003 Tema Filosofia y Ciencia
003 Tema Filosofia y Ciencia
INTRODUCCION
ciencia, lo primero que hay que advertir es que la noción de saber científico en una perspectiva histórica es
producto y resultado del pensamiento filosófico que intenta su propia definición. Por ser de igual origen que
filosófica, pues tal concepto de ciencia brota de la intención de dilucidar qué es filosofía y lograr un deslinde
respecto al mundo de lo viviente que se proyecta en el mito. Otra cosa es que ya en los comienzos del pensar
filosófico si bien en muchos casos se identificó el saber filosófico con la "episteme" también es cierto que la
filosofía se deslindó en su primera fase frente a la ciencia, teniendo a ésta como algo subordinado, pues por
encima de la episteme se hallaba la intuición filosófica. Sin embargo, la ciencia sigue siendo un concepto
Pero tal subordinación de la ciencia, que implica un primer distanciamiento y diferenciación, pone en
marcha un largo proceso de separación y emancipación de la ciencia, el cual tiene como consecuencia la
Durante muchos siglos la falta de diferenciación no ha parecido cosa grave: todavía es arduo separar lo
propiamente científico (sea cual fuere su valor actual) de lo propiamente filosófico en la Física de
Aristóteles, pero ello no nos dificulta más de lo razonable la comprensión de sus proposiciones acerca de la
Naturaleza. Pero a medida que se fueron organizando las llamadas ciencias particulares y se fue haciendo
más intenso lo que se ha calificado de movimiento -de autonomía primero y de independencia después- de
las ciencias, la distinción entre filosofía y ciencia se hizo más importante y urgente. El término de este
proceso se presenta a la vez como el final del carácter científico de la filosofía misma. Por eso cabe
preguntar si hoy la ciencia puede considerarse todavía como un concepto fundamental filosófico, o bien en la
perspectiva de la ciencia moderna, la filosofía ha de verse como reliquia de aquella forma de saber en que
ella se fundamentó originariamente con la noción "episteme": como resto del mito, de la fe, o de cualquier
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La pretensión de la filosofía de ser a la vez fundamento y lugar lógico de la reflexión científica, parece
de todos modos que en principio se ve cuestionada por la autointeligencia de las ciencias que se ha
desarrollado en la edad moderna. Por eso la pregunta pocas veces esclarecida, por la relación problemática
entre filosofía y ciencia, ha de cerciorarse de una noción de ciencia que sea adecuada al estado actual del
problema. Tal cercioramiento incluye un estudio del origen histórico del concepto de ciencia y del cambio de
su significación histórica, así como un análisis de las discusiones actuales y de sus posibilidades de construir
La historia de la idea de ciencia parece insinuar que un concepto de ciencia sólo puede lograrse por el
camino de una ciencia de la investigación, de una ciencia de la ciencia. Qué sea ciencia, probablemente
puede mostrarse sólo por la investigación científica misma. Sin duda la posición de una ciencia de la ciencia
(o metaciencia) en cuanto se ha introducido en el lugar de una reflexión filosófica del saber científico,
consuma así en el terreno teórico el proceso de emancipación de la ciencia respecto a la filosofía. En lugar de
la pregunta topológica por el lugar de la ciencia en el campo total del saber filosófico, aparece el problema
de si la reflexión filosófica en general puede tener todavía un lugar en la autointeligencia actual de la ciencia.
¿Deja la definición metacientífica de la ciencia espacio para preguntas filosóficas? ¿En esta perspectiva es
simplemente posible o todavía necesaria una metateoría filosófica del saber teorético y empírico? La
La perspectiva esbozada en esta introducción es la que será desarrollada a lo largo de nuestro tema,
pero quizás no deberíamos pasar alto una esquemática exposición de las tres respuestas típicas que se han
fía.
(1) La ciencia y la filosofía carecen de toda relación. (2) La ciencia y la filosofía están tan íntimamente
relacionadas entre sí que, de hecho son la misma cosa. (3) La ciencia y la filosofía mantienen entre sí
relaciones muy complejas. Vamos a señalar algunos argumentos en favor de cada una de estas posiciones.
