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Rousseau y su Filosofía Educativa

Este documento discute las ideas filosóficas y educativas de Jean-Jacques Rousseau, especialmente tal como se presentan en su novela Emilio. Describe la filosofía de Rousseau sobre la naturaleza humana y su contraposición con la sociedad, y analiza las etapas del desarrollo humano según Rousseau. Finalmente, resume los principales elementos de la filosofía educativa de Rousseau reflejados en Emilio, como su enfoque individualizado y basado en las etapas del desarrollo del niño.
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Rousseau y su Filosofía Educativa

Este documento discute las ideas filosóficas y educativas de Jean-Jacques Rousseau, especialmente tal como se presentan en su novela Emilio. Describe la filosofía de Rousseau sobre la naturaleza humana y su contraposición con la sociedad, y analiza las etapas del desarrollo humano según Rousseau. Finalmente, resume los principales elementos de la filosofía educativa de Rousseau reflejados en Emilio, como su enfoque individualizado y basado en las etapas del desarrollo del niño.
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Jean-Jacques Rousseau y su filosofía educativa: 

   más
allá de Emilio

De acuerdo con López Yustos (1986, p. 78), el naturalismo pedagógico surge como
modalidad del Realismo moderno, dentro del siglo de la Ilustración, el Iluminismo o
Siglo de las Luces, movimiento intelectual del siglo XVIII en el que las ideas se
caracterizaron por exaltar el orden basado en el hombre (antropocentrismo) en lugar
del orden basado en Dios (Portal Planeta, n.d.; Wikipedia, 2007b). Esta modalidad
pedagógica, basada en que las facultades humanas se desarrollan espontáneamente,
establece que el ser humano tiene una curiosidad innata para el aprendizaje. El
naturalismo pedagógico hecha a un lado lo sobrenatural, “razón por la cual a la religión
se le tiene poco aprecio” (López Yustos, 1986, p. 78). Igualmente, aunque este
movimiento exalta el individualismo, no se puede evitar la integración social del
individuo, la cual ocurre cuando éste ya está dotado de aquellas destrezas necesarias
para acoplarse sin perder su naturaleza individual. Dentro de esta modalidad
pedagógica, el ginebrino-francés Jean-Jacques Rousseau es considerado como su
mejor representante, al punto que Agazzi (1971, p. 292) afirma que las ideas de
Rousseau fueron “las únicas ideas verdaderamente nuevas que la Ilustración aportó.”
Rousseau plasmó sus ideas pedagógicas a través de su novela Emilio.

Para comprender mejor a Rousseau, se discutirán las ideas más importantes de sus
filosofías general y educativa. Las ideas más relevantes de su filosofía educativa se
discutirán a través de las etapas del desarrollo humano que Rousseau presenta a
través de Emilio. Finalmente, se presentarán algunas críticas y conclusiones sobre la
filosofía educativa de Rousseau.
 
La filosofía de Rousseau: la naturaleza en contraposición a la sociedad

De acuerdo con Demárquez (2006, p. 104), Rousseau comienza su trabajo filosófico


con la oposición entre el hombre natural y el hombre civil u hombre del hombre. La
filosofía de Rousseau está centrada en que el hombre es bueno por naturaleza, pero es
corrompido por la sociedad (Demárquez, 2006, p. 104; Doyle & Smith, 1997; Wikipedia,
2007a). En ésta el hombre es considerado como un esclavo, dominado por el poder del
más fuerte. En el comienzo de los tiempos el hombre era libre y conservaba su vida
satisfaciendo sus necesidades naturales; sin necesidad de trabajo para poder vivir, sin
necesidad de un hogar, sin lenguaje, pero también sin guerras, sin necesidad alguna
de los demás y sin deseos de hacer daño. El hombre tiene una serie de cualidades por
naturaleza, pero sólo se le puede comprender como un ser histórico, pues el grado y
dirección de su desarrollo humano están determinados por el grado y el carácter de sus
relaciones con la sociedad y la cultura a las que pertenece (Demárquez, 2006, p. 104;
Wikipedia, 2007a).

