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Medidas de Coerción en Derecho Penal

Este documento trata sobre las medidas de coerción en el derecho procesal penal dominicano. Explica que las medidas de coerción son aquellas que puede adoptar un juez durante la etapa preparatoria de un proceso penal contra un presunto responsable para asegurar su presencia en el proceso y garantizar las consecuencias penales y civiles de una sentencia condenatoria. Las medidas pueden ser personales, limitando la libertad del imputado, o reales, sobre sus bienes. El documento argumenta que a menudo se aplican medidas como la prisión preventiva sin una evalu
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Medidas de Coerción en Derecho Penal

Este documento trata sobre las medidas de coerción en el derecho procesal penal dominicano. Explica que las medidas de coerción son aquellas que puede adoptar un juez durante la etapa preparatoria de un proceso penal contra un presunto responsable para asegurar su presencia en el proceso y garantizar las consecuencias penales y civiles de una sentencia condenatoria. Las medidas pueden ser personales, limitando la libertad del imputado, o reales, sobre sus bienes. El documento argumenta que a menudo se aplican medidas como la prisión preventiva sin una evalu
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UNIVERSIDAD DOMINICANA O & M

ASIGNATURA:

Derecho Procesal Penal II

PRESENTADO POR:

Germaly Raquel Zayas 19-MDRN-6-039

MAESTRO:

Pedro Leandro Castro Mercedes

FECHA DE ENTREGA:

11 de julio del año 2021


INTRODUCCION

En el presente tema de investigación trataremos sobre lo que es las medidas de


coerción la cual es aquella que puede adoptar el órgano judicial durante la etapa
preparatoria de un proceso penal contra el presunto responsable de un hecho
delictivo, con la finalidad de asegurar su presencia en el proceso y garantizar los
efectos penales y civiles de una futura sentencia condenatoria, cuando se estima
que hay una probabilidad razonable de que este sea el autor del hecho y de que
pueda ocultarse a sí o a su patrimonio en el curso del procedimiento penal.

De conformidad con las disposiciones de nuestro Código Procesal Penal, las


medidas de coerción pueden ser de dos clases: Personales, las cuales procuran
limitar la libertad de actividades o movimiento del imputado y Reales, las cuales
recaen sobre los bienes muebles o inmuebles y buscan asegurar las eventuales
responsabilidades pecuniarias (responsabilidades civiles, multas, costas procesales)
derivadas de la comisión del hecho delictivo.

Dentro de esta clasificación, figuran como medidas de coerción personales: la


prisión preventiva; la prohibición de salir sin autorización del país, localidad en la
cual reside o del ámbito territorial que fije el juez (impedimento de salida); la
obligación de someterse al cuidado o vigilancia de una persona o institución
determinada que informa regularmente al juez; la obligación de presentarse
periódicamente ante el juez o ante la autoridad que él designe (presentación
periódica); la colocación de localizadores electrónicos, sin que pueda mediar
violencia o lesión a la dignidad o integridad física del imputado; el arresto
domiciliario, en su propio domicilio o en custodia de otra persona, sin vigilancia
alguna o con la que el juez disponga; la presentación de una garantía económica
suficiente(artículo 226 del Código Procesal Penal) ; y, el arresto, con sus diversas
modalidades policial y judicial (art. 224 y siguientes Código Procesal Penal). Y,
como medidas de coerción reales: el embargo, la inscripción de hipoteca judicial u
otra medida conservatoria prevista por la ley civil.

Esperando que aprendan como lo he hecho en la presente investigación a realizar.

MEDIDA DE COERCION
Cabe señalar que el procedimiento sobre las medidas de coerción es un
procedimiento más rápido, si tomamos en cuenta la jurisdicción de juicio donde se
van a analizar cada uno de los incidentes propuesto., Sin embargo no es tan sencillo
como parece o como lo han querido presentar. Depende en muchos casos de las
formas de pensar de los jueces y de la interpretación que se le den a las
disposiciones legales sobre la materia incluyendo las resoluciones de nuestra
Suprema Corte de Justicia. Y lógicamente tiene que ver con la forma de ver las
cosas por parte del distinguido Ministerio Publico.

Decimos esto ya que, si observamos las disposiciones de la Ley , expresamente lo


establecido en el artículo 227, sobre la procedencia o no de las medidas de coerción;
el mismo nos habla de varios elementos que son vitales al momento de decidir
sobre dichas medidas. A qué nos referimos , muy sencillo, si tomamos en cuenta
dicho artículo, en primer lugar, sobre los famosos elementos de prueba, en donde
se establece , en donde establece que " existen elementos de pruebas suficientes
para sostener, razonablemente que el imputado es, con probabilidad autor o
cómplice de una infracción;" en este aspecto,, nótese que ya por la misma practica o
mala práctica que se está llevando a cabo en las calles del país , a través de los
arrestos, allanamientos, requisas y fragancias; en muchas ocasiones (ya hemos
tenidos esos casos) se detiene a las personas ( sin orden previa); se le mantiene
detenido por encima del plazo establecido por la Ley que más adelante vamos a
analizar. Por ejemplo, se allana un lugar , se coloca en el acto del allanamiento, que
la persona fue vista turando una sustancia desconocida que presuntamente se trata
de drogas, esto muchas veces con el pretexto de comprometerlo con el caso; lo
importante en este caso no es el procedimiento , sino encausar a la persona, porque
todavía se utiliza el término "se presume que", aunque nuestro
nuevo Código Procesal Penal ya lo prohíba de manera expresa en su artículo 14; ya
se está diciendo, que se está arrestando a las personas con hojas de fragancia hasta
firmada de antemano, solo para curarse en salud; y el supuesto imputado, decimos
estos , ahora porque ya hemos descubierto, en proceso que hemos llevado, que se
ha detenido a personas 24 o 48 horas antes de formalizar su arresto y luego se le
regulariza el arresto, ya sea colocando en el acta de allanamiento, que el imputado
se dio a la fuga, o que se encuentra prófugo, o que tiro la sustancia al suelo al
momento de a su arresto, etc. ; sin embargo , no obstante tantas imprecisiones
durante la primera etapa del procesal, nuestros Honorables Jueces, a solicitud del
Ministerio Publico, dictan la famosa prisión preventiva. Analicemos el segundo
elemento del artículo 227: dicho artículo nos expresa claramente lo siguiente: " que
procede aplicar medidas de coerción, cuando concurran todas las circunstancias
siguientes:" cuando "……Existe peligro de fuga basado en una presunción
razonable, por apreciación de las circunstancia del caso particular, acerca de que
el imputado podría no someterse al procedimiento". Analicemos ahora la
situación: Si tomamos en cuenta que la apreciación de lo razonabilidad de la
presunción o la presunción razonable, para que nos entendamos mejor, está dada
por las circunstancias del caso partícula, si todavía no podemos hablar de fondo del
proceso, o del fondo del expediente o de la demanda en cuestión o de la querella, o
como quiera que le llamemos. Este caso particular se refiere y no puede ser otro,
por simple lógica, que las circunstancia del acta de fragancia, del allanamiento, del
apresamiento; de la identidad del supuesto implicado en el caso; toda vez y en el
entendido, de que el expediente que se inicia con la acusación o con la fragancia , el
arresto de la persona o las personas, no es posible conocer las circunstancia del
fondo del asunto y todas debemos entender, que se trata de las circunstancia del
apresamiento, del allanamiento, etc.

