El Modelo de Analisis Textual de Roland
El Modelo de Analisis Textual de Roland
Resumen
El semiólogo francés Roland Barthes nos propone en su obra S/Z un modelo de análisis de relato
literario en el que reconoce el proceso autónomo e individual que atraviesa cada lector cuando
se aboca a la lectura de un texto narrativo. Este artículo revisa los lineamientos más importantes
de su propuesta y los aterriza en un ejercicio de microanálisis de un cuento del escritor peruano
Julio Ramón Ribeyro (1929-1994), De color modesto, en el cual Ribeyro aborda la temática del
racismo, representando en sus personajes y sus acciones las fronteras simbólicas y los discursos
propios de la sociedad burguesa miraflorina de mediados del siglo XX.
Palabras clave
Abstract
The French semiologist Roland Barthes proposes in his work S/Z a model of analysis of literary
story in which he recognizes the autonomous and individual process that each reader goes
through when he or she approaches the reading of a narrative text. This article reviews the most
important guidelines of his proposal and lands them in an exercise of microanalysis of a story by
the Peruvian writer Julio Ramón Ribeyro (1929-1994), De color modeto, in which Ribeyro
addresses the theme of racism by representing in his characters and actions the symbolic
borders and the speeches of Miraflores bourgeois society in the mid-twentieth century.
Keywords
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“El relato no hace ver, no imita; la pasión que la lectura de una novela puede despertar
no es la de una “visión“, es la de sentido, es decir, la de un orden superior de la relación,
que también tiene sus emociones, sus esperanzas, sus peligros, sus triunfos: “lo que
pasa” en el relato no es, desde el punto de vista referencial (real) literalmente nada, “lo
que ocurre” es solamente el lenguaje, la aventura del lenguaje, cuya llegada nunca deja
de celebrarse.” (Barthes, Un mensaje sin código. Ensayos completos en la revista
Communications, 2017)
Estamos lejos ya de la idea de una obra literaria unívoca, cuya lectura consiste en descubrir el
sentido primigenio con que el autor la concibió. Por su naturaleza connotativa, reconocemos
que la obra literaria está abierta a múltiples lecturas. Para el semiólogo francés Roland Barthes
Barthes (2017), el texto literario es en esencia plural y connotativo y leerlo literalmente no
sería más que empobrecerlo. ¿Pero cómo acercarnos a esa pluralidad cuando en nuestras
comunicaciones diarias solemos eludirla y la percibimos incluso como un problema? Desde su
Análisis estructural del relato (1974) hasta S/Z (1980), Barthes nos ha ido proporcionando una
serie de claves importantes para el análisis del relato, que son un camino a la pluralidad del
texto literario, una manera de acercarnos a él.
Todo acto de leer comparte con los demás algunos aspectos básicos relativos a la decodificación
e interpretación de los signos gráficos. Pero un texto literario no se puede leer como cualquier
otro texto. Las diferencias emanan fundamentalmente del objeto de la lectura y del lector que
atraviesa por ella. ¿Se lee un poema del mismo modo que un cuento o una novela? ¿Leemos
todos el texto literario de la misma manera? El modelo de análisis textual del relato propuesto
por Barthes reconoce el proceso autónomo e individual que atraviesa cada lector cuando se
aboca a la lectura de un texto narrativo. A continuación, revisaremos los lineamientos más
importantes de su propuesta.
Barthes propone un análisis en cámara lenta, paso a paso. La primera tarea del lector en este
proceso sería dividir el relato en una serie de cortos fragmentos contiguos, que él bautiza con el
nombre de lexías y que constituyen unidades de sentido. Estas pueden estar conformadas por
una palabra o un conjunto de frases. Su extensión es arbitraria y elegida íntegramente por el
lector, quien determina dónde comienza y dónde termina cada una. El trabajo del lector no
puede respetar la unidad y la totalidad del texto porque este tiene que ser continuamente
quebrado, interrumpido sin consideración de las divisiones sintácticas, retóricas o anecdóticas
de qué está compuesto. El lector tiene derecho a suspender cualquier digresión, a separar el
verbo de su complemento o el nombre de su atributo. La idea de totalidad se abandona y el
trabajo del lector consiste en un análisis de las lexías y de los sentidos que provienen de ellas.
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La connotación prolifera como ramificaciones que se extienden incluso más allá de del relato.
Esto es posible porque el lector que se aproxima al él es, de por sí, una pluralidad de códigos
(sociales, políticos, históricos, psicológicos, etc.) a partir de los cuales dota al relato de sentido.
Para Barthes, leer no es un gesto parásito ni un complemento reactivo de la escritura sino un
trabajo de lenguaje en el que el lector también escribe su lectura. (Barthes, 2004)
Barthes reconoce cinco códigos que constituyen una especie de red a través de la cual el lector
interpreta el texto. Estos son el código hermenéutico (HER), el código simbólico (SIM) el código
proairético o de las acciones (ACC), el código sémico (SEM) y el código cultural o de referencia
(REF). Las siglas con las que se representan estos códigos son propuestas por el mismo Barthes
para señalar en cada lexía el código de donde proviene el sentido atribuido a ella.
En S/Z, Barthes realiza un microanálisis de una novela corta de Honoré de Balzac: Sarrasine. La
descompone en 561 lexías, las cuales analiza interrogándolas a partir de los códigos que
propone, no para dar cuenta de lo que el autor quiere decir, sino de lo que él como lector ha
entendido al leer la novela. El análisis consistiría en ir deshilachando el texto y encontrando en
cada lexía una línea de sentido susceptible de ser inventariada y sobre la cual es posible una
digresión que nos permita regresar al texto y dotarlo de sentido.
A continuación, algunas ideas generales sobre los códigos sugeridos por Barthes, con algunos
ejemplos tomados de su análisis de Sarrasine y otros donde estos códigos ofrecen una
perspectiva de análisis interesante.
Barthes nos dice que la lectura siempre se nos ofrece como una historia a develar en la que está
implícito un enigma permanente. Pero a su vez está constituida por una serie de interrogantes
que a lo largo del relato estimulan la curiosidad y mantienen la atención del lector. El lector
participa activamente en la resolución de las incógnitas o misterios que el relato le plantea.
(1) Sarrasine
(153) Ernest-Jean Sarrasine era hijo único de un procurador del Franco-Condado, proseguí
después de una pausa. Su padre había ganado bastante legalmente de seis a ocho mil libras
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de renta, fortuna que antaño, en provincias, pasaba por colosal. Al no tener el viejo Sarrasine
más que un hijo, no quiso descuidar nada en su educación; esperaba hacer de él un magistrado
y vivir lo bastante para ver, en los días de su vejez al Nieto de Matthieu Sarrasine, campesino
de Saint-Die, sentarse en los lises y dormitar en la audiencia para mayor gloria del Parlamento.
Pero el cielo no reservaba esta alegría al procurador. *HER. Enigma 1: respuesta
Aunque en el análisis de Barthes no aparece, otro lector podría haber reconocido en las últimas
palabras de esta lexía un nuevo enigma: ¿Por qué el viejo Sarrasine no verá esa deseada alegría
hecha realidad? Para ese lector hipotético, este enigma implicaría la tarea de seguirle el rastro
a la pregunta y al modo cómo el texto atiende a ella.
¿Cómo jalar los sentidos que constituyen el tejido desde el código hermenéutico? Podemos
hacer el ejercicio de formularle al texto algunas preguntas. Luego intentaremos hacer lo mismo
con los otros códigos. ¿Cuál es el enigma que plantea el título al lector? ¿Quién es cada uno de
los personajes? ¿Qué interrogantes nos propone el relato, alguna situación dudosa o una
sospecha? ¿Estos enigmas constituyen elementos principales o secundarios de la historia? ¿Los
enigmas se resuelven rápidamente o el relato dilata su respuesta? Si es así, cómo lo logra. ¿Se
plantea algún enigma sin resolución?, ¿forma parte de un final abierto?
Podríamos decir, por ejemplo, que el cuento La insignia, de Julio Ramón Ribeyro, explota de
manera interesante este código, pues deja abierta la intriga en torno a la naturaleza simbólica
de la insignia, en tanto no se llega a saber lo que la insignia representa convencionalmente, lo
que permite dar realce a otra clase de significado que tiene relación con el valor social de dicha
insignia. El relato invita a considerar la insignia más en tanto lo que ella permite lograr, que en
cuanto a su significado real.
