¿Qué es la Revolución neolítica?
La revolución neolítica fue un cambio crucial en los modos de vida de la humanidad, en el
que se pasa de un estilo de vida nómada a uno sedentario, lo que acarrea, asimismo, una
transformación económica, de una economía recolectora se pasa a una economía productora.
A pesar de que sea conocido como “revolución”, los historiadores insisten en que se trató de
un cambio más bien gradual, ocurrido, según Gordon Childe (1941), la teoría más aceptada
hasta el momento, en el VIII milenio a.C, debido a una crisis climática en el inicio del Holoceno.
Sobre la base de su importancia para la historia de la humanidad, reclamó para sí el término de
“revolución”.Se extiende desde el período Paleolítico, en el que todavía se tallaban las piedras,
al Neolítico, cuando las piedras se pulían, todo ello con el propósito de realizar herramientas
y armas. Forma parte de lo que se ha caracterizado como “Edad de Piedra”.
Características de la revolución neolítica:
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Según Gordon Childe, ocurrió en el “Creciente Fértil”, que cubre la zona egipcia del valle del
Nilo (África) hasta Mesopotamia, entre los ríos Tigris y Éufrates (Asia). La causa habría sido un
cambio climático, que produjo un terreno seco y el hombre tuvo que plantar y lograr la
reproducción de los animales cercanos. Debido a la afluencia del Tigris y del Éufrates fue posible la
ganadería y la agricultura. Este sería el centro desde el que el neolítico se difundiría.
Según Braidwood (1971), el cambio climático no fue la causa principal puesto que ya
había sucedido anteriormente. Tampoco considera que Mesopotamia haya sido el centro.
Según él, lo que más explica la transformación, tiene que ver con el grado de avance que tenía la
humanidad entonces.
2.Agricultura
Cobró relevancia el cultivo de cereales, en especial el centeno, el trigo y la cebada,
característicos de la zona Creciente Fértil. Se cree, no obstante, que no fueron las primeras
especies vegetales en cultivarse. Las legumbres datan un cultivo muy antiguo y también algunos
árboles frutales de Asia. Se registra, además, el uso de fermentos y levaduras, responsables de la
elaboración del pan y los lácteos y, consecuentemente, de las bebidas alcohólicas.
3.Domesticación de animales
El primer animal en incorporarse al hábitat del hombre fue el perro. La domesticación ovina,
bovina y caprina constituyen un pilar fundamental de la producción hoy en día. La domesticación
del caballo ocurrió en ese tiempo, en la zona de Asia Central, a la par de la de los camélidos,
que se dio en diferentes sectores.
Entre los mamíferos que se seleccionaron para la ganadería, el cerdo ocupó un lugar principal.
Se usaron aves de corral y rapaces, particularmente los patos y las gallinas. Hay información
acerca del uso de insectos, por ejemplo en la apicultura -abejas- y en la sericultura -gusanos de la
seda-.
4.Invención de la textilería
Se encontraron vestimentas fabricadas con lino y lana, que presuponían a la vez el
conocimiento de la cría de animales y el cultivo. En este período se crean los telares, máquinas que
se usaban para tejer y que para el momento resultan de una complejidad interesante.
6.Creación de la cerámica
Sucede en torno al VII milenio a.C, en Anatolia. Aparece lo que se denominó “espacio vacío”,
para la contención de alimentos y la cocina en el fuego. Aún así, se encontró que
algunas culturas del Próximo Oriente ya utilizaban cerámica. No obstante, cabe resaltar el uso
extendido y variado que se le dio a la cerámica durante este período, en el que tiene más
importancia la construcción de instrumentos agrícolas que de caza.
7.Trashumancia En este punto, hay que notar que la ganadería, por medio de la
trashumancia, permite la comunicación entre hombres -y poblados- alejados.
8.División del trabajoEn el neolítico hubo un aumento demográfico con respecto
al paleolítico, así la sociedad se dividía entre aquellos que araban la tierra, los que
cosechaban, los que pulían las piedras, los recolectores, los que trabajan la cerámica y
usaban los telares -mayormente mujeres-, los que construían las viviendas y los que
cuidaban el ganado. Es necesario mencionar la entrada en escena del excedente. Desde de
su aparición, es posible intercambiar bienes. Este primer tipo de comercio se denomina
trueque.