Permítannos explicarle mejor; al referirnos a las circunstancia del apresamiento o


para el caso particular del artículo 227, nos referimos a que los Jueces no el
Ministerio Publico, deben antes de aplicar la prisión preventiva, como ultima ratio,
analizar , el cómo sucedió el arresto, el allanamiento, la fragancia etc., observen
bien, que no estamos pidiendo que se evalué el fondo del caso particular por el cual
ha sido sometido el imputado, es decir a la prevención puesta a su cargo y que
debe intentar ser destruida por los defensores técnicos del implicado. No nos
referimos única y exclusivamente a esos pequeños indicios de errores, de
declaraciones que pudieran ser mal intencionada en principio, buscando tan solo,
en el ánimo del Juez, que consideréis por el " caso particular" encomendado, a que
se le aplique al supuesto imputado la prisión preventiva, no obstante de ser
considerado hasta ese momento del proceso inocente, es decir de la presunción de
inocencia garantizada por el artículo 14, CPP, Esto distinguidos lectores, está
sucediendo diariamente en nuestro proceso penal; que así como se quejan muchas
personas , de que nuestro Código Procesal Penal , es malo, que hay que eliminarlo,
que tan solo favorece a los delincuentes, etc., solo es una tontería y un absurdo, los
que así piensan son los que no les gusta estudiar, los que tienen miedo al cambio,
cambio que en vez de perjudicarnos, nos ayuda y nos debe hacer pensar cada día,
esas opiniones adversa al código tan solo debemos verlas como ideas, opiniones
que tiene todas las personas y verdaderamente no podemos atacarla a mansalva,
sino que hay que buscarle solución a la problemática y comenzar a hacer
una cultura distinta del proceso penal futurista y garantista en nuestro país. Por
otra parte estamos observando que se desfavorece a nuestras familias por errores
en los actos de allanamiento, de fragancia, con expresiones dudosas que no deben
ser utilizadas en los actuales momentos , como por ejemplo " este ultimo prófugo" o
" se dio a la fuga" y se están enviando a las distintas cárceles del país, a personas, en
algunos casos por haber sido apresado en años anteriores, se le ubica y se le vuelve
a apresar; a personas que accidentalmente pasaran por el lugar , se le apreso, o que
sin estar en el lugar , se coloco la frase ya enunciada " se dio a la fuga", etc.
Ocasionando, claro está, grande perjuicio morales y materiales de manera personal
y también a los familiares y esto no se está analizando en buen derecho y justicia;
no se trata de vamos a agarrarlo como quiera y someterlo; vamos a agarrarlo
primero y luego le hacemos un acta de fragancia, o por ahí que se dio a la fuga y ya
lo arreglamos con eso, para que se joda. Este juego de abuso
de autoridad y violencia, está incidiendo muy particularmente sobre nuestro nuevo
Código Procesal Penal; se está tratando de dañar la imagen del CPP, y en muchas
ocasiones se le está hachando la culpa de la inacción judicial a nuestros jueces, y
esos no es así; cuando la verdadera culpa se encuentra en todos nosotros mismos,
por nuestros propios errores durante el proceso y lo que es más grande no
podemos reconocerlo o no queremos reconocerlo y buscamos, casi siempre otro
culpable.

El caso de la procedencia de la medida de coerción o no es facultativa del Juez; y se


encuentra fundamentada tal facultad, en la soberana apreciación de las pruebas
que se le presentan y a su total independencia de la que están revestidos y no se le
puede llamar por teléfono para tratar de influir en su decisión; amenazar con hacer
que los cancelen, etc. Lo cierto es, que tal independencia en sus decisiones, no están
ni estarán supeditada al dictamen del Ministerio Publico; tampoco pueden
pretender algunos integrantes del Ministerio Publico que le suplan de oficio sus
errores durante el proceso, o nuestros colegas abogados de igual modo. Nuestros
Jueces deben estar claro en primer lugar sobre el asunto que se le somete, deben
actuar con independencia, honestidad, transparencia, pulcritud,
sinceridad, equidad, justicia, al analizar las pruebas que se le someten para
sustentar un determinado caso. Deben analizar las pequeñas circunstancias que
rodean los apresamientos, allanamiento, fragancia, etc. Para imponer prisión
preventiva. Continuando con el análisis de este articulo, fíjense bien, que el
último párrafo, sobre la procedencia de la medida de coerción, nos dice que
procede, cuando " la infracción que se le atribuye este reprimida con pena
privativa de libertad."

CONSIDERACIONES PRELIMINARES

Las medidas cautelares, asegurativas o precautorias contienen dos aspectos


característicos, que aunque son contingentes por no estar presentes en todos
los procesos, sirven para singularizarlas, a saber: el aseguramiento de los fines del
proceso y el empleo de la fuerza estatal (coerción), si fuera necesaria para
doblegar resistencias a su instrumentación. Ello es, sin embargo, común a todo tipo
de proceso, con lo cual estamos admitiendo la posibilidad de poder extender
también a varios conceptos básicos esenciales la proyección de lo que algunos
denominan "teoría unitaria del proceso", cuyas manifestaciones iniciales estuvieron
a cargo de Humberto Briseño Sierra al presentar una concepción común acerca de
la acción, el proceso y la jurisdicción (ámbito normológico), pero que en la
actualidad ha encontrado proyección definida hacia otros horizontes, partiendo de
la visión "garantista" del derecho procesal asumida por Adolfo Alvarado Velloso,
cimentándose en una teoría general que reconoce además identidad en el objeto
de conocimiento como ciencia jurídica (plano sociológico) y en los valores que se
pretenden concretar en los procesos civiles y penales (nivel axiológico)- ver para
mayores desarrollos la reciente obra del Profesor de Rosario, Pcia. De Santa Fé, Dr.
Omar A. Benabentos, "Teoría General Unitaria del Derecho Procesal", págs.8/23 y
sgtes., edic. Juris, marzo de 2001).