El hombre natural es descrito por Rousseau como un ser humano cuya cualidad
fundamental es la bondad natural; es un hombre en estado naturalmente puro, en el
que la ausencia de los vínculos sociales es completa.   … el hombre es un ser
naturalmente bueno, amante de la justicia y el orden; no existe perversidad original en
su corazón humano…los primeros impulsos de la naturaleza son siempre rectos…la
única pasión que nace con el hombre, el amor de sí mismo, es una pasión indiferente
en sí al bien y al mal; que únicamente se torna buena o mala por accidente y según las
circunstancias en que se desenvuelve. …todos los vicios que se imputan al corazón
humano no son en él naturales;(Demárquez, 2006, pp. 104-105).

 
En el estado natural, Rousseau también establece que el hombre está ajeno a las ideas
sobre moralidad, pues éste sólo conoce su persona y no intuye su bienestar frente a los
demás. No obstante, el hombre en su estado natural tiene dos principios que motivan
su acción como individuo moral: el amour de soi (amor de sí mismo) y la pitié (piedad)
(Demárquez, 2006, p. 106; Wikipedia, 2007a). Igualmente, el hombre en estado natural
se caracteriza por su libertad para elegir, la que lo distingue de los demás miembros del
reino animal y que es considerada por Rousseau como el más apreciable de los bienes
que pueda tener el hombre. De acuerdo con Rousseau, “distingue específicamente los
animales y el hombre…su calidad de agente libre para asentir o resistir; y es sobre todo
en la conciencia de esta libertad en la que se muestra la espiritualidad de su alma”
(Demárquez, p. 107). Finalmente, de acuerdo con Rousseau, el hombre en su estado
natural goza de perfectibilidad, definida por él como la facultad que, ayudada por las
circunstancias, desarrolla las capacidades o poderes cognitivos de los cuales el
hombre ha sido dotado naturalmente: la imaginación, la razón, el entendimiento y la
autorreflexión, entre otros. Esto significa que el desarrollo de estas capacidades
cognitivas “no se ha consumado en el estado ‘puro’ de [la] naturaleza [del hombre], por
lo que se puede afirmar que lo humano en su plenitud no está aún presente en él”
(Demárquez, 2006, p.108). He aquí la relación entre la naturaleza del ser humano y las
circunstancias históricas, sociales y culturales, las cuales tienen un rol importante en el
desarrollo del hombre. En resumen, Rousseau describe al hombre natural como un ser
solitario, autosuficiente, motivado por la conservación de su bienestar (amour de soi),
limitado por la compasión o piedad (pitié), libre, igual a sus pares, pero que aún no ha
desarrollado su potencial moral ni sus capacidades cognitivas (Demárquez, 2006,
p.108).

En contraposición al hombre natural, Rousseau describe al hombre civil como uno que
gana a través del desarrollo de sus capacidades, pero que se pierde a sí mismo debido
al sometimiento mutuo que ocurre entre los hombres en la sociedad: “el hombre social,
no sabe vivir más que en la opinión de los demás y de su juicio tan sólo saca, el
sentimiento de su propia existencia…” (Demárquez, 2006, pp. 110-111). La
individualidad o el amour de soi, se aliena en vanidad y orgullo, o amour propre,
produciendo un desencuentro entre el ser y el parecer; entre existencia y apariencia
(Demárquez, 2006, p. 111; Wikipedia, 2007a). Aunque Rousseau reconoce que una
vez el estado natural se ha perdido ya no hay marcha atrás, éste propone alternativas
para recuperar algunos aspectos de esa condición perdida para que los hombres
rompan las cadenas de la dependencia en la cual han caído a causa de su entorno
social. Entre estas alternativas se encuentran: la salida individual, la que expresa a
través de su autobiografía; la salida del individuo moral a través de la educación del
hombre natural que vive en sociedad, presentada a través de Emilio; y la salida política
o del ciudadano, presentada a través de sus obras de carácter político, en especial en
Du Contrat Social (Demárquez, 2006, p. 112).
 
