Modulo 1
Modulo 1
Conociendo a la persona
con TEA:
conceptualización y
diagnóstico
Índice
Tema 1. Comprendiendo el autismo 4
1.1. Introducción y objetivos 4
1.2. DSM 5: evolución del concepto 4
1.3. El espectro en el autismo: niveles de apoyo 9
1.4. Desarrollo temprano: características, adquisición
de habilidades y evolución de la persona con TEA 14
1.5. El ciclo vital de la persona con autismo:
diferencias niño/niña 16
1.6. Peculiaridades en el procesamiento de la
información sensorial 18
1.7. Las habilidades destacadas 20
1.8. Teorías explicativas 21
1.9. Falsas creencias 25
1.10. Referencias bibliográficas 29
A fondo 84
Test 87
Tema 1. Comprendiendo el autismo
infantil desde la primera edición del Manual de Trastornos Mentales (DSM I desde
1952), donde se reconoce, y diagnostica, el autismo por una serie de
comportamientos concretos, centrados en las alteraciones en el desarrollo de las
relaciones sociales, las habilidades comunicativas y del lenguaje y una respuesta
atípica a los cambios en el entorno y el interés intenso o apego por objetos.
Describe 7 casos diferentes entre los chicos con psicosis infantil que
tradicionalmente valoraba en su clínica, los cuales mostraban las
siguientes características: aislamiento social, trastorno orgánico,
presente en los primeros años, pobreza de contacto ocular, conducta
estereotipada, resistencia a cambios e intereses especiales.
Todo esto llevó a Lorna Wing a plantear que existía una «triada de alteraciones»:
socialización, comunicación e imaginación, y que estas dificultades se presentaban
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Los estudios que se han llevado a cabo para identificar los criterios diagnósticos para
el trastorno del espectro del autismo (TEA, en adelante), ha identificado aquellas
conductas y comportamientos que comparten todas las personas consideradas
dentro de este espectro y que son capaces de poder diferenciarlos de otros
trastornos del desarrollo y otros trastornos mentales.
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Figura 1. Criterios diagnósticos DSM 5 para el trastorno del espectro del autismo.
Sin embargo, más allá de lo que establecen los criterios diagnósticos, las
características de las personas con TEA son diversas y complejas y pueden
comprometer, en su mayoría, a otros aspectos claves del desarrollo cognitivo y
neuropsicológico, haciendo necesaria una comprensión profunda de las personas
con TEA y su funcionamiento cognitivo, más allá de las conductas y comportamientos
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observables.
Aparentemente, el concepto de trastorno del espectro del autismo como única categoría
diagnóstica plantea el riesgo de poder reducir la complejidad y heterogeneidad de un
gran número de personas de forma simple y reduccionista a un solo trastorno. Sin
embargo, la propuesta de la DSM exige establecer qué otro tipo de condiciones aparecen
asociadas a los TEA, que son las que en la mayoría de las situaciones van a condicionar la
presentación individual de los TEA en cada persona. Se establecen los siguientes
especificadores a la hora de establecer el perfil de las personas con TEA:
West, etc.).
Alteraciones neurológicas.
Alteraciones metabólicas.
Por otro lado, uno de los aspectos más positivos que supone la nueva propuesta de TEA
es que la nueva clasificación establece tres niveles diferentes de necesidades de apoyo
dentro del TEA. Probablemente, reducir la variabilidad del espectro del autismo a 3
niveles sea algo insuficiente, dada la gran variabilidad, pero ofrece al menos la posibilidad
de establecer diferentes perfiles de necesidades de apoyo que permiten no solo mejorar
su comprensión, sino también la orientación a recursos e intervenciones.
Para poder ejemplificar y visualizar estos tres perfiles hemos tomado como referencia
tres perfiles conocidos, que permiten poder entender de una forma parcial la diversidad
del espectro del autismo.
Temple Grandin es una mujer con TEA que ha compartido a través de sus
conferencias y libros su forma de entender y ver el mundo como una
persona con TEA, y que encajaría con el nivel tipo 1. En esta conferencia
podemos conocer parte de sus capacidades y su visión sobre su propio
autismo:
https://www.ted.com/talks/temple_grandin_the_world_needs_all_kind
s_of_minds?language=es
En primer lugar, las personas con autismo que podrían estar dentro del nivel 1 de
necesidades de apoyo pueden compartir algunas características como:
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Dentro de las características que podemos encontrar en las personas en este nivel de
necesidades de apoyo podríamos destacar:
Ausencia de lenguaje o lenguaje muy limitado.
Dificultades de comprensión del lenguaje.
Dificultades comunicativas para expresar lo que quieren, sienten…
Limitación de intereses.
Actividades y conductas repetitivas.
Necesidades de rutinas muy marcadas.
Discapacidad intelectual asociada.
Relaciones sociales básicas basadas en juegos de interacción físicos o repetitivos.
Grandes limitaciones de autonomía.
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El TEA es una condición del neurodesarrollo que se presenta en los primeros años de vida
y perdura a lo largo del desarrollo. Sin embargo, hasta le fecha, es difícil de identificar
antes de los 18 meses de edad, puesto que las conductas sociales y comunicativas que
se hacen más evidentes en el desarrollo de los niños, y son críticas para el diagnóstico,
no aparecen hasta este momento.
Sin embargo, solo los síntomas que aparecen entre los 12 y los 24 meses son aquellos
que permiten detectar el autismo en la actualidad y que se relacionan con:
Imitación.
Iniciativa e intención comunicativa.
Uso y comprensión de gestos comunicativos.
Comprensión y uso de expresiones emociones.
Uso y coordinación del contacto ocular en las interacciones.
La presentación del autismo varía también de una forma diferente a lo largo del ciclo vital
y las necesidades de la persona van a ir cambiando de forma diferente a lo largo de las
diferentes etapas del desarrollo, en función, especialmente, de los apoyos que tenga la
persona en su entorno y de las oportunidades que se le den para su participación social
y su aprendizaje. La calidad de vida que pueda alcanzar cualquier persona con TEA va a
depender más del apoyo con el que pueda contar en su entorno, que del grado o nivel
de alteración que pueda mostrar en las diferentes áreas de desarrollo (Renty y Roeyers,
2006).