9.Religión animista
Debido a la práctica de los agricultores, se vive una relación especial con la tierra. Ella
representa la “Diosa-Madre”, la fertilidad, el ciclo de la vida y la muerte.
10. Aparición de la propiedad privada
Este fenómeno es producto también de la agricultura. El trabajo de los agricultores requiere
mucho esfuerzo y tiempo, y cobra sentido con la premisa de que esa tierra, en principio
improductiva, dará frutos para ellos.
I. Historia humana e historia natural
En esa visión personalista la prehistoria no es historia porque no puede individualizar a sus
protagonistas.
Evoca a Marx cuando insiste en la importancia fundamental de la producción y de los saberes prácticos
en la generación del cambio social, visión que incluye de modo natural a la prehistoria y que convierte a
la historia en historia cultural. Analiza entonces los medios que usan los historiadores prehistóricos, los
arqueólogos, para sacar conclusiones en base a los restos materiales preservados hasta nuestros días:
los utensilios, artefactos, armas, viviendas, el modo en que obtenían sus alimentos, monumentos. Esto
requiere la combinación de ciencias como la Geología (estratos del terreno y su origen), Química
(materiales y la forma en que se obtuvieron), Física (instrumentos de medición de características y
procesos sufridos por los restos y la determinación de su antigüedad).
Childe considera que la 1ª etapa cultural (o de organización social) es la de los grupos familiares
autosuficientes capaces de obtener por sí mismos todo lo necesario para asegurar su subsistencia y
reproducción, sin que para ello sea indispensable la colaboración de otros grupos humanos (aunque
haya contacto con ellos). Es la etapa de la agricultura y el transporte elemental, la huerta, los pequeños
cercados, las canoas de pesca, los útiles de piedra toscamente tallados (azadas, hachas, morteros...).
En esta etapa es imposible la fabricación de un útil complejo como un hacha de bronce que
requiere rasgos culturales como especialización laboral y la capacidad de obtención de materias primas
de regiones lejanas (medios de transporte, comercio...), rasgos que corresponden a etapas posteriores
de "progreso" (véase el capítulo Escalas de tiempo).
Un concepto central de este capítulo, subyacente en todos los restantes, es el rol de la evolución
cultural. Para Childe es la causa de la relativa rapidez (unas pocas generaciones) con que se producen
los cambios en el modo de vida humana, en comparación con la mucho más lenta evolución física
producida por la selección natural de Darwin (centenares de generaciones) (véase Teoría de la
Evolución). Aparece aquí un indicador importante del éxito de una forma de vida dada: el aumento del
número de personas de ese grupo, o aumento de población, directamente determinable a través de la
cantidad de entierros encontrados. Ejemplifica este criterio con la Revolución Industrial, cuando se
registró en Gran Bretaña una duplicación de la población en sólo 50 años, duplicación que previamente
había requerido más de 2 siglos. Introduce aquí el concepto de revolución, término que aplicó en etapas
como la Revolución Neolítica y la Revolución Urbana, siendo el responsable de su incorporación en las
ciencias sociales[1]
II. Evolución orgánica y progreso cultural
Este capítulo está dedicado a dilucidar las semejanzas y diferencias entre la evolución natural, que
modifica los rasgos físicos de los animales, y la evolución cultural, que modifica las costumbres y el
entorno artificial que las personas fabrican para adaptarse mejor al medio ambiente. Se incluyen tanto
los rasgos físicos que hacen posible esa capacidad tecnológica, como los mentales.
