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Cambia tus pensamientos, cambia tu vida

Este documento discute la importancia de cambiar los pensamientos para cambiar las emociones y la conducta. Explica que los pensamientos generan emociones y que al cambiar los pensamientos podemos cambiar nuestro estado emocional. También destaca que muchos de los problemas del ser humano provienen de las mentiras que se dice a sí mismo y que es necesario identificar y cambiar las creencias erróneas.

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Cambia tus pensamientos, cambia tu vida

Este documento discute la importancia de cambiar los pensamientos para cambiar las emociones y la conducta. Explica que los pensamientos generan emociones y que al cambiar los pensamientos podemos cambiar nuestro estado emocional. También destaca que muchos de los problemas del ser humano provienen de las mentiras que se dice a sí mismo y que es necesario identificar y cambiar las creencias erróneas.

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NUDO MENTAL 11

ME CUESTA CAMBIAR MI MANERA DE PENSAR: LA RIGIDEZ

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Idea liberadora:

« Si cambio mi manera de pensar, cambio mi manera de actuar »

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Supongamos que vamos a comer a un restaurante y pedimos nuestro plato preferido. Pasan los minutos,
transcurre un tiempo prudencial y vemos que el camarero no se acerca a nuestra mesa.

Nos enojamos y lo llamamos, pensando que nos ha olvidado, pero cuando él se acerca nos dice que hubo
un comensal que se indispuso y tuvieron que llamar a una ambulancia por un aparente infarto.

Inmediatamente, nuestro enojo desaparece.

¿Cómo es posible que desaparezca así de rápido? Los pensamientos nos generan emociones.

Si cambiamos los pensamientos podemos automáticamente cambiar nuestro mundo emocional.

La mayor parte de la infelicidad del ser humano es producto de las mentiras que se dice a sí mismo.
Nuestros problemas nacen a partir de las mentiras que nos hemos creído. No son las circunstancias las
que determinan nuestra calidad de vida, sino lo que elegimos creer sobre esas circunstancias. Si deseamos
cambios reales y positivos no debemos intentar modificar las circunstancias, sino cambiar nuestro sistema
de creencias, porque una creencia errónea solo nos hace sufrir.

Con frecuencia se cree que las emociones se van acumulando hasta que llega un momento en que
explotan y se liberan. Sin embargo, esto no siempre es así. El mayor descubrimiento a nivel psicológico
es que si cambiamos los pensamientos podemos cambiar la manera de sentir, de ver y actuar.

Una chica lleva un anillo de compromiso y un experto en gemas no puede resistir el impulso de elogiar
su diamante. Ella responde: —Es el diamante Klopman, y sí, es una hermosa gema. Es una lástima que
venga con una terrible maldición.

El hombre pregunta cuál puede ser tal maldición, a lo que la chica responde:

—El señor Klopman.


Todos tenemos en la cabeza creencias que consideramos verdaderas, pensamientos e ideas
que nos transmitieron nuestros familiares, la cultura, la religión e incluso conceptos que
nos transmitimos a nosotros mismos. Debemos aprender a mirar para descubrir cuáles son los
pensamientos erróneos que tenemos en nuestro sistema de creencias.

Cada vez que sufres es porque hay una idea errónea en tu sistema de creencias, y esa idea equivocada te
hace sufrir.

Aclarar las ideas Imaginemos que tenemos una botella con agua, y con un gotero le echamos una gota de
tinta azul: esa gota inmediatamente contaminará el agua. Luego, echamos otra gota y después otra más.
Poco a poco toda el agua va tomando color azul. Ahora imaginemos que bebemos esa agua. Así es el
diálogo interior: cada palabra negativa que nos decimos contamina nuestro mundo interior, ¡y luego
bebemos eso! Hablemos internamente con palabras de fe, positivas, motivadoras, y bebamos «agua
fresca» cada día.