Edad Adulta. En esta etapa sigue siendo fundamental seguir formándose para encontrar
ocupaciones que den sentido a la vida de las personas, y que puedan contribuir en su
entorno y les permitan participar en la comunidad. Los programas de empleo y los
servicios de vivienda pueden acompañar a las personas hacia una vida independiente, y
los servicios de atención diurna más intensivos pueden ofrecer apoyos a las personas con
más necesidades de apoyo. Todos estos apoyos deben poner su foco en mejorar la
participación social y las relaciones sociales a lo largo de su vida así como su máximo
desarrollo personal.
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Todo programa o servicio de apoyo a personas con autismo a lo largo de toda la su vida
debe orientarse a poder mejorar las dimensiones básicas de calidad de vida (que se verán
en capítulos posteriores), pero también tiene que asegurar su bienestar emocional
(entornos comprensibles y estables, gestión de emociones…) y el físico (vigilancia de la
Otra realidad que nos está imponiendo una visión de los TEA diferente a la que
teníamos en nuestros primeros acercamientos al colectivo de personas con autismo
es la situación de las mujeres con TEA. Tradicionalmente, los estudios
epidemiológicos han establecido que el autismo se presentaba de forma mayoritaria
en hombres, en una ratio de 4 a 1. La evidencia y estudios de los últimos años
reflejan que muchas mujeres con TEA estaban (y siguen) siendo
infradiagnosticadas, ya que el autismo en ellas se presenta de una forma diferente a
como teníamos entendido en el caso de los hombres (Gould, 2017). Las dificultades
sociales y comunicativas aparecen de una forma más leve, sus intereses son
diferentes a los de los hombres con autismo y presentan mayor capacidad para imitar
y aprender lo que hay que hacer que les hace camuflarse mejor en el contexto social.
Sin embargo, este perfil de características, lejos de ser una realidad que facilite a las
mujeres su adaptación social, provoca diversas dificultades a lo largo de su desarrollo,
como mayor tendencia a internalizar las preocupaciones y dificultades, trastornos de
alimentación o mayor vulnerabilidad a situaciones de acoso sexual (Rynkiewicz y
Łucka, 2018).
Todos los estudios que están abordando la realidad de género en torno a los TEA
plantean que, probablemente, la ratio dentro del espectro del autismo pueda estar
más cercana a 3 hombres por cada mujer (Loomes, Hull y Mandy, 2017).
información sensorial
Los testimonios en primera persona de las personas con TEA han evidenciado cómo las
dificultades para regular la estimulación sensorial tienen un impacto significativo en su
vida, y están detrás de muchas conductas en diferentes ámbitos de su vida. En este
ejemplo, Templen Grandin traslada cómo, detrás de algunas conductas que
aparentemente pueden reflejar dificultades sociales, existe un componente sensorial
que condiciona su participación social:
El TEA es un diagnóstico que nos ayuda a poder resumir de una forma precisa las
dificultades de una persona para poder orientar de la mejor manera los servicios, apoyos
e intervenciones. Sin embargo, el TEA es una condición y característica de la persona que
no puede eclipsarlo todo, porque antes del TEA, uno es persona. Y esto implica que,
independientemente del TEA, cada persona tiene su carácter, su sentido del humor,
sus intereses, sus sueños, sus deseos y sus proyectos en la vida.
individuales que hay que considerar en cada persona al margen del TEA, hay una serie
de características que normalmente funcionan de una forma destacada en estas
personas y que requieren de una especial atención, ya que muchas de las metodologías
de apoyo deben basarse en estas habilidades destacadas y pueden ayudar a compensar
aquellas áreas de mayor dificultad. Algunos modelos como el TEACCH han puesto el foco
Dentro de estas capacidades positivas en muchas de las personas con TEA destacamos:
Honestidad, sinceridad y lealtad.
Respeto y cumplimiento de normas.
Atención en los detalles.
Procesamiento lógico de la información.
Concentración en aquellos temas de su interés y responsabilidad.
Conocimiento extenso y exhaustivo sobre áreas de conocimiento.
Habilidades visuales y espaciales para el reconocimiento de imágenes y para su
memorización.
Buen funcionamiento en tareas rutinarias y repetitivas y entornos organizados por
largos períodos de tiempo.
En algunos casos, habilidades excepcionales (cálculo, música, etc.).
Desde que se comenzó a estudiar el autismo en los años 40, se ha intentado encontrar
una causa que pudiera dar una explicación certera al enigma de este trastorno, y que
pudiera ayudar a su cura y su mejora. En los primeros años, la influencia del psicoanálisis,
apoyado en sus teorías, centro sus esfuerzos en intentar explicar el autismo a partir de
las carencias afectivas de los niños/as con TEA y en las limitaciones de sus progenitores
Durante años se han buscado teorías que encontrasen el déficit cognitivo primario que
explicara el déficit en la aparición del TEA. Hasta el momento, ninguna de las teorías ha
conseguido explicar por sí sola el amalgama de síntomas propios de los TEA, ni se ha
conseguido valorar si la alteración primaria en alguna de las funciones en el desarrollo
podría desembocar en la alteración posterior de otras funciones de forma secundaria
(Garon, Bryson y Smith , 2008).
Figura 3. Clasificación Teorías Explicativas del Autismo. Fuente: Sigman, Spence y Wang, 2006.
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Muchos estudios posteriores han demostrado déficits tempranos en niños con TEA; en
ellos se observan varias características: imitan menos que los niños con desarrollo
normal, muestran dificultades para seguir la mirada y los gestos de señalar de otros y
para compartir su atención con los demás y se ocupan mucho menos en juegos
simbólicos. En el plano emocional se ha observado que rinden significativamente peor
en reconocimiento de emociones de las expresiones faciales y las voces de los otros.
