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El Paragone de Leonardo: Pintura vs. Artes

En 1498, Leonardo participó en un debate en la corte de Milán sobre las artes, defendiendo que la pintura era el arte más alto. Argumentó que la pintura no era solo un arte, sino también una ciencia porque requiere el dominio de la perspectiva y la óptica basadas en las matemáticas. Además, dijo que la pintura requiere imaginación para recrear no solo la realidad, sino seres imaginarios. Por lo tanto, la pintura constituye una creación del intelecto y la fantasía, lo que la hace más noble que artes consideradas superiores en ese

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El Paragone de Leonardo: Pintura vs. Artes

En 1498, Leonardo participó en un debate en la corte de Milán sobre las artes, defendiendo que la pintura era el arte más alto. Argumentó que la pintura no era solo un arte, sino también una ciencia porque requiere el dominio de la perspectiva y la óptica basadas en las matemáticas. Además, dijo que la pintura requiere imaginación para recrear no solo la realidad, sino seres imaginarios. Por lo tanto, la pintura constituye una creación del intelecto y la fantasía, lo que la hace más noble que artes consideradas superiores en ese

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El Paragone

El 9 de febrero de 1498, Leonardo protagonizó una velada de


debates en el Castello Sforzesco sobre los respectivos méritos de
la geometría, la escultura, la música, la pintura y la poesía.
Pronunció una rigurosa defensa científica y estética de la
pintura, que entonces se consideraba un arte mecánico,
argumentando que debería ser considerada la más alta de las
artes liberales, por encima de la poesía, la música y la
escultura. El matemático de la corte, Luca Pacioli, que se
encontraba presente para defender la superioridad de la
geometría, escribió que, entre los asistentes, había cardenales,
generales, cortesanos y «oradores eminentes, expertos en las
nobles artes de la medicina y la astrología». Pacioli dedica la
mayoría de sus elogios a Leonardo. «Uno de los participantes
más ilustres», escribió, fue el «genial arquitecto einventor
Leonardo, quien, con cada una de sus proezas en escultura,
fundición y pintura, hace honor a su nombre». No solo se trata
de un juego de palabras con el apellido de Leonardo (Vinci,
«vencedor»), sino que indica que también los demás, y no solo él,
lo apreciaban como ingeniero y arquitecto, además de como
pintor475.
Este tipo de disputa pública sobre el verdadero valor de cada
una de las distintas disciplinas intelectuales, desde las
matemáticas hasta la filosofía, pasando por el arte, constituía
un ingrediente básico de las veladas del Castello Sforzesco. Esta
clase de discursos, llamados en italiano paragone, «parangón» o
«comparación», servían para que los artistas y los intelectuales
atrajesen la atención de mecenas y consiguieran así elevar su
consideración social durante el Renacimiento italiano. Este era
otro campo en el que Leonardo, con su amor tanto por el arte
escénico como por la discusión intelectual, podía destacar y dar
esplendor a la corte.
El valor propio de la pintura en comparación con otras formas
de arte y artesanales se debatió desde los albores del
Renacimiento con una seriedad que iba mucho más allá de
nuestros debates actuales sobre cosas como, por ejemplo, la
importancia de la televisión frente al cine. Cennino Cennini, en
su tratado El libro del arte escribió, hacia 1400, sobre la
habilidad e imaginación necesarias para pintar y argumentó
que la pintura «debe ir en segundo lugar con respecto a la
ciencia, pero tiene la misma dignidad que la poesía 476». Alberti
escribió un panegírico similar sobre la primacía de la pintura en
su Tratado de pintura, de 1435. En sentido contrario se
manifestó en 1489 Francesco Puteolano, quien argumentó que
la poesía y la historia eran más importantes. La fama y el
recuerdo de los grandes gobernantes, como César y Alejandro
Magno, se debían a los historiadores más que a los escultores o
a los pintores, afirmaba477.
El paragone de Leonardo, que parece haber escrito y revisado
varias veces, en algún momento se va por las ramas, pero
resulta importante recordar que esta disputa, como muchas de
sus profecías y parábolas, fue concebida para ser solo
