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003 Tema Filosofia y Ciencia

Este documento explora la relación compleja entre la filosofía y la ciencia a lo largo de la historia. Originalmente, la filosofía englobaba a la ciencia, pero con el tiempo la ciencia se emancipó y diferenció de la filosofía. Existen tres posiciones típicas sobre su relación: 1) carecen de relación, 2) son lo mismo, 3) mantienen una relación compleja. La idea clásica de ciencia como verdad basada en principios se subordinaba a la filosofía, pero con el tiempo la ciencia moderna

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003 Tema Filosofia y Ciencia

Este documento explora la relación compleja entre la filosofía y la ciencia a lo largo de la historia. Originalmente, la filosofía englobaba a la ciencia, pero con el tiempo la ciencia se emancipó y diferenció de la filosofía. Existen tres posiciones típicas sobre su relación: 1) carecen de relación, 2) son lo mismo, 3) mantienen una relación compleja. La idea clásica de ciencia como verdad basada en principios se subordinaba a la filosofía, pero con el tiempo la ciencia moderna

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TEMA 3 FILOSOFIA Y CIENCIA

INTRODUCCION

Al intentar explicitar la relación -compleja y cambiante a lo largo de la historia-, entre filosofía y

ciencia, lo primero que hay que advertir es que la noción de saber científico en una perspectiva histórica es

producto y resultado del pensamiento filosófico que intenta su propia definición. Por ser de igual origen que

el concepto de filosofía, el concepto de "ciencia" pertenece a las nociones fundamentales de la reflexión

filosófica, pues tal concepto de ciencia brota de la intención de dilucidar qué es filosofía y lograr un deslinde

respecto al mundo de lo viviente que se proyecta en el mito. Otra cosa es que ya en los comienzos del pensar

filosófico si bien en muchos casos se identificó el saber filosófico con la "episteme" también es cierto que la

filosofía se deslindó en su primera fase frente a la ciencia, teniendo a ésta como algo subordinado, pues por

encima de la episteme se hallaba la intuición filosófica. Sin embargo, la ciencia sigue siendo un concepto

fundamental de la filosofía en cuanto aquella, como "cognitio ex principiis", posibilita el desarrollo

necesario de lo conocido en la intuición filosófica.

Pero tal subordinación de la ciencia, que implica un primer distanciamiento y diferenciación, pone en

marcha un largo proceso de separación y emancipación de la ciencia, el cual tiene como consecuencia la

transformación de su identidad originaria en una diferencia radical entre la filosofía y la ciencia.

Durante muchos siglos la falta de diferenciación no ha parecido cosa grave: todavía es arduo separar lo

propiamente científico (sea cual fuere su valor actual) de lo propiamente filosófico en la Física de

Aristóteles, pero ello no nos dificulta más de lo razonable la comprensión de sus proposiciones acerca de la

Naturaleza. Pero a medida que se fueron organizando las llamadas ciencias particulares y se fue haciendo

más intenso lo que se ha calificado de movimiento -de autonomía primero y de independencia después- de

las ciencias, la distinción entre filosofía y ciencia se hizo más importante y urgente. El término de este

proceso se presenta a la vez como el final del carácter científico de la filosofía misma. Por eso cabe

preguntar si hoy la ciencia puede considerarse todavía como un concepto fundamental filosófico, o bien en la

perspectiva de la ciencia moderna, la filosofía ha de verse como reliquia de aquella forma de saber en que

ella se fundamentó originariamente con la noción "episteme": como resto del mito, de la fe, o de cualquier

especie de concepción del mundo.

1
La pretensión de la filosofía de ser a la vez fundamento y lugar lógico de la reflexión científica, parece

de todos modos que en principio se ve cuestionada por la autointeligencia de las ciencias que se ha

desarrollado en la edad moderna. Por eso la pregunta pocas veces esclarecida, por la relación problemática

entre filosofía y ciencia, ha de cerciorarse de una noción de ciencia que sea adecuada al estado actual del

problema. Tal cercioramiento incluye un estudio del origen histórico del concepto de ciencia y del cambio de

su significación histórica, así como un análisis de las discusiones actuales y de sus posibilidades de construir

un concepto "científico" de ciencia.

La historia de la idea de ciencia parece insinuar que un concepto de ciencia sólo puede lograrse por el

camino de una ciencia de la investigación, de una ciencia de la ciencia. Qué sea ciencia, probablemente

puede mostrarse sólo por la investigación científica misma. Sin duda la posición de una ciencia de la ciencia

(o metaciencia) en cuanto se ha introducido en el lugar de una reflexión filosófica del saber científico,

consuma así en el terreno teórico el proceso de emancipación de la ciencia respecto a la filosofía. En lugar de

la pregunta topológica por el lugar de la ciencia en el campo total del saber filosófico, aparece el problema

de si la reflexión filosófica en general puede tener todavía un lugar en la autointeligencia actual de la ciencia.

¿Deja la definición metacientífica de la ciencia espacio para preguntas filosóficas? ¿En esta perspectiva es

simplemente posible o todavía necesaria una metateoría filosófica del saber teorético y empírico? La

respuesta dependerá de si el concepto general de ciencia desarrollado por la ciencia de la investigación

contiene ya en sí mismo o no una reflexión filosófica y de qué manera.

La perspectiva esbozada en esta introducción es la que será desarrollada a lo largo de nuestro tema,

pero quizás no deberíamos pasar alto una esquemática exposición de las tres respuestas típicas que se han

dado a la cuestión de la relación entre ciencia y filoso

fía.

(a) Tres respuestas típicas a la cuestión de la relación entre filosofía y ciencia.