Esto llevó a plantear a partir de los años 90 que los déficits sociales que aparecen a los 4
años, deberían ser asentados en el desarrollo de otras habilidades sociales básicas
anteriores. Algunas de las teorías explicativas del autismo en este ámbito son la teoría
de la intersubjetividad (Hobson, 1995). Hobson plantea que las dificultades sociales
aparecen de forma temprana en autismo, especialmente a través de las experiencias de
interacción recíproca que permiten, a través de las emociones y la acción, ir entendiendo
progresivamente el comportamiento y las emociones del adulto, en un primer momento
contagiándose de sus emociones (intesubjetividad primaria; en torno a los 6 meses de
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desarrollo), para luego pasar a compartir las emociones en relación a todo lo que les
rodea en su entorno (intersubjetividad secundaria, en torno a los 18 meses).
Otra de las teorías sociales, que identificaba síntomas tempranos sociales como base
para poder explicar las posteriores complejidades del autismo fue la teoría de la
Ningún estudio ha conseguido confirmar que los déficits sociales sean un déficit
específico del autismo, a pesar de que sea un criterio clave para el diagnóstico, y
expliquen parte de la heterogeneidad de síntomas, observándose otras limitaciones
como las funciones ejecutivas u otras formas de procesamiento de la información.
Las dos anteriores teorías intentaron profundizar en los puntos débiles y alteraciones de
las personas con TEA, sin embargo, no supieron dar explicaciones al perfil de puntos
fuertes y habilidades especiales que se presentan en algunas personas. Algunas personas
con TEA muestran una capacidad superior a la de otras muestras equiparadas en CI en la
resolución de puzles, tareas con figuras enmascaradas o tareas de construcción con
El conocimiento del autismo ha ido creciendo en los últimos años a nivel social. Los
medios de comunicación y las series televisivas han contribuido a hacer de este trastorno
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Figura 4. Número de estudios sobre autismo publicados por año. Fuente: Lai, Lombardo y Baron-Cohen, 2014.
Sin embargo, todavía son muchos los mitos y falsas creencias que rodean al autismo y
que siguen imponiéndose en algunos entornos, por lo que es necesario que exista una
estrategia proactiva comunicativa, por parte de las instituciones y de las entidades
representantes de las familias y las personas con TEA, que difunda de forma adecuada la
evidencia científica sobre el autismo y el conocimiento acumulado hasta la fecha actual.
Algunos de los principales mitos y falsas creencias que rodean todavía en la actualidad
al autismo son:
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Existencia de curas milagrosas. El autismo no tiene cura y, por tanto, hay que
desconfiar de cualquier propuesta que prometa su curación. A lo largo de los años se
ha avanzado enormemente en mejorar la calidad de vida y la participación de las
personas con TEA, pero las características propias del autismo, a pesar de que pueden
minimizar el impacto en la vida de la persona, le acompañan durante toda la vida de
una u otra forma.
Las personas con TEA se aíslan y no quieren participar. Estas personas disfrutan de
las relaciones sociales cuando estas se adaptan al ritmo, intensidad y anticipación
que ellos necesitan. En muchas ocasiones, las situaciones sociales en algunos
entornos pueden ser abrumadoras, y las personas no son capaces de entender las
claves sociales y pueden sentirse desbordados, lo que les hace buscar o preferir
entornos e interacciones más sencillas y predecibles.
Las personas con autismo no tienen sentimientos o sus emociones son planas. Las
personas con autismo sienten y tienen las mismas emociones que el resto de
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personas con TEA, pero muestra limitaciones para expresarlas o para poder
compartirlas socialmente.
Las personas con TEA no se comunican con las personas. Las personas con autismo
tienen menor iniciativa por comunicarse o desconocen las reglas sociales para poder
Todas las personas con TEA son genios y muestran algún tipo de habilidad especial
destacada. A pesar de que los intereses absorbentes hacen que las personas con TEA
tengan ámbitos de interés que dominan, solo un porcentaje pequeño muestran
habilidades excepcionales para algunas cuestiones como la música, el cálculo, etc.
Las personas con autismo son agresivas. Las personas con autismo pueden mostrar
altos niveles de ansiedad provocados por las dificultades de adaptación que muestran
en entornos sociales complejos o caóticos. Algunas de sus respuestas en estas
situaciones pueden ser extrañas o diferentes como respuesta a niveles de estrés.
Normalmente pueden ser formas de expresar su frustración ante la falta de
herramientas comunicativas para expresarlas de otra forma. En la medida en que los
entornos están adaptados y su ansiedad se reduce sus respuestas son totalmente
adaptadas al contexto.
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https://doi.org/10.1016/S0140-6736(97)11096-0
Este tema se adentra en las causas del autismo a nivel genético, las explicaciones
neurológicas y neuropsicológicas del autismo, así como los trastornos asociados que
aparecen vinculados a los TEA y cómo poder abordarlos, en algunos casos, a través
de la farmacología. Dentro de este contexto relacionado con las causas, se hace un
repaso a cómo podemos ir conociendo mejor aquellos factores que explican la alta
incidencia actual del autismo y cómo el perfil diverso del autismo se explica mediante
diferentes trastornos y condiciones que se asocian.
Las evidencias epidemiológicas han confirmado desde muy pronto que el autismo
tenía una influencia genética muy significativa. Desde las primeras descripciones del
autismo, así como en todos los estudios epidemiológicos, se ha venido confirmando
la presencia del autismo de forma mayoritaria en hombres frente a mujeres (en una
ratio de 4 hombres por cada mujer, o al menos de 3 hombres por cada mujer, según
los estudios actuales que destacan el infradiagnóstico del autismo en mujeres), lo que
ha venido a evidenciar una vinculación clara con la genética masculina. De igual
forma, se ha evidenciado una mayor probabilidad de aparición del autismo en
hermanos hasta un 10 o 15 % mayor que en el resto de la población ( Zwaigenbaum
y Margaret, 2015). Desde los años 70, algunos estudios también identificaron una
mayor probabilidad de presentar autismo en gemelos, y un incremento mayor si
estos son monocigóticos que dicigóticos, ya que los primeros comparten la misma
bolsa y por tanto hay mayor carga genética.