La batalla no se gana en el campo de batalla sino internamente, antes de salir a pelear. Nuestro diálogo
interior siempre está presente, y puede ser positivo o negativo, es decir, podemos decirnos palabras
motivadoras o desmotivadoras. Un ejemplo de cómo nos afecta nuestro diálogo interior se ve claramente
en el ámbito de los deportes. Así como aprendemos mal algunas cosas, a agarrar mal la raqueta, por
ejemplo, también aprendemos a pensar mal, negativamente. Pero el diálogo interior positivo se usa como
una estrategia para superar la ansiedad que el deporte requiere y sirve para aumentar la autoconfianza. Lo
que el deportista se dice a sí mismo impacta directamente sobre su rendimiento, por lo que es
fundamental para la victoria.

Todos hablamos con nosotros mismos y nos decimos cosas, algunas veces en voz alta y otras veces en
silencio, en el corazón.

Te propongo este ejercicio: Cruza los brazos como lo haces normalmente. Fíjate qué brazo quedó arriba y
cuál abajo. Ahora, descruza los brazos y vuélvelos a cruzar, pero hazlo de manera que el brazo que
normalmente queda arriba, esta vez quede abajo, y que el brazo que normalmente queda abajo, ahora
quede arriba. ¿Te ha costado hacerlo? Ahora vuelve a cruzar los brazos como lo haces normalmente.
¿Verdad que no te cuesta? Eso es porque lo haces de manera automática.

Los pensamientos automáticos «surgen», pero mantener un cambio «cuesta», porque implica gastar nueva
energía y prestar atención. Así pasa con los pensamientos del tipo «no va a funcionar» o «el tren pasa una
sola vez en la vida» (si no hay huelga, en realidad pasa cada diez minutos). Reflexiona: ¿Qué
pensamientos no te están sirviendo? Muchos de los pensamientos en que creemos son sencillamente
mentiras. Por ejemplo, podemos ver la película Superman, pero no salimos pensando que vamos a
encontrarnos con Superman en la calle.
Un hombre le pidió a su vecino una olla prestada. El dueño de la olla no era demasiado
solidario, pero se sintió obligado a prestársela. A los cuatro días la olla no había sido
devuelta, así que, con la excusa de necesitarla, fue a pedirle a su vecino que se la
devolviera. —Casualmente, iba para su casa a devolvérsela... ¡el parto fue tan difícil! —
¿Qué parto? —El de la olla. — ¿Qué? —Ah, ¿usted no lo sabía? La olla estaba
embarazada. — ¿Embarazada? —Sí, y esa misma noche que me la prestó tuvo familia, así
que debió hacer reposo, pero ya está recuperada. — ¿Reposo? —Sí. Un momento, por favor. —Y entró
en su casa para al poco salir con la olla, un jarro y una sartén. —Esto no es mío, solo la olla. —Sí, es
suyo, esta es la cría de la olla. Si la olla es suya, la cría también es suya. «Este tipo está como una cabra,
pero será mejor que le siga la corriente», pensó el hombre. —Bueno, gracias. —De nada, adiós. —Adiós,
adiós. Y el hombre marchó a su casa con el jarro, la sartén y la olla. Esa tarde, el vecino otra vez le tocó el
timbre. —Vecino, ¿no me prestaría el destornillador y los alicates? Ahora el hombre se sentía más
obligado que antes. —Sí, claro. Entró en su casa y volvió con los alicates y el destornillador. Pasó casi
una semana y, cuando ya pensaba ir a recuperar sus cosas, el vecino llamó a su puerta. —Ay, vecino,
¿usted lo sabía? — ¿Qué cosa? —Que su destornillador y sus alicantes son pareja. — ¡No! —dijo el otro
con ojos desorbitados—. No lo sabía. —Mire, fue un descuido mío, por un ratito los dejé solos, y ya los
embarazó. — ¿A los alicates? —Sí, y le traje la cría —dijo, y abriendo un cestito le entregó algunos
tornillos, tuercas y clavos que dijo habían parido los alicates. «Menudo chalado, pero los clavos y los
tornillos siempre vienen bien», pensó el hombre. Pasaron dos días. El vecino pedigüeño apareció de
nuevo. —El otro día, cuando le traje los alicates, vi que usted tiene sobre la mesa una hermosa ánfora de
oro. ¿No sería tan gentil de prestármela por una noche? Al dueño del ánfora le brillaron los ojitos. —
¡Cómo no! —dijo, y entró en su casa y volvió con el ánfora. —Gracias, vecino.