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(1) (a) La ciencia progresa y nos informa cada vez más detalladamente de la realidad, mientras que la
filosofía no progresa porque es un incesante tejer y destejer de sistemas. (b) La ciencia es un modo de
conocer, mientras que la filosofía es un modo de vivir. (c) La ciencia se refiere al ser, la filosofía al deber
ser, o en general al valor. (d) La ciencia es conocimiento riguroso, la filosofía es concepción del mundo, así
mismo expresable mediante la religión o el arte. (e) La ciencia es conocimiento limitado, la filosofía conoci-
miento ilimitado. (f) La ciencia opera mediante experimentación, observación, inferencia y deducción, la
filosofía opera mediante intuición; a consecuencia de ello la ciencia se refiere sólo a lo fenoménico mientras
(2) (a) La filosofía no difiere con la ciencia más que por ser un estadio primitivo (o preliminar) de la
actividad científica: la filosofía es pues una fase de la ciencia. (b) La filosofía es una ciencia igual que las
otras en cuanto a la estructura de sus teorías, métodos usados y propósitos que la mueven. (c) Hay una
filosofía que no puede llamarse ciencia, porque no es más que expresión poética o concepción del mundo,
pero que por ello no puede calificarse seriamente de filosofía; la filosofía que merece tal nombre es una
ciencia que se ocupa de ciertos problemas principalmente lógicos o semióticos, el análisis de los cuales
(3) (a) La relación entre la filosofía y la ciencia es de índole histórica: la filosofía ha sido ha sido y
seguirá siendo la madre de las ciencias, por ser aquella disciplina que se ocupa de la formación de problemas
luego tomados por la ciencia para solucionarlos. (b) La filosofía es no sólo la madre de las ciencias en el
curso de la historia, sino la reina de las ciencias en todo instante, ya sea por conocer mediante el más alto
grado de abstracción, ya sea por ocuparse del ser en general, ya por tratar de los supuestos de las ciencias. (c)
La ciencia o las ciencias constituyen uno de los objetos de la filosofía al lado de otros, hay por ello una
conocimiento de las ciencias. (e) Las teorías científicas más comprensivas son, como hemos apuntado,
teorías de teorías; la filosofía puede ser considerada como una teoría de teoría de teorías. (f) La filosofía se
halla en relación de constante intercambio mutuo con la ciencia (proporciona a esta ciertos conceptos (o
análisis) mientras que ésta proporciona a aquella datos sobre los que desarrollar tales conceptos generales.
(g) La filosofía examina ciertos enunciados que la ciencia presupone, pero que no pertenecen al lenguaje de
la ciencia.
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Todos estos argumentos encuentran puntos de apoyo en la historia de la filosofía y de la ciencia; todo
depende del modo en que se interpreten los dato históricos. Pero es obvio que a su vez la interpretación de
los mismos depende de qué modo se esté entendiendo qué es filosofía y qué es ciencia. Este parece ser un
En la perspectiva clásica de las ideas, el proceso por el que las ciencias emigran de la filosofía puede
describirse, en forma ideal típica, como un proceso de transformación de la concepción clásica de la ciencia,
fundada por Aristóteles, en la idea moderna de ciencia como un sistema hipotético-deductivo de enunciados.
intelectuales, en el cual, frente a la imagen de los sectores lineales descrita por Platón, el planteamiento
(intellectus) y de la "sophia" (sapientia). Mientras que estos últimos, como saber supremo, representan una
intuición inmediata de lo absoluto, de los axiomas o principios de todo saber, la episteme es definida como
"habitus demostrandi de universalibus ac necesariis". Esta idea de ciencia se mantiene hasta el tiempo del
idealismo alemán, para el que todavía el conocimiento científico es conocimiento por principios. De todos
modos para Fichte, tanto el conocimiento de los principios como el conocimiento "a partir" de principios era
La unidad de filosofía y ciencia nunca se pone básicamente en cuestión hasta la muerte de Hegel.
Incluso la incipiente especialización de los distintos dominios del saber, tiene lugar hasta finales de la edad
media como una diferenciación interna. Las disciplinas, en la medida en que como la Matemática y la Física,
podían presentar una pretensión teórica, eran parte de la filosofía. Y en la medida en que perseguían una
intención meramente descriptiva, como era el caso de la Geografía y la Historia, quedaban relegadas a la
antesala de una empiria exenta de teoría, pero definidas precisamente por medio de esa relación negativa con
La ciencia en sentido clásico se presenta como un conjunto de verdades fundamentadas por principios
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últimos, como un sistema categórico-deductivo cuya verdad y validez se fundan en la evidencia inmediata de
los principios y la evidencia lógica de la deducción a partir de esos principios. Esta estructura de la idea
clásica de la ciencia se muestra como invariable, independientemente de que se entienda más subjetivamente,
como un hábito intelectual de conocimiento, o más objetivamente como un "conjunto de verdades generales
fundadas las unas en las otras" o como "un todo de verdades ordenadas".
