218 LA MIRADA DE ORFEO
zados de instituciones culturales). Lejos de castigar a
los humanos dignos de estima, sí castiga, en cambio,
con un humor grandioso, la falsedad criminal de una
socie.dad lamentable y corrompida, desmitifica, des-
VII
C?nCler:a, destruye y dispersa a sus adversarios, repre-
Del mito a la realidad:
SIVOS e Impotentes a la vez, impregnados de su materia-
lismo mezquino. No obstante, el contrapunto sublime Don Juan y Casanova
a la historia de Pilatos, cuya relación con ese renovado
Mefisto que es Woland no podemos evaluar con exacti-
tud, permite saborear, en términos artísticos, una de las
recreaciones más impresionantes del mito de Fausto le-
jos de las tierras que le vieron nacer. Desde la sombra
nos dicen de un modo muy goethiano, la luz brilla co~
más es~lendor. Bulgákov, Maestro irónico y prudente,
no lo dice todo, aunque se libera de una mezquindad ¿Dónde encontrar a Donjuan? ¿En las mil y una
mortal a través de su novela. Tal es la virtud de esta fi- adaptaciones literarias, musicales, cinematográficas,
gura emblemática de nuestra Europa, tierra de saber, en las innumerables críticas que ha suscitado esta figu-
de violencia y de libertad, que se vale de sus propias ra? Todo el mundo escribe sobre Donjuan desde Mo-
contradicciones: siempre vivo en la conciencia colecti- liere y Mozart, pero no todo el mundo es Moliere, ni
va, a pesar de sus disfraces, y sin duda, gracias a ellos, el todo el mundo es Mozart. El Dictionnaire de Don Juan,
mito de Fausto fecundó sin cesar, al hilo de los años y publicado recientemente en Francia bajo la dirección
los recodos de la Historia, el genio de algunos artistas de Pierre Brunel (¡l.025 páginas!), muestra que el in-
superiores.
ventario de rostros de Donjuan resulta, por lo menos,
tan rico como el catálogo de sus conquistas, tan difícil
PlERRE CHARTIER de atrapar para el lector contemporáneo como lo era
«el gran señor malvado» para la cohorte de sus perse-
guidores.
Así pues, ¿quién es Don Juan? Es alguien con un
cuerpo tan móvil, tan lleno de vida, tan derrochador,
tan eléctrico que nadie sabe cómo mantenerlo en su si-
tio. Es una fuerza que no puede contenerse. Por lo tan-
to, será preciso que, algún día, el más allá se mezcle con
él, pero de un modo extraño, por mediación de una es-
'220
LA MIRADA DE ORFEO
DEL MITO A LA REALIDAD: DONJUAN Y CASANOVA 221
tatua que se mueva y que regrese del mundo de los
¿Sería Don Juan un héroe del savoir-faire con el
muertos, de un mausoleo o de un cementerio para ir en
cuerpo, como sugiere Valéry, o un héroe de la razón?
busca de Don Juan en el mundo de los vivos y arras-
Como por casualidad, acentúa cierto número de víncu-
t~arlo, eso nos dicen, hasta el infierno. ¿Por qué un cas-
los históricos de particular importancia, marcados por
tIgo tan grande? ¿Cómo explicar que, en el imaginario
el surgimiento de la razón.
secular, un cuerpo masculino, vagabundo, seductor,
Pero, ¿de qué razón se trata?, ¿de una razón conta-
consumidor de mujeres en elevadas dosis, llegue a pro-
ble? «Creo que dos y dos son cuatro, Sganarelle, y que
vo~ar al más allá por medio de esta estatua que se ve
cuatro y cuatro son ocho.» El Don Juan de Mozart se
obligada a cobrar vida? ¿Por qué Donjuan está conde-
asocia con la cifra de mil y una conquistas, mil y una no-
nado? A diferencia de Fausto, que selló un pacto con
ches de seductor y, al hacerlo, se le islamiza sin razón. Y
Mefistófeles, Donjuan no cree ni en Dios ni en el Dia-
es que el catálogo del libreto de Da Ponte establece una
blo. Nada hace mella en él, ni la efigie de piedra, ni el
lista que convierte a Donjuan en un pretendiente cos-
espectro de una mujer oculta que, en la obra de Molie-
mopolita: «In Italia seicentoquaranta, in Almagna due-
re,_«cambia de cara y representa el tiempo con su gua-
centotrentuna, cento in Francia, in Turchia novantuna,
dana en la mano». Ni Dios, ni Diablo. ¿Qué ha hecho,
ma in Spagna son gia mille et tre». (En Italia seiscientas
pues, Donjuan? ¿Qué hacía, además, a las mujeres con
las que se encontraba? cuarenta, en Alemania doscientas treinta y una, cien en
Francia, en Turquía noventa y una, pero en España son
ya mil tres.)