El código simbólico estaría constituido por las dualidades y oposiciones que nacen del mismo
sistema lingüístico. La lengua es un sistema de diferencias y la interpretación se apoya en las
dualidades que nacen del mismo sistema. El código simbólico estaría constituido por los sentidos
que interpretamos en función de patrones antitéticos, como bueno/malo, vida/muerte, joven/
viejo, rico/pobre, amo/sirviente, etc.
La lexía (153), antes citada, también contiene información proveniente del código simbólico
*SIM. Oposición: padre/hijo; oposición: padre presente/madre ausente
Barthes reconoce en esta lexía que en la relación padre/hijo hay un lugar vacío: el de la
madre.
En la misma lexía podemos también reconocer la oposición: futuro imaginado/ futuro real, que
se confrontan pues la expectativa de un futuro prometedor para el hijo, en la misma lexía se
cancela.
Cada código funciona también como una ventana desde donde miramos el texto, que nos invita
a analizarlo desde una perspectiva diferente. Algunas preguntas que podrían ayudarnos a verlo
desde la ventana del código simbólico podrían ser: ¿es posible reconocer patrones antitéticos
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representados simbólicamente en el relato?, ¿cuáles serían?, ¿estos patrones antitéticos están
relacionados con el tema central del relato o con algún tema secundario?, ¿la estructura del
relato se apoya en ellos de alguna manera? Estos patrones antitéticos se pueden presentar en
cualquier elemento del relato: ¿están en la caracterización de los personajes, de los espacios,
en el orden temporal, etc.?
Por ejemplo, en el Ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha, se hace imperioso analizar la
dualidad fantasía/realidad para comprender la figura del Quijote, quien ve gigantes donde hay
molinos de viento y pierde contacto con la realidad de tanto leer novelas de caballería. Por otro
lado, la antítesis ideal/material resulta fructífera para analizar a los personajes principales, que
por antagónicos resultan también complementarios. Sancho Panza contrasta con el Quijote por
su interés por lo material, mientras que don Quijote se dedica a desfacer entuertos en busca de
justicia.
El código cultural estará conformado por el conjunto de referencias que contiene el texto sobre
aspectos ya conocidos y codificados por una determinada cultura. Esto incluye el conjunto de
creencias compartidas relativas a la sociedad, como la historia, la ciencia, la religión, la
psicología, la moralidad, la política, etc., sin las cuales sería imposible penetrar en el universo
tejido por los textos. Todo texto se construye sobre un trasfondo común de ideas que actúa
como un marco de referencia.
(170) trabajaba durante todo el día y por la noche iba a mendigar sustento. *REF.
Estereotipo: artista pobre y valeroso
El relato recrea el estereotipo del artista que no puede vivir de su arte, y cuya vida está dividida
entre la necesidad de ganarse el sustento y la de dar rienda suelta a su lado creativo.
(183) fundado por el marqués de Marigny, hermano de Madame de Pompadour, que tanto
hizo por las artes. *REF. Historia: Madame de Pompadour fue una cortesana francesa, amante
y consejera del rey Luis XV. Fue una gran impulsora de las artes y las letras.
Los relatos pueden confrontarnos contra nuestras representaciones acerca de diversos temas,
sobre nuestros prejuicios o el modo convencional de comportarnos. Por ejemplo, las
protagonistas femeninas del cuento Amor sobre ruedas, de Fuguet, sorprenden porque
contrariamente a lo esperado socialmente deciden tomar la iniciativa y manifiestan una
conducta que podría calificarse de sexualmente agresiva de acuerdo con los estereotipos
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femeninos. Un análisis del cuento desde el punto de vista social nos permitiría ahondar en la
representación que se hace de los géneros en el relato.
En la noche bocarriba, de Julio Cortázar, por su parte, vemos que el componente histórico da
forma a una de las líneas de tiempo desplegadas en el relato. El sueño corre paralelamente a la
realidad hasta que invierten lugares. No se trata de un hombre de nuestro tiempo sufriendo de
una pesadilla recurrente, sino de un indio moteca que, durante la Guerra Florida, imagina una
realidad que no conoce, pero que es idéntica a nuestro presente. Sin el aporte del este código
cultural sería imposible comprender la naturaleza fantástica de este cuento de J. Cortázar.
Este código se nutre de una serie de patrones o guiones de acciones aprendidos que hacen
posible predecir resultados o acciones subsecuentes. El código proairético es sumamente
importante cuando se trata de generar tensión narrativa, en tanto el lector puede anticipar
acciones que la historia puede confirmar o defraudar. Barthes reconoce en la obra Sarrasine un
conjunto de acciones que etiqueta como “Teatro”:
(202) cuando una noche entró en el teatro Argentina, *ACC. Teatro 1: Ingresa al edificio.
Hagamos el mismo ejercicio que con el código anterior. ¿Entre las series de acciones reconocidas
en una lectura, cuáles son las más importantes para la historia? ¿Cómo nombraríamos a estas
series de acciones y de qué eventos están compuestas? ¿Quiénes participan en ellas? ¿Las lexías
correspondientes a esas series de acciones siguen un orden cronológico en el relato? Si no es
así, ¿cómo se presentan? ¿Las series de acciones se detallan explícitamente o se expresan en
indicios algunas de ellas?
Aunque el código proairético es el corazón de cualquier texto narrativo, algunos textos ilustran
con mayor claridad lo que Barthes refiere con este concepto. Uno de ellos es Manual de
instrucciones, de Julio Cortázar, que forma parte de sus Historias de cronopios y de famas. En
él, Cortázar nos presenta una a una las acciones que componen algunas tareas que ejecutamos
de manera tan automática que no estamos conscientes de cómo lo hacemos: llorar, dar cuerda
a un reloj, subir escaleras, etc. Analizar el código proairético consiste en prestar atención a las
acciones y reconocerlas como parte de una secuencia, una tarea, una rutina. Al enunciar estas,
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como poniendo una etiqueta, englobamos las acciones que las comprenden, el proceso en que
estas consisten.
Otro código fundamental es el código sémico. Barthes señala que, aunque todas las unidades
constituyen un significado, en este caso las unidades del código sémico constituyen el
significado por excelencia. Estos elementos del significado son los semas y designan al
significado connotativo al que remiten las lexías.
El código está constituido por las resonancias y asociaciones que van más allá del significado
literal de las palabras o los signos. Las connotaciones no se limitan al sentido de las palabras,
sino que también se desprenden de señales no verbales como el vestuario, la forma de caminar,
las decisiones que toman los personajes, o el silencio.
(158) Y, si por casualidad se divertía, ponía un ardor extraordinario en sus juegos. Cuando se
entablaba una lucha entre él y un compañero, rara vez terminado el combate sin que
hubiese sangre derramada. Si él era el más débil, mordía. *SEM. Feminidad
(397) una noche sin dormir me hace perder toda mi lozanía. —¡Sois tan delicada!, contestó
Sarrasine contemplando las lindas facciones de aquella encantadora criatura. Las orgías me
estropean la voz. *SEM. Feminidad
Tratamos de ir más allá del sentido literal de las palabras y preguntarnos por las connotaciones.
Estas pueden encontrarse en una acción esperada que no se concreta, en el desorden de un
ambiente o en el estilo de vestir o de decorar una habitación. No solo están en las palabras de
los personajes, sino también en sus acciones u omisiones, o en lo que ocurre a su alrededor.
El código sémico trabaja con la cooperación del lector, quien reconstruye lo que el relato solo
insinúa. Samantha Schewblin, en un hombre sin suerte, trabaja con esta cooperación y moviliza
al lector, sus temores, su suspicacia y lo induce a desconfiar del protagonista masculino, al
hacerlo comportarse de un modo socialmente censurable. Un hombre adulto se acerca a una
menor desconocida que está sola y la invita a acompañarlo fuera del lugar donde la dejaron sus
padres. Para lograrlo, la tienta con aquello que cree que a ella podría interesarle. Desconocemos
las intenciones del personaje, pero ello no impide que sintamos temor por lo que este puede
querer hacerle a la niña.
• * *
Barthes, con sus códigos, nos muestra el relato como un espacio estereográfico (Barthes, 2004)
en el que concurren y se entrecruzan una serie de voces a partir de las cuales interpretamos el
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texto. Nos invita a dibujar ese espacio estereográfico mientras leemos la materia semántica que
compone el relato. Siguiendo este camino, la lectura deja de ser la reproducción pasiva de un
sentido preconcebido para convertirse en una producción de sentido, un sentido único y
diferente dentro de la posibilidad infinita que el relato representa. Barthes en S/Z nos propone
un modelo para analizar el relato, pero sobre todo nos introduce a una nueva manera de leer.