Tres respuestas fundamentales son posibles al respecto:

(1) La ciencia y la filosofía carecen de toda relación. (2) La ciencia y la filosofía están tan íntimamente

relacionadas entre sí que, de hecho son la misma cosa. (3) La ciencia y la filosofía mantienen entre sí

relaciones muy complejas. Vamos a señalar algunos argumentos en favor de cada una de estas posiciones.

1
(1) (a) La ciencia progresa y nos informa cada vez más detalladamente de la realidad, mientras que la

filosofía no progresa porque es un incesante tejer y destejer de sistemas. (b) La ciencia es un modo de

conocer, mientras que la filosofía es un modo de vivir. (c) La ciencia se refiere al ser, la filosofía al deber

ser, o en general al valor. (d) La ciencia es conocimiento riguroso, la filosofía es concepción del mundo, así

mismo expresable mediante la religión o el arte. (e) La ciencia es conocimiento limitado, la filosofía conoci-

miento ilimitado. (f) La ciencia opera mediante experimentación, observación, inferencia y deducción, la

filosofía opera mediante intuición; a consecuencia de ello la ciencia se refiere sólo a lo fenoménico mientras

que la filosofía muerde sobre lo nouménico, etc..

(2) (a) La filosofía no difiere con la ciencia más que por ser un estadio primitivo (o preliminar) de la

actividad científica: la filosofía es pues una fase de la ciencia. (b) La filosofía es una ciencia igual que las

otras en cuanto a la estructura de sus teorías, métodos usados y propósitos que la mueven. (c) Hay una

filosofía que no puede llamarse ciencia, porque no es más que expresión poética o concepción del mundo,

pero que por ello no puede calificarse seriamente de filosofía; la filosofía que merece tal nombre es una

ciencia que se ocupa de ciertos problemas principalmente lógicos o semióticos, el análisis de los cuales

constituye un auxilio indispensable para el desarrollo de las demás ciencias.

(3) (a) La relación entre la filosofía y la ciencia es de índole histórica: la filosofía ha sido ha sido y

seguirá siendo la madre de las ciencias, por ser aquella disciplina que se ocupa de la formación de problemas

luego tomados por la ciencia para solucionarlos. (b) La filosofía es no sólo la madre de las ciencias en el

curso de la historia, sino la reina de las ciencias en todo instante, ya sea por conocer mediante el más alto

grado de abstracción, ya sea por ocuparse del ser en general, ya por tratar de los supuestos de las ciencias. (c)

La ciencia o las ciencias constituyen uno de los objetos de la filosofía al lado de otros, hay por ello una

filosofía de la ciencia como la hay de la religión,etc..(d) La filosofía es fundamentalmente la teoría del

conocimiento de las ciencias. (e) Las teorías científicas más comprensivas son, como hemos apuntado,

teorías de teorías; la filosofía puede ser considerada como una teoría de teoría de teorías. (f) La filosofía se

halla en relación de constante intercambio mutuo con la ciencia (proporciona a esta ciertos conceptos (o

análisis) mientras que ésta proporciona a aquella datos sobre los que desarrollar tales conceptos generales.

(g) La filosofía examina ciertos enunciados que la ciencia presupone, pero que no pertenecen al lenguaje de

la ciencia.

1
Todos estos argumentos encuentran puntos de apoyo en la historia de la filosofía y de la ciencia; todo

depende del modo en que se interpreten los dato históricos. Pero es obvio que a su vez la interpretación de

los mismos depende de qué modo se esté entendiendo qué es filosofía y qué es ciencia. Este parece ser un

círculo vicioso del que resulta difícil escapar.

CARACTERISTICAS DE LA IDEA "CLASICA" DE CIENCIA: VERDAD A PARTIR DE PRINCI PIOS

Y SU RELACION DE SUBORDINACION CON LA FILOSOFIA.

En la perspectiva clásica de las ideas, el proceso por el que las ciencias emigran de la filosofía puede

describirse, en forma ideal típica, como un proceso de transformación de la concepción clásica de la ciencia,

fundada por Aristóteles, en la idea moderna de ciencia como un sistema hipotético-deductivo de enunciados.

En su Etica a Nicómaco Aristóteles había desarrollado un frondoso sistema de actitudes espirituales e

intelectuales, en el cual, frente a la imagen de los sectores lineales descrita por Platón, el planteamiento

teorético de la "episteme"quedaba subordinado a las formas de comportamiento intelectual del "nous"

(intellectus) y de la "sophia" (sapientia). Mientras que estos últimos, como saber supremo, representan una

intuición inmediata de lo absoluto, de los axiomas o principios de todo saber, la episteme es definida como

"habitus demostrandi de universalibus ac necesariis". Esta idea de ciencia se mantiene hasta el tiempo del

idealismo alemán, para el que todavía el conocimiento científico es conocimiento por principios. De todos

modos para Fichte, tanto el conocimiento de los principios como el conocimiento "a partir" de principios era

un mismo conocimiento científico y a la vez filosófico.

La unidad de filosofía y ciencia nunca se pone básicamente en cuestión hasta la muerte de Hegel.

Incluso la incipiente especialización de los distintos dominios del saber, tiene lugar hasta finales de la edad

media como una diferenciación interna. Las disciplinas, en la medida en que como la Matemática y la Física,

podían presentar una pretensión teórica, eran parte de la filosofía. Y en la medida en que perseguían una

intención meramente descriptiva, como era el caso de la Geografía y la Historia, quedaban relegadas a la

antesala de una empiria exenta de teoría, pero definidas precisamente por medio de esa relación negativa con

la filosofía, a la que se consideraba como la ciencia propiamente dicha.