Esta situación sólo cambia con la aparición de las ciencias modernas de la naturaleza, que al principio
pudieron concebirse a sí mismas todavía como "philosphia naturalis". Pero incluso frente a ellas la filosofía
no se repliega a los ámbitos meramente formales del saber o sobre los ámbitos complementarios que
constituyen la Etica, la Estética, o la Psicología, sino que empieza afirmando una pretensión de
fundamentación última para todo saber teórico, que es lo propio de la Metafísica: la filosofía es hasta bien
progreso del conocimiento que se alcanzó en la Física de la época de Kant lo consideró como un hecho
significativo, que tenía que interesar a los filósofos no como algo que ocurre en el mundo, sino como una
confirmación de las posibilidades cognoscitivas humanas. La Física de Newton no precisaba en primera línea
de una explicación empírica, sino de una explicación en el sentido de la respuesta trascendental a la cuestión
de cómo es posible el conocimiento experimental en general. "Trascendental" llama Kant a una investigación
que se centra en las condiciones a priori de la posibilidad de la experiencia. Y lo que le interesa mostrar es
que las condiciones de la experiencia posible son idénticas con las condiciones de la posibilidad de los
objetos de la experiencia. La primera tarea consiste, pues, en el análisis de nuestros conceptos, utilizados
siempre ya de forma intuitiva, de objetos en general. Este tipo de explicación tiene el carácter de una
reconstrucción no empírica de esas contribuciones previas de un sujeto cognoscente para las que no existe
alternativa alguna pues ninguna experiencia podrá ser pensada como posible bajo otros presupuestos.
Kant dió lugar, en este sentido, a una nueva disciplina: la teoría del conocimiento. El fundamentalismo
de tal teoría del conocimiento es lo que más adelante se pondrá en cuestión, pues si la filosofía se atribuye un
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conocimiento "antes" del conocimiento, pone entre sí y las ciencias una esfera de su propiedad e
incumbencia y ejerce en virtud de ella funciones de dominio. Al pretender aclarar de una vez por todas los
fundamentos de las ciencias y de definir los límites de lo experienciable, la filosofía es quien señala a las
ciencias su lugar.
Esto quedó cuestionado más adelante. La filosofía tuvo que abandonar frente a la Física su pretensión
de ser una ciencia de fundamentos tan pronto como quedó claro que sólo podía desarrollar y fundamentar
una cosmología siguiendo los resultados de la investigación en las ciencias de la naturaleza y no en virtud de
su propia competencia. La filosofía de la naturaleza de Hegel fue la última. En la Edad Moderna, la filosofía
había reaccionado ante la aparición de la ciencia moderna disfrazando sus pretensiones de fundamentación
última en forma de una teoría del conocimiento, pero después de Hegel, ya no fue posible defender a la
Si atendemos ahora a la propia noción de ciencia nos damos cuenta de que ésta cambia en el proceso
de transformación espiritual y social que se da en el tránsito de la edad media a la edad moderna. La crítica
nominalista del conocimiento, autoafirmación del hombre ante el absolutismo teológico, curiosidad teórica,
interés por el dominio práctico de la naturaleza, así como la disputa cosmológica con la imagen aristotélico-
"mecanización de la imagen del mundo", que persigue el interés de la autonomía del hombre y por su parte
proporciona y asegura esta autonomía. En la perspectiva de una historia de la idea de la ciencia, este proceso
puede describirse como una singular reorientación en lo que se refiere tanto a la base del saber científico
cerrada en sí hasta ahora, para dejar paso a la publicidad científica de la investigación; trueca el "status" de
erudito en el de investigador. A la vez surge con ello un ámbito cultural autónomo de la ciencia junto al arte,
la religión, y el Estado así como una diferenciación de las ciencias entre sí, ante la posible multiplicidad de
intereses de investigación y ante el enorme horizonte de temas investigables que abre la experiencia.