A continuación, entonces, ofrezco una lectura personal del cuento De color modesto de Ribeyro
desde cada uno de los códigos propuestos por Barthes. Este ejercicio particularmente ha
despertado mi atención por la forma como Ribeyro representa la marginación a través de los
espacios, los discursos y las acciones. El análisis que propongo no agota los significados
reconocidos en el relato, pero da cuenta de los hallazgos que he considerado más relevantes en
cada uno de los códigos acerca de cómo Ribeyro, en este cuento particularmente, representa
una realidad discursiva, social y cultural en torno a la marginación.
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La representación de la marginación en De color modesto de J.R. Ribeyro
El cuento “De color modesto” es el último de su tercer libro de cuentos titulado Las botellas y
los hombres (1964). En esta obra, los protagonistas masculinos se asemejan entre sí porque
todos ellos se sienten frustrados y recurren al alcohol debido a su falta de coraje. En Las botellas
y los hombres, un tema recurrente es el del racismo, que es el argumento central del cuento “De
color modesto”. A continuación, presento un análisis personal de este cuento, siguiendo la
metodología propuesta por Roland Barthes en S/Z y una perspectiva del cuento desde cada uno
de los códigos propuestos por Barthes (2004): código hermenéutico, cultural, proairético,
simbólico y sémico. Se apoya la interpretación y el análisis en las lexías referidas con la
numeración con las que figuran en el anexo 1.
Código Hermenéutico
Desde el código hermenéutico ingresamos al texto reconociendo las interrogantes que nos
despierta. El primer enigma que podría plantearnos el cuento nace del título: (1) De color
modesto: ¿Quién es de color modesto en esta historia y por qué esta expresión le da nombre al
cuento? El relato responde a esta interrogante cuando la negra aparece en la escena (41), una
mujer que está en la cocina acompañando o ayudando al personal ese día porque hay una fiesta
en la casa. La negra despierta el interés de un invitado y durante esa noche se produce un
efímero romance entre ellos, que es casi solo un coqueteo furtivo. Este hecho desata las
primeras manifestaciones de discriminación racial contra ella (57) y nos muestran el racismo
como tema central del relato.
El segundo enigma gira en torno a la figura de Alfredo. ¿Quién es Alfredo? ¿Cuál es el papel que
juega en la historia? La respuesta se va descubriendo poco a poco. Alfredo es el protagonista
masculino, un hombre de veinticinco años (26) y artista (15), que vive en Miraflores cerca del
malecón. Su oficio no es económicamente rentable, por lo que no dispone de dinero para
comprar un carro (31) y ni siquiera para invitar a la negra al cine (64). Es además tímido e
inseguro.
Aunque el relato no describe de manera explícita a la negra y a Alfredo, los vamos conociendo a
través de sus acciones y sus reacciones. Ella reconoce que el contacto entre ellos dos va a ser
censurado y propone mayor discreción (43), él se manifiesta como una persona liberal y
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desprejuiciada que incluso reacciona negativamente ante el trato discriminador que ella recibe,
a quien él trata con respeto e interés a diferencia del resto de personas en la fiesta. Sin embargo,
sabemos que Alfredo actúa bajo los efectos del alcohol. La cautela de la negra y la huida de
Alfredo cuando recupera la sobriedad evidencian que los personajes han asimilado el discurso
hegemónico, que corresponde a la ideología de la clase burguesa (Hanashiro Ávila, 2011).
Podemos reconocerlo en las palabras que Alfredo le dirige a la negra:
En este relato, los enigmas planteados han dirigido nuestra atención a los personajes y su papel
en la historia. Pero también orientan con respecto al tema principal del cuento. Nos hemos
preguntado por Alfredo y la persona de color modesto. Ellos representan a dos clases
socioeconómicas distintas, aunque el relato hace énfasis en la diferencia racial existente entre
ellos. La caracterización del personaje de Alfredo es crucial para una trama que crea un
encuentro/desencuentro en torno al racismo. Alfredo representa al sector hegemónico, pero
tampoco encaja perfectamente en los estándares sociales y ello hace posible su acercamiento a
la negra. La descripción que de este personaje hace Hanashiro Ávila (2011) subraya este aspecto
del relato:
“Alfredo, pese a ser un joven perteneciente a la clase burguesa miraflorina, fue objeto
de discriminación por no ostentar los signos que le corresponden a alguien de su
entorno social. Sin embargo, él puede no tener trabajo, no tener novia y no tener carro
– carencias que explican que se convierta en un marginal dentro de su clase, pero, igual,
pertenece a una clase social privilegiada.” (Hanashiro Ávila, 2011)
Código cultural
El código cultural nos invita a reconocer referencias relacionadas con los distintos aspectos o
facetas de la vida cultural. Podemos encontrar una primera referencia en el título, que da cuenta
de un eufemismo frecuentemente utilizado para no mencionar directamente a la raza y
disimular el componente racista que evidencian las prácticas sociales. El título presenta el tema:
el racismo; pero sutilmente también presenta el modo como este se disimula socialmente.
El racismo es una ideología propia de un sector social en la que se ampara una de las tantas
formas de marginación. Pero la discriminación racial no es la única forma de marginación
representada en el cuento. Esta constituye un enfrentamiento entre sectores sociales: uno que
margina y otro marginado. En De color modesto observamos que la distribución espacial hace
patente la distancia entre estos sectores. Esto se observa en cómo están distribuidos los
personajes en los espacios de la casa. El sector social hegemónico, económicamente más
pudiente, se desplaza en la amplitud de esta casa miraflorina que tiene varias salas y ambientes.
En cambio, el sector marginado está ubicado en la cocina (40).
Al igual que la puerta de la cocina, la verja de la terraza constituye una frontera desde donde los
sectores enfrentados se observan, pero no se mezclan.
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(13) “Alfredo caminó hasta la terraza y miró hacia la calle. En la calzada se veían ávidos
ojos, cabezas estiradas, manos aferradas a la verja. Era gente del pueblo, al margen de
la alegría.”
La pareja Alfredo/la negra es la que rompe los límites marcados socialmente. Alfredo entra a la
cocina y la negra baila luego con él en el jardín. Sin embargo, la reacción es absolutamente
distinta en estos espacios. En la cocina, encontramos complicidad: se cierran las puertas (44) y
se apagan las luces (48). En cambio, cuando el personaje que representa al sector marginado
aparece fuera del lugar en que se espera se mantenga, el conflicto se exacerba. Lo observamos
cuando la familia y amigos de la cumpleañera ven a la negra al lado de Alfredo y reaccionan
acaloradamente, como si ello constituyera un escándalo (57). Lo mismo ocurre con el padre de
Alfredo (65).
“Frente a esta clase social caracterizada por un pensamiento cerrado y excluyente, y que
busca la permanencia de las jerarquías – y, por ello, condena la movilidad social y la
indefinición de las castas, puesto que implican una amenaza para esta estructura –,
Alfredo se presenta como un transgresor, un disidente. Se constituirá, entonces, como
un personaje que resalta entre la masa. En ese sentido, lejos de exponerse como un
representante de su entorno social, destaca por su diferencia.” (Hanashiro Ávila, 2011)
Código proairético
Dado el contexto de la fiesta a la que asiste Alfredo para acompañar a su hermana, se observan
una serie de acciones que constituyen patrones de conducta comunes en una reunión de este
tipo: socializar, bailar, fumar, beber. Estas acciones tienen como protagonista principal al
personaje de Alfredo. Alfredo intenta bailar y conversar en repetidas ocasiones con las chicas,
pero estas acciones no tienen éxito (20). Se trata de una fiesta adolescente, para la que él se
siente mayor. No logra integrarse ni siquiera en los grupos que son de su edad. Desde el
comienzo, Alfredo recurre al alcohol como un medio para darse valor y fuma cuando ya no sabe
qué hacer en una situación incómoda. Pero todo cambia cuando encuentra a la negra. Con ella
conversa e incluso siente que baila bien, lo que lo hace sentirse bien consigo mismo (47). Esto
le devuelve un poco de confianza y seguridad.