Resulta ser entonces el procedimiento cautelar de naturaleza instrumental,


colocado a disposición de jueces y partes con motivo de un proceso, tendiente a
resguardar, preservar y garantizar algunos de sus fines principales, debiendo
adecuárselo al estado de su trámite, pero teniendo siempre el objetivo de asegurar
la reconstrucción genuina de los hechos controvertidos, el desarrollo normal de los
actos y la aplicación de la ley mediante la restricción o suspensión del ejercicio
de derechos personales o patrimoniales de las partes ya comprometidas o a
involucrarse en un litigio concreto, o de terceras personas vinculadas al mismo.

El peticionante trata por esa vía formal -que de ninguna manera importa ejercicio
de la acción o constitución de un proceso- de precaver su interés o pretensión de
posibles daños que conviertan en abstracto un futuro pronunciamiento
jurisdiccional.

Sobre todo se quiere evitar con ellas que la actuación del derecho sea ilusoria
después de transitar las etapas del proceso, el cual es impuesto por
la organización estatal que eliminó la autodefensa de los derechos por los
individuos, a quienes en contraprestación debe habilitarles un instrumento idóneo
que los preserve o asegure respecto de la demora ínsita en todo proceso según
Constitución y fije situaciones trascendentes al objeto procesal, evitando
alteraciones que quiten efectividad a la decisión final sobre el conflicto motivante.

Tales medidas presuponen la posibilidad coercitiva y coactiva de emplear la fuerza


pública a fin de concretar esas restricciones de derechos personales o patrimoniales
o de amenazar con aplicarla si no se cumplimenta lo requerido, teniendo la
particularidad que se anticipan a la declaración de certeza respecto de los derechos
invocados y no son el resultado de la contradicción entre pretensiones
discordantes, sino que se adoptan generalmente sobre la base de la solicitud del
peticionario y a veces hasta se deciden ex oficio, por lo cual debieran aplicarse
únicamente en los casos donde resulten absolutamente indispensables y se hayan
acreditado cabalmente sus requisitos condicionantes, evitándose que su
determinación sea un atajo ilegítimo para obtener la solución del litigio
descartando como inservible o sobreabundante el "debido proceso".

En ese orden de ideas, a nadie se le ocurriría, por ejemplo, que por vía de un
procedimiento cautelar conservativo de una situación de hecho, o de una medida
cautelar innovativa que la modifique y/ó de la prisión preventiva en materia penal
se pueda definir el conflicto causante de la intervención jurisdiccional, tornando
abstracto el proceso propiamente dicho.

SIGNIFICADO PARA EL PROCESO PENAL

El concepto expuesto precedentemente también se aplica en el proceso penal,


donde sin embargo existe garantizado por Constitución y los Tratados
Internacionales -arts. 18 y 75 inc. 22- un estado de inocencia a favor del imputado,
el cual lo ampara sin necesidad que el mismo lo acredite o mejore porque es al
acusador público o privado quien debe destruirlo en el proceso para poder
someterlo a la coerción material de la pena, entendida como la retribución por
el delito cometido. No obstante ello, el derecho regula la posibilidad que los
órganos estatales limiten con anterioridad a la decisión definitiva las libertades de
los individuos con motivo de un procedimiento o proceso penal para asegurar
precisamente que habrá a su conclusión una realización efectiva del derecho
sustantivo y un concreto ejercicio del ius puniendi. Así lo estableció
equilibradamente el art. 9 de la Declaración de los Derechos del Hombre y del
Ciudadano: "....presumiéndose inocente a todo hombre hasta que haya sido
declarado culpable, si se juzga indispensable arrestarlo, todo rigor que no sea
necesario para asegurar su persona debe ser severamente reprimido por la ley",
como también el art. 18 de la C. N.: "Que ningún habitante de la Nación... puede
ser... arrestado sino en virtud de orden escrita de autoridad competente".

Esa es precisamente la manera de conseguir la averiguación correcta acerca del


hecho atribuido y la culpabilidad del sujeto sospechado de ser su autor o partícipe,
evitando toda actividad que la perturbe u obstaculice, a la vez que el medio para
lograr la sujeción oportuna del imputado a fin de poder llevar a cabo el proceso y
preservar la ejecución de una eventual condena, porque entre nosotros no hay
posibilidad de juicio en rebeldía, resultando pues instrumentos procesales
necesarios en ciertas situaciones y a disposición de los organismos jurisdiccionales
del Estado para evitar el daño jurídico, las dilaciones o el fracaso de los actos
y procedimientos, o de la sanción misma. Sin embargo, hay ciertas regulaciones
legales que por sus características resultan propicias para abrir paso a la labor de
algunos jueces "dinámicos" ó "justicieros", generalmente bien inspirados y con
ganas de hacer realidad el compromiso con la sociedad de dar a cada uno lo suyo
en tiempo oportuno, pero que a veces no trepidan en prescindir de la bilateralidad
y otros principios básicos del debido proceso, confundiendo la naturaleza
instrumental de las medidas precautorias. Entre aquéllas, a título de ejemplo, cabe
recordar:

A-La incorporación del art. 238 bis al CPP de la Nación por ley 25.324/2000: que en
las causas por infracción al art. 181 del C. Penal habilita al juez, cualquiera sea  el
estado del proceso y aunque no haya mediado auto de procesamiento, para acceder
a la petición de reintegro de la posesión o tenencia del inmueble formulada por el
damnificado, siempre que el derecho de éste resultare verosímil y con la
posibilidad de fijarle una caución, si la reputare necesaria. Correctamente no se
contempla la actuación de oficio del juzgador y aunque se presupone el peligro en
la demora, creemos el magistrado debe ser prudente en decidir el reintegro
anticipado, haciéndolo cuando encuentre reunidos los presupuestos y condiciones
de procedencia de las medidas cautelares, sin sucumbir a la tentación de dar con
ello solución inmediata al conflicto originado por la usurpación atribuida y en
trámite de esclarecimiento.

B- El art. 311 bis, agregado por ley 24.449/96 al CPP de la Nación: que autoriza al
juez a inhabilitar provisoriamente para conducir al procesado en el auto de
procesamiento por hechos previstos en los arts. 84 y 94 del C. Penal, a retenerle la
licencia y a comunicar la medida al Registro Nacional de Antecedentes del
Tránsito, con una duración mínima de tres meses, que puede ser prorrogada por
períodos no inferiores al mes y hasta el dictado de la sentencia, siendo esas
decisiones susceptibles de revocatoria o apelación.

Para colmo, el lapso de inhabilitación procesal no le será descontado al justiciable


de la eventual pena de inhabilitación a la que se lo condene, salvo si aprueba un
curso específico de los previstos en el art. 83, inc.d), de la Ley de Tránsito
y Seguridad Vial. Entonces la inhabilitación transitoria deberá ser adoptada como
una medida cautelar, instrumental y asegurativa de los fines del proceso, cuando
fuera absolutamente indispensable a fin de averiguar la verdad sin
entorpecimientos de parte del imputado, o con el objeto de permitir el desarrollo
secuencial del procedimiento, la aplicación de la ley o la ejecución de lo decidido.
Nunca podrá asumir la calidad de anticipo de una eventual condena o de ser en sí
misma una sanción retributiva de la probabilidad delictual y autoría acreditadas a
esa altura del trámite.