Por eso la moderna idea de ciencia puede caracterizarse desde tres puntos de vista: 1) en la perspectiva
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antropológica la ciencia se presenta como una actitud fundamental humana, que está fijada por los
lógico de la deducción y cuya base está referida a la experiencia intersubjetivamente comprobable (datos de
los sentidos, enunciados protocolares,etc..). La posible verdad de estos enunciados del sistema descansan en
como red de interacción de las instituciones sociales, como conjunto de un tráfico de la ciencia entrelazado
de múltiples maneras y con una multitud de disciplinas autónomas, cuyo aspecto común en el mejor de los
Esos rasgos se prepararon por las circunstancias descritas, pero sólo se pusieron en obra de manera
universal como consecuencia de la revolución industrial, guiada por la idea del dominio de la naturaleza; y ,
a través de esa revolución, las ciencias y el saber técnicamente aprovechable producido por ellas se han
convertido tendencialmente en fuerzas de producción del crecimiento y progreso sociales. Los rasgos
fundamentales mencionados desde el siglo XIX determinan casi en exclusiva la autointeligencia del saber
científico. Con la esbozada relevancia de la base experimental, la pregunta por lo que es ciencia está remitida
a hallazgos y hechos empíricamente comprobables. Por eso, también en este contexto, ya no están en el
punto central puros principios aprióricos, sino generalizaciones hipotéticas, que deben lograrse mediante el
Como consecuencia de su propia estructura, la ciencia moderna reclama para sí la pregunta por lo que
ella es, por su esencia, como un problema que debe resolverse exclusivamente con sus propios medios
científicos. La ciencia de la ciencia misma, que todavía en Fichte bajo el título de "doctrina de la ciencia"
sólo podía entenderse como filosofía trascendental del saber, es ahora exclusivamente tema de un proceso
de la ciencia de la ciencia (que englobaría una filosofía de la ciencia, psicología de la ciencia, sociología del
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En consecuencia, la pregunta por la relación entre filosofía y ciencia debe plantearse y abordarse como
pregunta por las posibilidades y los límites de una ciencia de la ciencia. ¿Cómo puede describirse el
complejo proceso de investigación de la ciencia de la ciencia? ¿Cómo se concibe más de cerca la ciencia
como el objeto de este proceso de investigación? ¿Qué lugar corresponde a la reflexión filosófica tanto en la
Hilo conductor de una respuesta a esta pregunta es la discusión actual sobre el tema de la ciencia y
sobre el posible cuestionamiento de una ciencia de la ciencia cuyo contenido está determinado por el hecho
de que, desde la segunda guerra mundial, tanto la supervivencia política como la biológica de las sociedades
industriales desarrolladas dependen en medida creciente del estado de la investigación científica y ésta, como
la fuerza decisiva de producción se ha hecho tema central de la planificación orientada políticamente. Bajo
este presupuesto no es de extrañar que no sólo la relación de investigación de la ciencia y filosofía sino
también -y sobre todo- la función de la filosofía en la sociedad, sean objetos de reflexión bajo la perspectiva
TAREA FILOSOFICA
La forma en que la filosofía ha definido su relación con la ciencia moderna ha sido también decisiva
para la evolución de la filosofía misma. Y ahora si retomamos la perspectiva histórica, para volver más
adelante con la situación de discusión actual, vemos como después de haberse desmoronado la filosofía
primera, incluso en su forma de teoría del conocimiento, esta última empezó a quedar desplazada desde
mediados del siglo XIX por la teoría de la ciencia. Pero aquí estamos entendiendo por teoría de la ciencia
una metodología cultivada en actitud cientifista, y por cientifismo, la fe de las ciencias en sí mismas, es decir
la convicción de que a la ciencia no podemos entenderla ya como una forma de conocimiento posible, sino
que hemos de identificar conocimiento y ciencia. Como vemos parece que a lo que asistimos es a una
inversión en la relación entre filosofía y ciencia respecto a aquella en la que la ciencia quedaba subordinada a
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la Filosofía Primera. Inversión radicalizada además por el hecho de que esta actitud cientifista es la tentativa
metateórica de las ciencias. Quienes hoy en día, aunque a un nivel de argumentación más sutil, prosiguen
hoy esta tentativa son aquellas escuelas de filosofía analítica que siguen ateniéndose a las intenciones básicas
Los representantes del Círculo de Viena fueron lo que expresaron con meridiana claridad lo que
supuso la irrupción de la ciencia moderna para la concepción de la filosofía misma. Como dice Ayer en
Lenguaje, Verdad y Lógica, "respecto a la relación de filosofía y ciencia empírica, está demostrado que el
filósofo no se encuentra en una posición que le permita suministrar verdades especulativas, que, si así fuese,
competirían con las hipótesis de la ciencia, ni tampoco de formular juicios a priori sobre la validez de las