A BENEFICIO DE INVENTARIO
Si hiciéramos un recuento exacto de las mujeres se-
ducidas del catálogo añadiendo a las protagonistas de la
ópera de Mozart, ese relato de un triple fiasco (Elvira,
.«~o hay n~da más literario -afirma Valéry- que
Donna Anna y Zerlina), alcanzaríamos la cifra de dos
OmItIr lo esenCIal. Se ha escrito mucho sobre Donjuan.
mil sesenta y ocho. Los franceses, como es sabido por
Se ha escrito mil y una veces sobre Don Juan, pero, que
todos, pertenecen a una especie particular. Ese «cien»
yo sepa, a nadie se le ha ocurrido preguntarse por (o in-
justo resulta muy sospechoso. Siendo el París de la épo-
ventar) las posibles causas de tan oportuno éxito in ero-
ca lo que era, ¿podemos contar los amores? A las cien
ti~~s.Nunca se habla de lo experto y lo práctico que de-
francesas de la colección vienen a añadirse otras, ¿por
blO de ser en una carrera que, sin duda, exige dotes
qué no mil novecientas sesenta y ocho? Aritmética sub-
n~~urales, pero también inteligencia, arte _y, en defi-
verSIva.
nItIva-, trabajo. Donjuan no sólo seducía, sino que
¿Quién hace el recuento? Leporello, a beneficio de
además no decepcionaba y (lo que es muy diferente de
inventario. Sganarelle también cuenta y grita cuando su
seducir) dejaba desesperadas a las mujeres tras de sí.
Ahí radica lo importante.» amo se atormenta: «¡Mi salario! ¡Mi salario! ¡Mi sala-
rio!». En cuanto a Don Juan, si lo consideramos desde
222 LA MIRADA DE ORFEO DEL MITO A LA REALIDAD: DON JUAN Y CASANOVA 223
un pun.to de vista marxista, ap~rece com~ el héroe dell CORRUPCIONES DEL MITO
valor de uso frente al valor de illtercamblO. Se niega a
respetar las estructuras elementales del parentesco, a res- A mi juicio, este encuentro en Praga entre Mozart
petar el contrato que establece que, efectivamente, se y Casanova resulta perturbador. Además, se mantuvo
intercambien mujeres entre hombres, entre familias; a oculto. Así, pues, la cuestión consiste en saber de qué
pesar de todo, así funciona la sociedad. Rechaza la ley manera todo un discurso social dispuso del mito de
de todos los comendadores. Es el campeón del no reco- Don Juan, lo que quiso induir como temores, como fan-
nocimiento de deuda y su negativa se enmarca en un tasmas, como obsesiones, como atractivos repulsivos.
momento especialmente importante de trastorno de los ¿Por qué la humanidad elabora mitos que, a continua-
tiempos. Apenas treinta años separan el Discurso del ción, son objeto de revisión? Fausto inspiró a Goethe
método, de Descartes,. del Don Juan, obra de Moliere. como libretista y a Gounod como músico. Don Juan,
Las perspectivas metafísicas y la visión del más allá han antes que él, se halla en el centro mismo del encuentro
sufrido profundos cambios. Enseguida asistiremos al entre Mozart, Da Ponte y Casanova. Entre finales del
florecimiento del capitalismo occidental en una fase siglo XVIII y el XIX, se juega una partida, una partida de
que va a ser intensiva. revancha, de resentimiento, de represión. Y ¿por qué?