interpretada, no publicada. Los expertos en Leonardo analizan
en ocasiones el paragone como un ensayo y no como un ejemplo
más de la importancia que las representaciones escénicas
tenían en la vida, en el arte y en la ingeniería de Leonardo.
Deberíamos imaginárnoslo declamando las palabras frente a un
público entregado en la corte ducal478.
El objetivo del argumento de Leonardo consistía en elevar el
trabajo de los pintores —y su consideración social— al
relacionar su arte con la ciencia, por medio de la óptica, y con
las matemáticas, mediante la perspectiva. Al exaltar la
interacción entre el arte y la ciencia, Leonardo urdió un
argumento esencial para entender su genio: que la verdadera
creatividad implica la capacidad decombinar la observación con
la imaginación, borrando así el límite entre la realidad y la
fantasía; un gran pintor representa a ambas.
Una premisa de su argumento se basaba en la supremacía de la
vista sobre los demás sentidos. «El ojo, que se dice ventana del
alma, es la principal vía para que el sentido común pueda, de la
forma más copiosa y magnífica, considerar las infinitas obras de
la naturaleza». El sentido del oído era menos útil, porque los
sonidos desaparecen después de producirse; el oído, menos
noble que la vista, «pues muere en cuanto nace, y tan raudo es
en nacer cuanto en morir. Esto no puede acaecer al sentido de
la vista, porque si tú representas ante el ojo una humana
belleza compuesta, según proporción, de bellos miembros, esa
belleza no es tan mortal ni tan presto se destruye, cual la
música, sino que dura y largo tiempo se deja ver 479».
En cuanto a la poesía, resulta menos noble que la pintura,
argumentó Leonardo, porque se necesitan muchas palabras
para transmitir lo que una sola imagen puede:
Y si tú, poeta, narras una historia con la pintura de tu pluma,
el pintor la hará con su pincel más deleitosa y menos ardua de
entender. […] Elíjase un poeta que describa las bellezas de una
mujer a su enamorado y un pintor que la retrate. Veremos de
qué lado la naturaleza inclina al amoroso juez. […] Habéis
situado la pintura entre las artes mecánicas. De acuerdo; pero
si los pintores fuesen tan aptos como vosotros para ensalzar las
obras mediante laescritura, no creo que aquella penase por
culpa de nombre tan vil480.
Admitió, una vez más, que era un hombre «sin letras» y, por
tanto, no podía leer todos los libros clásicos, pero, como pintor,
hacía algo muchísimo mejor: leer la naturaleza.
La pintura también estaba por encima de la escultura, según
Leonardo. El pintor debe representar «la luz, las tinieblas, el
color», que el escultor generalmente puede ignorar. «La
escultura, pues, tiene menos discursos y, en consecuencia,
menos fatiga el ingenio que la pintura481». Además, la práctica
de la escultura parece algo sucio, poco indicado para un
cortesano. El rostro del escultor «aparece embadurnado y como
enharinado por el polvo de mármol […] y sucia su habitación y
llena de esquirlas y polvo de piedra», mientras que el pintor
«sentado ante su obra y a sus anchas, bien vestido, pulsa el
levísimo pincel en graciosos colores empapado».
Las actividades creativas se habían dividido desde la Antigüedad en dos
categorías: las artes mecánicas y las artes liberales, tenidas por más nobles.
La pintura se incluía entre las mecánicas, porque era un oficio manual, como
la orfebrería y la tapicería. Leonardo lo refutó con el argumento de que la
pintura no es solo un arte, sino también una ciencia. Para plasmar objetos
tridimensionales sobre una superficie plana, el pintor tiene que dominar la
perspectiva y la óptica, ciencias basadas en las matemáticas. Por lo tanto, la
pintura constituye una creación tanto del intelecto como de las manos.
Leonardo fue aún más allá. La pintura exige no solo intelecto, dijo, sino
también imaginación. Este ingrediente de fantasía consigue que la pintura
sea creativa y, por tanto, más noble. Permite no solo representar la realidad,
sino asimismo recrear seres imaginarios, como dragones, monstruos, ángeles
de alas maravillosas y paisajes más mágicos que los que existen en la
realidad. «[…] con que fue gran extravío, oh escritores, excluirla del número
de las dichas artes, pues no atiende esta [la pintura] a las meras obras de la
naturaleza, sino a infinitas que la tal nunca creó

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