Cuando la gente en la fiesta se da cuenta de lo que está ocurriendo, Alfredo y la Negra son
obligados a salir de la casa. Entonces se producen una serie de acciones que corresponden con
una breve cita romántica. Alfredo le pide a la negra que se encuentre con él en la calle Madrid
(59). Una vez juntos caminan por el malecón y, por iniciativa de Alfredo, cruzan el parapeto para
mirar el mar y, entre comentarios y bromas, Alfredo le da un beso a la negra (67).
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Así que ofrece dejar a la pareja en medio del Parque Salazar a vista de todo el mundo (84). Para
este momento, Alfredo se encontraba algo más sobrio y toma conciencia de lo que está
ocurriendo. Así que pide a la policía que los deje un poco antes de llegar al parque y,
nuevamente, utilizando el cigarro como modo de evasión dice que va a buscar cigarrillos y huye
(89).
Código simbólico
Los signos lingüísticos representan oposiciones sobre las cuales se estructura el relato. La
primera oposición importante ayuda a definir la situación de Alfredo. La antítesis joven/viejo
sirve de base a la primera parte del relato que sitúa al personaje masculino como un marginado
(9). La juventud está asociada a la diversión y es representada por las y los adolescentes que
pululan en la fiesta y que lo hacen sentir a él fuera de lugar. Se siente viejo a los veinticinco años,
pero tampoco encaja en el estándar social de una persona de su edad porque no ha conseguido
lo que en su medio se espera que hubiese logrado. Entonces, la oposición fracaso/éxito muestra
un factor adicional que hace que Alfredo se sienta miserable en un ambiente al que la gente va
para divertirse (31).
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Las diferencias sociales entre Alfredo y la negra y la jerarquía que existe entre ellos no se
desvanecen en ningún momento en el corto tiempo en que se encuentran juntos. Estas se
evidencian en las formas de tratamiento que emplean para hablar entre sí, las cuales se
sostienen en la oposición tú/usted. Alfredo tutea a la negra y ella, en cambio, lo trata de usted
(65). En su discurso, Alfredo aparenta ignorar las diferencias entre ellos; las palabras de la negra
manifiestan que ella, por el contrario, no lo hace.
Código sémico
El código sémico nos invita a considerar los significados connotativos, el contenido no explícito
que nos aporta la interpretación del relato. El relato representa y contrasta dos formas de
marginación. La sociedad burguesa no tiene prejuicios solo hacia fuera de ella, sino al interior
también. Alfredo es excluido, pero siguiendo las formas normales de cortesía o disimuladamente
con gestos o miradas sentenciadoras. Alfredo interpreta eficientemente las señales del entorno
y se siente miserable y fuera de lugar. Evade la situación desplazándose por la casa y recurriendo
al alcohol y a fumar porque no sabe cómo conducirse en un ambiente que lo hace sentir un
fracasado o un “perfecto imbécil” (31). Paradójicamente, Alfredo se siente marginado en un
sentido, pero en otro también se siente parte del grupo social que lo margina.
Por otro lado, la marginación social y racial se expresa en la segmentación del espacio, que
normaliza la distancia social y las fronteras simbólicas que se han construido entre unos y otros.
El conflicto que constituye vulnerar dichas fronteras genera un rechazo mucho más enérgico y
explícito que el recibido por Alfredo, pues se percibe tan grave como si se hubiese violado un
principio moral. Al estar juntos Alfredo y la negra transgreden varios límites, pues ignoran las
jerarquías en muchos sentidos, ya que la negra no es solo una negra, sino que forma parte de la
servidumbre.
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Conclusiones
Si bien, en el libro de cuentos Las botellas y los hombres de J.R. Ribeyro, los personajes
masculinos pusilánimes y alcoholizados son los personajes protagónicos, en De color modesto
el tema central del relato es el racismo. Y en el abordaje que se hace de él en este cuento, Alfredo
participa en tanto constituye esta efímera pareja interracial con la negra. La negra parece ejercer
un rol pasivo a diferencia de Alfredo, pero está dispuesta, como él, a vulnerar los límites
impuestos durante el escaso tiempo que dura el encuentro romántico entre ellos.
Alfredo no asume su propia defensa ante la marginación de la que se siente víctima, pero sí
habla por la negra. Ribeyro representa en De color modesto el modo cómo se ejercen las
relaciones de poder en la sociedad limeña y cómo este poder representa, además, un poder
para hablar, para exigir, aun cuando en este cuento Alfredo lo haga ayudado por el alcohol. La
pareja interracial conformada por Alfredo y la negra desafían a la sociedad limeña y sus
prejuicios, pero representan el pensamiento dominante con sus palabras y sus actos, lo cual
hace imposible que la relación entre ellos pueda ser algo más que un encuentro romántico
pasajero.
Dada la temática de índole social que el cuento aborda, el análisis desde la ventana del código
cultural ha sido fundamental para la interpretación del relato. Pero también ha resultado
particularmente fructífero el código simbólico, pues proporciona las oposiciones sobre las cuales
se estructura la sociedad, que no hacen más que fijar y normalizar los prejuicios que desde
posiciones dominantes y privilegiadas unos construyen sobre los otros; pero que se normalizan
y terminan formando parte del discurso de la sociedad en general.
Bibliografía
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ANEXO 1
[* REF. Modismo] Expresión que se utiliza para referirse a alguien de raza negra con el que se
pretende evitar la connotación despectiva. [**HER. Enigma 1] ¿Quién es de color modesto en
esta historia y por qué esta expresión le da nombre al cuento?
(2) Lo primero que hizo Alfredo [*HER. Enigma 2] ¿Quién es Alfredo? ¿Cuál es su rol en la
historia?
(3) al entrar a la fiesta fue ir directamente al bar. Allí se sirvió dos vasos de ron y luego, [*ACC.
Beber 1] Primeros dos vasos
(4) apoyándose en el marco de una puerta, se puso a observar el baile. [*ACC. Baile 1] Observa
a la gente bailar.
(5) Casi todo el mundo estaba emparejado, a excepción de tres o cuatro tipos que, como él,
rondaban por el bar o fumaban en la terraza un cigarrillo. [*SEM. Soledad, exclusión]
(6) Al poco tiempo comenzó a aburrirse y se preguntó para qué había venido allí. Él detestaba
las fiestas, en parte porque bailaba muy mal y en parte porque no sabía qué hablar con las
muchachas. Por lo general, los malos bailarines retenían a su pareja con una charla ingeniosa
que disimulaba los pisotones e, inversamente, los borricos que no sabían hablar aprendían
a bailar tan bien que las muchachas se disputaban por estar en sus brazos. Pero Alfredo, sin
las cualidades de los unos ni de los otros, pero con todos sus defectos, era un ser condenado
a fracasar infaliblemente en este tipo de reuniones. [* SEM. Autocompasión, incomodidad]
[**SIM. Fracaso/éxito] Alfredo se considera inevitablemente condenado al fracaso en este
tipo de circunstancias.
(7) Mientras se servía el tercer vaso de ron, se observó en el espejo del bar. Sus ojos estaban
un poco empañados y algo en la expresión blanda de su cara indicaba que el licor producía
sus efectos. [*ACC. Beber 2] Tercer vaso de ron.
(8) Para despabilarse, se acercó al tocadiscos donde un grupo de muchachas elegía alegremente
las piezas que luego tocarían.
—Pongan un bolero —sugirió.
Las muchachas lo miraron con sorpresa. Sin duda se trataba de un rostro poco familiar. Las
fiestas de Miraflores, a pesar de realizarse semanalmente en casas diferentes, congregaban
a la misma pandilla de jovenzuelos en busca de enamorada. De esos bailes sabatinos en
residencias burguesas salían casi todos los noviazgos y matrimonios del balneario. [*ACC.
Socializar 1] Primer intento fallido. [**REF. Matrimonio] Los matrimonios de la sociedad
burguesa se concretaban gracias a fiestas en Miraflores como esta.
(9) —Nos gusta más el mambo —respondió la más osada de las muchachas—. El bolero está
bien para los viejos. [* SIM. Joven/viejo] La oposición se refuerza con la música mambo/
bolero. Alfredo es visto como un viejo por las chicas, que son más jóvenes.