Emilio y la filosofía educativa de Rousseau

Aunque Emilio ha orientado gran parte de la pedagogía moderna (Abbagnano &


Visalberghi, 1969), éste no fue el primer escrito sobre educación de Rousseau; en 1740
escribió el fragmento titulado Projet pour l’Education de M. de Sainte-Marie, el cual de
acuerdo con Green (1955, p. 225) no contenía ningún indicio relacionado con Emilio,
pero sí con las ideas planteadas en La Nouvelle Héloïse.
 
Enfoque
 
El enfoque de Emilio es hacia la enseñanza individualizada de un varón, alineada con
los principios de la educación natural. A través de Emilio, Rousseau hace el primer
intento comprensivo para describir el sistema de educación de acuerdo con lo que él ve
como “naturaleza” (Abbagnano & Visalberghi, 1969, pp. 394-395; Doyle & Smith, 1997;
Tubbs, 2005, p. 253). De acuerdo con Rousseau, es posible preservar la naturaleza
original y perfecta del niño, a través del control cuidadoso de su educación y el
ambiente, basado en un análisis de las diferentes etapas físicas y psicológicas que el
niño atraviesa desde el nacimiento hasta la madurez. Igualmente, Rousseau argumenta
que el momento para el aprendizaje es provisto por las etapas del crecimiento del
individuo, y que el educador lo que necesita hacer es servir de guía y facilitar las
oportunidades para aprender (Doyle & Smith, 1997; López, 1994, p. 140; Tubbs, 2005,
p. 254).
Los elementos que se presentan a continuación han sido identificados en Emilio, y los
mismos reflejan cómo las ideas plasmadas en este clásico han impactado la educación
desde el momento en que fue publicado. El impacto de Emilio ha sido tal que algunos
autores argumentan que la historia de la teoría educativa centrada en el niño es una
serie de notas calce de la filosofía educativa de Rousseau (Doyle & Smith, 1997;
Wikipedia, 2007a; Tubbs, 2005, p. 254).
1. Los niños son vistos muy distintos a los adultos – como inocentes, vulnerables y
lentos en su madurez – y dirigidos a la libertad y a la felicidad. En otras palabras,
los niños son naturalmente buenos.
2. La gente se desarrolla a través de varias etapas – y que diferentes formas de
educación serían apropiadas para cada una.
3. El principio guía de que lo que se aprenderá debe ser determinado por el
entendimiento de la naturaleza de la persona en cada etapa de su desarrollo.
4. Una apreciación de que los individuos varían entre las etapas – y que como
resultado la educación debe ser individualizada. “Cada mente tiene su propia
forma”. [Teoría de las inteligencias múltiples de Howard Gardner.]
5. El poder del ambiente para determinar el éxito de los encuentros educativos. Es
crucial – como Dewey también reconoció – que los educadores estén alertas al
ambiente. Mientras más control tengan sobre él, más efectiva será la educación.
6. La importancia de desarrollar ideas por sí mismo, hacer que el mundo tenga
sentido de forma personal y propia. Émile fue alentado a llegar a sus propias
conclusiones a partir de su experiencia propia. Es lo que se conoce hoy día
como “aprendizaje por descubrimiento”. [Teoría del constructivismo.]
Las cinco etapas del desarrollo de Emilio:
A través de Emilio, Rousseau presenta el desarrollo humano y educativo de Émile,
dividido en cinco etapas, a las que dedica cada uno de los cinco libros de la novela. La
educación en las primeras dos etapas, la infancia y la edad de la Naturaleza, busca el
desarrollo del niño a través de los sentidos; a partir de la tercera etapa comienza el
desarrollo de las capacidades mentales del adolescente que habrá de madurar hasta
convertirse en un hombre adulto. Igualmente, como parte del quinto y último libro,
Rousseau presenta la educación de Sophie, la futura esposa de Émile (Abbagnano &
Visalberghi, 1969, p. 394; Doyle & Smith, 1997; Wikipedia, 2007a).
 
