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Religiosidad Maya Contemporánea

Un ensayado para entender qué pasa con nuestro presente como descendientes de una cultura como la Maya
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La religiosidad de los mayas contemporáneos.

Introducción

Uno de los rasgos propios de su naturaleza, es que el ser humano guarda en su universo

interior determinada inclinación hacia lo místico y sagrado. En el campo de la filosofía, lo

sagrado se considera como aquello al que se puede dar un valor infinito que implica una

obligación incondicional. (1)

Ni siquiera el marxista ateo escapa de la influencia del poder misterioso de lo sagrado. Por

ejemplo, su ideal altruista en una sociedad sin clases, donde la igualdad es el soporte y

principio fundamental de su doctrina. Sin duda, las sociedades que viven bajo este régimen

político económico, tienen al marxismo como una filosofía sagrada.

Alguna vez, el propio Karl Marx expresó en cierta ocasión: “La religión es el opio de los

pueblos”. Seguramente este pensador alemán del siglo XIX, se refería a otras religiones,

pues su propia corriente filosófica la defendió hasta el final, idealizándola como la panacea

para impulsar la humanidad hacia una sociedad igualitaria. Por lo tanto, Marx veía en su

doctrina el aura de lo sagrado, y por ende una religión.

Ahora bien, en términos contemporáneos, el concepto de religión, es el conjunto de

creencias, mitos o dogmas acerca de lo sagrado o divinidad alguna, y los ritos

correspondientes para rendirle culto. (2)

Los antecedentes históricos.

Los primeros frailes franciscanos, enviados por la corona española, arribaron a tierras

veracruzanas en 1524, pero la primera misión de esta orden religiosa, llegó a Yucatán en

1545, estando primero por corto tiempo en Campeche, para luego dirigirse a pie hacia

Mérida.(3)
Estos fueron: Luis de Villalpando, Lorenzo de Bienvenida, Melchor de Benavente y el lego

(que no tenía órdenes sacerdotales) Juan de Herrera. Estos frailes estuvieron evangelizando

a los naturales de Calkiní, en el año 1548. (4)

Catorce años más tarde el obispo de Yucatán, Fray Diego de Landa, en su ciego e

irrazonable afán de abatir para siempre la creencia de los mayas en muchos dioses, práctica

que él consideró como “idolatría”, el 12 de julio de 1562 ordenó en Maní, Yucatán llevar a

cabo su llamado “auto de fe”, que consistió en confiscar todos los libros mayas que

contenían toda ciencia matemática y astronómica, organización social y política, y la vida

cotidiana de esta civilización, para ser incinerados en la hoguera.

Acción semejante ocurrió con los ídolos y divinidades de piedra, barro y de otros materiales

que fueron reducidos a escombros o lanzados a las voraces llamas.

Entre los códices que sobrevivieron a la furia de Landa y del fuego, están el Códice de

Dresde, Códice de Madrid, y Códice de parís.

Es importante señalar que, a la llegada de los conquistadores españoles, la civilización

maya (periodo postclásico tardío) ya había desaparecido de manera misteriosa. Sin

embargo, estos tres códices confirman que esta cultura estuvo a la altura de otras grandes

civilizaciones como la egipcia, griega, sumeria y babilonia.

De todo esto se deduce, que la conquista y la evangelización del pueblo maya por

imposición, trajo consigo esclavitud, marginación y muerte a las generaciones posteriores

al colapso definitivo de su civilización. Sin duda alguna, el nefasto “auto de fe” llevado a

cabo por Fray Diego de Landa, causó un daño irreversible al dejar sin oportunidad de

poseer el vastísimo conocimiento y desarrollo alcanzado hasta entonces.

Para entender todo el proceso del sincretismo religioso que viven los mayas del siglo XXI,

es necesario voltear hacia el proceso de evangelización de la época de la misma


“conquista”. En este periodo se dieron situaciones que solamente son rescatables a través de

los estudios realizados de ciertos documentos que aportan datos importantes de lo

acontecido en toda la región mesoamericana.

La barrera lingüística fue el mayor obstáculo para los evangelizadores en toda esta región,

por la diversidad de lenguas nativas, esta situación es considerada de alguna manera como

un factor importantísimo que produjo el efecto de resistencia cultural que tenemos hasta

ahora.

Como se vieron en un escenario muy complicado, los mismos frailes tuvieron que adoptar

ciertas prácticas indígenas que les permitiera tener mayor cercanía con los nativos,

recurrieron entonces a las danzas, a los cantos ceremoniales, al uso de las flores y del

fuego, y que poco a poco integraron y se fusionaron algunos aspectos a los ritos cristianos.