(10) Alfredo no insistió, pero mientras regresaba al bar se preguntó si esa alusión a los viejos
tendría algo que ver con su persona. Volvió a observarse en el espejo. Su cutis estaba terso
aún pero era en los ojos donde una precoz madurez, pago de voraces lecturas, parecía
haberse aposentado. «Ojos de viejo», pensó Alfredo desalentado [* SEM. Autocompasión],
(11)y se sirvió un cuarto vaso de ron. [*ACC. Beber 3] Cuarto vaso de ron
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(12) Mientras tanto, la animación crecía a su alrededor. La fiesta, fría al comienzo, iba tomando
punto. Las parejas se soltaban para contorsionarse. Era la influencia de la música
afrocubana, suprimiendo la censura de los pacatos e hipócritas habitantes de Lima. [*ACC.
Baile 2] La fiesta se anima. [**SEM. Crítica] El narrador toma distancia y expresa un punto
de vista crítico acerca de la sociedad limeña.
(13)Alfredo caminó hasta la terraza y miró hacia la calle. En la calzada se veían ávidos ojos,
cabezas estiradas, manos aferradas a la verja. Era gente del pueblo, al margen de la
alegría. [*SEM. Soledad, exclusión] La terraza está siendo el espacio donde se representa la
exclusión.
(14) Una voz sonó a sus espaldas:
—¡Alfredo!
Al voltear la cabeza se encontró con un hombrecillo de corbata plateada, que lo miraba
con incredulidad. [*ACC. Socializar 2] Encuentra alguien conocido.
(15) —Pero ¿qué haces aquí, hombre? Un artista como tú… [*HER. Respuesta al enigma 2]
Alfredo es artista. [**SEM. Sorpresa] La pregunta expresa una extrañeza por la presencia
de Alfredo en la fiesta. [*** REF. Prejuicio] El hombrecillo manifiesta un prejuicio con
respecto a los contextos en que suelen moverse los artistas.
(16) —He venido acompañando a mi hermana.
—No es justo que estés solo. Ven, te voy a presentar unas amigas.
Alfredo se dejó remolcar por su amigo entre los bailarines, hasta una segunda sala,
donde se veían algunas muchachas sentadas en un sofá. Una afinidad notoria las había
reunido allí: eran feas.
—Aquí les presento a un amigo —dijo, y sin añadir nada más, lo abandonó. [*ACC.
Socializar 3] Lo presentan a unas chicas. [**REF. Costumbres] Se representa la costumbre
del siglo pasado de que las chicas se queden esperando a que un hombre las saque a
bailar.
(17)Las muchachas lo miraron un momento y luego siguieron conversando. [*SEM. Rechazo]
Las chicas ignoran a Alfredo.
(18) Alfredo se sintió incómodo. No supo si permanecer allí o retirarse. Optó heroicamente por
lo primero pero tieso, sin abrir la boca, como si fuera un ujier encargado de vigilarlas. Ellas
elevaban de cuando en cuando la vista y le echaban una rápida mirada, un poco asustadas.
[* SEM. Autocompasión, incomodidad]
(19)Alfredo encontró la idea salvadora. Sacó su paquete de cigarrillos y lo ofreció al grupo.
—¿Fuman? [*ACC. Fumar 1] [**ACC. Socializar 4] Invitar un cigarrillo le da oportunidad a
Alfredo de dirigirse a las chicas.
(20) La respuesta fue seca:
—No, gracias. [*SEM. Rechazo]
(21)Por su parte, encendió uno y al echar la primera bocanada de humo, se sintió más seguro.
Se dio cuenta que tendría que iniciar una batalla.
—¿Ustedes van al cine?
—No. [*SEM. Rechazo]
(22)Aún aventuró una tercera pregunta:
—¿Por qué no abrirán esa ventana? Hace mucho calor.
Esta vez fue peor: ni siquiera obtuvo respuesta. A partir de ese momento ya no despegó
los labios. Las muchachas, intimidadas por esa presencia silenciosa, se levantaron y
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pasaron a la otra sala. Alfredo quedó solo en la inmensa habitación, sintiendo que el sudor
empapaba su camisa. [* SEM. Exclusión, marginalidad]
(23) El hombrecillo de la corbata plateada reapareció.
—¿Cómo?, ¿sigues parado allí? ¡No me dirás que no has bailado!
—Una pieza —mintió Alfredo.
—Seguramente que todavía no has saludado a mi hermana. Vamos, está aquí con su
enamorado.
Ambos pasaron a la sala vecina. La dueña del santo bailaba un vals criollo con un cadete
de la Escuela Militar.
—Elsa, aquí Alfredo quiere saludarte. [*ACC. Socializar 5] Lo presentan a la dueña del
cumpleaños.
(24) —¡Ahora que termine la pieza! —respondió Elsa sin interrumpir sus rápidas volteretas.
Alfredo quedó cerca, esperando, meditando uno de los habituales saludos de cumpleaños.
Pero Elsa empalmó ese baile con el siguiente y enseguida, del brazo del cadete, se
encaminó alegremente hacia el comedor, donde se veía una larga mesa repleta de
bocaditos. [* SEM. Exclusión] La dueña del cumpleaños lo ignora.
(25)Alfredo, olvidado, se acercó una vez más al bar. «Tengo que bailar», se dijo. Era ya una
cuestión de orden moral. Mientras bebía el quinto trago, [*ACC. Beber 5] Quinto trago.
(26) buscó en vano a su hermana entre los concurrentes. Su mirada se cruzó con la de dos
hombres maduros que observaban lujuriosamente a las niñas y de inmediato se vio
asaltado por un torbellino de pensamientos lúcidos y lacerantes. ¿Qué podía hacer él,
hombre de veinticinco años,
[*HER. Respuesta al enigma 2] Alfredo es un hombre de veinticinco años.
(27)en una fiesta de adolescentes? Ya había pasado la edad de cobijarse «a la sombra de las
muchachas en flor». Esta reflexión trajo consigo otras, más reconfortantes, y lanzando la
vista en torno suyo, trató de ubicar alguna chica mayor a quien no intimidaran sus modales
ni su inteligencia.
Cerca del vestíbulo había tres o cuatro muchachas un poco marchitas, de aquellas que
han dejado pasar su bella época, obsesionadas por algún amor loco y frustrado, y que
llegan a la treintena sin otra esperanza que la de hacer, ya que no un matrimonio de amor,
por lo menos uno de fortuna.
Alfredo se acercó. Su paso era un poco inseguro, al extremo que algunas parejas con las
que tropezó lo miraron airadas. [*ACC. Socializar 6] Lo presentan a la dueña del
cumpleaños.
(28) Al llegar al grupo tuvo una sorpresa: una de las muchachas era una antigua vecina de su
infancia.
—No me digas que he cambiado mucho —dijo Corina—. Me vas a hacer sentir vieja. —Y
lo presentó al resto del grupo. [*ACC. Socializar 7] Encuentra a alguien conocido.
(29)Alfredo departió un rato con ellas. Las cinco copas de ron lo frivolizaban lo suficiente como
para responder a la andanada de preguntas estúpidas. Advirtió que había un clima de
interés en torno a su persona.
—¿Ya habrás terminado tu carrera? —indagó Corina.
—No. La dejé —respondió francamente Alfredo.
—¿Estás trabajando en algún sitio?
—No.
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—¡Qué suerte! —intervino una de las chicas—. Para no trabajar habrá que tener muy
buena renta.
Alfredo la miró: era una mujer morena, bastante provocativa y sensual. En el fondo de
sus ojos verdes brillaba un punto dorado, codicioso.
—Pero, entonces, ¿a qué te dedicas? —preguntó Corina.
—Pinto.
—Pero… ¿de eso se puede vivir? —inquirió la morena, visiblemente intrigada.
—No sé a qué le llamará usted vivir —dijo Alfredo—. Yo sobrevivo, al menos.
A su alrededor se creó un silencio ligeramente decepcionado. [* SEM. Incomodidad] No
encaja en el medio, no satisface las expectativas sociales para un hombre de su edad. [**
REF. Estereotipo] Estereotipo del artista que no puede vivir de su oficio.
(30)Alfredo pensó que era el momento de sacar a bailar a alguien, pero sólo tocaban la maldita
música afrocubana. Se arriesgaba ya a extender la mano hacia la morena, [*ACC. Baile 3]
Intenta sacar a bailar a una chica.
(31) cuando un hombre calvo, elegante, con dos puños blancos de camisa que sobresalían
insolentemente de las mangas de su saco, irrumpió en el grupo como una centella.