Cuando Mozart aborda la historia de Don Giovan- Porque tal vez haya sucedido una revolución. Y ¿cuál?
ni a finales del siglo XVIII, las cuestiones aún son más Se trata de la revolución francesa, la única que se pro-
candentes. La revolución francesa resulta inminente y, dujo, por otra parte, puesto que las demás fueron puras
en ese contexto, se sitúa un encuentro que permaneció alucinaciones negativas. Ahora bien, ¿cómo defenderse
silenciado durante demasiado tiempo: el encuentro en- de una revolución? Ésta es la cuestión. Al final de su vi-
tre Mozart y Casanova. Tuvo lugar en Praga, cuando da, Charles Baudelaire, que escribió un admirable poe-
Mozart se disponía a dirigir él mismo la primera repre- ma sobre Don Juan en Las flores del mal, piensa escribir
sentación de su ópera Don Giovanni, el 29 de octubre un prefacio para Las amistades peligrosas, de Lados, a
de 1787. Los folios autobiográficos relativos a Don petición de su editor, y señala simplemente: «Los vo-
Giovanni, escritos por Casanova de su puño y letra, se luptuosos han hecho la Revolución». Esto no es lo que
encontraron en 1924 y fueron publicados por Francis se enseña. Pero ¿quiénes son esos voluptuosos? ¿Qué
Mars en 1961, en un texto fundamental, CasanOva et tiene de revolucionario su manera de vivir o de pensar?
Don Giovanni. Casanova venía de Dux, en la Bohemia, Y, además, ¿cómo delimitar y definir la idea misma de
Dux, la actual Duchkov, que, en checo, significa «el revolución?
pueblo del fantasma». «Los voluptuosos han hecho la Revolución», es de-
cir, en cierto modo, profesionales del valor de uso en
una sociedad donde todo resulta susceptible de con-
vertirse en dinero y rentabilizarse. Lo que se ha echado
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a perder es el valor de intercambio. Precisamente esto dores por parte de un agresor desconocido y de haber
altera a DonJuan, el voluptuoso. No obstante, las suce- encontrado a su padre muerto, está sobrecogida por
sivas lecturas de Don Juan que van a realizarse revelan una emoción que traducen los recitados dramáticos.
y ocultan, a la vez, la importancia en este mito de un Zedina, joven y guapa, se halla sumida en la ligereza, en
surgimiento de la mirada sobre la mecánica social. ¿Se el juego amoroso: «Quiero», «No quiero», «Me caso;
trata de un combate contra Dios yel Diablo? A finales pero ¿con quién?». Zerlina no puede ser infiel, bro~e~.
del siglo xvrn, Dios y el Diablo están para el arrastre. La Mozart dejaoír estas voces de mujeres y sus acentos lll1-
cuestión del ateísmo ni tan siquiera está en primer pla- mitables. ¡No unas mujeres que se reúnen para gritar
no. Entonces, entra en escena la mujer como coartada con una sola voz sobre un escenario de ópera con las
metafísica. En la lectura de este mito, donde el recuen- Valquirias! Esto se ha visto, pero no en la obra de Mo-
to se impone tanto (inspira el catálogo y la trayectoria zart. El propio Alfred Einstein no duda en escribir a
derrochadora de DonJuan), el relevo de Dios y del Dia- propósito de Casanova: «Casanova tuvo un éxito consi-
blo está asegurado en el momento en que la Mujer se derable entre las mujeres, aunque, por muy profundo
perfila en el camino del seductor. La Mujer y no las mu- que fuera algunas veces, su conocimiento de la mújer
jeres, cuyo catálogo nos recuerda que no existen dos resulta limitado». Nos gustaría preguntar al profesor
iguales, aunque el escándalo consista en decirlo y des- Einstein, que sin duda se vale de su experiencia conyu-
cribirlo. gal y de su conocimiento de la Carte du Tendre, * qué tie-
Así pues, DonJuan va a suscitar resistencias meta-
físicas. Por ejemplo, Alfred Einstein, en su gran libro
t
'r,
ne de aproximado el saber de Casanova. La seguridad y
la buena conciencia del sabio parecen poco suscepti-
sobre Mozart, dedica un capítulo a «Mozart y el eterno bles de autocrítica.