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Además, en los últimos años, se ha evidenciado cómo, además de que existan algunos
elementos vinculados a la heredabilidad del autismo (es decir, a los componentes
genéticos que pueden ser pasados de padres a hijos), muchas de las alteraciones
presentes en autismo son alteraciones genéticas que aparecen nuevas, y que no
están presentes en los progenitores, lo que se conoce como mutaciones de novo. La
aparición de estas mutaciones son explicadas por lo que se conoce como la
epigenética, o cómo los factores ambientales pueden influir en la expresión genética
individual en cada persona, y que altera la carga genética heredada por los
progenitores. Dentro de estos factores epigenéticos prenatales que han demostrado
poder influir en cambios en la genética de la persona que puedan provocar el
desarrollo de un TEA se han evidenciado (Forsberg et al., 2018):
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Metabolismo de la madre.
Infecciones severas.
Exposición a tóxicos.
Estrés oxidativo de las células.
Todos estos elementos son factores estudiados que pueden mostrar alguna relación,
aunque todavía son necesarios estudios que evidencien relaciones causales más
determinantes.
Son muchas las aplicaciones que tiene el avance en la investigación de la genética del
autismo, especialmente para poder avanzar en el diagnóstico genético temprano,
poder ajustar las intervenciones en función de perfiles genéticos y no solo
conductuales, así como poder plantear orientaciones y consejos genéticos. Esta
realidad ha planteado para muchos colectivos la oposición a avanzar por esta línea
de investigación orientada a poder identificar el autismo en pruebas prenatales,
defendiendo que el autismo es una condición del desarrollo y que, como tal, la ciencia
no debe buscar su curación o eliminación, si no poder reducir aquellos aspectos que
generan un impacto negativo en la calidad de vida de la persona.
El TEA muestra desarrollo cerebral atípico desde muy temprano, el cual ha sido
estudiado a diferentes niveles. Recientes estudios en niños pequeños con riesgo de
presentar autismo posteriormente (Hazlett et al., 2017), han venido a confirmar que
en torno a los 6 y 12 meses se observa una «hiperexpansión» de la corteza cerebral
que precede al posterior aumento del volumen cerebral que se observa entre los 12
y los 24 meses. No se conoce con precisión los mecanismos que explican esto, aunque
se ha postulado que podría deberse a una irregularidad del procesamiento que se
conoce como apoptosis. En el desarrollo, el cerebro tiene un exceso de neuronas en
un comienzo y conforme algunas de las neuronas, por su uso, comienzan a
especializarse, otras mueren y desaparecen, por lo que se produce una reducción del
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y Gullon-Scott, 2018).
Sin embargo, los estudios internacionales más recientes (Baxter et al., 2015) mantienen
un cierto acuerdo sobre que las cifras de prevalencia más razonables están en torno a
En nuestro país, existen dos estudios recientes de prevalencia que, por su rigor
metodológico, ofrecen uno de los primeros resultados fiables y significativos sobre la
prevalencia del autismo en España.
Estos datos plantean que el impacto que los TEA puedan tener a nivel de salud pública lo
convierte en una urgencia sanitaria y social, ya que compromete a muchas más personas
que otras enfermedades reconocidas y atendidas de forma integral en la sanidad pública.
El impacto que tiene el autismo en la persona y en la familia a lo largo de la vida es muy
significativo y supone una red de apoyos e intervenciones a lo largo de todas las etapas
del desarrollo que implican una necesidad de apoyo especializado adaptado a la persona,
y por tanto, un gasto significativo para las diferentes instituciones, así como para las
familias, que en muchas ocasiones tienen que cubrir muchos de los apoyos de forma
privada.
Algunos estudios actuales estiman el gasto de las personas con TEA: el gasto estimado
para un niño y un adolescente con autismo se considera entre 4 y 6 veces mayor que
el de un niño o adolescente sin autismo. Estudios en EE. UU. estiman el coste del apoyo
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a una persona con TEA a lo largo de la vida en un rango entre 3,5 y 5 millones de dólares
(Ganz, 2007). Estas cifras implicarían que para un país como el Reino Unido el gasto para
el apoyo y atención a todas las personas con TEA supondría 19 billones de libras (Brugha
et al., 2016), lo que supone un gasto mayor que el que requiere la atención del cáncer,
la enfermedad cerebrovascular y la enfermedad cardiaca junta.
Otro de los factores asociados son las alteraciones del lenguaje. En la última edición del
DSM 5, se consideró por primera vez que las alteración del lenguaje no era una
característica propia del autismo (hasta entonces sí que lo había sido, tanto un retraso
en el lenguaje, como un lenguaje repetitivo y estereotipado), ya que no todas las
personas con TEA presentan un retraso en la adquisición del lenguaje ni tampoco una
alteración en ninguno de los componentes formales del lenguaje. Lo que sí es
generalizado en todas las personas con TEA, y sí que es criterio diagnóstico, es el uso
social del lenguaje. Por tanto, cuando aparece un retraso del lenguaje, o bien alguna
alteración concreta del lenguaje a nivel de comprensión, fonológica o sintáctica, es
necesario que se evalúe y diagnostique de forma complementaria y que sea un
profesional especializado en el lenguaje, como un logopeda, quien lo haga.