teorías científicas, sino que su función es la de aclarar las proposiciones científicas, poniendo de manifiesto
sus relaciones lógicas y definiendo los símbolos que en ellas aparecen. Por consiguiente sostengo que no hay
pretendo comprobar esto facilitando una solución definitiva de los problemas que han sido las principales
Ayer se identifica así con los filósofos que componen el "círculo vienés", bajo la dirección de
M.Schlick, el cual en su artículo "El viraje de la Filosofía", nos cuenta que "Toda ciencia (en cuanto
referimos esta palabra al contenido y no a los dispositivos humanos para llegar a él), es un sistema de
conocimientos, esto es, de proposiciones empíricas verdaderas. Y la totalidad de las ciencias con inclusión de
los enunciados de la vida diaria, es el sistema de los conocimientos. No hay además de él, ningún dominio de
verdades "filosóficas". La filosofía no es un sistema de proposiciones, no es una ciencia" (p.62). Ahora bien
desde aquí se le está otorgando un nuevo papel a la filosofía: "La característica positiva del viraje del
presente, se halla en el hecho de que reconozcamos a la filosofía como un sistema de "actos" en lugar de un
enunciados: ésa es la filosofía. Por medio de la filosofía se aclaran las proposiciones, por medio de la ciencia
se verifican. A esta última le interesa la verdad de los enunciados, a la primera lo que realmente significan
(..) Esto fue correctamente conjeturado cuando se dijo que la filosofía proporcionaba a la vez base y cima del
edificio de la ciencia. Pero era un error suponer que la base estaba formada por "proposiciones filosóficas"
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(las proposiciones de la teoría del conocimiento) y coronadas por una cúpula de proposiciones filosóficas
"Si en tiempos antiguos, y en verdad hasta épocas recientes, la filosofía fue simplemente idéntica a
toda investigación científica puramente teórica, eso se debió al hecho de que la ciencia misma se encontraba
en una situación en la que consideraba que aclarar sus conceptos fundamentales era su tarea principal. La
emancipación de las ciencias principales de su madre común, la filosofía, indica que el significado de ciertos
conceptos fundamentales se había aclarado lo bastante para que fuese posible un fecundo trabajo ulterior con
ellos. Si en la actualidad, la ética y estética, y muchas veces también la psicología, son consideradas ramas de
la filosofía, esto representa un signo de que estas disciplinas aún no disponen de conceptos básicos
En resumen, el positivismo representa la actitud que tiende a reservar el nombre de "ciencia" a las
operaciones observables en la evolución de las ciencias modernas de la naturaleza, y que durante toda su
historia, ha dirigido en particular sus críticas contra los desarrollos metafísicos de toda clase, por tanto,
contra la reflexión que no puede fundamentar enteramente sus resultados sobre datos empíricos, o que
formulan sus juicios de modo que los datos empíricos no puedan nunca refutarlos.
La crítica positivista a la metafísica, depura, en efecto, por decirlo de algún modo, los abusos en los
que ha incurrido la filosofía, quedando cada vez más desacreditada como esfera aglutinante del saber
humano. La especialización del saber es un hecho que puede quedar expresado en la diferenciación en el
ámbito de la cultura de tres esferas -ciencia, arte, y moral y derecho- que funcionan autónomamente. Por
ello, la cuestión que ahora viene a plantearse es la de qué papel, si alguno, le queda por cumplir a la filosofía
En este punto retomamos la situación de discusión actual, donde parece que la relación entre filosofía
y ciencia ha de tratarse en el marco de una compleja teoría general de la ciencia (cultivada en actitud no
cientifista, en el sentido visto arriba), como problema de una investigación metacientífica de la estructura de
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la ciencia misma.
filosóficamente ha mostrado que todavía se atribuye a la reflexión filosófica una importancia central para la
definición del concepto de "ciencia", lo mismo que para el desarrollo de los procesos científicos de
investigación.
Bajo el título de una investigación metacientífica de la estructura inmanente de los sistemas científicos
de enunciados, se ha insinuado una interrelación no meramente externa entre filosofía y ciencia, que ahora
debemos perseguir, puesto que sólo la teoría de la ciencia entendida como metateoría -la cual pretende una
"reconstrucción racional del conocimiento científico"- está emparentada con la filosofía en virtud de su
carácter no empírico y se halla a la vez en condiciones de estudiar la estructura interna, los criterios y la
validez, de los enunciados científicos. En consecuencia, la exposición ulterior de la relación entre filosofía y
ciencia se mueve ante todo en el nivel de una metateoría que se plantea problemas y preguntas respecto a la
relación de base experiemental y teoría, entre enunciados singulares y generalizados, acerca del problema de
la historicidad de las teorías científicas, del progreso cognoscitivo de las ciencias, etc..