C- Leyes de violencia familiar: que otorgan la posibilidad- entre otras medidas- de


disponer inaudita para la exclusión del hogar del cónyuge acusado de actos
violentos, lo cual debe ser dispuesto sólo si se reúnen los requisitos mínimos de las
medidas cautelares y no puede utilizarse como elemento de presión o amenaza, ni
ser entendida como la solución anticipada del conflicto subyacente.  
COERCIÓN MATERIAL Y COERCIÓN PROCESAL

La naturaleza de la coerción procesal es cautelar e instrumental, diferenciándose de


la pena, de la cual no puede concebirse como anticipo o sucedáneo.
Consecuentemente, la coerción procesal y la sustantiva o material tienen identidad
en el poder coactivo y la fuerza pública de la que se valen, y en la privación de
aspectos de la libertad ambulatoria o patrimonial, pero difieren específicamente en
cuanto a los objetivos que persiguen: en las adjetivas, se tiende a precaver los fines
del enjuiciamiento, mientras en las materiales es la respuesta retributiva del delito
perpetrado, obtenida como corolario del debido proceso y para alcanzar la
prevención especial en el delincuente, y la prevención general en la sociedad. En
definitiva, podemos conceptualizar las medidas de coerción procesal como toda
restricción o limitación transitoria al ejercicio de derechos personales o
patrimoniales del imputado o de terceras personas, con motivo de
la investigación de un ilícito penal, impuestas por necesidad, con conocimiento o
por el órgano jurisdiccional antes de la sentencia firme y al solo efecto
de cautelar (preservar, resguardar, precaver) el correcto descubrimiento de la
verdad sobre los hechos reconstruidos, el desarrollo secuencial del procedimiento y
la aplicación de la ley al caso concreto, pudiendo ser controladas a instancia del
afectado en otra instancia judicial de grado.

La regla general es que son dictadas y están bajo el control de órganos


jurisdiccionales, siendo la excepción que puedan ser llevadas a cabo por la policía,
el Ministerio Fiscal u otros organismos administrativos, en cuyo caso debe quedar
abierta la vía de la intervención de aquéllos en salvaguarda efectiva de los derechos
comprometidos.  

FUNDAMENTO, OBJETO Y CARACTERÍSTICAS

Las medidas cautelares están justificadas para garantizar el ejercicio de la potestad


jurisdiccional del Estado, el reconocimiento futuro de las pretensiones de las partes
en la sentencia y el cumplimiento eficaz de la misma y sus efectos, debiendo
evitarse su uso abusivo (por ej., la obtención de la cuota provisoria en los juicios de
filiación, en el procedimiento especial del juicio de alimentos o en el juicio
ordinario de divorcio, lleva a la actora a no instar el trámite para el dictado de la
sentencia definitiva; o la no exigibilidad de contra cautela al accionante en los
juicios laborales- al ser gratuita su actuación- lleva a éste a incrementar los montos
en las medidas cautelares, sostienen Ma. E. Bona, Ma. Fabiana Garro y Mariel E.
Linardi en su ponencia "Abuso del proceso en las medidas cautelares", en las
Jornadas preparatorias de San Luís del XXI Congreso Nacional de D. Procesal. Si
fuera factible celebrar inmediatamente el juicio, donde se concretara la acusación,
se produjeran las pruebas, alegaran las partes y el veredicto se diera
inmediatamente después de concluido, no habría necesidad de contar con las
medidas precautorias. Pero como es indispensable cumplir con los actos
preparatorios del debido proceso, el tiempo insumido entre la producción de los
hechos y la obtención de la sentencia es prolongado, lo cual obliga a asegurar
inmediatamente los resultados a través de esos instrumentos necesarios para poder
llevar a cabo la función instrumental del proceso respecto del derecho de fondo. De
ahí que deban decidirse jurisdiccional y motivadamente contra el demandado o
imputado, siempre que se verifique y explicite la posibilidad de daño jurídico y el
peligro en la demora. Más no pueden dictarse para impedir el cumplimiento de un
mandato judicial dispuesto en otro proceso, ni se dan a fin de evitar la cautelar
ordenada por otro juez. Deben tener pues un objeto jurídicamente posible y
susceptible de ser preservado. Por ende, no serían viables si importan la afectación
de la libertad de contratar con un tercero, y generalmente no son procedentes en los
casos de acciones meramente declarativas. Poseen entonces un objetivo procesal,
instrumental y proporcionado con relación a una pretensión viable, pero no son
anticipo de la decisión definitiva. Mucho menos puede otorgársele la condición de
sanción autónoma y/ó alternativa a la conclusión común del proceso. Hacerlo
importaría renegar del proceso como método bilateral de debate de las
controversias y pretensiones de las partes, decididas por un Juez- reconocido en
calidad de sujeto imparcial e independiente-, según el esquema institucional
establecido en la Carta Magna, donde la sentencia nunca es previa sino que
adviene a su término. Particularmente ello debe ser así en el proceso penal, en el
cual la prisión preventiva no debe perder nunca su naturaleza cautelar y
establecerse jurisdiccionalmente en la medida de su necesidad para el caso y las
características de los imputados, sin que pueda ser tomada como una pena "por
sospecha" o en retribución de la continuidad delictiva.

Los caracteres y presupuestos de estas medidas nos sirven para perfilar sus


aspectos esenciales, a saber:

•  Jurisdiccionalidad : como regla deben ser adoptadas o, al menos, controladas por


los órganos jurisdiccionales competentes, ya que limitan o restringen derechos
básicos de los individuos sin tener el sustento de una decisión final acerca del
conflicto.

•  Instrumentales: son medios accesorios de cautela que se utilizan para preservar


los fines del proceso, sin constituirse en decisiones sancionatorias o de adelanto de
la jurisdicción respecto del objeto de la litis. Son la garantía del ejercicio efectivo y
definitivo de la jurisdicción, que a su vez es la garantía para los justiciables de
acceder a la justicia estatal. En principio carecen de un fin en sí mismo y no pueden
admitirse como vías extorsivas o de presión.

•  Excepcionales: se adoptan y mantienen en tanto y en cuanto sean procedentes


porque el aseguramiento cautelar del proceso las requiere fundadamente para
evitar un daño irreparable. Lo normal será el trámite sin su utilización, salvo que se
verifique la posibilidad cierta de un riesgo. De ahí que deban apreciarse con un
criterio restrictivo y decidirse prudentemente a fin de prevenir restricciones
abusivas de derechos.