femenino», el eterno femenino, esa nebulosa goethiana Otro discurso, igualmente estereotipado, quiso dar
que nos atrae hacia las alturas. Pensamos en Margarita, cuenta del mito de Don Juan. Encontraríamos mil ejem-
blanca flor sacrificada en el Faust, de Gounod. Efecti- plos de él desde el siglo XIX hasta nuestros días. Se tra-
vamente, en el siglo XIX, triunfa la mujer redentora, esa ta de esa actitud romántico-negativa, teñida de psicoa-
ninfa Egeria que sustituye a las antiguas deidades, un nálisis en ocasiones, que asimila el derroche de Don
poquito descompuestas. Así que <<Mozarty el eterno fe- Juan a una búsqueda desesperada. Si un hombre coge
menino», ¡menudo asunto! Lo que Mozart da a enten- diez mil flores, es porque le falta una, una sola, la única,
der mediante el tratamiento musical, mediante la voz <daausente de todos los ramos», en palabras de Mallar-
de las cantantes, es el abigarramiento de las mujeres, su mé. En esta interpretación pesimista, insidiosamente
infinita diversidad. Elvira, la amante ridiculizada , ex-
presa, de modo lírico, la cólera y el resentimiento, la * La Carte du Tendre era una espécie de carta de navega-
amargura que inspira el abandono. Donna Anna, que ción para asuntos amorosos muy utilizada en los juegos de so-
no se repone de haber sufrido un atropello entre basti- ciedad en la corte de Luis XIV. (N. de la t.)
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inquisitorial, la verdadera historia de Don Juan se pre- COMO UN PÁJARO EN EL CIELO
senta siempre como la inversa de la que se está represen-
tando. Si Donjuan conquista mujeres, lo hace porque En lugar de evocar la búsqueda hipotética del amor
es homosexual o impotente. Si se desvive tanto hacien- ideal, del seno materno y de la belleza absoluta, será
do ese recuento tan sumamente vulgar, es porque le si- preferible volver a 10 que dice Leporello: «Vosotras, las
gue faltando aquella hacia la que 'se dirige, aquella que mujeres, sabéis lo que él hace». Un nuevo reparto de
está allí de menos y determina esa pasión efervescente; cartas. ¿Acaso tenemos la obligación de hacer nuestra
es decir, ya lo habrán adivinado: su madre. La madre esta ilusión del criado de Donjuan? Leporello cree que
ausente es a Don Juan lo que la melancolía es a las fies- las mujeres saben lo que hace Donjuan. ¿Cuál es, pues,
tas galantes de Watteau: un estereotipo tan imponente ese saber? ¿Podrá decirse?
que no sufre ningún examen. Si las fiestas galantes es- ¿Será susceptible de engendrar una literatura con-
tán nimbadas por una melancolía difusa, es porque evo- creta? Estamos esperando. ¿Qué ha hecho Donjuan?
can una sociedad que va a acabarse, una sociedad con- ¿Las compañeras que tiene entre manos, por así decir-
denada. Por eso grandes especialistas del siglo XVIII lo, pueden describir lo que ha hecho? Supongamos
están en disposición de afirmar doctamente que la Fiesta que haga cosas y que no sepamos lo que ha hecho. No
en Saint-Cloud, de Fragonard, constituye un cuadro de se escribirá nada, o casi nada, acerca de su paso su-
una intensa melancolía. A pesar de todo, esa fiesta resul- brepticio. Hay un proverbio chino que dice: «Un hom-
ta maravillosa. No hay que ver nada más que una fiesta; bre deja tantas huellas en una mujer como un pájaro en
aunque en una fiesta haya muchas cosas que ver: los ár- el cielo». Esto desplaza un poco más a la metafísica.
boles, el follaje, el retorcimiento de las balaustradas, los Don Juan habría pasado por allí como el hurón del
movimientos de los cuerpos. Se trata de una diversidad bosque, señoras, pero sin dejar rastro alguno. Para el
tornasolada, una «democracia de los detalles», como hombre, ese transeúnte planetario, para el macho o pa-
dijo de modo admirable Nabokov al hablar de la novela. ra el que se pretenda como tal, no existiría inscripción
Sin embargo, el espíritu poco democrático tenderá, y su alguna. Es cierto que todavía se habla de huellas gené-
papel es ése, a reunificar la escena y situarla bajo el signo ticas, pero incluso éstas se están volviendo bastante
de la melancolía, puesto que el caracol que se encuen- dudosas porque dentro de poco será posible reprodu-
tra en el matorral de la izquierda y que no vemos está cir el ser humano por vías que no serán necesariamen-
aquejado de una grave enfermedad pulmonar, puesto te acción directa del hombre. ¿Acaso no ha llegado el
que el gorrión que está escondido en los árboles y que, momento, en este fin de siglo xx, de volver a examinar
además, tampoco vemos, está un poco neurasténico. este mito?