            Etapa 1: Infancia, desde el nacimiento a los dos años
En esta etapa la infancia comienza con el nacimiento del niño y se prolonga desde que
éste llora por primera vez hasta que comienza con su lenguaje articulado (Agazzi,
1971, p. 301), aunque algunos autores delimitan esta etapa cuando el niño es
destetado (Doyle & Smith, 1997). Al comienzo, el niño está privado hasta del
sentimiento de su existencia, y es en el encuentro con el mundo que éste comienza a
desarrollarse. El niño se va desarrollando a través de la experiencia personal,
aprendiendo de forma activa a través de sus funciones corporales y de sus sentidos
(Doyle & Smith, 1997). Esta experiencia es directamente proporcional a la actividad,
característico del niño y en oposición al viejo, quien busca la tranquilidad. De acuerdo
con Rousseau, la educación debe estar basada “en la ley del niño, en el activismo”
(Agazzi, 1971, p. 301). El niño debe ser libre para moverse, libre de fajas y cofias, pues
lo movimientos son su primera escuela y la condición de su primer desarrollo, tanto en
lo físico como en lo psíquico. Igualmente, su alimento debe ser la leche de su madre.
Rousseau enfatiza que el niño debe ser educado según la naturaleza, sin mimos ni
precauciones excesivas. Hay que poner al niño en contacto los elementos naturales en
su entorno. Igualmente, al niño debe concedérsele más libertad verdadera y menos
dominio, dejándolo actuar por sí mismo. De esta forma el niño se acostumbrará a sentir
y conocer lo que puede y no lo que no puede hacer. En esta etapa el uso de castigos
es deplorable, pues el niño no tiene la capacidad de entender las razones de un castigo
(Agazzi, 1971, p. 301).
 
Al niño se le darán las cosas porque es conveniente hacerlo, no porque él las desee.
Por ejemplo, cuando el niño tiende su mano hacia un objeto cercano sin decir nada, él
se engaña y no grita; pero cuando la tiende y grita es porque sabe que el objeto está
lejos y ordena a éste a acercarse, por consiguiente, que un adulto se lo lleve. En el
primer caso, el niño es acercado al objeto, mientras que en el segundo se recomienda
ignorarlo para que no aprenda el hábito de mandar o de hacerse obedecer (Abbagnano
& Visalberghi, 1969, p. 396; Agazzi, 1971, p. 302). En esta etapa el niño sólo tiene
manifestaciones afectivas, las cuales no deben ser desplazadas por la adquisición de
hábitos. Igualmente, en esta etapa los sentidos comienzan a agudizarse, y el niño
quiere tocarlo todo; quiere sentir si algo es duro o ligero, el dolor, el frío, lo cercano y lo
lejano. Esta exploración natural debe dejarse manifestar, pues de esa forma el niño
ganará mayor experiencia (Agazzi, 1971, p. 302).
 
El llanto es la primera forma de lenguaje o comunicación del niño, y se expresa de
forma inconsciente. Para que el niño aprenda a hablar, hay que hablarle de forma clara
y articulada, haciéndole escuchar la pronunciación correcta y no repitiéndole sonidos
viciados. Asimismo, el niño no debe ser aturdido, por lo que no debe escuchar más
palabras que las que puede comprender; en esta etapa es conveniente limitarle el
vocabulario y en su lugar estimularle muchas ideas. El niño no debe ser forzado a
hablar precozmente, pues “la precocidad es el azote de la educación” (Agazzi, 1971, p.
302).
           
Una vez el niño ha comenzado a hablar, llega el tiempo del preceptor o tutor, quien
deberá ser un hombre joven (Rousseau, 1970, p. 14). En esta parte, Émile será
enviado al campo para que esté en contacto con su medio ambiente natural, apartado
de la sociedad. El preceptor sólo le enseñará la ciencia de los deberes del hombre,
procurando que sea el niño quien encuentre por sí mismo las normas de la vida
(Abbagnano & Visalberghi, 1969, p. 395; Agazzi, 1971, p. 302; Rousseau, 1970, p. 14;
Tubbs, 2005, p. 255). Igualmente, se procurará que el niño crezca robusto y fuerte,
pues un niño fuerte será un niño bueno; el que puede hacerlo todo nunca hace nada
malo (Agazzi, 1971, p. 302)
 