De igual forma, también pueden aparecer asociados otros trastornos del desarrollo
asociados a trastornos del aprendizaje (en la lectura, en la escritura o en las
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matemáticas). En este ámbito, es de especial relevancia el caso del trastorno por déficit
de atención e hiperactividad. Ha sido a partir del DSM 5 cuando se ha planteado que su
diagnóstico debe plantearse además del TEA, si aparecen los síntomas, ya que
anteriormente no se permitía y se asumía que cualquier déficit en la atención o un exceso
de hiperactividad podrían estar explicados y condicionados por el TEA. Diferentes
Dentro del ámbito de los trastornos mentales, hay que ser muy conscientes de que el
TEA impone a la persona unas dificultades para participar en el entorno social que le
provoca intensos problemas de ansiedad y que, en muchas ocasiones, llega a afectar de
forma significativa a su estado de ánimo. Muchos son los estudios que en los últimos
años se están preocupando de forma específica de la salud mental y el bienestar
emocional de las personas con TEA, y se constata que más del 70 % de las personas con
TEA presentan un trastorno mental asociado, y hasta un 40 % presenta dos trastornos
mentales asociados. Como en el caso anterior, es fundamental su diagnóstico para poder
abordar la intervención de una manera específica, así como para poder tener estos
síntomas en cuenta de cara a comprender el comportamiento de la persona en los
diferentes contextos. Los estudios de comorbilidad destacan la presencia de diferentes
trastornos mentales asociados (Simonoff et al., 2008):
Trastorno de pánico en un 10 %.
Enuresis en un 11 %.
Período significativo de depresión o irritabilidad en un 10,9 %.
En el 50 % de los casos, muchos niños y niñas con TEA presentan, a diferentes niveles,
alteraciones del sueño, que tienen un impacto significativo en su bienestar físico y
emocional y en el de su familia. Los procedimientos de TEA normalmente incluyen la
realización de una prueba de EEG para poder determinar estas alteraciones
neurológicas.
Como hemos visto anteriormente, los TEA son un conjunto de trastornos del
neurodesarrollo que están influenciados por la genética. Cada vez vamos conociendo
más cómo algunas alteraciones genéticas y cromosómicas aumentan la
probabilidad de aparición del autismo, y lo condicionan (síndrome de Down,
síndrome de Turner, etc.), así como todas las alteraciones genéticas que implican
mutaciones de novo y que están relacionadas con la presencia de un TEA. Su
identificación y diagnóstico cada vez es más fiable, y esto permite explorar diferentes
opciones de intervención para ser capaces de valorar las diferentes trayectorias de
desarrollo, ajustar intervenciones farmacológicas en función del perfil genético o
establecer consejo genético a las familias. Actualmente, dentro de la mayoría de los
protocolos en nuestro país, se incluye la prueba de cariotipo para poder valorar las
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Otro de los síntomas para los que se utiliza la intervención farmacológica es para los
problemas de sueño, donde se han prescrito mejoras significativas con el uso de
Casi todas las guías de buena práctica plantean que la intervención farmacológica debe
ser considerada siempre y cuando no funcionen las intervenciones psicoeducativas a la
hora de poder reducir los diferentes síntomas. Los efectos secundarios que pueden tener
muchos medicamentos a largo plazo también deben ser tomados en consideración, así
como la habituación que se produce a determinados fármacos a lo largo del tiempo.
Nunca la intervención debe ser planteada como una opción a largo plazo, y se debe
incluir un horizonte para poder reducir su uso, en la medida en que otras intervenciones
menos invasivas y educativas pueden mostrar efectos positivos alternativos. Pero hay
que tener en cuenta que la intervención complementaria de la medicación,
complemento a la intervención psicoeducativa, en algunos momentos es recomendable
y positiva, también para que las intervenciones psicoeducativas puedan tener impacto
en la persona.
En la actualidad, se siguen desarrollando ensayos clínicos, cada vez más potentes, para
la identificación de nuevos fármacos más específicos y basados en evaluaciones más
individualizadas de la persona, a través del estudio genético, así como fármacos
orientados al impacto en conductas nucleares del autismo, todos ellos todavía en fases
de investigación preliminares, como, por ejemplo, el uso de oxitocina a través de aerosol
nasal, que pretende tener un impacto en aspectos nucleares del autismo como las
habilidades sociales.
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En este tema vamos a poder profundizar en la detección y diagnóstico de los TEA, las
buenas prácticas desarrolladas y la investigación de los últimos años que ha avanzado
en adelantar el diagnóstico en la edad de los niños y niñas.
En la Guía de buenas prácticas para la detección temprana en los TEA, elaborado por
el Grupo de Expertos en TEA del Instituto Carlos III del Ministerio de Sanidad
(Hernández et al., 2005), se hizo un estudio de la situación de la detección en nuestro
país mediante la información aportada por 646 familias de todo el ámbito nacional.
En este informe se destacó el significativo retraso que se estaba produciendo desde
las primeras sospechas de la familia hasta el definitivo diagnóstico.
En el caso de niños y niñas con trastorno autista, mientras que las familias, mostraban
sus primeras sospechas en relación al desarrollo atípico de sus hijos o hijas en torno
a los 22 meses (de media), no era hasta los 26 meses que se producía la detección
por parte de un profesional, y no se tenía un diagnóstico definitivo hasta los 52
meses. En los casos de un nivel 1 dentro del espectro del autismo (correspondiente a
diagnósticos en esos momentos de síndrome de Asperger o correspondientes a TEA
sin discapacidad intelectual asociada), mientras que las sospechas se producían a los
36 meses, la detección profesional no llegaba hasta los 44 meses, y el diagnóstico
definitivo hasta los 9 años y 6 meses.
Esta situación hacía urgente que se mejorase, por un lado, los mecanismos para
poder detectar de forma efectiva los TEA, y por el otro, cómo poder desarrollar
protocolos de actuación más efectivos desde la detección al diagnóstico. Durante
mucho tiempo, el diagnóstico era el punto de partida para comenzar una
intervención en todos los ámbitos (terapéutico, social y educativo), lo que retrasaba
considerablemente la posibilidad de iniciar una intervención adecuada.