•  Necesarias: se resuelven y mantienen si se arriba al convencimiento fundado que


son indispensables para asegurar el desarrollo normal del procedimiento, debiendo
sustituirse por la menos gravosa si éstas permiten alcanzar igualmente los objetivos
precautorios.

Lo común será entonces que al demandado civil no se le restrinja la capacidad de


disposición de los bienes antes de la condena, ni al imputado se le quite la libertad
mientras no sea declarado culpable, salvo que se acredite fundadamente la
necesidad de garantizar en cada caso los fines del proceso con medidas
asegurativas.

•  Verosimilitud del derecho y peligro en la demora: quien las requiera debe


acreditar satisfactoriamente la verosimilitud –al menos en grado de apariencia- del
derecho invocado. Es el humo del buen derecho- fumus bonis iuris-, cuya duda o
ausencia a la vista del juez o tribunal torna improcedente la cautelar interesada.

Lo anterior se une al peligro en la demora- periculum in mora-, apreciado de modo


objetivo y no con la mera invocación del peticionante, quien independientemente
de la apariencia de derecho a cautelar debe probar que existe un real riesgo en el
tiempo de espera de la sentencia respecto a obtener un resultado final efectivo con
la misma, atento- por ejemplo- a la probable insolvencia del deudor, a
la enajenación de los bienes en litigio o a la fuga y rebeldía del imputado.

Ninguno de esos presupuestos puede ser relevado por el ofrecimiento de contra


cautela o por la invocada solvencia para responder a cualquier resarcimiento,
porque el afectado no está obligado a soportar la reducción de sus derechos si ello
no es absolutamente indispensable.

•  Transitorias o provisionales: no son definitivas, ya que se resuelven en función


de las circunstancias concretas y duran como máximo mientras se sustancie el
proceso, debiendo antes modificarse, ser sustituidas o dejadas sin efecto de oficio
y/ó a requerimiento de parte interesada si aquéllas han variado.

La idea es que sean mínimamente lesivas y de duración limitada, difundiéndose


inclusive cada vez con mayor fuerza dentro del proceso penal la posibilidad de su
revisión periódica o del cese de la prisión preventiva cuando hubiera transcurrido
un lapso razonable de investigación preparatoria – por ejemplo, uno o dos años-.

•  Proporcionales: han de adecuarse y ser razonables en relación al objeto


perseguido con su instrumentación, debiendo en ciertos procesos asegurarse
mediante una contra cautela adecuada los daños y perjuicios que puedan generar.

•  Se disponen inaudita pars: El juez o tribunal deciden en función del


requerimiento y pruebas del peticionante sin dar traslado previo al afectado, quien
recién después puede cuestionarla e impugnarla.

CLASIFICACIÓN

Hay distintos criterios para clasificar las medidas cautelares, siendo diferentes
según el tipo de proceso en cuestión. Así, en materia civil se han tenido en cuenta:
la manera en que están legisladas, la forma de tramitarse, la finalidad que
persiguen, lo que se intenta proteger y los efectos sobre la situación litigiosa,
además de analizarse algunos supuestos en particular- daños y perjuicios,
honorarios, bienes a nombre de terceros, cuotas alimentarías
futuras, crédito ilíquido y auto transporte público de pasajeros- (cfr. Arazi, Roland,
Derecho Procesal Civil y Comercial, t.II, nº 431, págs. 127/130, edic. Rubinzal-
Culzoni, 1999). En cambio, en el proceso penal la posición tradicional ha reparado
si la afectación directa producida por la medida cautelar es de derechos personales
o patrimoniales, dando lugar a la subdivisión entre coerción personal y real y
formas accesorias de coerción (ver Cafferata Nores, José I., Medidas de coerción en
el proceso penal, p.17 y 143, edic. Lerner Córdoba, 1983). A su vez, Claus Roxin
modifica el enfoque y discrimina sobre la base de establecer el derecho
fundamental donde se produce la intromisión de la medida de coerción, señalando
en particular:1- injerencia en la libertad individual; 2- en la integridad corporal; 3-
en la propiedad; 4- en la inviolabilidad del domicilio; 5- en el secreto postal,
epistolar y de las comunicaciones a distancia; 6- en la libertad de ejercer la
profesión; 7- en el derecho a la autodeterminación informativa; 8-
en servicios de video de multimedios. Considera también por separado lo atinente
a las medidas contra terceros y la imposición de medidas provisionales de
seguridad y corrección antes de la sentencia (internación provisional, privación
provisional del permiso para conducir y la inhabilitación provisional para ejercer la
profesión)- cfr. Derecho Procesal Penal, págs. 249/324, traducción de la 25º edic.
Alemana, Editores Del Puerto SRL, Bs. Aires, año 2000).

Igualmente Gustavo Vivas Ussher advierte acerca de que más allá de las
distinciones clasificatorias, debe tenerse en cuenta que los medios de coerción
siempre significan una intervención forzada del Estado en el ámbito de libertad
jurídica de una persona singular y concreta, atacando los aspectos de su vida que
constituyen un bien o valor jurídico, mientras que las cosas en sí mismas no
pueden ser objeto de coerción, no obstante lo cual efectúa un exhaustivo análisis de
los por él llamados "tipos coercitivos", diferenciando las medidas en personales,
reales y accesorias (éstas por guardar una estrecha vinculación con la recolección
de elementos probatorios) -ver Manual de D. Procesal Penal, t. 2, págs.115/7, edic.
Alveroni, Córdoba, 1999-.