            Etapa 2: La edad de la Naturaleza, de los dos a los doce años

En esta etapa Rousseau habla del concepto de la educación negativa, la cual es una
educación moral basada en las consecuencias naturales, sin esfuerzos mentales, con
el objetivo de retrasar los “vicios” de la vida social (Agazzi, 1997, p. 303; Demárquez,
2006, p. 114; Doyle & Smith, 1997). El niño es preparado para comenzar su educación
de la sensibilidad; construye su mundo sensible, a través del ejercicio libre de las
actividades que realiza. Si el niño durante esta etapa se hiciera algún tipo de daño, el
adulto no debe mostrarse alarmado para no impresionar al niño; de esa forma él
experimenta el dolor (Agazzi, 1971, p. 303; Rousseau, 1970, p. 35; Tubbs, 2005, p.
254). Igualmente, el niño necesita demostraciones de afecto y bondad, pero sin que
sean excesivas. En contraste, el niño debe recibir órdenes, pero sin ser exageradas ni
continuas; hay que demostrarle las consecuencias que tiene una mala acción sin
sermonear. Como parte de su formación, el niño debe sentir la necesidad que impone
la naturaleza sobre el hombre; debe ver esa necesidad en las cosas que le rodean y no
en el capricho o la autoridad de los hombres. No obstante, si es necesario demostrar
autoridad, ello se hará tomando como ejemplo la necesidad natural, sin humillar ni
restringir la libertad. Es por tanto, que los premios y castigos no existen, sino las
consecuencias de las acciones, sean buenas o malas; la doctrina de las reacciones
naturales. Por ejemplo, si Émile “rompe un cristal en su habitación, se le dejará
expuesto al frío nocturno; si dice una mentira, [se aparentará] creerle, dejando que los
efectos de [su] mentira, como el no ser tampoco creído cuando dice la verdad, se
acumulen sobre él y lo humillen” (Agazzi, 1971, p. 303).

 Para educar al niño hay que conocerlo, dejándolo que se manifieste libremente; su
movimiento no debe ser impedido para que cuando deje de ser observado se comporte
de la misma forma y no haga ningún daño. Su modo de ser debe ser respetado, pues
de esa forma se hará robusto y juicioso, provocando que sus acciones sean pensadas
y no automáticas (Agazzi, 1971, p. 303). En el proceso de educación del niño durante
esta etapa no hay que tener prisa. Cuando en ocasiones se cree que se está perdiendo
tiempo, en realidad se está ganando, pero para ello deberá obrarse natural e
indirectamente; si el niño es perezoso y se levanta tarde, deberá dejarse para el día
siguiente alguna actividad que sea de agrado para el niño (Abbagnano & Visalberghi,
1969, p. 394; Agazzi, 1971, p. 303; Doyle & Smith, 1997). Por otro lado, en esta etapa
el niño no debe ser expuesto a la historia ni a la geografía, pues aún no es capaz de
entender sólo con las palabras. El niño tampoco debe aprender nada de memoria, ni
siquiera los cuentos o fábulas. En esta etapa no se le debe obligar a leer, sino
despertar su curiosidad por ello (Abbagnano & Visalberghi, 1969, p. 397; Agazzi, 1971,
p. 304).
El niño debe ser educado a través del hacer, del “trabajo”, pues es más significativo
para él en su aprendizaje; quizás podrá olvidar lo que ha escuchado, pero no lo que ha
hecho. Para formar niños alertas es necesario exponerlos en su vida a que realicen
actividades que integren los sentidos, en especial el tacto combinado con ver y
escuchar (Agazzi, 1971, p. 304; Doyle & Smith, 1997). Los sentidos deben ser
ejercitados…

            …el tacto para suplir a la vista y al oído, y para verificar los datos ofrecidos por
los otros sentidos; que el niño se ejercite en buscar a oscuras, teniendo “los ojos en la
punta de los dedos”;…[que aprecie] posiciones, direcciones, sonidos y rumores,
distancias;…[realizar] visitas y exploraciones. (Agazzi, 1971, pp.304-305).