La ciencia en sentido clásico se presenta como un conjunto de verdades fundamentadas por principios

1
últimos, como un sistema categórico-deductivo cuya verdad y validez se fundan en la evidencia inmediata de

los principios y la evidencia lógica de la deducción a partir de esos principios. Esta estructura de la idea

clásica de la ciencia se muestra como invariable, independientemente de que se entienda más subjetivamente,

como un hábito intelectual de conocimiento, o más objetivamente como un "conjunto de verdades generales

fundadas las unas en las otras" o como "un todo de verdades ordenadas".

PROCESO DE EMANCIPACION DE LA CIENCIA, O DIFERENCIACION DE AMBITOS

Esta situación sólo cambia con la aparición de las ciencias modernas de la naturaleza, que al principio

pudieron concebirse a sí mismas todavía como "philosphia naturalis". Pero incluso frente a ellas la filosofía

no se repliega a los ámbitos meramente formales del saber o sobre los ámbitos complementarios que

constituyen la Etica, la Estética, o la Psicología, sino que empieza afirmando una pretensión de

fundamentación última para todo saber teórico, que es lo propio de la Metafísica: la filosofía es hasta bien

entrado el siglo XIX una ciencia de fundamentos.

Si recordamos, Kant, en efecto introdujo en la filosofía un nuevo modo de fundamentación. Al

progreso del conocimiento que se alcanzó en la Física de la época de Kant lo consideró como un hecho

significativo, que tenía que interesar a los filósofos no como algo que ocurre en el mundo, sino como una

confirmación de las posibilidades cognoscitivas humanas. La Física de Newton no precisaba en primera línea

de una explicación empírica, sino de una explicación en el sentido de la respuesta trascendental a la cuestión

de cómo es posible el conocimiento experimental en general. "Trascendental" llama Kant a una investigación

que se centra en las condiciones a priori de la posibilidad de la experiencia. Y lo que le interesa mostrar es

que las condiciones de la experiencia posible son idénticas con las condiciones de la posibilidad de los

objetos de la experiencia. La primera tarea consiste, pues, en el análisis de nuestros conceptos, utilizados

siempre ya de forma intuitiva, de objetos en general. Este tipo de explicación tiene el carácter de una

reconstrucción no empírica de esas contribuciones previas de un sujeto cognoscente para las que no existe

alternativa alguna pues ninguna experiencia podrá ser pensada como posible bajo otros presupuestos.

Kant dió lugar, en este sentido, a una nueva disciplina: la teoría del conocimiento. El fundamentalismo

de tal teoría del conocimiento es lo que más adelante se pondrá en cuestión, pues si la filosofía se atribuye un

1
conocimiento "antes" del conocimiento, pone entre sí y las ciencias una esfera de su propiedad e

incumbencia y ejerce en virtud de ella funciones de dominio. Al pretender aclarar de una vez por todas los

fundamentos de las ciencias y de definir los límites de lo experienciable, la filosofía es quien señala a las

ciencias su lugar.

Esto quedó cuestionado más adelante. La filosofía tuvo que abandonar frente a la Física su pretensión

de ser una ciencia de fundamentos tan pronto como quedó claro que sólo podía desarrollar y fundamentar

una cosmología siguiendo los resultados de la investigación en las ciencias de la naturaleza y no en virtud de

su propia competencia. La filosofía de la naturaleza de Hegel fue la última. En la Edad Moderna, la filosofía

había reaccionado ante la aparición de la ciencia moderna disfrazando sus pretensiones de fundamentación

última en forma de una teoría del conocimiento, pero después de Hegel, ya no fue posible defender a la

filosofía primera ni si quiera en esta posición de repliegue.

Si atendemos ahora a la propia noción de ciencia nos damos cuenta de que ésta cambia en el proceso

de transformación espiritual y social que se da en el tránsito de la edad media a la edad moderna. La crítica

nominalista del conocimiento, autoafirmación del hombre ante el absolutismo teológico, curiosidad teórica,

interés por el dominio práctico de la naturaleza, así como la disputa cosmológica con la imagen aristotélico-

medieval, caracterizan en toda su complejidad el ingreso en la modernidad. Iniciada y motivada por la

aparición de las ciencias experimentales, orientadas instrumental y matemáticamente, se produce una

"mecanización de la imagen del mundo", que persigue el interés de la autonomía del hombre y por su parte

proporciona y asegura esta autonomía. En la perspectiva de una historia de la idea de la ciencia, este proceso

puede describirse como una singular reorientación en lo que se refiere tanto a la base del saber científico

como a su ámbito de validez.

Esta reorientación de la idea de ciencia fundamenta también el cambio de la república de eruditos,

cerrada en sí hasta ahora, para dejar paso a la publicidad científica de la investigación; trueca el "status" de

erudito en el de investigador. A la vez surge con ello un ámbito cultural autónomo de la ciencia junto al arte,

la religión, y el Estado así como una diferenciación de las ciencias entre sí, ante la posible multiplicidad de

intereses de investigación y ante el enorme horizonte de temas investigables que abre la experiencia.

Por eso la moderna idea de ciencia puede caracterizarse desde tres puntos de vista: 1) en la perspectiva

1
antropológica la ciencia se presenta como una actitud fundamental humana, que está fijada por los

postulados de la distancia neutral, de la carencia de prejuicios, de la libertad valorativa, seriedad científica,

de la apertura para la crítica y la intersubjetividad. 2) Bajo la perspectiva formal-teorética, se establece como

un "condicional sistema hipotético-deductivo de enunciados", cuya estructura de orden satisface el principio

lógico de la deducción y cuya base está referida a la experiencia intersubjetivamente comprobable (datos de

los sentidos, enunciados protocolares,etc..). La posible verdad de estos enunciados del sistema descansan en

la verificación empírica y en la justificación lógica; su carácter de validez ya no es absoluto, sino hipotético.