—¡Ya todo está arreglado, regio! —exclamó—. Mañana iremos a Chosica con Ernesto y
Jorge. Las tres hermanas Puertas vendrán con nosotros. ¿No les parece regio? Lo mismo
que Carmela y Roxana.
Hubo un estallido de alegría.
—Te presento a un amigo —dijo Corina, señalando a Alfredo.
El calvo le estrechó efusivamente la mano.
—Regio, si quiere puede venir también con nosotros. Nos va a faltar sitio para Elsa y su
prima. ¿Quiere usted llevarlas en su carro?
Alfredo se sintió enrojecer.
—No tengo carro.
El calvo lo miró perplejo, como si acabara de escuchar una cosa absolutamente insólita.
Un hombre de veinticinco años que no tuviera carro en Lima podría pasar por un perfecto
imbécil. La morena se mordió los labios y observó con más atención el terno, la camisa de
Alfredo. Luego le volvió lentamente la espalda. [*HER. Respuesta al enigma 2] Alfredo es
un hombre de veinticinco años que no tiene carro, algo no esperable para un hombre de
su edad. [**SEM. Éxito] La elegancia del calvo contrasta con la vestimenta de Alfredo. El
calvo representa el éxito. [*** REF. Expectativas sociales] El auto propio es un símbolo de
estatus y de éxito.
(32)El vacío comenzó. El calvo había acaparado la atención del grupo, hablando de cómo se
distribuirían en los carros, cómo se desarrollaría el programa del domingo.
—¡Tomaremos el aperitivo en Los Ángeles! Luego almorzaremos en Santa María, ¿no les
parece regio? Más tarde haremos un poco de footing…
Alfredo se dio cuenta de que allí también sobraba. Poco a poco, pretextando mirar los
cuadros, se fue alejando del grupo, se tropezó con un cenicero y cuando llegó al bar,
escuchó aún la voz del calvo que bramaba:
—¡Almorzaremos en el río, regio!
—¡Un ron! —dijo a la chica que estaba detrás del mostrador.
La chica lo miró enojada.
—¿No ha oído? ¡Un ron!
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—Sírvaselo usted. Yo no soy la sirvienta —contestó, y se retiró deprisa.
Alfredo se sirvió un vaso hasta el borde. Volvió a mirarse en el espejo. Un mechón de
pelo había caído sobre su frente. Sus ojos habían envejecido aún más. «Su mirada era tan
profunda que no se la podía ver», musitó. Vio sus labios apretados: signo de una naciente
agresividad. [*SEM. Frustración] Alfredo se siente rechazado y quiere evadir la situación
con el alcohol.
(33) Cuando se disponía a servirse otro, divisó a su hermana que atravesaba la sala. De un salto
estuvo a su lado y la cogió del brazo.
—Elena, vamos a bailar. [*ACC. Baile 4] Intenta sacar a bailar a su hermana.
(34)Elena se desprendió vivamente.
—¿Bailar entre hermanos? ¡Estás loco! Además, estás apestando a licor. ¿Cuántas copas
te has tomado? ¡Anda, lávate la cara y enjuágate la boca [* SEM. Rechazo
(35)A partir de ese momento, Alfredo erró de una sala a otra, exhibiendo descaradamente el
espectáculo de su soledad. Estuvo en la terraza mirando el jardín, [* SEM. Marginación]
[*SIM. Dentro / fuera] Nuevamente la terraza, representa el espacio de exclusión en
oposición a la casa.
(36)fumó cigarrillos cerca del tocadiscos, [*ACC. Fumar 2]
(37)bebió más tragos en el bar, [*ACC. Beber 6] Continúa bebiendo [* SEM. Evasión] Fumar y
beber están sirviendo como formas de evadir la situación.
(38)rehusó la simpatía de otros solitarios que querían hacer observaciones irónicas sobre la
vida social y por último se cobijó bajo las escaleras, cerca de la puerta que daba al oficio. [*
SEM. Soledad] Se rinde y es él quien ya no quiere socializar. Tampoco quiere hacerlo con
otros que son vistos como lo ven a él.
(39)El ron le quemaba las entrañas. [*ACC. Beber 7] Siente los efectos del alcohol.
(40)Al segundo golpe, la puerta del oficio se abrió y una mucama asomó la cabeza.
—Deme un vaso de agua, por favor.
La mucama dejó la puerta entreabierta y se alejó, dando unos pasos de baile. Alfredo
observó que en el interior de la cocina, la servidumbre, al mismo tiempo que preparaba el
arroz con pato, celebraba, a su manera, una especie de fiesta íntima. [*REF. Distribución
de espacios] La cocina es el espacio de la servidumbre. [**SEM. Marginación]
(41)Una negra esbelta cantaba y se meneaba con una escoba en los brazos. [*HER. Respuesta
al enigma 1] Una mujer del servicio doméstico es el personaje al que alude el título del
cuento
(42)Alfredo, sin reflexionar, empujó la puerta y penetró en la cocina.
—Vamos a bailar —dijo a la negra. [*ACC. Baile 5] Alfredo invita a bailar a la negra.
[**SIM. Nombre propio (Alfredo)/nombre común (la negra)] El nombre propio
individualiza a Alfredo y le da una identidad. La negra, a pesar de su protagonismo en la
historia, es designada en el relato por su color de piel. [*** SEM. Confianza]
(43)La negra rehusó, disforzándose, riéndose, rechazándolo con la mano, pero incitándolo con
su cuerpo. Cuando estuvo arrinconada contra la pared, dejó de menearse.
—¡No! Nos pueden ver. [* SEM. Prudencia] La negra se niega, pero quiere bailar; no
debe ser vista bailando con un invitado de la casa. [**REF. Prejuicio social] La negra sabe
que ese acercamiento entre ellos va a ser es visto como algo prohibido.
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(44) La mucama se acercó, con el vaso de agua.
—Baila no más —dijo—. Cerraré la puerta. ¿Por qué no nos vamos a divertir nosotros
también? [*SEM. Complicidad] Se sugiere cerrar el espacio para ocultar lo prohibido.
(45)Los parlamentos continuaron, hasta que al fin la negra cedió.
—Solamente hasta que termine esta pieza —dijo. [*ACC. Baile 7] Finalmente, la negra
acepta bailar con Alfredo.
(46)Mientras la mucama cerraba la puerta con llave [*SEM. Complicidad]
(47) Alfredo atenazó a la negra y comenzó a bailar.
En ese momento se dio cuenta de que bailaba bien, quizá por ese sentido del ritmo que el
alcohol da cuando no lo quita o simplemente por la agilidad con que su pareja lo seguía.
Cuando esa pieza terminó, empezaron la siguiente. La negra aceptaba la presión de su
cuerpo con una absoluta responsabilidad. [*ACC. Baile 8] Alfredo baila con la negra y
empieza a sentirse mejor consigo mismo porque no lo hace mal.
(48)—¿Tú trabajas aquí?
—No, en la casa de al lado. Pero he venido para ayudar un poco y para mirar.
Terminaron de bailar esa pieza, entre cacerolas y tufos de comida. El resto de la
servidumbre seguía trabajando y, a veces, interrumpiéndose, los miraban para reírse y
hacer comentarios graciosos.
—¡Apagaremos la luz! [* SIM. Luz/ oscuridad] La oscuridad es una forma de evitar los
comentarios y ocultar lo prohibido. [**SEM. Complicidad]
(49)—¿Qué cosa hay allí? —preguntó Alfredo, señalando una mampara al fondo de la cocina.
—El jardín, creo.
—Vamos.
La negra protestó.
—Vamos —insistió Alfredo—. Allí estaremos mejor.
Al empujar la mampara se encontraron en una galería que daba sobre el jardín interior.
Había una agradable penumbra. Alfredo apoyó su mejilla contra la mejilla negra y bailó
despaciosamente. La música llegaba muy débil. [*ACC. Baile 9] Alfredo baila con la negra.
[**SIM. Luz/penumbra] La poca luz favorece el acercamiento.
(50)—Es raro estar así, ¿no es verdad? —dijo la negra—. ¡Qué pensarán los patrones! [* SIM.
Patrón /servidumbre, Raza blanca/raza negra] [** REF. Límites sociales] La pareja Alfredo
y la negra vulneran los límites impuestos socialmente.
(51)—No es raro —dijo Alfredo—. ¿Tú no eres acaso una mujer? [* SIM. Hombre/Mujer]
[**SEM. Justificación] Alfredo intenta decir que lo que ocurre entre ellos es natural porque
son simplemente un hombre y una mujer.