En esos problemas y preguntas puede mostrarse que la teoría de la ciencia como metateoría del saber
científico incluye, a partir del mundo inmanente de la ciencia, preguntas que hacen visible la dependencia
reflexivamente completo, y que son apropiadas para acreditar la filosofía, aunque en forma cambiada, como
Ahora bien, la metaciencia en cuanto examen de la estructura y función de la ciencia, tanto en la forma
de una "filosofía de la ciencia" como en la forma de lo que se ha llamado "ciencia de la ciencia", puede
tomar direcciones distintas y a veces, inclusive, contrapuestas de acuerdo con las ciencias y, sobre todo, los
cultivada por autores situados dentro de o próximos a, la filosofía analítica-, de una "metacienica dialéctica" -
cultivada por autores situados dentro del marxismo-, de una "metaciencia hermenéutica" -cultivada por
La "metaciencia analítica" ha alcanzado gran desarrollo dentro del neopositivismo, pero también en
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direcciones postpositivistas, a veces muy alejadas del positivismo del Circulo de Viena y escuelas afines. Ha
sido general inclinación de esta forma de metaciencia el examinar primariamente las ciencias naturales,
particularmente la Física y a menudo el intento de reducir las ciencias culturales -las llamadas "ciencias del
espíritu"- la sociología, la historia, etc.. a modelos correspondientes a las ciencias naturales, sobre todo a
modelos nomológicos. La "metaciencia dialéctica" 'sensu stricto' se ha inclinado a tomar como modelos las
ciencias sociales. La "metaciencia hermenéutica" ha tomado como modelo a las ciencias del espíritu,
generalmente distinguiendo entre éstas y las ciencias de la naturaleza. Ha habido por otro lado
combinaciones entre metacienica hermenéutica y mataciencia dialéctica hasta el punto de que se puede
Las investigaciones de historia de la ciencia llevadas a cabo por autores que sin ser o sin ser del todo
analíticos (como Kuhn, Hanson, y otros) han llevado a otros autores (Lakatos, especialmente Feyerabend) a
concepciones metacientíficas en las que pueden ocupar un lugar los métodos hermenéuticos (Gadamer, en
parte Ricoeur). Por otro lado, las investigaciones relativas a las ciencias sociales por parte de autores más o
menos próximos a una tradición dialéctica y, en todo caso, no hostiles completamente a métodos
desdibujado de este modo en parte la oposición entre metacienica analítica y m.hermenéutica; entre
metaciencia analítica y m.dialéctica. Ello no significa que no se pueda distinguir entre tendencias, quiere
decir que desde cada una de las citadas perspectivas es posible considerar problemas que las perspectivas
Podemos señalar tres círculos de problemas de los que se haría (o hace) cargo la filosofía en este
sentido.
(1) El primer círculo de problemas se refiere al concepto de experiencia, que se exige "en abstracto"
como posible instancia de comprobación intersubjetiva de enunciados científicos, pero no está fijado "en
matemático, para todas las ciencias experimentales se plantea el problema de qué tipo de experiencia puede o
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debe pensarse como base para la validez de enunciados. ¿Es la percepción interna o externa, la intuición, el
comprender? ¿Hemos de aceptar como base del conocimiento científico la experiencia hermenéutica o
En cuanto la teoría de la ciencia se fija en un tipo específico de experiencia, defiende ya una posición
filosófica que -si en general es posible de algún modo- sólo podría justificarse en un nivel de teoría del
conocimiento.
Bajo esta perspectiva, el problema tantas veces abordado de un método unitario de todas las ciencias
experiencia de la percepción externa, que es directivo de las ciencias naturales, de ningún modo puede
trasladarse a las ciencias sociales o históricas, en cuya inteligencia de sí mismas late una idea de objetividad
distinta de la de objetividad de la naturaleza, y con ello una base distinta de experiencia. Sólo una teoría del
conocimiento podría decidir sobre la validez exclusiva de una inteligencia de la experiencia o sobre la
(2) El segundo círculo de problemas, se refiere al análisis de la relación entre teoría y experiencia en
todas las ciencias. Hablamos de los problemas de la formación científica de conceptos y teorías y también el
significación empírica para términos teóricos y enunciados. Esas investigaciones afectan a la pregunta de la
lenguaje teorético no puede reducirse a lenguaje de observación. Pero si las teorías científicas no salen de
generalizaciones inductivas a partir de observaciones, y si por su parte las teorías en el mejor de los casos son
interpretables parcial e indirectamente, entonces hay que contar en ellas con un momento de construcción.
