Jacques Witjens
Por Ignacio Gutiérrez Zaldívar
Revista El Federal, mayo de 2014
Jacques Witjens
La Haya, Holanda, 1881 – Buenos Aires, 1956
Durante mayo se realiza en Zurbarán una exposición integrada por una treintena de sus
obras dedicadas al paisaje holandés y argentino. Con entrada libre y gratuita, en Cerrito
1522, Buenos Aires (tel: 4815-1556, [Link]). También se pueden ver una
colección de un centenar de sus obras.
En 1920, a los 39 años, llega Witjens a la Argentina junto a su mujer y con el propósito de
radicarse una breve temporada. No obstante quedará en nuestro país más de treinta años,
durante los cuales desarrollará lo más significativo de su labor plástica. “La Argentina fue
para nosotros un paraíso”, recordaría años más tarde. Aquí nacieron sus hijos Rolando y
Hermen y dedicó a nuestro paisaje su obra más relevante. El delta en el Tigre, donde se
instaló, fue uno de sus motivos preferidos, junto con rincones serranos de Córdoba y
Tandil, y escenas rurales y de parques.
También pintó sus recuerdos de su tierra natal: aquellos canales con la inconfundible silueta
de sus molinos de viento, barcas y trabajadores en las costas, y el interior de alguna iglesia.
El 11 de abril de 1881 nació en La Haya, Holanda, Adrianus Hendrikus Witjens, quien será
conocido por los seudónimos artísticos: Jacques Witjens Stephan, compuesto a la usanza
sajona adicionando el apellido de Herta María Stephan, su esposa; y el más sencillo Jacques
Witjens que utilizará en la última década de su vida.
Estudió bajo la dirección del pintor y litógrafo August Allebe, de quien recibió una sólida
formación técnica y en 1901 abrió su primer taller en su ciudad natal. Participó en
exposiciones en su país natal, obteniendo el Primer Premio en el afamado concurso Bignall.
Hasta 1919 trabajó y residió en Utrech y Harlem, y en el año 1920, recién casado, decidió
visitar a unos parientes que vivían en Argentina.
Witjens tenía un gran prestigio ganado en su patria y su intención al venir a la Argentina
fue, sencillamente, conocer el país y no supo en aquel momento que esta nación habría de
ser no solamente un puerto más en su luna de miel. Al conocer el Tigre y sus alrededores,
fascinado con el entorno, decidió quedarse definitivamente en la Argentina.
La primera vez que muestra sus obras fue en una exposición colectiva en el Círculo Belga,
en 1925, y tres años después realizó su primera exposición individual en la Galería
Naumans. En la década del 30 expuso con regularidad en Nordiska y en la Galería Renom,
de Rosario.
En 1946 obtuvo el Premio al Mejor Paisaje del Delta en el V Salón de San Fernando
(Provincia de Buenos Aires). En su única presentación en el Salón Nacional de Artes
Plásticas, en 1948, recibió el Premio único para extranjeros.
Su amor por el paisaje argentino ha quedado registrado en sus obras, con la rigurosidad y
maestría técnica que le había sido marcada por los cánones de la Escuela de La Haya.
Siempre me ha resultado curioso advertir cómo los artistas extranjeros “saben ver” de una
manera diferente nuestro paisaje. Es como si lo vieran desde una atalaya, desde un punto de
vista que les permiten reparar en aquello que, por cotidiano para nosotros, no sabemos
distinguir o apreciar, y toca a ellos el señalarnos su importancia y los valores que la
componen.
No buscó ni recompensas ni títulos. No aspiró jamás a ser calificado como artista. Pero, eso
sí, fue plenamente un hombre de la cultura. Tal como siglos antes a su compatriota Erasmo,
“nada de lo humano le fue ajeno”. La música, la literatura, fueron junto con la pintura los
motores esenciales de su existencia.
El pintor “holando – argentino” falleció en Buenos Aires, el 7 de diciembre de 1956.
Desde hace 30 años Zurbarán realiza exposiciones del artista, muchas de ellas con el
auspicio de la Embajada del Reino de los Países Bajos.
Canal holandés
Óleo sobre lienzo
102 x 118 cm
1949
Colección Zurbarán
Interior, Catedral
Óleo sobre cartón
50 x 40 cm
1940
Colección Zurbarán
En el Delta
Óleo sobre cartón
50 x 60 cm
1950
Colección Zurbarán