Si el mito de Don Juan plantea una pregunta muy
embarazosa al público y a la historia, el de Casanova;
por muchos motivos, resulta aún más molesto. No sólo
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porque existió en la realidad, sino porque las tres mil excluido de lo simbólico resurge en lo real en forma de
páginas escritas de su puño y letra donde cuenta su vida mueca horrorosa, de falsificación.
constituyen un documento extraordinariamente sub- Cuando Casanova empieza a escribir la Historia de
versivo, hasta tal punto de que ese texto, redactado en mi vida, en 1789, ya rebasaba la sesentena. Escribirá en
francés, se tradujo primero al alemán y, después, se vol- su castillo de Dux, en la Bohemia, hasta trece horas dia-
vió a traducir del alemán al francés antes de publicarse rias, ese manuscrito increíble, antes de morir en 1798
una versión expurgada en época de la Restauración, en (Mozart murió en 1791, dos años después de la Revolu-
1826. Esta última fue la única versión que Stendhal tuvo ción francesa). Actualmente, el castillo de Dux es un
en sus manos. ¿Cómo es posible, pues, que un manus- ayuntamiento donde la gente acude a casarse con gran
crito escrito en francés haya tenido que esperar tanto pompa. El día que lo visité, se celebraban bodas y el
tiempo para su publicación íntegra? Se ha disimulado cortejo pudo entrar en el castillo, eso forma parte del ri-
el mayor tiempo posible antes de extraer de la Historia to. Ahora bien, la biblioteca dispone de una puerta co-
de mi vida toda una imaginería que ha servido de inspi- rredera que se abre a un pequeño cuarto iluminado por
ración al cine. En nuestras pantallas, Casanova está en una luz roja, como la luz que señala la presencia en el
todas partes, patalea o se revuelca en las camas de casua- sagrario. Allí vemos, sentado en la mesa, pluma en ma-
lidad. Así, nadie posee el texto, pero todo el mundo se no, a un Casanova de cera. iUn Casanova encerrado en
ha forjado la imagen. Dentro de poco, nos propondrán un cuchitril como una estatua en el museo de cera! Así
ropa Casanova, cosméticos Casanova, restaurantes Ca- vemos cómo se ha delimitado la amenaza que constitu-
sanova. Hoy en día, todo el mundo conoce a Casanova. ye, para el orden establecido, un hombre libre, incluso
Lo conocemos tan bien que, si solicito oficialmente que muerto. iYeso a pesar de que Casanova no había pro-
los restos de Casanova sean trasladados de Checoslova- vocado ni matado a ningún comendador! Todo el mun-
quia para enterrarlos en Venecia, bajo la plaza de San do conoce su famosa sentencia: «He vivido como un
Marcos, el hecho no parece suscitar el menor entusias- filósofo. Muero como un cristiano». Aun así, lo han pe-
~o. ¡Y menuda ceremonia sería! Funerales solemnes trificado, era más prudente.
en presencia de todos los cuerpos constituidos: el arzo- Por lo que respecta al Don Juan, de Moliere, que es-
bispado, el ejército, los políticos y los notables. En cam- tuvo censurado tanto tiempo (a excepción de la edición
bio, en Venecia, todos los años en época del carnaval, de Amsterdam, de 1683), nos condenamos a no enten-
nos imponen una estatua de Casanova, la mayoría de las der la carga subversiva de ese texto si no sopesamos la
veces ridícula, ante la cual se fotografían las modelos de violencia de la política social que lo recorre. A este res-
moda. Por lo tanto, ¿por qué haber convertido un' tex- pecto, es preciso leer otra vez el largo parlamento de
to escrito y firmado en algo alucinatorio? Como dijo Sganarelle sobre la necesidad de la creencia. No pode-
Lacan un día, <doque está excluido de lo simbólico re- mos vivir sin creer y, si no creemos en Dios o en el Dia-
surge en lo real». Habría podido añadir que lo que está blo, si no creemos en el más allá, hay que creer en la
1-
230 LA MIRADA DE ORFEO DEL MITO A LA REALIDAD: DON JUAN Y CASANOVA 231
Mujer, por ejemplo, y esto sigue vigente hoy en día, en está expuesto a las tormentas, las tormentas acechan a
el momento mismo en que presenciamos cómo la bio- los barcos, los barcos necesitan un buen piloto, un