3) En la perspectiva socio-cultural y material la ciencia moderna se realiza como un ámbito autónomo de

cultura multiformemente desplegado, como denominador común de múltiples procesos de investigación,

como red de interacción de las instituciones sociales, como conjunto de un tráfico de la ciencia entrelazado

de múltiples maneras y con una multitud de disciplinas autónomas, cuyo aspecto común en el mejor de los

casos se debe a la identidad de la estructura formal, ya no a la unidad de un principio material.

Esos rasgos se prepararon por las circunstancias descritas, pero sólo se pusieron en obra de manera

universal como consecuencia de la revolución industrial, guiada por la idea del dominio de la naturaleza; y ,

a través de esa revolución, las ciencias y el saber técnicamente aprovechable producido por ellas se han

convertido tendencialmente en fuerzas de producción del crecimiento y progreso sociales. Los rasgos

fundamentales mencionados desde el siglo XIX determinan casi en exclusiva la autointeligencia del saber

científico. Con la esbozada relevancia de la base experimental, la pregunta por lo que es ciencia está remitida

a hallazgos y hechos empíricamente comprobables. Por eso, también en este contexto, ya no están en el

punto central puros principios aprióricos, sino generalizaciones hipotéticas, que deben lograrse mediante el

análisis y la descripción en los procesos dados de la investigación.

Como consecuencia de su propia estructura, la ciencia moderna reclama para sí la pregunta por lo que

ella es, por su esencia, como un problema que debe resolverse exclusivamente con sus propios medios

científicos. La ciencia de la ciencia misma, que todavía en Fichte bajo el título de "doctrina de la ciencia"

sólo podía entenderse como filosofía trascendental del saber, es ahora exclusivamente tema de un proceso

autónomo y complejo de investigación, es objeto de una disciplina propia de la ciencia de la investigación o

de la ciencia de la ciencia (que englobaría una filosofía de la ciencia, psicología de la ciencia, sociología del

saber, problemas prácticos y de organización de la ciencia, problemas históricos).

1
En consecuencia, la pregunta por la relación entre filosofía y ciencia debe plantearse y abordarse como

pregunta por las posibilidades y los límites de una ciencia de la ciencia. ¿Cómo puede describirse el

complejo proceso de investigación de la ciencia de la ciencia? ¿Cómo se concibe más de cerca la ciencia

como el objeto de este proceso de investigación? ¿Qué lugar corresponde a la reflexión filosófica tanto en la

ciencia misma como en el ámbito de investigación de la ciencia de la ciencia?.

Hilo conductor de una respuesta a esta pregunta es la discusión actual sobre el tema de la ciencia y

sobre el posible cuestionamiento de una ciencia de la ciencia cuyo contenido está determinado por el hecho

de que, desde la segunda guerra mundial, tanto la supervivencia política como la biológica de las sociedades

industriales desarrolladas dependen en medida creciente del estado de la investigación científica y ésta, como

la fuerza decisiva de producción se ha hecho tema central de la planificación orientada políticamente. Bajo

este presupuesto no es de extrañar que no sólo la relación de investigación de la ciencia y filosofía sino

también -y sobre todo- la función de la filosofía en la sociedad, sean objetos de reflexión bajo la perspectiva

de la política de la ciencia, independientemente de su función especial respecto de las ciencias. (A ello

volveremos más adelante)

INFLUENCIA DEL MODERNO CONCEPTO DE CIENCIA EN LA AUTOCOMPRENSION DE LA

TAREA FILOSOFICA

La forma en que la filosofía ha definido su relación con la ciencia moderna ha sido también decisiva

para la evolución de la filosofía misma. Y ahora si retomamos la perspectiva histórica, para volver más

adelante con la situación de discusión actual, vemos como después de haberse desmoronado la filosofía

primera, incluso en su forma de teoría del conocimiento, esta última empezó a quedar desplazada desde

mediados del siglo XIX por la teoría de la ciencia. Pero aquí estamos entendiendo por teoría de la ciencia

una metodología cultivada en actitud cientifista, y por cientifismo, la fe de las ciencias en sí mismas, es decir

la convicción de que a la ciencia no podemos entenderla ya como una forma de conocimiento posible, sino

que hemos de identificar conocimiento y ciencia. Como vemos parece que a lo que asistimos es a una

inversión en la relación entre filosofía y ciencia respecto a aquella en la que la ciencia quedaba subordinada a

1
la Filosofía Primera. Inversión radicalizada además por el hecho de que esta actitud cientifista es la tentativa

de cultivar el monopolio cognoscitivo de la ciencia y de normar en este sentido incluso la comprensión

metateórica de las ciencias. Quienes hoy en día, aunque a un nivel de argumentación más sutil, prosiguen

hoy esta tentativa son aquellas escuelas de filosofía analítica que siguen ateniéndose a las intenciones básicas

del Círculo de Viena.

Los representantes del Círculo de Viena fueron lo que expresaron con meridiana claridad lo que

supuso la irrupción de la ciencia moderna para la concepción de la filosofía misma. Como dice Ayer en

Lenguaje, Verdad y Lógica, "respecto a la relación de filosofía y ciencia empírica, está demostrado que el

filósofo no se encuentra en una posición que le permita suministrar verdades especulativas, que, si así fuese,

competirían con las hipótesis de la ciencia, ni tampoco de formular juicios a priori sobre la validez de las

teorías científicas, sino que su función es la de aclarar las proposiciones científicas, poniendo de manifiesto

sus relaciones lógicas y definiendo los símbolos que en ellas aparecen. Por consiguiente sostengo que no hay

nada en la naturaleza de la filosofía que justifique la existencia de "escuelas" filosóficas en conflicto. Y

pretendo comprobar esto facilitando una solución definitiva de los problemas que han sido las principales

fuentes de controversia entre los filósofos en el pasado" (p.34).