También utilizaron algunos símbolos indígenas que entrelazaron con los emblemas

cristianos, los cantos cristianos con algunas palabras y música indígena, pictogramas y

espectáculos teatrales.

La imagen visual fue entonces el medio ideal para tal intercambio.

Cuando escuchamos en los rituales y ceremonias que realizan actualmente los jmeenes o

sacerdotes mayas, esa mezcla de lenguaje, maya - castellano, proviene desde la época de la

colonia. En esta indigenización del cristianismo, trajo cierta situación como es la traducción

del español a la lengua indígena.

Los frailes decidieron dejar en el español muchas palabras, entre ellos Dios, santo padre;

una estrategia para facilitar el dogma.

El sincretismo cultural de los mayas contemporáneos, no solo es producto de la resistencia,

sino tiene también su origen desde la evangelización colonial en toda Mesoamérica, pues de

una u otra manera hubo cierto paralelismo entre la religión católica y la religión indígena.
El cristianismo presentaba diversas figuras e imágenes de niños, mujeres, hombres y seres

alados; incluso el mismo cristo del martirio y la sangre, que debió influir en los indígenas

como una remisión a los sacrificios ofrecidos a sus dioses. Así comenzó a caminar este

sincretismo religioso, pues junto a los cultos cristianos convivieron ciertos ritos agrícolas y

las medicinas tradicionales.

Las parteras, los curanderos y los ancianos fueron los encargados de transmitir esos saberes

y a veces los sacerdotes más viejos, fomentaban ya el culto a las antiguas deidades

indígenas, ocultándolas debajo de las cruces y atrás de los altares de las iglesias,

haciéndoles sacrificios y ofrendas en los montes y muchas veces en las cuevas, lejos de la

vista de los colonizadores.

Para los religiosos cristianos estos ritos representaban una idolatría y en muchos casos hasta

considerados cultos al demonio, lo que desencadenó una severa persecución de sacerdotes y

hechiceros, algunos acusados, enjuiciados y hasta sentenciados a morir en la hoguera, como

sucedió con el señor de Texcoco en 1539 a cargo del obispo Zumárraga, aunque después

este tipo de juicios pasaron a ser solo azotes y cárcel como lo aplicó Fray Diego de Landa

en Maní, Yucatán. Que no dejaron de ser crueles y despiadados.

Cuando los frailes evangelizadores llegaron a la vasta región indígena de Mesoamérica,

creyeron que llegaban a un lugar en donde se podía construir una nación cristiana de

utópica perfección. Entonces fue preciso forjar nuevas mentalidades a través de un

paternalismo protector, pues ya habían entendido que de otra manera no lograrían nada.

Sin embargo, también los indígenas ya se habían creado su propia concepción de lo que era

la evangelización católica, y no la consideraban tan buena como para tener una conversión

total, vislumbraban, aunque con cierto temor que algo no andaba bien hacia sus propias

raíces, pues representaba una destrucción y el abandono de sus prácticas ancestrales.


Los indígenas comenzaron también a tener una visión rara de los evangelizadores, que eran

personas sin la alegría de vivir, que eran incluso seres nocturnos que no comían y tampoco

tenían mujer. Estos que grupos indígenas que tuvieron y se atrevieron a mostrar sus

inconformidades, fueron perseguidos y sometidos a juicios inquisitivos.

Ahora bien, si consideramos los pocos testimonios que sobreviven de lo que fue la

conquista, la evangelización y la destrucción que provocó, fue precisamente por aquellos

datos que quedaron insertos en los códices en donde fueron recreados por indígenas que

con la evangelización aprendieron a plasmar sus ideas y pensamientos, utilizando el

alfabeto español.

Pese a que los misioneros buscaban con empeño erradicar las religiones autóctonas

mediante la destrucción de sus expresiones visuales en esculturas, pinturas plasmadas en

sus construcciones piramidales y estelas, estos jugaron un papel importante en la

conservación a la posteridad todo lo relacionado a las ceremonias indígenas que

actualmente conocemos.

No podemos ignorar que al evangelizar también se les dio la alfabetización, claro, con los

caracteres que conocemos, esto permitió que los indígenas escribieran palabra por palabra

los textos que habían existido parcialmente en la memoria de los más expertos.

Tal es el caso del libro sagrado de los mayas quiché de Guatemala, el Popol vuh, que

contiene el mito de la creación, o de los cantares de Dzitbalché, el Códice de Calkini y el

ritual de los Bacabes, aquí en nuestra región.