Inicialmente señala rasgos físicos que facilitan la adaptacion de algunos animales salvajes a su medio
ambiente: la gruesa lana del carnero lo protege del frío clima de las alturas; los conejos pueden
excavar madrigueras subterráneas para protegerse del frío y los depredadores usando su hocico y sus
patas; los leones cazan su alimento valiéndose de sus dientes y garras. Las personas prehistóricas, en
cambio, se calentaban haciendo fuego y usando abrigos de pieles o lana; construían viviendas con
hachas, picos y palas; cazaban sus presas con flechas y lanzas. Childe conjetura aquí que los animales
heredan, como instintos, las técnicas para cazar su presa, pero hoy se sabe que el aprendizaje también
forma una parte importante (tal vez crucial) de su adquisición
Childe ilustra, con un ejemplo, el proceso de selección natural. Antes de las Edades de Hielo había en
Europa y Asia varias especies de elefantes, antecesores de los actuales y de piel desnuda como ellos. Al
producirse la drástica disminución de temperaturas algunos elefantes desarrollaron por azar un abrigo
de pelos que les permitió sobrevivir mejor al rigor del clima. No es que un día un elefante se decidió a
tener pelos para estar más abrigado, sino que los que los tenían dejaron más descendencia
transformándose en los mamuts que suplantaron finalmente a los elefantes de piel desnuda. La especie
humana, en cambio, se adaptó mejor a esos mismos cambios climáticos mediante el uso de
innovaciones técnicas que daban en herencia cultural a sus descendientes: una herencia de
comportamientos adquiridos que no es genética sino cultural. La ventaja de la segunda forma de
adaptación se puso en evidencia cuando la especie de los mamuts se extinguió a fines de las Edades de
Hielo porque su adaptación física demasiado lenta no le permitió adaptarse al cambio de los alimentos y
el aumento de las temperaturas. La especie humana, en contraposición, cambió de presas y de ropas
tan pronto como fue necesario. Childe enfatiza aquí un principio general descubierto por los estudiosos
de los animales fósiles: en un planeta siempre cambiante el exceso de especialización es, a largo plazo,
una garantía de extinción.
Al final del capítulo Childe describe las cuatro edades clásicas de los arqueólogos: las 2 Edades de
Piedra (Paleolítico y Neolítico), la Edad de Bronce y la Edad de Hierro. Analiza allí detalladamente como
cada una de ella tiene requisitos culturales muy diferentes.
En el Paleolítico las personas vivían enteramente de la caza, la pesca y la recolección de granos
silvestres, raíces, insectos y mariscos. Su número estuvo limitado por la provisión de alimentos ofrecida
por la propia naturaleza y, en realidad, parece haber sido muy bajo.
Durante el Neolítico se dominó el abastecimiento de alimentos mediante el cultivo de plantas y la
cría de animales, pudiendose abastecer a una población mucho más numerosa y generando
excedentes que iniciaron el intercambio social de bienes, el comercio.
En la Edad del Bronce ya había industrias —es decir, especialización laboral— y comercio (los
ingredientes del bronce, el cobre y el estaño, rara vez se encuentran juntos). Esto requería
excedentes alimentarios, medios de transporte, concentración de las personas —es decir,
ciudades— y buena organización social para regular y administrar todas las actividades. Una
verdadera revolución cultural, la Revolución Urbana.
Gracias a la abundancia de los minerales que lo contienen, durante la Edad del Hierro se
fabricaron artefactos más durables, menos costosos y más precisamente construidos que los de
bronce. Los implementos de hierro permitieron abrir nuevas tierras al cultivo y facilitaron el
desmonte de los bosques, generando así una nuevo explosión de población, especialmente en
lugares antes inhóspitos como Escocia y Noruega.
III. Escalas de tiempo
Se discute aquí la cronología de las edades discutidas al final del capítulo precedente, comenzando con
el problema de comprensión de lapsos de tiempos tan grandes como los involucrados: 340.000 años
para los comienzos de la humanidad. La unidad apropiada de tiempo no es el año, ni siquiera el siglo,
sino el milenio (entre 40 y 50 generaciones, según la época). Para comprender mejor la escala Childe
da algunos hitos históricos y prehistóricos medidos en esa unidad respecto al presente:
• -½ milenio: Descubrimiento de América por Colón.
• -1 milenio: Reinado de Alfredo en Inglaterra, todavía no invadida por los normandos.
• -2 milenios: Los tiempos de Cicerón, en Roma, cuando las Islas Británicas eran casi
desconocidas por los europeos.
• -3 milenios: No existía Roma, Grecia no se había organizado, la escritura existía sólo en
Egipto y el Cercano Oriente, pero la civilización ya había madurado.
• -5,5 milenios: En Warka, la Erech de la Biblia en la Mesopotamia asiática, ya había un gran
templo.