logía se hace cargo de la especie humana. Hay que creer, buen piloto es prudente, la prudencia no es propia de
dice Sganarelle a su amo que apenas le escucha, puesto los jóvenes, los jóvenes deben obediencia a los mayores,
que ya se encuentra en la siguiente fase de su acción. a los mayores les gustan las riquezas, las riquezas hacen a
Don Juan no es un ideólogo; no está ahí para discutir los ricos, los ricos no son pobres, los pobres tienen ne-
sobre las razones que hay para creer o no creer. No sus- cesidad, la necesidad no tiene ley, quien no tiene ley
cita ningún debate, no anima ninguna tribuna libre, no vive como las bestias salvajes y, por consiguiente, será
desempeña actividad democrática alguna: esto es lo condenado en el quinto infierno». Ante esta larga pe-
menos que puede decirse. Así que acaba declarando: rorata que adopta la forma de un cuento encadenado
«Creo que dos y dos son cuatro, Sganarelle, y que cua- con proverbios y estereotipos yuxtapuestos para de-
tro y cuatro son ocho». Y, en ese momento, Sganarelle sembocar en un castigo inevitable, Donjuan responde
piensa que es el blasfemo mismo. Sin embargo, esta simplemente: «¡Oh, el buen razonamiento!». Y preci-
tautología que anuncia Don Juan resulta, a mi juicio, samente aquí se trata de la razón, no la de los raciona-
tan profunda como la de un Parménides cuando afirma listas, sino de la razón que sufrirá una conmoción ma-
que el ser es y que el no ser no es. Una fórmula muy sen- yor a finales del siglo XIX, se trata del nuevo amor que
cilla, en apariencia, que lleva siglos suscitando debates evoca Arthur Rimbaud en ese texto de las Iluminacio-
eruditos entre los filósofos. nes titulado «A una razón». Por supuesto, está la razón
«Sepa, seño!», dice entonces Sganarelle, desconcer- de las gentes de ciencia y de cálculo, pero para el poe-
tado por esa fórmula aritmética. «Sepa, señor.» Así fun- ta visionario la propia ciencia resulta demasiado lenta:
ciona y se despliega un razonamiento cuando uno pier-
de pie, cuando uno se ahoga: «Sepa, señor, que tanto va Si j'aí du gout, ce n'est guere
el cántaro a la fuente que acaba rompiéndose y que, co- Que pour la terre et les pierres.
mo dice muy bien un autor que no conozco, el hombre J e déjeune toujours d' aír,
se halla en este mundo como el pájaro en la rama, la ra- De roe, de charbons, de fer.
ma está unida al árbol, quien se mantiene unido al árbol
Mes faims, tournez. Paíssez, faims,
sigue buenos preceptos, las palabras hermosas se en-
Le pré des sonso
cuentran en la corte, en la corte están los cortesanos, los Attirez le gaí venin
cortesanos siguen la moda, la moda viene de la fantasía, Des liserons. *
. la fantasía constituye una facultad del alma, el alma es
lo que nos da la vida, la vida acaba en la muerte, la
muerte nos induce a pensar en el cielo, el cielo se en- * Si siento afán, es sólo por la tierra y las piedras. / Siempre
cuentra encima de la tierra, la tierra no es el mar, el mar como aire, / rocas, carbones, hierro. / Volved, apetitos. Entrad,
232 LA MIRADA DE ORFEO DEL MITO A LA REALIDAD: DON JUAN y CASANOVA 233
Esta hambre, que nada consigue saciar, es la de Don edípico. Usted desea a su madre, usted quiere matar a
Juan y Casanova. su padre: éste es el destino común al que nadie escapa.
Le recomendarán evitar a todas las mujeres y venerar a
su madre a distancia. El clero funciona así. Se ahorra las
LA voz DEL COMENDADOR mujeres en beneficio de una sola, que se mantiene inac-
cesible. Se trata de un modelo posible y ha demostrado
A un gran escritor religioso como Fran~ois Mauriac sus aptitudes. Hay otro modelo en el que los hombres
le atormentó toda su vida el enigma de Don Juan. El se las apañan entre ellos. No resulta molesto si no tocan
descubrimiento de Mozart, cuando cae en el silencio a las mujeres.
vinculado con su pérdida de voz, confiere aún más re- «Uno no tiene necesidad de luz cuando lo con-
lieve a esta figura mítica. «Antes de los cincuenta años ducen por el Cielo», afirma el Comendador, sepulcral.