Afortunadamente, en los últimos años, se está intentando garantizar la intervención
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Sin embargo, la posible detección de niños y niñas con TEA no debería ser realizada
simplemente por la intuición sobre algunas conductas puntuales, como las que
acabamos de mencionar, sino que las primeras sospechas y la presencia de algunas
conductas deberían orientar a la aplicación de sencillas pruebas de detección, donde
se han seleccionado preguntas a las familias sencillas sobre aquellas conductas que
para una edad concreta son más sensibles y significativas para poder identificar casos
en riegos de presentar un TEA.
Algunas pruebas se han desarrollado para valorar de una forma más precisa y
extensa el perfil socio-comunicativo, que como hemos comentado, es
evaluado de una forma muy parcial y limitada en los controles pediátricos.
Sin embargo, toda detección tiene que incluir finalmente la administración de una
prueba de detección específica de autismo, que es las que se han diseñado
especialmente para ello. Actualmente, la prueba utilizada en detección más utilizada
Dentro del ámbito de la investigación, las pruebas que con mayor frecuencia se están
utilizando para la detección precoz de los TEA (siempre en el contexto de la
investigación, ya que hasta los 18-24 meses la detección de los TEA no puede
realizarse con la suficiente fiabilidad) son el AOSI y el ESAT.
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La Escala para Niños para la Observación de Autismo (AOSI) que reflejan Bryson et. al
(2008) es una pequeña escala de observación diseñada para detectar y monitorizar
posibles signos tempranos de TEA entre los 6 y los 18 meses. Después de una
pequeña interacción con el niño o niña, el profesional utiliza un cuestionario para
Todos estos cuestionarios todavía están en vías de estudio y validación, así como cada
uno de los marcadores establecidos para poder determinar marcadores tempranos
para detectar TEA.
Algunos casos dentro de los TEA, normalmente del nivel 1 de las necesidades de
apoyo (y que hasta ahora han entrado en la categoría diagnóstica de asperger),
pueden pasar inadvertidos en estas escalas de detección, puesto que pueden adquirir
de forma normalizada algunas de estas conductas que valoran las pruebas de
detección tempranas, o que estas pruebas no valoran algunas dificultades cualitativas
sutiles que se muestran en las competencias que son valoradas. Para esto se han
diseñado algunas herramientas de detección que se utilizan para edades más
avanzadas, donde las dificultades sociales son más evidentes y donde se centran en
conductas observables en niños/as con capacidades cognitivas y habilidades del
lenguaje esperadas para su edad cronológica.
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Hay varias pruebas, pero una de ellas es el CAST documentado por Scott, Baron-
Cohen, Bolton y Brayne (2002), que se utiliza con niños y niñas de entre los 4 y los 11
años, mediante 37 ítems (sí/no). Se intenta evaluar áreas generales de socialización,
comunicación, juego, intereses y patrones de conducta repetitiva. Es actualmente la
El modelo experimental que más datos está aportando en estos últimos años,
permitiendo un control experimental total y una evaluación adecuada de las
conductas por parte de profesionales, son los estudios prospectivos de hermanos de
Balbuceo infrecuente
Varios artículos han destacado que es importante tomar en serio las sospechas
iniciales de los padres ya que en el 60 % de los casos son ellos quienes detectan las
dificultades, frente el 10 % de los casos que detectan los pediatras o el 7 % de
profesionales del sistema educativo (English y Essex, 2001).
Sin embargo, todavía siguen siendo habituales los casos que «escapan» a la detección
en los primeros meses de desarrollo y a los contextos sanitarios, y es en los contextos
educativos (escuelas infantiles de 0 a 6 años) donde se detectan los casos de TEA,
ya que, al comparar el comportamiento social de los niños entre ellos, es el
contexto donde más evidentes se hacen las alteraciones sociales y comunicativas.
En estos contextos, pueden ser los maestros de Educación Infantil, los maestros de
Pedagogía Terapéutica o Apoyo, los auxiliares técnicos educativos o los Equipos de
Orientación Educativa los encargados de diagnosticar esos casos. Además, estos
últimos son los encargados de realizar la evaluación con la familia y quienes se
encargan de recoger las sospechas del resto de profesionales para comunicárselo a
la familia. En España, en prácticamente todas las comunidades autónomas, existen
equipos de orientación específica de autismo que pueden encargarse de hacer las
evaluaciones más especializadas para el alumnado con TEA.
A partir de este momento, se produce una derivación a los Servicios de Salud Mental
Infantil, quienes realizan el proceso de diagnóstico, por parte de psicólogos clínicos o
psiquiatras adecuadamente capacitados para administrar las pruebas específicas
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Actualmente, existe una cierta controversia a nivel mundial sobre la mejor forma de
organizar los sistemas de detección para los TEA, teniendo en cuenta la necesidad de
asegurar una buena relación coste-beneficio. Existen pruebas eficaces, con buenos
niveles de sensibilidad y especificidad para la detección de los TEA, sin embargo, su
utilización generalizada a todos los niños y niñas en los controles de los niños en
pediatría supondría un gran coste, pero se aseguraría unos altos niveles de detección.
Por un lado, algunos grupos de investigación y Gobiernos son partidarios de su
utilización generalizada para asegurar la detección del mayor número de niños y
niñas con TEA posible (Duby y Johnson, 2009), mientras que otros grupos plantean
que, si se asegura una vigilancia rutinaria del desarrollo atendiendo a los aspectos
sociales y comunicativos, pueden detectarse aquellos niños y niñas susceptibles de
administrarles una prueba de detección específica de TEA (grupo de First Words). Sin
embargo, uno de los problemas actuales dentro de esta organización basada en la
vigilancia rutinaria del desarrollo es que no existen pruebas ni protocolos
adecuados que controlen los aspectos sociales y comunicativos tempranos en los
niños y niñas que son claves para la detección de los TEA.