Sabemos que el objetivo de los misioneros que llegaron a nuestras tierras ancestrales era

imponer el cristianismo a los pueblos “conquistados”, llegaron como personas pacifistas

que predicaban el evangelio gentilmente, tratando quizás de subsanar las grandes heridas

físicas, sociales y espirituales causadas por los conquistadores soldados. Además, que así
debía ser la evangelización, ya que no podían hacerse de otra manera mucho menos a

fuerza, porque no querían romper con la validez teológica que se requería.

La realidad que vivimos, nos acerca de alguna manera a las dinámicas culturales por las que

muchos pueblos transitan, sobre todo los pueblos indígenas de México; estos, sin duda, se

han caracterizado en las ultimas décadas por los acelerados procesos de cambio cultural que

han tenido, como consecuencia de un desplazamiento y sustitución de sus costumbres

originarias.

Los testimonios y las experiencias de estos pueblos, como el caso de los mayas de

Campeche, nos recuerdan que la herida ancestral de hace siglos aún permanece abierta,

pues se niegan morir debajo del dominio de una cultura exterior en un mundo que le llaman

globalizado e intercultural.

La vida de los mayas de la península de Yucatán ha estado marcada por la violencia de las

campañas permanentes de aculturación, hasta en cierta forma, forzada; ser indígena, ha

implicado enfrentar agresiones, rechazos y discriminación, pero también coyunturas para

negociar significados y desarrollar formas creativas de resistencia, en donde la identidad

cultural es un asidero para la organización colectiva, aprendiendo y asimilando nuevos

aspectos culturales para sobrevivir y caminar en una modernidad alternativa del siglo XXI.

Durante los periodos históricos se ha observado este proceso, los mayas han tenido que

aceptar una imposición de nuevos elementos culturales, como la lengua y la religión, desde

el momento mismo de la colonización, que es cuando comienzan a adquirir nuevos

conceptos que terminan incorporando a su nueva vida, que definitivamente en detrimento

de sus orígenes ancestrales.

Ahí nacen nuevas costumbres con las cuales se ha sabido sobrellevar la esencia propia de

nuestra cultura.
No podemos evitar que el mundo se rige por situaciones geopolíticas, mismas que han

propiciado que se establezcan las políticas públicas de carácter integrador en el país, en

México desde luego fundamentadas en el Artículo segundo constitucional, con el

reconocimiento de la característica pluricultural del pueblo mexicano, esto ha ido abriendo

espacios para la reivindicación de las identidades culturales de nuestros pueblos a través de

acuerdo e iniciativas; sin embargo, la mayoría de estas propuestas aún están muy lejanas a

una realidad concreta, pues hay aspectos de especificidad histórica que no pueden

soslayarse.

Para recuperar estos aspectos, hay que convivir con los pueblos, hay que hablar su mismo

lenguaje, conocer su historia oral; de esta manera recuperamos las voces y las experiencias

que nos permitirán hacer reflexiones de como reformular esas políticas públicas desde un

reconocimiento de la especificidad cultural e histórica para su fortalecimiento.

Desde perspectivas diferentes y a veces contrapuestas podemos entender que la inserción de

los pueblos indígenas, siempre estuvo dentro de un sistema de desigualdades y de

discriminaciones.

Este clima cultural comienza entonces a permear dentro de las políticas sociales y se

retoman aspectos legislativos para reconocer el carácter multicultural de los Estados,

cambiando ahora los discursos en torno a la igualdad por una nueva retorica sobre la

diversidad cultural.

Los mayas contemporáneos han buscado nuevas formas organizativas en las que han

recreado sus identidades colectivas, sea, a través de cooperativas o asociaciones religiosas,

o simplemente manteniéndose aislados; aunque enfrentándose a otros grupos

independientes o relacionados con el indigenismo “oficial” que se han propuesto a

reinventar las tradiciones culturales a través de su folclorización.


Sin embargo, mucho de la cultura maya ha sobrevivido en el paso del tiempo por medio de

una adaptación, como es la religiosidad, un aspecto que ha estado siempre presente en la

vida cosmogónica del pueblo maya desde el momento del nacimiento de cada individuo,

pues cada uno nacía bajo la influencia de los astros sobre la tierra.

En este sentido, los sacerdotes mayas ya habían realizado estudios y observaciones en las

conductas de los astros y con seguridad se podía predecir, según la fecha de nacimiento las

fortalezas y debilidades de los nacidos y que a estos les corresponde una entidad espiritual

o energía que lo conduciría al éxito, y esta entidad era llamada Nawal, normalmente

representado por animales en quienes se les admiraba este tributo.

Es decir, los Nawales en el calendario maya son autoridades espirituales cuyas energías

influyen en la vida cotidiana de los humanos, en los elementos de la naturaleza y la

realización de las personas. A estas autoridades se les consultaba en las ceremonias mayas;

ellos indicaban y orientaban los pasos que se deben seguir para dar respuestas.