observación misma-, impregnado por ellos, entran momentos de estipulación y convención, se hace
problemática la idea ingenua de una posible falsación o confirmación aislada de términos o enunciados
teóricos por la experiencia o la observación. Por tanto la observación empírica a lo sumo puede referirse a
teorías en conjunto, mientras que a la inversa, una posible confirmación de teorías en el mejor de los casos
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(3) La inclusión de momentos convencionales en la teoría y en la base del saber científico remite al
transición inmanente de un análisis de teoría de la ciencia a una teoría filosófica del conocimiento. En virtud
de la diferencia puesta de manifiesto entre teoría y experiencia, puede pensarse la posibilidad de que sobre
un determinado ámbito de objetos se formulen varias teorías concurrentes cuya validez no puede depender
de una experiencia a su vez impregnada de teoría, sino que descansa primariamente en el reconocimiento del
marco teorético por parte de la "comunidad científica": en convenciones que incluyen un consenso sobre
estipulaciones casi apriorísticas. Por eso el estudio de la historia adquiere una importancia fundamental para
La historicidad del saber científico pone en tela de juicio el modelo estático de un análisis teorético-
Por otro lado, con la supresión de la diferencia cualitativa entre contexto de nacimiento (context of
entremezcla con preguntas de la historia de la ciencia. La ciencia no sólo tiene una validez hipotética en
cuanto al contenido, en lo relativo a los conocimientos particulares producidos por ella, sino que también en
la validez de sus estructuras vuelve a estar relativizada históricamente. Con el problema de las estructuras
racionalidad, que está como base en el análisis de la teoría de la ciencia, momentos ambos que se presentan
como estipulaciones contingentes y con ello mutables, se plantean las preguntas decisivas por el valor de la
lógica y del análisis lógico, así como el problema de la validez del saber científico, y no en último término la
Estos problemas y preguntas promueven la crítica del criticismo racional o del racionalismo crítico al
modelo clásico de la racionalidad, así como, en oposición a ello, los intentos constructivistas y pragmático-
trascendentales de una fundamentación normativa del saber científico. En todo caso se trata, metódica y
objetivamente, de planteamientos inmanentes al concepto de ciencia, que se dan a conocer como preguntas
genuinamente filosóficas.
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metodología de la ciencia se hace actual un ámbito genuino de problemática filosófica, que convierte de
fundamental del interés y de la reflexión filosóficos: donde se pretende como posible el análisis lógico del
saber científico con una actitud teorético-científica, el saber científico mismo está vinculado implícitamente
con la idea de la validez y la racionalidad demostrables. Ahora bien, como esta idea se muestra como un
presupuesto normativo, como una pretensión normativa, que ha de mantenerse invariable frente a las
Partiendo de los intentos (que se inician con la crisis de las ciencias naturales y de la matemática) de una
última fundamentación "práctica" de la lógica (Dingler), y en disputa con el programa de Lorenzen acerca de
una interpretación operativa de constantes lógicas y de leyes lógicas por reglas de diálogo, Hans Albert,
siguiendo el criticismo racional fundamentado por Popper, ha podido mostrar que una fundamentación
última a la manera del racionalismo clásico está condenada al fracaso. Su referencia al "trilema de
Münchhausen", según el cual todo intento de una fundamentación última debe conducir o bien a un círculo
lógico o bien a una regresión infinita, o bien a una interrupción arbitraria, parecía excluir toda posibilidad de
justificación del saber científico determinado por la lógica. Tanto la idea de la "comprobación crítica" que
aparece en el lugar del postulado de la fundamentación, como las leyes lógicas se han hecho así dependientes
Ahora bien, el intento de justificación de la idea misma de la comprobación crítica, incluye una
1
Creo que el tema puede acabar aquí, pero dejo lo que sigue por si
?
interesa.