 
El dibujo y la geometría pueden ser útiles en este punto, pues le enseñan al niño la
observación y las leyes de perspectiva. A través del dibujo el niño pasa de una visión
global a una visión analítica de lo que observa. La educación de los sentidos es la
única eficaz en esta edad; se recopilan datos y se les da valor, descubriendo relaciones
de causa y efecto. Al ejercitar los sentidos, el niño no sólo hace uso efectivo de los
mismos, sino que aprender a juzgar bien a través de éstos (Abbagnano & Visalberghi,
1969, p. 397; Agazzi, 1971, p. 305).
           
            Etapa 3: La preadolescencia, de los doce a los quince años

De acuerdo con Doyle y Smith (1997), Émile en esta etapa es como el noble salvaje
que Rousseau describe a través de El contrato social. Esta etapa es considerada la de
instrucción verdadera y está dirigida a asentar las bases de la cultura del joven. El
preceptor deberá trabajar más durante esta etapa, pero sin quitar la iniciativa al joven,
enseñando a través de las cosas y estimulando el espíritu de estudio; las lecciones
estarán cimentadas en acciones y no en discursos, continuando el aprendizaje a través
de hacer y de la combinación de los sentidos. Como parte de las actividades, Émile
explorará los lugares de su entorno: la casa, la ciudad, el país, dibujando sus planos.
Será llevado de paseo por el bosque para mostrarle sus montes, llanuras y ríos,
provocando un extravío para inducir en él la aplicación de los puntos cardinales como
medio para orientarse (Abbagnano & Visalberghi, 1969, p. 397; Agazzi, 1971, pp. 306-
307). Como parte de su educación, Émile sólo conoce como libro a Robinson Crusoe, a
través del cual aprende a vivir de acuerdo con las leyes de la naturaleza, resolviendo
por sí mismos los problemas de la existencia (Agazzi, 1971, p. 307; Doyle & Smith,
1997). Al joven su preceptor no le enseñará ciencias, sino que inspirará en éste el
gusto por el estudio y la metodología para aprenderlas (Agazzi, 1971, p. 307).

Durante esta etapa, el joven también aprende un oficio con el objetivo de vencer sus
prejuicios con relación al trabajo manual; según sus aptitudes hará de carpintero y de
esta forma ejercitará su cuerpo, desarrollará habilidad y mejorará su atención
(Abbagnano & Visalberghi, 1969, p. 397; Agazzi, 1971, p. 307). Al final de este período,
Émile será un joven sereno, inteligente, trabajador, moderado, paciente, fuerte y
valiente, con pocos conocimientos, pero propios; es un joven sano de cuerpo y espíritu.
Hasta este momento, el joven sólo conoce el mundo natural y del hombre sólo conoce
su relación con el trabajo (Agazzi, 1971, p. 307).
 
            Etapa 4: La adolescencia, juventud o pubertad, de los quince a los veinte años

En este momento en el hombre sale de la niñez a través de un período corto, pero


considerado como de profundos cambios fisiológicos y morales: la pubertad. A partir de
este momento se despierta la conciencia moral, en la cual las puertas al mundo de los
sentimientos y de los valores comienzan a abrirse. Este período es considerado el
“segundo nacimiento”, a través del cual el joven pasará a ser el hombre que nacerá a la
vida en sociedad (Abbagnano & Visalberghi, 1969, p. 397; Agazzi, 1971, p. 307; Doyle
& Smith, 1997). Por consiguiente, éste sentirá curiosidad por su sexualidad, la cual no
debe ser provocada; ante sus inquietudes y preguntas se le darán respuestas
verdaderas, pero simples. Las pasiones no habrán de ser reprimidas, pero si se evitará
su desarrollo precoz y su desviación del curso natural: la pedagogía de las pasiones
(Agazzi, 1971, p. 307).