Todo esto requiere de una disciplina de comportamiento espiritual y también social de

quienes tienen a cargo las consultas, la realización de los ritos especiales de ofrendas y

peticiones. Los Nawales son 20, que no vamos a enumerar aquí, sin embargo, podemos

mencionar dos.

Como B’atz: mono; simboliza el tiempo desarrollado, la evolución y la vida humana.

Representa el cordón umbilical, el principio de la vida, el tiempo infinito de la inteligencia

y la sabiduría. Es el símbolo de la continuidad.

Kan: serpiente; es el Nawal de la serpiente emplumada q’uq’kumatz, símbolo sagrado en la

concepción religiosa maya para expresar su experiencia de la fuerza espiritual del corazón

del cielo-corazón de la tierra.


Nos hace comprender entonces que la religiosidad pertenece a un rango de sentimiento

inefable en la vida, una vinculación divina entre hombre y dios, o dioses que pueden

manifestar en determinados ritos.

La religiosidad como elemento cultural que está presente, de manera transversal en

diferentes esferas y dimensiones sociales, económicas y a veces políticas, permite que los

actores interactúen en torno a concepciones y prácticas que obedecen a diversos contextos,

la diversidad cultural.

Los mayas eran una de las civilizaciones más importantes del mundo prehispánico, tenían

una manera muy diferente de ver la vida a la que tenemos en el presente, hay muchas cosas

que aún nos sorprenden acerca de su religión, de sus cultos, ritos o ceremoniales que

practicaban, que muchas se han quedado en interrogantes, o han sido mal interpretadas.

Creo entonces que todos deben comprender que detrás de cada uno de estos actos está la

gran cosmovisión que tenían, tenían una filosofía muy estrecha con el universo y la

naturaleza.

La vida de los mayas giraba entonces torno a una religiosidad en cada una de sus rituales, y

como en muchas otras civilizaciones los sacerdotes eran las personas que tenían un

inmenso poder que sólo lo compartían con los jefes guerreros. Los sacerdotes controlaban a

la sociedad ya que ellos tenían aparte de los conocimientos religiosos, todos los saberes

científicos.

Los conocimientos científicos eran el fundamento y avance de la comunidad y los

sacerdotes también estaban encargados de desarrollar la intelectualidad de la comunidad.

Los mayas adoraban principalmente a dioses relacionados con la naturaleza. Sus principales

dioses Hunab Ku, Itzamaná; Yuum K’aax; Chaak; Yuum Iik’, entre otros.
Los mayas desde su origen han tenido dioses y por lo tanto tenían una vida con gran

religiosidad, lo podemos notar en uno de los grandes libros prehispánicos, el Popol Vuh, un

libro de los mayas quiché de Guatemala, en el que se cuenta la historia de la creación de los

humanos.

En este libro podemos notar la presencia del agradecimiento a los dioses, aun a través de

los sacrificios, en el que también se menciona la relación existente entre la vida y muerte,

Hunahpo y Xbalanque y el famoso juego de pelota, nos llevan una concepción más

entendible de la religiosidad maya.

La cultura maya contemporánea, es la continuidad y la manifestación viva de una herencia

legada desde hace muchos siglos, de generación en generación, y ha permanecido aun ante

el embate de un constante cambio social en la vida de los hombres de la península yucateca.

Esta sobrevivencia cultural es gracias a los componentes primordiales como es la lengua y

la memoria colectiva de los pueblos mayas de Campeche y del municipio de Calkiní.

Ciertamente la evolución social no puede detenerse, el transcurrir del tiempo erosiona el

mundo del ser humano en muchos aspectos: sus pensamientos, sus vestimentas, sus formas

de ser y hasta en sus acciones; y los pueblos mayas han sabido sobrevivir en sus costumbres

y en su idiosincrasia; la resistencia ha permeado durante siglos su espíritu cultural para

preservar su esencia. Que no ha sido fácil.

La vida cotidiana de los mayas de Campeche norte, nos permite acercarnos al análisis y

reflexión sobre sus creencias y sus ceremonias, que sin duda, recrean en su oralidad esa

cosmovisión que caracteriza a esta gran cultura, una cultura viva, pues la transmisión de

saberes, conocimientos y valores permanece en su organismo social que también hay que

decirlo, debilitado por la aculturación.


Esta lucha de sobrevivencia está en el reflejo de sus pensamientos, en sus genes que

aceptan gustosos manifestarlo en sus rituales, símbolos y en su oralidad, se manifiesta en

las ceremonias que mucho tienen que ver con la naturaleza, mayormente con el trabajo de

la tierra y los montes.