(52)Durante largo rato no hablaron. Alfredo se dejaba mecer por un extraño dulzor, donde la
sensualidad apenas intervenía. Era más bien un sosiego de orden espiritual, nacido de la
confianza en sí mismo readquirida, de su posibilidad de contacto con los seres humanos.
[*SIM. Angustia /sosiego] [**SEM. Crítica] El narrador introduce un comentario con el que
valora el daño causado por la exclusión: la imposibilidad de contacto con otros seres
humanos, la deshumanización.
(53)Una gritería se escuchó en el interior de la casa.
—¡La torta! ¡Van a partir la torta!
Antes de que Alfredo se percatara de lo que sucedía, se encendió la luz de la galería, se
abrió la puerta del jardín y una fila de alegres parejas irrumpió, cogidas de la cintura,
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formando un ruidoso tren, tocando pitos, gritando a voz en cuello:
—¡Vengan todos que van a partir la torta! [*ACC. Partir la torta 1] Aviso
(54) Alfredo tuvo tiempo de observar algo más: no habían estado solos en la galería. En las
mesitas cobijadas a la sombra de la enramada, algunas parejas se habían refugiado y
ahora, sorprendidas también, se despertaban como de un sueño. [*SIM. Luz /oscuridad]
(55)El ruidoso tren dio unas vueltas por el jardín y luego se encaminó hacia la galería. Al llegar
delante de Alfredo y de la negra, la gritería cesó. Hubo un corto silencio de estupor y el
tren se desbandó hacia el interior de la casa. Incluso las parejas, desde el fondo de los
sillones, se levantaron y los hombres partieron, arrastrando a sus mujeres de la mano.
[*ACC. Partir la torta 2] La gente se moviliza para estar presente cuando se parta la torta.
(56)Alfredo y la negra quedaron solos.
—¡Qué estúpidos! —dijo sonriendo—. ¿Qué les sucede?
—Me voy —dijo la negra, tratando de zafarse.
—Quédate. Vamos a seguir bailando. [*SIM. Luz /oscuridad] La negra advierte que la
luminosidad del ambiente puede ponerla en una situación incómoda y quiere retirarse,
pero Alfredo no la deja irse.
(57)Por la fuerza la retuvo de la mano. Y la hubiera abrazado nuevamente, si es que un grupo
de hombres, entre los cuales se veía al dueño de la casa y al hombrecillo de la corbata
plateada, no apareciera por la puerta de la cocina.
—¿Qué escándalo es éste? —decía el dueño, moviendo la cabeza.
—Alfredo —balbuceó el hombrecillo—. No te la des de original.
—¿No tiene usted respeto por las mujeres que hay acá? —intervino un tercer caballero.
—Váyase usted de mi casa —ordenó el dueño a la negra—. No quiero verla más por
aquí. Mañana hablaré con sus patrones.
—No se va —respondió Alfredo.
—Y usted sale también con ella, ¡caramba!
Algunas mujeres asomaban la cabeza por la puerta de la cocina. Alfredo creyó reconocer
a su hermana que, al verlo, dio media vuelta y se alejó a la carrera.
—¿No ha oído? ¡Salga de aquí! [*REF. Prejuicio social] El entorno reacciona a lo que
representa la acción de Alfredo de mezclarse con la servidumbre y con una mujer de raza
negra. Lo interpretan como una ofensa y lo califican de algo escandaloso. [**HER.
Respuesta al enigma 1] El racismo es el tema central del relato. Por eso, el título. La negra
asume un rol protagónico en la historia.
(58)Alfredo examinó al dueño de casa y, sin poderse contener, se echó a reír. —Está
borracho —dijo alguien. [*ACC. Risa 1] Alfredo ríe ante la situación y esto se interpreta
como un efecto de haber bebido mucho
(59)Cuando terminó de reír, Alfredo soltó el brazo de la negra.
—Espérame en la calle Madrid. —[*ACC. Cita 1] Invitación
(60) Y abotonándose el saco con dignidad, sin despedirse de nadie, atravesó la cocina, la sala
donde el baile se había interrumpido, el jardín, y, por último, la verja de madera. [*ACC.
Retirarse de la fiesta]
(61) «Caballerísimo de mí», pensó mientras se alejaba hacia su casa, encendiendo un cigarrillo.
[*ACC. Fumar 3]
(62)Al llegar a su bajo muro se detuvo: por la ventana abierta de la sala se veía su padre, de
espaldas, leyendo un periódico. Desde que tenía uso de razón había visto a su padre a la
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misma hora, en la misma butaca, leyendo el mismo periódico. Un rato permaneció allí.
Luego se mojó la cabeza en el caño del jardín y se encaminó a la calle Madrid. [*ACC. Cita
2] Se dirige hacia allá.
(63)La negra estaba esperándolo. Se había quitado su mandil de servicio y en el apretado traje
de seda su cuerpo resaltaba con trazos simples y perentorios, como un tótem de madera.
[*ACC. Cita 3] Encuentro [**SEM. Sensualidad]
(64)Alfredo la cogió de la mano y la arrastró hacia el malecón, lamentando no tener plata para
llevarla al cine. Caminaba contento, en silencio, con la seguridad del hombre que
reconduce a su hembra. [*HER. Enigma 2] ¿Quién es Alfredo? Alfredo no tiene dinero.
[**SIM. Inseguridad/seguridad] Este momento contrasta con todo lo ocurrido
anteriormente en la fiesta. [*** SEM: Confianza] Alfredo siente que recupera la confianza
en sí mismo. La falta de dinero no le impide sentirse seguro.
(65) —¿Por qué hace usted esto? —preguntó la negra.
—¡Va! No interesa.
—Mañana no se acordará de nada.
Alfredo no respondió. Estaba otra vez al lado de su casa. Pasando su brazo sobre el
hombro femenino, se apoyó en el muro y quedó mirando por la ventana, donde su padre
continuaba leyendo el periódico. Alguna intuición debió tener su padre, porque fue
volteando lentamente la cabeza. Al distinguir a Alfredo y a la negra, quedó un instante
perplejo. Luego se levantó, dejó caer el periódico y tiró con fuerza los postigos de la
ventana. [*REF. Prejuicio social] Sanción del padre, rechazo a la acción del hijo de andar
con una mujer negra.
(66)—Vamos al malecón —dijo Alfredo.
—¿Quién es ese hombre?
—No lo conozco.
Esa parte del malecón era sombría. Por allí se veían automóviles detenidos, en cuyo
interior se alocaban y cedían las vírgenes de Miraflores. Se veían también parejas
recostadas contra la baranda del malecón que daba al barranco. Alfredo anduvo un rato
con la negra y se sentó por último en el parapeto. [*SIM. Luz/oscuridad] El malecón
aparece como un nuevo espacio propicio para la intimidad y lo prohibido
(67)—¿No quieres mirar el mar? —preguntó—. Saltamos al otro lado y estamos a un paso del
barranco.
—¡Qué dirá la gente! —protestó la negra.
—¡Tú eres más burguesa que yo!… Ven, sígueme. Todo el mundo viene a mirar el mar.
Ayudándola a salvar la baranda, caminaron un poco por el desmonte hasta llegar al
borde del barranco. El ruido del mar subía incansable, aterrador. Al fondo se veía la
espuma blanca de las olas estrellándose contra la playa de piedras. El viento los hacía
vacilar.
—¿Y si nos suicidamos? —preguntó Alfredo—. Será la mejor manera de vengarnos de
toda esta inmundicia.
—Tírese usted primero y yo lo sigo —rio la negra.
—Comienzas a comprenderme —dijo Alfredo, y cogiendo a la negra de los hombros, la
besó rápidamente en la boca. [*SEM. Romance] Alfredo invita a la negra a mirar el mar,
conversan, se ríen y él le da un beso. [** SIM: Tú/usted] Alfredo tutea a la negra, pero ella
lo trata de usted.
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(68) Luego emprendieron el retorno. Alfredo sentía nacer en sí una incomprensible inquietud.
Estaban saltando la baranda cuando un faro poderoso los cegó. Se escuchó el ruido de las
portezuelas de un carro que se abrían y se cerraban con violencia y pronto dos policías
estuvieron frente a ellos.
—¿Qué hacían allá abajo?, ¡a ver, sus papeles!
Alfredo se palpó los bolsillos y terminó mostrando su Libreta Electoral.