de edad -escribe-, no conocía a Mozart.» Habría que «Así que arrepiéntete, arrepiéntete. -No.»' Fran~ois
escuchar a Mozart, leer otra vez a Moliere con la apues- Mauriac cree oír en esta voz del Comendador lo que
ta de Pascal en mente, puesto que la cuestión planteada Pascal denomina «una voz santa y terrible». Nadie pa-
por Don Juan constituye una cuestión metafísica. <<La rece sospechar que esta voz constituye el único modo
mayoría de los hombres -escribe Mauriac- se las dan de salir de este asunto, sin el cual duraría eternamente.
de valientes ante Dios, es que no creen en él, se burlan de Por lo tanto, es preciso que el más allá se manifieste, pe-
un Dios que, para ellos, no existe. Pero los hay de otra ro con la forma más farsista posible. Es teatro de ma-
raza, la que representa Donjuan, que siempre está en rionetas. Es una figura para los niños, esa estatua que
contacto con lo sobrenatural y que, a pesar de todo, se hace «bum», «bum», y que grita. ¿Por qué será eso la
niega a bajar la cabeza.» Espectro itinerante armado voz de Dios? ¿Por qué gritaría Dios? ¿Por qué Dios
con una guadaña, voz misteriosa, estatua que se mueve. proporciona voz para instar al pecador a arrepentirse
El otro mundo llama a la puerta. «No, no, que no se di- en ese tono conminatorio? No, se trata de una voz mi-
ga, pase lo que pase, que soy capaz de arrepentirme.» litar, una voz que da órdenes, se trata de la voz de un
«Malvado, malvado», brama el Comendador en la es- Comendador. «Arrepiéntete, arrepiéntete.» No es un ra-
cena final de la ópera de Mozart. «Viejo engreído», zonamiento, es su reverso. O bien los razonamientos
contesta Don Juan, espada en mano. Este Comendador, resultan absurdos o bien la necesidad de repetición
padre muerto de una hija seducida, no se ajusta al es- constituye la violencia misma. O una cosa o la otra, las
quema edípico clásico, mal que les pese a todos los ana- gentes actúan fuera de la razón o te matan. N o es, en
listas que han querido someter a Don Juan al análisis modo alguno, lo que cabría esperar de una demostra-
ción trascendental y, a pesar de todo, en estas órdenes
apetitos. / El prado de los sonidos. / Atraed al alegre veneno / de terminantes, Mauriac oye la voz de Dios: «¿Dependía
las enredaderas. (N. de la t.) de Donjuan poseer la revelación? ¿Donjuan se habría
234 LA MIRADA DE ORFEO
DEL MITO A LA REALIDAD: DON JUAN Y CASANOVA 235
convertido en alguien distinto a Donjuan? ¿Nosotros
haber leído. Sabrían descifrar los signos, pero no ten-
podemos ser diferentes de nosotros mismos? Ante una
drían su recuerdo. Habría libros por todas partes y na-
pregunta tan sencilla como ésta, un viejo cristiano pro-
die para leerlos. Es una posibilidad. ¿Se trata de un es-
porciona la respuesta con facilidad, pero a condición
pejismo? No es seguro.
de no pensar en uno u otro de aquellos que ha conoci-
do mejor. ¿Cómo imaginar que Jean Cocteau o André
Gide hubieran representado un personaje diferente al
DON JUAN DE NUEVO
que encamaron?». Nos sorprende constatar que, en su
reflexión, Mauriac asocia el caso de Donjuan a Cocteau
En Les Folies franfaises, me dediqué a reescribir el
y Gide. Por otra parte, es preciso recordar que, aunque
mito en forma de sinopsis de ópera, que titulé Don Juan
Mozart está próximo, en primer lugar, a un Beaumar-
de .nuevo. «¿Quién es Don Juan? Antes que nada, al-
chais, su Don Juan se abre a otro universo diferente. Ya
gUIen que se debe a su posición de principio a fin, con
se oye esta música en la obra de Laclos y pronto se oirá,
una fuerza de afirmación desnuda, continua. Desde Mo-
de una forma exacerbada que podemos rechazar, en Sa-
liere hasta Mozart, este "sí" resuena con astucia, con
de. La razón razonante no saldrá ilesa de todo esto , a
desenvoltura; oímos el nombre de Don Juan en boca
menos que la censura resulte victoriosa. Actualmente,
del Comendador [ ... ], nos recogemos, frioleros, en ese
asociamos esta censura al siglo XIX, a sus procesos pa-
nombre para no oír el "sí". ¿De dónde procede? ¿De
sados de moda -Madame Bovary, Las flores del mal-,
qué está hecho? ¿Cómo es posible? Tartufo atacaba a
que provocan la risa de nuestra época supuestamente
los devotos más que a la religión; Don Juan ataca al
libertaria. Nos reímos y estamos equivocados. El juicio
razonamiento del resentimiento [. .. ]. Luis XIV podía
que condenó a Las flores del mal solamente fue declara-
aceptar la primera obra teatral, pero no la segunda, ya
do nulo en 1949. La censura ha cambiado de forma.