Estas perspectivas que se van asumiendo en el contexto actual dan lugar a una revaloración

de nuestra cultura, para lograr un posicionamiento en el orden social intercultural; esto

como un proceso de una dinámica cultural que influye en la convivencia en comunidad.

Hay que considerar en los mayas contemporáneos los nuevos movimientos religiosos han

ido desplazando y transformando el rostro de su religiosidad, pues ahora es un dogma que

enseña en su mayoría a vivir conforme a un sistema de religiones institucionalizadas. Este

punto crucial es donde el sistema de creencias y rituales indígenas se conectan para dar

paso a la construcción de la memoria histórica, como una manera preservación.

Esto puede estar asociado a dos razones que responden a: ritualidad y sentido de

pertenencia; y desde la perspectiva de la historia oral, los cánticos y la representación, es de

mucha importancia.

La llegada y conquista de los españoles rompe ese paradigma ritual e impone nuevos

elementos que hacen de la religión más que un simbolismo trascendental, un simple

realismo forzando al adoctrinamiento y lucha ideológica (extirpación de idolatrías),

juzgamiento y condena, penitencia y salvación.

La convivencia de las matrices religiosas más allá del sincretismo entonces, permiten crear

la nueva pertenencia que combina lo icónico occidental con el simbolismo mágico religioso

maya.

La religión cristiana desplazó el calendario religioso festivo de los nativos e impuso su

calendario religioso anual basado lo litúrgico y santoral como una forma para ilustrar los
santos evangelios. La reproducción festiva se basa en la centralidad de los santos y no en

los dioses. Las efigies que hacen esta alusión alegórica son reinterpretados y resignificados

culturalmente, con status propio de deidades, pero en forma de patronos locales.

Dentro de la historia universal, la cultura maya, es identificada como una de las culturas

más sorprendentes en su época, pues poseían grandes conocimientos del universo y de la

naturaleza que les rodeaba, y que hasta en la actualidad sigue sorprendiendo a los estudios.

¿De dónde provenían esas sabidurías aplicadas en las matemáticas, la arquitectura, la

astronomía. La medicina y la escritura, entre otros casos, que ahora son descubiertos en los

vestigios materiales existentes? es una gran interrogante que todavía no tiene una respuesta

definitiva.

Lo sorprendente aún más, es la transmisión oral de muchos conocimientos que ha

sobrevivido de generación en generación, guardadas en la profundidad de la memoria

histórica de cada pueblo, con aspectos que mucho tienen que ver con la sobrevivencia en

sus descendientes mestizos que preservan celosamente estas herencias.

La cosmovisión maya, se entiende desde una perspectiva universal, del macrocosmos y el

microcosmos; es decir, la relación tan intrínseca del hombre con la creación y la naturaleza

que vive en la realidad.

Tan es así esta relación con la naturaleza, que vemos el caso de los árboles en un sentido

sacro, como sucede con el ya’axche’ (el ceibo). Para los mayas este árbol es sagrado,

representa el centro del mundo; según la mitología maya, el mundo está sostenido por

cuatro ceibos, una en cada esquina y uno principal en el centro, que lo conecta con el

universo.

No es raro entonces encontrar en las plazas de los pueblos indígenas mayas estos árboles, y

que muchos han sobrevivido por siglos, pues un símbolo de gran respeto; es la
representación de la unión del cielo y la tierra; su religiosidad trasciende en el entendido de

que representa la vida misma del hombre.

También en esta estrecha relación entre hombre y ya’axche’, se considera protección para

los sitios sagrados, tampoco es fortuito que en los caminos conocidos como noj bej también

encontramos ceibos, porque se cree que al descansar los caminantes bajo las sombras de sus

ramas, reciben la energía positiva de la madre naturaleza.

En la mentalidad maya, el ceibo siempre ha estado presente aun después del proceso de la

llamada conquista, aun después de la evangelización. Cuando los mayas comenzaron a ver

la cruz católica como una deidad, para no contraponerse a los evangelizadores, aceptaron la

cruz verde, porque en ella veían el árbol verde que es el ya’axche’. La mayoría de las

cruces antiguas en los pueblos son precisamente de color verde.

Esta cruz verde actualmente la vemos sobre las mesas en los actos ceremoniales, sobre todo

en los ofrecimientos a las deidades de los montes, con el saka’ y el janli’ kool, un

agradecimiento por la bondad de la madre tierra. Son las ceremonias ritualistas que aún

prevalecen todavía con un gran misticismo, en las aun con una mezcla de la religión

católica conserva su esencia maya a través del jmeen o sacerdote maya.