Ayer se identifica así con los filósofos que componen el "círculo vienés", bajo la dirección de

M.Schlick, el cual en su artículo "El viraje de la Filosofía", nos cuenta que "Toda ciencia (en cuanto

referimos esta palabra al contenido y no a los dispositivos humanos para llegar a él), es un sistema de

conocimientos, esto es, de proposiciones empíricas verdaderas. Y la totalidad de las ciencias con inclusión de

los enunciados de la vida diaria, es el sistema de los conocimientos. No hay además de él, ningún dominio de

verdades "filosóficas". La filosofía no es un sistema de proposiciones, no es una ciencia" (p.62). Ahora bien

desde aquí se le está otorgando un nuevo papel a la filosofía: "La característica positiva del viraje del

presente, se halla en el hecho de que reconozcamos a la filosofía como un sistema de "actos" en lugar de un

sistema de conocimientos. La actividad mediante la cual se descubre o determina el sentido de los

enunciados: ésa es la filosofía. Por medio de la filosofía se aclaran las proposiciones, por medio de la ciencia

se verifican. A esta última le interesa la verdad de los enunciados, a la primera lo que realmente significan

(..) Esto fue correctamente conjeturado cuando se dijo que la filosofía proporcionaba a la vez base y cima del

edificio de la ciencia. Pero era un error suponer que la base estaba formada por "proposiciones filosóficas"

1
(las proposiciones de la teoría del conocimiento) y coronadas por una cúpula de proposiciones filosóficas

(llamadas metafísica)" (p.62).

"Si en tiempos antiguos, y en verdad hasta épocas recientes, la filosofía fue simplemente idéntica a

toda investigación científica puramente teórica, eso se debió al hecho de que la ciencia misma se encontraba

en una situación en la que consideraba que aclarar sus conceptos fundamentales era su tarea principal. La

emancipación de las ciencias principales de su madre común, la filosofía, indica que el significado de ciertos

conceptos fundamentales se había aclarado lo bastante para que fuese posible un fecundo trabajo ulterior con

ellos. Si en la actualidad, la ética y estética, y muchas veces también la psicología, son consideradas ramas de

la filosofía, esto representa un signo de que estas disciplinas aún no disponen de conceptos básicos

suficientemente claros(..)" (p.63).

En resumen, el positivismo representa la actitud que tiende a reservar el nombre de "ciencia" a las

operaciones observables en la evolución de las ciencias modernas de la naturaleza, y que durante toda su

historia, ha dirigido en particular sus críticas contra los desarrollos metafísicos de toda clase, por tanto,

contra la reflexión que no puede fundamentar enteramente sus resultados sobre datos empíricos, o que

formulan sus juicios de modo que los datos empíricos no puedan nunca refutarlos.

La crítica positivista a la metafísica, depura, en efecto, por decirlo de algún modo, los abusos en los

que ha incurrido la filosofía, quedando cada vez más desacreditada como esfera aglutinante del saber

humano. La especialización del saber es un hecho que puede quedar expresado en la diferenciación en el

ámbito de la cultura de tres esferas -ciencia, arte, y moral y derecho- que funcionan autónomamente. Por

ello, la cuestión que ahora viene a plantearse es la de qué papel, si alguno, le queda por cumplir a la filosofía

respecto a la esfera de la ciencia.

LA CIENCIA DE LA CIENCIA: AMBITO DE DISCUSION ACTUAL ACERCA DE LA RELACION

ENTRE FILOSOFIA Y CIENCIA

En este punto retomamos la situación de discusión actual, donde parece que la relación entre filosofía

y ciencia ha de tratarse en el marco de una compleja teoría general de la ciencia (cultivada en actitud no

cientifista, en el sentido visto arriba), como problema de una investigación metacientífica de la estructura de

1
la ciencia misma.

La breve mirada de conjunto a la discusión actual de la inteligencia de la ciencia, en la ciencia de la

ciencia políticamente interesada, en la metaciencia teórica del sistema, y en la metateoría orientada

filosóficamente ha mostrado que todavía se atribuye a la reflexión filosófica una importancia central para la

definición del concepto de "ciencia", lo mismo que para el desarrollo de los procesos científicos de

investigación.

Bajo el título de una investigación metacientífica de la estructura inmanente de los sistemas científicos

de enunciados, se ha insinuado una interrelación no meramente externa entre filosofía y ciencia, que ahora

debemos perseguir, puesto que sólo la teoría de la ciencia entendida como metateoría -la cual pretende una

"reconstrucción racional del conocimiento científico"- está emparentada con la filosofía en virtud de su

carácter no empírico y se halla a la vez en condiciones de estudiar la estructura interna, los criterios y la

validez, de los enunciados científicos. En consecuencia, la exposición ulterior de la relación entre filosofía y

ciencia se mueve ante todo en el nivel de una metateoría que se plantea problemas y preguntas respecto a la

relación de base experiemental y teoría, entre enunciados singulares y generalizados, acerca del problema de

la historicidad de las teorías científicas, del progreso cognoscitivo de las ciencias, etc..

En esos problemas y preguntas puede mostrarse que la teoría de la ciencia como metateoría del saber

científico incluye, a partir del mundo inmanente de la ciencia, preguntas que hacen visible la dependencia

del concepto de ciencia de la reflexión filosófica, en lo tocante a su normatividad, y a su posible carácter

reflexivamente completo, y que son apropiadas para acreditar la filosofía, aunque en forma cambiada, como

"cognitio principiorum" frente al conocimiento científico como "cognitio ex principiis".