—Han estado planeando en el barranco, ¿no?
—Fuimos a mirar el mar.
—Te están tomando el pelo —intervino el otro policía—. Vamos a llevarlos a la caña.
Con una persona de color modesto no se viene a estas horas a mirar el mar. [*ACC.
Intervención policial 1] La policía los detiene y esgrime un argumento racista para hacerlo,
. [**REF. Racismo] Una pareja interracial constituye una transgresión.
(69)Alfredo sintió nuevamente ganas de reír. [*ACC. Risa 2] Alfredo ríe ante la situación de
discriminación de la que es testigo.
(70)—A ver —dijo acercándose al guardia—. ¿Qué entiende usted por gente de color
modesto? ¿Es que esta señorita no puede ser mi novia? [*ACC. Reclamo 1] Alfredo
cuestiona los prejuicios raciales de los policías.
(71)—No puede ser.
—¿Por qué?
—Porque es negra.
Alfredo rio nuevamente.
(72)—¡Ahora me explico por qué usted es policía! [*REF. Racismo] [**ACC. Risa 3] Alfredo ríe y
se burla del policía ante su comentario racista.
(73)Otras parejas pasaban por el malecón. Eran parejas de blancos. La policía no les prestaba
atención. [* SIM. Parejas de blancos /pareja interracial] Reciben trato diferenciado.
(74)—Y a ésos, ¿por qué no les pide sus papeles? [*ACC. Reclamo 2] Alfredo reclama por la
situación de discriminación.
(75)—¡No estamos aquí para discutir! Suban al patrullero.
Esas situaciones se arreglaban de una sola manera: con dinero. Pero Alfredo no tenía un
céntimo en el bolsillo. [*REF. Corrupción] Alfredo piensa que puede corromper al policía
con dinero, pero no tiene con qué.
(76) —Yo subo encantado —dijo—. Pero a la señorita la dejan partir. [*SEM. Respeto] Alfredo
trata a la negra de “señorita”. [**ACC. Reclamo 3] Alfredo reclama que la dejen ir.
(77)Esta vez los guardias no respondieron, sino que, cogiendo a ambos de los brazos, los
metieron por la fuerza en el interior del vehículo.
—¡A la comisaría! —ordenaron al conductor. [*ACC. Intervención policial 2] Se los llevan
a la comisaría
(78)Alfredo encendió un cigarrillo. [*ACC. Fumar 4]
(79)Su inquietud se agudizaba. El aire de mar había refrescado su inteligencia. [*ACC. Beber 8]
Empieza a pasar el efecto del alcohol.
(80)La situación le parecía inaceptable y se disponía a protestar, cuando sintió la mano de la
negra que buscaba la suya. Él la oprimió. [*SEM. Protección]
(81)—No pasará nada —dijo, para tranquilizarla.
Como era sábado, el comisario debía haberse ido de parranda, de modo que sólo se
encontraba el oficial de guardia, jugando al ajedrez con un amigo. Levantándose, dio una
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vuelta alrededor de Alfredo y de la negra, mirándolos de pies a cabeza.
—¿No serás tú una polilla? —preguntó echando una bocanada de humo en la cara de la
negra—. ¿Trabajas en algún sitio? [*ACC. Intervención policial 2] Interrogan a la negra e
insinúan que es una prostituta.
(82)—La señorita es amiga mía —intervino Alfredo—. Trabaja en una casa de la calle José
Gálvez. Puedo garantizar por ella.
—Y por usted, ¿quién garantiza?
—Puede llamar por teléfono para cerciorarse.
—Están prohibidos los planes en el malecón —prosiguió el oficial—. ¿Usted sabe lo que
es un delito contra las buenas costumbres? Hay un libro que se llama Código Penal y que
habla de eso.
—No sé si será para usted delito pasearse con una amiga.
—En la oscuridad sí y más con una negra.
—Estaban abrazados, mi teniente —terció un policía.
—¿No ve? Esto le puede costar veinticuatro horas de cárcel y la foto de ella puede salir
en Última Hora…
—¡Todo esto me parece grotesco! —exclamó Alfredo, impaciente—. ¿Por qué no nos
dejan partir? Repito, además, que esta señorita es mi novia.
—¡Su novia! [*ACC. Intervención policial 3] Explican a Alfredo el supuesto delito.
cometido y sus consecuencias. [**ACC. Reclamo 4] Alfredo reclama nuevamente por la
situación y arguye que se trata de su novia.
(83) El oficial se echó a reír a mandíbula batiente y los policías, por disciplina, lo imitaron.
[*SEM. Burla]
(84)Súbitamente dejó de reír y quedó pensativo.
—No crea que soy un imbécil —dijo aproximándose a Alfredo—. Yo también, aunque
uniformado, tengo mi culturita. ¿Por qué no hacemos una cosa? Ya que esta señorita es su
novia, sígase paseando con ella. Pero eso sí, no en el malecón, allí los pueden asaltar. ¿Qué
les parece si van al parque Salazar? El patrullero los conducirá. [*ACC. Intervención policial
4] El oficial reta a Alfredo a pasearse por el Parque Salazar [**SIM. Luz/oscuridad] El
parque Salazar aparece como un espacio de luz que pone al descubierto lo que no está
bien visto.
(85) Alfredo vaciló un momento.
—Me parece muy bien —respondió.
—¡Adelante, entonces! —rio el teniente—. ¡Llévenlos al parque Salazar!
Nuevamente en el patrullero, Alfredo permaneció silencioso. Pensaba en la inclemente
iluminación del parque Salazar, especie de vitrina de la belleza vecinal. La negra buscó su
mano, pero esta vez Alfredo la estrechó sin convicción. [*ACC. Intervención policial] La
policía los lleva en el patrullero al Parque Salazar [** SEM. Inseguridad] Alfredo ya no se
siente tan seguro de lo que está haciendo.
(86) —Tengo vergüenza —le susurró al oído.
—¡Qué tontería! —contestó él.
—¡Por ti, por ti es que tengo vergüenza!
Alfredo quiso hacerle una caricia, pero las luces del parque aparecieron. —Déjennos
aquí no más —pidió a los policías—. Les prometo que nos pasearemos por el parque.
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[* SIM. Luz/Oscuridad] [**SEM. Temor] Alfredo teme llegar al parque y ser visto
públicamente con la negra.
(87)El patrullero se detuvo a cien metros de distancia.
—Vigilaremos un rato —dijeron.
Alfredo y la negra descendieron. Bordeando siempre el malecón, comenzaron a
aproximarse al parque. La negra lo había cogido tímidamente del brazo y caminaba a su
lado, sin levantar la mirada, como si ella también estuviera expuesta a una incomprensible
humillación. Alfredo, en cambio, con la boca cerrada, no desprendía la mirada de esa
compacta multitud que circulaba por los jardines y de la cual brotaba un alegre y creciente
murmullo. Vio las primeras caras de las lindas muchachas miraflorinas, las chompas
elegantes de los apuestos muchachos, los carros de las tías, los autobuses que descargaban
pandillas de juventud, todo ese mundo despreocupado, bullanguero, triunfante,
irresponsable y despótico calificador. Y como si se internara en un mar embravecido, todo
su coraje se desvaneció de un golpe. [*SIM. Coraje/cobardía] Alfredo cede a la presión
social, a la cual se había enfrentado hasta ese momento con ayuda del alcohol.
(88)—Fíjate —dijo—. Se me han acabado los cigarros. Voy hasta la esquina y vuelvo. Espérame
un minuto. [*ACC. Fumar 5] Alfredo dice que va a comprar cigarrillos. [**SEM. Excusa] El
cigarro es un recurso de evasión permanentemente utilizado por Alfredo.
(89)Antes de que la negra respondiera, salió de la vereda, cruzó entre dos automóviles y huyó
rápido y encogido, como si desde atrás lo amenazara una lluvia de piedras. A los cien pasos
se detuvo en seco y volvió la mirada. Desde allí vio que la negra, sin haberlo esperado, se
alejaba cabizbaja, acariciando con su mano el borde áspero del parapeto. [*ACC. Cita 4] Fin
de la cita. Alfredo huye [** SEM. Cobardía] La negra se da cuenta de que Alfredo no va a
regresar y se va, sin esperarlo. El final muestra que las diferencias sociales prevalecen y
que Alfredo no es capaz de resistir el cuestionamiento al que se expone saliendo con una
persona de color modesto.
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