Los mayas contemporáneos viven una religión sincretizada, donde convergen la mentalidad

católica y la prehispánica; es decir, la aceptación de un dios único y verdadero, con el

nombre que se le dé, sea jehová o Yahvé, siempre estará relacionado con Hunab Ku, el dios

creador maya y representado por Kukulkán.

El contexto de la vida maya, gira en torno a los trabajos del campo, la vida campesina, es la

habitual forma de vida de los pueblos mayas actuales, aunque se conserven muchas

características y muchos elementos originarios, algunos se han ido modificando con el paso
del tiempo, por la modernidad que viven las sociedades; estas actividades, a través de sus

ritualidades se acercan a sus deidades de origen histórico.

Estos eventos ceremoniales, son manifestaciones culturales cosmogónicos de cada pueblo

maya, mismos que nos permiten conocer la dinámica relación que se genera entre los

hombres, la naturaleza y Dios, una fusión ritual y simbólica.

Estas prácticas milenarias que han permanecido hasta nuestros días entre los mayas

contemporáneos, merecen ser revalorizados, pues se sabe muy bien que esta relación entre

hombre y entidades sagradas, durante la evangelización de la conquista, fueron

consideradas prácticas de idolatría, y que el catolicismo imperante no aceptaba, por lo que

existió una perversa y severa persecución a los indígenas.

En la actualidad se pueden observar cómo claramente, esta dinámica de religiosidad, es

transversal entre la comunidades mayas del municipio de Calkiní, del Estado de Campeche.

En todas las comunidades, hay fiestas tradicionales, como la corrida de toros y sus bailes,

eventos que también sirven de recreación y diversión para los habitantes del pueblo y de los

circunvecinos, fiestas que son realizadas en honor al santo patrono del pueblo. Otros como

los gremios o novenarios, son precesiones de estandartes multicolores, dedicados de igual

forma al santo de devoción de la comunidad, que en sus orígenes una manera de acción de

gracias por las cosechas recogidas.

Otra forma de manifestación de esta sincretizada religiosidad, es la tradicional celebración

del día de muertos, conocida como Janal Pixan. Estas manifestaciones tradicionales –

religiosas, reciben un profundo acto de fe, de una religión católica; sin embargo, aun en

medio de estos eventos, la gente de los pueblos mayas conservan su idiosincrasia indígena,

pues creen en ello, sobre todos los campesinos, con los Yuum tsilo’ob (señores del monte)

sus dioses mayas.


La gran mayoría que los hombres que se dedican al trabajo campesino deposita sus

creencias en los dioses de sus ancestros, el Yuum k’áax, (dios del monte) Yuum Cháak (el

dios de la lluvia) y Yuum iik’ (dioses del viento) entre otros, a quienes les rendían culto

permanente y que fueron considerados idólatras.

A pesar de que las “idolatrías” durante la época colonial estaban penados rigurosamente,

estas prácticas continuaron aun de manera clandestina por muchos años, como lo señala el

obispo Diego Vázquez de Mercado en 1605.

“los castigos de estos idolatras que acá se hacen aprovechan poco, según parece por los

que cada día se van descubriendo, estimando en poco cincuenta azotes que les dan y

sacarles en público en la iglesia donde se les reprende su pecado con el encarecimiento

que podemos, y como son gente tan incapaz y tan sin honra, todo esto tienen en poco.

Y habiendo comunicado esto con los beneficiados y religiosos todos concuerdan en que los

actores y maestros de esta idolatría debería vuestra majestad mandarles pena de muerte y

quemarlos, pues ya son más que nietos, y abuelos y bisabuelos cristianos que con un

castigo riguroso como estos, se entienden tendrían remedio a todo…Valladolid y diciembre

12 de 1605.

Podemos observar entonces que tales actos de respeto a las deidades propias de los pueblos

indígenas eran totalmente nocivos para los conquistadores que aun después de un siglo de

evangelización era imposibles erradicar las creencias de los pueblos originarios, por lo

tanto el castigo se procesaba con más severidad. Observamos en varios testimonios la

magnitud que alcanzaban los juicios que aplicaba sobre los mayas.

Otras imposiciones que recibían los antiguos indígenas mayas fueron que después de

bautizados bajo la religión católica, debían por ordenanzas dejar todas sus creencias,
supersticiones y hechicerías; sin embargo, las constantes reglas y amonestaciones religiosas

que recibían, no pudieron impedir que tales prácticas milenarias se extinguieran.

Bracamontes y Solís (1996) afirman que el manejo de rituales de tradición prehispánica

trascendió la época colonial porque estaban firmemente enraizadas en la cultura del pueblo,

lo que aseguró su continuidad hasta nuestros días.