Ahora bien, la metaciencia en cuanto examen de la estructura y función de la ciencia, tanto en la forma

de una "filosofía de la ciencia" como en la forma de lo que se ha llamado "ciencia de la ciencia", puede

tomar direcciones distintas y a veces, inclusive, contrapuestas de acuerdo con las ciencias y, sobre todo, los

tipos de ciencia primariamente considerados. Se ha hablado al respecto de una "metaciencia analítica" -

cultivada por autores situados dentro de o próximos a, la filosofía analítica-, de una "metacienica dialéctica" -

cultivada por autores situados dentro del marxismo-, de una "metaciencia hermenéutica" -cultivada por

autores que han adoptado métodos de comprensión y en general de interpretación-.

La "metaciencia analítica" ha alcanzado gran desarrollo dentro del neopositivismo, pero también en

1
direcciones postpositivistas, a veces muy alejadas del positivismo del Circulo de Viena y escuelas afines. Ha

sido general inclinación de esta forma de metaciencia el examinar primariamente las ciencias naturales,

particularmente la Física y a menudo el intento de reducir las ciencias culturales -las llamadas "ciencias del

espíritu"- la sociología, la historia, etc.. a modelos correspondientes a las ciencias naturales, sobre todo a

modelos nomológicos. La "metaciencia dialéctica" 'sensu stricto' se ha inclinado a tomar como modelos las

ciencias sociales. La "metaciencia hermenéutica" ha tomado como modelo a las ciencias del espíritu,

generalmente distinguiendo entre éstas y las ciencias de la naturaleza. Ha habido por otro lado

combinaciones entre metacienica hermenéutica y mataciencia dialéctica hasta el punto de que se puede

hablar de una metacienica dialéctico-hermenéutica.

Las investigaciones de historia de la ciencia llevadas a cabo por autores que sin ser o sin ser del todo

analíticos (como Kuhn, Hanson, y otros) han llevado a otros autores (Lakatos, especialmente Feyerabend) a

concepciones metacientíficas en las que pueden ocupar un lugar los métodos hermenéuticos (Gadamer, en

parte Ricoeur). Por otro lado, las investigaciones relativas a las ciencias sociales por parte de autores más o

menos próximos a una tradición dialéctica y, en todo caso, no hostiles completamente a métodos

hermenéuticos (Habermas), han llevado a replantearse la cuestión de la metaciencia en su totalidad. Se ha

desdibujado de este modo en parte la oposición entre metacienica analítica y m.hermenéutica; entre

metaciencia analítica y m.dialéctica. Ello no significa que no se pueda distinguir entre tendencias, quiere

decir que desde cada una de las citadas perspectivas es posible considerar problemas que las perspectivas

supuestamente opuestas entre sí han planteado.

PROBLEMAS TRATADOS EN LA METACIENCIA

Podemos señalar tres círculos de problemas de los que se haría (o hace) cargo la filosofía en este

sentido.

(1) El primer círculo de problemas se refiere al concepto de experiencia, que se exige "en abstracto"

como posible instancia de comprobación intersubjetiva de enunciados científicos, pero no está fijado "en

concreto". Si prescindimos del problema de la verificabilidad de nexos de conocimiento lógico o

matemático, para todas las ciencias experimentales se plantea el problema de qué tipo de experiencia puede o

1
debe pensarse como base para la validez de enunciados. ¿Es la percepción interna o externa, la intuición, el

comprender? ¿Hemos de aceptar como base del conocimiento científico la experiencia hermenéutica o

fenomenológica de la esencia, o la pura intuición, o el puro pensamiento, o incluso la intuición intelectual?.

En cuanto la teoría de la ciencia se fija en un tipo específico de experiencia, defiende ya una posición

filosófica que -si en general es posible de algún modo- sólo podría justificarse en un nivel de teoría del

conocimiento.

Bajo esta perspectiva, el problema tantas veces abordado de un método unitario de todas las ciencias

alcanza un peculiar esclarecimiento: en una posición de teoría de la ciencia y metodología, el concepto de

experiencia de la percepción externa, que es directivo de las ciencias naturales, de ningún modo puede

trasladarse a las ciencias sociales o históricas, en cuya inteligencia de sí mismas late una idea de objetividad

distinta de la de objetividad de la naturaleza, y con ello una base distinta de experiencia. Sólo una teoría del

conocimiento podría decidir sobre la validez exclusiva de una inteligencia de la experiencia o sobre la

posibilidad de diversos ámbitos de objetos.

(2) El segundo círculo de problemas, se refiere al análisis de la relación entre teoría y experiencia en

todas las ciencias. Hablamos de los problemas de la formación científica de conceptos y teorías y también el

de la relación entre lenguaje científico y teórico y el de la observación, o la problemática de Carnap de la

significación empírica para términos teóricos y enunciados. Esas investigaciones afectan a la pregunta de la

validez de teorías, y en ellas se comprueba el fracaso de la idea de significancia y se demuestra que el

lenguaje teorético no puede reducirse a lenguaje de observación. Pero si las teorías científicas no salen de

generalizaciones inductivas a partir de observaciones, y si por su parte las teorías en el mejor de los casos son

interpretables parcial e indirectamente, entonces hay que contar en ellas con un momento de construcción.

Tanto en la construcción de conceptos teóricos como en el lenguaje de la observación -o en la

observación misma-, impregnado por ellos, entran momentos de estipulación y convención, se hace

problemática la idea ingenua de una posible falsación o confirmación aislada de términos o enunciados

teóricos por la experiencia o la observación. Por tanto la observación empírica a lo sumo puede referirse a

teorías en conjunto, mientras que a la inversa, una posible confirmación de teorías en el mejor de los casos

puede lograrse por la generalización de la totalidad de los datos empíricos obtenidos.