INCIDENCIA DEL SISTEMA PROCESAL Y DEL PERFIL DEL JUEZ


Es indudable que la Constitución Nacional establece un marco legal insoslayable,
imponiendo a través de los arts. 18 y 75 inc. 22 un proceso previo ante un juez
imparcial e independiente, con la actuación de las partes en un plano de igualdad y
pleno ejercicio de su poder de contradicción, a fin de reconocer como legítima la
resolución definitiva del órgano jurisdiccional competente respecto del conflicto
sometido a su competencia. Y dentro de dicho proceso las medidas cautelares o de
coerción son concebidas como excepcionales, fundadas e indispensables
restricciones al ejercicio de derechos personales o patrimoniales, que los órganos
jurisdiccionales pueden decidir o aceptar provisionalmente con anterioridad a la
sentencia, al único efecto de asegurar la averiguación de la verdad, el desarrollo del
procedimiento y la aplicación de la ley, nunca para sustituir o anticipar el juicio o la
decisión definitiva. Asimismo, el Juez no puede asumir actitudes y diligencias ex-
oficio que comprometan su imparcialidad y signifiquen un complemento,
desarrollo o interferencia de la estrategia de alguna de las partes en conflicto,
aunque ello se haga en aras de reconstruir verazmente los acontecimientos en
discusión o se ejecuten bajo el convencimiento de alcanzar la justicia del caso
concreto, en un despliegue de actividad y protagonismo grato para quienes
reclaman mayor eficacia en la administración de justicia. Distinto sería el panorama
si el modelo institucional fuera totalitario, inficionado de características
inquisitivas, donde el presupuesto de la bilateralidad y la contradicción no fuera
impedimento para lograr soluciones anticipadas por el atajo de las medidas
cautelares, sin necesidad de cumplir las condiciones del debido proceso. Tampoco
habría entonces obstáculo para que la mera sospecha derivada de una denuncia o
acusación, sobre todo para quien contara con antecedentes penales, abriera paso a
la presunción de culpabilidad y al consecuente dictado de la prisión preventiva en
calidad de pena anticipada de una eventual condena, excediendo su condición de
medida instrumental y provisoria direccionada a cautelar el resultado del proceso,
hasta tanto se acredite con certeza la autoría o participación del acusado. El sistema
procesal liberal y democrático de nuestra Constitución y
los Tratados internacionales felizmente no permite administrar justicia fuera o con
supresión del proceso, ni que se usen las medidas cautelares con fines
estigmatizantes, punitivos o de solución definitiva de los conflictos, aunque esto
sea muchas veces una mera aspiración frente a una realidad cotidiana diferente,
que exhibe situaciones de ilegitimidad en muchos pronunciamientos
jurisdiccionales de las provincias y de la justicia nacional, en abierto desafío
al paradigma constitucional acusatorio y de garantías a favor de los ciudadanos,
con limitación de la coerción estatal.
LA DENOMINADA COERCIÓN PERSONAL
PRESUPUESTOS Y CONDICIONES

Es indudable que es en el proceso penal donde este tema tiene mayores vicisitudes,
exhibiendo permanentes frentes de avance y retroceso, sin llegar a un punto de
equilibrio estable en materia del respeto a las garantías individuales y de
potestades de los órganos estatales para alcanzar la reconstrucción genuina de los
acontecimientos pretéritos que interesan a la dilucidación del conflicto.

El punto de partida debe ser entonces la previsión constitucional y de los tratados


internacionales de usar ese poder coactivo con objetivos instrumentales y
cautelares, descartando absolutamente darle finalidades punitivas o ubicarlo como
parte de métodos de ablandamiento, presión o amenaza, puesto que el acusado
goza del estado de inocente durante el proceso y hasta que por sentencia firme se
establezca con certeza su culpabilidad por un delito determinado. En especial ello
será aplicable para la prisión preventiva, al ser la más grave medida de coerción
personal y a la cual algunos pretenden erradicar como contraria a dicho estado de
inocencia que ampara al imputado, máxime por las modalidades afligentes que se
usan al aplicarla en establecimientos comunes para penados, y resultar- dicen-
hasta semánticamente contradictoria con el debido proceso; mientras otros, por
similares razones, la quieren reducir a términos exiguos e improrrogables. Por todo
eso, para nosotros la coerción no debe ser lo habitual, sino convertirse en una
excepcional restricción o limitación de libertades en la medida que ello sea
absolutamente indispensable para permitir y asegurar que el proceso se
desenvuelva conforme a las secuencias formales previstas, con la presencia del
imputado y permitiendo que en la sentencia se puedan valorar todas y cada una de
las pruebas pertinentes y útiles, sin sufrir la desaparición o menoscabo de ninguna,
cautelando además que la eventual pena se pueda imponer efectivamente.

Al efecto, para admitirla se tienen en cuenta pautas de índole objetiva (relativas a la


gravedad de la pena) y subjetiva (propias de la personalidad del imputado) en los
ordenamientos procesales, siendo inconcebible si la amenaza penal es únicamente
de multa o inhabilitación, o si prima facie permite su cumplimiento condicional
y/ó es de mediana entidad, porque la sentencia no resolverá el encarcelamiento y
consecuentemente no hay peligro de fuga, prefiriendo seguramente aquél afrontar
las alternativas del juicio y no correr los riesgos y alternativas de ser declarado
rebelde y prófugo de la justicia. Esto es independiente de la utilización eventual del
poder coercitivo en carácter accesorio y para posibilitar la producción de ciertas
medidas de prueba en las cuales el sospechado actúa como objeto de prueba (por
ej., para un registro o inspección corporal). Dichas medidas de coerción deben
aplicarse conforme están legalmente reguladas en la Constitución Nacional (por ej.,
la previsión del arresto en el art.18), en los Códigos procesales o en las leyes
adjetivas complementarias (por ej., arts. 280 y sgtes. del CPP de la Nación), en la
medida que se respeten las condiciones y límites precisos dentro de los cuales será
legítimo restringir la libertad, quedando implícito entonces que si se los excede
serán inválidos o quedarán descalificados como actos arbitrarios e ilegales, sin que
sirva para subsanarlos la aspiración de verdad, de hacer justicia y/ó de permitir el
pleno ejercicio de la jurisdicción con que hayan sido llevados a cabo. Incluso,
tendrán que ser coordinadas en su aplicación con ciertos institutos concebidos para
morigerarlas (por ej., con la exención de prisión, la falta de mérito para detener, la
excarcelación o el cese de prisión preventiva), admitidos bajo cauciones juratorias,
personales o reales, según las características de los hechos y las posibilidades
económico-financieras del imputado, y teniendo siempre presente que esos
resguardos no pueden convertirse en obstáculos insuperables de la libertad
procesal, ni funcionar en la práctica como medios para encubrir la prohibida
prisión por deudas. Así lo reconoce también el art. 7 de la Convención de San José
de Costa Rica, estableciendo que toda persona tiene derecho a la libertad y a la
seguridad personales y que nadie puede ser privado de su libertad física, salvo por
las causas y en las condiciones fijadas de antemano por las
Constituciones Políticas de los Estados partes o por las leyes dictadas conforme a
ellas (entre nosotros sería en función del art. 31 de la C.N.), ni ser sometido a
detención o encarcelamiento arbitrarios, pudiendo recurrir ante un juez o tribunal
competente para que éste decida acerca de la legalidad de su arresto o detención.
Igualmente lo hacen los arts. 9 de la Declaración Universal de Derechos Humanos y
del Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos, y el XXV de la Declaración
Americana de Derechos y Deberes del Hombre, siendo claro que todos ellos parten
del respeto al principio básico de la libertad, sólo restringible dentro de límites
temporales razonables y de acuerdo a formalidades precisas, con respeto de
la dignidad inherente a la condición humana del investigado y la posibilidad cierta
de indemnización a cargo del Estado para los supuestos de ilegalidad.

