SERENIDAD ESTOICA
Meditaciones, Marco Aurelio
Libro IV, 49 (Sobre como lidiar con los infortunios)
Ser igual que la roca contra la que sin interrupción se estrellan las olas. Ésta se mantiene
firme, y en torno a ella se adormece la espuma del oleaje. «¡Desdichado de mí, porque me
aconteció eso!» Pero no, al contrario: «Soy afortunado, porque, a causa de lo que me ha
ocurrido, persisto hasta el fin sin aflicción, ni abrumado por el presente ni asustado por
el futuro». Porque algo semejante pudo acontecer a todo el mundo, pero no todo el mundo
hubiera podido seguir hasta el fin, sin aflicción, después de eso. ¿Y por qué, entonces, va a
ser eso un infortunio más que esto buena fortuna? ¿Acaso denominas, en suma, desgracia
de un hombre a lo que no es desgracia de la naturaleza del hombre? ¿Y te parece
aberración de la naturaleza humana lo que no va contra el designio de su propia
naturaleza? ¿Por qué, pues? ¿Has aprendido tal designo? ¿Te impide este suceso ser justo,
magnánimo, sensato, prudente, reflexivo, sincero, discreto, libre, etc., conjunto de virtudes
con las cuales la naturaleza humana contiene lo que le es peculiar? Acuérdate, a partir de
ahora, en todo suceso que te induzca a la aflicción, de utilizar este principio: No es eso un
infortunio, sino una dicha soportarlo con dignidad.
Libro VIII, 1 (Sobre lo que es verdaderamente bueno)
También eso te lleva a desdeñar la vanagloria, el hecho de que ya no puedes haber vivido
tu vida entera, o al menos la que transcurrió desde tu juventud, como un filósofo; por el
contrario, has dejado en claro para otras muchas personas, e incluso, para ti mismo que
estás alejado de la filosofía. Estás, pues, confundido, de manera que ya no te va a resultar
fácil conseguir la reputación de filósofo. A ello se oponen incluso los presupuestos de tu
vida. Si en efecto has visto de verdad dónde radica el fondo de la cuestión, olvídate de la
impresión que causarás. Y sea suficiente para ti vivir el resto de tu vida, dure lo que dure,
como tu naturaleza quiere. Por consiguiente, piensa en cuál es su deseo, y nada más te
inquiete. Has comprobado en cuántas cosas anduviste sin rumbo, y en ninguna parte
hallaste la vida feliz, ni en las argumentaciones lógicas, ni en la riqueza, ni en la gloria, ni
en el goce, en ninguna parte. ¿Dónde radica, entonces? En hacer lo que quiere la
naturaleza humana. ¿Cómo conseguirlo? Con la posesión de los principios de los cuales
dependen los instintos y las acciones. ¿Qué principios? Los concernientes al bien y al mal,
en la convicción de que nada es bueno para el hombre, si no le hace justo, sensato,
valiente, libre; como tampoco nada es malo, si no le produce los efectos contrarios a lo
dicho.
SERENIDAD ESTOICA
Meditaciones, Marco Aurelio
Libro XI, 16 (Sobre las cosas indiferentes)
Vivir de la manera más hermosa. Esa facultad radica en el alma, caso de que sea
indiferente a las cosas indiferentes. Y permanecerá indiferente, siempre que observe cada
una de ellas por separado. Y en conjunto, teniendo presente que ninguna nos imprime una
opinión acerca de ella, ni tampoco nos sale al encuentro, sino que estas cosas permanecen
quietas, y nosotros somos quienes producimos los juicios sobre ellas mismas y, por así
decirlo, las grabamos en nosotros mismos, siéndonos posible no grabarlas y también, si lo
hicimos inadvertidamente, siéndonos posible borrarlas de inmediato. Porque será poco
duradera semejante atención, y a partir de ese momento habrá terminado la vida. Mas,
¿qué tiene de malo que esas cosas sean así? Si, pues, es acorde con la naturaleza, alégrate
con ello y sea fácil para ti. Y si es contrario a la naturaleza, indaga qué te corresponde de
acuerdo con tu naturaleza y afánate en buscarlo, aunque carezca de fama. Pues toda
persona que busca su bien particular tiene disculpa..