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dimensión de la racionalidad y normatividad que ciertamente puede designarse por el principio de la
Esta situación se tiene en cuenta en el intento de P.Lorenzen, Kambartel, etc.. que fundamentan la
determinación del fin y procedimiento de las ciencias en forma operativa o constructivista desde la praxis del
hablar o de la acción racional. De acuerdo con este punto de partida la filosofía aparece como una ciencia
normativa, que se desarrolla en la lógica y en la ética y que está en condiciones de fijar los fundamentos del
pensamiento y de la acción humanos, incluidas las ciencias. ("La filosofía proporciona un fundamental
ortolenguaje para todas las ciencias y lo fundamenta en el contexto de nuestra vida"). Pero si de esta manera
la base de racionalidad y normatividad es la praxis real de un hablar y actuar humanos por lo menos en parte
ya racionales, la cual se prolonga constructivamente en una fundamentación del saber científico, entonces,
también en este contexto, en el mejor de los casos puede hablarse de una interpretación constructiva, sin caer
en un círculo de la lógica, la ética, y la teoría de la ciencia, pero no de una fundamentación última deductiva
en sentido estricto, cosa que con razón pone en tela de juicio el racionalismo crítico.
Por eso parece plausible formular de nuevo y seguir desarrollando la pregunta (a pesar de todo
necesaria) por el concepto y el procedimiento de una posible fundamentación de las estructuras normativas
del hablar humano, como una pregunta trascendental por las condiciones de posibilidad de la comunicación
y discusión racionales. En esta dirección van tanto las reflexiones de J.Habermas, orientadas al análisis de la
competencia comunicativa de socios ideales de diálogo, como también los análisis de un "a priori de la
comunidad de comunicación" de K.O.Apel, que siguen la intención de una filosofía trascendental con un
giro pragmático. Ni es aquí el lugar de perseguir las ramificadas discusiones entre criticismo,
perspectivas de los puntos de apoyo de Apel y Habermas. Sin embargo parece esencial en este contexto
destacar que los análisis pragmático-trascendentales, bien sea bajo el concepto de la "situación ideal de
quieren expresar un fundamento de inteligencia lingüística que es demostrable por reflexión trascendental y
no puede rechazarse, al cual cabe atribuir la función de una real fundamentación última -pero no deductiva,
sino reflexiva-, en el sentido de una anticipación (de la comunidad ideal de comunicación), que a la vez es
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Puesto que el concepto, central en este contexto, de una fundamentación última racional, que, sin
inmediatamente con el primero- de una reflexión trascendental, la posibilidad de decidir el problema de una
autofundamentación última, optando por ejemplo entre una concepción como la de Lorenzen o la de Apel,
dependerá esencialmente de que se logre explicar en su sentido la reflexión como una determinación
fundamental del saber humano, fundarla como método específicamente filosófico y mostrarla y explicarla
autofundamentación o del fundamento normativo de la ciencia tiene importancia para la relación entre
filosofía y ciencia. El intento de determinar el concepto de ciencia con exactitud progresiva, ha mostrado que
no sólo la ciencia de la ciencia y la metateoría del saber científico conducen a preguntas genuinamente
filosóficas de fundamentación y justificación para el saber científico en conjunto; sino además, que la
filosofía, contra lo esperado, a través de la teoría de la ciencia topa con problemas que se hallan, ya antes de
Con ello se hace visible una sorprendente inversión de la relación entre filosofía y ciencia en comparación
con la tradición clásica. El saber científico ya no es la explicación de una estructura de principios a la vez
formales y materiales, previamente dados por la filosofía; más bien la filosofía se ve obligada a explicar y
En este sentido la filosofía aparece como postulado necesario de la ciencia que se hace consciente de
su definición formal y de sus límites. Pero precisamente en ello la filosofía es todavía aunque de forma
modificada, "cognitio principiorum", reflexión y conocimiento de los principios formales, que de manera no
refleja se presuponen en las ciencias. De todos modos como disciplina que funda normativamente, aunque
sobrepasando en la lógica y la ética, el ámbito de las ciencias, no sólo competen para la consistencia del
concepto de ciencia, sino a la vez para la posible donación de sentido al saber científico, para la relación de
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filosófica "es en uno teoría de las ciencias y filosofía práctica" (Habermas). Se hace responsable de la validez
y del sentido del saber científico, y a la vez de la libertad del hombre para la ciencia y frente a la ciencia. Por
eso, aparte del influjo indiscutible, concedido en la metaciencia teorética del sistema, de las teorías
filosóficas sobre el proceso de la investigación científica,y más allá de una importancia heurística para la
formación científica de hipótesis, hay que afirmar una necesaria relación recíproca, inmanente a la estructura
del saber científico entre ciencia y reflexión filosófico-práctica. Precisamente la "intención humana", que
BIBLIOGRAFIA