En esta etapa el joven comienza también a tomar conciencia de los valores humanos y
del drama moral. A través de la naturaleza conoce el amor a sí mismo (amour de soi), y
cuando el joven se da cuenta de que existen otros hombres a su alrededor, la
naturaleza hace que surjan otros sentimientos que lo sacarán de su aislamiento y lo
unirán con vínculos similares a sus semejantes: piedad (pitié), compasión, generosidad,
justicia, amistad, altruismo. La práctica de estas virtudes sociales hará bueno al joven.
A través de este aprendizaje es importante que Émile conozca no sólo el hombre con
su naturaleza original buena, sino también aquél que ha sido desviado por la sociedad
corruptora, por quien sentirá compasión, y aunque lo estime no deseará parecerse a él.
Por otro lado, para la educación moral el preceptor debe dar el ejemplo, con sus
mejores acciones en lugar de palabras; la misma se dará a través del contacto con
otros hombres y no por preceptos (Agazzi, 1971, p. 308; Demárquez, 2006, pp. 115-
119).
 
            En esta etapa, el alumno tiene su primer contacto con el concepto de religión,
en la que la historia del comienzo y la formación de sentimiento religioso es expuesta a
través de la Profesión de fe del vicario saboyano (Agazzi, 1971, pp. 309-310).
 
Un jovencito calvinista que se había hecho católico…entra en la casa del sencillo
vicario. El sacerdote se gana la confianza del muchacho y se hace amigo suyo; no le
hace sermones; despierta en él el amor propio, la esperanza en el futuro, la admiración
por las buenas acciones, el deseo de actuar; le demuestra y revela que “la paz del alma
consiste en el desprecio de todo lo que puede turbarla; el que aspira más ávidamente a
la felicidad es siempre el más infeliz”…
 “Yo no quiero discutir con vos lo que digo ni imponérselo; me basta que escuchéis y
que consultéis vuestro corazón mientras hablo”, comienza la famosa profesión de fe .
No se trata de una u otra religión revelada, sino de la eterna religión natural, basada en
tres principios: existencia de Dios, existencia e inmortalidad del alma, ley moral. Una
religión a la que todo hombre puede llegar con su sola razón. …
 
Los principios morales no derivan de doctrinas teológicas. Los sentimos escritos por la
naturaleza en el fondo de nuestro ser. Debemos consultarnos a nosotros mismos
acerca de qué debemos hacer: “todo lo que sentimos que es bueno, es bueno; todo lo
que sentimos que es malo, es malo; el mejor de todos los moralistas es la conciencia.”
… “La conciencia es la verdadera guía del hombre; sólo cuando se hacen pactos con
ella se recurre a las sutilezas del razonamiento”.
 Al final de esta etapa, se comienza a pensar en la familia, llegando el momento de
elegir una compañera: Sophie. Ya Émile está formado y puede entrar en la sociedad;
se comporta con naturalidad, es desenvuelto, habla sobria y moderadamente. Ahora
está maduro para realizar estudios poéticos, comenzando con los escritores más
antiguos, eligiendo aquéllos más cercanos a la naturaleza y a sus gustos. Ama la vida
sencilla sobre todas las cosas, en el campo, alejado de las frivolidades y ambiciones
del ser humano. Émile ya ha alcanzado su autonomía, gobernándose, dominando las
pasiones, realizando su libertad moral (Agazzi, 1971, pp. 310-311).
           
     Etapa 5: Adultez o madurez, a partir de los 20 años

A través de esta última etapa del desarrollo del hombre, el libro quinto presenta un
tratado de educación femenina, a través del cual se idealiza a Sophie, la futura esposa
de Émile. La educación de Sophie será diferente a la de Émile, pero complementaria
(Doyle & Smith, 1997). Esta mujer ideal es descrita como simpática, sencilla,
conocedora de cómo regir la casa y los asuntos domésticos, ama la limpieza de la
casa; cuida de su persona y su forma de arreglarse; es alegre, reservada, gentil,
humilde y sumisa; es religiosa y ama la virtud. Sophié tiene nociones de música y de
canto, pero no una vasta cultura (Agazzi, 1971, pp. 311-312).  En esta etapa Émile
aprende acerca del amor, y se presta a regresar a la sociedad, luego de su preparación
en contra de las influencias de corrupción de la misma. La tarea final del preceptor en
esta etapa es instruir a la joven pareja en sus derechos y responsabilidades maritales
(Doyle & Smith, 1997).
Críticas y conclusiones

