PARTES DE LA RETÓRICA
La retórica clásica se divide en cinco partes, cada una de las cuales se corresponde
con una fase dentro de la elaboración del discurso:
1. Inventio. Búsqueda de ideas (¿qué decir? ¿cómo? ¿con qué medios?, etc.).
2. Dispositio. Ordenación de las ideas.
3. Elocutio. Expresión de las ideas mediante un ropaje lingüístico y un estilo
adecuado a las circunstancias.
4. Memoria. Técnica del aprendizaje del discurso.
5. Actio o pronuntatio. Preparación y ejecución oral y gestual del discurso.
INVENTIO
Si el comunicador se ha documentado (intellectio), le será más fácil la búsqueda de
ideas, sobre todo si, además, dispone de imaginación (ingenium), de capacidad crítica
y
capacidad de selección (iudicium) y de sentido común.
Los lugares y fórmulas de búsqueda se sistematizan en siete loci: quis (quién), quid
(qué), ubi (dónde), quibus auxilis (ayudado por quién), cur (por qué), quomodo (de
qué
manera) y quando (cuándo).
En esta fase se debe decidir si se apela a la razón o a los sentidos y si la estrategia va
a ser docere, delectare o movere.
INVENTIO
Si el comunicador se ha documentado (intellectio), le será más fácil la búsqueda de
ideas, sobre todo si, además, dispone de imaginación (ingenium), de capacidad crítica
y capacidad de selección (iudicium) y de sentido común.
Los lugares y fórmulas de búsqueda se sistematizan en siete loci: quis (quién), quid
(qué), ubi (dónde), quibus auxilis (ayudado por quién), cur (por qué), quomodo (de
qué
manera) y quando (cuándo).
En esta fase se debe decidir si se apela a la razón o a los sentidos y si la estrategia va
a ser docere, delectare o movere.
DISPOSITIO
La dispositio se ocupa del orden y de la disposición de las ideas, es decir, organiza
armónicamente las grandes partes del discurso dentro del enunciado total. Se
trata de ordenar los materiales con una estructura coherente, sistemática y
persuasiva. Este orden de las ideas puede ser: a) Normal (ordo naturalis), según el
desarrollo lógico del discurso. b) Artificial (ordo artificialis), cuando se aparta del
orden normal en función de la utilitas, es decir, cuando, para favorecer los fines del
discurso, se organiza, siguiendo una estructura que no es la habitual. Este orden
artificial está estructurado de tal forma que suscita en el destinatario un efecto
de extrañamiento, procedimiento mediante el cual se convierte en extraño lo
habitual, desautomatizando nuestra percepción de la realidad. Esto llama la
atención, exige colaboración mental, agudiza el interés y puede contrarrestar el
aburrimiento. La disposición más frecuente en el discurso oratorio es la
tripartición: introducción (exordium), parte central (narratio-argumentatio) y
conclusión (peroratio). Cada una de estas partes puede presentar divisiones
internas. La introducción y la conclusión deben ser más breves que la central. En
el exordium se despierta el interés de los receptores y se crea un clima de
benevolencia (captatio benevolentiae).
La narratio
trata de la exposición de los hechos y debe cumplir con los requisitos de brevedad,
claridad y credibilidad. La argumentatio desarrolla la labor más intensa de
persuasión y de creación de consenso. Se trata de la presentación de pruebas y
argumentos a favor de la causa que se defiende. Las pruebas suelen ser de cuatro
tipos: signos o indicios (signa), ejemplos (exempla), sentencias (sententia) y
argumentos (argumenta). La sentencia se caracteriza por su validez y aplicabilidad
general. Puede ser de origen popular y tradicional o creación de un autor
conocido, lo importante es su carga de autoridad y sabiduría aplicada en cada
caso concreto. El argumentum es una conclusión lógica. Su forma básica es el
entimema o silogismo incompleto (o le falta una premisa o la conclusión). La
peroratio contiene, generalmente, una conclusión en forma de resumen o
repetición abreviada de la argumentación anterior y en determinados discursos
un llamamiento formulado como petición, apelando a la compasión, colaboración,
sentido común, afán de justicia, indignación… Según el asunto tratado se hará
uso de las técnicas del docere, delectare o movere.
ELOCUTIO
Es la fase de la elaboración del discurso; consiste en trasladar al lenguaje las ideas
halladas en la inventio y ordenadas por la dispositio. La elocutio suministra el ropaje
lingüístico, para ello se han de seleccionar ornamentalmente las palabras, los
sintagmas y las frases. Se deben conocer las normas gramaticales (ars recte
dicendi) y retóricas (ars bene dicendi), o sea, poseer competencia lingüístico
retórica. Esta parte abarca aspectos léxicos, sintácticos, estilísticos, discursivos
(composición de textos) y el catálogo de figuras retóricas.
MEMORIA
Se trata de la preparación de la presentación del discurso en público. La
memorización literal o de ideas del texto ya elaborado.
ACTIO Y PRONUNTIATIO
Comprende la puesta en escena del orador al recitar su discurso. Es clave
porque si esta parte falla, se echa por tierra todo el trabajo anterior. Es necesario
conocer la ortología porque una pronunciación incorrecta hace perder credibilidad.
Hay que estudiar la voz (modificación de la velocidad, pausas, tono,
volumen, entonación y ritmo de articulación), la mímica (movimientos faciales),
los gestos (brazos y manos), la actitud corporal, la vestimenta adecuada, teniendo
en cuenta que son elementos que realzan la persuasión. El acto retórico adopta así
una dimensión teatral.
Hay que estudiar la voz (modificación de la velocidad, pausas, tono, volumen,
entonación y ritmo de articulación), la mímica (movimientos faciales), los gestos
(brazos y manos), la actitud corporal, la vestimenta adecuada, teniendo en cuenta que
son elementos que realzan la persuasión. El acto retórico adopta así una dimensión
teatral.
Conclusión
La retórica ha estado desde sus inicios relacionada tanto con la política como con la
ciencia. Mientras para los sofistas no existe una única verdad y su énfasis en la
retórica se apoyaba en convencer de alguna de las cosas verosímiles que se pueden
expresar con el lenguaje, para Platón, muy crítico con esta visión, la retórica forma
parte de un método dialéctico para descubrir verdades importantes. Aristóteles
organizó las distintas ideas y reflexionó en profundidad sobre el arte de hablar y
argumentar, teorizando de forma admirable sobre cómo persuadir. Pero fue Sócrates
el principal maestro de la retórica griega; él la veía como un plan de formación
integral de la persona capaz de una regeneración ética y política de la sociedad.