Los sistemas de salud pública han realizado diferentes planteamientos para poder
garantizar una detección efectiva y eficiente del autismo dentro de la población. Sin
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duda, el objetivo es hacerlo de la manera más temprana y, por tanto, todos los esfuerzos
van orientados a poder garantizar la detección en aquellos dispositivos de salud pública
a los que acceda la población general como es la pediatría. Sin embargo, no existe
consenso en cuál es la estrategia más efectiva para la detección generalizada en la
población. Existen dos abordajes diferentes: por un lado, los grupos de investigación y
Sin embargo, de a cara a poder realizar una evaluación de las competencias y una
evaluación psicológica completa del desarrollo que se oriente hacia la intervención, la
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evaluación debe contemplar una exploración mucho más amplia de todas las áreas del
desarrollo. Además, algunas de las competencias y habilidades que están alteradas en
los TEA no son criterios para su diagnóstico y requieren de una evaluación en
profundidad, como, por ejemplo, las habilidades mentalistas, el uso y comprensión de
las emociones o los déficits en el área de la función ejecutiva.
Valorar todos sus intereses y motivaciones, así como las actividades a lo largo de los
primeros años y la posible aparición de conductas repetitivas o movimientos
estereotipados.
Dentro de las pruebas para la evaluación familiar, se requiere el haber realizado una
exploración del desarrollo temprano, pero es especialmente importante poder hacer
una exploración pormenorizada de aquellas habilidades relacionadas con los criterios
diagnósticos, a través de herramientas específicas para el diagnóstico. Aunque existen
cuestionarios y escalas que pueden ayudar en la comprensión de los ítems más
significativos (ABC, SCQ, u otros cuestionarios de detección), es importante utilizar
entrevistas semiestructuradas objetivas que permitan hacer un análisis
pormenorizado de las áreas diana para el diagnóstico.
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Para los niños mayores de 4 años (y con una edad mental estimada superior a los 2
años), se puede utilizar la prueba SCQ: Social Communication Questionnaire,
Cuestionario de Comunicación Social, disponible en dos formas: ciclo vital y actual, cada
una de ellas compuesta por 40 ítems. Ambas formas pueden ser contestadas
directamente por los familiares sin supervisión, como un cuestionario autorrellenable.
La forma del ciclo vital se centra en el desarrollo del niño y proporciona una puntuación
total, que se interpreta en relación a puntos de corte específicos para cada una de las
tres áreas afectación dentro de los TEA. La forma actual explora el comportamiento del
niño en los últimos 3 meses.
En cuanto a las pruebas para la exploración directa del niño, la prueba estandarizada de
referencia a nivel mundial es el ADOS-2 (Lord et al., 2016). Abarca desde los niños en
edad preescolar no verbales hasta adultos verbales, a través de la aplicación de 4
módulos, que se eligen en base al nivel de lenguaje expresivo. Su aplicación es a partir
de los 18 meses de edad mental. Es compatible con los criterios diagnósticos del DSM 5.
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En el nuevo contexto planteado por el trastorno del espectro del autismo y sus niveles
con diferentes necesidades de apoyo es imprescindible poder contar con herramientas
que permitan establecer claramente esos niveles. Aunque se ha avanzado en poder
utilizar las pruebas de diagnóstico actuales para establecer estos diferentes niveles, es
cierto que su funcionalidad para establecer esos niveles es limitado (Gotham, Pickles y
Lord, 2009).
Algunas pruebas son mucho más completas y comprensivas para poder hacer esta
evaluación y nos permite comprender de una forma más completa cómo se presenta el
espectro del autismo a lo largo de un continuo, sin embargo, una de ellas no está
adaptada a la población española (CARS 2) u otras no han sido sistematizadas para la
evaluación, como ha sido el Inventario del Espectro del Autismo (Rivière, 1997). Sin
embargo, a pesar del paso del tiempo y su falta de estandarización como herramienta de
evaluación, es una prueba que aporta una comprensión del espectro del autismo a lo
largo de 12 dimensiones, por uno de los investigadores más relevantes de la historia de
nuestro país, cuyas aportaciones siguen vigentes en la actualidad.
Hay muchas personas con TEA que muestra una discapacidad intelectual asociada
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En el caso de los trastornos específicos del desarrollo del lenguaje, existen evidentes
limitaciones para establecer un diagnóstico diferencial, pero es importante valorar el
área del lenguaje para valorar hasta qué punto el nivel de lenguaje es semejante al nivel
comunicativo no verbal y social. Para establecer este diagnóstico diferencial es
fundamental centrar el foco de atención en: las competencias de comunicación no
verbal (uso de la mirada, gestos comunicativos e integración de todas las estrategias
comunicativas), el uso de cualquier forma de comunicación en la interacción
(especialmente las limitaciones en conductas comunicativas orientadas a compartir los
intereses o las emociones de forma explícita, o la participación en conversaciones
recíprocas) y las dificultades sociales básicas (orientación social, afecto social, atención
conjunta, imitación, interacción social recíproca y desarrollo del juego simbólico).
Realizar una evaluación pormenorizada de todos estos componentes es clave para poder
determinar en qué medida la dificultad del niño está relacionada con el lenguaje, o está
relacionada más con dificultades socio-comunicativas.
TEA y en los que es difícil decidir en qué medida estos pueden parecer asociados o, por
el contrario, los síntomas que observamos pueden ser explicados por el otro trastorno.
Esto es especialmente relevante en relación a los siguientes diagnósticos:
El momento del diagnóstico para una familia es un proceso complejo que no siempre se
da en las mejores circunstancias y condiciones, pero que es clave para poder construir
una adecuada comprensión de las necesidades de su hijo/a así como la mejor forma de
poder prestarle el apoyo adecuado y de buscar los mejores recursos.
El reconocimiento del autismo por parte de una familia es un proceso difícil. Aunque,
como hemos visto con anterioridad, son normalmente las familias quienes primero se
dan cuentan de que el desarrollo de su hijo tiene una evolución diferente a lo esperado,
la confirmación de que eso puede suponer un trastorno del desarrollo no es sencillo,
puesto que las señales que aparecen son muy sutiles y no existe ningún signo físico ni
ninguna otra prueba médica que pueda advertir de un riesgo sobre el desarrollo.
volver algo complicado por la constante comparación con otros niños (por ejemplo, ir al
parque con el niño).