Dentro la vida maya existieron documentos históricos de gran valor, en donde se

mencionan aspectos fundamentales de sus formas de vida, de sus pensamientos y su

relación con la naturaleza y el universo. El chilam balam, el popol vuh, el ritual de los

bacabes y los cantares de Dzitbalché.

Estos documentos recogen de una manera cosmogónica la realidad, el mito, la historia y la

religiosidad de los mayas.

Visitar las poblaciones indígenas mayas, es adentrarse en el universo de sus prácticas

religiosas, porque en estas comunidades hay existencia muy arraigada del poder de la

entidades sagradas: dueños del monte, de la milpa, del agua y de los vientos, entre otros,

seres que tienen un poder y una fuerza más allá de las capacidades humanas, por lo que

pueden considerarse hasta mágicas y peligrosas.

He ahí la función del sacerdote maya, llamado jmeen, es la persona indicada para esta

relación con lo sagrado, es tan poderosa la influencia de los entes sacros para los seres

humanos, que si estos no guardan una serie de cuidados, que normalmente tienen que ver

con la realización en tiempo y forma de los rituales, el contacto con lo sagrado pueden

enfermarlos.

Pudiera parecer fantasiosas ciertas creencias indígenas dentro de esta sociedad del siglo

XXI, pero puedo garantizar que nada, absolutamente nada tiene que ver este mundo de la

tecnología con la idiosincrasia de un pueblo que conserva su origen histórico con orgullo.
Pudiera ser entonces que las entidades sagradas de los mayas habitan en el mundo de los

sueños y de lo intangible, y sólo cobran forma en el universo de las personas que creen en

ellos. Los mayas.

Que a pesar de sobrevivir mediante su estudio antropológico, mediante la recopilación oral

y a través de los rituales, también está en cada vena donde corre la sangre indígena, que es

la más fuerte.

Es mediante la tradición oral que se van conservando, pues hay habitantes que no saben leer

ni escribir, y si sabemos algo más allá de los estudios, es precisamente por estas personas,

nuestro abuelos, ellos nos dicen en cuentos, en leyendas y en experiencias, cuáles son las

características de los dioses, sus poderes, cómo actúan, cómo se relacionan entre ellos y los

rituales.

Quiero referir la comunidad de Nunkiní, del municipio de Calkiní, como un pueblo único,

pues a pesar de vivir una vida modernizada por decir de alguna forma esta actualidad, sigue

siendo muy tradicional en muchos de sus aspectos sociales y culturales.

Es una población que se caracteriza con el mayor número de hablantes en lengua maya, sus

vestimentas de hombres y mujeres mayores de edad son sus atuendos tradicionales; además

de que no hay una presencia importante de las religiones protestantes, evangélicos o

pentecostales más que de manera particular y de forma minoritaria a diferencia de otros

lugares.

En esta comunidad de Nunkiní la población mayoritaria se declara católica y no sólo se

declara, sino lo viven realmente en sus fiestas patronales como pueblo, siguen también la

tradición del catolicismo indígena, pues de alguna manera supieron mantener su

evangelización con el complejo ritual asociado con el cultivo de la milpa y el cuidado del

monte.
En Nunkiní podemos considerar dos grandes aspectos que dan identidad a la población, San

Diego de Alcalá, patrono del pueblo y Ts’uulil k’áak’, caballero de fuego, dos factores

paralelos para definir este bello pueblo.

El contexto histórico de San Diego de Alcalá está vinculado estrechamente con la historia

de la evangelización en la península de Yucatán, que de primera instancia, desde la primera

época colonial del siglo XVI, estuvo a cargo de la orden de los monjes franciscanos,

quienes trajeron consigo esta imagen.

¿Qué hizo tan especial esta figura en la vida de los primero pobladores de Nunkiní? ¿Por

qué un pueblo maya adopta un santo franciscano de origen español? Probablemente difieran

algunos sobre de cómo vemos esto en un pueblo como Nunkiní, porque dirán que muchos

otros pueblos tienen también santos españoles, ciertamente, pero esta población lo

caracteriza su fe y su devoción tan arraigada hacia el santo, pero manteniendo su contexto

indígena, durante cuánto tiempo más, no lo sabemos, pero por ahora, es de consideración

única en el municipio de Calkiní y probablemente de Campeche.

En la tradición oral de la comunidad se cuenta que el San Diego de Alcalá, llegó con los

españoles, es decir, existe un reconocimiento explícito de que es un santo extranjero que

llegó con los conquistadores españoles. Pero el mito de origen le da un giro excepcional,

que quizás es lo ha influenciada para que la gente sea su total devoción.

Se dice que el santo dio su muestra de su voluntad, de su deseo de permanecer en Nunkiní,

y desde ese entonces rige los destinos religiosos y la historia de la comunidad.