Aunque el propio Rousseau dejó saber que Emilio es un trabajo filosófico sobre el
principio establecido en otros de sus libros, de que el hombre es naturalmente bueno, y
que el escrito no es un tratado verdadero sobre educación (Rousseau, 1764, como se
cita en Wikipedia, 2007a), el mismo ha sido estudiado y usado de ambas formas a
través del tiempo. La educación propuesta en Emilio ha sido criticada de no ser
práctica, lo cual no es totalmente verdadero. Bien es cierto que el ser humano no se
puede aislar de la sociedad y la cultura en la que se desarrolla, pero es posible
aprovechar las ideas que presenta Rousseau para educar a los niños y a los adultos
usando su naturaleza humana de la bondad, especialmente en una sociedad que,
lamentablemente, cada día se corrompe más y más. Nadie dijo que la tarea sería fácil,
pero en la vida no existen imposibles.

En Emilio, Rousseau presenta algunos asuntos controvertibles, los cuales han


provocado y provocarán reacciones en sus lectores. Por ejemplo, cuando él dice que
se procurará que el niño crezca robusto, fuerte, pues un niño fuerte será un niño bueno;
el que puede hacerlo todo nunca hace nada malo. En este caso, Agazzi (1971, p. 302)
hace la aclaración de que la moral no se manifiesta como una correspondencia de la
salud física, aunque ésta última tenga alguna influencia sobre la primera. Esto sería lo
que en las ciencias de la salud se denominaría como la ausencia de plausibilidad
biológica, pues no sería enteramente cierto que a mejor salud física, mayor bondad
tendrá una persona. Por otro lado, en la segunda etapa o período de educación del
niño, Rousseau no toma en consideración que el niño entre los seis y los doce años es
imaginativo y fantasioso. Igualmente, las sugerencias educativas en esta etapa serían
más aptas para un niño hasta los siete años, por lo que el período hasta los doce años
resultaría muy largo. En la tercera etapa, la llamada preadolescencia, Rousseau
también ha retrasado el proceso, pues la educación en este período es más apta para
un niño más joven, entre los ocho y los doce años (Agazzi, 1971, pp. 306-307).

Otro tema controvertible es el tratado de educación femenina presentado a través del


último libro de Emilio. Como bien establece Soëtard (1999, p. 5), “cuando leen ciertas
frases del Libro V del Emilio, las feministas tienen razones sobradas para montar en
cólera.” La descripción de cómo debe ser Sophie para complementar a Émile,
definitivamente, está fuera de la época actual, aunque hay sus excepciones; aún
existen mujeres que se ajustan a las características de Sophie.

Las ideas de Rousseau sobre la educación han influenciado profundamente las teorías
educativas modernas: el aprendizaje por experiencia hoy conocido como
constructivismo; el aprendizaje por etapas de acuerdo con las destrezas e intereses del
niño, hoy conocido como la teoría de las inteligencias múltiples de Howard Gardner; y
el aprendizaje en que el niño es el centro del proceso. Con relación a la teoría o
pedagogía centrada en el niño, Tubbs (2005, p. 255) aclara que aunque este tipo de
enseñanza intenta cambiar la dominación del rol del educador como el dueño del
proceso educativo, sólo podrá hacerse si el educador es el dueño verdadero del
proceso sin que el educando lo note. Para complementar esta idea, el autor presenta la
siguiente analogía con el Mito de la Caverna de Platón:

Esta contradicción acecha las filosofías progresivas del maestro que busca reemplazar
las sombras de la Caverna con la autonomía de los estudiantes para que aprendan por
sí mismos. Inevitablemente, a favor o en contra de la Caverna y sus ilusiones, el
maestro debe asegurar siempre una visión de qué un estudiante debe estar
aprendiendo.

A pesar de sus controversias y de que el mismo Rousseau planteó que Emilio no es un


tratado real sobre pedagogía, definitivamente, si el modelo pedagógico de Rousseau
hubiese sido utópico y poco práctico, no tendría el impacto y las secuelas presentes en
la modernidad.  Asimismo, Emilio tampoco sería considerado como “el libro más
significativo sobre educación luego de La República de Platón” (Doyle & Smith, 1997;
Stone, 2007).

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