1
(3) La inclusión de momentos convencionales en la teoría y en la base del saber científico remite al

tercer círculo de problemas, el de la historicidad de la ciencia, donde puede mostrarse igualmente la

transición inmanente de un análisis de teoría de la ciencia a una teoría filosófica del conocimiento. En virtud

de la diferencia puesta de manifiesto entre teoría y experiencia, puede pensarse la posibilidad de que sobre

un determinado ámbito de objetos se formulen varias teorías concurrentes cuya validez no puede depender

de una experiencia a su vez impregnada de teoría, sino que descansa primariamente en el reconocimiento del

marco teorético por parte de la "comunidad científica": en convenciones que incluyen un consenso sobre

estipulaciones casi apriorísticas. Por eso el estudio de la historia adquiere una importancia fundamental para

la teoría misma de la ciencia.

La historicidad del saber científico pone en tela de juicio el modelo estático de un análisis teorético-

cognoscitivo de sistemas de conceptos que proceda lógico-analíticamente.

Por otro lado, con la supresión de la diferencia cualitativa entre contexto de nacimiento (context of

discovery) y contexto de justificación (context of justification), de nuevo la teoría de la ciencia se

entremezcla con preguntas de la historia de la ciencia. La ciencia no sólo tiene una validez hipotética en

cuanto al contenido, en lo relativo a los conocimientos particulares producidos por ella, sino que también en

la validez de sus estructuras vuelve a estar relativizada históricamente. Con el problema de las estructuras

invariantes de la ciencia presupuestas en la metateoría, y con la pregunta por el presupuesto normativo de la

racionalidad, que está como base en el análisis de la teoría de la ciencia, momentos ambos que se presentan

como estipulaciones contingentes y con ello mutables, se plantean las preguntas decisivas por el valor de la

lógica y del análisis lógico, así como el problema de la validez del saber científico, y no en último término la

problemática de una justificación del postulado de la fundamentación.

Estos problemas y preguntas promueven la crítica del criticismo racional o del racionalismo crítico al

modelo clásico de la racionalidad, así como, en oposición a ello, los intentos constructivistas y pragmático-

trascendentales de una fundamentación normativa del saber científico. En todo caso se trata, metódica y

objetivamente, de planteamientos inmanentes al concepto de ciencia, que se dan a conocer como preguntas

genuinamente filosóficas.

De esta manera, persiguiendo temas de teoría de la ciencia, en la lógica metateórica de la ciencia y la

1
metodología de la ciencia se hace actual un ámbito genuino de problemática filosófica, que convierte de

nuevo la configuración de la ciencia en problema de autodefinción de la filosofía, en un concepto

fundamental del interés y de la reflexión filosóficos: donde se pretende como posible el análisis lógico del

saber científico con una actitud teorético-científica, el saber científico mismo está vinculado implícitamente

con la idea de la validez y la racionalidad demostrables. Ahora bien, como esta idea se muestra como un

presupuesto normativo, como una pretensión normativa, que ha de mantenerse invariable frente a las

posibles estipulaciones histórico-contingentes, se plantea la pregunta fundamental de si esta idea -latente en

el saber científico- de una argumentación y fundamentación racionales puede o no fundarse normativamente

por obra de la filosofía misma.1

FUNDAMENTO NORMATIVO DE LA CIENCIA: CRITICISMO, CONSTRUCTIVISMO, Y

PRAGMATICA UNIVERSAL TRASCENDENTAL

La discusión actual en torno a la posibilidad y determinación de un fundamento normativo de la

ciencia, se mueve alrededor de puntos de apoyo criticistas, constructivistas, y trascendental- pragmáticos.

Partiendo de los intentos (que se inician con la crisis de las ciencias naturales y de la matemática) de una

última fundamentación "práctica" de la lógica (Dingler), y en disputa con el programa de Lorenzen acerca de

una interpretación operativa de constantes lógicas y de leyes lógicas por reglas de diálogo, Hans Albert,

siguiendo el criticismo racional fundamentado por Popper, ha podido mostrar que una fundamentación

última a la manera del racionalismo clásico está condenada al fracaso. Su referencia al "trilema de

Münchhausen", según el cual todo intento de una fundamentación última debe conducir o bien a un círculo

lógico o bien a una regresión infinita, o bien a una interrupción arbitraria, parecía excluir toda posibilidad de

justificación del saber científico determinado por la lógica. Tanto la idea de la "comprobación crítica" que

aparece en el lugar del postulado de la fundamentación, como las leyes lógicas se han hecho así dependientes

de una decisión irracional.

Ahora bien, el intento de justificación de la idea misma de la comprobación crítica, incluye una
1
Creo que el tema puede acabar aquí, pero dejo lo que sigue por si
?

interesa.

1
dimensión de la racionalidad y normatividad que ciertamente puede designarse por el principio de la

comprobación crítica, pero no comprenderse explícitamente.