La historia relata que los españoles trajeron consigo varios santos en su propósito de

conquista, al llegar al pueblo Nunkiní, tuvieron un descanso debajo una frondosa ceiba muy

grande, que aún existe hasta el día de hoy en la plaza del pueblo, descargaron los santos que
traían, después de recuperar sus fuerzas, cuando dispusieron continuar su peregrinar, sólo la

figura de San diego de Alcalá, ya no puedo ser movida.

La manera de entenderse este episodio histórico, transforma y trasciende en gran manera en

la vida religiosa de los habitantes, sea por arte de magia, demostración de poder, o un

milagro, San Diego de Alcalá, permanece en este lugar, siendo un icono determinante para

la fe del pueblo maya. Hoy recibe un trato tan fervoroso como ningún otro santo en la

región.

Dentro de los diversos relatos de su santidad, en Nunkiní, predomina el milagro de salvar a

la población de morir a causa de la viruela negra, durante el tiempo del dominio español,

que gracias a esa memoria colectiva se siga conservando como un patrimonio intangible del

pueblo.

El rescate a través de la tradición oral, narra un suceso sobre una epidemia de viruela negra

como causante de una gran mortalidad en el pueblo que poco a poco se iba acabando, ya

que no había cura alguna. Era una enfermedad mortal que se dice traída por los europeos.

Fue entonces cuando sucede el milagro, ya la población estaba a punto de desaparecer; aquí

vamos a observar esta fusión de creencias del que estamos hablando, aquí aparece un factor

indígena, un Jmeen, que según tuvo un sueño en el que se le apareció el santo, San Diego

de Alcalá, explicándole lo que el pueblo tenía que hacer.

El Jmeen, se reunió con los pobladores para comunicarles las órdenes recibidas del santo y

la gente decidió hacer caso a este mensaje. Construyeron una figura, a tamaño real de una

persona, y con la apariencia y atuendo de un patrón de hacienda español, lo ofrecieron en

sacrificio prendiéndole fuego en frente del santo, pidiéndole que terminara esta cruel

enfermedad, milagro que fue cumplido.


Con esta ofrenda colectiva surge entonces otra devoción del pueblo nunkiniense, un ts’uulil

k’áak, (el caballero de fuego) que se supone es la contraparte de San Diego de Alcalá.

Desde entonces la quema del caballero de fuego se realiza anualmente durante la feria y la

fiesta patronal para recordar el milagro.

Probablemente este pueblo ya tiene una entidad sagrada muy propia, única en toda la región

del Estado de Campeche, pues recibe el lenguaje y a postración de un pueblo a algo muy

poderoso, el ts’uulil k’áak’. Pues usualmente, la gente se santigua ante su imagen, besan su

atuendo en señal de respeto y realizan ofrendas de dinero, maíz, animales y ropa, por lo que

la figura suele tener muchos paliacates colgados, sombreros, pantalones y zapatos

ofrendados por creyentes y devotos de la población.

Tres días previos al acto de incineración en la plaza central pueblo, hace una visita de casa

en casa en manos de los responsables, la personas ofrecen dinero, ropa, aves de corral y a

veces maíz, y él recoge las promesas de los vecinos, los intercambios de palabras todo en

lengua maya, invitándolos a asistir a la celebración.

Es conducido con música de charanga, ataviado con un pantalón café, camisa blanca de

mangas largas y zapatos negros; porta un paliacate rojo en el cuello, otro en ambos brazos,

en la cintura y en los bolsillos. Es la continuidad a una tradición de cuatro centurias.

Entonces se puede entender que el tiempo le ha dado al Ts’uulil k’áak una connotación de

entidad sagrada y ha llegado a convertirse en un santo acompañante, de San Diego de

Alcalá.

Durante estas celebraciones se hacen promesas, se reparten panes y rosquillas de harina

entre la feligresía, una devoción que se subraya por la humildad de los nunkinienses.

Hay que mencionar que también en la última década, se ha sumado a esta ceremonia otra

figura que representa la xunaan k’áak’ (la mujer de fuego) en quien se depositó la plegaria
para salvar a la población de la epidemia del cólera, la figura de una mujer mestiza que

después del mismo castigo del caballero de fuego, los restos de su vestimenta de tela y

papel son recogidos por los niños y las mujeres, porque creen que con ello pueden curarse

de ciertos males.

“ichil t'aano'on” (entre voces). Revista de difusión cultural.

Ángel García

Aj balam yúumtsilo’ob: cosmovisión e identidad en los rituales agrícolas de los mayas

peninsulares. Lázaro Hilario Tuz Chi.

FRAY DIEGO DE LANDA

POPOLVUH

El castigo y la represión

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