy Yoongi. Yo no estaré jugando contigo y
llevándote a mi jodido antojo, fui así alguna vez, pero mis métodos nunca
fueron tan... irregulares.
—¿Métodos para qué? —Vuelvo a preguntar inevitablemente y al
instante muerdo mi lengua.
—Para convertirte en asesino —responde seco y yo solo puedo pasar
saliva amargamente—. ¿Sabes quién soy, Jimin? ¿O quién fui en mi
juventud?
Prefiero quedarme callado, porque no conozco verdaderamente qué hay
detrás de este hombre imponente o cómo llegó a escalar para llegar a
donde está. Él suelta un suspiro de aburrimiento y pasa a mi lado,
tomando el martini que se toma en dos tragos.
—Soy el asesino de princesas —retoma estrellando la copa contra la
barra provocando que me sobresalte—. O lo fui alguna vez. Ese asesino
despiadado en las redes de la mafia, aprendiendo de la gente más
enferma y de mi más grande mentor. Todos me ayudaron a convertirme
en lo que soy hoy en día aquí en Europa: un ser temido que nunca han
podido meter a la cárcel.1
—C-con todos los que tiene a su mando, dudo que sea tarea fácil —Le
doy la razón tensando mis manos que se encuentran tras mi espalda.
—No es fácil, estúpido mocoso. No lo es —Vuelve a sus sonrisas
burlonas y suspira exagerado—. A lo que voy es que más allá de tenerte
en mis manos, finalmente estás aquí y quiero volver de ti lo que no pude
con Yoongi, ni con Seokjin o con Namjoon.
—¿Un asesino? —repito—. Creo que ellos lo son y unos muy grandes.
—Tal vez, pero no son los asesinos que quiero que sean —Ladeo
suavemente su cabeza a la izquierda y toma mi barbilla una vez más—.
El futuro asesino de princesas.
—No entiendo nada... —Siento nuevamente aquel mareo en mi cabeza,
Suga luce sin embargo divertido con la situación—. No entiendo... todo
esto... todo esto para... ¿volverme asesino?
—Las sorpresas se arruinan cuando las comentas, ¿la paciencia no es
acaso una virtud tuya, Jimin? —Que me llame por mi nombre me
produce escalofríos inevitablemente—. Debes estar tan cansado, ha sido
un largo viaje. ¿Por qué no vas a dormir y hablamos con calma mañana?
—No tengo mucho sueño que digamos... —Me tropiezo ligeramente con
mis propias palabras y Suga se acerca, colocando su mano en mi
espalda baja para llevarme por la sala.
—Tu cena está en el cuarto, te llevarán allá —Sigue sin importarle mucho
que le haya dicho que no tenía sueño—. Puedes ver la televisión, darte
una ducha, hay agua caliente... en fin, siéntete como en casa —Se
detiene unos momentos y me dedica una mirada socarrona—. Creo que
no es muy necesario repetirlo, pero lo haré: si intentas huir, habrá
consecuencias.
—Lo sé —repito y lo veo—. No huiré.
—Buen chico —dice en voz baja y me suelta no sin antes acariciar
levemente mi cintura, haciendo que pase saliva—. Pasa bonita noche,
Park Jimin.
—Igualmente... Suga —Me despido aún algo intimidado. Él me guiña el
ojo y se da la vuelta para regresar por el pasillo.
La mujer que me recibió es aquella que me guía, haciendo que subamos
unas escaleras en caracol bastante extensas hasta el segundo piso
donde varias plantas adornan el lugar. Hay una sala circular enorme y al
lado una puerta que es hacia donde me lleva. Abre la puerta con una
llave y se aleja para que pueda pasar.
—La cena está en tu comedor, procura comértela rápido para que no se
enfríe —me dice sin más empujándome dentro.
Una vez allí solo veo alrededor y mis ojos vuelven a ampliarse viendo
una extensa habitación que se abre frente a mí, iluminada suavemente y
con una enorme cama azul cielo en el centro. Veo que hay una caja allí,
mi atención va hacia ella unos momentos, pero lo paso de largo y avanzo
hacia la televisión donde está una terreza; mis maletas están al pie de la
cama de igual forma. Doy una pequeña vuelta sobre mi propio eje
husmeando todo, viendo un pequeño comedor en una esquina donde
hay un plato con comida servida.
—Elegante... —susurro acercándome al plato y escuchando mi estómago
gruñir; una deliciosa ensalada está servida, hay una jarra con agua de
limón, sopa de fideos humeante, carne bañada en una sala que parece
dulce, puré de papas, milanesas empanizadas y un trozo de pastel de
chocolate—. Y delicioso.
Intento retener mi hambre voraz para primer ir a mi maleta y sacar la
pijama. Avanzo con rapidez a la cama y coloco una maleta sobre ella,
deteniéndome unos segundos al ver esa caja de cartón que yace
inmóvil.
Doy la vuelta para quedar frente a ella y la agarro sintiéndola ligera, así
que vuelvo a depositarla para quitar la tapa. Retiro papel blanco hasta
que el contenido sale a la luz haciendo que mis ojos vuelvan a ampliarse
y siento una pequeña pizca de emoción recorrerme.
Es una máscara. Pero no una cualquiera.
Era blanca, probablemente cubría de la nariz hasta la frente. Las letras
"L, P" aparecían a los costados, además tenía pequeños detalles que
parecían salpicaduras de sangre negras. Una máscara de carnaval... una
máscara que lucía algo vieja, pero podía sentirse la vibración enferma de
un asesino despiadado que se había escondido muchos años detrás de
ella.
La agarré con lentitud, colocándomela con mucha paciencia y ansiedad,
retirando mis dedos con un poco de temblor. Sentí calor, lentamente fui
volteando hacia el espejo para verme, únicamente quedando pasmado y
viendo mi rubio cabello asomar al igual que mis gruesos labios. La tenía
puesta.
—Park Jimin... asesino de princesas.