que esta última sitúa al individuo soberano por encima
¿Cómo se ejerce en la actualidad? Tal vez por profu-
de las conveniencias nacidas de la represión permanen-
sión; sería una manera de marear la perdiz. En lugar del
te. La afirmación de Don Juan conduce a la locura. Es-
proceso, demasiado peligroso, preferimos la multiplica-
cuchen el discurso de Sganarelle, tejido de trivialidad
ción de libros, un bosque de libros para escasos lecto-
desgarrada, pánico del estereotipo moral, y la conclu-
res. Imaginemos que un día ya nada deje rastro. Imagi-
sión de su amo: "¡Oh, el buen razonamiento!". El razo-
nemos que ya nadie sepa leer. El mejor de los mundos,
namiento humano, en tanto que tal, ha sido desafiado,
en definitiva. Habría libros por todas partes y la gente,
en su lógica doméstica, igual que será desafiado, más
al cabo de una página, ya estaría cansada, suponiendo
tarde, en las Poesías, de Lautréamont: "La mosca no
que hayan tenido tiempo de abrir el libro. O bien esta-
razona bien ahora, un hombre está zumbando en sus
rían tan ocupados que, al llegar la noche, ni siquiera sa-
oídos".» En los siglos XVII y XVIII, el final de Don Juan
brían lo que han leído durante el día. O no recordarían
resulta inevitable, la escena no puede ir más lejos, la es-
DEL MITO A LA REALIDAD: DON JUAN Y CASANOVA 237
236 LA MIRADA DE ORFEO
libreto, austríaco en la música, ruso por sorpresa; estoy
tatua arrastra un cuerpo vivo a los abismos del fuego, se
pensando en Nabokov, Tirso de Molina, Moliere, Da
trata de una ascensión erística a la inversa. Aquí tene-
Ponte, Casanova, Mozart, Sade y también Baudelaire,
mos a Baudelaire, en su «Don Juan en los infiernos»:
después Lautréamont, más tardeJoyce, Céline y, a con-
Enhiesto en su armadura, un gran hombre de piedra tinuación, otra vez Nabokov. Pasa un ángel. Y después,
Gobernando el timón, cortaba el agua oscura; nadie más. Ya no queda nadie más y el siglo XX está de
Mas el héroe impasible, apoyado en su estoque, luto. Resultado: nihilismo generalizado.
Contemplaba la,espuma, desdeñando la escena.* Don Juan sólo ha sido interpretado. Se trata de trans-
formarlo. Para nosotros, se trata de escuchar, por fin, la
«Don Juan -sigue escribiendo Baudelaire-, se gran aria de la libertad.
halla en posesión de un saber que el resto de personajes
PHrLIPPE SOLLERS
no puede alcanzar, ni el mendigo, ni el criado que re-
clama su salario, ni las mujeres ofrecidas, ni su padre, ni
Caronte, ni el Diablo.»
Sin duda, hoy en día, la novedad consiste en incluir
a la madre de Don Juan en escena. Permanece invisible
en el teatro clásico y por una razón evidente. Hoy descu-
briríamos que ella querría, que hubiera preferido, que
incluso preferiría que su hijo fuera homosexual, y él no.
Entonces, vendría una gran escena donde la madre y el
hijo se enfrentarían, igual que en el Ulises, deJamesJoy-
ce, cuando el protagonista, de un bastonazo, derriba la
araña y envía al espectro de su madre de vuelta a los in-
fiernos. Cuando Goya afirmaba: «El sueño de la razón
produce monstruos», ¿acaso no podríamos avanzar que
la risa de la razón deja al descubierto a los monstruos?
Don Juan, mito europeo, ha recorrido las culturas y
los géneros literarios: primero fue español en su forma
original, después fue francés en el texto, italiano en el
* La estrofa aquí reproducida pertenece al poema «Don
Juan en los infiernos», en Baudelaire, c., Lasflores del mal, Ma-
drid, Alianza, 1993, pág. 30. (N. de la t.)