Pasó esa noche y la siguiente y el dueño del ánfora no se animaba a llamar a la puerta del vecino para
pedírsela. Sin embargo, a la semana su ansiedad pudo más y fue.

— ¿El ánfora? —Dijo el vecino—. Ah, ¿no se había enterado? — ¿De qué? —Murió en el parto...

— ¿Cómo que...? —Sí, el ánfora estaba embarazada y no superó el parto. —Dígame, ¿usted cree que soy
estúpido? ¿Cómo va a estar embarazada un ánfora de oro? —Mire, vecino, si usted aceptó el embarazo y
el parto de la olla, el casamiento y la cría del destornillador y los alicates, ¿por qué no habría de aceptar el
embarazo y la muerte del ánfora?
Los pensamientos generan conductas. ¿Qué conductas crees que generan estos
pensamientos?

Déjalo así...

Va a llevar mucho tiempo.

Esto es muy lento...

¡Crees que todo es tan fácil!

Yo estoy solo, no puedo hacerlo todo.

No me exijas.

Mmm, no sé si va a salir bien.

Es mucho para mí.

No me siento apoyado.

Vamos despacio.

Bueno, ¡que salga como salga!

Esto es peligroso.

Si siguen así, dejo todo.

Hay creencias que tendríamos que revisar, por ejemplo:

Que no se enteren de que tengo problemas.

A mí nadie me ayuda.

La soledad duele.

El dinero es la raíz de todos los males.

Tú tienes la culpa de mi sufrimiento.

Enojarse es malo.

No puedo.
Las creencias tienen su tiempo y lugar, lo bueno del ayer puede ser lo malo de
hoy, por eso debemos hacer un inventario de nuestras creencias y cambiar las que
no sirven.

PREGUNTAS

• A mí me gusta decir siempre la verdad; voy de frente y digo todo, pero eso me trae muchos
problemas. ¿Por qué la gente no tolera que diga lo que pienso? El «sincericidio» es falso; nadie
dice toda la verdad todo el tiempo. Las personas que aseguran «yo digo todo en la cara» son
personas que no tienen empatía, no consideran al otro, o lo consideran muy poco. Hay
personas que se escudan en la verdad para agredir al otro. Una cosa es ser honesto y otra es ser
cruel.

• No puedo sacarme de la cabeza un mal recuerdo amoroso: mi pareja me dejó. Perdiste


empatía, no miraste al otro y por eso «no te diste cuenta» de que tu relación se estaba
terminando, no pudiste ver que algo no iba bien. Pregúntate: « ¿Por qué necesito estar
aferrado a ese recuerdo, por qué no puedo seguir adelante?», y también: « ¿Cómo participé yo
en esa ruptura?» Es importante que para aprender algo de esa situación salgas del tradicional
cuadro «víctima-victimario»

Reglas de oro: qué hacer ante un ataque de pánico

 Recuerda: lo que sientes es solo la exageración de las reacciones normales al


estrés.
 Tu reacción no es mala ni peligrosa, solo desagradable. Nada peor te puede
pasar.
 No añadas pensamientos alarmantes sobre lo que está pasando o te pudiera
ocurrir.
 Céntrate en lo que le pasa a tu cuerpo en éste momento, no en lo que temes que
le podría ocurrir.
 Espera a que pase el temor. No luches contra él. Acéptalo. Quédate quieto, no
pidas ayuda ni intentes escapar.
 Cuando dejes de pensar cosas catastróficas, el temor desaparecerá por sí solo.
 Aprende a afrontar el miedo, no a evitarlo. Esta es una oportunidad para
progresar.
 Piensa en lo que has progresado hasta ahora y en lo satisfecho que
estarás cuando superes este momento.
 Cuando empieces a sentirte mejor, piensa un plan para hacer
después.
 Preparado para continuar con tu rutina, comienza con una sonrisa de
satisfacción.

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