Esta situación hace que el diagnóstico, puede llegar ya en un momento en el que se han
acumulado en la familia una serie de inquietudes, inseguridades y sentimientos
Sin duda, además de por todos los beneficios que un diagnóstico precoz tiene en el niño
y el comienzo de una atención temprana, es crítico que se haga de una forma precoz
para poder minimizar todas las angustias y preocupaciones que acompañan a la familia
en los momentos en los que no tiene la información necesaria. Es cierto que el proceso
de diagnóstico, y la confirmación de un posible diagnóstico, es un proceso duro y
complejo, pero que es valorado de forma positiva por la familia, ya que da una
explicación a lo que sucede, todas las incógnitas sin respuesta comienzan a ser
despejadas y, probablemente lo más importante, elimina el sentimiento de culpa de la
familia que pudiera estar valorando que las dificultades de su hijo podrían ser provocadas
por falta de habilidades como familia para estimular del desarrollo de su hijo. El
diagnóstico por tanto tiene un impacto positivo, y previene que se pueda alargar en el
tiempo todo este tipo de pensamientos y sentimientos disfuncionales y desajustados.
Además, son muchos los elementos que el diagnóstico puede aportar a la familia:
Accede a las guías a través del aula virtual o desde la siguiente dirección web:
http://www.autismo.org.es/sites/default/files/gpc_462_autismo_lain_entr_pacient
e_sospecha.pdf
Todo esto tiene que estar orientado a poder asegurar que cualquier intervención y
apoyo tiene en cuenta también las variables que inciden en la calidad de vida familiar.
Para ello, existen escalas que permiten poder identificar aquellas áreas relevantes
para promover la calidad de vida en las familias y, por tanto, poder orientar mejor los
programas de apoyo y colaboración con las familias en base a las áreas que el modelo
propone:
Las escalas de calidad de vida familiar evalúan en el marco del modelo de calidad de
vida familiar las dimensiones claves. Dentro de estas escalas, encontramos dos que
son de referencia y que pueden apoyar en el proceso de diseño de acciones y planes
para acompañar a las familias de personas con TEA.
Por un lado la Escala de Calidad de Vida Familiar del INICO (Alonso, Aguilella y
Modinos, 2012) y la Escala de Calidad de Vida Familiar del grupo de Giné (Giné Giné
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et al., 2013).
Las dimensiones que son medidas por estas escalas se centran en 7 dimensiones:
Allés, R y Pons, A. (2010). Proceso asistencial trastorno del espectro autista. Junta de
Andalucía.
Barthelemy, C., Fuentes, J., Howlin, P., y Van de Gaar, R. (2019). Personas con
trastorno del espectro del autismo. Identificación, comprensión e intervención. En
Autismo Europa.
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Giné Giné, C., Vilaseca Momplet, R., Gràcia Garcia, M., Simón, C., Dalmau, M.,
Salvador Beltrán, F., Balcells-Balcells, A., Pro, M., Simó, D., Adam-Alcocer, A., Gonzalo
del Yerro, A., Cagigal, V., Mas Mestre, J. y Giné Giné, C. (2013). Las escalas de calidad
de vida familiar (cdvf-e). Apoyo y orientación para la intervención. 21–36.
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Gotham, K., Pickles, A. y Lord, C. (2009). Standardizing ADOS Scores for a Measure of
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Scott, F. J., Baron-Cohen, S., Bolton, P. y Brayne, C. (2002). The CAST (Childhood
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web]. https://autismocastillayleon.com/que-hacemos/iniciativas/familias/estres-y-
familias-de-personas-con-tea/
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del espectro del autismo. Identificación, comprensión e intervención. Autismo Europa.
https://www.autismeurope.org/wp-content/uploads/2020/02/People-with-Autism-
Spectrum-Disorder.pdf
Recurso para el seguimiento del desarrollo infantil, con una orientación hacia la
detección de dificultades en el desarrollo socio comunicativo y el trastorno del
espectro del autismo. El recurso ofrece, en castellano, hojas de desarrollo por meses
del niño entre los 0 y los 24 meses: https://babynavigator.com/scgc/
© Universidad Internacional de La Rioja (UNIR)
Kennedy Krieger Institute (13 de marzo de 2015). Tutorial de los Primeros Signos de los
Trastornos del Espectro Autista I Kennedy Krieger Institute. [Vídeo]. YouTube.
https://www.youtube.com/watch?v=Jkiz0pYqJ4k
En este vídeo, Rebeca Landa, una de las investigadoras mundiales más relevantes en
el desarrollo temprano de autismo y su detección precoz, explora las principales
señales de alerta y signos tempranos en TEA.
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2. ¿Cuál de las siguientes teorías ha sido capaz de explicar de una forma integral las
dificultades del trastorno del espectro del autismo?
A. Teoría de la mente, por ser el TEA un trastorno que compromete
fundamentalmente el área social.
B. Función ejecutiva, ya que parece ser que los primeros síntomas difusos en el
desarrollo que pueden justificar los déficits posteriores podrían ser dificultades
ejecutivas.
C. Coherencia central débil, porque explica de forma extensa el procesamiento
de la información de las personas con TEA.
D. Ninguna de las teorías actuales es capaz de dar una explicación a todo el
conjunto de síntomas ni a las causas de los TEA por sí sola.
5. En relación a lo que hoy en día entendemos por trastorno del espectro del
autismo:
A. Implica una comprensión dimensional de los diferentes perfiles que pueden
aparecer a lo largo de un espectro.
B. Ha sido la unión de los diagnósticos de autismo, Asperger y TGD no
especificado.
C. Permite establecer las necesidades de apoyo de cada persona a lo largo de 5
niveles.
D. Se realiza su diagnóstico a partir de 3 áreas fundamentales: social, lenguaje
y conductas repetitivas e intereses estereotipados.