• Son muy anteriores las Edades del Hielo. (En la época de Childe no estaban bien datadas,
pero hoy se sabe que hubo un período interglacial entre 390 y 200 milenios atrás,
interrumpida por la Glaciación de Riss. Esta duró hasta 140 milenios atrás, con un nuevo
período interglacial hasta 80 milenios atrás, cuando comenzó la Glaciación de Würm que se
extendió hasta 8 milenios atrás. Hoy vivimos en el período interglacial que empezó
entonces.)
Las edades Paleolítica, Neolítica, del Bronce y del Hierro no comenzaron y terminaron al mismo tiempo
en todas partes del mundo, pero tuvieron en todas partes un orden similar de sucesión (cuando los
europeos iniciaron la conquista de América, en 1492, los aborígenes sudamericanos más desarrollados,
los incas, estaban en la Edad del Bronce). La etapa paleolítica fue muy prolongada en todas partes, y
perdura todavía en la región ártica (con los inuits, en castellano impropiamente llamados esquimales).
Los grupos humanos que iniciaron antes la Revolución Neolítica fueron los de Egipto y la Mesopotamia
asiática. Cuando el capitán Cook desembarcó en Nueva Zelanda —en 1769, cuando Gran Bretaña
estaba en los albores de la Revolución Industrial— sus aborígenes todavía estaban en la Edad Neolítica.
Esto no significa que las personas de diferentes partes del mundo que vivían durante el Paleolítico
tuvieran las mismas creencias y organización familiar y social, sólo que sus tecnologías
IV. Recolectores de alimentos
Las herramientas más antiguas encontradas, cuchillos y raspadores de piedra toscamente tallada,
corresponden a los comienzos del Pleistoceno, hace unos 2.600 milenios. Probablemente se usaron
también otras de madera, que no se han conservado. Es presumible que los raspadores fueran usados
para limpiar cueros con los que se abrigaban (se ha podido demostrar posteriormente que la deducción
es correcta, véase, por ejemplo, L. H. Keely, Los usos de los intrumentos de sílex del Paleolítico, revista
Investigación y Ciencia, enero de 1978, pp. 52-60). En el transcurso del tiempo fueron mejorando tanto
las técnicas para tallar las herramientas por percusión, como la selección de materiales más apropiados
para fabricarlos y las formas más aptas para cada uso.
En esa misma época estos homínidos (antepasados directos o parientes cercanos de nuestra especie)
ya usaban el fuego, como lo evidencian restos de fogones y huesos quemados. El fuego proporcionó
calor y luz durante las frías noche, ahuyentó los animales salvajes, permitió explorar las cavernas
donde se refugiaban e hizo comestibles productos que originalmente no lo eran. Fue el primer proceso
químico controlado por los humanos y el que lo diferenció de modo revolucionario de otros seres vivos.
Inicialmente deben haberse usado los fuegos generados naturalmente, preservandolos y
propagándolos. Luego se aprendió a generarlos por percusión o fricción
Se presume que los seres humanos más antiguos cazaban animales con trampas, recolectaban frutos
silvestres, moluscos y huevos, y extraían raíces y larvas. Se cree que se abrigaban con pieles de
animales. Algunos se refugiaban en cavernas, otros probablemente hacían toscas viviendas con ramas
(similares a las usadas por los tehuelches de los tiempos de la conquista de América). Todo esto
requería gran capaciad de observación y la adquisición y transmisión de saberes muy variados:
diferenciación entre distintas partes de plantas como comestibles o venenosas, conocimiento de los
hábitos y hábitats de los animales, todo en relación con diferentes épocas del año. En términos
contemporáneos, su capacidad de subsistencia dependía directamente de la validez de sus saberes
astronómicos, botánicos, geológicos y zoológicos; éste fue el comienzo —exclusivamente empírico— de
las ciencias.
Aparecieron entonces las primeras máquinas, el lanzador de venablos y el arco lanzador de flechas. Hay
también indicios de contactos con grupos humanos lejanos, caso de las conchas del Mediterráneo,
sugerentes de alguna forma de intercambio. No hay, en cambio, evidencia de cultivo de plantas o de
cría de animales. Aparecen también las primeras expresiones artísticas, pinturas hechas en paredes de
cuevas y figuras talladas en marfil o modeladas en arcilla. Los ocultos lugares donde se encuentran las
pinturas sugieren que tenían un propósito mágico, como facilitar la caza de los animales mediante su
representación. Las pinturas