Se trata pues de hacer real la prescripción constitucional de que nadie puede ser
penado legítimamente sin juicio previo, como también de cumplir con la
imposición de afianzar la justicia, para lo cual están previstas las medidas de
coerción a fin de evitar que pueda ser burlada su realización, el alcance de
sus objetivos o de lo que en él se resuelva, sobre todo de la eventual imposición de
una pena privativa de libertad o pecuniaria. Por lo tanto, si no hay más remedio
que aplicar ese aseguramiento cautelar, deberá el mismo ser lo menos dañoso
posible para la reputación y derechos de quien lo soporta, evitando emplearse por
los órganos estatales procedimientos públicos o espectaculares innecesarios, sobre
todo si son con intervención de los medios de comunicación. Tampoco es legítimo
difundir detalles de los hechos atribuidos en los momentos iniciales de la
investigación o del proceso, cuando hay simples sospechas o
la probabilidad delictiva y de culpabilidad no se ha afianzado, sustentándose en
simples indicios y conjeturas, o en evidencias indirectas, aún no confirmadas
con pruebas contundentes producidas en el contradictorio oral, estando protegido
el imputado por el estado de inocencia y la perspectiva de que la duda no es
suficiente para dictar una sentencia condenatoria en su contra. De lo contrario
terminaremos introduciendo en la práctica una suerte de "pena" autónoma por
sospecha o pendencia de juicio (superior a la denominada "pena del banquillo"),
que obviamente es ilegal y tiene reminiscencias inquisitivas, siendo ello más
notorio en los últimos tiempos de parte de ciertos organismos fiscales
de investigación creados en la Nación y algunas Provincias, que así actúan
selectivamente en relación generalmente a ex funcionarios políticos de anteriores
gestiones, dando a conocer con detalles altisonantes lo que es propio de la mera
imputación promocional o de su inicial sometimiento a proceso, tratando de
conseguir una suerte de condena "moral" ilevantable en el cuerpo social, con
desprecio de los resultados finales del debido proceso, cuya espera les resulta poco
propicia a sus fines sectoriales de persecución, disfrazándolos con acusaciones
infundadas de "crisis" e ineficacia del sistema judicial, que de paso le sirven como
amenaza velada respecto de los jueces actuantes, a quienes tratan de amedrentar
para que acepten sus proposiciones, aunque ello sea inicialmente o para conseguir
ciertas medidas provisionales de cargo.

LA REGULACIÓN DE LA COERCIÓN
Y LA LIBERTAD EN LOS NUEVOS CÓDIGOS

Lo tradicional en la regulación procesal de las medidas de coerción personal es


proclamar que la libertad sólo puede restringirse en los límites de la más absoluta
necesidad y para alcanzar el descubrimiento de la verdad y asegurar la efectiva
actuación de la ley penal, debiendo ejecutarse del modo que perjudiquen lo menos
posible la persona y la reputación de quienes las sufran. No obstante ello, después
se regulan los requisitos y condiciones de procedencia de ciertos institutos
destinados a garantizar esa libertad, reconocida como regla acorde con el estado de
inocencia del imputado, pero que parecería subvertirse con tales restricciones y
exigencias, entronizando en realidad el principio de que la mera sospecha ó
probabilidad delictual otorgan "derecho" o "facultades" a los órganos estatales para
proceder a la inmediata detención y/ ó a disponer la prisión preventiva del
inculpado, funcionando la exención de prisión, la excarcelación o el cese de prisión
como institutos de "gracia" o generosidad que en determinados supuestos y
condiciones excepcional esa atribución y autorizan a obtener la libertad
caucionada. Semejante confusión lleva a que en la práctica se recepte muchas veces
el clamor de ciertos sectores sociales e ideológicos -potenciado por algunos medios
de comunicación- y se distorsione la naturaleza cautelar de la prisión preventiva,
convirtiéndola en "pena anticipada", destinada a retribuir de inmediato y sin juicio
previo acciones ilícitas, y a impedir que los delincuentes "entren por una puerta y
salgan por otra" para seguir delinquiendo. Esa subversión institucional debe ser
desalentada, colocando los Códigos procesales en sintonía con la Constitución
Nacional (arts. 14, 18 , 65, 75 inc.22), para lo cual se ha regulado el instituto de la
coerción personal comenzando por establecer sus reglas generales a partir de
reconocer el derecho del imputado a mantener la situación de libertad durante todo
el proceso y de considerar su restricción como excepción que deberá fundarse
cabalmente por los representantes del Estado en situaciones concretas de
necesidad, para conjurar peligros ciertos de entorpecimiento o de fuga de su parte,
en las que podrán recurrir a las mismas en salvaguarda de los fines del proceso (cfr.
Códigos de Córdoba- arts.268/270- y Mendoza- arts. 280/282), pasando en
capítulos sucesivos a regular lo atinente a las condiciones de procedencia de las
medidas de coerción -Córdoba, arts.271 a 299; Mendoza, arts.283/311- y por
último, a la posibilidad de indemnización por su aplicación -Córdoba, art. 300, y
Mendoza, art. 312-.

No es entonces el imputado quien debe probar hechos o circunstancias para


permanecer en libertad durante el proceso, sino que cabe al Estado demostrar que
las medidas de coerción resultan indispensables y necesarias en su contra en ese
proceso concreto a fin de afianzar la justicia y permitir la aplicación de la ley
vigente.-

MEDIOS DE IMPUGNACIÓN

Se autoriza en los Códigos la recurribilidad de las medidas de coerción, de la


denegatoria de su sustitución por otras menos graves y de las cauciones impuestas,
y del rechazo de ciertos institutos que permiten gozar de la libertad ambulatoria
durante el proceso (exención de prisión, falta de mérito para la detención,
excarcelación o cese de prisión) mediante recursos ordinarios (revocatoria y
apelación) y extraordinarios (casación e inconstitucionalidad), lo cual es una
consecuencia del gravamen irreparable que las mismas pueden provocar en
derechos básicos de la persona afectada.

Inclusive, el art. 9, ap. 4, del Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos (ley
23.313/86) establece que "Toda persona que sea privada de libertad en virtud de
detención o prisión tendrá derecho a recurrir ante un tribunal, a fin de que éste
decida a la brevedad posible sobre la legalidad de su prisión y ordene su libertad si
la prisión fuera ilegal". Asimismo la Corte Suprema de Justicia de la Nación ha
admitido intervenir en reiteradas oportunidades en la decisión del recurso
extraordinario federal contra decisiones adversas de Tribunales provinciales y
nacionales en dicha materia, invocando la entidad constitucional del derecho a la
libertad, el agravio irreparable que provoca su cercenamiento durante el proceso o
la gravedad institucional comprometida en el caso concreto por prolongación de la
detención del enjuiciado. Todo ello brinda un marco de amplitud para decidir
acerca de la concesión y admisibilidad de los medios de impugnación ordinarios y
extraordinarios incoados por los imputados, que se une a modo de garantía
efectiva con la posibilidad revisora periódica impuesta aún de oficio en los nuevos
Códigos sobre la necesidad de mantener la medida de coerción (por ej., CPP de
Chubut, arts. 123/5, en especial el art. 124; de Entre Ríos, art. 313, inc. 3º; de
Córdoba, art. 283; de Mendoza, art. 295).