Esta situación se tiene en cuenta en el intento de P.Lorenzen, Kambartel, etc.. que fundamentan la

determinación del fin y procedimiento de las ciencias en forma operativa o constructivista desde la praxis del

hablar o de la acción racional. De acuerdo con este punto de partida la filosofía aparece como una ciencia

normativa, que se desarrolla en la lógica y en la ética y que está en condiciones de fijar los fundamentos del

pensamiento y de la acción humanos, incluidas las ciencias. ("La filosofía proporciona un fundamental

ortolenguaje para todas las ciencias y lo fundamenta en el contexto de nuestra vida"). Pero si de esta manera

la base de racionalidad y normatividad es la praxis real de un hablar y actuar humanos por lo menos en parte

ya racionales, la cual se prolonga constructivamente en una fundamentación del saber científico, entonces,

también en este contexto, en el mejor de los casos puede hablarse de una interpretación constructiva, sin caer

en un círculo de la lógica, la ética, y la teoría de la ciencia, pero no de una fundamentación última deductiva

en sentido estricto, cosa que con razón pone en tela de juicio el racionalismo crítico.

Por eso parece plausible formular de nuevo y seguir desarrollando la pregunta (a pesar de todo

necesaria) por el concepto y el procedimiento de una posible fundamentación de las estructuras normativas

del hablar humano, como una pregunta trascendental por las condiciones de posibilidad de la comunicación

y discusión racionales. En esta dirección van tanto las reflexiones de J.Habermas, orientadas al análisis de la

competencia comunicativa de socios ideales de diálogo, como también los análisis de un "a priori de la

comunidad de comunicación" de K.O.Apel, que siguen la intención de una filosofía trascendental con un

giro pragmático. Ni es aquí el lugar de perseguir las ramificadas discusiones entre criticismo,

constructivismo y trascendental pragmática universal, ni pueden explicarse suficientemente las diversas

perspectivas de los puntos de apoyo de Apel y Habermas. Sin embargo parece esencial en este contexto

destacar que los análisis pragmático-trascendentales, bien sea bajo el concepto de la "situación ideal de

habla" bien bajo el de un "juego lingüístico trascendental de la comunidad trascendental de comunicación",

quieren expresar un fundamento de inteligencia lingüística que es demostrable por reflexión trascendental y

no puede rechazarse, al cual cabe atribuir la función de una real fundamentación última -pero no deductiva,

sino reflexiva-, en el sentido de una anticipación (de la comunidad ideal de comunicación), que a la vez es

operante "en concreto".

1
Puesto que el concepto, central en este contexto, de una fundamentación última racional, que, sin

embargo, lógicamente no es ni deductiva ni operativa, presupone el esclarecimiento del concepto -vinculado

inmediatamente con el primero- de una reflexión trascendental, la posibilidad de decidir el problema de una

autofundamentación última, optando por ejemplo entre una concepción como la de Lorenzen o la de Apel,

dependerá esencialmente de que se logre explicar en su sentido la reflexión como una determinación

fundamental del saber humano, fundarla como método específicamente filosófico y mostrarla y explicarla

consistentemente como presupuesto de sistemas lingüísticos lo mismo sintácticos que semánticos.

Aunque en nuestro contexto no pueda discutirse este problema extensamente ni decidirse,

destaquemos, sin embargo, que la perspectiva contenida en la problemática filosófica esbozada de la

autofundamentación o del fundamento normativo de la ciencia tiene importancia para la relación entre

filosofía y ciencia. El intento de determinar el concepto de ciencia con exactitud progresiva, ha mostrado que

no sólo la ciencia de la ciencia y la metateoría del saber científico conducen a preguntas genuinamente

filosóficas de fundamentación y justificación para el saber científico en conjunto; sino además, que la

filosofía, contra lo esperado, a través de la teoría de la ciencia topa con problemas que se hallan, ya antes de

la fundamentación especial de la ciencia, en el ámbito del pensamiento y de la acción racionales en general.

Con ello se hace visible una sorprendente inversión de la relación entre filosofía y ciencia en comparación

con la tradición clásica. El saber científico ya no es la explicación de una estructura de principios a la vez

formales y materiales, previamente dados por la filosofía; más bien la filosofía se ve obligada a explicar y

resolver los problemas estructurales de la ciencia moderna.

En este sentido la filosofía aparece como postulado necesario de la ciencia que se hace consciente de

su definición formal y de sus límites. Pero precisamente en ello la filosofía es todavía aunque de forma

modificada, "cognitio principiorum", reflexión y conocimiento de los principios formales, que de manera no

refleja se presuponen en las ciencias. De todos modos como disciplina que funda normativamente, aunque

sobrepasando en la lógica y la ética, el ámbito de las ciencias, no sólo competen para la consistencia del

concepto de ciencia, sino a la vez para la posible donación de sentido al saber científico, para la relación de

la ciencia con la vida humana en conjunto.

Por su cometido general de interpretar y reconstruir racionalmente la acción científica, la reflexión

1
filosófica "es en uno teoría de las ciencias y filosofía práctica" (Habermas). Se hace responsable de la validez

y del sentido del saber científico, y a la vez de la libertad del hombre para la ciencia y frente a la ciencia. Por

eso, aparte del influjo indiscutible, concedido en la metaciencia teorética del sistema, de las teorías

filosóficas sobre el proceso de la investigación científica,y más allá de una importancia heurística para la

formación científica de hipótesis, hay que afirmar una necesaria relación recíproca, inmanente a la estructura

del saber científico entre ciencia y reflexión filosófico-práctica. Precisamente la "intención humana", que

desde el principio determinó el proceso en que la ciencia se emancipaba de la filosofía, erigiéndose en

autónoma, no es sostenible -cosa paradójica- ni por la ciencia misma.

BIBLIOGRAFIA

Baumgarten (ed.); Diccionario Conceptos Fundamentales de Filosofía.(entrada: Ciencia).

Ferrater Mora; Diccionario de Filosofía. (entrada:Filosofía).

J. Habermas; "¿Para qué aún Filosofía?"

A.Ayer; Lenguaje, Verdad y Lógica.

M.Schlick; "El viraje de la filsofía", en El positivismo lógico.

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