LA COERCIÓN REAL Y LAS FORMAS ACCESORIAS DE COERCIÓN

Concepto Y Características.

Se trata también de imponer una restricción o limitación al imputado o a terceros


con motivo de una investigación penal para preservar o asegurar la realización y
los fines del proceso, y/ó de la ejecución de lo decidido en la sentencia, pero que
tiene la singularidad de concretarse sobre el patrimonio de aquéllos, afectándole
transitoriamente su libre disposición (por ej., a través del embargo, secuestro o
inhibición general de bienes). Su disposición es excepcional y restrictiva, exigiendo
un mínimo de pruebas sobre el hecho y la culpabilidad del inculpado. Son además
cautelares y transitorias, ya que se dictan y mantienen mientras sean
indispensables y necesarias, debiendo resultar proporcionales al objetivo de
preservación que persiguen (así, por ej., el embargo podrá ser levantado, reducido
o ampliado según las circunstancias del caso concreto). Asimismo hay otras formas
de coerción accesoria, cuya finalidad es la de asegurar o preservar la efectividad de
las medidas coercitivas principales (por ej., el registro domiciliario, la requisa
personal, la interceptación de papeles privados y correspondencia, la clausura de
locales y la intervención de las comunicaciones telefónicas en relación al secuestro
de cosas, la detención del imputado, la incorporación de pruebas, la inspección de
ciertos sitios o el aseguramiento de la incomunicación). Ellas también son
de interpretación restrictiva y de aplicación temporal, teniendo los demás
caracteres de las medidas cautelares, siendo susceptible de revisión periódica y de
impugnación por los recursos previstos en los Códigos Procesales, generalmente de
tipo ordinario (reposición o apelación) y sin la misma amplitud que los admitidos
para las medidas de coerción personal. Se tramitan las actuaciones por cuerda
separada y se aplican de manera supletoria las disposiciones del Código Procesal
Civil respectivo para los trámites de estas medidas que no hayan sido
específicamente regulados en la ley procesal penal (diligencias de embargo,
sustituciones, conservación, seguridad y custodia de los bienes
embargados, administración, variaciones del embargo, honorarios y tercerías).
Están facultados los jueces de instrucción en el procedimiento penal mixto para
disponer de oficio embargos e inhibiciones cuando dictan el auto de procesamiento
(por ej., art. 518 del CPP de la Nación), quedando legitimado para peticionar
después su ampliación el actor civil, bajo la caución que se determine (art. 519 del
mismo CPP). En los más modernos de tendencia acusatoria -donde ha
desaparecido el auto de procesamiento- no está previsto disponerlo ex oficio y se
procede a requerimiento de las partes acusadoras o por la víctima que anuncie su
deseo de reparación (art. 127 del CPP de Chubut, por ej.).  

INDEMNIZACIÓN
Está prevaleciendo la tendencia a indemnizar por la aplicación de ciertas medidas
de coerción en el proceso penal, que antes no tenían un específico reconocimiento
al respecto. En materia procesal civil la obligación general de ofrecer contra cautela
presuponía la asunción de responsabilidades resarcitorias por su ejecución, al
menos de parte de quien las requirió y se benefició con su instrumentación.
En cambio, en el proceso penal es reciente que se consagrara tal posibilidad en los
supuestos de sobreseimiento o absolución del imputado, siempre que éste
entendiere haber sido arbitrariamente privado de su libertad, en cuyo caso se le
habilita un reclamo en el fuero civil por la indemnización que estime corresponder
de acuerdo a la legislación sustantiva (ver, por ej., arts. 300 del CPP de Córdoba, y
312 del C.P.P. de Mendoza). A su vez, los arts. 122, 170 y 171 del CPP de Chubut
son mucho más amplios, expeditivos y generosos al respecto, declarando la
responsabilidad del Estado- aunque éste puede luego repetir de otro obligado- por
la indemnización correspondiente a los días de privación de libertad sufridos o por
los que duró el arresto domiciliario dispuesto, si media absolución o
sobreseimiento y/ó no fuere aplicada una medida de seguridad y corrección con
internación, debiéndolo disponer la sentencia penal respectiva, y quedándole
abierta al afectado la posibilidad de efectuar un reclamo ampliatorio en sede civil si
dicho reconocimiento le parece inadecuado. Obviamente que la posibilidad
resarcitoria estará abierta también y con mayor razón si medió arbitrariedad, error
o negligencia graves o dolo en el dictado de las medidas de coerción personales
indemnizables.  

CONCLUSION

Es posible analizar las medidas de coerción y el procedimiento cautelar desde la


perspectiva "unitaria" del concepto de proceso, siempre y cuando éste se asuma a
partir de la perspectiva "garantista" ofrecida por la Constitución Nacional, la cual
debe ser el marco adecuado para su regulación dentro de un procedimiento
"dispositivo" -en lo civil- o "acusatorio" -en lo penal-. Por regla general las medidas
cautelares no deben ser dispuestas ex oficio por los jueces, sino a requerimiento de
las partes o sujetos interesados. La dignidad y derechos esenciales de las partes y
demás sujetos no pueden ser convertidos en medios para afianzar la justicia o
descubrir la verdad en los procesos.

Las medidas cautelares no son vías aptas para adelantar la resolución del conflicto,
ni tienen por objeto sustituir el debido proceso. Las medidas cautelares deben
decidirse y mantenerse restrictiva y transitoriamente, mientras sean estrictamente
indispensables y necesarias. En el proceso penal, las de coerción personal son
excepcionales porque el imputado goza del estado de inocente y le cabe al Estado
demostrar cabalmente su necesidad. Las medidas cautelares deben ser
proporcionales y adecuadas al objeto procesal que se quiere asegurar o preservar.
Las medidas de coerción personal o real no tienen carácter sustantivo de sanción, ni
pueden utilizarse como medios de presión o para infundir temor. Las medidas de
coerción no deben ejecutarse con espectacularidad o de modo que afecten derechos
o situaciones adicionales de quien las padece. Las medidas cautelares son
periódicamente revisables de oficio por el juez o tribunal actuante, sin perjuicio de
resultar impugnables por los recursos ordinarios o extraordinarios que
correspondan. Las medidas de coerción, sobre todo en el proceso penal, dan lugar a
indemnización en los casos de sobreseimiento o absolución, de arbitrariedad,
negligencia grave o dolo, debiendo reconocerse facultades a los jueces penales
intervinientes para admitirla y determinarla en su monto en las sentencias.

Esperando que hayan aprendido lo suficiente.

BIBLIOGRAFIA

 Código Procesal Penal


 Constitución de la República Dominicana
 Código Penal de la República Dominicana
 Monografias.com

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